— Para Usos Internos y Didácticos Solamente —
Adaptación Pegagógica
: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.
Contenido:
Lo Que se Dice y se Cree acerca de la Biblia.
La Palabra "Biblia." Contenido de la Biblia. La Biblia para los Judíos y para los Cristianos. El Sentido de la Biblia y la Inspiración. El Canon Bíblico y los Libros de la Biblia. La Veneración de la Biblia. Superstición en torno a la Biblia.
Historia Literaria de la Biblia.
Las Lenguas de la Biblia. Las Traducciones de la Biblia. La Armonía Bíblica. Las Formas Literarias en la Biblia.
Libros y Perícopas del Antiguo Testamento.
Los Cinco Libros de Moisés. El Libro del Génesis. El Libro del Éxodo. El Libro del Levítico. El Libro de los Números. El Libro del Deuteronomio y la Historia Deuteronomista. El Libro de Josué. El Libro de los Jueces. El Libro de Rut. Los Libros de Samuel. Los Libros de los Reyes. Los Libros de las Crónicas. El Libro de Esdras y el Libro de Nehemías. El Libro de Tobías. El Libro de Judit. El Libro de Ester. Los Libros de los Macabeos. Los Libros Sapienciales y los Salmos. El Libro de Job. El Libro de los Salmos. El Libro de los Proverbios. El Libro del Eclesiastés. El Libro del Cantar de los Cantares. El Libro de la Sabiduría. El Libro de Jesús Sirac.
El Libro de Isaías. El Libro de Jeremías. El Libro de las Lamentaciones. El Libro de Baruc. El Libro de Ezequiel. El Libro de Daniel.
Los Libros de los Doce Profetas.
El Libro de Oseas. El Libro de Joel. El Libro de Amos. El Libro de Abdías. El Libro de Joñas. El Libro de Miqueas. El Libro de Nahum. El Libro de Habacuc. El Libro de Sofonías. El Libro de Ageo. El Libro de Zacarías. El Libro de Malaquias.
Libros y Perícopas del Nuevo Testamento.
El Evangelio y los Evangelios. Ensayo de una Cronología de la Vida de Jesús. El Evangelio de Mateo. El Evangelio de Marcos. El Evangelio de Lucas. El Evangelio de Juan.
Lo Que se Dice y se Cree Acerca de la Biblia.
La palabra Biblia" tiene una historia larga y curiosa. En la costa fenicia, a 40 Km. al norte de Beirut, en la actual República del Líbano, existe desde aproximadamente el año 3500 a.C. una población que en tiempos antiguos fue una ciudad floreciente y que hoy no es más que una pobre aldea árabe. Hacia el 1300 a.C. esa ciudad es designada en un documento como Gubla. En el Antiguo Testamento (Ez 27:9) se la llama Gebal; los griegos la llamaron Byblos, y la aldea actual se denomina Yebel.
Los reyezuelos de la ciudad de Gubia, Gebal, Byblos eran vasallos del faraón egipcio. La ciudad era el puerto de transbordo y el emporio más importante del papiro que se obtenía en Egipto con la fibra de la planta homónima. Y como la palabra egipcia para designar la fibra pap
irácea era gubia, ése fue el nombre con que los egipcios bautizaron a la ciudad fenicia. Los griegos, que se contaban entre los principales compradores de la fibra y de papel, dieron el nombre del puerto fenicio sin más a la planta del papiro, al papel y a los libros hechos con el mismo. En griego byblos (más tarde biblos) significa la fibra, el papel, la hoja escrita y el libro, incluso el libro (el rollo) que no está hecho de papel (tablillas de arcilla, libros de piel, libros de pergamino, incluso los libros de madera y lo escrito en ellos). Una forma diminutiva es biblion: libro, escrito (en el sentido de libro pequeño o "librito"), carta.Los griegos anteriores al cristianismo llamaban a sus libros profetices y litúrgicos
biblioi hierai, "escritos sagrados." Esa expresión se popularizó también entre los judíos que hablaban griego ya por el año 200 a.C. Más tarde Filón (20 a.C. — 50 d.C.) y Flavio Josefo (37-100), autores ambos que escribían en griego, designan de continuo los libros del Antiguo Testamento como biblioi hierai. El padre de la Iglesia san Jerónimo (347-420), que revisó la traducción latina de la Biblia, por encargo del papa Dámaso, no hizo sino recoger un viejo uso al designar el conjunto de los libros santos como "las Escrituras," designación que pasó al latín en la forma plural de biblia.Al final de la edad media esa forma plural se fue entendiendo cada vez más como un femenino singular, según un proceso histórico-lingüístico fácilmente comprensible, ya que la terminación a es propia tanto del neutro plural como del femenino singular. En adelante Biblia, como nombre singular, designará el Libro, el libro más importante, el libro por antonomasia, "la Biblia." Modernamente, y enlazando con el sentido originario de la palabra Biblia, se emplea también la expresión "la Escritura." También en este caso se ha pasado de los escritos a un escrito: a la Escritura sin más, que es "la Sagrada Escritura."
La Biblia consta de dos colecciones de escritos. A la primera y más extensa los cristianos la designan como el Antiguo Testamento (AT) y a la segunda y menor --- el Nuevo Testamento (NT). La palabra "testamento" no tiene aquí el sentido jurídico corriente entre nosotros, sino que designa la alianza entre Dios y los hombres: la alianza antigua entre el Dios Yahveh e Israel, y la alianza nueva que Jesucristo estableció y selló
entre Dios y los hombres. Los escritos hebreos emplean la palabra berit, "alianza" o "pacto." Los traductores judíos de Alejandría, que antes de la era cristiana vertieron la Biblia hebrea al griego, traducen la palabra hebrea berit por diatheke, que a su vez significa pacto o alianza, pero también "disposición" y "última voluntad." En el griego del tiempo de Jesús y de los apóstoles era muy corriente la palabra equívoca diatheke. Pablo, por ej., en 2 Cor 3:14 habla de la Ley de Moisés como de la vieja diatheke u ordenamiento. Cuando los escritos bíblicos se vertieron al latín se utilizó la palabra testamentum, que corresponde a la griega diatheke en el sentido de "última voluntad," como traducción general del término griego; con ello esta palabra latina adquirió también el sentido de "alianza." Se trata, pues, de una historia un tanto compleja, pero interesante.La sucesión de los distintos libros en las Biblias hebrea, griega y latina del AT es muy dif
erente. Ello obedece a distintos motivos. Sólo algunos ejemplos: cuando se hace seguir el libro de Rut al de Jueces, es que se lo considera como un libro histórico, cuyo contenido se puede interpretar históricamente; si otras ediciones lo sitúan entre los llamados "libros sapienciales," es que no hacen tanto hincapié en ese su posible contenido histórico. Igualmente, si en la Biblia hebrea los libros de las Crónicas, que en la mayor parte de las Biblias vienen después de los libros (históricos) de Samuel y de Reyes, cierran el AT, ello se debe a que lo entendieron como Paralipomenon, es decir, como "apéndice." Otro caso: mientras que la Septuaginta coloca los libros de los Macabeos al final de los libros históricos (entre los que se cuentan también los libros de Judit y de Tobías), en la Vulgata latina se encuentran al final por completo del AT, incluso después de los Profetas menores. La sucesión de los libros del NT es uniforme. Martín Lutero y sus seguidores introducen algún pequeño cambio en el orden de las ocho últimas cartas.El Antiguo Testamento.
I. Los cinco libros de Moisés (el Pentateuco).
II. Los libros históricos
.6. El libro de Josué (Jos).
7. El libro de los Jueces (Jue).
8. El libro de Rut (Rut).
9-10. Los dos libros de Samuel (1 Sam, 2 Sam) (según la numeración greco-latina: 1 y 2 d
e Reyes).11-12. Los dos libros de Reyes (1Re y 2Re) (según la numeración greco-latina: 3 y 4de R
eyes).13-14. Los dos libros de las Crónicas (1Cró y 2Cró) (en las versiones griega y latina: libros de Paralipómenos, es decir, apéndice; pero hoy apenas se e
mplea; 1Par, 2Par).15. El libro de Esdras (Esd) (en la numeración greco-latina: lEsdras).
16. El libro de Nehemías (Neh) (en la numeración greco-latina: 2Esdras).
17. El libro de Tobías (Tob) (Martín Lutero lo califica de apócrifo1).
18. El libro de Judit (Jdt) (para Lutero también apócrifo).
19. El libro de Ester (Est) (algunas partes del mismo las tiene Lutero por apócrifas).
20-21. Los dos libros del Macabeos (1Mac y 2Mac) (así mismo, para Lutero, apócrifos).
III. Los libros Sapienciales y los Salmos.
22. El libro de Job (Job).
23. Los Salmos (Sal) (Lutero los designa "Salterio").
24. El libro de los Proverbios (Prov) (o "Proverbios de Salomón," según Lutero).
25. El libro del Eclesiastés (Ecl) (en hebreo, Qohelet; Lutero lo designa como "El predic
ador Salomón," y también frecuentemente como "Predicador").26. El Cantar de los cantares (Cant) (Canticum, o Canticum canticorum, en la versión latina; para Lutero, "Cantar de Salomón").
27. El libro de la Sabiduría (Sab) (en LXX, Sophia Salomónos; en la versión latina, Líber Sapientiae, o Sapientia; para Lutero, apócrifo).
28. El libro del Eclesiástico (Eclo).
IV. Los libros de los Profetas.
29. El libro de Isaías (Is).
30. El libro de Jeremías (Jer).
31. Libro de las Lamentaciones (Lam) (para Lutero: "Lamentaciones de Jeremías").
32. El libro de Baruc (Bar) (Lutero lo considera apócrifo).
33. El libro de Ezequiel (Ez).
34. El libro de Daniel (Dan) 35-46. El libro de los doce Profetas (en los textos griego y latino no suelen considerarse por lo general bajo un título común).
35. El libro de Oseas (Os).
36. El libro de Joel (Jl).
37. El libro de Amos (Am).
38. El libro de Abdías (Abd).
39. El libro de Joñas (Jon).
40. El libro de Miqueas (Miq).
41. El libro de Nahúm (Nah).
42. El libro de Habacuc (Hab).
43. El libro de Sofonías (Sof).
44. El libro de Ageo (Ag).
45. El libro de Zacarías (Zac).
46. El libro de Malaquías (Mal).
El Nuevo Testamento.
I. Evangelios y Hechos de los apóstoles.
1. El Evangelio de Mateo (Mt).
2. El Evangelio de Marcos (Mc).
3. El Evangelio de Lucas (Lc).
4. El Evangelio de Juan (Jn).
5. Actos o Hechos de los apóstoles (Act) (los Evangelios y los Hechos de los apóstoles se desi
gnaban antes como "libros históricos").II. Cartas o epístolas de los apóstoles.
(en parangón con el AT, se ha cal
ificado a estas cartas como los "libros sapienciales" del NT).A. Cartas bajo el nombre del apóstol Pablo.
6. Carta a los Romanos (Rom).
7. Carta primera a los Corintios (1Cor).
8. Carta segunda a los Corintios (2Cor).
9. Carta a los Calatas (Gal).
10. Carta a los Efesios (Ef).
11. Carta a los Filipenses (Flp).
12. Carta a los Colosenses (Col).
13. Carta primera a los Tesalonicenses (1Tes).
14. Carta segunda a los Tesalonicenses (2Tes).
B. Las cartas pastorales.
15. Carta primera a Timoteo (1Tim).
16. Carta segunda a Timoteo (2Tim).
17. Carta a Tito (Tit).
C. Cartas especiales.
18. Carta a Filemón (Flm).
19. Carta a los Hebreos (Heb).
D. Las cartas católicas
2.20. Carta de Santiago (Sant).
21. Carta primera de Pedro (1Pe).
22. Carta segunda de Pedro (2Pe).
23. Carta primera de Juan (Un).
24. Carta segunda de Juan (2Jn).
25. Carta tercera de Juan (3Jn).
26. Carta de Judas (Jds).
III. El libro apocalíptico del NT.
27. Apocalipsis (o Revelación) de Juan (Ap) (el propio autor designa así al libro, como "revelación," es decir, desvelamiento).
El AT está escrito en su mayor parte en lengua hebrea; hay algunos fragmentos o frases del libro del Génesis, de Jeremías, del libro de Esdras (4:7-6:18; 7:11-28) y de Daniel (2:4-7:28) escritos en lengua aramea. Los libros de Tobías, Judit, Jesús hijo de Sirá (Eclo), Sabiduría, Baruc y los dos de Macabeos los tenemos sólo en griego; bien porque originariamente fueran escritos en esa lengua, bien porque sólo se han conservado sólo en griego. Se encuentran en la versión griega de los LXX (setenta), pero no aparecen en la colección o canon hebreo de los libros del AT. Por ello los judíos no griegos no los consideraron libros canónicos, práctica seguida por los protestantes.
El NT se nos ha transmitido en su totalidad en griego. Hasta ahora se suponía, sin embargo, que Mateo había escrito su Evangelio en lengua aramea, ya que lo dirigía a los judíos de su tiempo. Los demás escritos neotestamentarios fueron redactados originalmente en lengua griega. Sólo algunas palabras de Jesús en arameo han sido incorporadas al texto griego: Abba, "Padre" (Mc 14:36); talita kumi, "muchachita, levántate" (Mc 5:41); epheta, "¡ábrete!" (Mc 7:34); eloi, eloi, lamma sabachtani, "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?" (Mc 15:34); raka, "necio," o mejor, "cabeza huera" (Mt 5:22).
La Biblia para los Judíos y para los Cristianos.
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo suponen una sociedad, una comunidad, un grupo popular, en el que existían una determinada fe, unas concepciones históricas, unos usos y una tradición. Esta idea es importante para la recta interpretación de toda la Biblia.
La Biblia antigua (que los cristianos llaman AT) no creó las concepciones creyentes de I
srael ni fue la que infundió esa fe al pueblo, sino que ella misma es un eco de la fe de los "hijos de Abraham" y de los "hijos de Israel." Usos y concepciones que nosotros conocemos, pero que no se mencionan en la vieja Biblia, crean el espacio a ese hecho. Así se dice en la carta a los Hebreos: "Porque, cuando Moisés hubo leído a todo el pueblo el conjunto de las prescripciones legales, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, juntamente con agua, lana escarlata e hisopo, roció incluso el libro, como igualmente a todo el pueblo, diciendo: Ésta es la sangre de la alianza que Dios ha ordenado para vosotros" (Heb 9:19-20). Pues bien, de esa mezcla de la sangre con el agua y de la aspersión del libro de la Ley con la misma, nada nos dice el AT, pero sí la tradición.La visita a la sinagoga los sábados y días festivos es algo impuesto por la tradición, no por la Ley escrita de los judíos.
Según la doctrina judía, a los israelitas se les dio la Ley "por ministerio de los ángeles." Así reprocha Esteban a los judíos: "¿A quién de entre los profetas no persiguieron vuestros padres? Incluso dieron muerte a los que preanunciaban la venida del Justo, de quien vosotros, ahora os habéis hecho traidores y asesinos; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis" (Act 7:52-53). Ni e
sa fe ni esa forma de expresión se encuentra consignada en ningún libro de la Biblia hebrea; pero se trataba de una tradición tan venerable, que la versión griega de la Biblia hebrea la incorporó después al texto del libro del Deuteronomio.Sólo son algunos ejemplos, pero que nos indican qué ocurrió con las sagradas Escrituras en el judaísmo: las concepciones religiosas sólo parcialmente se consignaron por escrito. No vamos a explicar en su totalidad por qué no se recogieron muchas cosas; pero sí hemos de
insistir en una cosa: se da por supuesta la fe en su conjunto.Los libros bíblicos no tienen como finalidad primaria la enseñanza de la fe, sino que mue
stran la acción de esta última (libros históricos) o refuerzan su aspecto operativo mediante ordenanzas y leyes (la Torah, es decir, los libros de Moisés).Hemos de suponer que los israelitas tuvieron, ya desde el tiempo de sus patriarcas, una tradición creyente de tipo oral, que ciertamente no era abundante ni acabada en todos sus detalles, pero que fue el cimiento del edificio posterior de la fe. Esa tradición tampoco revela un "depósito creyente" o de fe, sino que también lo supone. Tampoco los escritos, que más tarde recogieron el eco de tales doctrinas, las exponen, sino que simplemente las muestran en su acción a través de la historia.
Así pues, al comienzo de la sagrada Escritura de los judíos hay una comunidad creyente, el pueblo de Israel; y de esa comunidad nacieron las Sagradas Escrituras del Antigue Testamento. Lo que nosotros llamamos hoy escritos sagrados del tiempo primitivo eran relatos históricos que se venían contando desde hacía largo tiempo, poesía religiosa, cantares, profecías y enseñanzas que se venían transmitiendo por tradición oral. En tiempos de Josué quizá se fijaron por primera vez, mediante la escritura, las palabras que circulaban como de Moisés. Veintidós años después de que profetizase Jeremías se pusieron por escrito sus palabras proféticas. Y Esdras (después del año 400 a.C) dictó muchas cosas que hasta entonces se habían transmitido principalmente por vía oral para que en el futuro los judíos, regresados de la cautividad de Babilonia, tuvieran una guía segura.
Hoy sabemos que los libros bíblicos no han conservado el texto según su primera consignación escrita, sino que la Biblia en su forma actual es el resultado de muchas fuentes y de distintas redacciones. Y sabemos sobre todo que los textos legales del Pentateuco (véase después) son el fruto de una labor de adaptación y complementación que se prolongó durante siglos. Todos esos resultados confirman la idea de que lo realmente decisivo al principio fue la comunidad, con sus necesidades crecientes, sus usos y tradiciones, y que sólo tras largo período de tradiciones orales se llegó a los textos escritos, que poco a poco se fueron reuniendo en libros.
El NT supone la convivencia y el intercambio directo de los apóstoles con Jesús, y que los apóstoles transmitieron lo que ellos habían vivido y recibido, antes de que se escribiese nada. Cuando al cabo de unas décadas se consignaron por escrito algunas cosas, ello obedeció a una finalidad determinada. Esto, sin embargo, tuvo como consecuencia el que no todo se consignara por escrito.
El Evangelio de Mateo quiere exponer a los judíos que Jesús de Nazaret era el Mesías esp
erado; y a ese fin recorta el evangelista su evangelio. Marcos consigna las doctrinas más importantes de la predicación de Pedro. Lucas recoge (probablemente) algunas de las cosas que sabía por la predicación del apóstol Pablo y de otras fuentes que había podido consultar. Con sus cartas Pablo ataca determinados desórdenes de las comunidades o responde a sus preguntas; sus epístolas son siempre escritos ocasionales; es decir, que según las circunstancias proclama aquello que es preciso proclamar sobre fe y costumbres.Con lo cual el contenido del NT — al igual que el de la Biblia antigua — no representa todo el depósito de la fe,
lo mas parte importante. La que posee todo el depósito de la fe neotestamentaria es la Iglesia, de cuyo seno han salido estos libros y escritos. Por ello, en caso de duda, sólo la Iglesia verdadera puede decir lo que actualmente enseñan las palabras de los escritos bíblicos. Ahí radica la necesidad del episcopado canónico de la Iglesia. La plenitud de la tradición la tiene la Iglesia. Los libros bíblicos del NT contienen el eco de una parte, aunque sea la más importante y mayor de la Apostólica tradición.Así pues, para el judaísmo la Biblia entera es el denominado AT. Por él descubren los j
udíos cómo su religión fue desarrollándose poco a poco con su pueblo. Aunque los judíos no reconocen a Jesús como el Mesías, encuentran sin embargo en el NT, sobre todo en los tres primeros evangelios, los Sinópticos (véase más adelante), muchísimas cosas que les parecen un auténtico mensaje judío de salvación. Existe actualmente en el judaísmo un movimiento que busca la "recuperación de Jesús por parte del judaísmo." El autor de este libro pudo dialogar en Israel a menudo con Martin Buber y con Schalom Ben-Chorin sobre la seriedad de esa recuperación. Las mujeres y los hombres de ese movimiento son buenos conocedores también de los escritos que los cristianos llaman NT. Aunque para ellos, naturalmente ese "Nuevo Testamento" no pertenezca a la Biblia.El Antiguo y el Nuevo Testamento constituyen la Biblia completa del cristianismo. Dado que la comunidad cristiana del tiempo de los apóstoles y de sus discípulos inmediatos veía los escritos de la vieja Biblia judía como el fundamento de los acontecimientos y enseñanzas del NT, dicho AT pertenece también a la Biblia de los cristianos. Y como los cristianos también querían saber, naturalmente, cómo toda su Biblia se había formado del AT, sentían la necesidad de las dos colecciones yuxtapuestas. Con el NT aprenden cómo se formó el cristianismo, y así mismo cuántas cosas del cristianismo no se han hecho todavía realidad. Y a medida que van aprendiendo (¡con las dos colecciones bíblicas en la mano!) cómo la consumación del Antiguo Testamento se inicia con Jesús, llegarán también a entender que el Antiguo Testamento es así mismo el mensaje bíblico que a lo largo de 1200 años fue preparando el terreno en el que Jesucristo pudo hacerse realidad.
La actitud de los cristianos actuales hacia el Antiguo Testamento es muy deficiente. Sentimentalmente las más de las veces sólo consideran el NT como la Biblia de los cristianos, aun sabiendo muy bien que la Biblia de los cristianos abarca ambas colecciones. Antes las cosas no fueron así. Durante los 1100 primeros años del cristianismo en modo alguno ocupó el NT el primer plano como Biblia. Los padres de la Iglesia al escribir la palabra "Biblia" piensan sobre todo en el AT. Sólo después fue pasando la colección del NT cada vez más al primer plano.
El Antiguo y el Nuevo Testamento forman para los cristianos una sola Biblia. Expondré sobre el tema algunas ideas que ojalá alcancen toda su fuerza con una reflexión intensa.
El peculiar camino que va del politeísmo al monoteísmo, pasando por lo que se denomina henoteísmo, sólo podemos seguirlo teniendo ante los ojos el AT. La irradiación monoteísta de los siglos judíos que siguen a las guerras de los Macabeos y de la colección cristiana del NT sólo podemos entenderla como un regalo del Dios de Israel, cuando sabemos por el AT lo lejos que pudo llegarse.
Los primeros cristianos todavía no tenían un NT. Habían tenido maestros y predicadores que les habían hablado de Jesús. Y ellos hablaban de Jesús a partir de la vieja Biblia judía, que en primer lugar les servía para interpretar al propio Jesús. Cuando hoy nosotros consideramos a menudo el NT sin tener en cuenta el AT, estamos arrancando a Jesús de la historia milenaria del reino de Dios.
El núcleo de la predicación de la antigua Biblia judía es la venida del reino de Dios. Jesús fue un personaje — el gran personaje según el convencimiento de los cristianos — que actuó en el drama de la llegada del reino de Dios. Como tal fue proclamado entre los primeros cristianos. Y cuando, en el curso de los primeros 60-70 años tras la muerte de Jesús, se escribieron cartas y libros sobre su predicación, el propósito de tales escritos era el de anunciar a Jesús y con él el reino de Dios. Así se formó la colección del Nuevo Testamento. A lo largo de toda su vida Jesús no hizo jamás hincapié en sí mismo, sino únicamente en el reino de Dios, cuya predicación y preparación consideró su cometido personal.
De varias fórmulas de los Sinópticos, y sobre todo del Evangelio de Juan, podría sacarse algo al respecto. Por ello es importante considerar todas aquellas fórmulas en las que a veces — y a menudo en Juan — Jesús parece insistir sobre la importancia de su persona como palabras que se le atribuyen. Por ello algunos teólogos cristianos se han dedicado a un estudio intenso del AT, para contraponer a la concentración operada en los últimos 600-700 años sobre Jesús un contrapeso con la predicación del reino de Dios.
Son pocas las afirmaciones y las imágenes del NT que no obtengan su significado más profundo del AT. Edward Schillebeeckx lo ha expresado con una fórmula sorprendente: "Sin el Antiguo Testamento el Nuevo Testamento se convierte en un apócrifo" (Diálogo quinto del libro God is Leder ogenblik nieuw, Amboboeken, Baarn 1982).
Toda la Biblia está cargada de crítica. Y eso no es casual, sino propósito explícito.
En los libros históricos de la Biblia antigua se cuentan muchísimas cosas de "lo que desagradaba al Señor," justamente para ponerlas bajo una luz crítica. La crítica a los dirigentes y autoridades de Israel la consideraron los profetas como una de sus tareas más importantes y necesarias.
Si en los escritos del NT se encuentra también una crítica abundante, habrá que decir que el modelo de la crítica neotestamentaria se encuentra en la crítica del AT: las duras palabras de Jesús y de sus discípulos contra los fariseos, las familias sacerdotales judías y los saduceos, hay que verlas como una crítica intrajudía; es decir, como la crítica de unos cristianos judíos a otros judíos no cristianos. Tampoco el Evangelio de Juan con su crítica al judaísmo puede enjuiciarse de otro modo. Y si los Evangelios hacen decir a Jesús que "había sido enviado a las ovejas perdidas de Israel" (Mt 15:24; 10:6; 9:36), para "buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19:10), etc., se trata ante todo de una crítica interna al judaísmo (a saber, la de Jesús a los pastores constituidos de su pueblo).
Y la crítica es también el objetivo de la utilización de la Biblia. No sólo el simple lector u oyente ha de sentirse interpelado si responde o no a las exigencias de la Biblia, sino que también los maestros de la Iglesia están "bajo la palabra de Dios" bíblica. Dicho de otro modo: el texto bíblico es una interpelación a todos si dejan que la crítica de la Biblia les hable de manera ad
ecuada y no se contentan con utilizar la palabra bíblica sólo como crítica contra los otros.La crítica partiendo de la Biblia no es una finalidad en sí misma; se trata de la crítica a la Iglesia, y ciertamente por motivos de renovación: renovación de todos los creyentes y de sus sacerdotes, diáconos y maestros. En otras palabras, la crítica en sí y por sí no es un objetivo último.
El Sentido de la Biblia y la Inspiración.
Según la fe cristiana, la Biblia es la "palabra de Dios" a los hombres; es palabra humana inspirada por Dios, y en tal sentido es "palabra de Dios"; como tal palabra de Dios contien
e también revelaciones para los hombres.En esta triple fórmula explicaré aquí, de un como compendiado, algunas afirmaciones sobre la inspiración y la revelación.
1. La Biblia es "palabra de Dios" para los hombres. Como palabra de Dios (en el sentido más amplio) para los hombres (también en el sentido más amplio y dilatado) la Biblia no puede dirigirse a una sola facultad del hombre, sino que se dirige al hombre sin más. En las exposiciones sobre la "palabra de Dios" en la Biblia con frecuencia se le da a la "palabra" un significado demasiado estrecho: el de simple medio de comunicación, palabra que comunica unas revelaciones. Cierto que la palabra es también y esencialmente un medio de comunicación; pero no es sólo eso. Cierto también que el contenido de esa palabra comunicadora puede serlo una revelación (en sentido estricto); pero así como la palabra del hombre no siempre comunica algo (en sentido restringido), tampoco la palabra de Dios tiene que ser siempre una comunicación de ese tipo.
En las comunicaciones la palabra habla a la inteligencia y a la facultad cognitiva del hombre. Pero la palabra puede ser también un medio de contacto más amplio; puede hablar, en efecto, al sentimiento del hombre. O dirigirse a su capacidad volitiva; como tal se acerca a la palabra transformadora. Sería, pues, restringir el concepto de "palabra de Dios" el pretender encontrar en ella preferentemente la comunicación de conocimientos. También prepara al hombre y lo empuja a volverse a Dios. Esta función de la palabra bíblica no es ciertamente menos esencial.
En hebreo, "palabra" se dice dabar. El contenido de ese dabar es mucho más amplio que el de nuestra "palabra," y más amplio también que el verbum latino. En el ámbito significativo del dabar entra así mismo la "cosa," el "suceso." Y, dado que nuestra "palabra de Dios" deriva del dabar Yahweh, del "dabar del Señor," del "dabar de Dios," las mismas razones filológicas nos inducen a no estrechar el contenido significativo de "palabra," sino a dilatarlo al máximo, en la misma línea del dabar hebreo. En cualquier caso es más adecuado entender por "palabra de Dios" cualquier movimiento del espíritu divino hacia el hombre y no ver sólo en ella la comunicación de conocimientos por parte de Dios al hombre.
2. La Biblia es palabra humana inspirada por Dios y, en este sentido, "palabra de Dios." Si la Biblia es "palabra de Dios" para los hombres — como queda señalado en el apartado anterior —, debe servirse naturalmente también de la palabra humana. La Biblia es, pues, palabra humana, aun siendo "palabra de Dios." Su vocabulario, sus construcciones, son el vocabulario y las construcciones de un lenguaje humano. Y con ese vocabulario y esas construcciones Dios habla al hombre.
Con ello, sin embargo, la "palabra de Dios" adquiere todas las insuficiencias del lenguaje humano, que irremediablemente se dan cuando el hombre pretende hablar de Dios. Por eso dice Agustín en su comentario al Evangelio de Juan: "Ni el mismo Juan lo dijo como es, sino como pudo decirlo, puesto que es un hombre el que habla de Dios." Agustín se refiere aquí a un texto bíblico (Jn 1:1) que pretende decir algo de Dios. Y aunque el propio Agustín tiene ese texto por inspirado — es decir, cree que ha sido informado por el Espíritu Divino —, no cree sin embargo que tal texto pueda ser exacto hasta el último repliegue, precisamente porque se trata de una palabra humana.
Según esto la inspiración no garantiza tampoco que un texto con su afirmación pueda e
ntenderse "sin más" rectamente. El enunciado imperfecto permite incluso diversas interpretaciones, que a menudo han dado paso a doctrinas diferentes con la consecuencia de diferentes comunidades confesionales, aunque las distintas interpretaciones a menudo hubieran podido coexistir perfectamente dentro de una misma comunidad creyente.La palabra humana inspirada por Dios no tiene, por lo demás, que hacer necesariamente una afirmación acerca de Dios. La inspiración puede referirse también a cosas que no sean declar
aciones acerca de Dios. Como ya queda dicho, puede constituir sobre todo un estímulo para volverse a Dios y al hombre. Es ésta una característica esencial de la inspiración en la que, por desgracia, la doctrina oficial frecuentemente no ha hecho hincapié.Sobre la "palabra de Dios" bíblica en palabra humana habría que decir en líneas muy gen
erales:Dicha palabra está condicionada por la raza y por el pueblo. No se puede separar, por tanto, del espíritu y del estilo de la lengua, del pensamiento de quienes la pronunciaron como palabra humana, ya fueran hebreos y judíos o griegos. Incluso en tanto que "palabra de Dios" sólo podemos entenderla si sabemos lo que aquel lenguaje de hombres quiso expresar con los vocablos utilizados. Solamente entonces descubriremos el sentido que los escritores bíblicos quisieron dar a sus palabras. Si creemos realmente en la inspiración, el sentido intentado por el autor humano es el primero, aunque no por ello ha de negarse que existan otras interpretaciones legítimas, que van más allá del sentido intentado por los hablantes humanos.
Por consiguiente, la palabra bíblica de Dios va ligada a un lenguaje. Y el lenguaje va ligado a su vez a una cultura. De ahí que la palabra divina de la Biblia no se pueda entender plenamente sin tener en cuenta el contexto cultural. Si no sabemos, por ejemplo, lo que en el ámbito cultural del escritor bíblico significaba desatar las sandalias, quitarse el calzado, lavar los pies, etc., tampoco podremos entender las acciones y las imágenes montadas sobre tales gestos. A propósito de la inspiración, eso quiere decir que no está inspirada la imagen abstracta, sino la imagen de aquella cultura a la que pertenecen los relatos contenidos en la Biblia. De este hecho precisamente de la vinculación de la palabra bíblica a una cultura se deriva la necesidad de conocer también del mejor modo posible las cosas y realidades de la Biblia, de las que en este libro nos ocupamos de un modo especial.
Y lo que decimos de la cultura hay que decirlo también de la política. La política no es sólo algo que pertenece al trasfondo de las afirmaciones bíblicas. Los procesos políticos son a menudo la expresión de la "acción de Dios," porque al Dios de la Biblia se le ve como al señor soberano de la historia universal. De ahí que, por una parte, la palabra bíblica sólo resulta comprensible en su sentido inmediato cuando se entienden los procesos políticos de los que trata; y, por otra, no hemos de olvidar que también en la exposición de esos procesos políticos está viva la palabra de Dios: no tanto en el contenido histórico cuanto en la interpretación profética y en el sentido dado a esos procesos que existencialmente amenazan o liberan a los hombres.
Finalmente, tampoco hay que olvidar esto a propósito de la expresión clave "palabra humana": en muchos de sus libros la Biblia es imperfecta literariamente, es decir, en aquello que según el sentir general debería caracterizar a los libros. El ropaje es frecuentemente casi sórdido. Refiriéndose a la sagrada Escritura dice Agustín: "Junto a la nobleza de Cicerón, me parecía que no tenía nobleza alguna" (Confesiones 3:5). A pesar de lo cual los cristianos están firmemente persuadidos de que la Escritura es "palabra de Dios"; que es palabra, que siempre y renovadamente procede de él y de él da testimonio. Persisten en la fe de que es una palabra dada por Dios. Pero frente a esa palabra, tan poco brillante y a menudo hasta pobre, frente a ese ropaje en ocasiones sórdido, se hace aún más apremiante la pregunta de qué ha de entenderse realmente por "inspiración."
Dos son los pasajes del NT que se refieren al tema: cuando 2Tim 3:16 habla de pasa graphe theopneustos, de la "scriptura divinitus inspírala" (toda la Escritura está inspirada por Dios), y cuando en 2Pe 1:21 se dice: "Pues nunca fue traida profecía alguna por voluntad humana,... sino que, inspirados del Espíritu Santo, hablaron los santos hombres de parte de Dios." Tales textos apuntan más bien a un concepto muy amplio de inspiración. Difícil es decir lo que significa esa inspiración en concreto. Pero una cosa es cierta: ¡Sobre la fe en la inspiración hay una tradición ininterrumpida! A modo de ejemplo, podemos recordar aquí algunos momentos de esa tradición:
En el libro de Jeremías (1:9) se dice: "Yo pongo mi palabra en tu boca."
Jesús dice en Mt 4:4: "Está escrito: no sólo de pan vive el hombre..." replicando así Jesús a una cita bíblica del tentador (Dt 8:3). Y responde así con una palabra que no admite objeción alguna, porque es "palabra de Dios." De manera parecida escuchamos de boca de Jesús frecuentes remisiones a la Biblia judía, en las que se supone siempre una credibilidad absoluta.
En el Evangelio de Juan: "Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés," le dicen los judíos a Jesús (Jn 9:29).
En los Hechos de los Apóstoles:
"Tú, el que en el Espíritu Santo, por boca de siervo Tuyo David, dijiste...," rezan Pedro y Juan después de haber sido liberados por el sanedrín, por causa del pueblo (Act 4:25). "Bien habló el Espíritu Santo cuando, por medio del profeta Isaías, dijo a vuestros padres...," expone Pablo a los judíos de Roma, cuando no quieren creer en su mensaje de Jesucristo (Act 28:25).El apóstol Pablo dice: "Porque nosotros somos el templo de Dios vivo, como lo dijo Dios: Habitaré y andaré entre ellos..." (2Cor 6:16), citando el texto de Lev 26:12. "Y desde niño con
oces las Sagradas Escrituras, que tienen el poder de instruirte... Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar" (2Tim 3:15-16).Tertuliano (160-220) habla de la Biblia como una "colección de libros divinos" en virtud de su inspiración.
El doctor de la Iglesia san Jerónimo (347-420) designa a la Biblia como "Biblia sacra," Escrituras sagradas, a causa de la inspiración.
Agustín (354-430) escribió en su obra sobre La concordancia de los Evangelios: "Puesto que ellos (los escritores bíblicos) escribieron lo que el (Espíritu Santo) les enseñó y dijo, no puede decirse en modo alguno que él personalmente no escribiera, puesto que sus miembros consignaron lo que conocieron bajo el dictado (el impulso y la inspiración) de la cabeza."
En los Statuta Ecclesiae antigua (de los siglos V-VI) se preceptúa como examen del obispo antes de su consagración: "Debe ser interrogado si cree que es el mismo autor y el mismo Dios el del Antiguo y el del Nuevo Testamento..."
El papa Gregorio Magno (590-604) escribe en su carta, de junio del 595, al médico de cabecera del emperador Teodoro: "Pero, ¿qué es, en cierto modo, la Sagrada Escritura sino una especie de carta del Dios omnipotente a su criatura?... El emperador del cielo, el Señor de los hombres y de los ángeles te manda su misiva para tu vida... Te ruego que estudies y medites cada día las palabras de tu Creador; aprende a conocer el corazón de Dios en sus palabras..."
El papa León IX (1048-1054) escribe el año 1053 al obispo Pedro de Antioquía: "Yo ta
mbién creo que el único autor del Nuevo y del Antiguo Testamento, de la Ley y de los Profetas y de los (escritos) apostólicos es el único Dios y Señor omnipotente."3. En tanto que palabra de Dios, la Biblia contiene revelaciones para los hombres. En esta tesis subyacen dos aspectos negativos: primero, "revelación" no significa en modo alguno la transmisión de un saber que nosotros, como hombres, no podamos conocer sin una especial ayuda divina. Y, segundo, tampoco cada una de las palabras de la Biblia es una revelación; si tomamos la "revelación" como algo particular, lo más que puede decirse es que la Biblia contiene tales revelaciones. Cabe decir sin duda que la Biblia en su conjunto es una revelación de Dios; sin embargo ya no se puede afirmar que por "revelación" se entienda en general la transmisión de algo de otro modo desconocido, o incluso incognoscible, sino que por tal ha de entenderse que la Biblia es el libro en el que Dios ha revelado su grandeza, su amor y su justicia; se ha revelado simplemente como Dios.
Así pues, el término "revelaciones" de la Biblia ha de entenderse de forma diferenciada. S
egún la creencia de los israelitas y judíos, autores de la mayor parte de los libros bíblicos, la revelación divina no es en primer término la palabra literaria, sino el acontecimiento histórico. En tanto que se revela la voluntad de Dios en el acontecer histórico y el profeta proclama e interpreta ese acontecer como revelación de Dios, en esa medida se hace revelación también la palabra literaria.Cercana al sentido de este matiz de la revelación se encuentra la fe antes aludida de que toda la "Escritura sagrada" es revelación de Dios. No se piensa ahí en cada una de las afirmaciones, sino en el conjunto que apunta a Dios. Frente a la mayor parte de las religiones paganas, aquí lo esencial no es la necesidad de apaciguar o hacer propicio a Dios como potencia amenazadora; el Dios de la Biblia no reclama del hombre sacrificios, sino santidad (es decir, perfeccionamiento del propio ser).
Pero, aunque todo esto haya de tenerse en cuenta, tampoco se debe excluir el sentido restringido de "revelación" como transmisión de un "saber." Sin embargo, incluso ahí hay que distanciarse de las concepciones exageradas que, por así decirlo, contemplan los relatos bíblicos cual si tuvieran el único objetivo de transmitir unos conceptos teológicos bajo la forma de ciertos revestimientos; es decir, cual si exclusivamente estuvieran al servicio de unas verdades de fe que el intelecto ha de captar.
El punto de referencia de la palabra bíblica no es exclusivamente la verdad, tal como nosotros hemos intentado persuadirnos en una consideración dogmático-intelectualista de la Biblia, y que en el cristianismo se ha hecho cada vez más habitual desde hace setecientos años, y en medida creciente de siglo en siglo. Ciertamente que nunca se puede sobrevolarar la verdad; pero pese a ello no todo está referido a la verdad. En la inteligencia de la Biblia a menudo hemos falseado la palabra de Jesús, en el Evangelio de Juan, "Yo soy el camino, la verdad y la vida," acentuando la importancia de la verdad, como si no se hablase también del camino y de la vida.
Mediante esa desviación del centro de gravedad el concepto de revelación se ha desplazado hacia la verdad con un fuerte matiz racionalista. La Biblia misma apenas si habla alguna vez en el sentido de la verdad en que nosotros lo hacemos. Cierto que ya el AT emplea esa palabra; pero la verdad no significa lo contrario del error, sino lo opuesto a la mentira. Dios es el Dios "verdadero" porque hace ciertas sus promesas, no porque proclame unas verdades de conocimiento (2Sam 7:28; 1Re 17:24; Sal 25:10; 26:3). Las concordancias bíblicas señalan setenta y tres pasajes en los que aparece la palabra "verdad"; ninguno de tales pasajes se encuentra, por lo demás, en los Sinópticos.
En los relatos e imágenes de la Biblia casi nunca se separan los conceptos de "camino, verdad y vida." Su función existencial aparece con mucha mayor claridad cuando los tomamos conjuntamente, es decir, sin seccionarlos para intentar sacar de los mismos preferentemente unos conceptos para definir las verdades de fe. Pero al mismo tiempo, y partiendo de ese aspecto, se deriva un concepto más amplio de revelación e inspiración, pues que ésta ya no se refiere sólo a la verdad, ni la inspiración sirve únicamente a la salvaguarda de la verdad — como a menudo se la presenta —, sino que sirve también y sobre todo a la piedad, es decir, al "camino" (hacia Dios) y a la "vida" (también desde Dios).
Con un concepto de inspiración y revelación referido al conjunto — como el que se ofrece en las parábolas e imágenes bíblicas — nos acercamos sin duda alguna de una manera más adecuada a la Biblia que cuando buscamos la revelación en unos conceptos y a esos conceptos referimos la inspiración. Pues, ¿dónde encontramos en la Biblia unos sistemas conceptuales? Ni la vieja Biblia, ni Pablo, ni los Sinópticos, ni Juan, elaboraron sus afirmaciones partiendo de un sistema conceptual. Todos ellos pensaban preferentemente en imágenes, no en conceptos. De ahí que también en el empeño por entender la Biblia sea más importante el conocimiento de los elementos figurativos que el conocimiento de los distintos conceptos.
Decir algo sobre la inspiración misma sería una audacia, porque equivaldría a pretender d
ecir algo sobre el espíritu en general y sobre el Espíritu de Dios. Pero quizá se pueda hacer una reflexión muy general sobre el hecho de la inspiración. En tanto que cualquier referencia a lo divino, cualquier inducción a algún tipo de fe en Dios tiene que proceder de unas fuerzas inspirativas de Dios, puede decirse que cualquier palabra de exhortación religiosa está inspirada. Si ni siquiera podemos pensar en Dios, y mucho menos creer y confiar en él, sin que el Espíritu divino nos capacite para ello, ¡muchísimo menos podrán surgir sin una inspiración divina las palabras indicadoras que conduzcan a Dios! Despojaríamos de toda credibilidad a nuestra fe en los libros judíos y cristianos, en tanto que libros inspirados, si no viéramos su inspiración vinculada con la inspiración en general. Ocurre como con el politeísmo y el monoteísmo; no existe ninguna fe divina que no participe de la fe en el verdadero Dios. La posibilidad de aceptar el politeísmo, es ya una fuerza inspirada, una revelación. (Por lo demás, desde ese concepto amplísimo de revelación nos enfrentamos así mismo a la problemática de si la inspiración tiene de hecho una conexión tan fundamental con la verdad, como afirmamos a menudo. Si la inspiración pertenece incluso al politeísmo que frecuentemente empuja a la superstición — quizá a través de un camino que pasa por estadios muy primitivos y "erróneos" — ; sólo que tiene contacto con la verdad en la medida en que es fe en el Dios verdadero, y no superstición. Ciertamente, el politeísmo no pertenece al mundo de la verdad. Pese a ello, no puede darse sin inspiración.).Aparte de todo esto, tal vez se pueden captar, a través de algunas declaraciones negativas, ciertas características de la inspiración.
De ningún libro de la Escritura se pudo decir al momento mismo de su consignación por escrito: Este libro que aquí surge está escrito bajo una influencia divina. La inspiración de los libros en cuestión más bien se afirmó posteriormente, a veces varios siglos después. El que un libro esté inspirado lo fija la comunidad creyente. Así como el libro inspirado de los judíos y de los cristianos ha surgido de la comunidad creyente profética y apostólica, así también la misma comunidad creyente establece que un libro pertenece a la misma, que coincide con su prop
ia fe, y lo incorpora al canon de sus libros importantes y decisivos. En lo cual conviene observar que es "canónico" (en el sentido literario), porque su contenido es canónico, es decir, normativo para la fe y las costumbres. Con ello se cree al mismo tiempo que el libro es un libro inspirado.Una imagen romántica de la inspiración es la del Espíritu Santo o la del ángel que susurra al oído (por ejemplo, el San Mateo de Rembrandt, con el retrato del hijo del pintor, Tito, como á
ngel inspirador). Esta imagen a menudo se entiende cual si el escritor inspirado fuera consciente de la inspiración en el instante mismo en que escribe. Tal concepción romántica de la inspiración desaparece naturalmente con la afirmación susodicha de que el escritor inspirado no es necesariamente consciente de su inspiración ni "está a la escucha" de la palabra del Espíritu Santo. La inspiración tiene en cierto modo su origen en la razón, en la visión, en la sabiduría y credibilidad del autor. La conformidad misteriosa del autor con la voluntad reveladora de Dios es inspiración. Por ello hasta se podría decir que la ignorancia del inspirado acerca de la inspiración es casi una necesidad para la ingenuidad y limpieza de las afirmaciones.Finalmente, la palabra humana inspirada por Dios es un misterio, que desde luego no se puede explicar, pero sí cabe compararlo con el otro misterio de la encarnación, del que el misterio de la inspiración es sólo una parte en realidad. Nosotros proclamamos nuestra fe en el único Señor, Jesucristo, "que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen y se hizo hombre." De manera parecida deberíamos confesar nuestra fe en la palabra reveladora, inspirada por Dios, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo; por obra del Espíritu Santo adoptó una forma de lenguaje humano (en Isaías o en Mateo, por ejemplo) y se hizo palabra humana. En esa palabra humana vive el Espíritu de Dios como palabra divina, no como palabra acerca de Dios; al igual que en el hombre Jesús está el Espíritu de Dios como el único Señor, pero no como un maestro de la Escritura que sabe hablar bien acerca de Dios.
En algunas recapitulaciones y citas habrá que ampliar y hacer todavía algo más fluido el tema de la inspiración, de modo que el lector pueda llegar desde otras perspectivas a nuevas consideraciones y puntos de vista.
La fe en la inspiración de algunos libros importantes, especialmente de índole religiosa, no es algo exclusivamente judío o cristiano, sino que es una idea que alienta de múltiples formas en muchas religiones, las cuales tienen que ver con textos creyentes (escritos o transmitidos ora
lmente). Por otra parte, la fe en la inspiración se cuenta entre las doctrinas religiosas más controvertidas. Sin embargo, dado que el asunto exigiría un largo artículo, no nos ocuparemos aquí de los ataques a las doctrinas de la inspiración, cualquiera que sea su procedencia; intentaré decir algo sobre la inspiración que pueda ayudar a un hombre de concepción moderna en sus ideas y representaciones.La palabra "inspiración" (de procedencia latina pero que traduce el vocablo griego
theopneustos, es decir, imbuido por Dios, cf. 2Tim 3:16) tiene en principio un sentido muy amplio. Ciertas palabras, actos, afirmaciones, ciertas decisiones en una situación difícil, pero que sorprendentemente o tras larga experimentación se demuestran saludables para el hombre, se dice que son "sugeridas," "inspiradas" o dadas por Dios, ya que sólo pueden explicarse desde el Espíritu divino. Lo cual no significa que el Espíritu divino entre en lugar de la actuación o de los recursos humanos, sino que esos medios humanos pueden actuar como auxiliares para la inspiración de Dios. Mas corno esa explicación se consideró precisamente peligrosa en el judaísmo y en el cristianismo primitivo, se prefirió el adjetivo "profético" en lugar de "sugerido" o "inspirado" por Dios. Sólo que el vocablo "profético" no designa — como a menudo ocurre en el lenguaje popular — ni a las personas ni a los discursos que pronostican algo, pues el profeta (del griegoprophemí) no es la persona que vaticina, sino la que habla y anuncia en nombre de otro (prophemi equivale, p.ej., a anunciar la voluntad de Dios).Ya en la escolástica, al reflexionar sobre la inspiración, se acentúan ciertos elementos que, según la concepción popular, no pertenecen a la inspiración. Esa concepción popular contiene mucho de sugestiones misteriosas, mientras que la escolástica insiste en unos elementos marc
adamente intelectuales: el don de ver y decir rectamente lo cierto (o de escribirlo) es la inspiración. En los proclamadores de la voluntad divina, designados con el apelativo de "profetas," vemos simplemente la peculiaridad de que, junto a la elaboración elocuente e intelectual de sus afirmaciones, están fuertemente sostenidos por unas imágenes que dramatizan y cuentan con gran vivacidad lo que dicen y proclaman.Se puede decir que la inspiración no es un dictado de ideas, interpretaciones y palabras que el escritor
no entiende. El escrito inspirado, como cualquier escrito literario, procede de un esfuerzo por conocer. El escritor toma la decisión de poner por escrito lo que ha conocido, y lo hace con todo el esfuerzo. Es ésta una sucesión hipotética, que en realidad muchas veces se superpone, pero de forma que persisten todos los estadios de la escritura. Por eso se puede hablar de la "rectitud en la concepción" de las ideas por parte de los hagiógrafos y de la correspondiente "apta expresión."El pensador judío Franz Rosenzweig (1886-1929) dijo en cierta ocasión acerca de la Biblia: "Todos los libros pueden aprenderse, si se leen. Lo que hay en la Biblia se puede aprender de dos maneras: escuchando lo que dice, y auscultando los latidos del corazón humano. Por eso (
y sólo por eso) la Biblia es revelación."El hecho de la inspiración no debe separarse de la acción de Dios en el conjunto del fenómeno de Israel. ¿Quiere esto decir que la Escritura es, en parte, obra del Espíritu de Dios y en parte, obra del hombre? No, es en su totalidad del hombre y es en su totalidad de Dios, como la música debe atribuirse enteramente al pianista y al piano. Cuando actúa el Espíritu de Dios, no queda anulado el hombre, sino que torna más bien a sí mismo.
Revelación e Interpretación (p
or Protopresbitero Jorge Florovsky, 1893-1979).Que es la Biblia? Un libro igual a otros libros, accesible a cualquier lector fortuito? No, es, ante todo, un libro sagrado, dirigido a los creyentes. Es cierto, que hasta un libro sagrado, como una "obra literaria," puede leer cualquiera. Ahora no se trata de eso. Nos referimos no al texto, sino a la Nueva, incluida en él. En la obra de san Hilario hay palabras de importante significado: "Scriptura es non in legendo, sed in intelligendo" (La Escritura no esta en la lectura, sino en la comprensión). En la Biblia, tomada en su totalidad, será incluida una Nueva? Y a quien esta dirigida, si realmente esta dirigida a alguien? Estará llamado cada ser humano, por si solo, a entender e interpretar el sentido del Libro? O es la tarea de una comunidad, y también de miembros particulares, pertenecientes a esta comunidad?
Cualquiera que sea el origen de los distintos documentos, incluidos en la Biblia, esta claro, que el Libro en su totalidad es creado por la comunidad — primero del antiguo Israel, luego por la Iglesia Cristiana. La Biblia no es un conjunto de diferentes composiciones históricas, legislativas y religiosas; es la selección sancionada y atestiguada por el uso (primordialmente litúrgico) en la comunidad y luego ya formalmente por la autoridad de la Iglesia. Los libros de la Biblia se seleccionaban y se unificaban en un conjunto con un fin determinado. "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de Sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en Su nombre" (Jn. 20:30-31). Estas palabras, en cierta medida, se refieren a toda la Biblia. Ciertos documentos fueron seleccionados, redactados, reunidos en un libro y entregados al pueblo fiel, como la transcripción verídica de la Nueva Divina. La Nueva Divina proviene de Dios, es la Palabra de Dios. Pero recibe esta Palabra y atestigua sobre su veracidad la comunidad de los creyentes. La fe certifica que la Biblia es sagrada. La Biblia, como libro, esta formada en la comunidad y esta destinada, en primer termino, para la enseñanza de la comunidad. El Libro y la Iglesia son inseparables.
La Biblia es lo mismo que el Pacto, Alianza, y la Alianza ("contracto," "acuerdo") se establece con los hombres. Antes del Nacimiento de Cristo, la Palabra Divina fue confiada al Pueblo de la Alianza (ver Rom. 3:2), ahora la Nueva sobre el Reino la guarda la Iglesia del Verbo Personificado. La Biblia es la verdadera Palabra Divina, pero se apoya sobre el testimonio de la Iglesia. Ya que es indudable, que el Canon Bíblico esta constituido y confirmado por la Iglesia.
Sin embargo, no hay que olvidar la finalidad misionera del Nuevo Testamento. "La Predica Apostólica" encarnada y eternizada en él, tenia dos metas: enseñar a los fieles y convertir al mundo entero. Por eso el Nuevo Testamento no es solo el libro de la comunidad, como las Escrituras del Antiguo Testamento, ya que no esta ocultada a los exteriores. Pero no es menos la "propiedad" de la Iglesia. Es típica la posición de Tertuliano referente a las Escrituras. El se niega de discutir con los herejes las partes difíciles de la Biblia. La Escritura pertenece a la Iglesia, y por eso, son ilegítimas las citas de Escritura por los herejes. Ellos no tienen derecho sobre la propiedad ajena. Este es el principal argumento en el famoso tratado de Tertuliano "De praescriptione haereticorum" (contra los herejes). Para el no creyente (sin fe) no hay acceso a la Escritura — ya que no la acepta. Para él en la Biblia no hay Mensaje de la Nueva.
No es casual, que el conjunto de obras escritas por diferentes personas y en distinto tiempo paulatinamente se comenzó a considerar como un solo libro. Ta biblia — es plural, pero "Biblia" — es sin duda, singular. Numerosos escritos constituyen una Escritura Sagrada. Y en toda la historia bíblica se puede trazar un tema principal, una Nueva. Porque en la Biblia hay historia. Mas aun, la misma Biblia es la Historia, es la crónica de las acciones de Dios sobre Su pueblo elegido. La Biblia guarda, ante todo, Magnalia Dei — grandes obras de Dios. Dios da comienzo a este libro. En él hay principio, hay fin, que es también la meta. He aquí el punto inicial: la creatividad Divina "en el principio... sea..." He aquí el final: "Ven, Señor Jesús!" (Rev. 22:20). Desde la Génesis hasta la Revelación — único libro constituido por muchos capítulos. Y es el libro de historia. Entre el principio y el final está el camino. El tiene la dirección y el meta final. Cada instante se dispone entre el principio y el fin y posee su lugar, sin repetición en la historia. Ningún acontecimiento fragmentado puede ser comprendido separadamente, sin contacto con el todo. Hay un enfoque y una visión interdependiente donde todo se realimenta y aun más se enriquece en el mensaje Revelado, que se transmite en su sencillez, profundidad y realismo a la humanidad.
Dios habló
"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras" (Heb. 1:1). El se revelaba a los hombres a través de los siglos, no una vez, sino otra y otra. El conducía a Su pueblo de una Verdad a otra Verdad. La Revelación, como subiendo por los peldaños, iba en aumento. Esto está llamando la atención. Pero Dios es Uno y el Mismo, y Su Nueva, en la ultima instancia, es una misma. Justamente, la Nueva otorga a distintos escritos, a pesar de su diversidad, una verdadera unidad. Distintas versiones de los mismos acontecimientos entraron en el Libro intactos. A pesar del problema de "contradicciones evangélicas" (que trataba de resolver el Beato Agustín), la Iglesia se negaba a todos los intentos de trasformar a los 4 Evangelistas en un solo sintético Cuatroevangelio ó Diatessaron. Todos los 4 Evangelios con suficiente plenitud y acaso, en forma mas visible, que cualquier compilación, trasmiten una única Nueva.La Biblia es el libro sobre Dios. Pero Dios de la Biblia no es Deus Absconditus (Dios Escondido), sino Deus Revelatus (Dios Revelado). Dios aparece y Se revela. Dios entra en la vida humana. Y Biblia no es simplemente una crónica de apariciones y acciones Divinas. Ella misma es la Aparición de Dios. Ella es la Nueva de Dios. Las mismas acciones de Él son la Nueva. Por eso, buscando a Dios no hay que alejarse del tiempo y de la historia. Dios se encuentra con el hombre en la historia, entre la gente, en lo cotidiano. Dios crea a la historia y sin obstáculo entra en ella. La Biblia es profundamente histórica: es el relato, no tanto sobre las preeternos misterios, cuanto sobre las acciones Divinas; y los misterios se revelan solo a través de la historia. "A Dios nadie lo vio jamas; el unigénito Hijo, que esta en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn. 1:18). Él reveló a Dios, entrando en la historia con Su Santa Encarnación. De manera, que no se debe olvidar al marco histórico de la Revelación. No hay que separar a la Verdad del contexto sociocultural y político en el cual históricamente Ella apareció — esto irreparablemente alteraría Su imagen. Ya que la Verdad — no es una idea, sino es una Personalidad, el Mismo Señor Encarnado.
En la Biblia se admira la cercanía de relaciones de Dios con el ser humano y éste con Dios. Estas son relaciones de la Alianza, elección y filiación. La cercanía entre el Dios y la Humanidad llega a su cúspide en la Encarnación: "Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley" (Gal. 4:4). En la Biblia vemos no solo a Dios, sino también a lo humano. Esta es la Revel
ación Divina, pero Dios nos hace ver también Su postura hacia el ser humano Dios se revela a la Humanidad, le aparece, habla y se relaciona con él, y con esto muestra a la gente el sentido secreto de su existencia y la meta final de la vida. Vemos como Dios condesciende hacia el ser humano y Se le revela, y vemos como el mismo ser humano encuentra a Dios — no solo escucha Su voz, sino también contesta. Escuchamos en la Biblia no solo la voz del Señor, sino también la voz humana, que Le contesta — con las palabras de la oración, agradecimiento, glorificación, trepidación y amor, tristeza y contrición, éxtasis, esperanza y desesperación. La Alianza concluyen los dos — Dios y el ser humano, y ambos participan en el misterio del encuentro real de Dios-ser humano, de la cual narra la historia de la Alianza. En el misterio de la Palabra Divina entra la respuesta humana. Este no es un monologo de Dios, mas bien, es un dialogo, donde hablan tanto Dios como el ser humano. Las oraciones y clamores del devoto salmista representan también la "Palabra Divina. Dios quiere, espera, exige del ser humano la contestación y respuesta. Para esto Él se revela al hombre y le habla. El espera, que el hombre se dirija a Él. Él concluye la Alianza con los hijos del ser humano, pero esta condescendencia hacia la Humanidad no disminuye la Omnipotencia, ni la Transcendentalidad Divina. Dios "habita en luz inaccesible" (1 Tim. 6:16). Pero esta luz "alumbra a todo hombre, venia a este mundo" (Jn. 1:9). En esto está el misterio y la "paradoja" de la Revelación.La Revelación es la historia de la Alianza. La Revelación anotada, es decir, las Sagradas Escrituras, es, ante todo, la
historia. La ley y los profetas, salmos y profecías — todo esta incluido, entrelazado en el viviente tejido histórico. La Revelación incluye no solo las palabras del Señor, sino, ante todo, las obras Divinas. Se puede decir, que la Revelación es el camino de Dios en la historia. La Revelación llegó a su cima, cuando el Mismo Dios, para siempre, estro en la historia, cuando el Verbo Divino se encarno y se hizo hombre. Por otro lado, el libro de la Revelación es también el libro de los destinos de la humanidad. Relata la creación, la caída y la salvación de la humanidad. Es la historia de la salvación: es comprensible que en ella no se puede prescindir del hombre. Ella muestra al ser humano o en la obediencia, o en obstinada rebeldía; en la caída o en la penitencia. Todos los destinos de la humanidad, como en un foco, están reunidos en el destino del Antiguo y Nuevo Israel, un pueblo elegido de Dios, pueblo perteneciente solo Dios. La elección es inmensamente importante. Un pueblo es elegido, separado de todos los restantes y hecho como un oasis sagrado entre la iniquidad general. Solo con un pueblo en la tierra Dios hizo la Alianza, solo a un pueblo Dios dono Su ley sagrada. Solo aquí fue creado un verdadero sacerdocio (aunque sea como un prototipo). Solo aquí aparecieron los verdaderos profetas que hablaban por el Espíritu Santo. Aquí fue guardado el sagrado centro del mundo, un oasis cultivado por la misericordia Divina, en medio de la tierra pecadora, perdida y no redimida. Todo esto — no son solo palabras, es la verdadera medula de la Nueva bíblica. Y todo esto proviene de Dios, aquí no tienen méritos ni logros humanos. Y todo esto — para el ser humano "por nosotros los hombres y por nuestra salvación." Todas las mercedes, dadas al antiguo Israel, están dirigidas a la meta final de salvación universal: "porque la salvación viene de los judíos" (Jn. 4:22). La Redención abarca a todos, pero se logra solo por la selección, separación y individualización. En medio de la caída y la perdida de la humanidad Dios erigió un oasis sagrado. La Iglesia es un oasis semejante, particularizado, pero no separado del mundo. Porque la Iglesia no es solo el refugio y protección, sino también la fuerza y el baluarte del Señor.La Biblia tiene un punto culminante de giro, de la "cruz," sobre la escala temporal. Esto es el comienzo de la historia nueva; pero esto no fragmenta la historia en partes — todo lo contrario, le da la terminación y la unidad. El limite entre los Testamentos confirma la uniformidad de la Revelación Bíblica. Los dos Testamentos no se debe mezclar, es necesario distinguirlos estrictamente. Pero ellos están vinculados sin rotura, ante todo, con la persona de Jesucristo. Jesucristo pertenece a ambos Testamentos. Él cumple las promisiones antiguas, pero con este mismo cumplimiento de la "ley y los profetas" comienza una nueva era y se torna el Cumplidor de ambos Testamentos, o sea del entero. El es — el corazón de la Biblia, porque Él es archi — comienzo y telos — final. Pero la misteriosa unidad del comienzo, del medio y el final no destruye a realidad del tiempo. Todo lo contrario, confiere al proceso histórico una verdadera realidad y un profundo sentido. No hay mas serie de "casualidades," — a la historia la llenan los hechos y logros; lo nuevo, lo que nunca existió, llega al mundo. "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Rev. 21:5).
En ultima cuenta, todo el Antiguo Testamento no es otra cosa que "La genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraam" (Mat. 1:1). Es la época de promesas y esperas, tiempo de alianzas y profecías. No solo los profetas predecían al futuro. Los eventos son también profecías. Todo ese Libro — es profético, reformador, todo habla con los símbolos del cumplimiento futuro. Pero el tiempo de espera pasó. La promesa se cumplió. El Señor descendió s la tierra. Bajo para estar siempre entre Su pueblo. Esta terminada la historia del cuerpo y sangre, Comienza la historia del Espíritu: "La Gracia y la Verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn. 1:17). Pero lo nuevo no borra a lo antiguo. Vetus Testamentum in Novo patet (El A.T. se abre en el Nuevo). "Patet" significa "se abre, comienza, se cumple." Por eso los libros sagrados hebreos son también sagrados para el nuevo Israel de Cristo — no se los puede rechazar ó destruir. Ellos también hablan de la salvación Magnalia Dei (las obras Divinas). Ellos también atestiguan sobre Cristo. No se debe trasformarlos en compendios de citaciones (loci theologici) ó de parábolas edificantes. Ellos deben leerse en la Iglesia como libros de la historia sagrada. Las profecías se han cumplido y la ley es sobrepasada por la Gracia. Pero nada pasó. En la historia sagrada "el pasado" no es simplemente "lo que paso" ó "lo que era," sino, ante todo, "lo que ocurrió y se cumplió." El cumplimiento es el concepto básico de la Revelación. Lo que en su tiempo era sagrado, queda sagrado y santo para siempre. Es marcado por el Espíritu. Y el Espíritu sigue respirando en las palabras en algún momento inspirados por Él. Es posible, puede ser verdad, que en la Iglesia y para nosotros el Antiguo Testamento — no es mas que un libro; y a que la Ley y los Profetas están sobrepasados por el Evangelio. El Nuevo Testamento, sin duda, — es mas que un libro. Nosotros le pertenecemos. Somos — el pueblo del N.T. Por eso en el A.T. recibimos la Revelación, ante todo, como Palabra; atestiguamos sobre el Espíritu "que hablo a través de los profetas." En cambio, en el N.T., Dios habla con nosotros a través de Su Hijo y estamos llamados no a escuchar solamente, sino también a mirar y ver. "Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos" (1 Jn 1:3). Mas que esto, estamos llamados a estar en Cristo.
La plenitud de la revelación — en Cristo Jesús. Y el Nuevo Testamento es histórico no m
enos que el Antiguo Testamento. : la historia Evangélica del Verbo Encarnado, el comienzo de la historia de la Iglesia, y al final las profecías del Apocalipsis. El Evangelio es la historia. En la base de toda fe y esperanza cristiana se encuentran los hechos históricos. La base del N.T. — no son solo discursos, enseñanzas y mandamientos, sino también, acontecimientos, hechos, obras. La predica Apostólica desde su comienzo, desde el día de Pentecostés, cuando el ap. Pedro testimonió lo que vio con sus propios ojos ("de lo cual todos nosotros somos testigos," Hech. 2:32) el cumplimiento de la salvación en el Señor Resucitado, tenia un carácter histórico claramente expresado. La Iglesia esta apoyada sobre este testimonio histórico. Todo en que creemos tiene una estructura histórica y es expresado en hechos. Esto también es la historia sagrada. El misterio de Cristo es que en Él "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9). Este misterio no se puede entender solo en el plano terrenal — Aquí toma parte también la otra dimensión. Pero las fronteras históricas no se borraron ni se amortiguaron; en la Imagen Sagrada se ven claramente los rasgos históricos. La predica Apostólica era, ante todo, un relato de lo que paso en realidad, hic et nunc — "aquí y ahora." Pero paso algo nuevo y extraordinario: "Aquel Verbo fue hecho carne" (Jn. 1; 14). Sin duda, la Encarnación, la Resurrección y la Ascensión — son hechos histéricos, pero no están al mismo nivel, ni tienen el mismo sentido, que los acontecimientos de nuestra vida cotidiana. Pero, por eso, no son menos históricos ni menos reales. Todo lo contrario, son más históricos, son verdaderamente acontecidos. Es claro, que sobre ellos se puede atestar solo con la fe. Pero esto no les expulsa de la historia. La fe solo abre una nueva dimensión, acepta el hecho histórico (datum) en su total profundidad, plena e irrefutable realidad.Los Evangelistas y los Apóstoles no eran cronistas. En su trabajo no entraba la descripción de la vida de Jesús, día por día, y año por año. Ellos hablaban de Su vida y actos solo para co
nservar para nosotros Su imagen histórica y al mismo tiempo Divina. Esto no es un retrato, mas bien un icono; pero icono "histórico," la imagen del Señor Encarnado. La fe no crea nuevos valores; ella abre uno — eterno. La fe misma es una especie de visión — "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11:1). San Juan el Crisóstomo explica elenchos (demostración), como opsis (la vista). Lo invisible no es menos, sino hasta mas real, que lo visible. "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 Cor. 12:3).Esto significa, que solo a través de la experiencia espiritual se puede comprender al Evang
elio en toda su plenitud. Pero lo que esta abierto por la fe, esta dado en la verdad. Los Evangelios están escritos en la Iglesia. Ellos atestiguan sobre la Iglesia, siendo testigos de su fe y experiencia. Pero, por eso, ellos no dejan de ser relatos históricos y testimonios de lo que en realidad pasó en el espacio de un tiempo. Si por la "fe" descubrimos mucho mas de lo que podemos captar con los "sentidos," esto demuestra la insuficiencia completa del mundo de los sentidos para el conocimiento del mundo espiritual. La gran obra de Dios redentor, Su decidida intromisión en la marcha de los hechos históricos, aconteció en realidad. No vale de separar el "hecho" de su "significado" — ambos nos fueron dados en la realidad.La Iglesia es la guardiana de la Revelación. Por consiguiente, ella es la primera y principal interprete. Biblia guarda y protege la Revelación, proteja, pero no explica. Las palabras humanas son solo signos, — cuales solo el testimonio del Espíritu vivifica. Ahora nos referimos no a los hombres aislados, de repente iluminados p
or el Espíritu Santo, sino a la ayuda constante del Espíritu, otorgada a la Iglesia, que es "columna y baluarte de la verdad" (1 Tim. 3:15). Las Escrituras tienen la necesidad en la interpretación. El sentido de ella — no esta en las palabras, sino en el testimonio de la Nueva. Y la Iglesia es al testigo, destinado por Dios para certificar la verdad y la importancia de la Nueva, porque la misma Iglesia pertenece a la Revelación, siendo el Cuerpo del Señor Resucitado. La predica del Evangelio, la anunciación de la Palabra Divina es, sin duda, la sustancia misma de la Iglesia. La Iglesia se mantiene por el testimonio. Pero ese testimonio no es solo un recuerdo y la indicación del pasado, pero es el descubrimiento — una y otra vez — de la Nueva, en el tiempo anterior donada a los santos y desde entonces guardada por la fe. Mas todavía, en la vida de la Iglesia, la Nueva siempre se resume. El mismo Cristo, como Redentor y Cabeza de Su Cuerpo, vive en la Iglesia eternamente y continua la obra de redención. La salvación en la Iglesia no solo se anuncia y se proclama, sino se sigue produciendo. La historia sagrada continua. Dios nuevamente hace grandes obras. Magnalia Dei no están limitadas por el pasado; ellos siguen él la Iglesia y a través de la Iglesia — en todo el mundo. La misma Iglesia es una parte inseparable de la Nueva Divina del Nuevo Testamento. La Iglesia es parte de la Revelación, la historia de "Todo Cristo" (según la expresión de san Agustín "totus Christus: caput et corpus," todo Cristo — Cabeza y Cuerpo). El final de la Revelación, su telos, todavía no llegó. Y el Nuevo Testamento, en verdad y en plenitud vive solo en la experiencia de la Iglesia. La historia de la Iglesia es la historia de la redención. La Verdad del Libro se revela y fortifica a medida del crecimiento del Cuerpo.Ante todo, hay que entender, que Biblia es un libro difícil "
libro bajo siete sellos." Con el tiempo él no se pone más fácil a comprender. Pero la causa no es, que Biblia, por ejemplo, esté escrita en un idioma desconocido, o contiene palabras difíciles a descifrar. Todo lo contrario, lo complicado de Biblia — esta en su sorprendente simplicidad: los misterios de Dios se revelan a seres humanos comunes en la vida cotidiana, y todo el libro parece de cierto modo demasiado humano. Hasta el Mismo Dios Encarnado se nos presenta bajo el aspecto de un simple hombre.Las Escrituras están "inspiradas por Espíritu
Divino," ellas son la Palabra Divina. Que es la "inspiración del Espíritu," no podremos nunca definir en forma exacta — es un misterio. Es el misterio del contacto de Dios con el ser humano. No podemos comprender bien en que forma "los hombres santos de Dios" escuchaban la Palabra del Señor, como han podido expresarla con las palabras de su idioma. Pero, hasta en la transmisión humana suena la voz Divina. La Palabra Divina en palabras humanas: Aquí se haya el misterio y el milagro de Biblia. Hasta entendiendo en cierta forma la "inspiración" — hay que tomar en cuenta que: las Escrituras, en realidad, conservan y trasmiten la Palabra de Dios en vocablos humanos. Dios hablaba con el ser humano, quién tenia que escuchar y entender a Él. El "Antropomorfismo" — es una señal inequívoca de la verdadera aparición de Dios. Y esto no es la condescendencia hacia la debilidad humana. Su significado, es mas bien, que el lenguaje humano, transmitiendo la revelación Divina, no pierde sus rasgos naturales. Para transmitir exactamente la Palabra Divina no es necesario renegar de nuestro idioma, como uno "demasiado humano." Lo humano no se elimina, sino se transfigura por la inspiración Divina. Lo sobrenatural no destruye a lo natural; hiper physin (sobrenatural) no significa para physin (antinatural). El lenguaje humano no desfigura, ni destruye a la Gloria de la Revelación, no debilita la potencia de la Palabra Divina.La Palabra Divina puede ser correctamente y exactamente expresada en las palabras humanas. La Palabra Divina no decae, cuando suena en humano. Ya que el hombre esta creado según la imagen y semejanza Divina y esta conexión "por la semejanza" hace posible la relación. Desde el momento, que Dios hizo al hombre digno de una relación con Él, la misma palabra humana se transfiguró y obtuvo una nueva profundidad y poder. El Espíritu Santo respira en la estructura del lenguaje humano. Así el ser humano pudo nombrar a Dios y hablar con Él. Se hizo posible la Teología, o sea: logos peri Theou (la palabra sobre Dios). Hablando en firma exacta: la teología se hizo posible solo a través de la Revelación. Esta es la respuesta humana a Dios, Quien habló primero. Esta es la contestación del ser humano a Dios, Quien comenzó a hablar con él. Cuyas palabras el hombre escuchó, guardo y ahora las anota y repite. Sin duda esta respuesta no es perfecta. La teología esta siempre en movimiento. Pero la base y el punto de partida siempre es uno: la Palabra Divina, la Revelación. La Teología siempre atestigua sobre la Revelación. Atestigua en forma variada: con la fe, los dogmas, los oficios religiosos, los símbolos. Y en cierto modo, la respuesta principal representa las Escrituras, que son al mismo tiempo — la Palabra Divina y la respuesta humana: la Palabra Divina trasmitida por la contestación humana llena de fe. En toda transmisión de la Palabra Divina en las Escrituras, hay siempre algo de interpretación humana. Esto es inevitable y en cierta medida "condicionado por la situación." Sería posible al ser humano desconocer sus condiciones humanas?
La Iglesia exponía y sistematizaba a la Nueva de las Escrituras por vías y modos diferentes, pero principalmente con los dogmas. La fe cristiana se desarrollo y creció en un sistema de creencias y convicciones.
En todo sistema semejante, la estructura interna de la Nueva Divina tiene prioridad, y todas las situaciones particulares son fuertemente unidas entre sí. Es indudable que necesitamos un sistema; en nuestros viajes necesitamos un mapa. Pero para trazar un mapa se necesita una región. Todo el sistema de los dogmas se construye sobre la Revelación. Es muy importante, que la Iglesia nunca consideró al dogma como sustituto de la Revelación. Ellos iban juntos: las ideas básicas de la Nueva, expresados en forma abstracta en los dogmas y creencias y documentos particulares, específicamente relacionados con tal o cual punto de la Revelación. Se puede decir que tratamos con dos aspectos claves esenciales: Dogma e Historia.
Pero he aquí la pregunta: hasta que medida se puede encerrar a la historia en el dogma? Este es el principal problema de la hermeneutica teológica. Que es la interpretación
teológica de la Biblia? Cómo se puede construir un único esquema a partir de los numerosos testimonios surgidos en centenares de años? La Biblia es una, pero en ella están reunidos escritos muy diferentes. No tenemos derecho de cerrar los ojos a esto. La solución, en ultimo termino, depende de nuestro concepto de la historia y de nuestra visión del tiempo. Lo más fácil es — simplemente olvidar la marcha de la historia y las diferencias entre las épocas. Esta tentación perseguía al cristianismo desde tiempos más tempranos. En ella se enraízan todas las interpretaciones alegóricas: desde el Filón de Alejandría y Pseudo-Bernabé hasta el alegorismo renacido de los tiempos de post-reforma. Esta es la tentación eterna de los místicos. La Biblia es considerada como un libro de parábolas sagradas, escrito en un lenguaje simbólico especial, y el problema de la exégesis es — adivinar el sentido oculto, revelar la Palabra Eterna, escondida bajo diferentes disfraces. La Verdad y la perspectiva histórica están fuera de lugar en este concepto. La concretice histórica — no es mas que el marco del cuadro, la imaginería poética. Todo esta dirigido a la búsqueda de los significados eternos. Toda la Biblia se transforma en un compendio de ejemplos instructivos y símbolos misteriosos, que indican una verdad fuera del tiempo. No es la Verdad Divina única y eterna? Ante este enfoque es natural de buscar en el A.T. las demostraciones de todos los dogmas y creencias cristianos más importantes. Los dos Testamentos se funden en uno, fuera del tiempo, se borran sus diferencias particulares. Los peligros y fallas de este enfoque hermenéutico están a la vista y no necesitan explicaciones exhaustivas.La única salvación real de esta tentación — es la recuperación del sentido histórico.
La Biblia — es historia, y no un sistema de creencias, y no se puede hacer de ella la summa theologie (la suma teológica). Pero esta es la historia no de la fe humana, sino de la Revelación Divina. Y queda sin solución la pregunta principal: para que tendríamos juntos el Dogma y la Historia? Para que y porque la Iglesia guarda esto y aquello? La respuesta más fácil y la menos satisfactoria es: Las escrituras son la transcripción exacta de la Revelación y todo lo restante — no es mas que un comentario interlinear. Se entiende, que el comentario no posee la autoridad del texto. En esta opinión hay una porción de verdad, pero se levanta otra dificultad: porque los estudios más tardíos de la Revelación no sobrepasaron a los tempranos? Porque el Nuevo Testamento de Cristo necesitamos a la ley y a los profetas? Y ellos en cierta medida no son menos importantes que el Evangelio y otros libros del N.T.? Ellos representan como diferentes capítulos de un solo Libro. Es indudable, que están incluidos en el canon de las Escrituras, no simplemente como documentos históricos, sino como capítulos dedicados a los peldaños ya pasados de la historia. Especialmente esto se refiere al A.T. "Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan" (Mat. 11:13). Para que entonces guardamos a la ley y a los profetas? Cómo usar el A.T. en la Iglesia de Cristo?Ante todo — como la historia. Pero esta es la historia sagrada — no de las creencias humanas y de su desarrollo, sino de los grandes actos Divinos. Y estos actos — no son intromisiones casuales de Dios en la vida humana. Es el vinculo misterioso y unión con el hombre. Con Sus actos Dios conducía al pueblo elegido hacia la meta más alta — hacia Cristo. Los primeros peldaños del camino están como reflejados o incluidos en los siguientes. Es un acto prolongado de Dios, sujeto por una meta. Sobre este concepto se construye la "interpretación tipológica." Los padres de la Iglesia sobre esta cuestión tienen dos distintos métodos. Uno es — Alegórico, que trabaja con el texto: "detrás de la letra" de las Escrituras busca el sentido verdadero y escondido de los episodios, frases y palabras. El Tipólogo, en cambio, interpreta no tanto a los textos como a la relación interna de los hechos de ambos testamentos. El no busca paralelismo y semejanzas. No cada episodio en el A.T. tiene correspondencia exacta en el N.T. Pero los hechos básicos del A.T. representan las imágenes de los acontecimientos principales del N.T. Estas correspondencias son de origen Divina: son los peldaños del único proceso de salvación humana, dirigido por la Providencia.
En este sentido usa la tipología el ap. Pablo (llamándola alegoría: "lo cual es una alegoría" (Gal. 4:24). Detrás de todos los actos de Dios se encuentra una meta, que nos fue revelada plenamente en Cristo. San Agustín habla de eso muy exactamente: "Debemos buscar el misterio no solo en la palabra, sino en el hecho mismo" (explic. del salmo 68). El "misterio" del A.T. era Cristo no solo porque Moisés y profetas "hablaban de Él," sino porque todo el curso de la historia sagrada, dirigido por Dios, tendía hacia Él. Y en este sentido, Él era el cumplimiento de todas las profecías. Por eso el A.T. puede ser comprendido y sus misterios revelados solo en la luz de Cristo — ellos se abren con la llegada de Aquel, "Quien debe venir." La verdadera importancia de las profecías se ve claramente. Solo mirando atrás, después de su cumplimiento. La profecía no cumplida siempre es no tan clara y enigmática. (Así son las profecías de Apocalipsis, que todavía deben cumplirse "en el final de los tiempos"). Pero esto no significa que nosotros introducimos arbitrariamente un sentido nuevo en el texto viejo; este sentido ya se encontraba ahí, pero en forma secreta. Cuando p. ej. nosotros, junto con la Iglesia, identificamos al Mancebo Sufriendo (del libro de Isaias) con Cristo Crucificado, no aplicamos simplemente la visión del A.T. a un hecho del N.T., sino revelamos el sentido de la misma visión; a pesar de que en tiempos anteriores a Cristo, esto no podía ser plenamente revelado. Lo que era solo visión ("previsión"), se hizo un hecho histórico.
Hay otra cuestión muy importante. Para el alegórico las "imágenes" que él interpreta son reflejos de un prototipo preeterno ó hasta imágenes de una cierta "verdad" eterna y absoluta. Ellos señalan algo atemporal. La Tipología, en cambio se dirige al futuro. Los "Tipos" — son presentidos, proto-imágenes. Así, la tipología es un método más histórico, que filológico. El presupone e incluye en si la realidad de la historia, llevada y dirigida por Dios. El esta vinculado orgánicamente con la idea de Testamento (alianza). El pasado, el presente y el futuro están ligados por la unidad de la Meta Divina, y esta Meta es Cristo. Por eso la tipología tiene la importancia Cristológica (aquí esta incluida la Iglesia como el Cuerpo y la Desposada de Cristo). Se entiende, que prácticamente, no se puede conservar exactamente el equilibrio. Hasta en los Padres de la Iglesia, la tipología se une, a veces, a las desviaciones alegóricas e interpretaciones ambiguas, sobre todo en las predicas y oraciones. Lo importante es que en la tradición catequista de la Iglesia temprana, centrada en los Sacramentos, el equilibrio siempre se conserva. Esta es la tradición de la Iglesia, y los desvíos hay que considerar como particularidades de pensamiento o de viva imaginación de algunos de sus hijos. La Iglesia en su sobriedad es histórica. Las Sagradas Escrituras se leen en la Iglesia a la par de la confesión de la fe (o sea del sistema de los dogmas), para recordar a los creyentes la base histórica y el fundamento de su fe y esperanza.
San Agustín afirma que los profetas hablaban de la Iglesia hasta mas nítidamente, que del Mismo Mesías, o sea Cristo. En cierto modo esto es natural: ya que la Iglesia ya existía. Israel, el pueblo elegido, el pueblo de la Alianza, era mas Iglesia, que nación, tal como son los demás naciones. Te ethni, nationes, o gentes — estos términos cercanos por su sentido se usan el Biblia (y mas tarde) solo en referencia a los paganos, para distinguir de la única nación o pueblo, que se hizo también (y ante todo) la Iglesia de Dios. La ley fue dada a Israel como a una Iglesia. Ella abarcaba a todo la vida humana — tanto "secular," como "espiritual," ya que toda la existencia humana debe ordenarse por prescripciones Divinas. La separación de la vida en "secular" y "espiritual," seriamente hablando, no tiene base. En todo caso, el Israel era una comunidad constituida por Dios de fieles unificados por la ley Divina, la fe verdadera, las ceremonias sagradas y el sacerdocio — todos estos elementos encontramos en la definición tradicional de la Iglesia. El A.T. fue cumplido en el N.T., el pacto restablecido, y el Antiguo Israel fue rechazado por su extrema falta de fe: el no reconoció el día de su visitación. La continuidad verdadera del A.T. es posible solo en la Iglesia de Cristo. (De paso recordemos como estas palabras suenan en hebreo: la Iglesia — kagal, Cristo — Mesías). Ella es el verdadero Israel, Israel kata pneuma (por el espíritu). Por eso, todavía san Justino rechazaba enérgicamente la opinión, que el A.T. liga a la Iglesia y la sinagoga! Él creía en algo completamente opuesto. Todas las pretensiones judías deben ser rechazadas; ya que los hebreos no creen en Jesucristo, el A.T. no les pertenece mas. Nadie puede presentar derechos sobre Moisés y los profetas, si no esta con Jesucristo. Ya que la Iglesia es el Nuevo Israel y la única heredera de todas las promisiones antiguas. En estas separaciones rigurosas los tempranos apologistas del cristianismo presentan un nuevo e importante principio hermeneutico. El A.T. se debe leer e interpretar como a un libro de la Iglesia. Libro sobre la Iglesia, agregamos nosotros.
La ley fue sobrepasada por la Verdad (en esto consistía su cumplimiento) y suprimida. No hay mas necesidad de imponer cargas pesadas a los nuevos conversos. El Nuevo Israel tiene su constitución. Esta parte del A.T. es obsoleta. Ella era en su base "condicionada por la situación" — no tanto en el sentido históricamente-relativo, como en el provid
encial. El Señor creo o comenzó un nuevo escalón de redención, una nueva fase en la obra sagrada de la salvación. Todo lo que pertenecía por su escénica al escalón anterior, perdió su importancia — ó, mas exactamente, conserva su importancia solo como una proto-imagen. Hasta los 10 Mandamientos no son una excepción: están sobrepasados por el "nuevo mandamiento." Ahora el A.T. se puede utilizar solo en su relación con la Iglesia. Antes de la Encarnación la Iglesia estaba limitada a un pueblo. Ahora no hay mas diferencias nacionales: no hay ni judío, no elenco — todos son uno en el Unico Cristo. En otras palabras, no tenemos derecho de extraer ciertos momentos del A.T., del libro de la Iglesia, y proclamarlos como ejemplos dados en las escrituras para nuestra vida contemporánea. El antiguo Israel era la Iglesia en cualidad de imagen, pero de ninguna manera un pueblo ideal. De esto se puede decir lo siguiente: Sin duda, podemos obtener de la Biblia no pocos conocimientos sobre la legislación social — esto entra en la Nueva del Reino Venidero.Podemos aprender mucho sobre la organización social, económica y política de los hebreos a través de los siglos. Todo esto puede ayudarnos mucho en las discusiones sicologías. Pero difí
cilmente es aceptable de buscar en la Biblia (A. T). un cierto modelo eterno ideal de la organización política, o económica, aplicable a lo contemporáneo — o para cualquier otro tiempo y lugar. En la Biblia hay muchos datos históricos. Pero son lecciones de historia y no de Teología. El fundamentalismo bíblico en la sociología no es mejor que cualquier otro tema. La Biblia no es autoridad en las ciencias sociales, como asimismo no es autoridad en astronomía. La única lección sociológica, que se puede extraer de Biblia, — es el hecho de la existencia de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Pero ningún relato bíblico sobre lo temporal puede tomarse como "testimonio de la Escritura." Los "Testimonios de la Escritura" existen solo en la Teología. Esto no significa que es imposible de encontrar o que no es necesario de buscar en la Biblia una guía practica de la vida.Una búsqueda así no será un hablar teológico, y puede ser que las lecciones de la historia del A.T. no difieren en principio de otras lecciones del pasado. En el A.T. hay que distinguir lo eterno de lo temporal (condicionado por la situación). Y ante todo debemos sobrepasar su limit
ación nacional. De otra manera podemos no diferenciar lo nuevo en el Nuevo Testamento. En el mismo N.T. esta netamente separada la diferencia entre la historia y la profecía. El verdadero tema de la Biblia — no son los pueblos y sociedades, no el cielo y la tierra, sino Cristo y Su Iglesia. El A.T. era la proto-imagen no de algún pueblo casual, sino de N.T. — de la Iglesia Universal. El limite nacional de esta imagen de la Iglesia esta anulado por la "Salvación de todos." Después de Cristo es posible la existencia de un solo pueblo — cristiano, genus Christianum — tertium genus (tercer pueblo), según una antigua expresión. Ningún pueblo puede, citando las Escrituras, pretender y exigir privilegios. Las diferencias nacionales pertenecen a la naturaleza y no tienen relación con la Gracia.La Biblia esta terminada, pero la historia sagrada continua. El canon bíblico incluye el libro profético — la Revelación. Adelante tene
mos el Reino Venidero, ultimo cumplimiento de promisiones, por eso, también, en el N.T. hay profecías. Toda la vida de la Iglesia, en cierto sentido, es una profecía. Pero después del Nacimiento de Cristo, el sentido mismo del futuro cambio post Christian natum. En la Iglesia de Cristo el limite entre el presente y el futuro recibió un significado nuevo. Ya que ahora Cristo esta no solo en el futuro, sino en el pasado y en el presente. Esto es muy importante para la comprensión correcta de la Biblia. Hay que revisar todas las reglas y principios hermeneuticos en la luz de la perspectiva escatológica. Pero aquí nos acechan dos peligros.En primer termino, no hay una apología completa entre A.T. y N.T. en su profundidad ellos son diferentes y se relacionan en
tre si como "imagen" y "verdad." Lo Padres de la Iglesia enseñaban que la Palabra Divina se revelaba a la gente paulatinamente, durante todo el A.T. Sin embargo, las Apariciones antiguas de Dios no se pueden poner a la par con la Encarnación del Verbo, y darles la misma importancia, sino la redención se trasformaría en una pálida alegoría. La "Proto-imagen" es solo una sombra, una representación. En cambio en el N.T. nos encontramos con el hecho real. El N.T. no es solo la "imagen" del Reino Venidero, él es — el Reino mismo, venido al mundo.En segundo termino, es temprano hablar de las "profecías cumplidas," ya que "lo ultimo" (últimos tiempos) todavía no llegó y la historia sagrada no está terminada. Es mejor decir, que las profecías comienzan a cumplirse. Así es más bíblico — porque el punto de inflexión de la Rev
elación esta en el pasado. "Lo ultimo" o "lo nuevo" ya entro en la historia, pero el final todavía no llegó. El Reino comenzó pero no se cumplió. El mismo canon severo de las Escrituras simboliza la plenitud. A la Biblia no se puede agregar nada, ya que el Verbo Divino se hizo carne. Nuestra ultima instancia — no es el Libro, sino el Hombre Vivo. Pero la Biblia conserva su autoridad, no solo como crónica, sino también como libro profético, libro pleno de misterios, que indican el futuro, el final de la historia.La historia sagrada de la Redención continua. Ahora es la historia de la Iglesia, que es el Cuerpo Cristo. El Espíritu-Consolador habita en la Iglesia. Un sistema concluido de dogmas no existe, no puede existir en el cristianismo, ya que la Iglesia esta eternamente en el camino. Y la Biblia se guarda en la Iglesia como un libro histórico, llamado a recordar a los fieles la natural
eza dinámica, "múltiple y multiforme" de la Revelación Divina.El Canon Bíblico y los Libros de la Biblia.
La palabra "canon" tiene muchos significados. Es una palabra semítica. El sentido orig
inal fue el de "pauta" o "regla." Del semítico la palabra pasó al griego, adquiriendo una gran importancia.Desde el siglo II cristiano, en el ámbito lingüístico griego se emplea su forma plural — "cánones" — para designar el ordenamiento eclesiástico. A partir del siglo IV a menudo significa, además, una regla de la fe y de las costumbres cristianas. De ese uso lingüístico derivó en la parte de la Iglesia que correspondía al imperio de Carlomagno la designación de "canónigos" para señalar a los clérigos que vivían en comunidad la vita canónica, es decir, según un ordenamiento fijado.
En la edad media se llamó "canon" a cualquier ordenación jurídica de la Iglesia; de ahí que las distintas determinaciones de los libros jurídicos eclesiales (y especialmente del
Codex Juris Canonici) se llamasen "cánones." En el antiguo rito romano de la misa se denominó "canon" a la parte central inmutable (desde el Sanctus hasta la doxología que precede al rito de la comunión).Ciertas definiciones orientativas se formulan a menudo en forma de lista o "padrón," que así mismo se llama "canon." Por ello la Iglesia llama "canon" al catálogo de sus santos; y por ello al sancionar la Iglesia la veneración de algunas personas como santas se habla de "canonización" (que popularmente se identifica con la "declaración de santo," aunque es una expresión que se presta a muchas confusiones).
En la ciencia bíblica "canon" significa el catálogo de aquellos libros y escritos que se consideran como normativos y que por lo tanto pertenecen con todo derecho a las dos colecciones del AT y del NT. Ambas colecciones tienen una difícil historia en lo que al canon se refiere, historia que aquí sólo podemos esbozar brevemente.
El canon del AT comprende según la numeración actual 45 libros. Los judíos enumeraban sólo 22, equiparándolos al número de letras del alfabeto hebreo; pero esos 22 libros contienen la mayor parte de aquellos 45 (en concreto 39), porque contaban como un solo libro los dos libros de Samuel, los dos de Reyes, los dos de Crónicas, los de Esdras y Nehemías, y los doce libritos de los profetas menores; el librillo de Rut lo unían con el libro de los Jueces, y las Lamentaciones con el libro del profeta Jeremías.
Las tres grandes partes de la Biblia judía son: "La Ley" (torah), que está formada por los cinco libros de Moisés; "los Profetas," entre los cuales los judíos cuentan también los libros históricos desde Josué hasta los dos de Reyes, porque — también según la tradición judía — tenían autores profetices, además claro está de los libros profetices propiamente dichos; "los Escritos," en los que entran, por ejemplo, los Salmos, el libro de Job, etc.
Aunque ya desde los tiempos más antiguos los israelitas, pero sobre todo los judíos desde aproximadamente el año 600 a.C. y más aún desde el 400 a.C., consideraban determinados libros como más excelentes, lo más pronto que cabe hablar de un verdadero canon de la Biblia en el judaísmo es hacia el 180 a.C.; en ese momento, sin embargo, el canon no estaba concluido. Cuando el año 132 a.C. el nieto de Jesús Sirac tradujo al griego el libro de su abuelo, hablaba en su prólogo expresamente de unas colecciones ya fijas: "Mediante la Ley, los Profetas y los Escritores siguientes se nos han otorgado muchas cosas valiosas..."
Dicho prólogo o introducción, del año 132 a.C., certifica en consecuencia algo así como un canon para el año en que se escribió el libro de Jesús Sirac, hacia el 180 a.C., como lo suponen por lo demás los capítulos 44-49 del mismo libro. Es evidente que estaba fijado el elenco de las "leyes" y de los "profetas," mientras que el grupo tercero todavía aparece sin título, por lo que sin duda se co
nsideraba que estaba sin concluir.En tiempos de Jesús y después está establecido como canónico el número de 22 libros (
veterotestamentarios), los cuales corresponden a los 39 que también Martín Lutero tuvo por canónicos.La Iglesia reconoce también estos libros como "deuterocanónicos," lo que no quiere decir que hayan de considerarse libros de segunda categoría. La expresión pretende mantener todavía hoy la historia de la canonización cristiana de dichos libros, y señala que no siempre se consid
eraron como inspirados, aunque ya figuraban en los primeros códices cristianos de los LXX.La duda sobre la inspiración de estos libros tomó cuerpo por el hecho de que en la controversia cristiana con el judaísmo no pudieron utilizarse como escritos probatorios de la mesianidad de Jesús, ya que el judaísmo no los consideraba como Biblia. Su temprana infravaloración se debió sobre todo a la autoridad de san Jerónimo, que los declaró no inspirados.
Pero no hay duda alguna de que también estos libros gozaron de alta estima entre muchos judíos desde el último siglo anterior al cristianismo. Si figuraron o no en la versión griega de los LXX (setenta) usada por los judíos no lo sabemos, ya que de la Septuaginta sólo se conservan códices de la comunidad cristiana. Por lo demás, muchos afirman que la Septuaginta sigue un canon más amplio que el de la Biblia hebrea.
La primera enumeración completa del canon de la Biblia hebrea se encuentra en Flavio Josefo (hacia el año 100 d.C.). Pero del prologo mencionado a la Sabiduría de Jesús Sirac — es decir, el Eclesiástico — podemos concluir que hacia el 132 a.C. el proceso de formación del canon judío de la Biblia había entrado en su estadio final. En ese sentido, "habrá que buscar el elemento impulsor más profundo simplemente en el hecho de que durante el período en que en Palestina se aprendió a ver que los Macabeos habían tomado un camino que se apartaba cada vez más de la voluntad divina para adentrarse en la mundanización y que se quería reconducir al pueblo al camino de los padres, a comienzos del último siglo precristiano con la conciencia de la propia pobreza espiritual, se aprendió también a apoyarse exclusivamente en la voluntad revelada del Dios de los padres" (Sellus-Rost, Einleitung ins Alte Testament, 1959, p. 182).
La creencia judía en la literalidad hay que explicarla así mismo principalmente desde ese período final de la historia del canon. Cierto que existía un viejo estilo oriental (especialmente persa) de decretos, con leyes que anatematizan a quien las cambiase en su más pequeña tilde. En tal sentido se decía también en Dt 4:2: "A la palabra que yo os ordeno no deberéis añadirle nada, ni le quitaréis nada tampoco." A pesar de lo cual con posterioridad se le añadieron y se le quitaron cosas; más aún, sin ello no hubiera sido posible el desarrollo de las colecciones del AT. Pero ahora, en la extrema tribulación espiritual de finales del período Macabeo, esas órdenes se toman tan al pie de la letra que llegan a considerarse inspiradas todas y cada una de las letras. La consecuencia fue no sólo la interpretación literal de las palabras de la Escritura, sino también la tentativa siempre renovada por expresar la suma de las letras (que son también valores numéricos) de palabras, líneas, párrafos, capítulos o libros en determinadas cantidades, dando a las mismas un valor simbólico. El descubrimiento de la importancia de los números en algunos textos del Pentateuco, en que los números aseguran las toledot — es decir, ciertas ampliaciones textuales — proyecta una luz sobre el sentido práctico de ese empleo numérico. En el parágrafo sobre las toledot expondré brevemente la relación entre datos numéricos del texto y el número de las palabras en el mismo.
Pese a ese concepto de inspiración, que alcanzaba hasta a las letras, en el período precristi
ano no hubo un canon establecido autoritariamente. El judaísmo de aquella época se sentía como una comunidad del reino de Dios en formación, que no tenía una historia cerrada y que, por lo mismo, tampoco podía tener cerrado el canon de sus libros. Ese carácter inconcluso y abierto posibilitó en los primeros tiempos cristianos la ampliación de las Escrituras sagradas mediante los escritos determinantes del NT y llegar así por fin a un canon conjunto del AT y del NT. Desde esa perspectiva no existen para el cristianismo propiamente dos cánones ni dos historias del canon — una del AT y otra del NT —, sino simplemente la historia canónica de toda la Biblia, que no terminaba precisamente con los libros de Israel y del judaísmo, sino que siguió creciendo con los libros del NT.De todos modos, fue ya en época cristiana cuando el judaísmo estableció autoritariamente su propio canon. Ello ocurrió en el sínodo de Yamnia (hacia el 95 d.C.) y bajo la presidencia de rabbi Akiba. El sínodo tuvo una tendencia anticristiana o — digamos mejor — tenía la finalidad de proteger al judaísmo ortodoxo de las influencias de los seguidores de Jesús, considerados c
omo una secta que falseaba el judaísmo auténtico. Por ello se consideró sospechoso el texto griego (del AT) que utilizaban los cristianos; por ello se prescribió también la vieja forma de rollos para los escritos sagrados, frente a la forma de códice que se imponía cada vez más; y por ello se estableció así mismo el canon de las sagradas Escrituras. Para que un libro pudiera ser admitido como sagrado debían darse determinadas condiciones: que tuviera una notable antigüedad (como antiguos se consideraban, por ejemplo, los libros que se remontaban hasta la época de Esdras, hacia el 400 a.C.); que hubiera sido redactado en hebreo y en Palestina. Con todo, estas medidas no impidieron que en tiempos posteriores se empleasen como "sagradas Escrituras" libros que no habían sido recogidos en ese canon (como el libro de Baruc).Los apócrifos del AT son libros edificantes, no canónicos, que figuran junto a los escritos canónicos.
¿Qué son los apócrifos? El uso lingüístico no es uniforme. La palabra griega apokryphos significa "secreto." Por escritos apócrifos se entendieron originariamente los libros que en la gnosis y en las religiones mistéricas contenían, en tanto que escritos secretos, unas doctrinas esotéricas o secretas. "Apócrifo" fue una característica que los mismos círculos gnósticos y las religiones mistéricas otorgaron a dichos libros. Mas como con mucha frecuencia esos libros eran heréticos — desde la perspectiva cristiana —, muy pronto se conectó a la palabra "apócrifo" (finales del siglo II cristiano) el significado de "lo que se oculta," "lo que se ha de ocultar," por tener un contenido herético o también porque derivaba de un origen oscuro. Así utilizan el término Ireneo (obispo de Lyón desde el año 177) y Tertuliano (160-220).
Tales libros, que se rechazaban en razón de su carácter apócrifo, no entraron naturalmente en la liturgia cristiana y, en consecuencia, tampoco fueron acogidos en la lista de los libros universalmente válidos para la Iglesia. Y así la expresión adquirió el sentido actual: apócrifos son los libros que no han sido acogidos en el canon, pero en favor de los cuales alguna vez se pretendió que se equiparasen a los que más tarde se llamaron "canónicos."
Algo más complicado resulta este asunto, que al principio sólo parecía una cuestión semántica, por el hecho de que en los círculos evangélicos se impuso otro lenguaje. También allí se llamó "apócrifos" a los escritos del AT que no pertenecían al canon, aunque indicando con ello los que no se contaban en el AT hebreo. Y aunque para el judaísmo no eran "apócrifos" en el sentido de escritos heréticos, no eran sin embargo canónicos, al menos no en el judaísmo palestinense, aunque tal vez lo fueran para el judaísmo egipcio y alejandrino. Sin embargo se mantuvieron en las recensiones griegas del AT entre los cristianos ya desde el comienzo. Lutero, en cambio, se atuvo al canon de la Biblia hebrea. La Iglesia incluyó esos escritos en el canon y los llamó libros "deuterocanónicos." Pero lo que la Iglesia designa como "apócrifos" del AT se denomina en los círculos evangélicos libros "seudoepigráficos" (libros con títulos o con autores falsos; libros que no son lo que su título dice). Por el contrario el lenguaje es aproximadamente el mismo por lo que se refiere a los apócrifos neo-testamentarios.
Los apócrifos del AT son escritos surgidos en círculos fariseos, esenios y similares (desde el siglo II a.C. al siglo I d.C.) y que tuvieron una fuerte influencia tanto en la piedad como en la política. Si, incluso como apócrifos, no entraron en la sinagoga oficial, sí que entraron algunos de sus relatos, enseñanzas y revelaciones escatológicas, hasta hacerse tan populares que muchas de las manifestaciones doctrinales y vitales del judaísmo coetáneo de Jesús no pueden entenderse si no se tienen en cuenta esos apócrifos judíos. También la doctrina de Jesús y de los apóstoles enlaza a menudo con imágenes y fórmulas de tales apócrifos judíos, con lo que incluso hoy se dejan sentir en el cristianismo.
Los más importantes para el conocimiento de la atmósfera espiritual de aquella época son, entre los apócrifos, los numerosos Apocalipsis que presentan en forma de vi
siones el tiempo final, los acontecimientos últimos y el restablecimiento del mundo destruido hasta la formación de un mundo nuevo. En el período expansionista del gobierno macabaico tales Apocalipsis fueron sobre todo nacionalistas, por cuanto que tenían en cuenta la renovación nacional de la época; de todos modos, el contenido de dichos Apocalipsis era más una crítica que una negación del nacionalista y expansionista reino asmoneo, ya que las imágenes apocalípticas de futuro muestran un imperio judío teocrático, en el que gobierna Dios a través de su Mesías. Después que los pecadores hayan sido juzgados y el paganismo vencido, los justos recibirán la vida de una tierra bienaventurada.Junto a esos apocalipsis de orientación terreno-política están aquellos otros que sólo ven en el período de salvación mesiánica una preparación para la salvación del más allá. Sin embargo, estas dos concepciones apocalípticas no siempre aparecen separadas, sino que a menudo se pr
esentan en un mismo libro, aunque yuxtapuestas y sin mezclarse.Entre los Apocalipsis de ideología terreno-política y nacionalista gozaron de especial prest
igio los libros de Henoc. En ellos aparece ese ancestro de la humanidad (Gen 4:17; 5:21-24) como el gran peregrino del mundo, el cual, entre todos los misterios del cielo y de la tierra, conoce muy especialmente los acontecimientos del tiempo final. Arrebatado al cielo, leyó personalmente las tablas celestes con los sucesos del futuro. En el libro de Henoc etiópico-griego3 es importante sobre todo el libro del Mesías (los llamados "discursos en imágenes" de los capítulos 37-71) para la representación coetánea del mismo y también para muchas de las fórmulas figurativas de Jesús. Esos discursos en imágenes describen las "mansiones de los justos" y la venida del Hijo del hombre al juicio universal, así como la resurrección de los justos.La Asunción de Moisés es un escrito antifarisaico (de los años 6-30 d.C.). En los textos e
scatológicos de dicho libro se encuentran una y otra vez fórmulas que evidencian un cierto parentesco con las de Jesús ("el final de los días," "el sol se convertirá en tinieblas," los "hombre impíos, que enseñan que son justos, pero... practican la impureza, y sin embargo dicen: No me toques, no vayas a mancharme").No es inverosímil que con fórmulas parecidas Jesús haya querido pulsar la cuerda de lo c
onocido.Los títulos de otros apócrifos judíos son: El libro de los jubileos (siglo II a.C.), un Libro te
rcero de los Macabeos y un Libro cuarto de los Macabeos, Vida de Adán y Eva, Testamento de Adán, Asunción de Isaías, El Testamento de Job, El Testamento de Salomón, La carta de Aristeas, El testamento de los 12 patriarcas (Test XII), el Salmo 151, el Apocalipsis de Abraham, El testamento de Abraham, Apocalipsis de Elias, Apocalipsis de Ezequiel, los escritos Sibilinos, etcétera.El canon del NT tiene una historia que no vamos a exponer en todos sus detalles. Se podría establecer puntualmente un cierto estado del canon ya para los primeros siglos cristianos media
nte la valoración de algunos escritos y de fragmentos, y a través de los estadios de esa evolución del canon recorrer en cierto modo tales estadios.El canon de Jesús fue el canon del AT. Jesús reconocía como palabra de Dios las sagr
adas Escrituras del judaísmo, aunque en determinados aspectos se comportase con la libertad de un nuevo legislador: "Habéis oído que se dijo a los antiguos... Pero yo os digo..."El canon de los apóstoles fue asimismo el del AT; pero junto a esa autoridad escriturística aparecía para ellos la palabra de Jesús, con cuya mirada crítica valoraban las leyes de las sagr
adas Escrituras; aplicaron la Escritura a la vida de Jesús, por cuanto que la Escritura era mesiánico-profética. Pero el que adujesen las Escrituras en favor de la mesianidad de Jesús revela que los apóstoles seguían considerando la Escritura hebreo-judía como una autoridad.El canon de los primeros cristianos fue también el del AT. A su lado aparecía la autoridad de la palabra de Jesús y de los apóstoles, que habían proclamado la autoridad de Cristo. Los apóstoles tienen su propia autoridad, pero la tienen en definitiva por Cristo y en relación con Cristo. Aún no había escritos que gozasen de una autoridad como la que poseían las Escrituras de la antigua alianza.
Los primeros escritos del NT fueron las cartas del apóstol Pablo. Ciertamente que no aparecieron solas, sino que procedían del uso cada vez más familiar (tomado de la sinagoga) de los predicadores del evangelio de Jesús de impartir epistolarmente consejos y exhortaciones a las comunidades fundadas por ellos y que les resultaban familiares. Entre esas misivas alcanzaron singular importancia las del apóstol Pablo, principalmente sin duda alguna por su mismo contenido. Pero al principio no se consideraron cartas canónicas (es decir, pertenecientes a las sagradas Escrituras); sólo así se explica que algunas de las misivas paulinas se perdiesen.
Entre tales "cartas" se contaban también probablemente los primeros esbozos de los hechos y palabras de Jesús, que se hicieron en los círculos apostólicos para leerlos en las asambleas comunitarias. De esas fuentes se formaron o bebieron los cuatro Evangelios.
Hasta aproximadamente el año 150 fueron ganando cada vez mayor autoridad los Evang
elios, que en su forma actual fueron redactados durante la segunda mitad del siglo I. Pero como "Sagradas Escrituras" sólo fueron considerados hacia finales de ese tiempo; lo cual se expresó sobre todo en que las citas del AT se introducían con las palabras "según está escrito," pero no las citas de los Evangelios. En las citas tomadas de éstos siguen utilizándose expresiones como "según dice el Señor," etc. Las cartas de los apóstoles, especialmente las de Pablo, tienen sí una gran autoridad, pero en general no se las considera como si fueran escritos canónicos.Hasta aproximadamente el año 200 también la mayor parte de las cartas paulinas y algunas otras epístolas apostólicas alcanzan más valor canónico. Respecto de su canonicidad, hay que expresarse con cautela en ese período, ya que durante el mismo se tiene la impresión de que no se ha alcanzado todavía una plena equiparación canónica de los escritos neotestamentarios con los del AT.
Un paso importante en el camino de la canonicidad lo representan los prólogos anti-marcionitas. Marción, un celoso "cristiano" antijudío, con influencias gnósticas, rechazaba el AT y del mensaje del NT sólo conservaba el Evangelio de Lucas y diez de las cartas paulinas, a s
aber: las nueve dirigidas a comunidades y la de Filemón, pero no la carta a los Hebreos. Todo lo demás lo rechazaba como falsificaciones judeocristianas del evangelio cristiano. Contra tales limitaciones se alzó la Iglesia de Roma, en contacto con las Iglesias más importantes de Oriente, redactando unos "prólogos" a todos los escritos neotestamentarios en los que se establece la autenticidad de los mismos. Esos prólogos fueron escritos antes del año 180 y establecen — contra Marción — que los escritos de la Iglesia cristiana son: los Evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan; los Hechos de los apóstoles, escritos por el evangelista Lucas; las diez cartas de Pablo, que también Marción reconocía (y aquí la Iglesia romana asumía los prólogos marcionitas); las tres cartas pastorales (1 y 2 Timoteo y la de Tito), y el Apocalipsis, del que se recalca que ha sido escrito por el apóstol Juan.Precisamente en los últimos años (desde 1964) los temas de los prólogos marcionitas y a
ntimarcionitas a los Evangelios y a las cartas paulinas han sido objeto de trabajos críticos, pues se pensaba que podían aportar un mayor conocimiento de Marción y de la lucha de la Iglesia contra él. Los denominados prólogos antimarcionitas a los Evangelios han sido estudiados cuidadosamente, tanto en su lenguaje como en su teología, por Jürgen Regul (Friburgo 1969), y ha demostrado que todos ellos fueron escritos entre los años 350 y 650 aproximadamente y que "no cuentan ni para la literatura antimarcionita de los siglos II y III ni para otras cuestiones de la historia canónica, literaria o general de la Iglesia del siglo II (o.c., p. 267). A mi entender, los trabajos de esta índole, publicados en los últimos tiempos, no han aportado una mayor luz sobre la teología de Marción.Por la obra de Ireneo de Lyón, Contra las herejías (escrita antes del 190) sabemos cuáles eran los escritos neotestamentarios a los que se reconocía autoridad en la Galia meridional a fin
ales del siglo II. El canon testificado por Ireneo coincide en líneas generales con el antimarcionita; entre las cartas paulinas sólo falta la de Filemón, mientras que añade una carta de Pedro y dos de Juan.Un testimonio importante es el Fragmento de Muratori, una declaración eclesiástica de fines del siglo II, que se nos ha transmitido incompleta5.
En él se mencionan y describen como Escrituras auténticas de la Iglesia los libros si
guientes: Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan; Hechos de los apóstoles; dos cartas a los Corintios, carta a los Efesios, carta a los Filipenses, carta a los Colosenses, carta a los Gálatas, dos cartas a los Tesalonicenses, carta a los Romanos, carta a Filemón, carta a Tito, dos cartas a Timoteo, carta de Judas, y dos cartas de Juan. Del Apocalipsis se dice que es controvertido. Falta la carta a los Hebreos; no se menciona carta alguna de Pedro, y sí en cambio un Apocalipsis de Pedro.En las Iglesias orientales la evolución siguió un desarrollo parecido. Lo primero que quedó firmemente establecido fue el corpus de los cuatro Evangelios. La discusión se prolongó aún mucho tiempo acerca de la segunda carta de Pedro, de la carta a los Hebreos y del Apocalipsis. En cambio, se utilizaban algunos libros que hoy no pertenecen al canon.
En el siglo IV ya está cerrada la formación de este canon en la Iglesia romana. Los "rem
ates" posteriores no pasan en realidad de simples confirmaciones. La carta del papa Inocencio I al obispo de Toulouse (405) contiene ya los libros del canon actual. Es verdad que en ocasiones se sigue otro orden y que a veces prevalece una opinión distinta de la actual por lo que hace a la autoría de algunos textos; pero desde entonces ya no ha cambiado el contenido, al menos por lo que se refiere al reconocimiento canónico por parte de la Iglesia oficial. También es cierto que algunos consideraron como de menor autoridad las cartas que antes habían sido objeto de discusión; pero tanto el concilio de Florencia confirman como canónico el elenco del 405.Entre los apócrifos de época cristiana, hay evangelios, actos de los apóstoles, cartas y Ap
ocalipsis. Tales apócrifos no gozaron de ningún reconocimiento canónico.La exposición fragmentaria y lagunar de la vida de Jesús en los Evangelios canónicos pr
ovocó la aparición de estos escritos. Pero sus autores se dejaron guiar también por el empeño de popularizar ciertas concepciones teológicas. Para dotar de un prestigio apostólico a sus libros se sirvieron a menudo del nombre de algún apóstol para su titulación: Evangelio de Pedro, Evangelio de Tomás, Protoevangelio de Santiago, Evangelio de Matías, Evangelio de Felipe, Evangelio de Bartolomé. Hay otros evangelios que se designan por los pueblos a los que (supuestamente) iban dirigidos: Evangelio de los hebreos, Evangelio de los egipcios, y también por su contenido: Evangelio árabe de la infancia de Jesús, Historia de José el Carpintero, Evangelio de la verdad.En la línea de los Actos de los apóstol
es surgieron entre otros los siguientes: Actos de Pedro, Actos de Pablo, Actos de Andrés, Actos de Juan, Actos de Pedro y Pablo, Actos de Tomás, Actos de Felipe, Actos de Bartolomé, etc. No siempre evidencian una tendencia contraria a la doctrina apostólica, sino que a menudo sólo buscan la edificación piadosa; la mezcla de fantasía y catequesis los hace peligrosos.Al campo de la fantasía conducen también muchas cartas apócrifas, como la corresponde
ncia entre Jesús y el rey Abgar de Edessa, un intercambio epistolar entre Pablo y Séneca — algunos cristianos querían a toda costa hacer cristiano al filósofo — . Otras cartas pretendían sustituir a las que se habían perdido de Pablo (por ejemplo, la carta a los Laodicenses y la tercera a los Corintios).No todos los escritos de esta índole tenían que ser falsificaciones; con frecuencia su autor sólo pensaba en escribir un libro piadoso. Pero, a los pocos años, los títulos con nombres apostólicos, y con una intención más bien simbólica, reclamaban casi automáticamente la pretensión de ser en realidad del autor que figuraba en el título. Ello hizo que se enconase la lucha en torno al canon.
Los evangelios apócrifos ejercieron gran influencia sobre todo en el arte cristiano; llegaron a influir incluso en el calendario festivo de la Iglesia. Los motivos de la "presentación de María" y "María en el templo," la elección de José para su esposo por parte del sumo sacerdote, la exploración de María por la comadrona para comprobar si había dado a luz sin pérdida de su virginidad, son motivos que derivan del Protoevangelio de Santiago. El Evangelio de la infancia, de Tomás contiene relatos fantásticos de milagros de Jesús, que en modo alguno proyectan siempre una imagen amable del Niño. La representación del "buey y la muía en el pesebre," de la estrella de Belén como un meteoro que no puede explicarse naturalmente, derivan de los evangelios apócrifos.
La profunda veneración de la Biblia se muestra, entre otras cosas, en el incesante esfuerzo en torno al texto bíblico; entre los judíos lo llevan a cabo sobre todo los masoretas; entre los cri
stianos aparece, junto con la labor investigadora y jamás interrumpida acerca del AT, en el esfuerzo por asegurar los textos del NT y por unas versiones cada vez mejores. En pro de esa veneración hablan también las acomodaciones poéticas de los textos bíblicos.Cuando las Biblias de judíos y cristianos se multiplicaban a mano, mediante manuscritos, esa enorme veneración por la colección de los libros sagrados se echaba de ver en la mayoría de los casos en la belleza y calidad de la caligrafía. Con la invención de la imprenta, no sólo oc
urrió, como era de esperar, que los primeros libros impresos en el Occidente cristiano fueron las Biblias, sino que el empeño por la belleza y el cuidado de la escritura también pasó a la labor impresora. (Los judíos, aun después de la invención de la imprenta siguen escribiendo a mano los rollos de la Escritura destinados al servicio divino, lo que en buena medida se debe a su respeto por la Biblia.).Ya en los manuscritos bíblicos se adornaban los textos en los comienzos de capítulo con preciosas letras capitales; es decir, con iniciales amorosamente cuidadas y que en muchos casos iban coloreadas y provistas de pequeñas figuras. Esas imágenes iniciales se convirtieron con el paso del tiempo en las primeras ilustraciones referidas al contenido. Y ese tipo de ornamentación dignificadora se mantuvo durante los primeros siglos de la impresión tipográfica de la Biblia.
Mas no todo se reducía a esas pequeñas imágenes. El desarrollo de la técnica del grabado en madera y en cobre desde el siglo XV satisfizo también el deseo de enriquecer las Biblias con figuras mayores. Ese desarrollo técnico de la ilustración fue un espléndido regalo para la ornamentación de las Biblias en tiempos de la reforma luterana.
Desde muy pronto se habían decorado los volúmenes de la Biblia con artísticas labores artesanales en cuero, metal y marfil. Impulsados por la misma idea de veneración, también los judíos adornaron sus rollos bíblicos con preciosos revestimientos y coronas metálicas cambiables. En los últimos siglos hacían imprimir o recamar con su propio nombre los pañales de circuncidar, utilizándolos luego como cintas de adorno alrededor de los rollos de la Biblia doméstica.
Con su utilización en la liturgia, la Biblia ha sido venerada desde los tiempos más antiguos. En el judaísmo, el acto de sacar los rollos para la lectura pública del cofre donde se conserva y de llevarlos al púlpito ha sido desde siempre una ceremonia solemne. En la liturgia cristiana se realiza, dentro del marco de las lecturas, el acto del traslado de los Evangelios, acompañado a menudo con la bendición de quien los va a leer en alta voz. Esa bendición vendría a significar: ¡Ve y proclama la palabra bíblica con corazón creyente! Así pues, con la susodicha bendición no se venera el libro material de la Biblia (aunque el lector lo lleve consigo), sino el mensaje de la palabra divina que ha de proclamarse a partir del mismo.
También la ocasional lectura cantada de los Evangelios sirve en primer término a la vener
ación del mensaje de Jesús. El que alguien lea con la perfección y claridad que le es posible, representa un servicio al mensaje de Dios. Cuando se canta el Evangelio, el propósito no es el de "cantar bellamente" una parte del servicio divino, sino el de anunciar en voz alta y de una manera especial el mensaje bíblico, el de presentarlo cantando y al mismo tiempo mostrarle veneración.Veneración y muestra de respeto al mensaje bíblico es también la procesión con el Evang
eliario, cuando el que va a proclamar el Evangelio avanza solemnemente hasta el atril de lectura, llevando ante su pecho el libro a la vista de todos, y a menudo acompañado de dos ministros con candelabros o ciriales. Desde hace siglos, los púlpitos, ambones o atriles se han adornado y decorado artísticamente con figuras acordes a su finalidad: por ejemplo, con la figura de un diácono, de un ángel en pie o de un águila, que sostienen el atril desde el que se proclama "el pan de la verdad."En las lecturas del Evangelio durante las festividades de la Iglesia a veces se lleva en procesión el incensario hasta el atril. Y, tras el anuncio de lo que se va a cantar ("Lectura del Evangelio según san Juan," o alguna expresión parecida), el ministro lector o cantor inciensa el libro de los Evangelios. Lo cual ha de entenderse así mismo como una muestra de veneración a la buena nueva que nos aporta la Biblia.
Concluida la lectura o el canto, la asamblea de los fieles congregados recita o canta a su vez unas palabras de alabanza y gratitud por el anuncio de la palabra bíblica ("¡Te alabamos, Señor!," o una expresión similar al término de la epístola y del Evangelio).
La liturgia de la proclamación del Evangelio incluye también el beso del ministro al Evangeliario, lo que a su vez constituye otro signo de veneración a la buena nueva de Jesús.
Superstición en Torno a la Biblia.
La veneración de la Biblia como el libro que contiene normas santas para la conducta h
umana, que contiene la palabra y la verdad de Dios, o cualquiera sea la forma en que se manifiesta y fundamenta esa veneración, ha conducido a todo tipo de supersticiones ligadas en el curso de los siglos al libro mismo de la Biblia o alguna de sus partes. Hay todo un manojo de ejemplos al respecto.En la construcción de una casa
se tapiaba una Biblia, y mucho mejor si era antigua o de un valor especial, al igual que en la época anterior al cristianismo se tapiaba con tal motivo una víctima humana o animal.En la demolición de algunas viejas casas campesinas (antes de convertirlas en museo al aire libre) se han encontrado, en los entramados de madera, hojas de Biblia como material de relleno; que debía de tratarse de un "medio de protección," es algo que está fuera de duda.
Debajo de la mujer que iba a dar a luz se colocaba una Biblia, pensando que así se le facil
itaba el parto. En muchos pueblos se dice que la Biblia hereditaria de la familia es la mejor compañía de la futura madre.Después del alumbramiento se ponía una Biblia en el lecho de la parturienta, creyendo que madre y niño gozarían así con toda seguridad de buena salud.
Cuando el niño no está aún bautizado, los malos espíritus andan tramando hacerle daño. Pues bien, se decía que la manera de protegerlo er
a colocar una Biblia a su lado. Y lo mejor, naturalmente, era tener una Biblia en la cuna.En algunos lugares de Württemberg era costumbre poner un Nuevo Testamento escondido entre la ropa de los niños que se llevaban a bautizar, pensando proteger así al pequeño durante el camino contra las brujas peligrosas.
Cuando en el bautizo el padrino repite todos los versos de la Biblia que recita el sacerdote bautizante, se piensa que el niño aprenderá bien.
Cuando el niño era llevado a casa después del bautismo, había que depositarlo sobre una Biblia, o se le envolvía por primera vez en una Biblia; así sería piadoso y aprendería bien.
Cuando el niño tomaba su primera papilla, había que prepararla cociendo en ella una hoja de la Biblia triturada. Con ese preparado bíblico el niño sería después una persona piadosa.
Cuando alguien era atormentado por los malos espíritus, había que meterle una Biblia o un Nuevo Testamento en el bolsillo de la chaqueta; eso le aliviaría.
Se quería así proteger y salvar el cuerpo, el espíritu y la vida del hombre en todas las situ
aciones posibles con la proximidad del libro santo; con algunas hojas escogidas de una Biblia, que se suministraban cocidas o desmenuzadas con alimentos o bebidas, se creía poder ayudar a los enfermos o a las personas atormentadas por los malos espíritus.También se utilizaban ungüentos con hojas de Biblia quemadas y reducidas a cenizas, como sabemos por una prohibición en tal sentido del sínodo in Trullo (692).
Los campesinos se hacían escribir el comienzo del Evangelio de Juan (Jn 1:1-14) sobre un papel, una tira de piel o una tablilla; trituraban después el papel, la piel o la tablilla y lo mezcl
aban con el grano que iban a sembrar.Colocando hojas de Biblia en la puerta o en las ventanas del establo se quería proteger al ganado contra los malos espíritus.
Se podía expulsar a los fantasmas de una casa invitando a la misma a un predicador o a un sacerdote, para que leyera allí (en voz alta) la Biblia durante toda la noche.
Cuando una persona caía enferma y luchaba con la muerte, el mejor modo de aliviar su agonía era colocar una Biblia bajo su almohada.
El oráculo bíblico era otra forma supersticiosa de utilización de la Biblia. Se abría ésta al azar o se introducía entre sus páginas un alfiler, se colocaba el pulgar sobre alguna línea y se leía lo que señalaba.
Naturalmente que se puede buscar una solución con tales señalamientos, y no pasa de ser un juego. La superstición está en dar un valor desmedido a la solución hallada por ese procedimiento. Las frases sin duda más famosas encontradas con tales recursos son las que Francisco de Asís convirtió en norma y ley de su orden religiosa. Difícil resulta decir hasta dónde llegó en este caso la superstición. Pero el hecho muestra cómo una solución hallada al azar — y que está emparentada con la superstición — puede conducir a una fe viva, cuando lo más importante es la interpretación y no la imposición ciega.
Ya san Agustín (+430) había vituperado duramente tales "recursos al Nuevo Testamento." Pero en su siglo hasta los clérigos hacían "vaticinios" recurriendo a tales señalizaciones en la Biblia. Un sínodo de Agde, celebrado el año 506, amenazaba con la excomunión a los eclesiásticos que se ocupasen de tales oráculos. San Bonifacio (+ 754) calificó esos vaticinios sacados de la Escritura como una mezcolanza de paganismo y cristianismo. El rey de los francos, Carlomagno, recogió esa idea en sus Capitulares (789), prohibiendo el empleo de la Biblia para la adivinación.
La superstición de amuletos hechos con versículos de la Biblia se ha dado en todas las formas. El amuleto, en un tubito o cajita se cuelga del cuello o se sujeta al cuerpo con un esparadrapo. He aquí algunos modelos:
Algunos versículos de los Salmos protegen contra los demonios y contra las tentaciones de los malos espíritus.
Se creía que quien llevaba colgado al cuello el comienzo del Evangelio de Juan: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios," estaba asegurado contra el peligro del rayo.
En cambio, el que llevaba consigo el texto de Jn 1:14 "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y nosotros hemos visto su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (el final de lo que se llamaba "el último evangelio" porque se recitaba al final de la misa), se creía que estaba protegido contra la plaga del pedrisco. Por lo demás, hay historiadores de la liturgia que ven el fundamento de la veneración supersticiosa hacia el comienzo del Evangelio de Juan en el hecho de que dicho fragmento se leyó durante siglos al final de la misa como "el último evangelio" (Jn 1:1-14).
"Pero vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que sobre vosotros vendrá; y seréis testigos míos en Jerusalén y en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Act 1:8) era otro texto bíblico que, llevado sobre el pecho, debía de proteger contra la angina de pecho.
Historia Literaria de la Biblia.
La idea del hebreo como "lengua sagrada" se fue imponiendo poco a poco en el judaísmo después que la lengua del imperio asirio, la lengua de los arameos, se convirtió en la lengua p
opular de Palestina. La idea de las "lenguas sagradas" la propagaron después, ya en época cristiana, el obispo Hilario de Poitiers (+ 367) y Agustín (+ 430); la misma dominó toda la actividad misionera de la edad media, y no precisamente en provecho del desarrollo del cristianismo. Todavía hoy sufrimos las consecuencias.Entre las lenguas sagradas contaban los cristianos el hebreo, el griego y el latín; las tres en que, por decirlo así, se había proclamado por vez primera la muerte sacrificial del Mesías Jesús sobre la cruz: "Pilato escribió también un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: Jesús el Nazareno, el rey de los judíos. Este letr
ero lo leyeron muchos judíos, porque el lugar en donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad; y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego" (Jn 19:19). Por lo demás, el "hebreo" de aquella inscripción hay que entenderlo como el arameo, que por entonces era la lengua del pueblo. Pero esa distinción lingüística todavía no se hacía en el siglo IV.De esas tres lenguas sagradas el hebreo era la lengua del AT; en tanto que "lengua sagrada" se diferenciaba del arameo, que fue también la lengua cotidiana de Jesús. El griego fue desde el siglo IV a.C. la lengua culta del mundo dominado por los griegos y que en el siglo I a.C. quedó sometido al dominio de los romanos; el griego se convirtió en la lengua propia del NT. Fina
lmente, el latín fue la lengua de la administración del imperio romano; no tuvo participación alguna en la redacción originaria de la Biblia, pero sí en su difusión en el mundo dominado por los romanos. Unas breves indicaciones sobre el hebreo, el arameo y el griego.La lengua de la Biblia hebrea.
Decimos que la Biblia del Antiguo Testamento fue escrita en hebreo. Pero, en realidad, la lengua de la Biblia no es hebrea ni era tampoco la lengua de todos los hebreos.
La lengua de la Biblia es una rama de la familia lingüística del Próxim
o Oriente; los diversos idiomas que integran dicha familia se hablaban en Mesopotamia, Sirofenicia (Palestina) y Arabia. Gracias a la colonización, el ámbito lingüístico originario del grupo en cuestión se extendió notablemente, avanzando sobre todo por el norte de África.La antigüedad no conoció un nombre unitario para el conjunto de esa familia lingüística. Hoy, apoyándonos en Gen 10:21ss, hablamos de "lenguas semíticas": todos los pueblos de ese elenco etnológico que aparecen como descendientes de Sem
hablan alguna de las lenguas de dicha familia lingüística. Sólo los cananeos (incluidos los fenicios), que así mismo hablan uno de esos idiomas, son presentados como descendientes de Cam; pero ello obedece a motivaciones religioso-políticas. Esquemáticamente las lenguas semíticas podrían ordenarse poco más o menos en las siguientes ramas o grupos lingüísticos:I. Rama semítica oriental: acudió.
1. Acadio antiguo (aprox. entre 2500 y 2000 a.C.), que probablemente se difundió por t
2. Dialecto babilónico en el sur, que se diferencia del acadio por influencia del sumerio:
a) Babilónico antiguo (aprox. entre 2000 y 1500 a.C.). Es la lengua del Código de Hammurabi.
b) Babilónico medio (aprox. entre 1500 y 1000 a.C.). Lenguaje internacional del comercio y de la diplomacia en todo el Oriente Próximo.
c) Neobabilónico (aprox. entre 1000 y 600 a.C.). La unidad lingüística se va pe
3. Dialecto asirio, en el ámbito lingüístico septentrional, junto al Tigris:
a) Asirio antiguo (aprox. entre 2000 y 1500 a.C.).
b) Asirio medio (aprox. entre 1500 y 1000 a.C.).
c) Neoasirio (aprox. entre 1000 y 600 a.C.). La unidad lingüística va desapar
eciendo cada vez más bajo la influencia del arameo.Todos estos dialectos se escribían con caracteres cuneiformes (sumerios).
Como al redescubrir la lengua acadia al principio sólo se conocieron textos del dialecto asirio, se habló de la lengua "asiría" y la ciencia relativa a dicha cultura se denominó "asiriología."
II. Rama semítica del norte y del centro: canaanita, cananeo.
Asentada ya probablemente antes del 2000 a.C. en las tierras de cultivo siropalestinas:
Fuera de algunos testimonios en cuneiforme, los monumentos lingüísticos
cananeos se han conservado en escritura alfabética.III. Rama semítica aramea
Es la lengua de las tribus que entre los años 1800 y 1200 emigraron de la estepa oriental h
acia las tierras de Siria y Palestina. Muchas de esas tribus adoptaron "la lengua de Canaán" (como los hebreos, los moabitas, edomitas y ammonitas), mientras que en el norte de Siria los inmigrados conservaron su propia lengua aramea.a) Palestino (Talmud palestino).
b) Samaritano.
c) Nabateo.
d) Arameo cristiano-palestino.
Los abrámidas y jacobitas, que desde la tierra de los dos ríos llegaron a Palestina, eran arameos de nacionalidad y hablaban arameo, si de arameo puede hablarse en aquella época; tal vez su lengua era también el acadio. Aquellos arameos inmigrados adaptaron su lenguaje al que se h
ablaba en la tierra de los canaanitas, sobre todo después de conquistar dicha tierra. Ese lenguaje adaptado es el que nosotros llamamos hoy "hebreo." Por ello el "hebreo" en el AT designa las más de las veces "la lengua de Canaán." Se mantuvo como lengua viva de Israel hasta la cautividad de Babilonia (586 a.C.). Al regreso de los judíos del exilio se fue imponiendo cada vez más entre la población judía de Jerusalén como lengua popular el arameo imperial, que mientras tanto se había elevado a lenguaje de cancillería del imperio persa; con los restos del cananeo superviviente se transformó en un dialecto arameo de Palestina.Con el triunfo del arameo imperial, el conocimiento de la lengua de Canaán (el hebreo) fue retrocediendo cada vez más. La vieja lengua coloquial se mantuvo todavía durante algún tiempo como lengua escrita, acentuando cada vez más su carácter de le
ngua culta. Y se mantuvo también como lengua litúrgica. Los textos legales y los relatos proféticos que han llegado hasta nosotros, y que se consignaron por escrito de forma completa sólo tras el regreso de Babilonia, todavía utilizaron el hebreo, porque en esa lengua se habían transmitido oralmente (y en parte también por escrito). El que precisamente entonces se fijaran por entero por escrito tal vez tuvo que ver con la creciente desaparición del conocimiento de la vieja lengua.El hebreo está atestiguado en una serie de testimonios escritos extrabíblicos, ya desde el s
iglo X a.C., como lenguaje coloquial, por ejemplo, en la inscripción de Silóaj, o Siloé. Dicha inscripción fue grabada hacia el año 700 a.C. a la salida del túnel por el que corría el canal del mismo nombre, y refiere el encuentro de los trabajadores que habían iniciado la perforación a través de la colina de Sión, partiendo la mitad de ellos de la fuente de Guijón y la otra mitad del sitio que más tarde ocuparía la piscina de Siloé, habiéndose encontrado efectivamente a la mitad del medio kilómetro que tiene la perforación.El texto masorético. Pero el documento capital de la "lengua de Canaán" es la Biblia, aunque hasta hace poco sólo se nos había conservado en copias realizadas entre los años 700 y 1000 d.C. Los judíos de Babilonia y una colonia de sabios judíos de Tiberíades cuidaron esas copias, aseguraron su pronunciación con todo tipo de signos auxiliares y, doquiera llegó su influencia, destruyeron los manuscritos antiguos, para que la fijación del texto establecida por ellos se mantuviera sin competencia alguna. A ello se debe el que textos que se remontan en sus comienzos al segundo milenio a.C. los tengamos sólo en manuscritos que al menos son dos mil años más recientes. El texto fijado por los sabios babilónicos y tiberienses se denomina "texto masorético" (texto tradicional); y a los sabios responsables de dicha redacción se les llama los "masoretas."
Siendo ésa la situación de los textos bíblicos del AT, los escrituristas de todo el mundo no pudieron menos de alarmarse en sumo grado cuando, el año 1947, se hallaron en unas cuevas junto al mar Muerto unos manuscritos que, tras el análisis paleográfico, resultó que pertenecían al período comprendido entre el 200 a.C. y el 100 d.C.
Los manuscritos en cuestión no contenían sólo textos bíblicos; entre estos últimos hay que mencionar, sobre todo, un rollo de Isaías completo, fragmentos de todos los libros veterotestamentarios hasta Ester, y varios comentarios, entre los cuales sobresale uno sobre el profeta Habacuc.Las investigaciones textuales y la comparación con el texto masorético, único que hasta e
ntonces se conocía, han demostrado que este último coincide en líneas generales con estos textos tan antiguos. Las discrepancias más frecuentes son meramente de tipo ortográfico, sin que apenas afecten al contenido. Se ha comprobado así que el hallazgo de esos nuevos manuscritos representa una confirmación tardía, pero elocuente, de la buena labor de los masoretas, con respecto a los cuales — es preciso decirlo — muchos especialistas tenían sus reservas.Particularidades de la escritura y pronunciación hebreas. Así como a la lengua hebrea sólo se la puede llamar "hebreo" entre comillas, así tampoco la escritura hebrea es una escritura originaria que sólo correspondiera a esa lengua. La forma más antigua en que escribieron su lengua los habitantes de Canaán y los arameos allí inmigrados fue la escritura fenicia, a la que en definitiva se remontan los alfabetos de Occidente. En la época del ara-meo imperial se desarrolló para dicha lengua una escritura cuadrada, con la que también se escribió después el hebreo. Sólo en algunas regiones de Palestina se mantuvo durante algo más tiempo la vieja grafía que derivaba directamente del fenicio. También entre los manuscritos hallados junto al mar Muerto hay algunos en esos caracteres antiguos.
Tanto la vieja grafía como la cuadrada conservaron sin embargo la particularidad de que en líneas generales sólo transcriben las consonantes. Ello se debe a la índole misma de las lenguas semíticas, que son lenguas de raíz consonántica. Para quien conoce la lengua, las consonantes escritas dan un sentido suficientemente claro. Cómo haya de vocalizarse, lo indica el sentido del texto en su conjunto. Se escribe, po
r ejemplo:qtl, se lee qatál
qtli, se lee qitlí
tqtl, se lee tiqtól
Pero cuando la lengua ya no estaba lo bastante viva, existía el peligro de que se perdiera la pr
onunciación correcta. Por eso representó un gran servicio el trabajo de los masoretas, que establecieron una pronunciación fija mediante el empleo de rayitas y puntos debajo, en y encima de las letras cuadradasLas Biblias hebreas actuales se imprimen por lo general con esa puntuación masorética. En el Estado de Israel, donde el hebreo ha revivido milagrosamente, después de más de dos mil trescientos años, como 'ibrit (es decir, ahora realmente "hebreo"), se vuelven a escribir las cartas, los periódicos y los libros sin ninguna puntuación.
Un primer renacimiento del hebreo, no muy diferente del actual renacimiento lingüístico en el Estado de Israel, está atestiguado en tiempos de Bar-Kochba (132-135 d.C.): mientras que el caudillo judío en sus dos primeros años de gobierno aún se servía de la lengua aramea, los documentos públicos del año tercero vuelven a redactarse en la recuperada lengua oficial hebrea.
El arameo.
Es un idioma semítico, que hablaban también las tribus israelitas emigradas a Canaán, así como los ammonitas, los moabitas y los edomitas. Pero todos estos pueblos fueron adoptando
progresivamente el idioma cananeo, que hoy llamamos hebreo. Otras tribus inmigradas conservaron su lengua. Tras el sometimiento del pueblo siro-arameo de Siria septentrional por parte de los asirios, éstos se sirvieron del arameo (que evidentemente estaba más desarrollado que el asirio) como lengua de comunicación ya que no sólo la entendían muchos asirios, sino que era también la lengua de muchos de los pueblos que les estaban sometidos. Esa regulación se demostró tan atinada que los persas elevaron el arameo a la categoría de lengua oficial de las cancillerías después de que hubieron heredado el imperio de Asur y de los neobabilonios. Es el dialecto que llamamos arameo imperial.Mientras que ese arameo imperial se iba imponiendo cada vez más incluso como
lengua coloquial, se fue configurando también de acuerdo con el idioma popular de cada uno de los grupos que lo adoptaban. De ahí derivan las formas dialectales, y especialmente el arameo occidental (por ejemplo, el arameo palestino y el samaritano).También la lengua coloquial de Jesús pertenece a ese arameo imperial configurado por el idioma popular. Los regresados de Babilonia (siglos V-IV) llevaron consigo el arameo como lengua usual, y como pese a su minoría determinaron el desarrollo en Jerusalén, el arameo fue ganando en importancia con el paso del tiempo; el canaanita ("hebreo") fue perdiendo terreno, primero en Jerusalén, después entre los judíos aldeanos y finalmente en toda Palestina, hasta que hacia el año 200 a.C. ya sólo lo entendían las gentes cultas o incluso los letrados. Algunos de los libros posteriores de la Biblia fueron ya escritos en ese hebreo culto o en arameo. Las perícopas hebreas de la Biblia, que se leían en la sinagoga, eran traducidas.
En Galilea la gente hablaba un arameo en un dialecto que difería notablemente del de Judea; lo cual podría deberse a la fuerte influencia griega en dicha región galilaica. Los galileos contraían mucho las palabras, eran muy negligentes en la pronunciación de las consonantes iniciales, preferían el sonido a al de i, y parece que pronunciaban muy mal los sonidos d y t, que sustituían muy a menudo por los de g y k. Así, de immar (cordero) se hacía ammar — (g)ammar, que significa lana; de modo parecido, en su boca se confundían chamar (vino) con ghamar (asno).
El "No lo conozco" de Pedro (Mc 14:68), en arameo leth ana jada, se convertía, por obra de la contracción, la aspiración de la inicial y la guturalización del sonido d, en lena chakha. Y en consecuencia entendemos perfectamente que los asistentes le dijeran a Pedro: "Efectivamente, tú perteneces a ellos; tú eres también galileo" (Mc 14:70). Algunos manuscritos muy antiguos amplían la afirmación consignando: "Tu manera de hablar te delata." Por lo demás resulta difícil suponer que también Jesús hablase ese arameo deformado de los galileos, aun habiendo estado antes allí y tratado con gentes de aquella comarca.
El griego como lengua de la Biblia.
Desde el imperio universal de Alejandro Magno (336-323 a.C.), al que sucedieron los grandes reinos de cuño griego de los Tolomeos en Egipto y de los Seléucidas en los territorios de Mesopotamia, Siria y el Asia Menor, con la cultura helenística se fue imponiendo cada vez más la lengua griega: no como lengua popular, pero sí como lengua cultural de las personas con formación, como segunda lengua, como lengua internacional del comercio y de la diplomacia. Con ello el griego expulsó de Oriente al arameo, que había desempeñado ese mismo papel desde los comienzos del imperio asirio (siglo VIII) hasta el final del dominio persa (siglo IV). Sólo que en esas funciones el griego dominó un espacio mucho más amplio que el arameo, ya que no sólo se difundió por el Próximo Oriente y Egipto, sino que también se convirtió en la lengua culta del imperio romano.
Así ocurrió que, en tiempos de Jesús, se hablaba griego no sólo en las ciudades de Palestina habitadas por ciudadanos de origen helénico — por ejemplo, en Escitópolis o Bet-San, en Samaría, donde Alejandro Magno había asentado a un grupo de gentes macedónicas, en Cesárea, como ciudad administrativa romana en la que residía Pilato —, sino que también el pueblo de Galilea podía hacerse entender en griego, de modo que muy bien puede suponerse el bilingüismo tanto para Jesús como para la mayor parte de los apóstoles.
Pero más importante aún que el griego hablado fue el griego escrito. No es casual que los libros neotestamentarios se hayan conservado en lengua griega. Esa lengua conectaba a los apóstoles que hablaban arameo con las comunidades de todas las otras lenguas, aunque tales comunidades pudieran utilizar su propia lengua materna en la vida diaria (siríaco, árabe, diversos dialectos griegos, latín): cartas, informes y catequesis ("evangelios") en lengua griega tenían que ser expuestos a cada comunidad, siempre con la intervención de un intérprete.
El griego era la lengua universal en tiempos de los apóstoles. Quien no hablaba fluidamente griego se servía de un amigo "helenista" para expresar sus ideas de forma correcta. Tales "escribientes" eran buenos estilistas y personas hábiles, que sin duda alguna a través de su trabajo tuvieron una participación amplia en cartas como las de Pedro, la de Santiago y la de Judas, y también desde luego en las redacciones griegas del Evangelio de Mateo y del Evangelio de Marcos. Gracias a la lengua griega todo el imperio romano estaba abierto a la predicación de quienes proclamaban la buena nueva.
El griego helenístico fue la lengua común del ámbito cultural helenístico durante ochocie
ntos años (aproximadamente desde el 300 a.C. al 500 d.C.). En esa lengua común (koine dialektos, que en forma abreviada también se llamó Koine) ya se había hecho la versión de los LXX, de modo que tanto el AT utilizado por los cristianos como el NT presentaban la misma forma lingüística. Muchos padres de la Iglesia escribieron también en esa lengua griega común, puesto que en la Iglesia primitiva ese mismo griego fue la lengua para ampliar demarcaciones eclesiales.Por lo demás, el griego bíblico se diferencia en bastantes peculiaridades del griego de
la koine. Como en buena parte se trata de traducciones del hebreo, contiene muchos semitismos ajenos a la lengua helenística. Esos elementos de otras lenguas los contiene de todos modos también la koine no bíblica, como son, por ejemplo, los latinismos tomados del lenguaje militar, jurídico y administrativo de los romanos.Las Traducciones de la Biblia.
Las lenguas originales de la Biblia son: el hebreo para el AT (con la excepción de algunos libros) y el griego para el NT. Para que los diferentes pueblos entendieran los textos bíblicos, h
ubo que traducirlos a las lenguas de los pueblos en cuestión. El motivo principal para las versiones de la Biblia en época cristiana fue, junto al interés por la predicación de la fe, la necesidad litúrgica. Así se explica que con tanta frecuencia se haya vertido la Biblia de forma "selectiva," adelantando o seleccionando los textos de mayor interés litúrgico, como los Salmos, los cánticos (el Magníficat, etc.) y ciertas perícopas evangélicas.Hoy existen alrededor de 1050 versiones de la Biblia (totales o parciales). No todas esas versiones están hechas de las lenguas originales; muchas son traducciones de otras traducciones; eso ocurre sobre todo con las versiones que los misioneros hacen a las lenguas de su ámbito misional.
La Septuaginta (LXX).
Entre el año 150 a.C. y el 50 d.C. se llevó a cabo una falsificación epistolar; en dicha carta Aristeas, que dice ser un funcionario del faraón egipcio Tolomeo Filadelfo (285-246 a.C.), refi
ere a su hermano lo siguiente:El rey Tolomeo recibió de su bibliotecario principal, Demetrio de Palero, la sugerencia de hacer traducir la Ley judía al griego. A tal fin el rey envió a Aristeas a Jerusalén, donde llegó a un acuerdo con el sumo sacerdote Eleazar para que enviase a seis varones de cada una de las tribus de Israel a la isla de Faros, frente a Alejandría, y tradujeran allí los cinco libros de Moisés. Llegaron los setenta y dos varones, deliberaron entre sí, pusieron manos a la obra y la terminaron de modo que, tras el cotejo de sus respectivos trabajos, redactaron un texto que recibió el visto bueno de la comunidad judía de Alejandría. Tras haber trabajado los setenta y dos traductores, cada uno por su cuenta y en su celda, quedó lista la versión, y cuando compararon los distintos textos resultó que coincidían entre sí letra por letra.
Esta tradición de la Carta de Aristeas y de los judíos alejandrinos es la que dio nombre a la más antigua versión del AT hebreo a la lengua griega. Redondeando la cifra de 72 traductores a 70 se denominó esta versión Interpretatio septuaginta virorum (la traducción de los setenta varones), o simplemente la Septuaginta (LXX). La tradición habla sólo de los cinco libros de Moisés, pero todo el AT griego y alejandrino recibió el nombre de Septuaginta.
La tradición tiene incluso un valor histórico, por cuanto que de la misma puede deducirse el tiempo en que se hizo la versión (mediados del siglo III a.C.), sin que pueda sacarse de ahí la conclusión de que hubiese una sola versión griega de la Biblia hebrea. Las comunidades judías de los centros helenísticos, especialmente las de la ciudad fundada por Alejandro, Alejandría, en el norte de Egipto, con sus doscientos mil judíos, necesitaban simplemente una traducción griega de su Biblia porque hablaban griego. Pero la falsificada Carta de Aristeas podría obedecer al propósito de recomendar, o tal vez de imponer, como oficial la versión alejandrina al judaísmo helenístico. La tradición de la milagrosa coincidencia de dicha versión pudo haber recomendado ese texto a las comunidades judías incluso como un texto inspirado.
Cien años después (hacia el 150 a.C.) aparecerá la versión griega completa (u otra distinta). Aunque las traducciones de los diferentes libros difieren notablemente en su valor, la versión de los LXX gozó de gran prestigio entre los judíos de habla griega, y no sólo entre los de Egipto.
En la primera época cristiana la Septuaginta fue considerada prácticamente como un original del AT por los cristianos de las naciones de lengua griega. El haber sido la preferida entre los cristianos y el hecho de que hubiera surgido antes de la última redacción uniformadora del texto hebreo — que probablemente se acometió en el sínodo de Yamnia, hacia el año 95 d.C. — hicieron que esta versión griega fuera perdiendo poco a poco interés para los judíos, sobre todo para aquellos que en su fe se atenían estrictamente a la letra. De ahí que en el siglo ii cristiano los judíos llevasen a cabo nuevas versiones griegas del AT, que progresivamente fueron reduciendo el uso de los LXX en los círculos judíos.
Por otra parte, la Septuaginta fue también más tarde objeto de revisión por parte de los escritores cristianos: como Orígenes, que trabajó en Cesárea entre los años 232 y 254 en su edición crítica, el obispo egipcio Hesiquio (+ hacia el 310) y el presbítero Luciano en Antioquia (+ 311). Ello provocó una confusión nociva. San Jerónimo (+ 419-420) escribía al respecto: "Alejandría y Egipto siguen a Hesiquio por lo que se refiere a la Septuaginta; desde Constantinopla hasta Antioquia se prefiere la edición de Luciano mártir; las regiones intermedias de Palestina leen los códices preparados por Orígenes y difundidos por Eusebio y Panfilo. Así, todo el planeta está en guerra, dividido por esas tres ediciones diferentes."
Inspirándose en el texto de la Septuaginta se hicieron las versiones coplas en cuatro dialectos egipcios (tal vez ya hacia el año 300).
Poco después del 400 se hizo la traducción etiópica del AT según el texto del los LXX. Los etíopes habían sido ganados para el cristianismo en tiempos del emperador Constantino.
También la primera versión germánica del AT, la del arriano Ulfilas, obispo godo (siglo IV), se apoya en la Septuaginta.
Hacia el 440 apareció la versión armenia, según la edición crítica de Orígen
es.Los targumes.
En los últimos siglos precristianos, cuando ya el hebreo había dejado de ser la lengua pop
ular de Palestina, en las sinagogas se traducían los textos bíblicos al arameo después de haberlos recitado en hebreo. Esa traducción oral (targum, plural targumim) se fijó más tarde también por escrito. Y al igual que los judíos de Palestina, también los numerosos judíos de Babilonia tuvieron sus targumes.En la época de Jesús se tradujeron al samaritano los cinco libros de Moisés (Pentateuco s
amaritano).Los targumes tienen una importancia extraordinaria para el establecimiento del texto bíblico original, pues a través de sus variantes y diferencias, que las más de las veces son más antiguas que el texto masorético, pueden contener buenas referen
cias al texto original.Versiones siríacas.
En Siria, uno de los países cristianos más antiguos, hubo desde el siglo ii una versión del AT hecha del hebreo, obra de varios traductores. Los Evangelios, por el contrario, no se difundieron en su cuádruple forma de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, sino en una narración continua de esos cuatro libros, a partir de textos que el filósofo oriental sirio Taciano había compilado hacia el año 170. Esa armonía evangélica se llamó Diatessaron (aproximadamente: "un Evangelio formado de cuatro," o "armonía evangélica"). El escrito originario probablemente fue redactado en griego, habiéndolo traducido el propio Taciano al siríaco.
Traducciones o reelaboraciones del Diatessaron de Taciano las hubo en armenio, árabe (siglo XI) y persa (siglo XIII). También varias armonizaciones evangélicas occidentales se remontan al texto o a la idea de Taciano.
Por lo demás, al mismo tiempo que el
Diatessaron de Taciano, también se difundió en Siria un "Evangelio de los (libros) separados," pero que de primeras no pudo imponerse frente a la armonización preferida. Sólo después del 400, cuando con la utilización de ese "Evangelio de los separados" y unas traducciones más antiguas de los otros textos neotestamentarios, apareció una versión siríaca del NT hecha sobre el texto original griego. Esta última traducción del NT junto con la del AT, doscientos años más antigua, se reunieron en una redacción unitaria, llamada Pesitta (es decir, la "habitual" y común). Es posible que dicho nombre fuera a la vez un grito de combate contra el Diatessaron de Taciano.La Vetus latina.
Hasta aproximadamente el 250 d.C. el griego había sido la lengua del comercio y de la administración en el imperio romano. En las provincias prevalecía el latín, por ejemplo, en Áfr
ica. No había, pues, una necesidad generalizada de traducir al latín el NT griego. Y así surgieron, preferentemente en las provincias, traducciones para su uso en la predicación y en la liturgia.Esas traducciones latinas existieron ya desde el siglo II. Se las reúne bajo el título de la Vetus latina. Las más antiguas fueron las africanas, las más recientes las itálicas, llamadas también en la Galia meridional con el nombre de ítala (es decir, versio ítala). A pesar del nombre colectivo de Vetus latina (vetus latina versio), se trata de varias traducciones, que a veces discrepan notablemente entre sí. Las versiones africanas son más libres, mientras que las de Italia siguen más de cerca la Septuaginta y el texto griego del NT. Además, no se trata de versiones completas de la Biblia, sino de libros particulares o de grupos de libros (Evangelios, cartas paulinas, Hechos de los apóstoles, etc.).
Los textos más antiguos de la liturgia romana de la misa en latín (introito, gradúale, versículos del ofertorio y de la comunión) siguen hasta el día de hoy el tenor de la Vetus latina.
En el monasterio benedictino alemán de Beuron trabaja desde 1951 un equipo de especialistas en la reconstrucción del texto de la Vetus latina.
La Vulgata.
El papa Dámaso (366-384) resolvió oponer a la pluralidad de traducciones latinas de la B
iblia un texto cuidadosamente redactado y que contase con el beneplácito oficial de la Iglesia. Y así encargó a uno de los mayores sabios de su tiempo, a Sofronio Eusebio Jerónimo (347-419), que tradujera de nuevo el texto de la Biblia al latín o que, al menos, revisase el texto latino. Jerónimo revisó primero los Evangelios. Después hizo lo mismo con los Salmos latinos más en uso, adaptándolos a la versión de la Septuaginta y a su revisión por Orígenes (384). Esta primera revisión jeronimiana de los Salmos fue aceptada oficialmente como el Psalterium romanum.El año 386 se trasladó Jerónimo a Belén. De camino estudió en Cesárea los más de cincue
nta volúmenes de las acotaciones de Orígenes a los LXX. Con ese equipamiento emprendió una reelaboración a fondo de los textos latinos del AT, incluida una nueva revisión de los Salmos. Terminó ese trabajo el 392. Pero el nuevo Salterio no se impuso en un primer momento en Roma, aunque sí en la Iglesia de las Galias y de España; por eso se le llamó Psalterium gallicanum. Es el Salterio de la Vulgata oficial hasta hoy.Pero ya antes de terminar ese trabajo de revisión había empezado Jerónimo el año 390 una nueva traducción completa del AT partiendo del texto hebreo; y también en esa ocasión volvió a traducir los Salmos; el resultado fue el Psalterium hebraeos. Esa versión del AT (con excepción de los Salmos) fue declarada texto oficial latino. Los últimos trabajos de esta obra los concluyó Jerónimo el año 406. Pero no resultó nada fácil arrinconar las viejas versiones latinas. Los copi
stas "corregían" el texto jeronimiano cada vez más mediante las fórmulas de la Vetus latina que les eran familiares. Doscientos años más tarde, apenas si ya se podía reconocer el texto de Jerónimo. El año 1592 apareció una edición oficial que contenía reconstruido (lo mejor que se pudo) el texto de Jerónimo. Ese texto de la edición de 1592 pasa por auténtico; es decir, tiene fuerza probativa en doctrinas de fe y de costumbres.Sobre el texto traducido por el padre de la Iglesia san Jerónimo, descansan las versiones y reelaboraciones de la Biblia con las que los pueblos de Occidente (románicos y germánicos) c
onocieron el AT y el NT.La corrupción del texto jeronimiano hizo qu
e aparecieran otros traductores. Ya en la edad media hubo otras ediciones latinas de la Biblia.Traducciones alemanas.
a) Antes de la reforma. Las versiones de la Biblia en una de las lenguas germánicas empi
ezan en tiempo de san Bonifacio. Como sólo se han conservado restos de aquellas primeras versiones, no podemos decir en qué proporción se tradujo entonces la Biblia.De una de tales versiones, preparada en el monasterio bávaro de Mondsee (738), se conse
rvan textos del Evangelio de Mateo.Hacia el 830 se terminó en el monasterio de Fulda una armonía de los Evangelios en lengua alemana, siguiendo las pautas de la de Taciano; una copia de la misma (hacia 870) se conserva en el monasterio de St. Gall.
Entre los años 800 y 1100 apareció el Salterio en varios dialectos alemanes. De Notker Labeo (monje de St. Gall, muerto en 1022) poseemos traducciones de los Salmos y de los cánticos (Magníficat, Nunc dimittis, etc.); también tradujo el libro de Job, aunque su versión se ha perdido.
En el ámbito de lengua a
lemana, escasamente poblado, circularon durante la edad media de tres a cuatro mil manuscritos de la Biblia.La primera impresión de la Biblia en lengua alemana la cuidó un ex ayudante de Gutenberg, llamado Johannes Mentel(in), que después de abandonar Maguncia se estableció por su cuenta en Estrasburgo. Al igual que cuantos le siguieron en la edición de Biblias alemanas, se sirvió para su impresión de antiguos manuscritos alemanes (en su mayor parte traducidos de la Vulgata
) o se hizo preparar un texto a partir de algún manuscrito de la Vulgata. Las traducciones no pasan de ser tanteos, sobre todo porque los textos coetáneos de la Vulgata estaban tan corrompidos por siglos de correcciones desgraciadas que ninguno coincidía con la Vulgata original de Jerónimo. La reedición de la Vulgata "definitiva" no apareció hasta 1592.Damos a continuación un elenco de las dieciocho ediciones de la Biblia alemana, anteriores a Lutero.
En 1466 apareció en Estrasburgo la Biblia de Mentelin, siendo la primera Biblia alemana impresa. Tenía 406 folios, con un formato de 29 x 39,5 cm. Texto a dos columnas, y 61 líneas por columna, sin ilustraciones, con iniciales incorporadas y coloreadas en parte. La obra no obtuvo la difusión que merecía; la impresión fue una verdadera obra maestra.
Antes de 1470 se publicó en Estrasburgo la Biblia de Eggestein. Heinrich Eggestein era s
ocio de Mentelin, pero (ya al tiempo de la primera impresión de la Biblia de éste) se estableció por su cuenta. Su Biblia es una reimpresión, formalmente igual, aunque algo mejorada en el texto.Hacia 1475 apareció en Augsburgo la Biblia de Zainer, siendo muy probablemente la pr
imera Biblia alemana ilustrada: las ilustraciones en forma de iniciales con figuras.Así mismo hacia 1475, y también en Augsburgo, apareció la Biblia de Pflanzmann; es por lo tanto contemporánea de la primera edición de Zainer. Es la primera Biblia con ilustraciones en madera (xilográficas), impresas por separado de las iniciales.
Entre 1476 y 1478 apareció en Nuremberg la Biblia de S
ensenschmidt.En 1477, y en Augsburgo, una segunda Biblia de Zainer.
En 1477, también en Augsburgo, la Biblia de Sorg.
En 1478 aparecieron en Colonia las Biblias colonienses. Se publicaron con dos redacciones textuales, en bajo sajón y bajo renano, y con más de un centenar de grandes ilustraciones xilográficas, que en su mayoría eran copias de manuscritos bíblicos.
En 1480 apareció en Augsburgo la segunda Biblia del impresor Antón Sorg, con 73 iniciales ilustradas (xilografías).
En 1483, y en Nuremberg, la Biblia del impresor Antón Koberger. Con 109 ilustraciones xilográficas de las Biblias colonienses. Fue una Biblia ampliamente difundida, posiblemente debido al bello colorido de las ilustraciones, a los nuevos tipos que resultaban muy legibles y, también, a una hábil distribución.
En 1485 apareció en Estrasburgo la Biblia de Grüningen, en dos partes y 922 folios: 109 xilografías a color y con iniciales dibujadas. Las Biblias de Nuremberg y de Colonia fueron sus modelos. Con esta Biblia entra por primera vez en el mercado un tamaño manual (20 x 28 cm), contribuyendo a la introducción de las Biblias familiares.
En 1487 apareció en Augsburgo la Biblia de Schónsperger, un tipo de Biblia familiar (19:5 x 28 cm), con 109 xilografías en parte coloreadas.
En 1490, y también en Augsburgo, apareció una segunda Biblia de Schónsperger, del mismo tipo (incluso menor: 18 x 25 cm) y con la misma ilustración de la de 1487.
En 1494 se publicó la Biblia de Lübeck; su impresor fue Steffen Arndes de Lübeck. Pertenece a las ediciones en gran formato, con 152 xilografías y es tributaria de la Biblia de Colonia, incluso en el texto bajo alemán.
En 1507 y 1508 aparecieron en Augsburgo las Biblias de Otmar (impresores Johann Otmar y Silvan Otmar), cada una con 802 folios en dos partes (formato 20,5 x 29:5 cm); cada una tiene 109 xilografías, tomadas de las ediciones augsburguesas de Schónsperger (1487 y 1490), ampliadas con viñetas. La coloración de las xilografías, hecha a mano, no siempre está cuidada. Sólo se conservan algunos ejemplares.
En 1522 apareció en el impresor Lorenz de Halberstadt un texto bíblico en bajo alemán, con 560 folios en formato de 26 x 36 cm y 119 xilografías (de las cuales 112 pertenecientes a la B
iblia de Colonia).La Biblia de Halberstadt apareció
al mismo tiempo que el denominado "Testamento de septiembre" de Martín Lutero, una versión nueva del Nuevo Testamento que Lutero publicó en forma anónima.Esta breve lista está confeccionada sobre el trabajo muy cuidado y bien informado de Wa
lter Eichenberger y Henning Wendland, Biblias alemanas anteriores a Lutero. El arte librero de las dieciocho Biblias alemanas entre 1466 y 1522 (en alemán).b) Martin Buber tradujo al alemán la Biblia judía, que los cristianos llaman Antiguo Testamento. Martin Buber era judío. Podemos decir que desde su infancia arranca la trayectoria lingüística y científica, que iba a llevarle en derechura a una tal traducción de la Biblia. Nació en Viena en 1878. Por motivos personales, sus progenitores lo trasladaron, siendo todavía muy pequeño, a la tierra de origen del padre: la Galizia polaco-ucraniana. En casa de su abuelo Salomón Buber, conocido erudito en temas judíos, adquirió el niño Martin un excelente conocimiento del hebreo. Para ampliar sus estudios pasó después el joven a Berlín, Munich, Leipzig, Zurich y, finalmente, de nuevo a su ciudad natal, Viena. El año 1904 se doctoró. Con sus estudios logró sobre todo el dominio del hebreo clásico y de un alemán literario muy notable. Estas lenguas fueron adquiriendo una vitalidad cada vez mayor con su abanico de estudios de filosofía y teología y sus investigaciones sobre judaísmo y sociología. Contaba así con un magnífico instrumento para una traducción alemana de la Biblia hebrea. Las primeras conversaciones con sus amigos en tal sentido las inicia Buber ya a comienzos de 1914. Pero sólo en 1925 pasó de las conversaciones y planes al trabajo práctico, cuando el joven editor Lambert Schneider invitó a Buber para que acometiera una nueva versión alemana de la Biblia hebrea. Los primeros pasos en ese ancho campo los dio con su joven amigo, el científico judío Franz Rosenzweig. Cuando éste murió, en diciembre de 1929: ya habían aparecido nueve volúmenes del AT, hasta los libros de los Reyes, incluidos.
Sólo podemos referirnos aquí brevemente a los principios básicos de la "germanización de la Escritura," como Buber designa el conjunto del trabajo. En un apéndice a su obra Die fünf Bücher der Weisung (Los cinco libros de la instrucción) presenta el propio Buber una breve historia de esa germanización exponiendo, pese a su brevedad, la peculiaridad fundamental de ese trabajo. En el tomo II de la edición de sus obras completas (Schriften zur Bibel, editoriales Kósel y Lambert Schneider, 1964) se recogen algunos trabajos muy importantes sobre el tema "la Escritura y su germanización" (p. 1093-1186).
De todo ello, bástenos recordar el propósito de Buber: dar vida en alemán a los libros hebreos sin perífrasis ni circumlocuciones. Quiere "excavar" el hebreo para trasplantarlo a la lengua alemana. Quiere trasladar la pluralidad de vocablos hebreos, que en alemán a menudo se traducen por una única palabra, con la misma pluralidad de palabras que se corresponden por contenido y sentimiento. En su germanización quiere que cobren vida las formas del hebreo con su colorido social.
Quien desee captar la atmósfera original del AT desde un texto bíblico alemán (expresioni
sta), no deberá olvidar la germanización del AT realizada por Buber (y en parte también por Rosenzweig).Martin Buber murió en Jerusalén el 13 de junio de 1965.
La traducción unitaria. Con ocasión de un memorándum de la Bibelwerk de Stuttgart los obispos alemanes tomaron la decisión de hacer preparar una nueva versión de la Biblia, a partir de los textos originales, para uso eclesiástico. Una comisión de especialistas en exégesis, cat
equesis, liturgia y lengua alemana inició los trabajos en 1962. En dicha traducción deberían tenerse en cuenta todos los conocimientos logrados por la ciencia bíblica y las exigencias de la lengua alemana.Luego que el concilio introdujo en la liturgia el uso de las lenguas vernáculas, los obispos de los países europeos de lengua alemana acometen la "traducción unitaria." Desde el comienzo se esforzaron los obispos por conseguir la colaboración de las Iglesias evangélicas alemanas. La Fraternidad evangélica de San Miguel colaboró desde el principio por medio de delegados. De
sde 1967 participó la Iglesia evangélica alemana en la traducción de las lecturas bíblicas de los domingos y días festivos, comunes a ambas Iglesias, y de los Salmos. La Asociación de las diócesis de Alemania y el Consejo de la Iglesia evangélica alemana, así como la Bibelwerk evangélica de la República Federal, firmaron en 1970 el primer acuerdo de colaboración.Un resultado importante de esa colaboración fue el acuerdo de los delegados de ambas Iglesias para la versión unitaria de los nombres propios bíblicos, así como de las designaciones de lugares, pueblos, pesos y medidas (Ókumenisches Verzeichnis der biblischen Eigennamen, 1972).
El año 1970 empezó la primera publicación de libros bíblicos en una redacción provisional; durante cinco años deberían ser estudiados y examinados de un modo crítico. El año 1975 se iniciaba la revisión de la redacción provisional. En el marco de esa labor revisora la parte evangélica amplió su colaboración a todo el NT. En 1978 los obispos — y los comisionados evangélicos por la parte que les correspondía — aprobaron la nueva versión unitaria.
Este Manual, con muy pocas excepciones, ha tenido en cuenta esa traducción unitaria en las citas de la Escritura.
En el lenguaje de la ciencia escriturística no es frecuente esta expresión de "armonía bíbl
ica." Aquí la empleamos en el sentido en que se habla de la "armonización de los Evangelios."Entre las armonizaciones evangélicas cabe distinguir dos tipos: la armonía en sentido estri
cto, y otra en una acepción más amplia. Por la primera de tales armonizaciones entendemos la tentativa de disponer en una sucesión temporal los cuatro Evangelios canónicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, formando con ellos una historia seguida de la vida de Jesús, utilizando sus relatos y las palabras (logia) que transcriben del Señor; siempre por supuesto con las mismas palabras de los Evangelios. Mas, como los evangelistas no escribieron una historia, sino que quisieron proclamar a Jesús como Mesías y salvador, y como, por eso mismo, a menudo ordenaron el texto por asociación de temas sin tener en cuenta el curso histórico, la armonización resulta una empresa desesperada. No es posible una armonización totalmente coherente de los Evangelios.Una armonización evangélica en sentido amplio consiste en la reelaboración del contenido de los cuatro Evangelios para formar un relato completo, de modo que contenga lo que los cuatro Evangelios, tres, dos O uno solo consignaron. Así, lo que se cuenta varias veces en los Evang
elios sólo se recoge una vez en esa armonización evangélica. Existen coincidencias en los Evangelios, especialmente en los Sinópticos. La presentación puede hacerse con las mismas palabras de los evangelistas o con las palabras del refundidor.De modo parecido es posible escribir una "armonía de la Biblia," o sea, elaborar en forma de narración continuada toda la Biblia del AT y del NT, situando por ejemplo las declaraciones de los profetas en su momento histórico e incorporándolas a los libros históricos. También esto puede hacerse con las palabras de la misma Biblia o con las de quien hace la refundición.
Las reelaboraciones bíblicas para la escuela (Biblia escolar) representaban a menudo ese tipo de armonización. Antes utilizaban más las palabras del refundidor que las de la misma B
iblia. La Katholische Schulbibel (Patmos-Verlag, Dusseldorf 1957) utilizaba en cambio casi exclusivamente la palabra bíblica, en una versión alemana, y por ello merecía por primera vez el título de "Biblia."Los Salmos, que naturalmente se dejan incorporar de un modo coherente e histórico en d
eterminados puntos de la narración continuada, lo fueron efectivamente en la mentada armonización bíblica desde la perspectiva de la Iglesia: fueron incorporados como oraciones. Lo que la Biblia representaba, refería y enseñaba, tenía su respuesta oracional en la palabra de los Salmos. Y lo que tales reelaboraciones nunca habían alcanzado, se obtuvo entonces de cara a la formación religiosa, más allá de la instrucción bíblica, con sólo que quienes manejaban esa Biblia escolar entendieran el propósito de esa disposición.En el mundo de lengua alemana las armonizaciones bíblicas, en la f
orma de Biblias escolares, ha desaparecido casi por completo. En su lugar han entrado las Biblias con sus libros separados, según requieren las exigencias científicas, aunque esos libros aparezcan frecuentemente abreviados. Ha llegado así a su fin un período literario, que había tenido gran importancia desde el siglo XVIII. Bernhard Overberg, que fue uno de los pedagogos escolares más importantes del siglo XIX, había escrito una de las armonizaciones bíblicas más notables: Historia del Antiguo y del Nuevo Testamento para la instrucción y edificación, especialmente para profesores, alumnos adelantados y padres de familia. Sacada de la Escritura actual y acompañada de algunas notas (Münster 1841). Para su época y para su propósito la aparición de este libro no puede dejar de considerarse como un trabajo digno de mención.Las Formas Literarias en la Biblia.
Sólo daremos con el acceso correcto al sentido de la Biblia si entendemos e interpretamos correctamente sus formas literarias. Y aquí la forma literaria no sólo ha de entenderse como género literario total, sino, con más frecuencia aún, como una manera de decir. En las páginas que siguen discutiremos sobre todo aquellas formas literarias que crean dificultades para la recta comprensión de las afirmaciones bíblicas. No vamos, pues, a ofrecer un compendio completo de las formas o géneros literarios de la Biblia.
El espíritu de las lenguas semíticas.
El espíritu lingüístico de los semitas ha marcado muchas de las imágenes y de las formas de narrar del AT y en buena parte también del NT. Se puede, por lo mismo, malinterpretar muchas declaraciones de la Biblia cuando no se capta el sentido y el espíritu que informan sus relatos y sus imágenes lingüísticas. Quien pretende penetrar en la comprensión de las palabra
s, no puede quedarse atado a la letra, sino que ha de avanzar hasta el significado.1. El pensamiento dinámico, propio de los pueblos semitas, introduce frecuentemente en lugar de los conceptos abstractos una palabra que designa las cosas perceptibles por los sentidos. Así, se habla no de "fuerza" sino del "cuerno," porque el cuerno del animal es el símbolo de su fuerza; de manera parecida se emplea el "brazo" por la fuerza (el brazo del Señor). La "roca" s
egura se convierte en la palabra símbolo de "Dios."Pero en la palabra dinámica a menudo también una cosa concreta es sustituida por otra: la "ciudad" que se extiende o que campea sobre el monte es suplantada en el lenguaje por la "pue
rta" (Tus puertas, ¡oh Jerusalén! Las puertas del infierno no prevalecerán...). Y es que en la puerta es donde más activa se muestra la vida de la ciudad, tanto para los que salen como para los que entran; las puertas cerradas constituyen su protección, las puertas abiertas dejan abierta e indefensa la ciudad. Por la misma vía de razonamiento, la puerta se designa a su vez por los "cerrojos." El instrumento del que se tienen vivencias personales confiere también un mayor dinamismo vivencial: así, la guerra se hace más presente por la "espada," el campo de cultivo por el "arado," y el vino por la "copa" o cáliz.Ese pensamiento dinámico conduce siempre a través de la palabra al mundo sensible. Y es eso en líneas generales lo que explica la marcada preferencia por las afirmaciones con verbos. El verbo es la afirmación del obrar, y comporta un mayor dinamismo que el nombre estático. Y d
entro del mismo verbo prevalece a su vez aquel que expresa procesos perceptibles por los sentidos; así, se dice por ejemplo, no que "él pensó," sino que "se dijo en su corazón." Muchos verbos se emplean en un sentido hiperbólico, sobre todo en las comparaciones. Uno de los verbos que más fácilmente puede inducir a error, si no se tiene en cuenta esa peculiaridad, es el verbo "odiar." Acerca de ese sentido verbal son típicos algunos pasajes neotestamentarios: quien sirve a dos señores "odiará a uno y amará al otro" (Mt 6:24); o en las palabras sobre el seguimiento de Jesús: "Si alguno viene a mí y no odia2 a su padre..." (Lc 14:26). En ambos casos "odiar" no puede tener otro sentido que el de "amar menos" o "tener en menos"; la dificultad está en que en otros pasajes ese verbo "odiar" ha de entenderse también en su sentido estricto de animadversión.El verbo es la palabra de la acción. Y se le prefiere porque en el pensamiento dinámico s
emita la primacía no la tiene el ser, sino el devenir y la acción. Y naturalmente esto cuenta sobre todo en la exposición. No se describe, sino que en el relato se hace surgir algo: "cielo y tierra" en el capítulo de la creación, el arca, la tienda sagrada, el templo. Ello se debe fundamentalmente a que en ningún pasaje del AT y del NT se da una teología del ser de Dios, sino que siempre se habla de la actuación divina; en la actuación de Dios se hace visible su esencia.2. El pensamiento colectivo-personal dota de una propiedad especial al estilo narrativo de la Biblia. No se puede decir que el narrador oriental de la Biblia piense colectivamente, ni tampoco que piense de un modo personalista. Ambas cosas se dan en él formando una síntesis peculiar. Piensa colectivamente, por cuanto que con la palabra 'adam señala a la humanidad; por cuanto que apunta siempre al conjunto, a la tribu, a la asociación tribal, a los "pueblos." Pero presenta lo colectivo en unas personas, en unos individuos: rekeb, "carro de guerra," significa también el "ejército de carros," o "tropa de carros"; la humanidad 'adam se convierte en el individuo Adán; la alianza tribal de Israel se traslada al padre y ancestro de las tribus, a Jacob, y Jacob se convierte en Israel; las distintas tribus pasan a ser los distintos hijos personales de Jacob. Igualmente, los edomitas se identifican con Edom o Esaú, los canaanitas con el nieto de Noé, Canaán, y los semitas con Sem, el hijo de Noé.
En esa manera de pensar colectivo-personal, que crea una determinada manera de decir, subyacen ciertamente algunas dificultades de comprensión; pero al mismo tiempo encierra también la amplitud de la palabra bíblica, que en lo particular puede siempre indicar el conjunto y el todo.
Números y simbolismo numérico.
Los números y su simbolismo son elementos importantes de la literatura bíblica. En nuestra literatura occidental empezamos preguntando si las cifras dadas son exactas y responden a la re
alidad; en cambio, en las piezas narrativas orientales, y muy especialmente en la literatura oriental antigua, la primera pregunta que se impone es la de qué significan esos números. Casi nunca han de entenderse como cifras absolutas, sino como símbolos de alguna afirmación. La afirmación se oculta detrás de los números, plantea con ellos un enigma ingenioso y da pie a un juego filosófico sobre los números y lo que pretenden decir. Este manual no puede presentar un artículo exhaustivo sobre tales elementos literarios; con todo, espero que el lector avisado y amigo de las comparaciones encuentre en esta exposición, sin duda sumaria y necesariamente incompleta, la suficiente información que le permita explicar también los "números" a los que aquí no se presta una atención explícita.1. Números perfectos, con una perfección derivada de diferentes sistemas numéricos, son:
a) El 10 (del sistema decimal): en las "épocas históricas" hay 10 generaciones desde Adán a Noé (Gen 5:1-32) y 10 generaciones desde Sem a Abraham (Gen 11:10-26).
En 10 plagas compendia el narrador elohísta las plagas de
Egipto (Ex 7-12).La Ley fundamental de Israel tiene 10 mandamientos, aunque ese 10 sólo se logra compe
ndiando las fórmulas preceptivas.El reino del Norte comprende 10 tribus, aunque para ello haya que incorporar al mismo la tribu de Benjamín en su totalidad, cuando es seguro que en parte pertenecía al reino de Judá.
En los Evangelios se presentan a Jesús 10 leprosos (Lc 17:12); en la parábola, la mujer tiene 10 dracmas (Lc 15:8); en la parábola de los talentos el hombre de noble alcurnia hace llamar a sus 10 siervos y les entrega 10 talentos, etc. Aunque el número 10 ya no tiene el profundo valor simbólico del AT, su elección está seguramente influenciada por su viejo valor simbolista.
b) El 4 como número de los puntos cardinales, como número universal
(en asirio, por ejemplo, "las cuatro regiones del mundo" significan el universo), pasa por ser así mismo un número perfecto. Es una expresión de la totalidad de lo creado; tal vez por ello hay 4 grandes profetas y 4 Evangelios. Pero, sobre todo, el 4 es un multiplicador preferido; multiplicado por 10, es el número temporal que se aplica a casi todo:40 días y noches hace Dios llover con ocasión del diluvio.
40 días pasó Moisés en el monte Sinaí.
40 años peregrinaron los israelitas por el desierto.
40 días duró la exploración del país de Canaán.
40 años descansó la tierra después de los distintos jueces (o un duplo del mismo).
40 años reinó David.
40 años reinó Salomón.
40 días y 40 noches peregrinó Elias por el desierto hasta el monte Horeb (1Re 14:8).
40 días y 40 noches ayunó Jesús en el desierto, y durante 40 días se apareció después de la resurrección a sus discípulos.
c) El 7 se presenta como el número querido por Dios en el ciclo lunar de 28 días. Si 28 se divide por el número de los puntos cardinales del cielo (el elemento locativo se entrecruzaba gustosamente con el elemento temporal) da 7 días:
El séptimo día es el sábado.
El séptimo año es el año sabático, y al cumplirse el ciclo de 7x7 años se celebraba el año jubilar.
7 parejas de animales puros hubo de introducir Noé en el arca.
7 vacas y 7 espigas vio el faraón en sueños, y José las interpretó como 7 años.
Y 7 (días) x 10 = 70: el número decimal perfecto, multiplicado por 7, da otro número de perfección, el 70, que se aplica sobre todo a los grupos de personas:
Por ello son 70 las personas que bajan a Egipto (Gen 46:7-27), 70 los ancianos, y finalmente, 70 los traductores de la Biblia griega.
En el número 70 se indican otras relaciones, derivadas del entroncamiento formal de la B
iblia en la visión oriental del mundo, y muy especialmente en la visión astrológico-mítica de los babilonios. El número 70 es "expresión, en el sistema numeral oriental, del ciclo completo del año y del ciclo universal (70 ó 72 semanas de cinco días y semanas de años) y de todo el ciclo mundial, que abraza a 70 pueblos" (J. Jeremias, Babylonisches im NT, 1905, p. 93).Los números señalados se hicieron especialmente populares los números 70 y 72, y más ta
rde, al establecer el consejo de los ancianos, ese número se entendió como un número sagrado.El 7 como número simbólico de la perfección, consumación, totalidad, etc., lo encontramos frecuentemente también en el NT. De María Magdalena se dice que Jesús había expulsado 7 d
emonios (Mc 16:9); igualmente en la parábola el espíritu malo expulsado llama a otros 7 espíritus peores aún que él (Mt 12:45). En la multiplicación de los panes Mateo habla de 7 cestos que se llenaron con los trozos sobrantes (15:37), y como diáconos se eligen 7 varones (Act 6:3).Finalmente, el Apocalipsis de Juan opera con el número 7 como cifra simbólica: el conjunto de las comunidades está representado por 7 de ellas (1:4), el libro está perfectamente sellado con 7 sellos (5:1), aparecen 7 ángeles con 7 plagas (15:1), etc.
El empleo de tal número simbólico impide naturalmente las más de las veces la enumeración. No se pueden enumerar los 7 espíritus malos de la Magdalena, porque ahí el 7 no ha de tomarse como un número exacto. Lo mismo debió de ocurrir con los 7 canastos de los panes sobrantes, cuyo número sólo señala la abundancia. Y aunque en los 7 diáconos se trata de un número perfectamente histórico, se eligieron 7 en razón justamente del simbolismo del número.
Se impone, pues, la necesidad de examinar constantemente lo que se pretende con el 7 ó con otras cifras similares.
d) El 12 (del año lunar), pues los 12 ciclos completos de la luna componen el año solar israelita:
12 tribus tiene Israel.
12 tribus menciona Gen 25:13s para Ismael.
12 tribus menciona Gen 36:10s para los edomitas.
12 profetas incluye el libro de los "Profetas menores."
12 apóstoles componen el séquito de Jesús.
Tanto el AT como el NT aportan otros muchos ejemplos de multiplicaciones por 12, como las 24 clases sacerdotales, los 24 ancianos (Ap 4:4.10), las 48 ciudades sacerdotales y levíticas; resultado de 12x12000 = los 144 000 señalados y escogidos de los que habla Ap 7:4-8.
2. Como número de intensidad se emplea también el 3, que a menudo se encuentra en esos números perfectos:
Tres veces habla el texto de la creación del hombre como imagen y semejanza de Dios (Gen 1:26.27), y tres veces insiste el texto creacionista en el carácter de criatura del hombre y en su dependencia del creador divino, mediante el verbo bar a' (él creó), que se le reserva a Dios.
3 testimonios acreditan a Dios o a un hombre.
Dios es 3 veces santo (Is 6:3).
3 son los sectores del recinto sagrado: vestíbulo, santo y santísimo.
3 veces es tentado Jesús.
3 veces anuncian los evangelistas la pasión.
También la expresión "al tercer" día referida a la resurrección — en vez de decir "después de dos días" — está seguramente inspirada por el 3 como número de intensidad.
3x40 será el número de los años del hombre (Gen 6:3).
3. El juego de los números exagerados. La ancianidad perfecta de 100 años (10 x 10) se convierte, añadiéndole 10 años más, en una ancianidad insuperable al alcanzar los 110 años (la edad ideal de los egipcios).
La edad perfecta de 120 años (10 x 12) se convierte así mismo en una vejez insuperable al alcanzar los 130, mediante la suma de 10 años más; aunque aquí el cómputo también puede h
acerse de otro modo: 3 x 40+10; éste es el número de años de Jacob (Gen 47:6) y aquél el de su hijo José (Gen 50:22); al momento del relato a los dos les corresponde una edad insuperable, pero no está bien que el hijo tenga una edad "insuperable" mayor que la de su padre.La fiesta de Tabernáculos duraba 7 + 1 día; es la fiesta y por ello se caracteriza por ese día de más.
El gran consejo (70 ancianos + Moisés = 71) se incrementa en una unidad en Lc 10:1 (los 72 discípulos de Jesús), a fin de hacer patente la superioridad del discipulado de Jesús frente al gran consejo del pueblo.
A la inversa, Abraham tiene 99 años (100 — 1) cuando el Señor estipula su alianza con él; los 99 años son aquí el símbolo de la imperfección; sólo a través de la alianza alcanzará el gran patriarca la edad perfecta y completa de 100 años (Gen 17:1).
También la recompensa de 30 monedas de plata que Judas obtiene por traicionar a Jesús es significante, ya que la compra de José se hizo por sólo 20 monedas de plata (Gen 37:28); en ese rasgo latente del Evangelio bien podría esconderse la idea de que la venta de José se veía como una imagen de la traición de que fue objeto Jesús, dentro de una concepción gene
ral de la vida de José como un vaticinio de la historia de Jesús. Por otra parte, eso significaría que el evangelista no sabía a ciencia cierta la suma del premio por la traición, o que consideraba secundaria su notificación. Para él sería más importante señalar, mediante la recompensa de las 30 monedas de plata, la superioridad de quien cumple las profecías (Jesús) frente al arquetipo (José).4. Juegos de suma. Tales juegos numéricos derivaban sobre todo del hecho de que los números se escribían con letras
.Así, mediante la adición de los valores numéricos de las letras que forman una palabra se puede llegar a significados o comparaciones misteriosas:
Las letras de la palabra masiaj (mesías), lo mismo que la de najas (serpiente) dan la suma total de 358:
8 + 10 + 300 + 40 = 358
300 + 8 + 50 = 358
Abraham tiene 318 siervos, cifra igual a la que resulta sumando los valores numerales de las letras que forman el nombre de su siervo Eliezer.
También las cifras de los hombres aptos para la guerra en el libro de Números tienen pos
iblemente como base esos juegos de adición. Esto no se puede afirmar de modo seguro, puesto que hasta hoy no se han explicado los números, pero cabe suponer con toda probabilidad que tienen un valor simbólico.En Ex 38:26 y Núm 1:46 el número total de los soldados de Israel es de 603 550; pues bien, la suma de los valores numerales de las letras que forman la frase "la suma de todos los hijos de Israel" da la cifra de 603 551 (¡cifra exagerada!).
Semejante juego de sumas define también el ordenamiento de la genealogía de Jesús en Mateo, que desde Abraham hasta Jesús cuenta 3 grupos de 14 nombres cada uno. El número 14 es el resultante de los valores numerales de las letras del hombre "David" (dvd = 4 + 6 + 4 = 14). "David," multiplicado por el número de intensidad 3, da el Mesías de la estirpe davídica. Esto no tiene por qué poner sin más en tela de juicio el árbol genealógico; simplemente significa que en el ordenamiento de la genealogía en 3x14 miembros o eslabones predominan unos elementos puramente simbólicos, que no pretenden transmitirnos datos históricos precisos sino proclamar al Mesías descendiente de David.
5. Los juegos de multiplicación. Existen así mismo multiplicaciones misteriosas. En casos concretos pueden ser totalmente caprichosas; pero su valor significativo no está en un caso aisl
ado, sino en los juegos de multiplicación comparables.Uno de los más interesantes de estos juegos son los datos relativos a la edad de los patria
rcas; ésta resulta de una complicada multiplicación.
Abraham: 175 años = 7 x (5 x 5);
7 + 5 + 5 = 17.
Isaac: 180 años = 5 x (6 x 6);
5 + 6 + 6 = 17.
Jacob: 147 años = 3 x (7 x 7);
3 + 7 + 7 = 17.
Es decir, el multiplicador empieza con el número perfecto 7 (Abraham), que es un número pr
imo, y pasa por el número primo 5 (Isaac) al número de intensidad 3 (Jacob), que así mismo es un número primo. Mientras que esos números 7, 5, 3 descienden, aumentan los números multiplicados por sí mismos del paréntesis: 5, 6, 7. Pero la suma de los tres números, que dan la respectiva edad del patriarca, es el número primo 17. Este complicado juego tiene probablemente otro sentido que nosotros ignoramos; pero seguramente pretende indicar que tampoco en la edad de los patriarcas hay nada casual, que su edad está determinada por Dios, aunque de hecho no alcanzasen la edad en cuestión; pero en tales cifras se expresa la fe en que Dios rige el mundo.De tales juegos multiplicadores derivan también otros datos veterotestamentarios relativos a la edad,
aunque no nos resulten patentes en todos y cada uno de los casos. En este sentido también puede consultarse el parágrafo sobre las creencias de los judíos en las letras.Mito y Biblia.
Mito y Biblia son realidades inconciliables; lo saben muy bien quienes han sacado sus conclusiones partiendo de la referencia a motivos míticos en la Biblia. El motivo no pasa de ser un vehículo. Lo único que importa es la respuesta a las preguntas de si la Biblia asume unas concepciones míticas, y si el motivo mítico mantiene en la Biblia un valor mítico de afirmación. Y la respuesta a tales preguntas tiene que ser negativa, si se tiene en cuenta el valor afirmativo de los relatos bíblicos. En cada caso lo importante es el conjunto de la narración. Se podría decir, ciertamente, que el paseo de Dios por el jardín de Edén podría no ser sólo un motivo mítico, sino un contenido mítico. Pero no es ése el sentido del relato: no se trata de contar el paseo divino, sino de condenar la desobediencia; no se puede hablar de mito, aun conservando ese motivo no "desmitologizado" por completo (véase el comentario a Gen 3:7-24). El paseo de Dios sirve a la escena y no al sentido de la narración.
Podría decirse igualmente que el arca de Noé es un mito tomado de la epopeya de Gilgamés; pero, en este caso no puede tratarse más que de un motivo, dado que toda la serie acerca de la historia de Noé no tiene otro sentido que probar el carácter terrible de la perversión moral y la misericordia de Dios, que pese a la persistencia del pecado establece una alianza con los hombres y los sustenta. En la epopeya de Gilgamés el contenido son las luchas y caprichos de los dioses, de lo que no hablan para nada los relatos de Noé. En la epopeya de Gilgamés falta cualquier motivación ética del diluvio, y al politeísmo fantástico del poema babilónico se contrapone el monoteísmo de los relatos noáquicos. En el hecho de que el narrador bíblico recoja motivos y fórmulas míticas en unos relatos configurados de una manera completamente distinta, hasta se podría rastrear una tendencia antimítica.
Pero hay otra conexión efectiva del lenguaje bíblico con el mito que no deberíamos pasar por alto. Desde siempre, en efecto, y como consecuencia de las imágenes míticas del mundo, se ha considerado el cielo como la morada de Dios en las alturas; el reino de los muertos y (más tarde) de los reprobos estaría abajo. Éstas y otras concepciones similares del mundo han marcado el lenguaje y las imágenes de la Biblia, incluidos el lenguaje y la imaginería del NT.
Antropomorfismos.
Realmente el hombre sólo puede hablar de Dios con expresiones antropomórficas; es decir, con frases que hablan de Dios cual si se tratase de un hombre (anthropos: hombre). Hasta hoy mismo no es posible hacerlo de otro modo. Cuando decimos que Dios mira d
esde arriba, cuando pedimos a Dios que no nos olvide, cuando le rogamos que no desate su cólera, cuando decimos que nos llama, y nos referimos al ojo de Dios, a su mano, a su brazo castigador, cuando hablamos del corazón de Dios, de Dios Padre y del Hijo de Dios... estamos empleando expresiones tomadas del mundo humano, y aunque para nosotros dicen algo importante acerca de Dios, no dejan de estar muy lejos de la realidad divina. Pero nosotros estamos como encerrados en la estrechez de nuestras representaciones y de nuestro lenguaje.Ello quiere decir que los llamados antropomorfismos de la vieja Biblia sólo difieren en gr
ado de los nuestros, pero no esencialmente; así que no tenemos motivo alguno para sentirnos superiores a la forma de expresarse del AT. ¿En qué consiste específicamente el lenguaje antropomórfico de la Biblia? En este sentido podemos distinguir tres estadios:1. Los antropomorfismos de las religiones primitivas y antiguas. La manera de hablar que presenta a Dios como un alfarero (en la creación del hombre), como alguien que se pasea por el jardín (relato del pecado original), se complace con el grato olor de los sacrificios (en el sacrificio ofrecido por Noé) y desciende del cielo para contemplar la torre de Babel, no cabe duda de que procede de una época en que el hombre todavía creaba los dioses a su imagen; algunos relatos de la Biblia, surgidos en el entorno de tales religiones, pueden muy bien haber conservado restos de esa vecindad. Mas como esas expresiones antropomórficas no constituyen el núcleo de la imagen de Dios que tiene la Biblia, tampoco habría que hacer demasiado hincapié en ellas.
2. Aparecen también los antropomorfismos en narraciones que presentan a Dios en estrecho contacto con los hombres. Tal ocurre en los relatos sobre Abraham, Moisés y, en parte también, en las instrucciones divinas a los profetas. Esa "manera humana de hablar de Dios" tiene evide
ntemente otra motivación, como lo advierte una mirada sin prejuicios al conjunto de tales relatos. No pretende tanto presentar a Dios a la manera humana, cuanto hacer palpables las estrechas relaciones de Dios con el hombre. Para ello, un narrador no dispone de otro camino que hacer hablar humanamente a Dios con los hombres. Cualquier otro intento acabaría en una abstracción confusa (véase para más detalles lo que se dirá a continuación sobre la palabra de Yahveh). Así se puede expresar también la convicción de que Dios está vivo y puede establecer un diálogo personal con el hombre.3. La tercera forma de los antropomorfismos del AT no se diferencia en modo alguno de la nuestra, aunque en ocasiones puedan resultar algo extraños y hasta chocantes a nuestros oídos. En ellos se habla de Dios cual si experimentase movimientos anímicos: Dios se deja persuadir, experimenta amor, se irrita, etc. A nosotros nos resulta extraño que sea un Dios "celoso." Mas como tales expresiones no pasan de ser reflejo de lo que ocurre en el mundo psíquico, el "Dios celoso" (Ex 20:5) sólo puede significar que Yahveh no tolera junto a sí a ningún otro dios — falso, por supuesto.
A nosotros nos resulta extraño que Dios "se ría" de sus enemigos. En realidad se trata de una expresión antropomórfica. No es que Dios se burle de sus enemigos, es que éstos no pueden alcanzarle con su hostilidad; y una persona, cuando está por encima de la furia de sus enemigos, se burla de ellos. Eso es lo que recoge la expresión, cuando se aplica a Dios.
Tales fórmulas son especialmente frecuentes en el lenguaje poético, junto con las fórmulas tomadas del lenguaje de las antiguas religiones naturistas (Dios ruge en la tempestad y murmura en el follaje, etc., etc.). Son fórmulas que contienen unas imágenes en el sentido más verdadero (cf. Os 11:8s).
4. El rechazo intencionado de los antropomorfismos es sin embargo patente en algunos capítulos decisivos del AT: por ejemplo, en los versículos que preceden a la creación del hombre a imagen de Dios, y en la ley que prohíbe las imágenes en la religión yahvista. Las religiones antiguas, que adoraban a sus dioses en la imagen, se crearon a menudo su imagen de la deidad sobre la pauta de su imagen del hombre. El texto del Génesis (1:26ss) invierte la relación: es el hombre el que es creado a imagen de Dios. Entre otras cosas late ahí una crítica al antropomorfismo. Que esa crítica surgiera precisamente en la cautividad de Babilonia — donde ese texto del Génesis adquirió su forma actual — hay que atribuirlo en buena medida a la observación de las efigies divinas realizadas por los hombres. Ningún hombre puede crear dioses, pero Dios sí puede crear al hombre.
El precepto de no hacer imágenes, ni siquiera de Yahveh (Ex 20:4), es a la vez la confesión de que Yahveh está por encima de cualquier imagen, incluida la del hombre. Cierto que ese mandamiento se emitió ante todo para impedir la confusión e identificación entre Dios e imagen divina; pero ahí precisamente se da también la superación de todo antropomorfismo craso. Con las imágenes de Dios la fantasía no hace más que alimentarse para representarse a Dios de un modo humano, demasiado h
umano. Así, el mandamiento contra las imágenes constituye una importante labor previa a la predicación del concepto superior de Dios que proclamarán los profetas israelitas y judíos.De todo ello resulta claro que las expresiones antropomórficas de la Biblia en el AT hay que valorarlas en el plano literario y no esencial. Por lo mismo, sólo nos acercamos a su sentido cuando, sin quedarnos en la imagen, buscamos el
tertium comparationis, es decir, lo que el poeta o el escritor quisieron expresar con ella.Palabra de Yahveh.
Continuamente utiliza la Biblia fórmulas como "dijo Yahveh," "dijo Dios," "palabra de Yahveh," "oráculo de Yahveh," "el Señor ordenó," etc. La visión clara del sentido de tales e
xpresiones es imprescindible para no caer en el romanticismo bíblico. Porque, en efecto, muchas personas creyentes se representan esa alocución divina cual si Dios, por ejemplo, se apareciera de repente a Abraham bajo algún tipo de forma fantasmal: lo tomase de la mano, le sacara a la puerta de la tienda y le dijera, mientras señalaba el cielo con su dedo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas si puedes... Así será tu descendencia" (Gen 15:5). ¿Qué significa, pues, ese "habló Yahveh"?1. En las narraciones históricas se puede leer, por ejemplo: "Yahveh dijo entonces a Josué: Mira, yo entrego en tus manos Jericó y a su rey, con sus valerosos guerreros. Vosotros, pues, t
odos los hombres de guerra, rodead la ciudad..." (Jos 6:2.3). O bien: "Samuel convocó al pueblo ante Yahveh en Mispá, y dijo a los hijos de Israel: Así habla Yahveh, Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto..." (1Sam 10:17.18). Y también: "Yahveh dijo a Samuel: ¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl...? Llena tu cuerno de aceite y vete adonde te envío, a la casa de Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí" (1Sam 16:1). O esto otro: "Y cuando estaban sentados a la mesa, la palabra de Yahveh le fue dirigida al profeta..." (1Re 13:20). En tales ejemplos está claro que se trata de una manera de decir que no puede entenderse al pie de la letra. Pero, ¿cómo ha de entenderse?En la "locución de Yahveh" juega un papel extraordinario la situación real. Como, según la fe de Israel, la situación efectiva es una situación creada por Dios, en ella "habla" Yahveh. Por ello los acompañantes de David en los refugios del desierto cerca de Enguedi pueden decirle: "Éste es el día que Yahveh te anunció cuando te dijo: Yo entregaré a tu enemigo en tus manos, para que hagas de él lo que te plazca" (1Sam 24:5). Por ello el autor de los libros de Samuel puede decir: "Entonces Jiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David con maderas de cedro y carpinteros y canteros, que edificaron el palacio de David. Conoció así David que Yahveh lo había confirmado por rey de Israel" (2Sam 5:11.12). Y por ello puede decir el narrador bíblico en los relatos sobre Elías, cuando refiere su huida forzosa del rey Ajab: "Después le habló Yahveh así: Vete de aquí..." (1Re 17:2.3). Cada situación viene producida por Dios, y su expresión lingüística — y hasta el recuerdo continuo de esa fe — es esta manera de decir, según la cual Dios ordena las consecuencias. Dios habla a través de la situación efectiva.
Esa fe es absoluta, reconociéndose incluso donde repugna a nuestro sentimiento. Cuando David ordena el censo del pueblo, que para el sentimiento moral israelita era una disposición contraria a Dios — porque sólo se censa el ganado, no los hombres —, dicho censo se atribuye pese a todo a una orden divina: "Volvió a encenderse la cólera de Yahveh contra Israel; por eso incitó a David en perjuicio de ellos, ordenándole: Disponte a hacer el censo de Israel y de Judá" (2Sam 24:1). Así pues, el censo no permitido se lo ordena Yahveh a David, castigando así a David por el censo y al pueblo por sus pecados (mediante el castigo del propio censo). Si se quiere tomar esa manera de decir del narrador al pie de la letra y en sentido estricto, el resultado será una imagen de un Dios muy alevoso. Pero, conforme a la manera de hablar de la Biblia, lo único que ahí se dice es que todas las situaciones son provocadas por Dios (y, por lo que hace a este pasaje, tal vez tendríamos que ser más cautos y decir que son permitidas por él); esa fe la expresa el narrador haciendo decir a Yahveh: "Disponte a hacer el censo de Israel y de Judá."
Pero cada situación reclama una acción política y soberana, y hasta en ocasiones una actuación bélica; también éstas son ordenadas por Yahveh mediante su "palabra." El trasfondo creyente que aquí se deja sentir es el convencimiento de que los dirigentes del pueblo han sido llamados por Yahveh; por eso "habla Yahveh" en sus decisiones políticas y militares. Puesto que el narrador conoce el éxito o el fracaso de la empresa política o militar, puede dar a la palabra de Yahveh la interpretación que la empresa tenía según su convicción creyente. Puesto que Jericó fue conquistada de hecho, puede hacer decir a Yahveh dirigiéndose a Josué: "Mira, yo entrego en tus manos Jericó y a su rey con sus valerosos guerreros" (Jos 6:2). De lo que no se trata aquí es de presentar a Yahveh vaticinando o anunciando algo, sino de presentar la toma de Jericó como una obra de Yahveh. Por eso "dijo el Señor a Josué..." Si la conquista de Jericó hubiera fracasado, faltaría esa palabra de Yahveh o, como en la explicación del censo antes citada, hubiera podido decir: Y te habría entregado Jericó y a su rey poniéndolos en tus manos, pero el pueblo ha despreciado mis mandamientos, ¿y cómo puede esperar entonces mi ayuda? En resumen, la "palabra de Yahveh" es la explicación del éxito o de las consecuencias. Aquí, en la toma de Jericó, eso quiere decir que ha sido Yahveh quien ha entregado la ciudad en manos de los israelitas, y que no ha sido Israel el que la ha conquistado (cf. además Jos 21:44.45).
Claramente aparece la misma actitud en la irrupción de Gedeón sobre los madianitas, cuando Yahveh le ordena reducir a trescientos el número de combatientes, para que Israel no pueda decir que ha sido él quien ha triunfado sobre Madián (Jue 7:2).
De modo similar, las disposiciones organizativas y administrativas del caudillo, juez o rey se atribuyen a una palabra de Yahveh. "Habló luego Yahveh a Josué y le dijo: Habla así a los hijos de Israel: Señalad entre vosotros las ciudades de refugio que os prescribí por medio de Moisés..." (Jos 20:1.2). Aquí el sentido de esa manera de decir puede ser también el de acentuar el carácter de voluntad divina que tienen las ciudades de asilo y otras instituciones. Pero el sentido último es el reconocimiento de que Yahveh actúa a través de los dirigentes de su pueblo. A los ojos de los incrédulos, esto o aquello se debe a Josué, a Gedeón, a David; es mérito suyo; pero a los ojos de los creyentes es obra de Yahveh, es creación benevolente suya. Por eso "habló Yahveh," "dijo el Señor," etc.
2. Los usos de Israel o de "los pueblos" gentiles pueden ser así mismo una "palabra de Yahveh." El ejemplo más claro de esto es el denominado anatema bélico: "Así habla Yahveh Sebaot (de los ejércitos): Tengo presente lo que hizo Amaleq a Israel... Ahora, pues, vete a derrotar a Amaleq y condénalo al anatema con cuanto le pertenezca… Darás muerte a todos, hombres y mujeres, adolescentes y niños de pecho, bueyes y ovejas, camellos y asnos" (1Sam 15:2.3). Esta palabra de Yahveh se la transmite Samuel a Saúl.
Tales preguntas pasan por alto el sentido de la fórmula "Así habla Yahveh." No es una orden directa y explícita de Yahveh para exterminar al pueblo de los amalequitas; más bien el narrador bíblico ve manifestada la voluntad de Yahveh en el uso bélico entonces en vigor. Según la concepción israelita de la historia no puede darse ninguna práctica de guerra que no se deba a Yahveh; por ello la aplicación de tales usos, incluido el anatema del exterminio, lo atribuye la concepción israelita indirectamente a una palabra de Yahveh. En consecuencia puede decir Samuel: "Así habla el Señor de los ejércitos: ...Darás muerte a todos, hombres y mujeres, jóvenes y niños de pecho..."
El uso general convierte así el cruel anatema bélico en una orden de Dios, exactamente igual que eran órdenes de Dios otros usos que el profeta o el dirigente del pueblo practican, pudiéndolos incluir en una "palabra de Yahveh." La mayor parte de tales usos han pasado a ser leyes en la Biblia, sobre las que aquí vamos a decir algo en concreto.
3. Las leyes de Israel están formuladas como "palabras de Yahveh." No sólo los diez mandamientos, sino que también las leyes relativas a la pureza y al culto (incluidas las disposiciones sobre la construcción y montaje del tabernáculo) se regulan hasta en sus mínimos detalles con "palabras de Yahveh."
En el fondo late el mismo convencimiento que hemos expuesto en el apartado 1, al hablar de la voluntad de Dios que dirige a los rectores políticos y militares del pueblo. En ellos, la que ordena es la voluntad de Yahveh. Son per
sonas que han alcanzado el poder por voluntad de Yahveh, ya que nada ocurre fuera del alcance de la misma; por eso, sus actos y palabras de orden (léase: las leyes) son "palabra del Señor." Y así, aunque se trata ciertamente de un recurso literario cuando en las narraciones bíblicas se presentan esas leyes como emanadas directamente de Dios, de la interpretación de esa forma literaria no se puede concluir que tales leyes no procedan de Dios. Han sido otorgadas por él a través de Moisés, de Josué, de David, de los sacerdotes; y cuando se las inserta en una narración, que muestra cómo Moisés por ejemplo recibe las leyes directamente de Dios, lo que se pretende es dejar patente la obligatoriedad de dichas leyes.4. En el lenguaje profético aparece con especial frecuencia y singular énfasis la expresión "dice el Señor" u "oráculo de Yahveh." Y evidentemente en ese contexto quiere significar que el profeta proclama y anuncia la voluntad o el juicio de Dios. El profeta anuncia desde la sabiduría de sus intuiciones sobre la acción de Dios en el acontecer mundano, desde su conocimiento de que Dios es un vengador justo e incorruptible, desde su conocimiento de la "ley del Señor" que él medita constantemente y cuya transgresión provoca la desgracia, desde su vocación que lo constituye en centinela del cumplimiento de las ordenanzas de Yahveh, desde la conciencia de ocupar un lugar importante en la historia de la salvación; desde todos esos estímulos proclama el profeta "la palabra del Señor."
Todo ello quizá no crease dificultades para entenderlo debidamente, si a menudo los relatos no incorporasen una comunicación literal de las palabras de Yahveh al profeta; véase, por ejemplo, 2Sam 7:5-16. Pero tales comunicaciones de Dios a un profeta, introducidas con la fórmula "habló Yahveh" u otras parecidas, no quieren decir que Yahveh hablara de una manera sensible a ese profeta, como tampoco lo pretende decir la fórmula "Y habló Dios a Josué." No se entienden tanto como un proceso cuanto como una manifestación de la fe de que la orden de Dios se hace vigente y válida en la palabra del profeta. La forma épica la pone de relieve la duplicidad del texto, como se ve especialmente en los preceptos de Yahveh, que Dios le da en el monte Sinaí y que más tarde se repiten en gran parte palabra por palabra (compárese Ex 26:1-6 con Ex 36:8-13; Ex 26:7-14 con Ex 36:14-19; Ex 26:15-30 con Ex 36:20-34, etc.). O, para tomar un ejemplo de los escritos proféticos, el capítulo 7 del libro de Amos: "Esto me mostró el Señor Dios en una visión: He aquí que él formaba langostas cuando empieza a crecer la otoñada, la otoñada que sigue a la siega del rey. Cuando estaban terminando de comer la hierba de la tierra, dije: ¡Señor Yahveh, perdona, por favor! ¿Cómo subsistirá Jacob? ¡Es tan pequeño! Yahveh se apiadó por mi intercesión, y dijo: No sucederá" (Am 7:1-3). El profeta proclama aquí la misericordia de Yahveh bajo la forma de un diálogo que mantiene con Dios; pero en modo alguno quiere ello decir que Dios se haya dirigido al profeta de una manera sensible y con palabras humanas.
Lo cual tampoco significa en absoluto que Dios no haya hablado a través de los profetas. De lo que aquí se trata exclusivamente es de que la fórmula "Y habló Yahveh" sólo se puede entender de modo recto no como algo directo y sensible sino en el sentido de que Dios habló a través de los profetas, a los que ordenó comunicar su voluntad, sus castigos y consuelos. Y por ello precisamente es la Biblia palabra de Dios: porque contiene las comunicaciones que Dios transmitió por medio de unos hombres. Dicho de otro modo: lo que hoy llamamos inspiración lo expresa a menudo el narrador bíblico haciendo que en el proceso narrativo Dios mismo dirija su palabra al profeta.
5. En las historias de los patriarcas puede observarse otra variante del "habló Dios." Ahí aparece la narración bajo el aspecto especial de mostrar la dirección del pueblo posterior de Israel ya en sus ancestros. Es decir, estos relatos se apoyan en el convencimiento de que Yahveh no es sólo el Dios del presente, sino que desde siempre ha sido el Dios del pueblo israelita, incluso antes de que pudiera hablarse de ese pueblo como tal. Ya entonces actuaba Yahveh en favor de su pueblo Israel.
Pues bien, ese convencimiento lo manifiesta el narrador no con palabras escuetas y abstractas, como nosotros acabamos de hacerlo, sino escribiendo la historia de los patriarcas de un modo que podríamos llamar dramático: como un diálogo entre el Dios que actúa en la historia y los patriarcas en persona. Eso significa que malinterpretamos los relatos cuando los tomamos al pie de la letra; más aún, corremos el peligro de pasar por alto la doctrina esencial de que Yahveh formó al pueblo de Israel partiendo de las minúsculas familias de los patriarcas. La importancia no está en las anécdotas idílicas entre los dos interlocutores de turno, Dios y el respectivo patriarca; lo importante es el conjunto de las historias que iluminan con tanta claridad la acción rectora de Dios. Sobre este punto, véase también el capítulo Vocación e historia, y la sección sobre los patriarcas en el libro del Génesis.
6. Finalmente, en los capítulos sobre la historia de la humanidad (Gen 1-11) el "habló Dios" contiene otro matiz, ya que se refiere al Dios que crea y ordena el mundo con su palabra, que con su palabra exhorta y juzga a los hombres, superando así el estrecho marco de la historia de Israel y de su entorno. Donde mejor se advierte esto es en Gen 1:1-2:4a, el primer relato de la creación, que forma parte del escrito sacerdotal, aunque el mentado matiz lo
manifiestan también otros textos antiguos. Con ello la "palabra de Dios" se sitúa en lo absoluto y universal; ya en los textos del yahvista se tienden los raíles que conducen al monoteísmo efectivo y espiritual. Quien advierte claramente que "oráculo de Yahveh," "habló Dios" y otras fórmulas similares cada vez más se convierten dentro de la literatura de Israel en expresión del Dios que lo hace todo en la historia israelita, advertirá no sin emoción que en Gen 1-11, la historia de los orígenes o los capítulos sobre la humanidad, ese "habló Dios" se ha convertido en la palabra que todo lo realiza.Historiografía bíblica.
La historiografía de la Biblia a menudo es objeto de falsas interpretaciones, porque se la lee con una mentalidad distinta de la que ella misma ha empleado. Si comunico a alguien, mediante carta, que voy a viajar a Valencia — la ciudad del Turia —, y esa persona intenta localizarme en Valencia de Don Juan (León), ciertamente no nos encontraremos. En una situación parecida est
arían los lectores de la Biblia que pretendieran juzgar la historiografía bíblica con los criterios de lo que ellos entienden por historia. Si en el fondo eso es lo que ocurre con todo lo relativo a la Biblia, la cuestión adquiere muy especial importancia con su historiografía, que difiere en varios aspectos de la nuestra. Hay, pues, que intentar conocerla en sus peculiaridades, si queremos entender rectamente sus textos.1. La historiografía bíblica es una historiografía de sentido. Lo importante no es el acont
ecimiento externo, sino la tendencia de ese acontecer. Y esa tendencia, naturalmente, sólo puede establecerse desde una gran distancia del suceso externo. Con lo cual los detalles del mismo, por una parte, resultan inseguros y, por otra, carecen de importancia.La tendencia del acontecer, que los historiadores bíblicos establecen echando una mirada retrospectiva a la historia del pueblo, era la salvación de Israel de los grandes peligros que continuamente le amenazaban: el pueblo de Israel, lejos de sucumbir, siguió viviendo; desde unos comienzos insignificantes se convirtió en un gran pueblo (época de David y de Salomón) o en un pueblo con dos Estados independientes (época de los reyes sucesores de Salomón). Eso es algo que sólo Yahveh ha podido llevar a cabo.
Otra tendencia del acontecer se les hace patente a los desconocidos historiadores proféticos de Israel cuando contemplan la infidelidad de su pueblo a Dios. Los graves reveses que el pueblo ha sufrido se les aparecen como castigos divinos; pero que ese Dios castigador se detenga siempre ante el último paso, la aniquilación, es para ellos un signo de la clemencia divina, de la paciencia de un Dios que eligió a Israel como su pueblo: el pueblo que debe darle culto a él, el Dios verdadero.
En esa historiografía los sucesos particulares carecen de importancia — como ya hemos dicho —, y a quienes los exponen les pareció perfectamente posible descubrir la tendencia del acontecer incluso en situaciones inventadas, pues se trataba de tiempos cuyas peculiaridades ya no podían saberse con exactitud. Y les pareció importante mostrar esa tendencia del acontecer, que se debía a Dios, no sólo con un lenguaje doctrinal y seco, sino presentando como escenas reales las situaciones entre Dios y el hombre.
2. La historiografía bíblica es una historiografía popular. A los profetas desconocidos, que por primera vez configuraron los relatos tribales en un libro con exposiciones históricas, no les preocupaba trazar una historia para intelectuales griegos (que por lo demás tampoco ex
istían por entonces); ellos escribían para semitas, para semitas sencillos, campesinos y pastores, que a la vez eran siempre soldados. Y si querían contarles "historia," sólo podían presentársela en forma de "historias"; es decir, tenían que presentarles el acontecer de siglos en narraciones concretas y pintorescas, palpables y llenas de vida. Y para ello importaba muy poco si los detalles particulares respondían o no a un acontecimiento real. Interesaba mucho más que la historia concreta entrase en la marcha general de los sucesos — respondiera a la "tendencia del acontecer," a la que ya nos hemos referido —, que ellos conocían por la fe y que querían enseñar con vistas a la fe.Por ello, entre los recursos de esa historiografía se contaba también la tradición; en ciertos casos hasta podía tratarse de una historia inventada. Lo importante no era el acontecimiento pa
rticular, sino el sentido de la historia narrada. Que el joven David, el hijo menor de Isaí, hubiera sido ungido efectivamente por Samuel no era tan importante como el hecho de que así se le presentaba a David como el elegido por Dios para rey, y de que en él Dios había exaltado al más pequeño: era el hijo menor, del que ni siquiera su padre Isaí pensó que pudiera ser el joven al que Samuel buscaba. ¡Y esto no es más que un ejemplo!3. La historiografía bíblica es una historiografía referida al presente, que no expone ningún hecho con vistas a la "historia en sí," sino siempre en su relación con el aquí y el ahora.
Cuando leemos las grandes tablas de los pueblos y de las tribus, con sus registros genealógicos desde Adán, Noé, Sem, Cam y Jafet, desde Abraham, Jacob y los doce patriarcas de las tribus, acostumbrados como estamos a pensar según las categorías de la investigación genealógica, espontáneamente nos formulamos la pregunta: ¿Es correcta esa descendencia? Mas para el historiador y los oyentes orientales de los tiempos antiguos esos registros tenían el sentido de exponer las relaciones de parentesco permitidas y no permitidas, lejanas y próximas, y enseñar, por ejemplo, que Edom y Moab estaban emparentados con Israel, pero que debían evitar su trato; como debían evitar el de los cananeos, separados de la descendencia bendita de Sem por la maldición de Noé, y "éstos son los hijos de Cam y de Canaán..."; así sabían que los calebitas y los yerajmeelitas, etc., habían de considerarse como hijos de Israel, porque eran descendientes de Judá (es decir, pertenecían a su casa), aunque con anterioridad fueran tribus o clanes extraños a Israel (cf. 1Cró 2:1ss). Así pues, las "genealogías" no enseñaban la descendencia y sucesión real, sino las exigencias que se les planteaban a los vivos; de ahí que la "genealogía" también pudiera cambiarse.
O bien: cuando los hombres que redactaron el escrito sacerdotal incorporaban las leyes culturales y rituales a la época de Moisés y a la legislación del Sinaí, no es que pretendieran presentar algo reciente como si fuera antiguo, sino que mostraban la obligatoriedad de las leyes posteriores incorporándolas a los relatos antiguos del pacto del Sinaí. No eran, pues, propiamente hablando leyes de finales del siglo VI ampliadas con incorporaciones de los siglos X-IX, sino que toda la Ley se situaba narrativamente allí donde siempre la situaban los relatos de instrucción al pueblo. La enseñanza evolucionada estaba contenida en la vieja instrucción (del Sinaí), y por tanto pertenece a la misma.
4. La historiografía bíblica es una historiografía simbólica. Esto se relaciona con la "historiografía de sentido," así como con la "historiografía popular" y la "historiografía referida al presente." Pero su simbolismo no aparece tanto en las cosas cuanto en dos géneros de símbolos, que en apariencia se excluyen: en las personas y en los números.
Las personas de la historiografía bíblica no pueden ser valoradas todas por igual. Así, Abraham, Jacob, Moisés y Josué tienen, por ejemplo, un valor histórico distinto del que tienen los tres hijos de Noé, los doce hijos de Jacob y los hijos de José, que fueron Manases y Efraím. Doquiera que la Biblia se presenta con unos sistemas hay que preguntarse si no subyace algún simbolismo en ese sistema y en las personas que lo llenan. Ahora bien, hay un sistema en los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet; y un sistema en la división de los pueblos. De ahí que esos tres hijos de Noé no sean personas reales, sino personas simbólicas para establecer la división tripartita de los pueblos.
Y un sistema subyace en las tribus, todas las cuales se remontan a un ancestro epónimo, de los que se habla cual si de los hijos reales de Jacob se tratase: Rubén, Simeón, Leví, etc. Pero tales hijos sólo simbolizan las tribus — como también los hijos de José — y la sucesión de sus nacimientos a sus diferentes madres. La diversidad de sus caracteres y actos dice algo sobre las
tribus, de las que son personajes símbolos. Sin duda que el patriarca Jacob tuvo hijos; pero no es eso lo que interesa sobre todo al escritor de los relatos bíblicos.La narración sólo se convierte en historiografía popular cuando habla de personas que son también personas símbolos. La historiografía de sentido se hace más densa cuando expone los sucesos providenciales de la época primera y del pasado más cercano los refiere a personas y no a realidades sociales más o menos anónimas. Y la historiografía r
eferida al presente se hace más vinculante, cuando el individuo tribal se ve en la narración frente a su patriarca y no frente a una tribu originaria inabarcable.También la transposición de la historia e historias de emigración de una tribu o de algunas tribus al conjunto de las tribus deriva de la misma postura de una historiografía simbolista. Ya
hveh es un Dios que castiga a la vez que salva. E importaba presentarlo como algo que cuenta y obliga al presente. Él salvó de Egipto a los antepasados del Israel viviente. ¿No ha librado con ello a todo Israel? Para lo cual es indiferente que Israel estuviera formado exclusivamente por el pueblo peregrinante que escapó de Egipto. Ese pueblo peregrino llegó a Canaán como una parte de Israel. ¿Es que por ello no ha sido todo Israel el que ha estado en peregrinación? En cualquier caso los autores profetices y desconocidos de la Biblia presentan el tema de modo que todo Israel se sienta obligado al Dios salvador. Esas historias siguen contando hasta hoy ¡y no sólo para el Israel antiguo!5. Listas y documentos fueron las primeras formas que la historiografía bíblica tomó de la literatura usual: eran listas tribales, listas de reyes, cuerpos legislativos. En la típica historiografía bíblica se utilizaron simplemente como materia prima. En ningún lugar de la Biblia se ofrecen tales documentos por sí mismos, para que se sepa, por ejemplo, quién era rey, o para ilustrar qué ley o leyes estaban en vigor entonces o después. La visión causal del historiador bíblico, que cre
a esas conexiones y que quiere mostrar la acción de Dios, reelaboró esos documentos estáticos siempre en el sentido de su exposición dinámica.Sobre todo las listas pertenecen a los géneros más primitivos de la historiografía antigua y muy especialmente la oriental (incluida la bíblica), aunque las afirmaciones de tales listas no siempre puedan entenderse como históricas en el sentido que nosotros damos al adjetivo. Nat
uralmente, las listas más antiguas no fueron redactadas como listas con una validez histórica; eran noticias para la praxis, que más tarde los escritores de los antiguos libros bíblicos utilizaron en parte como afirmaciones históricas.Así, se encuentran en 2Sam 8:16-18 y en 20:23-26 dos listas de funcionarios de David casi iguales, con la indicación de sus oficios: en cierto modo se trata de nóminas que, en razón de su contenido, se convirtieron en documentos históricos. Sin duda tales listas procedían de dos fue
ntes distintas, aunque para el redactor la duplicidad de los documentos era tan importante que incorporó las dos en diferentes pasajes.En 2Sam 23:8-39 se encuentra también una lista de paladines o "héroes de David"; es decir, una lista de soldados que constituían un grupo incondicionalmente leal al rey.
Y al igual que 2Sam aduce las listas con funcionarios de David, también 1Re 4:1-19 enumera los hombres que administraron el reino de Salomón.
También 1Cró trabaja con listas abundantes, y precisamente con listas históricas de ese tipo: héroes de David (11:10-47), seguidores de David (12:1-23), séquito presente en la entronización de Hebrón (12:24-41), etc. La última de las aquí mencionadas muestra en cualquier caso que las listas de esa índole no siempre son históricamente fiables, pues precisamente en 1Cró 12:24-41 la fantasía ha participado en la exposición.
De modo totalmente distinto hay que valorar algunas listas genealógicas. Pues, o bien se trata de extractos de nombres de narraciones populares sobre los iniciadores históricos de ciertas formas de vida, que más tarde se ordenaron en listas sucesorias. Con esas listas, especialmente las relativas a personajes de la historia primitiva, se quería conectar a la humanidad y a los pueblos de la Biblia con sus orígenes (como se hace con las personas coetáneas de las que se puede trazar una larga genealogía).
Entre tales genealogías se cuentan, por ejemplo, las listas de los descendientes de Caín (Gen 4:17-22) y de los de Set, otro de los hijos de Adán (Gen 4:25-5:32).
Especial importancia revisten para el AT las tablas de pueblos, una de las cuales enlaza con la maldición y las bendiciones de Noé sobre sus hijos: Gen 10:1-32. Ahí no se puede hablar de historia; pero los nombres de los "hijos" y "descendientes" de Jafet, Cam y Sem forman tres grupos, cuyos miembros tal vez no coincidan por completo, pero que el escritor de ese capítulo los ha ordenado según los vio más tarde Israel: pueblos neutrales, pueblos hostiles y pueblos ligados al mismo con un parentesco más o menos lejano.
Una cierta seguridad histórica proporcionan así mismo las listas de las tribus. Véanse, por ejemplo, los capítulos sobre la tribu de Judá en 1Cró 2:3-4:23 y compárense con otras tribus, como las de Simeón (1Cró 4:24-43), Rubén (1Cró 5:1-10), etc., hasta llegar a la lista de la familia de Saúl (1Cró 9:35-44).
La misma abundancia de nombres la consideran muchos como producto de la fantasía. Y, sin embargo, la frase de 1Cró 9:1 no habría que considerarla como una fórmula pretenciosa: "Todo Israel fue registrado en las genealogías e inscrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá." Es completamente seguro que hubo registros con nombres meritorios en la guerra y en la administración. Y aunque no se pueda establecer exactamente en qué años se redactaron tales registros y, por lo mismo, tampoco se pueda fijar qué es lo que se agregó en épocas posteriores, sin duda subyace una cierta seguridad histórica, si bien no acerca de los estadios iniciales de las tribus.
Antes de cerrar estas consideraciones habría que decir aún una cosa: las distintas familias de las tribus conservaban sus árboles genealógicos, a veces con la indicación de algunas gestas (por ejemplo, 1Cró 8:29-33: "En Gabaón habitaban: Yeiel, padre de Gabaón, cuya mujer se llamaba Maaká, y su hijo primogénito Abdón, al que siguieron Sur, Quis, Baal, Nadab, Guedor, Ajyó, Zéker y Miqlot. Miqlot engendró a Sima. Y también ellos habitaron con sus hermanos en Jerusalén, junto a ellos. Ner engendró a Quis, Quis a Saúl..."). Los árboles genealógicos de la familia se sabían de memoria, y así fue perfectamente posible su incorporación a los libros sagrados.
La división y distribución de la tierra que se les asignó a los israelitas como propiedad (así lo esperaban y creían ellos) aparece en varios lugares del AT en forma de listas: en Jos 12 ("Éstos son los reyes del país derrotados por los hijos de Israel, quienes se apoderaron de sus territorios al otro lado del Jordán"); en Jos 13:1-14 (la tierra de la que todavía han de tomar posesión); en Jos 13:15-33 (la repartición de las tierras al este del Jordán); en Jos 14 (la distribución del territorio al oeste del río), y en Jos 15-21 (la asignación de tierras a las distintas tribus de Israel).
Éstas y otras listas parecidas hay que valorarlas como datos históricos. Muchas de esas listas describen situaciones ideales. La mayor parte se consignaron en tiempos en que ya reflejaban unas situaciones efectivas, incorporándolas después a los capítulos históricos que hablan de una época en que todavía había que conquistar el país. Y como el tiempo y la evolución política continuaban, en época posterior volvió a cambiarse lo consignado.
Las pocas listas del NT no pueden sorprendernos a poco que tengamos en cuenta la abundancia de listas veterotestamentarias. Aun así hay algo que puede extrañar al lector del NT: el que todavía afloren en el NT formas tan antiguas como esas listas. El razonamiento que a veces se hace, en el sentido de que los escritores del NT han trabajado intencionadamente con viejos géneros literarios porque querían precisamente ampliar la Biblia antigua, es un razonamiento sin base: ellos no pretendían ampliar "la Biblia" ¡nadie pensó en ello! Habría que decir más bien que los primitivos autores del NT eran tan buenos conocedores de la Biblia (es decir, del AT), que con toda espontaneidad utilizaron los géneros y formas literarias de su Biblia. Y así entraron también los dos árboles genealógicos de Jesús en el NT (Mt 1:1-17 y Lc 3:23-38). Las fórmulas de esas genealogías presentan la misma forma que las del AT; más aún, tales textos genealógicos están tomados en buena parte de textos parecidos del Antiguo Testamento (cf. 1Cró 2:3-15).
Esas listas genealógicas de Jesús apuntan también a otro tipo de listas que figuran en el AT y especialmente en el escrito sacerdotal: cuando se quiere presentar a una determinada persona en conexión con una figura histórica conocida, admirada y venerada, se construye una genealogía especial (cf. Gen 5:1ss; 6:9ss; 10:1ss; 11:10ss; 11:27ss; 25:12ss; 25:19ss; 36:1ss). De manera parecida se han montado las dos listas genealógicas de Jesús: hijo de David, hijo de Abraham (Mt 1:1-17). Con ellas se quería decir que Jesucristo es la meta y cumplimiento de las promesas hechas a Abraham y a David. Con un propósito un tanto diferente recoge Lucas en su Evangelio el árbol genealógico de Jesús, al contar entre sus antepasados a David, Abraham, Sem, Noé, Adán, "y Adán procedía de Dios" (Lc 3:38). Hasta las listas de los doce apóstoles están configuradas según los esquemas utilizados por los escritores del AT en tales enumeraciones: Mt 10:2-4; Mc 3:16-19; Lc 6:13-16; Act 1:13.25-26.
6. La historiografía bíblica es la historiografía de la humanidad. Una vez reconocido el fu
ndamental sentido kerigmático de los primeros capítulos del Génesis (desde la creación del mundo hasta la torre de Babel), tal vez podamos guardarnos de considerar esos capítulos como "históricos." Sin ningún género de duda, no lo son en el sentido de una exposición de hechos particulares. Mas como todo este prólogo, insuperable y cargado de sentido, a toda la Biblia se sirve de formas narrativas históricas, que también pretenden exponer algo histórico, sería no entenderlo el no querer aceptarlo como parte de la historiografía bíblica. Pero, ¿en qué sentido es historiografía dicho prólogo?Para la historiografía de sentido, que representa la tendencia del acontecer, dicho prólogo es el gran tematizador del motivo que comprueba esa tendencia del acontecer ya en los comienzos: castigo y consuelo; asesinato y Dios que castiga; pecado, diluvio y liberación de los justos; org
ullo y castigo. Pero esa serie de procesos elementales de la humanidad se introduce con la referencia cósmica a la soberanía de Dios, que hizo el cielo y la tierra.Así pues, aunque los hechos particulares, tal como se reflejan en los relatos contienen historias con su sentido proporcionan a la historia de Israel el gran trasfondo histórico de los orígenes de la humanidad. Y con ello se señala a la vez que la historia de Israel no ha de entenderse simplemente como una historia nacional.
Tres particularidades pueden señalarse, a modo de ejemplo, en la historiografía característica de la Biblia.
7. Las vocaciones o llamamientos son un tema frecuente en los más diversos relatos histór
icos de la Biblia. En la imagen histórica de la Biblia se hace singular hincapié en que Dios es el que da principio, el que opera y lo crea todo. No opera el hombre, sino que Dios opera en él. "A los potentados derribó del trono, y elevó a los humildes" (Lc 1:52), eso es algo que la Biblia pone continuamente de relieve. Por ello hubo Gedeón, por ejemplo, de despedir a los combatientes y quedarse sólo con trescientos hombres para el ataque contra los madianitas, a fin de que no se pudiera luego decir que Israel había triunfado. ¡La victoria la da Dios! (Jue 7). Las historias del yahvista y los libros de la historiografía deuteronomista contienen relatos con referencias muy antiguas a la vocación, y hablan de madres cuyos hijos llegan sólo mucho después y gracias a una especial misericordia de Dios; son madres que durante mucho tiempo han carecido de hijos.Así, Rebeca sólo después de largo tiempo tiene a sus hijos Esaú y Jacob; este último aparece en la Biblia como padre de las doce tribus de Israel. Así, Raquel, la mujer preferida de Jacob, la madre de José, del que después se contará la historia maravillosa en que salva en Egipto a sus hermanos, los hijos de Jacob, que allí habían acudido en tiempos de hambre. También Sansón, que durante veinte años combatió contra los filisteos como juez de Israel, fue hijo de una mujer estéril hasta su co
ncepción, y el ángel del Señor le vaticinó su embarazo (cf. Jue 13:1-25). Este mismo fue el caso de Ana, la madre de Samuel, que llegó a serlo después de habérselo pedido a Dios en Silo y de que el sacerdote Eli se lo vaticinase. Después de dar a luz a Samuel se lo consagró al Señor (1Sam 1:1-28)... Y Juan, el "precursor de Jesús" sólo lo tuvo su madre Isabel tras una larga esterilidad (cf. Lc 1:5-25 y el comentario).En estos casos de paternidad tardía se trata siempre de patriarcas, de dirigentes y de grandes personajes del pueblo. Ya en la historia de su nacimiento debe quedar patente que su grandeza y poder no los logran por sí mismos. Es Dios quien los engrandece — por el bien de su pueblo y en virtud de su santo nombre —, al igual que empieza por otor
garles la vida. Eso es algo que se aplica a cualquier niño, pero cobra especial relieve a través de padres viejos y de madres ancianas, con alumbramientos de vientres hasta entonces estériles. De ahí que nada pierdan de su sentido. El oyente de tales relatos expone a través de esas historias de hijos largamente esperados en vano y que después nacen por intervención divina — cosa que los relatos siempre subrayan — justamente lo que tiene que aprender: que Dios es el Señor de la historia y que el recién nacido estaba predestinado por Dios desde el comienzo para un cometido especial, y que lo que realizó y lo que de sus hechos ha derivado es, por ende, una realización divina.En una historia diferente, aunque emparentada con el género, aparece la vocación de Mo
isés: al recién nacido lo colocó su madre en un cestillo de juncos, ya que de lo contrario los esbirros del "nuevo rey" de Egipto, que iban a la caza de niños, lo habrían matado (véase comentario a Ex 2:1-10). Y así salvó y llamó el Señor a Moisés, primer caudillo del pueblo de Israel. Otra vocación más explícita de Moisés adulto la refiere Ex 3:1-4:17.En varias historias se relata la vocación de David como rey de Israel. Después de haber r
echazado Dios al rey Saúl, Samuel es enviado a la casa de Isaí, en Belén, para ungir como rey a uno de sus hijos; pero el destinatario no era ninguno de los siete hijos que Isaí presentó al profeta; lo era precisamente el octavo, que estaba guardando las ovejas. Y fue a él a quien Samuel ungió por rey de Israel: al hijo menor de Isaí en el que nadie había pensado. Pero Dios sí que lo tenía en cuenta (1Sam 16:1-13). La historia de David y Goliat (1Sam 17:12-58) constituye una segunda historia vocacional en el mismo sentido. David venció al gigante que alardeaba de campeón invencible de los filisteos. Lo cual significa que sólo puede ser vencedor aquel a quien Dios ayuda; y así lo fue el joven David, signo evidente de su vocación. Y como signos de su vocación han de valorarse en general todas las historias de los relatos davídicos que narran su liberación de las persecuciones de Saúl. Porque Dios conserva siempre al hombre al que ha llamado para rey (1Sam 18:8ss).Las vocaciones de los profetas están construidas, por lo que se refiere al contenido, con imágenes similares: Isaías (6:1-13) empieza con el cuadro grandioso del Señor "sentado en un trono alto y elevado" (6:1-4). Frente a esa excelsitud siente el profeta la impureza de sus labios, que uno de los serafines purifica con un carbón ardiente (6:5-7). Después exclama la
voz del Señor: "¿A quién enviaré?" Y el profeta responde: "Aquí estoy yo; envíame" (6:8). Y sigue luego, en forma de diálogo detallado, el encargo que el Señor le hace de profetizar, indicándole con qué llamadas ha de despertar y corregir al pueblo (6:9-13).La vocación del profeta Jeremías la refiere el propio interesado con la presentación y las palabras del Señor. El esquema es similar al de la vocación de Isaías: en lugar del cuadro grandioso aparece la palabra del Señor, que le descubre su vocación, ya predeterminada desde la más remota antigüedad: "Antes de formarte en el seno materno te conocí, desde antes que nacieras te consagré y te constituí profeta de las naciones" (1:5). A lo que Jeremías se resiste: "Mira que no sé hablar, pues soy un niño" (1:6). "Luego Yahveh alargó su mano y, tocando mi boca, me dijo: He aquí que pongo mis palabras en tu boca" (1:8-10).
El texto sobre la vocación de Ezequiel combina las dos formas (parecidas) de Isaías y de Jeremías, señalando el lugar, el tiempo y el tema en el título: "Se abrieron los cielos y tuve visiones divinas" (Ez 1:1-3). Y sigue la descripción de Dios con poderosas imágenes poéticas (1:4-28). Después le habla la aparición: "No temas... Escucha lo que voy a decirte. Abre la boca y come el libro enrollado... Ve a la casa de Israel" (2:1-11). Y obediente, acepta Ezequiel su vocación: "Entonces el espíritu me elevó y me arrebató... y llegué hasta los deportados" (3:12-15).
La vocación de los (primeros) discípulos de Jesús no es abundante en palabras: primero dice el evangelista quiénes fueron a los que Jesús vio: los hermanos Simón Pedro y Andrés. Se señalan la profesión y el lugar de trabajo: eran pescadores del lago de Genesaret, y cuando Jesús los vio estaban faenando (Mt 4:18). En ese mundo irrumpe la palabra de llamada dé Jesús: "¡Seguidme! (y os haré pescadores de hombres). Ellos, inmediatamente, dejaron las redes y lo siguieron" (4:19.20). A esa vocación siguió la de los hermanos Santiago y Juan. El texto vocacional se estructura exactamente igual que los dos versículos precedentes. También ellos están en su trabajo cuando Jesús los llama, y sin más dejan la barca y a su padre y se van tras Jesús (4:21.22). Se advierte una cierta gradación ascendente, toda vez que los dos jóvenes abandonan también a su progenitor. La misma disposición presentan estos textos vocacionales en Mc 1:16-20.
También en Lucas (5:1-11) la disposición es la misma, aunque precede a la vocación un sermón de Jesús desde una de las barcas (5:1-3) y la pesca abundante sobre la palabra de Jesús (5:4-9); es decir, que el evangelista antepone al llamamiento la presentación de Jesús y del mundo laboral, un poco más claramente dibujado, de los pescadores llamados.
La frase "Yo os haré pescadores de hombres" se encuentra en el texto vocacional de los tres Sinópticos. Muchos biblistas consideran verosímil que esta frase haya sido incorporada a la historia del llamamiento sólo al comienzo del período misional.
La vocación de Leví/Mateo pertenece también a los textos vocacionales del NT (Mt 9:9-13; Mc 2:13-17; Lc 5:27-32). No se trata tanto de la vocación en sí, cuanto de la manera en que el llamado siguió el llamamiento. Mateo estaba sentado en su despacho de cobrador de impuestos; lo vio Jesús y le dijo: "Sígueme." Y él se levantó y lo siguió (Mt 9:9). El evangelista quiere decir que ésa es la forma adecuada de recibir una vocación: ¡Hay que seguirla sin titubeos! Ese seguimiento inmediato lo destaca también Marcos (Mc 2:14). Y Lucas refuerza la imagen de la decisión sin vacilaciones al decir: "Y éste, dejándolo todo, se levantó y lo seguía." (Lc 5:28).
Pero quizás habría que subrayar la serie de estos pequeños relatos vocacionales en un sentido algo distinto de como suele hacerlo la exégesis espiritual. En efecto, seguir a Jesús no significa abandonar el propio círculo profesional, sino asumir a Jesús en ese círculo, como lo hizo Leví/Mateo al invitar a Jesús a su casa (Mt 9:10.11; Mc 2:15; Lc 5:29). Y también, que Jesús no llama porque el llamado sea perfecto, sino precisamente porque es un enfermo, cosa que el evangelista hace decir a Jesús (Mt 9:12-13; Mc 2:16-17; Lc 5:30-32).
La vocación de Pablo la relata Act 9:1-19. El texto de esa vocación enlaza con los relatos de apariciones en los capítulos que los Evangelios dedican a la resurrección de Jesús. Y con ella enlaza también el propio texto por su contenido, pues precisamente en los relatos de las apariciones se trata repetidas veces del encargo de misionar dado a los discípulos, y de un encargo misional se trata en definitiva en la historia de la aparición a Pablo ante las puertas de Damasco.
Y éstas no son más que algunas de las historias de vocación que la Biblia cuenta. Pero, como ejemplos, pueden ilustrar otros relatos vocacionales y hacernos entender su peculiaridad.
8. La tierra prometida es otro de los temas que caracterizan y especifican la historiografía bíblica. Los narradores y escritores creyentes del tiempo posterior a la conquista del país (aproximadamente desde el 1100 a. C) estaban persuadidos de que sólo Dios podía hacer al pueblo un regalo tan espléndido como el que Yahveh había hecho a su pueblo Israel con la tierra de Canaán. Pero como Dios no obra al acaso ni sin un plan, cuando ellos hablaban de los tiempos anteriores a la conquista, no hablaban sino de "la tierra prometida," del país destinado a los israelitas. Y ello porque en una historia finalística, que se desarrolla bajo la guía de Dios, es por supuesto la tierra implícitamente "prometida" a la que apunta y tiende esa historia como un objetivo (provisional). Que Abraham acudiera a esa tierra, que la eligiera y deseara como la tierra de sus descendientes, fue inspiración del Dios vivo — según el saber creyente del narrador bíblico —, aun cuando Abraham no lo percibiese con tanta nitidez como lo dice Gen 12:7:"A tu posteridad daré yo esta tierra." La promesa de la tierra en el diálogo de Dios con Abraham no es más que el modo en que el narrador cuenta la historia del primer germen de la conquista del país, el modo en que refiere el primer encuentro de los antepasados de Israel con la tierra de Canaán. Después que el Señor hubo entregado efectivamente a Israel dicha tierra supo el narrador bíblico que el camino hacia aquel país arrancaba con la entrada de Abraham en Canaán. Abraham no supo, pues, que su deseo y su empeño era la promesa del Señor; pero sí lo supo el narrador o redactor, y por ello pudo expresarlo como lo relató al final.
Siempre que en las historias de los patriarcas aparece el tema de la "tierra prometida" hay que tener en cuenta estas circunstancias: el narrador relata de tal modo que parece que los patriarcas han recibido personalmente la promesa oral de Dios y que tienen conciencia de esa promesa; pero no lo hace para "falsear" la verdad (como a menudo podía leerse en la crítica antisemita de los hebreos) sino para dar a entender que ya los patriarcas fueron guiados por Dios hasta Canaán.
Ya con las historias de Moisés la "tierra prometida" entra en un nuevo estadio. Es posible que dicha expresión la haya introducido Moisés en la historia del pueblo de Israel. El que los hebreos de Egipto hayan pensado en un retorno resulta más que dudoso. Después, cuando en la tribulación de los trabajos forzados bajo unos faraones "que ya nada sabían de José," tomó Moisés la decisión de poner en marcha a su pueblo, necesitó de una consigna entusiasta y arrebatadora. Al enlazar con la estancia en Canaán de los patriarcas llegados de Mesopotamia y que habían creído encontrar en Canaán la tierra que Dios les había dado a ellos y a sus descendientes para siempre, es decir, al enlazar Moisés con aquella situación histórica, pudo decir que no era Egipto sino Canaán el país de los hebreos egipcios: aquélla era la tierra prometida por Dios ya en tiempos de los patriarcas. Sobre ello trazó su plan de emigración y con la consigna "¡Volvamos a la tierra prometida (por Dios)!" ganó secuaces entre los hebreos de Egipto. La proyección de este concepto de la "tierra prometida" a las historias de los patriarcas se planteó como una tarea a los narradores de toda la historia del pueblo, y la cumplieron según certifican los libros bíblicos, y como ya queda expuesto.
9. La imposición de un nombre o el cambio del mismo es también un motivo que destaca en el carácter general de la historiografía bíblica. El nombre como expresión del s
er es algo corriente entre los orientales. Y es así mismo corriente entre ellos que el poseedor o propietario tenga que dar el nombre. Por ello, cuando en las historias de Abraham se habla del cambio de "Abram" en "Abraham" y de "Sarai" en "Sara," se hace patente la doble tendencia que con ello se quiere expresar: Abraham y Sara reciben una distinción, pero al propio tiempo se dice que son propiedad de Dios.El cambio implícito del nombre del hijo de Saúl Isbaal en Isboset ("varón de la vergüenza"), entendido sin duda como un elogio de David — Isbaal había defendido contra David su trono sobre una parte de Israel —, influirá para siempre en la postura del lector hebreo de la Biblia frente a Isbaal.
La colación de un nombre y el cambio del mismo, que el pueblo entendía en general, se aplica en el relato — aunque a veces de una manera ahistórica, como por ejemplo, en Abraham, en Sara, y sin duda también en Jacob , que se convierte en Israel — como un dato histórico para poner de relieve la tendencia del acon
tecer.Salmos y oraciones.
Cincuenta y siete salmos llevan en la Biblia hebrea el título de mizmor; como el verbo z
amar significa "pellizcar," "pulsar" y de él se deriva el sustantivo mizmor, quiere decirse que se trata de canciones que se acompañaban con un instrumento de cuerda, sin que necesariamente tuvieran que ser canciones religiosas. En griego el instrumento de cuerdas se llama psalterion, y la pieza interpretada con un instrumento así se denomina psalma; con lo que "salmo" es la traducción real de mizmor. La designación entró más tarde en el lenguaje eclesiástico del cristianismo aplicándose a todos los cantos de dicha colección. La Sinagoga los llama tehilim (alabanzas), lo que igualmente sólo conviene a una parte de dichos cantos.La numeración
de los Salmos no ha sido siempre igual; hoy tenemos que resignarnos todavía a una numeración doble. Damos la correspondencia entre la numeración hebrea, por una parte, y la de Septuaginta y la Vulgata latina, por otra:|
Salmos hebreos número |
corresponden en Septuaginta y Vulgata número |
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1-8 |
1-8 |
|
9/10 |
9 |
|
11-113 |
10-112 |
|
114-115 |
113 |
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116:1-9 |
114 |
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116:10-19 |
115 |
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117-146 |
116-145 |
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147:1-11 |
146 |
|
147:12-20 |
147 |
|
148-150 |
148-150 |
Pero el número de 150 Salmos, aunque en ambas enumeraciones se logra tan armoniosamente, es en el fondo artificial, pues realmente los Salmos 19, 27, 40 y 144 son dos cánticos en cada caso, mientras que otros con numeración distinta deberían formar unidad. Las tradiciones textuales hebreas más antiguas no todas separab
an los Salmos con titulares tan netos como los que tenemos ahora; por ello la división habría que atribuirla al traductor griego y latino o al re-elaborador del texto hebreo.Los Salmos no están estrictamente ordenados ni por su contenido ni por su uso litúrgico; pero se encuentran ciertos grupos que apuntan a un cierto origen común; los hay también que indican que el Salterio se ha formado con varias colecciones de cantos:
El Salmo 1 hay que considerarlo como un prólogo tardío, común a toda la colección.
Son 73 los Salmos en los que el texto hebreo atribuye su autoría a David en el título; de ellos, la mayor parte se encuentran en la enumeración seguida que llega hasta el Salmo 72(71). Mas no todos esos Salmos pueden ser realmente de David; es algo que n
os consta con certeza por el análisis de la forma lingüística.Asaf, Hemán y Yedutún (llamado también Etán) son los nombres de tres cantores que dir
igían las veinticuatro clases cantoras del servicio litúrgico. El músico y cantor Asaf fue puesto por David en primer puesto, cuando fue trasladada a Jerusalén la tienda de la alianza.Al regreso del destierro (538 a.C.) se mencionan 128 (según otra tradición, 148) cantores entre los "hijos de Asaf" que vuelven a casa. La importancia de Asaf puede colegirse por
los doce Salmos (50:73-83), que probablemente formaban un salterio cerrado, antes de la reunión de los cinco libros de Salmos. Los Salmos de Asaf se caracterizan por un estilo particular, siendo típicas la imagen de Dios como pastor y las referencias retrospectivas a la historia.Hay once Salmos que se designan como cantos de los hijos de Coré (o Qóraj). Los qorajitas aparecen en Núm 26:58 como una familia levítica. Los Salmos de "los hijos de Qóraj" son los números 42(41), 44(43)-49(48), 84(83), 85(84), 87(86), 88(87). Son Salmos que se distinguen por sus sentimientos líricos, a la vez que testimonian un gran amor al templo y a Jerusalén.
Así como los escritos de Moisés se dividieron en cinco libros, también en la redacción final la totalidad de los Salmos se dividió en cinco libros, y en esa forma el Salterio se ha convertido desde el siglo VI a.C. (desde Esdras y Nehemías) en uno de los libros más importantes de la lit
eratura universal. Los cinco libros comprenden estos Salmos:Libro I abarca los Sal 1-41 (numeración hebrea).
Libro II Sal 42-72.
Libro III Sal 73-89.
Libro IV Sal 90-106.
Libro V Sal 107-150.
El ordenamiento de los Salmos (aunque no siempre resulte claro) vino determinado por su utilización en el servicio sinagogal.
Los Salmos reunidos en libros se caracterizan por ciertas peculiaridades que evidencian la intervención de personas cultas y con grandes conocimientos literarios, tanto en las redacciones parciales como en la redacción final:
En el libro I (números 1-41 (40)) se emplea preferentemente el nombre divino de Yahveh (hasta 273 veces), mientras que la palabra 'elohim sólo se encuentra 15 veces. En el libro IV (números 90-106 (89-105)) el nombre Yahveh aparece 103 veces, y nunca el apelativo de 'elohim. En el libro V (números 107-150 (106-150)) la distribución de los nombres divinos es Yahveh en 236 ocasiones, 'elohim en 7 solamente; proporción que se invierte en el libro II con evidente predominio de 'elohim (164 veces por 30 de Yahveh). Todo ello refleja o bien las diferentes épocas en que se formaron los distintos libros o bien las diversas reelaboraciones (sustitución de Yahveh por 'elohim en el libro II). En cualquiera de los casos esa diversidad nos enseña que existieron colecciones parciales antes de que se reuniese el Salterio en su forma actual, y que en la reunificación continuaron de alguna manera yuxtapuestos los distintos grupos.
Para la mayor parte de los Salmos se señala como época de composición la de David, hasta poco después de la cautividad de Babilonia; algunos pueden ser más antiguos y otros más recientes.
Los Salmos presentan ritmos libres, que en sus enunciados prefieren ciertos paralelismos ideológicos, aunque existe una gran diversidad en tales paralelismos. Veamos algunos ejemplos:
En el Sal 1:1 se encuentra un paralelismo puro por lo que se refiere a la localización:
Dichoso el hombre,
que no sigue el consejo del impío,
ni en el camino del errado se detiene,
ni en la reunión de los malvados toma asiento.
Un paralelismo ascendente confiere a esos paralelos locativos una dinámica propia:
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo del impío,
ni en el camino del errado se detiene,
ni en la reunión de los malvados toma asiento...
Otro ejemplo de paralelismo ascendente lo proporciona el v. 2:
Si no que en la ley divina se complace,
y sobre ella medita día y noche...
En el texto original se repite dos veces la "instrucción" o ley divina, y el paralelismo se intensif
ica con la complacencia y la constante meditación.Pero esos paralelismos no sólo se encuentran en los hemistiquios (o medios versos) o en los versículos sucesivos, sino que se recogen a lo largo de varias líneas:
Es como árbol plantado en los arroyos,
que...
y sus...
en todo...
No así son los impíos,
Si no como la paja que se lleva el viento.
En ocasiones se proyecta una luz especial sobre el paralelismo mediante el "quiasmo" (así ll
amado por la letra griega χ = ji) por cuanto que los miembros no aparecen absolutamente paralelos, sino que se intercambian en forma de cruz. Tenemos un ejemplo en la conclusión del Salmo 1, que traducida literalmente para mostrar la estructura quiástica dice:"Pues conoce el Señor el camino del justo,
pero el camino de los impíos va a la perdición."
Sigue, pues, a la primera línea un paralelismo antitético, subrayado a su vez por una posición cruzada de sus miembros con la palabra "camino" como eje (A)
. Esquemáticamente tenemosA b
b A.
Se trata sólo de unos ejemplos de un principio poético formal ciertamente muy importante.
Ya desde la composición del Salterio se advirtieron sus distintas características, se recon
oció con asombro su pluralidad y las diferentes situaciones vitales en que cada Salmo había surgido. Formas anteriores de estos cantos se cambiaron en determinadas épocas para acomodarlos a nuevas situaciones. La investigación actual se ocupa de tales cambios. Así se ha llegado a catalogar los Salmos en distintos géneros literarios: cantos de alabanza (himnos); cantos de lamentación, que se transforman en plegarias; lamentaciones del pueblo y lamentos de particulares; cantos de acción de gracias colectivos y particulares; cantos de peregrinación, cantos reales, cantos de sabiduría y salmos mesiánicos.Los Salmos no son únicamente manifestaciones acerca de Dios por cantores divinamente inspirados, ni son sólo alabanzas divinas, sino que son también diálogos entre el hombre que ll
ora, ruega y peregrina, y Dios que exhorta, consuela y sale al encuentro.Unas pocas observaciones sobre algunos Salmos pondrán de relieve algunas características de los mismos.
Salmo 1: los dos caminos. "Dichoso el hombre" (en el original: "bienaventuranzas del varón") que saca consecuencias de su fe en Dios. Pues, los impíos no son los que no creen en Dios — eso era algo que la antigüedad bíblica no conocía —, sino quienes creyendo en Dios obran cual si Dios no existiese. La misma exclamación "¡Dios no existe!" (Sal 14(13):1) no niega la existencia divina, sino únicamente la posibilidad de una justicia punitiva. Mas quien medita día y noche la ley del Señor será recompensado, ya en esta tierra.
La recompensa es un viejo principio jurídico en Israel, principio válido también en lo religioso. Dios retribuye la infidelidad de su pueblo hacia él retirándole su ayuda. Por ello el varón piadoso es "como árbol plantado en los arroyos" (v. 3); no como un árbol plantado en cualquier sitio, sino cual árbol que tiene agua durante todo el año; imagen vigorosa en una Palestina de veranos sedientos. Los impíos, por el contrario, son dispersados como la paja, que el viento dispersa en las eras.
La misma vida se convierte en juicio. Sólo el justo, el que cumple la ley de Yahveh, vivirá
feliz.Este Salmo 1 se considera como un canto de introducción al conjunto del Salterio. Por ello al principio no se contaba en la numeración sino que el Salmo 2 aparecía como el primero. Así, por ejemplo, en la proclama de los Hechos de los apóstoles (Act 13:33) en que se cita Sal 2:7, hay traducciones antiguas con la referencia frecuente de "como ya está escrito en el Salmo pr
imero."El autor y la antigüedad del Salmo 1 nos son desconocidos.
Salmo 2: el Señor y su ungido. Desde la más remota antigüed
ad se considera como salmo de David; en Act 4:25 es puesto "en boca de nuestro padre David, tu siervo."Queriendo situar el contenido del Salmo en la historia de David, su redacción habría tal vez que situarla en la época de las guerras davídicas contra los ammonitas y los árameos, pues es en ese tiempo cuando se reúnen efectivamente los grandes (2Sam 10:6) contra el Señor y su ungido, o sea, el rey David.
Las "coyundas y cadenas" (v. 3) están tomadas del lenguaje campesino; se trata de las cue
rdas y correas con que se unce el animal de tiro al yugo.En el v. 7, en que canta el rey sus relaciones con Yahveh, hace decir al Señor: "Tú eres hijo mío." Estas palabras corresponden exactamente a la fórmula de adopción del código de Hamm
urabi, en que el adoptante debe de decir: "Tú eres hijo mío." La segunda parte del oráculo, "Yo te he engendrado en este día," se refiere con toda probabilidad al día de la unción, por la que al elegido se le confería la nueva existencia de hijo especial de Dios. De esa unción habla ya la primera estrofa, cuando dice que los pueblos se levantan "contra el Señor y contra su ungido." (v. 2)También se le menciona en el Salmo al rey David por su condición de pastor: "Tú los p
odrás batir con vara férrea" (v. 9); es decir, con el cayado de pastor. Que en la frase paralela se aluda a la ceremonia mágica de los egipcios, que escribían el nombre de sus enemigos en una vasija y la rompían, destruyéndolos de alguna manera ya antes de la batalla propiamente dicha, es algo que no nos consta, aunque bien podría ser.Que además el Salmo se haya entendido posteriormente como un vaticinio mesiánico, es algo que conviene recordar marginalmente. Por lo demás, ese vaticinio mesiánico recurre con toda espontaneidad, pues que a un rey ideal no se le puede asignar un reino limitado sino que se le ha de atribuir una soberanía universal
Salmo 8: dignidad del hombre. El título hebreo califica el Salmo como de David. Una breve explicación a dos de sus afirmaciones: "¡Cuan grandioso es tu nombre sobre toda la tierra!" (v. 2). El nombre compendia el ser o al menos la importancia de una cosa. Así como otros pueblos conjuran mágicamente en la imagen a un animal, cazándolo o "adueñándose" mágicamente del mismo ya antes de la caza, así también el nombre de un ho
mbre o de Dios es la persona misma del uno o del otro: "De cuanto existe ha sido ya pronunciado el nombre" (Ecl 6:10). "Desecho de un pueblo, raza sin nombre..." (Job 30:8). "Tú, Yahveh, estás en medio de nosotros, y sobre nosotros se invoca tu nombre" (Jer 14:9). "Y el faraón Nekó proclamó rey a Elyaquim, hijo de Yosías, y le cambió el nombre por el de Yoyaquim." (2Re 23:34) El cambio de función y de valía de un hombre comporta un cambio de nombre. (La colación de un nuevo nombre al entrar en una orden religiosa, la elección de nombre para el nuevo papa y hasta incluso un cambio de nombre al casarse, son cosas que tienen que ver con estas concepciones)."Has hecho al hombre sólo un poco inferior a los ángeles" (v. 6), es como traducen algunas versiones, entre ellas la griega de los LXX y la Vulgata latina; pero en el texto hebreo se dice que Dios "ha hecho al hombre un poco inferior a Dios." Texto que muchos prefieren, porque encaja perfectamente con Gen 1:26 y porque allí precisamente se dice que el hombre
debe "dominar sobre los peces del mar...," etc. Hemos de admitir que el salmista alude a esa fe. Por lo demás, Gen 1:26 da también la posibilidad de traducir por "ángeles," pues en la deliberación "Hagamos al hombre" se veía el establecimiento de un diálogo entre Dios y los ángeles.Salmo 22: certeza de la salvación a pesar de las tribulaciones. Corresponde este Salmo al número 21 en la numeración de la Vulgata. En el título hebreo se dice que es "salmo de David," cuestión que queda pendiente frente a otr
as posibilidades, pues son muchos los salmos atribuidos a David, aunque hayan sido redactados por otros.A propósito del autor y de las circunstancias que motivaron este Salmo, se ha buscado alg
uno de los grandes perseguidos de la época bíblica, sin que se haya encontrado una solución satisfactoria. De ahí que la respuesta sólo pueda ser genérica: un hombre piadoso, castigado por la enfermedad, se lamenta ante Dios de su desamparo. El convencimiento de que Dios envía las enfermedades y tribulaciones como castigos pone en sus labios la pregunta: "¿Por qué me has desamparado?" A pesar de todo espera en Dios.En la historia de las ideas de Israel este Salmo es importante, porque representa una liberación de la doctrina mecanicista de la recompensa. Dios retribuye con castigos, y los padecimientos son retribuciones divinas: tal es la vieja doctrina. Y no es que el cantor de este Salmo combata la fe tradicional de que Dios hace justicia enviando castigos y sufrimientos. Pero el Salmo se opone a la posible conclusión de que todas las penalidades sean castigo de Dios. Se encuentra el salmista en una conexión ideológica con el "siervo de Yahveh" de Isaías, que también sufre siendo justo; y en ese sentido también puede interpretarse rectamente como un texto mesiánico, al igual que se hace con el de Isaías.
El Salmo es de una importancia singular porque Jesús lo recitó en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Esa palabra de Jesús en la cruz no es sino el comienzo del Salmo 22. De ahí que la exégesis desde los primeros tiempos haya referido detalles importantes del Salmo a los dolores y muerte de Jesús; lo que en parte ha condicionado las traducciones — algo parecido a lo sucedido con Is 53.
Salmo 23: el Señor es mi pastor. Corresponde a la numeración 22 de la Vulgata. Pasa por ser un salmo de David, y David huyendo de Saúl representa un trasfondo muy verosímil para la datación del cántico.
La imagen del pastor era familiar a los pueblos de Oriente. Los reyes se veían a sí mismos gustosamente como pastores de sus pueblos. También los israelitas fueron un pueblo de pastores, incluso después de la conquista de Canaán; por este motivo, el pastor representaba para ellos una imagen bien lograda de la solicitud en favor de los demás. (David había sido pa
stor; pero su pastor es el Señor: "El Señor es mi pastor...") Las imágenes del Salmo se mueven dentro de la existencia pastoril: frescos pastos, lugares de reposo junto a las aguas, le guía por los rectos caminos que llevan a los pastos, el reposo y los abrevaderos. De todo ello se cuida el Señor en favor de su rebaño y, fiel a su nombre, ¡se compromete a ello como pastor!El pastor Yahveh es un pastor fuerte; su cayado me protege (su "bastón y su cayado") de los animales salvajes (David frente a los perseguidores enviados por Saúl y frente al mismo rey de
sconfiado).La parte segunda abandona la imagen del pastor para pasar a la imagen del anfitrión. David vive, tiene para comer, y el rey Saúl lo sabe; tiene que ser testigo de cómo David sobrevive. Qu
izá David, entonces oculto, recordase su unción regia: "Con aceite unges mi cabeza." (v. 5) Pero el versículo tal vez pretende simplemente completar la imagen de quien prepara un banquete, pues el anfitrión daba también oportunidad a su invitado para que se lavase, se ungiese y arreglase. Y no permite que la copa del invitado esté vacía (v. 5), más bien, según la costumbre oriental (costumbre que por lo demás también se practica todavía hoy en España y Francia), el anfitrión se encarga de llenar continuamente la copa, apenas su invitado ha bebido un poco.El cantor se siente justo, por ello le recompensa Dios con una vida dichosa.
Salmo 51: petición de perdón. En el Salterio griego y en la Vulgata figura como Salmo 50. En el texto hebreo aparece este título: "Salmo de David. Cuando, después que se hubo unido a Betsabé, vino a encontrarle el profeta Natán." Aunque muchos consideran estas palabras como un añadido posterior, hemos de reconocer que el contenido del Salmo podría referirse a ese p
ecado de David (2Sam 12). Pero, naturalmente, el canto podría haberlo escrito también otro poeta y por motivos diferentes. En la súplica por la purificación se menciona el hisopo, del que trataremos más adelante.Las últimas líneas (vv. 20 y 21) proceden evidentemente de la época posterior al destierro, cuando se intentaba reconstruir el templo. Pero lo importante — que ese apéndice esclarece — es que entonces se recitaba el Salmo, que es una confesión de culpa personal, como una confesión de culpa del pueblo, reservándolo a
l mismo tiempo para siempre a la comunidad mediante la inserción de los versículos 20 y 21.Salmo 72: el rey pacífico. En la numeración de la Biblia griega y de la Vulgata es el Sal 71. Se refiere a las grandes injusticias, de las que tenemos testimonio en la época de la división de los dos reinos también por lo que respecta al reino de Judá. En esa época el salmista desconocido pide un rey ideal, bajo cuya soberanía los "oprimidos del pueblo" (v. 4) vuelvan a recuperar su derecho.
El Salmo puede haber sido redactado como una súplica en favor del soberano reinante, y en esa súplica hay una oración por el rey absolutamente justo del futuro. Con lo cual se convierte en un salmo mesiánico.
Las últimas líneas: "Bendito sea el Señor..." (vv. 18-20) ya no pertenecen propiamente al mismo Salmo; más bien han de entenderse como una doxología o alabanza que cierra el libro II de los Salmos, cuya última pieza es precisamente el Sal 72(71).
Salmo 84: la alegría en el santuario. En las Biblias griega y latina, Sal 83. El título del Sa
lmo en el texto hebreo reza: "De los hijos de Coré." Los qorajitas fueron un grupo de cantores del templo, pero a los que también estaba reservada la guarda de la puerta del santuario (1Cró 26:1). Desde este punto de vista ha de considerarse el Salmo, si queremos reconocer su primer estrato: un hijo de Coré canta su nostalgia del templo, en el que por el momento no puede prestar sus servicios contra su voluntad.Sobre la imposibilidad de realizar ese servicio, sólo cabe formular hipótesis. ¿Quizá porque el templo había sido cerrado bajo el gobierno de alguno de los reyes idólatras de Judá? ¿O po
rque se daba culto a los ídolos? La conclusión del Salmo encajaría con esta hipótesis, ya que podría contener una referencia indirecta al rey que no confía precisamente en Yahveh (v. 13).Salmo 99: el Dios santo de Sión. En los Salterios griego y latino, Sal 98. Este Salmo, cuyo autor desconocemos, parece ser un canto de júbilo y acción de gracias después de superado el peligro del que Yahveh ha liberado a su pueblo: "Reina el Señor, los pueblos se conmueven" (v. 1). Signo de su reinado es que tiene su trono sobre querubines (v. 1), lo que puede ser ciertame
nte una expresión general de la realeza, mas también puede ser una referencia a la tienda de la alianza y al templo de Salomón. De ahí que la composición del Salmo se feche por lo general antes de la destrucción del templo salomónico y de la desaparición de la tienda de la alianza; por tanto, antes del destierro de Babilonia. (Jeremías pudo haber escondido la tienda en el monte Nebó). Para la justicia de Yahveh (v. 4).El podio o escabel (v. 5) para los pies formaba parte del trono, con lo que el poeta sigue moviéndose de lleno en la imagen de Dios presentado como rey soberano.
Para la columna de fuego (v. 7), véase el artículo sobre la teofanía.
Formalmente el Salmo se caracteriza porque sus primera y segunda estrofas se cierran con la exclamación: "¡Santo es el Señor!," en tanto que la tercera lo hace con una frase más desarrollada: "Santo es el Señor, nuestro Dios." Tales exclamaciones son las respuestas del pueblo al canto de los cantores que dirigían el coro. Puesto que la triple exclamación "Santo" recuerda a Is 6:3, bien podría tratarse de una interpretación bíblica de dicho texto.
Salmo 104: canto de alabanza al Creador. En las Biblias griega y latina, Sal 103. Algunos versículos tienen resonancias del libro de Job; por ello se suele situar este Salmo en época tardía. Pero aun en el supuesto de que el Salmo no cite al libro de Job, sino a la inversa, determinadas manifestaciones a lo largo de todo el Salmo apuntan hacia una redacción tardía. No puede ser, pues, de David, como entienden la Biblia griega y la Vulgata. Está basado en la concepción del mundo latente en el texto creacionista del Génesis.
Salmo 110: el Mesías como rey y sacerdote. En las versiones de los LXX y Vulgata figura con el número 109. Es un salmo para la fiesta de la coronación de un rey. El salmista rinde h
omenaje al nuevo soberano impetrando para él la ayuda de Yahveh. Así se explica el sentido del comienzo: "Palabra del Señor (Yahveh) a mi señor (el rey): Siéntate a mi derecha." El rey se sienta junto al Señor supremo.Los enemigos como "escabel" (v. 1) era una imagen bien conocida en el Oriente antiguo. Poner el pie sobre el cuello o el pecho era un signo de victoria total. Eso es lo que el salmista le desea al nuevo rey.
Mas no se dirige a él como a soberano sino como a sacerdote: "Tú eres sacerdote para sie
mpre según el orden de Melquisedec." (v. 4) Lo cual señala ante todo a Jerusalén, la ciudad en que Melquisedec fue rey y sacerdote. Este versículo, sin embargo, resulta problemático, pues si bien es cierto que los reyes ejercían funciones sacerdotales, no lo hacían con el visto bueno de los sacerdotes. Por ello resulta difícil de creer que se le presente eso al rey como un oráculo de bendición, aun suponiendo que en "el orden de Melquisedec" se veía un sacerdocio imperfecto frente al sacerdocio del orden de Aarón. Aunque tal hipótesis no deba excluirse de la interpretación posterior de los versículos. Cabría, pues, suponer que ese versículo se añadió al Salmo mucho después, cuando ya el canto se entendía en un sentido marcadamente mesiánico. Podría ser también que se tratase de un salmo dirigido a un rey que fuese a la vez sacerdote, como el rey macabeo Simón; o que el soberano terreno sólo contase en la poetización como modelo del esperado rey ideal.La conclusión (vv. 5-7) señala la ayuda bélica de Yahveh, cuando el rey se empeña en la lucha y asume todas las privaciones que le impone su cargo de caudillo del ejército.
Jesús calificó el Salmo como salmo de David (Mt 22:43). Aunque del hecho no pueden s
acarse consecuencias; con ello no hacía sino acomodarse a la concepción de su tiempo. En realidad no sabemos quién lo escribió ni a qué rey se lo dedicó directamente el cantor.Salmo 137: nostalgia de Sión. Sal 136 en las numeraciones griega y latina. Como situación del poeta debemos suponer que ha podido dejar el destierro de Babilonia, pero que todavía no ha regresado a Jerusalén. En los primeros versículos evoca la dura vida que lleva el pueblo en Bab
ilonia. No hay más que tristeza: "estábamos sentados y llorando." Pero el sentarse pertenecía también a las ceremonias del duelo; era la postura del que no hace nada por tristeza, una especie de participación en la inactividad del seol, en el que los muertos se sentaban inoperantes. Con la imagen de las liras o arpas, colgadas de los sauces (v. 2) logra el poeta una expresión extraordinaria de esa tristeza. Los desterrados no querían cantar las canciones que les solicitaban (v. 3). El versículo sugiere que el arte de los israelitas como cantantes era famoso.Compárese también la forma lingüística de las plegarias y cantos con los siguientes pasajes del AT y del NT: Gen 24:26s; Rut 4:14; 1Sam 2:1-10 (cántico de acción de gracias de Ana); 1Sam 25:32; 1Re 1:48; 1Cró 16:4-36; 1Cró 17:16-27; 1Cró 29:10-20; 2Cró 6:12-42; Is 38:10-20; Dan 3:25-45; Dan 3:51-90; Jon 2:3-10; Hab 3; Lc 1:46-55 y 1:68-79.
Muchas de las narraciones que contienen viejas tradiciones legales de Israel pertenecen a las tradiciones antiguas. Cierto que muchas leyes — cosa típica de la tradición jurídica israelita — están ensambladas en relatos, pero hay además muchos relatos que presentan la ley con un ejemplo. Es probable que en tales narraciones ejemplares se trate de antiquísimas tradiciones jurídicas (por ejemplo, Ex 16:22-30; Núm 12:1-15; 15:32-36).
Alocuciones, discursos y diálogos.
Los reyes, los caudillos guerreros, los sacerdotes, los profetas del AT, así como Juan Bautista, Jesús y sus apóstoles en el NT (y al igual que otros hombres importantes y destacados en otros libros antiguos) son presentados también como oradores. Los europeos del Este y los orientales son amigos de la palabra conmovedora, enfática y festiva. En tiempos en que la carta como medio de exhortación y de comunicación al pueblo casi desapareció por completo, porque eran muy pocas las personas que sabían leer, la alocución (o en el peor de los casos la carta leída en alto) jugó un papel especial.
En las historias y relatos, que se difundían con los libros y que de los libros se leían en voz alta, fue por ello el discurso o la alocución un género frecuentemente incorporado a la narración. Los maestros de latín y de griego y los profesores de hebreo solían presentar así este género: el escritor no transcribe aquí lo que el general (el rey o el apóstol) dijo realmente, pues ya había pasado mucho tiempo cuando él escribió su relato o su narración; lo que consignó por escrito era lo que el general (el rey o el apóstol) habría podido decir.
Del AT y del NT también pueden aducirse algunos ejemplos relevantes de discursos y alocuciones redactados por los escritores bíblicos y que los han incorporado a los libros sagrados como posibles procedimientos históricos y como piezas oratorias con perfecto sentido. Con ello, ciertamente, no incorporaron a sus libros unos textos genuinamente históricos, pero sí unos textos perfectamente útiles o provechosos de cara a lo que con ellos querían decir.
El Deuteronomio constituye el gran ejemplo de escrito oratorio entre los libros del Pentateuco. En el capítulo introductorio a dicho libro (cf. después) decimos algo al respecto.
En los libros de Crónicas, que contienen algunos ejemplos sobre el tema, se cuenta después de la muerte de Saúl: "Todo Israel se congregó en torno a David en Hebrón, y le dijeron..." (1Cró 11:1-3). Se trata, pues, de un texto en el que un orador habla en nombre de todo Israel, como ocurre también en otros libros históricos; pero el escritor anota: "Todo Israel dijo..."
En los preparativos para la construcción del templo el cronista pone en labios del rey David un discurso dirigido a su hijo, diciéndole que debía construir el templo (1Cró 22:7-16), al tiempo que encarga a los jefes del pueblo que ayuden a Salomón en la empresa (1Cró 22:18-19). Pocos capítulos después, en otro discurso, David hace el encargo oficial de la construcción del santu
ario (1Cró 28:2-10) y alienta a su hijo Salomón a que acometa el trabajo (2Cró 28:20-21). Cuando después fue conducida el arca de la alianza al templo, Salomón formuló su acción de gracias en forma de alocución (2Cró 6:4-11).Con tales discursos y alocuciones los escritores fundían de tal manera al pueblo con el rey, que los oyentes y lectores de esos textos revivían con intensidad la vida espiritual y social de I
srael en tiempos pasados.El libro de Judit se caracteriza especialmente por los discursos. Lo cual es muy significativo de cara a los discursos de la Biblia, porque los oradores de este libro no son personajes históricos. Así pues, lo que dicen en el libro de Judit lo ha inventado el escritor (o los narradores que le precedieron), exactamente como lo hacía con los textos retóricos de los personajes históricos.
En 2:5-13 el gran rey encarga en un discurso a Holofernes, comandante en jefe de sus tropas, que castigue toda la tierra de Occidente.
En 5:5-21 el ammonita Ajior pronuncia ante Holofernes su discurso en el que expone por qué los israelitas han sido entre todos los habitantes de Occidente los únicos que no se han som
etido al comandante supremo.En 6:1-9 responde Holofernes al discurso de Ajior sobre los israelitas y lo destierra.
En 7:8-15 hay un discurso de todos los capitanes de los edomitas, de todos los jefes de los moabitas... "Y le dijeron" que asediara Betulia. Hay, pues, un discurso, que incluye una conversación.
En 7:23-29 los habitantes de la ciudad de Betulia convocan a los ancianos, y hay así mismo un discurso que compendia la desesperación de los ciudadanos.
En 8:11-35 Judit pronuncia un largo discurso ante los ancianos de Betulia, al que siguen algunas interrupciones en forma de diálogo de largos pasajes.
En 9:1-14 sigue la "oración de Judit," un discurso en el que expone su plan de acción.
En 11:1-23 se desarrolla la conversación de Holofernes con Judit, que ha acudido al campamento enemigo; pero esa conversación es en realidad un largo discurso de Judit al general, que acababa de invitarla a hablar...
La historia de Judit es, pues, una novela en que los discursos representan el elemento narrativo y conceptual.
El Evangelio de Mateo sorprende especialmente por sus discursos y alocuciones, a poco que se examine. Una y otra vez sabe el evangelista incorporar al curso de la acción textos más o m
enos largos y coherentes, a fin de exponer en un discurso directo el contenido espiritual y eclesiástico y dar vida simultáneamente a la respectiva imagen.Una lista de pasajes de Mt, en los que esto se advierte de manera especial, podría facilitar el conocimiento de este rasgo literario: el discurso de Juan en Mt 3:7-12; las instrucciones de Jesús para la excursión misionera en 10:5-40 (un discurso con el espíritu de Jesús, pero en parte ta
mbién con las experiencias y las advertencias prácticas del tiempo de los apóstoles y hasta de una época posterior a los mismos); el discurso apologético de Jesús contra la calumnia de que expulsaba los demonios por arte de Beelzebul, en 12:25-37 (una alocución que probablemente está montada sobre algunas palabras de Jesús rechazando tal calumnia, en Mc 3:23-29); en el discurso en que Jesús se niega a realizar un signo, 12:39-42, con la frase culminante: "Pero aquí hay alguien mayor que Jonas," 12:41. El largo discurso parabólico sobre el sembrador, en 13:1-23, es un discurso de Jesús. El escritor que consignó las palabras en su forma actual ha introducido muchas cosas sobre Jesús que él no las habría dicho así hablando de sí mismo. De este modo todo el Evangelio de Mateo está configurado literariamente en forma tal que reúne muchas manifestaciones de Jesús en discursos. Sorprende de manera especial todavía en Mt 23 el discurso contra los doctores de la ley y los fariseos, y en 24:4-25:46 el discurso sobre el tiempo final.En el Evangelio de Marcos son muy escasos los discursos y alocuciones que se utilizan como formas literarias (cf. 4:1-20 y 8:34-9:1). Las más de las veces se emplea el discurso directo en párrafos cortos (preguntas, respuestas, conversaciones); lo que confiere a todo el Evangelio una gran vivacidad con un texto muy escueto. Pero eso no constituye una peculiaridad fundamental; porque también esas formulaciones más breves son en la mayoría de los casos formulaciones del escritor inspiradas en el espíritu de Jesús y con unos contenidos que derivan de sus palabras. Las referencias personales a Jesús con sus mismas palabras son muy escasas en Marcos, hasta el punto de que por ese motivo puede suponerse que tal vez aquí se nos han transmitido más palabras originales del propio Jesús.
En el Evangelio de Lucas es muy digna de notarse la forma de conversación que aparece en algunos pasajes, con lo que se acentúa la vivacidad de la exposición, la claridad de los contenidos conversacionales y la integración de fórmulas veterotestamentarias en un relato (1:13-21: diálogo del ángel con Zacarías; 1:28-38: diálogo del ángel con María).
Mas también se encuentra en Lucas la forma retórica elaborada, para presentar con ella unas conexiones importantes. Se trata aquí — y tal vez sea ésta la mejor formulación — de temas de Jesús sobre los que él ha hablado, pero también de textos de Lucas con los que pone en boca de Jesús palabras dignas de crédito para sus oyentes y necesarias para los futuros lectores del "Evangelio según Lucas" (10:2-16:el discurso de misión a los 72 discípulos; 11:39-52:crítica de Jesús a los fariseos y doctores de la ley; 12:1-12:advertencia de Jesús a guardarse de los fariseos y exhortación a confesar su fe; 12:22-32:discurso sobre la solicitud falsa y la correcta; 24:17-29:conversación de los discípulos con Jesús resucitado en el camino de Emaús, que constituye una de las exposiciones conversacionales más logradas de Lucas.
El Evangelio de Juan contiene muchos diálogos y numerosos discursos, con textos que el propio evangelista ha formulado. Y no nos referimos aquí a textos teológicos, como el prólogo (1:1-18), o los textos sobre las conversaciones de despedida (cap. 14-17), que en buena parte son formulaciones teológicas independientes incorporadas más tarde al Evangelio por el evangelista. Nos referimos más bien a ciertas formulaciones canicas que de alguna manera enlazan con palabras tradicionales de Jesús.
Quien analiza esos textos con atención y sensibilidad a su contenido y forma reconocerá cómo está aquí en acción un hombre que quería hacer justicia al contenido original de las conversaciones y discursos con sus palabras y forma lingüística, como ocurre con muchos textos de los Sinópticos. Léanse al respecto 1:29-34 (testimonio del Bautista en favor de Jesús); 1:35-51 (la conversación de Jesús con sus primeros discípulos); 2:3-10 (los diálogos en las bodas de Cana); 3:2-13 (la conversación con Nicodemo); 3:25-36 (conversación y discurso sobre la purificación); 4:7-26 (conversación junto al pozo de Jacob); 5:19-47 (discurso de Jesús sobre su autoridad personal); 6:22-59 (el discurso teológico sobre el pan del cielo: tal vez un discurso eucarístico de la época en que los cristianos hubieron de enfrentarse con los judíos a propósito de la cena del Señor, aunque aquí los acontecimientos se trasladan a la vida de Jesús); 8:12-59 (disputas de Jesús con los judíos), etc.
Los Hechos de los apóstoles representan dentro del NT el libro en que el autor formula más discursos puestos en boca de las personas a las que quiere referirse. No sería objetivo considerar esas conferencias y alocuciones como textos transmitidos por tradición. Más bien hay que estimarlos como formas retóricas de alocución con las que el autor podía expresar perfectamente el contenido y dar a conocer con la mayor vivacidad posible lo que quería decir a sus lectores.
Dentro de este género literario pueden contarse en Act los pasajes siguientes: 1:11: las pal
abras del ángel contando la ascensión de Jesús al cielo; 1:16-22: la alocución de Pedro antes de elegir a Matías como apóstol. Las citas de textos veterotestamentarios que se encuentran en tales alocuciones son especialmente significativas para los textos compuestos por el autor; 2:14-40:el gran discurso de Pedro el día de Pentecostés, que nos permite conocer claramente cómo el autor (Lucas o su ayudante) ha configurado temáticamente el texto sirviéndose de numerosas fuentes del AT y de su tiempo y cómo, mediante las respuestas a unas preguntas, ha dado vigor y colorido a toda la perícopa dotándola de un contenido permanente.Con estas indicaciones se esclarece también el carácter literario de las alocuciones, discursos y diálogos en 3:12-26 (discurso de Pedro en el atrio del templo después de la curación de un tullido); en 4:8-12 (palabras de Pedro ante el gran consejo); en 5:29-32 ("Pedro y los apóstoles" responden ante el gran consejo).
Act 5:35-39 contiene la alocución de Gamaliel ante el sanedrín, y en 7:1-53 tenemos el di
scurso de Esteban. En la primera pieza hay una descripción precisa de la situación creada con anteriores amotinamientos mesiánicos; la segunda es un discurso repleto de citas del AT, que casi constituye una lección sobre las liberaciones de Israel a lo largo de la historia, pese a su resistencia pertinaz al Espíritu Santo.Otros discursos y alocuciones: Act 10:28-29; 10:30-33; 10:34-43; 11:4-17. Destacan el discurso de Pablo en Antioquía (13:16-41), su alocución a los atenienses acerca del dios desconocido (Act 17:22-32), y su discurso de despedida en Mileto (20:18-35).
A través de esta enumeración incompleta debería quedar claro que el género del discurso, que a veces se trasforma en un género conversacional para dar mayor vida al relato, es un mod
elo de capital importancia en la configuración del libro de los Hechos de los apóstoles.Cuando, mediante algunos ejemplos, ha podido prestarse atención a este género de "alocuciones y discursos," que aparecen a lo largo de toda la Biblia (en el AT y en el NT), el lector experimenta tal vez el placer de repasar los libros de la Biblia desde esas formas literarias. Cuando se han leído en sus pasajes y contextos y con sus contenidos y formas lingüísticas que comunican una densidad, se podrá conocer cada vez mejor hasta qué punto los géneros literarios de la Biblia dejan de lado lo menos importante de lo histórico, mientras que sitúan en un primer plano el sentido de la Biblia. Así pues, las alocuciones, discursos y conversaciones son de capital importancia de cara a las afirmaciones bíblicas, en un aspecto totalmente distinto del que lo son muchas otras formas literarias que en ocasiones plantean problemas de contenido (por ejemplo, las narraciones de milagros).
Parábolas.
Las parábolas de Jesús responden en general a un método de enseñanza tradicional entre los rabinos, y que precisamente se difundió en el judaísmo palestino. Aunque apenas si queda alguna parábola de las escuelas rabínicas anteriores al cristianismo, son muchos los ejemplos de época cristiana; pero eso difícilmente puede significar que el discurso parabólico fuera un método de enseñanza específico de Jesús en su tiempo. Bien a
l contrario, hemos de decir que Jesús prefirió la parábola precisamente porque hablaba al pueblo y no en primer lugar a gentes de letras.De época posterior poseemos exposiciones rabínicas acerca del sentido de la parábola, que la ensalzan como introducción a la Ley: como un hilo que conduce a través del palacio de la T
orah, de modo que no es posible perderse; como un machete con el que el hombre prudente se abre camino en la espesura de la Torah; como un agarradero o asa en un recipiente con agua hirviendo; como un pábilo (del valor de un ochavo) con el que se recuperan los tesoros perdidos de la Ley.Naturalmente, la parábola alegórica más o menos larga ya la conocía el judío familiarizado con la Biblia por el AT: la alianza de Dios con Israel como un matrimonio, la idolatría como un adulterio, la vasija como signo de la fragilidad, la parra como símbolo de la fecundidad, etc. Pero en el AT hay además muchas narraciones que son parábolas, aunque no son introducidas como tales y por ello se han tomado frecuentemente como relatos históricos. Tal sucede con toda la historia del libro de Jonas
En el mundo parabólico de Jesús se pueden distinguir dos tipos de lenguaje figurado:
1. La metáfora breve y la larga o alegoría: a los fariseos se les llama sepulcros
blanqueados... Bajo la invitación de Jesús para que los sedientos acudan a él, subyace la metáfora o alegoría del agua como doctrina pura... Llama a los discípulos la sal de la tierra, y en la parábola del sembrador expone en metáforas el destino de la semilla sembrada a voleo. Hay siempre un rasgo de la vida espiritual-intelectual que responde a un rasgo metafórico-alegórico del mundo sensible. La metáfora de este tipo no es un símbolo, sino un material de ilustración.2. La parábola clásica: un proceso
de la vida de la naturaleza, de la vida cotidiana, de la historia o una historia poetizada, se pone como símbolo de un proceso espiritual-religioso. La introducción es típica: "El reino de los cielos es semejante...," "Con el reino de los cielos sucede que...," y se compara con un grano de semilla, con un tesoro en el campo, una red barredera, un hombre que sembró buen trigo... A veces las parábolas arrancan sin introducción alguna, como la del hijo pródigo, la de la oveja y la de la dracma perdidas...En tales parábolas cada uno de los trazos no tiene una significación respecto de lo que se quiere enseñar; la afirmación esencial está en el rasgo comparativo más destacado. La observancia de esta regla puede evitar malentendidos y dificultades en apariencia insolubles (recuérdese la parábola del administrador desleal: Lc 16:1-9, y su explicación). En tales parábolas, cuyo punto de comparación hay que precisar exactamente, se hacen patentes ciertas exigencias, normas de vida, procesos de índole espiritual, que sin la parábola habría que exponer sólo con palabras secas y sin vivacidad alguna; más aún, sin la parábola resultarían incomprensibles. En tales parábolas hay, además, personas, lugares y procesos que a menudo son alegorías, como puede deducirse de la doctrina rabínica o de los profetas: con el rey se señala a Dios, con el banquete de bodas se indica el reino mesiánico, etc. Mas tales alegorías no hacen sino aligerar la verdadera comprensión.
Pero la parábola, ¿implica siempre una mayor claridad? Hay precisamente en el Evangelio estas palabras de Jesús: "Por eso les hablo por medio de parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden" (Mt 13:13). Tal vez cabría decir que la palabra directa no la habrían entendido en modo alguno. La palabra parabólica no la entendían en su genuino significado; pero la imagen gráfica de la parábola permanecía en ellos. Con su apego craso al mundo no comprendían el verdadero sentido, pero al menos entendían la imagen, y mantener en ellos esa imagen no era pequeña cosa. La parábola era, por lo mismo, un signo de la misericordia de Dios.
La parábola se ofrecía al oriental en un lenguaje — el figurado — que él mismo utilizaba de continuo (castigo divino = las flechas de Dios; enseñanza = pan o agua viva; maestros ignorantes = ciegos que guían a otros ciegos; cosas que no compaginan = vino nuevo en odres viejos; cosas que no encajan = remiendo de paño nuevo en un vestido viejo). En su lenguaje figurado la parábola ofrece al oriental toda la verdad, que él ciertamente no entendía por completo mientras no se interesaba por el verdadero reino de Dios, pero con ella ya tenía al menos la imagen de la verdad. En ese sentido la parábola es un ejemplo del lenguaje de Jesús con propósitos de universalidad.
Algunos ejemplos de parábolas: La parábola de la red barredera (Mt 13:47-50) la atribuyen los investigadores al propio Jesús. En su estadio primero Jesús pudo haber dicho algo así: "Sucede con el reino de Dios como (con la historia de) una red barredera, que se echa al lago y recoge peces de todo tipo; y, cuando está llena, la arrastran hasta la orilla, los pescadores se sientan alrededor, ponen los peces buenos en cestos y los que no sirven los arrojan al agua" (en la interpretación de Hans Weder, Die Gleichnisse Jesu als Metaphern, Gotinga 1978, p. 144).
Jesús quiere decir: se recogen peces de todas clases, pero el pescador retiene sólo los buenos para venderlos; el resto lo desecha. Lo mismo ocurre con el reino de Dios: en él se congregan todos los hombres, incluidos faris
eos, publicanos y pecadores. Pero al final de los tiempos quedan excluidos quienes no se han aplicado al reino de Dios.Después que la parábola sobre la congregación de todas las gentes se había difundido por la exposición de los predicadores,
Mateo recogió algo que completaba esa predicación y que se concentraba principalmente en la separación, incorporándolo al "discurso sobre el reino de los cielos" (Mt 13:1-53): "Vendrán los ángeles y separarán a los malos de los justos y los arrojarán al horno..."La parábola de la oveja perdida (Mt 18:12-14) la expone Hans Weder (en su obra citada) de una forma que podría ser la originaria y remontarse al propio Jesús: "¿Qué hombre entre vosotros que tenga cien ovejas y pierda una no deja las noventa y nueve en el aprisco y va en busca de la oveja perdida hasta que la encuentra? Y cuando la ha encontrado, os aseguro que siente mayor alegría por ella que por las noventa y nueve que no se le habían perdido" (o.c., p. 173).
La parábola se entendía apenas se la escuchaba, ya que "oveja" o "rebaño" se entendía sin más en el lenguaje narrativo como una persona o un pueblo. Cuando Jesús hablaba de ovejas, el pueblo comprendía en seguida que estaba hablando del pueblo de Dios y de un hombre que se había separado de ese pueblo perdiéndose. Y no lejos de esa imagen estaba la circunstancia de que el narrador (Jesús) presentaba esa parábola como pastor. Jesús, pues, hablaba aquí de quienes él andaba buscando, aunque fueran "publicanos y pecadores." Y cuando reencontraba a alguno de ellos, se alegraba. Merece anotarse que en esta parábola Jesús no habla de una "conversión," sino de que lo perdido ha sido encontrado. Una parábola de hondísima humanidad, como la que Jesús representaba.
La parábola de la levadura (Lc 13:20-21) es una de las más cortas de Jesús, y probablemente también una de las que menos cambios experimentaron por parte de predicadores y evangelistas. Es una parábola en la que se contraponen dos realidades distintas: un poco de levadura y una gran artesa de masa. Con la levadura Jesús alude frecuentemente al mal; a los comienzos el mal es tal vez sólo una pequeña cantidad, como saben muy bien los oyentes, pero acaba por corromper a toda la sociedad. Al principio está encubierto, hasta que con sus fuerzas operativas acaba por imponerse.
Eso ocurre también con el reino de Dios. Al principio no es más que un "pequeño grupo." Pero así como el pellizco de levadura se impone en la gran artesa de masa hasta fermentarla toda, y al igual que el mal oculto termina imponiéndose en la sociedad de los hombres hasta corromperla toda, así también el reino oculto de Dios se va imponiendo lentamente hasta que todo se convierte en reino de Dios. Jesús no se interesó por presentar el proceso como un estadio en evolución, sino que sólo quiso hacer patente el contraste entre el comienzo y el final: hasta que todo queda fermentado.
La proximidad de la llamada a la conversión (Lc 13:1-9) y la historia inmediatamente pr
ecedente de la curación de una mujer en día de sábado, después que Satán la tuviera atada desde hacía dieciocho años (Lc 13:10-17), sugieren en cualquier caso que Lucas en su tiempo pudo haber situado esta parábola en el marco de la misión. La misma parábola la sitúa Mt 13:33 entre la parábola de la cizaña en medio del trigo (Mt 13:24-30) y su exposición (Mt 13:36-43). Una imagen de la lucha del reino de Dios con el reino de la maldad.Las parábolas están llamando poderosamente la atención de los especialistas bíblicos en esta década de los ochenta; y a dos de las obras aparecida
s sobre el tema remitimos al lector.El libro extenso y magnífico del gran conocedor de la literatura judía David Flusser, Die rabbinischen Gleichnisse und der Gleich-niserzahler Jesús (Berna-Francfort del M. 1981); el l
ibro ha sido elaborado en el marco de la Universidad hebrea de Jerusalén.Y está también el librito amable de Gertrud Wimmer: Die grosse Überraschung (La gran sorpresa. Para un trato vivo con las parábolas de Jesús, Herder, Friburgo-Basilea-Viena 1982). El trasfondo de este librito de 144 páginas lo encontró Gertrud Wimmer, profesor de Nuevo Test
amento en el Departamento de pedagogía religiosa y de formación eclesiástica de la Universidad de Eichstátt, en sus largos años de servicio a la escuela y la comunidad.Ejemplos.
Entre los géneros literarios de los evangelios se encuentran en el Evangelio según Lucas cuatro narraciones que desde hace varios años se conocen como "ejemplos" y que antes se i
ncluían frecuentemente entre las parábolas. Cabría suponer que tales narraciones ejemplares se contaban a menudo entre las historias de Jesús. Por qué sólo éstas y por qué nos la ha transmitido precisamente Lucas, es uno de los enigmas que presentan los textos bíblicos. Su situación vital (Sitz im Leben) habría que buscarla tal vez allí donde la predicación cristiana se dirigía a personas que habían de ser captadas por algo humano extraordinario.Lc 10:25-37 (véase después), el ejemplo del samaritano compasivo, presenta a los bandol
eros o terroristas de los caminos. El texto se dirige a los judíos que se tienen por mejores que las gentes de Samaría. Habla de dirigentes religiosos para los que la ley de la pureza cultual era más importante que el amor del prójimo ordenado por Dios. Y presenta a un samaritano "impuro" como el verdadero practicante del amor al prójimo.Lc 12:13-21 muestra el ejemplo negativo de un hombre rico, que con todas sus riquezas no piensa más que en sí mismo. El que habla ve ante sí a las muchas personas que creen que con su preocupación económica ya han hecho algo decisivo en s
u propio provecho.Lc 16:19-31 (véase después) contiene el ejemplo del hombre rico y del pobre Lázaro. El narrador tiene ante los ojos a los ricos que no se preocupan de los pobres, y a los pobres que i
ntentan acabar con su pobreza.Lc 18:9-14 (véase después) relata el ejemplo del fariseo y del publicano. El narrador co
ntempla a la orgullosa "gente buena," que se tienen por los mejores, y a aquellos otros que son conscientes de que no todo lo hacen bien y que por lo mismo no se tienen por buenas personas.Las narraciones ejemplares son también "parábolas." Pero no son imágenes de la vida nat
ural o cotidiana para expresar unas exigencias espirituales o religiosas. La narración ejemplar ofrece una actuación modélica; es un "caso muestra" (E. Linnemann).Narraciones de milagros.
Hoy son muchísimas las personas que no creen en milagros. Pero también hoy existen ge
ntes que creen con suma facilidad en los mismos. Unos dicen que los milagros son transgresiones de las leyes de la naturaleza, y por tanto no pueden darse. Otros afirman que Dios ha creado las leyes de la naturaleza y que puede interrumpirlas. Este problema de si hay o no hay milagros no es un problema de la Biblia.En la Biblia — tanto en el AT como en el NT — hay muchas historias en que se relatan cosas que causan la admiración del pueblo. Esos sucesos, relatados en el AT, se designan con las palabras hebreas 'ot y mofet; es decir: signos y manifestaciones extraordinarias. En la Septuaginta (o sea, el AT en lengua griega) y en el NT se emplean los vocablos dynameis (actos poderosos), semela (en plural: signos), teraa (terata) que son manifestaciones extraordinarias, y thaumasia (en plural, cosas admirables). Como las primeras versiones a las lenguas vernáculas se hicieron en tiempos en los que con tales palabras se entendían sucesos que popularmente se designaban en general como "milagros," ésta es la palabra que hasta hoy viene utilizándose en tales narraciones. Sin embargo, los vocablos hebreos y griegos que hemos señalado no significan lo que nosotros entendemos las más de las veces por "milagro," que es la suspensión o transgresión de las leyes de la naturaleza.
Más bien indican en la Biblia algo maravilloso, sorprendente, testimonios del amor de Dios, proezas divinas: empiezan con el hecho de la creación del mundo pasando por la grandiosidad de la aparición del día después de una noche peligrosa, el regalo del calor del sol, la lluvia, el crecimiento y las cosechas, la curación de enfermedades y todo cuanto se nos otorga en favor de nuestra vida, aunque nosotros ni siquiera pensemos en ello.
La historia de Israel es una obra de los milagros de Dios, decían los viejos intérpretes de la Biblia. Y es posible desde luego que personalmente lo hubieran entendido de forma adecuada, aunque aparezca la palabra "milagro," pero quienes no lo entendieron de manera adecuada las más de las veces fueron los oyentes. En los viejos libros de exégesis del AT esto resulta muy d
uro. Si, por ejemplo, una exposición de la Biblia poco anterior a 1930 presentaba el capítulo del diluvio (Gen 7, sobre el que volveremos), la confusión de lenguas en la torre de Babel (Gen 11), la historia de la serpiente de bronce (Núm 21), la salvación de los tres jóvenes arrojados al horno encendido (Dan 3) y la narración del libro de Jonas — textos todos que volveremos a ver son auténticos milagros. Todo cuanto ocurrió en la historia de Israel — y es algo que no sólo se puede decir, sino que hay que decirlo — representaba para los israelitas acciones poderosas de Dios, signos de su justicia punitiva y señales de su bondad perdonadora. Y como era tan hermoso contar cosas de ese Dios admirable, los libros sagrados hablan cada vez más de ese Dios omnipotente. Y en esa manera de hablar de las proezas de Dios coinciden también los narradores y escritores del NT.1. Relatos de curaciones milagrosas. No aparecen sólo en la Biblia; se dan también en textos no bíblicos. Para poder entender adecuadamente las narraciones bíblicas de curaciones marav
illosas, hemos de echar una rápida ojeada a los relatos paralelos de fuera de la Biblia.Relatos de curación eran bien conocidos por la gente en tiempo de Jesús y de sus discípulos. De ahí que en los relatos de las curaciones de Jesús se utilicen también esos esquemas formales. Al modo del ejemplo antes citado se cuenta también la historia de curación, sin duda la más ant
igua de cuantas se conservan de Jesús; éste es su tenor: "(En seguida, después de salir de la sinagoga, se fueron a la casa de Simón y de Andrés con Santiago y Juan). La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y al momento le hablan de ella. Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre, y ella le servía" (Mc 1:29-31). Pueden seguirse sin dificultad los tres estadios de la historia: mención de la enfermedad, el acto curativo, y las consecuencias de la curación. Mateo y Lucas cuentan la misma historia, apoyándose en el relato más antiguo de Marcos, pero con escasas variantes. En Mateo (8:14-15) los cambios son mínimos; Lucas (4:38-39) dice que la suegra de Pedro tenía "fiebre alta" y que Jesús "inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y ésta se le quitó. Inmediatamente ella se levantó y les servía." Así pues, Lucas da un mayor énfasis al texto, como hacían los empleados de Epidauro con los textos redactados por los médicos.Y sin embargo, en las sencillas historias de curación que los Evangelios cuentan de Jesús hay algo importante que no puede pasarse por alto, a saber, la conclusión del relato curativo. En Mc: "y ella le servía"; en Mt: "ella se levantó y le servía"; y en Lc: "inmediatamente ella se l
evantó y les servía." La devolución de la salud es también la devolución al servicio de los demás. Esto es lo que pertenece a la predicación del Evangelio.De manera similar, muchos otros relatos de curación apuntan
a un "punto" destacado, que se incorpora ilustrando una doctrina particular.El leproso sanado tiene que presentarse al sacerdote y ofrecer su ofrenda de acción de gr
acias (Mt 8:1-4); en Mc, del encargo de Jesús al hombre curado puede deducirse que el envío a los sacerdotes es un signo de la fidelidad de Jesús a la ley (Mc 1:40-45). Al igual que Mt también Mc y Lc (5:12-16) hacen hincapié en el interés con que los enfermos lo buscaban desde entonces.En el relato de la curación de un hombre en sábado se dice antes de que la curación tenga efecto: "¿Es lícito curar en sábado?" (Mt 12:9-14). Mayor vivacidad tiene la palabra de Jesús, aunque con idéntico propósito doctrinal, en Mc 3:1-6 y en Lc 6:6-11.
Estos ejemplos pueden bastarnos. Cabría también comparar entre sí otras historias de cur
ación relatadas por los Sinópticos.Las historias de milagros de curación de Jesús hace varios cientos de años que han suscitado estas preguntas: ¿Fueron todas verdaderas curaciones? ¿Fueron curaciones milagrosas
? Y cuando surgió la idea de comparar esas historias milagrosas de Jesús con las historias milagrosas de Epidauro, las preguntas se multiplicaron: Las curaciones milagrosas de Jesús, ¿tenían de "milagrosas" lo mismo que las de Epidauro? Aquí se impone ante todo una respuesta a la pregunta de si las curaciones de Jesús fueron curaciones milagrosas. Sin duda que lo fueron en el sentido en que las gentes de aquella época entendían la palabra milagro. Entre nosotros — como ya queda dicho — el milagro se entiende como un proceso en el que se interrumpen las leyes de la naturaleza. Y como para la mayor parte de nuestros contemporáneos ya no es posible el milagro como interrupción de las leyes naturales, son muchos también los que rechazan la fe en los milagros de Jesús. Pero los hombres del tiempo de Jesús entendían por "milagro" un proceso asombroso, que a ellos les provocaba admiración. Sin que se planteasen en modo alguno la cuestión de si era naturalmente posible o imposible.La mayor parte de los especialistas bíblicos ven hoy las curaciones de Jesús así: no hay ni
ngún género de duda de que Jesús curó enfermos. Sus curaciones no fueron milagros en el sentido antes expuesto, aunque sí fueron curaciones que no cabría esperar de cualquier persona. La extraordinaria irradiación personal de Jesús curaba a las personas enfermas, cuando se abrían a esa curación (de ahí que su fe las sanase).El texto de Mt 8:5-13 podría servir de ejemplo de cómo se realizaron otras curaciones mil
agrosas. Muchos exegetas actuales consideran como históricamente cierta la curación que ahí se refiere, aunque no la vean como un milagro. Llega un centurión romano y ruega a Jesús que cure a un siervo suyo paralítico. Jesús se dispone a ir a su casa, pero el oficial le responde: Di a la enfermedad que desaparezca, y así se hará. Siguen las palabras de admiración de Jesús por una fe tan grande en un soldado pagano; será esa fe la que cure al siervo (8:10-12). Cuando el centurión regresa a su casa, el siervo está curado (10:13).¿No ocurre hoy lo mismo con una persona creyente? Ruega a Dios por la curación de una persona querida; quizá reza en la iglesia. Regresa a su casa, y descubre que su esperanza se ha cumplido. Eso es lo que aquí dice el evangelista del centurión: que Jesús curó a su criado.
Un tipo especial de historia milagrosa es aquella en la que el relato se refiere a una palabra de Jesús, o en la que la historia narrada es el marco literario de una determinada palabra de Jesús transmitida por la tradición. He aquí algunos ejemplos: Mc 3:1-6 (3:4: lo que está permitido en sábado...); véase también Lc 14:1-6 y Jn 5:1-18. Otro caso: Mc 7:31-37 (7:34: "Effatha, es decir, ¡ábrete!"). Mc 10:46-52 (10:52:"Ve, tu fe te ha salvado"). Lc 13:10-17 (13:15:"Hipócritas, ¿acaso cualquiera de vosotros, en sábado, no desata del pesebre su buey... para llevarlo a beber?"); véase así mismo Lc 14:1-6. Estas historias milagrosas se consideran — siguiendo a Dibelius — como paradigmas o como ejemplos para la predicación del evangelio.
2. Relatos sobre expulsiones de demonios. Las exposiciones sobre este tema, tal como aparecen en los manuales bíblicos de los últimos doscientos años, revelan el esfuerzo por solucionar cuestiones como las siguientes: ¿Existe realmente esa posesión diabólica? ¿No es la "posesión" una enfermedad psicosomática? ¿Se puede creer en la expulsión de tales "demonios"? ¿Merecen crédito esas narraciones que presentan a Jesús como un exorcista? ¿Son narraciones dignas de Jesús? Y muchas otras preguntas del género.
Existe la posesión, es decir, aquel estado en que una fuerza diabólico-demoníaca toma posesión del cuerpo de una persona; lo tiene por completo bajo su poder, le hace decir palabras que la persona misma no puede controlar, y por la misma situación de violencia anímica la empuja a todo tipo de enfermedades. En ese sentido hubo también posesos en tiempos de Jesús.
Por lo demás, el exorcismo de Jesús tenía un modelo en las expulsiones de demonios que realizaban los exorcistas profesionales judíos, y a los que sin duda se refería el propio Jesús cuando decía: Estáis diciendo que yo expulso los demonios por arte de Beelzebul, y si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por arte de quién los arrojan vuestros hijos? (Lc 11:19). Los exorcistas judíos no debieron de tener mucho éxito; sin duda que a ello se debe el que, cuando Jesús tiene como exorcista un éxito tan manifiesto y al parecer sin ningún esfuerzo, se le hiciera el reproche de que expulsaba los demonios por arte de Beelzebul.
La expulsión del espíritu impuro de Mc 1:25-26 fue sin duda alguna una expulsión demoníaca. Las convulsiones violentas del poseso antes de que el espíritu saliera responden exactamente a los fenómenos de los que hablan los exorcistas todavía hoy.
Lo que apóstoles, predicadores y evangelistas querían sobre todo era mostrar a Jesús como el vencedor del mal en el mundo, que no temió enfrentarse a los demonios, que les dio batalla para liberar y sanar a las personas poseídas por ellos.
Mas para la predicación de Jesús tiene importancia otro significado de esos relatos especiales de curaciones. Con ellas se enseña una y otra vez que Jesús ha combatido contra el mal; más aún, que ha vencido a ese mal.
Tal vez es también importante esta otra idea, que muchos biblistas suscriben, a saber: semejante "expulsión de los demonios" por parte de Jesús constituiría precisamente un proceso histórico (al que se refiere Lc 11:14). Y lo aseguran de manera categórica por el hecho mismo de que lo contengan todas las fuentes y tradiciones. Edward Schillebeeckx señala que "en ese relato el tema propiamente dicho no es la expulsión del demonio, sino la intervención increíblemente poderosa de Jesús." Es, pues, la misma fuerza Divina de Jesús que antes hemos designado como el poder de Jesús que cura las enfermedades.
Otra narración sobre expulsión de espíritus impuros por obra de Jesús la tienen hoy la mayor parte de los exegetas por verdadera historia: es la curación del poseso de Gerasa, cuajada de rasgos exagerados y simbólicos, tal como la cuentan Mt 8:28-34; Mc 5:1-20 y Lc 8:26-39.
3. Milagros de la naturaleza. Tales eran para los hombres de la Biblia de todos los tiempos aquellas manifestaciones de efectos tan sobrecogedores o admirables que ni siquiera intentaron comprenderlas. Ello se debía a que, al contarlas, se quería infundir en los oyentes la idea de la grandiosidad o de la amenaza de Dios (o de una deidad), o el carácter terrible y peligroso de un demonio. Ninguno de aquellos oyentes preguntaba cómo había podido suceder. Simplemente lo habían vivido y estaban impresionados por el hecho. De ahí que, en todos los tiempos, entre las historias aleccionadoras de la Biblia se encuentren tales narraciones, que llenaban el corazón y el espíritu de miedo, preocupación y asombro.
La prehistoria de la salida de Egipto, a medida que se iba contando, se alargaba y enriquecía con mayor número de milagros de la naturaleza. Se puede demostrar que las diez plagas están configuradas con elementos de distintas tradiciones. El propósito de tales historias milagrosas era llamar la atención de Egipto y de otros pueblos, con sus dioses, sobre la mano poderosa y auxiliadora de Yahveh (véase el comentario a Ex 7:1-12:36).
También en el paso del mar Rojo son muchos los milagros que esmaltan la narración: el campamento israelita se ilumina, mientras que el egipcio se llena de tinieblas (Ex 14:20); se seca el mar (Ex 14:21), y las aguas se separan de modo que Israel puede cruzar como entre dos muros (Ex 14:22). La victoria sobre los egipcios empieza con su desconcierto al rayar el alba (Ex 14:24); el Señor quebrantó las ruedas de sus carros de guerra (Ex 14:25), después el mar volvió a su sitio y aniquiló a los egipcios (Ex 14:27). Se trata de una acumulación de elementos maravillosos, que en parte se contradicen, porque originariamente pertenecían a unidades narrativas diferentes que más tarde fueron reunidas.
Pero era ya el tiempo en que Yahveh libró al pueblo de los hebreos. Por ello empieza el texto de los diez mandamientos con estas palabras del Señor: "Yo soy Yahveh, tu Dios, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud." El gran beneficio de la liberación no fue cosa de Moisés, sino un favor de Dios. De ahí que toda la historia del éxodo se cuente con "milagros liberadores" a fin de que el pueblo vea cada vez con mayor claridad hasta qué punto aquella salida de Egipto fue una proeza de Yahveh.
Algunos otros ejemplos de narraciones milagrosas del AT: en 1Re 18:1-46 "el juicio de Dios sobre el Carmelo" se cuenta como un milagro de la naturaleza; véase lo dicho al estudiar la perícopa 1Re 17:1-19:21. También en 2Re 1:2-17 se relata una historia de Elias en la que, como un milagro de la naturaleza, baja fuego del cielo y devora a un jefe con sus cincuenta hombres: documento narrativo sobre cómo Dios no permite que se burlen de los suyos
, cuando es pospuesto a Beelzebul, el dios de Eqrón (2Re 1:2), etc.También en el NT hay relatos con milagros de la naturaleza, cual ocurre con la relativa al tributo del templo: Jesús ordena a Pedro que pesque un pez, en cuya boca encuentra un stater — moneda de cuatro dracmas — y que pague el susodicho tributo religioso "por ti y por mí" (Mt 17:24-27). Subyace ahí — precisamente en el Evangelio de Mateo, escrito para los judíos — la afirmación de la legalidad de las autoridades judías también para los se
guidores judíos de Jesús. Mención aparte merecen relatos como la historia de la maldición de la higuera (Mt 21:18-22; Mc 11:12-14 y 11:20-25), en cuya explicación se queman las pestañas los intérpretes al no poder conectar adecuadamente su sentido con la persona y misión de Jesús; hoy muchos no quieren aceptar esa pequeña historia como modelo de la fe. Hay además toda una serie de grandes relatos milagrosos:La tempestad calmada en Mc 4:35-41 quien la cuenta con el mayor grafismo y viveza: los discípulos aterrados, Jesús que duerme tranquilamente, la sorprendente comprobación, tras la amenaza y mandato de Jesús a la tempestad: "El viento cesó y sobrevino una gran calma."
Los relatos de tempestades calmadas son relatos de salvación. Se narran también de Dios, del Salvador, cuando se trata de liberaciones en el terreno de la tribulación espiritual. La temática aparece también en las plegarias, como Sal 65:8. Tampoco la calma de la tempestad referida a Jesús es un "informe" acerca de un hecho milagroso, sino u
n relato de predicación (ejemplos paralelos con pequeñas diferencias en Mt 8:23-27 y Lc 8:22-25).La historia de Jesús caminando sobre las aguas (Mt 14:22-33; Mc 6:45-52; Jn 6:15-21) la contemplan muchos exegetas como otra forma del relato de la tempestad calmada. De hecho el montaje literario es muy parecido: los discípulos se ven sorprendidos por la tempestad sin que Jesús esté con ellos; Jesús se da cuenta de la situación apurada y se les aparece de repente cam
inando sobre las aguas; claman los discípulos pidiendo su ayuda; la tempestad se calma y los discípulos quedan fuera de sí.En el Evangelio de Mateo la narración desvela su carácter parabólico en su conclusión (Mt 14:28-31). Cuando Jesús se dio a conocer, Pedro quiso ir a su encuentro sobre las aguas. Jesús le dijo: "¡Ven!" y Pedro bajó de la barca. "Pero viendo el viento que había, tuvo miedo; y, al c
omenzar a hundirse, lanzó un grito: ¡Señor, sálvame! Inmediatamente Jesús extendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?" Tal transición sitúa esta historia, denominada milagrosa, en medio de los peligros del tiempo escatológico.Lo común de este relato en los tres evangelistas es la proclamación de Jesús como redentor y salvador. Cuando los discípulos lo vieron en medio de la tempestad creyeron ver un fantasma (Mt 14:26 y Mc 6:49), sintiendo un gran temor. Sin duda que de todo ello podría sacarse algo de cara a la exposición.
La pesca abundante de Pedro (Lc 5:1-11) la presenta el narrador como un milagro. Lo milagroso de la captura está en que los hombres han faenado "toda la noche" y no han pescado nada, pese a ser la noche el tiempo mejor para las capturas. De día en cambio los peces huyen de las redes. Pero es justamente de día cuando Pedro recibe de Jesús la orden de echar las redes para pescar. Y la pesca fue abundantísima.
El propósito de la narración es presentar lo que hay de milagroso en que Pedro haya sido llamado a ser apóstol y que haya obtenido un éxito singular como misionero. El mismo evangelista alude a ese sentido cuando en la historia de la pesca pone en boca de Jesús estas palabras a Pedro: "No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5:10).
Discípulos del evangelista Juan recogieron ese relato (parecido al texto de Lc) como historia de una aparición pascual (Jn 21:1-13) en un apéndice al Evangelio y que hoy aparece como el capítulo 21 del Evangelio de Juan.
4. Los relatos de la multiplicación de los panes constituyen un ejemplo específico entre los relatos de milagros de la
naturaleza. Se encuentran tanto en el AT como en los Evangelios. En los relatos de manducaciones milagrosas del AT los lectores vienen buscando desde hace ya largo tiempo unas soluciones naturales; otra es la postura frente a los seis relatos de las denominadas multiplicaciones milagrosas de los panes del NT y frente al milagro del vino en las bodas de Cana (Jn 2:1-12). Aquí los oyentes y lectores intentan poder creer en el relato, aunque sin éxito o recurriendo a medios las más de las veces inadecuados.Empecemos por hacer algunas consideraciones sobre las historias de manducaciones milagrosas del Antiguo Testamento.
Ex 15:22-25 cuenta la transformación de las aguas de Mará de amargas en dulces. El sent
ido de ese relato milagroso se desprende de la misma conclusión del relato (véase comentario a Ex 15:22-17:16).Ex 16:1-36 es la historia más famosa del AT sobre la alimentación del pueblo con codorn
ices y el maná (véase comentario a dicho texto). Puede completarse con la lectura de Núm 11:1-35.En 1Re 17:8-16 se cuenta el famoso milagro que hizo Elías para alimentar a la viuda de Sarepta y a su hijo (cf. los comentarios a dicho texto en el capítulo sobre el profeta Elías).
Entre las historias de Elíseo hay también una serie de relatos sobre "milagros de alimentación." El Sitz im Leben de esos relatos son probablemente las escuelas de profetas, que el profeta Eliseo había dirigido (después de Elías), cf. 2Re 2:1-18. Con tales historias los discípulos se representaban a su dirigente, el profeta Eliseo, como el protector siempre dispuesto a ayudarles en todas sus tribulaciones. Pero al mismo tiempo tales historias eran también un estímulo para que los discípulos de los profetas vieran en el maestro a su guía e intercesor.
En 2Re 2:19-22 se habla de aguas no potables que el profeta Eliseo sanea con una escudilla nueva y con sal.
2Re 4:1-7 cuenta la historia de la mujer de un discípulo del profeta que había muerto. ¿Cómo podrá ella pagar a sus acreedores? No tiene más que una alcuza de aceite. Y Eliseo le dice: Pide vasijas a tus vecinas, vierte del aceite de esa alcuza en todas las vasijas y paga así a tus acreedores.
En 2Re 4:38-41 hay un relato, contado por los discípulos del profeta, sobre cómo en tiempo de hambre salió uno a recoger hierbas que a la hora
de comer se revelaron venenosas; pero Eliseo supo cómo hacerlas saludables.El texto de 2Re 4:42-44 es una "historia de multiplicación de los panes" en toda regla. Un hombre llevó al profeta Eliseo pan de primicias; pero el pan no bastaba para que comieran los cien discípulos del profeta. Pero Eliseo dijo: comerán y se saciarán. (Y así ocurrió, porque no tomó cada uno lo que le apetecía, sino que lo repartieron de modo que todos comieran algo.).
Los relatos de multiplicaciones de los panes del NT siempre han llamado la atención de los lectores de la Biblia, sobre todo porque la historia de las "multiplicaciones milagrosas" se cuenta seis veces en los cuatro Evangelios (Mt 14:13-21 y 15:32-39; Mc 6:32-44 y 8:1-10; Lc 9:12-17 y Jn 6:1-15), con pequeñas diferencias, pero siendo esencialmente el mismo tema.
Antes esas historias las entendían los cristianos en general como multiplicaciones efectivas de los panes y los peces para alimentar a cuatro o cinco mil hombres (sin contar las mujeres y los niños). Lo curioso es que, admitiendo los relatos de ese modo, en realidad se había perdido el verdadero sentido de las mismas, el porqué habían sido contadas. Ahora bien, el sentido es mo
strar que el reino de Dios — por el que Jesús se interesaba — llega a todos los necesitados, si todos comparten sus pequeños haberes con los que no tienen nada. Ese compartir equivale a compartir con Jesús. La invitación del relato a participar en ese amor universal a los pobres y los necesitados arrancaba de los predicadores de la doctrina de Jesús en tales historias de multiplicaciones milagrosas.5. Historias de resurrecciones de muertos. Las historias de resurrecciones del NT las enjuician los lectores y oyentes de hoy frecuentemente de un modo muy desfavorable. Al discutir los géneros literarios hemos dicho repetidas veces que los relatos que encontramos en la Biblia sólo en escasas ocasiones reproducen acontecimientos externos que hayan ocurrido realmente, y que en la mayor parte de los casos tales narraciones pretenden expresar una verdad espiritual. Todas las resurrecciones de muertos del NT pretenden afirmar que Jesús es quien llama a la vida a quienes creen en él. El contacto con Jesús hace vivir a quienes en él creen; la llamada de Jesús devuelve la vida a quienes le escuchan. Que no se trataba de una vida corporal, podía entenderse de inmediato cuando se sabe de alguna manera cuál era el sentido de la venida de Jesús. En las distintas historias de resurrección claramente descubre su sentido quien sabe leerlas adecuadamente.
En Mt 9:18-26 llaman a Jesús a casa de un jefe de la sinagoga, cuya hija estaba para morir o estaba ya muerta. Jesús entra en la casa funeraria y toma a la muchacha por la mano, y la niña se levanta. En los pasajes paralelos de Mc 5:21-43 y Lc 8:49-55 las palabras decisivas suenan de un modo similar: "Tomó a la muchacha de la mano y le dijo: Niña, levántate. Inmediatamente se levantó la muchacha y se echó a andar." Lo que esa historia quiere decir es algo muy simple: cuando una persona es tocada por Jesús — el contacto corporal referido es un símbolo del contacto espiritual —, cuando Jesús la llama y levanta, le devuelve la vida, pues es una persona que ha entrado en contacto con el resucitado y con el dador de la vida. Tampoco el Resucitado ha revivido para una vida terrena, sino como donante de vida a los hombres, que como tales hombres han perdido su vida real. De esa donación de la vida quiere hablar la historia de la resurrección de la hija de Jairo.
En Lc 7:11-17 se relata otra historia de resurrección con unos epicentros similares. Es la resurrección de un joven en Naím. Jesús se acerca al féretro y lo toca. Y dice al muchacho: "Joven, yo te lo mando: levántate. Y el difunto se incorporó y comenzó a hablar."
En Jn 11:17-44 leemos otra historia de resurrección. Lázaro había muerto y lo habían enterrado; Jesús va (según el relato) a su tumba, pese a que le han dicho que lleva cuatro días en el sepulcro, que ya estaba cerrado. También el relato de la resurrección de Lázaro presenta una forma de exposición como la que hemos visto en los Sinópticos. Jesús llama al muerto con voz potente: "¡Lázaro, ven fuera!" Además, Juan ha enriquecido la narración con palabras que ponen de relieve el sentido latente en la misma. Jesús dijo a Marta: "Tu hermano resucitará" (11:23). Marta le respondió que ya sabía "que resucitará en la resurrección del último día" (11:24). Pero Jesús se aparta de esa respuesta. Juan quiere indicar lo que ahí significa resucitar y por ello menciona las palabras de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre." Juan pone así de relieve el sentido de su historia de resurrección. El relato de la resurrección corporal de Lázaro es una imagen de la resurrección espiritual de los hombres que reciben la llamada de Jesús a la fe.
6. Negativa de Jesús a hacer signos. La mencionan algunas veces los Evangelios en relación con las peticiones de signos milagrosos como elementos de credibilidad de Jesús (cf. Mt 12:38 - 42; Mc 16:1-4 y paralelos: Mc 8:11-13; Lc 11:16.28; Jn 6:30). La interpretación de esos versíc
ulos no es uniforme entre los comentaristas bíblicos. ¿Qué ha querido indicar Jesús con semejante negativa frente a los signos o señales, y qué han pensado al respecto los evangelistas que se han hecho eco de la misma?Tras el rechazo de Jesús a realizar los signos (milagros) que se le piden surge sobre todo su conciencia de que tales exhibiciones nada tienen que ver en definitiva con su misión. Por otra parte, Jesús sabía que los signos salidos de él (por ejemplo, las curaciones) no se debían a él e
xclusivamente, sino que dependían también de la fe de los suplicantes. Si esa fe faltaba, la persona no era digna de ser curada.Palabras de Jesús.
Lo que los Evangelios nos han transmitido sobre todo son palabras de Jesús. Cuando, tras las investigaciones realizadas sobre las formas y géneros de la Biblia, se llegó al conocimiento de que también en muchos textos evangélicos había más teología de la Iglesia primitiva que historia de los días de Jesús. ¿Habían sido pronunciadas por él tal como se encuentran, o eran también afirmaciones teológicas? La respuesta de los reformadores fue muy frecuentemente radical, y la consecuencia en muchos predicadores fue la de una profunda resignación. Los exegetas fueron siempre muy circunspectos en sus respuestas.
1. La palabra auténtica de Jesús naturalmente que se ha conservado en los Evangelios y en la predicación de los apóstoles. Quizá donde mejor se ha mantenido es en las parábolas, aunque con ello no queremos decir que el montaje y disposición de las que se nos han conservado sean la palabra misma de Jesús.
También la mayor parte de las sentencias y predicaciones de las nuevas enseñanzas, como por ejemplo las que se nos han transmitido en la colección de sentencias que es el "sermón de la montaña," hemos de aceptarlas como palabras auténticas de Jesús. En el fondo se podría decir que todas las palabras de enseñanza de Jesús en los Evangelios según Mateo, Marcos y Lucas que no conciernen directamente a Jesús comportan una cierta probabilidad de que se trata de palabras auténticas de Jesús.
A propósito de las "palabras auténticas de Jesús" lo primero que hemos de preguntarnos aquí es el significado de "auténticas." No puede significar en cada caso que las palabras de Jesús se nos hayan transmitido al pie de la letra como él las pronunció (ipsissima vox). La predicación, al transmitirlas, configuró necesariamente un vocabulario, que adoptó su forma más cómoda. Y, de conformidad con el propósito del predicador y del evangelista, destacó también determinados puntos. A ello ha de añadirse que las palabras de Jesús aparecían en la proclamación de la buena nueva en diferentes contextos. Las palabras de Jesús no se transmitían ciertamente por un afán aséptico de documentación histórica; lo que pretendían era más bien formar, instruir y juzgar. El predicador y heraldo entraba en el rico depósito de la tradición y la ordenaba de acuerdo con su tema. Más tarde las palabras de Jesús volvieron frecuentemente a desconectarse de tales contextos, cuando lo que interesaba sobre todo era consignar por escrito las sentencias del Señor. Como esto sólo ocurrió varias décadas después de la predicación de Jesús, para entonces el tenor literal de sus sermones ya había sido alterado por la transmisión oral, por mucho cuidado que la tradición hubiera puesto en conservarlo. Cosa que, por lo demás, cabe poner en duda, dado el descuido que el oriental muestra de ordinario frente a la palabra concreta. Cierto que los rabinos del tiempo de Jesús no aplicaron en modo alguno a la palabra de la Biblia esa negligencia hacia la palabra concreta. Hasta tal punto mantuvieron las fórmulas concretas y particulares, que estaban más dispuestos a cambiar el contenido que las fórmulas. Pero ésa no era la disposición general de los orientales, sino una especialidad técnica de los fariseos. En cambio, Jesús y sus discípulos, que eran orientales, pero no eran escribas a la manera farisaica, siempre vivieron convencidos de que la letra mata y sólo el espíritu vivifica.
2. Así pues, las palabras de Jesús manejadas por la comunidad estaban espiritualmente cerca de las palabras auténticas de Jesús. Pero eso no equivale a decir que en Mateo, Marcos y Lucas encontramos la palabra auténtica de Jesús, mientras que en Juan ya estaría cambiada. Al ser los Evangelios escritos catequéticos y litúrgicos, todos los Evangelios contienen la pal
abra transformada. Esa transformación descansaba precisamente en el empleo de las palabras de Jesús en la catequesis y en la celebración del servicio divino, dos funciones que naturalmente no cabe separar de una manera tajante, toda vez que la liturgia es en cierto modo una catequesis. Más aún, catequesis y liturgia son simplemente dos aspectos de la predicación.El Padrenuestro, por ejemplo, es sin duda alguna una cristalización de la forma de plegaria de Jesús convertida en una plegaria de la comunidad. Las dos formas del Padrenuestro (Mt 6:9-13 y Lc 11:2-4) señalan ya el hecho de que en las comunidades había (al menos) dos de tales cristalizaciones, que en buena parte coincidían sí, pero con diferencias que certifican cómo ahí no subyace la forma fija de una oración de Jesús (ver los comentarios a Mt 6:9-13). La oración del Señor, o la fórmula oracional del Señor, tal como él se la enseñó a sus discípulos, fue adquiriendo poco a poco en las comunidades esa forma — o esas formas — litúrgica fija, que más tarde recogieron los evangelistas en sus escritos.
Veamos algunos ejemplos más sobre la transformación de las palabras de Jesús por obra de la predicación. En su bautismo Jesús rechaza la negativa de Juan a bautizarle con estas palabras: "Permítelo por ahora, porque es conveniente que así cumplamos toda disposición divina — lit
eralmente: "toda justicia" — (Mt 3:15). Cabría calificar esas palabras como "catequética o teológicamente completadas." Sin duda que si Juan se hubiera resistido a bautizar a Jesús, éste le habría apremiado a que lo bautizara. Pero la fórmula sobre la necesidad de cumplir toda justicia deriva de la conciencia que el evangelista tiene de la mesianidad de Jesús, y está interesado en presentar a Jesús como el cumplidor de la justicia, como el Mesías que los judíos esperaban.3. Las palabras de Jesús, intencionadamente transformadas por el evangelista, van aún más allá de la transformación señalada. Sin duda que en el Evangelio de Juan tenemos muchas de esas palabras de Jesús cambiadas por el evangelista. El Jesús de Mateo y de Marcos jamás habla como el Cristo de Juan, según puede demostrarlo una simple comparación de los textos; prec
isamente en Mateo y en Marcos habla Jesús, mientras que en Juan el que habla es el Cristo. A Juan se le ha llamado "el teólogo"; lo cual quiere decir que, respecto del Jesús que habla en su Evangelio, es él quien expone la teología del Mesías (el Cristo) enviado por Dios, la teología del Hijo enviado por el Padre, y en términos que Jesús jamás empleó sobre la tierra.Y es que los evangelistas no escriben una historia, sino un evangelio: Juan proclama al Logos hecho hombre, al Verbo encarnado, que habla de sí mismo. Sin embargo Juan no explica la palabra de Jesús, sino que transforma las palabras del Jesús histórico, que "desde el principio" (Jn 1:1) es reconocido como el Mesías de Dios y como el Hijo divino de Dios por los apóstoles, convirtiéndolas en las palabras de ese Mesías y de ese Hijo de Dios: Jesús. El hecho de que la doctrina de Jesús sea palabra directa de Dios — muy por encima de la palabra divina de la Torah — lo transforma Juan en estas palabras: "Mi doctrina no es mía, sino del que me envió" (Jn 7:16). Expresa la fe de que el Padre obra a través de Cristo, su Hijo, que ha sido acreditado por la resurrección, mediante palabras del propio Jesús (Jn 5:16-30).
Las conversaciones de Jesús (antes de resucitar a Lázaro) con María y Marta son catequesis sobre la resurrección, que Juan interpreta por el hecho de incorporar esos discursos al relato de la resurrección de Lázaro. Palabras cotidianas de Jesús, o que podían entenderse de una manera superficial, las convierte en palabras cargadas de profundidad o de advertencias prácticas: Jesús habló con Nicodemo sobre el nuevo nacimiento del hombre y de Israel por el espíritu, sin que importe la carne (el ser miembro de un pueblo determinado), y entonces habla el Cristo joánico del bautismo: "Quien no nace de agua y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Jn 3:5).
4. Esa cuestión de la autoría se presenta en estos términos: ¿Se puede seguir hablando de "palabras de Jesús," cuando esas palabras no se remontan efectivamente hasta él? Los apóstoles y los evangelistas ¿no han falseado las palabras de Jesús?
No debemos pasar por alto a este respecto la especial manera con que siempre se ha tratado en Oriente el problema de la autoría. El contenido fundamental era lo decisivo. En el sentir del legislador oriental se podía seguir hablando de la Ley mosaica, por ejemplo, aunque esa Ley sólo contuviera pequeños restos de la legislación promulgada personalmente por Moisés. La ley a
mpliada, en el sentido de desarrollar la primera redacción, continuaba siendo también la Ley mosaicaLo mismo ocurre con las palabras de Jesús: lo decisivo era que se conservase el sentido del conjunto de las palabras de Jesús
, no el que cada una de esas palabras hubiera sido pronunciada letra por letra. Los apóstoles, como predicadores autorizados de la doctrina de Jesús, no se vieron a sí mismos como transmisores de fórmulas, sino como heraldos y testigos de la doctrina que se les había entregado y confiado mediante palabras y hechos, y en la que contaban no tanto unas fórmulas verbales cuanto unas actitudes generales expuestas con las palabras adecuadas. De ello derivó espontáneamente un manejo más libre de la palabra de Jesús, que ellos habían de transmitir como palabra viva y vivificante, y no como una piedra muerta aunque ésta fuera una piedra preciosa.Esa actitud, contemplada desde la psicología de los pueblos, quizá tiene también que ver con una valoración diferente de la palabra y del discurso. "Palabra" para el oriental no es la pal
abra aislada, el vocablo (así, por ejemplo, se dice "la Biblia es palabra de Dios": la Biblia entera, y no la palabra aislada); la palabra aislada y particular es sólo una fórmula en el conjunto verbal. Esa actitud la adoptó también la Iglesia, por cuanto que jamás permitió reclamarse a una palabra aislada de la Biblia; lo que cuenta siempre es la totalidad de la palabra bíblica (no de las palabras bíblicas) como base y fundamento del sentido recto.1 La antigua versión siria del AT (la parte veterotestamentaria d
e la Pesitta) se remonta en opinión de muchos especialistas a una época anterior al cristianismo. "Es perfectamente verosímil que la diáspora judía en Mesopotamia, cuyo epicentro era Edesa, se hubiera procurado una traducción al siríaco ya en época precristiana, de manera parecida a como lo hicieron los judíos alejandrinos" (J. Góettsberger, Einleitung in das AT, Friburgo 1928, p. 461).2 La anteriormente citada traducción unitaria de la Biblia (1980) resalta el aspecto dinám
ico del verbo del texto original y traduce con "tener en menos," con lo que la afirmación pierde fuerza, a pesar de ser correcta en cuanto al sentido.3 Por "comunidad" no se puede entender aquí naturalmente el conjunto de los miembros comunitarios, sino el liturgo y el catequista, el predicador y el misionero, el presbítero o el obi
spo de la comunidad; es decir, quienes empleaban las palabras de Jesús ante la asamblea en la liturgia y la predicación.
Libros y Perícopas del Antiguo Testamento.
Los Cinco Libros de Moisés.
Los cinco libros ligados al nombre de Moisés los denomina la ciencia bíblica "Pentateuco" (de las palabras griegas penta = cinco, y teukhos = vasija). En el griego de los judíos teukhos designaba más concretamente el recipiente en el que se conservaban los rollos de la Escritura. Así pues, Pentateuco significa aproximadamente una obra en cinco rollos, o un libro en cinco partes, etc. La división del conjunto de la obra en cinco libros debió imponerse en el siglo IV a.C. por razones técnicas. Y dado que muchos unen el libro de Josué a los cinco libros de Moisés, también se ha hablado de "Hexateuco" (hex = seis, obra en seis rollos), y hasta de "Heptateuco" (hepta = siete, obra en siete rollos) con la incorporación del libro de Jueces.
Los cinco libros de Moisés se designan hoy generalmente con los nombres que recibieron en la nomenclatura latina, tomada a su vez de los títulos que se les habían antepuesto en la versión griega de Septuaginta. Así:
El primer libro de Moisés se llama Génesis (origen).
El segundo libro de Moisés es el Éxodo (o salida).
El tercer libro de Moisés es el Levítico (por las leyes levíticas o relativas a los sacerdotes).
El cuarto libro de Moisés es Números (en griego arithmoí).
El quinto libro de Moisés es Deuteronomio (o segunda Ley).
Al conjunto de los cinco libros de Moisés los designan los judíos como Torah o "La Ley," lo que no significa que contenga sólo prescripciones legales. Más bien es la ley de la fe y de la vida, tal como se desprende de la historia del pueblo de Israel, en la que se incorporan y mezclan las prescripciones legales, que constituyen sin embargo la mayor parte de los cinco libros. De ahí que torah se traduzca correctamente por "instrucción."
¿Es el Pentateuco un todo originario? Hasta el siglo XVIII de nuestra era se impuso la idea de que "los cinco libros de Moisés" (el Pentateuco) eran efectivamente una obra de Moisés. Ya desde el siglo II a.C. esa opinión se había ido afianzando entre los judíos. Pero el propio Pentateuco se opone en muchos de sus pasajes a dicha opinión:
a) Ninguno de esos libros presenta una indicación del autor por la que al menos pudieran reclamarse de alguna manera a la autoría de Moisés.
b) Se habla de Moisés en tercera persona.
c) Los pasajes concretos que se atribuyen expresamente a Moisés como su autor (por ejemplo, Ex 17:14; 24:4; 34:27s; Núm 33:2; Dt 31:9.24) excluyen la autoría mosaica para el conjunto.
d) Los elementos narrativos, que suponen una situación histórica posterior a la época mosaica, son al menos resultado de reelaboraciones; por ejemplo, una frase como ésta: "He aquí los reyes que reinaron en el país de Edom antes de que reinase un rey sobre los hijos de Israel" (Gen 36:31) no es posible antes del primer rey israelita, que fue Saúl. Y de pasajes así hay toda una serie (cf. Gen 12:6; 13:7; 14:4; 34:7; 40:15, etc.).
La investigación a fondo de los contenidos y disposición textual del Pentateuco han confi
rmado la idea de que el texto actual es el resultado de la redacción de textos de diferentes épocas. En esa dirección apuntan:a) Las diferencias de estilo, diferencias de fórmulas lingüísticas y de vocabulario para decir las mismas cosas o describir las mismas actividades. Entre las diferencias más sorprendentes está
el empleo de los nombres para designar a Dios: en unos pasajes Yahveh, en otros Elohim; no porque una tradición haya conocido sólo un nombre y otra tradición sólo el otro, se trata más bien de una preferencia persistente.b) Las contradicciones objetivas no serían posibles tratándose de un solo escritor. Así como demuestran, por una parte, que la redacción posterior no los entendió como relatos contradict
orios sino como fragmentos que se completan mutuamente, así también evidencian, por otra, que no proceden de un autor que hubiera seguido los distintos propósitos de unas narraciones no contradictorias entre sí.c) Varios relatos de los mismos acontecimientos señalan así mismo distintas fuentes, de las que habría surgido la forma actual del Pentateuco (véase la expulsión de Hagar, en Gen 16:4-14 y 21:8-21).
Libro del Génesis.El primer libro de la Biblia, el denominado "Libro primero de Moisés," se conoce en la ciencia bíblica con el nombre de Génesis (Gen). Es una palabra griega que significa "origen," "formación." Los primeros capítulos de este libro hablan de la creación del mundo y del género humano; por otra parte, todo el libro primero de la Biblia se refiere a la formación del pueblo de Israel (historia de los patriarcas). De conformidad con ello en la Biblia griega — y por influencia de la misma tam
bién en la Biblia latina — al conjunto del libro se le llamó Génesis.El libro de Génesis comprende:
1. En los 11 primeros capítulos, la que se conoce como historia de los orígenes: relatos de la creación, narración del paraíso y del pecado original, relato de Caín y Abel con la lista de los descendientes cainitas y de los descendientes de Set; relato del diluvio con la maldición y bend
ición de Noé a sus hijos y la tabla etnológica; el relato de la torre de Babel con la lista de los pueblos semitas.2. En los capítulos 12-50, las historias de los patriarcas: Abraham, Isaac y sus hijos Esaú y Jacob, y Jacob y sus hijos.
La designación del Génesis como "Libro primero de Moisés" puede hacer pensar que él lo ha escrito. Pensarlo sería un error. El libro del Génesis tiene una historia muy compleja, que hasta ahora no ha sido explicada por entero (véase el artículo sobre el Pentateuco en las páginas precedentes).
Los capítulos del Génesis sobre la humanidad siguen planteando nuevos problemas al ho
mbre moderno. Podremos resolverlos de alguna manera, si tenemos en cuenta lo siguiente.La recta interpretación de las afirmaciones esenciales de esos capítulos nos resultará más fácil si nos hacemos una idea clara de cómo entendió Israel esos capítulos al tiempo de s
u redacción. Pues los graves defectos que se cometen al enfrentarse con el mensaje bíblico son ante todo el querer entenderlo con los conceptos y las imágenes del mundo propios del hombre moderno, y el no preguntarnos por el mensaje que intenta transmitir.Cierto que no podemos establecer con precisión el tiempo en que fueron redactados los pr
imeros capítulos; pero, en el estado actual de las investigaciones, podemos afirmar:a) Los elementos de las narraciones proceden en su casi totalidad del fondo narrativo del pueblo de Israel.
b) Las primeras reelaboraciones de ese material hasta convertirlo en piezas doctrinales válidas para Israel, y que ya no tenían en común nada con los elementos míticos primitivos, empiezan con Moisés y la época mosaica (hacia el 1250 a.C.).
Los capítulos del Génesis sobre la humanidad son piezas doctrinales. "Todo lo escrito ha sido escrito para vuestra enseñanza," dice Pablo.
En el texto de la creación se presupone como histórico que el cielo y la tierra, es decir, todo lo existente, han tenido un comienzo. Complementariamente se dice que Dios estableció ese c
omienzo. Todo lo demás es un revestimiento narrativo condicionado por la época en que fue escrito.En los versículos relativos a la creación del hombre de una manera pa
rticular se supone como histórico que también el hombre tuvo un comienzo. Ése es el núcleo histórico. Se enseña que Dios ha creado al hombre, y ciertamente que "a su imagen." Lo cual se pone de relieve con el triple "imagen y semejanza." El resto es revestimiento narrativo tributario del tiempo respectivo.Como histórico se enseña un estado del hombre anterior al pecado. La narración de ese e
stado de pre pecado, el cómo, dónde y cuándo son revestimiento. Tampoco se dice nada sobre la duración temporal de ese estado pre pecaminoso.Como histórica se supone la creación del hombre como varón y mujer. La creación "post
erior" de Eva, procedente del varón, es una pieza doctrinal que pretende destacar la igualdad de la mujer y la unidad de varón y mujer querida por la naturaleza (matrimonio natural).Como histórica se enseña la rebelión del hombre contra Dios, por la que llegaron todos los males al mundo. Todo lo demás — la historia de los árboles, la historia de la serpiente, el inte
rrogatorio de Dios, la expulsión del paraíso — es revestimiento.El relato de Caín y Abel es sólo un suceso histórico en el sentido de que representa al pr
imer homicida. Por el contrario, tiene un extraordinario contenido doctrinal, por cuanto que prolonga el pecado (de los primeros padres) y apunta contra la vida. Caín y Abel son, pues, tipos de una narración, que representan al primer asesino histórico y al primer asesinado de la historia; que haya tenido que darse históricamente un primer asesino es un postulado lógico.La pieza doctrinal del diluvio tiene probablemente unas bases históricas localistas. Lo importante es simplemente la afirmación de que la condición pecaminosa de los hombres había ido creciendo.
Los motivos históricos y las tablas etnológicas, que siguen al diluvio, tienen unas miras teológicas: el autor quiere explicar los grupos de pueblos hostiles a Israel, y por ende a Yahveh, a partir de la maldición de Noé. Es una historiografía etiológica (explicativa de unos hechos).
En la colección Katechetische Blatter apareció hace algún tiempo un artículo bien intenci
onado sobre la fórmula habitual "historia de..." En él se decía que dicha fórmula comporta el peligro de reducir los relatos de la Biblia a la categoría de cuentos y fábulas. El peligro existe. Sin embargo, la fórmula "historia de Caín y Abel," "historia de David y Goliat" es más correcta que la de "relación," "informe" u otras similares. Si no conseguimos aceptar y exponer la pieza doctrinal como tal — ¡y esto se refiere también al NT! —, las dificultades objetivas resultarán insuperables para muchos y las dudas sobre la palabra de Dios serán tan fuertes en una época como la nuestra, tan atenta a la ciencia, que maldeciremos no haber abandonado los anticuados métodos catequéticos y no haber tomado lo bastante en serio los resultados de la ciencia bíblica.Las diferentes tradiciones las reduce el autor2 a una composición, que originariamente no existía así en su conjunto. Atribuye a todas las tribus, incluso a las que nada sabían de una tradición abrahámica, un ancestro común, Abraham, como patriarca primero. Al conjunto de las doce tribus del pueblo lo hace descender de Jacob, incluso a las que nada sabían de aquel patriarca. Incorpora las tradiciones de aquellas tribus que sabían de una estancia en Egipto y de una marcha por el desierto a la historia de todo el pueblo de las doce tribus. En una palabra, entrelaza sus tradiciones en una tradición común de la liga tribal, que de este modo se ve respaldada con una historia unitaria. Pero el sentido de esa historia así narrada no es propiamente — y eso es lo que hay que mantener como lo más importante — escribir esa historia, sino mostrar a la liga sagrada de las tribus israelitas cómo Yahveh ha dirigido a su pueblo desde los días de los patriarcas. De ahí que el acento de las narraciones que ya son "bíblicas" sea diferente del que tenían en las tradiciones profanas de cada una de las tribus. El epicentro ya no lo constituye el "héroe" individual, sino la mano de Dios.
Con ello el estadio narrativo histórico se hace casi accesorio. De unas historias seculares surge — hacia los reinados de David o de Salomón — la primera obra narrativa común para todo el pueblo, la cual aprovecha e interpreta todas las tradiciones disponibles. En esa interpretación no sólo se pres
enta como obra de Dios en general todo lo ocurrido, sino que se documenta también con detalles la intervención de Dios en la historia.Ciertas indicaciones del texto confirman la gran antigüedad del estrato básico de las hist
orias de los patriarcas y también de las historias de Abraham. La bendición de Abraham por parte de Melquisedec — es decir, de un rey sacerdote cañoneo —, en un momento en que la política de los dirigentes israelitas tendía a una separación tajante entre su pueblo y los cananeos, no pudo ya dejar de lado el tema en una primera narración de tipo religioso; así pues, el relato de Melquisedec apunta a la época de los patriarcas. Ciertos nombres de lugares y de campos reflejan una nomenclatura ya periclitada al tiempo de la monarquía, por lo que los redactores de la época se ven obligados a explicarlos: Bela, "que es Sóar" (Gen 14:2); el valle de Siddim, "que es ahora el mar de la Sal" (Gen 14:3); llegaron a la fuente de Mispat, "que ahora es Qedés" (Gen 14:7).El desarrollo de las historias de Abraham y de los patriarcas hasta la forma textual actual cabe representárselo, partiendo de la generación abrahámica, aproximadamente así: con Abraham empezó algo nuevo, ante todo para su tribu o para las tribus que a él se remontan. Las primeras narraciones sobre Abraham aparecieron seguramente en forma distinta a como las presenta el texto de la Biblia, aunque contenían sin duda el armazón de los desplazamientos externos: (emigración con su padre de Ur a Jarán) salida de Jarán hacia Canaán, estancia en Sikem, estancia en Betel, partida hacia el Sur, desviación hacia Egipto forzado por el hambre (la historia de Sara en el harem de un rey egipcio), retorno a Canaán, separación de las tribus de Abraham y de Lot, expedición guerrera de Abraham para liberar a Lot, encuentro con Melquisedec, esperanza de Abraham en tener un hijo de Sara — "la princesa" —, etc.
Cuáles eran los acontecimientos que se narraban en aquellas historias primitivas y cómo se contaban, nadie puede hoy afirmarlo con seguridad, por tratarse de la primera materia bruta. Aquellas narraciones no eran todavía otra cosa que historias tribales en las que se exaltaba la si
ngularidad del ancestro de la tribu que, con su partida de Mesopotamia, había puesto en marcha algo nuevo. La época de esas primeras narraciones se sitúa, pues, hacia el 1700 a.C., si Abraham aparece hacia el 1750.Cuando los hijos de Abraham fueron admitidos en la liga de las doce tribus, esas narraciones entraron a formar parte de las historias de dicha liga, y con la fe (en los años del afianzamiento del pueblo y del Estado israelitas) de que toda la historia del pueblo era una prueba de que Yahveh lo dirigía hacia una meta, y con el empeño porque el pueblo tomara conciencia de esa dirección de Yahveh, aquellas historias "profanas" adquirieron su contenido. Fueron contadas de nuevo. Ahora el narrador sabe que Abraham no abandonó Jarán por un motivo que ya no se describe con mayor detalle, sino porque el Señor habló a Abraham y le dijo: "Sal de tu tierra..." Ahora sabe que Abraham no estaba desamparado y que tampoco era un hombre audaz, sino que Yahveh le dijo: "Haré de ti un gran pueblo..." Las historias de Abraham se convierten en una historia de salvación, en la que se demuestra que Dios ha abierto un nuevo camino salvífico.
Gen 1:1-2:4a: La creación del mundo.
La imagen del mundo en el texto creacionista de la Biblia. Todo lo escrito tiene sentido, sólo si ha sido escrito de manera que resulte comprensible a los oyentes o lectores. Por lo mismo, también los textos del primer libro de Moisés que tratan de la creación del mundo se refieren a la cosmovisión que entonces era común entre la gente. Si el autor del texto creacionista quería ser entendido en sus enseñanzas religiosas no podía por menos de presentarlas al mundo tal como las gentes las recibían entonces y en la forma en que creían que existía el mundo. ¿Cómo era esa imagen cosmológica?
El mundo está formado por "el cielo y la tierra"; es decir, es la tierra y el firmamento que se extiende por encima de ella. La tierra descansa o flota en el océano primordial, en el abismo primigenio, cuyas aguas la empujan hacia arriba. Un "firmamento," es decir, una semiesfera sólida (firmus = firme, consistente) se extiende por encima de la tierra y separa las aguas del océano celeste de la tierra que queda por debajo, la "seca." Por encima del océano celeste se alza el cielo luminoso. En la semiesfera sólida del firmamento recorren su camino el sol, la luna y las estrellas. En los extremos de la tierra se alzan los montes como "columnas del cielo" que aguantan el firmamento. La tierra, a su vez, descansa sobre las columnas (firmes) terrestres que se hunden en la profundidad del océano primordial. A través de canales afloran las aguas del océano primordial (que está formado por agua dulce) a la superficie y aparecen en forma de fuentes. A través de las "esclusas del cielo" el agua del océano celeste entra y sale en el espacio de la tierra, cayendo en forma de lluvia sobre la seca. En lo más profundo de la seca está la cueva del mundo inferior, el infierno, el seol.
La imagen de Dios en Gen 1. En el texto bíblico de la creación el narrador profético no está interesado en confirmar esa imagen del mundo; eso es algo que se da por supuesto como algo evidente. Lo que le importa al narrador es que este mundo — cualquiera sea la imagen que de él se tenga — ha sido creado por Dios: "Al principio creó Dios los cielos y la tierra." La palabra hebrea consagrada por el uso para designar a Dios era 'elohim, y ésa es la que aparece también en este
pasaje. Es una forma plural.La palabra 'elohim tiene múltiples usos: se dice de las divinidades paganas (por ejemplo, Sal 97:7), de los ángeles, de los espíritus de los difuntos (Is 8:19) y hasta de los hombres (los prínc
ipes, los jueces). Su sentido específico es sin duda el de espíritus poderosos, y seguramente no va contra el sentido de la Escritura el suponer que 'elohim se había aclimatado en el lenguaje de Israel en una época en que los ancestros del pueblo todavía no pensaban de un modo radicalmente monoteísta; por otra parte, el Israel sedentario siempre estuvo expuesto al peligro de recaer en la idolatría. Pero en el lenguaje de la Biblia adquirió el sentido de "divinidad," de Dios. En la Sagrada Escritura ocurre incluso que, cuando se trata de Dios, la palabra se emplea en un sentido absolutamente monoteísta y se construye siempre con una forma verbal en singular. Hay, pues, que suponer que esa forma en plural indicaba, dentro del espíritu de la lengua, grandeza y majestad. Más tarde quizá se sintió también como un plural intensivo (pluralis intensitatis) que concentraba en un solo Dios todo cuanto el viejo panteón había repartido entre muchos dioses.Pero la forma 'elohim para designar a Dios no tiene, a pesar de todo, una importancia teológica inconcusa, sino que puede también tener simplemente un valor histórico-lingüístico y de una cosmovisión histórica. También nosotros seguimos diciendo que "el sol sale," aun sabiendo perfectamente que se trata sólo de una apariencia, como si realmente se levantase en el horizonte. Lo importante, por el contrario, es que al comienzo de esta charla magna de la revelación el autor israelita da por supuesta la existencia de Dios como algo que cae por su peso. No se dice "Al principio, antes de todas las cosas existía Dios..." No se filosofa sobre Dios. De lo que se trata es de las relaciones de la creación y del hombre con Dios, etc. Pero Dios mismo es evidente.
Y sin embargo, también se predica de Dios algo más que su existencia indiscutible y que ha creado "cielos y tierra." Se dice de él que es espíritu ("el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas") y que creó el mundo con su palabra ("Dijo Dios..."); dicho de otro modo, que el mundo ha venido a la existencia por la actividad del espíritu de Dios. Y en esa afirmación ya está contenido mucho de la soberanía excelsa que tiene Dios en la imagen de la Biblia.
La imagen del hombre en el texto de la creación. La imagen del hombre en este texto se caracteriza por tres notas esenciales. Las cuestiones relativas a esos tres puntos siguen siendo todavía hoy las cuestiones básicas en el estudio de la imagen del hombre:
1. ¿Qué lugar ocupa el hombre en el conjunto de los seres? El primer texto bíblico sobre la creación dice, por el hecho mismo de calificar al hombre corno la última de las obras realizadas y al ponerle por encima de toda la creación, que el hombre ocupa el lugar más alto de la misma.
2. ¿Qué es el hombre? ¿Qué es lo que le diferencia de los otros seres? El primer texto creacionista de la Biblia dice que el hombre está emparentado con los animales (uno y otros fueron creados "el día sexto"); pero Dios lo creó "a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza." No obstante su manifiesto parentesco corporal con los animales, el hombre es un ser emparentado con Dios.
3. ¿Quién es hombre? La Biblia dice: "Varón y hembra los creó." Uno y otra forman el hombre. Y en esa fórmula tienen perfecta respuesta de antemano todas las cuestiones relativas a la igualdad de los sexos.
Si dejamos hablar al texto hebreo, podemos referirnos a un cuarto punto esencial: por tres veces (o sea, con el énfasis máximo) menciona Gen 1:27 el verbo bara' con Dios como sujeto: "Dios creó." Ese bara' corno verbo de la creación lo reserva la Biblia en exclusiva para el acto creador de Dios, cuando en otras lenguas no hay un verbo de uso exclusivamente divino. Pero no sólo se expresa así la singularidad de la creación divina, sino que en Gen 1:27 se destaca también con fuerza la condición criatural del hombre.
El texto creacionista, un himno a la creación.
La verdad de la creación por parte de Dios viene expresada en un lenguaje solemne, hasta el punto de que muchos biblistas califican dicho texto como un himno o canto a la creación. De hecho muchas de las formas concretas del texto son elementos poéticos. Por otra parte, el conjunto se parece a una proclamación solemne, a una enseñanza en forma enfática, más que a una poesía, por lo que podría hablarse de un desarrollo dramático del "Al principio creó Dios."
A continuación presentamos el texto completo de la creación en una forma en que se hace patente:
1) El tono de proclama mediante una disposición tipográfica especial.
2) El texto en mayúsculas sirve para destacar los propósitos capitales del pasaje; con lo cual se señala así mismo el verdadero contenido de la revelación, ya que éste nunca puede ponerse en los detalles sino sólo en el objetivo y el propósito que el texto persigue.
3) Las intenciones secundarias del texto se señalan en cursiva; además, daremos algunas explicaciones complementarias en las notas a pie de página. No queremos decir con ello que todas las intenciones queden recogidas en esta disposición del texto. Ya antes pensamos haberlo hecho, pero de esta forma el texto nos desvela una profundidad insospechada.
1:1 Al principio 3 creó Dios los cielos y la tierra4
2 y la tierra estaba desierta y vacía
5,había tinieblas sobre la faz del abismo
6,y el espíritu de Dios
7 aleteaba sobre la superficie de las aguas.3 Dijo Dios:
haya luz 8;
y hubo luz.
4 Y vio Dios
que la luz
era buena.
Y separó Dios la luz de las tinieblas.
5 Y a la luz llamó Dios día,
y a las tinieblas noche.
Y hubo tarde y mañana:
día primero.
6 Dijo Dios:
Haya firmamento en medio de las aguas,
que separe unas de otras.
7 E hizo Dios
el firmamento,
y separó las aguas que están debajo del firmamento
de las que están encima del firmamento.
Y así fue
.8 Al firmamento lo llamó
Dios cielo.
Y hubo tarde y mañana:
día
segundo.9 Dijo Dios:
Reúnanse en un lugar las aguas de debajo de los cielos
y aparezca lo seco.
Y así fue.
10 A lo seco llamó
Dios tierra,
y a la reunión de las aguas llamó mar.
Y vio Dios
que estaba bien.
11 Dijo Dios:
Produzca la tierra vegetación
9:plantas con semillas,
árboles frutales que den sobre la tierra fruto
según su especie,
con la semilla dentro,
Y así fue.
12 Y produjo la tierra vegetación:
plantas con semilla según su especie
,y árboles que dan fruto, con la semilla en él,
según su especie.
Y vio Dios
que estaba bien.
13 Y hubo tarde y mañana:
día tercero.
14 Y dijo Dios:
Haya lumbreras10 en el firmamento de los cielos,
que separen el día de l
a noche,y que sirvan de señales
para estaciones, días y años.
15 Sirvan de lumbreras en el firmamento de los cielos
que den lux sobre la tierra.
Y así fue.
16 Hizo Dios
las dos grandes lumbreras:
la lumbrera mayor para que dominara en el día,
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