Estudio Sobre la Plegaria Eucarística Oriental.
Para usos internos y didácticos solamente
Adaptación Pedagógica: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.
Contenido:
1. La Eucaristía en el Nuevo Testamento.
a) La cuestión histórica. b) La Cuestión Teológica. c) La Cuestión Litúrgica. d) Los Datos Fundamentales. a) El banquete escatológico. b) La Acción de Gracias. c) La Nueva Alianza. d) El Memorial de la Muerte del Señor. e) Conclusión.
2. La Plegaria Eucarística en los Documentos Primitivos.
La Plegaria Eucarística de Hipólito y otros Testimonios Afines.
Otros Testimonios del Mismo Tipo.
a) La Anáfora del "Testamento del Señor." b) Anáfora Fragmentaria Griega de Epifanio. c) Anáfora Contenida en la Homilía XVII de Narsés. d) La Anáfora del Fragmento Anónimo Arriano. Historia de la Salvación y Eucaristía: Primeros Datos. Para Una Síntesis Teológica.
a) Una Visión Cristológico-Trinitaria de la Historia de la Salvación. b) Dimensión Horizontal de la Historia de la Salvación. c) Dimensión Vertical de la Historia de la Salvación. d) Aportaciones a la Teología de la Eucaristía.
2. La Anáfora de la Tradición Siró-Oriental.
1. El Rito Siró-Oriental. 2. Las Anáforas de Addai y Mari y del Apóstol San Pedro (Sarar). 3. Estado Actual de la Cuestión. 4. El Relato Institucional de Addai y Mari. 5. Addai y Mari y la "Birkat Ha-Mazon." 6. Intento y Reconstrucción del Texto Primitivo. 7. La Evolución Posterior del Texto. 8. Historia de la Salvación y Eucaristía. a) Una Historia de la Salvación Centrada en lo Esencial. b) Profundización de la Historia de la Salvación: el Tiempo Salvífícos. c) ¿Una Plegaria Sin Relato Institucional?
3. La Eucaristía de la Tradición Egipcia.
La Eucaristía Egipcia: Contexto y Documentación. La Anáfora de San Marcos. Las Anáforas del Eucologio de Serapión y del Papiro Der-Balizeh. Eucaristía e Historia de la Salvación en la Primitiva Anáfora Egipcia. a) La Presentación Histórica de la Salvación: Dimensión Horizontal. b) Presencialización de la Historia de a Salvación: Dimensión Vertical. c) La Eucaristía Construye la Iglesia.
4. La Eucaristía de la Tradición Antioqueño-Constantinopolitana.
Las Anáforas de San Juan Crisóstomo y de los Doce Apóstoles: Documentos y Textos. La Investigación Hasta 1970. Nuevas Aportaciones. Dos Anáforas Paralelas. Historia de la Salvación y Eucaristía. a) Alabanza y Acción de Gracias al Dios Incomprensible y Existencial. b) Una Visión Sintética de la Historia de la Salvación. c) Una visión cristológica de la Historia de la Salvación. d) Dimensión Vertical de la Historia de la Salvación.
1. La Plegaria Eucarística de Jerusalén.
La Anáfora de Santiago. Contexto y Documentación. La Iglesia Celeste y la Iglesia Terrena. a) Dimensión Trinitaria y Contenido General. b) Dimensión dialéctica: misericordia-pecado- juicio-misericordia. c) Dimensión dinámica: Historia de la Salvación como pedagogía. d) Dimensión Unificadora: La Imagen de Dios. e) El Punto Culminante: La Muerte Sacrificial de Cristo. Dimensión Vertical de la Historia de la Salvación. a) Presencialización del Núcleo Salvífíco. b) Con la Fuerza del Espíritu. 6. Conclusión
2. La Eucaristía de las "Constituciones Apostólicas."
El Contexto. La Gran Conmemoración Veterotestamentaria. a) Orígenes Literarios de la Conmemoración Veterotestamentaria. b) La Dimensión Dialéctica y Propiciatoria. c) El Marco Doxológico. La Conmemoración del Acontecimiento Salvador, Cristo. a) Jesús, Acontecimiento Salvífíco y Máxima Misericordia Divina. b) La Salvación Se Hace Definitiva Reconciliación. c) Jesús Reconcilia a los Hombres por Su Vida y Muerte Gloriosa. La Salvación se Hace Presente en el "Hoy" de la Celebración. a) Del Memorial Literario al Memorial Cultual. b) La Acción del Espíritu. Conclusión.
3. La Plegaria Eucarística de San Basilio.
Contexto y Documentación: Las Anáforas Basilianas. Economía Trinitaria de la Revelación y el Conocimiento. La Conmemoración Histórico-Salvífica. a) Historia de la Salvación en la Anáfora Alejandrina: Misericordia, Solidaridad y Epifanía. b) La Anáfora Bizantina: Profundización Teológica de la Historia de la Salvación. b) La Historia Camina Hacia Cristo, Su Cumplimiento. c) La Historia Adquiere Su Sentido En Cristo: Los dos Adán. d) Resumen: una visión horizontal en profundidad de la Historia de la Salvación. Presencialización de la Salvación: La Dimensión Vertical.72
4. La Anáfora Alejandrina de San Gregorio Nacianceno.
Contexto y Documentación. La Liturgia Celeste y la Liturgia Terrena. Dimensión Vertical de la Historia de la Salvación.
5. La Anáfora de las Homilías de Teodoro de Mopsuestia.
Contexto y Documentación. El Sacrificio de Alabanza: Liturgia Celeste y Liturgia Terrena. Conmemoración de la Historia de la Salvación: La economía. El Memorial de la Muerte del Señor: La Eucaristía, "Tipo" de la Salvación Definitiva. La Epiclesis: El Espíritu Resucitador.
6. Las Anáforas Siró-Orientales, Armenias y Etiópicas.
La Anáfora de Teodoro: La Eucaristía, Plenitud y Memorial de la Cruz. La Anáfora de Nestorio: Una Armonización Teológica. Anáfora Persa Fragmentaria: La Bondad de Dios. Las Anáforas Contenidas en las Homilías Litúrgicas de Narsés.
El Tiempo y el Acontecer Salvífico. La Dimensión Vertical del Tiempo Salvífico. Historia de la Salvación y Plegaria Eucarística. Algunas Notas Sobre la Teología de la Eucaristía.
E
l Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, estando reunido con sus discípulos para cenar, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio, asegurándoles que era su cuerpo. Igualmente hizo con el cáliz después de cenar, dando gracias y ofreciéndoselo como su sangre para la salvación de todos. Este es el núcleo del sacramento central de la Iglesia, la Eucaristía. Y de ello trata el presente libro.Cristo Jesús entregó a su Iglesia, como el más preciado bien que podía darle, el sacramento del pan y del vino. Desde aquella noche primera, ella se ha alimentado de él y en torno a él ha vivido. Lo ha cantado en sus poetas, lo ha estudiado en sus teólogos, lo ha dramatizado en autos sacramentales y en fiestas populares; lo anunció con sus predicadores, descubrió sus exigencias con los santos, lo ha celebrado festivamente en su liturgia y constantemente ha procurado vivirlo en sus fieles. En este movimiento vital quiere inscribirse la presente obra, intentando estudiar, con la hondura que ha sido posible, la celebración eucarística en sus comienzos y en el ámbito, para nosotros menos conocido, de la Iglesia oriental. Más en concreto, lo que aquí se quiere presentar es la interpretación que la Iglesia ha hecho en su celebración eucarística de aquella bendición y acción de gracias de Jesús la noche de la última cena.
En efecto, la plegaria eucarística ha nacido de los labios del Señor al bendecir el pan y dar gracias sobre el cáliz. Sus palabras exactas nos son desconocidas. Pero el Espíritu de Jesús ha ido descubriendo a la comunidad cristiana su verdadero contenido en las innumerables plegarias eucarísticas de la Iglesia de todos los tiempos y lugares. Y en ellas se ha ido reposando mansamente, a lo largo de los siglos, la comprensión eclesial del sacramento eucarístico donado por Jesús. Por eso, estudiar la plegaria eucarística, que los latinos llamaron "canon" (regla) y los griegos conocen comúnmente con el nombre de "anáfora" (ofrenda), es descubrir el contenido de la Eucaristía a través de su expresión viva, es decir, allí donde la fe eucarística se expresa mediante la vida de la celebración eclesial.
Pero el tema es demasiado amplio e importante para abordarlo en toda su integridad. Por eso se imponen una serie de límites. En primer lugar, uno espacial. Este libro se centra en la plegaria eucarística de las Iglesias orientales. Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Bizancio, Edesa, son nombres gloriosos en la historia de la Iglesia, y van a resonar constantemente en nuestras páginas. Forman el núcleo de lo que llamamos Iglesia oriental. Junto con Roma, Milán, Lyón y Toledo, la Iglesia occidental, componen la lista más ilustre de ciudades eclesiales que hubo en la Antigüedad. Nuestro objeto se limita a las plegarias eucarísticas o anáforas de las Iglesias de Oriente, a lo que es el núcleo de su celebración eucarística, donde esa tradición eclesial, guiada por el Espíritu, ha plasmado la comprensión vital del gran misterio de salvación que es la Eucaristía.
Otro límite se imponía también: el del tiempo. Veinte siglos de vida de Iglesia son muchos para una investigación. Por eso era necesario acotar un período, y un período significativo. El libro comienza con la Eucaristía de Jesús, porque hay que remontarse a la raíz si se quiere comprender algo de lo que es el árbol. La fecha tope de nuestro trabajo es el siglo VI, porque es entonces cuando se pueden considerar plenamente terminadas las grandes y clásicas construcciones litúrgicas de la Iglesia oriental.
Había que elegir también el modo de abordar teológicamente estos venerables textos, retazos de vida de la Iglesia. Afortunadamente, otros han andado ya con reconocida competencia parte del camino que aquí se reemprende. Por ello es innecesario volver a recorrerlo entero. Así, pues, el esfuerzo mayor de este trabajo se concentra en el estudio teológico de las grandes plegarias eucarísticas orientales a partir de un elemento común a todas ellas: el desarrollo del misterio de Cristo en la Historia de la Salvación. Este concepto, de hondas raíces bíblicas, permite un estudio teológico unitario de la importante tradición eclesial de Oriente y proporciona auténticas perspectivas enriquecedoras a la teología eucarística y a la teología en general. Para ello era necesario recorrer primero una serie de etapas no siempre de fácil tránsito, pero imprescindibles a la hora de poder sacar conclusiones válidas: localización de los textos en sus ediciones más solventes, situación de los mismos en su contexto vital, histórico y cronológico, traducción exigente y, finalmente, interpretación adecuada. Todo esto se ha intentado aquí.
En concreto, quien se asome a las páginas que siguen encontrará: una exposición sucinta de los temas teológicos claves de aquellos textos con que se expresó, al nacer, la Eucaristía; una aproximación, lo más exacta que me ha sido posible, a los textos auténticos de la plegaria eucarística oriental, siempre a partir de las mejores ediciones, críticas o no, hoy existentes; un estudio de cada una de estas plegarias, procurando recorrer sus etapas históricas mediante el uso de los métodos científicos habituales en el estudio de las liturgias comparadas; una traducción directa y cuidadosa de los textos que se conservan en griego, siríaco y latín, que son los más; no menos cuidadosa, pero indirecta, es decir, a partir de otras traducciones o retroversiones críticas, de los documentos en lengua copta, armenia y etiópica; un comentario teológico de las plegarias eucarísticas que intenta poner de relieve su manera de presentar la Historia de la Salvación, con las consecuencias que ello tiene para una comprensión de la Eucaristía amplia y ecuménica; finalmente, una bibliografía al día, que quiere ser lo más completa posible.
Digamos también una palabra sobre el método con que está construida la obra. Es, fundamentalmente, un método expositivo. Se parte de un estudio previo de la dimensión histórico-salvífica de la Eucaristía en la Sagrada Escritura y en los textos eucarístico-litúrgicos más primitivos de la Iglesia, para ir pasando después revista a las anáforas orientales más representativas. Unas treinta se estudian con amplitud, desde las que tienen una estructura más simple hasta las más complejas y tardías, pasando por las grandes creaciones clásicas orientales. En cada caso se procura establecer el texto más primitivo y seguro posible, así como sus diversas etapas posteriores, situándolo en un contexto histórico e ideológico que haga factible la recta interpretación de su contenido desde el ángulo propio de este estudio. Al final se recogen las conclusiones más importantes de todo el trabajo y se ofrece una serie de índices que facilitarán, sin duda, el uso de la obra como instrumento de trabajo. Tal método, es verdad, tiene el inconveniente de repetir varias veces ideas y expresiones; aporta, sin embargo, la ventaja de un acercamiento directo a cada texto individual e independientemente. Esto facilita una doble lectura de la obra: como trabajo unitario en sí mismo y como libro de consulta para una determinada anáfora o un texto concreto cualquiera.
El libro se ofrece, pues, como una aportación al conocimiento de la Eucaristía desde la tradición cristiana oriental, tratando de responder a la orientación del concilio Vaticano II, que insiste en el cultivo de la teología desde la perspectiva de la Historia de la Salvación y con espíritu ecuménico (cf. p.ej.: Opt. tot. 14.16; Saf. conc. 16; Unit. red. 9-11). Con este trabajo de exégesis se intenta ofrecer a los teólogos un material al que no siempre tienen fácil acceso y una primera interpretación del mismo que esté exenta de toda idea sistematizadora previa, externa a los mismos textos. Al benévolo y esforzado lector toca ahora juzgar si estos objetivos se han conseguido en parte grande o pequeña.
Es lógico que en una obra de estas características, lindante a la vez con terrenos tan amplios y complejos como son los de la exégesis escriturística, la teología dogmática, la investigación litúrgica y la patrística oriental, muchas de las ideas y orientaciones sean debidas a autores que trabajaron ya los distintos campos. La bibliografía que acompaña a la reflexión refleja estas deudas científicas, a veces muy grandes. No obstante, las mayores deudas, y por ello el mayor agradecimiento, son debidos a quienes me acompañaron de uno u otro modo en los días arduos del trabajo. Expresamente quiero citar aquí a S. E. Mons. Maximino Romero de Lema, secretario de la Sagrada Congregación para el Clero, y al profesor P. Louis Ligier, S.I.,de la Pontificia Universidad Gregoriana de" Roma. Ambos han contribuido, de modo diverso, pero igualmente eficaz, al nacimiento de este libro. Y quede también constancia de mi gratitud a los seminaristas del Colegio Teologado de Avila, que colaboraron en la composición de índices y corrección de pruebas, y a la Biblioteca de Autores Cristianos, que acoge esta obra en su prestigiosa colección.
| Permítaseme concluir esta presentación con las palabras finales de una de las más bellas plegarias eucarísticas de la Iglesia oriental, la anáfora bizantina de San Basilio: "Que en esto como en todo sea glorificado y ensalzado, alabado, y bendecido, y santificado tu santísimo, glorioso y bendito Nombre con Jesucristo y el Espíritu Santo."
Avila, 18 de marzo de 1983, fiesta de San Cirilo de Jerusalén.
1. La Eucaristía en el Nuevo Testamento.
L
a presencia, en muchas anáforas orientales, de una proclamación de los acontecimientos salvadores de la redención conseguida por Cristo, no ha surgido por generación espontánea ni se debe sólo a la creatividad litúrgica de la Iglesia, sino que intenta ser expresión, siempre fiel al espíritu y muchas veces hasta a la letra, del acontecimiento básico o fundamental de que han nacido: la cena del Señor. Esta es la razón por la cual el itinerario de nuestra investigación comienza por un estudio de la última cena de Jesús a partir de los testimonios que de ella poseemos en el NT.Él objeto primario de este capítulo no es, sin embargo, una investigación a fondo del origen y desarrollo de los hechos históricos que están en la base de los testimonios neotestamentarios. Teniendo en cuenta las investigaciones hechas en este campo, nuestra labor se centra principalmente en aquellos puntos que permiten esclarecer, ya desde el principio, las relaciones Eucaristía-Historia de la Salvación, y que serán desarrollados después por las plegarias eucarísticas de la liturgia oriental, verdadero campo de esta investigación.
En consecuencia, se ordena el presente capítulo de la manera siguiente: tras un repaso a la situación actual acerca de la investigación exegética de los relatos eucarísticos neotestamentarios, se intenta establecer un mínimo de datos que podemos considerar como primeros o primitivos, es decir, cuya historicidad está asegurada. A continuación, y procurando guardar siempre las cautelas que exige la actual problemática en este campo, llegamos a focalizar el contenido histórico-salvífico de la Eucaristía neotestamentaria en torno a cuatro grandes temas teológicos cardinales: el banquete escatológico, la acción de gracias, la nueva alianza y el memorial de la muerte del Señor.
En un reciente artículo que intenta establecer el punto de la cuestión sobre la situación actual de las investigaciones acerca del origen de la plegaria eucarística, L. Ligier señala como causas principales de la diversidad de opiniones que reina en este terreno la ausencia de documentos litúrgicos claros anteriores a la anáfora para la consagración de un obispo de la Tradición Apostólica y la discusión exegética, histórica y litúrgica en torno a los textos neotestamentarios que nos narran la cena del Señor1. En este mismo artículo señala el autor que los problemas exegéticos previos pueden reducirse a dos: el carácter pascual o no de la última cena y la cuestión de saber si el relato de la institución nos ha sido transmitido por tradición litúrgica o por la vía común. Dado el carácter de encuesta teológica que este trabajo quiere tener, habríamos de añadir aún un tercer problema a esta enumeración: el del contenido teológico primero de la cena de Jesús, es decir, su dimensión como memorial de la muerte del Señor y como banquete que instituye una comunidad en la que el Señor está presente, y cuya orientación queda marcada hacia la esperanza escatológica del banquete celeste y definitivo.2
La imagen que ofrece la actual investigación en este campo es la de un callejón sin fácil salida 3. Nos limitamos, pues, a exponer el estado de la cuestión y a establecer el punto de partida que posibilita científicamente nuestro trabajo ulterior.
Los textos que en el NT nos dan directamente noticia sobre la Eucaristía pueden distribuirse en tres grupos: la promesa de la Eucaristía en el discurso que sigue a la multiplicación de los panes en el evangelio de San Juan (Jn 6:51-63), las alusiones más o menos claras a la celebración eucarística entre las primeras comunidades cristianas (1 Cor 10:16-21; Hech 2:42-46; 16:34; 20:7-11; 27:33-36) y las narraciones de la institución eucarística en la última cena (1 Cor 11:23-26; Me 14-22-24; Mt 26:26-28; Lc 22:15-20). Centramos nuestro trabajo en estos últimos testimonios, añadiendo, a lo largo de la exposición, las complementaciones que los restantes ofrecen.
Desde un punto de vista meramente literario-documental, el documento más antiguo llegado a nuestras manos es el de 1 Cor 11, escrito hacia los años cincuenta de nuestra era. Más difícil de precisar es cuál de los documentos nos ha transmitido la narración más cercana a Jesús. J. Jeremías, basándose en los semitismos que se encuentran en la narración de Me, se decide por este texto, del cual afirma que nos ha legado una tradición semítica que podría hacerse llegar a la primera década tras la muerte de Jesús4. H. Schürmann, tras un largo análisis del texto de Le, estima que en su narración de la institución se habría conservado la tradición más cercana a los acontecimientos.5 Por su parte, P. Neuenzeit defiende que es Pablo quien nos ha conservado la tradición más primitiva.6
En general, con más o menos variaciones, se admite que la narración de Mt es una reelaboración de Me y que las de Lc y 1 Cor 11 se conectan ambas en una tradición común.7
Desde la perspectiva en que nuestro trabajo se sitúa, no interesa hacer ahora un estudio detallado de las diferencias existentes entre las distintas versiones de la institución eucarística en el NT.8 Como preparación a un estudio sobre el contenido histórico-salvífico de la plegaria eucarística, tiene más interés recoger algunas observaciones de conjunto, centrándonos, sobre todo, en la triple cuestión planteada al principio como condicionante de la investigación de los orígenes de la plegaria eucarística: la cuestión histórica, teológica y litúrgica de las narraciones de la institución.
Respecto al problema histórico de si la última cena de Jesús fue o no una celebración pascual, no se ha llegado a un
acuerdo. La importancia de esta determinación por lo que a nosotros afecta viene dada por el hecho comprobado de que la celebración doméstica judía de la Pascua tiene un claro carácter de memorial cúltico.9 El que Jesús hubiese sustituido el memorial pascual de la liberación de Egipto (cf. Ex 12:14; Dt 16:3; Sal 111:3) por el nuevo memorial de su muerte y resurrección liberadoras, situaría, iluminadoramente, la cena de Jesús en el centro de la Historia de la Salvación.10 Todo esto se acentúa si tenemos en cuenta los contenidos concretos de que la fiesta de la Pascua estaba revestida en el período neotestamentario.En efecto, "la literatura intertestamentaria y rabínica es testigo del puesto central que ocupa la celebración pascual en la mentalidad judía. Identifican la noche de la comida pascual con el aniversario de la creación del mundo, la circuncisión de Abraham, el sacrificio de Isaac, la entrada de Israel en Egipto y la salida de José fuera de la prisión. Piensan que ésta será también la noche en que habrán de ocurrir los acontecimientos salvadores que aún se esperan: el nuevo éxodo de la cautividad, la aparición del Mesías, la venida de Moisés y Elías, la resurrección de los patriarcas y el fin del mundo. La asociación de todas estas intervenciones salvadoras de Dios, pasadas y futuras, con la noche pascual sugiere que ésta es la celebración de la salvación divina para los judíos. También sugiere cómo la fiesta puede ser considerada no sólo como un "memorial" de su pasado para el pueblo, "sino también como una manera de recordar a Dios sus promesas. Pues aquella noche fue "noche de guardia para Yahveh para sacarlos de la tierra de Egipto, esta misma noche será la noche de guardia en honor de Yahveh para todos los hijos de Israel por todas las generaciones." (Ex 12:42).
Estas razones han conducido a no pocos exegetas a buscar toda una serie de argumentos para mostrar, a pesar de todas las dificultades de cronología, y especialmente la discordancia entre Jn y los sinópticos en este punto, que ciertamente Jesús celebró la Pascua en su última cena.12 Sin embargo, la imposibilidad de llegar a una clara demostración del hecho ha conducido a disminuir la importancia teológica de esta cuestión. Hoy se tiende entre los exegetas a admitir simplemente un "ambiente o atmósfera pascual."13 Especialmente los liturgistas se han independizado del problema,14 así como procuran evitar toda identificación de la cena de Jesús con cualquier otro tipo de comida festiva judía concreta más o menos conocida.15 En general, limitan su punto de partida, al buscar los orígenes formales de la plegaria eucarística, al ritual de las comidas festivas o solemnes de los judíos, sin predeterminar un tipo concreto y exclusivo.16
El segundo problema que nos plantean las narraciones de la institución eucarística, tomadas en su conjunto, es el de su contenido y significado teológico. En las distintas tradiciones neotestamentarias de la cena de Jesús que hasta nosotros han llegado, se presenta ésta con un doble significado: el de una comida memorial (conmemorativa de la muerte redentora de Jesús) y el de una comida de la comunidad cristiana en la alegría de la espera y realización del definitivo banquete escatológico. La característica de memorial de la muerte del Señor aparece con más claridad en las palabras explicativas de las narraciones de la institución eucarística; la comida en alegría escatológica, sin referencia a la muerte del Señor, al menos directa, se pone de relieve, sobre todo, en las narraciones sobre la vida de la primera comunidad cristiana en Hech (especialmente en Hech 2:42-46). Por otro lado, como estas dos dimensiones aparecen estrechamente unidas en los relatos de la institución, los exegetas se han planteado también el problema de cuándo y cómo estas dos tradiciones se han conjuntado.17
Los intentos hechos hasta ahora para describir el nacimiento y conjunción de este doble contenido teológico de la Eucaristía en el NT han terminado prácticamente en el fracaso.18 La necesidad de acudir a más o menos hipotéticas reconstrucciones históricas para justificar sus aserciones, ha hecho que la tesis del doble origen de la celebración eucarística, con todos sus diversos matices en cada autor, haya sido prácticamente abandonada.19 El nuevo camino emprendido hoy por los exegetas es, más bien, una solución de compromiso. Partiendo del hecho de que todas las narraciones de la institución contienen el doble motivo de referencia memorial a la muerte del Señor y de alegría escatológica, se intenta una aclaración de cómo estas dos tradiciones, que no siempre habrían estado unidas en la comunidad palestinense primitiva aunque tengan un origen remoto común, se han conjuntado en las narraciones de la institución que han llegado hasta nosotros.20 W. Marxsen es el que ha desarrollado esta línea hasta sus últimas consecuencias. No existe, según él, un doble contenido teológico en la narración de la institución, y, por tanto, tampoco dos diversas tradiciones. Existe una realidad comunicada por Jesús, que ha sido interpretada, a lo largo de la historia de la evolución de la cena del Señor, primero en un sentido predominantemente escatológico, después en un sentido con preferencia anamnético. Ambas interpretaciones no son tan distintas entre sí, sino, más bien, interpretaciones discontinuas de la permanente realidad de Jesús a lo largo del tiempo.21
Vengamos por fin a presentar la situación en este tercer campo discutido. La posición más frecuente de los exegetas actuales es la de que los relatos institucionales tienen un origen litúrgico.22 Sin embargo, no está siempre claro lo que se entiende por "origen" o "matiz" litúrgico. Parece que se deba hablar, según estos autores, al menos de huellas de recitación litúrgica.23 H. Schürmann se muestra crítico con estas afirmaciones, negando la posibilidad de probar que en las narraciones evangélicas de la institución se encuentren huellas de una hipotética recitación litúrgica de toda la narración institucional o, siquiera, de las palabras explicativas sobre el pan y el cáliz. Según él, no se puede probar convincentemente que se trate de fórmulas litúrgicas; a lo más, se puede sospechar, con cierto fundamento, que las costumbres de la celebración litúrgica eucarística de las primeras comunidades, como también su modo de pensar sobre la Eucaristía, hayan dejado algunas huellas en las narraciones que han llegado hasta nosotros a través del NT.24
En este caso son útiles los consejos de L. Ligier, que pone en guardia ante el doble peligro existente: atribuyendo a estos relatos un origen litúrgico, se puede tanto vaciarlos de su valor histórico como subrayar su importancia tradicional.25 En general, parece poder afirmarse que en las narraciones neotestamentarias de la institución eucarística se perciben algunas influencias de la liturgia judía de la Pascua y de las comidas solemnes; probablemente, a través de la asunción de elementos de estas liturgias por la Iglesia primitiva; no parece posible excluir absolutamente huellas o influjos litúrgicos en el mismo texto de la institución. De aquí, sin embargo, no puede pasarse a hablar de una transmisión litúrgica de los textos de la institución, pues las leyes de este tipo de transmisión en el NT nos son desconocidas al no tener más puntos de referencia que el de la Eucaristía y, quizá, el de la institución del bautismo (cf. Mt 28:18-20).26
Sobre la base de los estudios hasta aquí relacionados sobre la Eucaristía, intentamos ahora un punto de partida para el análisis subsiguiente de las plegarias eucarísticas. Quede nuevamente sentado que no se trata de establecer una serie de hipótesis sobre la evolución de la Eucaristía a partir de los tiempos de Jesús. La intención es, más bien, la de poner de relieve su significado histórico-salvífico y los temas teológicos a él anejos tal y como se encuentran en el NT; temas que después serán desarrollados en la plegaria eucarística.
Para ello hemos de partir del carácter propio de las narraciones de la cena del Señor en los escritos neotestamentarios. Estas narraciones no nos proporcionan una crónica puramente histórica de los acontecimientos de aquella noche, redactada por un historiador con mentalidad moderna. Tampoco deben considerarse como una pura "creación" literaria de la comunidad cristiana sin más, como si ella hubiese creado libremente, ya desde el primer momento, el ritual de la cena del Señor, elaborando en entera libertad el relato de la cena, como una leyenda etiológica para el culto. "Las narraciones de la última cena en los cuatro evangelios, tal y como hasta nosotros han llegado, pueden considerarse como el resultado de un proceso vivo de tradición."27
En cuanto al carácter litúrgico de los textos, prescindimos positivamente del hecho de que pueda tratarse de formularios litúrgicos, aunque parece claro que hayan sido influenciados en su formulación actual por las costumbres litúrgicas de las primeras comunidades que celebraban la Eucaristía y por su modo de pensar acerca de ella.28 Prescindimos, por tanto, de caracterizar estas narraciones con cualquier nombre, como "Kultbericht," "átiologische Kultlegende" e incluso "agenda."29
En consecuencia, debemos partir de la posibilidad de que en estos textos existe un núcleo que remonta hasta Jesús, aunque no podamos individuarlo concretamente, ni sea esto absolutamente necesario para garantizar la fidelidad de la Iglesia al diseño de Jesús. En efecto, "cada vez se hace más evidente que está totalmente fuera de nuestro alcance un texto primitivo satisfactorio que nos diera las palabras reales empleadas por Jesús en la última cena,"30 pero "el núcleo común de la tradición narrativa de la cena del Señor —lo que Jesús dijo en la última cena— nos ha sido preservado en una forma digna de confianza."31 Esto significa que, al menos, los temas teológicos fundamentales han de ser atribuidos a Jesús, si bien su elaboración y presentación actual puede deberse a diversas causas y necesidades de la comunidad cristiana.
Prescindiendo, pues, deliberadamente de toda determinación literaria, podemos decir que estamos frente a unas narraciones de la cena de Jesús construidas a partir de un núcleo histórico y moduladas bajo la experiencia pascual de las primeras comunidades cristianas (experiencia vital de fe, experiencia litúrgica, necesidades de expresión doctrinal de esta experiencia).
Según esto, los datos fundamentales que parecen estar en la base de todas las narraciones neotestamentarias de la cena y que deben ser tenidos en cuenta como punto de partida para una comprensión en profundidad de la Eucaristía, aunque no podamos comprobarlos todos ellos históricamente, serían los siguientes: Jesús ha celebrado, poco antes de su muerte, una comida que revistió caracteres de solemnidad.32 En el transcurso de esa comida, probablemente antes de empezar, Jesús ha tomado pan, ha pronunciado una bendición y lo ha repartido entre sus discípulos, añadiendo unas palabras explicativas. En esa misma comida, probablemente después de terminar, Jesús ha tomado una copa con vino, ha pronunciado una bendición y lo ha pasado a sus discípulos para que bebiesen de ella, añadiendo unas palabras explicativas. De alguna manera, Jesús ha dado a entender que los discípulos debían repetir "esto" "en memorial suyo." Los discípulos han comido de este pan y bebido de este vino.33
Lo primero que nos encontramos en todos los testimonios es que la institución eucarística está situada en el contexto de una comida o, mejor, de un banquete, palabra que en castellano expresa mejor el sentido festivo de esta comida. Según el antiguo testimonio de Pablo, parece que, en un primer momento, la fracción del pan estuvo separada de la bendición sobre el cáliz (1 Cor 11:25: ωσαύτως και το ποτήριον μετά το δειπνήσαι); separaciσn que no aparece tan clara en Lc,34 que ha desaparecido totalmente en Mc y Mt y que parece estar históricamente testificada por primera vez en los acontecimientos narrados por Pablo de la Iglesia de Corinto, donde él recomienda que, para evitar escándalos, se coma primero en casa (1 Cor 11:34; cf. v.21-22;35).
Prescindiendo de la cuestión histórico-litúrgica acerca de las relaciones comida-eucaristía y también del tema, aún no claro, de la significación del ágape en la Iglesia primitiva, basta para nuestro objetivo teológico el hecho de que se coloque el nacimiento de la institución eucarística en conexión con un banquete. Debemos, además, prescindir en este estadio de investigación de que este banquete pueda identificarse con la cena pascual o con cualquier otro tipo de cena aducida por los investigadores, limitándonos, todo lo más, a pensar en una cena judía de carácter festivo.36
J. Jeremías afirma que, para un oriental, toda comunión en la mesa es una garantía de paz, de fidelidad y de hermandad.37 A esta significación general de la comida, compartida por el pueblo israelita, se había añadido en él un profundo sentido teológico y litúrgico, que hacía de la comida un signo mesiánico de salvación. Especialmente se pone de relieve esta concepción en la predicación de los profetas, que anunciaban la participación plena en el Reino de Dios como una participación en el banquete de Yahveh. Así Is 25:6-10: "Yahveh Sebaot brindará a todos los pueblos en esta montaña un festín de pingües manjares, un festín de buenos vinos...
... Aquel día se dirá: "Este es nuestro Dios, de quien esperamos que nos salve; éste es Yahveh, en quien esperamos. Exultemos, alegrémonos, porque nos ha salvado." (cf. también, entre otros, Sal 16:11; 21:27; Is 55:1-3).
En la tradición sapiencial, el banquete de la sabiduría es presentado como un principio de restauración del ser humano y de restauración de la alianza (cf. Sal 118:103; Prov 9:1-6; Eclo 24:19-21). No olvidemos que la alianza del Sinaí se cerró también con un banquete, en que Moisés y los ancianos "comieron y bebieron" ante Yahveh (Ex 24:11).
En el judaísmo contemporáneo de Jesús, la expectación del Mesías salvador se conectaba directamente con la idea de banquete, de tal manera que la pertenencia a la comunidad de los salvados al final de los tiempos encuentra su coronación en la común comida con el Mesías 38; esta comida escatológico-mesiánica es ya simbolizada por las comidas rituales, que son como un reflejo y una anticipación de ella.39
Jesús también describe el Reino de Dios como un banquete; banquete escatológico, cuya esperanza de participación era más viva que nunca entre sus contemporáneos (cf. Lc 14:15-24). Todos los pueblos se sentarán a la mesa en el Reino de los cielos (Mt 8:11), que es semejante a un banquete de bodas (Mt 22:1-14). En Jesús, sin embargo, este banquete del Reino no es solamente futuro, sino que ya ha comenzado; por eso, los banquetes suyos con pecadores y publícanos son presentados ya como una oferta de salvación y una seguridad de perdón (cf. Mc 2:15-17), las cuales concretizan en hechos la predicación de Jesús sobre el Reino.40
Todo este trasfondo teológico y religioso prepara el cuadro más adecuado para una comprensión de la última cena no como una comida cualquiera, sino como un signo mesiánico de salvación en relación con toda la predicación de Jesús sobre el Reino y en conexión con la imagen escatológica del banquete.
¿Cómo han expresado las narraciones evangélicas este aspecto escatológico de la Eucaristía? La respuesta se encuentra en el logion escatológico que los evangelistas refieren en conexión con la narración de la última cena: "Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios" (Mc 14:25; cf. Mt 26:29; Lc 22:16-18).
Pero ¿cuál es el significado exacto de estas palabras de Jesús? Los exegetas no están totalmente de acuerdo. Según unos, se trataría de una profecía de Jesús acerca de su muerte próxima, enmarcada en un contexto literario que podríamos definir como "discurso testamentario" o "discurso de despedida," y cuyos elementos constitutivos pueden encontrarse con bastante claridad en la versión de Lc.42 En este caso, la cena eucarística queda conectada a la vez con la próxima muerte del Señor y con el banquete del Reino, en que se consumirá el vino nuevo. Por su parte, la celebración eucarística de la Iglesia queda así referida a un pasado, la muerte del Señor, y a un futuro hacia el cual tiende, la celebración del definitivo banquete mesiánico en el Reino, ya plenamente constituido en la parusía.
Para otros exegetas, sin embargo, se trata de una formal promesa hecha por Jesús de abstenerse de una comida y bebida, como la que en aquel momento se está celebrando, hasta que se celebre la nueva en el Reino.43 Las precisiones que sobre esta interpretación hace seguidamente J. Lebeau son especialmente interesantes. Según él, el significado de estas palabras de Jesús quedaría expuesto de la siguiente manera: en el momento en que se acerca su hora, la de la inauguración de los últimos tiempos por su pasión-glorificación, Jesús declara que el uso litúrgico del vino, que el judaísmo contemporáneo asociaba a la idea de inminencia mesiánica,44 será desde ahora el signo de que la hora de la novedad escatológica y de la participación en el banquete del Mesías ha quedado efectivamente inaugurada.45 Además, el hecho de que esta promesa de abstinencia formulada por Jesús esté relacionada con la comida y el cáliz de la institución eucarística,46 implica asimismo que, para los sinópticos,47 la Eucaristía no debía recibir la plenitud de su eficacia sacramental más que del acontecimiento pascual de Cristo, condición necesaria para que pudiese ser difundido el Espíritu.48
Desde esta última perspectiva, la celebración eucarística de la Iglesia se presenta como una inauguración ya ahora, en virtud de la efusión del Espíritu, del banquete definitivo con el Señor. Es ciertamente ya un banquete del Reino; pero en un Reino que, si bien ha comenzado, todavía no está plenamente instituido, pues esto solamente acaecerá en la hora de la parusía, con su plena instauración.
La praxis litúrgica de la Iglesia expresará estos hechos, como iremos viendo en el transcurso de este trabajo, principalmente mediante la epiclesis de la plegaria eucarística.49 Aquí, por la acción de la presencia del Espíritu, se expresará el hecho de que la Eucaristía se convierte en el verdadero banquete mesiánico del Reino ya presente y actuante en la Iglesia; pero con una clara percepción de que todavía no se ha llegado a la meta final, se suplicará seguidamente que este mismo banquete del cuerpo y la sangre del Señor vaya construyendo la unidad y la perfección de la Iglesia en el transcurso de los tiempos hasta el momento definitivo de la parusía, en que se participará del banquete celeste y se conseguirá la vida eterna.
En esta perspectiva escatológica de la Eucaristía neotestamentaría se encuentra ya expresada la relación, que encontraremos después en distintas anáforas, entre la Iglesia y la Eucaristía, y que resumiremos con la conocida expresión "la Iglesia hace la Eucaristía."50 En efecto, sólo en la Iglesia, es decir, en el tiempo en que ya está constituido el Reino tras la efusión del Espíritu en Pentecostés, tiene razón de ser y encuentra su fundamento la Eucaristía.
La tensión, tan característica del tiempo salvífico de la Iglesia, entre el ya y el todavía no de la salvación queda así expresada y subrayada en el momento de la celebración eucarística, en que la Iglesia se muestra particularmente consciente de vivir una hora salvífica, el banquete del Reino, pero aún no definitiva: el banquete celeste del Reino, ya plenamente constituido en la parusía.
Entre los datos coincidentes en todas las tradiciones, y que podemos considerar como fundamentales, está el hecho de que Jesús pronunció una plegaria de bendición sobre el pan y otra, nuevamente, sobre el cáliz.51 La terminología que usan los testimonios es un poco variable: Mt y Mc usan εύλογήσας sobre el pan y εύχαριστήσας sobre el cαliz, mientras que Lc y 1 Cor 11 usan en ambos casos εύχαριστήσας. Tanto en unos como en otros testimonios se trata de la recitaciσn de una berakah, bendición o acción de gracias dirigida a Dios en admiración y alegría por las maravillas que él ha realizado. Ambas bendiciones se insertan bien en el ritual de la comida festiva judía: la bendición sobre el pan coincidiría con la breve berakah antes de comenzar propiamente la comida, mientras que la bendición sobre el cáliz tendría lugar tras la comida, en el momento de elevar el cáliz, que es llamado por eso "copa de bendición" en el tercer seder del ritual pascual. Esta última bendición (birkat ha-mazon) era de carácter más amplio y solemne. Su uso parece atestiguado en los tiempos de Jesús.52 Por otra parte, el predominio progresivo de εύχαριστεΤν sobre εύλογείν puede indicar la importancia que fue tomando en la Iglesia primitiva esta bendición sobre la del pan.53
En la mentalidad israelita, la bendición procede, en principio, de Dios. El es quien puede verdaderamente bendecir y dar la salvación y la vida, pues él es el autor de la vida, el Dios viviente.54 Así bendice, después de la creación, al hombre y a la mujer (Gen 1:28), a Noé (Gen 9:1), a Abraham (Gen 12:2.3), a David (2 Sam 7:29). En estos casos, la bendición lleva consigo una promesa de fecundidad, de larga descendencia. Esta bendición de Dios al hombre en línea descendente es el fundamento de la bendición que el hombre hace. En efecto, esta concepción de bendición se basa en la virtud que el israelita concede a la palabra, y sobre todo a la palabra de Dios, siempre creadora, siempre eficaz: Dios bendice, y con su bendición crea, da la vida, concede a los hombres y animales el poder de multiplicarse. "El resultado de todo esto es la certeza que traduce el relato sacerdotal de la creación: la Palabra de Dios intervine no simplemente en el curso de las cosas ya existentes para modificarlas Las cosas todas poseen la existencia radicalmente sólo porque una Palabra de Dios les ha dado la existencia. Y sólo son buenas en tanto que se mantienen fíeles al ser que la Palabra divina ha proyectado para ellas."55
En consecuencia, el hombre en tanto puede bendecir a otro hombre o a otros seres (nivel humano de bendición descendente) en cuanto participa de los dones que le ha comunicado el mismo Dios. Por otra parte, Dios está muy por encima de toda bendición. Nada podemos darle, todo lo tenemos participado de él. ¿Cómo se puede entonces concebir una bendición ascendente, del hombre a Dios? Precisamente en esta superioridad divina funda la Escritura este modo de bendecir: "Alabad (bendecid) a Dios, cantadle cuanto podáis,porque está muy por encima de vuestras alabanzas." (Eclo 43:33)
La bendición del hombre a Dios, ascendente, se presenta así como una respuesta del hombre a Dios en la que se mezclan admiración, acción de gracias, sentimientos de alabanza, bien por una intervención salvadora concreta de Dios, bien por las maravillas que ha hecho a lo largo de la historia del pueblo israelita, bien sencillamente porque él es grande y su gloria es digna de alabanza.56
Es mérito de J. P. Audet haber abierto el camino a una renovadora discusión sobre la bendición hebrea, poniendo de relieve una serie de constantes que se mantienen y desarrollan en ella desde su aparición en la vida corriente hasta su desarrollo posterior en el culto del AT y del judaísmo neotestamentario. Si bien es discutible la estructuración de la bendición en género literario tal y como él lo propone,57 es, sin embargo, de gran importancia el haber subrayado la motivación de la misma, que nunca falta en ninguna bendición, haciendo ver cómo toma a veces un matiz didáctico en las bendiciones cultuales al recordar los "mirabilia Dei" que Dios ha hecho en favor del pueblo. En ese sentido se puede hablar de una "anamnesis" en el corazón de la bendición judía; "anamnesis" que recorre los más maravillosos hechos de la historia de Israel y que coincide, en sus formas más características (p.ej.: en los salmos 104, 105, 106), con la historia de la salvación del pueblo israelita y del hombre. Este carácter anamnético se acentúa especialmente en la solemne bendición después de la cena, la birkat ha-mazon, y, sobre todo, en los embolismos que en determinadas fiestas y en los sábados se añadía a su tercera bendición.58
Volviendo ahora a la cena de Jesús, parece muy verosímil que Jesús haya pronunciado también estas bendiciones, siguiendo la tradición y liturgia de la comida. Este sería, pues, el significado pleno de los términos eulogesas y eujaristesas sin objeto inmediato añadido. Si tenemos en cuenta ahora la preponderancia de la birkat ha-mazon sobre la breve bendición del pan antes de la comida, es verosímil también que aquélla sea la que haya preponderado en la práctica de la Iglesia primitiva e incluso haya hecho prevalecer el término eucaristía, que al final designará la misa entera.59
En cuanto al posible contenido de las bendiciones de Jesús, especialmente de la bendición sobre el cáliz, éste no tenía por qué atenerse a fórmulas concretas, dada la libertad existente para formular estas bendiciones. No es, sin embargo, demasiado aventurado pensar que los grandes temas de estas bendiciones hubiesen formado parte del material usado por él; podemos suponer, por tanto, que Jesús haya dado gracias a Dios recordando las maravillas de la Historia de la Salvación a través de sus grandes momentos, narrados en el AT. Por otra parte, los temas de acción de gracias por la bondad de Dios manifestada en la creación a favor del hombre, por la tierra prometida, la alianza y la ley, por Jerusalén, la salvación del pueblo en pasadas ocasiones y la definitiva salvación futura, pertenecen a las constantes de la birkat ha-mazon de todos los tiempos, sobre todo completada con sus embolismos festivos. No es difícil suponer, a la vez, que Jesús haya dado gracias también por las maravillas de Dios realizadas a lo largo de su vida y su obra, dando a todo el AT una proyección nueva en orden a su persona y su misión. Esta suposición parece viable si tenemos en cuenta el estilo de bendición de Jesús (cf. Mt 11:25-27 par), su estilo de orar (Mt 6:9-13 par) y su modo de predicar (cf. Lc 4:16-21). En todo caso, esta proyección del AT hacia su persona aparece inmediatamente en la primera comunidad cristiana (cf. Lc 24:13-35; especialmente el verso 25; así también todos los discursos misioneros de Hech dirigidos a judíos).60
Sea lo que fuere de estas suposiciones, parece claro que la bendición judía, con su carácter anamnético, daba ocasión para situar la Eucaristía en su contexto histórico-salvífico y, como veremos inmediatamente al estudiar el tema del memorial, para hacer de ella la celebración y actualización más plena de la Historia de la Salvación. Este ha sido, al menos, el camino seguido por la Iglesia desde el principio, como se verá más adelante, materializado en la especial estructura y contenido de las plegarias eucarísticas.
Los exegetas actuales consideran una tarea difícil la de reconstruir todas las palabras originales de Jesús ("ipsissima verba") según su tenor histórico a partir de las tradiciones diversas que nos ha transmitido el relato de la cena del Señor. Sin embargo, parece posible encontrar un camino que nos abra el paso al contenido y significado de los gestos y palabras de Jesús, que es lo verdaderamente importante en nuestro trabajo. En este sentido hacemos aquí uso del original estudio de H. Schürmann, quien busca una clave de interpretación de las palabras explicativas de Jesús en la última cena a partir de un análisis de las acciones del mismo Jesús en ella, que nos han sido conservadas por todos los testimonios neotestamentarios de la institución.61 El camino seguido por este autor nos puede proporcionar un buen instrumento para descubrir el significado salvífico de los hechos y palabras de Jesús en la cena.
Partiendo del texto más antiguo, el transmitido por 1 Cor 11, Schürmann establece que "la doble acción eucarística de Jesús al término de la "cena del Señor" que celebraba el cristianismo primitivo tiene... su origen... en las acciones realizadas por Jesús con ocasión de su última cena; en ella los dos gestos —la "fracción del pan," que iniciaba la comida, y la "eucaristía del cáliz," que la concluía— fueron, después de Pascua, conjuntados en una doble acción y celebrados teniendo en cuenta su importancia y su significado."62
Prescindiendo de que estos dos hechos concretos se remonten ciertamente hasta el mismo Jesús, encontraríamos en esta doble acción dos diferencias que el mismo Jesús habría introducido en la práctica judía o que como tales habrían sido interpretados por la comunidad cristiana: en correspondencia con el ofrecimiento del pan, Jesús dio de beber de su copa a todos los comensales, mientras que lo normal era que cada uno bebiese de su propia copa; además, Jesús añadió unas palabras explicativas al ofrecimiento del pan y del cáliz, lo cual es también completamente nuevo.
¿Qué significado pueden tener estas acciones? "La plegaria (sobre el pan) era considerada, en cierto modo, como vehículo de bendición, y, en consecuencia, el trozo de pan ofrecido simbólicamente era considerado como salvífico."63 En cuanto al dar de beber de su mismo cáliz a los comensales, "refleja una costumbre judía no habitual: el padre de familia podía "enviar" su copa a un comensal de categoría o a un miembro de la familia que no tomara parte en la comida y se hallara en un lugar cercano... Era un enérgico deseo de bendición, del que se podía esperar múltiples efectos benéficos... Es de suponer, por tanto, que Jesús, al ofrecer el cáliz (y dígase lo mismo del pan), quiso —digámoslo con prudencia— significar o comunicar una bendición"64.
Más difícil resulta ahora determinar en concreto el significado de estos dos gestos en el contexto de la cena de Jesús. Para ello pueden ayudar las palabras que en estas narraciones hagan alusión a estas acciones. En primer lugar, parece muy posible que la alusión significativa de Jesús a un don de bendición se refiera precisamente al don salvífico escatológico. Así lo apoya el hecho de que este don sea un tema central en la predicación de Jesús (cf. tan sólo Mc 1:15),65 el cual, además, ha presentado este don, frecuentemente, bajo la imagen del banquete, como hemos visto más atrás. Por otra parte, el tema de la "nueva alianza" escatológica no era ajeno a los banquetes de judíos contemporáneos de Jesús,66 y también aparece aludido en las palabras del cáliz de Lc y 1 Cor 11 (donde se hace referencia a Jer 31:31-34, y quizá también a la alianza que será establecida mediante el Siervo de Yahveh, según Is 42:6; 49:8), así como en las palabras del cáliz de Mc y Mt (aunque aquí se pone más en relación con Ex 24:8, alusión cúltico-sacrificial que parece más tardía que la de Jer 31).67
Estos gestos de Jesús al ofrecer el pan y el cáliz sugieren, además, una relación con su propia muerte. La relación aparece más clara, sobre todo, si tenemos en cuenta el carácter de banquete de despedida de la última cena y el anuncio de su muerte por el mismo Jesús tal como viene manifestado en Lc 22:16-18 y Mc 14:15. "Hay que tener en cuenta la posibilidad de que el ofrecimiento de un "don salvífico" — en una comida celebrada claramente como banquete de despedida — otorgue un don de despedida, comunique la bendición de la muerte inminente e ilumine, a la vez, el sentido de esa muerte; la irrupción del esjaton debe acompañar al pensamiento de la muerte de Jesús. De hecho, el antiguo relato pascual de Lc. 22:14-16.18 hace pronunciar a Jesús, como ultima vox, una doble profecía de su muerte (...) con perspectivas escatológicas; de modo que, también en armonía con esta antigua tradición, el don de bendición que ofrece puede ser puesto en relación con la muerte inminente. A pesar de todas sus diferencias, las palabras de la cena que nos han sido transmitidas están, asimismo, de acuerdo en afirmar que Jesús relacionó el pan ofrecido con su "cuerpo" (Lc: "entregado"; Lc. y 1 Cor: "por vosotros"), y el cáliz ofrecido, con su muerte ("sangre"), la cual es considerada, unánimemente, como muerte salvífica (Lc y 1 Cor: "por vosotros"; Mc y Mt: "por los muchos") y además, en los cuatro relatos, como fundamento de una alianza."68
A partir de estos posibles rasgos comunes, se pueden apreciar, en las distintas tradiciones, distintos modos de presentar el contenido de las palabras y gestos de Jesús. Así, Lc. y, menos consecuentemente, Pablo presentan la muerte de Jesús, a la luz de Is 53, como el martirio sustitutivo del Siervo de Yahveh, mientras que en Me y Mt aparece, más bien, a la luz del sacrificio cultual de Ex 24:8. En estas dos últimas narraciones se observa, además, una aproximación, que no parece primitiva, del "cuerpo" y la "sangre" como elementos de sacrificio, en el sentido de la concepción sacrificial tradicional. Este primer esbozo de interpretación teológica, o, si se quiere, comprensión en profundidad de los gestos y palabras eucarísticas de Jesús, será continuado en escritos posteriores del NT, presentando la muerte de Jesús como el definitivo sacrificio que anula todos los de la antigua ley (Heb 9-10), mientras que Juan presentará el misterio del pan de vida como un aspecto del mismo misterio de la Encarnación, haciendo recaer el énfasis no tanto en el carácter de ofrenda cuanto en el don de sí hecho por amor para la vida del mundo.69 Según Schürmann, la base de esta comprensión en profundidad, que seguirá la tradición de la Iglesia y que veremos reflejada en las distintas anáforas, se halla ya en los hechos y palabras de Jesús. La afirmación es válida, aunque no se logren individuar de un modo claro esos hechos y palabras y la intención de Jesús sobre ellos mediante un procedimiento analítico que nos lo demuestre "histórico-científicamente": "En medio de todas sus diferencias, las palabras de la cena afirman unánimemente que quien reciba el pan y el cáliz que Jesús ofrece como alimento y bebida de salvación, será partícipe de la virtud expiatoria de la muerte (sacrificial) del mismo Jesús y de los dones de la nueva alianza." 70
De todo lo dicho podríamos deducir que Jesús habría actuado en la línea de los gestos o signos proféticos (ót) del AT, convirtiendo la habitual "fracción del pan" al principio de la comida y el no tan habitual ofrecimiento del cáliz al final en una acción significativa y anticipatoria de su muerte.71 De esta manera, "el pan y el cáliz no son ofrecidos como alimento y bebida para presentar la muerte de Jesús —sólo simbólicamente (sacramentum tantum)— como salvífica, sino porque el pan y el cáliz son dones salvíficos. Las palabras explicativas que los acompañan no intentan simplemente identificar lo ofrecido con el "cuerpo" y la "sangre" (sacramentum et res), sino, sobre todo, caracterizarlos —de distinta manera— como dones salvíficos (res sacramenté)." 72
En conclusión, se puede decir que hay tres temas básicos en las narraciones de la institución eucarística, los cuales, de una manera más o menos directa, tienen su fundamento en Jesús, o al menos como tales han sido aceptados por la primera Iglesia: la participación en las bendiciones mesiánicas a través del pan y del vino, la instauración de una nueva alianza (ambos temas encierran el carácter escatológico de la Eucaristía) y el carácter de expiación vicaria de la muerte de Jesús, cuya dimensión sacrificial es ya iniciada en la redacción de Mc (Mt), aunque esta síntesis sacrificial tenga literariamente un carácter secundario.
Interesa aquí subrayar de un modo especial que la instauración de una nueva alianza por Jesús no queda reducida a un mero gesto profético, sino que tiene, además un claro matiz institucional. En efecto, el gesto de Jesús instituye una nueva relación: primero, entre él y sus discípulos; después, y como consecuencia, entre él y la comunidad participante en la Eucaristía, comunidad que es nueva, pues se fundamenta en la nueva alianza instituida. Este aspecto pone de relieve cómo la comunidad de la nueva alianza, la Iglesia, encuentra su fundamento en la Eucaristía73.
La Eucaristía se nos presenta así, ya desde el principio, como un gesto y palabra profético e institucional de Jesús, en donde culmina y se centra toda la Historia de la Salvación: la alianza antigua es sustituida por la institución de una alianza nueva, con la que ya se inician los tiempos de las promesas mesiánicas escatológicas (cf. Jer 31:31); esto se realiza en virtud de la muerte de Jesús, cuyo primer efecto es la expiación por los pecados, signo evidente de que han llegado los tiempos mesiánicos74.
d) El Memorial de la Muerte del Señor.
Desde una perspectiva histórico-salvífica como la que en este análisis se intenta siempre tener en cuenta, es clave, para una interpretación de la Eucaristía, el mandato memorial de Jesús tal y como lo encontramos en Lc 22:19 y 1 Cor 11:24.25 (26) 75.
El mandato memorial se encuentra expresado una vez en Lc., precisamente tras la distribución del pan, y dos veces en 1 Cor, tras la distribución del pan y del vino. Si aceptamos la opinión de Schürmann de que, en el caso de Lc., estamos ante una tradición prelucana, y observamos el estrecho parentesco de la formulación paulina con aquélla, hemos de deducir que 1 Cor refiere, asimismo, una tradición prepaulina. Podemos, pues, pensar que el mandato deriva en su sustancia del mismo Jesús76. Un carácter distinto tiene la ampliación paulina de 1 Cor 11,26, que debe, más bien, considerarse como una "paráfrasis targúmica" del mandato memorial de Jesús77, aun admitiendo que sea prepaulina.
Comencemos, pues, por las palabras del mandato de Jesús: τούτο ποιείτε εις την έμήν άνάμνησιν, “haced esto en memorial de mν." Lo que Jesús manda hacer, τούτο, es no toda la comida ni sólo las palabras que él dijo o los gestos que él realizó, sino propiamente la acción y las palabras eucarísticas: tomar el pan (el vino), partir el pan, bendecir, repartirlos; es decir, lo que se debe hacer es celebrar la Eucaristía.78
La expresión τούτο ποιείτε debe interpretarse como “repetid esto,” “haced esto siempre.” No es necesario dar al verbo ποιεΐν un carαcter sacrificial o cúltico, como el que en algunos casos toma en conexión con el culto en el mundo helenístico.79
Los discípulos deben repetir los gestos y palabras de la celebración eucarística: ε’ίς την έμήν άνάμνησιν. El pronombre personal έμήν equivale a un genitivo objetivo: en memorial "de mí"80. Pero lo que realmente suscita dificultades es la interpretación del término άνάμνησις.
Los exegetas actualmente no aceptan que la clave de interpretación se encuentre en el mundo helenístico, cultual o no.81 Tampoco pueden invocarse como ayudas de interpretación otros textos paulinos, pues en ellos, fuera de este pasaje eucarístico, no se vuelve a encontrar la palabra.82 Ni ofrece una solución satisfactoria el estudio del término en los LXX, donde sólo aparece en cinco pasajes, y con un significado flexible y demasiado ambiguo para permitir desde aquí una interpretación en el NT.83 Actualmente, los exegetas, dado el contexto bendicional en que este término está situado en la cena del Señor, se inclinan a interpretarlo a partir de la tradición veterotestamentaria del memorial (en hebreo zikkaron).84.
En efecto, la noción de "recuerdo," "recordar" (raíz hebrea zkr), ha surgido del concepto que el israelita tiene de la historia como lugar de la acción de Dios y del contexto dialogal de sus relaciones con el mismo Dios. Las bendiciones de Dios para con el ser humano han sido posibles porque Dios "se ha acordado" de él; y viceversa, ante el recuerdo de esta bondad surge de lo profundo del hombre la bendición. Es decir, el intercambio de bendiciones (Dios-hombre, hombre-Dios) se desarrolla en un contexto de mutuo recuerdo. No es de extrañar, pues, que la noción de "recuerdo," "memoria," "memorial," tenga un amplio desarrollo en Israel y nos haya sido transmitida en la Sagrada Escritura, que expresa esta realidad con palabras tomadas, como hemos dicho, de la raíz zkr.
El espectro de significaciones de este verbo y sus palabras derivadas es, por tanto, muy amplio en el AT: un simple recuerdo subjetivo; un pensar en algo conocido ya pasado, algo material, o el pecado, o las bendiciones de Dios; por parte de Dios, un acordarse del ser humano, de su alianza con el pueblo; un acordarse con amor, con absoluta fidelidad; por parte del ser humano un acordarse de Dios e invocarlo; o recordar simplemente algo a alguien; p.ej.: a Dios, las necesidades de su pueblo etc. 85
Evidentemente, en no pocos de estos textos se trata de un mero recuerdo subjetivo; sin embargo, no se agota aquí la riqueza de esta categoría religiosa, como vamos a ver repasando las significaciones de tres términos que merecen particularmente nuestra atención.
En primer lugar, el término zekher, que tiene un significado débil predominantemente e indica un recuerdo subjetivo de alguien (cf., p.ej., Ex 17:14; Sal 9:7; 34:17; 109:15; Is 26:14), aunque en algún caso puede tomar un sentido objetivo, como en la revelación a Moisés (cf. Ex 3:15), donde el nombre de Yahveh es presentado ante el pueblo como memorial para el pueblo.
El término zkkaron, en segundo lugar, se usa para denominar cosas, escritos, sonidos, gestos o celebraciones elegidos por Dios para recordar objetivamente otra realidad (cf., p.ej., Ex 28:12; 28:29; 30::16; Núm 5:15-18; 10:1-10; Jos 4:7). Este término puede significar también una celebración entera que objetiva un recuerdo pasado. Así son denominadas, sobre todo, las fiestas de la Pascua y de los Ázimos (cf. Ex 13:3-9; 12:14). Y es precisamente en esta fiesta de Pascua en la que el memorial judío se concretiza en su acepción más intensiva: "Mediante diversos signos mnemónicos, y especialmente mediante las grandes fiestas, con sus gestos rituales y su acompañamiento de palabras, salmos e himnos, Israel "se acordaba" de Yahveh. Al mismo tiempo, las ceremonias religiosas, con sus plegarias, sacrificios, resonar de trompetas, etc., debían recordar a Yahveh sus prodigios de los primeros tiempos y hacerle "acordarse" nuevamente de su pueblo."84
De aquí que poco a poco se vaya haciendo claro en la reflexión judía que este memorial hace presente el acontecimiento por él evocado. A este significado del memorial será particularmente sensible el judaísmo posterior: "En cada época, cada uno está obligado a considerarse como si él hubiese salido de Egipto. Porque se dice (Ex 13:8): 'Ese día tú debes explicarle a tu hijo: con este fin ha actuado Yahveh en favor mío cuando salí de Egipto'. No sólo nuestros padres fueron redimidos por el Dios santo —bendito sea—, sino también nosotros con ellos, como dice la Escritura (Dt 6:23); y a nosotros nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres. Por eso debemos cantarle himnos, alabarle, glorificarle..."87 El término azkarah, en fin, aparece en Lev 2:1-2 designando una ofrenda hecha a Dios le~azkaratba (LXX: μνημόσυνου αυτής), es decir, para que Dios “se acuerde de ella.” Se trata del conocido rito de la “oblaciσn de flor de harina," oblación presentada ante Dios para que él se acuerde de ella, y recordándola la acepte como un verdadero holocausto. En esta perspectiva, probable interpretación del texto señalado, la "oblación de flor de harina" sería un primer tipo de sacrificio sacramental.88
En efecto, la noción de "recuerdo," "recordar" (raíz hebrea zkr), ha surgido del concepto que el israelita tiene de la historia como lugar de la acción de Dios y del contexto dialogal de sus relaciones con el mismo Dios. Las bendiciones de Dios para con el hombre han sido posibles porque Dios "se ha acordado" de él; y viceversa, ante el recuerdo de esta bondad surge de lo profundo del hombre la bendición. Es decir, el intercambio de bendiciones (Dios-hombre, hombre-Dios) se desarrolla en un contexto de mutuo recuerdo. No es de extrañar, pues, que la noción de "recuerdo," "memoria."
Toda esta rica concepción del memorial veterotestamentario ha sido trasvasada al NT. Así, ya en la predicación de la primera misión cristiana, lo esencial es que los evangelizados recuerden el Evangelio, lo cual supone llevarlo a la práctica. Para Pablo como para los otros apóstoles, la predicación del mensaje de salvación consistía esencialmente en la comunicación de algo que había sucedido: la obra de Dios en Cristo.89 Según N. A. Dahl, cuando se predicaba a la comunidad ya cristiana, esta predicación no era tanto un kerigma cuanto un recuerdo del núcleo del Evangelio.90 Traer a la memoria el Evangelio y el bautismo es, en sustancia, animar a acordarse de Jesús como Salvador y Señor, y "acordarse de Jesucristo no quiere decir conservar una imagen suya en la memoria, sino dejarle formar nuestros pensamientos y nuestras acciones."91 De una manera especial se manifiesta esto en las llamadas confesiones cristológicas, en las cuales se evoca o canta a Cristo mediante una serie de proposiciones relativas que van señalando los principales acontecimientos de su vida: su nacimiento, pasión, muerte, resurrección. En muchos casos, el carácter didáctico de tales confesiones queda superado por su carácter anamnético. Se trata, más bien, de una "anamnesis de Cristo," en la cual se hace memoria de Cristo y de la salvación de Dios al modo como Israel hacía memoria de su Dios en los tiempos antiguos.92
Consecuentemente no puede extrañarnos que las categorías de "recuerdo," "memorial," hayan tenido una gran importancia en el culto de la Iglesia primitiva, y particularmente en el de la Eucaristía. En esta línea hay que interpretar, pues, el mandato de Jesús "haced esto en memorial de mí." "La conmemoración no era una cosa que sucedía esencialmente en el alma de los fieles, en su memoria subjetiva. La misma celebración: acción de gracias, sacrificio, sacramento —en griego: mjsterion—, era una conmemoración, una anamnesis de la muerte de Jesús y de su resurrección, en que la Historia de la Salvación se hacía de nuevo presente por la conmemoración sacramental."93
Según todo lo dicho, el significado de las palabras de Jesús es que los discípulos deben repetir la Eucaristía, con todo lo que ella comporta de gestos y palabras, en memorial de él, es decir, como memorial objetivo, constituido por la misma celebración, de su persona y misión. Es, por tanto, la comunidad quien celebra el memorial por mandato del Señor,94 como inmediatamente interpretará Pablo en 1 Cor 11:26. Por otra parte, se ha de admitir que, al menos directamente, no se hace aquí una referencia a la cruz de Cristo.95 Jesús manda hacer esto en memorial de él, de su persona y misión. Dicho de otro modo: por la celebración de la Eucaristía en memoria de Jesús, la celebración hace presente la persona de Cristo Salvador.
Este significado base es ahora comentado por Pablo en 1 Cor 11:26: “Por tanto, cuantas veces (οσάκις γαρ) comιis este pan y bebéis este cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que él venga."
Proclamar (καταγγέλλω), como la mayorνa de los verbos con radical αγγελ-, procede de la esfera del lenguaje sagrado,
y tiene el significado fundamental de anunciar, comunicar, proclamar. En sentido religioso, se trata siempre de una comunicación de hechos o acontecimientos en nombre de una autoridad legítima, de quien procede, en definitiva, el mensaje. Esta comunicación o anuncio se lleva a cabo por medio de la palabra hablada, y su contenido es importante en sí, especialmente para aquel a quien se dirige el mensaje.96En el NT, καταγγέλλω (seis veces en Pablo y once en Hech) tiene un predominante sent
ido sacro y es usado para designar un anuncio o proclamación solemne. Especial intensidad adquiere en los escritos de San Pablo cuando se trata de proclamar el mensaje de la salvación, es decir, la Buena Nueva o Evangelio. En la concepción paulina, en efecto, el Evangelio es "fuerza de Dios para la salvación" (Rom 1:16); el Evangelio no es palabra vacía, sino fuerza creadora, capaz de realizar lo que dice, pues proviene de Dios, que es su autor (cf. Rom 15:16; 2 Cor 11:7; 1 Tes 1:5; 2:2.8.9).97 Según esto, para San Pablo el acontecimiento salvador realizado por Cristo se hace eficazmente presente en el mensaje de salvación.Teniendo en cuenta lo dicho, el significado de καταγγέλλω en el NT, y especialmente en las cartas mayores de Pablo, puede describirse en los siguientes momentos:
Se trata de una proclamación hecha siempre al menos con palabras;
El contenido de esta proclamación o anuncio es un acontecimiento pasado, la salvación procedente de Dios con y en Jesucristo;
este acontecimiento salvador es transmitido en sus virtualidades soteriológicas a Los oyentes del mensaje en el acto de la proclamación;
También en el momento de la proclamación es Dios quien en definitiva actúa;
en consecuencia, la proclamación es un nuevo hecho salvador de Dios, o mejor, El nuevo modo de actuar eficazmente del único hecho salvador en Cristo;
por la aceptación o rechazo del mensaje acontece en el hombre el juicio de Dios.98
Todos estos momentos del significado de καταγγέλλω se dan en 1 Cor 11:26. La muerte de Cri
sto, por su proclamación en la cena del Señor, "se hace presente en toda su exigencia y validez para la comunidad y es para ella —en signo— acontecimiento revelado."99 Dicho de otra manera: en la Eucaristía, la muerte salvadora de Cristo comunica siempre nueva fuerza salvadora a la comunidad reunida para celebrarla.Notemos además que, aunque Pablo nombra sólo la muerte del Señor como objeto de la proclamación, de algún modo está también comprendida la resurrección, pues aquí se habla ¿e muerte salvadora, es decir, en espera de la definitiva manifestación escatológica, ya comenzada, del Señor. Por tanto, el contenido de la proclamación en la cena del Señor consiste en el misterio pascual, principio y fundamento de la salvación y núcleo de la historia en que ésta se desarrolla.
Al mismo tiempo, como hemos observado, la expresión "hasta que él venga" (αχρις ου έλθη) indica que el misterio pascual no se ha cumplido plenamente aún, dejando abierta la perspectiva del fin escatológico, que aún debe alcanzarse. De aquí que el memorial se prolongue en una nueva dimensión, la súplica: "Por la proclamación de la Eucaristía, mediante palabras y gestos, la Iglesia, como Cristo en la santa cena, ruega insistentemente, suplica ardientemente por el cumplimiento de la Pascua y la venida del Reino de Dios en gloria; súplica que desde el principio se expresa en la exclamación Maranatha: ¡Señor, ven!"100
En qué consistía esta proclamación es imposible decirlo con certeza. Lo único seguro es que en ella se usaba también la palabra. Aunque posible, no es absolutamente necesario suponer, sin embargo, que se recitaba ya la narración de la institución tal y como ha llegado a nosotros en alguno de los cuatro testimonios neotestamentarios.101 Podría ser, es otra posibilidad, que se tratase de una haggadah cristiana en sustitución de la haggadah pascual, al estilo del himno de Flp 2:6-11.102 Más probabilidades tiene, siempre dentro del terreno de la suposición, que se tratase de una proclamación del memorial del Señor en el contexto de una plegaria de acción de gracias, de una bendición, ya que existen testimonios judíos que evidencian esta posibilidad.103 A mi juicio, sin embargo, no es necesario limitar esta proclamación a un elemento concreto de la celebración eucarística por la Iglesia primitiva. Toda la Eucaristía, toda la celebración de la cena del Señor, es proclamación de la muerte del Señor, según la interpretación que se debe dar al "cada vez que coméis y bebéis" de San Pablo, si bien esta proclamación puede manifestarse de modo explícito en algún momento determinado de la celebración. Si aceptásemos la posibilidad, aunque es sólo una hipótesis, de que las narraciones de la cena del Señor tengan su origen, dentro de la vida de fe de la comunidad, en la celebración cristiana de la Pascua, la proclamación de la muerte del Señor habría comenzado en la haggadah cristiana, pasando simultáneamente a la acción de gracias eucarística, del mismo modo que en la Pascua judía los temas fundamentales de la haggadah son después recogidos en las bendiciones posteriores, sobre todo en la birkat ha-mazon solemne.
Nos queda por dar un último paso, que podríamos formular de la siguiente manera: la categoría de memorial y la comprensión progresiva de la cena del Señor por la Iglesia bajo la dirección del Espíritu han sido los elementos decisivos que han conducido a la plena comprensión de la Eucaristía como sacrificio. Recogiendo ahora todos los datos logrados y situándolos en una perspectiva histórica de profundización y madurez, podríamos reconstruir este proceso como sigue:104
1. En un primer momento, el valor y don salvíficos de la Eucaristía no se han puesto expresamente en conexión con el pan y el vino, sino, más bien, con la "cena del Señor" vista en su totalidad, lo cual naturalmente no excluye lo anterior.105 Esta celebración era el memorial del Kyrios, presente por ella en y a la comunidad. Tal aspecto se pone de manifiesto, sobre todo, en las primeras "comidas de la comunidad" y en la "fracción del pan," de que habla Hech 2:42.46-47a.
2. Posteriormente, cuando se tuvo una cierta distancia de la muerte y resurrección de Cristo, la reflexión cristiana se concentra en los dones salvíficos del pan y del vino, que vienen claramente identificados con el cuerpo y la sangre del Señor (acentuándose así el realismo sacramental). A través de ellos se nos comunica la salvación (cf. 1 Cor 10:16; narración paulina de la institución).106 La Eucaristía se presenta ahora como la presencialización de la salvación escatológica a través de la celebración mediante signos (pan y vino), acciones y palabras de la cena del Señor. Esta acción eucarística es el memorial del Señor que nos trae hoy la salvación escatológica. La acentuación del hoy conduce a algunas comunidades cristianas a excesos (p.ej.: Corinto), y éste es el motivo por el cual Pablo, manteniendo el doble aspecto de realismo sacramental (cf. 1 Cor 10:16; 11:27) y de realización de la salvación escatológica, sitúe la muerte del Señor en el centro de la celebración, en toda su relevancia y oriente la plena salvación escatológica hacia el futuro. La Eucaristía es así ya plenamente comprendida como el memorial de la muerte del Señor hasta su venida (1 Cor 11:26).
3. El realismo sacramental, prepaulino, puesto nuevamente de relieve por la narración paulina de la institución, que relaciona directamente los dones eucarísticos con el cuerpo y la sangre de Cristo, se hace predominante en las narraciones de Lc y Mc. En Lc, mediante los giros participales διδόμενον107 y quizá εκχυννόμενον,108 se relacionan con la entrega a la muerte del Siervo de Yahveh en la perspectiva de Is 53. Una reflexión posterior habría llevado a la narración de la institución en Me a conectar la sangre de Jesús directamente con la "sangre de la alianza" (en correspondencia con Ex 24), entendiendo así los dones eucarísticos plenamente como materia de oblación.
Naturalmente, no se trata aquí de que la Eucaristía sea un nuevo sacrificio distinto del de la cruz. Jesús murió de una vez para siempre. La categoría de memorial es decisiva para la buena comprensión de esta afirmación: la Eucaristía es sacrificio en cuanto es el memorial objetivo del sacrificio único de la cruz,109 en cuanto que presencializa el sacrificio de la cruz sacramentalmente.
4. Es posible que esta evolución terminológica sacrificial se refleje, en su último estadio neotestamentario, en la sustitución llevada a cabo por Juan (cf. Jn 6:51c-56a) del par σώμα-αΐμα por otro par, de claro sabor sacrificial, σάρξ-αΐμα,110 y se prolongue después en Ignacio de Antioquía y Justino.111
Sin duda, esta evolución fue posible a medida que la comunidad cristiana, ya sin el peligro de ser confundida con una secta judía o con un movimiento religioso helenista, fue consiguiendo la suficiente libertad para expresar sus realidades en terminología ya existente, llenándola de un nuevo contenido.
Para concluir este breve repaso de los contenidos teológicos de la Eucaristía neotestamentaria en cuanto a su aspecto histórico-salvífico, resumamos ahora las conclusiones a que hemos llegado.
En primer lugar hemos hablado de la Eucaristía como banquete escatológico. Esta dimensión de la Eucaristía se halla, sobre todo, en el logion escatológico que Jesús pronuncia en aquella ocasión. Una doble interpretación del mismo hemos estudiado: como integrado en un discurso de despedida y como expresión de una promesa de abstinencia.
Desde la perspectiva del "discurso de despedida," la celebración eucarística queda situada entre dos acontecimientos dominantes: la muerte del Señor y la definitiva celebración del banquete escatológico. De esta manera, la Eucaristía prolonga en el tiempo de la Iglesia la presencia y la acción salvadoras de Cristo, muerto y resucitado por los seres humanos, a la vez que anticipa y anuncia la salvación escatológica y definitiva.
Por otro lado, desde la perspectiva de la "promesa de abstinencia" de Jesús, la Eucaristía se presenta, ya desde ahora, como una inauguración, en virtud de la efusión del Espíritu en el tiempo pascual de la Iglesia, del banquete definitivo con el Señor; banquete que ya se realiza en el reino inaugurado, pero que aún no es el definitivo del Reino consumado. En esta última óptica se subraya más el importante papel del Espíritu en la Eucaristía: sólo con la efusión del Espíritu Santo en la Iglesia después de Pentecostés adquiere ésta su carta de naturaleza. Dicho de otro modo: sólo en la Iglesia tiene su razón de ser la Eucaristía, es la Iglesia quien hace la Eucaristía. A la vez, la celebración ya ahora del banquete mesiánico orienta a los participantes en la Eucaristía hacia los bienes mesiánicos definitivos, hacia la plena instauración del Reino ya inaugurado, estableciendo así la característica tensión de la Historia de la Salvación entre el ya y el todavía no de la salvación.
Por su parte, los temas de la Eucaristía como acción de gracias y como memorial nos han hecho descubrir en la celebración eucarística una doble dimensión histórico-salvífica. En efecto, el hecho de que esta celebración se haya expresado desde el comienzo mediante el uso de la bendición judía con su específico carácter anamnético, sitúa a la Eucaristía en un contexto histórico-salvífico propio: toda la Historia de la Salvación se concreta en su celebración, la cual, al ser celebración de un memorial objetivo, presencializa el momento salvador culminante, la muerte-glorificación del Señor, haciendo así de la Eucaristía el sacrificio de Cristo que la Iglesia ofrece.
De este modo, la celebración eucarística, en cuanto que es memoria de los acontecimientos salvíficos pasados, pone de manifiesto el contenido de la Historia de la Salvación, lo que después llamaremos su "dimensión horizontal" a lo largo del tiempo, dimensión que otros textos de la Iglesia extenderán desde la creación a la parusía y en la que la celebración del sacramento supone un hito intermedio del acontecer de la salvación a lo largo de la historia. Pero además, en cuanto que es memorial actualizador del momento cumbre de la salvación, la Eucaristía hace presente la salvación en el momento histórico concreto de su celebración, manifestando así lo que también más adelante llamaremos "dimensión vertical" de la salvación.
Finalmente, en cuanto que Jesús instaura, mediante la Eucaristía, una nueva alianza entre Dios y los seres humanos, la Eucaristía es ya participación de los beneficios de esa nueva alianza y, a la vez, fundadora de una nueva comunidad, la comunidad de la nueva alianza, con lo cual se pone de manifiesto cómo la Eucaristía hace la Iglesia.
Otros temas detectados, como la expiación vicaria de la muerte de Cristo y su dimensión sacrificial, expresados también por la Eucaristía neotestamentaria, serán asimismo recogidos por la celebración eucarística a lo largo de la vida de la Iglesia, la cual desarrollará igualmente el aspecto de presencia real de Cristo en las especies eucarísticas.
1 L. ligier, Les origines de la priere eucharistique: de la cene du Seigneur a l"Eucharistie: QLP 3 (1972) 181-182. Opino que esta compleja problemática no ha sido tenida suficientemente en cuenta a la hora de sacar conclusiones en el trabajo de J. godart (Aux origines de la célébration eucharistique: ibid., 46 [1965] 8-25.104-121), así como tampoco en la síntesis última (ibid., 51 [1970] 89-113).
2 El planteamiento más reciente de esta cuestión lo hace F. feneberg (Christliche Passafeier und Abendmahl. Eine biblisch-hermeneutische Untersuchung der neutestamentlichen Einsetzungsberichte, Munich 1971). El autor califica la pregunta sobre el carácter pascual de la cena como la "cuestión histórica," y la pregunta sobre el contenido de la misma, como la "cuestión teológica." Siguiendo esta terminología, calificaremos la pregunta sobre el carácter de las tradiciones neotestamentarias de la institución eucarística como la "cuestión litúrgica."
3 R. feneberg, Passafeier 11: "Das Bild, das sich einem unvoreingenommenen Leser bietet, ist aber verworrener ais je zuvor." Prescindimos, por otra parte, de tocar el problema textual acerca de la autenticidad del texto largo de Le. Cf. sobre el tema P. benoit, Le redi de la cene dans Le XXII, 15.20: RB 48 (1939) 357-393 Exégese et Théologie (París 1961) I 163-209; J. jeremías, The Eucharistic Words of jesús (Londres 1966) (trad. de Die AbendmahlsnOrte Jesu [Gotinga 31960], con la revisión del autor) 139-159. En contra de este autor, R. D. richardson, Supplementary Essay. A further Inquiry into Eucharistic Origines ivith special Referente to New Testament Problems, en H. lietzmann, Mass and Lortfs Supper (Leiden 1979) p. 225-286; véase la apreciación que hace J. jeremías sobre este estudio en Eucharistic Words 159 nt.5 y mi amplia recensión crítica en "Diálogo Ecuménico" (1982) 29-46. Cf., además, H. schürmann, Lk 22,19b-20 ais Ursprüngüche Textüberlieferung: Bib 32 (1951) 354-392. 522-541.
4 Eucharistic Words 189; cf. p.160-191.
5 Der Einsetungsbericht Lk 22,19-20. II. Teil einer quellenkritischen Untersuchung des ÍHkanischen Abendmahlsberichtes Lk 22,7-38 (Münster West. 1955) 131.
6 Das Herrenmahl. Studien %ur paulinischen Eucharistieauffassung (Munich 1960) 120; la misma opinión comparte, entre otros, X. léon-dufour (Das leíate Abendmahl: Stiftung und kultische Aktualisierung: Bibel und Liturgie 46 [1973] 167-177, esp. 169).
7 Cf. los artículos del H. schürmann en el 2LTK, s.v. Abendmahl (I 26-31) y Einsetungsberichte (IV 762-765).
8 Cf. F. hamm, Die liturgischen Einsetungsberichte. Im Sinne vergleichender Liturgiefor-schung untersucht (Münster 1928). Los resultados de este trabajo, que muestran la poca mfluencia de las distintas narraciones neotestamentarias de la institución eucarística en las anáforas, son hoy todavía considerados como válidos.
9 Sobre la triple dimensión del memorial pascual en el judaísmo de los tiempos de Jesús, cf. R. LE déaut, La nuit paséale. Essai sur la signification de la Páque juive a partir du Targum d’Éxode XII,42 (Roma 1963) 257s, en donde aparece bien claro cómo la Pascua adquiere un carácter de memorial del pasado (es la noche de la creación, del sacrificio de Isaac) y del futuro (la noche del juicio definitivo). Que el memorial actualiza el momento salvador de la Pascua en el presente, aparece también en el mismo ritual de la celebración pascual judía; cf. más adelante, nt.87.
10 Esta es, en definitiva, la razón principal que da J. jeremías (Eucharistic Words 88) al final de sus largas páginas sobre el tema: "In all of this we are not concerned, as is often claimed, with questions of only archeological or chronological interest. It is much more a question of the setting of the Last Supper within the context of the Heilgeschichtt· The relationship between the oíd covenant and the new, between promise and fulfilment, are brightly illuminated, if Jesús" last meal was a passover meal." En esta misma línea A. J. B. higgins (The Lord"s Supper in the New Tesiament [Londres 51965], 1.a ed. 1952): "This is not a purely academic question of interest only to scholars, fot upon our answer depend our interpretation of the sayings of Jesús at his last meal with his friends, and our understanding of the Eucharist" (p.13).
11 Th. barrosse, La Pascua j la comida pascual: Conciíium 40 (1968) 544. Sobre e\ tema del carácter salvífico de la Pascua en la literatura intertestamentaria y rabínica, cf·R. le déaut (La nuit paséale, o.c.) y N. füglister (Die Heilsbedeutung des Pascha, Munich 1963). Este mismo autor hace notar que, según la versión de los LXX, Jer 38,8 (hebreo 31,8) sitúa el nuevo éxodo en la fecha de la Pascua.
12 El máximo representante de este modo de ver es J. jeremías (Eucharistic Words 15-88). La problemática, desde el punto de vista exegético, puede verse en J. delorme (La cene et la Páque dans le Nottveau Testament: LV 31 [1957] 9-48); desde un punto de vista principalmente hermenéutico, ofrece una visión muy completa del desarrollo de esta discusión J. feneberg (Passífeier 17-41). Este autor concluye no sólo la imposibilidad actual de solucionar esta cuestión, sino, aún más, la imposibilidad total de solución debido a los fallos hermenéuticos de planteamiento.
13 La expresión es de Ρ.
βενοιτ (Les récits de f institution et ¿eur portee: LV 31 [1957] 9-48; cf. 51-54).14 Véanse, p.ej., las observaciones de L. bouyer (Eucharistie. Théologie et Spiritualité de la priére eucharistique [Tournai 1966] 101-104) y la observación general de L. ligier (Les origines de la priére eucharistique, o.c., 181-182).
15 J. jeremías (Eucharistic Words 26-36) resume y critica seriamente la distintas hipótesis. Quien más insistió en identificar la cena de Jesús con una comida-haburah fue G. Dix (The Shape of the Liturgy [Londres 21945] 50-70). Sobre la imposibilidad de identificar la cena de Jesús con las comidas litúrgicas de Qumrán, cf. H. braun (Qumrán und das Neue Testament II [Tubinga 1966] 29-44), así como el libro de L. orillo (Qumrán e le origine delfEucarestia nel Nuovo Testamento, Ñapóles 1965). Las relaciones de la Eucaristía con algunos pasajes de la obra José y Aseneth, quizá procedente de medios esenio-terapeutas, parece haber quedado excluida definitivamente tras los trabajos de CHR. burchard (Untersuchungen %u Joseph und Aseneth, Tubinga 1965) y T. holz (Christliche Interpolattonen in "Joseph und Aseneth": NTS 14 [1967-1968] 482-497); y definitivamente, M. philonenko" (loseph et Aseneth. Introduction, texte critique, traduc-tion et notes [Leiden 1968] 89-99).
16 Este es el punto de partida de L. ligier (De la cene de jesús á l"anaphore de FEglise: LMD 87 [1966] 7-49) y de L. bouyer (Eucharistie 104-109). Semejante es también el punto de partida de G. Dix (The Shape of the Liturgy 50-55.78-79), aunque este autor, como dijimos en la nota anterior, intenta la identificación de la última cena con una comida-haburah. Recientemente ha reasumido con fuerza la postura de J. Jeremías sobre el sentido directamente pascual de la cena E. testa (Influssi giudeo-cristiani nella liturgia eucaristica della Chiesa primitiva, en Studia Hierosolymitana in onore di P. B. Eagatti. II. Studi Esegetici [Jerusalén 1976] 192-225). El estudio, interesante desde muchos puntos de vista, no parece tener en cuenta los trabajos de Schürmann, Neuenzeit y Ligier, y es sobre todo discutible en opciones no suficientemente demostradas, a mi juicio: el doble origen de la Eucaristía en la liturgia pascual de la cena y en la liturgia festiva ordinaria de los judíos, la total diferenciación entre ágape y Eucaristía y la imposibilidad de que la expresión "fracción del pan" haya significado nunca entre los judíos una comida; sobre esto último cf. los datos aportados por K. hruby (Le geste de la fraction du pain ou les gestes eucharistiques dans la tradition juive, en Gestes et paro/es dans les diverses familles liturgiques [Roma 1978] 123-133).
17 Resumen de esta discusión en R. feneberg (Passafeier 45-82).
18 Los autores más representativos de esta línea son, cronológicamente, los siguientes: F. spitta (Die urchristlichen Tratidionen über Ursprung una Sinn des Abendmahls, en Zur Geschichte und Litteratur des Urchristentums I [Gotinga 1893] 205-337) (La primitiva cena de Jesús tuvo signo escatológico, sin referencia alguna a su muerte; una celebración posterior de la cena pascual por los discípulos habría añadido el aspecto de memorial de la muerte de Jesús), H. lietzmann (Messe und Herrenmahl. Eine Studie %ur Geschichte der Liturgie [Bonn 1926; ed. anastática Berlín 1967] p.249-263) (distingue un tipo de celebración eucarística jerosolimitana y un tipo paulino. El primero, con dimensión exclusivamente escatológica, sería el primitivo y remontaría hasta Jesús; la dimensión memorial-sacrificial habría sido introducida por Pablo, que habría recibido esta interpretación de la cena eucarística "del Señor" [1 Cor 11,23] por revelación), E. lohme-yer (Vom urchristlichen Abendmahl: Theol. Rundschau, Neue Folge 9 [1937] 168-227.273-312; 10 [1938] 81-99; Das Abendmahl in der Urgemeinde: Journal of Biblical Literature 56 [1937] 217-252) (el doble contenido de la Eucaristía deriva del distinto contenido de dos comidas de Jesús con sus discípulos: en Galilea [contenido determinado por el signo escatológico de la multiplicación de los panes] y en Jerusalén [contenido determinado por la proximidad de la muerte del Señor y por sus palabras referentes a ella]. La primitiva comunidad habría celebrado la Eucaristía primero en el sentido de la comida galilea, pero pronto asimiló también el contenido de la comida jerosolimitana. El doble contenido de la Eucaristía ha nacido, por tanto, de una tradición galilea y otra jerosolimitana; Pablo no habría añadido nada decisivo) y O. cullmann (La signification de la sainte cene dans le christianisme primitif: RHPhilRel 16 [1936] 1-22) (las dos formas de celebración de la Eucaristía que se perciben en la primitiva Iglesia remontan a la cena del Señor. El aspecto de alegría escatológica habría sido puesto de relieve en las comidas pospascuales de Jesús con sus discípulos. Pablo sólo habría subrayado la conexión entre uno y otro tipo al descubrir, por "revelación" del Señor, la conexión de la celebración eucarística con la conmemoración de la muerte del Señor; conexión que, sin embargo, ya era, de alguna manera, conocida por la tradición de la primitiva comunidad). Sobre la hipótesis de R. D. richardson (o.c. en nt.3) cf. mi crítica, citada en la misma nota.
19 Cf. E. schweizer, Abendmahl: 3RGG I (1957) 15s. Asimismo, H. conzelmann, Grundriss der Theologie des Neuen Testaments (Munich 1967) 76.
20 Exposición y crítica de estas posiciones en R. feneberg (Passafeier 60-82).
21 W. marxsen, Das Abendmahl ais christologisches Problem (Gütersloh 21965). La "realidad" o "asunto" de Jesús ("die Sache Jesu") viene descrita por este autor en los siguientes términos: "Das Abendmahl ist die Feier einer Gemeinde, die sich —durch Jesús— ais eschatologische Gemeinde versteht. Sie drückt in der Feier und durch die Feier ihre Zusammengehórigkeit ais eschatologische Gemeinde aus; sie lebt sie, sie gestaltet sie. Sie nimmt... im Mahl das eschatologische Nahe vorweg. Es geht also um die durch Jesús geschenkte— wirklichkeit des neuen Aons in diesem vergehenden alten" (P-30). Cf. R. feneberg, Passafeier 73 nt.158; asimismo, sus apreciaciones críticas a Marxsen en p.8l-82.
22 Quien más ampliamente ha intentado documentar esta afirmación es J. jeremías (Eucharistic Words 108-125), el cual concluye: "The liturgical usage has influenced the formulation of the accounts of the Lord"s Supper in many ways" (125). Una lista de autores que apoyan, con más o menos variantes, esta manera de ver, en H. schürmann ("Einsetungsbericht 144 n.475). Pueden añadirse J. betz (Die Eucharistie in der Zeit der griechischen Vdter I 1 [Friburgo Br. 1955] 4-15) y A. J. B. higgins (Lora"s Supper 27-30); en línea muy parecida N. koulomzine (La sainte cene dans le Nouveau Testameni: EOO I 53-64) y J. delorme (La cene et la páque, o.c., 9-48, esp. 15s).
23 Véase la crítica de Schürmann a Jeremías sobre esta imprecisión de lenguaje en Einsetungsbericht 146 n.477 y 478.
24 Cf. H. schürmann, Einsetungsbericht 143-150; en contra, P. neuenzeit, Herrenmahl 99-100.
25 L. ligier, Les origines de la friere eucharistique, o.c., 182.
26 En el fondo de todas estas discusiones late la dificultad de interpretación del Evangelio, y en él de las narraciones sobre la institución eucarística. Se trata, pues, de un problema fundamentalmente hermenéutico, que radica, en principio, en la naturaleza misma de los testimonios evangélicos. La dificultad es hoy común a toda la exégesis neotestamentaria; como observa con acierto J. roloff, de la solución que a ella se dé depende la imagen toda que de Jesús y de su obra nos formemos (cf. Auf der Suche nacb einem neueη Jesusbild. Tendearen und Aspekten der gegenuidrtigen Diskussion: TLZ 8 [1973] 561-572). feneberg intenta salir al paso de esta dificultad hermenéutica partiendo de un principio de interpretación según el cual el Evangelio es "expresión de la vida de fe de una determinada comunidad": "Ausdruck des Glaubenslebens einer bestimmten Gemein-de" (Passafeier 86; la base de toda su exposición se encontrará en p.85-139). Por tanto, si queremos entrar en el significado de estas narraciones de la institución eucarística, no las podemos abordar desde unos criterios históricos o teológicos actuales, continúa el autor, sino desde su misma realidad vital, de la cual son expresión (cf. Passafeier 86). Según esto, R. feneberg describe el proceso de formación de los evangelios en el contexto de la transición que experimenta la primitiva Iglesia desde un círculo tradicional que afirma su propia situación en y frente al medio cultual judío hacia una verdad independientemente vivida. Es decir, el Evangelio es como el documento fundacional de la comunidad cristiana. ¿Qué es entonces lo que el Evangelio afirma de la cena de Jesús? Las narraciones de la cena dan información, responde este autor, sobre todo acerca del puesto y el significado que tenía la celebración eucarística en la vida de la comunidad cristiana: la celebración de la Eucaristía es el lugar central en que se concentra la comunidad cristiana de vida, el lugar y el momento en el cual ella celebra su fundación (en el sentido de arjé, principio y norma) (Passafeier 85-93). La tarea de la investigación sería, por consiguiente, la de investigar esta historia de la fe, o mejor, cómo nace y se desarrolla la celebración eucarística como expresión de una fe vivida. Dicho de otro modo: el investigador debe centrar su esfuerzo en descubrir qué lugar corresponde a las narraciones de la última cena en la historia de la vida de fe de la comunidad. Este lugar o función vendría determinado por lo que acabamos de decir: al ser la narración de la cena el relato de la celebración de la fundación de la comunidad cristiana de vida, debe tener su lugar de nacimiento en la fiesta cristiana fundamental, es decir, en la Pascua. Naturalmente, esta constatación nada nos dice sobre si la cena de Jesús fue pascual o no; solamente descubrimos que los rasgos pascuales de estas narraciones en los sinópticos encuentran su explicación en el hecho de que tales composiciones han surgido de la celebración de la Pascua cristiana (ibid., 121). Es muy posible también que algunos de los rasgos litúrgicos que en ellas se aprecian provengan de este hecho. Y por otra parte, al haber brotado estas versiones en un medio cultual, es natural que encontremos en ellas una pluralidad interior, pues han nacido de la vida, y reflejan esa vida plural. Nada tiene, pues, de extraño que en ellas se encuentre tanto un contenido escatológico como un memorial de la muerte del Señor (ibid., 117-123). Hasta aquí un amplio resumen de la exposición de feneberg.
27 Así J. jeremías (Eucharistic Words 196, hablando sobre la tradición más primitiva de la cena, y 105); parecidamente se expresa H. schürmann (Le récit de la derniére cene [Le Puy-Lyón 1966; trad. del alem., Paderborn 1955] 7).
28 Así lo admite el mismo Schürmann: "Es lásst sich gewiss vielfach zeigen, wie die liturgische Brauch der Eucharistiefeiernden Gemeinden bzw. das eucharistische Denken in den urchristlichen Gemeinden die nt. lichen Abendmahlsberichte beeinflusst hat" (Einsetungsbericht 145).
29 El término Kultbericht lo usa J. betz (Eucharistie 11-13; véase su nota con relación al término átiologische Kultlegende, usado por bastantes autores de confesión protestante, en p.ll n.50). L. maldonado (La plegaria eucarística. Estudio de teología bíblica j litúrgica sobre la Misa, Madrid 1967) usa el término "leyenda cúltica etiológica" con el siguiente significado: ..." el término leyenda hay que entenderlo, según el viejo sentido castellano de mote, contraseña, clave o guión sintético de una celebración litúrgica habitual que resume su ejecución y a la vez explica o legitima su origen histórico.
30 E. kilmartin, La última cena y las primitivas eucaristías de la I fiesta: Concilium 40 (1968) 550.
31 J. jeremías, Eucharistic Words 203; cf. también H. schürmann, Le récit 14; J. betz, Eucharistie 12-13; P. neuenzeit, Herrenmahl 93.
32 Cf. H. schürmann, Abendmahl: 2LTK, I 27; Lk 22,19b-20 ais ursprtingliche Textüberlieferung, o.c., en n.3; Die Gestalt der urchristüchen Eucharistiefeier: Münchener Theol. Zeitschrift 6 (1955) 107-131 Theologisches lahrbuch, hersg. von A. danhardt (Leipzig 1961) 40-66.
33 Si Jesús lo ha hecho, es discutible. Se pronuncia negativamente J. jeremías (Eucharistic Words 209.212); a favor, H. schürmann (Der Paschamahlbericht Lk 22. (7-14), 15-18. I. Teil einer quellenkristischen Untersuchung des lukanischen Abendmahlsberichtes Lk 22,7-38 [Münster West. 1953] p.63, donde en la nt. 286 recensiona varias opiniones. Sobre la expresión por parte de Jesús de una promesa de abstinencia en Le 22,15-18; Me 14,25 (así jeremías, ibid., 207-218), cf. en contra H. schürmann (ibid., 66 nt.292). La exposición de estos elementos mínimos constatables en la última cena coincide sustancialmente con la cuádruple acción que G. Dix pone en evidencia en las narraciones de la cena: Jesús toma el pan (el vino), pronuncia una bendición sobre el pan (el vino), parte el pan, reparte el pan (el vino) entre sus discípulos (The Shape of the Liturgy 48-50);
37 Eucharistic Words 204; cf. también sobre las relaciones entre banquete y escatología J. lebeau, Le vin nouveau du Royaume (París 1966) 19-32.
38 Cf. J. betz, Eucharistie 68, que cita a este respecto dos textos del Apocalipsis de Baruc.
39 Cf. IQSa II 11-12 (D. barthélemy-j. T. milik, Discoveries in the judean Oesert. I. Qumrán Cave I [Oxford 1955] 110-111). En este sentido lo comenta, entre otros, A. dupont-sommer (Les écrits esséniens découverts prés de la Mer Marte [París 1959] 123-124 nt.3). Acerca del sentido escatológico de las comidas de la comunidad de Qumrán en relación con la Eucaristía, cf. J. lebeau, Le vin nouveau 53-62.
40 Sobre esto cf. J. jeremías, Eucharistic Words 204-205; J. betz, Eucharistie 66-85; L. maldonado, La plegaria eucarística 237-251; la relación entre las comidas de Jesús en su vida pública y la última cena ha sido puesta de relieve, aunque con diversas consecuencias, por E. lohmeyer (Vom urchristlichen Abendmahl, o.c.; Das Abendmahl in kr Urgemeinde, o.c.) y por W. marxsen (Das Abendmahl ais christologisches Problem, o.c.; Zur Traditionsgeschichte des Abendmahls innerhalb des Neuen Testaments, en Wort und Abend-mahl, hersg. von R. williams, Stuttgart 1967).
41 No es el lugar aquí de discernir cuál versión de los tres sinópticos refleja más de cerca el original de Jesús; cf. un breve resumen de la discusión sobre este punto en J. lebeau, Le vin nouveau 72-74.
42 Cf., p.ej., H. schürmann, Paschamahlbericht 66; Abendmahl: LTK 27; Le récit 27.43-49; X. léon-dufour, Das leíate Abendmahl 174-176. Un resumen en L. scheffczyk (Die Heilszeichen von Brot und Wein. Eucharistie ais Mitte christoloeischen Lebens [Munich 1973] 15-19).
43 Con diversas variantes, que no afectan aquí a nuestro tema, esta opinión es sostenida, entre otros, principalmente por J. jeremías (Eucharistie Words 207-218), M. thurian (La Eucaristía. Memorial del Señor, sacrificio de acción de gracias y de intercesión [Salamanca 21967] 232-242) y J. lebeau (Le vin nouveau 75-79.84-85).
44 Sobre esto cf. J. lebeau, Le vin nouveau 53-65.
45 Ibid., 86-89.135-141.
46 Sobre las distintas opiniones acerca de si el logion escatológico nació independientemente o no del acontecimiento de la última cena, cf. ibid., 70-75.89-97.
47 La afirmación valdría también para el cuarto evangelio, y sería la razón por la cual en él no se nos da el relato de la institución eucarística; cf. ibid., 137-141, donde sigue a A. feuillet (Le discours du pain de vie en Études Johanniques (París [Musseum Lessianum, Section Biblique, n.4] 123-124).
48 J. lebeau, Le vin nouveau 89-98.130-131.
49 No es casual el que algunos autores vean precisamente en el anhelo escatológico de las primeras comunidades cristianas, expresado por el grito Maranatha, el origen primero de la epiclesis (cf. L. ligier, Magnae orationis eucharisticae seu anaphorae origo et significado [Roma 1964] 155-157, donde se citan con bibliografía una docena de autores). Sobre el significado de la expresión Maranatha y su contenido escatológico respecto a la celebración eucarística en la Iglesia primitiva, cf. la útil síntesis elaborada por M. magrassi (Maranataha. U clima escatológico della celebración primitiva: Rivista Litúrgica 53 [1966] 374-393).
50 La doble expresión "la Eucaristía hace la Iglesia, la Iglesia hace la Eucaristía" no he podido encontrarla como tal en ningún Padre y teólogo de la Iglesia antigua y medieval, pero H. de lubac ha demostrado que su contenido, y en algunos casos formulaciones muy aproximadas, puede considerarse como clásico (cf. Meditación sobre la Iglesia [Pamplona 21959] 141-156). La expresión ha sido recientemente utilizada como tal por Pablo VI en una alocución del 15 de septiembre de 1965 (L"Osservatore Romano, 17-9-1965).
51 Sobre la bendición son fundamentales los trabajos de J. P. audet, Esquisse historique du genre littéraire de la "bénédiction" juive et de "f Eucharistie" chrétienne: RB 65 (1958) 371-399, ampliación de Literarj Forms and Contents of a normal Eucbaristia in the first Century, en K. alano - F. L. cross, Studia Evangélica: TU 73 (Berlín 1959) 643-662; las mismas ideas habían sido expuestas en Didaché. Instruction des Apotres (París 1958) 376-398; nuevas precisiones en Genre littéraire et formes cultuelles de l"Eucharistie: "Nova et Velera": EphLit 80 (1966) 353-390; Liturgie de la parole et liturgie eucharistique: Communauté chrétienne 18 (1964) 443-474. Véanse, además, B. fraignau-julien, Eléments de la structure fundaméntale de FEtuharistie. Bénédiction, anamnése et acíion de gráces: RScRel 34 (1960) 35-61; E. lallana, La acción de gracias en la Sagrada Escritura j en la liturgia primitiva: Liturgia 3 (1966) 209-226.293-315; L. ligier, Magnae orationis eucharisticae seu anaphorae origo et significatio (Roma 1964) (ad usum privatum) 1-51; De la cene de jesús a Fanaphore de FÉgltse: LMD 87 (1966) 7-49; La "benediyjone" e il culto nelFAT, en // Canone (Padua 1968) 921; La "benediytone" e la cena pasquale di Gesá: ibid., 23-37; L. bouyer, Eucharistie 35-118; L. maldonado, La plegaria eucarística 4-133.
52 En tiempos de Jesús, la berakah se ha convertido ya en una forma básica y fundamental de la oración judía; cf. I. elbogen, Der jüdische Gottesdienst in seiner geschichtlichen Entrvicklung (Hildesheim 41962) 4. Sobre la contemporaneidad de la birkat ha-maon en tiempos de Jesús, cf. L. finkelstein (The Birkat ha-maon, o.c.), el cual reconstruye el contenido de la primitiva birkat ha-mapn de la siguiente manera (trad. de J. M. sánchez caro-v. martín píndado, La gran oración eucarística. Textos de ayer y de hoy [Madrid 1969] GOE 69): Bir/kat ha-an, o bendición por el alimento:
Bendito seas tú, Señor, Dios nuestro, Rey del universo,
el que alimenta el mundo por su bondad, gracia y misericordia.
Bendito seas, Señor, el que alimenta el universo.
Birkat ha-aret, o bendición por la tierra:
Te damos gracias, Señor, Dios nuestro,
que nos has dado en herencia la tierra deseada
para que comamos de sus frutos y de sus bondades nos saciemos.
Bendito seas, Señor, Dios nuestro, por la tierra y por el alimento.
Birkat Yerusalayim, o bendición por Jerusalén:
Ten misericordia, Señor, Dios nuestro, de Israel, tu pueblo,
y de Jerusalén, tu ciudad,
y de Sión, morada de tu gloria,
y de tu altar y tu santuario.
Bendito seas, Señor, el que edifica Jerusalén.
La cuarta bendición (Birkat ha-tob we-ha-metib, o bendición del Bueno y Benefactor)
no parece estuviera en uso en tiempos de Jesús.
53 Cf. H. schürmann, Paschamahlbericht 53.60. No parece, sin embargo, que se deban considerar los dos vocablos, sin más, como sinónimos, tal y como hace Audet. Eujaristein puede, a veces, coincidir con eulogein, y reflejan ambos la raíz semita brk: bendecir a Dios; a veces refleja, más bien, la raíz idh: confesar y relatar los beneficios de Dios y por ellos darle gracias. Además, el término eucaristía adquiere a veces en el AT y en el judaismo neotestamentario un significado sacrificial a partir de su relación con los sacrificios veterotestamentarios selamim; cf. L. ligier, Magnae orationis eucharisticae 50; H. cazelles, L"anaphore et I"Anden Testament: EOO I 11-21; Eucharistie, bénédiction et sacrifice dans Γ Anden Testament: LMD 123 (1975) 7-28. A las mismas conclusiones llega J. laporte (La doctrine eucharistique che Philon d"Alexandrie, París 1972), y recientemente, en un importante artículo,-J. talley (The Eucharistie Prayer of the Andent Church according to recent research: results and reflections: Studia Litúrgica 11 [1976] 138-158). Sobre la evolución del término eucaristía en la liturgia hasta adquirir un pleno sentido sacrificial, cf. P.-M. gy, Eucharistie et "Ecclesia" dans le premier vocabulaire de t ·. la liturgie chrétienne: LMD 130 (1977) 19-34.
54 La raíz brk está emparentada con "rodilla" y "adoración," y quizá también con la fuerza vital de los órganos sexuales. La bendición en su acepción más fuerte es, por tanto, un don que afecta a la vida y a su misterio, expresado por la palabra y su misterio; cf. H. W. beyer, εύλογέω, ευλογία: TWNT, II 752-763; J. guillet, Bendición, en Vocabulario de teología bíblica (Barcelona 1965) 105-106 (VTB).
55 L. bouyer, Eucharistie 39. Véase también, sobre este tema, P. grelot, La Biblia, palabra de Dios (Barcelona 1968) p.33-35.
56 "La acción humana de bendecir, especialmente de bendecir a Dios, se funda en la acción divina de bendecir. Dios bendice, y hace fecundar hombres y animales, la mujer, el campo, el pan y el agua, los frutos del campo y las crías del ganado, las obras humanas... En respuesta, el hombre bendice a Dios, es decir, reconoce y agradece. Y Dios, que tiene siempre la última palabra, vuelve a bendecir... O sea, la Palabra creadora vuelve a empeñarse y a actuar eficazmente en la bendición" (L. alonso schokel La Eucaristía, bendición al Padre por la creación j la salvación: Eclesiástica Xaveriana V-XVIII [1968] 181 199, aquí 182-183). Ejemplos de bendición veterotestamentaria que recogen los diversos matices apuntados en el texto se encontrarán en las obras citadas en la nt.50.
57 En contra de la bendición como género literario según la propuesta de Audet se pronunció primero R. J. ledogar (Acknoivledgment. Praise-Verbs in the early greek Anaphora [Roma 1968] esp. 165-167), y recientemente, con argumentos bastante convincentes, J. talle y (The Eucharistie Prajer 139ss). Según este autor, Audet habría considerado la berakah aislada de su conjunto litúrgico, con el que forma unidad. El esquema, al menos en el judaismo neotestamentario, no sería el de "bendición-anamnesis-inclusión bendicional," sino, tomando las series de bendiciones complexivamente, el de "bendición-acción de gracias-súplica," como se evidencia en la birkat ha-maapn, que así se presta mucho mejor a ser el núcleo de la plegaria eucaristica. No he podido consultar a fondo la reciente obra de C. giraudo, La struttura letteraria della preghiera eucaristica (Roma 1981), que pone el origen literario de la anáfora y de la bendición en la todah bíblica.
58 Véanse los textos en D. hedegard, Seder R. Amram Gaon. Part I. Hebrew Text witb critical Apparatus, Translation tvith Notes and Introduction (Lund 1951) n.78 p.!47ss; el texto del embolismo en p.152. Trad. lat. de L. ligier, en PE 8-12.27; trad. cast. en GOE 65-69.74.
59 Cf. L. ligier, De la cene de Jesús, o.c., 17-20. Es posible que el sentido sacrificial del termino eucaristía haya jugado aquí también su papel; cf. los estudios de Cazelles y Laporte citados en nt.53.
60 Acerca de estas suposiciones, cf. denis-boulet, en A. G. martimort, La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia (Barcelona 1965) 296-298; ]. P. audet, Esquine 388-389. J. A. jungmann (El sacrificio de la misa [Madrid 1963] 30) habla de "fórmulas fijas" de bendición, a las que Jesús infundiría un nuevo espíritu; en términos parecidos M. thurian (La Eucaristía. Memorial del Señor. Sacrificio de acción de gracias j de intercesión [Salamanca 21967] 31 ss). Según H. schürmann, quizá en la plegaria escogida por Jesús ha dado gracias por la salvación que se ha realizado en la hora presente, por el don de su cuerpo y de su muerte cruenta, por la nueva alianza que ya comenzaba, por la venida inminente del Reino de Dios; cf. Le récit 40-42. Sobre el uso de la berakah por Jesús, cf. L. bouyer, Eucharistie 95-101. Acerca de otros textos bendiciona-les del NT, cf. L. maldonado, La plegaria eucarística 57-66 y 280-309 (textos "litúrgico-eucarísticos" en San Pablo, 1 Pe y Ap); en cuanto a la calificación de todos estos textos como "litúrgicos" será bueno tener en cuenta las advertencias de F. hahn (Der urchristliche Gottesdienst [Stuttgart 1970] 66-80). Finalmente, sobre la originalidad del modo de bendecir y orar de Jesús y la posibilidad existente en su ambiente judío de improvisar el texto de determinadas bendiciones, cf. L. ligier, La "benediione" e la cena pasquale di Gesu 31-33.
61 Cf. especialmente H. schürmann, Palabras y acciones de Jesús en la última cena: Concilium 40 (1968) 629-640; Das Weiterleben der Sache jesu im nachosterlichen Herrenmahl. Die Kontinuitiit der Zeichen in der Oiskontinuitat der Zeiten: Biblische Zeitschrift 16 (1972) -23. Véase también A. verheul, Les structures fundamentales de l"Eucbaristie: QLP 1 (1971) 3-24i
62 Palabras y acciones 635.
63 Palabras y acciones 636. "The meaning of the action is that each of the members is made a recipient of the blessing by this eating" (J. jeremías, Eucharistie Words 232; en p.231-237 se encontrará documentación sobre este significado y el del ofrecimiento de la copa); cf. también A. verheul (Les structures 10-15) y el sugerente artículo de L. alonso schókel cit. en nt.56.
64 Palabras y acciones 636.
65 El tema del Reino escatológico es situado por los exegetas generalmente corno el punto de partida y el centro del magisterio de Jesús; cf., p.ej., C. H. dodd, El fundador del cristianismo (Barcelona 1974) (trad. del ing.: The Founder of Christianity, Nueva York 1970) 69-75; también R. deville, P. grelot, Reino: VTB 675-680.
66 Cf. p.21.
67 "Auch bei grósster historischcr Skepsis, die speziell den Bundesgedanken in den Deuteworten für ungesichert hált, wird man zumindest den eschatologischen Gedanken, der ihm zugrunde liegt, nicht eliminieren wollen. Jesu Austeilungsgesten rufen ihn fórmlich, somit hatte Jesús noch im Angesicht des nahenden Todes den Seinen das eschatologische Heil mit emphatischer Geste zugesprochen, ais er ihnen das Brot und den Weinbecher darbot" (H. schürmann, Das Weiterleben 14). Es interesante también que el vino sea presentado en Jn 2,6-11 como expresión de la alegría escatológica que Jesús traía, lo cual no parece inventado por el NT, sino fundado ya en una larga tradición veterotestamentaria y judía; cf. J. jeremías, Eucharistic Words 231-237; y el bello estudio de J. lebeau, ya varias veces citado, Le vin nouveau du Royaume (París 1966).
68 Ρα/abrasj acciones 638-639. "Im Angesicht der Katastrophe spricht er (Jesús) ihnen das eulogisierte Brot und den "Becher des Segens" reicht. Wer aber ais Sterbender in solchen Hingabegestus noch das Heil Gottes zuspricht-gibt er sich nicht sterbend pro-existent selbst mit hinein in dieser Darbietung? Weil diese im Angesicht des Todes, im Augenblick des Abschieds geschieht, bekommen diese Hingabegesten eine unerhórte Emphase, sind geleisted und gesprochen ais ein "Trotzdem": Trotz der totalen Katastrophe meines Wirkens und Verkündens verheisse und spreche ich auch todesbereit das eschatologische Heil zu" (Das Weiterleben 16-17). Nótese además que el tema del cáliz, unido en Pablo y Le al tema del vino, tenía también un significado complementario, como figura del "cáliz amargo" de la ira de Dios contra los pecadores (cf. Jer 10,25; Lam 3,66; Os 9,14; Sal 69,25; 79,6-7; Eclo 36,6-9). Es interesante la relación que parece permitir el término effundetur (gr. έκχυννόμενον, probable tιrmino hebrero shfokh, de la raíz sbfk) entre el cáliz de Elias en la cena pascual, cáliz de la ira y de la venganza escatológica contra los pecadores, y el cáliz de la cena de Jesús, "derramado por vosotros," cáliz de la misericordia escatológica; cf. H. kosmala, Hebraer-Essener-Christen. Studien %ur Vorge-schichte der frühchristlichen Verkündigung (Studia post-biblica, ed. P. A. H. de boer, vol.l) (Leiden 1959); L. ligier, // Canotié 30. En el Evangelio además se pone en relación varias veces el cáliz con la pasión de Jesús: Mt 20,22-23; Me 10,38-39; Mt 26,39; Me 14,36; Le 22,42; Jn 16,11.
69 Este proceso de profundización teológica lo estudiaremos en el próximo párrafo desde una perspectiva distinta, aunque con resultados sustancialmente idénticos. Sobre la Eucaristía en Heb, cf. P. andriessen, L"Eucharistie dans FEpítre aux Hebreux: NRT 94 (1972) 269-277. Sobre la Eucaristía en Jn pueden consultarse, entre otros: X. LÉON-DupouR, Le mystére du Pain de Vie (Jean VI): RScRel 46 (1958) 481-523; H. schürmann, Die Eucharistie ais Reprasentation und Applikation des Heilgeschehens nach ]oh. 6,53-58: Trierer Theol. Zeitschrift 68 (1959) 30-45,108-118; ambos autores, con algunas diferencias, describen la concepción eucarística de Jn no como una mera prolongación de la encarnación de Jesús, sino, más bien, como una presencialización aquí y ahora del acontecimiento salvífico que es Cristo, presente y comunicándose al que recibe el pan de vida; en esta misma línea E. gaugler, Das Abendmahl im NT (Basilea 1943) esp. 59 n.2; el trabajo de D. mollat (Le chapitre VI" de Saint Jean: LV 31 [1957] 107-119) presenta la Eucaristía según Jn como un aspecto más del misterio mismo de la Encarnación, como el memorial de la encarnación en toda su amplitud; en esta misma línea J. behm (κλάσις: TWNT III 741s). Por su parte, J. giblet (La Eucaristía en el evangelio de Juan. Una lectura de Juan 6: Concilium 40 [1968] 572-581) habla también de continuidad entre la doctrina de la encarnación redentora del Hijo del hombre-Logos y la doctrina de la Eucaristía en Jn. Subraya que "el Cristo que da la vida eterna, el Cristo que es comido en la Eucaristía, es el mismo que por la cruz ha entrado en la gloria de la resurrección. La Eucaristía es el sacramento del Resucitado, el sacramento de la gloria" (p.580).
70 Palabras y acciones 639.
71 Sobre este tema cf. V. espinel, L,a cena del Señor, acción pro/ética (Madrid 1976) esp. 110-120. No he podido consultar del mismo autor su reciente obra La Eucaristía del Nuevo Testamento (Salamanca 1980).
72 Palabras y acciones 640; J. betz (Eucharistie, en Sacramentum Mundi I [Friburgo Br. 1967] 1218) describe así la acción de Jesús en la cena: "Ein von Gott verfügtes Geschehen wird dabei im Worte nicht nur konstatierend mitgeteilt, sondern kausal heraufgeführt und anfanghaft verwirklicht, wird in einer Handlung nicht nur sinnbildlich dargestellt, sondern vorweggenommen und bereits realisiert"; sobre este tema ver también J. betz, Eucharistie in der Zeit der griechischen Vater I 1.46-59; J. dupont, "Ceci est mon Corps," "Ceci est mon Sang": NRT 80 (1958) 1025-1041. H. schürmann (Palabras y acciones 640) precisa también que la acción de Jesús superó el gesto profético, en cuanto que la acción salvífica de Jesús presupone la profecía, la asume, la realiza y la aplica. La afirmación de que el pan y el cáliz son dones salvíficos en la Eucaristía (y no sólo símbolo de salvación) encuentra una confirmación, desde el ángulo de la reflexión sobre la naturaleza del símbolo en sí y en el AT, en el sugestivo trabajo, de L. alonso schukel, La Eucaristía, bendición al Padre por la creación y la salvación, o.c. Tras un repaso a varios textos del AT sobre el simbolismo del pan, resume el sentido simbólico de éste en los siguientes términos: "Dios lo acepta (el pan) y lo bendice, y lo transforma en el cuerpo y la sangre de su Hijo. No anula el sentido del pan y el vino, sino que lo transpone y eleva hasta la plenitud. La figura del pan y el vino es ahora el cuerpo y la sangre de Cristo, que recapitula toda la Historia de la Salvación y todo el cosmos. (...) Entre la ofrenda de nuestro pan y vino humanos y la ofrenda del cuerpo y la sangre de Cristo se da una estrecha correspondencia simbólica. Profundizar en la primera ofrenda es preparar la inteligencia de la segunda. Descuidar o saltarse el sentido de la primera ofrenda es exponer la segunda a una visión peligrosamente espiritualizada, sin tenaces raíces humanas. Esta puede ser la contribución del Antiguo Testamento" (p.197).
73 Este aspecto ha sido bien puesto de relieve por X. LÉON-DuFOUR: "Anlásslich emes Mahles errichtet Jesús eine neue Beziehung zwischen sich und seinen Jüngern irstens gibt es also eine Gründungs-Beziehung zwischen einer Gemeinschaft und Jesús, er sich für die viele opfert. (...) Es ist eine Beziehung zur Gründung, die durch das Wort Jesu ausgedrückt ist. (...) Die Beziehung wird durch das hergestellt, was man einen Bund nennen kann, und dieser Bund ist unter Gottes Blick in der Darstellung vollzogen, die "ir dann Eucharistie nennen" (Das leíate Abendmahl 176). Las conclusiones sobre las relaciones entre Eucaristía e Iglesia que de esto se derivan son apuntadas por el mismo autor en p.177 al explicar en qué sentido hablamos de las palabras y acciones eucarísticas Jesús como simbólicas: "Das Tun, das Jesús durch die Eucharistie vollzieht, sein Word Ί syrnbolisch, das heisst: es trαgt und begründet die Gemeinde. In diesem Sinn kann nan sagen, dass die Eucharistie die Kirche ist; die Kirche náhrt sich von der Eucharistie "nd gründet auf sie." Estas conclusiones coinciden también en gran parte con las de J. jeremías
74 (Eucharistic Words 231): "This is therefore what Jesús said at the Last Supper about the meaning of hts death: his death is the vicarious death of the suffering servant, which atones for the sins of the many, the peoples of the world, which ushers in the beginning of the final salvation and which effects the new covenant with God"; cf. sobre todo este apartado p.231-237. En una línea semejante E. kilmartin, La última cena y las primitivas eucaristías 549-552.
75 Cf. sobre la palabra memorial J. behm, άνάμνησις: TWNT I 351ss y O. michel, μνημοσύνη: TWNT IV 685ss. Sobre la tan discutida autenticidad de este mandato pueden verse opiniones en pro y en contra en H. schürmann (Einsetungsbericht 124 n.423); la discusión, en J. jeremías (Eucharistic Words 237.249), y más directamente sobre la versión de 1 Cor 11, en P. neuenzeit (Herrenmahl 111-115). Las dos objeciones principales en contra de la autenticidad son la ausencia del mandato en Mc-Mt y la afirmación de que el concepto de memorial provendría del mundo helenista y no del palestino. Acerca de la primera objeción ha hecho escuela la solución propuesta por Ρ. βενοιτ (Le récit de la cene en Le XXII,15-20: RB 48 [1939] 386). En cuanto a la segunda objeción, fundamental en la obra de H. lietzmann (An die Korinther I [Tubinga 1907] 131-132; Messe und Herrenmahl [Berlín 1926] 223-224), J. jeremías (en la obra y páginas arriba citadas), M. thurian (La Eucaristía 27-56) y N. A. dahl (Anamnesis. Mémoire et commémora-tion dans le Cbristianisme primitif: Studia Theologica 1 [1948] 69-95) han demostrado que la noción de memorial objetivo no es ajena al mundo bíblico y judío; igualmente P. neuenzeit (Herrenmahl 137-146); desde la perspectiva de la lingüística y la historia de las religiones, llega a la misma conclusión P. A. H. boer (Gedenken und Gedachtnis in der Welt des Alten Testaments, Stuttgart 1962).
76 Cf. P. neuenzeit, Herrenmahl 115; "Ein Wiederholungsauftrag ist im Munde Jesu durchaus denkbar, da das Passa und die Festtradition der Juden solche Wiederholungs auftráge kennen" (ibid., 112).
77 La frase entre comillas pertenece a J. weiss; cit. por P. neuenzeit, Herrenmahl 127.
78 Cf. J. jeremías, Eucharistic Words 250; H. schürmann, Einsetungsbericht 30-31; P. neuenzeit, Herrenmahl \ 34.
79 Una interpretación cúltica de este verbo la mantienen Lietzmann, Dahl, Casel, Schlier, entre otros; sea lo que sea de esta discusión, no parece necesaria tal suposición; un resumen de la cuestión, en P. neuenzeit, Herrenmahl 133-136.
80 Así J. jeremías, Eucharistic Words 251; cf. las comparaciones con Me 14,9 par en M. thurian, La Eucaristía 64.172ss; asi también cf. F. BLASS-A. debrunner, Grammatik des neutestamentlichen Griechisch (Gotinga 1949) 128 § 284,2.
81 Cf. nt.75.
82 La palabra se encuentra sólo en Heb 10,3; sin embargo, Pablo utiliza otras expresiones paralelas, como, p.ej., μνηίαν ποιεΐν; cf. P. neuenzeit, Herrenmahl 137.
83 Cf. D. jones, Anamnesis in the LXX and the interpretaron of 1 Cor 11,25: JTS 6 (1955) 183-191. M Véanse los principales estudios, recensionados en la nt.75; en el campo de la liturgia cf. L. bouyer, Eucharistie 87-89,106-108; L. maldonado, La plegaria eucarística 94-103. Eucaristía acuérdate (iv"dkr) en favor nuestro de la Aqeda de Isaac, nuestro padre"" (Codex Neofiti fol.239b-240a; texto en R. le déaut, La nuit pásenle [Roma 1963] 171); el mismo autor muestra la gran antigüedad de nuestro texto, si bien parece en todo caso posterior al 70 d.C; cf. ibid., 43.172-173.
84 Véanse los principales estudios, recensionados en la nt.75; en el campo de la liturgia cf. L. bouyer, Eucharisfie 87-89,106-108; L. maldonado, La plegaria eucarística 94-103.
85 Testimonios de esto en M. thurian, La Eucaristía 33-40.
86 dahl, Anamnesis 72; el autor continúa: "Par cette 'commémoration' cultuelle, le salut des temps passés redevient une réalité actuelle et présente." De esta manera, la acción cultual, que se centra fundamentalmente en una acción de gracias por las maravillas pasadas, se convierte en una vigorosa representación o repetición cultual de lo ocurrido en aquel momento: "Die Antwort auf das Heilshandeln Gottes ist ein tatkráftiges, reales Gedáchtnis in kultischer Wiederholung des damals geschehen" (P. nf.uenzeit, Htrnnmahl 144),
87 Pesachim X 5; cf. versión latina de L. LlGifcR, en PE 24. El texto es la monición o introducción a la primera parte del Haltel. Otros textos del ritual de Pascua con la misma identificación entre la generación del Éxodo y la generación que celebra la Pascua, cf. en PE 17 (Barafta quattuor filiorum) y 18 (Introducta secunda ad Midrask sea aá narrationem Paschae). Sobre este aspecto de presencialización de la acción de Dios en el pasado y ahora en el presente por medio del memorial ritual, cf. M. thurian, La Eucaristía 43; P. vanbergen, Une eucbaristie qui éclaire l'Eucharistie de jesús: QLP 45 (1964) 65-67. G. vgn rad, en su Theologie des Alten Testamenta (Π [Munich 1961] 118), afirma de la Pascua y otras fiestas: “So ist es klar, dass es sich des Auszugs selbst eintrat und sich dieses Geschehen ganz aktuell wiederfahren liess. Dasselbe gilt von dem Wohnen in Laubhütten oder von dem Bundesfest in Sichem..." Puede ser interesante reproducir algunas de las conclusiones a que llega Ρ. Α. Η. BohR en su estudio, orientado desde la filologνa y la historia de las religiones, Gedenken una Gedáchtnis, o.c.: "zkr ('gedenken') ist nennen im Sinne von aufrufen, die Aufmerksamkeit ¡enken auf, ais Realitat anschaulich machen... Die Nennung bringt eine Realisierung des Gennanten mit sich oder lásst auf sie hoffen... Das Gedenken hált immer wieder das Augenmerk auf die Gegenwart gerichtet und sogar auf das jetzige und das künftige Betragen. Es belebt einen Teil der Vergangenheit, damit das heutige Leben festbestehen konne. Durch die Erwáhnung wird die Vergangenheit wirksam, also für das Heute massgebend" (36-37). "Das Nennen auch der Taten der Vergangenheit heisst, sie ais lebendig und wirkungsvoll ins Dasein rufen... Das Gedenken der Taten Jahwes ist eine Vergegenwár-tigung seiner Macht, und daraus kann das Volk in Not neues Vertrauen schópfen... Den Ñamen proklamieren bedeutet ins Dasein rufen, realisieren... In Joña 2,8 bedeutet 'Jahwes Ñamen nennen' (Luthersbibel: des Herrn gedenken): das effektive Gebet aussprechen" (41-42). "%kr bedeutet im Grundstamm feierlich nennen, wobei sich das Subjekt an der Person oder der Sache, die es nennt, aktiv beteiligt, so dass geradezu eine besondere Seite an dem Genannten Beschworen wird" (63).
88 Esta interpretación es aceptada por M. thurian fLa Eucaristía 62-64); cf. anteriormente R. K. yerkes (L¿ sacrifice dans les religions grecque et romaine et dan* le juda'ísme primitif [París 1955] 209-210.265-266), así como posteriormente. S. daniel (cherches sur le vocabulaire du cuite dans la Septante [París 1966] 225-237). Una tal interpretación parece encontrar confirmación en la paráfrasis aramea del targum palestino a Lev 22,27a ("Cuando nazca un ternero o un cordero o cabrito quedará siete días con su madre"). El targum Neofiti comenta así: "El ternero ha sido escogido ante mí para recordarme (Imdkrh) el mérito del hombre de Oriente que en su vejez fue bendecido en todo (Abrahán)... Y después de esto, el cordero ha sido escogido para recordarme (Imdkrh) el mérito del hombre justo (lit. único) que fue atado sobre una de las montañas como un cordero en holocausto sobre el altar, y (Dios) le libro en su gran misericordia y su bondad. Y un tiempo (vendrá) en que sus hijos rogarán y dirán en sus horas de tribulación: 'Escúchanos en esta hora y escucha la voz de nuestra plegaria y
89 Cf. testimonios en N. A. dahl, Anamnesis 74-79.
90 .." quand il s"agit du noyau méme de l"Évangile, la prédication telle qu"elle se fait á l"Église de fa9on courante, ne correspond pas sans plus au κηρύσσειν du NT, mais plutσt, de bien de fasons, á ύππομιμνήσκειν, “remettre en mιmoire"" (N. A. dahl, Anamnesis 80).
91 N. A. dahl, Anamnesis 81.
92 Esto se ve especialmente en el himno de Flp 2,6-11: "Nous n"avons pas ici une confession de foi; nous pourrions diré que c"est une "anamnesis du Christ," une "cpmmémoration du Christ." On trouve de semblables formules dans les priéres de l"Église primitive et dans ses actions de gráces, dans ses hymnes et ses louanges. On y faisait mémoire du Christ et du salut de Dieu de la méme maniere qu"Israel faisait mémoire des prodiges de son Dieu aux temps anciens" (N. A. dahl, Anamnesis 81-82); cf. L. ligier, L"Hymne christologique de Philippiens 2,6-11 et la bénédiction synagogale "Nishmat kol hay": Analecta Bíblica 18 (1963) 65-74; L. maldonado, La plegaria eucarística 287-291.
93 N. A. dahl, Anamnesis 82-83; J. M. R. tillard define así el memorial en su pleno sentido cristiano: "Une célébration commémoratrice toute centrée sur un événement du Salut, mais qui a pour but d'insérer les participants dans cet événement"; cf. Le memorial dans la vie de l'Église: LMD 106 (1971) 24-45, aquí 26; con buena bibliografía sobre el tema.
94 H. schürmann hace notar que el acento en la narración de le recae sobre el mandato de repetición de algo nuevo, aunque sin prescindir por ello de la dimensión de memorial; en 1 Cor 11, sin embargo, el acento recae sobre la dimensión de memorial de un acto cultual ya conocido (Einsetungsbericht 30-32). J. jeremías interpreta el mandato como el memorial que el Padre debe hacer de Cristo durante la celebración eucarística, fundándose principalmente en el embolismo j<z 'aleh ive-yabho de la birkat ha-maon pascual (cf. trad. lat. en PE 27,3); así traduce: "damit Gott meiner gedenke," "that God may remember me" (Eucharistic Words 237-255; ed. alem. 3." ed., 229-246). En contra pueden verse: A. jones (Anamnesis in the LXX 188-191), J. dupont ("Cea est man Corps" 1025-1041) y H. kosmala ("Das tut in meinem Gedachtnis": Nlovum Testamentum 4 [1960] 81-94). L. ligier (II sacramento dell'Eucarestia [Roma 1971] [ad uso degli studenti] 81) señala, sin embargo, que esta opinión, gramaticalmente sostenible, no es totalmente rechazable y que incluso puede constituir un elemento parcial del memorial eucarístico, en cuanto que, si bien no se pide gn la misa que el Padre se acuerde de Cristo, se le ruega, sin embargo, que, teniendo en cuenta los sufrimientos de Cristo (lo que es ya un acordarse de él), se acuerde de la Iglesia.
95 En esta línea P. neuenzeit (Herrenmahl 145): "Es lásst sich also weder von den Verkündigungs- noch von den Gedáchtnisvorstellungen des AT und NT her eine objektive Reprásentation des Kreuzestodes Christi im Herrenmahl begründen."
96 Sobre todo esto cf. J. schniewind, αγγελία: TWNT I 56-71; G. friedrich ευαγγελιον. TWNT II 719-734.
97 Cf. G. friedrich, εύαγγέλιον: TWNT II 729.
98 P. neuenzeit, Herrenmahl 129-131.
99 .." in seinem Anspruch und in seiner Gültigkeit für die Gemeinde gegenwártiges und —im Zeichen— offenbares Ereignis" (H. schlier, Die Zeit der Kirche [Friburgo Br. 1956] 246); cf. precisiones en P. neuenzeit, Herrenmahl 132. Compárense las apreciaciones de P. A. H. boer (Gedenken und Gedáchtnis 68) a propósito del texto de Pablo: "Paulus "Deutung des Anamnesis-Befehls ais Aufforderung zur Proklamation des Tode Jesu gibt dem Wort anamnesis genau den Sinn, den wir auf Grund der nachgewiesene Bedeutung der Wurzel %kr erwarten: Die Gemeinde solí Jesús feierlich nennen, und die; Nennung geschieht beim rituellen Mahl... Durch die feierliche Nennung wird d< Genannte aufgerufen, und das geschieht hier im Blick auf seine spezielle Eigenschaft a! Gekreuzigter, durch die er zum Herrn geworden ist. Ist es zu gewagt, hier der Worte "e starb für viele" zu gedenken? Die Erwáhnung Jesu beim Herrenmahl kónnte meine Erachtens in diesem Sinne gedeutet werden, dass man sich dadurch ais dieser Vielhei zugehórig bekennt."
100 M. thurian, Ea Eucaristía 240; cf. 239-242; J. betz (Die Eucharistie 152) dice: "Dieses
άχρις οδ έλθη ist keine reine Zeitangabe, die nur die Dauer des Sakramentsvoll-zugs angibt, es hat vielmehr auch finalen Klang, ist wie das Maranatha der urchristlichen Liturgie ein Ausblick auf die im Abendmahl vorweggenommene eschatologische An-kunft des Herrn."101 H. schürmann critica severamente esta posibilidad con serios argumentos (Einsetungsbericht 144ss).
102 Véanse autores que opinan de esta posibilidad en P. neuenzeit (Herrenmahl 133) y H. schürmann (Einsetungsbericht 33); este último autor enumera también otras hipótesis.
103 Así H. schürmann, Einsetungsbericht 33-34. Esta posibilidad queda reforzada a posteriori por los estudios que se han hecho buscando el origen de la plegaria eucarística en la birkat ha-maon, junto con sus embolismos festivos; cf. L. ligier,
De ία cene de jesϊs a I anaphore, o.c.; resumen de otros intentos en la misma línea, cf. ibid., Les origines de la friere eucharistique, o.c. Naturalmente, junto a la palabra, y clarificada por ella, se sitúa la acción: "cada vez que coméis y bebéis..." Estas palabras de Pablo equivalen al ποιεΐν anterior. Aclaran, evidentemente, la importancia que para Pablo tenνan el comer y el beber del pan y el vino, pero no exigen que la acción eucarística se restrinja a estos solos actos; cf. sobre esto P. neuenzeit, Herrenmahl 135-136; M. thurian, La Eucaristía 191-193.230. Quedaría todavía por explicar cómo es posible que, celebrando la Eucaristía "en memorial de Jesús," se presencialice objetivamente, en virtud de este memorial, la persona del Kyrios (según el mandato de Jesús) y la muerte salvadora de Jesús en la cruz (según la interpretación paulina). No es éste el momento de colocar aquí tales explicaciones. Baste decir que no se trata de una "repetición" del acontecimiento histórico, pues éste como tal pertenece al pasado, sino de una representación objetiva en clave sacramental. Un resumen de distintas teorías explicativas de este hecho y una interesante hipótesis a partir de las categorías del pensamiento semideo-judío, y especialmente de la categoría de "personalidad corporativa" usada por Pablo, cf. en P. neuenzeit, Herrenmahl 143ss.104 véase, para la mayor parte de este resumen, P. neuenzeit (Herrenmahl 169-171), en quien se apoya mi reconstrucción.
105 Tras un análisis de los documentos eucarísticos de los sinópticos, X. léon-dufour establece varias constataciones, una de las cuales expresa del siguiente modo: "Es hat eine Verschiebung vom Opfer des Gottesknechtes zum Kultischen. Doch erkennen wir, dass man einen Schritt weitergehen muss, um sich direkt für die Materie des Mahles zu interesieren, das heisst: für das Brot und den Wein, die Bestandteile der Mahlzeit. Das Neue Testament geht diesen Schritt nie direkt: das Element wird nie losgelóst von der Gesamtheit des Aktes, womit Jesús seine Gemeinschaft errichtet" (Das leíate Abendmahl 173). En la misma línea E. J. kilmartin (Sacrificium laudis 271): "The interest ist not centered uniquely, exclusively, and directly on the elements of the meal. The elements are never separated from the totality of the act by which Jesús establishes the new people of God."
106 por la accion sobre el pan, el Señor se entrega a sí mismo a los suyos para comunicarles la salvación mediante su cuerpo entregado a la muerte. Por la acción sobre el cáliz, por su sangre, hace partícipes a los comensales de la nueva alianza, del nuevo orden de la salvación y de la nueva comunidad salvífica, en la que se concretiza la salvación otorgada por el pan; así P. neuenzeit, Herrenmahl 161; cf. también p.28ss de este trabajo.
107 Cf. H. schurmann, Einsetungsberichí 19-29.
108 Cf. ibid., 66; participio probablemente introducido por Le. Se debe tener aquí en cuenta la posibilidad sostenida por H. kosmala, (Hebraer-Essener-Chrisíen, o.c.), según la cual este verbo griego traduce el hebreo shfokh, effussus, que se encuentra en el rito pascual del cáliz de Elias, y no "arah, el verbo que se encuentra en Is 53,12, y que viene traducido en los LXX con paredothe; cf. L. ligier, en // Canone, o.c., 30-31.
109 Sobre esto M. thurian, La Eucaristía 162-164.
110 Aunque este cambio terminológico podría también deberse a otras razones: a una tradición litúrgica independiente (así C. H. dodd, Historical Tradition in the Fourth Cospel [Cambridge 1963], el cual habla de una tradición litúrgica que se remontaría independientemente al arameo de los primeros días de la Iglesia; p.58-60); a la tendencia antidoceta que se manifiesta en este evangelio, destacando particularmente el alcance salvífico de la encarnación (cf. G. H. mac gregor, The Eucharist in the Fourth Cospel: New Testament Studies 9 [1962-1963] 111-119; E. schweizer,
σώμα: TWNT VII 138), o a retoques del mismo Juan, a pesar de los cuales tendrνamos en 6,51c una alusiσn clara a la fσrmula de la instituciσn (cf. J. giblet, Ea Eucaristía en el evangelio de Juan 578).111 Cf. san ignacio, Rom. 7,3; Filad. 4,1; Trall. 8,1; Esmirn. 7,1; san justino, Apol· 1,66.
2. La Plegaria Eucarística en los Documentos Primitivos.
L
a primera plegaria eucarística propiamente dicha que ha llegado a nuestros días es la contenida en la Tradición Apostólica, de Hipólito, compuesta, al parecer, hacia principios del siglo III. Entre este documento y los testimonios neotestarrientarios transcurre un largo período de años, en los que hemos de movernos a base de testimonios litúrgicos indirectos: la Didajé, los escritos de San Justino y otras obras de menos importancia, especialmente algunos Hechos apócrifos de los apóstoles. Tales documentos son ahora el objeto de nuestro estudio, siempre desde la perspectiva de la exposición y teología de la Historia de la Salvación contenida y manifestada en la plegaria eucarística.1. Eucaristía e historia de la salvación en la "Didajé."
En los capítulos 9-10 y 14 del opúsculo titulado Doctrina de los apóstoles, comúnmente conocido como Didajé, compuesto por autor desconocido hacia finales del siglo I en alguna localidad de Siria o Palestina,1 se encuentran una serie de plegarias "acerca de la Eucaristía" y una regulación de la sinaxis dominical para la "fracción del pan" y la "eucaristía." La principal cuestión que desde hace ya tiempo discuten los estudiosos del tema es la del carácter estrictamente eucarístico o no de estos textos.2 Teniendo en cuenta la dificultad real de llegar a una decisión en este campo, nuestro estudio se limita a un breve análisis estructural y temático de las plegarias, a través del cual pueden aparecer algunos datos que proyecten un poco de luz sobre la cuestión anterior.
He aquí el texto en su traducción castellana:
9:1: "Respecto a la eucaristía, dad gracias así:
2: Primero sobre el cáliz:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que tú nos has revelado por Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.
3: Luego sobre el pan partido:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento
que tú nos has revelado por Jesús, tu siervo.
A ti la gloria por los siglos.
4: Como este pan partido, que estaba disperso por los montes,
una vez recogida, se hizo uno, así sea reunida
tu Iglesia desde los confines de la tierra en tu Reino.
Porque tuya es la gloria y el poder (por Jesucristo) eternamente.
5: Que nadie coma ni beba de vuestra eucaristía,
sino los bautizados en el nombre del Señor,
pues acerca de ello ha dicho el Señor: "No deis lo santo a los perros."
10:1: Después de haberos saciado, daréis gracias así:
2: Te damos gracias, Padre santo, por tu santo Nombre,
que has hecho habitar en nuestros
corazones; y por el conocimiento,
y la fe, y la inmortalidad, que tú nos has revelado por
Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.
3: Tú, Señor omnipotente, creaste las cosas para gloria de tu Nombre,
y diste a los
hombres comida y bebida para su deleite,
a fin que ellos te den gracias; pero a nosotros
nos has obsequiado con una comida
y una bebida espiritual para la vida eterna,
por Jesús, tu siervo.
4: Por encima de todo, te damos gracias porque eres poderoso.
A ti la gloria por los siglos.
5: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal
y perfeccionarla en tu amor;
y congrega de los cuatro vientos a los
que tú has santificado en el Reino tuyo que les has preparado.
Porque tuya es la gloria y el poder por los siglos.
6: Venga la gracia y pase este mundo. ¡Hosanna a la casa de David!
El que sea santo, que venga;
el que no lo sea, que se convierta. Maranatha.
Amén.
A los profetas permitidles que den gracias cuanto quien Dos veces aparece el sustantivo ευχαριστία con artνculo (9:1-5); por su parte, el verbo εύχαριστεΐν se emplea tanto con complemento (9:2-3; 10:2-3-4) como sin ιl (9:1; 10:1-7). En el capítulo 14:1 va estrechamente unido a κλάσατε άρτον, expresiσn que ya hemos encontrado en Hech con un sentido técnico (2:42-46; 20:7-11; 27:33-38); el término parece, por tanto, también técnico y sobre todo el verbo no es imposible que designe la plegaria eucarística. Por otra parte, se percibe en esta plegaria una clara coincidencia estructural con la bendición judía, tal y como lo ha mostrado J. P. Audet.4 Este trasfondo judío es confirmado por el análisis temático, como veremos.
En 9:2-4 encontramos dos acciones de gracias con su introducción, motivación y doxología, más una plegaria de súplica. Todas ellas van dirigidas a Dios, a quien en las dos primeras bendiciones se califica de "Padre nuestro"5. El orden cáliz-pan recuerda el orden de la cena del Señor, tal y como nos ha sido transmitido por el texto de Lc 22:17-19, y el comienzo de las cenas festivas judías con el Qidush.6
El objeto de la acción de gracias son los "mirabilia Dei," las maravillas obradas por Dios en orden a la salvación. La primera "maravilla" es "la santa viña de David, tu siervo," que parece referirse a la Iglesia,7 que nos ha sido dada a conocer como obra de salvación por Jesús.8 En la acción de gracias sobre el pan se bendice al Padre "por la vida y el conocimiento" revelados por Jesús; ambos temas son familiares al mesianismo sapiencial, del que también es tributario Jn. Se dan gracias, en consecuencia, por la vida nueva, que hemos recibido de Jesús y es semilla de resurrección, y por la capacidad de conocer el designio salvador de Dios, sus "maravillas."9
La súplica por la reunión de la Iglesia que sigue se apoya en el simbolismo de κλάσμα, pedazo de pan, pan partido, y se fundamenta en el hecho natural del trigo, dividido en la sementera y vuelto a reunir en el pan. La idea de la reunión de los dispersos se encuentra frecuentemente en las plegarias de los judíos por la diáspora y tiene, como ella, un sentido a la vez eclesial y escatológico: no se trata sólo de la unión de la asamblea en la fusión del amor mutuo, sino también de una acción más amplia, realizada por Dios, que tiene como fin la reunión universal de todos los elegidos en el Reino.10 Tal pensamiento es subrayado por la doxología, que une aquí a la gloria el poder (δύναμις) de Dios, es decir, su potencia misericordiosa, cuyas maravillas, cumplidas en el pasado, son la garantía y la esperanza que dan fundamento a la plegaria actual.
En el capítulo siguiente, la plegaria se descompone, igualmente, en tres partes: dos acciones de gracias y una súplica. El hecho de estar situada esta triple plegaria tras una verdadera comida y su carácter claramente bendicional, nos lleva a aproximarla a la birkat ha-mazon judía.11
La primera plegaria es una acción de gracias al Padre "por tu santo Nombre," un modo de señalar a Jesús en los medios judeo-cristianos, que es, a la vez, afirmación de su divinidad mediante la categoría veterotestamentaria del "Nombre de Dios."12 La habitación de Dios "en nuestros corazones" puede reflejar la encarnación de Jesús13 o quizá sea una alusión a la recepción de la Eucaristía.14 El “conocimiento” (γνώσις) es aquν de nuevo el conocimiento de la obra maravillosa de la salvación, que nos ha sido manifestada por Cristo; la "fe" (πίστις) contiene una connotación, más bien, de confianza y esperanza que intelectual; y la "inmortalidad" (αθανασία) es un tιrmino en conexión con la tradición sapiencial que equivale a "vida," vida eterna.15 Las tres ideas parecen situarse en progresión y describir con ello el proceso de salvación: por la maravilla de la salvación revelada por Cristo, se suscita en nosotros una absoluta confianza en alcanzar la vida eterna. Es posible, sobre todo si la "habitación de Jesús en nuestros corazones" se entiende en un sentido eucarístico, que aquí se describan los frutos de la Eucaristía y su conexión con la historia salvífica.
La segunda plegaria es una acción de gracias al Dios que posee la fuerza (δύναμις) de haber creado todo por Cristo para el ser humano, lo cual se hace especialmente patente en la comida y la bebida,16 en respuesta a esta bondad, el ser humano bendice y agradece, haciendo así como retornar la creación al Creador. Pero es, sobre todo, una acción de gracias al Dios que por Cristo nos ha regalado (έχρίσω) con una comida y bebida espirituales,17 es decir, que comunica y da la vida eterna, lo cual parece ser una alusión a la Eucaristía, es decir, al alimento eucarístico, que nos comunica a Jesús, la vida. En conjunto, esta acción de gracias se centra en el poder de Dios, que realiza maravillas; la primera de todas es la creación, que establece un vínculo de amor y agradecimiento entre Dios y el ser humano; pero ésta es superada por el don gratuito de la venida de Cristo, que se nos comunica como vida especialmente en la Eucaristía.
A continuación, igual que tras la eucaristía primera sobre el pan, se despliega aquí la acción de gracias en súplica y petición. El contenido es prácticamente idéntico al de la súplica anterior y su trasfondo judío es también claramente perceptible. En primer lugar, el comienzo: "Acuérdate" (μνήσ-θητι), de manifiesta ascendencia bνblica, frecuente también en las plegarias judías,18 después, las peticiones por la Iglesia: que la libre de todo mal, petición que recuerda la del padrenuestro (cf. Mt 6:13); que la perfeccione en su amor, es decir, que Dios lleve a plenitud su obra de salvación comenzada en la Iglesia, lo cual se realiza por la práctica cotidiana del mandato del amor, que culminará en lo que pide la tercera súplica: ser congregada de los cuatro vientos en el Reino; expresión que, empleada ya por los judíos para pedir la reunión de la diáspora y con claro significado escatológico, se aplica aquí principalmente en este último sentido.19
El aliento escatológico de esta última plegaria es subrayado por la serie de aclamaciones que siguen, y en las que se pone de manifiesto la espera inminente de la vuelta del Señor, identificada probablemente por los primeros cristianos con el fin del mundo. La exclamación "El que sea santo, que venga; el que no lo sea, que se convierta," ha sido objeto de las más diversas interpretaciones, y de ella se ha hecho, a veces, la clave para una interpretación eucarística o no de estas plegarias.20 Parece, más bien, una invitación urgente al seguimiento de Cristo por medio de la incorporación a su Iglesia; invitación tanto más urgente cuanto que el grito que sigue, maranatha, subraya nuevamente la venida inminente del Señor, de la cual es ya anticipación litúrgica la celebración eucarística.
El conjunto de textos comentados deja, pues, claro un fuerte trasfondo judeo-cristiano, una intensa atmósfera escatológica, y lleva a pensar en un tipo de celebración eucarística fundado en el orden de las comidas judías: bendición de un cáliz introductorio, eucaristía sobre el pan, seguida de la comunión de éste; eucaristía más solemne sobre el cáliz, con reflejos que recuerdan la birkat ha-mazon del final de las comidas judías,21 comunión con el cáliz, más una invitación a seguir a Cristo incorporándose a la Iglesia. Por otra parte, la advertencia de 10:6: "A los profetas permitidles que den gracias cuanto quieran," nos debe poner en guardia ante una interpretación estricta de los textos anteriores como la "anáfora" eucarística de esa comunidad. Estamos todavía en una época en que la plegaria eucarística se improvisa, y precisamente siguiendo una pauta de tipo judío: a base no de una oración única, sino de varias bendiciones conexas entre sí.22 La Didajé no es un ritual para la celebración, sino una guía para los fieles. Ahora bien, si es cierto que aquí no tenemos una anáfora en sentido pleno, sí lo es que en estas plegarias se nos da el contenido sustancial de la plegaria eucarística de esa época, el cual puede describirse con estos rasgos:
— se trata de una acción de gracias compuesta de varias plegarias;
— todas las plegarias se dirigen al Padre por el Hijo;
— en ellas se conmemoran, a base de categorías veterotestamentarias y judeo-cristianas, — las maravillas de Dios en la Historia de la Salvación, y más concretamente las siguientes:
— la creación, obra del amor de Dios Padre a los hombres realizada para gloria de su Hijo;
— la obra salvadora de Jesús, que se manifiesta en su venida (encarnación), en la Iglesia — y en los dones del conocimiento de su obra, de la fe y confianza en él, y de una participación ya desde ahora en la vida eterna (redención);
— esta obra salvadora, que en sustancia es la conexión con Cristo y la participación en la salvación que él nos trae, es realizada por el Padre de un modo absolutamente gratuito, y especialmente a través de la Eucaristía, alimento espiritual para la vida eterna: por ella el poder de Dios continúa hoy la obra de la encarnación, haciendo habitar a su Hijo en los corazones de los fieles;
La plegaria se despliega al final en una súplica por la Iglesia: por su unión en la asamblea litúrgica, por su liberación de todo mal y por su perfección progresiva en el amor hasta la plena reunión escatológica en el Reino, obra del poder misericordioso del Padre.
Toda la plegaria está, por tanto, centrada en la obra redentora que el poder de Dios realiza por Cristo, en su redención, que alcanzará la plena perfección en la parusía; se trata, pues, de una Eucaristía en la que predomina el elemento escatológico, sin que aparezca el carácter anamnético de la misma. Por otra parte, no debe desdeñarse la posibilidad de un significado sacrificial del término eujaristein, como han mostrado estudios recientes.23
Finalmente, desde el punto de vista de nuestra investigación, Oid. 14:1-3 añade algunos datos interesantes: una regularidad en la celebración, centrada en el "día del Señor"; una exigencia de reconciliación y una noción de sacrificio difícil de precisar, aunque ciertamente existente, como lo atestigua la clásica cita de Mal 1:11-14.
Particularmente significativo para nuestro estudio es el dato de que la Eucaristía se celebra el "día del Señor." Rordorf ha mostrado que esta decisión de los primeros cristianos no estaba influida por ninguna costumbre ritual pagana, sino que ha sido la resurrección de Cristo el día de Pascua y, sobre todo, las apariciones el mismo día de Pascua y ocho días después, cuando Jesús comió con sus discípulos, las que han jugado un papel decisivo en la tradición que fijó la celebración de la cena en domingo y no en jueves, el día de su institución, como parecería lo normal. En consecuencia, la unión de celebración eucarística y domingo parece reflejar la unión de esa celebración y la conmemoración litúrgica de la Pascua, es decir, de la resurrección del Señor. De esta manera, ya desde el principio de la Iglesia, la celebración eucarística es el corazón y el alma del domingo cristiano y expresa la comunión de los discípulos con el Señor resucitado.
Esta comunión tiene, sin embargo, una doble dimensión, que proviene precisamente de la designación del domingo cristiano como ήμερα κυρίου ο, segϊn dice Ap 1:10, κυριακη ήμερα, expresiσn que probablemente haya influido sobre la designación de la cena en 1 Cor 11:20: κυρίακον δεΐπνον, y que tiene un claro sentido escatolσgico. En efecto, la celebración de la cena el "día del Señor" manifiesta, en primer lugar, la certeza de la primitiva comunidad cristiana de que el Señor está presente, resucitado, entre los suyos cuando ellos celebran la Eucaristía en el nombre del Señor. En segundo lugar, esta presencia implica una espera escatológica, pues aún no es definitiva: se espera el definitivo "día del Señor." Volvemos así a coincidir con el grito de las primeras comunidades, el maranatha, que encierra en sí también esta doble dimensión, según la doble traducción que admite "¡El Señor viene!" o "¡Ven, Señor!"
En conclusión, este texto de la Didajé subraya, por una parte, la conciencia que los primeros cristianos tenían de la. presencia salvadora en la celebración eucarística de Jesús resucitado; por otra, acentúan el aspecto escatológico, que ya hemos subrayado en los anteriores textos comentados de este documento.24
Resumiendo ahora todos nuestros hallazgos, podemos decir: la plegaria eucarística de la Didajé es una celebración de esa "maravilla" que es la vida nueva, que nos ha sido revelada por el Padre mediante Jesús, su Siervo-Hijo, encarnado, resucitado y habitante en nuestros corazones. Por él avanza la Iglesia constantemente hacia su plena perfección y reunión en el Reino preparado, con la conciencia clara de que Cristo resucitado está presente en cada Eucaristía y garantiza la futura comunidad de vida con él en el definitivo "día del Señor."
2. Eucaristía e Historia de la Salvación en los Escritos de San Justino.
San Justino, descendiente de padres palestinenses, de la región de Samaría, tenía probablemente ascendencia romana, y en Roma estaba cuando escribió su primera Apología, dedicada al emperador Antonino Pío y a su hijo Verísimo, que después sería Marco Aurelio. Su testimonio litúrgico y doctrinal es particularmente interesante, pues viene de un conocedor de la tradición oriental y occidental, palestinense y romana, de mediados del siglo II. De entre las numerosas obras que él escribió, tres han llegado hasta nosotros: dos apologías y el Diálogo con el judío Trifón.25
En la primera Apología, tras describir el bautismo cristiano (Apol. I 61), Justino traza un cuadro vivo de la celebración eucarística que le sigue (I 65), volviendo a describir la liturgia de la Eucaristía un poco más adelante con ocasión de la celebración dominical (I 67). En estos pasajes, así como en otros de contextura más bien doctrinal, se encuentran algunos datos interesantes sobre el contenido de la plegaria eucarística.26
La terminología usada por Justino acerca de la plegaria eucarística es fluida y no demasiado precisa. De hecho, además del sustantivo ευχαριστία y el verbo εύχαριστεΐν 27, emplea otros términos que merecen la pena ser analizados, pues no son indiferentes para establecer el contenido de la plegaria eucarística.
Comencemos por un primer grupo de textos, cuyo contexto es la descripción de la liturgia de la Eucaristía, en los cuales la plegaria eucarística es puesta en boca del presidente de la asamblea,28 he aquí su traducción castellana:
Apol. I 65:3: "Luego, al que preside a los hermanos se le presenta pan y una copa de agua y vino mezclado con agua; tomándolos él, eleva alabanzas y glorias (ofvov και δόξαν αναπέμπει) al Padre del Universo por el nombre de su Hijo y del Espνritu Santo y pronuncia una larga eucaristía (έυχαριστίαν ποιείται) por habernos concedido esos dones que de ιl nos vienen. Cuando el presidente ha terminado las plegarias y la eucaristía (τάς εύχάς και την έυχαριστίαν), todo el pueblo presente aclama, diciendo: “Amιn."
4: "Amén" en hebreo quiere decir "Así sea."
5: Una vez que el presidente ha pronunciado la eucaristía (εύχαριστήσαντος) y que todo el pueblo ha aclamado, los que entre nosotros se llaman diáconos dan a cada uno de los asistentes parte del pan y del vino y agua eucaristizados (εύχαριστηθέν-τος), y lo llevan también a los ausentes.
67:5: Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos nuestras plegarias; cuando se terminan, como ya dijimos, se presenta pan, y vino, y agua, y el presidente, según sus fuerzas, eleva igualmente a Dios sus plegarias y acciones de gracias (εύχάς και ευχαριστίας, όση δύναμις αύτω, αναπέμπει).”
El primer texto relata el orden de la celebración de la Eucaristía a continuación de la celebración del bautismo. En él se contraponen αΐνον και δόξαν a έυχαριστίαν. El objeto de los dos primeros tιrminos es el Padre del Universo por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo; se trata, por tanto, de una alabanza en sentido estricto. El objeto del tercer término, έυχαριστίαν, es el haber sido hechos dignos de estas cosas que nos vienen de ιl; el acento recae, pues, sobre la acción de gracias por algo recibido de Dios. Las dos expresiones de 65:5 resumen toda la plegaria del presidente sobre los dones; el verbo εύχαριστειν describe, en consecuencia, toda la plegaria eucarística.
Tanto 65:3 como 67:5, cuyo contexto es la celebración de la Eucaristía el día del Señor, describen la plegaria eucarística del presidente de la asamblea con dos términos unidos: εύχαί και ευχαριστία. Teniendo en cuenta que inmediatamente antes se ha utilizado la palabra ευχαριστία con un sentido muy preciso, parece lσgico identificar el término plegarias (εύχαί) con la primera parte de la plegaria eucarística: αΐνον και δόξαν; su significado es, pues, el de “oraciσn de alabanza" tanto en 65:3 como en 67:5, donde idéntico binomio (con sólo una variante de número, que no juzgo significativa) describe también la entera plegaria del presidente. Esta doble coincidencia tan cercana y en contexto litúrgico ofrece una pauta para interpretar la misma frase siempre que se nos presente (Apol. I 13:1; Dial. 117:2-5), aplicando la regla de explicar lo más oscuro por lo más claro.
Por lo demás, una primera conclusión parece imponerse: la plegaria eucarística que conoce San Justino comporta alabanza y acción de gracias, incluyéndose en esta última un mayor matiz de agradecimiento.29
En cuanto al contenido de la plegaria eucarística del presidente, podemos resumir diciendo que ésta consta de una alabanza dirigida al Padre del Universo mediante el nombre de su Hijo y del Espíritu Santo, es decir, a la Trinidad, y de una acción de gracias por los dones que de él nos vienen. La referencia más directa parece ser a los dones de la creación, objeto de la acción de gracias explicitado, como veremos, en otros textos; pero, si tenemos en cuenta el contexto bautismal en que se celebra esta Eucaristía, parece existir también una referencia al don del bautismo o, dicho más en general, a la redención que nos viene por el bautismo; tal parece ser el sentido que hay que dar al demostrativo τούτων.
Un segundo grupo de textos es el compuesto por aquellos en que la plegaria eucarística viene referida, de un modo más general, a los cristianos como algo propio de ellos, frente a judíos y paganos. Todos ellos están situados en contexto doctrinal.
"La ofrenda de flor de harina, señores — proseguí —, que se mandaba ofrecer por los que se purificaban de la lepra era figura del pan de la eucaristía (του άρτου της ευχαριστίας), que nuestro Seρor Jesucristo mandó ofrecer (ποιεΐν) en memoria (εις άνάμνησιν) de la pasión que él padeció por todos los seres humanos que purifican sus almas de toda maldad; para que demos gracias en común (εύχαρισ-τώμεν)
por haber creado el mundo y cuanto en él hay,
movido por amor hacia el hombre;
por habernos librado de la maldad en que nacimos;
por haber destruido con destrucción completa
a los principados y potestades
por medio de aquel que, según su designio, nació pasible."
En este pasaje, el "pan de la eucaristía" es presentado como anticipo o realidad de la ofrenda de flor de harina de Lev 14:10. La palabra ευχαριστία es aquν difícil de interpretar. Teniendo en cuenta Apol. I 65:5, en que se habla de "pan eucaristizado," habría que interpretar nuestro paso en este sentido: el pan sobre el que se ha pronunciado la acción de gracias, por lo que ya no es un pan o alimento ordinario, sino el "pan de la eucaristía." Parece ser, pues, una variante de Apol. I 66:1: "Este alimento se llama entre nosotros eucaristía"; aquí el efecto (alimento distinto del normal) toma el nombre de la causa (plegaria eucarística pronunciada sobre él).30
El "pan de la eucaristía" ha sido mandado ofrecer por Jesucristo "en memorial de la pasión" 31 y para que todos a una diéramos gracias a Dios "por haber creado el mundo," etc. El verbo εύχαριστειν significa aquν dar gracias, y se refiere, con gran probabilidad, a la plegaria eucarística, siempre subrayando un cierto matiz de agradecimiento, visible en el motivo de la acción de gracias: la creación, llevada a cabo por Dios Padre, y la redención, descrita esta última en términos de "victoria sobre la maldad en que nacimos" y "destrucción de los principados y potestades." Lo primero se refiere a la victoria sobre el pecado por medio de la resurrección de Cristo, de cuya victoria nosotros participamos por el bautismo; lo segundo, probablemente, a los poderes malignos de este mundo y del otro, es decir, también a los demonios.32 Por otra parte, al afirmarse que la redención se ha realizado mediante los padecimientos de Jesús, la pasión del Señor es también explícitamente conmemorada; este aspecto queda reforzado al subrayarse un poco antes la dimensión de la Eucaristía como memorial de la pasión (cf. también Dial. 70:4 y 117:3).
Un texto particularmente interesante es Apol. I 13:1-3:
1: "Que no somos ateos, ¿quién que esté en su sano juicio no lo confesará? Pues nosotros damos culto al Hacedor del universo, de quien decimos, según se nos ha enseñado, que no tiene necesidad ni de sangre, ni de libaciones, ni de incienso; a él alabamos, conforme a nuestras fuerzas, con palabras de plegaria y acción de gracias (λόγω ευχής και ευχαριστίας, δση δύναμις, αίνοΰντες) por cuantas ofrendas hacemos. Porque el solo honor digno de ιl que hemos aprendido es no el consumir por el fuego
2: lo que por él fue creado para nuestro alimento, sino ofrecerlo para nuestra utilidad y la de los necesitados, y elevar con nuestras palabras alabanzas e himnos en agradecimiento (έκείνω δε ευχάριστους οντάς, δια λόγου πόμπας και ύμνους πέμπειν) por habernos creado, por los medios todos de salud, por la variedad de las especies y los cambios de las estaciones, así como súplicas (αιτήσεις) por el nuevo nacimiento en incorruptibilidad en virtud de la fe que tenemos en ιl.
3: Luego demostraremos que con razón honramos también a Jesucristo, que ha sido nuestro maestro (διδάσκαλον) en estas cosas, y que para ello naciσ y fue crucificado bajo Poncio Pilato, que fue procurador de Judea en tiempos del cesar Tiberio. De él hemos aprendido (μαθόντες) que es el hijo del mismo verdadero Dios, y le tenemos en segundo lugar, así como al Espíritu profetice, a quien ponemos en el tercero."
Justino defiende aquí a los cristianos de la acusación de ateos que en los medios paganos se les echaba en cara. La defensa contra esta acusación se toma de un hecho: los cristianos tienen un verdadero culto. Se añade, además, una confesión de fe: los cristianos creen en Dios, creador del universo; en Jesucristo, su Hijo, y en el Espíritu Santo. Los párrafos 1-2 reflejan, en efecto, un contexto cultual, que se refiere precisamente a la Eucaristía tanto por la terminología usada como por el contenido33. En cuanto a la terminología, el verbo αίνοΰντες debe de designar toda la plegaria eucarνstica, pues su contenido son "la plegaria y la acción de gracias," un binomio que ya conocemos y que designa el contenido de alabanza y acción de gracias de la plegaria eucarística. La expresión "elevar alabanzas e himnos" parece también designar la misma plegaria eucarística, motivada, como es habitual en San Justino, por el agradecimiento a determinados beneficios. Según esto, la oración eucarística constaría de unas palabras de alabanza, cuyo contenido no se da, dirigidas a Dios y de una acción de gracias por la obra de la creación, centrada en el ser humano.
Hay que notar un nuevo aspecto que añade el texto: la acción de gracias se prolonga en súplicas (αιτήσεις) por la futura resurrecciσn, cuyo germen es ya la fe que tenemos. Quizá este inciso sea una posible alusión al aspecto de súplica o intercesión de la plegaria eucarística.
El párrafo 3 no parece, sin embargo, tomado de un contexto cultual, sino, más bien, de una confesión de fe34. Es interesante poner de relieve cómo Justino, para demostrar la fe que profesa, echa mano tanto de textos litúrgicos como de los contenidos del símbolo de la fe. La confesión de su fe en Dios, tomada de un contexto litúrgico, se prolonga así en una confesión cristológica y trinitaria, entresacada de un símbolo cristológico y unida con poca habilidad a lo anterior. Tenemos aquí un primer acercamiento entre plegaria eucarística y símbolo bautismal, que nos muestra cómo en la base de ambos se encuentra ya un mismo esquema incipiente de teología de Historia de la Salvación.35
La complejidad de la terminología de Justino se pone de manifiesto en Dial. 117. En un contexto en que se contraponen los sacrificios judíos al único verdadero sacrificio cristiano, se dice:
1: Así, pues, Dios atestigua de antemano que le son agradables todos los sacrificios que se le ofrecen por el nombre de Jesucristo, los sacrificios que éste nos mandó que existiesen, es decir, los que se refieren a la eucaristía del pan y del cáliz (τουτέστιν επί τη ευχαριστία του άρτου καί του ποτηριού), que son realizados por los cristianos en toda la tierra.” Este sacrificio no es ninguna cosa material ni coincide con los sacrificios judíos, rechazados por Dios en Mal 1,10-12.
2: ... “ahora bien, que las plegarias y acciones de gracias (εύχαί καί 3: εύχαριστίαι) son los ϊ
nicos sacrificios perfectos y agradables a Dios, yo mismo os lo concedo. Pues justamente ésos solos son los que los cristianos han aprendido a ofrecer (ποιεΐν) precisamente en el memorial (έπ άναμνήσει) de su alimento seco y hϊmedo, en que se hace memoria (μέμνενται) de la pasiσn que por ellos sufrió el Hijo de Dios." Por tanto, no son los judíos los que cumplen lo dicho por el profeta Malaquías acerca del sacrificio perfecto y universal, sino los cristianos, pues5: ...”no hay raza alguna de hombres (...) entre los que no existan plegarias y acciones de gracias (εύχαί καί εύχαριστίαι) al Padre y Hacedor de todas las cosas
por el nombre de Jesús crucificado."El razonamiento de Justino parece ser éste: los sacrificios antiguos han sido abrogados. El único verdadero sacrificio es la "eucaristía," las "plegarias y acciones de gracias," verdadero sacrificio espiritual. Ahora bien, éstas pueden considerarse como sacrificio no en sí mismas, sino en cuanto que son "eucaristía" sobre el pan y el vino en memoria de la pasión del Señor. Dicho de otra manera, la celebración del memorial de la pasión del Señor es la razón de que la Eucaristía sea un sacrificio, y éste es expresado por la plegaria eucarística. En consecuencia, ευχαριστία y εύχαί και εύχαριστίαι significan, tambiιn aquí, la plegaria eucarística, en cuanto que son expresión del sacrificio espiritual verdadero anunciado por Malaquías y realizado en el ofrecimiento del pan y del vino en memoria de la pasión del Señor.
Un último aspecto nos queda por señalar en este segundo grupo de textos: el de la Eucaristía como memorial de la encarnación del Señor, que San Justino menciona explícitamente en Dial. 70:4. Comparando la terminología de este pasaje con Dial. 41:1 y Apol. I 66:3,36 es evidente que también aquí se trata del "pan de la eucaristía," "que Jesús nos mandó celebrar en memorial de haberse hecho él hombre en favor de los que creen en él, por quienes también se hizo pasible," y del "cáliz de la eucaristía," "que también nos mandó celebrar con acción de gracias en memorial de su sangre." Pan y cáliz equivalen, pues, a pan de la eucaristía y cáliz de la eucaristía. La Eucaristía se describe, por otra parte, como la celebración del pan y del cáliz en memorial de la encarnación del Señor y de su pasión, aunque subrayando lo primero. Es muy posible que aquí se descubra una línea doctrinal que, sin duda, se remonta hasta la concepción eucarística de Juan.37
Quedarían todavía por estudiar un tercer grupo de textos que presentan más dificultades de interpretación, sobre todo porque es dudoso su significado estrictamente eucarístico o porque la misma diversidad de interpretaciones muestra la dificultad que entrañan. De este último carácter es la expresión δι” ευχής λόγου του παρ” αύτοΰ. Sobre su significado se han emitido toda clase de opiniones posibles; no entramos aquí en su discusión, pues no lo considero importante para el tema del contenido histórico-salvífico de la plegaria eucarística.38 En l· I 67:2, la palabra εύλογοΰμεν no puede con certeza interpretarse de la plegaria eucarνstica, pues el contexto podría referirse también a una comida normal o, todo lo más, sería una introducción a la eucaristía del domingo, que comienza a relatarse en el párrafo 3. En cuanto al final de Dial. 118:2, la expresión "ofrecer alabanzas y acciones de gracias verdaderas y espirituales" se refiere al sacrificio escatológico tras la segunda venida del Señor; por tanto, no directamente a la Eucaristía.39
De todos los datos hasta aquí obtenidos podemos ya sacar algunas conclusiones. En primer lugar, San Justino describe la plegaria eucarística como una única plegaria, compuesta de alabanzas y acción de gracias, dirigida al Padre por el Hijo y el Espíritu Santo, y, por tanto, de sentido ascendente, recitada por el presidente de la asamblea y con una sola intervención de ésta, el "Amén" final. Esta plegaria tiene una cierta fuerza consagratoria sobre el pan y el vino, pues tras haber sido pronunciada sobre ellos, ya no son alimento normal, sino cuerpo y sangre del Señor. Tampoco parece que existiera un texto fijo de plegaria eucarística, sino que aún regían las normas de una cierta improvisación.40
Con relación, en segundo lugar, a las distintas partes de que se compondría la plegaria eucarística conocida por Justino, parece que se puede llegar a las siguientes conclusiones:
— Parece cierto considerar que la parte principal es una plegaria de alabanza y acción de gracias dirigida al Padre por la creación y la redención.
— Dado que la Eucaristía es concebida por San Justino como memorial de la encarnación y pasión de Jesús, es pensable que en la plegaria eucarística se expresasen estos dos hechos.
— Teniendo en cuenta el intenso acento de la celebración eucarística como memorial, así como las múltiples referencias al "mandato del Señor," es posible que en esa plegaria se expresasen de alguna manera tanto el acontecimiento originante de la Eucaristía (narración de la institución, cuya tradición Justino conoce; cf. Apol. I 66:3) como la referencia directa a él (anamnesis en sentido estricto). Esto no es, sin embargo, comprobable.
— Tampoco parece comprobable, al menos de una manera convincente, el que en esta plegaria se incluyese una epíclesis del logos.
— Más visos de probabilidad tiene el que de alguna manera se insertasen en esta plegaria algunas intercesiones, sobre todo si se acepta la interpretación dada a Apol. I 13:2.
— Todo ello, naturalmente, no expresado en una fórmula fija, sino como puntos de referencia a los cuales debería atenerse el presidente de la asamblea en el momento de recitar la plegaria eucarística durante la celebración.
Finalmente, la concepción que de la Historia de la Salvación refleja la "anáfora" de San Justino, podría describirse del siguiente modo:
—La Historia de la Salvación comienza con la creación, obra de Dios Padre, gesto de su amor hacia los hombres, para los cuales ha sido creado el mundo entero (Apol. I 65:3; 13:1-2; Dial. 41:1).
— Los hombres estaban, sin embargo, sometidos a la maldad del pecado y a "los principados y potestades"; el Padre es también el autor de su liberación, llevada a cabo por Cristo, su Hijo, mediante su encarnación, pasión y resurrección, cuyos frutos nosotros recibimos en el bautismo (Dial. 41:1).41
— Esta acción salvadora de Dios estaba ya revelada por el Espíritu profetice (Apol. I 65:3; cf. 13:3; 31:1), que ya desde antiguo había anunciado estas cosas.
— La acción salvadora de Dios no está, sin embargo, aún concluida del todo, sino que camina a lo largo de la historia hacia su perfección: la plena participación en la resurrección del Señor el día de la parusía.
La acción de gracias no se centra, por tanto, en Cristo directamente, cosa que, por el contrario, parece apreciarse en el símbolo bautismal (cf. Apol. I 13:3). Esto nos lleva a sospechar una posible influencia del símbolo bautismal en la parte cristológica de algunas anáforas posteriores.
3. Otros Testimonios de la Plegaria Eucarística. "Hechos Apócrifos de los Apóstoles."
Pocos testimonios más se pueden aportar acerca de la plegaria eucarística en el lapso de tiempo que va desde los escritos neotestamentarios hasta la aparición de la primera anáfora escrita, la contenida en la Tradición Apostólica, de Hipólito, fuera de los ya estudiados. Es cierto que la oración de alabanza y acción de gracias cristiana siguió siendo una constante desde los tiempos del NT. Los testimonios que de ella encontramos en el corpus paulino pueden encajar ciertamente en el género bendicional (p.ej.: 2 Cor 1:3-4; Ef 1:3-14. 20-23; Col 1:15-20; también 1 Pe 1:3-4); es posible incluso que tengan un origen litúrgico en muchos casos, pero es más difícil situarlos en un contexto cierto de celebración eucarística y casi imposible demostrar que alguna vez fuesen usados en contexto de plegaria eucarística.42 En cuanto a la gran plegaria con que termina la Carta a los corintios, de San Clemente Romano, trataremos de ella en relación con la anáfora de San Marcos, de la tradición alejandrina.43
Sólo nos queda, pues, hacer referencia a las plegarias que se encuentran en los Hechos apócrifos de los apóstoles, escritos que hay que situar entre los siglo IIy III44. Los pasajes más interesantes, desde nuestro punto de vista, se encuentran en los Hechos de Juan, obra compuesta entre el 150 y el 180, y en la cual se ponen de manifiesto las tendencias docetistas del autor.
En tres momentos se habla de la Eucaristía en esta obra: una breve alusión en el capítulo 9, la celebración eucarística en la tumba de Drusiana (c.85) y antes de la muerte de Juan, al final de la obra (c. 106-115). En estos dos casos últimos se transcribe la plegaria eucarística que supuestamente habría pronunciado el apóstol45. En ambas se habla de una eucaristía con pan sólo, sin mencionar el vino para nada, lo que hace pensar en una tendencia encratita del escrito,46 y en ambos casos se dirige la plegaria no al Padre, sino a Jesús.47
He aquí el texto del capítulo 85 traducido al castellano:
"Tras decir esto, Juan tomó el pan para partirlo, lo llevó hacia el interior del sepulcro y, elevando una plegaria (έπευξά-μενος), dijo:
"Glorificamos tu nombre,
que nos ha convertido del error y del engaño cruel. Te glorificamos,
porque has puesto ante nuestros ojos lo que hemos visto.
Damos testimonio de tu amorosa bondad,
manifestada de múltiples modos.
alabamos tu nombre bueno, Señor,
que has dado la convicción a los convencidos por ti.
Te damos gracias, Señor Jesucristo,
porque hemos creído en tu inmutable (gracia).
Te damos gracias,
porque necesitaste de nuestra naturaleza para salvarla.
Te damos gracias,
porque nos has dado esta firme (fe).
Porque tú eres el único (Dios) ahora y siempre, tus siervos te damos gracias, ¡oh Santo!, reunidos con intención recta y resucitados (?)."48
Tras haber elevado estas plegarias y haber glorificado así (al Señor), hizo partícipes a todos de la eucaristía del Señor y salió del sepulcro."
No se trata, como puede verse, de una plegaria lineal, sino que, al estilo de Did. 10, está compuesta de varias alabanzas y acciones de gracias. Su misma estructura literaria nos induce a distinguir dos partes: en la primera, tras pronunciarse dos veces el verbo "glorificar" (δοξάζομεν), sigue una vez “testimoniar” (μαρτυρουμεν) y otra “alabar” (αίνοΰμεν); en la segunda, compuesta de tres miembros y una inclusión, encontramos las cuatro veces "dar gracias" (εύχαριστούμεν).
En cuanto al contenido, se glorifica en primer lugar, así como al final de este párrafo, el nombre de Jesús, el cual nos convirtió del error y del engaño cruel; este último sustantivo (ανηλεούς) nos pone en contacto con Mt 13:22 y Mc 4:19, explicaciσn de la parábola del sembrador. Es probable, por tanto, que la conversión de que se habla se refiera a la superación de las dificultades mundanas para aceptar la palabra de Jesús, es decir, su revelación salvadora. Seguidamente se glorifica a Jesús porque ha puesto ante nuestros ojos lo que hemos visto, alusión a Jn 20:24-29 y 1 Jn 1:1-2; se trata, pues, también de la revelación de su obra salvadora. A continuación se da testimonio de la bondad del Señor, manifestada de múltiples maneras; resuenan en esta frase las afirmaciones neotestamentarias de la manifestación del amor de Dios (1 Jn 4:9-10)49 y de su gracia (2 Tim 1:9-10); se trata, pues de la revelación de la bondad divina. Finalmente se alaba al Señor, que ha convencido a los que, ganados por él, en él creen, es decir, a los que han recibido de él la revelación y la convicción de la misma. En resumen, toda esta primera parte es una alabanza a Jesús por el conocimiento y revelación recibida.
La segunda parte está marcada por el verbo "dar gracias." Las motivaciones de la triple acción de gracias son la fe en su gracia inmutable, que es una fe firme, y el hecho de que haya tomado nuestra naturaleza para salvarla; es decir, el objeto de la acción de gracias es, más bien, la encarnación salvadora de Jesús que hemos creído.
Sigue una breve doxología, en la que hace aparición el tema de la acción de gracias, como resumiendo todo lo anterior, y el tema de la reunión en la asamblea y quizás de la reunión final con los resucitados.50
La plegaria del capítulo 109 se sitúa en un contexto más amplio: en el momento de la muerte de Juan, que sucede el "día del Señor"; tras una predicación (c.106) a la que sigue una plegaria compuesta probablemente por el autor y sin reminiscencias litúrgicas51 (c.108), viene la acción de gracias (c.109); sigue la fracción del pan y la comunión (c.110) y la bendición final (c.115). He aquí la traducción del capítulo 109:
"Después de haber pedido pan, pronunció la siguiente acción de gracias (εύχαρίστησεν ούτως):
¿Qué alabanza, qué oblación, que acción de gracias invocaremos al partir el pan sino tú solo, Señor Jesús? Glorificamos tu nombre, pronunciado por el Padre. Glorificamos tu nombre, pronunciado mediante el Hijo. Glorificamos tu entrada por la puerta. Glorificamos tu resurrección, que tú nos has mostrado. Glorificamos tu camino.
Glorificamos la semilla tuya, la palabra tuya, la gracia, la fe, la sal, la perla preciosa, el tesoro, el arado, la red, la grandeza, la diadema, al que por nosotros fue llamado Hijo del hombre, el cual nos ha hecho don (τον χαρισάμενον) de la verdad, el reposo, el conocimiento, la fuerza, el mandato, la segura confianza, la esperanza, la caridad, la libertad, el refugio en ti.
Porque tú solo, Señor,
eres la raíz de la inmortalidad,
la fuerza de la incorruptibilidad,
el sostén de los siglos;
tú has sido llamado con todos estos nombres por nosotros
para que, invocándote con todos ellos, conozcamos tu grandeza,
invisible al presente,
aunque mostrada ya a los puros,
si bien sólo en la imagen de tu única humanidad."
La plegaria comienza con una introducción retórica, en la que se califica lo que va a seguir como alabanza (atvov), oblación (προσφοράν) y eucaristνa (εύχαριστίαν). Sigue a continuaciσn una serie de alabanzas, que comienzan siempre con el verbo δοξάζομεν, y cuyas motivaciones u objetos son: el nombre del Señor Jesús; su entrada por la puerta, quizá alusión a Jn 10:1-3, con el significado de la encarnación, la venida al mundo del legítimo Pastor; su resurrección, que nos ha sido dada a conocer por él mismo; su camino, posible alusión a Jn 12:35-36 o, más probablemente, a Hech 9:2; 18:25; 24:22, en que el "camino" es la enseñanza de Jesús y el estilo de vida de la comunidad cristiana.52 Se continúa la oración, probablemente explicando el "camino" con una larga enumeración de objetos de alabanza, regidos por un único "glorificamos"; la mayoría de los términos enumerados está tomada del Evangelio, otros ya los hemos encontrado en la Didajé.
Finalmente, con una doxología, en la que se califica a Jesús como raíz de la inmortalidad, fuente de la incorruptibilidad (dos términos conocidos ya por la Didaje) y sostén de los siglos. Todos estos nombres nos han sido comunicados para que, invocándole de esta manera, podamos conocer la grandeza del Señor.
Es posible que en este último pasaje se encuentre la clave de interpretación de esta plegaria; se trataría, en definitiva, de una alabanza, sacrificio espiritual o eucaristía por el conocimiento que nos ha sido comunicado por Jesús; conocimiento de su obra salvadora, manifestada en la revelación de su persona, de su encarnación, de su resurrección, de su "camino" o enseñanza, que se encuentra en el Evangelio. A través de ello, Jesús, por nosotros54, se ha manifestado como el Hijo del hombre, que nos hace don (alusión a la obra salvadora gratuita) de la verdad, la paz, el conocimiento, etc. Dicho de otra manera: se trata de una acción de gracias o bendición por la revelación de la salvación, por el conocimiento de las maravillas de la salvación. La conexión con el tema de la plegaria anterior es clara, así como con Oíd. 10.55
En conclusión, la concepción histórico-salvífica que subyace a estas plegarias eucarísticas se centra principalmente en el conocimiento que Jesús nos ha otorgado de su persona y su obra de salvación; ésta se concentra en su revelación por el Padre, su encarnación, su resurrección y su doctrina salvadora, con todo lo cual nos hace partícipes de la verdad, la paz, el conocimiento, la incorruptibilidad, la inmortalidad y todos los demás dones mesiánicos de la salvación.
1 Las cuestiones que plantea esta obra están lejos de haber sido hoy totalmente resueltas. Así se expresaba S. giet en su comunicación al Congreso de Patrología de Oxford: .".. quant á identifier l"auteur ou les auteurs de la Didaché, ses destinataires et les circonstances precises de sa composition, je crois préférable de déclarer forfait" (L"énigme de la Didaché, en Studia Patrística X 1: TV 107 [1970] 84-94; cit. p.84). Los resultados a que este autor ha llegado pueden resumirse, por lo que a nosotros interesa, así: el didajista pertenecería a un medio judeo-cristiano; su intervención puede situarse hacia finales del siglo I, pero ha incorporado a su pequeño libro pasajes provenientes de otras fechas y prácticas ya en uso en las nuevas comunidades cristianas; entre ellas, una serie de plegarias de acción de gracias con ocasión de la fracción del pan, las cuales parecen tener conexión con las bendiciones judías. Sobre la Didajé en general, cf. J. quasten, Patrología I (Madrid 1961) 37-38, con amplia bibliografía. La última edición crítica completa es la de J. P. audet (La Didaché. Insíructions des Apotres, París 1958), que resume la historia de la investigación de este documento y da amplia bibliografía; y además la de W. rordorf-a. tulier (La Doctrine des Douys Apotres (Didaché) (París [SC 248] 1978), con la bibliografía más actual. Texto y trad. cast. en D. Ruiz bueno, Padres Apostólicos (Madrid 21967; rep. de la de 1950).
2 Véanse las distintas opiniones recensionadas en J. A. jungmann, El sacrificio de la misa (Madrid 31969) (con las correcciones de la 3.a y 4.a ed.) 30 nt.29; cf. también J. jeremías, Eucharistic Words 118 nt.l y 2, y J. betz, Oie Eucharistie I 1,75. Una selección comentada de las más importantes interpretaciones en W. rordorf (Les priéres eucharistiques de la Didache: EOO I 69-77), el cual por su parte afirma que el texto actual de Bryennios nos conserva unas plegarias comunitarias para la comida, las cuales han recibido un acento fuertemente eucarístico precisamente por celebrarse a continuación la verdadera eucaristía; Did 10, 2-5 provendría de la birkat ha-maon y sería una especie de "praefatio" primitivo: 77-82. Lo mismo sostiene en La Didache, en L·"Eucharistie des premiers chrétiens (París 1976, 7-28) y en el prólogo a la edición crítica citada en nota anterior. A. hamman (La priere. II. Les trois premieres siecles [Tournai 1963] 15-36) llega a la conclusión, a través del análisis de las plegarias de que se trata de una eucaristía verdadera en una colección adaptada para los fieles, no para el celebrante; por ello no se debe pretender encontrar aquí la anáfora, que, por otra parte, debía de ser aún improvisada. Por su parte, J. betz, en un reciente artículo (Oie Eucharistie in der Didache: Archiv für Liturgiewissenschaft 11 [1969] 10-39), tras mostrar el origen arameo del texto actual, defiende que éste se refiere a una comida, seguida de una celebración eucarística, a la que introduce 10,6 (opinión de J. P. audet); pero señala que los actuales textos (hasta 10,1-3a) originariamente estuvieron ligados a una verdadera y propia eucaristía. K. traede, en su trabajo sobre el "ósculo santo" (Ursprüngen und Formen des "Heiligen Kusses" in früher Christentum: JbAC 11-12 [1968-69] 124-180), afirma el carácter eucarístico estricto de Did 9-10, fundándose en observaciones principalmente lingüísticas (p.136-143). L. bouyer (Eucharistie 118-121) y K. gamber (Das Eucharistiegebet im Zeitalter des Neuen Testaments und der Apostolischen Vdter: Heiliger Dienst 22 [1968] 90-111) sostienen el pleno sentido eucarístico de los textos y su estrecha relación con las plegarias judías, especialmente el Qtdush y la birkat ha-maon. A. VOOBUS (Liturgical traditions in the Didache. Etse-Estocolmo 1968) se pronuncia por el sentido eucarístico de estos textos, así como E. mazza (Didache IX-X: elementi per una interpretayone eucarística: EphLit 92 [1978] 393-419); S. giet (L"énigme de la Didache, París 1970) se expresa en contra.
3 Aparte de las ediciones completas de la Didajé, se encontrarán estos textos, en griego y latín, en Prex Eucharistica 66-68; griego y castellano, en J. solano, Textos eucarísticos primitivos, 2 vols. (Madrid 1952) (TEP) I 51-55; castellano con notas, en La gran oración eucarística, o.c., 127-133.145-147. Sigo la traducción de D. Ruiz bueno con algunas variantes, teniendo en cuenta el texto base establecido por J. P. audet. Según este mismo, pertenecerían al redactor de la Didajé las siguientes indicaciones: 9,1; 9,2a; 9,3a; 9,5; 10,1; 10,7; el texto reproducido por el didajista sería una fórmula ya en uso antes de su inclusión en esta obra; cf. La Didache 375.
4 Cf. La Didaché 375-379 y su bibliografía posterior, señalada en la nt.55. T. J. talley, aunque con variantes respecto a Audet y siguiendo a L. Finkelstein, establece una conexión entre la birkat ha-mapn y la Didajé, notando el paso de "bendecir" a "dar gracias," paso que sería consciente y supondría una toma de posición cristiana sobre la bendición judía; cf. The Eucharistic Prayer 146-150.
5 La misma apelación en Mt 6,9; cf. Did 8,2.
6 Cf. el texto del Qidush, traducido al latín en PE 6. Did 9,2 correspondería a la bendición sobre el cáliz del Qidush: "Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, el que nos da el zumo de la vid." Sigue la bendición propia del Qidush con la que se santifica el día festivo, variable según éste y que aquí falta. A continuación viene la fracción del pan con su bendición propia: "Bendito seas tú, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, el que hace surgir el pan de la tierra." Inmediatemente sigue la comida, que termina con la birkat ha-mapn sobre un nuevo cáliz. Acerca del Qidush, cf. J. jeremías, Eucharistic Words 26-29, con bibliografía. En cuanto a la comparación con Le 22,17-19, no debemos olvidar, sin embargo, que el verso 17, en que se menciona la primera copa, es de otro tipo muy distinto a la narración litúrgica de Le 22,19-20, que forma una unidad en sí misma.
7 Así, entre otros, A. hamman (La primer II 17), que aduce los siguientes textos como posible génesis de la expresión: Is 5,1; Os 10,1; Jer 2,21; la plegaria del Qidush, Mt 26,29; Me 14,25; Jn 15,1. J. P. audet (La Didaché 425-428) y J. giet (L"énigme de la Didaché 205-206) la interpretan como el Señor resucitado, fundándose en que David era el profeta de la resurrección en la primitiva comunidad (cf. Hech 2,24-36); parecidamente E. peterson (Didaché c.9 et 10: EphemLit 58 [1944] 12). Sobre el términ
o παις aplicado a Jesϊs y la cristología arcaica que refleja, cf. J. E. ménard, Le titre pats Theou dans les Actes: Sacra Pagina (París-Gembloux 1959) 314-321; A. rose, L"influence des Septante sur la tradiíion chréiienne: QLP 3 (1965) 201-205; y, naturalmente, el artículo de zimmerli-jeremías (παις ϋεοΰ: TWNT V 653-713).8 El verbo γνωρίζω, ya usado por los LXX para designar la manifestaciσ
n de las obras de Dios en el culto (1 Crón 16,8; Sal 106,1), significa la revelación del designio de salvación por medio de Cristo; se repite en el mismo contexto en 9,2.3; 10,2.9 γνώσις estα
, por tanto, en relación con el significado de γνωρίζω. Sobre la plegaria por el “conocimiento,” cf. tambiιn Clem. 36,2; 40,1; 41,4; Mart. Palie. 14,1; Const. Apost. VII 33,3-4; 35,9; VIII 12,7; 31,4. El tema reaparecerá además en los Hechos apócrifos de los apóstoles y en la anáfora del eucologio de Serapión.10 Cf. H. riesenfeld, Das Broi auf den Bergen: Éranos 54 (1956) 149-150; L. clerici, Einsammlung der Zerstreuten. Liturgiegeschichtliche Untersuchung %ur Vor- und Nachgeschichte der Fürbitte in Didaché 9,4 und 10,5 (Münster W. 1966), esp. p.56-57.85-92.
11 Con ella la hacen coincidir en mayor o menor grado y con diversas variantes, entre otros, K. gamber (Das Eucharistiegebet 90-111); L. boüyer (Eucharistie 118-121) y W. rordorf (Les priéres 76-81). Con respecto a este autor, parece difícil identificar, como él intenta, Did. 10,4 con la cuarta bendición de la birkat ha-mapn; en efecto, esta última bendición habría sido añadida en el siglo II d.C, cuando ya existía el conjunto bendicional incorporado a la Didajé (cf. L. finkelstein, The birkat ha-maon 217-218.221-222), y, por otra parte, Oíd. 10,4 encaja bien corno doxología de la bendición que empieza en Oíd. 10,3. Parece más convincente la opinión de T. J. talley (The Eucharistic Prayer 148), según el cual hay una inversión de las dos primeras plegarias de la birkat ha-naon para subrayar el término "eucaristía" en lugar de "bendición" por parte cristiana. La doxología sería también una consciente variación cristiana.
12 Cf. J. daniélou, Théologie du judéo-christianisme (París 1958) 199-209. En contra S. giet (L"énigme de la Didache 211), para quien "Nombre" designaría a Dios, según la terminología judía.
13 Cf. Jn 1,14: "El habitó (
έσχήνωσεν) entre (εν) nosotros,” usando el mismo verbo y construcción de Oíd. 10,2. Compárese Jer 7,12: "Yo he establecido la morada de mi Nombre"; cf. también Dt 12,5; Esd 6,12; 1 Re 8,29; 9,3; Ez 43,7.14 Según E. peterson (Didache 5) podría tratarse de una alusión a una invocación litúrgica del Nombre que tendría la función de una epíclesis en la más antigua "fractio pañis."
15 Para πιστός, J. P.
audet (La Didache 432) aporta el testimonio de Heb 10,32-39; para αθανασία cf., p.ej., Sab 3,4; 4,1; 8,13.17; 4 Mac 14,5; 16,3; en el NT cf. 1 Cor 15,53; 1 Tim 6,16; cf. A. hammam, La priere II 22.16
Los apelativos de Dios como δέσποτα, παντοκράτορ, se usan frecuentemente en conexiσn con la idea de creación; véase una serie de testimonios en A. hamman (La priere II 23). La afirmación "para gloria de tu nombre" parece ser una alusión al Hijo; cf. E. peterson, Didache 6.17 Cf. la expresión "alimento espiritual" y "bebida espiritual" en 1 Cor 10,3-4; se refiere al maná y al agua y son figura del alimento y bebida que provienen de Cristo. El contexto de la frase de la Didajé hace también pensar en Jn 6,58.
18 Especialmente el Dt desarrolla una verdadera teología del "Acuérdate"; Dt 5,15; 7,18; 8,2.18; 9,7; 15,15; 16,3.12; 24,18-22; 32,7; cf. A. hamman, La priere II 24-25, donde se encontrarán otros testimonios. Se puede añadir a esos testimonios el del embolismo, que admite la tercera bendición de la birkat ha-mapn (ye"aleh we-yabho), en que con insistencia se recuerda ante Dios a los padres, al Mesías, a Jerusalén y a la casa de Israel; cf. el texto en latín en PE 27; en castellano, en GOE 74-75. Según elbogen, este embolismo, en su idea y expresión fundamental, podría existir ya en los tiempos de Jesús: "seit den Tagen der ersten Tannaiten" (Der jüdische Gottesdienst in seiner geschichtlichen Entaiicklung [Hildesheim 1967; reprod. 31931] 125). El insistente tono escatológico de este embolismo coincide plenamente con el de Did. 10,5.
19 La expresión de "los cuatro vientos" forma parte de la descripción escatológica de Mt 24,31 y se encuentra aplicada a los judíos dispersos, aunque también, con sentido escatológico, en la plegaria Ahabhah rabbah antes del Sema y en la décima bendición de las Semoneh "esreh o Amidah; cf. trad. lat. en PE 37-38.48-49.
20 H. lietzmann dispone las aclaraciones finales en diálogo de esta manera: Celebrante: Venga la gracia y pase este mundo. Pueblo: ¡Hosanna al Hijo de David! Celebrante: El que sea santo que venga. El que no lo sea, que se convierta. Maranatha. Pueblo: Amén. Las considera como una invitación a la comunión y piensa que originariamente estarían antes de 10,1-5; cf. Messe und Herrenmahl 236-238 (ed. ingl. 192-193). J· P. audet, aceptando sustancialmente la hipótesis de un diálogo celebrante- comunidad, las deja en su sitio y piensa que son una invitación a los simpatizantes para que se retiren antes de la Eucaristía "mayor" o verdadera celebración eucarística; cf. La Didaché 411-424. Sin embargo, podría no ser necesariamente un "ritual de paso," como lo denomina audet, sino pertenecer a la misma plegaria, como una invitación a seguir a Cristo o a incorporarse a su Iglesia, una urgente invitación que participa de la intensa atmósfera escatológica que se respira en la súplica por la Iglesia. Así recientemente K. traede (Ursprüngen 140-141), que afirma: "speziell die Yerben des sakralen Rechtssatzes 10,6 lassen sich durchaus auch ohne liturgische Fortsetzung erkláren, ais eschatologisch begründeter Einladungs- und Entscheidungsruf, den eine Kultgemein-schaft gleichsam ais "Satzung" an potenzielle Mitglieder ergehen lásst" (p.141 n.44).
21 La Didajé parece, en efecto, habernos conservado un tipo de celebración eucarística en contexto de una comida real (no un ágape, que parece una creación posterior influida por el mundo helenista; cf. J. P. audet, La Didaché 406), al estilo de lo que puede todavía percibirse en 1 Cor 11,25 y Le 22,20. En una celebración de este tipo, tanto la consagración del pan y del vino como su comunión están separadas por la comida.
22 Sobre la libertad de inspiración de la plegaria eucarística antigua, cf. R. P. C. hanson, The Liberty of the Bishop to improvise Prayer in the Eucharist: Vigiliae Christianae 15 (1961) 173-176; L. bouyer, L"improvise liturgique dans FÉgliu ancienne: LMD 111 (1972) 7-19; H. davies, Friere liturgique et priére spontanée dans le débat entre anglicans et puritains: LMD 111 (1972) 31-42.
23 Cf. los estudios de Cazelles y Laporte señalados en c. anterior nt.53.
24 Sobre el significado de la Eucaristía celebrada el domingo, el "día del Señor," cf. W. rordorf, Der Sonntag. Geschichte des Ruhe- und Gottesdienstages im atiesten Christentum (Zurich 1962), esp. 207-208.241.254; del mismo autor cf. La célébration dominicale de la Sainte Cene dans l"Eglise ancienne: Revue de Théologie et de Philosophie 99 (1966) 25-37; C. S. mosna, Storia della Oomeníca dalle origini fino agli inii del V secólo (Roma 1969), esp. 83-90. Sobre la evolución de la expresión η
μέρα κυρίου y su significado escatolσgico, cf. A. hammam, La priere II 32-34; G. von rad, ήμερα: TWNT II 945-949.25 Sobre San Justino, obra y ediciones, cf., con bibliografía, J. quasten, Patrología I 190-211; en p.210-211 bibliografía sobre la Eucaristía. Complétese con L. W. barnard, Justin Martjr in recent Stuaj: Scotish Journal of Theology 22 (1969) 152-164. Véanse, sobre todo, O. perler, Lagos und Eucharistie nach Justinus I Apol. c.66: Divus Thomas 18 (Friburgo S. 1940) 296-316, y A. prigent, Justin et l"Ancient Testament, París 1964). Para la traducción de los textos utilizo, con algunas variantes, D. Ruiz bueno (Padres apologistas griegos [Madrid 1954J 155-548), que da el texto griego de G. raüs-chen (Sti. Justini Apologiae duae: Florilegium Patristicum 2, Bonn 21911) y de G. archambault (Justin: Dialogue avec Triphon, 2 vols.: Textes et Documents 8 y 11, París 1909). Una serie de textos seleccionados sobre el tema de la Eucaristía, en TEP 57-67, en griego y castellano; en griego y latín, PE 68-75; en castellano con notas, GOE 130-134.147-150. Sobre los problemas y cuestiones en general acerca de la Eucaristía, cf. J. M. hanssens, Institutiones liturgicae de ritibus orientalibus vol.II (Roma 1932) 366-368; D. van den eynde, L"Eucarestia in S. Ignacio, S. Giustino, S. Ireneo, en Eucarestia, a cura di Mons. piolanti (Roma 1957) 116-127.
26 Los pasajes útiles sobre este tema, aunque algunos con dificultades de interpretación, son Apol. I 66,2; 13,1-3; Dial. 41,1; 70,4; 117; y quizá 29,1.
27 Según J. betz (Die Eucharistie 157 nt.62), se daría en Justino el siguiente cuadro: ε
ύχαριστεΐν plegaria eucarνstica: Apol. I 65,5; 66,2; 67,5; Dial. 41,1; 70,4; ευχαριστία plegaria eucarística: Apol. I 65,3; 67,5; Dial. 41,1.3; 117,1.2; elementos eucarísticos: Apol I 661. Sobre esto cf. Th. schermann, ευχαριστία und εύχαριστεΐν in ihrem Bedeutungsivandel bis 200 n.Chr.: Phüologus 69 (1910) 375-410.28 Justino determina más claramente quién es este presidente en Dial. 116,3: "Dios no acepta sacrificios más que de sus sacerdotes (ι
ερέων)." La expresión parece deba ponerse en relación con el επίσκοπος de Ignacio de Antioquνa en Esmirn. 8,1-2; Ef. 20,2; Filad. 4. Si Justino no utiliza este término abiertamente, es por precaución oratoria, ya que se trata de un término cristiano técnico que procura evitar; igual modo de actuar en Apol. I 67,3.7 ("día del sol" por domingo); Apol. I 67,4 ("memorias de los apóstoles" por evangelios); I 67,7 ("día de Saturno" por sábado); cf. también 65,5; y relativo al bautismo, 61,12; 66,1; cf. J. DE watteville, Le sacrifice dans les textes eucharistiqties des premien siecles (Neuchátel 1966) 72-73.29 Sobre el acento de agradecimiento que se nota en la "eucaristía" de San Justino, cf. J. A. jungmann, El sacrificio de la misa 41; véanse también los análisis de vocabulario de L. ligier (Magnae orationis eucharisticae 71) y de J. de watteville (Le sacrifice 74-75); en cuanto a este último autor, pienso que en San Justino no se puede hacer una división tan ne
ta como la que propone entre ευχή (plegaria judνa, que significaría intercesión, petición o alabanza) y ευχαριστία (que sería la plegaria típicamente cristiana). A mi modo de ver, y a estas alturas, aunque la influencia judía es evidente, ambos tipos de plegaria han sido asumidos por los cristianos, y son, por tanto, cristianos. Esta me parece ser la opinión de A. baumstark (Liturgie comparée. Principes et méthodes pour l"étude historique des liturgies chrétiennes [Chevetogne-París 31953] 73-74), que cita en apoyo de su distinción el autor. Nótese que el término εύχάς de Apol. I 67,5 significa "plegarias de intercesión."30 Se percibe aquí un nuevo aspecto de la "eucaristía," conexo con el de "acción de gracias" o "alabanza"; la "eucaristía" sobre el pan y el vino hace que este pan y este vino sean otra cosa que alimento normal; son "la carne y la sangre del mismo Jesús encarnado" (Apol. I 66,2). Este aspecto "consagrante" o "transformante" de la plegaria eucarística puede ya percibirse en textos como 1 Cor 10,30; 1 Tim 4,4 (cf. K. gamber, Das Eucharistiegebet 91). Un antecedente podría también encontrarse en Did. 9,5, en que se establece la norma de que sólo los bautizados pueden comer de "esta eucaristía." En Justino, esta idea se repite otras veces: Apol. I 65,5; 66,1.2; 67,5; Dial. 41,3, donde deben interpretarse en la misma línea las expresiones "pan de la eucaristía" y "cáliz de la eucaristía."
31 El texto recuerda, en parte, la terminología de 1 Cor 11,23-24, donde se encuentran las siguientes expresiones coincidentes: παρεδοκα, ό κύριος “ Ιησούς, ποιείτε, εις άνάμνησιν. Una terminologνa muy paralela en Apol. I 66,3 y Dial. 70,4. La traducción de ποιεΐν por “celebrar” la defiende en este caso M. goguel (L eucbaristie des origines a Justin Martyr [París 1910] 273); P. batiffol prefiere la traducción de "ofrecer"; cf. LEucharistie, la présence réelle et la transsubstantiation (París 1930) 24; cf. también Β. βοττε, Problémes de l"anamnése: The Journal of Ecclesiatical History 5 (1954) 22. Desde el punto de vista sacrificial, cf. las observaciones de J. watteville (Le sacrifice 75.80-81); el autor afirma que, al comparar Justino la eucaristía cristiana con el sacrificio "akarah de Lev 14,10, el verbo εύχαριστεΤν adquiere aquν y en otros pasajes un sentido sacrificial comparable al de la ofrenda de harina del AT. Véase en esta misma obra (p.65-84) el capítulo dedicado a la concepción sacrificial de la Eucaristía en Justino.
32 “Victoria sobre la maldad en que nacimos”; maldad (πονηρία) significa pecado en
Apol. I 44,4, citando a Is 1,16-20; la misma cita en Apol. I 61,71, aplicada ahora más directamente a la "maldad" que se quita por el bautismo; cf. también Dial. 18,2. En Dial. 41,4, la circuncisión es figura de la verdadera circuncisión (bautismo), por la cual Jesucristo resucitado nos circuncidó a nosotros del error y de la maldad; cómo explica Justino esta maldad en que nacimos, cf. Apol. I 61,9-10. "Principados y potestades": Justino habla en Dial. 30,3 del gran poder que Dios ha concedido a Jesús por su pasión y crucifixión, tan grande que se le someten los mismos demonios; a continuación explica el poder que se sigue de la segunda venida gloriosa (Dial. 31). Para ello aplica la profecía de Daniel sobre el Hijo del hombre (Dan 7,9-28), ante el cual todas las potestades (πασαι έξουσίαι) se someterαn. En Dial. 49,8, hablando de la venida de Cristo, se dice que, ya en su primera venida, "alguna fuerza oculta de Dios tuvo el Cristo crucificado cuando ante él se estremecen los demonios y absolutamente todos los principados y potestades de la tierra"; cf. posibles conexiones con Jn 3,18-19; 7,7; 15,18-19; 16,8-11, entre otros textos de Jn. Podemos, pues, decir que la idea de Justino es: por la muerte y resurrección de Jesús han sido vencidos los demonios y los poderes malignos de este mundo.33 En cuanto a la terminología, compárense las expresiones de estejjasaje con otros claramente eucarísticos; sobre todo, con Apol. I
67,5; 13,1: λόγω εύχις και ευχαριστίας... όση δύναμις αίνοΰντες; 67,5: σ προεστώς εύχάς ομοίως καί ευχαριστίας, όση δύναμις αύτω, αναπέμπει. Cf., además, Apol. I 65,3 y Dial. 117,5. Dada la coincidencia terminológica, la construcción participial έκείνω δε ευχάριστους δντας podrνa, quizá, traducirse, más que por "mostrándonos agradecidos a él," por "presentándole la acción de gracias," con pleno sentido eucarístico y con el matiz de agradecimiento observado ya en Justino. En cuanto al contexto y contenido, se trata de oponer al vano culto de los sacrificios paganos, consumidos por el fuego, el verdadero culto cristiano, que consiste en la caridad (ofrecer lo creado por Dios en favor nuestro y de los necesitados) y en el perfecto sacrificio de alabanza.34 La misma terminología refleja esta apreciación, pues dejan de existir verbos de alabanza y son sustituidos por verbos de conocimiento; sobre todo es muy signifi
cativo el paralelismo “damos culto” - “honramos” (σεβόμενοι - τιμώμεν); el verbo que rige toda esta parte es άποδείξομεν. Se da, pues, una doble prueba: en 13,1-2 se rechaza la acusaciσn de ateísmo apelando al culto; en 13,3 apelando al credo que profesan los cristianos. Nótese que este último es plenamente cristológico.35 Así lo hace notar A. hamman, Du symbole de la foi a l"anaphore eucharisfique, en Kyriakon. Festschrift JohannesQuasten, 2 vols. (Aschendorf-Münster W. 1970) 835-846, esp. p.838-840; cf. otro resumen del símbolo bautismal en Apol. I 61,13.
36 Cf. c.i nt.31.
37 Cf. p.31 nt.69. El reflejo de la doctrina de Jn en Justino lo pone en evidencia también J. betz (Die Eucharistie 261-271). Este autor se ve expresada la misma idea en Apol. I 66,2, en que la Eucaristía es comparada con la encarnación.
38 El texto se encuentra en Apol. I 66,2, donde se compara lo que sucede en la celebración eucarística con lo acaecido en la encarnación de Jesús. El problema reside principalmente en la interpretación que se dé a la palabra
λόγου, que puede significar “el Verbo” o simplemente “palabra,” “discurso”; segϊn esto, la expresión δι.” ευκής λόγου puede interpretarse principalmente de tres maneras: “por una invocaciσn del Verbo," en que se pediría la venida del Verbo, una especie de epíclesis; "por un discurso o fórmula de plegaria," que vendría de Cristo, a saber: las palabras de la institución o simplemente toda la plegaria eucarística; cf. una amplia exposición de opiniones en J. betz (Die Eucharistie 270 n.32). Por mi parte, dado el hecho de que una epíclesis no aparece con certeza hasta el siglo IV y la conexión que existe en este pasaje entre el sustantivo ευχή y el verbo εύχαριστεΐν, me inclinarνa a pensar que se trata, más que de una epíclesis o cualquier parte concreta de la oración eucarística, de esta misma; con diversos razonamientos y variantes, ésta es la opinión de S. salaville (La liturgie décrite par S. Justin C.2. Documentos cristianos primitivos et l"épiclese: Echos d"Orient 12 [1909] 129-136.222-227), O. casel (Eucharistielehre justins: Kath 94 [1914] I 338-340) y O. perler (Logas und Eucharistie nach Justina 1 Apol. c.66 303); cf. también un amplio resumen de sentencias, inclinándose por la misma, en L. ligier (Magnae orationis eucharisticae 73-75). También favorece esta opinión la reciente nota de G. J. cuming (Δι” ευχής λόγου; JTS 31 [1980], si bien interpreta: “el modelo de palabras que provienen de Jesϊs," refiriéndose al relato institucional. Un resumen reciente de la situación en JTS 33 (1982) 172-175 (A. gelston).39 Sobre el tema de la concepción sacrificial de la Eucaristía según Justino, tampoco entramos aquí en discusión; cf. J. quasten, Patrología I 209-210, con bibliografía; acerca de la controversia sobre el contenido del "sacrificium laudis," cf. J. A. jungmann, El sacrificio de la misa 42-43. Como clave interpretativa se debe notar que cuando Justino habla de "sacrificio espiritual," lo hace por oposición a los sacrificios del AT, definitivamente abolidos, de manera que el único verdadero sacrificio es la "eucaristía" cristiana (cf. Dial. 41 y 117); sobre este tema cf. J. de watteville, Le sacrifice 64-84. Entre los textos de este grupo habría que situar también Dial. 29,1, que parece estar fuera de contexto y haber sido construido con un vocabulario inusual en Justino; su contexto primitivo podría situarse en un himno o doxología eucarísticas. El tema de este himno o doxología es la alabanza a Dios por la elección de los gentiles y la aceptación del verdadero sacrificio que ellos, como cristianos, ofrecen; cf. D. gill, A liturgical Fragment in Justin Dialogue 29,1: The Harvard Theological Review 59 (1966) 98-100.
40 Así parece que deba interpretarse Apol.
I 67,5: όση δύναμις αύτω, y no como hace J. beran, del poder sacramental que debía tener el presidente para consagrar el cuerpo del Señor (Quo sensu intelligenda sint verba Sancti lustini όση δύναμις αύτ6 in I Apología41 Divus Thomas [Piacenza 1936] 40-55). Compárese, en efecto, con Apol. I 13,1: "Nosotros damos culto al Hacedor del universo..., a quien alabamos, conforme a nuestras tuerzas, con palabras de plegaria y acción de gracias"; véase también Apol. I 65,3, en que casi es equivalente la expresión "prolijamente" (επί. πολύ). Esta afirmaciσn de Justino está en la línea de Did. 10,7: "A los profetas permitidles que den gracias cuantas quieran";)" Const. apost. VII 26,6: "Dejad a vuestros presbíteros hacer la acción de gracias"; cf. también Trad. Apost. 9: "Mullo modo necessarium est, ut (episcopus) proferat eadem verba quae praediximus quasi studens (proferre) ex memoria... secundum suam potestatem unusquisque oret"; cf. A. baumstark, Liturgie comparée 20; L. maldonado, La plegaria eucarística 591-597.
42 Las apreciaciones de A. baumstark (Die Messe im Morgenland [Kempten 1906] 18) eran, más bien, de tipo general: "Ein Widerhall christlicher Gemeindelieder, ein Widerhall christlichen Gebetes, welches bereits formelhafter Ferdgung entgegengeht, durchzieht schon die paulinischen Briefe und die Apokalypse." H. lietzmann (Messe und Herrenmahl, o.c., 178-181; ed. ingl. 145-148) presenta también varios textos paulinos como antecedente del prefacio de la Eucaristía, que posteriormente cristalizaría, según él, en la anáfora de Hipólito (así Flp 2,5-11; 1 Tim 3,16; 1 Pe 3,18-22); pero afirma que en la celebración paulina de la cena no tenemos ninguna prueba conclusiva de que la "eucaristía" del presidente tuviera contenido cristológico; más optimista en este sentido se muestra K. gamber (Ankldnge an das Eucharistiegebet bei Paulus und das jüdische Kiddtisch: OstkS 9 [1960] 254-264); en otro estudio del mismo autor sobre Flp 2,6-11, tras analizar el texto desde el punto de vista estilístico y poner de relieve su estructura de himno litúrgico, establece como contexto vital de este himno la celebración de la Eucaristía, y termina con estas palabras: "Unser Christus-Hymnus stellt mit das álteste Zeugnis für diese Art des Gedáchtnisses des Herrn beim Heiligen Mahl dar" (Der Christus-Hymnus im Philipperbrief in liturgiegeschichtlicher Sicht: Bib 51 [1970] 369-376); cf. más matizadamente L. ligier, L"Hjmne christologique de Philippiens 2,6-11 et la bénédiction sjnagogale "Nishmat kol hay," o.c.; R. P. martin, Carmen Christi. Philippians 11,5-11 in recent Interpretation and in the Setting of Early Christian Worsbip (Cambridge 1967). Sobre Ef 1,3-14 cf. S. lyonnet, La bénédiction /Eph 1,3-14 et son arriéreplan juda"íque, en A la rencontre de Dieu. Memorial A. Gelin (Le Puy 1961) 341-352, el cual pone este texto en relación con ciertas plegarias sinagogales, concretamente, con la plegaria "Ahabah rabah." Véanse también sobre el tema en general L. bouyer, Eucharistie 109-116, y L. maldonado, La plegaria eucarística 280-309; en este último se encontrará más bibliografía. Eucaristía
43 Cf. G. blond, Clément de Kome, en L"Eucharistie des premien chrétiens 29-51. También la plegaria del Martjrium Polycarpi 14 parece reflejar un cierto contenido litúrgico, pero es aún más difícil relacionar con la Eucaristía; sobre esta obra cf. J. quasten, Patrología I 83-85; especialmente sobre el posible contexto eucarístico de esta plegaria, cf. las obras de J. A. robinson citadas en la bibliografía de la obra anterior; el texto y la traducción de la obra completa, en D. Ruiz bueno, Padres Apostólicos 672ss.
44 Cf. datos y bibliografía sobre todos ellos en J. quasten, Patrología I 130-143; edición completa del texto griego en R. A. lipsius - M. bonnet, Acta Apostolorum Apocrypha, 2 vols. (Leipzig 1891-1903, reprod. Hildesheim 1959); selecciones de los textos eucarísticos en FP 339-345, que reproducen las selecciones de PE 74-79 y TEP I 721-727.
45 J. A. jungmann se muestra, sin embargo, bastante escéptico sobre la naturaleza litúrgico-eucarística de estos pasajes; cf. Die Stellung Christi im liturgischen Gebet (Münster W. 21962) 147.
46 H. lietzmann deduce de este hecho una eucaristía con sólo pan o, en todo caso, con predominio de este elemento, en la línea de Hech y Did.; cf. Messe una Herrenmahl 240-249 (ed. ing. 196-203); sobre las tendencias encratitas de los Hechos apócrifos, cf. G. bardy, en Oictionnaire de Spiritualité I 752-756; cf. también J. lebeau, Le vin nouveau 145-149, acerca del rechazo del cáliz por las sectas de tipo encratita y su preconización ya en los Hechos apócrifos de Juan y Pedro.
47 Sobre este dato cf. J. A. jungmann, Die Stellung Christi 146-151; el autor, tras pasar revista a distintas explicaciones del origen de los Hechos apócrifos, concluye que éstos reflejan medios gnósticos y que la práctica de dirigir la oración a Cristo no ha podido apoyarse en praxis alguna reconocida oficialmente por la Iglesia, aunque pueda haber sido fomentada por algunos sacerdotes menos escrupulosos como reacción antiarriana. Sobre la oración litúrgica de los Hechos apócrifos de los apóstoles, cf. A. hamman, La friere II 176-220.
48 El pasaje es de difícil interpretación, sobre todo porque no está claro el sentido del verbo final άναλεγόμενοι. Μ. R. james (The Apocryphal Neiv Testament [Oxford 1955; la 1." ed. es de 1924] 250) sugiere esta traducción: "are gathered out of the world." Podría ser una alusión a los dos resucitados de la narración, Drusiana y Callimacus, en cuyo caso el sentido sería: "reunidos nosotros y los resucitados"; también podría ser una alusión a la definitiva reunión con los resucitados, en cuyo caso se acentuaría el aspecto escatológico de la oración. G. W. H. lampe da como traducción de este verbo "pick up," "gather together" (A patristik Greek Lexicón, Oxford 1968).
49 Teniendo en cuenta la estructura literaria de la plegaria, aparece un sorprendente paralelismo con Did. 10,2-5, reforzado por el contenido; la primera parte correspondería a Did. 10,2, y es, como aquélla, una bendición por el nombre y el conocimiento; la segunda parte sería el equivalente de Did. 10,3-4 y es una acción de gracias por la redención, que se ha llevado a cabo por la encarnación; la inclusión, que es también conclusión, se centra en el tema de la reunión, que, como Did. 10,5, se describe como unión en asamblea y reunión con los resucitados, reunión escatológica. Lógicamente, se traslucen también aquí los esquemas de la btrkat ba-maon.
50 Todo el texto está en la línea de 1 Jn 4,9-16: se ha manifestado el amor de Dios, que consiste en que Dios envió a su Hijo al mundo para darnos vida; eso es lo que "nosotros hemos visto y atestiguamos (μαρτυροΰμεν)” (ν.14). No obstante, en nuestra traducciσn se trata, más bien, de una sugerencia, sin argumentos decisivos a su favor.
51 Así R. A. lipsius, Die Apokrypben Apostelgeschichten und Apostellegenden, 2 vols. y supl. (Braunschweig 1883-1890) I 521.
52 No hay que olvidar que en Jn el "camino" se identifica con el mismo Jesús (cf. Jn 14,6), en contraposición a la ley; cf. A. darrieutort, Camino: VTB 123-125. Tres términos de los enumerados aquí se encuentran en las plegarias ya estudiadas ,
53 Didaje: χάρις, πίστις y γνώσις; en la doxologνa siguiente coinciden αθανασία y φοαρσία. Algunos otros tιrminos de esta plegaria los volveremos a encontrar también n la anáfora de Serapión. Sobre la expresión την σαγήνην, cf. J. daniélou, en RSR 42
54 La connotación δι” υμάς la volveremos a encontrar mαs tarde en la anáfora copta de San Gregorio, una anáfora dirigida precisamente también a Cristo; es interesante notar cómo uno y otro texto eligen los títulos de Jesús que infunden confianza.
55 Cf. nt.49. Los textos que encontramos en los Hechos apócrifos de Tomás son menos interesantes para nuestro propósito. Esta obra, escrita originalmente en siríaco hacia la primera mitad del siglo III, parece tener un claro origen gnóstico, apreciándose, además, tendencias maniqueas; cf. J. quasten, Yatrología I 139, con bibliografía. Los textos más interesantes pueden consultarse cómodamente en PE 76-79 y TEP 724-727. Las plegarias están dirigidas también a Cristo y la mezcla de expresiones gnósticas con que se designa a Jesús deben ponernos en guardia antes de atribuirles, sin más, un carácter litúrgico. Predomina la celebración con sólo pan, aunque ésta no es exclusiva, como en Hech y Jn. Brevemente recorremos algunos textos interesantes: El c.158 en su primera parte, si tiene origen litúrgico, habría que ponérselo en una plegaria acompañante o precedente a la comunión; su segunda parte carece, sin embargo, a toda connotación litúrgica (cf. H. lietzmann, Messe una Herrenmahl 247; ed. ingl. 202). La plegaria del c.133, dirigida a Jesús como Pan de vida, está inspirada, según parece, en Jn 27-58, y no faltan en ella elementos gnósticos e invocaciones de carácter mágico; el fruto de la Eucaristía es, según este texto, cuyo carácter litúrgico es muy dudoso, el perdón de los pecados y la inmortalidad. En c.49-50 se relata la celebración eucarística en conexión con el "sello," es decir, el bautismo. Según Lietzmann, se trata de un mosaico de textos (ibid., 244). La primera parte parece estar inspirada en un rito eucarístico en que se usaba pan y vino; la plegaria eucarística estaría en este caso compuesta de una invocación del nombre de Jesús, una especie de epiclesis. La segunda parte es una plegaria de tipo epiclético muy detallada; probablemente, nacida en una atmósfera gnóstica, sin relaciones con el uso común de las Iglesias y no sin conexión con fórmulas de encantamiento de antiguos ritos mágicos.
Las Anáforas de Estructura Indiferenciada.
A
nte el gran número y la diversidad de anáforas existentes, es necesario encontrar algún criterio de clasificación que oriente el abajo. Tratándose éste de un estudio teológico, parece más adecuado utilizar un criterio no exclusivamente cronológico o geográfico. Y como el campo de esta investigación abarca principalmente la sección inicial de la anáfora, desde el final del diálogo introductorio hasta la anamnesis inclusive, parece justificado que sea precisamente esta sección la que sirva de base para una sistematización del tema.Así, pues, teniendo en cuenta su sección inicial, podemos distinguir tres tipos de anáfora diferentes1: anáforas en las que la sección inicial está perfectamente diferenciada, con una primera parte de alabanza a Dios en sí mismo (celebración divina) y otra consistente en una conmemoración 2 de la Historia de la Salvación, que enlaza, a su vez, con la narración de la institución eucarística y la anamnesis; las dos partes suelen estar separadas por el Sanctus; a este tipo pertenece la gran mayoría de las anáforas; p.ej.: la de San Basilio y Santiago en todas sus recensiones, la anáfora del libro VIII de las Constituciones apostólicas, etc. Componen otro gran grupo aquellas anáforas en las cuales la sección inicial es más Indiferenciada, es decir, no se da con tanta claridad la separación de las dos partes que hemos señalado. En este grupo podemos distinguir, a su vez, dos tipos: aquellas en que la celebración divina y la conmemoración no sólo no están separadas por el Sanctus, sino que se yuxtaponen desde el principio y están como indisolublemente unidas (esquema complejo); así, p.ej., las anáforas siríacas de los Doce Apóstoles, bizantina de San Juan Crisóstomo, Addai y Mari, alejandrina de San Marcos, etc. Finalmente, señalemos el grupo de anáforas en las que la celebración divina ni siquiera existe, siendo toda la plegaria una conmemoración de la Historia de la Salvación centrada fundamentalmente en Cristo, con carencia del Sanctus (esquema lineal); a este grupo pertenecen la anáfora de Hipólito y la griega de Epifanio, entre otras.
Comenzando ahora por las anáforas de estructura más simple, el entramado básico de nuestro estudio queda establecido como sigue:
I. Anáforas de estructura indiferenciada y esquema lineal. II. Anáforas de estructura indiferenciada y esquema complejo. III. Anáforas de estructura diferenciada.
Los grupos así logrados, sobre todo el II y el III, son, sin embargo, muy amplios todavía. Con el fin de lograr una mayor diferenciación de las anáforas dentro de ellos y dado el objetivo teológico de este estudio, es oportuno hacer entrar aquí en juego un criterio de carácter teológico. El más adecuado, a mi juicio, ya que comporta, además, una connotación cronológica, es el del desarrollo teológico reflejado en la anáfora.
Según esto, podríamos distinguir en el interior de cada grupo una triple categoría3: aquellas anáforas en las que aún no se manifiestan las preocupaciones y desarrollos teológicos posnicenos (p.ej.: la anáfora de la Tradición Apostólica, de Hipólito, Addai y Mari, siríaca de los Doce Apóstoles, Santiago de Jerusalén, alejandrinas de San Marcos y San Basilio, etc.); el grupo de las grandes anáforas teológicas, que han incorporado a las antiguas estructuras nuevos desarrollos, los cuales llegan, a veces, a constituir verdaderas catequesis (p.ej.: las anáforas bizantinas de San Basilio y San Juan Crisóstomo, la copta de San Gregorio, anáfora de las Constituciones apostólicas, de Serapión, etc.); finalmente, aquel grupo de anáforas que, si bien no presentan una síntesis teológica original y pueden entrar en la categoría de "compilaciones teológicas," son, sin embargo, de gran riqueza teológica por el modo como han elaborado y sistematizado los diversos elementos en el conjunto del esquema tradicional (p.ej.: las anáforas de Nestorio, Teodoro de Mopsuestia, etc.).
Naturalmente, dentro de estos criterios se procurará, siempre que ello sea posible, agrupar las anáforas de un mismo tipo en el contexto de sus familias litúrgicas4.
La Plegaria Eucarística de Hipólito y otros Testimonios Afines.
E
n realidad, la única anáfora completa y original que poseemos con estructura indiferenciada y esquema lineal es la atribuida a Hipólito. No se conservan otras plegarias eucarísticas escritas de la misma época y tipo que ella. Los textos que a continuación se propondrán como pertenecientes a la misma línea, aunque generalmente más tardíos, presentan siempre, sin embargo, dos características que les acercan a la anáfora de Hipólito: carecen de Sanctus y su conmemoración es netamente cristológica. Aparte este denominador común, pueden apreciarse bastantes diferencias entre unos y otros. Así, la anáfora del Testamento del Señor es una elaboración de la contenida en la Tradición Apostólica; la de Epifanio supone, al menos en su recensión actual, una cristología más evolucionada; el "esquema" de anáfora incluido en la homilía XVII de Narsés apunta ya un inicio de conmemoración veterotestamentaria; la reflejada en el fragmento arriano pertenece propiamente a la tradición occidental, y se incluye aquí a modo de excepción, dada la carencia de documentos de este tipo.La Plegaria Eucaristica de Hipólito.
La primera anáfora escrita que hasta ahora se conoce aparece englobada en un conjunto de normas y disposiciones escrito a principios del siglo III y que hoy se identifica comúnmente con la Traditio Apostólica, de Hipólito5. Los problemas previos que esta obra plantea son, como dice L. Bouyer, fundamentalmente cuatro: acerca del texto, del título, del autor y de su procedencia.6 No es nuestro objeto discutir aquí sobre esos temas, por lo que nos limitamos a exponer la situación tal y como hoy se plantea, siguiendo la sentencia más común.
En cuanto al texto, dom Botte ha demostrado que nos es imposible llegar hasta el original, irremisiblemente perdido, y que lo más que puede hacerse es intentar reconstruir el arquetipo más antiguo, cuyo testimonio más cercano y más fidedigno es la traducción latina, fragmentaria a veces, que ha conservado el palimpsesto de Verona, editado por Hauler y separado de la obra original griega sólo por un siglo de distancia.7
Ninguno de los documentos conocidos lleva por título el de Tradición Apostólica. Fueron E. Schwartz y R. H. Connolly8 los que llegaron a la conclusión de que las supuestas Constituciones de la Iglesia Egipcia, como hasta entonces se calificaba a este conjunto de cánones y normas, eran la base de otras colecciones y debían identificarse con la Tradición Apostólica, obra cuyo título aparecía, entre otras obras atribuidas a San Hipólito, en la base de una estatua de éste encontrada en 1551 junto al Campo Verano y hoy en la Biblioteca Vaticana de Roma.9
La personalidad de San Hipólito, probable autor de la Tradición Apostólica, no está, sin embargo, bien definida. La opinión común sostiene que se trata de un sacerdote habitante en Roma que se opuso al papa Calixto y fue desterrado más tarde con el papa Ponciano a Cerdeña, donde parece que se reconciliaron antes de la muerte; tras ella fueron trasladados los cuerpos de ambos a Roma, y allí venerados como mártires en la fecha del 13 de agosto, día del traslado. Sin embargo, esta opinión ha sido cuestionada por P. Nautin.10 Dom Botte resume, tras la controversia surgida, la opinión hoy común de esta manera:
1. El autor de la Tradición Apostólica es el titular de la estatua romana.
2. Este autor vivía en Roma y gozaba de una cierta consideración, ya que se le ha erigido una estatua.
3. Este autor se llamaba Hipólito; los indicios de la tradición literaria concuerdan con los datos arqueológicos que se refieren a la estatua.
4. La posición equívoca de Hipólito, jefe de una comunidad disidente, explica las fluctuaciones de la tradición; pero se trata ciertamente del mártir romano festejado el 13 de agosto junto al papa Ponciano.
En realidad, estas cuestiones previas tienen importancia, sobre todo, para establecer el origen y el valor de la Tradición Apostólica. Así, en concordancia con lo anteriormente dicho, la opinión común sostiene que la liturgia de Hipólito representa en su conjunto la liturgia romana del siglo ni, pero no al estilo de lo que será más tarde el Sacramentarlo gregoriano del siglo VI, con sus fórmulas fijas, sino como uno de tantos modelos en que está aún viva la creación litúrgica11. Esta opinión no es, sin embargo, universalmente compartida, y se han buscado las raíces de la Tradición Apostólica también en Alejandría y Siria.12
Más unanimidad parece existir acerca de determinadas características de la Tradición Apostólica, y en concreto de su anáfora: ésta es un texto propuesto como modelo en cuanto a la ortodoxia, pero en ninguna manera como fórmula única,13 se supone, ciertamente, una intervención personal de Hipólito,14 pero refleja, al menos en cuanto a su contenido y partes principales, una tradición antigua,15 que ha tenido mucha influencia posterior en el Oriente cristiano, como lo manifiestan las traducciones y adaptaciones a través de las cuales ha llegado hasta nosotros.
Sobre la Eucaristía trata la Tradición Apostólica en tres distintas ocasiones: hacia el final, hablando del respeto debido a las especies eucarísticas (n.36-38); hacia la mitad, después de exponer el ritual del bautismo (n.21-22), y al comienzo, tras la ordenación del obispo (n.4). Sólo en este último caso se da la plegaria eucarística. He aquí una traducción personal, siguiendo de cerca el ensayo de reconstrucción de dom Botte 16:
"Una vez hecho obispo, que todos le den el beso de paz y le saluden, porque ha sido constituido en dignidad; que los diáconos le presenten la oblación, y que él, extendiendo las manos sobre ella con todo el presbiterio, diga dando gracias:
E1 Señor esté con vosotros";
y que todos respondan:
Ύ con tu Espν
ritu.""Levantad vuestros corazones";
"Los tenemos levantados hacia el Señor."
"Demos gracias al Señor";
"Es justo y necesario"17.
"Te damos gracias, ¡oh Dios!,
por tu Siervo muy amado Jesucristo,
a quien en los últimos tiempos tú nos enviaste
como salvador, redentor y mensajero de tu designio;
el cual es tu Verbo inseparable,
por quien has hecho todas las cosas
y a quien, en tu complacencia, enviaste desde el cielo al seno de una
virgen;
quien, habiendo sido concebido, se encarnó
y se manifestó como Hijo tuyo,
naciendo del Espíritu Santo y de la Virgen;
quien, para cumplir tu voluntad y adquirirte un pueblo santo,
extendió sus brazos mientras sufría
para librar del sufrimiento a los que en ti confían.
El cual, cuando se entregaba a la pasión voluntaria
para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo,
para aplastar al infierno y llevar a los justos a la luz,
para fijar el término y manifestar la resurrección,
tomando pan, pronunció la acción de gracias y dijo:
"Tomad y comed; esto es mi cuerpo, partido por vosotros."
Del mismo modo, el cáliz, diciendo:
"Esta es mi sangre, derramada por vosotros.
Cuando hacéis esto, hacedlo en memorial mío."
Por eso, haciendo memoria de su muerte y resurrección,
te ofrecemos este pan y este cáliz,
dándote gracias por habernos hecho dignos
de estar ante ti y de servirte como sacerdotes.
Y te suplicamos que envíes tu Espíritu Santo
sobre la oblación de la santa Iglesia;
congregándo(les) en unidad,
da a todos los que participan en tus santos misterios
la plenitud del Espíritu Santo
para confirmación de su fe en la verdad,
a fin de que te alabemos y glorifiquemos
por tu Siervo Jesucristo,
por quien se da a ti la gloria y el honor,
con el Espíritu Santo, en la santa Iglesia
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
A primera vista, este texto se presenta como una plegaria única y sin fisuras, al contrario de lo observado en la Didajé y en los Hechos apócrifos de Juan. Tampoco encontramos en ella una parte dedicada a la alabanza de Dios y la acción de gracias por la creación, como habíamos observado en las referencias de San Justino. Desde el punto de vista formal, se trata de una acción de gracias única, comenzada por un εύχαριστουμεν (equivalente de la fσrmula bendicional judía modim), seguida por una serie de proposiciones de relativo, que subrayan los motivos de la acción de gracias, y terminada en una doxología. El motivo de la acción de gracias es, sin embargo, único y precisamente, otra novedad, cristológico. Toda la plegaria está centrada en la institución eucarística, que es como su base: a ella confluye y de ella fluye la plegaria entera. Otras novedades con respecto a las plegarias analizadas hasta ahora son la formulación de una anamnesis, fundada en el mandato del Señor de hacer la Eucaristía, y la primera formulación de una epiclesis. En suma, se trata de una plegaria eucarística que, al menos en cuanto a su contenido, es netamente cristiana. Su estructura es muy sencilla: acción de gracias o conmemoración cristológica, narración de la institución, anamnesis, epiclesis, doxología.
La acción de gracias, concebida con una gran unidad, está presidida por la idea de salvación, y ésta se va realizando de un modo progresivo en tres estadios: la misión o envío del Verbo preexistente, la pasión, la institución de la Eucaristía.
El primer estadio nos describe al Verbo preexistente, inseparable del Padre, concreador con él, enviado en estos últimos tiempos a los hombres. Este envío se concreta en la encarnación y el nacimiento de María y el Espíritu Santo, por medio del cual el Verbo se manifiesta plenamente como Hijo, Salvador, Redentor y Mensajero del designio de salvación del Padre.18
El segundo estadio se centra en la pasión de Cristo, que es presentada, con rasgos que evocan diversos textos bíblicos, como la condición necesaria para la salvación. El envío de Jesús por el Padre no tiene, por tanto, como finalidad la pasión en cuanto tal, sino la pasión como medio de salvación, es decir, la pasión salvadora de Jesús.
Esta pasión, concretizada en la crucifixión de Cristo,19 se presenta, en primer lugar, como el cumplimiento pleno de la voluntad del Padre. La referencia al evangelio de San Juan es clara. Según éste, la voluntad del Padre es el alimento de Jesús (Jn 4:34), que nunca buscó su voluntad, sino la de quien le ha enviado (cf. 5:30; 6:38). Y ésta es la voluntad del Padre: "que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día" (6:39; cf. también 1 Tim 2:4; 4:10). La única condición por parte del ser humano es que crea en el Hijo (Jn 6:40). Esta conexión entre salvación y fe, también subrayada en el último miembro de este párrafo de la anáfora, es conectada por fin, al igual que en la anáfora, con la muerte del Señor: "Y como Moisés levantó la serpiente del desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna" (Jn 3:14-15).20
El otro tema de esta sección, la adquisición de un pueblo santo, recuerda el pasaje de 1 Pe 2:9, pero también el de Heb 13:12, donde la santificación del pueblo se pone en conexión con la muerte de Jesús: "por eso, Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta."
Teniendo en cuenta estos antecedentes bíblicos, nuestro texto sitúa la pasión de Cristo en el centro de la Historia de la Salvación, llevada a cabo por el Señor; en efecto, sufriendo la pasión y muerte, Jesús cumple la voluntad del Padre, que es la salvación de los hombres, y adquiere para él un pueblo santo, la Iglesia; dicho de otro modo, en la pasión, Cristo cumple la voluntad eterna de Dios, que se ha ido manifestando a lo largo de la historia, y prolonga esa voluntad de salvación, una vez hecha realidad, en el tiempo de la Iglesia. A partir de ahora, ya pueden librarse de la muerte todos los que creen en Dios Padre, es decir, los fieles.
Esta "centralidad" salvadora de la pasión de Cristo es la que en el párrafo siguiente de la anáfora se pone de relieve en contacto con la Eucaristía. Efectivamente, Jesús se entrega a su pasión voluntariamente, porque con ella se conseguirá la destrucción de la muerte, la liberación de los que estaban en el infierno21 y la posibilidad de resucitar con Cristo.
Al mismo tiempo, la Eucaristía queda íntimamente conectada con la pasión y muerte de Cristo, porque el relato institucional, que está tan estrechamente enlazado con el relato de la potencia salvadora de la pasión de Cristo, es ahora, para el participante en la celebración eucarística, el momento en que aquella pasión salvadora se hace sacramentalmente presente. No se trata, pues, al presentar el relato institucional, sólo de conmemorar un acontecimiento histórico-salvífico más, situado cronológicamente después de la pasión (aunque también sea esto), sino que se trata de presentar el núcleo central de la plegaria eucarística, donde aquella salvación, que se ha conmemorado a lo largo de diversas etapas históricas, se hace presente 22. Este dato se expresa claramente en la continuación de la plegaria, en la anamnesis, donde se manifiesta expresamente la dimensión de memorial actualizador del misterio pascual que tiene también la plegaria eucarística.
De este modo, el relato institucional se convierte en el centro de toda la plegaria eucarística: punto de llegada y clímax de la acción de gracias, punto de partida de la anamnesis, e incluso de la epiclesis, la cual en este contexto histórico-salvífico nos recuerda y presencializa el acontecimiento salvador de la Iglesia, vivificada y unida por el Espíritu Santo. Pero, además, el relato institucional es el eje sobre el que gira toda la plegaria eucarística, porque en él se inicia algo nuevo: termina el memorial literario, el recuerdo agradecido de los beneficios del Señor, y se inicia el memorial cultual, la reactualización sacramental de esos beneficios, resumidos y concentrados en el máximo gesto salvador de Cristo, su pasión salvadora, es decir, su muerte-resurrección.
La anamnesis que sigue es consciente, en efecto, de este cambio de lenguaje y actitud. Como tal, ella es respuesta obediente al mandato del Señor inmediatamente antes formulado: "haced esto." Mediante tres acciones ha comprendido esta plegaria lo que Jesús manda hacer: "memores, offerimus, gratias agentes." El primer verbo explícita la dimensión de memorial de la celebración eucarística: ésta es el memorial de la muerte y resurrección del Señor. Deberíamos volver a repetir ahora todo lo que ya hemos dicho sobre el memorial cultual bíblico como representación y reactualización en clave sacramental de un acontecimiento salvífico pasado con todas sus virtualidades; en este caso, del núcleo del misterio pascual; pero la misma anáfora lo hace por nosotros, explicitando en categorías sacrificiales el significado del memorial objetivo; en efecto, la reactualización de la muerte salvadora de Cristo es el fundamento que hace posible el que la Iglesia ofrezca al Padre, mediante el ofrecimiento del pan y del vino, a Cristo mismo muerto y resucitado, y se sienta así movida a dar gracias, porque Dios mismo le da la posibilidad de ejercer el ministerio sacerdotal.23 La Iglesia, pues, no ofrece un sacrificio distinto del sacrificio de Cristo, y la Eucaristía es sacrificio en tanto que es memorial, es decir, presencialización sacramental de la muerte salvadora del Señor, de su misterio pascual.
Ahora puede entenderse por qué en esta anáfora todo converge hacia la institución eucarística y por qué ésta es presentada en estrecha unión con el acontecimiento salvífico central: la muerte-resurrección de Cristo. La razón es que la institución eucarística, al ser el memorial de la pasión salvadora, hace a ésta presente y eficaz. Por tanto, la anamnesis no presencializa la última cena, aunque los gestos del banquete eucarístico y el pan y el vino nos la recuerden, sino el misterio pascual de salvación contenido en la muerte y resurrección del Señor. Toda la Historia de la Salvación evocada anteriormente iba ordenada a este momento y tiene su razón de ser en esto, incluso la misma creación. Por ello, en el misterio pascual, rememorado por la anamnesis, se concentra y actualiza virtualmente y de un modo eminente toda la Historia de la Salvación anterior. Este dato, aquí solamente señalado, será explicitado posteriormente en otras anáforas, las cuales añadirán nuevos momentos de la vida de Jesús a la muerte y resurrección aquí expresamente nombradas.
La plegaria eucarística se continúa con una invocación al Padre para que haga descender al Espíritu Santo sobre los dones ofrecidos, es decir, con una epiclesis24. En ella, sin precisar cuál sea la acción del Espíritu sobre las ofrendas, se pide expresamente que los participantes en la Eucaristía sean congregados en la unidad25 y reciban la plenitud del Espíritu Santo para confirmación de su fe en la verdad. La idea de "congregación en la unidad" parece estar sugerida por el simbolismo del pan y el vino, en los que el trigo y los racimos han formado un solo elemento; y aunque la petición va dirigida al Padre, resuena en el fondo la acción vivificante del Espíritu.26
Qué tipo de epiclesis tenemos delante, es difícil de precisar. Por una parte, es cierto que el texto no formula ninguna acción explícita del Espíritu sobre la oblación misma, mientras que sí se hace con respecto a los fieles participantes, lo que haría pensar en una epiclesis, que podríamos calificar como equivalente a las posteriores epiclesis "de comunión."27 Por otra parte, debemos guardarnos de querer distinguir demasiado claramente en el siglo III entre epiclesis "de comunión" y epiclesis "de consagración" aplicando a un texto primitivo criterios surgidos de textos más evolucionados.28 Además, parece claro que, aunque no se diga expresamente, si se pide el descenso del Espíritu sobre los dones ofrecidos, es para algo, y ese algo no puede ser más que una acción consagratoria de los mismos; acción que se prolonga en los fieles mediante la participación en estos dones, sobre los que ha actuado el Espíritu.
Por tanto, la conclusión más lógica, a mi modo de ver, sería que nos encontramos ante una epiclesis de tipo muy primitivo, que aún no formula expresamente su acción consagratoria, pero en la que no se puede excluir esta acción.29
Desde el punto de vista de la Historia de la Salvación, la unidad de los participantes y su plenitud de Espíritu Santo son la continuidad de las "maravillas de Dios" en el hoy de la Iglesia y la anticipación de la reunión definitiva en el Reino escatológico, donde será verdaderamente plena la participación en el Espíritu. Esta idea es claramente subrayada por el modo de unirse la epiclesis con la doxología sin solución de continuidad, con lo que somos de nuevo situados en el contexto de alabanza y acción de gracias de toda la plegaria; una "eucaristía" que no termina nunca, sino que debe ser constante y habrá de continuarse hasta el final de los tiempos "por los siglos de los siglos."30
Otros Testimonios del Mismo Tipo.
a) La Anáfora del "Testamento del Señor."
De corte netamente cristológico y sin Sanctus es la anáfora que nos ha llegado en la obra siríaca del siglo v, de origen probablemente antioqueno, Testamento del Señor.31 Se trata de una relectura de la anáfora de la Tradición Apostólica que introduce largos desarrollos, cuyo origen es difícil precisar."32
Desde nuestro punto de vista, interesa, sobre todo, observar los desarrollos en la presentación de la Historia de la Salvación, que esta anáfora lleva a cabo sobre la base de la anáfora de Hipólito. Tras una primera observación atenta, puede afirmarse que se trata siempre de ampliaciones y detalles, permaneciendo la misma orientación cristológica, centrada en la narración de la institución, que hemos visto en el texto anterior. De estos detalles me parecen interesantes, para el propósito de este trabajo, los siguientes:
"Dios Padre es calificado, al comienzo de la anáfora, con tres apelativos, que hacen alusión a su acción salvadora entre los hombres: "Fortalecedor de nuestras almas, dador de nuestra vida, tesoro de incorruptibilidad."33
El calificativo de Cristo como "mensajero de tu designio" provoca una aclaración sobre el plan divino: "Tu designio es, en efecto, que seamos salvados por ti"34. Se trata, pues, del designio salvífico de Dios, del que Cristo es el mensajero.
El último párrafo de la acción de gracias describe a Dios con referencia a su labor creadora y conservadora. El es el creador del mundo celestial y, lo que es más interesante, todo lo ha hecho, en vistas a su designio o plan salvador, mediante Cristo.35 En este contexto viene a ser como una glosa al "per quem omnia fecisti" de la anáfora de Hipólito, haciendo de la creación entera como un primer paso para su obra salvadora.
En la narración de la institución eucarística este texto sigue muy de cerca al de la Tradición Apostólica. Como allí, también aquí la institución de la Eucaristía es presentada como centro y eje de toda la plegaria. Y al igual que en la anáfora de Hipólito, en ésta la pasión y muerte de Cristo es situada en el centro de toda la Historia de la Salvación; una historia presentada también en línea cristológica, aunque con nuevos detalles:
"El cual, cuando se entregaba a la pasión voluntaria, para levantar a los que habían caído, para volver a encontrar a los que se habían perdido, para dar la vida a los que estaban muertos, para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo, para llevar a cabo el pensamiento del Padre, para aplastar los infiernos, para abrir el camino de la vida, para llevar a los justos a la luz, para fijar el término e iluminar las tinieblas, para sacar a los siervos (del infierno) y manifestar la resurrección, tomando pan, lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomad, comed. Esto es mi cuerpo, partido por vosotros en remisión de los pecados. Cada vez que hacéis esto, hacéis mi resurrección." Igualmente, el cáliz de vino, que mezcló (con agua), lo dio como tipo de la sangre, que ha sido derramada por nosotros."36
Con las adiciones que este pasaje hace al paralelo de la anáfora de Hipólito, parece querer exponerse aquí más completamente la acción salvadora que Jesús llevó a cabo con su pasión, acción que es revivida en cada eucaristía. En efecto, se trata de una triple victoria o salvación: del pecado (levantar a los caídos, volver a encontrar a los perdidos), de la muerte (vivificar a los muertos, que también podría referirse al perdón de los pecados, destruir la muerte) y del diablo (romper las cadenas,37 aplastar los infiernos, etc.). Y con todo ello poner de manifiesto la resurrección, impedida por el triple dominio del pecado, la muerte y el diablo.38
b) Anáfora Fragmentaria Griega de Epifanio.
Un manuscrito del siglo XIV que contiene una interesante colección de textos andármenos, ha conservado fragmentos de una anáfora traducida del armenio al griego, la cual tiene muchos puntos de contacto con la anáfora de Hipólito.39 Las partes conservadas son la acción de gracias, la narración de la institución y la segunda parte de la epiclesis. He aquí una traducción al castellano:
"Es justo y necesario, Dios nuestro, darte gracias sin cesar por todos los beneficios que gratuitamente nos has dado; ante todo, por habernos enviado de los cielos a tu santo Siervo, que está sentado contigo en el trono de tu Reino; tu Hijo coeterno, Dios Logos; el cual, viniendo en los últimos tiempos y asumiendo nuestra humanidad y sin sufrir cambio alguno, Verbo hecho carne, tomando, por obra del Espíritu Santo, cuerpo y alma racional y todo lo que es propio del hombre, excepto el pecado, no como si hubiera habitado en un hombre, sino siendo él mismo en todo el Dios Logos perfectísimo, perfectamente encarnado, sin cambiar la naturaleza humana, sin ser dos, sino un solo Rey, un solo Cristo, un solo Señor en la humanidad y en la divinidad, tras confirmar con señales divinas que era Dios, tras atestiguar con sufrimientos humanos que era hombre, cuando estaba a punto de ir por nosotros a la muerte voluntaria, gloriosa y vivificante, tomando pan en sus santas y puras manos, mostrándotelo, elevándolo hacia ti, santificando, lo dio a sus discípulos, los santos apóstoles, diciendo:
"Tomad, comed; esto es mi cuerpo,
partido por vosotros para el perdón de los pecados";
del mismo modo, acabada la cena,
tomando un cáliz y mezclando los dos elementos, el zumo de la vid y
el agua,
signó el cáliz de inmortalidad
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
"Bebed todos de él; ésta es mi sangre de la nueva alianza,
derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados."
... para que este pan, una vez transformado,
se convierta en cuerpo de Cristo;
cuerpo divino, cuerpo salvador de las almas y los cuerpos;
y lo que se halla mezclado en este cáliz,
en sangre de Cristo;
sangre de la nueva alianza, sangre de nuestra salvación;
para que todos nosotros participemos de tus santos misterios
con espíritu nuevo y no con la letra vieja." (cf. Rom 7:6)
Todo el primer gran párrafo de esta anáfora, que comprende la conmemoración de la Historia de la Salvación y la narración de la institución, está construido de un tirón, con una sola frase. Si a esto unimos la frase introductoria άξιον και δίκαιον εστίν y el inciso πρώτον μεν, se llega fαcilmente a la conclusión de que se trata del comienzo de una anáfora y no de una parte de ella. Puede afirmarse, por tanto, que se trata de una plegaria eucarística sin Sanctus y de neto contenido cristológico, como la de Hipólito. La designación de Cristo como "Siervo" (παις) es una nueva nota del arcaνsmo del texto y de su proximidad a la anáfora de la Tradición Apostólica. Por otro lado, la cristología que refleja esta anáfora exige que la redacción llegada hasta nosotros no pueda ponerse antes del concilio de Calcedonia. 40 Se podría pensar con Dom Botte que el "calcedoniano" que ha compuesto esta anáfora habría tomado una más antigua, de estilo arcaico al modo de la de Hipólito, y en ella hubiera desarrollado la cristología41. El texto original parece haber sido griego y su procedencia siria. 42
Desde el punto de vista de su contenido histórico-salvífico, notemos lo siguiente:
El primer motivo de acción de gracias es general: los beneficios recibidos de Dios Padre. Es posible que aquí esté incluida la creación y la economía de salvación del AT. Este último aspecto parece sugerido por la frase έπ” εσχάτων των ήμερων, “en los ϊltimos tiempos," que recuerda, como la de Hipólito, Heb 1,2 y 1 Pe 1,20, en que la manifestación de Cristo se sitúa como la coronación del plan salvador de Dios, decidido desde siempre, actuado a lo largo de la historia y llevado a su cumplimiento "en los últimos tiempos" con la venida de Cristo.
A continuación se conmemora también el envío del Hijo por el Padre y la encarnación del Verbo, que se glosa con diversas precisiones teológicas. Sigue la conmemoración de la muerte de Cristo, que es calificada de "voluntaria," al igual que en la anáfora de Hipólito: "gloriosa y vivificante"; dos apelativos estos últimos que enfocan la muerte de Cristo desde la perspectiva de la resurrección, conteniéndola y connotándola. 43
La institución de la Eucaristía ocupa en esta anáfora, como en la de Hipólito, el mismo lugar central de toda la plegaria, como muestran la compacta construcción gramatical de toda esta parte de la anáfora, que prácticamente consta de una sola frase principal, y el hecho de que esté situada en su contexto histórico, inmediatamente antes de ir a la muerte "por nosotros." Este apelativo pone de relieve el carácter salvífico de la pasión y muerte de Cristo; carácter salvífico que será actuado por la celebración de la Eucaristía, donde vuelve a ponerse de relieve el aspecto salvífico en la repetición del "por vosotros," apuesto al pan-cuerpo y al cáliz-sangre.
Aunque el texto no nos ha conservado la anamnesis, que complementaría esta visión del relato institucional, puede, sin embargo, afirmarse, con los datos señalados, que la mención de la institución eucarística tiene la misma misión que en la anáfora de Hipólito: pasamos con ella del memorial literario al memorial cultual. Dicho de otra manera: al repetir la Iglesia el mismo gesto que Jesús realizó en la cena "por vosotros," "para el perdón de los pecados" (ambas frases se dicen dos veces), actualiza esa salvación que nos viene de la muerte vivificante de Cristo.
La celebración eucarística hace así presente hoy esa salvación mediante la acción del Espíritu (probablemente invocado en la primera parte de la epiclesis, que no nos da el texto actual), al hacer del pan "el cuerpo salvador de las almas y de los cuerpos," y del vino mezclado con agua, "la sangre de nuestra salvación."
c) Anáfora Contenida en la Homilía XVII de Narsés.
M. A. Smith ha llamado recientemente la atención sobre un texto citado en la homilía XVII de Narsés, en medio de una descripción de la Eucaristía 44. El autor de la homilía, al hablar de la cena del Señor, afirma lo siguiente: "Que él dio gracias y bendijo, está escrito en el Evangelio, fuente de vida; lo que dijo a los santos apóstoles no nos lo ha dado a conocer. El gran maestro e intérprete Teodoro ha transmitido la tradición de que nuestro Señor, al tomar el pan, habló de esta manera."45 La mención de una tradición de Teodoro de Mopsuestia (t 428) hizo pensar a Connolly en una cita del Libro sobre los misterios, atribuido a él por el nestoriano Ebedjesu (siglo XIV).46 Pero, como Smith constata, no se encuentra tal cita en la obra de Teodoro, por lo que se debe pensar en otra fuente, probablemente anterior a él, a quien solamente se le hace su transmisor. En la homilía, el texto que sigue es puesto en boca de Jesús. Pero con un leve cambio obtenemos una plegaria eucarística bastante reconocible, similar en su forma a las de Hipólito y Epifanio, constituida por una conmemoración cristológica sin Sanctus, la narración de la institución con el mandato memorial, una anamnesis reconocible, quizá en parte englobada en el anterior mandato, y la mención de una epiclesis consagratoria. He aquí la traducción al castellano de este texto con las variantes propuestas por Smith47:
"Digna es tu naturaleza divina de toda gloria, confesión y alabanza, ¡oh Señor del universo!, pues a lo largo de todas las generaciones tú has actuado y llevado a término tu obra para la salvación y redención de los hombres. Y aunque ellos se mostraron desagradecidos en sus obras, tú no has cesado de ayudarles en tu misericordia. Para poder llevar a término la redención y renovación de todos, tomaste a Jesús (a mí), que era de la naturaleza de Adán48, y le (me) uniste a ti.
En él (mí) se realizarán los misterios y figuras prefigurados en los justos de antiguo.
Y pues él (yo) vivió sin mancha y cumplió plenamente toda justicia, por él (mí) quitas tú de raíz todo pecado del género humano; y porque él (yo) muere sin falta ni ofensa alguna, en él (mí) dispones tú una resurrección del cuerpo para todo ser."
A este propósito, el Hijo del Altísimo proclamó la alabanza a su Padre y cuando dio su cuerpo y su sangre pronunció estas palabras:
"Esto," dijo él, "es mi cuerpo,
que he entregado por los pecados del mundo";
y a continuación; "Esta es mi sangre,
que he querido fuese voluntariamente derramada por los pecados.
Quienquiera que coma con amor de mi cuerpo
y beba mi sangre,
vive para siempre, y habita en mí y yo en él.
Haced así como memorial mío en medio de vuestras Iglesias
y recibid mi cuerpo y mi sangre con fe."
Ofrecemos (ofreced) pan y vino, como él nos enseñó (os enseñé), y tú llévalo (yo lo llevaré) a perfección y hazlo (lo haré) cuerpo y sangre. Hazlo (lo haré) cuerpo y sangre mediante la presencia y la acción del Espíritu Santo."
El contenido histórico-salvífico de la conmemoración de la anáfora reflejada en este texto presenta las siguientes notas propias:
Carece de conmemoración de la creación, mientras que se da una referencia a la economía veterotestamentaria, presentada como una antítesis entre la misericordia de Dios y la ingratitud de los hombres, en la que sale triunfante con Cristo la primera. El tema, como veremos, es ampliamente tratado por las anáforas posteriores, especialmente las siroantioquenas, y hunde sus raíces en la piedad litúrgica judía. Aquí se trata simplemente de una indicación.
Toda esta acción misericordiosa de Dios alcanza su pleno cumplimiento en Cristo Jesús: anticipo de todo lo prefigurado en el AT, por cuya justicia y santidad se logra la anulación del pecado de los seres humanos, con cuya muerte él nos conquista la resurrección.
No es posible con seguridad establecer la conexión exacta entre conmemoración y narración de la institución eucarística. Subrayemos, sin embargo, el aspecto de voluntariedad de la muerte, expresado en las palabras sobre el cáliz, y que coincide con lo ya notado en las anteriores anáforas. La doble repetición "por los pecados" se conecta con la misma idea en la conmemoración y los efectos de la comunión son aquí descritos con terminología joanea.
Una breve nota sobre la posible anamnesis y la epiclesis. Ni una ni otra están aquí plenamente formuladas. Su existencia no deja, sin embargo, duda. La anamnesis se deja entrever en el "ofrecemos pan y vino, como él nos enseñó," que podríamos transmitir de la siguiente manera: "cumpliendo el mandato de hacer el memorial del Señor, como nos enseñó, ofrecemos pan y vino." La fórmula, de responder a la realidad, estaría muy próxima a la de la anáfora de Hipólito, y tendríamos la misma traducción del memorial bíblico en términos sacrificiales. En cuanto a la epiclesis, que se deja adivinar, parece aquí netamente de carácter consagratorio.
d) La Anáfora del Fragmento Anónimo Arriano.
Un último testimonio de este tipo de anáforas debe todavía ser citado. Se trata de un fragmento anónimo arriano, editado por primera vez por el cardenal Mai y sobre el que llamó la atención G. Mercati.49 Su autor no comprende cómo los "católicos" afirman por su fe una identidad entre el Padre y el Hijo, a la vez que en su liturgia anteponen éste a aquél. Para demostrarlo aduce varios testimonios: uno de la liturgia del bautismo, otro de la confirmación y dos comienzos de plegaria eucarística. Tanto Mercati como antes el cardenal Mai ya sospecharon que podía tratarse de fragmentos de canon eucarístico y no de prefacios, debido a que la terminación del segundo pasaje citado se conecta con la misma fórmula del Te igitur romano. Para dom G. Dix, esto no ofrece duda alguna.50 Nos encontraríamos así ante un comienzo de anáfora occidental cuya conmemoración tiene un neto carácter cristológico y sin Sanctus. La segunda plegaria eucarística fragmentaria suena en castellano como sigue:
"Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias por encima de todas las cosas, Dios todopoderoso y eterno, pues por la incomparable nobleza de tu bondad te dignaste hacer resplandecer la luz en las tinieblas al enviarnos a Jesucristo, liberador de nuestras almas.
El cual, humillándose a causa de nuestra salvación, se sometió a la muerte
para devolvernos la inmortalidad que Adán había perdido y hacernos hijos y herederos suyos.
No pudiendo con alabanzas darte gracias suficientes por esta misericordia, pedimos que con tu grande y condescendiente clemencia aceptes este sacrificio que te ofrecemos en pie ante la presencia de tu divina piedad. Por Jesucristo, Señor y Dios nuestro, por quien pedimos y rogamos..."
El contenido de esta conmemoración describe la salvación llevada a cabo por Cristo en los dos momentos históricos de la encarnación y la muerte mediante temas bíblicos claramente identificables. Así, Cristo ha venido como "luz que resplandece en las tinieblas": con la misma imagen describen la encarnación Lc 1:78-79 (cf. Mal 3:20; Is 9:1) y Jn 1:4. Cristo se ha humillado y sometido a la muerte (cf. Flp 2:8), y por ello hemos conseguido la victoria sobre la muerte y la participación en el mismo destino de Jesús como hijos de Dios y herederos con Cristo (cf. Rom 8:17). Finalmente, la Eucaristía es descrita como el sacrificio, único medio capaz de dar gracias por la salvación: es el sacrificio de alabanza o de acción de gracias.
Historia de la Salvación y Eucaristía: Primeros Datos.
S
e trata ahora de recoger brevemente algunas orientaciones teológicas encontradas en el estudio de estos textos sobre los contenidos de la Historia de la Salvación y las aportaciones que ello ofrece para la inteligencia de la Eucaristía. Dado que el tipo base, y, a su vez, el más primitivo de todos ellos, es el de la anáfora de Hipólito, de ésta ha de partir la reflexión teológica. Los datos que los otros textos aportan sirven para matizar la comprensión que la Iglesia ha ido logrando tanto de la Historia de la Salvación como de la misma Eucaristía, pues no es indiferente el que ella haya escogido este modo de celebrar el sacrificio eucarístico. Sin embargo, y dada la escasez de testimonios de este tipo de plegaria eucarística, no puede precisarse aún de un modo muy determinado la línea de evolución teológica. Por eso, estas primeras deducciones no son definitivas, y habrán de valorarse más tarde en el conjunto de este trabajo, permaneciendo ahora como conclusiones parciales y provisionales.Teniendo en cuenta los dos objetivos de este estudio, dos son también los puntos en que centramos nuestra atención: aportaciones para una comprensión de la Historia de la Salvación (apart. a, b y c) y aportaciones a la teología eucarística (apart. d) .51
a) Una Visión Cristológico-Trinitaria de la Historia de la Salvación.
La primera observación que se impone al leer la anáfora de Hipólito es su marcado carácter cristológico. Toda la Historia de la Salvación conmemorada en ella se presenta desde el ángulo visual de Cristo; todo parte de él y a él converge. La misma visión cristológica englobante se advierte en TestDni, aunque aquí está algo más desdibujada debido a la introducción de otras plegarias, con lo que no se logra la bella unidad de Hip. Epif y Fragm están en la misma línea de Hip. Cristo es también la conmemoración de la redención es precedida por una breve referencia a la obra veterotestamentaria, que alcanza su plenitud en Cristo.
En todas estas plegarias, la acción de gracias se dirige al Padre por Cristo. El Espíritu Santo completa el marco trinitario en que se encuadra la anáfora tanto en Hip como en TestDni52 y Hom; es probable que también se mencionase en Epif, cuya epiclesis no se nos ha transmitido, sin embargo, completa53. La presentación que se hace de las tres personas es predominantemente salvífica, es decir, se definen y describen por los hechos salvíficos a cada persona atribuidos, y que serán detallados a continuación. Son una excepción a esta regla algunos detalles mínimos en Hip, que reflejan la teología de Hipólito, y las precisiones dogmáticas sobre el Verbo en Epif, las cuales pueden haber sido añadidas a una anáfora más antigua, que se ha revisado así dogmáticamente a la luz de Calcedonia.
b) Dimensión Horizontal de la Historia de la Salvación.
Establecido el marco en que las plegarias sitúan su conmemoración de la Historia de la Salvación, pasamos ahora a un análisis de los contenidos de la misma tal y como aparecen en estos textos. Este análisis se efectúa en un doble plano: horizontal (dimensión histórica de la salvación) y vertical (actualización de la salvación en el hoy de la Iglesia)54. Empezamos con el primero.
Existe un plan salvador en Dios. Esta es la primera constatación. La decisión de actuar la salvación a lo largo de las generaciones es anterior a la historia, es un proyecto divino, del cual es mensajero Cristo (Hip: "ángelus voluntatis tuae").55 Este proyecto, "dispensación" o "economía" es descrito acertadamente por TestDni al glosar el pasaje citado de Hip: "Tu designio es efectivamente que seamos salvados por ti."
El designio salvador de Dios comprende, en primer término, la creación. Pero no se trata de rellenar simplemente por lógica o cronología el primer cuadro de un esquema de historia, ni de prepararle el espacio adecuado o el punto de partida. La creación está vista en estas anáforas desde una perspectiva exclusivamente salvífica, y más concretamente, cristológica. En realidad, el primer capítulo de la Historia de la Salvación es contemporáneamente eterno al designio divino de salvación; es Cristo mismo, desde siempre engendrado por el Padre, preexistente a todas las cosas, punto de partida y culminación del desgranarse histórico de los hechos salvadores, "salvador" y "salvación," como explica el obispo a los fieles en la mistagogia que precede a la celebración eucarística según el Testamento del Señor56. Esta es la razón por la cual la creación se conmemora en Hip con la escueta frase "por él, tu Verbo inseparable, has hecho todas las cosas." La creación es, pues, una obra atribuida al Padre, que éste realiza en vistas a la redención de Cristo. Así lo ha comprendido también TestDni, que, recogiendo el mismo dato de Hip, además de explicitar algo más ampliamente la labor creadora del Padre, expresa felizmente esta idea con las siguientes palabras: "Padre de los reyes, tú gobiernas y sostienes todas las cosas con tu poder en vistas a tu economía por tu Hijo Jesucristo, que fue crucificado por nuestros pecados." Epif traduce el dato de la preexistencia de Cristo con categorías bíblicas ("enviaste de los cielos a tu santo Siervo") y con categorías teológicas ("era en todo el Dios Logos perfectísimo"), y probablemente alude a la creación, obra del Padre, al dar gracias "por todos los beneficios que gratuitamente nos has dado." La idea de la preexistencia de Cristo está incluida también en la idea del envío que desarrolla Fragm, aunque aquí no se menciona la creación. Finalmente, Hom es el único testimonio de esta serie que, dada su peculiar teología adopcionista, hace intervenir a Jesús en un momento concreto de la historia salvífica, ya comenzada por el Padre; es posible, sin embargo, que la creación, en este caso atribuida solamente al Padre, sin intervención del Hijo, se halle implícitamente contenida en el título con que se califica a Dios: "Señor del universo."
No se hace mención expresa de la economía veterotestamentaria en Hip, centrado, como hemos visto, en una visión cristológica de la Historia de la Salvación; el mismo caso se repite en TestDni y Epif. Al contrario en Hom, donde expresamente se habla de la actuación de la economía salvífica a lo largo de todas las generaciones, haciendo protagonistas de esta historia a la misericordia de Dios y al pecado de los hombres, en una contraposición dramática, vencida al final por la suprema misericordia divina, Cristo. Pero quizá esta memoria de la acción salvadora de Dios no se halle del todo ausente en Hip, TestDni y Epif; en efecto, al principio de la acción de gracias de estos tres documentos se afirma que Cristo ha sido enviado como salvador y redentor "en los últimos tiempos." Como hemos notado al estudiar Epif, el texto evoca Heb 1:1-2, donde se afirma que Dios, "después de haber hablado muchas veces y en diversas formas a los padres antiguamente por medio de los profetas, en estos últimos días57 nos ha hablado por el Hijo." Parece, pues, que están conmemorados también, al menos implícitamente, esos "tiempos anteriores," ese "antiguamente," cuando Dios manifestó su misericordia, entre otros modos, por medio de la palabra transmitida al pueblo de Israel por los profetas; tiempos imperfectos y ordenados a Cristo, en el cual encuentran su plenitud. Implícitamente, también se recuerda al otro gran protagonista de la Historia de la Salvación nombrado por Hom, el pecado, ya que el envío de Cristo por el Padre a los seres humanos es siempre presentado como una victoria sobre el pecado y la muerte, existentes y dominantes en el hombre.
A partir de este momento, la conmemoración de la Historia de la Salvación se centra en la obra realizada por Cristo. Las etapas recordadas, de un modo o de otro, en todas estas anáforas son la encarnación, la pasión y muerte y la resurrección.
El contenido salvífico de la encarnación es bellamente expresado por Fragm con el recurso a las imágenes de luz y libertador, que se encuentran en el Benedictus de Lc. Hom conmemora también la vida de Jesús en una lograda contraposición: con su vida sin mancha nos liberó del pecado. Por otra parte, el tema de la pasión y la muerte es ampliamente desarrollado. La muerte de Cristo es definida, en primer término, con el rasgo de "voluntaria" (Hip, TestDni, Epif, Hom)58; con ella, Cristo cumple la voluntad, el designio del Padre (Hip, TestDni), que la ha decidido no por el valor que en sí tiene, sino porque es salvadora; en efecto, por ella Cristo adquiere un nuevo pueblo (Hip, TestDni), es vivificante (Epif), nos conquista la resurrección (Hom), la inmortalidad, haciéndonos hijos y herederos (Fragm). Por eso puede ser calificada como muerte digna de ser cantada, es decir, gloriosa (Epif), y se conmemora unida a la resurrección.
Tanto Hip como TestDni y Epif sitúan la institución de la Eucaristía en el centro de los hechos salvíficos conmemorados. El valor salvífico de la Eucaristía y su referencia a la cruz está subrayado en todas las narraciones de la institución con los términos, tomados indistintamente de las diversas fuentes neotestamentarias: "partido por vosotros," "derramada por vosotros," "para el perdón de los pecados," que se repiten insistentemente y con diversas variaciones.
Pero es en Hip y TestDni donde la peculiar función del relato institucional es puesta más de relieve. En efecto, como ya hemos notado, la institución de la Eucaristía no es presentada sólo como un hecho salvífico más (aunque esto, sobre todo en Hip, dada su presentación tan unitaria y lineal, no se pueda excluir del todo), sino como el punto central de la plegaria, en el que se pasa a la acción cultual. A partir de este momento, la plegaria se hace plenamente acción, celebración cultual, y entramos en lo que hemos llamado dimensión vertical de la Historia de la Salvación.
En estos dos textos puede observarse también un particular modo de proceder en cuanto a la presentación de los hechos salvadores, especialmente en Hip. Efectivamente, en esta anáfora parece haberse seguido un orden cronológico meditado: desde la creación hasta la pasión, en la conmemoración; la institución eucarística, en el centro, y la muerte y resurrección, expresamente citadas en la anamnesis. Dada la estrecha unidad con que está construida esta anáfora y aunque, como veremos a continuación, la anamnesis tiene su significado propio, la dinámica misma de la plegaria exige situar también estos dos últimos acontecimientos en el conjunto de la conmemoración histórico-horizontal de la Historia de la Salvación.
En resumen, estas anáforas nos dan una visión esencial del contenido de la Historia de la Salvación, que puede esquematizarse del siguiente modo: designio salvífico de Dios; creación por Cristo; desarrollo de la salvación en los tiempos veterotestamentarios como una confrontación entre la misericordia de Dios y el pecado del ser humano, que alcanzará su desenlace definitivo en Cristo; encarnación, pasión, muerte y resurrección de Cristo, que logran incorporar al ser humano al mismo destino glorioso de él.
c) Dimensión Vertical de la Historia de la Salvación.
La plegaria eucarística no solamente evoca y recuerda una historia de salvación pasada que tiene sus virtualidades hoy (memorial literario), sino que actúa esa salvación de un modo concreto en el hoy de la Iglesia que celebra. Esta actualidad de la salvación es expresada por la plegaria eucarística en el relato institucional, la anamnesis y la epiclesis. Veamos cómo.
En cuanto al relato institucional, ya hemos dicho cuál es propiamente su función. Esta viene explicitada sobre todo en la anamnesis, con la que forma una unidad literaria y de contenido al menos en Hip. Y digo "al menos" porque los textos utilizables para el estudio de la anamnesis son desgraciadamente muy escasos en este grupo de anáforas; en realidad se reducen a uno solo, el de la anáfora de Hip. De hecho, la anamnesis de TestDni coincide sustancialmente con Hip, salvo en que está dirigida a Cristo. Pero éste es un dato cuya explicación, visto el continuo cambio de personas a las que se dirigen las oraciones en esta anáfora, debe buscarse en influencias más bien textuales que doctrinales y no tiene relevancia para nuestras conclusiones. Se trata, pues, de un único testimonio que se remonta a la Tradición Apostólica. Epif y Fragm son inutilizables en este punto, pues su anamnesis no ha llegado hasta nosotros. Hom es un testimonio peculiar. La expresión "ofrecemos pan y vino, como él nos enseñó," ligada al anterior "haced así como memorial mío," es un testimonio indudable de la existencia de una anamnesis en la anáfora que refleja esta plegaria. La glosa propuesta: "cumpliendo el mandato de hacer el memorial del Señor como él nos enseñó, ofrecemos pan y vino," nos acercaría a una anamnesis del tipo de la de Hip. Pero la peculiar formulación del mandato-memorial del Señor a base de textos joaneos presenta una dificultad grande para lograr su recta interpretación. Es preferible, por tanto, dejarlo aparte y limitarnos a la anamnesis de Hip, bien atestiguada textualmente.
Esta se halla íntimamente unida, incluso gramaticalmente, al mandato del Señor, que pide renovar la celebración eucarística: "Cuando hacéis esto, hacedlo en memorial mío. Por eso, haciendo memoria... te ofrecemos... dándote gracias..." La anamnesis describe, pues, en primer lugar, la Eucaristía como memorial, después como sacrificio y luego como acción de gracias.
En conexión con lo dicho sobre el memorial cultual, debemos ahora repetir que éste no se refiere sólo a un recuerdo psicológico, interno, sino que comporta una realidad objetiva, un hacer presente de alguna manera el objeto conmemorado. Este objeto es aquí la muerte y resurrección del Señor, es decir, su misterio pascual. Como antes hemos explicado59, la misma anáfora pone de manifiesto el carácter objetivo del memorial al explicitarlo en categorías sacrificiales; el hecho de que la anamnesis haga presente la muerte y resurrección del Señor, lleva consigo que nuestra ofrenda de pan y vino sea en realidad la ofrenda del sacrificio pascual de Cristo. De este modo, el recuerdo de los acontecimientos históricos salvíficos (dimensión de pasado) cristaliza en una presencialización real y objetiva del núcleo de la Historia de la Salvación, el misterio pascual, en el hoy sacramental de la Iglesia (dimensión de presente), y sus efectos salvíficos se dejan sentir en la historia de la Iglesia como una garantía de la plenitud de participación en el misterio pascual de Cristo en la parusía (dimensión de futuro).
Como pone de manifiesto L. Bouyer,60 se ha verificado aquí una traducción en términos sacrificiales61 del contenido semítico del memorial. El significado sacrificial es todavía más subrayado al ser descrito como acción "sacerdotal" de la Iglesia. La expresión "servirte como sacerdotes" es posible que haga referencia al contexto en que se celebra esta eucaristía, la ordenación del obispo, que concelebra con los presbíteros, pero no excluye una referencia más general al servicio sacerdotal de la Iglesia entera, incluidos los fieles.
En conclusión, la anamnesis es el momento de la plegaria eucarística que, en unión con el relato institucional, expresa la irrupción sacramental del núcleo de la Historia de la Salvación en el momento presente de la Iglesia celebrante; es la presencialización sacramental del sacrificio pascual con todas sus virtualidades, y lleva por ello consigo una fundamental actitud de acción de gracias.
En cuanto a la epiclesis, contamos para su estudio, en primer lugar, con la formulada en Hip, que es asumida en sus líneas sustanciales por TestDni. Epif ha conservado la segunda parte de su epiclesis, sin que podamos saber con seguridad si existía una invocación por la venida del Espíritu Santo. Hom testifica la existencia de una epiclesis consagratoria del Espíritu Santo; pero la fórmula que posiblemente estuviera en la base del texto no ha llegado hasta nosotros.
En la epiclesis de Hip existe en realidad una doble súplica al Padre por el envío del Espíritu Santo: sobre los dones y sobre los fieles. La primera, sin especificar la acción del Espíritu Santo, puede ser testimonio de cómo nacieron algunas posteriores epiclesis de consagración. De hecho, Hom y Epif son testigos de ellas. El Espíritu, en estos casos, sin poder asegurarlo de Epif, se hace presente para posibilitar a la Iglesia la realización, la celebración del sacrificio pascual, ordenado a la salvación del ser humano, como especifica Epif. De este modo, la Iglesia, con la fuerza del Espíritu, hace la Eucaristía.
La súplica pone además de manifiesto una acción específica atribuida al Espíritu: realizar la unidad de la Iglesia62 y confirmar en la fe a los fieles para que, impulsados por esta fuerza motriz, prosigan una alabanza que ha de prolongarse hasta la parusía, donde llegará a total perfección. El Espíritu Santo se hace, pues, presente en la Iglesia, que es construida y alentada hasta su meta final mediante la Eucaristía. Dicho de otra manera: la Eucaristía hace la Iglesia.
En conclusión, y a pesar de los pocos elementos que este tipo de anáforas nos ofrece sobre la epiclesis, podemos afirmar que ésta se presenta como el momento de la celebración eucarística en que se expresa la conversión del pan y el vino en fuente de salvación para la Iglesia: es la presencialización sacramental de la acción salvadora del Espíritu en la Iglesia.
d) Aportaciones a la Teología de la Eucaristía.
Baste aquí una simple enumeración de algunos temas teológicos que han de ser profundizados en una reflexión posterior cuando contemos con más datos.
En primer lugar, la Eucaristía celebrada por la Iglesia se presenta como un lugar privilegiado del acaecer de la salvación. No es sólo un recuerdo de la salvación pasada, sino que es un acontecimiento de la vida de la Iglesia en el que toda la Historia de la Salvación se presencializa sacramentalmente en su núcleo: el misterio pascual; un acontecimiento en el que la salvación se hace presente y actuante, en el que sucede la salvación.
La Eucaristía es sacrificio en cuanto que es memorial, es decir, en cuanto que hace presente el sacrificio glorioso de Cristo en la cruz y ofrecido por la Iglesia al Padre. No es un nuevo sacrificio, sino la presencialización sacramental del único sacrificio de Cristo. De una manera especial es considerada por Hip, TestDni y quizá Epif, como la anamnesis de la pasión y resurrección del Señor, y por ello se sitúa la institución eucarística en el centro de la plegaria, uniendo a ella los efectos redentores de la pasión-resurrección de Cristo, especialmente la victoria sobre el pecado, la muerte y el diablo, y la conquista de la inmortalidad mediante la resurrección.
La dimensión de acción de gracias en la Eucaristía es algo esencial a ella. Esta dimensión no surge solamente de una consideración de las misericordias que Dios hizo con nosotros en el pasado, sino que toma también su aliento de la presencialización en el hoy de la Iglesia del núcleo de esa historia salvífica, es decir, del sacrificio pascual de Cristo que la Iglesia ofrece. Por eso, la acción de gracias puede identificarse incluso con este mismo sacrificio, tomando ella misma una connotación sacrificial. Así se deduce por lo menos de tres testimonios: la anamnesis de Hip, en que se da gracias por el ejercicio del ministerio sacerdotal; la oración que engloba la primera parte de la epiclesis en TestDni, donde, sin más, se dice: "Te ofrecemos esta acción de gracias, eterna Trinidad"63; el tercer párrafo del Fragm, en que se efectúa la transición de la acción de gracias al aspecto sacrificial de la Eucaristía, calificando el sacrificio eucarístico de la única alabanza capaz de dar cumplidamente gracias por la misericordia de la salvación.
La Eucaristía comporta una dimensión eclesiológica y escatológica. Eclesiológica en un doble sentido: en cuanto que se celebra en la Iglesia bajo la acción potenciadora del Espíritu y en cuanto que esta misma acción del Espíritu construye la Iglesia en su unidad. Escatológica, en cuanto que el memorial del sacrificio de Cristo que se celebra es la garantía de la plena salvación, hacia la que la Iglesia camina, y en cuanto que el Espíritu construye y reúne esa Iglesia, mediante la Eucaristía, hasta su congregación final, cuando cantará el cántico perfecto sin interrupción. Este doble aspecto se expresa bien con los enunciados clásicos: la Iglesia hace la Eucaristía, la Eucaristía hace la Iglesia.
De la interpretación de la anamnesis como respuesta de la Iglesia a lo que el Señor mandó hacer en memorial suyo, se deduce que lo que se debe hacer no es simplemente evocar un recuerdo, sino ofrecer el sacrificio de Cristo y participar del pan y el vino eucarísticos. Este último aspecto, la comunión, es subrayado en la epiclesis de Hip al pedir la plenitud del Espíritu Santo para "los que participan en tus santos misterios." TestDni es aún más explícito en este lugar, pues llama al pan y al vino "comida y bebida" y pide al Espíritu Santo gracias para los que "participando reciben tus santos misterios."64 Es en esta línea, probablemente, como hay que entender la peculiar formulación del mandato de Jesús que presenta Hom: "Haced así, como memorial mío en medio de vuestras Iglesias, y recibid mi cuerpo y mi sangre con fe."
Finalmente, al presentar Hip una estructura tan unitaria y sin fisuras desde el comienzo de la acción de gracias hasta el final de la narración de la institución y al carecer de una epiclesis que exprese claramente el momento consagratorio, parece ser un ejemplo de plegaria, en la cual la consagración no puede situarse en ningún momento concreto, sino atribuirse, más bien, a la plegaria entera.65 Tal idea parece adquirir fuerza por el gesto de imposición de manos del obispo a lo largo de toda la plegaria, tal y como se deduce de la introducción a la misma: "que los diáconos le presenten la oblación (al obispo), y que él, extendiendo las manos sobre ella con todo el presbiterio, diga dando gracias..." Con dom G. Dix, se pueden evocar a este respecto los ritos similares en la ordenación del obispo (n.2), el exorcismo prebautismal (n.20) y la confirmación (n.21). Para él, en todos estos casos tal gesto de bendición "corno la preparación a recibir una gracia sacramental.66 Sin embargo, con más justeza se ha notado recientemente que en estos casos se trata, mejor, de una consagración.67 Para el caso de la plegaria eucarística debemos aún citar un pasaje en que se alude a su carácter consagratorio general. Se trata de la misa tras la administración del santo bautismo:
"Entonces será presentada al obispo la oblación por los diáconos, ν él dirá la acción de gracias: sobre el pan, para que sea representación (άντίτυπος) Ώel cuerpo de Cristo; sobre el cáliz de vino mezclado con agua, para que sea imagen (ομοίωμα) de la sangre, que ha sido derramada por todos los que creen en él."68
Prescindiendo del exacto significado de los términos griegos, que hemos traducido por "representación" e "imagen," y que ciertamente no es un mero significado simbólico (consúltese, p.ej., el respeto debido a las especies eucarísticas,69 lo que nos interesa constatar es la expresión de finalidad consagratoria de la plegaria eucarística, sin distinguir ninguna de sus partes, que aquí se deja claramente ver. Como dice L. Maldonado a propósito de este texto, "la bendición berakática implica siempre, y como primer paso, un "porqué" (ότι); pero tambiιn, si bien más inmediatamente, un "para qué."70
1 Esta terminología y clasificación de las anáforas está tomada de L. ligier (Célébration divine et anamnése dans la premien partie de l'anaphore ou canon de la Messe oriéntale: Gregorianum 48 [1967] 225-252 = EOO II 139-178). Por anáfora entendemos en este trabajo la parte correspondiente en la liturgia oriental al canon de la misa romana (así dom F. cabrol, Anaphore: DACL I 2,1808-1809). Comprende, por tanto, desde el "Estemos atentos" del diácono hasta la doxología que precede al padrenuestro (cf. también A. raes, Anaphora: LTK I 488; A. baumstark, Anaphora: RAC I 422-425). M. rranz, en su estudio L'économie du sa/ut dans la priére du Post Sanctus des anaphores de e antiochiéen: LMD 106 (1971) 46-75, propone una clasificación de las anáforas siro-antioquenas a partir del tema central de la conmemoración de la salvación (que él nomina Post-Sanctus, según la terminología de la liturgia hispano-galicana), determinaos textos bíblicos, que él considera centrales. Aunque la intuición es interesante, tiene aquí en cuenta porque se refiere sólo a una familia litúrgica y deja de lado los elementos estructurales de la anáfora que son importantes para nuestro estudio.
2 La terminología se separa aquí un poco de la usada por L. Ligier en el artículo antes él se denomina a esta sección "anamnesis en sentido amplio," para distinguir la anamnesis en sentido estricto," situada tras la narración de la institución nanum, o.c., 225 nt.l). En castellano, el término conmemoración tiene casi todas las del término anamnesis, ya que es una traducción del anterior y pone claramente ese recuerdo o llamada de atención de las maravillas realizadas por Dios, es decir, significa y subraya suficientemente el carácter anamnéti-Harnadesía parte. de la anáfora Por otro lado, evita el tener que estar constantemente 0 'a atención sobre de qué anamnesis se trata.
3 La clasificación ha sido sugerida por I. H. dalmais (Quelques granas themes tbéologiques des anaphores orientales: EOO, II 179-195, esp. 182-183).
4 Para la clasificación de las siguientes tradiciones y familias litúrgicas orientales pueden consultarse las siguientes visiones generales: J. M. hanssens, Institutiones liturgicat de ritibus orientalibus. III. De Missa orientalium (Roma 1932); sobre la anáfora cf. 345-485; S. salaville, Liturgies orientales. II. La Messe (París 1942); I. H. dalmais, Les liturgies d"Orient (París 1959) (trad. esp.: Las liturgias orientales,
Andorra 1961); Β. βοττε, Ritos} familias litúrgicas, en A. G. martimort, La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia (Barcelona 1965) 45-46. Uno de los mejores trabajos sigue siendo el de A. baumstark, Anaphora: RAC I 418-427. La historia de la identificación de la Tradición Apostólica y de su atribución a Hipólito le verse en J. quasten (Patrología I 470-473, con amplia bibliografía) y en el "rologo de la edición de B. Borre (La Tradition Apostolique de Saint Hippolyte. Essai de reconstituían: LQF 39 [Münster W. 1963] I). Sobre esta obra cf., entre otras, la recensión : E. C. ratcliff, en JTS 15 (1964) 402-407. 6 Cf. L. bouyer, Eucharistie 158-169.5 La historia de la identificación de la Tradición Apostólica y de su atribución a Hipólito le verse en J. quasten (Patrología I 470-473, con amplia bibliografía) y en el 'rologo de la edición de B. Borre (La Tradition Apostolique de Saint Hippolyte. Essai de reconstituían: LQF 39 [Münster W. 1963] I). Sobre esta obra cf., entre otras, la recensión : E. C. ratcliff, en JTS 15 (1964) 402-407.
6 Cf. L. bouyer, Eucharistie 158-169.
7 Cf. B. botte, La Tradition XVII XLIV; ibid., A propos de la "Tradition Apostolique": RechThéolAncMéd 3 (1966) 177-186. El palimpsesto de Verona fue editado por E. hauler (Didascaliae apostolorum fragmenta veronensia latina, Leipzig 1900). La lista de fuentes y de ediciones críticas puede consultarse en la edición antes señalada de B. botte, V. Se deben añadir: B. botte, Hippolyte de Kome. La Tradition Apostolique: SC 11 (París 21970); J. M. hanssens, La liturgie d"Hippolyte. Documents et études (Roma 1970) (sinopsis de los documentos emparentados con la Tradición Apostólica). Una buena descripción de las fuentes también en J. M. hanssens, La liturgie d"Hippolyte. Les documents, son tita/aire, ses origines et son caractére (Roma 1959; repr. 1965); sobre esta obra cf. B. botte, en BullThéolAncMéd 8 (1960) 575-577, y la respuesta de hanssens, en Gregorianum 42 (1966) 177-186.
8 E. schwartz, Über die pseudoapostolischen Kirchenordnungen (Estrasburgo 1910); R. Η connolly, The so-called Egyptian Church Order and derived Documents: Texts and Studies VIII 4 (Cambridge 1916).
9 Aunque no puedo estar totalmente de acuerdo con sus conclusiones, es conveniente citar aquí la reciente obra, de J. magne, Tradition Apostolique sur les charismes et Diataxeis des Saints Apotres. Identification des documents et Analyse du rituel des Ordinations (París 1975). El autor defiende que el "documento x" (lo que actualmente se entiende por Tradición Apostólica) no es una obra de Hipólito, sino una compilación anónima que contiene elementos de diferentes épocas. Esta compilación merece, por su contenido, el título que le da el fragmento descubierto por M. richard (cf. Quelques fragments des Peres antenicéens et nicéens: Symbolae Osloenses 38 [1936] 76-83), y que el autor ha llevado al título mismo de su obra. Lo más importante que nos dice este trabajo es que las cuestiones en torno a Hipólito y la Tradición Apostólica están lejos de haberse solucionado completamente. Proporciona, además, una bibliografía completísima sobre toda la problemática en torno a la Tradición Apostólica y problemas conexos, ordenada por orden cronológico de aparición de los distintos estudios y con breves resúmenes sobre su contenido. La discordancia de este autor con dom Botte es total. Cf. la recensión de I.-H. dalmais, en LMD 129 (1977) 166-167.
10 P. nautin, Hippolyte et josipe (París 1947); bibliografía sobre esta controversia en J. quasten, Patrología I 454 y 456.
11 Así, con pequeñas variantes, J. A. jungmann, El sacrificio de la misa 46-51; cf. también en este sentido las últimas puntualizaciones de B. botte, Tradition Apostolique et Canon Romain: LMD 87 (1966) 52-61; trad. esp. en El canon de la misa (Barcelona 1967, 223-234) y en el prólogo de su segunda edición de la Tradición Apostólica en la colección SC, cit. en nt.7.
12 El origen alejandrino es defendido por J. M. hanssens (cf. bibliografía en n.7). Últimamente, y al menos por lo que se refiere a la anáfora, se inclina por un origen sirio M. A. smith (The Anaphora of "Apostolic Tradition" re-considered: Studia Patrística X/I; TU 107 [1970] 426-430). El argumento de este último autor se basa en que las anáforas conocidas hasta ahora de las mismas características que la contenida en la Tradición Apostólica son todas de origen sirio y suponen haber sido creadas en alguna parte de la Siria de lengua griega. Por esta solución parece también inclinarse L. bouyer (Eucharistie 168), aunque dando gran importancia a la intervención personal de Hipólito.
13 "Episcopus autem gradas agat secundum quod praediximus. Nullo modo necessa-rium est ut proferat eadem verba quae praediximus, quasi studens ex memoria, gratias agens deo; sed secundum suam potestatem unusquisque oret. Si quidem aliquis habet potestatem orandi cum sufficientia et oratione solemni, bonum est. Si autem aliquis, dum orat, proferí orationem in mensura, ne impediatis eum. Tantum oret quod sanum est in orthodoxia" (B. botte, La Tradition 28).
14 Cf. H. elfers (Die Kirchenordnung Hippolyts von Rom. Paderborn 1938), quien sólo para la anáfora pone de relieve seis casos (p.50-54); R. H. connolly (The Eucharistic Prayer of Hippolytus: JTS 39 [1938] 350-369) aduce también varios testimonios.
15 Esto se debe deducir, al menos, de una obra que se presenta en Roma con el nombre mismo de su autor y con la intención clara de resucitar una tradición probablemente ya casi perdida; cf. Traditio Apostólica n.\. (Aquí, como en el texto, seguiré, a partir de ahora, la numeración de la edición de B. botte, La Tradition, o.c.)
16 La Tradition 10-17; el texto latino de la anáfora según la edición de hauler (o.c., 106-107) puede además consultarse en FP 29-30; TEP 116-123 ofrece una selección de los textos eucarísticos de la Tradición apostólica en latín y castellano; la anáfora también en PE 80-81.
17 Sobre el diálogo introductorio, que aquí no estudiamos, cf. en general, entre otros trabajos, J. A. jungmann, El sacrificio de la misa 659-665; C. A. bouman, Variants in the introduction to the Eucharistic Prayer: Vigiliae Christianae 4 (1950) 94-115; A. baumstark Liturgie comparte 92,94. L. bouyer ve en la fórmula de Hipólito "Gradas agamus Domino," fórmula judía de introducción a la acción de gracias del banquete festivo con menos de diez personas, un dato sobre el tipo de liturgia que Hipólito quería resucitar: la liturgia de épocas turbulentas, cuando sólo unos pocos cristianos podían reunirse a celebrar la eucaristía; cf. Eucharistie 181.
18 Este pasaje manifiesta con bastante claridad la cristología de Hipólito, de tendencia claramente subordinacionista. En efecto, Hipólito concibe la generación del Verbo como un desarrollo en tres tiempos: Verbo concebido por el Padre antes de la creación del mundo, interno e inmediato a él; Verbo preferido por el Padre, mediante el cual crea todas las cosas, y, finalmente, el Verbo encarnado, con lo que se hace y se manifiesta Hijo perfecto; cf. B. capelle, Le Logas, Fus de Dieu, dans la tbéologie /Hippolyte: RechThéolAnc-Méd 9 (1937) 109-124; J. quasten, Patrología I 487-488. Por otra parte, la expresión "mensajero de tu designio" contiene, probablemente, una alusión a Is 9,6: μεγάλης βουλής άγγελος; segϊn el pasaje del Comentario a Daniel II 32, se le designa así al Hijo porque nos anuncia los misterios del Padre; cf. R. H. connolly, The Eucharistic Prayer 356, donde se encontrarán testimonios paralelos de San Ireneo y San Justino. En cuanto a la expresión "ex spiritu sancto et virgine natus," Connolly afirma que en el contexto de ideas de Hipólito no habría que interpretarse del Espíritu Santo, sino, más bien, como del Logos, a quien Hipólito en otros pasajes llama también πνεύμα; cf. ibid., 358-359. La afirmaciσn, sin embargo, no parece probada; véanse las objeciones que hacemos más adelante a J. Betz, que defiende proposiciones semejantes.
19 La expresión "extendit manus cum pateretur" es una alusión a la muerte en la cruz de Jesús, por medio de la cual somos librados de los pecados y reconciliados con el Padre; la misma idea se encuentra en la Epístola de Bernabé, San Justino y San Ireneo; cf. R. H. connolly, o.c., 360.
20 "This verse emphasizes the unique manner of his exaltation, which is not to be in clouds of glory but upon the cross (...). (...) The purpose of the Son of man"s exaltation is the salvation of those who believe" (C. K. barret, The Cospel according to St. John [Londres 1965; reimpr. de la 1.a ed. de 1958] 178-179); cf., igualmente, R. schnacken-burg, Das ]ohannesevangeliutn (Friburgo Br.-Basilea-Viena 1965) I 407-411.
21 Las expresiones "et vincula diaboli dirumpat," "et infernum calcet et iustos inluminet," en paralelo con Trad. Apost. n.41 (Β. βοττε, La Tradition 91-92), cuando habla de la oración a la hora nona, hora en que Dios, tras la muerte de Jesús, se acordó de los justos que estaban en el infierno y les envió su Verbo para conducirles a la luz, son una alusión al descenso de Jesús al hades, desde donde condujo a los justos a la luz. En este contexto, la expresión "terminum figat" parece que se deba interpretar como "fijar el término" de la detención de los justos en el hades; cf. R. H. connolly, o.c., 361-362; otra interpretación en H. lietzmann (Messe und Herrenmahl 160-161; ed. ingl. 130-131).
22 G. Dix habla también del relato institucional como centro de la plegaria eucarística, pero desde otra perspectiva. Para él, la institución eucarística queda integrada en la misma realización del designio salvador de Dios como un acontecimiento de salvación; más aún: como el acontecimiento central al que converge toda la plegaria: "Hippolytus regards only holy communion as the means by which Christ "abolishes death" and "rends the bonds of the devil" in the faithful communicant. It is a means of "enlightenment" and "a demonstration of the resurrection" (cf. John VI,53-57)" (The Shape of the Eitury 160-161). Aunque esta interpretación es gramaticalmente posible, sin embargo, el puesto central de la pasión y muerte del Señor, puesto claramente de relieve en el párrafo anterior tal y como hemos subrayado, parece que debe mantenerse también aquí.
23 La expresión latina "adstare coram te et tibí ministrare" es una traducción insuficiente del palimpsesto veronense; tanto la versión etiópica como la reelaboración del Testamentar" Domint confirman el término conservado por Const. Apost. VIII: ιερατρευ-ειν, es decir, la traducciσn latina sería: "adstare coram te et tibi sacerdotium exhibere"; cf. Β. βοττε, La Tradition 17 nt.3. La expresión se refiere principalmente al obispo y sacerdotes concelebrantes, dado el contexto; pero no parece excluir una más amplia referencia a la Iglesia general; cf. L. bouyer, Eucharistie 178.
24 Sobre la autenticidad de esta epiclesis, negada por G. Dix (The Treatise on the Apostolic Tradition ofSt. Hippolytus afeóme [Londres 1937] 75-78), cf. C. C. richardson (The so-called Epiclesis in Hippolytus: The Harvard Theological Review 40 [1947] 101-108) y, sobre todo, Β. βοττε (L"épiclese de l"anaphore (ftíippolyte: RechThéolAnc-Méd 14 [1947] 241-251), donde muestra que en el Testamentum Domini, si se hace una cuidadosa retroversión del siríaco al griego, aparece también la epiclesis primitiva de la Tradición Apostólica. Sobre las objeciones que L. bouyer (Euchari"stie 170-177) ha puesto a este trabajo, cf. la respuesta de dom Borre en A propos de la Tradition Apostoli-que 183-186.
25 El objeto de "in unum congregans" no puede ser la oblación, sino la Iglesia o los participantes; la razón principal es que la frase original que subyace a esta traducción debe ser εις |ν συνάγων, eco de Jn 11,52; cf. B. Borre, L"épiclese 249; R. H. connolly, The Eucharistic Prayer 363-364.
26 La idea es semejante a la de Did. 9,4, pero la fuente de este modo de pensar debe buscarse en San Ireneo, como advierte R. H. connolly (o.c., 364-367), quien estudia expresamente en este sentido el pasaje de Adversus haereses III 10; se habla en él de un modo expreso de la acción unificadora del Espíritu, recogiendo el simbolismo de unidad encerrado en el pan eucarístico, probablemente de 1 Cor 10,17; connolly afirma a este propósito: "The eucharistic bread then, by its composition, is a symbol of the unión of the faithful in Christ, und further ¡Ilústrales the working of the Holy Spirit, in the faithful, by which this unión is effected" (p.365). Estas ideas, como el mismo autor muestra a continuación, se reflejan, en varios casos, en las obras de Hipólito. La conclusión es que "Hyppolytus in the prayer does not expressly say, as Irenaeus does, that the gathering together of the faithful "into one" is the work of the Holy Spirit; but there can be little doubt that that is the underlying thought" (p.366).
27 Así piensa R. H. connolly: "Reading the "Epiclesis" of our prayer in the light of contemporary ideas, I am unable to find in it a petition for any action of the Holy Spirit on the oblation itself. The only action of the Holy Spirit which it speaks of, or implies, has for object the minds and hearts of the faithful communicants, while the constituent elements of the oblation, as already unified, suggest what that action should be to bring God"s people together "into one"" (o.c., 367). La misma afirmación en Β. βοττε (L"épiclese 251).
28 La evolución de la epiclesis, tanto literaria como teológicamente, aparece de modo claro, aunque el artículo no trate directamente del tema, en B. schultze (Die dreifache Herabkunft des Heiligen Geistes in den ostlichen Hochgebeten: OtskS 26 [1977] 105-143).
29 Así piensa, con razón, A. raes en su recensión a la edición de la Tradición Apostólica de Borre (en OChP 31 [1965] 451-453). Por su parte, J. betz (Die Eucharistie in der Zeit 336-341) sostiene que entre la epiclesis del Espíritu de Hipólito y la epiclesis del Logos, según él atestiguada ya en esta época, no se da una diferencia de contenido, sino sólo de terminología. Emplea para ello un doble argumento. En primer lugar, la concepción peculiar que tiene Hipólito del Espíritu, a quien no adjudica el término de "persona," sino el de obra que equivale a la constitución del Logos como Hijo en la encarnación; por tanto, pneuma es, para Hipólito, el Logos, en cuanto que manifiesta a los hombres su divinidad en la obra es decir, en su encarnación en las entrañas de María. Consecuentemente, la epiclesis de Hipólito equivale a una epiclesis del Logos, y es por ello consecratoria, en cuanto que la súplica del Espíritu sobre los dones ofrecidos pone de manifiesto la encarnación sacramental del Logos, que es la presencialización de la encarnación histórica. El segundo argumento se basa en que una epiclesis del Logos existe desde el comienzo de la cristiandad primitiva y se continúa hasta el siglo iv; la epiclesis de la anáfora de Hipólito se situaría en este contexto. La interpretación de Betz parece, sin embargo, tener algunos inconvenientes. Así, siguiendo su lógica interpretativa hasta el final, la segunda parte de la epiclesis, que pide la plenitud del Espíritu Santo para los fieles, debería interpretarse también del Logos, e igualmente la mención del Espíritu en la doxología, íntimamente unida a la epiclesis. Sin embargo, en estos dos últimos casos es claro que no se habla del Logos, aunque pueda seguir manteniéndose la peculiar pneumatología de Hipólito. En consecuencia, siguiendo la interpretación propuesta por Betz, habría que admitir que en la misma epiclesis se habla de un envío del Logos sobre la oblación y de un envío del Espíritu sobre los fieles, es decir, de dos personas diversas. No creo que este modo de hablar pueda fundamentarse en ningún texto de la época. Por eso me parece más ajustada a la realidad del texto la suposición de dom Botte, quien piensa en la probabilidad de que la epiclesis con que concluye la anáfora haya sido añadida para completar el esquema trinitario de la misma; cf. Tradition Apostolique et canon romain 58-59 (trad. esp. 230). Tampoco parecen completamente probativos los testimonios que J. Betz propone para probar la existencia de una epiclesis del Logos anterior a Hipólito. La invocación del Nombre (Jesús) en la Didajé no es una epiclesis aún en sentido estricto, como tampoco la invocación Maranatha; en cuanto al testimonio de Justino, puede interpretarse de otra manera, como hemos aludido en la primera parte de este trabajo (cf. p.64). Los demás testimonios aducidos, anteriores y posteriores, salvo el de la anáfora del eucologio de Serapión, no son claros y pueden recibir otras interpretaciones igualmente probables.
30 Sobre los rasgos peculiares de esta doxología, que revelan la mano directa de Hipólito, cf. R. H. connolly, o.c., 368-369.
31 El texto siríaco con traducción latina puede verse en la edición de I. E. rahmani, Testamentan Domini nostri lesu Christi (Maguncia 1899) 39-45 (rahmani); texto latino y bibliografía en FP 235-237; PE 219-222. Sobre la tradición documentaría y el valor del texto en relación con la Tradición Apostólica, cf. B. botte, La Tradition XXVI-XXVH y XLII, quien demuestra que el Testamentum Domini no remonta al original de la Tradición Apostólica, y, por tanto, hay que guardarse de ver en él un texto más puro de la obra de Hipólito.
32 M. A. smith (The Anapbora of Aposto/te Tradition reconsidered 430) propone que el Testamentum Domini habría adoptado un procedimiento semejante a la asunción de pasajes de la Didajé por la anáfora del eucologio de Serapión o del papiro Der-Balyzeh, aunque la anáfora estaría basada en una plegaria del estilo de las de Constituciones apostólicas (VII 33-38); éstas habrían sido insertadas en dos momentos concretos en el texto tomado de la Tradición Apostólica. La anexión de textos en esta anáfora resulta evidente de un examen atento de su estructura, sobre todo por el constante cambio de las personas divinas a quienes la plegaria se dirige. Comienza la anáfora con una conmemoración formada por tres partes bien distintas: una acción de gracias a Dios Padre por la salvación que nos viene de Cristo; una alabanza y súplica dirigida a Cristo; una acción de gracias dirigida nuevamente al Padre, creador, por la encarnación y pasión de Cristo. Unida a la anterior acción de gracias sigue la narración de la institución. La anamnesis, a continuación, va dirigida a Cristo, y, por lo demás, casi coincide en todo con la de Hipólito. Sigue la primera parte de la epiclesis, englobada en una oración-ofertorio, dirigida esta vez a la Trinidad. Tras unas intercesiones dirigidas al Padre, sigue la segunda parte de la epiclesis y la doxología, también dirigidas al Padre y casi igual a las de Hipólito.
33 rahmani 39; PK 219.
34 rahmani, 39; PE 220. Esta ampliación está en la misma línea de la que hemos expuesto al comentar el texto equivalente de la anáfora de Hipólito a partir de Jn 6,39 y 1 Tim 2,4.
35 "Tu, Domine, fundator excelsorum, tu rex thesaurorum lucidorum, tu inspector Sion caelestis, rex ordinum archangelicorum, dominationum, laudum, thronorum, indu-mentorum, luminum, laetitiarum deliciarumque; Pater regum, qui cuneta manu tua tenes et moderaris per consilium tuum, per Filium tuum unigenitum, qui crucifixus est pro peccatis nostris. Tu, Domine, Verbum tuum, Filiumque tuae existentiae, per quem omnia fecisti, cum in ipso comp/acueris, in uterum virginalem misisti..." (RAHMANI, 41; PE 220). El subrayado indica lo coincidente con la anáfora de Hipólito.
36 rahmani, 41-43; PE 220. Lo subrayado indica las coincidencias con Hipólito. La extraña fórmula del mandato memorial podría provenir de una confusión entre ανάστα-σις y άνάμνησις; otra explicaciσn da R. D. richardson (Introduction and Supplemen-tary Essaj, en H. lietzmann, Mass and Lora"s Supper 416-417).
37 Alusión al hades; cf. p.83 nt.21.
38 No pocas de las ideas aquí expresadas se encuentran más ampliamente expuestas en la mistagogia con la que el obispo debe instruir a los fieles antes de la celebración de la Eucaristía; "ut sciant cuiusnam participes fiant in sacris mysteriis et cuiusnam memoriam agant per eucharistiam" (rahmani, 67; toda la mistagogia en p.58-67). En esta bellísima exposición de la Historia de la Salvación, la perspectiva es absolutamente cristológica, recorriéndose toda la vida de Cristo desde su envío por el Padre hasta la ascensión; en ella se orienta claramente toda la acción salvífica de Cristo como una liberación del pecado, de la muerte y del diablo. Nótese en esta formulación cómo la Eucaristía celebra el memorial de la pasión salvadora.
39 La ed. en G. garitte, Un opuscule grec traduit de farménien sur l"addition d"eau au vin eucharistique: Le Muséon 73 (1960) 297-310. Se trata del manuscrito 1699 del Sinaí; trad. lat. en PE 262-263.
40 Cf. B. botte, Fragments d"une anaphore inconnue attribuée a S. Epiphanie: Le Muséon 73 (1960) 311-315; a las mismas conclusiones sustancialmente llega H. engberding (Zur griechischen Epiphaniusliturgie: ibid., 74 [1961] 135-142) tras una comparación de esta anáfora con la siríaca del patriarca Timoteo de Alejandría. En cuanto a la datación, dada la cristología calcedoniana que refleja este texto y la ausencia de los argumentos del concilio de Trullo (680) contra los que condenan la mezcla del agua con el vino eucarístico, dom botte la sitúa entre el 450 y el 680, inclinándose más hacia la primera fecha; este dato es confirmado por dom engberding al mostrar que la anáfora de Epifanio ha sido usada por la de Timoteo de Alejandría, compuesta posiblemente por el patriarca Timoteo III (518-535) o quizá por el anterior patriarca Timoteo II Aelurus.
41 Fragments 315.
42 Esto parece deducirse de las puntualizaciones de botte y engberding y es explícitamente afirmado por M. A. smith (The Anaphora 428).
43 El adjetivo ζωοποιός, aplicado a la muerte de Cristo, se encuentra en la narraciσn de la institución de la anáfora griega de Santiago (ed. mercier, 200,27; PE 246). Los tres adjetivos, unidos y aplicados a la muerte de Cristo, en la anáfora de San Basilio bizantina (ed. brightman, 327; PE 234). "Gloriosa" traduce aquí άοίδιμον, “digna de ser cantada.”
44 M. A. smith, The Anaphora 428-430. Como afirma el autor, la cuestión de si la homilía es auténtica o no de Narsés no afecta a este pasaje.
45 "That He gaves thanks and blessed is written in the Cospel full of Ufe: what He said the chosen Apostles have not made known to us. The great teacher and interpreter Theodorus has handed down the tradition that our Lord spoke thus when He took the bread"; trad. ingl. del texto siríaco por R. H. connolly, The liturgical Homilies of Narsai, translated into english; with an appendix by E. Bishop: Texts and Studies VIH 1 (Cambridge 1909) 16.
46 Cf. R. H. connolly o.c., XLIX; cf. también J. quasten, Patrología II 427.
47 Cf. la traducción inglesa de connolly (o.c., 16-17).
48 Esta expresión, con sabor adopcionista, recuerda la teología del "assumptus homo" de Teodoro de Mopsuestia (cf. J. quasten, Patrología II 434-436, con bibliografía) y puede ser un indicio más de que esta cita es anterior al concilio de Efeso (431).
49 A. mai, Scríptorum veterum nova collectio e vaticanis codicibus edita III (Roma 1828) 2 : ML 611B-612B). El fragmento es reproducido y brevemente comentado por G. mercati, Antiche reliquie liturgiche Ambrosiane e Romane. III Frammenti liturgici latini tratti da un anónimo arriano del sec. IV- V: Studi e Testi 7 (Ciudad del Vaticano 1902) 47-56. Ha sido también editado por L. K. mohlberg, Sacramentarium Veronense (Rerum ecclesiaticarum documenta, series maior. Fontes I) (Roma 1956) 202. El texto se encontrará también en PE 422.
50 Cf. G. mercati, o.c., 53 nt.33; G. Dix (The Shape 539-542), que afirma lo siguiente: "The date of this document can unfortunately only be fixed vaguely, between c. AD. 380 and 450 (or even a little later). It probably comes from N. Italy as Mai suggested. The Arian last evidently got hold of the sacramentary of the local baptism and confirmation (...), but alternative eucharistic prayers (like the Eastern rites and (?) the African collection of Milevis). Both of these N. Italien prayers are related to the Román canon, but probably as "brothers" rather than ancestors." Un poco más adelante, refiriéndose al segundo fragmento de plegaria eucarística que el texto nos ha conservado, afirma: "In the latter the remains of the oíd "thanksgiving series" are plain in (1) and (2) (los dos primeros párrafos). And it is continued far enough for us to be sure by a comparison with the Román prayer that it reached the equivalent of the Te igitur, paragraph without any "preface" (in the later sense) or sanctus at all" (p. 540-541). Los subrayados y demás signos son todos del autor.
51 Para aligerar el texto se usan en él las siguientes abreviaturas:
anáfora de Hipólito: Hip;
anáfora del Testamentum Doraini: TestDni;
anáfora de Epifanio: Epif;
anáfora contenida en la homilía XVII de Narsés: Hom;
anáfora del fragmento anónimo arriano: Fragm.
52 La especial concepción que Hipólito tiene del Espíritu Santo no afecta a esta visión trinitaria, que se reasume en la doxología; cf. R. H. connolly, The Eucharistic Prayer 368. TestDni menciona varias veces a las tres personas e incluso una vez a la Trinidad; pero la estructura trinitaria básica de la plegaria es fundamentalmente la de Hipólito, aunque hay que suponer una cristología y pneumatología más avanzadas.
53 Nada podemos deducir de Fragm; tampoco se pueden deducir de ello argumentos negativos.
54 La terminología está tomada de la discusión acerca de la Historia de la Salvación entre Cullmann, que acentúa la dimensión horizontal-temporal-histórica de la Historia de la Salvación, y Bultmann y la escuela bultmaniana, que ponen el acento en la dimensión vertical-trascendental-existencial de la misma; sobre esta dimensión, y usando esta terminología, cf. L. malévez, Le message de jesús et l"histoire du salut: NRT 89 (1967) 113-114.
55 Equivalente expresión en TestDni. También de un modo expreso menciona la "economía" Hom: "a lo largo de todas las generaciones, tú has actuado y llevado a término tu economía."
56 "Credentes confitemur, ipsum esse lucem, salutem, salvatorem, protectorem, auxiliatorem, doctorem, liberatorem, remuneratorem, adiutorem, confirmatorem, murum nostrum" (Testamentum Domini I 28; rahmani, 6
57
έπ” εσχάτου των ήμερων τούτων: se trata de un genitivo epexegιtico, que M. zerwick traduce: "in fine, i.e. diebus his"; podría tratarse también de un genitivo de tiempo, y en ese caso la traducción sería: "novissime, diebus istis" (Analysis philologtca Novi Testamenti [Roma 31966] 492). El tema que está en la base, tanto del texto bíblico como del de las anáforas que comentamos, es el de la plenitud de los tiempos; cf. P. lamarche, Plenitud: VTB 619-620.58 La perfecta libertad de Jesús es uno de los rasgos del relato joánico de la pasión; cf. 10,18; 13,1-3; 19,11-28. La terminología es fluctuante en los textos que estamos comentando; así, Hip, y con él TestDni, aplican el adjetivo de "voluntario" a la pasión; Epif a la muerte; Hom habla, en la narración de la institución, de la sangre voluntariamente derramada. La idea es siempre la misma.
59 Cf. p.84-85.
60 Eucharistie 177-178.
61 El término offerimus de la anamnesis tiene un significado sacrificial estricto y no amplio, como sucede a continuación en la ofrenda de aceitunas y queso (n.5 y 6). Así lo exige el contexto anterior, en que se habla del obispo, el cual con la ordenación adquiere la posibilidad de ser "offerentem tibi odorem suavitatis" (n.3); según el AT, "odor suavitatis" es equivalente a "sacrificium in odorem suavitatis"; cf. Ex 29,18; Lev 1.9-13.17; 2,2.9 et passim.
62 Aunque la acción es atribuida directamente al Padre, se deja percibir este efecto como proveniente del Espíritu Santo; cf. nt.25. La "congregado in unum" se debe entender en el sentido de la reunión de la Iglesia de que habla la Didajé, con un sentido profundamente escatológico.
63 rahmani, 42-43; PE 221.
64 rahmani, 42-43.44-45; PE 221-222.
65 Así opina O. casel en su recensión a la obra de H. elfers sobre la Tradición Apostólica: ArchivLitWiss 2 (1952) 115-132.
66 Cf. The shape of the Liturgy 125-126.
67 Cf. J. de watteville, Le sacrifice 171-173. El autor deduce, con razón, de estos textos la fuerza consgratoria de la plegaria eucarística de Hipólito, aunque parece querer localizar esta acción consagratoria en la primera parte de la epiclesis, que pide el descenso del Espíritu Santo sobre la oblación; en consecuencia, concluye que no se debe aceptar la distinción entre epiclesis consecratoria y epiclesis de comunión en Hipólito. A mi modo de ver, no es necesario llegar a estas conclusiones, ya que es toda la bendición la que es consecratoria tanto en los casos antes citados como en la plegaria eucarística, sin que sea necesario puntualizar en un instante determinado este hecho; en cuanto a la denominación de epiclesis "de consagración" o "de comunión," no se hace porque en ellas acaezca la consagración o la concentración de los beneficios por la participación en la Eucaristía, sino porque en ellos se expresan estos hechos. Si la epiclesis es verdaderamente consgratoria o no, es otra cuestión que no depende del nombre.
68 B. Borre, La Tradition 54-55; la traducción está hecha siguiendo las indicaciones críticas del autor en p.55 nt.2.
69 Así claramente en los n.37 y 38 sobre el respeto debido a las especies eucarísticas (B. botte, La Tradition 84-85): "Omnis autem festinet ut non infidelis gustet de eucharistia, aut ne sorix aut animal iud, aut ne quid cadeat et pereat de eo. Corpus enim est Christi edendum credentibus et non contemnendum. alicem in nomine enim dei benedicens accepisti quasi antitypum sanguinis Chisti. íropter nolito effundere, ut non spiritus alienus, velut te contemnente, illud delingat. u?sd K San8u'nis. tanquam qui spernit praetium quo comparatus est."
70 L. maldonado, La plegaria eucarística 357.
2. La Anáfora de la Tradición Siró-Oriental.
C
onforme a la descripción hecha al comienzo de esta parte segunda, se estudia a continuación un grupo de anáforas cuya sección inicial no presenta una clara distinción entre la celebración divina y la conmemoración de la Historia de la Salvación (estructura indiferenciada); ambas secciones más bien se yuxtaponen desde el principio y están indisolublemente unidas (esquema complejo). Los tres grupos objeto de esta parte del trabajo representan, asimismo, tres grandes tradiciones litúrgicas de Oriente: la tradición siró-oriental, la tradición egipcio-alejandrina y la tradición antioqueño-constantinopolitana. A cada una dedicamos un capítulo.El rito siró-oriental ha nacido entre las comunidades cristianas de lengua aramea que vivían en Mesopotamia en la amplia zona que va desde Edesa en dirección sudeste hasta la desembocadura del Tigris y el Eufrates en el golfo Pérsico, pasando por Seleucia-Ctesifónj. Las particulares condiciones de aislamiento que afectaron a esta zona, determinadas por el lenguaje semítico (el griego apenas penetró en esta región), la geografía y las circunstancias políticas (sobre todo, la oposición entre Roma y Persia), han configurado de un modo especial las Iglesias allí establecidas y su liturgia. Dependientes del Patriarcado de Antioquía, aunque más en la teoría que en la práctica, su liturgia tiene rasgos propios característicos, con influencias en algunos casos siró-occidentales. Lo que más ha llamado la atención de los estudiosos ha sido el notable aspecto semítico de esta liturgia, suscitándose enseguida el interés de todos los investigadores por la posibilidad de encontrar aquí alguno de los anillos primitivos que unen el nacimiento de la Eucaristía en las comunidades neotestamentarias con la evolución posterior de la anáfora en las distintas regiones eclesiásticas.
Tras el concilio de Efeso, estas Iglesias siguieron, en gran parte, fieles a la antigua cristología nestoriana, acentuándose así su aislacionismo; un aislacionismo, sin embargo, que estaba sostenido más por razones de subsistencia política (aceptar ciertos dogmas significaba ponerse del lado del imperio romano frente a los persas, reales dominadores de estos pueblos) que de convicción dogmática. La extensión y acción misionera de la Iglesia nestoriana se dirigió, en consecuencia, hacia su otro punto natural de expansión: el Extremo Oriente a través de la abertura natural del golfo Pérsico. Es así como nacen en la India las comunidades de cristianos malabares, florecientes aún hoy día.2
Tras la reforma litúrgica de Isoyab III (siglo VII), la Iglesia siró-oriental usa solamente tres anáforas, que han llegado hasta nosotros bajo los nombres siguientes: de los Santos Apóstoles, atribuida a Addai y Mari (tradicionales evangelizadores de esta Iglesia), Teodoro el Intérprete y Nestorio.3 La primera es usada aún hoy por las tres ramas de esta Iglesia: nestorianos, caldeo-católicos y malabares4.
2. Las Anáforas de Addai y Mari y del Apóstol San Pedro (Sarar).
Hasta 1965, los manuscritos conocidos que contenían la liturgia siró-oriental eucarística no eran muchos y, sobre todo, ninguno remontaba el siglo XVII5. Con relación a la anáfora de Addai y Mari, presenta una buena visión general hasta esa fecha D. Webb6. W. F. Macomber ha logrado descubrir recientemente varios manuscritos que son sensiblemente más antiguos, con los cuales ha preparado la única edición crítica de esta anáfora conocida hasta ahora7. El manuscrito base de esta edición es datado por el mismo autor entre los siglos X y XI y pertenece al hudra de la Iglesia de Mar Esaya, en Mosul. Este será la base de nuestra traducción.
Por otro lado, el patriarca siró católico Ignacio Efrén Rahmani llamó la atención a finales del siglo pasado sobre el estrecho parentesco existente entre la anáfora siró-oriental de Addai y Mari y la usada por los maronitas bajo el nombre del apóstol San Pedro o de los Doce Apóstoles.8 Ha sido recientemente editada por J. M. Sauget según el manuscrito París siríaco 71, de la Biblioteca Nacional de París, escrito el año 1453, colacionado con otros varios manuscritos.9 De esta edición traduzco los pasajes situados en paralelo con la anáfora de Addai y Mari.
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Anáfora de los apóstoles (Addai y Mari AP) 10 (Kusapa 1) (I) Gebanta: Es digno de alabanza con todas nuestras bocas y de acción de gracias con todas nuestras lenguas el Nombre, digno de adoración y gloria, del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que ha creado el mundo por su gracia, y a los habitantes de él por su clemencia, y ha redimido a los hombres por su misericordia, y ha hecho a los mortales una inmensa gracia (II) Miles y miles de seres celestiales y millares de millares de ángeles adoran, Señor, tu majestad, y los ejércitos de seres espirituales, los ministros de fuego y de espíritu, con los santos querubines y serafines, glorifican tu Nombre, (Kanuna) mientras claman y dan gloria [incesantemente, proclamando unos a otros a coro: Santo, santo, santo es el Señor omnipotente; llenos están el cielo y la tierra de sus alabanzas. (Si es fiesta: Hosanna en las alturas. Bendito el que viene y vendrá en el nombre del Señor. Hosanna al Hijo de David.)]12 (Kusapa 2) (III). Gehanta: Y con estos ejércitos celestiales te damos gracias, Señor13, también nosotros, tus pobres siervos débiles y míseros, porque nos diste una gracia inmensa que con nada se puede pagar, pues te has revestido de nuestra humanidad para vivificarnos por tu divinidad, nos has levantado de nuestra humillación, has reconstruido nuestra ruina, has resucitado nuestra mortalidad, has perdonado nuestras deudas, has justificado nuestra culpabilidad, has iluminado nuestra inteligencia, has vencido, Señor nuestro y Dios nuestro, a nuestros enemigos, hiciste triunfar la pequeñez de nuestra débil naturaleza por las abundantes misericordias de tu gracia 14. (Kanuna) Y por todas [tus ayudas y tus gracias en favor nuestro te rendimos alabanza a ti, y honor, y confesión, y adoración ahora y siempre y por ¿os siglos. Amén]. (Kusapa 3) (IV) Gehanta: Señor, por tu mucha misericordia, que no puede narrarse, haz memoria buena de todos los padres piadosos y justos que han sido agradables a tus ojos en la conmemoración del cuerpo y la sangre de tu Cristo que te ofrecemos sobre el altar puro y santo, como tú nos enseñaste; y danos tu tranquilidad y tu paz todos los días del siglo. Amén.16 (V) Para 18 que te conozcan todos los habitantes de la tierra, pues tú eres el único Dios, Padre verdadero, y tú el que enviaste a nuestro Señor Jesucristo, Hijo tuyo y amado tuyo; él mismo, Señor y Dios nuestro, nos enseñó, por medio de su Evangelio vivificante, toda la pureza y santidad de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de los obispos, de los sacerdotes, de los diáconos y de todos los hijos de la Iglesia santa y católica que han sido sellados con el sello vivo K del santo bautismo. (VI) Y también nosotros, Señor (tres veces), tus pobres servidores, débiles y míseros, que estamos congregados20 y asistimos ante tu presencia en este momento,21 (y)22 hemos recibido por tradición el que han sido sellados con el sello del bautismo propiciatorio y a los que has hecho partícipes de tu santo cuerpo. (Siguen las intercesiones.) ejemplo (typos) que viene de ti, alegrándonos, glorificando, exaltando, conmemorando y alabando23, y celebrando este misterio (raza) grande y tremendo 24 de la pasión, de la muerte y de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. (VII) Y25 venga, Señor, tu Espíritu Santo 26 y j descienda21 sobre esta oblación de tus siervos a fin que nos sea, Señor, para remisión de las deudas y perdón de los pecados, para la gran esperanza de la resurrección de los muertos j para la vida nueva en el Reino de los cielos con todos los que han sido agradables a tus ojos. (VIII) Y por toda tu admirable28 economía en favor nuestro te damos gracias y te alabamos sin cesar en tu Iglesia, redimida con tu sangre preciosa de tu Cristo, en alta voz y descubiertos los rostros (Kanuna), dirigiendo [la alabanza, el honor, la confesión y la adoración a tu Nombre viviente, santo y vivificante. ahora j siempre y por los siglos de los siglos. Amén]. |
Anáfora del apóstol Pedro (Sarar) Alabanza a ti, Nombre digno de adoración y gloria del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, que has creado el mundo por tu gracia, y a los habitantes de él por tu misericordia, e hiciste redención a los mortales por tu gracia. Miles y miles de ángeles celestiales adoran, Señor, tu majestad y millares y millares de ejércitos de ministros de fuego y de espíritu con temor (le) glorifican con los querubines y serafines, que unos a otros bendicen, sacrifican y claman y dicen, también nosotros, Señor, por tu gracia y tu misericordia, seamos hechos dignos de decir con ellos tres veces: Santo, santo, santo... Te damos gracias, Señor, nosotros tus siervos pecadores, porque nos diste una gracia que con nada se puede pagar: te has revestido de nuestra humanidad para vivificarnos por tu divinidad, nos has levantado de nuestra humillación, has reconstruido nuestra ruina, has resucitado nuestra mortalidad, has justificado nuestra culpabilidad has perdonado nuestras deudas, has iluminado nuestra inteligencia, has vencido a nuestros enemigos, has hecho triunfar nuestra debilidad. Y por todas estas gracias tuyas te rendimos alabanza y honor a ti en tu santa Iglesia ante tu altar propiciatorio ahora [y siempre por los siglos. Amén]. Señor, por tu mucha misericordia, haz memoria buena de todos los padres piadosos y justos en la conmemoración de tu cuerpo y de tu sangre que te ofrecemos sobre tu altar vivo y santo, como tú, esperanza nuestra, nos enseñaste por tu santo Evangelio y dijiste: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo para que tengan vida por mí los mortales"17. Escúchame, Señor (tres veces), y venga, Señor, tu Espíritu vivo y santo y descienda y habite sobre esta oblación de tus siervos a fin que les sea a los participantes para remisión de las deudas y perdón de los pecados, para la bendita resurrección de los muertos y para la vida nueva en el Reino de los cielos por los siglos. Y por tu gloriosa economía en favor nuestro te damos gracias nosotros tus siervos pecadores, redimidos por tu sangre inocente, en alta voz que da gracias en tu santa Iglesia ahora [y siempre y por los siglos de los siglos. Amén]. |
Una primera observación del texto de AP nos descubre que la anáfora está compuesta, siguiendo la tradición siró-oriental, de tres gehanta (oraciones en voz alta cuyas primeras y últimas palabras se repiten), concluidas por sus respectivos kanuna o doxologías: I-II, III, IV-VIII. En las ediciones del textus receptus, a cada gehanta precede una kusapa (oración del sacerdote, en voz baja, con un sentido penitencial predominante); en el texto de Mar Esaya faltan totalmente estas oraciones. A través de un análisis de los manuscritos, el P. Macomber llega a la conclusión de que las kusapa no estaban universalmente introducidas en la liturgia caldea antes de finales del siglo XIII, aunque lo estuviesen en algunas localidades particulares 29. De este modo se afirma la conclusión de Ratcliff, que, mediante observaciones literarias, las excluyó de la plegaria original30.
Una segunda observación nos descubre la estructura de esta anáfora en dos grandes bloques, terminados cada uno con una doxología. El primero (I-III) consta de una acción de gracias y alabanza por la redención y creación en general, coronada por el Sanctus y continuada en una conmemoración más detallada de la redención, que, como ya se ha dicho, desemboca en una doxología. El segundo bloque (IV-VIII) está compuesto de varias intercesiones (IV-V), una posible anamnesis (VI), una invocación epiclética (VII) y una conclusión doxológica (VIII).
Llama la atención en esta estructuración la ausencia de relato institucional; desde el punto de vista formal, no es difícil además reconocer en varios rasgos, sobre todo la teología del Nombre y los paralelismos del primer bloque, un carácter semítico, que hace pensar en una comunidad poco helenizada, con una teología de tipo judeo-cristiana, como el ámbito en que una tal plegaria haya podido nacer.
Otra observación que se impone es la estrecha conexión entre AP y Sarar. Se trata, evidentemente, de algo más que una coincidencia fortuita. Sin embargo, mientras que Sarar parece dirigirse con cierta uniformidad a la segunda persona, al Hijo, en AP no aparece tan claro el destinatario de la plegaria. Más aún, da la sensación de un cambio de personas. En efecto, la primera gehanta se dirige a la Trinidad (I-II); la segunda (III) parece, más bien, hacerlo al Hijo, de quien se pregona su labor redentora; por su parte, la tercera gehanta parece comenzar dirigiéndose al Padre (IV-V), para cambiar al Hijo (VI) y volver, dentro de esta misma oración, al Padre.
3. Estado Actual de la Cuestión.
Todas estas observaciones han movido el interés de los investigadores hacia el estudio de esta anáfora, sobre todo en los últimos cincuenta años. La impresión que, sin embargo, deja una lectura de estos trabajos no es precisamente de unanimidad31. La mayoría de los intentos de reconstrucción del texto primitivo de la anáfora siró-oriental de Addai y Mari han girado en torno al hecho de que pudiera haber existido o no en el original un relato institucional, que falta en todos los documentos antiguos de esta plegaria eucarística, y con él una verdadera anamnesis. Los resultados han sido muy dispares, y la valoración de la anáfora, consecuentemente, también. Reduzcamos a un resumen los principales.
La drástica reducción efectuada por Ratcliff le lleva a situar en la base de la anáfora una supuesta "eucaristía" a medio camino entre el ágape y la misa.32 La misma reducción básica conduce a Dix, que aporta algunas modificaciones no independientes de sus ideas previas sobre el contenido teológico de la Eucaristía primitiva, a concluir que tenemos un equivalente del relato institucional en la misma anáfora y que en ella predomina una visión de la Eucaristía como anticipación de la segunda venida del Señor, y con no pocas coincidencias respecto a Hipólito33. En un agudo análisis, B. Botte cree descubrir en la anáfora una verdadera anamnesis y, exigido por ella, un relato institucional, que estaría en la misma tradición del primitivo perdido; la consecuencia es que nos encontramos ante una anáfora completa, si bien con peculiaridades especiales y un fuerte sabor primitivo a teología eucarística poco desarrollada, todavía dentro de un ámbito semítico.34 En la misma línea se sitúan L.
Bouyer y L. Maldonado,35 el primero, además, cree poder prescindir de parte de la epiclesis y llegar a una conexión entre esta plegaria y la birkaf ha-mapn judía, concluyendo que tenemos ante nuestros ojos una plena eucaristía primitiva en que predomina una teología semítica del memorial sacrificial, todavía no explicitada en términos occidentales. H. Engberding, por su parte, somete todas estas construcciones a una crítica radical al reconstruir las primitivas intercesiones comunes a Addai y Mari y Sarar, al considerar la "anamnesis" de la primera como un añadido secundario y al concluir que tanto esas intercesiones comunes como la epiclesis son primitivas, mientras que, probablemente, nunca hubo un relato institucional en el original de Addai y Mari.36 J. Vellian ofrece, como pista de solución, la conexión de esta anáfora, según el texto del manuscrito de Mar Esaya editado por W. F. Macomber, con la liturgia judía de las berakoth precedentes al Sema; así aplica a la anáfora la teología de la santificación o consagración de la misma berakah, sin que haya necesidad de concretizarse esta consagración en un relato institucional o en una epiclesis concretos.37 Finalmente, dejemos también constancia de una hipótesis de A. Raes, de que luego hablaremos más ampliamente, según el cual la sección que Botte considera una anamnesis, aun en el caso de que perteneciera primitivamente a la plegaria eucarística, no tendría necesariamente que ser tal, pues podría interpretarse, a la luz de los comentaristas sirios de la Eucaristía, como una oración introductoria a la epiclesis.38 Sin duda, en todos los estudios aquí sumariamente señalados, así como en otros varios que han tenido menor resonancia,39 hay elementos válidos, aunque la diversidad de opiniones indica que la cuestión debe aún considerarse abierta.
Teniendo en cuenta que para nuestro trabajo, fundamentalmente teológico, no es, sin embargo, indiferente el texto que tengamos delante, se propone un intento de reconstrucción del texto primitivo común a las anáforas de Addai y Mari y de San Pedro, base de donde partirán nuestras observaciones. Este intento presupone dos cuestiones: la de la ausencia del relato institucional en la anáfora siró-oriental y la de su relación con la birkat ha-mazom judía. Por ellas vamos a empezar.
4. El Relato Institucional de Addai y Mari.
La intuición de que parte este nueva tentativa de reconstrucción del texto original y del iter posterior de AP es del P. Macomber: ¿no nos podríamos acercar al original común de AP y Sarar al suponer que esta última anáfora habría conservado, en su relato institucional y en las oraciones que siguen, al menos los elementos esenciales primitivos comunes a una y a otra?40 La hipótesis se apoya en una conclusión del trabajo, tantas veces citado, de Engberding: teniendo en cuenta que la plegaria eucarística que está en la base de AP y Sarar provendría de la zona de lengua aramea del Patriarcado de Antioquía, donde eran conocidas anáforas con relato institucional y anamnesis, y suponiendo además que, por muy aislada que estuviera esta región, al menos los obispos debían de conocer tales anáforas, parece justificado el a priori de que la versión maronita nos haya conservado lo esencial de la institución y anamnesis primitivas mientras no haya razones a posterior i para rechazarlo.
No todo es antiguo, naturalmente; así, la plegaria a la Virgen y la precedente oración del incienso41, que interrumpen la narración, no parecen antiguas. Hay que admitir que el modo de introducir la narración institucional, tras una conmemoración de difuntos, es por lo menos extraño..., pero quizá encontremos luego una explicación de ello; además, no está del todo claro que en la sección IV de Sarar comiencen las intercesiones; y el hecho de que las secciones IV y V estén separadas en ambas fuentes puede ser un indicio de que así era en el original.
Hasta aquí el camino señalado por Macomber. Ciertamente parece una hipótesis en sí misma y como tal aceptable. Su comprobación exigiría un estudio a fondo de estos pasajes. Sin haber llegado a ello, presento a continuación brevemente algunas constataciones a que he llegado en un primer intento comparativo tanto de la narración institucional como de las dos plegarias de oblación que siguen.
Aunque he tenido presente el texto siríaco, para mayor facilidad de lectura se usa aquí la traducción latina de J. M. Sauget.
Comencemos con el relato institucional. He aquí la traducción latina del texto de Sarar: "Facimus, Domine, memoriam passionis tuae sicut docuisti nos: Nocte in qua tradebaris crucifixoribus, accepisti, Domine, panem in manus tuas puras ac sanctas, et aspexisti in caelum ad Patrem tuum gloriosum, benedixisti fet signasti fsanctificastit, Domine, et fregisti et dedisti discipulis tuis, apostolis beatis, et dixisti eis: "Hic est pañis corpus meum, illud quod pro vita mundi frangitur et traditur, et erit accipientibus illud in propitiationem debitorum et in remissionem neccatorum; accipite, mandúcate ex hoc et in remissionem peccatorum; accipite, mandúcate ex hoc et erit vobis in vitam aeternam."
Et etiam super calicem similiter gratias egisti et glorificasti et dixisti, Domine: "Hic calix (est) sanguis meus ille testamenti novi, qui pro multis effunditur in veniam peccatorum; accipite, bibite ex eo vos omnes, et erit vobis in propitiationem debitorum et in remissionem peccatorum; accipite, mandúcate ex hoc et in remissionem peccatorum; accipite, mandúcate ex hoc et erit vobis in vitam aeternam."
(Populas:) Amen.
Et dicit: "Quotiescumque enim ex corpore hoc sancto manducaveritis et ex cálice hoc vitae et salutis biberitis, mortis et resurrectionis Domini vestri commemorationem facietis usque in diem magnam adventus eius"42
Comparando este texto con el de la anáfora siró-oriental de Teodoro,43 se nota una coincidencia en lo sustancial. Especial relieve adquiere la coincidencia en situar las palabras explicativas de Jesús ("Hoc est corpus," "Hic est sanguis") antes de la invitación a comer y beber, que Teodoro sitúa unidas al final de todo el párrafo. El texto de Teodoro, por lo demás, es notablemente más simple. El mandato memorial está formulado de una manera totalmente distinta, y éste es otro dato importante, porque aquí Teodoro parece haber conservado una fórmula de la tradición siró-oriental.
Comparando el texto ahora con formularios siro-antioquenos,44 se observan las mismas coincidencias que con la anáfora de Teodoro, excepto la manera de citar las palabras explicativas de Jesús, que en todas ellas vienen después de la invitación a comer el pan y a beber el cáliz. Tampoco se encuentra en ellas la fórmula sobre el pan "quod pro vita mundi." La fórmula de Sarar ofrece, además, con estas anáforas las siguientes coincidencias, no halladas en Teodoro: más apelativos honoríficos sobre las manos de Jesús, la expresión "sancti-ficasti," la mención de "discipulis et apostolis," el añadido "frangitur et datur" y, sobre todo, el binomio final, casi siempre repetido tanto en la fórmula sobre el pan como en la fórmula sobre el vino, "et in remissionem peccatorum et vitam aeternam," que parece una característica de este tipo de anáforas. Además, el mandato memorial coincide también con esta tradición.
En la tradición alejandrina45 encontramos la expresión "aspexisti in caelum ad Patrem tuum" y la calificación de "beatis" a los apóstoles. Como rasgos que parecen no tener correspondencia en Sarar con otras anáforas, en cuanto yo he podido ver, quedan los siguientes: "crucifixoribus," "signavit," "et erit accipientibus illud in propitiationem debitorum" (dos veces), "et glorificasti," "Hio pañis est," "Hic calix est." De estos rasgos, la calificación de la comunión como propiciación o redención por los pecados parece redaccional, pues esta idea está insistentemente repetida en la anáfora, sin casi coincidencia con AP46. Las demás expresiones no parecen ser otra cosa sino concreciones de un posible texto más sobrio, es decir, añadidos secundarios, excepto, quizá, "signavit," atestiguado por San Efrén47.
En consecuencia, y a la espera de una más profunda investigación de esta sección, las observaciones que surgen tras esta primera aproximación al texto del relato institucional de Sarar son las siguientes: este relato parece haber sido compuesto sobre un esquema cercano al de la anáfora de Teodoro, con fuerte influencia posterior siro-antioqueña y algún contacto con la liturgia alejandrina. Se aprecian en él algunas elaboraciones secundarias que podrían pertenecer a un momento de revisión de la anáfora, en que se puso de relieve el carácter propiciatorio de la Eucaristía. Faltan en él los temas del ejemplo (typos) y del misterio (raza), que parecen característicos de la tradición siró-oriental. Si quisiéramos intentar una posible reconstrucción de un texto cercano al original teniendo en cuenta las observaciones hechas, sería, más o menos, lo que sigue: "Nocte in qua tradebaris (crucifixoribus) accepisti panem in manus tuas sanctas, benedixisti (et signasti) et fregisti et dedisti discipulis tuis et dixisti: "Hoc est corpus meum quod pro vita mundi frangitur in remissionem peccatorum. Accipite, mandúcate ex hoc omnes."
Et super calicem similiter gratias egisti et dixisti: "Hic est sanguis meus novi testamenti qui pro multis effunditur in veniam peccatorum. Accipite, bibite ex eo vos omnes. (Quotiescumque congregabimini, commemorationem meam facietis)"48.
Para completar este análisis, intentamos también una aproximación a las dos plegarias de oblación, consideradas por Macomber con posibilidades de guardar elementos antiguos. El procedimiento aquí ha sido comparar este texto con el equivalente de la anáfora de Teodoro y con el conjunto de las partes comunes de Sarar y AP. Veamos primero la traducción latina del texto actual: "Adoramus te, Unigenite Patris, primogenitae naturae, agne spiritualis, qui descendisti de supernis ad inferiora ut esses sacrificium propitiatorium pro ómnibus hominibus (ita) ut sumeres delicta eorum voluntarle, et condonares per sanguinem tuum peccata, et santificares per inmolationem tuam immunda. Vivifica nos, Domine, per vitam tuam veram, et purifica nos per expiationem spiritualem, et concede nobis ut lucremur vitam per mortem tuam vivificatricem et stemus coram te cum púntate et ministremus tibí cum sanctitate et offeramus oblationem hanc divinitati tuae, et placetur in ea beneplacitum maiestatis tuae, et effundatur misericordia tua super nos omnes, Pater" 49.
"Ita, quaesumus a te, Unigenite Patris, per quem promúlgala est pro nobis pax Filii Altissimi per quem pacificata sunt superiora cum inferioribus, "Pastor bone qui posuisti animam tuam pro ovibus tuis" et salvasti eas "a lupis rapacibus" (cf. Jn 10:11-12), Domine misericors, qui elevasti vocem in cruce et congregasti nos de errore vanitatis. "Deus, Deus spirituum et omnis carnis" (Núm 16:22; 27:16), ascendant orationes nostrae ad te et descendat misericordia tua super petitiones nostras, et acceptabilis fíat oratio ista coram te, in cuius memoriam passionis offerimus illam super altare tuum propitiato-rium. Placetur per eam divinitas tua, et expleatur per illam voluntas tua, et condonentur per illam delicia nostra, et remittentur per illam peccata nostra, et commemorentur in illa defuncti nostri. Et confitemur tibi et adoramus te et laudamus te et "Patrem tuum qui misit te propter salutem nostram" (cf. Jn 3:17) et Spiritum tuum vivum et sanctum, nunc (et in saecula saeculorum. Amen)."50
La primera observación sobre el texto se impone inmediatamente: refleja una cristología bastante distinta de la del resto de la anáfora. Mientras la sección III se expresa en términos casi adopcionistas ("vestiste nuestra humanidad"), en la primera oración se habla de descenso de Cristo en términos totalmente distintos a los de una cristología del "assumptus homo."
Una segunda observación se refiere a la teología sacrificial reflejada en estos textos, que es mucho más evolucionada que la de todo el resto de la anáfora. Esta teología sacrificial tiene muchos puntos de contacto con la anáfora de Teodoro51 y desarrolla ampliamente la idea del sacrificio propiciatorio, que, como antes notamos, parece ser una idea propia de esta anáfora ya revisada.
Las citas de la Escritura, casi literales, parecen, en general, signos de elaboración posterior.
La mención, en la segunda oración, de la conmemoración de los difuntos, así como la única mención de la conmemoración de la pasión, parecen conectar con el posible comienzo de las intercesiones en la sección IV. Esto nos lleva a pensar que las oraciones de la oblación son posteriores a las intercesiones, al menos como actualmente están.
Si intentamos ahora una reconstrucción de los elementos primitivos de esta plegaria teniendo en cuenta las observaciones hechas, debemos atenernos a las coincidencias con la anáfora de Teodoro, que no representen ni una cristología ni una concepción sacrificial avanzadas. Parece buen método también dar preferencia a las expresiones que tengan semejanzas con las encontradas en las secciones más antiguas de la anáfora Sarar y, a la vez, sean coincidentes con AP (secciones I, III, IV, V, según la reconstrucción de Engberding, y VIII). Por hipótesis prescindimos también de la epiclesis. El resultado es el siguiente:
Adoramus te: coincidencia entre Sarar, Teodoro y Nestorio, lo que supone una tradición común siró-oriental;
agne spiritualis: tema coincidente con Teodoro; qui condonasti per sanguinem tuum peccata: coincidencia probable con la sección VIL vivifica nos per vitam tuam veram: coincidencia con la sección III; et concede nos ut lucremur vitam per mortem tuam vivificatricem: coincidencia con la sección III;
et stemus coram te et ministremus tibi: coincidencia con Sarar, AP, Nestorio; la idea puede considerarse, pues, común a AP y Sarar, aunque en AP sólo se encuentre en la sección VI; per quem pacificata sunt superiora cum inferioribus: coincidencia con Teodoro;
qui congregasti nos: es posible, quizá, que encontremos aquí la idea de la reunión, que parece tradicional y específicamente siró-oriental; coincidencia con Teodoro y la sección VI de AP; In cuius memoriam passionis offerimus oblationem super altare tuum: la frase tiene muchos puntos de contacto con la sección IV.
Et confitemur tibi et adoramus te et laudamus te nunc et in saecula saeculorum: coincidencia con el kanuna de la anamnesis de Teodoro. El hecho de que esté situado aquí nos hace pensar en la posibilidad de una sola oración de oblación, reforzada esta posibilidad por el hecho de que el "ita quaesumus" parece una fórmula de unión forzada por una prolongación de la plegaria, que comienza con la expresión "Adoramus te."
Reconstruyendo la plegaria con los elementos dichos, nos encontraríamos con una plegaria que habría conservado todos los temas fundamentales de una anamnesis siró-oriental. En consecuencia, y a la espera de un estudio más en profundidad sobre el tema, puede afirmarse que la hipótesis de Macomber parece viable y ofrece posibilidades para una reconstrucción del iter de la anáfora de Addai y Mari, como a continuación intentaremos.
5. Addai y Mari y la "Birkat Ha-Mazon."
La semejanza existente entre AP y las bendiciones judías es un hecho hoy generalmente admitido y ya hemos reseñado algunas de las aproximaciones intentadas. La última por orden de aparición ha buscado un intento de acercamiento entre AP y las dos bendiciones previas al Sema2. Sin embargo, AP parece estar construida desde el principio por tres gehanta claramente perceptibles, las cuales sugieren, más bien, un acercamiento a la estructura tripartita de la antigua birkat ha-mazon. Además, en la hipótesis de una relación AP - Sema no se tiene en cuenta suficientemente la estructura de las bendiciones del Sema: ¿por qué se prescinde de la tercera? L. Ligier, siguiendo a J. Heinemann, recuerda, una vez más, que no se puede hacer abstracción de algunas bendiciones integradas en un todo y con el que forman una estructura completa53. A esto habría que añadir otra observación: las aproximaciones que en el caso dicho se hacen entre uno y otro texto muestran, a mi juicio, sólo una cierta comunidad de temas; pero, salvo en el caso del Sanctus, no se da prácticamente ninguna coincidencia verbal, y la epiclesis queda totalmente fuera del campo de la comparación.
Parece, en consecuencia, que es más eficaz volver sobre la estructura tripartita de la birkat ha-mapn, sobre todo en su forma pascual, con relación a la cual el P. Ligier ha dado serias razones para proponerla como esquema inspirador de la anáfora54. En el análisis que este autor hace de las tres bendiciones judías tras la comida, subraya varios hechos que han de ser tenidos en cuenta. El primero, comprobado por el estudio sobre la tefillah judía de Heinemann, ya citado, es que, en los primeros siglos, los acontecimientos de la birkat hamazon tienen todavía un texto flexible y además cada una de ellas puede pasar con cierta facilidad de una estructura litúrgica a otra; así, p-ej., la birkat Yerusalajim se encuentra en las Semoneh-Esreh y también en otros dos lugares55. Un segundo dato es también importante: para precisar el sentido de las tres narraciones de la birkat ha-mazon en tiempos de Cristo y en los primeros siglos hay que tener en cuenta no sólo los temas subrayados por su cláusula -el universo, la tierra, Jerusalén-, sino, más aún, el movimiento marcado por su incipit: bendición del Dios creador, acción de gracias por la alianza, súplica y recuerdo56.
Una tercera constatación es también importante y forma la base de nuestra hipótesis, que en este punto sigue fielmente a Ligier: la birkat ha-mazon admite varios embolismos, como asimismo otras bendiciones. Este autor resume así su investigación: "En la birkat ha-mazon de Pascua, el embolismo eucarístico, relato-anamnesis, puede encontrarse en dos lugares. Por razón de su tema institucional y narrativo, puede, en primer lugar, hallarse en la segunda narración o birkat ha-aretz, en donde se insertan los embolismos institucionales. Pero en razón de su tema escatológico pueden estar también atraídos por la súplica de la tercera narración, en conjunción con el embolismo del recuerdoyaaleh ive-yabho"57. Nótese finalmente que, en el día de Pascua, el tema escatológico-epiclético, ya reforzado por este embolismo, está aún subrayado por la presencia de los versículos de la copa de Elías, que piden la intervención de la cólera divina, y seguían con bastante probabilidad, en tiempos de Jesús y en los primeros siglos, a la tercera bendición.
Comparando después este mismo autor la estructura de la birkat ha-mazon con AP y Sarar, comenta: "Sus tres secciones o gehanta hacen inmediatamente pensar en las tres referencias de la birkat ha-mayon en tiempos de Jesús. La primera tiene por objeto a Dios, creador y redentor del universo. La segunda, por su incipit y su conclusión, es exactamente una acción de gracias. Exalta y enumera los beneficios de la obra de salvación. Como la birkat ha-aretz de la mesa (la anáfora) conduce al final hacia el tema inicial de la acción de gracias mediante este kanuna significativo: "y por todas tus ayudas y tus gracias..." La última, gehanta es una súplica que presiona al Padre para que tenga un recuerdo benévolo de los antepasados, los fieles bautizados y todos los habitantes de la tierra58. Los temas se suceden exactamente en el mismo orden de la oración judía de la mesa: bendición al Dios creador del Universo, acción de gracias, súplica-recuerdo. ¿En dónde se colocará el embolismo eucarístico? (...) La anáfora maronita Sarar lo sitúa en el interior de la tercera sección, corno conclusión de la súplica-recuerdo. Sería, pues, esta "súplica," en una palabra, la tercera referencia de la oración judía de la mesa la que habría introducido el memorial de Cristo. Después de haber dicho, en efecto, al Padre: "Haz memoria de nuestros padres, de los fieles bautizados...," la oración introduciría el relato de esta forma: "En cuanto a nosotros, hacemos memoria..."59
La conclusión a que llega Ligier a partir de la estructura de la birkat ha-mazon, coincide con la intuición de Macomber para quien Sarar habría guardado el sitio exacto del bloque narración-anamnesis en la tercera gehanta, precisamente entre las secciones IV y V, que son las más divergentes en la tradición textual de Sarar y AP. ¿Cómo habría sido entonces el texto primitivo de estas dos anáforas? Intentemos una reconstrucción.
6. Intento y Reconstrucción del Texto Primitivo.
La primera gehanta habría sido modulada sobre la birkat ha-mazan, como una bendición al Dios cristiano bajo el apelativo, propio de la teología judeo-cristiana, del "Nombre." De aquí eliminamos la enumeración de la Trinidad, claramente posterior, y el Sanctus con su introducción.
La segunda gehanta lo habría sido, a su vez, sobre la birkat ha-aretz, resultando una acción de gracias por los efectos de la salvación traída por Cristo.
La tercera gehanta debía de estar compuesta por la súplica, cuya forma primitiva comprendería las intercesiones de las secciones IV y V en la forma propuesta por Engberding, más la doxología o sección VIII. El contenido es perfectamente equivalente a la birkat ha-Yerusalajim. Ha sido en esta tercera gehanta donde a modo de embolismo se ha introducido la narración-anamnesis, y precisamente en el lugar en que la sección IV se ha separado de la sección V. El resultado habría sido el siguiente60:
(I) "Alabanza a ti,
Nombre digno de admiración y alabanza, que ha creado el mundo por su gracia, ν a los habitantes de él por su clemencia,
ha redimido a los hombres por su misericordia, ha hecho a los mortales una inmensa gracia.
(ΊΙΙ) Te damos gracias, Seρ
or, nosotros tus siervos,porque nos hiciste una gracia inmensa e impagable:
te has revestido de nuestra humanidad
para vivificarnos por tu divinidad,
nos has levantado de nuestra humillación,
has reconstruido nuestra ruina,
has resucitado nuestra mortalidad,
has perdonado nuestras deudas,
has justificado nuestra culpabilidad,
has iluminado nuestra inteligencia,
has vencido a nuestros enemigos,
hiciste triunfar nuestra debilidad.
Y por todas tus gracias
te rendimos alabanza y honor a ti
ahora y siempre y por los siglos.
(IV-V) Tú, Señor, por tu misericordia,
haz memoria buena de todos los padres piadosos y justos
en la conmemoración del cuerpo y la sangre
que te ofrecemos sobre el altar puro y santo,
como tú nos enseñaste por tu santo Evangelio:
La noche en que eras entregado, tomaste pan en tus santas manos, pronunciaste la bendición y lo partiste, lo diste a tus discípulos y dijiste: "Esto es mi cuerpo, partido por la vida del mundo en remisión de los pecados; tomad, comed todos de él." E igualmente sobre el cáliz hiciste la acción de gracias y dijiste: "Esta es mi sangre de la nueva alianza, derramada por muchos en perdón de los pecados; tomad, bebed todos vosotros de él. (Cada vez que os reunáis, haréis mi memorial.")
Te adoramos, cordero espiritual, "e redimiste con tu sangre los pecados; danos la vida por tu vida verdadera Y concédenos
la vida por tu muerte vivificante
y estar en tu presencia sirviéndote a ti,
por quien han sido reconciliados los cielos con la tierra,
que nos has congregado en asamblea,
en memoria de cuya pasión ofrecemos la oblación sobre tu altar
Te confesamos, te adoramos y te alabamos
ahora y por los siglos de los siglos.
(Haz memoria) de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de los obispos, de los sacerdotes, de los diáconos y de todos los hijos de la Iglesia santa que han sido sellados con el sello del bautismo.
(VIII) Y por toda tu gloriosa obra en favor nuestro
te damos gracias en tu Iglesia,
redimida con la sangre de tu Cristo,
en alta voz, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos.
Amén.
Analicemos cada una de las partes.
La primera gehanta tiene pocas dificultades en cuanto a la selección del texto. Obsérvese que he conservado el cambio de persona propio de las bendiciones hebreas, que comienzan dirigiéndose a Dios en segunda persona, para seguir después en tercera. Este podría ser el origen de la diferencia en esta parte entre Sarar y AP. Mientras AP habría reducido todo a tercera persona, Sarar habría hecho lo mismo, pero en segunda. La vacilante teología primitiva del nombre de Dios reflejada por la anáfora da lugar a esta doble posibilidad. El hecho de que Sarar construya toda la sección en segunda persona, supone ya una reflexión teológica posterior, aunque tenga para ello que atribuir a Cristo la creación, en contraposición con la tradición más amplia, que la atribuye a Dios Padre, y con el origen judío de esta sección, siempre dirigida a Dios, el creador del universo.
La segunda gehanta tampoco ofrece mayor dificultad. I "Señor" equivale al "Nombre." La misma indeterminación teológica, que puede explicarse perfectamente tanto del Padre, en una primitiva teología monarquiana, como del Hijo, en una teología más conocedora del misterio trinitario.
La misma indeterminación se observa en el texto base de la tercera gehanta, el núcleo primitivo de las intercesiones. Parece, pues, evidente que nos encontramos ante una formulación primitiva, la cual, con el tiempo y la profundización e misterio trinitario, era fácilmente nivelable reduciendo toda plegaria a la segunda persona. Como esto supone ya y reflexión, he preferido dejar en la doxología la expresión "con la sangre de tu Cristo," probablemente más antigua que la de Sarar. Se observará también que el relato institucional puede insertarse perfectamente en segunda persona sin tener que cambiar nada del texto anterior. Esto me hace suponer que pudo ser redactado primitivamente en esta persona.
Dos dificultades mayores se presentan en esta tercera gehanta. La plegaria de oblación, cuya reconstrucción puede ser discutible, es la primera. Este texto no puede presentarse tal cual como primitivo, pero puede dar una idea de los temas de la primitiva anamnesis: la memoria, el sacrificio, el servicio sacerdotal litúrgico y la alabanza. La segunda dificultad se refiere a la conexión de la segunda parte de la birkat Yerusala-yim con el contexto anterior. Es una dificultad que debieron de sentir ya los mismos compositores de la anáfora, y que se refleja en las distintas formulaciones de AP y Sarar en el final de la sección IV y el comienzo de la V. Personalmente, me inclinaría por señalar como más cercana al original la de Sarar: "Ofrecemos, Señor, ante ti esta oblación en memoria de los padres piadosos y justos..." En realidad no se trata más que de retornar al comienzo de la berakah: "Señor..., haz memoria de todos los padres piadosos y justos..." Es una solución perfectamente lógica tras una interrupción tan larga. El comienzo "Ofrecemos" podría incluso ser primitivo e ir conectado con la misma oración de la oblación o, mejor, con el final de la sección IV. Sin embargo, la solución dada en el texto, siendo prácticamente la misma, no quiere prejuzgar en este caso sobre ninguno de los dos textos.
7. La Evolución Posterior del Texto.
Hasta aquí el primer estadio del texto. Un segundo enriquecimiento del mismo debió de venir en seguida. Se trata de la incorporaron del Sanctus con su introducción y de la epiclesis. El primero parece derivar en este caso de la qedusa de la bendición Yotser antes del Sema. Las identificaciones hechas por J. Vellian parecen demostrarlo. J hecho de que esté introducido sin ningún nexo gramatical con lo medente confirmaría su proveniencia de otra fuente litúrgica a la birkat ha-mazon. La observación antes hecha acerca de los cambios flexibles de una bendición concreta a otra estructura litúrgica no es suya, aumenta la probabilidad de esta suposición y nos eucaristía hace pensar que esto hubo de suceder bastante pronto61.
Por su parte, la epiclesis parece haberse incorporado también en seguida, pues es de un tipo semejante a la de Hipólito. El lugar donde lo hace es perfectamente explicable: tras la tercera berakah (quizá por influencia de la súplica epiclética sobre el cáliz de Elías, quizá como complemento cristiano del movimiento de súplica de esta misma tercera berakah}, pero, naturalmente, no antes de la doxología, que debe cerrar la plegaria. Nótese que la epiclesis tiene la misma indeterminación de persona que el resto de la plegaria, al igual que el Sanctus. No se puede decir lo mismo de la plegaria con que comienza AP la sección V: la preocupación por distinguir al Padre y al Hijo es indicio de elaboración tardía.
Siguiendo ahora la cronología propuesta por, Macomber62, la introducción de la mención de la Trinidad en la primera gehanta debe de haberse hecho en la región de la Siria de lengua aramea en que nació la plegaria y probablemente al comienzo de las controversias trinitarias del siglo IV, y ciertamente antes del concilio de Efeso, en el 431. La razón es que la adición es común a ambas anáforas, la caldea y la maronita, y que las discusiones cristológicas que dieron lugar al concilio efesino no se reflejan en el texto.
Con esto tenemos reconstruido el iter común a ambas versiones de la anáfora. Hacia finales del siglo IV o principios del V, cuando las relaciones entre la Siria oriental y la Siria occidental todavía eran relativamente fáciles, habría sido introducida la anáfora en la Iglesia caldea. Macomber sugiere la fecha del 410, cuando se decidió en el primer sínodo de la Iglesia caldea que la liturgia debía celebrarse según "el rito occidental que los obispos Isaac (Katholikos caldeo) y Marutas (de Maipherqat) nos han enseñado"63.
Una vez adoptada la anáfora por la Iglesia caldea, ésta se convirtió en su anáfora normal. Fundándose en la evolución sufrida en este período por el diálogo introductorio y sus conexiones con el diálogo de la consagración del agua bautismal, Macomber propone los años finales del siglo VI, a más tardar, como fecha en que el diálogo introductorio de la anáfora ha tomado ya su forma actual64.
En este siglo tenemos testimonios de que, al menos en algunas anáforas, el relato institucional no parece ser considerado de gran importancia. Tal parece ser el caso de la anáfora fragmentaria persa de la Iglesia nestoriana65. A principios del siglo siguiente, antes de la reforma litúrgica del patriarca Isoyab III (649-659), Gabriel de Qatraya, comentando la plegaria eucarística, cita las palabras de Jesús sobre el pan, pero atribuye la consagración tanto a éstas como a la gracia del Espíritu 66. Se nota, pues, un aumento de la importancia de la epiclesis sobre la narración de la institución, que, si en este autor no está quizá del todo claro, sí lo está en los demás comentaristas67.
Parece, pues, natural que Isoyab III, en su obra de reforma, al resumir la anáfora de Addai y Mari68, lo hiciese en el sentido de suprimir el relato institucional junto con su anamnesis, sustituyéndolo por una plegaria cuyos elementos principales son de las anáforas de Teodoro y Nestorio, las otras dos liturgias aprobadas para explicar y preparar el sentido de la epiclesis en la línea de los comentaristas antes aludidos. Esta plegaria sería la sección VI actual de AP, inexistente en Sarar, y que resume excelentemente esta idea, como explica Raes: "El Señor ha dado el ejemplo de la celebración de los misterios; este ejemplo nos ha sido transmitido por sus discípulos; en alabanza y exultación, nosotros conmemoramos y realizamos el gran misterio de la pasión y resurrección del Señor. ¿Y cómo realizamos este misterio? Ved: el sacerdote extiende las manos sobre la oblación y dice: "Que venga tu Espíritu Santo, que descienda sobre la ofrenda de tus siervos a fin de que nos sea para remisión de los pecados," etc. La idea es, por tanto, la siguiente: como nuestro Señor en. la cena ha celebrado el misterio de su muerte y su resurrección transformando el pan y el vino en su cuerpo y su sangre por sus palabras, así el sacerdote le imita, realiza el mismo misterio, obtiene la misma transformación por fe y gracia, en la invocación del Espíritu Santo"69.
Con tal significado es natural que esta plegaria, cuyo aspecto de anamnesis provendría de la fuente de que habría tomado los materiales, sea situada no en el lugar que ocupaba el bloque institución-anamnesis, sino inmediatamente antes de la epiclesis70. El espacio dejado por aquél entre las dos partes de la tercera gehanta ha sido completado de la siguiente manera: el de la sección IV, con una frase final de la plegaria de oblación de la anáfora de Teodoro un poco transformada ("ut habitet in medio eius tranquillitas et pax tua cuhctis diebus saeculi")71; el comienzo de la sección V, con un resumen de un pasaje de las intercesiones de la anáfora de Teodoro, que viene casi a continuación72.
Engberding parece, pues, tener razón al afirmar que toda la sección VI de AP no es original; su única inexactitud, quizá, es la de calificarla de "intercesión por los vivos." El carácter que tiene, el porqué de su composición y la razón del lugar que ocupa en AP actualmente parecen quedar más claros en la explicación que, siguiendo al P. Raes, acabamos de proponer.
En cuanto a la posterior evolución de Sarar, no entramos aquí en detalles, pues no es esencial para nuestro estudio. Baste con apuntar que, bajo el influjo de la liturgia siro-antioqueña, de una cristología claramente antinestoriana y tras una profundización mayor en la naturaleza del sacrificio propiciatorio, ha sufrido esos influjos en su bloque relato-anamnesis, que hemos descubierto al analizarlo más despacio. El hecho de que además haya incorporado una serie de intercesiones de neto corte antioqueno, es una prueba más de la real influencia siro-antioqueña a que ha sido sometida esta anáfora.
En resumen, la anáfora de Addai y Mari, cómo la anáfora maronita Sarar, son un ejemplo del real influjo de la vida de la Iglesia local en su plegaria, a través de la cual cada Iglesia en cada época intenta renovar, con pobres palabras y acciones humanas, el mandato único del Señor: "Haced esto en memorial mío."
8. Historia de la Salvación y Eucaristía.
La estrecha conexión de esta oración eucarística con el mundo de la bendición judía es una invitación a descubrir de nuevo, ahora ya bajo una interpretación cristiana en profundidad, el mundo de la Historia de la Salvación evocado, conmemorado y hecho presente por la berakah.
a) Una Historia de la Salvación Centrada en lo Esencial.
La primera bendición de nuestra anáfora se desarrolla en la línea esencial de la birkat ha-zan: es una bendición al Dios creador. El sentimiento de alabanza y admiración es aquí predominante. El objeto de esta alabanza es el Dios creador del universo y los hombres, el Dios dador de la vida. Pero, desde una perspectiva cristiana, la creación se prolonga en una obra aún más maravillosa, la obra de la redención, que en este contexto viene considerada como una nueva creación. Ambas obras son fruto de la gracia de Dios, es decir, son gratuitas, no exigibles por el ser humano. Ante este hecho, ante la maravilla de Dios puesta en manos del ser humano, éste no puede hacer otra cosa que devolverle esa creación hecha homenaje de alabanza.
Por otra parte, la bendición va dirigida al Nombre de Dios. Toda la profundidad de la teología del Nombre de Dios, pasada desde el AT a los primeros cristianos a través del judaísmo, está aquí encerrada. Conocer el Nombre de Dios en el AT es poder sentir y tener a este Dios presente en medio del pueblo. Dios mismo ha dado a conocer su Nombre, y este Nombre significa que Dios está presente en medio de su pueblo: él es Yahveh (cf. Ex 3:13-16; 6:3)73. Es, pues, perfectamente lógico que los primeros cristianos, al descubrir en Cristo la perfecta presencia de Dios entre los hombres, le designasen también con el apelativo de "el Nombre": Cristo es, en efecto, el Nombre que está sobre todo nombre (Flp 2:9; Ef 1:20-21); un Nombre nuevo (Ap 3:12), que no es distinto del de Dios (Ap 14:1; 22:3-4) y participa de su misterio (Ap 19:12). Por eso pueden los apóstoles declararse sumamente gozosos de haber sido "juzgados dignos de sufrir por el Nombre" (Hech 5:41) y se ponen los misioneros en camino "por el Nombre." (3 Jn 7)
No quiere decirse con esto que la plegaria eucarística esté necesaria y claramente dirigida a Cristo. La realidad es, probablemente, más compleja. La clave puede dárnosla, quizá, un texto de San Clemente Romano al comenzar precisamente su oración de alabanza a Dios Padre con palabras cuyo trasfondo judío es innegable:
"Nos llamaste a esperar en tu Nombre, principio de vida de toda criatura Abriste los ojos de nuestro corazón para conocerte a ti, el solo Altísimo en las alturas, el Santo que reposa entre los santos. A ti que abates la altivez de los soberbios, deshaces los pensamientos de las naciones, levantas a los humildes y abates a los que se exaltan. Tú enriqueces y tú empobreces, tú das la muerte y das la vida, Tanto en el texto de San Clemente como en la primera bendición que compone esta anáfora, es Dios, presente y vivificante en la Iglesia que celebra los misterios, el destinatario de la plegaria. No hemos de precisar con categorías teológicas más estrictas el contenido del Nombre. Dios, hecho máximamente presente por Cristo, es el Nombre; Dios, dador de vida por Cristo, es el Nombre. En este sentido es probable que tenga razón dom Botte cuando habla de un "monarquianismo no agresivo"75. Pero aun esta misma categoría es en sí inadecuada por anacrónica y deriva, más bien, de nuestro deseo de claridad y de nuestra dificultad de hombres modernos y teólogos para expresar globalmente el misterio de Dios en Cristo, cuya anchura, longitud, altura y profundidad sólo puede llegarse a comprender cuando, por la acción del Espíritu en el hombre interior, Cristo habita por la fe en los corazones (cf. Ef 3:16-18).
La alabanza se expande ahora en acción de gracias cuando la segunda berakah, como la birkat ha-aretz, se extiende en conmemorar los beneficios de la nueva alianza. La conmemoración no se centra tanto en los hechos histórico-salvíficos cuanto en sus efectos: la encarnaciones descrita aquí mediante una teología primitiva del "assumptus homo," cuya calificación de nestoriana sería tan anacrónica como la de monarquianismo a la teología del Nombre que "revela la primera bendición. Dios se hace hombre para divinizar al ser humano: tal es el sentido de la primera frase. Como antes, tampoco aquí se precisa si es Cristo o Dios Padre. Estamos aún en un estadio teológico primitivo, previo a las grandes discusiones teológicas. La encarnación tiene como objeto la vida, el perdón, el conocimiento. En realidad, todo es lo mismo: la muerte, el pecado, la ignorancia, son la impotencia de participar en la verdadera vida, de estar en su cercanía. Aquí se canta la redención del nuevo pueblo de Dios con acentos todavía rastreables en el mismo NT:
"has mirado la humillación de tu esclava," "enaltece a los humildes," "es la salvación que nos libra de nuestros enemigos," "la salvación a su pueblo, el perdón de sus pecados" que anunciará Juan el Bautista; la entrañable misericordia de Dios nos envía el sol que nace de lo alto "para iluminar a los que viven en tinieblas." (Lc 1:48;52;71;77-79)
Estas citas del Magníficat y del Benedictos son el testimonio más exacto del ambiente y la idea central de la acción de gracias de esta anáfora; en ella se canta la liberación del nuevo pueblo de Israel, realizada por medio de la obra redentora de Cristo, quien ha cambiado nuestra muerte en vida, nuestra ruina en edificio nuevo, nuestro pecado en perdón y reconciliación, nuestra ignorancia en capacidad de conocer a Dios, en conocimiento de su misterio salvífico; nuestra derrota en victoria. Los temas son, por consiguiente, los mismos de la birkat ha-aretz, pero desde una perspectiva cristiana: un nuevo pueblo en una nueva tierra, una nueva alianza, una nueva ley (conocimiento del misterio de Cristo), una nueva vida. La conclusión es idéntica a la de esa bendición: por todas estas gracias que nos has hecho te rendimos alabanza y honor por siempre.
Desde esta perspectiva es perfectamente comprensible el giro de la tercera berakah (birkat Yerusalayim) y de la especificación y ampliación cristiana en la anáfora: se trata de una súplica para que se continúe la acción creadora y redentora de Dios, que en nuestros días ha encontrado su pleno cumplimiento en Cristo. Como pone de relieve L. Bouyer apoyándose en J. Jeremías, esta bendición, sobre todo con su embolismo festivo, descubre claramente que "el "memorial" no es ya simplemente "conmemoración." Es una prenda sagrada dada por Dios a su pueblo, y que éste conserva como su tesoro espiritual por excelencia. Esta prenda implica una continuidad, una permanencia misteriosa de las grandes acciones divinas, de los mirabilia Oei conmemorados en las fiestas (...). En este sentido es en el que la "memoria" de las acciones divinas, que el pueblo conserva fielmente, puede incitar a Adonai a tener "memoria" del pueblo(...) De aquí esa fórmula de oración tan característica, y que habría de pasar de la Sinagoga a la Iglesia: Haz memoria, Señor, de nosotros."76
En este mismo principio reside la raíz sacrificial del memorial y, por consiguiente, de la Eucaristía tal y como es expresada en la plegaria eucarística: nosotros presentamos ante Dios este memorial del cuerpo y la sangre de Cristo no como un recuerdo del pasado, sino como un hecho real y objetivo que él acepta. Por eso es legítima la formulación que introduce aquí la anáfora. En efecto, la expresión "te presentamos, Señor, el memorial del cuerpo y la sangre de Cristo" encuentra una legítima traducción en esta otra: "te ofrecemos, Señor, la conmemoración, el memorial del cuerpo y la sangre de Cristo." Y como la Eucaristía no es sólo palabra, sino fundamentalmente acción, el relato institucional y la anamnesis hacen viva en el presente, de un modo sacramental, la muerte y resurrección de Cristo, es decir, su misterio pascual, el núcleo mismo de la Historia de la Salvación.
No se trata, pues, ya de una evocación del pasado, sino de una irrupción de la salvación redentora de Cristo en el presente; es lo que en otra parte hemos llamado verticalidad de la salvación en un momento concreto de la historia de la Iglesia actual. Esa salvación se hace presente al hacerse presente el núcleo y fuente de la misma: el misterio pascual. La palabra se ha hecho así acción eficaz, y la muerte redentora y gloriosa de Cristo presencializa eficazmente la salvación antes cantada: perdón de los pecados, vida nueva, recreación·total en la reconciliación de cielos y tierra. Es muy posible que la peculiar formulación de la anamnesis en esta anáfora (como en la de Teodoro) haya sido afectada por el rito de súplica de la plegaria judía que está en su base. En todo caso, esta súplica es una súplica que se sabe escuchada y realizada, prolongada a todos los estamentos del nuevo pueblo de Dios sellado con el bautismo. Por eso, la conclusión, que vuelve a dar el tono de acción de gracias de esta triple bendición, establece el hecho concreto de que esa salvación ("toda tu obra") se realiza en la Iglesia, redimida por la sangre de Cristo.
En resumen: desde la perspectiva más esencial y judeo-cristiana, la Historia de la Salvación es aquí descrita como la acción de Dios en Cristo (recuérdese el doble contenido de la noción "Nombre"), por la cual la salvación, comenzada en la Creación, se completa en la redención por Cristo, superando el estado negativo del ser humano (pecado, muerte, ignorancia), y se actualiza en el hoy de la Iglesia, que sabe asegurado su futuro al haber recibido de Dios el memorial del cuerpo y la sangre del Señor (dimensión escatológica).
b) Profundización de la Historia de la Salvación: el Tiempo Salvífícos.
La introducción del Sanctus y de la epiclesis en esta plegaria eucarística permiten detectar un proceso de profundización en la comprensión teológica de la Historia de la Salvación.
El Sanctus (prescindamos de si es trinitario o cristológico; recordemos que se trata de una proclamación de la santidad del "Nombre") expresa y acentúa la eliminación de los dos espacios del verdadero culto a Dios: no hay ya dos lugares de culto, el cielo y la tierra. La tierra, la Iglesia en ella, se une al culto angélico de alabanza a Dios. Por la redención de Cristo, el cielo y la tierra han sido reconciliados; la Iglesia se asocia al culto celeste de la "eucaristía" perfecta, que se ofrece al Padre por el Cordero sacrificado cuando celebra la Eucaristía.
La epiclesis expresa y acentúa la superación de los tiempos de salvación: no hay una salvación antes y una salvación ahora; es la misma que se hace presente por la fuerza del Espíritu, que desciende sobre la ofrenda y hace presente la salvación del misterio pascual de Cristo en la Iglesia ("para remisión de las deudas y perdón de los pecados"), haciendo, a la vez, dirigir la mirada de los participantes hacia la plenitud de esa salvación ("para la gran esperanza de la resurrección de los muertos y para la vida nueva en el Reino de los cielos")77. De esta manera, la presencialización de la salvación de Jesús en el hoy de la Iglesia, expresada por la anamnesis y la epiclesis (dimensión vertical de la salvación), se prolonga en la plenitud de salvación que preludia ya la parusía, en una versión plena del Maranatha de las comunidades prepaulinas.
c) ¿Una Plegaria Sin Relato Institucional?
La supresión del relato institucional y la anamnesis, que es probable, como hemos dicho, tuviera lugar en AP posteriormente, plantea el problema de si es posible que esta plegaria eucarística exprese todo el contenido que como tal debe guardar para ser considerada como verdadera plegaria eucarística. En otras palabras: la anáfora de Addai y Mari actual, tal y como ha llegado hasta nosotros hoy, ¿sigue siendo el memorial de la muerte del Señor?
Para abordar este problema debemos recordar la función del bloque relato-anamnesis en la plegaria eucarística tal y como hemos intentado explicarlo. La explicitación de las.77 Sobre esta doble dimensión de la epiclesis, invocación o súplica y llamamiento que preludia una manifestación, cf. L. ligier, De la cene de Jesús, o.c. (trad. esp. palabras del Señor y su conexión con el mandato que él nos dejó expresan el paso del memorial literario al memorial cultual, del recuerdo de la salvación pasada a la realización de la salvación presente: nuestra acción es así la misma acción del Señor, realizada sacramentalmente en la Iglesia; es decir, fiados en su palabra, renovamos su gesto, y con él el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección, núcleo del misterio pascual y garantía de nuestra plena participación futura en él.
Esto permite formular la solución del problema en los siguientes términos: solamente si la acción de la Iglesia es la acción del Señor, según su mandato, celebra la Iglesia verdaderamente la Eucaristía. Si seguimos ahora la interpretación que Raes, con el apoyo de los comentaristas siró-orientales a la Eucaristía, da de la sección VI de AP, hemos de concluir que el sentido de este pasaje inmediatamente antes de la epiclesis es el siguiente: como nuestro Señor en la última cena ha celebrado el misterio de su muerte y su resurrección transformando el pan y el vino en su cuerpo y su sangre por sus palabras, así el sacerdote, siguiendo su ejemplo, realiza el mismo misterio, obtiene la misma transformación por la invocación del Espíritu Santo que sigue.
Puede discutirse que éste sea el modo más apropiado o no para seguir fielmente el mandato del Señor, pero no que ésa sea la intención de la Iglesia siró-oriental en esta anáfora. En este sentido tiene razón de nuevo dom Botte al haber visto en este pasaje una "anamnesis": si bien técnicamente puede discutirse que lo sea o no, no puede negarse que es efectivamente la expresión de la Iglesia de hacer lo que hizo el Señor: en alegría, alabanza y exaltación conmemorar y celebrar el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, haciéndolo presente por la acción del Espíritu, que es quien da la fuerza a las palabras y gestos de la Iglesia, para conseguir el fruto de la remisión de los pecados y la gran esperanza de la resurrección. Desde esta perspectiva, en consecuencia, parece preciso afirmar que la anáfora de Addai y Mari, bien que su forma actual nos choque y parezca extraña y aunque el procedimiento usado sea discutible, es fiel en lo sustancial al mandato del Señor: es una verdadera plegaria eucarística.
1 Bajo el nombre de rito siró-oriental se comprenden aquí los ritos caldeo y persa. Sobre el origen de estos ritos cf. la reciente aportación de W. F. macomber, A Theorj orí the Origins of the Syñan, Maronite and Chaldean Rifes: OrChP 39 ,(1973) 235-242. Sobre la Iglesia nestoriana y su liturgia en general, cf. E. tisserant, L'EgJise nestorienne:
DThC Π (1931) 157-323; A. A. K.ING, Liturgie d'Antioche. Rite syrienne et rite chaldéen (París 1960] 145-287.2 Sobre la Iglesia siro-malabar y su liturgia en general, cf. H. leclercq, art. Malabar: DACL 10 (1931) 1260-1277; E. tisserant, Église syro-malabar. IX. Liturgie: DThC 14 (1942) 3155-3161 (= Recueil Cardinal Eugene Tisserant II [Lovaina 1956] 427-433); J. vellian (ed.), The Malabar Cburcb (Roma [OchA 186] 1970).
3 Sobre la reforma de Isoyab III cf. J. M. hanssens, Institutiones liturgicae III 627-628. Anterior a esta reforma es la anáfora persa fragmentaria del manuscrito Add. 14669 del Museo Británico, descubierta por G. Bickel, publicada en una traducción latina del mismo en Brightman, 511-518. Ha sido reeditada en siríaco con traducción latina, en una revisión más cuidadosa, por R. H. Connolly (5 ' ixth-Century Fragmente of an East-Syrian Anaphora: OCh n.s. 12-14 [1923-1924] 99-128).
4 Sobre el actual rito malabar cf. P. of S. joseph, The Presení syro-malabar Liturgy: Meneyan or Rocían?: OChP 23 (1957) 313-331. Más completo, G. vavanikunnel, Die eucharistische Katechese der Anaphora der Apaste/ Mar Addai und Mar Mari in der syro-toalabarischen Kirche gestern und heute (Würzburgo 1976) 3-28, con bibliografía. La versión tohca adaptada de la anáfora de los apóstoles puede consultarse, en una traducción "na de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales, PE 405-409. Una visión |en"a' sobre Tas tres anáforas siró-orientales (Addai y Mari, Teodoro y Nestorio) en botte, Les anaphores sjriennes orienta/es: EOO II 7-24.
5 Una visión general ofrecen A. baumstark, Geschichte der syrischen Literatur (Bonn 1922) esp. p. 199-200; brightman, LXXVII-LXXXI.
6 La liturgie nestorienne des Apotres Addai et Mari dans la tradition manuscrite: EOO II 25-49.
7 W. F. macomber, The Oldest Known Text of the Anaphora of the Aposties: OChP 32 (1966) 335-371. Este autor presenta la lista de manuscritos existentes más completa hasta el momento sobre esta anáfora, así como una buena selección de ediciones impresas en que se encuentra. Ello nos ahorra el repetirlas aquí. A continuación este trabajo se citará: macomber. Cf. también, del mismo autor, A List of the knoivn Manuscripts of the Chaldean Hudra: OChP 36 (1970) 120-134 (se trata de los manuscritos conocidos de los Hudra o libros que contienen el ciclo litúrgico del año en el rito siró-oriental; en varios de ellos, además de otras cosas, se hallan las tres anáforas del rito caldeo).
8 Esta primera apreciación se encontrará en I. E. rahmani (Testamentum Domini nostri lesu Christi [Maguncia 1899] 190-191). Ulteriormente comparó ambas anáforas detalladamente en Les liturgies orientales et occidentales (Beirut 1929) 317-332. H. engber ding dedicó también un profundo y documentado estudio de liturgia comparada a estas dos anáforas: Urgestalt, Eigenart und Enttvicklung eines altantiochenischen eucharischen Hochgebetes: OCh 29 (1932) 32-48. Otros trabajos posteriores sobre el tema se irán citando sucesivamente en sus respectivos lugares.
9 Anaphora syriaca Sancti Petri Aposto/i tertia: AS II 3 (Roma 1973) 275-327. La anáfora lleva en este códice el título Anaphora discipulorum in mortem genetrícis Dei. Se la suele conocer también, generalmente, con el nombre Sarar, que es el incipit de la primera parte de la preanáfora.
10 Traduzco el texto del manuscrito de Mar Esaya, menos el diálogo introductorio. Las partes acotadas entre paréntesis cuadrados [ ], solamente iniciadas en el manuscrito, son completadas con la edición de J. E. Y. kelaita (The liturgy of the Church of the East [Mosul 1928] 21-35), salvo que se diga otra cosa. Otras traducciones de fácil consulta: PE 375-380 (trad. lat. completa, con las tres kusapa u oraciones dichas en secreto por el sacerdote; texto latino a base de la ed. de kelaita); brightman, 282-288 (trad. ingl. de la ed. de Urmia); renaudot, II 582-586 (trad. lat. de un manuscrito hoy perdido). A pie de página, en notas, anotamos algunas variantes importantes con la valoración dada por el editor P. macomber. Se omiten en nuestra traducción las tres kusapa, inexistentes en este manuscrito. En cuanto a la anáfora de San Pedro III, traduzco de París Siríaco III, manuscrito base de la edición de sauget, que me sirve de guía. Añadimos en nota alguna variante de otros manuscritos, sobre todo cuando coinciden con Mar Esaya. Además de la traducción latina que acompaña la edición de sauget, este mismo autor compuso otra sobre el mismo manuscrito anteriormente para PE 410-415. Cf. sobre esta anáfora, y en general sobre la liturgia maronita, también M. hayek (Liturgie Maronite. Histaire et textes eucharistiques, Tours 1964), quien en p.259-269 da una traducción francesa de nuestro texto. Los subrayados indican coincidencia verbal entre una y otra anáfora, salvo mínimas diferencias, que no he tenido en cuenta. He procurado, en general, reflejar estas coincidencias en la traducción, dentro de los límites de lo posible.
11 "por tu misericordia... gracia"] "por tu clemencia, y has redimido a los hombres P°r tu misericordia, y has hecho tu gracia a los mortales": los restantes manuscritos.
12 Lo comprendido entre paréntesis cuadrados es una fórmula de MS de Mar Esaya, pero en la anáfora de Teodoro de Mopsuestia (cf. macomber, 363 nt.9).
13 El misal de Mosul, en sus dos ediciones de 1901 y 1936, añade aquí el relato institucional.
14 Aquí insertan la narración institucional la edición de 1890 del misal de Urmia y el misal malabar de 1960.
15 "Mucha"] escrito por una mano, que parece la misma del manuscrito, encima de la línea.
16 "Amén."] aunque está en MS, es omitida por muchos otros MSS; esta omisión es preferible (macomber).
17 Cf. Jn 6,51.
18 La edición de Kelaita comienza esta sección así: "Así, pues, Señor, Dios nuestro, danos tu tranquilidad y tu paz todos los días del siglo para..." (sigue como el texto).
19 "vivo" o "vivificante"] segunda mano de la época.
20 "que estamos congregados"] así Mar Esaya y Diabekir Hudra, los dos testigos más antiguos; en los demás + "en tu nombre."
21 ."en este momento"] así Mar Esaya; falta en muchos MSS antiguos; probablemente, no primitivo (macomber).
22 "y"] no en Mar Esaya; está en todos los demás menos en uno; posiblemente, primitiva (macomber).
23 "alabando"] está en Mar Esaya; poco sostenida por otros MSS; probablemente, no primitivo (macomber).
24 "tremendo"] está en Mar Esaya; falta en Diabekir Hudra; quiza no primitivo (macomber).
25 "y"] no en Mar Esaya; sí en otros MSS numerosos; probablemente, primitivo (macomber).
26 "santo"] la gran mayoría de MSS coincide con Sarar: "vivo y santo."
27 "descienda"] + "y habite": en MS antiguo.
28 "admirable"] "gloriosa": dos MSS antiguos; quizá ésta sea la palabra originariamente primitiva (macomber). La lectura de Urmia: "por toda esta economía," no parece ser original (macomber 371).
29 W. F. macomber, The Oldest Known Text 344-347. Los textos de las kusapa traducidos pueden verse cómodamente en PE y Brightman, cf. la cita en nt.10.
30 E. C. ratcliff, The original Form of the Anaphora of Aodai and Mari: JTS 30 (1928-1929) 23-32. A esta conclusión llega tras una comparación de AP con la anáfora eucarística que comenta Narsai en su homilía XVII (cf. esp. p.26-27).
31 Sobre el estado actual de la cuestión véanse los recientes trabajos: W. F. macomber, The Mannite and Chaldean Versions of the Anaphora of the Apostles: OChP 37 (1971) 55-84; E. J. cutrone, The Anaphora of the Apostles: Implications of the Mar Esa ja Text: Theological Studies 24 (1973) 624-642. El largo estudio de R. J. galvin (Addai and Mari revisited: the State of the Question: EphLit 87 [1973] 383-414) (= The Dunwoodie Review 10 [1970] 3-31) es bastante incompleto; además de pasar por alto algún trabajo fundamental de H. engberding, no tiene en cuenta ni todos los trabajos de B. botte ni los cambios que éste ha hecho a lo largo de ellos. No he podido consultar H. A. J. wegman, Pleidooi voor een tesust, De Anaphora van de apostelen Addai en Mari: Bijdragen 40 (1979) 15-43.
32 Cf. E. C. ratcliff, The Original Form of the Anaphora of Addai and Mari: JTS 30 (1928-1929) 23-32.
33 Cf. G. Dix, The Shape of the Liturgy 173-187.
34 Los principales trabajos de B. botte sobre esta anáfora son: LAnaphore chaldéenne des Apotres: OChP 15 (1949) 259-276; Problémes de l'Anamnése: Journal of Ecclesiastical History 5 (1954) 16-24; L'épiclése dans les liturgies syriennes orientales: Sacris Erudiri 6 (1954) 48-72; Problémes de l'anaphore syrienne des apotres Addai et Mari: L'Orient Syrien 10 (1965) 89-106. Dom botte no ha mantenido siempre en sus artículos la misma opinión, ni siquiera el mismo texto anafórico. Especialmente han variado sus apreciaciones acerca de las intercesiones y de la epiclesis, no así su afirmación de la existencia de una verdadera anamnesis en esta anáfora, y la exigencia, por tanto, de un relato institucional, cosas éstas en las que siempre ha permanecido firme.
35 L. bouyer, Eucharistie 146-158; L. maldonado, La plegaria eucarística 368-390.
36 H. engberding, Zum anaphorischen Fürbittgebet der ostsyrischen Liturgie der Aposte/ Adda(i) and Mar(i): OCh 41 (1957) 102-124.
37 J. vellian, The anaphoral Structure of Addai and Mari compared to the Berakoth preceding the Shema in the Sjnagogue morning Service: Le Muséon 85 (1972) 201-223.
38 A. raes, Le récit de I'institution eucharistique dans l'anaphore chaldéenne et malabare des Apotres: OChP 10 (1944) 216-226; véase también el reciente trabajo, del mismo autor, The Enigma of the Chaldean and Malabar Anaphora of the Apostles, en J. vellian (ed.), The Malabar Church 1-8.
39 Dos autores quisiera citar expresamente. En primer lugar, B. H. jones (t 1957), para quien AP sería el resultado de la revisión y acotamiento de la anáfora de Nestorio, habiendo existido como tal en el siglo vil por primera vez. Tal suposición, sin embargo, aparte de la crítica que se pueda hacer a los argumentos propuestos por el autor, parece difícil que pudiera ser admitida, pues dejaría sin explicar, entre otras, las siguientes cosas: el carácter semítico de una plegaria, que sería, según esta hipótesis, la abreviación de un texto cuyo original es griego; los cambios de persona observados en ella, inexistentes en Nestorio; pero, sobre todo, en una anáfora del siglo VII resultan inexplicables las sorprendentes coincidencias con Sarar; cf. The Quest for the Origins of the Christian Liturgia: The Anglican Theological Review 46 (1964) 5-21; The History of the Nestorian Liturgies: ibid., 155-176; The Sources of the Nestorian Liturgy: ibid., 414-425; The Formatinn of the Nestorian Liturgy. The Great Conflation: ibid., 48 (1966) 276-306; The Liturgy of Nestoritis. The Structural Pattern: ibid., 397-411; un resumen de sus teorías en R. J. galvin, Addai and Mari revisited 383-414. El segundo autor, W. E. pitt, afirma que la anáfora de Addai y Man, como todas las anáforas siro-antioquenas del siglo IV, habría consistido originariamente en sólo un himno de alabanza, que se concluía con el cántico del Sanctus. Los argumentos que este autor utiliza, a base de la catequesis mistagógica V de San Cirilo, no son, a mi juicio, convincentes; y el estudio que hace de la anáfora de San Basilio es muy incompleto desde el momento en que ignora, entre otros, trabajos tan fundamentales como los α Engberding, acerca del texto primitivo de esta anαfora, y el de Botte, sobre la epiclesis de la misma anáfora, en un estudio sobre las epiclesis siró-orientales; cf. The Anamneses ana Institution Narrative in the Liturgy of Apostolic Consiitutions Boo/k VIH: The Journal of Ecclesiastical Histoty 9 (1958) 1-7; The Qrigtn of the Anaphora of the Liturgy of St. Basi/e·' ibid., 12 (1961) 1-13.
40 Cf. W. F. macomber, The Maronite and Chaldean Versions 77-78.
41 Cf. AS II 3,302-305; PE 413-414.
42 Ibid., 301-303.
43 He aquí la fórmula de Teodoro en la traducción de renaudot, 613: "Qui cum apostolis suis ea nocte qua traditus est, celebravit mysterium hoc magnum, tremendum, sanctum et divinum: accipiens panem benedixit et fregit, deditque discipulis us et dixit: 'Hoc est corpus meum quod pro vobis frangitur, in remissionem peccaiorum . Similiter et calicem: Gratias egit, et dedil illis dixitque: 'Hic est Sanguis meus Novi estamenti, qui pro multis effunditur in remissionem peccatorum. Accipite igitur vos nes, edite ex hoc pane, et bibite ex hoc cálice, et ita facite quotiescumque congregabi-lni in mei memoriam'. SIcut praeceptum nobis est ita congregad sumus, nos serví mi humiles, imbecilli et rmi, ut cum bona venial gratiae tuae, celebremus mysterium magnum, tremendum, tum et divinum, per quod facta salus esl magna universo humano generi nostro. nmusque simul laudem, honorem, confessionem, et adorationem, Pairi et Filio et 5Pmtui Sancto nunc et semper."
44 comparación ha sido hecha con las siguientes anáforas: Doce Apóstoles I (PE 278-279 Santiago (PE 270), Timoieo de Alejandría (PE 278-279), Severo de Antioquía (PE 278 Ignacio de Antioquía (PE 289).
45 Concretamente, en la anáfora alejandrina de San Marcos (PE 113) y el papiro Manchester (PE 121); sólo parciales coincidencias en este punto con el papiro Der-Balizan (PE 127) y Cirilo copto (PE 136-137).
46 En la anáfora se califica de propiciatorio el altar (sección III); se habla también de "bautismo propiciatorio" (sección V); en las plegarias de oblación se dice "sacrificio propiciatorio" (cf. el texto más adelante); en las intercesiones propias se ruega "in propitiationem animarum nostrarum" (AS II 3,307); en la sección VII se usa la expresión "para remisión de las deudas" (única coincidencia con AP); en la sección VIII se vuelve a hablar de "altar propiciatorio." Fuera de la anáfora propiamente dicha, todavía se usan las siguientes expresiones: "partícula propiciatoria" (en la consignado), "víctima propiciatoria" (letanía diaconal), "altar propiciatorio" (oración a la inclinación de cabeza). En todos los casos se emplea la misma raíz siríaca.