Historia

de la Iglesia Rusa.

Para Usos Internos y Didácticos Solamente

 

Contenido:

Parte I: Historia laica.

Por Vladimiro Belikov.

Prefacio.

Los primeros tiempos.

El Bautismo del pueblo ruso.

Extencion del pueblo ruso y del cristianismo.

Invasion tártara.

Agresiónes teutónica y lituana.

La caida del Imperio Bizantino.

Tiempos turbios y elección de los Romanov, descendientes de Riurik.

Pedro el Grande y sus reformas.

El siglo de Catalina II y sus sucesores.

Breves apuntes sobre el reinado del último Zar.

Revolución del 1917.

La Unión Soviética bajo Stalin.

Guerra fría.

Nuevos magnates:

Datos estadísticos.

Instrucción pública.

Parte II. Historia eclesiástica.

Prof. Dr. Dimitry V. Pospielovsky.

1. Desde Kiev a Moscú.

2. Historia de la Iglesia Moscovita Antigua.

3. Las Batallas Teológicas.

4. La Sede Metropolitana de Kiev.

5. El Sistema Sinodal.

6. El Gran Concilio (Sobor) de la Iglesia en 1917-1918.

7. La era Soviética y la Iglesia.

8. La era Poscomunista.

 

 

 

Parte I: Historia laica.

Por Vladimiro Belikov.

Prefacio.

El desconocimiento de la historia rusa y de las cifras concretas de su desarrollo espiritual, industrial y económico constituye una de las principales causas del éxito de juicios erróneos sobre Rusia en Occidente. Los acontecimientos históricos, como aquellos que demuestran que después de la victoria sobre Napoleón, Rusia fue durante cuatro décadas la primera potencia Europea, han sido completamente olvidados. Más aún los eslóganes de la propaganda soviética, que dicen que la industrialización de Rusia es obra exclusiva de ellos, se aceptan sin crítica alguna, a pesar que el mismo Lenin en su obra "El Desarrollo del Capitalismo en Rusia" 1897 manifiesta el alto grado de industrialización del Imperio Ruso ya a fines del siglo XIX.

Esta obra de Lenin no se publicó en Asia y tiene poca circulación en otros países; precisamente porque demuestra con cifras el alto grado de desarrollo existente en Rusia, y echa por tierra la tesis comunista favorita de que, antes de llegar ellos al poder, Rusia era un "estado agrícola retrógrado."

Parecería tarea imposible abarcar la milenaria historia de su desarrollo en pocas páginas; pero nosotros no pretendemos tal cosa: hablaremos solamente de los principales hechos, y de como de los pequeños principados hostigados y duramente atacados, se formó, gracias a la religión Cristiana Ortodoxa, a la iniciativa de los dirigentes y a la acción del pueblo, un poderoso Imperio.

Los primeros tiempos.

Los eslavos poblaron desde tiempos inmemoriales los Montes Carpatos, y se extendieron en todas direcciones. 1) Rusia de Kiev y Novgorod estaba rodeada por territorios, poblados con tribus nómadas. 2) En las orillas del Mar Negro los griegos vivían en colonias, comercializaban y cambiaban sus productos: vino, telas finas, armas etc. contra granos, cueros, miel y otros y competían con los pobladores de principados rusos agricultores y ganaderos, con quienes firmaban tratados comerciales. Estos fueron los primeros actos de la diplomacia del pueblo ruso.

Según narra la tradición, en el siglo I el mismo apóstol San Andrés llevo el cristianismo (bajo la única forma que en aquel entonces existía, la Ortodoxia), al territorio de Europa Oriental, empezando por la península de Crimea.

San Andrés se dirigió tanto a los colonos griegos, en sus ciudades en las orillas de los mares Negro y de Azov (Jersones, Olivia, Heraclea, Tanáis y otras), como también a los nativos agricultores y ganaderos nómades. Remontó el río Dniepr hasta unas hermosas colinas, donde erigió una cruz y dijo: "En este lugar resplandecerá la Bendición Divina, se erigirán iglesias a Cristo y la Luz verdadera desde aquí rebalsará a todos los países." De allí el santo Apóstol siguió hasta Novgorod, llegando casi al mar Blanco, bautizando en los distintos centros y poblados, y despertó fervorosa adhesión. Esta Luz nunca se extinguió, a pesar de cataclismos, persecuciones e invasiones

En reconocimiento a la labor evangelizadora del santo Apóstol Andrés, su mano y antebrazo, retirados de sus restos incorruptos, fueron enviados por el Patriarca Partenio de Bizancio a Moscú, guardados hasta la Revolución en la catedral de la Dormición de la Virgen en el Kremlin, y venerados durante siglos por todo el pueblo. (Luego de la revolución bolchevique dichas reliquias desaparecieron).

Por aquel entonces, por las tierras eslavas, desde el mar Adriático hasta el Danubio, Bulgaria y Serbia, hasta los Montes Cárpatos y detrás de los Cárpatos, en Galicia y en Volyñ, por toda la tierra rusa hasta los mares nórdicos, sobre los ríos Volga y Oca, en las montañas del Cáucaso, en las tierras de los Jasos, en Dagestán (antiguo Serir); y detrás del Cáucaso, en Georgia, Armenia, en toda Asia Menor (Cilicia, Frigia, Siria, Líbano), hasta de los sultanatos en Mesopotamia y Egipto, en la Etiopía, Fesaquia y Peloponeso, en Fraquia y Macedonia — se había extendido la Fe Cristiana. Los seguidores del Patriarca Néstorio, evangelizaron las tierras de Irán y Sogdiana hasta Cashgaria y Turfán, las estepas de los mongoles, las orillas de Selenga. Hasta a China llego la Palabra de Cristo. Tal era el resplandor espiritual de Bizancío, según narra Demetrio Balashov en "La fuerza del Poder." Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumania, Bohemia, Moravia, Croacia: en todos estos países estaban muy difundidas las Sagradas Escrituras, en su propio idioma local, siguiendo la tradición apostólica. Hasta hoy los croatas se enorgullecen de haber creado tres abecedarios propios eslavos, y haber transcripto en ellos las Sagradas Escrituras, y continúan celebrando los ritos de los antiguos "glagolashi" con sacerdotes casados y formas anteriores a la separación del Papa de Roma (año 1054) de los otros cuatro Patriarcas.

En el siglo X, Novgorod (centro importante de comercio), y luego Kiev, fueron las primeras capitales de Rus (cada una de ellas tenia una población de 35 000 habitantes aproximadamente). Recordemos que en aquella época Londres y París eran unos pequeños villorrios, y Berlín todavía no existía.

Rusia tuvo también su vasta experiencia democrática, que en algunas comarcas se mantuvo hasta el siglo XVI. El "Veche" (asamblea de ciudadanos) elegía un príncipe capaz, con la expresa condición de que no tuviera bienes ni relaciones en el lugar (a veces ni siquiera se le permitía tener su morada en la ciudad), para jefe militar y juez imparcial. Así fue elegida la dinastía de Riurik, fundada en el año 862.

El Bautismo del pueblo ruso.

Olga, viuda del príncipe Igor de Kiev y regente de su hijo Sviatoslav, se convirtió al cristianismo. Devotamente concurría a la iglesia de San Elías, templo que era uno de los mas antiguos de Kiev. En el año 954 en Constantinopla fue bautizada por el Patriarca, siendo su padrino el Emperador Constantino Porfirogenito. Era el deseo de Olga establecer la Ortodoxia como religión estatal. Pero la brevedad de su regencia, que finalizo con la mayoría de edad de Sviatoslav, no le dio tiempo. Sviatoslav (padre del príncipe Vladimir) se dedicaba mas a campañas guerreras que a asuntos espirituales. Vladimir, al llegar a príncipe reinante, siguió a su padre en la vida pagana, bulliciosa y licenciosa. Cobrando años, experiencia y sabiduría, y seguramente bajo la influencia de su abuela Santa Olga, comenzó a preocuparse por la salvación de su alma y de su pueblo. A pesar de haber estado preparado para la Cristiandad, quiso asegurarse de su elección, comparando las distintas religiones y profesiones de Fe. Envió una delegación de observadores a estudiar el Islam, el Judaísmo y el Cristianismo, tanto en Roma como en Constantinopla y Sarkel. Sus enviados confirmaron, que en la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla era donde "se sintieron no como en la tierra, sino como en el cielo"

El principe Vladimir, habiendo optado definitivamente por la ortodoxia en vísperas del alejamiento del Papa de Roma del resto de la Cristiandad, no se dejo seducir por el esplendor bizantino, sino, que se hizo bautizar en la ciudad de Corsun, en Crimea. Y esto, pagando tributo a su propio origen pagano y guerrero, solo después de haber tomado la ciudad, sitiada por sus tropas. Ya como vencedor y cristiano fue a Constantinopla a pedir la mano de la princesa Ana, hermana de los Emperadores. Con la nueva (única ahora) esposa cristiana, Vladimir procedió a propagar la Ortodoxia. Su vida cambió radicalmente: dejo el lujo, se convirtió en misericordioso y benévolo, lleno de amor, generosidad, caridad, dulzura y mansedumbre para con todos. Profundamente arrepentido de sus pecados, se dedicó al servicio de su pueblo, con el que siempre estuvo muy unido. En los festejos se servían en los patios mesas para agasajar a todos los pobres e indigentes, y a los que no podían concurrir, se les llevaban los manjares a sus moradas. Construyó iglesias, una de ellas — con la décima parte de todos sus bienes (por eso llamada "el Décimo"). Se preocupaba por la justicia y se negaba a mandar a matar a los malhechores, porque consideraba que como cristiano no podía hacerse culpable de muerte alguna. Tuvo que insistir el mismo Metropolitano Bizantino para hacerle cumplir con su deber de gobernante, aconsejándole dejar la clemencia y la beneficencia a la Iglesia. Así se inició la Sinfonía de Poderes. En su lecho de muerte, San Vladimir ordeno distribuir sus riquezas y bienes personales entre sus servidores y los desheredados.

Bajo su reinado y con su apoyo, el cristianismo se propagó rápidamente por todo el inmenso territorio de Rusia. Para aquel entonces había muchos cristianos y numerosas iglesias por todas partes. además, el paganismo que el pueblo originariamente profesaba era más bien un pre-cristianismo, muy propicio para la aceptación de la Ley Divina. (Se supone que la palabra slavo proviene de la voz rusa slava: gloria.) Sus ofrendas no eran sangrientas, sino que consistían principalmente en la glorificación del Todopoderoso y Trinitario bajo diversas personificaciones.

En Kiev, el bautismo masivo fue posible por la estrecha unión y mútua confianza del pueblo con su príncipe. Se decía de que "si la Nueva Fe no fuera buena, el Príncipe y los boyardos no la hubieran aceptado." Tiempo después hacia el siglo XII, al ser capturados en masa por invasores y conducidos para su venta en mercados europeos, africanos y asiáticos, eslavo se convirtió en sinónimo de esclavo.

Así en la mitología rusa en la antigüedad eslava existen reminiscencias hindúes. Son parecidos los pronombres, nombres de parentesco, raíces de algunos verbos. Los eslavos creían en lo visible: "iav," y en el "más allá": "nav" o sea en el destino del hombre después de la muerte, y se consideraban descendientes del Buen Dios Único, Pastor celestial, al que los Sabios nombran con distintos nombres.

La establecimiento del Cristianismo como religión oficial de Rusia, o Rus, por el Príncipe Vladimir en el 988 suele denominarse Bautismo de Rusia. Esta denominación no se ajusta exactamente a los hechos, dado que, desde la predicación del Apóstol San Andrés (en el primer siglo) se propagaba individualmente la Religión Cristiana con creciente aceptación.

Cabe destacar que el cristianismo fue aceptado por todo el pueblo con gran entusiasmo y fervor excepcional, salvo raros discusiones locales y algunos pocos focos de hechiceros. Al ser adoptado el cristianismo como religión estatal, Rusia se ha convertido en una nación, unida por una misma y única Fe al punto de que en tiempos de ocupación tártara o desacuerdos entre las distintas Comarcas, solamente se mantuvo unida por la Iglesia bajo la protección de su Santo, el príncipe Vladimiro.

Extencion del pueblo ruso y del cristianismo.

Los monjes ermitaños buscaban lugares despoblados para dedicarse a oración y predicaban los Santos Evangelios a los aborígenes que se acercaban, atraídos por la cultura ortodoxa. Luego se afincaban labradores, y mas tarde aparecían administradores gubernamentales con algunos soldados para protegerlos de eventuales pillajes. Así se constituían nuevos asentamientos.

En esta forma pacifica y paulatina en doscientos años llegaron desde el Volga al Pacifico, respetando a los aborígenes. Todavía se conservan con sus propias culturas e idiomas pequeños grupos étnicos (las mas pequeñas de alrededor de 400 individuos), que tienen acceso a la civilización moderna.

Campesinos desmontaban para efectuar plantaciones. Artesanos dieron comienzo al ulterior desarrollo de la industria rusa. Misioneros, predicando la fe cristiana, contribuyeron a fortalecer la Iglesia de Rusia ortodoxa, punto de unión y de sostén para los creyentes. Las múltiples caravanas comerciales, que transitaban por mar, tierra y sobre todo ríos (en verano con barco, en invierno con trineo), recorrían el país, llevando a todas partes sus mercancías y establecían lazos de unión entre los puntos más alejados. Los guerreros rechazaban los ataques enemigos. Todos ellos cooperaron para el desarrollo de la santa madre — Rusia. Los soberanos rusos unían y administraban, procurando aumentar el bienestar de sus súbditos y la grandeza de su tierra.

No hay duda, que el gobierno y el pueblo de Rusia cometían faltas. Pero dónde no? ¿En qué país existen gobernantes y habitantes que no las cometan? Y si la crítica puede ser severa, no debe transformarse en calumnia.

Un rasgo típicamente ruso es el profundo sentimiento religioso. El alma de este pueblo es principal y basicamente cristiana. Así el "Vae Victis": "Ay de los vencidos" de los Romanos paganos se puede contraponer al lema popular ruso: "al caído no se le pega." El juramento mas solemne era. "Que me avergüence, si no cumplo."

La Rusia meridional era un baluarte cristiano, rodeado por paganos; los nómadas de las estepas atacaban con frecuencia a la Rus’ de Kiev. En el año 1203 los Pólovtsi, una tribu nómada asiática, devastó a la capital y según un cronista: "una gran desgracia castigó a la tierra rusa, una desgracia, como no las había habido desde su cristianización."

Los primeros sacerdotes y obispos eran griegos y las relaciones con el Imperio Bizantino se hicieron muy cordiales. La Rusia de Kiev prosperó y se ha convertido en una poderosa nacion.

El príncipe Yaroslav, llamado "Sabihondo" (año 1030-1054) fue muy admirado; sus tres hijos contrajeron matrimonio con princesas bizantinas y germanas, y sus tres hijas se casaron con reyes de Francia, Hungría y Noruega. Fue este príncipe el que redactó el primer código de leyes, "La Verdad Rusa" (a mediados del siglo XI). Este título (verdad - pravda) refleja otro rasgo específico; la verdad tiene un papel preponderante en la psicología popular, por su naturaleza, el ruso es un "buscador de la verdad absoluta." "Todo pasa, — sólo la verdad queda," afirma un dicho.

Durante varios siglos los reyes de Francia juraban sobre los Santos Evangelios en idioma antiguo ruso ecclesiastico, traidos a París desde Kiev por la princesa Ana, hija del príncipe Yaroslav.

Invasion tártara.

En el año 1223 los tártaros hicieron su primera incursión en territorio ruso y se libro la batalla del río Kalka. Las tropas rusas fueron vencidas. Varios años después, en 1237, acometieron nuevamente contra Rus. A sangre y fuego arrasaron con todo, solo quedaron ruinas y cenisas. Los tártaros poseían una técnica militar superior. Los pobladores que no pudieron esconderse en los bosques, fueron llevados en cautiverio.

En el año 1240 los mongoles tomaron a Kiev y el yugo tártaro se extendió por toda Rusia. Durante los primeros años de su dominación, los mongoles masacraron a los rusos y aniquilaron ciudades enteras. El monje italiano Plano Carpini, enviado en el año 1246 por el Papa a la corte del khan tártaro, Batu, atravesó la región devastada y resumió sus impresiones. "Los tártaros cercaron a la ciudad de Kiev y después de un largo sitio tomaron la capital rusa. Los habitantes fueron aniquilados; de ahí los tártaros salieron para robar, saquear y devastar toda la tierra rusa, de manera que cuando la atravesábamos, encontramos en las estepas desiertas multitudes de cráneos y esqueletos. La ciudad de Kiev, que había sido opulenta y tenía muchos habitantes (alrededor de 35 000) se vio reducida a nada; no le quedaron más que doscientas o trescientas casas, cuyos habitantes fueron sometidos al esclavitud.

Antes de la invasión mongólica él núcleo del pueblo ruso se extendía desde los Cárpatos hasta los bosques y pantanos, región que habría de convertirse, luego de algunos siglos, en la Rusia Central, o Gran Rusia. En el siglo XIII, el lugar donde se encuentra actualmente Moscú, constituía el extremo límite de la penetración de colonos, llegados desde la Rusia Primera, o la Rusia de Kiev, conocida posteriormente con el nombre de "Pequeña Rusia," o "Rusia Menor" o sea Rusia Inicial (hoy llamada Ucrania).

Es griego el origen conceptual de la denominación Pequeña Rusia, o Rusia Menor (Malorosia). Los griegos llamaban Pequeña Grecia a la zona que había sido la cuna de la Gran Grecia y de todo el pueblo helénico. Del mismo modo, la Pequeña Rusia (Malorosia) fue la cuna de la Gran Rusia y de todo el pueblo ruso. Respecto a las denominaciones "pueblo ucranio," o "Ucrania" es un desconocimiento. En el nombre "Ucrania" se trata de un malentendido etimológico: ateniéndonos al significado exacto de la palabra "ukraina," u "okraina" significa "tierra marginal." Por lo tanto, refiriéndose al pueblo "ucraniano," se habla del pueblo "limítrofe." La palabra Ucrania fue introducida por los polacos en el siglo XV.

Pero volvemos a los acontecimientos del siglo XIII. El pánico que surgió como consecuencia de la invasión mongólica fue tan grande, que el noventa por ciento de los sobrevivientes de la Rusia Original (es decir la Rus’ de Kiev) se refugió en la región boscosa del noroeste, comarca que entonces eran muy poco poblada.

Los habitantes, primitivos nómadas pertenecían etimológicamente a la etnia ugro-finesa (finlandesa), quienes se mezclaron rápidamente con las multitudes de refugiados rusos, que venían del sudoeste y eran agricultores, y por lo tanto sedentarios.

En efecto, cuesta imaginar lo que fue el régimen impuesto por los tártaros durante los siglos XIII y XIV.

Durante los primeros años el yugo tártaro fue atrozmente cruel. Poco a poco se modero, ya que los conquistadores se encontraron bajo la influencia cultural de los conquistados. Para tener una idea de la mentalidad primitiva de los invasores, hay que citar aquí una frase conocida del Khan tártaro Ghengis-Khan, que dijo: "El hombre más feliz es aquel que persigue a sus enemigos derrotados, los roba sus bienes, monta sus caballos al galope, contempla las lágrimas de los vencidos, roba sus bienes y abraza a sus mujeres e hijas."

Agresiónes teutónica y lituana.

Entre los años 1240 y 1242 los suecos y los caballeros teutónicos, aprovechando las dificultades de la nación rusa, invadieron la zona septentrional (Novgorod), pero fueron vencidos por el príncipe Alejandro Nevsky.

A pesar de todo esto, la población rusa desterrada a los bosques norteños, se reorganizó, y Moscú se convirtió en uno de los centros de aquellas nuevas colonias. La resistencia a los mongoles se fortaleció día a día.

Antes de la consolidación definitiva del Estado Ruso alrededor de la ciudad de Moscú, la Rusia de Kiev cayó en poder de los Lituanos (1320). Allí el elemento ruso era predominante y la mayoría del pueblo hablaba ruso. El ruso era el idioma oficial en el cual se escribían las leyes. El padecimiento del pueblo ruso, dividido entre varios estados, continuaba. En el año 1340 los Polacos se adueñaron de la Rusia de Galich (Galicia); en la misma época una buena parte de la población rusa que sufría el yugo mongólico se refugió en Polonia y Lituania. En el año 1386 estos dos estados formaron una poderosa confederación, encabezada por Yagello. La historia de las poblaciones rusas ortodoxas en estos territorios se destacaba por las luchas religiosas que tuvieron que sostener contra la penetración agresiva del catolicismo romano.

En el año 1380 el príncipe ruso Demetrio Donskoi, bendecido por San Sergio de Radonezh, combatió a las hordas tártaras. Fue el primer encuentro donde las fuerzas rusas vencedoras superaron a las mongólicas. Pero fue un éxito pasajero; en realidad el yugo tártaro terminó solamente en el año 1480, cuando el Gran príncipe de Moscú, Iván III se negó a pagar tributo al Khan. La dominación mongólica duró entonces desde alrededor del año 1240 hasta el 1430. Las guerras de independencia duraron cerca de 150 años porque los vecinos del oeste aprovechaban por su parte la situación trágica del pueblo ruso. Mientras tanto, Moscú creció y se tornó poderosa.

La caida del Imperio Bizantino.

En el año 1453 un hecho capital se produjo en el mundo: la toma de Constantinopla por los turcos. Los turcos destruyeron el Imperio Bizantino e invadieron el sudeste de Europa. Una parte de los tártaros se convirtió al Islamismo y se sometió a la "Sublime Porta." El Papa Pablo II y la diplomacia veneciana arreglaron el casamiento de Iván III, Gran Príncipe de Moscú, con la sobrina del ultimo Emperador del Bizancio, Princesa Sofía Paleologue. Así la dinastía de Riurik que gobernaba en Rusia se unió con la dinastía bizantina.

Ivan III se autoerigio en sucesor político y religioso de Bizancio, del cual, incluso adopto su símbolo (el Aguila Bicéfala), y aspiró a convertir a Moscú en la tercera y definitiva Roma. Preparándola para ello, mando reconstruir el kremlin, hecho en madera, por uno en piedra a la altura de esos deseos. Dicho Kremlin (fortaleza) hasta el día de hoy por extensión es el símbolo de toda Rusia.

En el año 1552 Iván IV, conocido como Iván el Temible (malintencionadamente traducido como el Terrible) se apoderó de Kazan (liberando mas de 60 000 prisioneros rusos) y de Astrajañ, últimos baluartes del poderío tártaro. Lentamente, muy lentamente, los elementos rusos absorbieron o asimilaron a sus ex-conquistadores. Se puede decir que el proceso de la reconquista terminó recién en 1783, con la recuperación de la península de Crimea por la emperatriz Catalina II, poniendo punto final al ultimo baluarte tartaro-mongol.

Iván el Temible fue un gran soberano, pero un verdadero hijo de su siglo, (que era la época de la noche de San Bartolomé en París el 24 de agosto de 1572). El consagró todo su reinado a la lucha militar contra los enemigos de Rusia y a las luchas internas contra las ambiciones de los boyardos (señores feudales).

En Rusia medieval existía una sinfonía de poderes entre el Zar: administrador y legislador, y el Patriarca: autoridad espiritual y moral.

Iván IV decía a Esteban Batory, rey de Polonia: "Yo soy el Zar por la Gracia de Dios, y no por el cambiable, sedicioso y rebelde deseo humano" (siendo que el rey de Polonia era electo, no accedía al trono por herencia).

Tiempos turbios y elección de los Romanov, descendientes de Riurik.

Mientras tanto la dinastía de los Riurik se extinguió con el hijo de Juan el Temible, Teodoro quien no tuvo hijos. Se produjo en Rusia una crisis dinástica (1605-1613). Fue un período llamado "tiempo tumultuoso." Desde 1610 hasta 1612 los polacos ocuparon Moscú y los suecos se apoderaron de Novgorod y del Norte de Rusia. Una vez más el estado ruso pareció encontrarse al borde del abismo; pero entonces surgieron tres patriotas, a quienes Rusia debió su salvación: el Patriarca Hermogeno, un hombre del pueblo, oriundo de Nishni-Novgorod — Kusma Minin, también de origen humilde, y un noble, el príncipe Pozharsky. Bajo el mando de estas tres personas la nación rusa entera se sublevó contra los invasores quienes así fueron expulsados del país.

El Concilio General del pueblo: "Sobor," se reunió y eligió al principe Romanov para gobernar a Rusia. El 13 de febrero de 1613 el principe Miguel Romanov de 16 años, se convirtió en Zar. Se esperaba, que, siendo tan joven, no tendría todavía compromisos políticos.

El nuevo Zar Miguel, reinó desde 1613 hasta 1645. En esta época los cosacos guerreros, que conquistaron ya una parte de Siberia durante el reino de Iván IV, llegaron al Océano Pacífico (1639).

El Zar Alexis I (1645-1676, hijo de Miguel) consiguió reunir por fin la cuna del Estado Ruso, es decir la Rusia de Kiev, con la Gran Rusia (Moscovia). Esta unión fue promovida por pedido de los "Pequeños Rusos" (Rus de Kiev) dirigido al Zar. Ellos anhelaban volver al seno del estado ruso y obtener su protección contra la opresión polaca y la presión catolica del Vaticano para someter la Ortodoxia al Papa de Roma. Después de largas consultas que duraron casi un año, el Zar Alexis accedió a este pedido de unión (1654), aceptando la exigencia del Patriarca de proteger a los ortodoxos correligionarios contra la presión estatal del gobierno polaco, inspirado por la curia romana, afrontando por eso una dura lucha con Polonia. Desde aquella época Kiev, antigua capital del estado ruso, tornó a ser otra vez una ciudad rusa, los polacos se quedaron todavía en la región oeste de la Pequeña Rusia (Rus de Kiev) y de la Rusia Blanca.

Durante el reinado de Alexis, por el patriarca Nikon se produjo una reorganización eclesiástica. Se corrigieron los Libros Sagrados según los originales antiguos, triados de Grecia y Egipto. Esta reforma originó un rechazo en algunos círculos de la población, y se produjo una escisión, cisma, por causa de los metodos autoritarios, usados por el patriarca Nikon.

Pedro el Grande y sus reformas.

Pedro el Grande (1682-1725) fue el hijo menor del Zar Alexis. Zar a los 10 años, fue influenciado en su educacion por los moradores extranjeros del barrio de artesanos (holandeses, alemanes, ingleses etc.), que vivían de acuerdo con sus costumbres en sus cofradías protestantes y católicos y quiso introducir sus formas de vida (incluyendo sus vicios) en toda Rusia, rompiendo con las tradiciones culturales de la mentalidad rusa por medios violentos, decretos, multas y ejecuciones.

Pedro I reformó totalmente la estructura del estado ruso, reanudó los lazos con Occidente y obtuvo acceso al Mar Báltico, construyo allí la flota rusa.

En el año 1703 Pedro I fundó en las orillas del río Neva la nueva capital rusa: San Petersburgo. Realizo múltiples reformas. El apuro de introducir las nuevas costumbres tuvo sin embargo por consecuencia un gran alejamiento entre las clases superiores, "occidentalizadas" por el Zar y el grueso de la población, fiel al antiguo modo de vivir propio del pueblo ruso, que se oponía pasiva o activamente a tales cambios. Se formo una brecha entre la clase alta vestida a la usanza europea, inapropiada para el clima severo de Rusia, y que además discrepaba con el concepto de moral ruso, y los demás clases. Así en esta forma rompió el camino tradicional del desarrollo del país. Según su idea, subyugó la Iglesia al estado (tal como habían hecho los protestantes), eliminando el patriarcado, reemplazándolo por el Santo Sínodo, encabezado por un Procurador General designado por el mismo Zar. Este era elegido entre los allegados al Zar, frecuentemente carentes de toda educación teológica, y hasta, incluso ateos, para dirigir al modo protestante la vida de la Iglesia. Prohibió la admisión de los jóvenes en los monasterios y hasta la tenencia de tinta y papel en estos últimos, que siempre en Rusia fueron centros de cultura, educación e instrucción del pueblo. Aparte de las escuelas parroquiales en cada iglesia, solamente en los grandes centros urbanos existían escuelas publicas del Estado.

En el año 1709 los rusos asestaron un golpe definitivo al poderoso imperio sueco, derrotando a Carlos XII en la batalla de Poltava, construyendo luego numerosas fortificaciones sobre el Mar Báltico.

Después de la muerte del gran reformador, que fue Pedro I, el Imperio Ruso sufrió una serie de crisis internas y de revueltas palaciegas. No obstante, su poderío se tornó cada vez más grande. Los rusos derrotaron varias veces al ejército de Federico el Grande de Alemania y hasta se apoderaron de la ciudad de Berlín (1760). Y realizaron guerras victoriosas contra Turquía.

A Isabel l, hija de Pedro 1 (1741-1701) Rusia debe la fundación de la Universidad de San Petersburgo (adherida a la Academia de Ciencias; 1747), y la de Moscú (1755); esta última contó desde su inicio con tres facultades: Filosofía, Derecho y Medicina. Además, la Emperatriz fundó numerosas escuelas las de enseñanza general en las provincias y las de especialización en las capitales. Ella protegió a Miguel Lomonosov (hijo de pescadores humildes del mar Blanco), hombre de talento poético y científico, a quien dio plena posibilidad de estudiar, haciendo de él uno de sus colaboradores más destacados. La fundación de bancos hipotecarios que otorgaban créditos liberales tuvo lugar durante el mismo reinado.

Pedro III (1762) abolió la tradicional obligación de la nobleza de servir a la Patria, rompiendo así la jerarquía en la composición de la pirámide estatal rusa, donde el Zar, la nobleza y el pueblo eran todos servidores a la Patria, cada uno en su lugar.

El siglo de Catalina II y sus sucesores.

Catalina II, llamada la Grande (1741-1796), fue la soberana rusa más conocida en el extranjero. Se rodeo de eficaces colaboradores como Rumianzev, Potiomkin, Panin, Suvorov. Bajo su reinado florecieron las artes, la literatura (por ejemplo con el poeta Derzhavin, precursor de Pushkin y el dramaturgo Vonwiesen entre otros) y prosperó la instrucción publica estatal. Sus reformas legislativas y gubernamentales (edictos) fueron importantes. A las tentativas infructuosas de establecer una alianza con estados norteños, siguieron las exitosas conquistas exteriores, para las cuales contó Rusia con el extraordinario estratega, fervoroso cristiano Generalísimo Alejandro Suvorov, quien después de sus victorias sobre turcos y otros enemigos de Rusia se hizo mundialmente famoso (ya en el reinado siguiente) por su campaña en los Alpes, donde atravesó el paso de Saint-Gotard en pleno invierno a la cabeza de sus tropas. Respecto a esta hazaña, el general francés Massena dijo: "daría todas mis victorias por la campaña suiza de Suvorov."

Volviendo a Catalina II debemos mencionar las dificultades internas que tuvo por el levantamiento de E. Pugachev (1773), quien se hacia pasar por el zar Pedro III.

Catalina II secularizo las tierras pertenecientes a iglesias y monasterios, o sea, el sosten de ellos, atestando un duro golpe a la Iglesia.

La división de Polonia entre Prusia, Rusia y Austria tuvo lugar también durante el reinado de Catalina II. Así Rusia recupero casi todas sus tierras originales de Rusia Pequeña: Malorosia. Los ucrainianos y blancorusos , dominados durante mas de tres siglos por Polonia se reintegraron a su Patria Cristiana Ortodoxa.

Con esta reconquista la gran franja de estepas salvajes fue liberada de las hordas de tártaros de Crimea, que proveían a los mercados europeos y asiáticos de esclavos rusos. Se calcula, que durante los 200 años anteriores a la reconquista, no menos de 5 millones de rusos cristianos fueron vendidos como esclavos. Las mujeres jóvenes se destinaban a los serrallos musulmanes, los hombres jóvenes y fuertes a las galeras europeas, mayormente de Venecia, y a los niños los educaban como guerreros convertidos al Islam para luchar contra su propio pueblo. Hasta hoy en Turquía se ven descendientes de aquellos que fueron vendidos, con sus rasgos típicos eslavos.

Para colonizar estas tierras fértiles con clima mucho mas benigno que en Rusia del Norte, Catalina II entrego tierras y subsidios, ofreciéndolos además de los rusos, a alemanes (que se establecieron sobre todo en la cuenca del Volga), judíos (que arrendaban las tierras así recibidas a otros, prefiriendo dedicarse al comercio), búlgaros, griegos, suizos.

En 1783 el Rey Heraclio II de Georgia pidió a Catalina II la protección de Rusia para su país contra la invasión de turcos y persas. Al morir el hijo de este, Jorge XII en 1801, Georgia se proclamo como parte integrante del Imperio Ruso.

El nieto de Catalina II, Alejandro I, se distinguió en muchos sentidos. A principios de su reinado, bajo la influencia de su preceptor suizo La Harpe, se mostró discípulo ferviente de los enciclopedistas.

A comienzos del siglo XIX Rusia se vio envuelta en la contienda durante las guerras napoleónicas (1812), alcanzando el apogeo de su potencia después de las victorias sobre Europa coalicionada por Napoleón y la toma de París por las tropas rusas en 1814. En aquella época el Emperador Alejandro I se tornó arbitro del destino europeo en el Congreso de Viena de 1815. Lejos de abusar de su poder, impuso a los príncipes alemanes paz y reconciliación con Francia (1815).

En el año 1825, según la leyenda, que parece confirmarse hoy, deseando dedicarse solo a la oración, Alejandro l abandonó el trono, para cual se hizo pasar por muerto. Konstantin, el hermano de Alejandro I, tiempo atrás había renunciado a sus derechos sucesorios a favor de su hermano Nicolás, aunque no lo había proclamado públicamente. El desconocimiento de esta renuncia facilito a los "decembristas" la realización de un movimiento revolucionario tendiente a impedir una nueva ascensión al trono y ultimar a la estirpe real. El verdadero inspirador de éste movimiento fue un tal Hersh Peretz, pero la mayoría de los conspiradores fueron jóvenes idealistas, pertenecientes a la aristocracia rusa. Es la primera vez que en Rusia se conoció el programa socialista, que incluía la matanza y exterminio total de la familia real. El movimiento fracasó, Nicolás I fue proclamado Emperador de Rusia, mientras que su hermano mayor Alejandro, pasó el resto de su vida en Siberia, bajo el nombre de Feodor Kusmich, ermitaño de vida santa.

El reinado de Nicolás I duró desde 1825 hasta 1855. Dos crisis revolucionarias sacudieron Europa durante este período: la revolución del año 1830 y la del año 1848. Su política, autoritaria y opuesta a toda idea revolucionaria, o liberal, le costó no sólo la enemistad de la opinión pública europea, sino también el aislamiento de los círculos intelectuales, literarios y aristocráticos rusos, los cuales fueron influenciados con ideas liberales y antigubernamentales. Este hecho no impidió, sin embargo, el florecimiento de las artes: en el año 1852 fue inaugurado el mundialmente admirado museo de bellas artes "Hermitage" en San Petersburgo. El más célebre poeta ruso Alejandro Pushkin, los poetas Lermontov y Zhukovsky (este último designado luego preceptor del príncipe heredero Alejandro II), el escritor Nicolás Gogol, el poeta y dramaturgo Alexis Tolstoi, todos fueron contemporáneos de Nicolás 1°. Fedor Dostoievsky, uno de los más conocidos escritores rusos, cuyas obras traducidas en varios idiomas gozan del prestigio similar a las obras de León Tolstoi, empezó a publicar en esta época sus primeras obras.

En el año 1827 a consecuencia de la guerra con Persia (actual Irán) fue anexado el Azerbeidjan. En el año siguiente Rusia tomó bajo su protección a una parte de Armenia, evitando así para sus habitantes una matanza, como la que luego ocurrió en el año 1915 en la parte que quedo bajo el dominio Turco, que con un millón quinientos mil víctimas, fue el primer genocidio del siglo XX.

En los últimos años de este reinado estalló la guerra de Crimea, a orillas de Mar Negro, cuando Inglaterra, Francia, Cerdeña y Turquía (con neutralidad enemistas de Austria y Alemania) atacaron unidas a esta península y se apoderaron de Sebastopol pese a la defensa heroica de fuerzas rusas de mar y tierra. Nicolás 1 no sobrevivió a esta derrota, y fue su hijo Alejandro II quien firmó la paz en París, que limito la presencia de la flota rusa en el Mar Negro.

El nuevo Emperador, Alejandro II, educado según los principios liberales, se interesó desde el comienzo de su reinado en tratar de abolir la servidumbre que pesaba sobre los campesinos sujetos al régimen de "derecho de esclavitud," para lo cual contó con el estadista Kiseliov. Corresponde destacar que esta aspiración respecto a la liberación de los campesinos, fue ya planeada por el Zar Pablo I (1796-1801), padre de Alejandro I e hijo de Catalina II, lo cual posiblemente fue la causa principal de que fuera asesinado.

Así, en febrero de 1861, dos años antes de la liberación de los esclavos en los EE UU, Alejandro II, llamado el Libertador, firmó el manifiesto que daba la libertad a los campesinos siervos, estableciendo el régimen comunal que se denomino "mir": que significa paz, mundo, comunidad, para beneficio de los labradores.

Entre los años 1877 y 1878 los rusos liberaron a Bulgaria, Serbia, Rumania y Grecia del yugo turco. Pero por el tratado de Berlín 1878, el ministro inglés Disraeli consiguió aminorar la victoria rusa y crear un movimiento de opiniones hostiles a Rusia.

Por el tratado de Livadia en 1879 se delimito la frontera con China.

El Zar Alejandro II reformó el sistema judicial, militar y administrativo. Las reformas que cambiaron toda la vida del imperio enfurecieron a los revolucionarios liberales-socialistas, interesados fundamentalmente en obtener el poder, porque estas reformas anularon la razón de ser de una revolución. Entonces empezó la "Gran Cacería" a Alejandro II, reformador y libertador de los campesinos-siervos. Ocho atentados contra la vida del Zar fallaron. Solo en el noveno atentado el 1 de marzo de 1881 lograron su objetivo. Lo mataron. Precisamente para este día estaba programada por el Zar la firma de la constitución.

Así implantación del régimen liberal soñada por Alejandro II y sus consejeros, no llegó a concretarse.

Alejandro III, hijo de Alejandro II, reinó desde 1881 hasta 1894. Durante este período fue fundado el Banco de Fomento para Campesinos (1882) que otorgaba prestamos a 49 años sin ningún interés y con 15 años de gracia. También fueron dictadas las leyes que mejoraban las condiciones de trabajo de los obreros (1882-1886); y fue anulado el impuesto a los labradores (1883-1885). En cuanto a las relaciones exteriores, una alianza militar con Francia fue concretada.

El reinado de Alejandro III es siempre considerado como "reaccionario," olvidando el carácter particular del pueblo ruso. Los movimientos de propaganda contra el régimen monárquico tuvieron cierto éxito en esferas intelectuales y estudiantiles, pero el pueblo seguía unido fuertemente al soberano, ya que en su conciencia el Zar se encontraba más allá de las clases sociales, reinando por la Gracia de Dios. Además la persona del Zar Alejandro III era valorada no solo por sus principios morales y monárquicos, unidos a la voluntad férrea en el reinado, sino también por su extraordinaria fuerza física. Es conocido que salvo la vida de sus familiares durante una catástrofe ferroviaria, soportando el peso del techo del vagón sobre sus hombros hasta la llegada de ayuda. Durante su reinado Rusia fortaleció su economía interna y jugo un papel preponderante en lo internacional. Durante su gobierno Rusia no tuvo ninguna guerra ni contienda militar. Por lo cual le fue concedido el titulo de Pacificador.

No carece de interés la opinión del historiador liberal italiano Guillermo Ferrero, quien en 1933 opinaba que: "desde 1815 y hasta 1914 Rusia sostenía el equilibrio en Europa, ya que sin contar las contiendas de 1848 y de 1870 ninguna guerra sacudió el continente europeo. Esta circunstancia permitió el libre desarrollo de todos los países europeos, mientras que la competencia de Rusia con Inglaterra en intereses asiáticos contribuía a que aquel continente se mantuviese tranquilo y alerta. La caída del zarismo en Rusia representó su alejamiento de Occidente y de Oriente y esta retirada quebró el equilibrio mundial."

En los últimos años del siglo XIX hubo en Rusia un notable desarrollo en los campos de Medicina, Economía (ver tablas ultima pagina), Ciencias, Finanzas, Literatura, Música (Alexis Tolstoi, Leon Tolstoi, Ivan Turgenev, Fiodor Dostoievsky, Anton Chejov, Piotr Tchaikovsky, Alexandr Borodin, Nicolai Rimsky-Korsakoff, Modest Mussorgsky fueron algunos de los más destacados representantes).

Alejandro III-ro murió en 1894 subiendo entonces al trono su hijo, Nicolás II, el último de los Romanov, familia que durante 300 años llevaron el pesado timón del poder en Rusia.

Desde el día en que siendo un adolescente de 13 años presenció el asesinato de su abuelo Alejandro II mutilado por las bombas terroristas, hasta que en Ekaterinburgo fue masacrado junto con toda su familia (e incluso con sus servidores y su medico, quienes no quisieron abandonarlo) el 17 de julio de 1918, Nicolás II pareció predestinado al sufrimiento. Por ejemplo, fue víctima de un atentado en Japón, luego, con motivo de su coronación durante una fiesta popular en Jodynka, una avalancha de publico dejo un saldo de varios cientos de muertos. Mas adelante el fracaso de la guerra de 1904, que inicio Japón y que se desenvolvió a 11 000 km. de distancia de los centros militares de Rusia (siendo quizá esta, y la revolución interna de 1905, unas de las causas de la derrota). Además del padecimiento por la hemofilia de su único hijo varón Alexis. También la guerra mundial y por fin, la segunda revolución, todo pareció juntarse en su contra. En el campo religioso: el Zar Pedro I el Grande había impedido el nombramiento de un sucesor del Patriarca, suplantando su autoridad por un Senado (Santo Sínodo) que incluía laicos y hasta ateos, con el cual el pueblo ruso, profundamente religioso y obediente, se encontraba prácticamente acefalo e incluso tendenciosamente aconsejado. El Zar Nicolás II inicio la restitución del Patriarcado, para lo cual según la Ley de Melquisedec estaba autorizado. Dicha restitución se concreto en 1918, cuando el Zar ya estaba en cautiverio.

Respecto al reinado de Nicolás II dijo Winston Churchill: "Tenía que ser la aguja del compás. La guerra o la paz; ofensiva o retirada; ceder o insistir. Este fue el campo de batalla de Nicolás II. Por qué no rendirle el justo honor? La ofensiva de los ejércitos rusos que salvo a París en 1914; las penurias de la retirada subsiguiente, soportadas con valor; la reorganización de nuevas fuerzas; las victorias de Brusilov; la entrada de Rusia en la campaña de 1917, más poderosa que nunca, (...) no es todo esto su gloría personal?" y el ministro inglés agrego amargamente: "El Zar no está más. El y todo lo que quiso fue librado a sufrimientos y muerte. Pero, cuál otro se mostró más capaz? Quién dirigió a Rusia? No faltaban hombres valerosos y enérgicos, pero en aquellas circunstancias ninguno pudo solucionar las cuestiones surgidas, de las cuales dependían el destino y la existencia de Rusia."

Breves apuntes sobre el reinado del último Zar.

1) Iniciativa internacional: en 1898 Nicolás II proyectó formar en La Haya una Conferencia Internacional de Desarme para la conservación de la paz mundial (precursora de la actual UN). Por iniciativa del Zar en el siguiente año esta asamblea tuvo lugar, y tomó una serie de medidas para suavizar las crueldades de la guerra: por ejemplo, prohibición del uso de gases tóxicos y balas explosivas y bombardeos a lugares poblados. Un jarrón de malaquita y una inscripción perpetúan la memoria del Zar Nicolás II en el Palacio de La Haya.

2) Leyes y reformas: Las leyes sobre el trabajo obrero, promulgadas en 1882 por Alejandro III fueron complementadas y ampliadas. Así, en 1897 se les agregó una ley general que limitaba las horas de trabajo de obreros adultos y mujeres. (Recordemos que en la mayoría de los estados progresistas europeos no existían en esa época limitaciones legales para el trabajo de obreros adultos.) Alejandro III ya había promulgado disposiciones sobre prohibición respecto de trabajo de los niños. También por el Zar Nicolás II en 1903 fue promulgada la ley que creaba la responsabilidad del patrón por accidentes de trabajo.

3) Situación económica: En su obra de 700 páginas, "El Desarrollo del Capitalismo en Rusia" Lenin reconoce el crecimiento económico de Rusia, donde el número de obreros aumentó notablemente en la última década del siglo XIX pasando de 1,5 millones a 3 millones de trabajadores. La moneda rusa fue respaldada por el patrón oro. En 1897 bajo Nicolás II, se estableció la paridad rublo — oro con el libre e ilimitado cambio de billetes de la tesorería por monedas de oro.

La producción de acero superaba a la del Imperio Austro-Húngaro, utilizándose totalmente en el mercado interior; la elaboración del algodón alcanzó en el año 1913 a 431 mil tonelada por año (a valor de 600 millones de rublos-oro o sea 300 millones de dólares-oro). La extracción anual de oro en Siberia se calculaba en 50 millones de rublos-oro, la del petróleo en 9.000 toneladas y la de carbón en 30.900 toneladas. La riqueza caballar en estos años (Europa y Asia) alcanzaba 40 millones de cabezas, el ganado vacuno 51 millones de cabezas, y la de ovejas 80 millones de cabezas. Entre los años 1910-1911 Rusia exportaba anualmente cereales por 750 millones de rublos oro (375 millones de dólares-oro). Mas de lo que en los mismos años Argentina, EE. UU., Canadá y Australia exportaban juntos. La materia prima exportada no podía exceder el 12,5 % de la totalidad. El resto de lo exportado debía ser elaborado.

En el 1904 los japoneses atacaron (con beneplácito y financiación de los bancos de E.U. e Inglaterra) inesperadamente la fortaleza y puerto ruso en el Pacifico, Port Arthur, aniquilando la flota rusa del Pacifico (recuérdase Pearl Harbor). Con este acto empezó la penosa guerra en la región lejana de Oriente, con transporte muy difícil desde Rusia europea, ya que el transiberiano no estaba terminado en todo su trayecto de 11.000 km.

Después de una defensa heroica de once meses Port Arthur cayó.

(Inglaterra no permitió el paso por el canal de Suez, aumentando en esta forma el trayecto alrededor de Africa en varios miles de millas con gran perdida de tiempo, y prohibió la venta de carbón ingles a la escuadra rusa).

La escuadra del Almirante Rozhdestvénsky, que llegaba desde San Petersburgo fue atacada por los japoneses en el estrecho de Zusima y aniquilada. Pasado casi un siglo, la marina japonesa mantiene en secreto sus propias perdidas en esta batalla. La paz se firmó en Portsmouth (USA) en 1906, actuando de intermediario Teodoro Roosevelt.

Las noticias que llegaban del frente fueron aprovechadas por los revolucionarios para provocar desórdenes y levantamientos que abarcaron muchas regiones. El 17 de octubre de 1905 el gobierno promulgó un manifiesto, donde se daba a la población todas las libertades cívicas, como también la participación de los representantes del pueblo en los órganos legislativo-consultativos. El período revolucionario (financiado por bancos extranjeros) duró un año y el orden fue recién restablecido en el mes de enero de 1906.

El organismo representativo fue denominado "Duma" (duma-pensamiento). El mismo año se fundó el Consejo del Estado que trabajaba paralelamente con la Duma. como una especie de Congreso y Senado.

La creación del cargo de Primer Ministro fue otro paso hacia la democratización del país. Uno de los más grandes estadistas rusos fue Petr Arkadievich Stolypin. Su discurso inaugural contenía la siguiente declaración: "Seguiremos con las reformas renovadoras y lucharemos contra el terror revolucionario que pone obstáculos en nuestro camino." Fueron numerosos los atentados de los terroristas, precursores de ideas socialistas y de bolcheviques, contra él y su familia. Mutilaron e hirieron a varios de sus hijos, pero no lograron frenar su labor. Stolypin cayó víctima de un atentado en vísperas de la promulgación de nuevas reformas agrarias por él elaboradas, que beneficiaban a los campesinos. P. A. Stolypin fue asesinado 1 de setiembre de 1911 en la opera de Kiev en presencia del Zar Nicolás II por Leiba Bogrov.

Los socialistas izquierdistas residentes en el extranjero se autodenominaron "bolcheviques": mayoritarios, como una derivación de la palabra rusa "bolshe" que significa "mayoría." Grandes cantidades de dinero se gastaron en actos terroristas, y la lista de personas asesinadas es muy larga. Por ejemplo: desde julio de 1906 hasta el 15 de agosto del mismo año fueron cometidos 613 atentados con 244 personas asesinadas. Actos planeados desde Ginebra por el organismo central de los bolcheviques Asef, Goetz, Leiba Sikorsky, Schweitzer, Dora Brilliant y otros integraron el grupo. Ni la prensa, ni la publicidad censuraron estos actos. Tampoco la Duma condeno el terror antigubernamental donde perecieron muchos estadistas rusos, como también gente del pueblo y agentes de policía. En una de las secciones de la Duma Stolypin (recién mencionado en estas paginas) pronuncio su celebre frase: "Ustedes (revolucionarios) quieren grandes cataclismos, nosotros (el gobierno), queremos la Grandeza de Rusia!"

Y la acción subversiva prosiguió, hasta que en el año 1917 el pueblo ruso sucumbió a las promesas de los revolucionarios.

En víspera del ataque final contra Alemania bajo presión de la Duma y sin encontrar apoyo en las Fuerzas Armadas, ni en la aristocracia, ni en sus inmediatos colaboradores, el 2 de marzo el Zar abdico a favor de su hermano Miguel, paso que, según la opinión de sus consejeros, evitaría la guerra civil fratricida. El gran duque Miguel no acepto esta responsabilidad.

En su diario personal el Zar Nicolás II anoto esta amarga frase: Estoy rodeado de cobardía, traición y mentira.

Revolución del 1917.

El "Gobierno Provisional," políticos, miembros de la Duma — principales opositores al gobierno y artífices de la Revolución resultaron incapaces de gobernar, tampoco lograron la victoria en la guerra con Alemania ya vislumbrada y preparada. En pocos dais en Rusia reino la anarquía absoluta, agravada con la liberación de los presos políticos. Junto con ellos fueron liberados también numerosos presos criminales.

La "Orden № 1," abolió toda disciplina militar, con cual dejo de existir el Ejercito como tal (y esto en tiempo de guerra!)!

Lenin especuló con que la derrota de Rusia facilitaría sus planes políticos. Alemania, en guerra con Rusia, permitió pasar a través de su territorio a Lenin con sus seguidores. Alemania también invertido millones de marcos-oro para fortalecer el trabajo subversivo del partido de Lenin, traidor a los intereses de Rusia. Los datos de esta financiación, se publicaron al levantar el secreto de los archivos alemanes. Luego llegaron a Rusia desde E.U., Argentina, Francia, Inglaterra y otros países barcos enteros con toda clase de socialistas exiliados, rusos y no rusos para "profundizar y ampliar" la Revolución.

La falta de autoridades competentes y su consecuente anarquía en el peor sentido de esta palabra, la avalancha de criminales (liberados desaprensivamente de las prisiones), quienes junto con soldados-desertores sin ninguna clase de inhibiciones y bien armados gozaban de impunidad y la promoción de las ideas ateas pronto pusieron al país en el caos.

Dostoyevsky en "Los hermanos Karamazov" se anticipo a esta situación haciendo decir a Ivan: "Si Dios no existe, todo es permitido."

La primera euforia de libertad había bruscamente terminado.

El desaliento cundió inclusive en los propios ideólogos de la revolución. Se dijeron a si mismos: "nosotros pretendíamos erradicar la miseria y la pobreza, los revolucionarios de hoy asesinan a los poseedores de riqueza" Los nuevos dirigentes se jactaban de fusilar a expertos, refiriéndose a todos los dominios, basándose en las palabras de Lenin: "hasta una cocinera también puede gobernar el estado." El uniforme de estudiante de la universidad o de la escuela técnica bastaba para que su portador fuese considerado enemigo del pueblo. Muchos de los que antes simpatizaban con la revolución, huyeron de Rusia.

El 7 de noviembre de 1917 Lenin y Trozky (seudónimo de Leiba Bronstein), al mando del partido bolchevique tomaron el poder que según la expresión de Lenin "estaba tirado en el suelo." El mismo Kerensky, jefe del Gobierno Provisional, huyo disfrazado con una toca de enfermera.

La toma del poder por los bolcheviques no fue acatada sin protestas por el pueblo ruso. Los comunistas respondieron con "Terror Rojo" a cada protesta miles y miles de personas por orden de Lenin y Trozky fueron fusilados. Los mas conscientes, los mas valientes, o sea lo mejor de cada clase de la nación: Obreros, sacerdotes, intelectuales, comerciantes, oficiales, campesinos, nobles. La misma suerte corrieron en primer lugar los mas cercanos en el espectro político, miembros de otros partidos socialistas. Pocas semanas después empezó la formación de divisiones del "Ejército Blanco," que sin ayuda alguna del exterior luchó tres anos contra el Terror Rojo. Personas de todas las clases y edades se alistaron en sus filas: oficiales y soldados, jóvenes, maduros y ancianos; alumnos de colegios secundarios, obreros y campesinos, marineros civiles, militares; hombres y mujeres escribieron con su sangre páginas de gloria. Los levantamientos contra el Terror Comunista, que costó al pueblo ruso más de 50 millones de víctimas, son conocidos sólo en parte, a causa de la "cortina de hierro," y esperan al historiador que los describirá con justicia y objetividad, rindiendo cuenta y homenaje a su inigualable heroísmo.

Un papel preponderante en el Ejercito Rojo en su lucha contra el Ejercito Blanco jugaron las tropas extranjeras, reclutadas tanto entre los prisioneros de la Primera Guerra (1914-1918), voluntarios socialistas del mundo entero, sobre todo letones, húngaros, austríacos, y mercenarios chinos. Al no hablar ruso ni preocuparse por los intereses del pueblo, no tenían con este ningún contacto y obedecían fielmente a los dirigentes comunistas. En sus memorias Leon Trozky (Leiba Bronstein) recuerda que el gobierno comunista confiaba en los años 1917-1918 solamente en las tropas letonas, mercenarios chinos y voluntarios extranjeros.

Como una de las primeras víctimas del Terror Bolchevique cayó el mismo Emperador Nicolás II. No fue juzgado, ni ejecutado públicamente, ni ultimado "por voluntad popular." Al contrario, los soldados rusos en la casa de Ekaterinburgo, donde se hallaba cautivo el Zar y su familia, fueron desarmados en esa noche del 17 de julio de 1918 y sustituidos por soldados extranjeros, bajo el mando de Yankel Yurovsky. Alevosamente el Zar, la Zarina, las cuatro hijas: Anastacia de 16 años, Tatiana de 20, Olga de 22 y María de 18 años, el príncipe heredero Alexis de 14 años, el médico Botkin y tres de sus fieles servidores fueron llevados al sótano y asesinados, a sangre fría, a tiros por los verdugos rojos.

Al abandonar el Ejército Blanco en 1920 su último baluarte, la península de Crimea, el Comandante en Jefe, General Pedro Wrangel, dijo a sus soldados las siguientes palabras históricas y proféticas: "La causa que hemos defendido es la causa justa y tiene un alcance mundial. Ustedes se desangraron en la lucha contra un enemigo diez veces superior en fuerzas, ante el silencio indiferente del mundo entero. Ustedes cumplieron con su deber hasta el fin, y no son culpables del resultado de la contienda. El culpable es el mundo entero que nos miraba y no nos ayudó. Si nuestros sacrificios fueron vanos, entonces la sociedad y la democracia europea y del mundo entero habrá de defender a viva fuerza sus conquistas culturales y políticas contra el desarrollo gigantesco del enemigo de la civilización."

Junto con este Ejercito emigraron muchos civiles con el lema "sálvese quien pueda," numerosos sacerdotes y varios obispos, entre ellos el metropolitano Anastasio, uno de los tres electos con mayoría de votos para el sorteo de Patriarca en el 1918. El mismo Patriarca Tíjon le bendijo para formar la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio. Conociendo la esencia y métodos de la revolución, le alertó sobre una posible presión a su persona o una impostura y le indico seguir oficiando, aunque a posteriori el mismo fuera presionado mandar lo contrario. Esta Iglesia también generó la Iglesia Ortodoxa de los E.U. y la Iglesia Ortodoxa Occidental, bendecida por el Arzobispo Juan de Shanghai y San Francisco, hoy canonizado como santo.

En los años 1920-22 la lucha abierta contra los opresores parecía haber terminado, pero al darse cuenta el pueblo de la magnitud del abismo en que había caído, produjo una serie de levantamientos tales como el levantamiento de Kubañ 1918 la sublevación de campesinos, encabezados por el maestro rural Antonov en 1920; el motín de marineros de Kronstadt (a pesar de haber sido estos originariamente gloria y orgullo de la revolución) 1921, y otros, todos fueron ahogados en sangre.

En Siberia hasta el año 1922 se mantuvo el Ejercito Blanco anticomunista, con un Gobierno Directorio encabezado por el general Dietrichs. Los Aliados (Francia e Inglaterra) jugaron un papel nefasto en esta lucha. El Comandante en Jefe de todos los Ejércitos Blancos almirante Alejandro Kolchak fue entregado para ser fusilado a la CHEKA de Irkutsk por franceses y checoslovacos (estos últimos por haberse apoderado del Tesoro estatal de oro del Imperio Ruso).

Recopilaremos brevemente los sucesos de esos 70 años de poderío comunista en Rusia. El primer caudillo bolchevique, Vladimir Lenin, creó en 1917 la CHEKA (Comisión extraordinaria o Comisión especial), denominada luego: NKVD, NVD, MGB y KGB. Lenin creó también los campos de concentración, que por sus características y cantidad superaron a los posteriores implementados por Hitler. Junto con el jefe de CHEKA, Felix Dzerzhinsky (polaco, y ex-seminarista católico, que odiaba a Rusia) el esquema de la CHEKA, que debía cubrir como telaraña todo el territorio ruso, Lenin exigía la liquidación sin juicio de: 250.000 oficiales; 40.000 policías; 120.000 estancieros; 180.000 comerciantes; 1.000.00 de la clase intelectual y del clero; 7.000.000 de "kulaks" (campesinos ricos). Adelantándonos diremos que los cálculos demográficos actuales señalan que los 70 años de la dictadura roja costaron a Rusia 100.000.000 de vidas humanas!

La meta principal de toda revolución es la aniquilación de la religión y de la familia. De los 268 obispos del ano 1917 para el 1944, cuando Satín les necesitó durante la guerra, pudo rescatar solo 4, (uno estaba en libertad, y de los campos de concentración únicamente 3 sobrevivientes). La cantidad de sacerdotes y monjes que han perecido en campos de concentración, fusilados y muertos por torturas ni se puede calcular. Es enorme el martirologio de la persecución.

Fue promovida la idea de "amor libre," comparando el acto sexual con "beber un vaso de agua," y de la paternidad común: "niños de todos." Para obtener el divorcio bastaba con la presentación en el Registro Civil de uno solo de los conjugues.

Después del aflojamiento relativo de la NEP (nueva política económica de años 20), que permitió cierto revivir del país, el terror recrudeció. Esta vez, en los años 1930, alcanzó a las numerosas masas campesinas: empezó la colectivización forzosa. Los campesinos que se negaban a abandonar su tierra y a entrar en las granjas colectivas, "Koljoces," fueron echados de sus casas, confiscados sus bienes, desterrados a la desiertas zonas del norte de Siberia (forzados muchas veces a realizar la travesía a etapa, (bajo escolta y a pie) y sin derecho de usar las carreteras). Se confiscaban víveres a los campesinos restantes, indecisos de entrar en el Koljoz. Dichos víveres eran vendidos a Europa a precios muy bajos, para propaganda del comunismo. La mayor parte del dinero obtenido no ingresaba a Rusia. Como consecuencia sobrevino una enorme hambruna. Se calcula que en la liquidación de la clase "kulak" (campesinos prósperos e independientes) perecieron más de siete millones de personas y otros aproximadamente ocho millones como consecuencia de la hambruna de 1933. Se sacrifico la agricultura y el campesinado y en esta forma el independiente campesino se convertido en un dependiente obrero de los koljoz, o sea granjas colectivas. El campo fue sacrificado en la meta de una industrialización forzada.

La glorificación del escolar Pablo Morosov por haber denunciado a sus propios padres, quienes fueron fusilados por esconder algo de su propia cosecha para que la familia no pereciera de hambre, fue la pauta moral que se infundia a los escolares que llego, hasta erigir a tal Pavlik monumentos por toda Rusia.

La Unión Soviética bajo Stalin.

(Jose Dzhugaschvili, georgiano).

Stalin subió al poder al morir Lenin en el año 1924. Primero Stalin se liberó de su rival Trozky, luego lo expulso de Rusia, y posteriormente lo hizo asesinar en Méjico en 1940. Mas adelante en una serie de juicios públicos espurios se liberó de Zinoviev, Bujarin y otros rivales políticos, apartados primero astutamente del poder.

La popularidad creciente del líder bolchevique Kirov preocupaba cada vez más a Stalin y él encontró la solución: en 1934 lo mandó secretamente a matar. Al mismo tiempo ordenó una vasta persecución a los supuestos conspiradores asesinos, por ello fueron detenidos y aniquilados decenas de miles de hombres. Simultáneamente promovió el culto a su rival asesinado por "enemigos del pueblo" poblando todo el país con sus estatuas.

Las designaciones para cargos relevantes se reservaban para miembros importantes del partido ("nomenclatura," para la cual solo importaba la fidelidad al partido), sin valorar la capacidad administrativa o técnica. Por ejemplo: el dirigente de una usina eléctrica, al cometer graves errores o faltas, podía ser trasladado a dirigir una clínica ginecología o una fabrica de chocolate.

En los años 1937-38 tuvo lugar la "purga de Yezhov" (nombre del jefe en este momento da la CHEKA - GPU - NKVD) cuando Stalin hizo liquidar junto con millones de inocentes - científicos, intelectuales, clérigos, a muchisimos de sus colaboradores, — principalmente a la "Guardia de Lenin," vista por el como principal rival de su poder. Muchos de ellos, casi totalidad de los generales y oficiales de alta graduación profesaban la "revolución permanente." A estas olas de terror debemos sumar la de Zhdanov (1948). La Gran Enciclopedia Soviética dice: "serán enviados a trabajos correccionales las personas sentenciadas por: a) un tribunal de justicia; b) por decreto de organismo administrativo; c) por un mandamiento público." Así resulta comprensible la impunidad de semejantes condenas.

El ejército fue varias veces "depurado." O sea, fusilados todos los oficiales que fueron sospechados de no estar de acuerdo con la "línea general" del partido comunista. En el año 1930 había sido arrestados todos los ex oficiales del ejercito imperial leales a los bolcheviques. En el año 1937 fueron fusilados el mariscal Tujachevsky y otros 3 mariscales, numerosos generales. Se calcula el 80% de los oficiales. Luego fue arrestado Rokosovsky (luego rehabilitado durante la II guerra, con sus partidarios). Al estallar la guerra con Alemania el ejercito estaba decapitado.

Estallada la guerra contra Alemania y, creyendo el pueblo ruso en las engañadoras promesas de Hitler, renacieron las esperanzas de liberación del poder comunista. Las tropas alemanas fueron recibidas "con pan y sal," tradicional bienvenida rusa, y con flores. Se rendían ejércitos enteros sin un solo tiro. Pero fueron objeto de otro engaño demagógico, ya que Hitler sólo quería colonizar, esclavizar y desmembrar a Rusia. En la forma como fue tratado la población civil, y sobre todo los prisioneros de guerra, el pueblo se dio cuenta de que es preferible el mal propio, que el de afuera. Máxime que Stalin, apelando al patriotismo ruso, permitió la reapertura de las iglesias, monasterios, seminarios y academias religiosas y luego de un contacto con el Metropolitano Elías de los Montes de Líbano, convocó a los 4 obispos sobrevivientes y restableció el Patriarcado. También determino que la oficialidad de las Fuerzas Armadas retomase el uso de las insignias propias de su grado a la usanza antigua, que anteriormente había prohibidos por haber sido consideradas símbolos zaristas, a punto de quemarlos o recortarlos en piel viva a los que se sospechaban de haber sido anteriormente sus usuarios. El pueblo tomó estas reformas como un retorno a la tradicional ideología rusa. No dispuesto luchar por el partido comunista (con las lemas "por Stalin, por el partido" cedió sus tierras hasta Stalingrado), ahora se entusiasmó en la lucha por la Patria.

Mientras tanto se formó en Alemania un ejército ruso anticomunista con los prisioneros de guerra y civiles bajo el mando del ex general soviético, Vlasov, vencedor de la batalla en defensa de Moscú. El esperaba, que al saber los soldados soviéticos de la existencia de un Ejercito Ruso anticomunista se unirían a sus tropas, liberando a Rusia del terrible yugo. Pero detrás de cada batallón soviético tropas bolcheviques de contención ametrallaban a todo soldado que intentara retroceder o entregarse prisionero.

Hitler, mientras tenia alguna esperanza de victoria no permitía tal contacto y ninguna acción de general Vlasov. Luego fue ya demasiado tarde: Alemania había perdido prácticamente la guerra. Según el convenio, firmado en Yalta, entre los mandatarios británico, norteamericano y el dictador georgiano de la URSS, José Stalin, más de cuatro millones de ciudadanos soviéticos, que se encontraban en Alemania en trabajos forzados, hombres, mujeres y niños, fueron repatriados por la fuerza, incluso a golpes y tiros. Así se cumplió la vergonzosa entrega de millones de seres humanos. En la URSS fueron sometidos a represalias crueles ya que según las leyes soviéticas el haber sido tomado prisionero significaba traición a la patria.

El pueblo ruso ha demostrando verdadero heroísmo, ganó junto con sus aliados la guerra y esperaba del gobierno ciertas concesiones, un ablandamiento de la política despiadada, pero nada de esto sucedió, por lo contrario, fueron innumerables los juicios por "traición a la patria." El término de condena de 10 años fue aumentado de una manera masiva a 25 años. Los prisioneros en los campos de concentración eran tratados como esclavos sin derecho alguno, a quienes el Estado utilizaba como elemento destinado a la extinción y debía brindar un provecho máximo. Se calcula que lo obtenido en campos de concentración fue un 40 % de la producción total de mineral y en 34.073 millones de metros cúbicos de maderas industriales anuales. También se los utilizo en fabricas de materiales tóxicos y minas de minerales radioactivos.

No obstante toda la crueldad de los carceleros y el despiadada régimen hubo varios levantamientos. Algunos fueron: en mayo de 1953 en el grupo de campos de concentración de Norilsk (con 70.000 recluidos), en pleno Ártico, con temperatura que fácilmente alcanza a 60° bajo cero, hombres y mujeres hambrientos y mal vestidos colocaron un cartel que decía: "Libertad o Muerte" y no salieron a trabajar. La lucha con armas fabricadas con clavos, rejillas de ventanas y trozos de hierro duró más de tres meses. La encabezaba un ex-mayor del Ejército Soviético allí recluido. Las bajas sufridas por ambos bandos se calculaban en miles. En agosto de 1954 el sublevamiento fue sofocado por tanques y carros blindados de la MVD (Ministerio del interior, ex-CHEKA), después de varios días de lucha. Un levantamiento de grandes proporciones aunque con menor cantidad de víctimas, abarcó el territorio de Vorcuta, en el mismo año 1953. Un caso ejemplar de heroísmo fue la sublevación del año 1950, en los campos punitivos de Salegard, sobre el río Obi, detrás del círculo polar. Había sido organizado por el recluido General Beliaev. Desarmando uno tras otro los destacamentos de la guardia y apoderándose de sus armas, los rebeldes detuvieron a todos los carceleros y crearon una administración propia. En la lucha fueron aniquilados quinientos guardias. Cuando llegaron tropas de represalia y aviones, el general Beliaev, rompiendo el cerco, se refugió con 400 hombres en las montañas de Ural, donde después de un mes de encarnizada lucha cayeron todos, sin traicionar su lema: "preferimos morir de pie a vivir arrodillados."

La Comisión Directiva de los Campamentos de Concentración legalizo un estatuto sobre las "nuevas normas," que daba a las autoridades posibilidades ilimitadas de ejercer presión moral y física sobre los prisioneros. El trato a que fueron sometidas las mujeres no era menos riguroso. Las que no obedecían se les afeitaba la cabeza, y debían cumplir con trabajos pesados, superiores a sus fuerzas. Fueron muy numerosos los recluidos (hombres y mujeres), acusados por sus creencias religiosas que tomaron su condena como un sacrificio por la Gloria de Dios.

En la época de la conquista del cosmos el gobierno explotaba a muchos científicos que vivían prácticamente aislados del mundo exterior. Había dos categorías de éstos; unos que vivían como recluidos, recibían el trato menos brutal y una comida más bien satisfactoria, y eran obligados a vivir en campos especiales comúnmente llamadas "sharashkas," magistralmente descriptos por A. Solzhenizin en ¨El Circulo Primero." Se publico en París en 1973 el "Archipiélago GULAG" de Alejandro Solzhenizin, descripción de los horrendos campamentos de concentración.

Otros científicos, alojados principalmente en Siberia, vivían casi libres, pudiendo a veces viajar por el país y hasta al extranjero. Eran estos grandes especialistas en cibernética, matemáticas, ciencias atómicas, etc. Las ciudades donde se efectuaban sus estudios científicos no figuraban en el mapa de la URSS, estaban bajo secreto estricto. Estas ciudades no tienen por nombre más que un número de orden. Los científicos allí concentrados estaban obligados a trabajar para el incremento del poderío soviético al que odiaban y hablaban entre sí con franqueza sobre esto, lo que muchos, que vivían en libertad, no se atrevían a hacer. Ellos formaban parte de la clase de "tecnócratas," trabajadores técnicos superiores, cuya importancia crecía incisamente, lo cual preocupaba a los mandatarios soviéticos.

Pero no fueron ellos los únicos que inquietaban a los gobernantes de la URSS. La juventud de postguerra desconocía el terror de Stalin y no titubeaba en hacer mítines y manifestaciones de protesta y distribuir folletos donde clamaban por la justicia.

Guerra fría.

El discurso de Churchil en Fulton el día 5 de marzo de 1946, apoyado por Truman, llevo al inicio "Guerra Fría," y la formación de la NATO.

En 1949 como contrapartida a la NATO de la parte comunista se constituyo "Pacto de Varsovia."

Luego de la muerte de Stalin, en 1953, Jrushchov se empeño en la destrucción del culto de personalidad de Stalin. En 1956 durante el XX congreso del partido comunista se pusieron al descubierto los crímenes del partido comunista, acusando a Stalin de todas las atrocidades. Silenciando que el propio Jrushchov había sido uno de los principales participes. Se esperaba un relajamiento del régimen. A pesar de que Jrushchov no fue mejor ni más clemente que su predecesor, el supo presentar su imagen como un gordo bonachón liberal, realizo viajes al exterior, estableció contactos con occidentales, permitió el turismo de extranjeros a la URSS, y la "cortina de hierro" aprecio ser más transparente, aun que las visitas eran estrictamente "guiadas."

El pueblo ruso empezó a vislumbrar algo mas real y concreto sobre la vida en Occidente, y fue seducido por la opulencia material y tomándola por testimonio de real riqueza, bienestar y libertad. Bajo Jrushchev la persecución a la Iglesia fue posiblemente la mas cruel de toda la historia del comunismo. En su afán de sobrepasar (falsamente) en bienestar a los EE.UU., destruyo la agricultura, obligando a cultivar maíz y otros granos, absolutamente inapropiados en Rusia por su clima. El pueblo recuerda a su época con horror. Padeció hambre como en tiempos de guerra y sufrió destrucción de los brotes de la vida religiosa y espiritual.

El 12 de abril de 1961 salió al espacio el primer cosmonauta: Yury Gagarin. Esta hazaña causo gran sorpresa en Occidente, ya que la propaganda occidental mostraba a la Unión Soviética como un país tecnológicamente atrasado. En octubre de 1962 la URSS tuvo que retirar los misiles nucleares de Cuba por exigencia de los E.U.

Al ser destituido Jrushchev en 1964, el binomio Brezhnev-Kosyguin tomó el poder, tendiendo nuevamente otra vez hacia el stalinismo. La brutal represión de las "libertades" checas mostró la verdadera faz de estos gobernantes, aunque se dijo que Kosyguin fue contrario a esta acción. Volvió aparecer el busto de Stalin en la Plaza Roja de Moscú.

Zhukov, mariscal de la II Guerra Mundial, fue nombrado ministro de defensa en 1955, pero ya en el 1957 fue apartado de todos sus cargos militares.

La Unión Soviética estaba rodeada por estados satélites comunistas. Para aplastar un levantamiento en Hungría intervinieron tanques y carros blindados. Pero en muchos casos los soldados rusos se negaron pegar tiros a los húngaros rebeldes. Todos estos soldados fueron pasados por las armas. E inmediatamente las tropas soviéticas destinadas en Hungría fueron reemplazadas por otras a las cuales prohibieron terminantemente todo contacto con la población local.

En mayo-junio de 1969 más de 78 generales y un número considerable de oficiales murieron "sorpresivamente." Fueron numerosos los oficiales de Marina envueltos en una conjuración. Fue ocultada la muerte precedida de torturas del teniente Ilijin, quien había intentado infructuosamente de matar a Breshnev.

En cuanto a la política exterior soviética, siguió sus divergencias con el aliado-rival China Comunista y con los estados satélites, y la constante Guerra Fría con los poderosos Estados Unidos. La Unión Soviética siguió ayudando a los piases árabes, al Vietnam del Norte, y su trabajo persistente, destructor y subversivo en América Latina e intervino en Camboya.

Con Brezhnev empiezo la época de corrupción abierta. Si bien anteriormente los jerarcas del partido tenían sobresueldos y privilegios, los bienes recibidos quedaban siempre como propiedad del Partido. Los casos de transgresión a esta norma fueron penados, incluso, con la muerte. Los privilegios eran recubiertos. Con Brezhnev la corrupción empieza a florecer, encabezada por su hija. Le siguieron en menor grado otros jerarcas.

En las Relaciones Internacionales hubo tensiones con China, Checoslovaquia, Hungría, Israel... En diciembre de 1979, por pedido de los grupos prosovieticos de Afganistán, la Unión Soviética mando un "Contingente Limitado" (parecido a la "ayuda" norteamericana en Vietnam). Esta acción duro casi diez años. Con el mismo efecto que la acción norteamericana en Vietnam… Andropov (1982-1984) — ex ministro de la KGB — trato de "endurecer" la línea del régimen corrupto estatal. Debido a su corto tiempo de "reinado" (dada su muerte en 1984), sus medidas no alcanzaron el efecto deseado por el. La misma suerte corrió su sucesor Chernenko (1984-1985). En un año no hubo ningún cambio en política interior o exterior.

Llego la época de Gorbachov (1985-91). Con el termino "el tiempo de estancación", comparado con los de Brezhnev, Andropov y Chernenco, fue el mas pacifico. Luego empezó la caída y se agravo la corrupción del partido. Hubo grandes cambios. Una de las primeras medidas fue la lucha antialcohólica (acción demagógica, que fue impopular y contraproducente) y la implantación de la famosas "reconstrucción", y "publicidad." Se produjo el cambio de casi todo el aparato del gabinete. Se implantó una política mas suave frente a Occidente. Empezaron movimientos separatistas, fomentados y apoyados desde el exterior, principalmente en las Repúblicas Bálticas.

En junio de 1988 se festejó el milenio del Bautismo de Rusia. Por primera vez en toda la historia del comunismo la presión sobre la Iglesia disminuyo.

La caída del muro de Berlín, que había sido construido en agosto de 1961, sucedió el 9 de noviembre 1989. En 1990 Alemania otorgó a Gorbachov el titulo del "Mejor Alemán Del Año." Gorbachov se había hecho acreedor a dicho titulo por 1) haber permitido la reunificación de las dos Alemanias, 2) Por haber ordenado el retiro de las tropas rusas ubicadas en territorio alemán y 3) por dejar gratuitamente al gobierno alemán cuarteles, tanques pertrechos, armas… y todos los bienes materiales pertenecientes a la URSS. Los soldados y la oficialidad rusos fueron repatriados en masa y precipitadamente a Unión Soviética, careciendo a su llegada de sustento, vivienda y amparo estatal.

En agosto de 1991 en Moscú fracaso un "putch" (revuelta) que trato de deponer a Gorbachov.

Intentando contrarrestar los movimientos separatistas en la Unión Soviética el gobierno declaro un referéndum el 17 de marzo 1991. El 90% de la población voto por la permanencia en la antigua Unión Soviética. A pesar de lo cual el 7 y el 8 de diciembre de 1991 en la "Belovezhskaia Puscha" (selva de Belovezh)) en secreto, sin notificar al Presidente de la Unión Soviética ni a los 12 de un total de 15 presidentes de las demás Repúblicas. Los Presidentes de Ucrania: Kravchuk, Belorusia: Shushkievich y de la Federacion Rusa: Yeltsin decidieron la disolucion de la Unión Sovietica, (y del territorio de Rusia anterior).

Las Repúblicas que integraban la Unión Soviética eran:

Federación Rusa, Ucrania, Bielorusia, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Armenia, Azerbaijan, Georgia, Kazakstan, Kirguisistan, Uzbekistan, Tadjikistan, Turkmenistan.

De este modo los dichos tres mandatarios pusieron a todas las repúblicas de la Unión Soviética y a su mismo presidente Gorbachov ante un hecho consumado, y se convirtieron en amos absolutos de sus repúblicas — feudos, eliminando a Gorbachov ya que dejaba de existir la Unión Soviética. Se formo el S.N.G.: Unión de Estados Independientes. Los demás Secretarios Generales de Partido (rango equivalente al presidente de la República correspondiente) también quisieron verse beneficiados. Se olvidaron de su pasado comunista, y de un día al otro se convirtieron en fervientes demócratas con poderes dictatoriales. Incluso las pequeñas etnias reclamaron su porción de independencia... y la recibieron.

En todos estas estados independientes empezó la persecución a los rusos, sobre todo en las repúblicas Caucásicas y Bálticas (que se jactaban de ser mas democráticas y culturalmente superiores). También las asiáticas no se quedaron atrás, pero en menor grado. El Gobierno de la Federación Rusa no hizo absolutamente nada para proteger a sus compatriotas.

En su tiempo, los dirigentes soviéticos por razones demagógicas fomentaban el desarrollo de la industria, instrucción y progreso en las repúblicas periféricas, a costa del centro de Rusia, mandando grandes contingentes de técnicos e intelectuales rusos, (además de los oriundos de estas comarcas), para quienes se construían escuelas especiales y universidades. En Kazajstan, donde la población étnica rusa asciende al 61% de la totalidad, esta prohibido cualquier empresa o entidad cultural rusa.

Aun hoy (año 2000) existe el apartheid contra la población rusa, (que es incluso mas despiadada, de la que se hacía antes contra los negros en Sudáfrica). Las Organizaciones de los Derechos Humanos, así como también el resto de Europa permanecen indiferentes a esta situación, ante la cual el gobierno actual de Rusia no toma ninguna medida de reciprocidad. Sin excepción en las repúblicas asiáticas, caucasianas y bálticas las leyes discriminan a la población rusa, incluso a los descienden de residentes locales por varias generaciones. En cambio, los mandatarios de Rusia dan albergo a fugitivos de las contiendas locales, por ejemplo, azeries: pobladores de Azerbayjan, armenios, georgianos etc., y dejan a la propia gente rusa expulsados de sus lugares de vivienda por la mencionada discriminación, sin ayuda alguna, acampados a lo largo de ferrocarriles y carreteras, careciendo de trabajo, vivienda, víveres y atención medica. Mientras tanto, (año 2000) hasta en la propia Moscú casi todo el comercio incluyendo el inmobiliario, alimenticio y la medicina, esta en manos de asiáticos y de caucasianos, chechenos y azeries. Se calcula que en Moscú actualmente viven mas de un millón y medio de azeries, y mas de ochocientos mil chechenos.

Con el cambio de métodos comunistas respecto al Mercado Libre se acentúa aun mas la corrupción ya existente. Durante el gobierno de Yeltzin se malbarataron las riquezas naturales de Rusia. Los mismos jerarcas comunistas que lograron permanecer en el poder, contradiciendo su doctrina anterior, se adueñaron de cuanto pudieron, "privatizaron" para si fabricas, yacimientos, complejos agrícolas, industrias enteras y ahora depositan las ganancias resultantes a su propio nombre en el extranjero. Los ex dirigentes del partido comunista están despojando al país de sus riquezas naturales y se han convertido en magnates, ocupando lugares entre los primeros multimillonarios del mundo.

Si en tiempo de los bolcheviques los dirigentes, tenían al menos que fingir austeridad, — ahora ostentan sus riquezas con cinismo en el país, que ellos mismos relucieron al estado de miseria económica, suscitando en la población rencor y hostilidad.

Gente allegada a los jefes del ministerio de finanzas abrían bancos que luego de obtener créditos estatales, desaparecían súbitamente. Simultáneamente el gobierno pedía y obtenía créditos de los bancos extranjeros, endeudando al país para el futuro y sumiendo al pueblo en la pobreza. Los impuestos, que aplicaba el Estado a la producción, a veces llegaba al **104% de la ganancia. Es decir que lejos de lograr alguna ganancia, se pretendía forzar al productor de pagar al Estado 4% del capital. Situación que, obviamente, paralizaba la producción. Además, al haber quedado separadas las repúblicas en su tiempo pertenecientes a Rusia, que después de la revolución constituían un solo estado la URSS, las industrias quedaron separadas por fronteras de sus fuentes de materia prima (por ejemplo: la industria textil, situada en el centro de la Federación Rusa, y el algodón, que proviene de Usbequistan).

Se desmantelaron fabricas, entre otras las del complejo industrial-militar, no se invirtió en la renovación de equipos industriales.

Luego de la "Perestroika" de Gorbachov, el gobierno otorgo a cada ciudadano bonos que representaban supuestamente el resultado de la división del Patrimonio Nacional por el numero de habitantes. Pero de verse obligados a canjear los bonos para adquirir alimentos o bienes de consumo, los poseedores, en su mayoría necesitados o carentes de trabajo, fueron decepcionados. Estos bonos, que en ruso se denominaron usando la palabra extranjera vaucher, solo podían ser vendidos a precio vil (su valor era inferior al precio de un par de botas). Tal como fue mencionado antes, quiénes poseían dinero en cantidad apreciable, lo habían obtenido en forma ilícita, y solamente ellos eran quienes estaban en condiciones de comprarlos, y por lo tanto, ejerciendo monopolio, fijaban un precio ilusorio! Los compraban gitanos, caucasianos y otros en las vías publicas, mercados y terminales de ómnibus por bolsas enteras para si o para otros de quienes eran testaferros. Al lograr reunir el numero de bonos —vauchers necesarios los canjeaban ante el gobierno por empresas o industrias, quedando de este modo el Estado con la apariencia de haber lícitamente otorgado a los pobladores los bienes de producción. Se vaciaron los yacimientos, no se reinvertido en la producción ni se repusieron equipos desgastados.

Se vende al exterior petróleo, gas, metales raros y preciosos, esmeraldas, diamantes, y tesoros culturales, realizados en Rusia y protegidos durante siglos. La mayor parte del dinero recibido fue depositado a nombre de particulares en bancos europeos y americanos, sin mediar siquiera el requisito del lavado… Todo esto en detrimento de Rusia. Los economistas occidentales estiman la fuga de capitales de Rusia en uno a dos mil millones de dólares por mes desde el inicio de la Perestroika, sin que el Gobierno hasta ahora haya tomado medidas para evitarlo. Y los bancos extranjeros pese a sospechar que estos capitales son malhabidos, los aceptan sin cuestionar, la reciben con los brazos abiertos, ni hace falta lavarla.

Hoy toda industria esta en manos de ex-jerarcas comunistas, en su mayoría pertenecientes a minorías étnicas.

Nuevos magnates:

Según Nouvelle Economique:

Jodorovsky Mijail — considerado como la persona mas rica de Rusia — es cabeza de la empresa petrolera UCOS, cuya fortuna se evalúa en U$ 3,7 mil billones.

Abramovich Roman, dirige el distrito autónomo de Chukotsk. Su fortuna personal alcanza a U$ 3 mil millones, "Sibneft," - "Russky Aluminy" Petróleo, aluminio.

Fridman Mijail U$ 2,2 mil millones - Directivo del consorcio "Alfa-Group." Petróleo, electrónica, bancos, red comercial.

Potanin Vladimir U$ 1,8 mil millones — "Enteros" ("Norilsky níkel"), Comunicaciones, bancos, motores, petróleo níquel.

Bogdanov Vladimir U$ 1,6 mil millones — "Surgutneftegaz." Petróleo, gas.

Alekperov Vaguit U$ 1,4 mil millones NK "LUCOIL"

Deripaska Oleg — U$ 1,1 mil millones—Directivo de "Russky aluminy."

Svolensky Alexandr bancos

Según Forbes:

1.Alekperov Vaguit Yusupovich, 48 años Empresa Petrolera NK "LUKOIL"

2. Berezovsry Boris Abramovich, 53 años. Petróleo, TV, Industria automotriz, bancos, transporte. Ganancia anual: U$ 435 000, propiedades: U$38 521 (declaración de ganancias de 1996)

3.Potanin Vladimir Olegovich, 38 años. "INTERROS" Comunicaciones, bancos, níquel, petróleo, motores

4. Vijriaev Rem Ivanovich, 66 años. SA "GAZPROM" mas de U$3,5 mil millones Gas (transporte — exportación, entrada por 1998: U$ 8 mil millones) Química, banco, construcciones

5. Jodorovsky Mijail Borisovich, 53 años "ROSPROM" Banco, Petroleo, abonos, productos alimenticios.

6,7. Cherny Lev y Mikhail, 45 y 47 años. Copropietarios De Trans World Group (TWG) "los reyes del aluminio" Avisos falsos en 1992-1993 (según la evaluación judicial, el fraude sobrepasa los U$5 mil millones. Desde 1994 los dos viven en Israel.

8. Bykov Anatoliy Petrovich, 37 años (KRAZ) Aluminio

9. Gusinsky Vladimir Alexandrovich, 46 años "MEDIA-MOST" Medios de información masiva, TV, diarios, revistas, señal de TV (satélite particular, hecho en USA) y 25% de los multimedia israelita Maariv. Es presidente de Congreso Ruso-Hebreo

10. Fridman Mijail Maratovich, 35 años, "ALFA-GROUPP" Petróleo, gran red mercantil "Alfa," banco.

11. Bogdanov Vladimir Leonidovich, 48 años. "SURGUTNEFTEGAZ" Petróleo, banco. Sueldo por junio-agosto de 1997 por ejemplo, 72 044 080 rublos (U$.12 007 350)

12. Luzhkov Yuriy Mikhailovich, 62 años. Alcalde de Moscú. Plásticos, "fast-food"

13. Evtushenkov Vladimir Petrovich, 50 años. Componía financiera "SISTEMA." Banco, teléfonos, seguros.

14. Smolenskiy Alexandr Pavlovich, 44 años, "SBS-AGRO" Bancos, Petroleo, turismo. La familia de Smolenskiy vive en un fastuoso mansion en el centro de Viena. El abuelo del banquero era secretario del partido comunista de Austria.

I5. lyumzhinov Kirsan Nikolaevich, 37 años, Presidente de la Republica de Kalmykia. En 1996 el presidente de la república mas pobre de Rusia, era el político mas rico del país. Kirsan Ilyumzhinov quien declaro U$1,1 millones de ganancia anual (tres veces mas que Berezovsky). "Este dinero lo gane sin violar la ley, ocupándome de la actividad creativa, pedagógica, escribiendo libros y dictando conferencias" — dice modestamente Ilyumzhinov. Su primer millón el recién diplomado de MGIMO lo gano en algunos meses de 1989, realizando operaciones mercantiles en el Joint-Venture "Liko-raduga" En 1993 el giro de su corporación "SAN" sobrepaso los U$500 millones. Al mismo tiempo Ilyumzhinov realizo su campaña electoral bajo el lema: "Un presidente rico es un poder insobornable" y se hizo presidente de Kalmykia. Controla: La componía de inversiones estatal "Kalmykia." Esta empresa posee el paquete de control de las empresas fundamentales industriales y comerciales de la república.

16. Chernomyrdin Victor Stepanovich, 61 años, Presidente del Consejo del movimiento "Nuestra Casa Es Rusia" "Gazprom." Los ingresos de la familia en 1997 fueron de U$ 233 000 (declaración de impuestos). Su patrimonio es de $5 mil millones (Le Monde). Gas.

17. Projorov Mijail Dmitrievich, 34 años, "ONEKSIMBANK." Es famoso por su estatura y el reloj de 1 millón de dólares.

18. Rajimov Murtaza Gubaydullovich, 65 años. Presidente de la Republica de Bashkortostan. Energética de Bashkiria.

19. Brynzalov Vladimir Alexeevich, 52 años. Presidente de la SA "FEREIN." Farmacología, posee U$ 2 mil millones

20. Hait Boris Grigorievich, 47 años. Most-Bank, Bancos, seguros. Es vice-presidente del Congreso Ruso-Hebreo

Según opinan analistas de las compañías rusas, la lista Forbes es inobjetable (a diferencia de la mayoría de los occidentales). Pese a lo cual algunos de los capitales atribuidos a las personas que dicha lista menciona aparezcan como inferiores (o que en realidad son) posiblemente para eludir impuestos o reducir dividendos de los accionistas.

Se sospecha que estos nuevos capitalistas están estrechamente ligados a la mafia. Semanalmente por encargo se asesinan presidentes, jefes e incluso funcionarios de industrias, bancos, corporaciones.

Tanto la agricultura, como la industria liviana están en decadencia. El desempleo y la falta de pago de salarios y jubilaciones a médicos, maestros, mineros, científicos etc, es frecuente (en algunos casos el gobierno les adeuda el sueldo de 2 años).

El 45% de la población de la ex Unión Soviética vive por debajo del nivel de pobreza.

Al privatizar gran parte de la medicina y de la enseñanza se privo de esos servicios al sector empobrecido. El decrecimiento de la población llega hasta un millón de personas por año. Pese a todo, y con gran esfuerzo la vida cultural esta reponiéndose. Los jóvenes vuelven a estudiar.

Se construyen iglesias y monasterios nuevos y se reconstruyen los antiguos, — y esto a pesar de la avalancha de sectas y predicadores de todo el mundo, que, munidos de gran capital, intentan lograr adeptos, y siendo además desde el principio de la Perestroika (y lo es aun) mas fácil obtener una licencia para una secta exótica o religión ajenos al pueblo, que para una comunidad tradicional Ortodoxa Cristiana.

Conciertos, exposiciones, peregrinaciones, cursos y concursos de todo lo imaginable florecen por doquier. Escritores y poetas luchan contra el espíritu de violencia importado y patrocinado por la televisión. Los trágicos acontecimientos de octubre de 1993, muy complejos, están esperando su historiador. Acá nos limitaremos a dar un bosquejo según fuentes oficiales.

Antes de las elecciones de 11 y 12 de diciembre de 1993 en la Duma (parlamento) Yeltzin realizó un cambio de la Constitución. El Consejo Supremo, con sede en la Casa Blanca de Moscú, se negó rotundamente a obedecer al Presidente, considerando su proceder como un golpe de estado antidemocrático, y en la noche del 21 al 22 de septiembre eligió e hizo jurar como Presidente a Alejandro Rutzkoi, hasta entonces Vice-presidente, destituyendo de hecho a Yeltzin. La guardia del Parlamento (o sea de la Casa Blanca de Moscú), distribuyó armas que tenia a su disposición, a civiles que pregonaban defender la democracia. Según los historiadores rusos como Rodin y Pimenov hasta el Parlamento Británico los apoyo. La contienda duro 9 días, con tensión en aumento.

Según otros autores, también el parlamento estadounidense censuro a Yeltzin, y solo cuando este prometió que no se vertería ni una gota de sangre de ningún diputado, dio vista buena a la decisión de Yeltzin de ordenar la intervención del ejercito. Entonces Yeltzin denominó la actuación del Parlamento como "facista-comunista" y con fuego nutrido de artillería y ataque de tropas especiales de represión, puso fin al sistema de gobierno de "soviet" ("consejo").

Fuentes oficiales estiman las bajas en 150 personas, según observadores imparciales los muertos llegaron a 5 000. Pero realmente no se vertió ni una sola gota de sangre de ningún diputado, como había sido estipulado… Perecieron gente que creía estar defendiendo a la democracia electa por el pueblo.

El 12 de diciembre de 1993 en las elecciones se confirmó la nueva versión de la Constitución de la Federacion Rusa, muy beneficiosa para el presidente, ya que según ella el presidente simultáneamente es el Jefe del Estado y el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

En 1985 el 21% de la economía mundial correspondía a la URSS. — A Rusia del año 2000: nada mas que el 1,2 %. Este fue el saldo de las reformas pregonadas y de la política de Yeltzin. El 31 de diciembre de 1999 Yeltzin renuncio a su Presidencia y designo a Vladimir Putin como Presidente interino.

Uno de los primeros decretos de Putin fue la impunidad de Yeltzin y de su familia y la legalización de las Privatizaciones efectuadas hasta entonces (ver pagina anterior de este trabajo). El 26 de marzo del 2000 Vladimir Putin fue elegido Presidente de la Federacion Rusa

Aun teniendo la mejor voluntad de poner orden y bienestar en esta situación es una tarea muy ardua. Le deseamos éxito y sabiduría para llevarlo a cabo.

Datos estadísticos.

Cifras de balance comercial

año 1913 1.520 mil. de rublos-oro de exportación

1.374 mil. de rublos-oro de importación

Renglón agrario: Año 1905

Tierras pertenecientes a campesinos: 705 millones de hectáreas.

Tierras pertenecientes a estancieros; 53 millones de hectáreas.

(En el año 1918 los técnicos agrarios soviéticos reconocieron que el lema "tierra a los campesinos" fue utilizado para "revolucionar el campo").

Plantas siderúrgicas.

Desde 1895 hasta 1900 se construyeron 10 plantas de siderurgia con 40 altos hornos.

Ferrocarriles.

Extensión de líneas año 1893 existían 31.118 Klm.

año 1902 llegaron a 56.464 Klm.

Construcción del ferrocarril transiberiano (del Estado).

Empezó en el año 1893, terminó en el año 1904; costó 1.000 millones de rublos-oro (500 mil. dol.). Extensión: 7.620 KIm.

Finanzas Capitales.

1)Depositados en Bancos: año 1895, 119 mil. de rublos-oro;

año 1900, 280 mil. de rublos-oro.

2) Invertidos en la industria: año 1892, 919 mil. de rublos-oro;

año 1900, 1.800 mil. de rublos-oro.

3) Depositados en cajas de ahorro: año 1894, 300 mil. de rublos-oro; a año 1913, 2000 mil. de rublos-oro

Producción Industrial: (en miles de toneladas).

Años Hierro Acero Chapas Rieles Carb. Petról. Algodón manuf. Cobre

1900 2.783 2.701 233 503 16.710 10.500 268 8,333

1903 2.500 2.250 240 323 18.230 10.500 278 10,000

1909 2.916 2.716 345 485 26.500 9.380 355 21,666

1910 3.100 3.066 381 491 25.360 9.600 366 23.333

1911 3.650 3.383 345 516 29.000 9.300 358 26,660

1912 4.266 3.783 373 636 31.730 9.500 428 35,000

1913 4.716 4.100 421 600 36.900 9.000 431 33,000

Instrucción pública.

En los años de pre-guerra (1913) Rusia se aproximaba a la implantación de la enseñanza obligatoria. La alfabetización entre menores de 30 años llegaba aprox. 85%

El Ministerio de Educación que gastó en el año 1904, 42 mil. de rublos-oro., aumentó sus gastos por la instrucción pública en el año 1913 a 143 mil de rublos-oro.

Sin hablar de liceos, colegios, clásicos y reales, colegios para señoritas (privados y estatales) y colegios militares, secundarios y superiores, enumeraremos aquí los institutos de enseñanza Superior que existían en Rusia en el año 1913.

San Petersburgo: Universidad, Instituto de Vialidad, Instituto arqueológico, Inst. de Ingenieros Civiles, Inst. de Tecnología, Inst. Forestal, Inst. Politécnico. Inst. de Minas, Inst. Comercial, Inst. de Teología, Inst. de Agronomía, Inst. de Medicina Experimental y 4 Institutos de Enseñanza Superior para mujeres. En Moscú había 8 Institutos de Enseñanza Superior, contando la Universidad. En Kiev, 4; en Charkov, 1; en Odesa, 1; en Kasañ, 1; en Saratov, 1; en Novocherkassk, 1; en Tomsk (Siberia), 2; en Jaroslavl, 1; en Vladivostok, 1; en Nijny Novgorod, 1, y algunos más en otras localidades, alcanzando un total de 61.

 

 

Parte II.

Historia eclesiástica.

Prof. Dr. Dimitry V. Pospielovsky.

1. Desde Kiev a Moscú.

No es posible hacer justicia al tema de toda la historia de la fe cristiana de Rusia en un único ensayo, por lo que trataremos de ofrecer una imagen global de la trayectoria de la Iglesia ortodoxa rusa presentando y discutiendo brevemente los acontecimientos que resultaron ser puntos clave en el desuno de la misma y en cierto modo configuraron de manera global el espíritu y la cultura de Rusia.

Rusia, como todos los estados eslavos, es mucho más joven que las naciones del mundo grecolatino y germánico: su historia escrita comienza en el siglo IX. Por lo tanto, la división de la historia general de Rusia y de su evolución cultural no coincide con las épocas históricas de la Europa occidental. Así, la era premongol se conoce como "Antigüedad rusa"; el período que abarca desde mediados del siglo XIII hasta 1530 aproximadamente se conoce como "Edad Media rusa," a la que sigue un "Período de transición," que estuvo influido en cierto modo por el renacimiento europeo y se extiende hasta finales del siglo XVII; la historia de la Rusia moderna comienza con el reinado de Pedro el Grande en el siglo XVIII.

De todos estos momentos clave, el más importante fue, sin duda, el llamado "Bautismo de la Rus'," cuyos detalles están envueltos en la oscuridad con una mezcla inverificable de hechos y leyendas, ya que la primera colección de crónicas que lo abordan en la forma en que hoy nos son accesibles apareció más de cien años después de los acontecimientos. Según el relato de estas crónicas, hasta que decidió aceptar el cristianismo, Vladimiro fue un gobernante cruel y lujurioso, que había matado a su hermano mayor, había violado a su viuda encinta y mantenía un harén de 800 concubinas. Además, durante su reinado precristiano se a veces ofrecían sacrificios humanos a los dioses paganos. En las crónicas hay un relato sobre el sacrificio de dos cristianos, padre e hijo, en el año 983.

Es muy poco lo que sabemos de los cultos paganos de los eslavos, puesto que no hay fuentes escritas anteriores a su conversión. Por los datos de las crónicas, verificados mediante excavaciones arqueológicas, sabemos que en una colina que domina la ciudad de Kiev, Vladimiro construyó un panteón de dioses paganos cada uno de los cuales era patrón de algún elemento de la Naturaleza, de la fauna o de la flora, lo cual indica que los eslavos eran adoradores de la Naturaleza. Los nombres de algunas de las deidades del panteón de Vladimiro eran eslavos, otras tenían nombres ugrofineses e incluso lituanos. Vladimiro acababa de completar la conquista y sometimiento de las diversas tribus que poblaban la mayor parte de la enorme región que constituye hoy día la parte europea de Rusia, Ucrania, Bielorrusia (una zona mixta de eslavos y lituanos, y la parte oriental de la actual Estonia). El panteón "étnicamente" mixto tenía, sin duda alguna, por objeto unificar la nueva nación de orígenes mezclados mediante una religión común representativa, o mediante una ideología común como diríamos en la actualidad. En otras palabras, Vladimiro tenía genio de estadista.

Sin embargo, es obvio que el proyecto fracasó, y hacia el año 986 nos encontramos a Vladimiro convirtiéndose al cristianismo. ¿Fue por las relaciones estrechas de la Rus’ de Kiev con sus vecinos cristianos, especialmente los bizantinos, así como por la presencia de una creciente minoría cristiana en Rusia, que hacía que el paganismo pareciera demasiado primitivo? ¿O es que Vladimiro deseaba ser aceptado de igual a igual en el mundo de la civilización grecorromana que en aquella época ya era monoteísta? Las crónicas guardan silencio respecto a los motivos por los que Vladimiro abandonó el paganismo. Todo lo que dicen es que hacia el 986 Vladimiro recibió embajadores de las principales religiones monoteístas: musulmanes, judíos, así como a representantes de las dos "versiones" del cristianismo: griegos y latinos. Después de sus invocaciones, se decantó claramente por el cristianismo; pero ¿qué versión: la griega o la latina? Según las crónicas, envió entonces a sus propios embajadores al Occidente latino y a Bizancio. A los embajadores la misa latina les pareció monótona y aburrida, pero les impresionó enormemente la belleza de la liturgia de la catedral de Santa Sofía de Constantinopla: tan bella era que creyeron encontrarse en el mismo cielo. De este modo el cristianismo de rito oriental conquistó a Vladimiro, que invitó a misioneros del Imperio bizantino y dio comienzo a la conversión de Rusia en el año 988. En el relato hay dos factores de enorme importancia.

El primero de los dos elementos que se invocan, el de la belleza, fue decisivo en la opción de Vladimiro. Independientemente de que sucediera realmente, la historia nos descubre la importancia que tiene la belleza en la mentalidad rusa, su identificación con el Bien, con el reino de Dios, en definitiva con Dios mismo. De ahí que la primera teología rusa adoptara la forma de iconografía y arquitectura eclesiástica. En épocas más recientes, autores como Dostoievsky y Gogol acceden a la memoria. Las famosas palabras de Dostoievsky: "¡La belleza salvará al mundo!" El sueño de Gogol por convertir el teatro en instrumento de la moral y su tormento después de ver la belleza celestial en una mujer que ejercía la prostitución, expresado en su obra La perspectiva Nevsky.

Mucha mayor transcendencia tuvo, y no sólo para Rusia sino también para el resto del mundo, el que Vladimiro optara por el cristianismo y no por el Islam. Los embajadores musulmanes, si es que existieron, debían de proceder de los búlgaros del Volga, los vecinos orientales más próximos a Rusia, que habían adoptado el Islam en el año 922. Si Vladimiro hubiera elegido el Islam, es probable que Europa hubiera quedado condenada a una invasión musulmana en tres frentes, algo que difícilmente habría podido resistir: los árabes desde África y la Península Ibérica, los turcos a través de los Balcanes y las hordas ruso-turcas desde el nordeste. Así la opción de Vladimiro a favor del cristianismo salvó a la civilización cristiana con un costo sumamente elevado para Rusia, y todavía mayor para los cristianos balcánicos. La "gratitud" que recibieron a cambio de sus "hermanos" cristianos occidentales fue el saqueo de Constantinopla en 1204 y los intentos de invadir Rusia a partir de 1240.

En cuanto a la conversión de san Vladimiro, todos los indicios sugieren que se trató de algo más que un mero acto político. Según las crónicas, Vladimiro se volvió monógamo, estableció un sistema primitivo de asistencia a los pobres mediante la distribución gratuita de comida y ropas, creó escuelas y obligó a sus nobles a que enviaran a ellas a sus hijos, edificó numerosas iglesias y promulgó el primer derecho eclesiástico, según el cual el 10% de los ingresos estatales estaban destinados a la Iglesia (y podemos suponer que también a la educación, ya que las escuelas estaban vinculadas a las iglesias). Otorgó a los tribunales eclesiásticos jurisdicción sobre todas las transgresiones morales y sobre los asuntos de familia, así como todas las funciones judiciales respecto al clero y a las personas que trabajaban para la Iglesia.

Además de haber recibido la fe cristiana no contaminada, tal como estaba definida en los siete concilios ecuménicos, Rusia le debe prácticamente todo (desde su cultura hasta su condición de Estado) al legado del cristianismo bizantino. El alfabeto para los eslavos lo crearon san Cirilo y sus discípulos en el siglo IX. Él, junto con su hermano san Metodio y sus discípulos san Naum y san Clemente de Ohrid, tradujeron en el nuevo alfabeto eslavo todos los libros de culto necesarios, todo el Nuevo Testamento, partes del Antiguo y los escritos más importantes de los Padres de la Iglesia. En la Iglesia oriental, a diferencia del Occidente latino, las celebraciones religiosas se habían realizado en lengua vernácula desde los primeros momentos. Ya existían en el siglo u las liturgias aramea y siríaca; las liturgias armenia y georgiana aparecieron en el siglo IV, y la eslava en el IX. Esta última lengua era básicamente el dialecto sub-macedonio que se hablaba en la zona de Tesalónica, lugar de nacimiento de Cirilo y Metodio. No era la misma lengua vernácula de los demás eslavos, incluyendo a los rusos; pero en aquella época las diversas lenguas eslavas estaban todavía lo suficientemente próximas las unas de las otras como para ser mutuamente comprensibles. Al instante, con la venida del cristianismo a Rusia, el eslavo eclesiástico, por ser la única lengua eslava escrita, se convirtió en el idioma oficial, tanto literario como estatal, del país. Y como no era la lengua hablada de ninguna de las tribus de Rusia y por lo tanto no se la podía considerar un símbolo de "opresión imperial" por parte de ninguna tribu, se convirtió en un poderoso factor de unificación que forjó una única nación rusa. En cuanto al aspecto religioso del uso de la lengua vernácula o cuasivernácula, sirvió para convertir con bastante rapidez a la Iglesia en una institución patria, en grado mucho mayor que la Iglesia romana, supranacional y básicamente extraterritorial, donde sólo el clero y una escasa minoría de la elite culta entendían la misa. Este último factor contribuyó al clericalismo, al distanciamiento (exclusiveness) del clero y a su elitismo. Tales formas extremas de clericalismo no se conocieron en el Oriente cristiano, al menos en el ámbito del clero parroquial y de su feligresía. Como la mayoría analfabeta del pueblo fiel entendía fácilmente los textos litúrgicos y en particular las lecturas bíblicas, la Iglesia se convirtió en un elemento más de la vida de los rusos, manifestándose en la piedad, la humildad, la referencia constante a las enseñanzas de Cristo tanto en el folklore escrito como en el oral, en una multitud de expresiones comunes en las que se invoca a Dios, que ni siquiera siete décadas de ateísmo comunista militante han sido capaces de eliminar. Los campesinos rusos se daban a sí mismos el nombre de krest’iane, que en ruso moderno es el término "oficial" para los campesinos, pero que en realidad es una grafía incorrecta de khristiane, que significa "cristianos." Incluso a comienzos del siglo XX la respuesta típica de un campesino cuando le preguntaban por su nacionalidad era: "pravoslavnyi," es decir "ortodoxo," en lugar de "ruso."

Príncipe San Vladimiro, Equiapostólico.

El príncipe Vladimiro era hijo de Sviatoslav y de la princesa Malusha. Nació en el año 963 y fue educado por el pagano Dobrinia, hermano de su madre. En le año 972 comienza su gobierno de Novgorod. En el año 980, en plena guerra entablada por los hermanos, Vladimiro se dirige a Kiev gobernado por su hermano mayor Iaropolk. Al vencerlo inicia su gobierno en Kiev. Así, conquista Galicia, aquieta a los viatichi entabla guerras con los pechenegos y expande las fronteras de su país que llega a extenderse desde el mar Báltico en el norte y el río Bug en el sur. Tuvo 5 esposas y numerosas concubinas. En los montes de Kiev erige ídolos comenzándose, allí, a realizar sacrificios humanos. Fue entonces cuando perecieron por Cristo los variagos Teodoro y Juan. Las circunstancias en que ocurrió la muerte de estos últimos, fuertemente impresionaron a Vladimiro quien comenzó a dudar de la veracidad de la religión pagana.

Invitados por el príncipe, llegaban a Kiev predicadores de diferentes países: embajadores de los búlgaros-musulmanes que poblaban las regiones del Volga, los germanos-latinos, los judíos y los griegos. El príncipe indagaba a todos ellos acerca de sus religiones y, cada uno le ofrecía convertirse a su creencia. La impresión más fuerte le produjo el predicador ortodoxo griego quien, como corolario de su prédica, le pintó la escena del Juicio Final. Entonces, Vladimiro, siguiendo el consejo de los boyardos, mandó a 10 hombres sabios, para que en los lugares de origen, examinen que religión es la mejor. Cuando estos embajadores rusos llegaron a Constantinopla, la magnificencia del templo de Santa Sofía, el canto armonioso de los cantores de la corte y la solemnidad con que el patriarca oficiaba, los conmovió hasta lo más profundo de sus almas. "No sabíamos — contaron más tarde a Vladimiro — si nos encontrábamos en la tierra o en el cielo." También comentaron: "Si la religión griega no fuera la mejor de las creencias, no la hubiera abrazado tu abuela Olga, que era la más sabia entre los hombres."

Vladimiro resolvió bautizarse, pero, no quería que Rusia pasara a depender de los griegos. Entonces, al poco tiempo del regreso de los embajadores, comenzó una campaña contra los griegos y tomó la ciudad de Jersones. Desde allí, envió embajadores a Constantinopla a los emperadores Basilio y Constantino exigiendo la mano de la hermana de los emperadores, la princesa Ana. Los emperadores contestaron que la princesa solo puede ser la esposa de un cristiano. Entonces, Vladimiro anunció que quería abrazar la fe cristiana, pero, antes de la llegada de la novia a Jersones, el principe fue afectado de ceguera.

En esta situación, como el apóstol Pablo, supo de su debilidad espiritual y se preparó par el magno misterio del renacimiento. Al llegar la princesa a Jersones, le aconsejó apurar el bautismo. Vladimiro se bautizó (en el año 988) con el nombre de Basilio. Al salir de la pila bautismal, recobró la vista tanto física como espiritual, y, con gran alegría exclamó: "Ahora he sentido al verdadero Dios."

Al regresar a Kiev, trayendo a numerosos sacerdotes griegos y de Jersones, Vladimiro, en primer lugar, propuso bautizar a sus doce hijos, lo que ellos hicieron en un manantial, conocido en Kiev con el nombre de Kreschiatik. A continuación se bautizaron numerosos boyardos. Mientras tanto, Vladimiro comenzó a derribar los ídolos, el mas importante de los cuales era el ídolo de Perún. Este ídolo fue atado a la cola de un caballo y, con profanaciones, fue derribado del monte y arrojado a las aguas del río Dnieper. Después de destruir los ídolos, Vladimiro difundió entre el pueblo la predica del Evangelio. Los sacerdotes cristianos reunían a la gente y los adoctrinaba en la Santa Fe. Finalmente, San Vladimiro anunció que todos los habitantes de Kiev, ricos y pobres, se debían reunir, un día determinado, a orillas del río para recibir el bautismo. Los pobladores se apuraban a cumplir con la voluntad del príncipe razonando así: "Si la nueva religión no fuera mejor que la anterior, no la hubieran adoptado ni el príncipe ni lo boyardos."

El día indicado, los habitantes de Kiev se reunieron en las orillas del Dnieper. El mismo Vladimiro llegó allí, junto a los sacerdotes cristianos. Todo el pueblo se sumergió en el río, quien hasta el cuello, quien hasta el pecho; los adultos llevaban en sus brazos a los niños. Los sacerdotes, en la orilla, leían las plegarias y, San Vladimiro, lleno de gozo, rezaba a Dios y se encomendaba a Él a sí mismo y a todo su pueblo.

Después de Kiev y de sus alrededores, la Santa religión fue difundida en Novgorod. Miguel, el primer metropolitano de Kiev, llegó allí en el año 990. Lo acompañaban 6 obispos y Dobrinia, el tío de San Vladimiro. Primeramente derribaron el ídolo de Perún y, como anteriormente en Kiev, lo arrastraron por el suelo arrojándolo luego al río Voljov. Después divulgaron la Santa Fe y bautizaron al pueblo. Desde Novgorod, el metropolitano Miguel, con 4 obispos y acompañado por Dobrinia, fue a Rostov donde realizó numerosos bautismos, consagró presbíteros y erigió un templo. Sin embargo, el paganismo se mantuvo en Rostov durante mucho tiempo, por lo cual los dos primeros obispos de Rostov, San Teodoro y San Hilarion, después de realizar grandes esfuerzos en combatirlo, debieron abandonar la cátedra. Para la erradicación del paganismo y la consolidación de la Santa Fe, bregaron allí los obispos San Leoncio y San Isaías, como también el Beato Ambrosio, Archimandrita, fundador del monasterio de Rostov.

En el año 992 la Santa religión fue introducida en la región de Susdal. Allí llegó San Vladimiro. Al príncipe acompañaban 2 obispos. Los habitantes de Susdal gustosamente se bautizaron.

Los hijos de San Vladimiro, entre quienes el príncipe repartió los feudos, se preocupaban de difundir y consolidar el Cristianismo en las regiones que gobernaban. Así, en le siglo X, además de Kiev, Novgorod, Rostov, y Susdal, la Santa Fe fue llevada a tierra de los drievlane. Posteriormente, en los territorios de los viatichi (las tierras de Kursk, Orel, Tula y Kaluga) realizó una intensiva prédica evangélica el Beato Kuksha, monje del monasterio de Pechersk, quien fue torturado y muerto por los paganos.

En general, la fe cristiana, durante los primeros años, se difundió preponderantemente cerca de Kiev y luego, por vía fluvial, desde Kiev y hasta Novgorod. Desde Novgorod se difundió a lo largo del Volga. Bajo la influencia de la religión cristiana, las tribus eslavas comenzaron a unirse en una nación.

La exitosa difusión de la fe de Cristo entre el pueblo ruso, se debió en especial, a que se difundía en su mayoría, por medios pacíficos: por la prédica, por la persuasión (sin usar el fuego y la espada, como no pocas veces los utilizaban los católicos romanos) y, además, gracias a la labor de San Cirilo y San Metodio, en el local idioma eslavo.

Los rusos llevaron la fe cristiana ortodoxa a los pueblos no rusos que habitaban en la vecindad de las fronteras y en los límites mismos de Rusia. Así, entre los siglos X y XIII empezaron a bautizarse algunas tribus finlandesas (Izhora y Carelia), las tribus no rusas de la región de Vologda y otras más. A comienzos del siglo XIII en las orillas de los ríos Volga y Oka, fue fundada la ciudad de Nizhni Novgorod, un fuerte baluarte de la Ortodoxia entre los pueblos no rusos de Povolyie y la región central de Rusia.

En el oeste de Rusia, la difusión de la fe ortodoxa se encontró frente a otra fuerte influencia. Era la influencia de la iglesia católica romana. En Finlandia predicaban los misioneros latinos llegados desde Suecia. Al sur del golfo de Finlandia, en los primeros tiempos se afianzó la Ortodoxia, pero más tarde, desde Dinamarca, llegaron los misioneros romanos. A fines del siglo XII, en Libonia, se creó la orden de los Caballeros de la orden de Porte-Glaive (guerreros de espada) latina. Estos combatieron contra la influencia rusa y contra los éxitos de la Ortodoxia. En Lituania, ya en el siglo XII, comenzó a difundirse la religión ortodoxa desde las vecinas poblaciones rusas. En el siglo XIII, al conquistar los príncipes lituanos las ciudades rusas como Novogrudok, Sklonim y Brest, muchos se sus pobladores recibieron el bautismo.

El martirio y la muerte en el siglo XIV, que por la fe sufrieron tres altos dignatarios de la corte del príncipe lituano Olguerd (hijo de Guedemin, fundador del principado lituano) contribuyó sobremanera al éxito de la difusión de la Santa Fe. Estamos mencionando a los Santos Mártires Antonio, Juan y Eustafio. Pero, a fines del mismo siglo, Lituania que dominaba a la ortodoxa Rusia occidental se unió a la católica Polonia. Después de esto, los Papas de Roma aplicaron todos sus esfuerzos para: 1) separar las diócesis situadas en el sudoeste de la unida iglesia ortodoxa rusa; y 2) introducir allí la llamada Unión lituana.

La influencia del cristianismo sobre la vida del pueblo ruso.

Una vez adoptada la fe de Cristo, enseguida comenzó a tener una influencia positiva sobre la vida de nuestros antepasados. Empezaron a afianzarse las costumbres cristianas. Por ejemplo: los frecuentes rezos, la beneficencia, las peregrinaciones a los lugares santos y otras más. Esta benéfica influencia, sobre los corazones y las costumbres, se manifestó, especialmente, en la vida de destacadas personalidades de ese entonces. El príncipe Vladimiro siendo pagano se abandonaba a algunos vicios, se destacaba por su crueldad. La fe cristiana lo transformó completamente. Se volvió sobrio, casto, compasivo con los indigentes y lisiados y enfermos, ordenaba llevarles a las casas todo lo necesario para el sustento. Hasta temía, el Vladimiro cristiano, a ajusticiar a los malhechores preguntando a los demas si no cometía pecado en caso de tener que hacerlo. Los Santos Mártires Boris y Gleb, hijos de Vladimiro, eran un modelo de la piedad cristiana. Entre los metropolitanos rusos son reconocidos por la santidad de sus vidas, entre otros, Miguel e Hilario. Muchos ejemplos de santidad encontramos, sobre todo en le monacato.

Fueron las altas jerarquías eclesiásticas y los príncipes los que preponderantemente se preocuparon por la educación cristiana del pueblo. Siguiendo el consejo del metropolitano Miguel, el principal jerarca de la Iglesia Rusa, el príncipe Vladimiro organizó en Kiev y otras ciudades rusas, institutos educativos. El mismo metropolitano Miguel llamaba a los maestros y los instruía sobre el trato que debían tener con los niños. El hijo de Vladimiro, Jaroslav el Sabio, al construir iglesias en ciudades y poblados ordenó, que en todos ellos, se instruyese al pueblo. En la ciudad de Novgorod organizó una escuela donde estudiaban 300 niños. Según escribe el cronista, Jaroslav leía libros "día y noche" y reunía alrededor suyo a muchos escribas" para que copiaran los libros y, hasta a veces, los tradujeran del griego al idioma eslavo. El ejemplo de Vladimiro y de Jaroslav siguieron muchos de sus sucesores, como también el clero y el monacato.

En los monasterios se consideraba que todo lo referente a los libros era una causa de Dios. Algunos monjes dedicaban todo su tiempo, después de realizar sus rezos, a la copia y traducción de los libros. A veces para ellos debían viajar al Oriente: a Constantinopla o al monte Athos. Preocupados por la educación cristiana (religiosa) del pueblo, las altas jerarquías eclesiásticas y los predicadores de la iglesia rusa trataban, así mismo, de afianzar en la tierra rusa un orden civil basado siempre sobre las enseñanzas cristianas. En especial, fue beneficiosa su influencia durante los desastrosos tiempos de las guerras internas entre los príncipes. Los metropolitanos trataban de apaciguar las disputas entre ellos. Durante las guerras feudales y las divisiones, nuestra jerarquía eclesiástica, sin embargo, quedó unida e indivisible. Esta unidad fuertemente contribuyó a la unificación de la nación rusa.

 

 

Beato Miguel de Kiev.

Después de su bautizo en Corsún (Jersón) en el año 988 el gran príncipe Vladimir convocó a los sacerdotes búlgaros y griegos para la difusión de la fe ortadoxa por Rusia. El patriarca Nicolás de Constantinopla, Crisoverg mandó a Kiev al metropolita Miguel, a muchos sacerdotes y clero. El beato Miguel, lo más probable es que era de origen búlgaro. Trajo consigo íconos, libros eclesiásticos en idioma eslavo, adornos eclesiásticos, y reliquias de beatos de Dios.. Habiendo bautizado a 12 hijos del príncipe Vladimir, boyardos y población de Kiev, reunidos para ello en el río Dnieper, aprovechó esto para comenzar en esa ocasión de ocuparse de la eliminación de herejías.

Durante los años de oficios del beato Miguel en Rusia se fundaron muchos templos y se crearon algunos monasterios. De los templos construidos en Kiev, el mayor era el Desiatínny —en honor de la Santísima Virgen. ( San Vladimir donaba a este templo la decima parte de sus entradas, por ello lo de desiatiny, diesmo) A este templo fueron llevadas las reliquias de la gran beata Olga. En Periaslav, Chernígov, Belgorod, Vladimir.Volinskom Novgorod, Rostov el grande, y en otras ciudades se inauguraban templos ortodoxos.

El historiador relata que en tiempos de san Miguel, "la fe ortodoxa floreció y resplandeció como el sol." El beato Miguel sobresalía por su mansedumbre, y humildad incansable en los esfuerzos y fue un sincero padre espiritual de su rebaño. Era un sabio y recto jerarca. El ungía a los presbíteros, elegía experientes maestros, a los que encomendaba la enseñanza y educación de los niños en el temor y fe en Dios. Ante él se bautizaron cuatro príncipes búlgaros y uno de Pechñ. Se sabe que el envió al monje Marcos para propagar la fe ortodoxa a los musulmanes búlgaros. Falleció el metropolita Miguel en el 992. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de Desiatina. En los concilios de Kiev, Novgorod-Sofía se decidió denominarlo como el iniciador de la Iglesia Rusa.

Tampoco debió de ser el motivo de menor importancia, al elegir Bizancio en lugar del Occidente latino como fuente para la cristianización de la Rus’, el hecho de que en aquel momento Bizancio era con mucho la nación más avanzada culturalmente y la más civilizada de Europa. Los viajeros occidentales describirían a la Kiev del siglo XI como la primera ciudad después de Constantinopla en cuanto a belleza y esplendor. El ámbito para el influjo bizantino fue, sin lugar a dudas, la Iglesia ortodoxa griega. El historiador M. D. Priselkov escribió que la primitiva estructura del Estado ruso había sido configurada en gran medida siguiendo la estructura de la Iglesia Ortodoxa. El reconocimiento por parte de los príncipes locales del gran príncipe de Kiev como superior era una réplica de la jerarquía de los obispos respecto al metropolitano de Kiev y de toda la Rus’ como su obispo presidente. Los congresos locales (sobors en ruso) de los obispos fueron copiados por las dietas de los príncipes a partir de finales del siglo XI, y en el XVI, por los Zemskie sobors o Estados Generales, por llamarlos de algún modo. El otro factor positivo de lo cuasi vernáculo fue el rápido desarrollo de un vocabulario sorprendente por su novedad y una literatura relativamente elaborada en la Rus’ de Kiev. Por mencionar sólo algunos ejemplos, es preciso citar las crónicas históricas, con un vocabulario de más de 12.000 palabras, así como El poema de la campaña de Igor, del siglo XII, y en especial el famoso Sermón sobre la ley y la gracia, obra de san Hilarión, archimandrita originario de Kiev hacia 1045, que éste pronunció en la magnífica iglesia de Santa Sofía recién construida y obviamente en presencia de Yaroslav el Sabio, que era hijo de san Vladimiro y gobernaba en Kiev en aquella época. La elegancia del sermón es sorprendente si se tiene en cuenta que la literatura de la nación no contaba con más de sesenta años en aquel momento. Pero además de ser elegante, constituye también un ejemplo de historiosofía. San Hilarión concibe la historia como si se desarrollara siguiendo un esquema dialéctico: a) la cadena mosaica de la ley es la cadena de la esclavitud; b) la cadena de gracia otorgada por Jesús es el camino de la libertad. Gran parte del sermón es un elogio de Vladimiro, el príncipe ideal según Hilarión, que supo combinar la piedad con el poder y gobernó su patria con justicia, valor y razón. Siguiendo la doctrina de Justiniano sobre la symphonía de la Iglesia y el Estado, Hilarión cree que el poder secular debería comprometerse con los intereses de la fe; sin embargo, el poder secular debe respetar las instrucciones de la jerarquía eclesiástica. Es deber de un buen príncipe cristiano subyugar, si es preciso por la espada, a las naciones que no han recibido la luz, a fin de llevarles la luz del cristianismo. Hilarión veía una importancia mesiánica global en la conversión de la Rus’ y comparaba la hazaña de Vladimiro con la de los apóstoles, pronosticando de ese modo el papel imperial de Rusia. El sermón reflejaba el optimismo de un neófito. Por el contrario, el tono de un documento escrito unos 70 años más tarde por el gran príncipe de Kiev Vladimiro Monomaco, las Instrucciones a sus hijos, carece por completo de triunfalismo. Son significativas como muestra de la profundidad con que habían calado las ideas y convicciones cristianas al menos en los rusos cultos de entonces. Al lector le sorprende la auténtica mansedumbre y humildad cristianas del poderoso príncipe. La única manera de vencer a los enemigos, escribe, es mediante "el arrepentimiento, las lágrimas y la caridad"; y les pide a sus hijos que nunca le hagan daño a nadie, que se preocupen de los huérfanos y de los ancianos, que no recurran jamás a la pena de muerte, y mucho menos al asesinato, que priva a la víctima de la oportunidad de arrepentirse. La pereza y la ociosidad, escribe, son la causa de la mayor parte de los pecados. Les enseña que tomen parte en la constante oración a Jesús del monaquismo ortodoxo para evitar la ociosidad, tanto si les agobian sus actividades como si no. El arrepentimiento de Vladimiro por las guerras que había emprendido y los pecados que había cometido constituye gran parte de las Instrucciones.

Sin lugar a dudas, el uso de una lengua cuasivernácula por parte de la Iglesia contribuyó en gran medida a tal asimilación orgánica de la doctrina cristiana y a la "naturalización" de la Ortodoxia. Pero había también un aspecto negativo en el lenguaje vernáculo o cuasi vernáculo de la Iglesia. En el Occidente latino el lenguaje común del saber contribuyó a un fácil intercambio cultural entre las elites cultas de todos los países occidentales. Esta apertura contribuyó al crecimiento cultural, mientras que el uso de la lengua vernácula en cada país de la Iglesia oriental condujo finalmente el estancamiento. Todavía más, la lengua latina (aunque en grado menor que el griego) abrió sus puertas al legado cultural de la Antigüedad, así como a los escritos de los Padres de la Iglesia primitiva, muchas de cuyas obras no habían sido traducidas al latín. En lo que se refiere a Rusia, no hay indicios de que se enseñara el griego en las escuelas rusas de la época. Y así, los rusos cultos tenían que depender de las traducciones al eslavo. Es cierto que en el período que va del siglo IX al XII fue enorme el número de traducciones al eslavo de los Padres de la Iglesia, así como de algunas obras de la filosofía griega, pero todo se extinguió casi por completo con la decadencia de Kiev hacia el siglo XIII y su destrucción por los mongoles, que coincidió aproximadamente con la conquista latina de Constantinopla y la ofensiva, sitio y destrucción definitiva de los restos del Imperio bizantino y de sus vecinos eslavos a manos de turcos y árabes.

¿Y qué fue del legado del paganismo? ¿Desapareció de la noche a la mañana con la llegada del cristianismo? Ni mucho menos: algunas supersticiones paganas han sobrevivido hasta nuestros días, y son muchos los historiadores que emplean el término dvoeveríe, es decir, dualidad religiosa, en virtud de la cual el neófito creía tanto en Jesús como en las deidades paganas. Otros rechazan el término por considerarlo confuso, arguyendo que con la llegada del cristianismo todo lo que quedaba de las deidades paganas en el folklore nacional quedó confinado en el ámbito de los demonios. George Fedotov cree que esta veneración de la maternidad, la feminidad, ha influido en el carácter del varón ruso: "La madre le enseñaba la afabilidad y la fidelidad, no la libertad y el valor, virtudes "masculinas" predominantes en la tradición de la Europa occidental." Ejemplo de estas virtudes "femeninas" es la veneración, popular en Rusia, de los santos Boris y Gleb, los primeros santos rusos canonizados; y lo fueron a pesar de la oposición de los griegos, que veían en el asesinato de los dos jóvenes, al parecer a manos de su hermano mayor, Sviatopolk el Cruel, una mera lucha fratricida y no un martirio por Cristo. Pero a los ojos de los rusos, el hecho de solicitar su canonización estribaba en su negativa a resistirse al mal y en su obediencia: ambos habían decidido no ofrecer resistencia frente a los asesinos que había enviado su hermano mayor, el cual, decían, ahora que su padre había muerto, heredaba la autoridad absoluta del padre sobre ellos. Por eso se sometieron a su voluntad.

El segundo momento clave, que afectó no solamente a Rusia sino a toda la cristiandad, fue el gran cisma de 1054. En realidad, la excomunión pontificia del patriarca de Constantinopla y de todos sus seguidores, tal como declaraba la bula del papa León IX, y la respuesta más moderada de Miguel Cerulario, que solamente excomulgaba al papa y al cardenal Humberto, no se tomaron al principio en serio, al menos en el Oriente cristiano. Las relaciones entre las dos partes de la que técnicamente seguía siendo una única Iglesia habían sido tensas durante siglos por motivos tanto teológicos como políticos. Las principales desavenencias teológicas se referían a las pretensiones de supremacía del papado sobre toda la cristiandad y la cuestión del Filioque, una adición franca al credo de Nicea que fue aceptada por Roma a comienzos del siglo XI bajo las presiones de los francos, de los que dependía en gran medida. Los ortodoxos veían al Papa simplemente como el primero entre iguales en la jerarquía de los cinco patriarcas (Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía Jerusalén). Pensando que en este caso se trataba de otra disputa episcopal más, de las muchas que había habido en los tres siglos anteriores, el Oriente ortodoxo en general permaneció tolerante y cordial respecto a la Iglesia latina. Sus parroquias siguieron funcionando junto con las ortodoxas en todas las ciudades importantes de Bizancio, el Próximo Oriente y Rusia. Parece que a la Rus’ es a quien menos preocupó el cisma. John Fennell ha contado al menos treinta matrimonios entre miembros de la realeza latina y rusa desde 1050 hasta final del siglo XII. El metropolitano Hilarión no hacía ninguna diferencia entre la Iglesia latina y la griega, p. ej.: "La tierra romana honra por igual a Pedro y a Pablo, por medio de los cuales creyeron en Jesucristo..." En contraste con los cruzados germanos que estaban convirtiendo a los bálticos por la fuerza, los rusos, si bien cobraban tributos en algunas partes del territorio báltico, jamás intentaron obtener conversiones por la fuerza; ni impidieron tampoco que los germanos lo hicieran. Es más, el príncipe Vladimiro de Polotsk, por ejemplo, en 1188 dio permiso a un monje agustino para que predicara entre los livonios (una tribu de Letonia), aunque pagaban tributo al príncipe ruso, es decir, eran súbditos suyos.

Hasta 1448 todos los metropolitas de la Rus’ habían pertenecido a la jurisdicción del Patriarcado ecuménico (de Constantinopla). Y la disputa teológica era un a priori entre Roma y Constantinopla. Como la mayor parte de los metropolitas de la Iglesia rusa hasta mediados del siglo XIII habían sido griegos o eslavos bizantinos helenizados (búlgaros, macedonios), es natural que tuvieran una disposición más crítica hacia los católicos que los rusos. Así, aproximadamente dos décadas después del cisma, el metropolitano Georgi de Kiev advierte en contra de recibir la comunión de los latinos o de rezar con ellos, consejo que parece indicar que dichas prácticas seguían dándose incluso después del cisma. Su sucesor, Ioann, criticó los matrimonios reales con católicos, aunque sin mucho éxito. En contraste con los griegos, el obispo ruso del siglo XII Nifonte de Novgorod, respondiendo a la pregunta de cierto sacerdote llamado Kirik sobre cómo recibir en la fe ortodoxa a un católico, le recomienda: "úngele con el santo crisma... entrégale un cirio y en la liturgia dale la comunión." San Néstor, monje asceta de Kiev de comienzos del siglo XII, compilador de la primera Crónica, llama al príncipe Iziaslav "amador de Cristo... amador de Dios," aunque el príncipe se había casado con una católica y mantenía correspondencia muy cordial con el papa Gregorio. Pero incluso los griegos, según las palabras del padre John Meyendorff, hasta el saqueo de Constantinopla por los cruzados, habían considerado que las diferencias teológicas entre las dos iglesias podían acabar resolviéndose y que se restauraría la unidad de la Iglesia.

Fue el saqueo de Constantinopla por los "hermanos cristianos" de Occidente, seguido por una brutal matanza de los sacerdotes y monjes ortodoxos y la instalación de un patriarca latino en la sede de san Juan Crisóstomo, lo que hizo definitivo el cisma y abrió un catastrófico abismo entre el Oriente y el Occidente cristianos. Fue sólo entonces, afirma Meyendorff, cuando "la mayor parte de los bizantinos se dieron cuenta de que la cristiandad occidental creía realmente en los derechos exclusivos y universales del Papa y, por tanto, tenían una concepción de la Iglesia completamente distinta a la suya."

Todo el impacto del ataque de los cruzados comenzó a afectar a las actitudes religiosas y a la política estatal rusas casi cuarenta años después, cuando se vio exacerbada por el ataque de los suecos en 1240 y por el ataque de los caballeros teutónicos contra Pskov y Novgorod en 1242; ambos fueron rechazados con éxito, aunque con un elevado número de bajas, por Alexander Nevski, príncipe de Novgorod. Aunque los rusos todavía no conocían en aquel momento que quien había ordenado ambas campañas era el papa Gregorio IX, cuya bula de 1237 daba instrucciones al arzobispo de Suecia para que organizara una cruzada contra los "infieles" rusos, vieron a los caballeros germánicos que marchaban con banderas y enseñas religiosas manifestando claramente que los latinos no los consideraban cristianos. Todavía más, los ataques de Occidente estaban planeados para coincidir con el momento de la mayor debilidad de Rusia, cuando la mayor parte de la población se hallaba en un estado de postración, devastada y despoblada a causa de la invasión de los tártaros de los años 1237 a 1242. Alexander contaba con escasos recursos y con un ejército mal armado y menor que las fuerzas germánicas. Sin embargo, con el lema "El poder de Dios no está en la fuerza, sino en la verdad," venció. Los rusos consideraron aquella victoria como un milagro de Dios, y canonizaron al príncipe. Al darse cuenta de que no podía luchar al mismo tiempo contra los mongoles y contra los agresores de Occidente, Alexander optó por establecer alianza y amistad con los invasores orientales, que lo único que exigían eran tributos y levas para sus ejércitos, a la vez que dejaban intactas la infraestructura y la religión rusas, mientras que los cruzados se proponían destruir la fe y la nación.

Al sudoeste, el gran príncipe Daniel de Galitzia y de Volinia, que fue contemporáneo de Alexander, eligió al principio la opción opuesta: después de contemplar la devastación que habían causado a su tierra los mongoles, apeló al papa Inocencio IV para que formase una cruzada paneuropea contra aquéllos. Incluso asistió en 1247 al concilio de Lyón y parece que aceptó la unión con Roma a cambio de una coalición militar contra los mongoles. Pero tal fuerza militar no llegó a materializarse. Mientras tanto, su candidato para regir espiritualmente la Rus’ volvió de Nicea en 1248 como metropolitano Kirill III. Debido al hecho de que la capital bizantina fuera Nicea,, mientras que Constantinopla estaba en manos de los latinos y tras haberse enterado de la destrucción que allí había sufrido la Ortodoxia, Kirill no tenía ningún interés por colaborar con los latinos. Como no había recibido ayuda alguna del Papa, Daniel renunció a la corona y a la unión en 1248, probablemente bajo la influencia de Kirill. En 1253 aceptó finalmente la corona, pero evidentemente no la unión con Roma, ya que en 1257 el papa Alejandro IV convocó una cruzada no contra los tártaros, sino contra la Rus’ de Galitzia. Pero no pasó nada. En cuanto a Daniel, se vio forzado a aceptar el protectorado de los mongoles. Sin embargo, todas estas vacilaciones debieron de desagradar al metropolitano Kirill, quien tomó partido a favor de la línea pro-mongol de Alexander Nevski como mal menor, se alió con él en 1250 y prestó un apoyo total a su política.

El Noble Príncipe San Alejandro Nevsky.

Entre los príncipes, defensores de la tierra rusa y de la Fe Ortodoxa durante el yugo mongólico, en especial, se destacó el príncipe San Alejandro Nevsky.

Hijo del Gran Duque Iaroslav, nació poco antes de la invasión de los mongoles en el año 1220 y, bajo la guía de su devota madre, Santa Teodosia, recibió una buena educación de un profundo carácter religioso. Su infancia y su juventud las pasó en Novgorod, donde gobernaba su padre pero, y donde luego él, siendo todavía joven, tuvo que asumir la pesada carga de gobierno. La región de Novgorod se salvó de la devastación y el saqueo de los tártaros, pero sufrió la fuerte presión de sus vecinos occidentales: los lituanos, los germanos y los suecos. San Alejandro Nevsky tuvo que encabezar una pesada lucha contra ellos, defendiendo la independencia de la tierra rusa, como también preservar y defender la Iglesia rusa de los ataques de diferentes lados.

Al ver los Papas de Roma que podían contar con la voluntaria subordinación de la Iglesia rusa, resolvieron aprovechar el estado débil e indefenso de Rusia, presionándolos, obtener la dependencia de la Fe Ortodoxa rusa. Fue promulgada la bula en el año 1237, que llamaba a los suecos a realizar una cruzada para castigar a los finlandeses, quienes se rebelaron contra la propaganda del catolicismo y al mismo tiempo convertir a esta religión a los rusos. Se anunció que todos los participantes de la cruzada recibirian el perdón de sus pecados y los caídos en la lucha, el goce eterno. Se formo así un gran ejercito sueco al mando del Birger. Este ejército desembarcó en el año 1240 en las orillas del río Nevá. Después de una fervorosa oración en la catedral de Santa Sofía, el ejercito ruso, no muy grande, conducido por el príncipe Alejandro, se dirigió a enfrentar al enemigo.

El valiente príncipe dirigió a sus huestes un breve pero sentido discurso: "Hermanos, somos pocos y el enemigo es fuerte, pero Dios no esta en la fuerza sino esta en la Verdad. Recordemos las palabras del Creador de los salmos:....... estos en carros, aquellos a caballo, y nosotros el nombre de Dios invocaremos.....No os amedrentéis por el número de los combatientes, porque Dios está con nosotros."

Animado por la visión que tuvo el soldado Pelgucio de los Santos Boris y Gleb, San Alejandro, en la noche del 15 de julio 1240, atacó al enemigo y le infringió una decisiva derrota. "Los seguidores de Roma fueron derrotados y humillados," exclamaban con alegría los habitantes de Novgorod al festejar la Victoria.

Al poco tiempo tuvo lugar otro ataque del mundo occidental latino a la fe ortodoxa rusa. Esta vez de parte del orden livono de caballeros de Port-Glave. Estos caballeros, entre religiosos y militares, obligaron a los habitantes de las orillas del mar Báltico, a convertirse al catolicismo. Para ello usaban la fuerza de sus armas. Después entraron en el territorio ruso y tomaron ciudades Pskov y Iuriev, convirtiendose en una amenaza para Novgorod. Alejandro fue obligado a dejar esta ciudad por los desordenes del pueblo y retirarse a Suzdal. Bajo la influencia del peligro, los habitantes de Novgorod entraron en razón y fueron a pedirle al príncipe Alejandro que vuelva y les ayude a derrotar al enemigo. Olvidando todas las ofensas, y juntando toda la fuerza militar, Alejandro atacó al enemigo, liberó a Pskov, y se dirigió al lago Chudsko, donde tomó lugar la famosa batalla sobre el hielo. Esta batalla se llama: "batalla sobre los hielos." Esta victoria (5 de abril del 1242) quebró a los lituanos y detuvo su penetración en la tierra rusa.

El Papa Inocencio IV, al sufrir esta derrota, se dio cuenta que no podía mediante el uso de la fuerza subordinar al fiel defensor de la religión ortodoxa y resolvió, desde entonces, utilizar medios pacíficos. En el 1251 envió dos cardenales para una entrevista con el príncipe Alejandro, con una misiva en la cual lo invitaba estar bajo de la protección de Roma. El príncipe Alejandro respondió": Nosotros conocemos la verdadera doctrina de la Iglesia y nunca aceptaremos la suya!"

Las novedades sobre el valeroso príncipe y sus gloriosa victorias llegaron hasta el Khan de los tártaros. Después de la invasión de los tártaros, los príncipes visitaban el Horda tártara, como una señal de sumisión y viajaban para ver al Khan. El Santo Alejandro todavía no había ido. Cuando el Khan Batey deseó verlo, San Alejandro entendió que es imposible ignorar su invitación, y reconfortado por las oraciones y las palabras de despedida del prelado de Novgorod, se dirigió a la Horda. Allí los sacerdotes paganos exigieron que, según la tradición, el príncipe, antes pasara por el fuego purificador y se postrara ante las imágenes de los antepasados del jefe tártaro. El defensor de la Fe de Cristo contestó, con dignidad, de la siguiente manera": Soy cristiano y no debo inclinarme ante ninguna creación humana." Al oír sus palabras, los sacerdotes se apresuraron a trasmitirlas al Khan Batey. Todos los que viajaron a la Horda acompañando a Alejandro se atemorizaron con lo que iba suceder. Al ser introducido ante el jefe tártaro, San Alejandro se inclinó en una reverencia y dijo:" Zar, me inclino ante ti porque Dios te ha honrado con un reino, pero nunca me inclinare ante algo creado por hombre. Únicamente a Dios es al quien sirvo, adoro, reverencio y me arrodillo! "Estas sabias palabras le gustaron tanto al Khan que, muy pronto y con grandes honores despidió al Santo príncipe.

Con posterioridad, San Alejandro, quien desde 1252 fue el Gran Príncipe de Vladimir, tres veces mas viajó al Horda, tratando de disminuir las desgracias y las calamidades con las cuales los tártaros amenazaban al pueblo y la tierra rusa. En su último viaje se enfermó y 14 de noviembre 1263 falleció en Gorodetz de Povolzsk. Cuando la triste noticia llego a la Ciudad de Vladimir, el metropolitano Cirilo, la comunicó con las siguientes palabras: "Hijos queridos, el sol de Rusia se ha extinguido." Todos lloraban la pérdida del príncipe.

Durante el reinado del Emperador Pedro I (1724) se llevaron sus imperecederas reliquias a Petrograd, donde se encuentran en el presente en el monasterio de Alejandro Nevsky.

 

Como el centro de Rusia estaba donde estaba el metropolitano (había numerosos príncipes locales, pero sólo un metropolitano), el hecho de que Kirill optara por el nordeste en lugar de por el sudoeste — y todos sus sucesores siguieron esta línea suya — contribuyó de manera crucial al auge de Moscú, mientras que en el siglo XIV Polonia se anexionó Galitzia y Volinia occidental y Lituania hizo lo mismo con Volinia oriental, incluyendo Kiev.

Las principales consecuencias de los anteriores acontecimientos son las siguientes:

1. Como resultado de la confrontación con los cruzados latinos, la antigua tolerancia de los rusos con respecto a la Iglesia romana y sus misioneros fue sustituida por la intolerancia, la desconfianza y la animadversión. Mientras que hasta entonces los rusos consideraban que la Iglesia ortodoxa rusa era sencillamente la versión rusa de la cristiandad universal, a partir de este momento comenzaron a considerarse como poseedores de la única Iglesia cristiana verdadera, tratando a los latinos como herejes y enemigos de la Ortodoxia.

2. La Rus’ de Galitzia y Volinia, debido a la decadencia de Kiev y al atraso del nordeste, se había convertido en la parte más poderosa y más civilizada de la Rus’ a comienzos del siglo XIII y por lo tanto tenía el mayor potencial para convertirse en centro y cabeza de Rusia, pero no logró dar cauce a ese potencial, debido a las actitudes y a la política de las naciones occidentales vecinas, así como las del papado, con la caída del Gran Ducado de Galitzia y Volinia.

2. Historia de la Iglesia Moscovita Antigua.

Los metropolitas rusos, tanto si eran griegos como si eran búlgaros, de la Rusia occidental (ucranianos) o de la Gran Rusia, siguieron el precedente que había sentado el metropolitano Kírill: pasaban la mayor parte del tiempo junto a los grandes príncipes de Vladimiro, y se trasladaron a Moscú cuando éstos la eligieron como su capital en el siglo XIV; no obstante, Kiev siguió siendo la sede titular de los metropolitas. El Patriarcado de Constantinopla era muy reacio a dividir la Iglesia rusa nombrando metropolitas independientes para los territorios rusos anexionados a Lituania y Polonia, algo que exigían los grandes duques de ambas naciones, amenazando a Bizancio con la posibilidad de hacer que sus súbditos se convirtieran al catolicismo latino. En ocasiones, Bizancio cedió a las presiones y hubo un número de casos de metropolitas independientes de Galitzia (Halicz) y Lituania (Novgorod) que aparecieron de manera fugaz a comienzos del siglo XIV, pero por regla general, Bizancio prefirió ver una Iglesia rusa única y unificada, cuyo metropolitano de Kiev residiera en Moscú. Resulta evidente que el Patriarcado ecuménico reconocía que en Moscú residía el mayor potencial ruso de autoridad y de firmeza en la fe.

Fue también éste el período en que las ideas hesicastas llegaron a Rusia desde Grecia y produjeron una renovación espiritual que se expresó en los mayores logros de la iconografía rusa; la renovación monástica y una nueva ola de traducciones del griego, representadas fundamentalmente por figuras tales como los pintores de iconos Teófanes el Griego y san Andrés (Rublev), el maestro espiritual san Sergio de Rádonezh, y los escritores Epifanio el Sabio y Pacomio el Serbio, por nombrar tan sólo a unos pocos.

Beato Sergio de Radonezk.

A mediados del siglo XIV se fundó el gran monasterio de Troitse Serguievskaia. Su fundador el beato Sergio (en la vida mundana Bartolomé), era hijo de boyardos de Rostov, Cirilo y María, quienes se trasladaron a vivir más cerca de Moscú en Radonez. A los 7 años, Bertolomé comenzó sus estudios. Con mucha ansiedad deseaba el aprendizaje, pero ello no le resultó fácil. Apenado por esto día y noche pedía al Señor abrirle el aprendizaje de los libros. Cierta vez buscando en el campo caballos perdidos, vio debajo de un roble un desconocido anciano vestido de negro. El monje rezaba. El joven se acercó y relató su pena. Con atención escuchó al joven, y el anciano comenzó a rezar..por su ilustración. En tanto tomando un cofre, tomó un trozo de prosforá y bendiciendo con él a Bartolomeo, dijo: "Toma, joven y cómelo, — esto se te da como emblema de la benevolencia Divina y el entendimiento de las Sagradas Escrituras." Bendición ésta que obtuvo el joven: el Señor le dio inteligencia, memoria y el joven comenzó a adquirir fácilmente la sabiduría de los libros.

Después de este milagro en el joven Bartolomeo se afianzó aún más el deseo de servir a Dios. Quiso aislarse como los antiguos beatos, pero el amor a los padres lo mantenía junto a la querida familia. Bartolomeo era tímido, taciturno y no hablador, era condescendiente con todos y cariñoso, no se exasperaba y mostraba una total obediencia a los padres.

Comúnmente sólo comía pan y agua y en los días de abstinencia no tomaba ningún alimento. Después de la muerte de los padres dejó la herencia para su hermano menor Pedro y junto con su hermano mayor Estéban fue a habitar a 10 verstas (medida de Rusia) de Radonez en un tupido monte cerca del río Conchúry. Los hermanos cortaban los árboles a mano y así construyeron una celda y una pequeña iglesia. Esta iglesia fue bendecida por el sacerdote enviado por el metropolita Feognósto, en honor de la Santísima Trinidad. Así se originó el famosísimo convento del beato Sergio.

Pronto Esteban dejó a su hermano y fue superior del monasterio "Bogoiavlensky" (o en ruso: "Aparición Divina"), en Moscú y padre espiritual del gran príncipe Bartolomeo, como monje con el nombre de Sergio, cerca de dos años habitó solo en el bosque. Es imposible imaginar cuantas tentaciones soportó durante este tiempo el joven monje, , pero con paciencia y oración logró sobrellevar todos los obstáculos. Jaurías de lobos rondaban su celda, , había osos, pero ningún animal le prodigaba daño. Cierta vez el beato del desierto le dio pan a un oso que se acercó a su celda, a partir de entonces el animal comenzó a visitar seguido al beato Sergio, quien compartía con él su ultimo pedazo de pan.

Por más que el beato Sergio trataba de ocultar sus devociones su reputación se divulgó y atrajo a otros monjes que deseaban la salvación bajo su orientación. Comenzaron a pedirle que tomara la bendición para sacerdote y abad. Sergio no lo aceptó durante mucho tiempo, pero sintió un perseverante pedido de una voz del Cielo que dijo: "Desearía obedecer que hacer obedecer, pero temiendo al juicio Divino me pongo a la voluntad de Dios." Esto fue en 1354, cuando el beato Alexey comenzó como metropolita catedrático de Moscú.

La vida y obra del beato Sergio en la vida del monaquismo ruso tiene un especial significado porque inició la vida eremítica, de los ermitaños, organizando fuera de la ciudad el convento comunal. Organizado bajo nuevos parámetros el convento de la Santísima Trinidad, al comienzo tuvo que soportar grandes carencias; las "casullas" (en ruso —riza) eran de una tela común teñida, los utensilios eclesiásticos eran de madera, en el templo en lugar de velas iluminaban astillas, — pero los devotos ardían por su celo. El beato Sergio daba a la hermandad el ejemplo de gran abstinencia, profunda contrición y firmeza implacable en la ayuda de Dios. En los esfuerzos y hazañas iba él primero y la hermandad lo seguía.

Cierta vez el convento quedó sin reservas de pan. El mismo abad para conseguir ganar algunos trozos de pan, construyó un atrio para la celda de un hermano. En momentos de gran necesidad, por los rezos de la hermandad, inesperadamente llegaba piadosa ayuda. Luego de unos años de inaugurado el convento, campesinos comenzaron a poblar los alrededores. No lejos de allí, había una ruta hacia Moscú y al norte, por lo cual los ingresos del convento comenzaron a crecer, y al igual que el convento de Kievo Pechersky comenzó a prodigar limosnas y a aceptar bajo su protección enfermos y peregrinos.

Hasta Constantinopla llegaron las noticias acerca del beato Sergio, y el patriarca Filofey le envió su bendición y su decreto por el cual se aprobaban las nuevas reglas de la vida ermitaña comunitaria aplicadas por el fundador del convento de la Santísima Trinidad. El metropolita Alexis admiraba al beato Sergio, como amigo, le encomendaba reconciliar príncipes enemistados, le encargaba importantes facultades y lo preparaba como sucesor. Pero él rehusó este nombramiento.

Cierta vez el metropolita Alexis quiso condecorarlo con la cruz de oro por su trabajo pero Sergio contestó: "Desde la infancia no usé oro, a la vejez con más razón quiero mantenerme en la humildad" — y decididamente declinó de sí tal honor.

El gran príncipe Dimitry Ivanovich, llamado Donskoy, honraba al beato Sergio, como a un padre, y le pedía bendición para la lucha contra el jan tártaro Mamay. "Vé, vé con confianza príncipe y confía en Dios!" — le dijo el beato anciano y le dio a dos devotos monjes: Peresvéta y Oslábiu quienes perecieron como héroes en la batalla de Kulikov.

Durante su vida ya el beato Sergio realizaba milagros y era partícipe de sublimes confesiones. Cierta vez tuvo la aparición magnánima de la Madre de Dios con los apóstoles Pedro y Juan quién prometió Su protección al convento. Otra vez vio una luz inigualable y muchos pájaros llenando el aire con sus magníficos trinos, y tuvo la revelación, de que muchos monjes reunirá en su convento. Treinta años después de su beata desaparición (28 sep. 1392), se abrieron sus santas reliquias.

El convento de Troitse Serguievskaia se expandió en todas direcciones fundando muchos nuevos reductos. El convento englobaba como una red todo el norte y lo concentraba hacia la iglesia, y la parte central del gobierno de Rusia — Moscú. Durante su vida el beato Sergio organizó y coordinó conventos como Kiryátsky, (cerca del río Kiryáts, en el estado de Vladimir), Golutvín (en Colomno), Simonov en Moscú, Visotsky, cerca de Serpujóv, Boriso-Glebsky, cerca de Rostov, Dubénsky, en honor de la guerra de Kulikóv, Pokrófsky, cerca de Bopovscá, Avramiev cerca de Chijlomá.

Después de la desaparición del beato Sergio sus seguidores fundaron también conventos: como Sávvin Storoyevsky (cerca de Zvenígoroda), Zhelezno-bórsky (cerca de Gálich), Voscresensky, cerca de Obnor, al norte de la provincia de Iarosláv, Ferapóntov, Kirilóv-Belosersky y otros. Como amigo del beato Sergio, tenemos a san Esteban evangelizador del país de Perguí.

 

Bizancio, donde las repercusiones del hesicasmo produjeron un movimiento espiritual e intelectual al que Meyendorff llama "pre-renacimiento hesicasta," estaba sentenciado a muerte tanto como organismo histórico que como entidad política. En sus intentos de última hora para detener la ofensiva otomana, apeló al papa en busca de ayuda. Éste prometió una cruzada paneuropea a condición de que la Iglesia Bizantina aceptara una unión religiosa y eclesiástica con Roma o, para ser más exactos, su subordinación. De muy mala gana y bajo las presiones de su emperador, Juan VIII, el patriarca ecuménico y sus obispos decanos, junto con Isidoro, el metropolitano búlgaro helenizado de Rusia, se trasladó a Florencia en 1439. En contradicción con las promesas que había hecho a los rusos de que no traicionaría a la Ortodoxia, la traicionó. En 1441 regresó a Moscú en calidad de cardenal romano y conmemoró al Papa en su primera y última liturgia en suelo moscovita. Aquella celebración supuso su arresto inmediato por orden de Basilio II, gran duque de Moscú. Como en las negociaciones que tuvieron lugar después del arresto no lograron convencerle de que renunciara a la unión, los rusos le permitieron que se escapara de Moscovia. A pesar de la condena que hicieron los rusos de la unión de Florencia, Basilio II rogó humildemente al patriarca ecuménico que les diera permiso para que a partir de entonces la Iglesia rusa pudiera elegir a sus propios metropolitas. Después de siete años de espera, en 1448, la Iglesia rusa rompió unilateralmente su afiliación a Constantinopla y eligió al obispo Jonás de Riazán como primer metropolitano autocéfalo.

El documento de Florencia y la respuesta al mismo por parte de Rusia tuvieron varias consecuencias de capital importancia:

    1. Aunque los griegos, que no habían recibido ayuda alguna ni del papado ni de ninguna nación europea, renunciaron a la unión con Roma, cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos en 1453, su ortodoxia se volvió sospechosa a los ojos de los rusos. Este acontecimiento, como veremos más tarde, ejerció un influjo directo en el Gran Cisma de la Iglesia rusa en el siglo XVII. De hecho, en 1453 el metropolitano Jonás proclamó solemnemente que el saqueo de la "reina de las ciudades" por parte de los turcos era un castigo por su traición a la Ortodoxia en Florencia.
    2. Se fue renovando y haciendo más profundo el recelo de Rusia respecto a "los latinos," lo cual aminoró el paso de la apertura de Rusia a Occidente y retrasó el proceso de superación del atraso cultural de Rusia.
    3. Por último, después de perder la jurisdicción sobre la Iglesia rusa moscovita, el Patriarcado ecuménico estaba dispuesto a aceptar la idea de un patriarcado independiente para la Rus’ de Polonia y Lituania, con la esperanza de conservar bajo su jurisdicción una parte al menos de la grey rusa.

En 1458 el intento por parte del ex patriarca uniata Gregorio Mamme, que vivía en el exilio, de nombrar a un tal Gregorio Bolgarin "metropolitano de Kiev y de toda Rusia" fracasó porque la población ortodoxa de Polonia y Lituania siguió reconociendo a Jonás como metropolitano suyo y se negó a aceptar un obispo uniata. Jonás murió en 1461. Su sucesor, Teodosio, fue el primer metropolitano de Moscú cuyo título "metropolitano de toda Rusia" no incluía la palabra "Kiev." Mientras tanto, Gregorio, al ver el distanciamiento y la hostilidad de su grey respecto al uniatismo, fue a Constantinopla, se retractó y renunció a sus vínculos con Roma. El Patriarcado ecuménico aceptó a Gregorio y en 1470 le nombró metropolitano de Polonia y Lituania con el título de metropolitano de Kiev. De este modo aparecieron dos sedes metropolitanas ortodoxas rusas: la autocéfala (de facto) de Moscú, y la autónoma de Kiev bajo el omophorion del Patriarcado ecuménico.

 

3. Las Batallas Teológicas.

Tan pronto como empezó a elaborar su propia teología la Iglesia rusa moscovita, comenzaron a aparecer las herejías como subproducto inevitable de la duda y la controversia. Las crónicas relatan que en 1311 un concilio ruso de obispos condenó a un sacerdote de alto rango por rechazar el monaquismo. Posteriormente, a finales de ese mismo siglo, apareció la herejía de los strigolniki. La etimología de la palabra indica cierta conexión con el corte de cabello: o bien se trataba de barberos o bien tenían algunas teorías referentes a la barba... Lo que se sabe de ellos es que protestaban contra la práctica de cobrar dinero por las ordenaciones de los clérigos, algo que consideraban simonía y de lo que acusaban a Alejo, metropolitano de Moscú. Según decían, las ordenaciones mediante tal simonía no eran canónicas y, por lo tanto, no eran válidas dichas ordenaciones del clero ruso. Esto les llevó a rechazar todos los sacramentos administrados por la Iglesia salvo el bautismo. Después de que varios concilios de la Iglesia rusa condenaran la simonía, los strigolniks más moderados volvieron a la Iglesia, mientras que una minoría extremista siguió alejándose cada vez más de ella, y acabaron rechazando incluso el Nuevo Testamento, la vida después de la muerte, la resurrección y la fe en Cristo como salvador. Solamente aceptaban la oración del Señor (el Padrenuestro) y confesaban sus pecados a la Húmeda Madre Tierra o al cielo y las estrellas del universo de Dios. En su forma última, sobrevivieron hasta el siglo XX como dyrniki, es decir, "adoradores del agujero," ya que construían sus viviendas con un hueco en el centro de la techumbre para rezar a los cielos.

Puede que hubiera cierta relación entre la herejía y los strigolniks y la de Judaizantes, que trajo a Rusia desde Lituania en la segunda mitad del siglo XV un judío, un tal doctor Zacarías junto con dos compañeros también judíos. Como pocos años más tarde Kuritsyn, un antiguo diplomático ruso, hizo llegar esa misma herejía a Moscú, procedente en este caso de Hungría, parece que pudiera tratarse de una de las muchas herejías antitrinitarias, probablemente anabaptistas, que en aquella época eran populares en Europa central. Observaban el sábado en vez del domingo como día de descanso, rechazaban todos los sacramentos, los iconos, los crucifijos, el monaquismo, los rituales y el ayuno. Reconocían a Cristo únicamente como gran maestro de moralidad, pero daban preferencia al Antiguo Testamento por encima de los evangelios y rechazaban la Trinidad como "politeísmo." Como, evidentemente, era mucho más culto que el clero ruso de la época, Zacarías logró convertir a varios sacerdotes a su fe, incluyendo dos clérigos a los que el gran duque Iván III, entonces reinante, nombró rectores de las dos principales catedrales del Kremlin; al mismo tiempo, Kuritsyn lograba propagar la herejía entre los miembros de la alta sociedad moscovita, incluyendo a la familia real. Incluso Zósimo, que además de ser un notorio alcohólico corrupto era metropolitano, en aquella época llegó a simpatizar con los Judaizantes. Fueron el arzobispo Gennadi de Novgorod y su amigo Iósif, abad de Volotsk, quienes emprendieron la campaña contra los Judaizantes. Acusado de llevar una vida inmoral y de negar la resurrección de Cristo, Zósimo fue depuesto por un concilio local en 1494, cuando ya había muerto Gennadi. Pero la campaña contra los Judaizantes aún no había terminado. Poco antes de morir, Gennadi logró concluir la primera traducción completa al eslavo de la Biblia. El culto secretario y traductor de Gennadi era un monje dominico croata, Benjamín, que acababa de venir de España donde había sido testigo de los métodos de la Inquisición, de los cuales informó a Gennadi y a Iósif. Ambos aprobaban por completo aquella manera de combatir la herejía, aunque no todos los dirigentes eclesiásticos estuvieran de acuerdo con la misma.

En aquella época el movimiento monástico hesicasta estaba representado en Rusia por los llamados ancianos del trans-Volga, encabezados por san Nil de Sorsk. Él y sus discípulos fueron quienes se opusieron a que se quemara en la hoguera a los herejes. Los otros puntos de controversia entre los ancianos del trans-Volga y los seguidores de Iósif incluían la cuestión de la propiedad de las tierras por parte de los monasterios así como las relaciones entre la Iglesia y el Estado. A Nil y a su escuela se los conocía como los no propietarios porque eran partidarios de la pobreza monástica a imitación de Cristo, y defendían que la Iglesia no debía participar en los asuntos del Estado, ya que el Reino de Dios no es de este mundo. Por el contrario, la escuela de Iósif recibió el nombre de los propietarios puesto que insistían en la riqueza monástica y en una colaboración activa de la Iglesia y el Estado en el ámbito de la política según la teoría de la simphonía. Después de varios concilios locales dedicados a estos temas y después de la muerte de san Nil, prevalecieron las ideas de Iósif en el concilio de 1504-1505. Y por primera vez en la historia de Rusia quemaron en la hoguera a varios dirigentes judaizantes. Esto sentó un precedente que se utilizaría en el siglo XVII contra los dirigentes del movimiento del Ritual Antiguo.

Pero alrededor de los seguidores de Iósif había muchas más cosas que lo que podría limitarse a un simple debate en torno a la manera de tratar a los herejes. En el siglo XV habían caído dos imperios de los que Rusia, aunque sólo fuera simbólicamente, había sido vasallo, es decir, la Horda de Oro mongol y Bizancio, mientras que la Rusia moscovita recuperaba su independencia completa, se expandía territorialmente en todas direcciones (llegando incluso a recuperar terrenos de Lituania) y a finales del siglo XV, después de que los turcos conquistaran los Balcanes, se convertía en el único estado ortodoxo independiente, todo un imperio al que tan sólo le faltaba el nombre. Fue en este momento, a comienzos del siglo XVI, cuando surgió la doctrina de Filoteo (Filóteos) el Viejo sobre la Tercera Roma: la Primera Roma había caído a causa de la herejía papista (es lo que escribía Filoteo); la Segunda Roma (Constantinopla) cayó por someterse a la herejía papista; Moscú es la Tercera y última Roma, y no habrá una cuarta. Hay que tener en cuenta, empero, que Filoteo expuso esa "doctrina" en su epístola al gran duque Basilio (Vasili) III en la que le recriminaba por tratar a sus súbditos como si fueran un botín de guerra y como si él mismo fuera un soberano infiel y no un ortodoxo. Se trataba de un contexto moral, sin referencias al Imperio; es decir, ahora que él era el único soberano ortodoxo, tenía que actuar como tal y convertirse en patrono y protector de todos los cristianos ortodoxos. Por el contrario, la visión de Hilarión, en el siglo XI, era estatalista e imperialista porque justificaba que Rusia conquistara las naciones paganas para iluminarlas.

La situación y las relaciones de la Iglesia en los siglos XV y XVI eran claramente distintas de la época de Hilarión. Durante los 240 años de dominio mongol, los obispos rusos, y especialmente los metropolitas, con frecuencia tenían que actuar como intermediarios entre los príncipes rusos y Rusia en general por una parte, y los señores mongoles por otra. Para proteger al país de la ira y de la venganza de los mongoles a raíz de los motines locales de los rusos contra los ocupantes, los obispos tuvieron que hacer uso de la diplomacia, del cohecho, etc. La politización del sistema eclesiástico y sus componendas morales hicieron que quienes buscaban consuelo y salvación espiritual en la Iglesia tuvieran que retirarse al desierto. Mientras que los monasterios de la Rusia premongol se concentraban en las ciudades y en sus alrededores, la mayor parte de las nuevas comunidades monásticas de los siglos XIV y XV se establecieron lejos de las ciudades, en los claros de los bosques. Los no propietarios, seguidores de Nil, en contraposición a Hilarión y a sus contemporáneos, estaban libres de la ilusión de que se podía cristianizar un estado. Querían mantenerse al margen de la política, y su llamamiento, como el de todos los hesicastas y el de Jesús mismo, era un llamamiento a la persona humana individual. De aquí su énfasis en los pequeños esketes de varios monjes con un starets (anciano), elegido por ellos mismos para que dirigiera su vida espiritual. Su doctrina en un contexto moderno llevaría a la separación de la Iglesia y del Estado. Por el contrario, los propietarios de la línea de Iósif querían que la Iglesia estuviese asociada al Estado y poseyera el derecho a influir moralmente en él. Era preciso que hubiese miembros de las familias aristócratas en la fraternidad monacal y especialmente en el episcopado, según creía Iósif, porque solamente aquellos obispos tendrían peso ante los ojos del monarca y de la corte, y así solamente ellos podrían influir en la política del Estado. Para atraer a los vástagos de las familias aristocráticas, acostumbrados al lujo, los monasterios tenían que ser ricos y a los monjes aristócratas había que ofrecerles un régimen más indulgente que a los demás monjes, a los que, como a sí mismo, Iósif recomendaba un ascetismo estricto. La otra justificación para la riqueza monástica era que los monasterios debían dedicarse a la caridad de manera institucional: creando orfanatos, asilos para los ancianos, hospitales y escuelas. Iósif emprendió todas estas empresas, y se le puede considerar fundador de tales instituciones monásticas de beneficencia. En el siglo XVII el Estado se convirtió en socio de la Iglesia en la gestión y financiación de tales instituciones al cincuenta por ciento.

Respecto a la pena capital de los herejes, Iósif defendía que si el Estado ejecutaba a los asesinos del cuerpo, con mucha mayor razón había que ejecutar a quienes mataban el alma, es decir, a los herejes. Pero añadía que, puesto que la Iglesia no podía privar a nadie de la vida, era deber del zar juzgar y ejecutar a los herejes. Por lo tanto, Iósif concedía al monarca la autoridad para tomar decisiones respecto a asuntos tan estrictamente eclesiásticos como la persecución de la herejía, preparando el camino para la definitiva subordinación de la Iglesia al Estado. Este proceso comenzó con la independencia eclesiástica de Rusia, cuando los metropolitas dejaron de ser al menos unos "expatriados espirituales," ya que eran consagrados en Constantinopla y seguían siendo responsables espiritualmente ante el Patriarcado ecuménico. Como meros súbditos del monarca moscovita y consagrados a voluntad del mismo, éste podía controlarlos con muchísima mayor facilidad. Esta domesticación y subordinación de la Iglesia al aparato estatal culminó con Pedro el Grande en el siglo XVIII. Y difícilmente podría haberlas impedido la doctrina de Iósif respecto a la desobediencia frente a los tiranos. Iósif fue el primer pensador ruso capaz de plantear el problema. Afirmaba que el monarca que da órdenes contrarias a la conciencia cristiana de un individuo, es un tirano, y no un verdadero dirigente cristiano. Por lo tanto, no hay que obedecerle, especialmente si, además, es hereje.

Aunque la doctrina de Filoteo sobre la Tercera Roma tenía un contexto puramente moral y cuasi teológico, y a pesar de que la consecuente Realpolitik de Rusia, en particular su política exterior, no estaban guiadas por las ideas de Piloteo, desde una perspectiva que siguiera la línea de Iósif se podían utilizar como apoyo de una mitología historiosófica imperial para la interpretación que habría hecho Iósif de la symphonía de la Iglesia y el Estado.

El triunfo final de las teorías de Iósif no pudo llegar en peor momento para la Iglesia Ortodoxa. Fue en la época del terror de Iván el Terrible cuando, después de liquidar a todos aquellos dirigentes religiosos que se habían atrevido a oponerse a su baño de sangre, acalló a la Iglesia imponiéndose a sus débiles obispos, que aprobaban tácitamente su política y colaboraron con él por puro miedo, pero que justificaban implícitamente aquella colaboración en términos ideológicos propios de Iósif.

El reconocimiento definitivo de la autocefalía de la Iglesia rusa por parte de los patriarcas orientales y su elevación a la condición de patriarcado en 1589 hizo que la Iglesia cobrara mayor fuerza y quedase restaurada su categoría ante los ojos de la nación solamente durante la crisis dinástica e ideológica del período conocido como "la era del terror," que duró desde la muerte del último zar de la dinastía Riúrikovichi, el hijo de Iván, Teodoro (Fédor), hasta la elección en 1613 de Miguel (Mikhail), primer zar de la nueva dinastía de los Romanov. Durante aquel interregno, en el que las invasiones de los polacos y de los suecos desgarraban el país desde el exterior mientras que las rebeliones de los cosacos y de los campesinos lo deterioraban en el interior, fue un número de dirigentes religiosos quienes se convirtieron en verdaderos dirigentes de la nación. El patriarca Hermógenes, que estaba prisionero en una mazmorra del Kremlin por orden de los ocupantes polacos, hizo un valiente llamamiento a la nación entera para que se alzara y restaurara la independencia, motivo por el cual hubo de sufrir el martirio a manos de los polacos. Los abades del monasterio de las Grutas, de Pskov, y del de la Trinidad y San Sergio, de Moscú, lograron rechazar militarmente todos los intentos de los polacos por conquistarlos. Después de la restauración nacionalista, apareció en Rusia un movimiento de "amadores de Dios" o "Zelotas de la Piedad" cuyo objetivo era restaurar espiritualmente la patria y abocar por último al cisma del Viejo Ritual. Pero en lo que se refiere a la institución eclesiástica y a la nueva dinastía, tal renovación no se llevó a cabo. El Estado autocrático prosiguió en su ofensiva contra la autonomía de la Iglesia, siguió triunfando la espada física del Estado frente a la espada espiritual, mientras que la estructura y la ideología inspirada por Iósif no hacía más que facilitar y legitimar el proceso.

El encuentro con la Europa occidental (suecos, germánicos del Báltico, y sobre todo polacos) durante la "era del terror" causó un doble efecto en la mentalidad religiosa de Rusia. Por una parte, tampoco en esta ocasión resultó cordial el encuentro (y esto es decir poco), en particular con los polacos, ya que intentaron convertir a los rusos al catolicismo romano y dieron muestras deliberadas de desprecio hacia la piedad rusa, convirtiendo las iglesias en caballerizas, etc. Por otra parte, el encuentro convenció a los rusos de que la civilización occidental, su educación y su tecnología estaban muy por delante de las de Rusia. El resultado fue la confusión y una "esquizofrenia" social: el hecho de darse cuenta de que necesitaban aprender de Occidente se mezclaba con el miedo y la repulsión hacia las realidades occidentales. Fue en esta atmósfera donde surgió el antedicho movimiento de los "amadores de Dios," que se extendió entre el clero parroquial mejor formado, siguiendo la orientación de Dionisio, abad del monasterio de la Trinidad y San Sergio, que había resistido los ataques polacos contra su monasterio y cuya fama se asienta más que nada en sus escritos históricos y en su dirección espiritual. Los "amadores de Dios" proclamaron su doctrina no sólo en las celebraciones litúrgicas, sino también en las plazas y en los mercados. Incluso invitaban a que predicaran los laicos. Los "amadores de Dios" atacaban a los administradores corruptos, y exigían una renovación espiritual de la nación, prestaban su apoyo creando escuelas y dirigían la editorial mixta del Estado y de la Iglesia, que publicó durante el período en que ellos la administraron, de 1630 a 1650, muchos más libros que en ningún otro momento hasta bien entrado el siglo XVIII. Sus publicaciones incluían traducciones de los libros más recientes de Europa occidental en torno a la ciencia, la medicina, la ingeniería, así como a las humanidades. Como encontraron apoyo y comprensión en el zar Alejo Mihailovich (el segundo de la dinastía de los Romanov) prohibieron la venta de bebidas alcohólicas durante las épocas de ayuno así como los domingos, e insistieron en que no se abreviaran los oficios religiosos (de hecho, los hicieron más largos) y que se leyeran los textos lenta y claramente para que pudieran entenderlos los laicos. Todo esto le creó al movimiento numerosos enemigos entre la burocracia, los cortesanos y los comerciantes.

Cuando se estableció la imprenta en la Moscovia del siglo XVI, surgió el problema de qué manuscritos había que utilizar como modelo para la impresión de los libros litúrgicos, ya que con el paso de los siglos los escribas que transcribían los textos habían cometido numerosos fallos y errores. El concilio local de 1551 decidió que había que recoger los manuscritos más antiguos que se pudiera de los monasterios también más antiguos de Rusia, de los Balcanes y de Oriente Próximo, cotejarlos y utilizarlos consecuentemente como prototipos. Toda la labor se vio entorpecida por la "era del terror." Y fueron los "amadores de Dios" que trabajaban en la editorial estatal quienes renovaron la labor emprendida en la década de 1630. No obstante, uno de los "amadores de Dios," un tal Nikon, tan pronto como lo eligieron patriarca en 1652, cayó bajo el influjo del clero griego que visitaba Rusia en aquel momento y también bajo el influjo de los intelectuales de la Academia de Kiev, y en vez de llevar a cabo una labor escrupulosa que ocupase un largo período de tiempo en el estudio y comprobación de los manuscritos antiguos, decidió por las buenas utilizar los rituales y otros textos religiosos de los griegos y de los ucranianos. En aquella época Polonia y Ucrania estaban en guerra, y tanto el joven zar como el patriarca deseaban que la guerra se extendiese hacia los Balcanes de tal manera que el patriarca de Moscú pudiera concelebrar con el patriarca ecuménico de Constantinopla. ¿Pero sería posible tal cosa cuando existían tantas diferencias entre los rituales de una y otra Iglesia?

La mayoría de los "amadores de Dios" se rebelaron contra el que había sido su aliado. Argumentaban que se había fundado la Academia de Kiev siguiendo el modelo de las academias jesuíticas y que sus creadores habían sido expertos formados en universidades católicas y que por regla general su ortodoxia estaba contaminada por las imposiciones de la Unión de Brest, al mismo tiempo que la ortodoxia de los griegos les resultaba sospechosa desde la unidad de Florencia, además de que quienes habían publicado todos los libros eclesiásticos eran monjes uniatas de Venecia.

Los acontecimientos greco-rusos del siglo XV y la doctrina de los que seguían a Iósif tuvieron sus secuelas negativas: los griegos se vengaron de los rusos por la desconfianza de estos últimos respecto a la ortodoxia griega; los prelados griegos hicieron que un concilio local ruso de 1666 pronunciara un dictamen sobre los antiguos ritualistas, condenándolos y excomulgándolos como herejes; aun cuando las diferencias existentes entre ambas Iglesias se limitaban a discrepancias secundarias de índole ritual y no había ninguna de carácter teológico. No se hizo pública en el concilio una carta anterior dirigida a los rusos en la que el patriarca ecuménico (que se había negado a asistir al concilio de 1665-1667) les aconsejaba que no tuvieran en cuenta las diferencias del ritual mientras su teología fuera correcta. Quienes seguían el viejo ritual tenían la impresión de que la condena que habían pronunciado los griegos significaba una condena de toda la espiritualidad rusa incluyendo a sus propios santos. El resultado fue un motín y la separación de la Iglesia oficial: un cisma que arrastró a un 20 o 30 por ciento de los creyentes. Como aquello suponía que iban a enfrentarse con siglos de persecución, es obvio que fueron los más entregados y comprometidos con la religión quienes abandonaron la Iglesia del Estado, mientras que la mayor parte de los que quedaron como adeptos de la Iglesia estatal eran religiosamente tibios, dispuestos a seguir cualquier normativa que viniese de arriba. Se rompió la columna vertebral de la Iglesia, lo cual habría de facilitar la abolición de los últimos vestigios de su autonomía, labor que llevaría a cabo Pedro el Grande.

Claro que podríamos preguntarnos: ¿Y qué tiene que ver todo esto con las ideas de Iósif ? Pues bien, de entrada hay que decir que las dos partes que estaban en conflicto aceptaban la simphonía de Iósif; es decir, todos buscaban un lugar bajo el sol, cuanto más cerca del zar, tanto mejor. De aquí que fuesen tan largas y tan ásperas las persecuciones contra los que defendían el ritual antiguo. En segundo lugar, el hecho de adoptar la intransigencia de Iósif respecto a los herejes, una vez que había quedado condenada la doctrina de los partidarios del ritual antiguo, era algo que debían aplicarse a sí mismos (aun cuando no se les denominase con el término de herejes sino con el de cismáticos). Por último, toda teoría de los seguidores de Iósif respecto a la desobediencia a los tiranos y el hecho de que un zar pudiera ser al mismo tiempo hereje y tirano, legitimaba la condena que habían proclamado los partidarios del ritual antiguo respecto al zar Alejo y a sus descendientes en virtud de la cual eran herejes satánicos cuyas órdenes no debían ser obedecidas por los seguidores del ritual antiguo. A largo plazo, lo más trágico del cisma que habría de sufrir la dinastía real fue que, al perseguir a los partidarios del ritual antiguo, se alejaron de los súbditos pertenecientes al sector más tradicionalista, patriótico y conservador. A partir de entonces, los seguidores del ritual antiguo habrían de ser quienes encabezaran las revueltas de cosacos y campesinos de los siglos XVII y XVIII, y en los tiempos confusos del siglo XX fueron muchos los adeptos del ritual antiguo que apoyaron, financiaron e incluso llegaron a ser miembros de partidos revolucionarios.

4. La Sede Metropolitana de Kiev.

En Lituania y Polonia la situación de la población ortodoxa se iba deteriorando. Moscú reclamaba como propio el legado de Kiev y lograba victorias en sus guerras contra Lituania, de tal modo que a comienzos del siglo XVI había logrado recuperar Smolensc, Chernigov y se acercaba ya a Kiev. Lituania pidió ayuda a Polonia y, mediante el Tratado de Lublín de 1569, la unión dinástica de Polonia y Lituania quedó sustituida por una Comunidad de ambas naciones. Polonia era mucho menos tolerante desde el punto de vista religioso y, además, tenía una estructura social sumamente injusta: la nobleza tenía derechos prácticamente ilimitados sobre los siervos del campesinado. Ambos factores contribuyeron a que se hicieran más fuertes los sentimientos pro-moscovitas y las esperanzas de los ortodoxos de la Comunidad. Al mismo tiempo se iba extendiendo el protestantismo desde la cercana Prusia, y con él llegó también una buena red de escuelas protestantes en las que sólo eran admitidos los jóvenes protestantes. La mayor parte de los nobles polacos y lituanos, así como un buen número de rusos occidentales, enviaban a sus hijos a esas escuelas y se convertían o bien al calvinismo (en Lituania) o al luteranismo (en Polonia). Como el protestantismo estaba asociado con Alemania y la ortodoxia con la Rusia moscovita, la Comunidad polaco-lituana se sintió amenazada por ambas naciones tanto desde el punto de vista religioso como desde el político. Para contrarrestar ambos influjos, los reyes polacos invitaron a que vinieran al país los jesuítas, concediéndoles enormes extensiones de terreno para que construyeran sus escuelas en las que, frente al protestantismo, se ofreciera instrucción gratuita a los niños, que no tenían por qué convertirse al catolicismo para ser admitidos en ellas. El Estado comenzó a identificarse nacionalmente con la religión, provocando que creciera todavía más el antagonismo con las enormes minorías no católicas.

Además, como sólo la Iglesia Católica podía tener terrenos en propiedad, los bienes de la Iglesia Ortodoxa (tanto episcopales como monásticos) eran técnicamente propiedad del rey. Éste se los confiaba como patronatos o mecenazgos a los aristócratas ortodoxos leales a la corona. De este modo los encargados de tales patronatos controlaban las sedes episcopales ortodoxas, vendían los títulos al postor que pagaba mas que otros y en algunos casos ellos mismos se hacían consagrar obispos sin preocuparse por el celibato que se requería para la ordenación, e incluso seguían viviendo con sus esposas y convertían los monasterios en residencias seculares, ofreciendo en los mismos recepciones, bailes y música profana. Para impedir esta decadencia moral, el laicado y el clero diocesano, apoyados por el Patriarcado ecuménico, formaron poderosas fraternidades ortodoxas asociadas a los gremios de artesanos, las cuales, en virtud de la Ley de Magdeburgo que estaba entonces en vigor en la comunidad, podían tener títulos de propiedad inmobiliaria y eran organismos autónomos. Las hermandades construyeron iglesias y escuelas ortodoxas en sus terrenos. Los obispos tuvieron que llegar a un entendimiento con ellos, y de este modo prevaleció un sistema conciliar de la comunidad: los consejos de clérigos y laicos elegían a sus obispos. Además el Patriarcado ecuménico concedió a las hermandades un estatuto de autonomía, otorgándoles un control total sobre sus iglesias y sobre los nombramientos de los sacerdotes responsables de las mismas. El estatuto obligaba a los obispos a aceptar los decretos de excomunión pronunciados por las hermandades.

Fue la limitación de los derechos de los obispos por parte del Patriarcado junto con la envidia que les tenían a sus "colegas" católicos, ya que éstos pertenecían al Senado y tenían unos poderes de los que carecían los ortodoxos, lo que les condujo a una serie de negociaciones secretas con el papado en la década de 1580 a 1590. Esto desembocó finalmente en la llamada "Unión de Brest" de 1596, en virtud de la cual el papado permitía que los uniatas mantuvieran el rito bizantino al mismo tiempo que los subordinaba administrativa y teológicamente a Roma y a su doctrina.

Pero la mayoría del laicado y del clero diocesano se negaron a aceptar la unión y celebraron un concilio ortodoxo paralelo en la misma ciudad de Brest y al mismo tiempo que el concilio uniata. El rey se negó a reconocer la validez del concilio ortodoxo, declaró nula e inválida a la Iglesia Ortodoxa en el territorio de la comunidad y decretó que quien siguiera siendo miembro de aquella Iglesia fuera declarado traidor. Comenzaron las persecuciones masivas y crueles de los ortodoxos, y su único reducto relativamente libre quedó limitado a las iglesias de la fraternidad, que disfrutaban de la inmunidad propia de los gremios, así como a las iglesias de la zona del Dnieper inferior, incluyendo Kiev, que estaban protegidas por los cosacos ortodoxos, a los que necesitaba la corona como fuerza militar fronteriza que defendiera a la comunidad de los tártaros de Crimea y de los turcos.

El destino de los ortodoxos en el resto de la comunidad lo describe de manera colorista Lavrenti Drevinsky, diputado ortodoxo asistente a la sesión de 1620 de la Dieta (Seim) de la comunidad:

"Han precintado nuestras iglesias y encierran al ganado en nuestros monasterios. Los niños mueren sin haber sido bautizados; entierran a la gente sin ritos funerarios... Los hombres viven en pecado con sus mujeres... a los ortodoxos se les prohibe afiliarse a los gremios de artesanos. A los monjes ortodoxos los persiguen, los apalean y los meten en la cárcel."

Pero aquel mismo año quedó restaurado secretamente el colegio episcopal ortodoxo gracias a Teófanes, patriarca de Jerusalén, que volvía a visitar Moscú y pasó por Ucrania. Y un año más tarde, cuando se cernía la amenaza de guerra de los turcos contra Polonia, los cosacos del Dnieper amenazaron a la corona con no luchar contra los turcos a no ser que se legalizara la Iglesia Ortodoxa. A regañadientes, la Dieta de 1623 le concedió una legalización limitada, lo cual provocó una vuelta masiva del laicado uniata a la Iglesia Ortodoxa, especialmente en la diócesis de Polotzk y Vitebsk, donde el uniatismo se había impuesto hacía poco tiempo y el territorio había estado bajo control ruso el siglo anterior. El fanático obispo uniata-catolico de aquella diócesis, Josafat Kuncewicz, respondió con pogroms sangrientos contra las familias que habían vuelto a la Ortodoxia, haciendo uso de la guarnición militar que residía allí. La población, enfurecida, linchó al obispo, ahogándole en el río Dnieper. La reacción de la corona fue inmediata y brutal. Ejecutaron a diez habitantes de Vitebsk, la ciudad perdió los privilegios de la ley de Magdeburgo; las iglesias ortodoxas, incluidas las que estaban en terrenos pertenecientes a las hermandades, fueron clausuradas y confiscadas y, además, el papa Urbano VII declaró que quedaría excomulgado cualquier católico que se atreviera a oponerse a hacer uso de la espada contra los ortodoxos. La situación de la Iglesia Ortodoxa en la comunidad llegó a ser tan trágica que Job, metropolitano ortodoxo de Kiev, en 1625 le rogó en secreto al zar de Rusia que anexionara a Moscovia las tierras rusas de la comunidad. No obstante, en 1633, después de que el partido ruso en la Dieta amenazase con votar en contra de la candidatura de Wladyslaw para convertirse en rey de la comunidad si no se legalizaba plenamente a la Iglesia Ortodoxa, ésta recobró el estatuto jurídico del que disfrutaba antes de 1596.

Sin embargo, el malestar contra la situación general en la comunidad y en las clases bajas en general y en las minorías religiosas y étnicas en particular estaba tan extendido que no pudo impedir las rebeliones de los cosacos y de los campesinos que habían comenzado en 1596. Después de haber rechazado varias peticiones de los cosacos para que apoyasen su lucha contra Polonia, en 1654 Rusia entró finalmente en guerra con Polonia. El consiguiente tratado de paz de 1686 concedía a Rusia todos los territorios del este del Dnieper, además de la ciudad de Kiev junto con sus suburbios de la orilla occidental. El resto de los territorios rusos occidentales al oeste del Dnieper seguían bajo el poder de Polonia. Además el tratado confirmaba el estatuto de 1663 de la Iglesia Ortodoxa en la comunidad con sus cuatro diócesis bajo la autoridad del patriarca de Kiev. No obstante, en contra del juicio de los ortodoxos de la comunidad, Rusia, con permiso del Patriarcado ecuménico, anexionaba la sede metropolitana de Kiev al Patriarcado ruso. Esto hacía que todos los ciudadanos ortodoxos de la comunidad se convirtieran en súbditos espirituales de Rusia. En consecuencia, los términos de las concesiones reales de 1633 y los del tratado de 1686 se volvieron bien pronto letra muerta. Se renovaron las presiones e incluso las persecuciones directas contra los ortodoxos, lo cual llevó a una represión casi absoluta de la Ortodoxia en la comunidad a lo largo del siglo XVIII. Pero mientras que la división de Polonia y Lituania a finales del siglo XVIII condujo a la restauración ortodoxa en las zonas de la comunidad que le habían correspondido a Rusia, Galitzia y la Rutenia de los Cárpatos, que le correspondieron al Imperio austríaco, siguieron siendo enclaves de los uniatas, convirtiéndose posteriormente en nidos del nacionalismo y del separatismo ucraniano y desempeñando un papel fundamental en la creación del estado independiente de Ucrania en el siglo XX.

Mencionamos en el apartado anterior el papel de los monjes de Kiev como factor importante en el cisma de la Iglesia rusa en el siglo XVII. Dichos monjes, cuya cultura era el resultado de la llamada Academia greco-eslavo-latina de Kiev, que se había desarrollado a partir de una de las escuelas de las hermandades ortodoxas y fue reformada en 1615 para convertirse en un colegio de tipo universitario basado en el modelo de los colegios y academias de los jesuitas de Polonia, se propusieron el objetivo de defender la cultura de la Ortodoxia frente a la ofensiva católica. Aquella academia estableció los cimientos de lo que sería la educación eclesiástica superior de Rusia. Siguiendo este modelo se fundó en Moscú en 1682 una Academia greco-eslavo-latina, así como varios colegios semejantes en otras ciudades de Ucrania y Novgorod. Como todos los primeros profesores de la Academia de Kiev habían recibido su formación universitaria en universidades católicas o luteranas, la teología que enseñaban y que acabarían enseñando las escuelas teológicas rusas en general, estaba muy influida por el protestantismo o por el catolicismo romano. Esto habría de afectar seriamente al estatuto de la Iglesia y a las relaciones entre la Iglesia y el Estado durante el imperio de Pedro el Grande y sus sucesores.

5. El Sistema Sinodal.

Pedro el Grande, que era totalitario tanto por su mentalidad como por sus deseos, no vio utilidad alguna en una dualidad de la Iglesia y el Estado, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que el difunto patriarca Nikon y su coetáneo, el patriarca Adriano, habían proclamado la llamada teoría papista del Sol y la Luna, es decir, que el poder secular en relación a la Iglesia era como la luna, que reflejaba la luz del sol. Aun cuando toda la formación intelectual que había en Rusia estaba vinculada a la Iglesia y la mayor parte de los profesores habían obtenido sus títulos en la Academia de Kiev o habían sido estudiantes de la recién creada Academia de Moscú, la mayor parte del clero ruso tenía sus recelos frente al excesivo entusiasmo de Pedro el Grande respecto a Occidente y su secularismo. Quería una Iglesia que fuera sierva del Estado, plenamente subordinada al gobierno, que actuase como corren de transmisión que comunicase la política del Estado a la nación en general. El modelo lo encontró en la Prusia luterana y en la Inglaterra anglicana durante un viaje que hizo por Europa occidental, y decidió transplantarlo a Rusia. Por eso, en 1700, cuando murió el patriarca Adriano, rechazó la elección de su sucesor. Se dio cuenta de que, para llevar a cabo unas reformas eclesiásticas tan radicales, necesitaría de obispos que no tuvieran apoyo social y que mantuvieran sus puestos solamente gracias a la benevolencia del monarca. Y fue en Ucrania donde encontró ese tipo de obispos: Esteban Yavorsky y Teófanes (Feofan) Prokopovich, ambos monjes ordenados y profesores de la Academia de Kiev. Por orden de Pedro fueron llevados a Moscú, donde los consagraron obispos. Aunque Yavorsky había recibido el mayor rango posible — era exarca y patriarca interino y, además, era el metropolitano más joven de la Iglesia rusa —, pronto dio muestras de que a Pedro no le convenía, ya que era partidario de restaurar el Patriarcado e incluso en algunas ocasiones reprochó en público los excesos de Pedro.

Fue Teófanes, luterano de corazón y persona sin escrúpulos morales, quien se ganó la confianza de Pedro, y en 1721 elaboró la llamada Regulación espiritual, que reemplazaba al Patriarcado con un sínodo (que en principio incluía a varios representantes del clero bajo, pero que unos cien años más tarde quedaría reducido a sínodo integrado tan sólo por obispos). Aunque oficialmente lo presidía el metropolitano más veterano en función de la fecha de su consagración, la cabeza temporal de la Iglesia ahora lo era oficialmente el emperador, mientras que su representante, un "superintendente" seglar (Pedro le llamaba "el ojo del emperador") sin el cual el sínodo no podía celebrar ninguna sesión, acabó con el tiempo convirtiéndose en un auténtico dictador del sínodo y de la Iglesia. La Regulación exigía que todos los obispos prestasen un juramento de lealtad personalmente ante el zar, proclamándole de manera blasfema juez definitivo. El juramento prohibía que los obispos intervinieran en ningún asunto del Estado, obligándoles a comunicar a los correspondientes organismos estatales cualquier intento de sedición por parte de los clérigos o de los laicos. Un año más tarde se añadía una cláusula semejante al juramento del clero parroquial exigiéndoseles que denunciaran a la policía a cualquier penitente que tuviera intenciones sediciosas hacia el Estado o la corona, con lo que se verían obligados a quebrantar la norma canónica respecto al secreto de confesión. La Regulación prohibía que los monjes tuvieran tinta y plumas en sus celdas y que escribieran nada sin permiso del abad. Se suponía que los abades y obispos tenían que controlar cuanto un monje se atreviera a escribir. La hipocresía del concordado de Pedro consistía en dar una apariencia religiosa externa a una monarquía y a una cultura estatal que eran esencialmente seculares. Antes de Pedro los zares habían interferido de manera más que suficiente en la vida de la Iglesia, pero los zares eran miembros devotos de la Iglesia y de su cultura, que vertebraba a la nación; además, sus interferencias se veían como algo equivocado, como un abuso contra la Iglesia, y así se las trataba. En el sistema de Pedro, eran consideradas "normales," además de que el Estado secular de Pedro, ajeno a la Iglesia, no podía llevar a cabo una simphonía con ésta.

No hace falta decir que la nueva estructura eclesiástica era totalmente anticanónica, ya que las nuevas normas privaban a la Iglesia de su propia voz. El siglo XVIII se caracterizó por la auténtica opresión y por la persecución directa del clero. Varios cientos de sacerdotes, monjes y obispos fueron encarcelados, torturados hasta la muerte e incluso ejecutados. Uno de los casos más escandalosos fue el del metropolitano Arsenio (Matseievich). Al principio se negó a prestar juramento, ya que, según declaró, sólo Dios es el juez definitivo. Después se atrevió a escribir a Catalina la Grande varias cartas en las que le aconsejaba que restaurase el Patriarcado y la autonomía de la Iglesia, que no confiscara las tierras y las propiedades monásticas, tal como estaba a punto de hacer. Fue Catalina en persona quien ideó el castigo para Arsenio: le emparedaron en una celda diminuta de una torre de Talín (Rehvel), donde permaneció hasta su muerte; en el muro no había más que un pequeño agujero por donde le echaban la comida. Nadie de la prisión llegó a saber su nombre, reemplazado por el apodo "Andrés el Embustero." Arsenio no fue rehabilitado hasta después de la caída de la monarquía, durante el gran concilio local de Moscú (1917-1918).

Así, durante todo el período de cambios sociales colosales de los dos siglos siguientes, mientras el Estado perpetraba numerosas injusticias, incluyendo la injusticia de una servidumbre sumamente opresora que duró hasta 1861, la Iglesia como institución guardó silencio. Fue la época en que aparecieron y se propagaron diversas ideologías sociopolíticas, escuelas de pensamiento y movimientos seculares, incluyendo el positivismo, el socialismo y el ateísmo. Como la Iglesia Ortodoxa era oficialmente la Iglesia del Estado, y sus obispos vivían con enorme lujo (en contraste con el clero parroquial, sumamente pobre), los movimientos radicales interpretaron el silencio de la Iglesia como la prueba de su naturaleza reaccionaria, su falta de corazón y de compasión hacia los oprimidos, sin tener en cuenta que la simbiosis de la Iglesia y el Estado era algo que le había sido impuesto a la Iglesia y que, en el verdadero sentido del término, también la Iglesia estaba oprimida. Su propaganda contraria a la Iglesia (y en la mayoría de los casos, atea) comenzó a alcanzar a las clases bajas urbanas y rurales mediante la difusión de la red de escuelas de la segunda mitad del siglo XIX. De este modo la fe del pueblo en Dios fue dejando espacio a una nueva religión: la fe en un paraíso sin Dios en la tierra, que sólo podrían construir las gentes emancipadas de la fe en lo sobrenatural, ya que la fe, según decían, era como un opio que embotaba la lucidez del pueblo y su conciencia social, impidiendo su dinamismo social.

Puede hallarse una prueba evidente de que aquella propaganda había llegado a las masas en los informes de los capellanes del Ejército Imperial Ruso durante la Primera Guerra Mundial. Después de la caída de la monarquía en marzo de 1917, cuando el gobierno provisional abolió la observancia obligatoria de los ritos y sacramentos de la Iglesia por parte de los soldados bautizados en la fe ortodoxa, el porcentaje de quienes recibían la comunión descendió de casi 100 % en 1916 a menos del 10 % en 1917. Este índice estadístico responde a la pregunta sobre cómo aparecieron los blasfemos de la época revolucionaria y soviética que profanaron los altares, quemaron los iconos, mataron a los sacerdotes y destruyeron las iglesias. Del mismo modo, el concepto de la "Santa Rusia" también requiere una revisión y una reinterpretación serias en el contexto de dichos datos.

San Serafín de Sarov.

San Serafín, llamado durante su vida laica Projor Moshnin, nació en la ciudad de Kursk en el año 1759, en el seno de una familia de comerciantes. Al tener 10 años se enfermó gravemente. Durante su enfermedad, mientras dormía, vio a la Madre de Dios. La Santísima Virgen prometio curarlo. Algunos días mas tarde, se realizaba en Kursk una procesión, llevando el icono milagroso de Virgen que pertenecía a este lugar.

Debido al mal tiempo, la procesión hizo un corto recorrido que, justamente pasaba frente de la casa de la familia Moshnin. La madre llevó a su hijo a besar el milagroso icono y el niño al poco tiempo se curó. En los años de su juventud, San Serafín debió ayudar a sus padres en las tareas del negocio, pero el comercio no lo atraía. Al joven Serafín le gustaba leer los libros de la vida de los Santos, ir al templo y aislándose rezar. A los 18 años, Serafín decidió a dedicarse a la vida monacal. La madre lo bendijo con un crucifijo de cobre, el cual San Serafín durante toda su vida llevo de bajo de su ropa. Después entró en calidad de novicio de Sarov. Desde del primer día de la vida en el monasterio, las características de su vida fueron frugalidad y la vigilia. Una sola vez por día comía un poco. Los días miércoles y viernes no probaba bocado. Después, una vez recibida bendición de su monje anciano retirarse en el bosque a orar y pensar en Dios, lo hacia frecuentemente. Al poco tiempo, por segunda vez en su vida se enfermó gravemente. Durante 3 años debió guardar cama. Nuevamente fue curado por la Santísima Virgen María. La Madre de Dios se le apareció acompañada por varios Santos. Señalando al beato Serafín, la Santísima Virgen se dirigió al apóstol Juan Teólogo: "Este es de nuestra familia!" Luego, tocando su costado con el bastón, lo sanó.

Cuando tenia 27 años tomó las ordenes monacales recibiendo el nombre Serafín, que en hebreo significa "fervoroso, ardiente." Al poco tiempo fue consagrado monje diácono. El nombre que le fue dado lo justificó plenamente con sus extraordinarios y ardientes rezos. Todo el tiempo, exceptuando por un corto descanso, se encontraba en la iglesia. Debido a estas oraciones durante y fuera de los oficios religiosos, el Beato Serafín se hizo merecedor de poder contemplar a los santos, quienes también tomaban parte de los oficios de la iglesia y cantaban. Durante de la misa de Jueves Santo, pudo ver al mismo Señor Jesús Cristo en su condición del "Hijo de la humanidad," quien caminaba en el templo entre las fuerzas celestiales y bendecia a los fieles. Impresionado por esta visión, perdió el habla por mucho tiempo.

En el año 1793 el Beato Serafín fue consagrado monje sacerdote, después de lo cuál, durante todo un año, diariamente, oficiaba la Santa Misa y tomaba la Santa Comunión. Después, San Serafín se fue retirando al "Lejano desierto," el lugar más apartado del bosque, distante del monasterio del Sarov a 5 km. Grande fue la perfección que alcanzó en ese tiempo. Los animales y fieras salvajes, como los osos, liebres, lobos, zorros y otras especies mas, se acercaban a la choza del asceta. La anciana del monasterio del Diveevo, Matrona Plescheiev fue testigo de cómo San Serafín de sus propias manos le daba a comer a un oso que se acercó a la choza. Lo que mas impresionó a la mujer, fue el rostro del gran anciano, "se veía lleno de gozo y luminoso como de un ángel," relataba Matrona.

Viviendo en ese pequeño desierto, el Beato Serafín, en una ocasión sufrió a manos de los bandidos. De gran contextura física y llevando un hacha, el Beato Serafín no los enfrentó. Como respuesta a las exigencias de entregar el dinero y a las amenazas, depositó el hacha en el suelo, cruzo sus brazos sobre el pecho y resignándose se abandonó a su suerte. Los bandidos comenzaron a golpearle la cabeza con su hacha. La sangre comenzó a fluir de su boca y de sus oídos. El Santo perdió el conocimiento y se desvaneció. Los bandidos siguieron apaleándolo, patearon y arrastraron por el suelo. Dejaron de golpearlo únicamente cuando creyeron que estaba muerto. Lo único valioso que los bandidos encontraron en su choza, fue el icono de la "Enternecida" Madre Santa de Dios, delante de la cuál el Santo siempre rezaba. Después de un tiempo, los bandidos fueron atrapados y juzgados. El Beato Serafín intercedió por ellos delante de los jueces. Después del ataque el Beato quedó encorvado por el resto de la vida.

Poco después comienza el período de vida del Beato Serafín en el pilar. En esa época pasaba los días de rodillas sobre una piedra cerca de la choza y las noches --- sobre otra en el bosque. Continuamente rezaba con los brazos alzados al cielo. Así rezó durante 1000 días.

Después de una visión que tuvo de la Madre de Dios, el beato Serafín en los últimos años de su vida se dedico a la tarea de "anciano-guiador" (el que recibe a toda la gente, que busca un consejo o una enseñanza). Miles de personas de diversos niveles sociales, económicos y culturales, comenzaron a visitar al anciano quien los enriquecía con su tesoro espiritual adquirido por medio de muchos años de sacrificio espiritual. La gente lo encontraba siempre dulce, alegre y pensativo. A sus visitantes el Santo recibía con las siguientes palabras "Alegría mía." A muchos les daba el siguiente consejo": Conseguí tener un espíritu pacifico y, alrededor de ti, muchos se salvarán." San Serafín se prosternaba ante toda persona que se acercaba para hablar con él y luego bendiciéndola, le besaba las manos. No precisaba que relataran sus problemas, ya que él por su clarividencia sabía que pena tenia cada uno de ellos.

Decía: "La alegría no es pecado. La alegría aleja el cansancio, el cansancio trae el abatimiento y peor que el abatimiento no hay nada." "Ah si supieras – una vez le dijo a un monje, — que alegría, que dulzura espera en el cielo el alma de un hombre pío, entonces soportarías en esta vida pasajera, con agradecimiento, toda clase de pesares persecuciones y calumnias. Si nuestra celda estaría llena de los gusanos, y estos gusanos comieran nuestros cuerpos durante toda nuestra vida, deberíamos aceptarlo con agrado, con tal de no privarse de la alegría celestial que Dios dispuso para aquellos que lo aman."

Un señor de nombre Motovilov, admirador y discípulo de San Serafín, describió una milagrosa transformación del aspecto del santo. Este hecho ocurrió un día nublado, en invierno. Se encontraban en el bosque, Motovilov sentado sobre un tacón. En frente a él, el Santo estaba sentado en cuclillas. Le hablaba sobre el significado de la vida cristiana, le explicaba, para que nosotros, los cristianos, vivimos una vida terrenal.

"Es necesario que el Espíritu Santo entre en tu corazón, — decía — todas las obras buenas que hacemos en el nombre de Cristo, atrae a nosotros el Espíritu Santo. Sobre todo la oración, que siempre esta al alcance de nuestras manos."

"Padre, — le contestó Motovilov, — como puedo ver la bienaventuranza de Espíritu Santo; cómo puedo saber sí está o no, conmigo? "Entonces san Serafín comenzó a presentarle ejemplos de la vida de los Santos y de los Apóstoles, pero Motovilov seguía sin entender. Entonces el anciano lo tomo con fuerza de un hombro y le dijo:" Ahora los dos estamos con el Espíritu de Dios"! Motovilov tuvo la sensación como si sus ojos se hubiesen abierto y pudo ver que el rostro del Santo estaba más luminoso que el sol. En su corazón Motovilov sentía alegría y calma, el cuerpo no sentía frío, parecía que era la época de verano, y alrededor de ellos, el aire estaba perfumado.

Motovilov se atemorizó por este extraordinario cambio, y sobre todo, porque el rostro del anciano estaba resplandeciendo como el sol. Entonces San Serafín le dijo:" No tema, padre, usted no hubiera podido verme, si usted mismo no estuviera con el Espíritu de Dios. Agradezca por lo tanto al Señor por su misericordia por nosotros." De esta manera Motovilov entendió no solo en el corazón, pero también con su intelecto, que es lo que sucede con una persona, cuándo el Espíritu Santo desciende sobre ella y la transfigura.

 

Justo Padre Juan de Kronstadt.

San Juan (cuyo nombre completo es Juan Iliich Serguiev), nació el 19 de oct, de 1829 en una familia pobre en Sure provincia de Arjanguelsk. Pensando que no sobreviviría mucho, lo bautizaron enseguida después de nacido con el nombre de Juan en honor del santo recordado ese día, beato Juan de Rilsk. Pero el niño comenzó a crecer y fortalecerse. Su niñez transcurrió entre grandes carencias y humildad, pero los devotos padres colocaron en él un cimiento fuerte de fe. El niño era sereno, pensativo, gustaba de la naturaleza y de los servicios religiosos a Dios.

Cuando Juan cumplió 9 años, su padre juntando las ultimas migajas lo llevó al centro de enseñanza de Arjanguelsk. Difícil le resultaba el aprendizaje y sucedía que la desesperación lo dominaba. El niño pedía ayuda a Dios. Cierta vez en uno de los momentos difíciles, a media noche, cuando todos los educadores dormían, se levantó y comenzó a rezar ardorosamente. El Señor oyó sus oraciones: la benevolencia Divina lo iluminó y, como el mismo dice: como "que una cortina se hubiera caído de sus ojos." Recordó lo que se decía en clase, y todo se aclaró en su mente. Desde ese entonces comenzó a tener grandes adelantos en el estudio. En el año 1851 Juan Serguiev terminó los cursos iniciales sobresaliendo en todo e ingresó en la academia religiosa de San Peterburgo.

La vida de la ciudad no influyó sobre el joven; se mantuvo tan creyente y concentrado como en su casa. Pronto falleció su padre, y para mantener a la madre, Juan comenzó a trabajar en la secretaría de la academia´, con el sueldo de 9 rublos por mes. Este dinero en su totalidad era enviado a su madre. En el 1855 finalizó la Academia con excelentes notas. El joven egresado en el mismo año fue ordenado como sacerdote y nominado sacerdote del convento de Andreev en la ciudad de Kronstadt (cerca de San Peterburgo).

Desde el día de su ordenación el padre Juan totalmente se entregó al servicio del Señor y al prójimo y comenzó a ofrecer servicios Litúrgicos diariamente. El rezaba, enseñaba y ayudaba a muchos. Su dedicación era sorprendente. Al comienzo, aunque, luego también con frecuencia lo criticaban, se burlaban de él, considerándolo anormal.

Durante el servicio Litúrgico el padre Juan oraba con ardor. Con tenacidad, con audacia. En pedidos de rezos no le negaba ni a ricos ni a pobres, ni a "conocidos, " ni a sencillos. I Dios aceptaba sus oraciones. Realizaba milagros en innumerable cantidad—anotados y sin ser anotados. Comenzaron a presentarse ante él por ayuda no solo habitantes de Kronstadt, sino de San Peterburgo, y por tanto de toda Rusia y del extranjero.

Cartas y telegramas por cientos venían a Kronstadt. El padre Juan los leía y comúnmente comenzaba a orar ardorosamente. Miles y decenas de miles de personas confluían al padre por oraciones y bendiciones.

El padre Juan no era un orador brillante. Hablaba sencillo, claro, con el corazón, desde el alma, con ello conquistaba y enaltecía a los oyentes. Estos sermones se imprimían como folletos separados distribuyéndose en gran cantidad por toda Rusia. Fueron editados y reunidas, composiciones del padre Juan consistentes en muchos tomos.

Sobre todo tomó relevancia entre la población su libro diario: "Mi vida en Cristo." Era el diario de la vida espiritual del padre Juan, escritos sobre pensamientos, sentimientos beneficiosos, los cuales tuvo, por sus propias palabras dicho, "por iluminación del Espíritu Santo en momentos de gran atención y prueba a sí mismo, sobretodo durante la oración."

Estos pensamientos y sentimientos son dirigidos o hacia el Mismo Señor Dios (en forma de oración) o hacia su "yo" (como razonamiento) o hacia otras personas (en forma de prédica). Tratan de diferentes temas de la fe, tienen un significado de gran valor y son escuela en la vida espiritual. El padre Juan era maestro de la ley. Su influencia sobre los alumnos era inigualable. Los niños lo querían. El padre no era un pedagogo seco, sino un admirable interlocutor. En relación a sus alumnos era muy tierno y afectuoso, a menudo los defendía, no mandaba deberes, en los exámenes no reprobaba a nadie, sino que realizaba simples coloquios. Estos coloquios eran recordados para siempre por sus alumnos. El padre Juan tenía una manera muy sutil de engendrar la fe en el alma del niño. Durante las clases a menudo leía vida de santos, Biblia, o relataba acerca de su actividad pastoral.

Grande era la misericordia del padre Juan desde los primeros días de su prédica. El no temía a la gente. Con el primer aviso iba hacia los más pobres y abandonados. Con ellos rezaba, aconsejaba y ayudaba, a menudo daba lo último que tenía, llegando con esto a tener reproches de los que lo acompañaban. A veces sucedía que al ver a una familia pobre y enferma, el mismo iba a proveer de alimento o a buscar a un médico o a la farmacia.

Pasaban por sus manos cientos de miles de rublos, pero el ni los contaba: los tomaba con una mano y con la otra en el mismo instante lo daba. Además de esta inmediata caridad el padre Juan fundó una organización caritativa. En el 1882 en Kronstadt fue inaugurada "la casa del trabajo," tenía iglesia propia, enseñanza inicial para varones y niñas, alojamiento para huérfanos, atención para ambulatorios, asilo, biblioteca popular de lectura, casa para el público con capacidad para 40.000 personas por año, variados talleres, donde los pobres podían trabajar, comedor público económico, donde en días festivos se ofrecían gratuitamente 800 almuerzos y local hospitalario.

Por iniciativa del padre Juan y por su ayuda material fue construída una estación de salvataje a orillas del estuario del río. En su patria construyó una hermosa iglesia. No es posible citar todos los lugares y provincias hacia donde llegaba su ayuda y preocupación.

Falleció el padre Juan el 20 de diciembre de 1908 a los 80 años de vida. Incontable multitud lo acompañó desde Kronstadt hasta San Petersburgo, donde fue sepultado en el convento de Ivanov, fundado por él. Al lugar de su sepultura fluían de toda Rusia peregrinos y se rezaban permanentemente letanías.

Fuerte en la fe, ardoroso en la oración y en su amor a Dios y a todas las personas, el padre Juan de Kronstadt recibió por la voluntad de Dios, los honores de toda Rusia.

6. El Gran Concilio (Sobor) de la Iglesia en 1917-1918.

Resultaría extraño, no obstante, ver la era sinodal en la historia de la Iglesia ortodoxa rusa únicamente en términos negativos. La formación teológica llegó a su madurez con aquel sistema, produciendo teólogos realmente prominentes hacia la segunda mitad del siglo XIX, así como una revitalización de la teología patrística verdaderamente ortodoxa a finales del mismo. En realidad, resulta irónico que fuese bajo el reinado de Pedro el Grande cuando se sistematizó la formación teológica y comenzaron a multiplicarse con una rapidez sin precedentes los seminarios teológicos. La paradoja estriba en que las escuelas laicas, por las que Pedro estaba realmente interesado, fracasaron estrepitosamente, mientras que las vinculadas a la Iglesia, las que menos le interesaban, fueron las que en realidad cobraron auge. La razón era que toda la instrucción que había existido en la época anterior a Pedro estaba relacionada con la Iglesia, mientras que la formación laica carecía de tradición en Rusia. De aquí que, una vez que Pedro comenzó a estimular la educación, ésta comenzara a dar fruto allí donde ya existían escuelas y algo de cultura. Como consecuencia de esto, hasta el segundo cuarto del siglo XIX los seminarios siguieron siendo las mejores escuelas de Rusia, y la mayoría de los hombres de Estado, diplomáticos y profesionales rusos de todas las condiciones sociales del primer siglo posterior a Pedro, habían estudiado en los seminarios.

El crecimiento y la difusión de la cultura religiosa y teológica dio como resultado el redescubrimiento de la herencia patrística ortodoxa, los escritos hesicastas de Gregorio Palamás, y con ellos comenzó la restauración del monaquismo hesicasta a comienzos del siglo XIX. Uno de los centros más famosos de esta orientación fue el monasterio de Optina, cuyos peregrinos y discípulos incluyeron a la mayoría de los escritores y filósofos rusos del siglo XIX y comienzos del XX, desde Gogol y Jomiakov hasta Dostoievsky, Tolstoi y Leóntiev.

Pertenecen también a la época sinodal las grandes misiones rusas entre las tribus paganas y chamanes de Siberia, así como en Alaska, Japón y otras zonas. El que los mejores y más entregados eclesiásticos tendieran a hacerse misioneros podría atribuirse, al menos en parte, a la atmósfera espiritualmente agobiante del centro, debida al sistema sinodal intrínsecamente burocrático. Los hombres de Iglesia deseaban estar lo más lejos posible de la institución sinodal de la Iglesia.

El monasterio de Optina, con su labor de traducción, edición y distribución entre el laicado de los escritos de los Padres de la Iglesia, dio como resultado la aparición de un grupo de teólogos seglares, comúnmente conocidos como los "eslavófilos," que, cerca ya de la mitad del siglo XIX, emprendieron una lucha por la restauración del conciliarismo y por la renovación general de la Iglesia, ya que los concilios habían sido abolidos por Pedro el Grande, pero los zares se resistieron a la restauración hasta el hundimiento mismo de la monarquía en 1917. Y aunque el secularismo, el positivismo y el radicalismo dominaban a una vasta mayoría de los intelectuales rusos de las décadas de 1860 a 1880, una minoría de la sociedad culta siguió la tradición teológica eslavófila. Entre sus representantes más famosos puede mencionarse a Dostoievsky y al filósofo Vladimir Soloviov. Fueron sumamente críticos con la estructura sinodal, que, según las palabras de Dostoievsky, había llevado a la Iglesia a un estado de parálisis, y reclamaban la restauración de su estructura canónica, la libertad religiosa y la autonomía de la Iglesia respecto al Estado. Fue su visión de la Iglesia, libre de la politización de Iósif y de la burocratización de Pedro, la que hizo que volviera a la Iglesia un nutrido e influyente grupo de intelectuales neófitos a comienzos del siglo XX. Todos ellos habían sido marxistas que regresaban al cristianismo a través de un rechazo filosófico del materialismo. Muchos de ellos llegarían a ser destacados teólogos ortodoxos y filósofos de la religión, entre los que cabe incluir a modernistas Sergej Bulgakov, Semen Frank, Pavel Florensky, George Fedotov y docenas de otros más. Se conoció a este movimiento como el "renacimiento religioso y filosófico de Rusia." La mayoría de estos pensadores fueron expulsados de la Unión Soviética en 1922 por orden de Lenin; otros, como Florensky, perecieron en los campos de concentración soviéticos. Quienes habían sido desterrados fundaron el Instituto Teológico Ortodoxo de San Sergio en París, el cual, junto con los escritos de sus profesores, conocidos como la "nueva escuela rusa de Teología," logró más que nada presentar la Ortodoxia al mundo occidental — lamentablemente en forma modernizada y deformada.

Pero incluso en la Rusia anterior a las revoluciones de 1917, estos elementos que tenían acceso a la prensa secular, contribuyeron considerablemente a los esfuerzos del clero más modernista por "renovar" a la Iglesia.

Aprovechando la atmósfera liberal de 1905 y la década siguiente, los responsables de la Iglesia, en colaboración con algunos hombres de Estado, como el que entonces era primer ministro, Sergej Witte, solicitaron en varias ocasiones a Nicolás II que autorizase la convocatoria de un concilio eclesiástico local para restaurar el Patriarcado y la autonomía de la Iglesia. El zar permitió que se crearan comisiones preconciliares y se convocaran conferencias preconciliares. Estos encuentros reunieron a las mejores cabezas de la Iglesia, tanto del clero como del laicado, profesores de seminarios así como intelectuales cristianos. Las actas de estas reuniones, publicadas en un total de once volúmenes, pusieron los cimientos del sobor, que tuvo que aguardar hasta que fue depuesto el zar y se instaló un gobierno democrático. Esto es todo lo más que puede decirse de una "sacra monarquía cristiana."

Las sesiones del sobor habían comenzado el 28 de agosto, mientras que el gobierno democrático provisional cayó bajo el golpe bolchevique de Lenin el 7 de noviembre de 1917. Fue el concilio eclesiástico más representativo de la historia rusa; además del colegio episcopal, cada diócesis estaba representada por dos miembros del clero parroquial y tres laicos. También estaban representados los monasterios y las escuelas teológicas. Era el primer concilio en 217 años. Obviamente, eran tantos los temas que se habían ido acumulando a lo largo de estos dos siglos, que las discusiones y resoluciones necesitarían muchos meses de deliberaciones. En efecto, las sesiones continuaron con varias interrupciones hasta septiembre de 1918, cuando se vio obligado a disolverse porque el gobierno bolchevique confiscó el edificio donde habían tenido lugar la mayor parte de las sesiones y donde se habían alojado numerosos delegados. Los planes de reanudar las sesiones al año siguiente no se pudieron llevar a cabo por las siguientes razones:

    1. En febrero de 1918, el 20 de enero según el calendario juliano, el decreto de Lenin sobre la separación de la Iglesia y el Estado, y de las escuelas y la Iglesia, privó a ésta de los derechos civiles, así como del estatuto de persona jurídica, confiscando todas sus propiedades y fondos bancarios, y dejándola literalmente sin un céntimo y sin derecho a poseer propiedad alguna, incluyendo los edificios de las iglesias, que se convertían ahora en propiedad del Estado, que se los alquilaba a grupos de laicos creyentes con ciertas condiciones.
    2. La guerra civil estaba en su apogeo y numerosos obispos y delegados estaban en el territorio ocupado por las fuerzas blancas anti-bolcheviques.
    3. El Terror Rojo también estaba en pleno apogeo y se dirigía especialmente contra el clero y contra las personas vinculadas a la Iglesia.
    4. La Iglesia no tenía dinero para alquilar un edificio donde reanudar las sesiones.

De este modo, el Sobor (concilio) no pudo llegar a su término, pero lo que se había realizado tenía una importancia enorme. El popular metropolitano de Moscú, Tijón, fue elegido como primer patriarca de Rusia desde 1700. Se adoptaron nuevos estatutos eclesiales y parroquiales que, de haberse llevado a cabo, habrían restaurado plenamente el sistema conciliar de gobierno a todos los niveles. Se declaraba a la parroquia como unidad básica de cooperación del clero con los laicos y como propiedad que poseía plena entidad legal de autogobierno, y recibía el derecho a elegir a los candidatos para el sacerdocio (derecho que estaba sujeto a la aprobación y ordenación por parte del obispo diocesano). La Iglesia habría de dividirse en una federación de distritos metropolitanos con autogobierno, siendo los arzobispos los encargados de gobernar las provincias, teniendo un obispo en cada demarcación, de tal manera que los obispos estuvieran más cerca del pueblo fiel y fueran más accesibles. De la misma manera, los candidatos al episcopado podían ser propuestos y elegidos por asambleas diocesanas del clero y de los laicos, precisando de la aprobación y consagración por parte de su metropolitano o patriarca, según fuese el caso. El patriarca habría de regir la Iglesia meramente como presidente de todos los organismos conciliares centrales de la Iglesia, aunque tenía derecho a dos votos en caso de empate. El principal organismo conciliar era el Sobor local, que habría de reunirse una vez cada tres años. Para el período entre uno y otro sabor, los dos organismos administrativos normales habrían de ser el sínodo de los obispos, algunos de cuyos miembros habían de ser elegidos por el sobor local, y otros recibían el nombramiento del sínodo, siguiendo un sistema rotativo de las diócesis particulares, y por un período de un año. El otro organismo permanente había de ser el concilio eclesiástico superior, formado por un número determinado de laicos, sacerdotes y obispos, elegidos por el sobor local. Mientras que el sínodo había de ser responsable de las cuestiones doctrinales, normas canónicas y disciplina eclesiástica, el concilio eclesiástico superior se haría responsable de los temas sociales, la beneficencia y la caridad. A la Iglesia de Ucrania se le concedía autonomía y el derecho a celebrar la liturgia en lengua vernácula. Se ponía gran énfasis en la predicación, la homilética y la formación religiosa. Se creaba una asociación de predicadores laicos para ayudar a los sacerdotes. Había que pronunciar un sermón en todas las celebraciones litúrgicas, tanto los domingos como los días de diario. A fin de suavizar las tensiones entre el clero casado y los monjes, el sobor decretó que todos los monjes debían residir en monasterios; los monjes con estudios debían formar especiales comunidades monásticas de formación, y había que volver a instalar las escuelas teológicas en los monasterios (se supone que con comunidades monásticas de formación).

Los siguientes temas, que también estaban incluidos en la agenda de las sesiones de 1919, quedaron sin resolver hasta el presente: a) el lugar de las mujeres en la vida sacramental de la Iglesia y la institución de las diaconisas; b) el uso de la lengua rusa hablada en las celebraciones litúrgicas (en lugar del eslavo eclesiástico o junto a él); c) las relaciones ecuménicas con las demás confesiones cristianas. La resolución final del sobor exigía un intenso diálogo intercristiano y expresaba la esperanza de una reunificación definitiva de las principales confesiones cristianas.

La tragedia de la Iglesia rusa fue que el sobor no se celebrase antes de las calamidades de 1917. Si hubiera tenido lugar y se hubieran llevado a cabo sus resoluciones, por ejemplo, diez años antes, la Iglesia habría entrado en la era revolucionaria con una infraestructura sólida, totalmente alejada de la pirámide jerárquica del sistema sinodal. Una Iglesia autónoma, que no estuviese involucrada en la política del gobierno imperial, habría inspirado a la nación una lealtad mucho mayor y habría disfrutado de una autoridad moral más elevada, lo cual incluso habría podido impedir la victoria bolchevique; y aunque esto último no hubiera sucedido, por lo menos los bolcheviques no habrían podido organizar un ataque tan masivo y relativamente victorioso contra la Iglesia. Sin embargo, la realidad es que hasta el último día del régimen zarista el emperador siguió siendo la cabeza temporal de la Iglesia. Tanto la monarquía como la Iglesia estaban profundamente comprometidas por su asociación con Rasputín: todos los clérigos que se atrevían a hablar abiertamente contra Rasputín eran castigados (los recluían en monasterios) y muchos de los nombramientos episcopales se hicieron en función de la decisión de Rasputín. Todo esto comprometió a la Iglesia. En el momento en que abdicó el zar, la Iglesia se quedó técnicamente decapitada y, como el sistema sinodal no contaba con ninguna infraestructura, el sobor de la Iglesia tuvo que crearlo partiendo de cero y en las condiciones sumamente adversas que prevalecían en el Estado y en la sociedad en general.

Si se hubieran podido poner en práctica las decisiones del sobor, se habría producido una auténtica renovación de la Iglesia y de su papel activo, positivo y salvífico en medio de la sociedad. Las persecuciones bolcheviques, las detenciones de obispos, sacerdotes y laicos comprometidos, el cierre de todos los seminarios teológicos por parte del Estado, y la privación que sufrió la Iglesia del derecho a publicar libremente libros y periódicos, así como la puesta en marcha del "cisma renovador" promovido por la política secreta soviética, impidieron que se llevaran a cabo las decisiones del sobor.

 

7. La era Soviética y la Iglesia.

El concilio de la Iglesia y el patriarca Tijón trataron de mantenerse neutrales durante la guerra civil, apelando en repetidas ocasiones a los bandos contendientes para que tuvieran misericordia y clemencia con el enemigo. Aunque el patriarca se negó categóricamente a dar su bendición a los ejércitos blancos anticomunistas (ni siquiera una bendición secreta a los generales con mando), se atrevió a celebrar un funeral público por el zar asesinado, y en el primer aniversario del golpe bolchevique envió su famosa carta a Lenin condenando su reinado de terror y exhortándole a que lo abandonara poniendo en libertad a los prisioneros inocentes, dando libertad al pueblo, poniendo fin a la guerra de clases y a la institución de la captura de rehenes. Posteriormente, el 8 de octubre de 1919 manifestó abiertamente su oposición a la guerra civil declarando que todo poder existe por voluntad de Dios y que, por lo tanto, la Iglesia reconocía la legitimidad del Estado soviético y le prometía su lealtad cívica sin que eso la obligase a aprobar todas sus medidas políticas. En la misma encíclica prohibía al clero que tomase partido en la guerra civil o que celebrase las victorias de los blancos (en aquellos momentos los blancos estaban a menos de cien kilómetros de Moscú y parecía que iban ganando), afirmando que en aquella crisis eran inútiles las guerras y los intervencionismos, pues "nada salvará a Rusia... hasta que se renueve su pueblo y renazca el hombre nuevo."

Bajo las nuevas regulaciones de clase de los soviéticos, el clero, así como la burguesía y la nobleza, los oficiales del ejército zarista (excepto los que se habían alistado en el ejército rojo o se habían visto forzados a hacerlo) y los antiguos funcionarios civiles fueron clasificados como parásitos o se les condenaba a privación, es decir, se les negaban las cartillas de racionamiento, cuando el comercio privado estaba penado con la muerte (1919-1921); o recibían las cartillas de categoría más baja, lo cual habría significado para muchos una muerte certera de no haber sido por las uniones voluntarias de creyentes que aparecieron prácticamente en todas las ciudades de Rusia (en ciudades tales como Moscú y Petrogrado, que contaban con una población de millón y medio, se afiliaron a esas uniones unas sesenta o setenta mil personas) para proporcionar al clero medios de subsistencia, incluyendo aumentos y alojamiento, así como guardaespaldas sin armas, obviamente impotentes contra los destacamentos armados de la checa (Cheka). En total, a comienzos de 1921 habían sido asesinados 28 obispos, varios miles de sacerdotes parroquiales, monjes y monjas, y unos 12.000 laicos. Pero principalmente durante la guerra civil había muy poco contacto diario con Moscú y la mayor parte de esas actividades, incluyendo el terror, que se desarrollaban en la periferia eran iniciativa de los soviets o de las checas locales o de ambos. Esto permitía al gobierno de Moscú declinar cualquier responsabilidad por las mismas; aunque casi ningún oficial fue procesado por excederse en el terror que era producto de la ideología marxista leninista del odio de clases y del ateísmo militante.

Al terminar la guerra civil e introducirse la Nueva Política Económica (NPE) en marzo de 1921 con su relativa libertad para la iniciativa privada, tanto en las actividades económicas como en la vida cultural e intelectual, también se impuso cierta liberalización de la política religiosa soviética. La nueva política era relativamente permisiva e incluso favorable respecto a varias sectas protestantes, el Islam y, en menor grado, hacia el judaísmo. La Iglesia Ortodoxa y la Católica fueron las únicas a las que se eligió como objeto de la persecución religiosa. La Iglesia Católica fue aniquilada prácticamente al cabo de unos pocos años. Fue más difícil liquidar a la Iglesia Ortodoxa, arraigada profundamente en la sociedad, la historia y la cultura rusas, y apoyada por millones. Las persecuciones dirigidas contra ella se justificaban como lucha contra los reaccionarios políticos.

A esa explicación, a pesar de ser totalmente falsa, les daba pie el llamado Sínodo de Karlovcí de la Iglesia Rusa en el Exilio, formado por un grupo de obispos, sacerdotes y laicos que habían emigrado con los ejércitos blancos y habían recibido la hospitalidad de la Iglesia ortodoxa servia, instalándose en la ciudad servia de Karlovci. Al mismo tiempo que se declaraban parte del Patriarcado de Moscú y hacían públicas sus declaraciones con el encabezamiento "Con la bendición del Santo Padre el patriarca Tijón...," apelaron a la Conferencia de Génova de 1922 para que se lanzara una cruzada contra el bolchevismo... Aunque el patriarca no tenía nada que ver con aquella organización eclesiástica e incluso les dio órdenes para que se dispersaran, el gobierno soviético aprovechó las pretensiones de los Karlovci para decir que hablaban en nombre del patriarca y justificar así la persecución de la Iglesia ortodoxa rusa, alegando que estaba en connivencia con los de Karlovci.

Para demostrar que las persecuciones tenían una motivación política y no religiosa, los soviéticos necesitaban una "Iglesia ortodoxa" paralela que apoyara activamente al régimen y fuera una prueba de su "tolerancia" religiosa. Efectivamente, nada menos que desde 1905 existía un grupo considerable de clérigos que exigían reformas radicales de la Iglesia, su intervención en el ámbito del "cristianismo social," la separación de la Iglesia y el Estado y la restauración de los obispos casados, protestando contra el monopolio monástico de la Iglesia, lo cual hacía que muchos clérigos indignos aceptaran la tonsura para hacer carrera y cuya vida posterior nada tenía que ver con el auténtico monaquismo. El grupo adoptó el nombre de Movimiento por la Renovación de la Iglesia. Después de las revoluciones de 1917 reaparecieron grupos con nombres distintos, pero cuyas ideas reformistas eran parecidas e incluso más radicales. De entre ellos, los que eran sinceros solían ser cristianos con una orientación política socialista, otros no eran más que oportunistas que halagaban a sus señores del Kremlin. La mayoría de ellos nada tenían que ver con el movimiento de 1905, pero utilizaban el mismo nombre y buscaban sus mismos objetivos. Además, estaban a favor de la colaboración activa con el nuevo régimen en nombre, según decían, de la justicia social, y consideraban que su ateísmo militante era un fenómeno transitorio provocado por la estrecha asociación de la mayor parte de las religiones con las instituciones burguesas del pasado.

Fue entonces cuando Trotski, en un memorándum del Politburó, en marzo de 1922, propuso lanzar una Iglesia Ortodoxa aliada con el régimen comunista. Esperaba que financiándolos, apoyándolos y concediéndoles el reconocimiento por parte del Estado (que le negaba a la Iglesia del Patriarcado), la Iglesia principal se hundiría. Una vez se lograra esto, escribía Trotski, habría que liquidar también a los renovadores. El cisma se lanzó en mayo de 1922, inmediatamente después del arresto del patriarca Tijón. Sin embargo, la inmensa mayoría del laicado ortodoxo rechazó a los renovadores como miembros del GPU, ya que éstos actuaban de manera excesivamente descarada, arrebatando por la fuerza las iglesias al Patriarcado, encarcelando al clero y a los laicos por cualquier resistencia que ofrecieran frente a los renovadores. A finales de 1922 cerca del 70% de las iglesias de Rusia estaban en sus manos. Pero la mayor parte de ellas permanecían prácticamente desiertas, mientras que las del Patriarcado estaban rebosantes de fieles.

El encarcelamiento del patriarca en mayo de 1922 estuvo sincronizado con el lanzamiento del cisma, lo mismo que sucedió con el juicio y la ejecución de uno de los obispos rusos más populares y queridos, san Veniamin de Petrogrado (Leningrado, San Petersburgo). Después de su ejecución no quedaba la menor duda de que también ejecutarían al patriarca. Su repentina liberación en junio de 1923 fue resultado de una serie de ultimátum del gobierno británico así como de numerosas protestas del extranjero. Con su liberación, el cisma comenzó a decaer rápidamente y en 1925 más del 80% de las iglesias y casi otro tanto de los sacerdotes y obispos habían vuelto al patriarca. A los soviéticos no les interesaba una Iglesia vacía y comenzaron a presionar al patriarca y a los renovadores para que volvieran a unirse en una sola Iglesia, si bien los renovadores habrían de permanecer como una facción legítima dentro de la Iglesia, con sus propios representantes en la administración conjunta de la Iglesia, a fin de tener sus propios agentes e informadores cerca del patriarca. Los seguidores de éste se negaron a aceptar tal acuerdo. Los renovadores serían bien recibidos, pero individualmente y mediante un arrepentimiento público.

Tras la muerte del patriarca Tijón en 1925, su sustituto interino, el metropolitano Pedro, demostró ser menos acomodaticio con los renovadores. Como castigo, fue encarcelado en 1925 y finalmente ejecutado en 1937 en el Ártico. Las detenciones de los obispos y su exilio administrativo sin juicio alguno estaban a la orden del día. Haciendo que la Iglesia patriarcal estuviera prácticamente sin gobierno.

Todo aquello condujo en 1927 a que el delegado interino, el metropolitano Sergej, pronunciara una humillante declaración de lealtad al Estado soviético, en la que negaba que hubiese persecuciones, agradecía al régimen soviético su "atención benévola" hacia la Iglesia y declaraba que los ortodoxos "quieren considerar a la Unión Soviética como su patria, cuyos éxitos son nuestros éxitos y cuyas desgracias son nuestras desgracias." Aquél era el precio que había que pagar para obtener finalmente la legitimación, por parte del Estado, del gobierno central de la Iglesia: un sínodo formado personalmente por el metropolitano interino. Con todo, el gobierno soviético se negó a autorizar la convocatoria de un concilio local. De este modo, se volvía a disolver la estructura canónica de la administración de la Iglesia establecida en 1918. Y en medio de su humillación, los dirigentes de la Iglesia se vieron obligados a hacer declaraciones mendaces, llegando a elogiar a Stalin y negando públicamente la existencia de persecuciones que en la década de los años treinta se convirtieron en una acción concertada para la aniquilación total de la Iglesia visible. De las casi 30.000 iglesias pertenecientes al Patriarcado que todavía funcionaban en 1920, no quedaron más que unos cientos a finales de 1939. Para entonces, más de 40.000 sacerdotes, diáconos y obispos y aproximadamente 150.000 monjes, monjas y empleados laicos de las iglesias habían muerto en las cárceles y campos de concentración o, sencillamente, habían sido ejecutados.

El destino de la Iglesia comenzó a cambiar después del ataque nazi del domingo 22 de junio de 1941, domingo en que se celebraba a todos los santos de Rusia (incluyendo a los nuevos mártires), cuando el metropolitano Sergej fue la primera persona del territorio soviético en anunciar la guerra y apelar a los fieles a que se alzaran para defender al país, y la Iglesia comenzó una campaña de caridad para sostener los gastos de la guerra. Cesaron las persecuciones, pero el verdadero cambio del estatuto de la Iglesia solamente se produjo en septiembre de 1943 cuando Stalin decidió reunirse con los tres metropolitas supervivientes y, tras dos horas de negociaciones con ellos, se llegó a un concordado verbal. A cambio de su apoyo a la política exterior soviética y de una lealtad notoria al régimen, Stalin accedía a permitir que la Iglesia volviese a abrir unos pocos seminarios, el monasterio y santuario nacional de la Trinidad y San Sergio, así como las iglesias parroquiales. Autorizaba también la convocatoria de un concilio de obispos para que eligieran un patriarca, restaurasen un sínodo y pusieran en marcha una publicación mensual. Como es natural, el patriarca elegido por el concilio fue Sergej (Stragorodsky), que era metropolitano interino y destacado teólogo. Las razones para aquella "conversión del corazón" estaban todas relacionadas con los intereses de la política exterior soviética. Cuando al comienzo de la guerra fría la Iglesia dejó de resultar un valor útil para la política exterior, la situación volvió a endurecerse progresivamente. Después de alcanzar el número mayor de iglesias en funcionamiento en 1949 (unas 14.000 aproximadamente), se inició un descenso gradual: el gobierno comenzó a cerrar iglesias y monasterios (de los cuales había 101 en 1945, y sólo uno de ellos había sido abierto en territorio donde no existiera alguno anteriormente).

Después de una breve tregua que siguió a la muerte de Stalin, Jruschov volvió a dirigir nuevas persecuciones contra la Iglesia hacia 1958. En cierto modo, la política de Jruschov tuvo un efecto todavía más desmoralizador en la Iglesia y en el clero, porque mientras que perseguía a la Iglesia en Rusia con una intensidad casi tan grande como en la década de los años treinta, al mismo tiempo obligaba al clero a desempeñar un papel mucho más activo en la política exterior de la Unión Soviética que el que jamás se habría propuesto Stalin. Los obispos tenían que hacer declaraciones descaradamente mendaces en las conferencias de paz internacionales respecto a la libertad religiosa, mientras que en la Unión Soviética estaban cerrando seis de cada ocho seminarios, más de ochenta monasterios y más de 7.000 iglesias parroquiales; estaban encarcelados por lo menos tres obispos y probablemente cientos de sacerdotes.

Siguió la persecución en tiempos de Brézhnev, aunque sin tanto rigor como bajo Jruschov. Sin embargo, el comunismo y, junto con él, el materialismo como sistema filosófico estaban completamente desacreditados a los ojos de la mayor parte de los ciudadanos soviéticos. La sed de realidades espirituales hizo que en los años setenta y ochenta regresaran a la Iglesia numerosos jóvenes, en su mayoría estudiantes e intelectuales. Este factor, junto con las encuestas sociológicas que mostraban que un sector gradualmente creciente de la población declaraba su fe en Dios, hizo que los expertos en religión llegaran a la conclusión de que la religión no iba a morir y que, por el contrario, convenía domesticarla y adoptarla como una forma "aguada" y nacionalista de la ideología comunista. Como es natural, el experimento estaba condenado al fracaso: sencillamente, porque el cristianismo y el marxismo son incompatibles; pero el intento de atraer clérigos a aquella mezcolanza ideológica como promotores del patriotismo soviético creó un nuevo tipo de sacerdote: un oportunista confuso ideológicamente, capaz de adaptarse a cualquier tipo de ficción.

Cuando el patriarca Tijón comenzó el proceso de acomodación al régimen comunista después de que le pusieran en libertad, declarando que no era enemigo del régimen soviético y que este último jamás había perseguido a la Iglesia, cargó sobre sus hombros con aquella cruz y con aquel pecado a fin de salvar a la Iglesia de los renovadores. Las componendas del metropolitano Sergej estaban motivadas por la falsa esperanza de que su declaración pondría fin a las detenciones de los obispos, que habían hecho que fuera imposible gobernar la Iglesia. En 1941, inmediatamente antes del ataque alemán, Sergej pensó en su desesperación que la Iglesia estaba viviendo sus últimos días y que acabaría desapareciendo como la Iglesia de Cartago; de aquí que estuviese dispuesto a hacer cuanto Stalin le pidiera en el ámbito político. Pero lo que para ambos jerarcas y para su clero habían sido acciones desesperadas en circunstancias extremas, se convirtió en algo normal para la generación de clérigos educados en el clima producido por la actitud acomodaticia de sus predecesores. Esta tragedia habría de heredarla la Iglesia de la Comunidad de Estados Independientes del poscomunismo.

 

8. La era Poscomunista.

La agonía del comunismo en la Unión Soviética coincidió con el Milenario de la cristianización de Rusia: 988-1988. En abril de 1988 los dirigentes de la Iglesia se reunieron con Gorbachov, el último líder comunista de la Unión Soviética. En aquella reunión el sínodo entregó a Gorbachov un memorándum enumerando los abusos que había infligido el Estado soviético a la Iglesia y solicitando igualdad de derechos para los creyentes religiosos, libertad interna de la Iglesia y su legalización como persona jurídica, como organismo público con derecho a enseñar, predicar, publicar, abrir y poseer iglesias, en virtud de lo cual las leyes religiosas soviéticas tenían que cambiar drásticamente. Gorbachov accedió y concedió a la Iglesia amplias libertades para organizar la inminente celebración del Milenario como acontecimiento perteneciente a la herencia nacional. Uno de los acontecimientos más importantes de la celebración fue el concilio local de 1988. Pero, desgraciadamente, fue un breve episodio que duró tres días. No obstante, después de algunos debates fructíferos, adoptó un nuevo estatuto eclesiástico, que constituía una mejora considerable respecto a las normas eclesiásticas "estalinianas" que se la habían impuesto a la Iglesia en 1945. En comparación con aquél, el nuevo estatuto especificaba la periodicidad mínima de las asambleas diocesanas (dos veces al año), de los concilios episcopales locales (una vez cada dos años), y de los sobors locales (una vez cada cinco años); ponía de relieve el papel del laicado en la vida de la parroquia. En una palabra, se acercaba más a la restauración de la conciliaridad en la Iglesia, aunque distaba mucho de los estatutos verdaderamente conciliares del sobor de 1917-18.

Dos años más tarde, se reunió otro sobor local para elegir un nuevo patriarca en lugar del fallecido patriarca Pimen. El logro más notable de este sobor fue que en él se desarrolló un proceso electoral verdaderamente libre y secreto con varias vueltas en el sistema de votaciones, que fueron reduciendo progresivamente el número de candidatos hasta llegar a la elección del metropolitano Alejo (Alexej Ridiger) de Leningrado como patriarca Alejo II. Estas eran las primeras elecciones libres de cualquier clase que se celebraban en la Unión Soviética y en Rusia desde 1917.

El segundo acontecimiento en importancia en la vida de la Iglesia fue la aprobación de una nueva legislación religiosa estatal (con leyes independientes para la Unión Soviética y para cada una de las repúblicas). La Iglesia, así como todas las demás confesiones religiosas registradas, recibieron el estatuto de organización social o pública con todos los derechos legales correspondientes, incluyendo el derecho a enseñar la religión a los niños y adultos que lo desearan, a crear sus propias escuelas de educación especial o general e incluso a organizar clases voluntarias de religión en las escuelas públicas si así lo deseaban los padres y los niños de la escuela en cuestión. La Unión Soviética y Rusia se declaraban Estados laicos, donde todas las creencias, incluido el ateísmo, están separadas del Estado y no reciben subsidios del mismo. A la Iglesia se le permitía ocuparse de la caridad, de la educación y de otras actividades sociales o mercantiles.

El hundimiento y la bancarrota del comunismo suscitaron en la sociedad grandes esperanzas de que la Iglesia, como columna vertebral histórica, cultural y moral de Rusia, volviera a convertirse en la rectora espiritual de la nación, ofreciéndole un nuevo proyecto nacional, un nuevo ideal nacional. Pero aquella Iglesia que surgía de debajo de los escombros (por usar la expresión de Solzhenitsyn) carecía de cualidades de liderazgo. Bajo el régimen soviético, en los seminarios sólo estaba permitido enseñar aquellas materias necesarias para "interpretar el culto," por utilizar la terminología soviética. La enseñanza de la filosofía, la psicología, la pedagogía e incluso la apologética (a la que se consideraba un medio de propaganda religiosa) estaba prohibida. En consecuencia, el clero educado bajo el régimen soviético resultó ser, en muchos casos, incapaz de organizar las clases de catequesis dominical e incluso de impartirlas. Además, como sólo había tres seminarios con un total de 800 alumnos asistentes y tal vez unos 500 que estudiaban por correspondencia, el porcentaje del clero que tenía una formación teológica sistemática no superaba el treinta por ciento. Con la nueva libertad religiosa de los años noventa, y con el crecimiento de las parroquias (de unas 6.800 en toda la Unión Soviética en 1988 a más de 17.000 en la Comunidad de Estados Independientes ocho años más tarde), la necesidad de nuevos sacerdotes sobrepasaba la capacidad de los seminarios. Así, a pesar de que el número de seminarios y otras escuelas teológicas superiores ha crecido en ese mismo espacio de tiempo de 3 a unos 35, el número de candidatos al sacerdocio que salen de ellos se ha ido quedando progresivamente a la zaga respecto al número de parroquias nuevas. Por consiguiente, la Iglesia se ve forzada a ordenar cada vez a más sacerdotes "autodidactas." No obstante, la diferencia entre las parroquias existentes y el número de sacerdotes disponibles ha superado la cifra de 3.000 en 1996.

La carencia de una formación teológica adecuada, no sólo entre los sacerdotes, sino también entre muchos profesores de las nuevas escuelas de teología, la interrupción de tradiciones básicas cristianas y eclesiales en la masa de creyentes, combinada con décadas de indoctrinación marxista respecto al acoso del enemigo, todo ello ha producido una enorme desconfianza y unos recelos mutuos en las generaciones formadas bajo el régimen comunista. Todos estos complejos han calado también en la vida eclesial, principalmente por medio de los nuevos activistas pseudo-ortodoxos, la mayor parte de los cuales eran antes jóvenes activistas comunistas y que, como están acostumbrados a la disciplina del partido, han cambiado su orientación y los objetos de sus suspicacias: Han pasado de los "enemigos de clase" a los herejes católicos y protestantes, a los "sionistas" y a los "judeo-masones que maquinan la destrucción de Rusia."

Ya en 1990 el nuevo patriarca apeló a los laicos para que se comprometieran en la vida eclesial, formaran una organización juvenil ortodoxa, asociaciones (el término ruso es "hermandad") para ayudar a la Iglesia en el campo de la caridad, la catequesis, para organizar y dirigir las escuelas parroquiales y los grupos activos de las parroquias. Lo que el patriarca ignoraba es que, después de siete décadas de persecución, no ha pervivido ninguna idea de qué es una parroquia o una comunidad eclesial. En vez de comunidades parroquiales había millones de creyentes religiosos que trataban de armarse de valor para entrar o salir de una celebración religiosa de la manera más discreta posible, intentando conocer al menor número posible de miembros de la parroquia para no quedar en evidencia como creyentes en una reunión del partido o del sindicato y tener que sufrir las correspondientes consecuencias profesionales o académicas. En vez de una parroquia había veinte individuos que firmaban un contrato de alquiler de un edificio eclesiástico, con lo que el gobierno soviético les permitía utilizarlo para los cultos. En contraste con ellos, los activistas recién cristianizados (?) descritos arriba tenían experiencia de trabajo de equipo en su antiguo komsomol (Juventud Comunista) o en otras organizaciones soviéticas similares. De aquí que se convirtieran en activistas ruidosos en las nuevas comunidades, trayendo consigo la intolerancia y el complejo de "asedio del enemigo" propio de su formación marxista, en este caso dirigida contra los verdaderos creyentes cuya visión de la Iglesia es totalmente incompatible con las ideas de los antiguos komsomols.

Son estos elementos, tanto en Rusia como en Ucrania y en otras regiones de la Comunidad de Estados Independientes, los que fomentan las fricciones y los cismas en el interior de la Iglesia. En Ucrania los cismas surgen bajo la bandera del nacionalismo ucraniano combinado con la condena del Patriarcado de Moscú como agente "rusificador." Es éste el argumento que esgrimió Filareto, antiguo metropolitano de Kiev, moralmente decadente y corrupto, después de que le obligaran a jubilarse por el voto casi unánime de los obispos ucranianos y rusos en el concilio de todos los obispos de la Comunidad de Estados Independientes de mayo de 1992. Se sometió al voto y juró sobre la Biblia que tan pronto como regresara a Kiev convocaría un concilio episcopal, dimitiría y dejaría que los obispos eligieran a su sucesor. En vez de esto, al llegar a Kiev dijo que los "moscovitas" le "habían puesto un puñal en el pecho" y que por lo tanto su juramento era inválido; por eso mismo, iba a romper con Moscú y a unirse a la nueva Iglesia Ucraniana Independiente, que cuenta con un autoproclamado "patriarca" ucraniano, Mstyslav (Skrypnyk), que entonces residía en los Estados Unidos. Esto hizo que inmediatamente se le uniera el movimiento nacionalista Rukh, otros nacionalistas extremistas y su propio ejército privado UNOS (subvencionado por Filareto con los fondos de su Iglesia). Con su ayuda y el apoyo de su amigo Kravchuk, que era entonces presidente de Ucrania, Filareto se puso en movimiento: el ejército privado fascista antes mencionado y otros grupos de rufianes armados irrumpían en las iglesias, daban palizas a los sacerdotes y feligreses y anexionaban iglesias al "patriarcado" de Filareto. A pesar del uso de la fuerza y de la intimidación, la "Iglesia" de Filareto tiene tan sólo 1.500 parroquias, mientras que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana Autónoma del Patriarcado de Moscú cuenta con unas 6.000.

En la misma Rusia, la situación no es tan mala como en Ucrania (especialmente Ucrania Occidental), pero también allí hay varios grupos cismáticos pequeños. Uno de ellos está bajo la autoridad de sucesores emigrados del Sínodo de Karlovci. Otro es totalmente "autocéfalo." Ambos alegan que son auténticos anticomunistas, acusando al Patriarcado de Moscú por su pasada colaboración con el régimen comunista soviético; aunque en aquella misma época el clero de estos grupos pertenecía en su mayoría al Patriarcado de Moscú y aceptaba la colaboración como algo inevitable. Ambos grupos cuentan en total con unas cien parroquias. La mayor parte de sus sacerdotes no son de un calibre moral muy elevado y se han unido a los grupos cismáticos después de haber tenido dificultades con sus antiguos obispos del Patriarcado por diversas transgresiones morales o por dificultades de carácter. Quedan, además, los restos de los "verdaderos ortodoxos" de las "catacumbas" de la era soviética, que se han negado a reunirse con la Iglesia oficial (e incluso con los otros cismas), alejándose de la Ortodoxia para caer en el sectarismo, a veces con elementos paganos, debido a décadas de existencia aislada sin teólogos ni sacerdotes instruidos.

La aparición de organizaciones cismáticas debilita la disciplina eclesiástica: cualquier sacerdote puede ahora chantajear a su obispo amenazándole con romper con él y formar un grupo eclesial paralelo. Como es obvio, tal confusión dentro de la Iglesia, combinada con el nivel de formación generalmente bajo y una relativa ignorancia teológica de un gran porcentaje del clero (por las razones antes expuestas), ha hecho que hayan perdido el entusiasmo por la Iglesia muchos que al comienzo habían puesto grandes esperanzas en ella, especialmente los intelectuales. Muchos de ellos habían buscado en la Iglesia alimento y orientación espiritual; al no encontrar ninguna de las dos cosas, algunos de ellos se han sentido atraídos por el catolicismo, por misioneros protestantes o por evangélicos americanos, fundamentalmente de América del Sur; otros se han afiliado a diversas sectas ocultas totalitarias, desde las importadas como la "Iglesia de la Unificación" de Moon, los del movimiento Krishna, la secta suicida japonesa "Ayum Sinrique," hasta otras de origen autóctono como la Hermandad Blanca, el Centro de los Engendradores de Dios, o la secta milenarista siberiana de Vissarion. Pero la mentalidad totalitaria y su atractivo no se limitan tan sólo a las sectas ocultas. Es una herencia de la educación comunista y también se ha abierto camino en ambientes ortodoxos cercanos al tradicionalismo. Algunos sacerdotes (con frecuencia antiguos miembros de la "intelectualidad," que se hicieron sacerdotes no para transformar el mundo sino para huir de él) interpretan mal la tradición monástica de la obediencia al estar intentando someter y dominar por completo a los feligreses, privándoles de libertad interior. Horrorizados por la inmoralidad pública, la pornografía, la prostitución, la homosexualidad (todo esto existía durante la era comunista, sólo que entonces en secreto, y ahora abiertamente), asocian estos elementos con Occidente, con el liberalismo y la democracia. Entre las reacciones más extremistas frente a lo que consideran que es el liberalismo occidental está la formación, a finales de 1994, de un "Comité Público para la Restauración Moral de la Patria," que cuenta con la bendición del patriarca. En 1995 comenzaron a publicar un almanaque de periodicidad irregular, El Anticristo en Moscú, en el que el director afirmaba que Rusia nunca había vivido bajo tal terror y en tal degeneración como ahora (ignorando el número de millones que murieron bajo el comunismo) y en la víspera de las elecciones presidenciales de junio de 1996 pidieron el voto a favor del Partido Comunista, que es la fuerza que puede salvar a Rusia del "satanismo" de la democracia y de la desintegración. Blasfemando implícitamente contra los millones de víctimas del terror, su llamamiento declara que el actual Partido Comunista es el único de Rusia "que no se ha degradado por la violación manifiesta de los principales mandamientos: No matarás, no robarás, no darás falso testimonio..."

Las estadísticas de sondeos sociológicos serios indican que, aunque el sector religioso de la población en general y el cristiano en particular han ido creciendo de manera constante en proporción al resto de la población, el porcentaje de personas que se declaran miembros practicantes de la Iglesia Ortodoxa ha ido decreciendo en relación con el conjunto de las demás religiones. Según un sondeo, mientras que el índice de creyentes cristianos ha crecido de un 27% de la población total en 1990 hasta un 42% en 1992, en 1990 el 80% de ellos se declaraban ortodoxos, pero en 1992 sólo lo hacía el 38%. Esto indica un crecimiento del 50% de los cristianos en general, pero un descenso del 3% de los ortodoxos. Como los protestantes y los católicos constituyen tan sólo un 2% del sector religioso y los fieles del antiguo ritual no podrían ser más de un 3%, el resto de los "cristianos" no parecía pertenecer a ninguna confesión cristiana particular. La mayoría de ellos eran probablemente ortodoxos alejados: bautizados pero no practicantes. Esta hipótesis parece quedar confirmada por un sondeo de 1995, según el cual el 55% de la población se declaraba ortodoxa, el 6% decía pertenecer a otras denominaciones religiosas, pero sólo el 23% decía que la religión desempeñaba un papel significativo en su vida. En otras palabras, la mayor parte de la gente mencionaba una religión en la que habían sido educados (bautizados o iniciados de alguna otra manera) en la infancia. Mucho más significativos son los datos del Centro Analítico del Consejo de la Federación, que indican que, aunque alrededor del 70% de la población rusa está bautizada en la Iglesia Ortodoxa, sólo de un 5 a un 10% son miembros practicantes y sólo la mitad de esas cifras comulga con frecuencia. Sin embargo, no todo es tan negativo. Hay algunos sacerdotes muy entregados y de formación muy elevada, especialmente los más jóvenes; y también algunos conversos, aunque muy distintos de los que se mencionaba antes. Un buen número ingresó en la Iglesia en los años setenta y ochenta, época en la que hubo una oleada considerable de jóvenes conversos, en su mayoría intelectuales y estudiantes; de éstos, bastantes habían sido disidentes en el pasado por razones políticas o al menos intelectuales. Muchos provenían de círculos clandestinos de estudio religioso o filosófico (tanto los grupos como sus miembros habían sido acosados por el KGB), o llegaban gracias al ministerio pastoral del padre Alexander Men, un pastor excepcional para los intelectuales, asesinado horriblemente en 1990. Era de ascendencia judía y atrajo al cristianismo, incluso literalmente, a miles de judíos rusos. La fe de estos neófitos ha estado sometida a prueba y tienen mentalidad misionera. Las comunidades de Men y otras semejantes cuentan al menos con siete parroquias en Moscú y sus alrededores. Todas ellas son muy activas, con programas de formación religiosa, preparación de catequesis y catequistas, programas caritativos, todos ellos muy bien elaborados y comprometidos. Todas estas parroquias tienen comunidades numerosas, formadas en buena parte por intelectuales y con una buena proporción de jóvenes. Mantienen relaciones y contactos cordiales con los cristianos de Occidente y tienen una orientación ecuménica. Son objeto de un odio irracional por parte de las "hermandades" politizadas, nacionalistas extremistas (nacionalistas, bolcheviques nacionales, y fascistas) y por parte del clero más conservador, que las acusa de difundir la "herejía ecuménica." Se las ataca con especial saña por el uso creciente que hacen de la lengua rusa en las celebraciones litúrgicas (especialmente en las lecturas de la Sagrada Escritura). Por alguna razón, los conservadores afirman que utilizar el ruso hablado en las celebraciones litúrgicas equivale a traicionar las tradiciones de Cirilo y Metodio. En realidad, utilizar la lengua de hoy día está en conformidad con el apostolado eslavo de los santos hermanos: utilizaron la lengua eslava para que los eslavos pudieran entender la celebración. Cuando deja de entenderse el lenguaje, recurrir a la lengua actual es precisamente continuar la misión de los santos Cirilo y Metodio.

El futuro de la Iglesia Rusa y de una verdadera rehabilitación espiritual de la nación (si es que la hay, Dios lo quiera) depende de estos sacerdotes inspirados y de sus parroquias. Es en esas parroquias donde ya existen auténticos grupos de jóvenes y asociaciones de boy-scouts ortodoxos, mientras que en 1991 fracasó el intento de organizar desde arriba un movimiento juvenil ortodoxo. Es en estas parroquias donde auténticas comunidades parroquiales han sustituido a las unidades formales de 10 o 20 laicos ortodoxos, reconocidas por el Estado, que tenían que registrar la parroquia y eran la comunidad ante los ojos del Estado. El clero tradicional arrastra desde la época soviética el hábito de tratar tan sólo con estos grupos de 20, tal como exigía la ley soviética de religiones de 1929, o de 10, como querían las leyes de 1990, y siguen considerando que eso es la parroquia. Desde luego, a un sacerdote le resulta mucho más cómodo tratar con una docena de personas que con un millar, pero esta práctica deja al grueso de los feligreses fuera de la vida real de la Iglesia e impide el desarrollo de un sentido de la responsabilidad, incluyendo la responsabilidad material, respecto a su parroquia. Hay, sin embargo, una resistencia residual por parte de gran número de fieles al concepto de parroquia total. En Moscú, por ejemplo, incluso en una de las parroquias más activas teológica, espiritual y socialmente, formada casi enteramente por adultos convertidos tras una catequesis de doce meses de duración, sólo 400 de los 1.500 que asisten regularmente al culto accedieron a incluir sus nombres en la lista de feligreses: los recuerdos del comunismo pasado están todavía demasiado recientes para atreverse a aparecer en las listas impresas de los miembros de una iglesia.

Aunque una mayoría de parroquias, así como de sacerdotes parroquiales y de monjes, siguen siendo conservadores que ven el pasado anterior a la revolución como una edad de oro de Rusia y de la Iglesia y se oponen a las reformas, en particular al uso del ruso hablado en la liturgia en vez del eslavo eclesiástico, es la minoría reformista del clero y de los fieles quien contribuye de manera más palpable a la salud moral y espiritual de la nación. Escriben, publican, participan en conferencias, organizan actividades misioneras y caritativas, trabajan con los jóvenes y con otros grupos de fuera de la Iglesia, contribuyendo a su acercamiento a la misma, participan en diversas comisiones no gubernamentales que se interesan por cuestiones morales, los derechos humanos o la amnistía, etc. En una palabra, están en contacto con las realidades que les rodean, aceptan la vida tal como es y se enfrentan al futuro en vez de soñar con restaurar la monarquía o cualquier otra cosa. La línea adoptada por el clero reformista obtuvo por fin una valoración positiva, aunque fuera indirecta, en el concilio de obispos de toda la Iglesia Rusa de diciembre de 1994 (había un total de 128 participantes con derecho a voto). El concilio reconoció la necesidad de desarrollar una doctrina social de la Iglesia, aprobando el proceso de democratización de Rusia y las reformas económicas radicales. Ordenó que se diera prioridad absoluta a la formación teológica de los candidatos al sacerdocio, elevando el nivel de las universidades. Se hace necesario extender la red de escuelas dominicales para que alcance a todas las parroquias y la Iglesia se encargará de proporcionar profesores de religión debidamente formados a todas las escuelas donde se ofrezca como asignatura optativa, presionando al gobierno para que amplíe el derecho a enseñar religión en las escuelas. El concilio canonizó al sacerdote Alexander Khotovsky, asesinado por los bolcheviques, que había sido un ecumenista entusiasta, dando así su aprobación al ecu-menismo, "anatema" a los ojos de los conservadores. Decretó que se completase la labor inacabada del concilio local de 1917-18, y esto habría de incluir reformas litúrgicas, la solución al problema de la lengua litúrgica (la comisión preparatoria del concilio había recomendado el uso del ruso en lugar del eslavo, pero el concilio no tomó ninguna decisión al respecto). El concilio de 1994 estuvo muy cerca de reconocer la necesidad de la reforma de la lengua cuando decretó: La labor misionera está inseparablemente vinculada a la necesidad de restaurar una vida eclesial intensa en las diócesis y en las parroquias... La labor misionera ortodoxa debe tener en cuenta la diversidad de la sociedad contemporánea... Es necesario poner de relieve especialmente la labor misionera con los jóvenes, incluyendo el desarrollo de celebraciones y charlas religiosas para los niños y adolescentes. Es decir, exactamente lo que llevan haciendo desde hace varios años el clero y las parroquias de mentalidad reformista.

Otro golpe contra los radicales de derechas fue la normativa sobre las "hermandades," según la cual, cada una de ellas tiene que someter sus estatutos al obispo diocesano para obtener su aprobación. Esta norma iba seguida por la condición de que las hermandades deben participar en la labor educativa y caritativa de las parroquias y estar bajo la supervisión del párroco. Esto mató definitivamente a las hermandades politizadas y a su reaccionaria Unión de Hermandades Ortodoxas Rusas. De este modo, ha mejorado el ambiente social para las parroquias de orientación reformista. Muy poco más se ha hecho para llevar a cabo las decisiones del concilio episcopal de 1994, excepto la fundación de un Seminario Misionero en Belgorod, cuya calidad e impacto están todavía por ver.

 

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