Para Usos Internos y Didácticos Solamente
Contenido:
Parte Primera del Antiguo Testamento.
La Época de los Patriarcas: de Abraham a Jacob.
2. El "Ur En Caldea" de la Biblia.
3. ¿Vestigios del Diluvio Bíblico?
4. Relato de una Inundación Procedente de la Antigua Babilonia.
5. Abraham Vivió en el Reino de Mari.
7. Abraham y Lot en el País de la Púrpura.
2. Cuatrocientos Años de Silencio.
3. Trabajos de Esclavitud en Pitom y Rameses.
3. Bajo el Cielo de la Estepa.
4. En el Umbral de la Tierra Prometida.
A la Conquista de la Tierra Prometida.
1. Israel se Introduce en Canáan.
4. Bajo el Yugo de los Filisteos.
Cuando Israel Era Un Gran Reino.
3. La Reina de Saba, Impulsora del Comercio de Exportación.
4. De la Policroma Vida Cotidiana en Israel.
1. A La Sombra de una Gran Potencia Que Surge.
2. Fin de Israel, el Reino Septentrional.
3. Judá, Bajo el Yugo de Asur.
4. El Culto Seductor de Canaán.
5. La Gran Potencia Asiria se Hunde.
Desde el Exilio hasta el Reino de los Macabeos. Desde Ezequiel hasta Juan Hircano.
1. La Gran Escuela del Exilio.
2. El Sol del Antiguo Oriente se Extingue.
5. Bajo la Influencia Helénica.
6. En Pro de la Libertad de Conciencia.
Parte Primera del Nuevo Testamento.
1. Palestina a Orillas del Mare Nostrum.
6. Camino de Jerusalén, Proceso y Crucifixión.
1. Siguiendo las Huellas de San Pablo.
2. La Destrucción de Jerusalén.
Parte Primera del Antiguo Testamento.
La Época de los Patriarcas: de Abraham a Jacob
.H
ace cuatro mil años. — Continentes dormidos. — La gran cuna de nuestra civilización. — Elevadas culturas en el Antiguo Oriente. — Desde muy antiguo se construyeron torres escalonadas y pirámides. — Plantaciones gigantescas junto a canales construidos por el hombre. — Invasión de tribus árabes procedentes del desierto.Si se traza una línea en el mapa desde Egipto hasta el Golfo Pérsico, que pase por el Mediterráneo, Palestina y Siria, siguiendo luego el curso del Tigris y del Éufrates a través de Mesopotamia, resulta una media luna perfectamente diseñada.
Hace 4.000 años que aquel potente semicírculo en torno al desierto de Arabia — llamado el "Fértil Creciente" — comprendía una multitud de culturas y de civilizaciones, engarzadas entre sí como perlas de una resplandeciente cadena. Clara luz irradió de ellas para la humanidad. Allí estuvo el centro de la civilización desde la Edad de Piedra hasta la Edad de Oro de las culturas griega y romana.
Cuanto más se aleja la mirada del "Fértil Creciente" hacia el año 2000 antes de Jesucristo, más se acentúa la oscuridad y más raros van siendo los indicios de civilización y de vida cultural. Es como si los pueblos de los otros continentes estuviesen aún dormidos, cual niños próximos a despertar. En el Mediterráneo oriental existe ya un reflejo brillante: en Creta florece el país de los reyes de Minos, fundadores de la primera potencia marítima que existe mención. Hace ya mil años que la ciudadela de Micenas protege a sus habitantes, y una segunda Troya surge hace mucho tiempo sobre las ruinas de la primera.
En la zona próxima a los Balcanes, en cambio, apenas si ha empezado la Edad del bronce primitivo. En la isla de Cerdeña y en la parte occidental de Francia se entierra a los muertos en sepulcros formados por grandes piedras. Estas tumbas megalíticas son la última manifestación de importancia de la Edad de Piedra.
En Gran Bretaña se construye el más célebre santuario de la época megalítica — el templo del Sol, de Stonehenge — cuyo gigantesco círculo de menhires, en Salisbury, constituye aún hoy día una de las curiosidades de Inglaterra envueltas en las brumas de la leyenda. En Germania se utilizan arados de madera para labrar la tierra.
A los pies del Himalaya se extingue, parpadeando sobre el valle del Indo, la solitaria luz de una isla cultural. Sobre China, en las extensas estepas rusas y sobre África reina la oscuridad. Al otro lado de las aguas del Atlántico dormita el continente de América.
FIG. 1. —
El "Fértil Creciente" y Egipto. El mayor centro de cultura de la Tierra hacia el año 2000 a. de J.C.Mientras tanto, en el "Fértil Creciente" y en Egipto existe una multitud desconcertante de culturas y civilizaciones altamente desarrolladas. Desde hace mil años los faraones ocupan su trono. Hacia el año 2000 antes de J.C. está en él Amenemhet I, el fundador de la XII dinastía. Su esfera de influencia se extiende desde Nubia, al sur de la segunda catarata del Nilo, por la península de Sinaí hasta Canaán y Siria, cubriendo un territorio tan grande como Noruega. A orillas
del Mediterráneo florecen las ricas ciudades marítimas de los fenicios. En el Asia Menor, en el corazón de la actual Turquía, el poderoso reino de los hititas se halla en tren de fundarse. En el País de los Dos Ríos, entre el Tigris y el Éufrates, gobiernan los reyes de Sumeria y de Akkad. Tributarios suyos son los pequeños reinos esparcidos desde el Golfo Pérsico hasta las fuentes del Éufrates.Las grandiosas pirámides de Egipto y las poderosas torres escalonadas de Mesopotamia han contemplado ya el paso de muchísimos siglos. Durante dos milenios tienen haciendas y plantaciones tan extensas como los grandes cultivos de hoy día, que dan cosechas de cereales, legumbres y frutos delicadísimos en los valles, irrigados artificialmente, del Nilo, el Éufrates y e
l Tigris. En todo el "Fértil Creciente" y en todo el reino de los Faraones se utiliza la escritura con caracteres cuneiformes y jeroglíficos. La usan los poetas, los empleados de la corte y del gobierno; para el comercio hace tiempo que se hizo indispensable. El activo intercambio de mercancías que realizan grandes importadores y exportadores del País de los Dos Ríos y Egipto por rutas de caravanas y vías de navegación desde el Golfo Pérsico a Siria y Asia Menor, desde el Nilo, por mar, a Chipre, Creta y aún el Mar Negro, se refleja en la correspondencia comercial grabada en las tablillas de barro o trazada en los papiros. Los productos más codiciados entre la multitud de valiosas mercancías son el cobre de las minas egipcias de las montañas del Sinaí, la plata de las montañas del Tauro, en Asia Menor, el oro y el marfil de Somalilandia, en África Oriental, y de Nubia, en el curso del Nilo, los tintes de púrpura de las ciudades fenicias, en la costa de Canaán, el incienso y especias raras de la Arabia Meridional, el delicado lino de los telares egipcios y los bellos vasos de la isla de Creta.La poesía y la ciencia están en pleno florecimiento. En Egipto surge la primera literatura amena y la primera poesía profana. El País de los Dos Ríos está atravesando ya su época de renacimiento. Los filólogos de Akkad, el gran reino del bajo Éufrates, componen la primera gramática y el primer diccionario bilingüe. La leyenda de Gilgamesh y las leyendas de los antiguos sumerios sobre la Creación y el diluvio universal se c
onvierten, puestas en acádico — el lenguaje del mundo de entonces —, en epopeyas de carácter altamente dramático. Los médicos de Egipto componen sus medicamentos con plantas curativas de virtud probada, guiándose por recetarios; los cirujanos discuten entre sí sobre conocimientos anatómicos. Los matemáticos del país del Nilo llegan, por caminos empíricos, a la determinación de los lados del triángulo, para la cual cinco siglos después el griego Pitágoras establecerá su conocido axioma. Los ingenieros del País de los Dos Ríos resuelven sobre la base de la práctica el problema del cálculo del cuadrado. ¡Hasta los astrónomos, aunque exclusivamente al servicio de la Astrología, establecen, basándose en observaciones de gran exactitud, las órbitas de los planetas!Profunda paz y bienestar tienen que haber reinado en ese mundo junto al Nilo, el Éufrates y el Tigris, pues hasta ahora no se ha encontrado ninguna inscripción de aquellos tiempos que hable de grandes hechos guerreros.
Mas del corazón de este "Fértil Creciente," de las refulgentes y estériles inmensidades del desierto arábigo, allí donde éste es bañado por las aguas del Océano índico, irrumpió por aquellos tiempos, en ingentes oleadas hacia el Norte y el Noroeste, hacia Mesopotamia, Siria y Palestina, u
n tropel de pueblos y tribus formados por nómadas semíticos. En ininterrumpidas bandadas los amoritas (nombre que significa "occidentales") se desplegaron sobre los reinos del "Fértil Creciente."El reino de Sumeria y Akkad se derrumbó en el año 1960 antes de J.C., bajo los obstinados ataques de aquellos invasores. Los amoritas fundaron una serie de estados y dinastías. Una de ellas tenía que alcanzar, con el tiempo, el predominio: la primera dinastía de Babilonia, centro del poder desde el año 1830 al 153
0 antes de Jesucristo. Su sexto rey fue el célebre Hammurabi.A una de aquellas tribus semitas nómadas le estaba reservada una misión de suma trascendencia para la suerte de millones y millones de seres de todo el mundo hasta nuestros días. Era un pequeño grupo, quizá sólo una familia, desconocida e insignificante como un diminuto grano de arena llevado por el viento del desierto: ¡la familia de
Abraham, el primer padre de los patriarcas!
2. El “Ur En Caldea” de la Biblia.
U
na estación en la ruta de Bagdad. — Torre escalonada de ladrillos. — Ruinas con nombres bíblicos. — Los arqueólogos buscan los sitios mencionados en las Sagradas Escrituras. — Un cónsul con la azada al hombro. — El arqueólogo en el trono de Babilonia. — Una expedición a Tell-al-Muqayyar. — Libros de historia en los escombros. — Cuentas de impuestos sobre arcilla. — ¿Fue Abraham ciudadano de una urbe cosmopolita?...TOMANDO TÉRAJ A ABRAHAM, SU HIJO, A SU NIETO LOT, HIJO DE HARÁN, Y A SARAY, SU NUERA, MUJER DE SU HIJO ABRAHAM, SACÓLOS DE UR DE LOS CALDEOS... (Gén. 11:31).
... Y los sacó de Ur de Caldea. Así resuenan las palabras bíblicas en los oídos de los cristianos hace casi dos mil años. Ur, nombre tan misterioso y legendario como el de muchos nombres de reyes y caudillos, de poderosos imperios, de templos y palacios recubiertos de oro que nos habla la Biblia. Nadie sabía dónde estaba Ur, aunque el nombre de Caldea aludía seguramente a Mesopotamia. Hace treinta años nadie podía sospechar siquiera que la búsqueda de Ur llevaría al descubrimiento de una cultura que se adentra en el crepúsculo de los tiempos prehistóricos más que los antiguos testimonios de la humanidad en Egipto.
Hoy día Ur es una estación de ferrocarril situada a 190 kilómetros al norte de Basora, cerca del Golfo Pérsico, y una de las muchas estaciones del ferrocarril de Bagdad. El tren, de acuerdo con el horario, se detiene allí breves instantes a la alborada. Extinguido el ruido de las ruedas del tren que se dirige hacia el Norte, el viajero se siente envuelto en el silencio del desierto.
Su mirada se extiende por los monótonos e infinitos mares de arena amarillopardusca. Le parece hallarse en el centro de un inmenso plato llano, cortado únicamente por los carriles del tren. Un solo punto rompe la monotonía de la inmensidad vaga y desolada: un poderoso muñón de color rojo, que reluce los rayos del sol naciente. Parece como si un titán le hubiese abierto profundas muescas.
A los beduinos les es muy familiar este solitario cono, en cuyas grietas anidan las lechuzas. Lo conocen desde tiempo inmemorial y lo designan con el nombre de Tell-al-Muqayyar, la "Montaña de los peldaños." A los pies de ella levantaron sus padres las tiendas de nómadas. A los pies de ella sus padres levataban sus tiendas de nómades. Como desde tiempos remotísimos, sigue ofreciendo acogedor refugio contra las peligrosas tempestades de arena. En sus faldas acampan aún hoy día los beduinos con sus rebaños cuando la época de las lluvias hace brotar una alfombra de césped como por encanto.
En otros tiempos — hace 4.000 años — ondeaban aquí inmensos campos de trigo y de cebada y se extendían cultivos de hortalizas y campos de palmeras y de higueras hasta perderse de vista. Eran extensos cultivos, comparables a las actuales haciendas productivas de California. El verdor exuberante de los campos y de los arriates estaba surcado por un sistema de canales y zanjas en línea recta, obra prodigiosa del arte de la irrigación. Desde los albores de la edad de piedra, los pobladores, aprovechan
do el agua de los grandes ríos, encauzaban con destreza e inteligencia el líquido elemento desde sus orillas y convertían así terrenos desérticos en paisajes de vegetación paradisíaca.Casi oculto tras bosques de umbrías palmeras se deslizaba entonces el Éufrates. Un intenso tráfico naval desde aquí hasta el mar existía en este emporio de vida. En aquellos tiempos, el Golfo Pérsico se adentraba mucho más que ahora en la desembocadura del Tigris y del Éufrates. Antes de construirse la primera pirámide en el
valle del Nilo, ya el Tell-al-Muqayyar elevaba al cielo su imponente mole. Cuatro grandiosas construcciones se alzaban en forma de cubos sobrepuestos, cada vez más delgados, de unos 25 metros de altura y revestidos de ladrillos de bellos colores. Sobre la parte negra de los cimientos, un cuadrado de 40 metros de lado soportaba los cuerpos superiores, de color rojo y azul, todos ellos rodeados de árboles. La parte más alta del edificio formaba una pequeña terraza en la cual, a la sombra de una techumbre dorada, había un santuario.Una gran paz reinaba en esos lugares dedicados al culto, donde los sacerdotes celebraban sus oficios junto al ara del dios de la Luna, Nannar. Los ruidos de una de las más antiguas ciudades del mundo, la rica metrópoli de Ur, apenas si llegaban allí.
En el año 1854, una caravana de asnos y camellos se dirigió a la solitaria colina roja. Llevaba un raro equipo de palas, picos y aparatos de medición y la dirigía el cónsul británico en Basora, Mr. J. E. Taylor. No impulsaban al cónsul ni el afán de aventuras ni la propia voluntad. Por encargo del Foreign Office daba satisfacción al deseo expresado por el Museo Británico
, (de =no) que se explorase la parte sur de Mesopotamia (es decir, la tierra donde el Éufrates y el Tigris, antes de desembocar en el Golfo Pérsico, se acercan cada vez más) en busca de monumentos de la Antigüedad. Taylor había oído hablar muchas veces en Basora del raro y grandioso amontonamiento de piedras al cual se acercaba ahora la expedición, y creía que allí encontraría su objeto.FIG. 2. — La gran torre escalonada de Ur (
reconstrucción).A mediados del siglo XIX, en Egipto, Mesopotamia y Palestina empezaron excavaciones y trabajos de exploración, movidos por la idea, repentinamente surgida, de buscar en aquella parte del mundo una visión científicamente fundamentada en la historia universal. El objetivo de un buen número de expediciones era el Próximo Oriente.
Hasta entonces, la única fuente para la historia del Asia Menor en los 550 años antes de J.C. había sido la Biblia. Sólo ella contenía noticias sobre las épocas sumidas en las tinieblas del pasado. La Biblia menciona nombres y pueblos, de los cuales ni griegos ni romanos guardan información alguna.
Verdaderas legiones de sabios fueron atraídos, a mediados del siglo pasado, a los parajes del antiguo Oriente. Nadie conocía sus nombres, que pronto habían de estar en labios de todos. Llenos de asombro escucharon los hombres del "siglo de las luces" el relato de sus hallazgos y portentosos descubrimientos. Lo que aquellos sabios, a costa de ímprobos trabajos, iban sacando a la luz del seno de la arena del desierto, junto a los grandes ríos de Mesopotamia y de Egipto, llamó con justicia la atención de millones y millones de personas. La ciencia abría aquí, por primera vez, la puerta al misterioso mundo de la Biblia.
El cónsul de Francia en Mosul, Pablo Emilio Botta, era un entusiasta arqueólogo. En 1843 empezó sus excavaciones en Corsabad, junto al Tigris, y de las ruinas de una metrópoli cuatro veces milenaria hizo surgir a la luz, en todo su esplendor, el primer testimonio de la Biblia: Sargón, el legendario soberano de Asiria. El año en que el Tartán llegó a Asdod, cuando le envió Sargón, rey de Asiria... (Is. 20:1).
Dos años más tarde, un joven diplomático inglés y al mismo tiempo explorador, A. H. Layard, puso al descubierto la ciudad de Nemrod (Kalchu), designada en la Biblia con el nombre de Kélaj (Gén.
10:11) y que hoy lleva el nombre del bíblico Nemrod, el vigoroso cazador ante Yahvé. Fue el comienzo de su reino Babel, Erek, Akkad, Kalné, en tierra de Sinar. De este país salió para Asur, y edificó a Nínive, Rejobot-Ir y Kélaj.. (Gén. 10:10-11).Poco tiempo después, unas excavaciones dirigidas por el mayor inglés Henry Creswicke Rawlinson, que fue en su tiempo uno de los mejores asiriólogos, descubrió a 11 kilómetros de Corsabad a Nínive, la capital de Asiria, la famosa biblioteca del rey Assurbanipal. Era la Nínive de la Biblia, cuya maldad los profetas condenan repetidamente (Jonás 1:2).
En Palestina, el erudito americano Eduardo Robinson se dedicó a la reconstrucción de la antigua topografía (1838-1852).
El alemán Ricardo Lepsius, más tarde director del Museo Egipcio de Berlín, registró, en una expedición que duró de 1842 a 1846, los monumentos del Nilo.
Una vez que el francés Champollion hubo conseguido descifrar los jeroglíficos egipcios, consiguió también, hacia el año 1850, descifrar el misterio de los caracteres cuneiformes. Uno de ellos fue Rawlinson, el explorador de Nínive. ¡Los documentos antiguos empezaban a hablar!
Pero volvamos a la caravana que se dirigía a Tell-al-Muqayyar.
El cónsul Taylor hace clavar las tiendas al pie de la roja colina. No tiene ambiciones científicas ni posee conocimientos previos. ¿Por dónde empezar? ¿En qué lugar situar las brigadas de nativos del país para que excaven el terreno en forma adecuada? El enorme montón de ladrillos, obra maestra arquitectónica de un
pasado remoto, no le dice nada como construcción. Quizá en sus entrañas dormite algo que sirva para exponer en el Museo y sea susceptible de interesar a las gentes de Londres. Piensa vagamente en una vieja estatua, en armas, en piezas de adorno y hasta en un tesoro escondido. Arremete contra el cono, lo hace martillear palmo a palmo. Nada indica que exista una cavidad vacía. La colosal construcción parece ser maciza. El bloque inferior sobresale casi 10 metros de la arena. Dos amplias rampas de piedra conducen al próximo cuadrilátero, de más reducidas dimensiones, sobre el cual se levantan un tercero y un cuarto cuadrilátero.Taylor va subiendo peldaño a peldaño; bajo el ardor del sol, trepa a gatas por las muescas, examina todos los restos y encuentra sólo ladrillos rotos. Bañado en sudor escala un día la plataforma más elevada; asustadas, dos lechuzas salen de entre los muros gastados por el tiempo. Esto es todo. Pero Taylor no se desalienta. Dispuesto a descubrir los secretos de aquella rara construcción
en forma de cono toma una decisión que hoy no podemos por menos de lamentar profundamente: retira las brigadas que trabajan en la base y las lleva a la parte más alta de la construcción.Lo que había resistido a los siglos, a las tempestades de arena y al ardor del sol, cayó víctima de la piqueta demoledora. Taylor manda derribar la parte más alta del edificio. La destrucción empieza por las cuatro esquinas a la vez. Ingentes masas de ladrillos rotos van cayendo diariamente desde lo alto. Al cabo de alguna
s semanas cesa el ajetreo en la parte alta, el golpear incesante de los picos. Un par de hombres desciende precipitadamente de la altura y penetran en la tienda de Taylor. En las manos llevan unas pequeñas varillas; son cilindros de arcilla cocida. Taylor queda decepcionado. Había esperado encontrar algo más importante. Después de limpiarlos bien, observa que los cilindros de arcilla están cubiertos de inscripciones... ¡Se trataba de caracteres cuneiformes! No los entiende en absoluto, pero se siente feliz. Cuidadosamente embalados, los cilindros parten para Londres. Pero los sabios del Támesis apenas prestan atención al hallazgo.La cosa no es de extrañar: son los años en que todos los exploradores miran fascinados hacia las excavaciones que se realizan en el norte de Mesopotamia, donde, en el curso superior del Tigris y en las colinas de Nínive y Corsabad, surgen palacios y enormes relieves de los asirios, millares de tablillas de arcilla y estatuas, dejando en la sombra a todo lo demás. ¿Qué significaban
junto a esto los pequeños cilindros de arcilla de Tell-al-Muqayyar? Dos años sigue Taylor impertérrito en sus exploraciones; pero sin éxito. Después es llamado a Inglaterra.El mundo no debía conocer los inmensos tesoros que dormitaban bajo el antiquísimo cono de Tell-al-Muqayyar hasta después de setenta y cinco años.
Tell-al-Muqayyar vuelve a caer en el olvido entre los científicos. Pero a su alrededor ya no reina el silencio. Apenas retirado Taylor, acuden legiones de otros visitantes. Las paredes derruidas, y sobre todo la parte superior de la construcción, derribada por las brigadas de Taylor, constituyen una cantera inagotable y gratuita de materiales de construcción para los árabes, que año tras año vienen de todas partes a cargar de ladrillos sus acémilas. Fabricados por mano del hombre muchos milenios antes, aún pueden leerse en ellos los nombres de Ur Nannu, el primer gran constructor, y de Nabonides, el soberano babilónico que restauró la torre escalonada, a la cual llamaban Ziggurat. Las tempesta
des de arena, las lluvias, el viento y el sol se encargan de acabar la destrucción del monumento.Cuando, durante la primera guerra mundial, las tropas británicas en marcha hacia Bagdad, en el año 1915, acampan en las cercanías del antiguo monumento, éste habiendo cambiado tanto de aspecto, hallándose tan aplanado, tan deshecho por el pillaje practicado desde el año 1854, que uno de los soldados puede permitirse una pequeña hazaña. El perfil de las antiguas graderías ha desaparecido hasta el extremo (de =n
o) que el soldado puede subir hasta la parte más alta montado en un mulo.Una feliz casualidad quiere que entre los oficiales de la tropa se halle un experto, R. Campbell Thompson, del Servicio de Inteligencia del Ejército de Mesopotamia. En tiempo de paz es auxiliar del Museo Británico. Al examinar con mirada experta la inmensa aglomeración de ladrillos rotos, Thompson ve la ruina con espanto. Una inspección del suelo en los alrededores le hace sospechar la existencia de nuevos fundamentos, ruinas de edif
icios cubiertos por la arena del desierto. Thompson indaga con todo cuidado y manda un informe urgente a Londres. Esto impulsa a desempolvar los pequeños cilindros de arcilla, que habían sido casi completamente olvidados, y a estudiarlos esta vez minuciosamente. Las inscripciones contienen una información interesantísima y al propio tiempo una curiosa historiaCasi 2.500 años antes que el cónsul Taylor, otro explorador había escudriñado aquel lugar, con el mismo interés y removídolo todo. Venerador de la Antigüedad, hombre célebre, soberano de un gran reino y arqueólogo, todo en una persona, tal era el rey Nabonid de Babilonia. Realizó sus indagaciones hacia el siglo VI antes de J.C. y comprobó que "el Ziggurat era muy antiguo." Pero Nabonid obró de otra ma
nera que Taylor. "He hecho reconstruir la estructura de este Ziggurat como en los tiempos antiguos, con mortero y ladrillos cocidos."Cuando la torre escalonada quedó reconstruida, Nabonides hizo grabar precisamente en aquellos pequeños cilindros el nombre descubierto del primer constructor. Éste, según pudo descifrar el babilonio en una inscripción medio rota, fue el rey Ur-Nannu. ¿Ur-Nannu? ¿Es posible que el constructor de la gran torre escalonada fuese realmente el rey de Ur, de quien nos habla la Bibl
ia, soberano de Ur en Caldea?La suposición resulta muy verosímil, pues además el mismo nombre bíblico aparece varias veces. También documentos hallados en ruinas excavadas en Mesopotamia mencionan a Ur. Según los textos cuneiformes, parece haber sido la capital del gran pueblo de los sumerios. En este punto despierta un gran interés el maltrecho Tell-al-Muqayyar. A los eruditos del Museo de la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos, se unen los arqueólogos del Museo Británico para pedir nuevas
excavaciones. La torre escalonada del bajo Éufrates podría contener el secreto del desconocido pueblo de los sumerios... y de la bíblica Ur. Pero hasta el año 1823 no logra ponerse en marcha un grupo de arqueólogos americano-británico. Ya no tienen que realizar el incómodo camino sobre el vacilante lomo de un camello; ahora viajan en el ferrocarril de la línea de Bagdad. Por ferrocarril les llegan también las herramientas que necesitan: vagonetas, carriles, picos, palas, capazos.Los arqueólogos disponen de un fondo que les permite explorar una extensa comarca. Empiezan sus excavaciones con un plan metódico y ambicioso. Confiando en que nuevos fondos vendrán a engrosar los ya concedidos, hacen cálculos para un trabajo de varios años. La expedición está diri
gida por Sir Charles Leonard Woolley. Este inglés de cuarenta y tres años, ha realizado sus primeras armas en viajes de exploración y excavaciones en Egipto, Nubia y Karkemisch, en el Éufrates superior. Para este hombre inteligente y afortunado, el Tell-al-Muqayyar constituye la gran tarea de su vida. No dirige su atención principal a la torre escalonada, como hiciera algunos lustros antes el diligente pero desprevenido Taylor. Su investigación se dirige ante todo a los montículos planos que a sus pies se alzan en la llanura.Al ojo experto de Woolley no se le escapa su forma especial, semejante a pequeñas mesetas. Planas arriba, sus pendientes descienden simétricas. Tales colinas existen en incontable número, grandes y pequeñas, en el Próximo Oriente, junto a las orillas de los grandes ríos, en medio de llanuras exuberantes, junto a las sendas y caminos por donde, desde tiempos inmemoriales, transitan las caravanas que atraviesan el país. Tan numerosas son, que hasta el día de hoy nadie ha podido contarlas.
Aparecen en el delta del Éufrates y del Tigris, en el Golfo Pérsico y hasta en las tierras altas del Asia Menor, allí donde el río Halis desemboca en el Mar Negro; en las costas del Mediterráneo oriental, en los valles del Líbano, junto al Orontes de Siria y en la vega del Jordán, en Palestina.Estos relieves del terreno constituyen las grandes minas de los arqueólogos, explotadas con todo afán y por ahora inagotables. No son obra de la Naturaleza, sino acúmulos artificiales producidos por las ruinas de incontables generaciones que nos precedieron; grandiosos montones de escombros y desperdicios del pasado, formados por los restos de cabañas y casas, murallas, templos y palacios. Todas estas colinas han adquirido su forma en el transcurso de siglos y hasta
de milenios, siguiendo el mismo proceso. Los hombres habían creado allí un primer poblado, que un buen día fue destruido por la guerra o un incendio o abandonado por sus habitantes; después vinieron unos conquistadores o nuevos pobladores, que construyeron sus moradas en el mismo emplazamiento. Generación tras generación fueron así levantando en el mismo lugar viviendas y ciudades, una tras otra.En el transcurso del tiempo las ruinas y los escombros de innumerables pueblos han ido formando, capa sobre capa y estrato sobre estrato, una colina. Los árabes de hoy llaman "tell" a esos montículos artificiales. El mismo nombre se les daba ya en la antigua Babilonia. Tell quiere decir "montón, hacinamiento"; en la Biblia encontramos esta palabra en el libro de Josué, cap. XI, versículo 13. Cuando al tratar de la conquista de Canaán se habla de las ciudades emplazadas sobre sus colinas de escombros, éstas se designan con el nombre de tulul (plural de tell). Los árabes saben distinguir con toda exactitud un tell de los relieves naturales del terreno, a los cuales designan con el nombre de yebel.
Cada Tell constituye, en realidad, un mudo capítulo de historia. Sus diferentes capas son para el arqueólogo semejantes a hojas del calendario, repasando las cuales puede aclarar el pasado página por página. Cada capa habla de una época, de su vida y sus costumbres, del arte, la cultura y la civilización de sus habitantes, con tal que se sepan leer sus indicios adecuadamente. Así han llegado los excavadores con el tiempo a r
esultados verdaderamente prodigiosos.Las piedras, talladas o no talladas, los ladrillos y los restos de arcilla atestiguan la forma cómo se construía. Hasta en las piedras carcomidas y gastadas o en los restos de ladrillos reducidos casi a polvo pueden reconocerse los perfiles de las construcciones. Y las manchas negras revelan dónde se hallaron en otro tiempo los hogares difundiendo calor.
Vasijas desmenuzadas, armas, artículos domésticos y herramientas, que se encuentran por doquier entre las ruinas, dan nuevos indicios para el trabajo detectivesco aplicado a la Antigüedad. ¡Cuánto aprecian los investigadores que los antiguos no conociesen ningún servicio urbano de recogida de basura! Lo que resultaba inútil o superfluo se echaba afuera, dejándolo expue
sto a la acción de la intemperie y del tiempo.Hoy día se conocen con tanta exactitud las diferentes formas, muestras y colores de las vasijas y los vasos, que la cerámica se ha convertido en el recurso arqueológico número uno para el cómputo del tiempo. Aún los trozos sueltos, a veces aún los mismos fragmentos, permiten fijar la fecha con toda precisión. Hasta el segundo milenio antes de J.C., el límite máximo de error en la determinación de la fecha alcanza, como máximo, ¡50 años!
Datos inapreciables se perdieron en el transcurso de las primeras grandes excavaciones, efectuadas en el pasado siglo, por no prestar atención a los trozos que parecían sin valor. Se les echaba a un lado, pues aquellos días sólo se daba importancia a los grandes monumentos, los bajos relieves, las estatuas o los tesoros. Así se perdieron para siempre muchas cosas valiosas.
Un ejemplo de ello nos lo ofrece el arqueólogo Enrique Schliemann. Poseído de gran orgullo, no tenía más que una idea: encontrar la ciudad de Troya del poema homérico. Con grandes brigadas hizo remover el suelo en profundo. Capas que hubieran podido ser de gran importancia como indicadoras del tiempo transcurrido fueron desalojadas como cascajo inútil. Al fin exhumó Schliemann de las entrañas de la tierra un valioso tesoro que causó la admiración del mundo. Pero no era, como él creía, el tesoro de Príamo. El hallazgo se remontaba a una época muchos siglos anterior. En el ardor de su tarea, Schliemann había excavado demasiado profundo. Hijo de comerciantes, era un profano en la materia.
Sin embargo, los profesionales al principio no lo hacían mejor. No hace más que unas décadas que los arqueólogos trabajan siguiendo un plan meditado. Se empieza a excavar el
Tell por la parte alta y se analiza centímetro por centímetro el suelo, estudiando cada piedra y cada fragmento. Se profundiza en la colina comenzando por practicar una entalladura. Entonces las capas de diferente coloración se ofrecen al ojo del investigador como una tarta cortada y le permiten una primera ojeada a la historia de los emplazamientos humanos que allí se sucedieron. De acuerdo con este principio se dispone a realizar sus trabajos la expedición angloamericana del año 1923 en Tell-al-Muqayyar.En los primeros días del mes de diciembre, sobre los montones de escombros del este del Ziggurat, sólo a pocos pasos de la amplia rampa por donde en otro tiempo los sacerdotes, en solemne procesión, subían al santuario del dios Luna, Nannar, se alza una nube de polvo. Empujada por el ligero viento, se extiend
e, y pronto en torno a la antigua torre escalonada aparece todo envuelto por la nube. Es fina arena que, removida por centenares de palas, indica que han empezado las grandes excavaciones.Así que la primera azada se hinca en el suelo, crece en todas las excavaciones un ambiente de tensión. La empresa representa un viaje a un reino desconocido que no se sabe qué sorpresas deparará. También Woolley y sus colaboradores están llenos de expectación. ¿Recompensarán los hallazgos el sudor y el esfuerzo empleados
en esta colina? ¿Dará a conocer Ur fácilmente sus secretos? Ninguno de los que toman parte en los trabajos puede imaginarse que permanecerán seis largas temporadas invernales, hasta la primavera de 1929, explorando esos parajes con todo afán. Estas excavaciones de gran estilo en el corazón del sur de Mesopotamia tenían que dejar al descubierto, capítulo por capítulo, la historia de aquellos lejanísimos tiempos en que, en el delta de los dos grandes ríos, se establecieron los primeros pobladores y surgió una nueva vida. A lo largo del penoso camino de la investigación que nos hace retroceder 7.000 años, más de una vez daremos con acontecimientos y nombres de los cuales nos habla la Biblia.Lo primero que aparece es un espacio con las ruinas de cinco templos que, en otro tiempo, rodeaban en semicírculo al Ziggurat contruído por el rey Ur-Nannu. Parecen fortalezas, de gruesos muros. El mayor de estos templos, con una superficie de 100 x 60 metros, estaba consagrado a la Luna; otro templo, a la veneración de Nin-Gal, esposa de Nannar. Cada uno de ellos con un patio interior rodeado por toda una serie de estancias. En ellas se ven aún las antiguas fuentes, los largos pilones de agua calafateados con asfalto, y los profundos tajos en las grandes mesas de ladrillo dejan comprender dónde eran sacrificadas las reses ofrecidas en holocausto. En los hogares situados en las cocinas de los templos eran preparadas las viandas para el banquete sacrificial. Había también hornos especiales para cocer el pan. "Después de 38 siglos — hace notar Woolley en el relato de su expedición — podrían encenderse de nuevo hogares y poner otra vez en servicio las cocinas más antiguas del mundo."
Hoy día los templos, las salas del Tribunal, las oficinas de Hacienda y las fábricas son instituciones completamente separadas unas de otras. En Ur era distinto. El distrito sagrado, bajo la administración del templo, no estaba exclusivamente reservado a la veneración de los dioses. Además de las ceremonias del culto, correspondían a los sacerdotes otras muchas atribuciones. Aparte de las ofrendas recibían, además, los "diezmos" y los impuestos, que eran debidamente inscriptos. Toda entrega era anotada en una tablilla de tierra cocida: seguramente los primeros recibos de impuestos que extendieron los hombres. Los escribientes, que eran sacerdotes, anotaban las entradas por impuestos en memorias semanales, mensuales y anuales.
La moneda acuñada aún no era conocida. Los impuestos eran pagados en especies; cada habitante de Ur pagaba con lo que podía. El aceite, el trigo, las frutas, la lana y el ganado eran guardados en grandes locales; lo que era susceptible de echarse a perder pasaba a las tiendas que existían en el mismo templo. Muchos artículos eran transformados en el mismo templo, como, por ejempl
o, en las hilanderías que dirigían los mismos sacerdotes. Uno de estos talleres sacerdotales fabricaba doce distintas clases de vestiduras. En las tablillas allí encontradas figuran los nombres de las muchachas que las tejían. Hasta figura el peso de la lana entregada a cada tejedora, y el número de (las=no) piezas que de ella resultaba estaba también anotado con toda escrupulosidad. En un edificio destinado a la administración de justicia se encontraron los textos de las sentencias, tan cuidadosamente inscriptos como en nuestros juicios actuales.Tres temporadas había estado trabajando la expedición angloamericana en el viejo Ur y este singular museo de la primitiva historia aún no había dado todos sus tesoros. Fue entonces cuando, fuera de los límites de l
os templos, los excavadores experimentan una sorpresa extraordinaria.Al sur de la torre escalonada, al explorar una serie de colinas, vieron surgir del fango paredes, muros y fachadas situadas unas junto a otras formando varias hileras. Las palas van poniendo al descubierto toda una serie de casas, un verdadero dédalo, cuyas paredes alcanzan, en algunos casos, alturas hasta de 3 metros. Entre ellas se abren paso estrechas callejas. De vez en cuando las calles desembocan en amplias plazas
Después de muchas semanas de arduo trabajo, y después de remover muchas toneladas de cascotes, aparece ante aquellos hombres una visión inolvidable.
¡Debajo de Tell-al-Muqayyar, de matices rojos, aparece a la luz del sol toda una ciudad, despertada por los incansables exploradores después de un sueño milenario! Woolley y sus colaboradores están fuera de sí de alegría. Ante ellos está Ur; ¡aquella Ur de Caldea de que habla la Biblia!
¡Con qué comodidad habían vivido sus moradores! ¡Cuan espaciosas eran sus casas! En ninguna otra ciudad del País de los Dos Ríos han salido a la luz edificios particulares tan hermosos y confortables.
Comparados con ellos los que se han conservado de Babilonia resultan humildes, hasta pobres. El profesor Koldewey, en las excavaciones alemanas realizadas a principios de este siglo, sólo encontró sencillas edificaciones de barro, de una sola planta con tres o cuatro habitaciones alrededor de un patio abierto. Así vivía la población hacia unos 600 años antes de J.C. en la tan admirada y alabada metrópoli de Ur; en cambio, 1.500 años antes vivían en macizos edificios en forma de villas, casi todos de dos plantas, contando de doce a catorce estancias. La planta baja era sólida, construida con ladrillos cocidos y la segunda con adobes; las paredes, limpiamente enlucidas con mortero y blanqueadas.
El visitante entraba por la puerta a un pequeño atrio con sus pilas de agua donde se lavaba los pies y las manos. De allí penetraban a un espaciosos y claro patio interior, cuyo suelo estaba bellamente pavimentado. Alrededor de este patio se agrupaban el recibidor, la cocina y las habitaciones, así como el altar privado. Por una escalera de piedra, debajo de la cual se escondía el cuarto de aseo, se subía al piso superior; en él las estancias se distribuían entre las propias de la familia y las de los huéspedes.
Entre las paredes derruidas volvió a surgir a la luz del día todo cuanto había pertenecido a la vida de estas casas patriarcales. Numerosas colecciones de vasijas, ánforas, vasos y tablillas de barro llenas de inscripciones formando un mosaico a través del cual podía ser reconstruida, pieza a pieza, la vida cotidiana de Ur.
Ur de Caldea a principios del segundo milenio antes de J.C. era una poderosa capital, rica y llena de magnificencia.Woolley no puede desprenderse de una idea: Abraham tuvo que haber salido un día de Ur de Caldea y seguramente vino al mundo en alguno de esos edificios patriarcales. Debió de pasar junto a los muros del gran templo y por estas calles; y, al alzar los ojos, sus miradas debieron tropezar con la poderosa torre escalonada, con sus cuadriláteros de color negro, rojo y azul rodeados de árboles. Woolley escribe entusiasmado:
"Tenemos que cambiar por completo la concepción que teníamos formada del patriarca hebreo al comprobar en qué magnífico ambiente pasó su juventud. Era ciudadano de una gran ciudad y heredó la tradición de una civilización antigua y bien organizada. Las mismas casas denotan confort, hasta casi lujo. Encontramos copias de himnos del servicio del templo y, junto a ellas, había también tablas matemáticas. En estas tablas, además de simples sumas, estaban inscritas fórmulas para la extracción de raíces cuadradas y de raíces cúbicas. ¡Y en otros textos los escribas habían copiado las inscripciones de los edificios de la ciudad y hasta una pequeña historia del templo!"
¡Abraham, evidentemente, no era un simple nómada, sino hijo de una gran ciudad del segundo milenio antes de J.C.!
¡Esto era un descubrimiento sensacional, casi increíble! Los diarios y las revistas publican fotografías de la vieja torre escalonada y de las ruinas de la metrópoli puestas al descubierto, que ofrecen un aspecto grandioso. Con sorpresa vemos un dibujo que lleva la siguiente inscripción:
"Casa del tiempo de Abraham."
Woolley lo había encargado a un artista. Es una reconstrucción que corresponde exactamente a los fundamentos. En un patio interior se ve un edificio parecido a una villa; sobre el pavimento hay dos elevadas ánforas por donde fluye el agua; una balaustrada de madera comuni
ca las habitaciones del piso superior con el patio. ¿Es que resultaría de repente errónea la clásica concepción de Abraham como patriarca, rodeado de su prole y de sus rebaños, tal como generaciones enteras se lo habían figurado?La opinión de Woolley no dejó de ser discutida. Muy pronto los teólogos y los críticos la sometieron a duras impugnaciones.
En favor de la concepción de Woolley hablaba el versículo 31 del capítulo XI del Génesis.
"Tomó, pues, Téraj a Abraham, su hijo, a su nieto Lot... y los sacó de Ur de Caldea.
Pero hay también pasajes de la Biblia que hacen mención de otro lugar: cuando Abraham manda a su siervo más viejo desde Canaán a la ciudad de Najor para que busque una esposa para su hijo Isaac, Abraham llama a este Najor su patria (Gén. 4:24) y la casa de su padre y su suelo natal (Gen. 7:24); Najor estaba situada en la Mesopotamia septentrional. Después de la conquista de la Tierra Prometida, Josué habló así al pueblo que estaba allí congregado:
"Vuestros padres — Téraj, padre de Abraham y padre de Najor — habitaron de antiguo allende el río" (Jos. 24:2). Por el río se da a entender aquí, como en otras partes de la Biblia, el Éufrates. La ciudad de Ur fue construida en la orilla derecha del Éufrates. Vista desde Canaán estaba situada en la parte de acá del río, no al otro lado de él. ¿Es que Woolley había sacado conclusiones demasiado precipitadas? ¿Qué resultados positivos había alcanzado la expedición? ¿Dónde estaba la demostración de que Téraj y su hijo Abraham eran de Ur, vecinos de una gran ciudad?
"La primitiva peregrinación desde Ur en Caldea hasta Harran, aparte de la excavación de la ciudad propiamente dicha, no ha encontrado confirmación alguna arqueológica," aclara William F. Albright, profesor de la Universidad de John Hopkins, de Baltimore (Estados Unidos). El erudito y afortunado excavador, que es tenido como un buen conocedor de la arqueología de Palestina y del Próximo Oriente, añade:
"Y el hecho notable de que los traductores griegos jamás mencionen a Ur sino a la "Tierra" natural de los caldeos, podía significar que la transferencia de la patria de Abraham a Ur era considerada seguramente como una cosa secundaria y no conocida generalmente en el siglo III antes de J.C."
Con Ur salió de las sombras del pasado la capital de los sumerios, uno de los pueblos más antiguos y cultos del País de los Dos Ríos. Los sumerios, según ya es sabido, no eran semitas como los hebreos. Cuando alrededor del año 2000 antes de J.C. tuvo lugar la gran invasión de los nómadas semitas procede
ntes de los desiertos árabes, se quebró en el Sur primero en Ur con sus extensas plantaciones y canales. Podría ser que el recuerdo de aquel grandioso éxodo a las tierras del "Fértil Creciente," del cual Ur también quedó afectada, quedase fijado en la Biblia.Escrupulosas investigaciones y, sobre todo, las excavaciones realizadas en las dos últimas décadas, parecen comprobar con visos de certeza que Abraham no fue jamás ciudadano de la gran metrópoli sumeria. Ello contradiría todas las representaciones que de él nos hace el Antiguo Testamento sobre la vida del padre de los patriarcas: Abraham vive en una tienda, con sus rebaños va de uno a otro sitio, de una a otra fuente. ¡No vive como habitante de una gran urbe, sino la vida típica de los nómades!
Mucho más al norte del "Fértil Creciente," según veremos, saldrá de repente de la oscuridad la historia de los patriarcas de la Biblia con su ambiente histórico.
3. ¿Vestigios del Diluvio Bíblico?
L
as tumbas reales de los sumerios. — Una misteriosa capa de lodo. — Huellas del Diluvio universal bajo las arenas del desierto. — Una catastrófica inundación ocurrida 4.000 años antes de J.C.ENTONCES YAHVÉ DIJO A NOÉ: "ENTRA TÚ Y TODA TU FAMILIA EN EL ARCA, PUES TE HE OBSERVADO JUSTO ANTE Mí EN ESTA GENERACIÓN... PUES DENTRO DE SIETE DÍAS VOY A HACER LLOVER SOBRE LA TIERRA CUARENTA DÍAS Y CUARENTA NOCHES Y ANIQUILARÉ DE SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA A TODOS LOS SERES QUE PRODUJE. A LOS SIETE DÍAS, LAS AGUAS DEL DILUVIO IRRUMPIERON SOBRE LA TIER
RA (Gén. 7:1-4, 10).Cuando oímos nombrar el Diluvio pensamos inmediatamente en la Biblia y en el arca de Noé. Esta extraordinaria historia del Antiguo Testamento peregrinó con el cristianismo por todo el mundo. Así se convirtió en la más conocida tradición acerca del Diluvio, aunque no es, en modo alguno, la única. En los pueblos de todas las razas existen diversas tradiciones de una gran catástrofe de esta índole. Los griegos, por ejemplo, relataban la leyenda de la inundación del Deucalión; mucho antes d
e Colón existía entre los aborígenes del continente americano el recuerdo de una gran inundación; también en Australia, en la India, en Polinesia, en el Tibet, en Cachemira, así como entre los lituanos, el relato de un diluvio ha pasado de boca en boca, de generación en generación, hasta nuestros días. ¿Es que todo eso no es más que una inmensa y coincidente fantasía, un cuento, una leyenda, es decir, un relato producto de la imaginación?Lo más probable es que unas y otras no sean otra cosa que el reflejo de una misma catástrofe universal. Tan grandioso fenómeno debió de ocurrir cuando ya había hombres que pensaban, que sobrevivieron a él y que pudieron dar cuenta de lo acontecido. Los geólogos creen poder descifrar el enigma de aquel remoto acontecimiento
mediante su ciencia, teniendo en cuenta la existencia de épocas de gran calor entre glaciales intermedias. Cuatro veces subió el nivel de los mares al fundirse lentamente la coraza de hielo, de varios miles de metros de espesor en algunos sitios que cubría los continentes. Las masas líquidas, nuevamente puestas en libertad, cambiaron el aspecto del paisaje, inundaron las costas bajas junto a los mares y los valles, destruyendo a los hombres, a los animales y al mundo vegetal. En una palabra: todos los intentos de explicación terminaban en meras especulaciones e hipótesis.Pero las hipótesis no aquietan al historiador. Éste requiere siempre una demostración palpable y material, y semejante demostración no existía; ningún científico, cualquiera que fuera su especialidad, podía demostrar su existencia. Sólo por una pura casualidad, es decir, por medio de unas excavaciones practicadas con finalidades muy distintas, se le ofreció al investigador la prueba palpable de la existencia del diluvio. Y esto sucedió en
un lugar que ya conocemos: ¡en las excavaciones practicadas en Ur!Hacía seis años que los arqueólogos americanos e ingleses estaban explorando las tierras de Tell-al-Muqayyar, las cuales, entre tanto, daban la sensación de una inmensa obra en construcción. Cuando el ferrocarril se detiene por unos instantes en este lugar, los viajeros quedan asombrados al ver los enormes montones de arena extraída de las excavaciones. Fueron removidos trenes enteros de tierra, cascotes y examinados cuidadosamente. La aren
a fue pasada por tamices y los escombros milenarios fueron manejados cual si se tratara de un valioso tesoro. La actividad, la perseverancia, el cuidado, los desvelos desplegados durante seis años habían procurado un botín considerable. Los templos sumerios con sus almacenes, sus talleres y sus tribunales, las casas de los ciudadanos constituyeron desde 1926 a 1928 hallazgos de tal importancia, que eclipsaron todo cuanto se había realizado anteriormente.Tales eran las tumbas reales de Ur — con cuyo nombre Woolley había designado, en la euforia de sus descubrimientos, los sepulcros de notables sumerios — colocadas en una larga hilera cuyo esplendor verdaderamente real, las palas habían sacado a la luz desde el interior de un montículo de arena de 15 metros de altura, situado al sur del templo. Las cámaras sepulcrales de piedra parecían verdaderas cámaras de un tesoro, pues estaban completamente llenas de todo lo de valor que en otro tiempo poseía Ur. Copas y tazas de oro; cántaros y vasos de formas maravillosas; objetos de bronce; mosaicos de madrépora en relieve; obras de lapislázuli y de plata rodeaban a los cadáveres reducidos a polvo. Arpas y liras estaban apoyadas en los muros. Un hombre joven "héroe del país de Dios," según dice de él una leyenda, lleva un yelmo de oro. Un peine de oro adornado con flores formadas con piedras de lapislázuli adorna el cabello de la bella sumeria Shub-ad, la "Lady Shub-ad," como la llaman los ingleses... Cosas tan bellas no las hubo ni en la célebre cámara nupcial de Nofrete ni en la de Tutankamon. ¡Y las tumbas reales de Ur son 1.000 años más antiguas que aquéllas!
Pero, junto a estas preciosidades, las tumbas reales ofrecieron una visión terrible y siniestra para la sensibilidad de los hombres de nuestra época que se enfrentaron ante ella con un ligero escalofrío. En el interior de las cámaras sepulcrales pudieron comprobar la presencia de auténticas yuntas. Los esqueletos de los animales de tiro estaban aún uncidos a los carros llenos de artísticos utensilios domésticos. ¡Era evidente que todo el séquito funeral había seguido a los magnates en el camino de la muerte, según daban a entender los esqueletos vestidos de fiesta y cargados de adornos que les rodeaban! Veinte eran los cadáveres que contenía la tumba de Lady Shub-ad. En otras aparecieron más de setenta.
¿Cuál fue la tragedia ocurrida un día en estas tumbas? No había el menor rastro que demostrara que los hombres sufriesen muerte violenta. Los respectivos séquitos parecen haber seguido a sus difuntos soberanos en caravana festiva, con los bueyes uncidos a los carros portadores de los tesoros del difunto. Y mientras se cerraba la tumba por fuera, ellos oraban seguramente en su interior para impetrar su último descanso. Después debían de tomar alguna droga, se agrupaban por última vez alrededor del difunto y morían voluntariamente, para así seguir sirviéndole en otra existencia.
Durante dos siglos los habitantes de Ur habían enterrado a sus personajes importantes en esas tumbas. ¡Al abrir la última y mas profunda, los investigadores del siglo XX tenían ante sí la imagen de lo que aconteció en el año 2800 antes de J.C.!
Al aproximarse el verano de 1929, la sexta campaña de exploración de las tumbas de Tell-al-Muqayyar toca a su fin. Woolley ha llevado de nuevo sus colaboradores nativos a la colina de las "tumbas reales." No la deja descansar. Quiere saber si debajo de la última tumba real el terreno puede aún dar lugar a descubrimientos en una próxima campaña de exploración.
Una vez separado el enlosado de las tumbas, un par de paletadas dan a comprender que por debajo aún siguen las capas de escombros. ¿Cuan profundamente penetrarán en la Antigüedad esos mudos medidores del tiempo?
¿Cuándo aparecerán en el fondo de esta colina, sobre la roca viva y el terreno virgen los restos del primer establecimiento humano? ¡Esto es lo que quiere averiguar Woolley! Despacio, con sumo cuidado, hace cavar pozos y comprueba personalmente la naturaleza de los materiales que se van extrayendo. "Casi en seguida — escribe en su comunicación — se realizan nuevos descubrimientos que confirman nuestras suposiciones; directamente debajo del suelo de una de las tumbas reales y en un montón de cenizas de madera quemada se encuentran numerosas tablillas de barro con inscripciones de tipo mucho más antiguo que aquellas que recubrían las tumbas. A juzgar por ellas podían pertenecer al siglo XXX antes de J.C. Eran, pues, seguramente, dos siglos más antiguas que las cámaras sepulcrales."
Los pozos se van profundizando cada vez más; aparecen nuevas capas con restos de ánforas, vasos y jarrones. El investigador comprueba con extrañeza que la cerámica sigue inalterable. Parece ser de la misma calidad que las piezas halladas en las cámaras reales. Durante los siglos la civilización de los sumerios no habría realizado progreso alguno digno de mención. En una edad extraordinariamente lejana habría adquirido un alto grado de desarrollo.
Cuando, al cabo de muchos días, los que allí trabajaban le gritan que han llegado al fondo, Woolley baja personalmente al interior del pozo para convencerse. En efecto, han terminado los restos de toda cultura. Del suelo, aún no removido, pueden recogerse los últimos fragmentos de objetos domésticos; aquí y allá se ven rastros de un incendio. "¡Por fin!" es el primer pensamiento de Woolley. Examina cuidadosamente la naturaleza del terreno que se halla en el fondo del pozo y queda perplejo: ¡es lodo, lodo como únicamente puede resultar de la sedimentación de las partículas contenidas en el agua! Pero, ¿de dónde puede proceder el lodo en aquel sitio? Woolley trata de dar con una explicación: "no puede ser más que el lodo dejado por una inundación, originado por la acumulación de partículas en suspensión en las aguas del Éufrates de otras épocas." Esta capa debió de depositarse cuando el gran río tenía su delta mucho más al interior en el Golfo Pérsico, exactamente como aún sucede junto a la desembocadura, donde la tierra avanza cada año 25 metros dentro del mar. Cuando Ur alcanzó la primera época de su esplendor, el Éufrates debía estar tan cerca que la gran torre se debía de reflejar en sus aguas, y desde la punta de su santuario se debía ver el golfo. Sobre el fondo de lodo del antiguo delta debieron de levantarse las primeras casas.
Sin embargo, mediciones y calculos realizados sobre el terreno con mayor precisión, conducen a Woolley a nuevos resultados y le inducen a sentar conclusiones muy distintas.
FIG. 3. — Restos de lodo procedentes de la gran
inundación ocurrida hacia el año 4000 a. de J.C. a. Cauce del Éufrates. — b. Capa de lodo de la inundación. c. Colinas que sobresalían a la inundación."Vi que estábamos a demasiada altura. Apenas podía aceptarse que la isla en la cual fue construido el primer asentamiento hubiese podido sobresalir tanto del curso del río."
El pozo en el cual comenzaba a aparecer la capa de lodo se hallaba muchos metros por encima del nivel del río. Ello demuestra que no pueden ser aluviones depositados por el Éufrates. ¿Qué significaba, pues, aquella capa singular? ¿Cómo se había producido? Ninguno de sus colaboradores acierta a dar una contestación satisfactoria. Así, pues, siguen excavando, profundizando el pozo. Ex
citado, mira Woolley cómo, de nuevo, van subiendo los capazos y examina su contenido. Las palas van profundizando la capa, un metro, dos metros... ¡No sale más que lodo! Al llegar a unos tres metros de profundidad, la capa de lodo termina en forma tan súbita como había empezado. ¿Qué seguirá después?Los capazos que siguieron, una vez examinados, dan una contestación que ninguno de aquellos hombres hubiera podido soñar. Se resisten a creer lo que sus ojos están viendo. Habían esperado hallar la roca viva, la tierra virgen. Pero lo que se les presenta a la luz del sol son cascotes y más cascotes. Restos del pasado, entre ellos numerosos fragmentos de cerámica. ¡Debajo de una capa de lodo de casi tres metros de espesor se han encontrado nuevamente restos de u
n asentamiento humano! Tanto el aspecto como la técnica de la cerámica ha cambiado por completo. Encima de la capa de lodo las ánforas y las cubetas habían sido evidentemente realizadas al torno; en cambio estas vasijas lo fueron con las manos. Por más cuidadosamente que se examinan los capazos que suben a la superficie del pozo, ante la creciente expectación de los exploradores, no se descubre en ellos resto alguno de metal. La herramienta primitiva que encuentran es de sílex labrado, ¡Herramientas de la Edad de Piedra!Aquel mismo día expiden un telegrama. Mesopotamia daba al mundo la noticia más sensacional que seguramente jamás le habrá conmovido la imaginación: "¡Hemos encontrado huellas del Diluvio Universal!"
El extraordinario descubrimiento realizado en Ur, llena los titulares de la Prensa en los Estados Unidos y en Inglaterra. El Diluvio, esta era la única explicación plausible ante la enorme acumulación de barro encontrado debajo de la colina de Ur, la cual, evidentemente, separaba dos civilizaciones humanas. El mar había dejado sus inconfundibles huellas en forma de restos de animales marinos mezclados en el lodo. Woolley quiso adquirir lo más pronto posible asegurarse sobre tan importante cuestión; una casualidad, aunque inverosímil, habría podido engañarle, así como a sus colaboradores. A 300 metros de distancia del primer pozo hizo abrir otro.
Las palas dejaron al descubierto un perfil idéntico: restos de cerámica, capa de barro, restos de utensilios de barro de fabricación manual.
FIG. 4. — Pozo abierto en busca del estrato del Diluvio.
Para eliminar toda duda, Woolley hace abrir otro pozo en una colina natural, en las capas de restos fragmentados donde había estado edificada la població
n, es decir, sobre un terreno situado a mayor altura que la capa de lodo.1. Estrato de las tumbas de los reyes. -2. Estrato de la cerámica fabricada al torno. - 3. Estrato de lodo (3 metros). - 4. Estrato de la cerámica anterior al Diluvio.
Más o menos, a la misma profundidad que los otros dos pozos terminan aquí los fragmentos de cerámica fabricados al torno. Inmediatamente debajo sigue la cerámica fabricada a mano. Exactamente igual a lo que Woolley había supuesto y esperado. Naturalmente, falta aquí l
a capa de lodo que las separaba."Aproximadamente a unos 16 pies (5 metros) debajo de un pavimento de ladrillos — escribe Woolley —, que con toda seguridad podríamos adscribir al año 2700 antes de J.C., estábamos en las ruinas de aquella Ur que había existido antes del Diluvio."
FIG. 5. —
Extensión de la inundación en Mesopotamia¿Hasta dónde se extendía la capa de lodo? ¿Cuáles fueron los territorios afectados por la catástrofe?
Una investigación en regla, siguiendo las huellas del gran río, se practica en otros lugares de Mesopotamia meridional. Otros arqueólogos descubren un nuevo e importante punto de referencia en Kiroch, al nordeste de la antigua Babilonia, allí donde el Éufrates y el Tigris, describie
ndo grandes curvas, se acercan uno a otro. Asimismo dan con una capa formada por aluviones, pero aquí sólo tiene medio metro de espesor. Mediante catas se llega a determinar poco a poco la extensión que alcanzaron las aguas. Según la opinión de Woolley, la catástrofe, al noroeste del Golfo Pérsico, cubrió una extensión de 630 kilómetros de longitud por 160 kilómetros de anchura. Al contemplar el mapa se saca la impresión que sólo fue según diríamos hoy un "suceso local"..., pero para los habitantes de la cuenca de estos ríos fue todo su mundo.Después de incontables investigaciones y pruebas realizadas sin un resultado positivo, hacía tiempo que se había desechado la posibilidad de descifrar el misterioso enigma del Diluvio que parecía haber tenido lugar en tiempos tan inmensamente lejanos que el hombre jamás podría alcanzar. Pero los incansables y certeros trabajos llevados a cabo por Woolley y sus colaboradores pusieron al descubierto un hecho de gran importancia para los científicos: una inundación catast
rófica que recuerda el Diluvio mencionado por la Biblia, considerado por los escépticos como un cuento o una leyenda, pero que había ocurrido en realidad y en una época histórica susceptible de ser determinada.A los pies de la vieja torre escalonada de los sumerios, en Ur, en el curso inferior del Éufrates, se podía bajar por una escalera al interior de un pozo y observar los restos dejados por una inundación catastrófica — una capa de lodo de casi tres metros de espesor — y hasta tocarla con la mano. Y por la edad de las capas formadas por los restos dejados por los pobladores de aquellos territorios en los cuales, como en un calendario, podía leerse el tiempo, resultaba posible determinar cuándo tuvo lugar la grandiosa inundación:
¡Aconteció 4.000 años antes de Jesucristo!
4. Relato de una Inundación Procedente de la Antigua Babilonia.
L
a epopeya de Gilgamesh y la Biblia. — Doce tablas de arcilla encontradas en Nínive. — Una epopeya antiquísima en la biblioteca de Assurbanipal. — Utnapishtim, ¿el Noé de los sumerios? — El secreto del monte Ararat. — Una nave gigantesca entre los restos de un ventisquero. — Expediciones en busca del Arca bíblica.DIJO, PUES, DIOS A NOÉ: "FABRÍCATE UN ARCA DE MADERA DE CONÍFERA, HAZ EN EL ARCA DIVERSAS MANSIONES Y EMBRÉALA POR DENTRO Y FUERA CON BREA" (Gén.
6:14).A principios del siglo XX, mucho antes de que Woolley descubriera Ur, tuvo lugar un hallazgo sensacional que dio ocasión a violentas discusiones en torno a la Sagrada Escritura.
Un relato antiquísimo y misterioso había surgido de las tinieblas del antiguo Oriente; era un poema heroico, compuesto de 300 cuartetas, grabadas sobre doce macizas tablillas de barro, que cantaban las maravillosas aventuras del legendario rey Gilgamesh.
El texto era asombroso: Gilgamesh hablaba, al igual que la Biblia, de un hombre que había precedido y sobrevivido a la gran catástrofe de una inundación.
¿De dónde procedía esta grandiosa y notable epopeya? Fueron unos exploradores ingleses quienes, en expediciones realizadas durante el año 50 del pasado siglo, habían encontrado aquellas doce tablillas de barro, junto con otros veinte mil textos, perfectamente ordenados, entre las ruinas de la biblioteca de Nínive, considerada como la más célebre de la Antigüedad y construida por Assurbanipal en el siglo VII antes de J.C., en la vieja Nínive, a orillas del río Tigris.
Este tesoro, de valor incalculable, existente ahora en el Museo Británico, fue embalado cuidadosamente y emprendió el largo viaje desde Nínive hasta Inglaterra.
Pero su verdadero valor no fue conocido hasta algunos lustros más tarde, cuando se hizo posible descifrar los textos.
Por aquel entonces no había nadie que pudiese hacerlo. A pesar de todos los esfuerzos, las tablillas permanecían mudas. Poco antes del 1900, en las sobrias aulas del Museo Británico, después de 2.500 años, empezó a tomar sentido uno de los más bellos poemas del Oriente antiguo, y los asiriólogos podían leer por vez primera la epopeya de Gilgamesh.
Este poema está escrito en el lenguaje cortesano y diplomático de la época del rey Assurbanipal, es decir, en acádico. La forma que presentaba en la biblioteca de Nínive la había recibido un milenio antes, en la época del gran rey Hammurabi de Babilonia, en cuya metrópoli, situada al margen del Éufrates, fue descubierto otro ejemplar. Otros hallazgos apoyan la opinión según la cual la epopeya de Gilgamesh formaba parte del tesoro cultural de todos los estados del antiguo Oriente. Los hititas y los egipcios lo traducen a sus respectiv
os idiomas y las tablillas escritas con caracteres cuneiformes encontradas en el país del Nilo dejan aún apreciar huellas claras de tinta roja en aquellos puntos que, al parecer, ofrecían alguna dificultad a los traductores egipcios.Un pequeño fragmento de arcilla nos descubre el origen de la epopeya de Gilgamesh de una manera definitiva. El mundo debe su forma primitiva a los sumerios, a aquel pueblo cuya metrópoli se había alzado en el emplazamiento de Ur.
Gilgamesh — así lo narra el texto cuneiforme de la tablilla procedente de la biblioteca de Nínive — está decidido a asegurarse la inmortalidad, y con este fin emprende un largo y aventurero viaje, en busca de su antepasado Utnapishtim, de quien espera conocer el secreto de la inmortalidad, con que fue
agraciado por los dioses. Llegado a la isla en que Utnapishtim vive, Gilgamesh le pregunta sobre "el misterio de la vida." Utnapishtim le cuenta cómo antes vivía en Shuruppak y era un fiel adorador del dios Ea. Cuando los dioses decidieron destruir el mundo por medio de un diluvio, Ea previno a su adorador y le dio estas órdenes:"Hombre de Shuruppak, hijo de Ubaratutu, / destruye tu casa / y construye un navío. / Abandona las riquezas, / ¡busca la vida! / Desprecia los bienes, / ¡salva la vida! / Mete toda simiente de vida dentro del navío. / El navío / que debes construir... / las medidas estén [bien] proporcionadas."
Todos conocemos el maravilloso relato que sigue. Ahora bien, la Biblia nos cuenta de Noé
, lo que la epopeya de Gilgamesh cuenta de Utnapishtim."Habló, pues, Dios a Noé...: Fabrícate un arca de madera de conífera... Meterás además en el arca, de entre todo viviente y todo ser animado, dos de cada clase a vivir contigo; serán macho y hembra" (Gén.
6:13).Para poder comparar los textos con mayor facilidad, citamos a continuación en la parte izquierda lo que Utnapishtim dice acerca del acontecimiento por él vivido, y en la parte derecha, lo que la Biblia refiere acerca del diluvio y de Noé.
Utnapishtim, de acuerdo con las órdenes recibidas del dios Ea, construye el navío y dice:
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El quinto día tracé su estructura. |
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La longitud del arca será de 300 codos, de 50 codos su anchura y de 30 codos su altura (Gén . 6:15). |
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Su superficie era de doce iku (unos 3.000 metros cuadrados). |
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Las paredes eran de diez gar (un gar es igual a 6 metros aproximadamente) de altura. |
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Los recubrí con seis pisos; repartí su anchura siete veces. |
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Plantas bajas, segundas y terceras le harás (Gén . 6:16). |
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Su interior lo repartí nueve veces. |
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Haz en el arca diversas mansiones (Gén. 6:14). |
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Seis sar (medida desconocida) de brea eché en el horno. |
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Y embréala por dentro y fuera con brea (Gén. 6:14).
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Cuando Utnapishtim ha terminado la construcción del navío celebra una espléndida fiesta. Sacrifica bueyes y ovejas para los que le han ayudado y les obsequia "con mosto, cerveza, aceite y vino con la misma profusión que si se tratara de agua corriente." Luego prosigue:
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Y ante las aguas del diluvio entró Noé en el arca, acompañado de sus hijos, mujer y las mujeres de sus hijos. |
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Todo lo que tenía lo cargué con toda clase de simiente de vida. Metí en el navío a toda mi familia y parentela.
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De los animales puros y de los animales que no lo son y de las aves y de todo lo que se arrastra sobre el suelo, de dos en dos vinieron hasta Noé al arca, macho y hembra, como había Dios mandado a Noé (Gén. 7:7-9). |
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Ganados del campo, animales del campo, artesanos... a todos los metí. |
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Entré en el navío y cerré mi puerta. |
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Y Yahvé cerró tras él (Gén. 7:16). |
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Cuando brilló la luz matutina, de los fundamentos del cielo se alzó una nube negra: Adad rugía allí dentro. El furor de Adad llega hasta el cielo; y toda claridad se cambia en tinieblas. |
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A los siete días las aguas del diluvio irrumpieron sobre la tierra... En ese día se hendieron todas las fuentes del gran abismo y las compuertas del cielo se abrieron (Gén. 7:10-11). |
Los dioses quedan horrorizados ante la inundación y se refugian en lo más alto del cielo, en el cielo del dios Anu. Antes de penetrar en él "se acurrucan como perros" y, afligidos y asustados por la catástrofe, protestan cabizbajos y llorosos.
¡Es ésta una descripción digna de Homero!
Mientras tanto continúa el diluvio:
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Seis días y seis noches corre el viento, el diluvio; la tempestad devasta la región. |
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Entonces acaeció el diluvio sobre la tierra durante 40 días, y se multiplicaron las aguas. Así, pues, las aguas crecieron sobre la tierra de forma que quedaron cubiertos todos los montes más altos que bajo el cielo entero existían (Gén. 7:17-19)
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Cuando llegó el séptimo día, la tempestad, el diluvio, fue vencido en la batalla, que como ejército había librado. |
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Entonces se acordó Dios de Noé... E hizo pasar un viento sobre la tierra, tras lo cual fueron menguando las aguas (Génesis 8:1). |
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Se amansó el mar, calló el huracán, cesó el diluvio. Y todo el género humano se había convertido en fango. |
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Cerráronse, pues, los manantiales del abismo y las compuertas celestes y cesó el aguacero del cielo. Con esto fuéronse desviando gradualmente de sobre la tierra las aguas, las cuales fueron decreciendo al cabo de 150 días (Gén . 8:2-3). |
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La campiña se había puesto parecida a una techumbre. |
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De esta suerte pereció cuanto ser corpóreo se movía sobre la tierra... así como toda la humanidad (Gén . 7:21). |
¡Todo el género humano se había convertido en fango! Utnapishtim, el Noé de los sumerios, describe lo que él mismo ha vivido. Los babilonios, los asirios, los hititas y los egipcios que tradujeron estas palabras o las recibieron por tradición, jamás sospecharon, como ni tampoco los modernos asiriólogos, que infatigable fue descifrar las tablillas de escritura cuneiforme, que contenían la relación de acontecimientos
, realmente sucedidos.Hoy día estamos convencidos de que el verso 134 de la tablilla XI de la epopeya de Gilgamesh tiene que transmitir el relato de un testigo ocular. Sólo un hombre cuyos ojos hayan contemplado las desoladoras secuelas de la catástrofe es capaz de describirla en forma tan patética y realista.
Sin duda que él tuvo que haber visto con sus propios ojos la inmensa capa de fango que cubrió a todo ser viviente cual una mortaja, y que dejó la campiña "lisa cual techumbre de un edificio."
La misma descripción precisa y detallada que hace de la gran tempestad abona esta suposición. En efecto, Utnapishtim habla expresamente de una tempestad procedente del sur, lo cual responde exactamente a la situación geográfica del país. El Golfo Pérsico, cuyas olas fueron arrastradas por la tempestad sobre la tierra firme, está situado al sur de la desembocadura del Tigris y del Éufrates. Utnapishtim describe hasta en los más mínimos detalles con trazos exactos los fenómenos atmosféricos característicos de aquella región y la aparición de una extraordinaria perturbación en la atmósfera: el surgir de negros nubarrones acompañados del fragor del trueno; la claridad del día que se cambia instantáneamente en tinieblas; el desencadenamiento de la tempestad, procedente del sur y que arrastra consigo las aguas.
Un meteorólogo reconoce en seguida que se trata de la descripción del origen y desarrollo de un ciclón, de un tornado. La moderna meteorología sabe hoy que los terrenos costeros de las zonas tropicales, las islas en medio del océano y, sobre todo, las cuencas inundadas de los ríos están expuestas a una especie de diluvio devastador y aniquilante, motivado por un ciclón que a menudo va acompañado de terremotos y de lluvias diluviales.
En las costas de la Florida, en el Golfo de México y en el Pacífico, funciona en la actualidad un servicio de prevensión con amplias ramificaciones, que disponen de todos los adelantos técnicos. Pero a los hombres que vivían en Mesopotamia hacia el año 4000 antes de J.C. ni siquiera un moderno servicio de previsión les hubiera sido útil.
A veces un ciclón adquiere proporciones de auténtico diluvio. Existe un ejemplo en época muy reciente.
En el año 1876 se desencadenó un ciclón de esta clase, acompañado de feroces tormentas, que penetró por el Golfo de Bengala y tomó la dirección de la costa, hacia la desembocadura del Ganges. Los mástiles de los buques que navegaban en trescientos kilómetros a la redonda del epicentro fueron abatidos. Bajó la marea. Las aguas, al retirarse, fueron empujadas por las ondas del ciclón. Una ola gigantesca fue formándose. Rompióse sobre el territorio del Ganges y las aguas del mar alcanzaron en la región del río hasta 15 metros de altura. Muchas millas cuadradas quedaron anegadas y unos 215.000 seres humanos perdieron la vida.
Utnapishtim describe a Gilgamesh, que se halla impresionado, lo que sucedió cuando la tempestad hubo cesado.
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Abrí la ventana y la luz resbaló por mis mejillas. |
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Al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho (Gén . 8:6). |
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El navío se posó en el monte Nisir.
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En el mes séptimo, día 17 del mes, descansó el arca sobre el monte Ararat (Gén . 8:4). |
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El monte Nisir retuvo al navío y no lo dejó bogar más. |
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Los textos cuneiformes de Babilonia antigua describen con suma exactitud dónde hay que buscar el monte Nisir: entre el Tigris y el curso inferior del Zabu, donde la escabrosa y escarpada cordillera del Kurdistán asciende desde las llanas riberas del Tigris. El punto indicado, como sitio de abordo de la nave, corresponde exactamente al curso que pudo seguir la ca
tástrofe una vez desencadenada en el Sur. Sabemos por Utnapishtim que Shuruppak era su ciudad natal. Esta ciudad estaba situada cerca de la actual Farah, en medio de la llanura inundada, allí donde el Éufrates y el Tigris se separan formando un amplio arco. Una marea alta procedente del Golfo Pérsico debió de empujar de seguro la nave desde allí hasta la cordillera del Kurdistán.A pesar de la expresa mención que la epopeya de Gilgamesh hace del monte Nisir, nunca se les ocurrió a los curiosos investigadores explorar este lugar en busca de los restos del navío. En cambio el monte Ararat, mencionado en el relato bíblico, ha sido objeto de verdaderas expediciones en serie.
El monte Ararat está situado en la parte oriental de Turquía, muy cerca de las fronteras del Irán y de la Unión Soviética. Su cumbre, que se eleva 5.156 metros, está cubierta de nieves perpetuas.
Durante el siglo pasado, muchos años antes de que ningún arqueólogo hundiese su azada en el suelo de Mesopotamia, las primeras expediciones emprendieron la ruta del monte Ararat. Una historia pastoril había impulsado a ello.
Hay a los pies del monte Ararat una pequeña aldea armenia, llamada Bayzit, cuyos habitantes desde muy antiguo hablan de los notables relatos de un pastor que cierto día parece que vio un gran navío de madera sobre el Ararat.
El relato de una expedición turca del año 1833 parecía confirmar la historia del pastor. En ella se hablaba de la proa de madera de una embarcación, que en tiempo de verano se dejaba ver en los ventisqueros
del sur del monte.Otro que parece haberla visto es el Dr. Nouri, arcediano de Jerusalén y Babilonia. Este dignatario eclesiástico emprendió en 1893 un viaje de exploración a las fuentes del Éufrates. A su regreso anunció haber visto los restos de un navío entre las nieves perpetuas: "Su interior — escribe — estaba lleno de nieve. Su pared exterior era de un color rojo oscuro."
Durante la primera guerra mundial, un oficial de aviación ruso, llamado Roskowitzki, anunció que había visto desde su avión en la falda sur del Ararat "los restos de un navío singular." En plena guerra, el zar Nicolás II envió inmediatamente un grupo expedicionario. Esta expedición, no sólo vio un navío, sino que lo fotografió. Pero todas las pruebas y documentos parece ser desapa
recieron durante la revolución de octubre.Existen también varias panorámicas tomadas desde aviónes conseguidas durante la última guerra. Ellas se deben a un piloto soviético y a cuatro aviadores americanos
.FIG. 6. —
El monte Ararat en el punto de confluencia de las fronteras correspondientes a Turquía, Irán y la URSS.Las últimas noticias proceden del historiador americano Doctor Aaron Smith, de Greensborough, hombre conocedor del problema del diluvio. Después de muchos años de trabajo ha reunido la historia literaria sobre la cuestión del arca de Noé. En conjunto son 80.000 las obras escritas en 72 idiomas sobre el Diluvio Universal, 70.000 de las cuales hacen mención de los restos del navío legendario.
En 1951 el doctor Smith, acompañado de 40 hombres, explora durante doce días las capas de hielo del Ararat. "Aunque no encontramos ningún vestigio del arca de Noé — declaró más tarde—, mi fe en la descripción bíblica del diluvio se ha reforzado. Volveremos."
Acuciado por el doctor Smith, el joven explorador francés de Groenlandia, Juan de Riquer, realizó en 1952 una ascensión a este monte de origen volcánico. También él descendió sin haber conseguido nada. A pesar de todo nuevas expediciones se organizan al monte Ararat.
Ninguna tradición de los tiempos antiguos procedente de Mesopotamia está tan de acuerdo con los relatos bíblicos como la de la inundación que figura en la epopeya de Gilgamesh. En algunos pasajes se encuentra hasta una coincidencia en las
palabras. No obstante existe una importante y esencial diferencia. La historia del Génesis, con la cual estamos tan familiarizados, reconoce a un solo Dios. Ha desaparecido la idea estrafalariamente pintoresca y primitiva de un cielo superpoblado de dioses, muchos de los cuales ostentan rasgos demasiado humanos, dioses que lloran, se quejan, tienen miedo y "se acurrucan como perros."La epopeya de Gilgamesh procede sin duda del mismo ambiente vital que existe en el "Fértil Creciente," dentro del cual tuvo
origen la Biblia.Gracias al descubrimiento de la capa de lodo en Ur, se ha demostrado que la antigua epopeya de Mesopotamia relataba un hecho histórico. La gran inundación ocurrida hace 4.000 años en la parte meridional de aquel país ha quedado confirmada arqueológicamente.
Pero surge una pregunta: ¿aquella inundación babilónica es en realidad el diluvio de que nos habla la Biblia?
A esta pregunta no han podido responder todavía ni la Arqueología ni ninguna otra clase de investigac
iones.
5. Abraham Vivió en el Reino de Mari.
U
n muerto de piedra. — El teniente Cabane informa sobre un hallazgo. — Un "tell" de Siria es muy visitado. — El rey Lamgi-Mari se presenta a sí mismo. — El profesor Parrot descubre un grandioso reino desconocido. — El palacio real con sus 260 salones y patios. — 23.000 tablillas de barro sobreviven cuatro milenios. — La policía de las estepas nos habla de los "benjaminitas." — La patria de Rebeca, una ciudad floreciente.Y DIJO YAHVÉ A ABRAHAM: "VETE DE TU PAÍS, DE TU PATRIA Y DE LA CASA DE TU PADRE AL PAÍS QUE YO TE MOSTRARÉ..." (Gén. 12:1).
La patria de que habla aquí la Biblia es Jarán. Allí vivían Téraj,
su hijo Abraham, su nuera Saray y su nieto Lot (Gen. 11:31).Hasta hace muy poco tiempo Jarán era completamente desconocida. Nada se sabía sobre su historia primitiva. Todos los documentos de la antigua Babilonia guardan un silencio profundo sobre la región del Éufrates medio, llamada también el país "entre los dos ríos," en el cual Jarán estuvo situada en otro tiempo.
Un hallazgo fortuito conduce en 1933 a hacer excavaciones que también aquí llevan a un gran descubrimiento verdaderamente emocionante y con ello a nuevos conocimientos. Éstos nos presentan a la bíblica Jarán y la vida de los patriarcas enmarcados en un ambiente histórico.
Sobre la línea férrea que une a Damasco y Mosul, allí donde aquélla atraviesa el Éufrates, existe la desconocida y pequeña ciudad Abu Kemal. Como Siria, después de la primera guerra mundial, se halla bajo el protectorado de Francia, acantonándo allí un destacamento francés.
Durante el verano de 1933 hace un calor asfixiante y enervador en la amplia depresión del Éufrates. Un día, el teniente Cabane, oficial del destacamento, es llamado a la oficina. Sospecha que se trata de una nueva disputa surgida entre los árabes y que él tendrá que dirimir. Presume lo que está pasando. Pero esta vez la excitación existente en la oficina parece tener otra causa. Según puede deducirse del relato de los intérpretes ocurre lo siguiente: unas personas habían intentado inhumar a un pariente fallecido, y cuando, en una colina apartada, llamada Tell Hariri, cavaban la sepultura, he aquí que había aparecido ¡un muerto de piedra!
El teniente Cabane piensa que quizá se trata de un hallazgo arqueológico que puede interesar al museo de Alepo. En definitiva un nuevo acontecimiento que viene a romper la enervante monotonía de aquel puesto de guardia, del que nadie se acuerda.
Al anochecer se dirige en su coche a Tell Hariri, situado a unos 11 kilómetros al norte de Abu Kemal, junto al Éufrates.
Los árabes le guían a través de una pendiente y, en una depresión del terreno, contempla la estatua mutilada que el día antes había excitado tanto los ánimos. Cabane no es técnico, pero se da cuenta de que la figura de piedra es muy antigua. Al día siguiente unos soldados franceses la llevan a Abu Kemal. La luz está encendida hasta después de la medianoche en la pequeña comandancia. Cabane está redactando un informe sumamente detallado sobre el hallazgo, para su oficina, para Henry Seyrig, director del Museo de Antigüedades de Beyrut, y para el Museo de Alepo.
Pasan los meses sin novedad alguna. La cosa parece carecer de importancia o haber sido olvidada. Por fin, en los últimos días de noviembre, se recibe un telegrama de París procedente del Museo del Louvre. Cabane apenas puede dar crédito a sus ojos y lee y relee la extraordinaria noticia. Dentro de pocos días llegará de Francia una relevante personalidad, el arqueólogo profesor André Parrot, y con él, hombres de ciencia, arquitectos, ayudantes y delineantes.
El 9 de diciembre se dirigen todos hacia Tell Hariri. Los arqueólogos empiezan su trabajo como investigadores. En primer lugar miden con toda precisión la colina, la fotografían hasta en sus más pequeños detalles, la examinan con aparatos percusores y analizan muestras del terreno. En este trabajo transcurre el mes de diciembre y las primeras semanas del año nuevo. El 23 de enero de 1934 es el día decisivo.
Al excavar con todo cuidado en la periferia del "tell." sale de entre los cascotes una figura pequeña y graciosa que tiene grabada una leyenda sobre su hombro izquierdo. Todos se inclinan hacia ella fascinados.
"Yo soy Lamgi-Mari... Rey... de Mari... el grande... Yasakku... que ofrenda su estatua a... Ishtar."
La lectura lenta, pausada de esta frase es escuchada por el silencioso grupo. El profesor Parrot traduce directamente los caracteres cuneiformes. Ni él ni sus compañeros de trabajo olvidarán jamás este momento de emoción. ¡Una escena fantástica y acaso única en la historia de la Arqueología, tan llena por otra parte de sorpresas y aventuras!
El soberano y rey ha saludado solemnemente a los extranjeros del lejano París y se ha presentado a sí mismo, como si quisiera mostrarles cortésmente el camino hacia su reino de antaño, que aún yace debajo de él, sumido en profundo sueño, y de cuyo esplendor y majestad los sabios de París aún no pueden sospechar nada.
Tallada en piedra, una estatua maravillosa, así aparece el rey Lamgi-Mari ante Parrot. Es una figura de ancha espalda, que inspira respeto; encontrándose sobre un plinto. Pero al rostro le falta la increíble altivez tan típica de las estatuas de otros soberanos del Oriente antiguo, en concreto de los asirios, las cuales of
recen todas sin excepción un aspecto feroz y cruel. El rey de Mari sonríe. No lleva arma alguna, sus manos están juntas religiosamente recogidas. Una túnica adornada con ricas franjas, semejante a una toga, le cubre, dejando un hombro desnudo.Casi nunca una excavación se ha visto coronada así de golpe en los primeros intentos por tan rotundo éxito como ésta. Debajo de esta colina debe yacer la regia ciudad de Mari.
Hace ya tiempo que la ciudad de Mari no es ya una incógnita para los hombres de ciencia, gracias a las muchas y antiquísimas inscripciones procedentes de Asiria. Uno de los textos llega a decir que Mari ha sido la décima ciudad fundada después del diluvio. La gran ofensiva de las azadas empieza con gran ardor a actuar sobre Tell Hariri.
Los trabajos se desarrollan desde el año 1933 al 1939, interrumpidos por grandes intervalos de tiempo. El calor tropical hace imposible toda tarea durante la mayor parte del año. Solamente se puede trabajar durante los meses más frescos en la época de las lluvias, desde mediado diciembre hasta fines de marzo.
Las excavaciones de Tell Hariri nos ofrecen una serie de nuevos descubrimientos para un capítulo aún desconocido del Oriente antiguo. Nadie sospecha aún la estrecha relación que tendrán las excavaciones de M
ari con muchos personajes de la Biblia, que nos son tan familiares.Año tras año el comunicado de la expedición da lugar a nuevas sorpresas.
En el invierno de 1933-34 es desenterrado el templo de Ishtar, la diosa de la fecundidad. Tres de los reales adoradores de la diosa han querido perpetuarse en forma de estatuas en las hornacinas del santuario recubiertas de brillante mosaico. Estos reyes son Lamgi-Mari, Idu-Narum y Ebin-II.
En el segundo período de las excavaciones las azadas tropiezan con las casas de una ciudad ¡Allí está la ciudad de Mari! A pesar de la gran satisfacción por el éxito alcanzado, los muros de un palacio que debió de tener dimensiones extraordinarias excitan más la curiosidad
y el asombro. Parrot comunica: "Son 69 las salas y patios que hemos logrado excavar hasta ahora. No se ve aún el fin."Unas 1.600 tablillas de barro con inscripciones cuneiformes, amontonadas en una de las salas, contienen noticias de carácter económico.
El comunicado que da cuenta de los hallazgos realizados durante la tercera campaña de 1935-36
, hace notar que hasta entonces habían sido descubiertas 138 salas y patios sin haber alcanzado aún los muros exteriores del palacio. Una biblioteca formada por 13.000 tablillas está esperando ser descifrada.En la cuarta campaña se procede a la excavación de un templo dedicado al dios Dagan y de un ziggurat, la típica torre escalonada de Mesopotamia. En el palacio son ya 220 las salas y patios puestos al descubi
erto y otras 8.000 tablillas se suman a las primeras.El palacio de los reyes de Mari aparece en toda su grandiosidad ante Parrot y sus colaboradores después que, en el quinto año de sus excavaciones, descubren otras cuarenta salas libres ya de cascotes. Esta colosal construcción del tercer milenio antes de Cristo cubre casi diez yugadas de terreno con sus cimientos. ¡Es un complejo formado por 260 salas y patios! Jamás excavación alguna ha hecho surgir de las tinieblas del pasado una construcción tan col
osal y complicada.Son necesarias largas hileras de camiones sólo para trasladar las tablillas escritas con caracteres cuneiformes, contenidas en los archivos del palacio: en total 23.600 documentos. A su lado quedan eclipsados los grandes hallazgos de tablillas encontradas en Nínive, ya que la célebre biblioteca del rey asirio Assurbanipal "sólo" contenía 20.000 textos.
Para conseguir una idea exacta de lo que es el palacio de Mari es necesario subir en un avión. Volando sobre Tell Hariri se obtienen varias fotografías que, al ser publicadas en una revista francesa, causan una extraordinaria admiración. Este palacio era una de las grandes maravillas del mundo hacia el año 2000 antes de J.C., la joya de la arquitectura del Oriente antiguo. De muy lejos acu
dían viajeros para admirarlo. "¡He visto Mari!" escribe entusiasmado un mercader de la ciudad fenicia Ugarit.El último rey que residió en él se llamó Zimri-Lim. Los ejércitos del célebre Hammurabi de Babilonia sometieron el reino de Mari, situado en el Éufrates medio, y destruyeron la gran metrópoli.
Bajo los techos y paredes caídos se hallaron las cenizas de los braseros de los guerreros babilónicos, las cenizas de las llamas
que el cuerpo de incendiarios del ejército utilizó para destruir el palacio.Esto no obstante no pudieron acabar con él por completo podría ser: Esto no obstante, no pudo derruirlo completamente). Quedaron en pie muros de hasta cinco metros de alto. "Y las instalaciones del palacio — escribe el profesor Parrot —
, tanto en las cocinas como en las salas de baño, podían ser puestas en servicio de inmediato aún ahora, después de cuatro milenios de la demolición, sin requerir reparaciones de ninguna clase." En las salas de baño estaban las bañeras. En las cocinas se encontraron moldes para ciertos guisos, y en las chimeneas se hallaron hasta carbones.La contemplación de las majestuosas ruinas ofrece un espectáculo imponente. Una única puerta, situada al norte, hacía más fácil la vigilancia y la defensa. Una vez se ha cruzado toda una serie de patios y corredores, se llega al gran patio interior desbordante de luz. Era éste el centro de la vida oficial y al propio tiempo de la administración del reino. El soberano recibía allí a sus empleados, a sus diplomáticos y embajadores. Amplios co
rredores conducían a las habitaciones particulares del rey.Un ala del palacio servía exclusivamente para las ceremonias religiosas. Allí estaba también instalado, al cual conducía una magnífica escalinata, el salón del trono. Un largo pasadizo llevaba a través de muchas salas al oratorio del palacio, en el cual existía la imagen de la diosa de la fecundidad, que era objeto de culto. Del recipiente que tenía en sus manos manaba sin interrupción "el agua portadora de la vida eterna."
Toda la corte vivía bajo el mismo techo que el rey. Los ministros, los administradores, los secretarios, los escribientes, tenían sus departamentos especiales.
Había una especie de oficina para los asuntos exteriores, y un ministerio de comercio en el gran palacio del reino de Mari. Sólo en ellos estaban ocupados más de cien empleados inscribiendo en las tablillas mensajes que llegaban y salían.
Maravillosas pinturas murales, de gran tamaño, daban al palacio un aspecto decorativo. Hasta nuestros tiempos han conservado toda la m
agnificencia de su colorido.Parece como si hubiesen sido realizadas ayer. Y, sin embargo, son las pinturas más antiguas del país que está situado entre los dos ríos, mil años más antiguas que los famosos frescos de las suntuosas construcciones de los soberanos asirios de Corsabad, Nínive y Nemrod.
La magnitud y la magnificencia de este singular palacio correspondían a las del reino que desde él era gobernado. Que éste fue magnífico durante varios milenios nos lo han demostrado los archivos del palacio.
FIG. 7. —
Esta pintura que figura en la Sala 106 del palacio de Mari muestra la entronización de Zimri-Lim por la diosa Ishtar.Las noticias, las actas, las órdenes de gobierno, las cuentas inscritas hace cuatro mil años por los escribientes de la corte con asiduidad extraordinaria en las tablillas de barro, han de revivir de nuevo. Hasta ahora sólo con algunos centenares ha sido posible hacerlo. En París, el profesor Georges Dossin, de la Universidad de L
ieja, y toda una serie de asiriólogos se han dedicado a descifrarlas y traducirlas. Transcurrirán muchos años antes de que puedan ser traducidos los 23.600 documentos y publicadas sus traducciones.Cada uno de ellos contiene una piedrecita del mosaico de la auténtica historia del reino Mari.
Numerosas disposiciones sobre la construcción de canales, esclusas, diques, y plantaciones de árboles a las orillas de los ríos, aparecen dando a entender que el bienestar del país dependía, en gran parte, del sistema de distribución de riegos, sistema que estaba vigilado constantemente y cuidadosamente conservado por ingenieros del Estado.
Dos tablas contienen la relación de 2.000 trabajadores con todos sus nombres y el gremio a que pertenecían.
El sistema de noticias del reino de Mari funcionaba en forma tan rápida y ejemplar, que no tendrían nada que envidiar a la telegrafía moderna. Los mensajes muy importantes eran transmitidos por medio de señales consistentes en fogatas encendidas en diversos sitios, desde las fronteras de Babilonia hasta la actual Turquía, es decir, a lo largo de 500 kilómetros, lo cual se realizaba en el transcurso de unas pocas horas.
Mari se encontraba situada en el punto de confluencia de las grandes rutas de caravanas entre el Oeste y el Este, entre el Norte y el Sur, y, por tanto, no es de admirar que el intercambio de mercancías entre Chipre y Creta, el Asia Menor y la Mesopotamia meridional, diese lugar a un activo comercio de importación y exportación, que era anotado en las tablillas de barro. Pero éstas, no sólo informaban sobre los asuntos cotidianos, sino también, en forma minuciosa, sobre los cultos, las procesiones para celebrar la entrada de un año nuevo organizadas en honor de Ishtar, los oráculos y la interpretación de los sueños. Veinticinco divinidades eran honradas en Mari. Una lista de carneros sacrificados, que solía donar Zimri-Lim, cita por sus nombres a los dioses venerados.
Gracias a numerosos y singulares relatos en las tablillas de barro, podemos formarnos la idea de que el reino de Mari era un estado del siglo XVIII antes de J.C., perfectamente ordenado y con una administración modelo. Una cosa produce admiración, y es que ni en las pinturas ni en las esculturas se han hallado representaciones de sucesos bélicos.
Los habitantes de Mari eran amoritas, sedentarios hacía mucho tiempo y amantes de la paz. Las actividades más apreciadas por ellos eran las relacionadas con la religión, la cultura, el comercio. Las conquistas, las proezas, el fragor de las armas no les interesaban gran cosa. Sus rostros, tal como aparecen en las estatuas y en las pinturas que nos los representan, irradian una alegre serenidad.
No obstante esto, la seguridad y la defensa de su país no les dejaba libres totalmente de preocupaciones bélicas. En sus fronteras, en efecto, vivían tribus nómadas de raza semita, a las cuales atraían poderosamente los ubérrimos pastos, los campos llenos de hortalizas y las tierras (de pan llevar del reino de Mari ver original). Cada vez se acercaban más a sus límites
y penetraban con sus rebaños en amplias zonas de los campos de cultivo, inquietando con esto a los colonos. Había que estar prevenidos en contra de ellos. A tal fin se instalaron puestos de observación en la frontera que servían al mismo tiempo para la vigilancia y para la defensa. Todo lo que allí sucedía era comunicado a Mari.Los asiriólogos de París descifran una tablilla procedente de los archivos de Mari. Admirados leen un comunicado de Bannum, un oficial de la Policía de la estepa, que dice así:
"Dile a mi Señor: ésta es de Bannum, tu servidor; ayer salí de Mari y pernocto en Zurubán. Todos los benjaminitas hicieron señales con fogatas. Desde Samanum hasta Ilum-Muluk, desde Ilum-Muluk hasta Mishlan, todos los lugares de los benjaminitas en el distrito de Terca contestaron con señales de fogatas, pero hasta ahora no estoy seguro de lo que tales señales significan. Ahora trato de averiguarlo. Escribiré a mi Señor si lo consigo o no. Manda reforzar la guardia de Mari y no dejes salir a mi Señor fuera de la puerta."
En este auténtico parte policíaco del Éufrates medio, del siglo XIX antes de J.C., aparece un nombre que en la Biblia corresponde a una tribu muy conocida: los benjaminitas.
De ellos se habla muy a menudo. Por lo que se ve causaban muchos quebraderos de cabeza a los soberanos de Mari, y períodos enteros de la historia del reino son designados con su nombre.
En las dinastías del reino de Mari los años de gobierno no se contaban por números, sino que eran designados por determinados acontecimientos tales como la construcción y consagración de nuevos templos, la erección de grandes presas para el mejoramiento de los riegos, el refuerzo de las defensas junto al río Éufrates, o por los censos de la población. Por tres veces mencionan las tablas indicadoras del tiempo a los benjaminitas:
"El año en que Vahdulim fue a Hên y puso su mano sobre la estepa de los benjaminitas," quiere decir: en el tiempo del reinado del soberano de Mari llamado Yahdulim, y "El año en que Zimri-Lim ha dado muerte al da
vidum de los benjaminitas...""El segundo año en que Zimri-Lim ha dado muerte al dawidum de los benjaminitas...," es decir: la época en que reinaba Zimri-Lim, el último soberano de Mari.
Un voluminoso intercambio de correspondencia entre gobernadores, hombres de estado y agentes de la administración pública gira únicamente alrededor de esta cuestión: ¿conviene arriesgarse a hacer el censo de los benjaminitas o no?
Los censos de la población en el reino de Mari no eran algo inusitado.
Ellos daban la base para organizar el gravamen e impuestos públicos, para reclutar a los ciudadanos con el fin de cumplir el servicio castrense. Con este fin la población se dividía en distritos y todos los obligados al servicio militar eran anotados en listas. Esto duraba varios días y los agentes del gobierno distribuían gratuitamente cerveza y pan. Los jefes de la administración del palacio de Mari hubieran querido alistar de muy buena gana a los benjaminitas. Pero los em
pleados del Gobierno en los distintos distritos lo han pensado mucho y advierten que aún no conocen lo bastante a estas tribus nómadas y levantiscas.
"Por lo que se refiere a un censo de los benjaminitas de que me hablas...," así da comienzo Samsi-Addu a una misiva que dirige a Iasmah-Addu en Mari. "Los benjaminitas no son muy apropiados para hacer un censo. Si se lo exiges, sus hermanos los Ra-Ab-Ba-yi, que habitan a la otra parte del río, se enterarán de ello. Estarán descontentos y no volverán más a su país. ¡No hagas jamás un censo entre ellos, te lo suplico!"
De este modo los benjaminitas quedaron privados del derecho a percibir gratis la cerveza y el pan, pero al mismo tiempo quedaron libres de los impuestos y de prestar el servicio militar.
Más tarde los hijos de Israel tendrán que realizar censos de este estilo, idénticos a los que se hacían en Mari. Es la primera vez en tiempos de Moisés, por precepto de Yahvé, después del éxodo de Egipto. Todos los hombres de más de veinte años, hábiles en el manejo de las armas, fueron registrados por familias
(Num. 1-4). Años más tarde, al finalizar su estancia en el desierto, con miras al reparto de la tierra de Canaán hace Moisés un segundo censo (Num. 26). En tiempo de los reyes, David hace entre el pueblo un nuevo censo. Ha proyectado una reorganización militar y encarga realizarla al jefe del ejército, llamado Joab (2 Sam.. 24). Yahvé, según explica la Biblia, indujo al rey David a realizar este censo a fin de castigar al pueblo. Los israelitas eran ante todo amantes de la libertad; por eso los reclutamientos y la perspectiva de una convocatoria para lo que fuera les resultaba odioso. Aún en el año 6 después de Cristo el censo ordenado por el gobernador Quirinio por poco da origen a una abierta rebelión.Es digno de notarse que el mundo debe precisamente a este pacífico pueblo de Mari el más antiguo modo de realizar un reclutamiento. Los babilonios y asirios, los griegos y los romanos, y luego los Estados modernos han copiado este modelo. En todos los países del mundo los censos para la imposición de impuestos y para el reclutamiento militar corresponden al modelo utilizado en Mari.
En París la mención de los benjaminitas es lo que despierta la curiosidad y aumenta la expectación. Y existe motivo para ello.
En efecto, en otras inscripciones cuneiformes, los asiriólogos encuentran intercalada en los comunicados de los gobernadores y hombres de estado del reino de Mari una serie de nombres muy familiares que pertenecen a la historia bíblica, tales como Péleg y Serug, Najor, Téraj y... Harán.
"Esta es la genealogía de Sem...— se dice en Gen. 11 —. Péleg contaba 30 años cuando engendro a Reú. / Había vivido Reú 32 años cuando engendro a Serug. / Serug contaba 30 años de vida cuando engendro a Najor. / Llevaba Najor 29 años de vida cuando engendro a Téraj. / Había vivido Téraj 70 años cuando engendro a Abraham, a Najor y a Harán."
Los nombres de los antepasados de Abraham surgen de la oscuridad de los tiempos antiguos como nombres de ciudades del noroeste de Mesopotamia. Situadas estas en "Padam-Aram"; la llanura de Aram. En medio de ella está Jarán, que, según reza la descripción, fue una ciudad floreciente en los siglos XIX y XVIII antes de J.C. Jarán, la patria de Abraham, la patria del pueblo hebreo, es conocida aquí por primera vez, según lo atestiguan textos de la época. Un poco más arriba, en el mismo valle Balicu, estaba situada la ciudad que como ésta llevaba un nombre bíblico, Najor, la patria de Rebeca, la esposa de Isaac.
"Era, pues, Abraham anciano, entrado en años, y Yahvé habíale bendecido en todo. Y dijo Abraham al servidor más viejo de su casa, administrador de cuanto poseía: "Pon tu mano debajo de mi muslo para que yo te tome juramento por Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, de que no tornarás para mi hijo mujer de entre las hijas de los cananeos, en medio de los cuales habito, sino que irás a mi tierra y mi parentela, a fin de tomar mujer para mi hijo Isaac"... Luego tomó el siervo cuanto de bueno tenía su señor... y se dirigió a Aram Naharáyim, a la ciudad de Najor" (Gen. 24:1-4, 10).
La ciudad bíblica Najor de pronto ha quedado ubicada con sus alrededores conocidos. El siervo de Abraham se dirigió al reino del soberano de Mari. El encargo indeclinable de su señor, según nos lo transmite la Biblia, demuestra que Abraham conoce a la perfección la parte de Mesopotamia así como la ciudad de Najor. Si no, ¿cómo podría hablar de esta ciudad? Según los datos contenidos en la Biblia puede calcularse fácilmente que Abraham abandonó a Jarán, su patria, 645 años antes que los hijos de Israel saliesen de Egipto. Ahora bien, éstos caminaron bajo la dirección de Moisés a través del desierto hasta la tierra prometida en el siglo XIII antes de J.C. Esta fecha, según veremos, ha quedado bien establecida arqueológicamente. Abraham debió por tanto de haber vivido unos 1.900 años antes de J.C. Los hallazgos de Mari comprueban cuan exactos son estos datos de la Biblia. En efecto, 1.900 años antes de Jesucristo, según los datos contenidos en el archivo de palacio, Jarán y Najor eran ciudades florecientes.
Los documentos del reino de Mari suministran por primera vez una prueba hasta ahora nunca oída; las historias de los patriarcas contenidas en la Biblia no son, como a menudo han sido consideradas, por algunos, "leyendas piadosas," sino sucesos y descripciones de hechos históricos, perfectamente enmarcados en el tiempo.
U
na ruta de caravanas de 1.000 kilómetros de longitud. — Hoy se requieren cuatro visados para recorrerla. — El país de la púrpura.— Expediciones de castigo contra los "habitantes del desierto." — Grandiosas ciudades en la costa y un interior inquieto. — La obra más vendida en Egipto trata sobre Canaán. — Sinuhe elogia el "País excelente." — El nombre de Jerusalén en vasos mágicos. — Castillos de defensa. — Sellin encuentra a Sikem. — Abraham escoge la ruta de la montaña.Y TOMÓ A SARAY, SU MUJER, A LOT, HIJO DE SU HERMANO, Y A TODA LA HACIENDA QUE HABÍA ACOPIADO Y LAS PERSONAS QUE EN JARÁN HABÍA REUNIDO, Y PARTIERON CAMINO DE LA TIERRA DE CANAÁN (Gen.
12:5).El camino desde Jarán, la patria de los patriarcas, hasta la tierra de Canaán se extiende a más de mil kilómetros en dirección sur. Descendiendo por el río Balicu llega al Éufrates, y desde allí continúa por una ruta milenaria de caravanas que, pasando por el oasis de Palmira, la bíblica Tadmor, hasta Damasco, toma luego la dirección Sudoeste, hasta llegar al lago de Genesaret. Es una de las rutas comerciales que desde las épocas más remotas conducen desde el Éufrates hasta el Jordán, desde la rica Mesopotamia hasta las ciudades fenicias en las orillas del Mediterráneo, hasta Egipto, la lejana tierra del Nilo...
Hoy día, todo aquel que quiera recorrer la ruta que Abraham siguió, se ve obligado a visar su pasaporte cuatro veces; necesita un visado de Turquía, donde está emplazada Jarán; otro de Siria para el trecho comprendido entre el Éufrates y el Jordán, pasando por Damasco, y otros dos de Jordania y de Israel, que ocupan lo que en otro tiempo fue el antiguo Canaán.
En tiempo de los Patriarcas todo esto resultaba más fácil, ya que el largo trayecto sólo atravesaba un grande estado: el reino de Mari. Los territorios de otros estados más pequeños entre el Éufrates y el Nilo podían ser rodeados fácilmente; después, el camino a Canaán quedaba libre.
La primera gran ciudad que Abraham encontró en su peregrinación, existe aún hoy día; es Damasco. El viaje en coche desde Damasco a Palestina constituye, sobre todo en la primavera, una experiencia maravillosa.
fig. 8. —
El padre de los Patriarcas siguió este camino al dirigirse desde el reino de Mari a Canaán.La antiquísima ciudad, con sus estrechas callejuelas y los oscuros pasadizos de sus bazares, con sus mezquitas y con los restos de sus construcciones romanas, se halla situada en medio de una extensa y fértil llanura. Cuando los árabes hablan del paraíso, piensan en Damasco. Ningún lugar del Mediterráneo puede compararse con esta ciudad que en cada primavera se viste con la magnificencia de variadísima
s flores.En los innumerables jardines, en los vergeles, situados junto a las murallas, crecen los albaricoqueros y los almendros, que exhiben su exuberante floración. Árboles en flor bordean la carretera, que en ligera pendiente se dirige hacia el Sudoeste. Campos ubérrimos alternan con olivares y extensas plantaciones de moreras. Por la parte alta, a la derecha de la carretera, irrumpe el río Barada, al cual debe el país su fertilidad. Allí levanta sus cumbres al cielo desde la lisa y florida llanura, es
carpado y majestuoso, el célebre Hermón con sus 2.750 metros de altura. En la falda de este monte brotan las fuentes del Jordán. Dominando los dos países, parece que la naturaleza lo ha colocado allí cual mojón fronterizo entre Siria y Palestina. Su cumbre airosa permanece cubierta de nieve hasta en verano, cuando el calor es sofocante. La impresión resulta aún más imponente al ver que a lo lejos, a la izquierda de la carretera, desaparece el verdor de los campos. Monótonas colinas de color gris, atravesadas por valles secos, se extienden hasta el encendido horizonte donde empieza el ardiente desierto de Siria.Los campos y los prados van siendo cada vez más escasos. El verdor va adquiriendo cada vez un colorido más grisáceo, propio de la arenosa estepa. Después los grandes tubos de un oleoducto cruzan la carretera. El petróleo que por ellos fluye ha realizado ya un largo recorrido; a mil quinientos kilómetros de distancia, desde las torres de sondeo de las islas Bahrein, situadas en medio del Golfo Pérsico,
empezó su viaje, que terminará en la ciudad portuaria de Saida, en el Mediterráneo. Saida es la antigua Sidón de la Biblia.Detrás de una montaña, dejada a un lado, aparece de repente el quebrado país de Galilea. Pocos minutos después es preciso pasar por la oficina de control de pasaportes. Siria queda atrás. La carretera cruza un pequeño puente, debajo de cuyo arco discurre un mísero riachuelo. Es el Jordán; nos hallamos en Palestina, en el joven estado de Israel.
Después de un viaje de 10 kilómetros entre peñas de basalto de color oscuro, el lago Genesaret centellea con su fondo color azulado. En este tranquilo lago, en el cual parece que el tiempo ha detenido su curso, predicó Jesús desde una barca ante la pequeña aldea de Cafarnaún. Aquí es donde dij
o a Pedro que echara las redes para que realizara la copiosa captura. Dos mil años antes pacieron en sus orillas los rebaños de Abraham, pues el camino de Mesopotamia a Canaán pasa junto al lago de Genesaret.Canaán es la estrecha y montañosa faja de tierra, situada entre la costa del Mediterráneo y los confines del desierto, desde Gaza al sur, hasta Hamat al norte, a orillas del Orontes.
Canaán significa "el país de la púrpura." Este nombre se debe a un producto del país muy apreciado. Ya en tiempos muy antiguos sus habitantes extraían de un caracol de mar, que se recogía en sus playas, el colorante más célebre del mundo antiguo, la púrpura. Era tan raro, tan difícil de obtener, y por consiguiente, tan caro, que sólo podían adquirirlo los potentados. Las vestiduras teñidas de púrpura eran consideradas en todas partes como signo de alta alcurnia. Los griegos denominaban "fenicios" a los fabricantes y tintoreros de púrpura establecidos en la costa del Mediterráneo, y a su país "Fenicia," que en su idioma quiere decir "púrpura."
El país de Canaán es asimismo la cuna de dos cosas, que de verdad conmovieron el mundo:
la palabra Biblia y nuestro alfabeto. Una ciudad fenicia dio su nombre a la palabra griega que significa "libro"; de Biblos, la ciudad marítima de Canaán, se formó "biblon" y después "Biblia." En el siglo IX antes de J.C. los griegos tomaron de Canaán los signos de nuestro alfabeto.Fueron los romanos quienes, empleando el nombre de los más acerbos enemigos de Israel, bautizaron la parte de este país que debió ser la patria de este pueblo con el nombre de "Palestina," palabra derivada de "Pelishtim," es decir "filisteos." Éstos son nombrados en el Antiguo Testamento y vivieron en la parte sur de la costa de Canaán.
La tierra prometida, todo Israel, se extendía, según la Biblia, desde Dan a Bersabé (1 Sam.. 3:20), es decir, desde las fuentes del Jordán, a los pies del Hermón, hasta las colinas situadas al oeste del Mar Muerto, hasta las tierras del Mediodía, el Negueb.Si observamos un globo terráqueo, veremos que Palestina es sólo una pequeña mancha comparada con la inmensidad de la tierra, un país insignificante. El antiguo reino de Israel puede recorrerse hoy cómodamente en coche en el espacio de tiempo de un día, siguiendo la línea de sus frontera
s. Tiene 234 kilómetros de Norte a Sur, 37 kilómetros de ancho por la parte más angosta, y en conjunto: 25.124 kilómetros cuadrados de superficie, que equivalen a la isla de Sicilia. Solamente durante algunos decenios de su movido pasado fue mayor. Bajo el reinado de David y Salomón, el territorio del Estado se extendía hasta el Mar Rojo, junto a Esyon-gueber por el Sur, y hasta más allá de Damasco por el Norte, introduciéndose en Siria. El actual estado de Israel con sus 20.720 kilómetros cuadrados representa una quinta parte de lo que fue el reino de sus antepasados.Nunca florecieron aquí ni la artesanía, ni la industria de modo tal que sus productos fuesen solicitados por el resto del mundo. Cruzado por colinas y por cordilleras, cuyos picos se elevan a más de mil metros, rodeado al Sur y al Este por estepas y desiertos, al Norte por las montañas del Líbano y del Hermón, al Oeste por la costa llana y arenosa, parece una mísera isla entre los grandes reinos del Nilo y del Éufrates, entre dos continentes.
Al este del Delta del Nilo termina África. Después de 150 kilómetros de anchura empieza Asia, y en su umbral se halla Palestina.Si en el curso de su accidentada historia se ve envuelta repetidamente en los grandes problemas mundiales, ello es debido a este emplazamiento. Canaán es el eslabón que sirve de lazo de unión entre Egipto y Asia. La ruta comercial más importante del mundo antiguo pasa a través de este país. Mercaderes, caravanas, tribus trashumantes y la población toda siguen este camino que después seguirán los ejércitos de los grandes conquistadores. Egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos y romanos se sirven del país y de sus habitantes para realizar sus fines económicos, estratégicos y políticos. El gigante del Nilo, potencia de primer orden en el tercer milenio antes de J.C., impulsado por intereses mercantiles, extendió sus tentáculos hasta el viejo Canaán.
"Llevamos cuarenta naves cargadas con troncos de cedros. Construimos naves de madera de cedro. Una de ellas — El "Loor de los dos Países" — tiene 50 metros de longitud. Las puertas del palacio las hicimos de madera de cedro." Tal era el contenido de la estadística de la importación de madera hacia 2600 antes de J.C. Los datos relativos a este transporte de madera bajo el faraón Snofru se hallan grabados en una tablilla de diorita negra y dura. Esta magnífica pieza se halla depositada en el Museo de Palermo. Frondosísimos bosques cubrían entonces los montes del Líbano. La noble madera de sus cedros y merus, una clase especial de las coníferas, era una madera de construcción que los faraones empleaban y apreciaban mucho.
Quinientos años antes de Abraham, florecía en las costas de Canaán el comercio de importación y exportación. El país del Nilo cambiaba el oro y las especias de Nubia, el cobre y las turquesas de las minas del Sinaí, el lino y el marfil por la plata de Tauro, los artículos de cuero de Biblos, los vasos esmaltados de Creta. Los potentados hacían teñir de púrpura sus túnicas en las grandes tintorerías de Fenicia. Para el adorno de las damas de la corte producían un bello color azul lapislázuli (los párpados teñidos de azul era entonces la gran moda) y el "stibium," el cosmético para las mejillas tan apreciado por las damas de aquella época.
En las ciudades marítimas de Ugarit (hoy día Ras-Samra) y Tiro se establecieron cónsules egipcios; la ciudad fortificada Biblos se convirtió en una colonia egipcia; se levantaron monumentos a los faraones y los príncipes tomaron nombres egipcios.
Pero si las ciudades de la costa presentan el aspecto de una vida internacional activa y próspera, pocos kilómetros tierra adentro existe un país muy diferente. Las montañas de junto al Jordán son un hervidero de inquietudes. Las agresiones de los nómadas a la población sedentaria, los tumultos, las contiendas y las guerras entre las diversas ciudades se siguen sin interrupción.
Como todo esto dificulta el paso de las caravanas a lo largo de la costa del Mediterráneo, los egipcios tienen que realizar expediciones de castigo para llamar al orden a los perturbadores de la paz. Las inscripciones contenidas en el sepulcro del egipcio Uni nos dan una idea clara de la forma en que, hacia el año 2350 antes de J.C.t tenía lugar una de estas expediciones de castigo.
El comandante militar Uni recibe del faraón Fiops I la orden de organizar un ejército. Hablando de la expedición, se expresa de la siguiente manera:
"Su Majestad combatió a los habitantes del desierto y para ello reunió un ejército en toda la parte meridional del país, al sur de Elefantina..., por todo el Norte, y entre los nubios de Jertet, de Mazoi y de Jenan. Yo fui quien trazo el plan a seguir para todos ellos..."
La gran disciplina de la potencia multicolor es objeto de muchas alabanzas; al leerlas, nos enteramos de las cosas más codiciadas que era posible hallar en Canaán como botín.
"Ninguno de ellos robó... sandalias de uno que venía por el camino...; ninguno de ellos tomó el pan de ninguna ciudad; ninguno tomo a nadie una cabra."
El comunicado de Uni anuncia con orgullo un gran éxito, y contiene al propio tiempo valiosas noticias sobre el país:
"El ejército del Rey regresó bien a su patria después de haber devastado el país de los habitantes del desierto... después de haber destruido sus fortalezas... después de haber arrancado sus higueras y sus vides, después de hacer muchos prisioneros. Su Majestad me mandó recorrer cinco veces el país de los habitantes del desierto después de cada sublevación."
Así vinieron los primeros semitas a Egipto, designados despectivamente con el nombre de "habitantes del desierto" en el país de los faraones.
Chu-Sebek, ayudante del rey egipcio Sesostris III, escribe 500 años después un comunicado de guerra, que (grabado en una lápida conmemorativa hallada en Abidos en el curso superior del Nilo) dice así
:"Su Majestad se dirigió al Norte para derrotar a los beduinos asiáticos... Su Majestad llegó a un lugar llamado Sekmen... Entonces cayó Sekmen junto con el mísero Retenu."
Los egipcios designaban a la tierra de Palestina y de Siria con el nombre de "Retenu." "Sekmen" es la ciudad bíblica Sikem, la primera ciudad de Canaán que Abraham encuentra en su peregrinación (Gen. 13:5).
Con la expedición de Sesostris III hacía el año 1850 antes de Jesucristo nos hallamos en mitad de la época de los patriarcas. Entre tanto Egipto ha puesto su mano sobre Canaán; el país está sometido a la soberanía de los faraones. Gracias a los arqueólogos, el mundo posee un único documento de esta época, una verdadera joya de las letras antiguas. El auto
r es un tal Sinuhe de Egipto. El lugar del suceso, Canaán. La época de la acción, entre 1971 y 1928 antes de J.C., bajo el reinado de Sesostris I.Sinuhe, un personaje distinguido que interviene en la corte, se ve envuelto en una intriga política; teme
por su vida y emigra a Canaán."... Cuando dirigí mis pasos hacia el Norte, llegué a la muralla de los príncipes, levantada para tener alejados a los beduinos y para reprimir a los nómadas del desierto
1. Me escondí debajo de unos matorrales por temor de que me viera la guardia de la muralla, que estaba prestando servicio allí. Cuando se hizo de noche, me puse de nuevo en camino. Al amanecer... cuando llegué junto al lago Amargo 2, caí agotado. La sed me devoraba y mi garganta estaba reseca. Entonces me dije: ¡Mi muerte está cerca! Pero, al elevar mi corazón y al arrebujar mi cuerpo, oí el mugido de los rebaños que se acercaban y a su frente vi a unos beduinos. El que hacía de guía, que había estado en Egipto, me reconoció. Me dio agua, me calentó leche y me llevó consigo a su tribu. Se portaron muy bien conmigo."Sinuhe, pues, logró huir. Pudo pasar de incógnito la gran muralla de los faraones, que se desarrollaba exactamente por donde hoy día pasa el canal de Suez. Esta "Muralla de los Príncipes" contaba entonces algunos centenares de años. Un sacerdote la menciona ya 2650 años antes de J.C. "Se construirá la "Muralla de los Príncipes," que no permitirá la infiltración de los asiáticos en Egipto. Éstos solicitan agua... para poder abrevar sus rebaños."
Más tarde los hijos de Israel atravesarán repetidas veces estas murallas; no hay otro camino para dirigirse a Egipto. Abraham será el primero que la contemple, cuando, acuciado por el hambre, se dirija al país del Nilo (Gen.
12:10).Sinuhe sigue diciendo: "Un país sucedía a otro. Llegué a Biblos 3 y después a Kedme 4; aquí permanecí un año y medio. Ammienski 5, el príncipe del "Retenu" superior 6, me tomó a su lado y me dijo:
"Lo pasarás bien conmigo; oirás hablar egipcio. Esto lo dijo porque sabía quién era yo, pues los egipcios 7 que estaban con él le habían hablado de mí."
Todo lo que le ocurrió al fugitivo de Egipto lo podemos leer y hasta con detalles de su vida cotidiana.
"Ammienski me dijo: desde luego, Egipto es bello; pero... tú permanecerás aquí a mi lado; me portaré bien contigo."
"Me puso por encima de todos sus hijos y me dio en matrimonio a su hija mayor. Me dejó elegir entre lo mejor de la tierra que le pertenecía y yo elegí una parcela que estaba situada en los confines de otro país. Era una tierra muy bella llamada Jaa. Había en ella higueras, viñas y más vino que agua. Era rica en miel y abundante en olivares. Toda clase de frutas colgaban de sus árboles. Había en ella también trigo, cebada y rebaños sin número. Mucho me proporcionó mi popularidad. Me hizo príncipe de su tribu en la parte más escogida de su país. Todos los días comía pan, carne cocida y ganso asado y bebía vino; además, caza del desierto que cobraban expresamente para mí y que me traían amén de lo que mis lebreles cazaban... y leche preparada de muy diversas formas. Así pasé muchos años y mis hijos se hicieron hombres robustos, cada uno jefe de su respectiva tribu.
"El mensajero que, salido de Egipto, se dirigía al Norte, o en dirección Sur se dirigía hacia la corte, se hospedaba en mi casa 8; yo daba a todos hospedaje, daba agua al sediento, mostraba el camino al que se había extraviado y protegía a todos los que eran asaltados.
"Cuando los beduinos salían para combatir a los príncipes de los demás países, yo les ilustraba sobre el plan de campaña, pues el príncipe de Retenu me confió el mando de sus tropas durante muchos años, y en todo país en que entraba, hacía... y... de las tierras de pastos y de sus fuentes. Me apoderaba de sus rebaños, arrojaba sus gentes y tomaba posesión de sus provisiones. Mataba a los enemigos con mi espada y mi arco 9 gracias a mi destreza y mis certeros golpes."
Entre las muchas aventuras vividas junto a los "asiáticos," parece haber impresionado profundamente a Sinuhe un combate a vida o muerte que describe hasta en sus mínimos detalles. Un "bravucón" de Retenu se burló un día de él y le retó. Estaba seguro de poder dar muerte a Sinuhe y apoderarse así de sus rebaños y de su hacienda. Pero Sinuhe, que desde su juventud había sido un buen arquero en Egipto, da muerte a aquel hombre "robusto" que se le acercaba con el escudo, el puñal y la lanza, clavándole una flecha en el duro cuello. El botín que adquiere como consecuencia de este duelo le hace aún más rico y poderoso.
Ya anciano, se apodera de él la añoranza de su patria. Y una misiva de su faraón, Sesostris I, le reclama.
"... Haz lo posible por regresar a Egipto, para que puedas ver la corte en que te formaste y besar la tierra junto a las dos grandes puertas... Piensa en el día en que serás llevado al sepulcro. Te ungirán con aceite y te envolverán en fajas de la diosa Tait 10. Te acompañará un cortejo en el día de tu sepelio. La caja será de oro y su cabeza de lapislázuli. Serás colocado en el ataúd. Te arrastrarán bueyes y el cortejo estará precedido por cantores y en la puerta de tu tumba se bailará la danza de los enanos. Recitarán en tu favor oraciones sacrificiales y se harán ofrendas en el ara. Las columnas de tu sepulcro serán de piedra caliza y se colocará entre la de los príncipes del reino. Que no suceda que mueras en tierra extraña y que los "asiáticos" te den sepultura envolviendo tu cuerpo con una piel de carnero."
El corazón de Sinuhe exulta. Se decide en seguida por el regreso. Distribuye su hacienda entre sus hijos y nombra a su primogénito "jefe de la tribu." Tal era la costumbre entre los nómadas semíticos; tal entre Abraham y sus descendientes: era el derecho hereditario de los Patriarcas, que, más tarde, se convirtió en ley para el pueblo de Israel.
"Mi tribu y toda mi hacienda pasó a ser posesión suya, lo mismo que mis gentes y todos mis rebaños, mis cosechas y todos mis árboles dulces
11. Entonces me dirigí hacia el Sur."Los beduinos le escoltan hasta los fuertes de la frontera con Egipto. A continuación un enviado del Faraón le acompaña hasta una nave que le lleva a una ciudad situada al sur de Menfis.
¡Qué contraste... entre una tienda en la residencia real y la vida sencilla y llena de peligros del pasado y de nuevo la seguridad y el lujo de una urbe ultracivilizada!
"Allí encontré a Su Majestad, sentado en el gran trono del salón dorado y plateado. Entonces llamaron a los hijos del rey. Su Majestad dijo a la reina: ¡Ahí tienes a Sinuhe, que viene hecho un asiático y convertido en beduino!
"Ella lanzó un grito y sus hijos hicieron otro tanto. Y dijeron a Su Majestad: ¿Es él en realidad, mi Señor Rey?
"Su Majestad dijo: ¡Él es en efecto!
"Fui llevado a un palacio principesco — sigue narrando con entusiasmo Sinuhe — en el cual había cosas preciosas, y... hasta una sala de baño... Había verdaderos montones de tesoros, vestiduras reales de lino; mirra y aceite del más fino; siervos del Rey a quienes él apreciaba estaban en sus aposentos; y los cocineros cumplían con su obligación. Mi cuerpo se rejuveneció. Me afeitaron y peinaron la cabellera. La sordidez la dejé en el extranjero 12, y la burda vestimenta la entregué a los nómadas del desierto. Me vistieron de finísimo lino y fui ungido con el mejor aceite del país. ¡Volví a dormir en una cama!.. De esta forma viví, honrado por el Rey, hasta que llegó el día de la separación."
No existe solamente un ejemplar de la historia de Sinuhe; han sido hallados otros varios. Debió ser una obra muy solicitada y de la cual, por tanto, se hicieron muchas "ediciones." No sólo en el Imperio Medio de Egipto, sino también en el Nuevo, parece que gustaba su lectura, según lo dan a entender las copias diversas halladas. Fue como si dijéramos un "éxito literario," el primero del mundo y justamente sobre Canaán.
Los investigadores que lo descubrieron a fines del siglo pasado se sintieron subyugados por él exactamente igual que los contemporáneos de Sinuhe; sin embargo, lo consideraron como una narración fantástica, bien hilvanada al estilo egipcio y falta en absoluto de realidad. De esta suerte el relato de Sinuhe se convirtió en una mina de información para los egiptólogos, pero no para los historiadores. Mientras se discutía sobre la interpretación que debía darse al texto, sobre su escritura, su sintaxis, se olvidaba el verdadero contenido del documento.
Sin embargo, el relato de Sinuhe ha sido rehabilitado. Hoy día sabemos que el egipcio escribió una historia verídica y objetiva sobre el Canaán de aquel tiempo, en el cual se movió Abraham.
A los textos jeroglíficos sobre las campañas egipcias debemos los primeros testimonios sobre Canaán. Concuerdan exactamente con las descripciones de Sinuhe. Por otra parte, el relato de este distinguido egipcio coincide en algunos pasajes casi textualmente con versículos que en
la Biblia aparecen con frecuencia."Pues el Señor te guía a una tierra excelente," se dice en Dt. 8:7.
"Era una tierra excelente," dice Sinuhe. "Una tierra — prosigue la Biblia — de olivares, productores de aceite y de miel." En el texto egipcio se dice: "Su miel era copiosa y numerosos sus olivares. Yo tenía pan como alimento cotidiano."
La descripción que Sinuhe hace de la vida que lleva entre los amontas en una tienda, rodeado de sus rebaños y enredado en las luchas con los orgullosos beduinos que han de alejar de sus tiendas, sus pastos y sus pozos. Corresponde exactamente a la imagen de la vida de los Patriarcas que nos pinta la Biblia. También Abraham y su hijo Isaac tienen que dirimir disputas sobre sus pozos (Génesis 21:25; 26:15-20).
Una detenida investigación nos deja ver el cuidado y la exactitud con que la Biblia reseña las verdaderas condiciones de aquella época. La gran cantidad de documentos y monumentos recientemente descubiertos nos permite una reproducción plástica y de acuerdo con la realidad de las condiciones de vida en Canaán en tiempo de los Patriarcas.
Alrededor del año 1900 antes de J.C., Canaán era un país poco poblado. En realidad podría decirse que era una "tierra de nadie." Acá y allá, en medio de campos cultivados, surge una ciudad fortificada. Las vertientes de las colinas están plantadas de higueras, viñedos y palmeras de dátiles. Los habitantes viven en continuo sobresalto, debido a que las pequeñas poblaciones, como islotes, muy es
paciadas entre sí, constituyen el objetivo de los asaltos de las tribus nómadas. Éstas se presentan con una rapidez imposible de prever, lo derriban todo y se apoderan de ganados y cosechas. Luego desaparecen con la misma rapidez, siendo imposible dar con ellas en los inmensos arenales del Sur y del Este. Sin cese es la lucha que han de sostener los agricultores y los ganaderos que están establecidos en estas tierras en contra de las tribus de bandidos que no tienen hogar fijo, cuyo techo es una tienda de piel de cabra extendida en cualquier parte del desierto a la intemperie. En esta tierra inquieta deambuló Abraham con Sara, su mujer; con Lot, su sobrino; con su servidumbre y sus rebaños.Y llegaron al país cananeo. Entonces ABRAHAM ATRAVESÓ EL PAÍS HASTA EL LUGAR DE SIKEM, HASTA LA ENCINA DE MORÉ. HABITABAN ENTONCES EN EL PAÍS DE LOS CANANEOS Y SE APARECIÓ YAHVÉ A ABRAHAM Y DIJO: "A TU DESCENDENCIA DARÉ ESTA TIERRA"; Y ÉL CONSTRUYÓ ALLÍ UN ALTAR A YAHVÉ, QUE SE LE HABÍA APARECIDO. DE ALLÁ SE TRASLADÓ A LA
En el año 1920 son encontrados junto al Nilo unos cascotes de cierta importancia, procedentes principalmente de Tebas y de Sakkarah. Arqueólogos de Berlín adquieren algunos de ellos; otros se llevan a Bruselas y el resto es entregado al gran museo de El Cairo. Manejados cuidadosamen
te por manos entendidas de expertos, los fragmentos se convirtieron de nuevo en ánforas, vasos, pequeñas estatuas. Lo que más interesa en estos objetos son las inscripciones en ellos existentes. El texto habla de amenazadoras maldiciones y execraciones como esta: "La muerte para los que profieran malas palabras o tengan malos pensamientos, para los conjuradores, para los que maquinan acciones o intenciones detestables."Éstas y otras frases por el estilo, tan poco gratas, estaban dedicadas a los empleados y dignatarios de la corte y a los señores de Canaán y de Siria.
Según una antigua superstición, en el mismo instante en que el vaso o la estatuilla se rompía, quedaba también destruida la fuerza de la persona execrada. Con frecuencia se incluía en la maldición a la familia, a la servidumbre, hasta el hogar del individuo a quien se dirigía.
Los vasos mágicos contienen nombres de ciudades, como Jerusalén (Gen.
14:19), Asquelón (Juec. 1:18), Tiro (Jos. 12:18), Aksaf (Jos. 11:1) y Sikem. Prueba convincente de que los lugares mencionados en la Biblia ya existían en los siglos XIX y XVIII antes de J.C., pues los vasos y las estatuillas son de esta época. Dos de estas ciudades fueron visitadas por Abraham: en primer lugar Jerusalén, cuando fue a ver a Melquisedec, rey de "Salem" (Gen. 14:18). Todos sabemos dónde estaba esta ciudad; pero, ¿dónde estuvo emplazada la ciudad de Sikem?En el corazón mismo de Samaria hay un valle extenso y llano, dominado por las altas cumbres del Garizzim y el Ebal. Campos muy bien cultivados rodean a Askar, una pequeña aldea de Jordania. Las ruinas de Sikem fueron encontradas en las proximidades de esta aldea al pie del monte Garizzim.
Este resultado se debe al arqueólogo alemán profesor Ernst Sellin, quien, después de unas excavaciones que duraron dos años (1933-34), vio aparecer estratos de tiempos más remotos.
Sellin encuentra restos de murallas del siglo XIX antes de J.C. Poco a poco van tomando forma un poderoso muro exterior con sólidos fundamentos, todo él construido de piedras burdamente talladas, entre las cuales se hallan las que tienen casi dos metros de grosor. Los arqueólogos designan a esta clase de mampostería "muros ciclópeos." Estas murallas se hallan reforzadas por medio de contrafuertes. Los soberanos de Sikem no só
lo habían fortificado las murallas de dos metros de ancho con pequeñas torres, sino además con otra muralla de tierra superpuesta.Las ruinas de un palacio van surgiendo también entre los escombros. Todo el conjunto de un patio, estrecho y rectangular, rodeado de algunas estancias con paredes muy gruesas, apenas si merece el nombre de palacio. Tal como Sikem aparecen las demás ciudades de Canaán, cuyos nombres hemos oído con tanta frecuencia y ante las cuales tanto temor sentían los israelitas. Salvo algun
as excepciones, las notables construcciones de aquella época nos son bien conocidas. La mayor parte de ellas fueron descubiertas en las excavaciones de los últimos treinta años. Permaneciendo ocultas durante milenios; mas ahora aparecen ante nuestra vista tal cual eran. Entre ellas existen muchas ciudades que los patriarcas vieron con sus propios ojos: Bet-El y Mispa, Guerar y Lakis, Geser y Gat, Asquelón y Jericó.Tal es la cantidad de materiales que existen hasta el tercer milenio antes de J.C., que si alguien quisiera escribir la historia de la arquitectura de las edificaciones de defensa y de las ciudades de Canaán no tendría mucho trabajo.
Las ciudades de Canaán eran plazas fortificadas, fortalezas de refugio en caso de guerra, ocasionada estas por las rápidas incursiones de las tribus nómadas, ya por las enemistades entre ciudades vecinas. Las poderosas murallas rodeaban un espacio limitado, cuya superficie apenas era mayor que la plaza de San Pedro en Roma. Toda plaza fuerte estaba surtida de agua, pero ninguna de ellas hubiera podido subsistir de manera permanente con una población numerosa. Al lado de los palacios y de las metrópolis de Mesopotamia estas ciudades carecen de importancia; cada una de la mayor parte de las ciudades de Canaán hubieran podido caber cómodamente dentro de los confines del palacio de los reyes de Mari.
En Tell-el-Hesi, seguramente el bíblico Eglon, la antigua muralla ceñía una superficie de media hectárea. La de Tell es-Safy (la antigua Gat), 5 hectáreas; la de Tell el-Mutesellim (la antigua Meguiddo), más o menos lo mismo; la de Tell el-Zakariyah (el Azeka bíblico), menos de 4 hectáreas; Geser (en el camino de Jerusalén al puerto de Haffa) tenía 9 hectáreas de zona edificada. Hasta en el reconstruido Jericó, el espacio rodeado por el muro interior, lo que era propiamente la acrópolis, tenía sólo una superficie de 2,35 hectáreas. Y Jericó era una de las fortalezas más importantes del país.
Las encarnizadas luchas de los jefes de las tribus estaban a la orden del día. Faltaba la mano ordenadora de una autoridad superior. Cada jefe mandaba en su territorio. Nadie podía mandarle y hacía lo que le venía en gana. La Biblia llama con el nombre de reyes a los jefes de cada tribu; por lo que se refiere al poder y a la independencia, tiene razón.
Entre el señor de una ciudad y sus súbditos privaba un sentimiento patriarcal. Dentro de las murallas vivían sólo el señor, las familias patricias, los delegados del Faraón y los mercaderes ricos. Sólo ellos habitaban en edificios firmes, sólidos, casi todos de una sola planta, que alrededor de un patio abierto ofrecían de cuatro a seis habitaciones. Las casas de los patricios con un segundo piso eran relativamente raras. El resto de la población (la gente del séquito, los siervos, los criados) vivían en chozas sencillas de barro o de follaje, fuera de los muros. Su vida debió de ser muy miserable.
Desde el tiempo de los más remotos antepasados existen dos caminos en la llanura de Sikem. Uno de ellos baja al valle del Jordán; el otro se dirige a las solitarias alturas del sur hasta Bet-el y continúa, pasando por Jerusalén, hasta el Negueb, la tierra del Mediodía de la Biblia. El que recorre este camino sólo encuentra sobre el país montañoso de Samaria y Judea algunas pequeñas poblaciones: Sikem, Bet-el, Jerusalén y Hebrón. El que escoge la vía más cómoda encuentra las ciudades más importantes y las fortalezas más considerables de los cananeos en los ubérrimos valles de la llanura de Yezreel, en la fructífera tierra de la costa de Judá y en medio de la exuberante vegetación del valle del Jordán.
Para su primer viaje de información a través de Palestina, Abraham eligio el camino más solitario y fatigoso que se dirige hacia el Sur a través de la montaña. Allí las vertientes de los montes cubiertos de bosques ofrecían al forastero cobijo, refugio y, en los claros, ricos pastos para los rebaños. Más tarde él mismo con su gente siguió estos caminos montañeros. Lo mismo hicieron repetidas veces otros patriarcas. Aunque los valles fructíferos de la llanura le atraían poderosamente, Abraham prefirió cruzar el país por la montaña. Es que los arcos y las hondas que él y los suyos llevaban no podían competir con las espadas y las lanzas de los cananeos en el caso de una contienda.
1."Nómadas del desierto" y también "cruzadores del desierto" eran nombres despectivos que los egipcios gustaban de aplicar a vecinos del Este y del Nordeste. Entre éstos figuraban las tribus de Canaán y Siria.
2. Los lagos conocidos aún hoy día con este nombre en el istmo de Suez.
3
. Ciudad marítima fenicia situada al norte de la actual Beirut.4. Territorio desértico situado al este de Damasco.
5. Nombre semita, occidental, amorita.
6. Nombre del país montañoso situado al norte de Palestina.
7. Encargados por el faraón habitaban entonces por todo Canaán y Siria.
8. Esto hace pensar en un activo tráfico entre Egipto y Palestina.
9. El arco es el arma típica de los egipcios.
10. Embalsamamiento.
11. Palmeras de dátiles.
12. Es decir, la suciedad de la cual se limpia.
7. Abraham y Lot en el País de la Púrpura.
H
ambre en Canaán. — Una familia del tiempo de los patriarcas en una pintura de la época. — Licencia de inmigración para el pastoreo en el Nilo. — El enigma de Sodoma y Gomorra. — Mr. Lynch explora el "Mar de la Sal." — La grieta más amplia de la tierra. — Bosques hundidos en el mar Muerto. — El valle del Siddim conducía a la hondonada. — Columnas de sal en Yebel Usdum. — Junto al terebinto de Abraham.MAS SOBREVINO HAMBRE EN EL PAÍS Y ABRAHAM BAJÓ A EGIPTO PARA RESIDIR ALLÍ TEMPORALMENTE. PORQUE ERA EN EL PAÍS MUY RECIA EL HAMBRE (Gen.
12:10).El mundo debe a la aridez del desierto egipcio la conservación de una notable serie de textos, muchos de los cuales nos hablan de las inmigraciones de familias semíticas en la tierra del Nilo. El documento más bello y gráfico de todos es sin duda una pintura.
A mitad de camino entre las antiguas ciudades faraónicas de Menfis y Tebas, 3.000 km. al sur de El Cairo, emplazado junto al Nilo entre verdes campos y bosques de palmeras, se halla el pequeño poblado de Beni-Hasan. Aquí desembarcó en el año 1900 el inglés Percy A. Newberry con el encargo oficial de El Cairo de examinar alguno de los monumentos sepulcrales. El Egypt Exploration Fund financia la e
xpedición.Los monumentos funerarios se encuentran a la salida de un valle desértico, donde yacen asimismo los restos de antiguas canteras y de un gran templo.
Semana tras semana son separados los montones de piedras y los restos de columnas rotas del camino que conduce a la entrada de la peña, detrás de la cual se esconde la última morada del príncipe egipcio Chnem-Hotep. Los jeroglíficos, inscriptos en una pequeña antesala, contienen el nombre del difunto. Era el soberano de esta comarca del Nilo que antes se llamaba el "Cantón de las Gacelas." Chnem-Hotep vivió en tiempo del faraón Sesostris II, hacia el año 1900 antes de J.C.
Después de muchos días de trabajo, Newberry consiguió por fin penetrar en una soberbia sala, excavada en la roca. A la luz de unas antorchas distingue tres bóvedas y dos hileras de columnas que se yerguen airosas desde el suelo. Las paredes están adornadas con unas pinturas de magníficos colores. Representan escenas de la vida del príncipe: cacerías, recolección de frutos, danzas y juegos.
En uno de los paneles de la pared Norte, junto a un retrato del príncipe, del tamaño natural, Newberry descubre unos tipos extranjeros. Van vestidos de diversa manera como se estila entre los egipcios; su piel es más clara y sus perfiles son duros. Dos empleados egipcios, colocados en primer término, presentan evidentemente el grupo de extranjeros al príncipe. ¿Quiénes son estos personajes? Los jeroglíficos que figuran en unas inscripciones trazadas junto a la mano de uno de los egipcios dan la c
ontestación a esta pregunta: son "habitantes del desierto," es decir, semitas. Su jefe se llama Abisay. Éste ha llegado a Egipto con treinta y seis hombres, mujeres y niños de su clan y trae regalos para el príncipe, entre los cuales es expresamente nombrado el destinado a la princesa, cierto precioso "stibium" 1.Abisay es un nombre eminentemente semita, y aparece en la Biblia durante el reinado del segundo rey de Israel: "Tomando David la palabra, habló a... Abisay, hijo de Seruyá..." (1 Sam.. 26:6). El Abisay de la Biblia era hermano del jefe del ejército, Joab, malquisto por el pueblo de Israel, bajo el reinado de David, hacia el año 1000 antes de J.C., cuando Israel era un gran reino.
FIG. 9. —
Familia semita de la época de los Patriarcas en el muro de la tumba del Principe en Beni-Hasan, junto al Nilo.El artista a quien el príncipe Chnem-Hotep encargó el adorno de su tumba ha representado a los "habita
ntes del desierto" con un cuidado singular.Esta pintura tan realista y sumamente expresiva causa el efecto de una fotografía en color. Parece como si esta familia de semitas se hubiese detenido sólo un instante y como si los hombres, las mujeres, los niños y los animales tuviesen que ponerse de nuevo en movimiento y avanzar. Abisay, a la cabeza del cortejo, saluda al príncipe con una ligera inclinación de la diestra, mientras con la izquierda, cogiendo una pequeña cuerda, guía un macho cabrío, que lleva
entre los cuernos un palo curvo, o sea el cayado pastoril.Este cayado pastoril era para los nómadas una cosa tan típica, que los egipcios, en sus inscripciones, lo utilizaban para designar a estos extranjeros.
Por lo que se refiere a la indumentaria, tanto su clase como su colorido han sido representados con conocimiento de causa. Los mantos rectangulares de lana, que en los hombres llegan hasta la rodilla y en las mujeres hasta las pantorrillas, están abrochados sobre uno de sus hombros. Adornados con vistosas franjas sirven a la vez de abrigos, y nos traen a la memoria la célebre "túnica multicolor" que Jacob mandó hacer para su hijo preferido José y que excitó aún más el rencor de sus hermanos (Gen. 37:3).
Una barba puntiaguda adorna el rostro de los hombres y el pelo color azabache de las mujeres cae libremente sobre el pecho y las espaldas, ceñido a la frente con una cinta blanca. El pequeño rizo de junto a las orejas parece haber sido moda en aquella época. Los hombres llevan sandalias, las mujeres zapatos de color pardo oscuro.
En recipientes artísticamente cosidos y confeccionados con pieles de animales llevan sus raciones de agua. Las armas de que van provistos son arcos y flechas, pesados dardos y venablos. Hasta traen consigo su instrumento preferido: uno de los hombres tañe la lira de ocho cuerdas. Con este instrumento, según indica la Biblia, solían acompañarse algunos salmos de David. "Para instrumentos de cuerda, en octava baja," se dice al principio de los salmos 6 y 12.
Habiendo sido realizada esta pintura hacia el año 1900 antes de J.C., es decir, en la época de los patriarcas, podemos figurarnos muy bien a Abraham y a su familia. Después de pasar la frontera egipcia debió de suceder una escena semejante. La filiación personal de los extranjeros era tomada en los fuertes fronterizos exactamente igual a como se hacía en los territorios del príncipe Chnem-Hotep.
Sucede de igual modo hoy cuando se va a un país extranjero. Claro que entonces no eran conocidos los pasaportes; pero las formalidades burocráticas ya hacían difícil la vida a los extranjeros. Aquel que quería ir a Egipto tenía que declarar sus datos personales, el motivo de su viaje y la duración aproximada de su estancia. Todos estos datos eran inscritos escrupulosamente por un empleado sobre papiro con tinta roja y remitidos por un mensajero al oficial de la frontera, quien decidía si podía ser concedido el permiso de entrada. Pero éste no dependía solamente de su voluntad. Los empleados de la administración en la corte de los faraones daban las directrices indicando, incluso, cuáles eran los pastizales que podían ser puestos a disposición de los nómadas inmigrantes.
Para los nómadas de Canaán, Egipto era en tiempo de hambre un país al cual podían acudir, y a veces era su única salvación. Cuando su patria estaba requemada, el país de los faraones ofrecía siempre pastos en abundancia, gracias a las inundaciones regulares del Nilo en el transcurso del año.
Por otra parte, la riqueza tradicional de Egipto atraía con mucha frecuencia a rapaces nómadas, a bandidos, a quienes interesaban no ya los pastos del Nilo, sino los graneros y los magníficos palacios. Muchas veces sólo podían ser arrojados por la violencia. Para proteger al país contra semejantes intrusos y para poder vigilar mejor las fronteras, se empezó a construir, en el tercer milenio antes de Jesucristo, "la gran muralla imperial," formada por toda una cadena de fortalezas, torres de vigía y bases militares.
Sólo en la oscuridad de la noche el egipcio Sinuhe, que conocía muy bien el terreno, pudo atravesarla furtivamente.
Unos 650 años después, en tiempo de la huida de Egipto, la frontera estaba cuidadosamente vigilada; Moisés sabía demasiado bien que la huida de aquel país contra la voluntad del Faraón era imposible. Los puestos de guardia habrían dado en seguida la voz de alarma, despertando a la tropa. Cualquier intento de forzarla era impedido por los certeros tiradores y por los rápidos carros de guerra. Este fue el motivo por el cual el Patriarca
, que conocía bien el terreno, eligió otro camino completamente desacostumbrado. Moisés, en efecto, condujo a los hijos de Israel hacia el Sur, hacia el Mar Rojo, donde la muralla no existía.Después del retorno a Canaán, Abraham y Lot se separan, pues "
el país no les permitía morar juntamente, porque la hacienda de ellos era mucha y no podían habitar juntos. Por lo cual hubieron de suscitarse riñas entre los pastores del ganado de Abraham y los pastores del ganado de Lot... Dijo, pues, Abraham a Lot: "No haya contienda entre los dos, ni entre mis pastores y tus pastores, ya que somos parientes. ¿No esta todo el país ante ti? Sepárate, por favor, de mi. Si te diriges a la izquierda, yo iré a la derecha, y si tomas la derecha, yo tiraré a la izquierda" (Gen. 13:6-9).Abraham dejó elegir a Lot. Desaprensivo, cual suelen ser los jóvenes, Lot se decide por la mejor parte, la región del Jordán. Rica en agua hasta llegar a Segor (Gen.
13:10) y bendecida con una frondosa vegetación tropical, "como el jardín del Señor, se parecía a Egipto" (Gen. 13:10).Desde las montañas cubiertas de bosque del corazón de Palestina, Lot se dirige al Este con su clan y sus rebaños; penetra en el valle del Jordán en dirección Sur y por fin pone sus tiendas en Sodoma. Al sur del Mar Muerto se extiende una de las llanuras más fértiles,
"el valle Siddim, donde esta emplazado ahora el Mar de la Sal" (Gen. 13:3). La Biblia pone en este valle cinco ciudades: Sodoma, Gomorra, Adamá, Seboyim y Bela (Gen. 14:2).En la misma Biblia encontramos el relato de un acontecimiento bélico relacionado con la historia de estas cinco ciudades: "Hicieron guerra a Bera, rey de Sodoma; a Birsa, rey de Gomorra; a Sinab, rey de Adamá; a Semeber, rey de Seboyim, y al de Bela, esto es, de Segor" (Gen. 14:2).
Los reyes del valle Siddim habían sido tributarios del rey Codor-Laomor durante doce años; pero en el año decimotercero se rebelaron. Codor-Laomor pidió entonces ayuda a los tres reyes que estaban con él coligados. Una expedición de castigo debía hacer recordar sus deberes a los rebeldes. En la lucha sostenida por los nueve reyes los de las cinco ciudades del valle Siddim fueron vencidos; sus residencias fueron entregadas al pillaje e incendiadas. Entre los prisioneros capturados por los reyes extranjeros se encuentra también Lot. Pero es libertado por su tío Abraham (Génesis, 14:12-16), quien con su servidumbre persigue como una sombra a los cuatro reyes que se retiran victoriosos. Desde un seguro escondrijo lo observa todo sin ser advertido. Da tiempo al tiempo. Por fin, primero en Dan, después en la frontera septentrional de Palestina, parece haberse presentado una ocasión oportuna. Rápido, amparado por las sombras de la noche, se lanza sobre sus enemigos y en la confusión producida puede salvar a Lot. Sólo quien desconoce la táctica de los beduinos leerá con escepticismo esta narración.
Entre los habitantes de aquel país ha perdurado hasta nuestros días el recuerdo de esta expedición. Se refleja en el nombre de un camino que, por la parte oriental del Mar Muerto, se dirige al Norte hasta la vieja tierra de Moab. Los nómadas de Jordania lo conocen muy bien. Y, cosa notable, entre los nativos del país es designado con el nombre de la "Calzada de los Reyes." En la Biblia volvemos a encontrarle, aunque aquí tiene el nombre de "camino real," de "camino seguido," por el cual los hijos de Israel querían pasar a través de los dominios de Edón para dirigirse a la tierra prometida (Num. 20:17-19).
Pasado el tiempo los romanos utilizaron la "Calzada de los Reyes" y la reconstruyeron. Parte de ella forma parte hoy día de la red de carreteras que recorren el nuevo estado de Jordania. Perfectamente visible desde un avión, el antiguo camino atraviesa el paisaje como una franja osc
ura "Y el Señor dijo: "El clamor de Sodoma y Gomorra es en verdad muy grande y sus pecados se han agravado mucho"... Entonces Yahvé llovió desde el cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, procedente de Yahvé. Destruyo, pues, estas ciudades y toda la llanura, con todos los habitantes de las ciudades y las plantas del suelo. Y su mujer, habiendo vuelto la vista hacia atrás, trocóse en columna de sal... Por su parte Abraham... vio que subía de la tierra humo como la humareda de un horno"" (Gen. 18:20; 19:24-28).
La siniestra energía de esta narración bíblica ha impresionado siempre profundamente las conciencias de los hombres. Sodoma y Gomorra se convirtieron en el símbolo de la depravación y de la impiedad y se citan cuando se habla de una destrucción completa.
Los hombres, cuando se encuentran ante hechos inexplicables, tienen que buscar en su fantasía procesos terroríficos, como lo demuestran numerosos relatos de los tiempos antiguos. Cosas notables y casi increíbles han de haberse desarrollado junto al Mar Muerto, el mar de la Sal, donde, según la Biblia, tuvo lugar la catástrofe.
Según una leyenda, el general romano Tito condenó a muerte a unos esclavos, mientras duraba el sitio de Jerusalén del año 70 después de J.C. Los sometió a rápido proceso, los hizo atar con cadenas y los hizo arrojar al mar que se extendía junto a las montañas de Moab. Pero los condenados no se ahogaron, y tantas veces fueron arrojados al agua, otras tantas, flotando como corcho, salieron a tierra. Tan extraño suceso impresionó a Tito de tal manera que los perdonó.
Flavio Josefo, que escribió la historia del pueblo judío y pasó en Roma la última parte de su vida, menciona repetidas veces "el lago de Asfalto." Los griegos hablaban también de gases venenosos que, según ellos, se desprendían en muchas partes de este mar. Y los árabes refieren que desde hace mucho tiempo ningún pájaro ha podido alcanzar la orilla opuesta, porque, al atravesar la superficie del agua, los animales caen privados de vida.
Estas y otras historias similares de carácter legendario eran seguramente conocidas; pero hasta hace unos años no se tenía un conocimiento exacto del raro y misterioso mar de Palestina. Ningún hombre de ciencia lo había explorado.
En el año 1848 los Estados Unidos toman la iniciativa y organizan una expedición al enigmático Mar Muerto. Ante la pequeña aldea de Akko, 15 km. al norte de la actual Haifa, un día de otoño de 1848, la playa estaba llena de hombres que con vivo interés realizaban una extraña maniobra.
W. F. Lynch, geólogo y jefe de la expedición, ha hecho desembarcar del buque anclado en la playa dos botes metálicos, que luego son colocados con todo cuidado en unos carromatos con ruedas de gran tamaño. Los carromatos emprenden la marcha, arrastrados por caballos. Al cabo de tres semanas, y después de indescriptibles dificultades, se ha realizado el transporte a través de las tierras altas de la Galilea meridional. Los dos botes son arrojados al agua en el Tiberíades.
Las medidas de altura ordenadas por Lynch en el lago de Genesaret dan lugar a las primeras sorpresas de esta expedición. En el primer momento cree se trata de un error; pero las medidas de control confirman los resultados: ¡la superficie del lago de Genesaret, conocido en todo el mundo por la vida de Jesús, se halla situada a 208 metros por debajo del nivel del Mediterráneo! ¿A qué altura brota el Jordán, que atraviesa este lago?
Algunos días después, W. F. Lynch se halla en una vertiente del monte Hermón, que está cubierta de nieve. La pequeña aldea de Baniyas surge entre restos de columnas y de puertas. Unos árabes conocedores del terreno le guían a través de un bosque de adelfas hasta una cueva obstruida por las piedras y guijarros en la escarpada pared calcárea del Hermón. Desde sus profundidades se oye el murmullo del agua que, límpida, sale al exterior. Ésta es una de las tres fuentes del Jordán. Los árabes designan a este río con el nombre de Seri’at el Kebir, es decir, "Gran Río." Aquí estuvo situado el antiguo Panium; aquí hizo construir Herodes en honor de Augusto un templo al dios Pan. Junto a la cueva del Jordán existen unos nichos en forma de concha, cavados en la dura peña.
"Sacerdote del dios Pan"... Puede aún leerse claramente la inscripción griega. En tiempos de Jesús era honrado junto a esta fuente del Jordán el dios de los pastores de los griegos, con la flauta en los labios cual si quisiera entonar una canción para acompañar el curso del río. Sólo 5 km. al este de esta fuente estaba situada la bíblica Dan, la aldea más septentrional de aquel país, citada con frecuencia en la Biblia. También allí mana una clara fuente en la vertiente meridional del Hermón. Un tercer manantial que se transforma en un arroyo baja de un valle situado a mayor altura. La superficie del valle está un poco más arriba de Dan, a 500 metros sobre el nivel del mar.
Allí donde el Jordán, 20 km. al Sur, alcanza el pequeño lago de Hule, su cauce ha bajado ya a 2 km. sobre el nivel del mar. Después, el río va bajando en forma abrupta durante otros 10 km. hasta llegar al lago de Genesaret. En su curso, desde las vertientes del monte Hermón, ha recorrido una distancia de 40 km, con un desnivel de 700 metros.
Desde el lago de Tiberíades los expedicionarios americanos recorren los numerosos meandros del Jordán, río abajo. Cada vez la vegetación es más escasa y sólo en las orillas crecen espesos matorrales. Dominado por el sol implacable aparece un oasis a la derecha; es Jericó. Poco después han llegado a su destino. Entre penas verticales, como talladas a pico, se extiende ante ellos la gigantesca superficie del Mar Muerto.
FIG. 10.
Representación del curso descendente del Jordán.Lo primero es tomar un baño. Los hombres que se introducen en el agua tienen la sensación de ser elevados de nuevo como si llevasen salvavidas. Los antiguos relatos no han mentido. En este mar nadie puede ahogarse. El sol ardiente seca la piel de los cuerpos casi instantáneamente. La delgada capa de sal que ha quedado en ella la tiñe de blanco. No hay aquí ni peces, ni moluscos, ni algas, ni corales...; por este mar no se ha deslizado nunca un barc
o de pesca. No existen ni frutos del mar ni frutos de la tierra, pues sus orillas son áridas y desoladas. Grandes cantidades de sal cubren la playa y las peñas de la montaña, haciéndolas brillar como el diamante. El aire se halla saturado de olores fuertes y acres. Huele a petróleo y a azufre. Manchas aceitosas de asfalto (la Biblia lo designa con el nombre de "betún": Gen. 15:10) sobrenadan en las olas. Ni el cielo azul y luminoso ni el sol brillante son capaces de dar vida al paisaje.FIG. 11 —
El Mediterráneo y la depresión del Jordán.Los botes americanos cruzan el Mar Muerto durante veintidós días. Toman muestras del agua, las analizan, y de tiempo en tiempo echan la sonda al fondo del mar. ¡La desembocadura del Jordán, en el Mar Muerto, se halla a 394 metros por debajo del nivel del Mediterráneo! De haber una comunicación con este mar, el Jordán y el lago de Genesaret, situado a la distancia de 105 kilómetros, desaparecerían. ¡Se formaría un grandioso ma
r interior que se extendería casi hasta la orilla del lago Hule!"Cuando estalla una tempestad encajonada entre las peñas — escribe Lynch — las olas, como martillazos, golpean las paredes del bote; pero la elevada densidad del agua hace que se aplaquen al cabo de poco tiempo, así que el viento deja de soplar."
Por el relato de la expedición se entera el mundo por primera vez de los hechos sorprendentes: el Mar Muerto tiene casi 400 metros de profundidad; ;el fondo del lago se halla, pues, a 800 metros bajo el nivel del Mediterráneo! El agua del Mar Muerto contiene un 25 % de substancias sólidas, especialmente cloruro de sodio, es decir, sal común. Los océanos contienen, en cambio, tan sólo del 4 al 6 % de sal. El Jordán y muchos riachuelos desembocan en el
lago, que tiene 76 km. de longitud por 17 de anchura y que no ofrece desagüe alguno. Bajo el ardiente sol, cuyos rayos caen sobre la superficie del mar, se evaporan día tras día 8 millones de metros cúbicos de agua. Las sustancias químicas que los afluentes llevan consigo se van depositando en el fondo del lago, cuya superficie es de 1.292 kilómetros cuadrados.Al empezar este siglo, las excavaciones en Sodoma y Gomorra despiertan un interés no menor que las realizadas en otras zonas de Palestina. Los exploradores se dedican a la busca de las ciudades desaparecidas que, en la época bíblica, debieron estar situadas en "el valle Siddim."
En el extremo SE. del Mar Muerto se encuentran los restos de un gran poblado. Los árabes lo designan, aún hoy día, con el nombre de Soar. Los exploradores se regocijan al saberlo, pues precisamente Soar era una de las cinco ricas ciudades del valle Siddim que habían rehusado el pago de tributos a los cuatro reyes extranjeros. Pero las excavaciones realizadas a mane
ra de prueba causan una decepción.La época de las ruinas que van apareciendo demuestra que se trata de los restos de una ciudad que existía en la temprana Edad Media. Del antiguo Soar del rey de Bera (Gen.
14:2) y de las residencias anejas no se encuentra rastro alguno. En cambio, muchos detalles encontrados en los alrededores del Soar de la Edad Media dan idea de una población muy densa que debió existir en aquel país en época muy temprana.Hoy día podemos afirmar, con completa seguridad, que toda búsqueda de Sodoma y Gomorra que se pretenda realizar en el futuro será completamente inútil, pues el enigma de la ruina y desaparición de ambas ciudades no ha podido ser aclarado.
La península de El-Lisan, situada en la orilla del Mar Muerto, penetra en sus aguas en forma de una lengua de tierra. El-Lisan en árabe quiere decir "La Lengua." La Biblia menciona esta península especialmente al hablar de la división de que fue objeto el país después de su conquista. Las fronteras de la tribu de Judá son detalladame
nte delimitadas. Josué da una idea insólitamente característica de los límites del Sur. "Su límite meridional parte desde el extremo del Mar de la Sal, de la lengua que mira al Mediodía" (Jos. 15:2).Un relato procedente de Roka habla de esta lengua de tierra y cuenta una historia que, injustamente, fue considerada siempre con gran escepticismo. Unos desertores se habían refugiado en esta península. Los legionarios, a cuyo regimiento pertenecían, los persiguieron inútilmente por la comarca durante mucho tiempo. Cuando por fin los vieron ya era demasiado tarde: ambos estaban subiendo por los acantilados de la orilla opuesta... ¡habían vadeado el mar transversalmente!
Aquí se extiende el fondo invisible bajo la superficie del agua, formando una poderosa muralla que divide el mar en dos partes. A la derecha de la península el fondo se hunde rápidamente hasta una profundidad de 400 metros. A la izquierda de la lengua de tierra las aguas son poco profundas. Los sondeos realizados en estos últimos años dieron sólo profundidades de 15 a 20 metros.
Si con un bote se rema hacia el extremo sur del "Mar de la Sal" puede observarse a ciertas horas del día algo desconcertante: a cierta distancia de la orilla se ven, bajo el nivel del agua, las siluetas de unos bosques conservados por el elevado contenido de sal del lago. Los troncos y los restos de los árboles en las profundidades verdosas deben ser antiquísimos. Cuando en sus días estaban sobre la tierra firme, y el verde
follaje adornaba sus ramas, los rebaños de Lot pudieron muy bien pacer a su sombra. Aquella parte llana, tan especial, del Mar Muerto, desde la península de El-Lisan al extremo Sur, era... ¡el valle de Siddim! La propia Biblia lo dice con toda claridad: "Todos éstos se congregaron en el valle de Siddim," o sea el Mar de la Sal (Gen. 14:3).FIG. 12. — El Mar Muerto: a)
2.000 años a. de J.C., antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra. — b) 1.900 años a. de J.C., después de la catástrofe.Los geólogos hicieron este descubrimiento y estas observaciones confirmándolos con una prueba concluyente que, a la vez, explica la causa y el fundamento del relato bíblico de la destrucción de Sodoma y de Gomorra.
La expedición americana dirigida por Lynch había dado en 1848 la noticia del notable declive seguido por el Jordán en su corto recorrido a través de Palestina. Por lo que se refiere al hundimiento del cauce del río por debajo del nivel de los océanos se trata, según pudo comprobarse
por varias exploraciones, de un fenómeno geológico especial."En la superficie de otro planeta puede darse algo parecido a lo que sucede en el valle del Jordán, pero no en el nuestro — escribe el geólogo Adam Smith en su obra La geografía histórica de Tierra Santa
— . Ninguna otra parte de la Tierra, que no esté situada debajo del agua, se halla a más de 100 metros por debajo del nivel del mar."El valle del Jordán es sólo una pequeña parte de una inmensa grieta de la corteza terrestre. Empieza a muchos centenares de kilómetros de la frontera de Palestina, muy al Norte, a los pies de la montaña de Tauro, en Asia Menor. Al Sur se extiende desde la orilla sur del Mar Muerto, a través de los desiertos de Arabia, hasta el Golfo de Akaba, y termina más allá del Mar Rojo, en África. En muchos lugares de esa gigantesca hendidura se perciben claros síntomas de volcanes. En las montañas de Galilea, en las mesetas de la Jordania oriental, en las orillas del afluente Yabok, en el golfo de Akaba, hay basalto negro y lava.
En el suelo de esa gran grieta, que pasa exactamente por aquí, se hallaba situado el valle de Siddim, con Sodoma y Gomorra. ¡Y este suelo un día se hundió! La fecha en que ocurrió semejante catástrofe puede determinarse con bastante precisión desde el punto de vista geológico: ¡tuvo que ocurrir hacia el año 2000 antes de J.C.!
"Seguramente alrededor del año 1900 antes de J.C. tuvo lugar la destrucción de Sodoma y Gomorra — escribe en 1951 el erudito americano Jack Finegan—. Un minucioso examen de los testimonios literarios, geológicos y arqueológicos conduce a la conclusión de que las destruidas ciudades de la Llanura (Gen. 19:29) se hallaban en la comarca actualmente sumergida bajo las aguas que lentamente van subiendo en la parte del Mar Muerto, y que su destrucción tuvo lugar a causa de un gran terremoto que, probablemente, fue acompañado de explosiones, de descargas eléctricas, de desprendimiento de gases y fenómenos ígneos."
Alrededor del año 1900 antes de J.C., ¡precisamente la época de Abraham!
La fractura de la tierra liberó las fuerzas volcánicas que estaban ocultas debajo de la grieta. En la parte alta del valle del Jordán, junto a Basán, pueden verse aún hoy día cráteres de volcanes apagados y extensas capas de lava y de basalto sobre el terreno calcáreo. Desde tiempo inmemorial los territorios situados junto a esta grieta se ven conmovidos por frecuentes terremotos. De muchos de ellos tenemos noticias aún por la Biblia.
Como una confirmación a la explicación geológica de la destrucción de Sodoma y Gomorra, el sacerdote fenicio Sanchumiaton dice textualmente en la "Historia antigua": "El valle del Sidimus 2 se hundió y se convirtió en mar, dando lugar a la formación de vapores continuos, sin que allí se vean peces y sí un cuadro de desolación y muerte para los malhechores."
"Y su mujer (de Lot), habiendo vuelto la vista atrás, trocóse en columna de sal" (Gen. 19:26).
Cuanto más nos acercamos al extremo sur del Mar Muerto tanto más árido y bravío va siendo el paisaje, cada vez más lúgubre y deprimente el panorama de las montañas que le rodean. Domina en éstas un eterno silencio; sus paredes caen verticalmente sobre el agua y se reflejan en el cristal de la superficie. La catástrofe ha dejado un sello especial sobre esta comarca. Raras veces se ve pasar grupo alguno de nóma
das por esos valles angostos y quebrados.Allí donde terminan las aguas aceitosas, los bastidores de las rocas se quiebran para dejar sitio a una depresión pantanosa. El suelo rojizo está cruzado por innumerables regueros de agua y resulta sumamente peligroso para el que lo atraviesa sin cuidado. La depresión pantanosa tuerce en dirección Sur hacia el valle desértico del Araba, que llega hasta el Mar Rojo.
Al oeste de la orilla meridional, en dirección a la tierra del Mediodía de la Biblia, el Negueb, se extiende un espaldar de colinas de 45 metros de altura y 15 km. de longitud que lleva la dirección Norte-Sur. En sus vertientes, cuando les da el sol, puede verse cual resplandor de diamantes. Se trata de un raro fenómeno de la Naturaleza. La mayor parte d
e esa diminuta cordillera está formada de sales cristalizadas. Los árabes la designan con el nombre de Yebel Usdum, nombre antiquísimo en el cual se ha conservado el de Sodoma. Muchos bloques de sal han sido deformados por la lluvia y han ido cayendo de las alturas. Tienen formas raras, algunos permanecen en pie como estatuas. En sus perfiles se cree, a veces, reconocer figuras humanas.Esas raras estatuas de sal nos recuerdan el relato de la Biblia que hace referencia a la mujer de Lot, que fue convertida en columna de sal. La resplandeciente montaña de sal está cerca del sumergido valle Siddim. Aquellos que pudieron salir con vida del epicentro de la catástrofe pudieron también perecer en las mofetas de gases venenosos que se extendían por una amplia superficie de la región. Y todo cuanto se halla junto al Mar de la Sal está hoy día recubierto por una capa de ella 3.
Abraham entonces levantó el campo y vino a establecerse en el encinar de Maniré, que está en Hebrón, donde edificó un altar a Yahvé (Gen.
13:18).No muy lejos del actual Hebrón pasó Abraham los últimos días de su vida en el pequeño lugar de Mambré, donde había levantado el altar. Allí adquirió las primeras tierras de los hititas (Gen.
23) para preparar la tumba de su esposa Sara en una gruta, como era costumbre entre los semitas. En la misma gruta fue también enterrado el propio Abraham (Gen. 25:9-10). Las excavaciones realizadas confirman asimismo estas indicaciones de la Biblia sobre el padre de los Patriarcas.Tres kilómetros al norte del monte Hebrón veneran los árabes un lugar que designan con el nombre de Harám-ramet el ojalil, es decir: "Santuario de la altura del amigo de Dios." "Amigo de Dios" llaman los mahometanos a Abraham.
Un magnífico árbol levanta su copa hacia el cielo. ¡Su tronco tiene 10 metros de grueso! A los ojos este árbol es "el terebinto de Abraham." Según parece, este lugar era ya conocido en el siglo XVI. Cerca de allí el arqueólogo padre A. E. Mader encontró las piedras pertenecientes a un altar de tiempos muy anteri
ores, en el cual aún se podían distinguir huellas de fuego. En 1927, Mader descubrió los restos de un grandioso árbol que un día se alzó en aquel lugar. Aún podían verse en el suelo los restos de sus poderosas raíces.La tumba de Abraham se muestra también hoy día como un lugar sagrado que visitan muchos peregrinos.
Todo esto formaba parte de las cosas que parecían inexplicables, cosas que de boca en boca se transmitieron de generación en generación. Un día la investigación ha dado solución a estas incógni
tas.** ** **
1. Estuco para las mejillas.
2. Es decir, Siddim.
3. Con esto no se excluye la intervención extraordinaria, milagrosa de Dios. Esta intervención aparece clara en el texto de la Biblia. Por otra parte es evidente que Dios se puede valer de causas naturales, que Él ha creado, para realizar sus maravillas (N. del T
.).¿
Tuvo Putifar un modelo? — El papiro de Orbiney. — Los hyksos, soberanos del Nilo. — José... funcionario de una potencia de ocupación. — Silos de grano, patente egipcia. — Confirmación de los siete años de carestía. — Instalación en Gosen. — Bahr Yusuf, el canal de José. — Sellos con la leyenda "de Jacob." — La historia de José.JOSÉ, PUES, FUE BAJADO A EGIPTO, Y PUTIFAR, EUNUCO DEL FARAÓN, JEFE DE LA ESCOLTA Y VARÓN EGIPCIO, COMPRÓLE DE MANO DE LOS ISRAELITAS QUE ALLÍ LE HABÍAN BAJADO (Gen.
39:1).La historia de José, que, vendido por sus hermanos, es llevado a Egipto y nombrado allí primer ministro del Faraón y que se reconcilia finalmente con los suyos, es sin duda una de las historias más bellas de la literatura universal.
"Acaeció después de estos sucesos que la esposa de su amo puso los ojos en José y le dijo: "¡Yace conmigo!" Pero él se negó" (Génesis 39:7-8). "Cuando su esposo regresó le dijo: "El siervo hebreo que nos trajiste ha venido donde mi a hacerme escarnio" (Génesis 39:17).
"Ben Akiba," se dijeron sonriendo con aire satisfecho los egiptólogos al estudiar por primera vez la traducción del "Papyrus Orbiney." Lo que descifraban en aquellos jeroglíficos era una historia muy leída del tiempo de la XIX dinastía con el discreto título de
La novela de los dos hermanos."Éranse una vez dos hermanos... El nombre de uno de ellos era Anubi y el más joven se llamaba Bata. Anubi poseía una casa y una esposa, y su hermano menor vivía con él cual si fuese su hijo. Sacaba a pacer los rebaños al campo, y de noche los volvía a casa y dormía con ellos en el establo. Cuando llegó el tiempo de arar la tierra, los dos hermanos araban juntos en el cam
po. Como permaneciesen allí durante unos días y les faltase la simiente, el hermano mayor mandó al más pequeño diciéndole:"—¡Corre y trae simiente de la ciudad!
"El hermano menor encontró a la esposa de su hermano mayor cuando se estaba aderezando el toc
ado. Y entonces le dijo:"—Levántate y dame simiente para poderla llevar al campo; pues mi hermano ha dicho: "¡Date prisa y no te entretengas!"
"Cargóse, pues, la simiente a la espalda y salió de casa con la pesada carga... Entonces ella le dijo:
"—¡Tienes mucha fuerza! Cada día lo estoy notando... ¡Ven! ¡Echémonos una hora!.. Te resultará agradable. Y, además, te haré hermosos vestidos.
"Pero el joven se irritó como un leopardo del Sur... debido a las malas palabras que ella le había dirigido, y entonces le contestó:
"—¿Qué grosería es ésta que me acabas de decir? ¡No vuelvas a repetírmelo! Tampoco yo lo diré a nadie...
"Y diciendo esto, levantó su carga y se dirigió al campo... pero la mujer temió por lo que había dicho. Cogió grasa y se dispuso como si hubiese sido maltratada por un atrevido. Su esposo encontró a su mujer echada... enferma cual si hubiese sido víctima de un acto de violencia... Al verla así su esposo le preguntó:
"—¿Quién habló contigo?
"Y ella contestó:
"—No otro... sino tu hermano menor. Cuando vino en busca de simiente... me encontró sola y que estaba aquí sentada y me dijo: "Ven, echémonos una hora. ¡Recoge tus cabellos!.." Pero yo no le escuché. "¿Es que no soy como tu madre? Y tu hermano mayor, ¿no es acaso como tu padre?" Así le dije. Entonces tuvo miedo y me golpeó para que nada te dijera. Si permites que él viva, yo moriré.
"Entonces su hermano se irritó como un leopardo del Sur e hizo afilar su cuchillo... para dar muerte a su hermano menor."
Parece cual si se viera en realidad a los cortesanos del Faraón cuchicheando, contándose esta historia que les agradaba tanto. Los problemas sexuales y la psicología de la mujer eran ya temas interesantes muchos miles de años antes de Kinsey.
La historia de una adúltera, descrita en una novela egipcia, ¿sirvió de modelo para la historia bíblica de José? Sobre los pros y los contras de esta tesis discutieron los eruditos con ocasión del documento designado con el nombre de "Papyrus Orbiney," y sus discusiones continuaron hasta bien entrado el siglo actual.
Pero en el relato faltaba la estancia de Israel en Egipto que figura en la Biblia. En ningún otro documento había rastro alguno de este acontecimiento. Muchos historiadores y profesores de Teología hablaban de la "leyenda de José."
Precisamente de un país como Egipto era de esperar que se nos facilitase una documentación completa y contemporánea sobre los hechos allí acaecidos y de los cuales nos da cuenta la Biblia. Por lo menos en lo que hace referencia a José, pues era nada meno
s que primer ministro del Faraón y, por tanto, hombre poderoso en el país del Nilo.Ningún estado del viejo Oriente nos ha transmitido su historia de manera tan fiel como Egipto. Hasta el año 3000 antes de J.C. conocemos casi sin solución de continuidad los nombres de los faraones, como conocemos también los de las dinastías de los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo. Ningún otro pueblo ha trazado con tanta exactitud los acontecimientos de su historia, las hazañas de sus soberanos, sus campañas, la construcción de sus templos y de sus palacios, así como su literatura y su poesía.
FIG. 13.
Pero sobre este particular que nos ocupa, Egipto dejaba a los investigadores sin contestación a sus preguntas. Cosa rara que no se encontrara mención alguna de José; pero tampoco de su época se han hallado ni monumentos ni documento alguno. Las noticias de los pasados siglos, casi jamás interrumpidas, cesan alrededor del año 1730 antes de la era cristiana casi en forma repentina
. Desde aquella fecha y durante mucho tiempo la historia de Egipto permanece en una profunda obscuridad. Sólo en el año 1580 antes de J.C. aparecen nuevos testimonios. ¿Cómo explicar la falta de datos durante un espacio de tiempo tan grande y referente a un pueblo tan desarrollado?Es que algo terrible ocurrió en la tierra del Nilo hacia el año 1730 antes de J.C. De repente, como un rayo en cielo sereno, unos guerreros montados en carros, ligeros como flechas, invaden el país; columnas interminables, envueltas en el polvo del camino, se precipitan sobre Egipto; en los fuertes de la frontera se oyen noche y día las pisadas de las herraduras, que resuenan también en las largas calles de las ciudades, sobre las plazas de los templos y los magníficos patios de
los palacios faraónicos. Y antes de que los egipcios se apercibiesen, el país estaba invadido, ocupado, vencido.El gigante del Ni-lo, que en el transcurso de su larga historia jamás vio a ningún conquistad
or extranjero, yace ahora amordazado en tierra.FIG. 14. — Nombramiento de un visir egipcio
.El dominio de los conquistadores da comienzo con un río de sangre. Los hyksos, tribus semíticas de Canaán y Siria, no tienen entrañas. Con el año 1730 antes de J.C. termina la dominación de las dinastías, que habían perdurado 1.300 años. El Imperio Medio de los Faraones se resquebraja ante el asalto del pueblo asiático, del "Soberano de los países extranjeros." Esto es lo que significa el nombre de hyksos. Cuan viv
amente grabada en el alma del pueblo egipcio quedó esta catástrofe política, aparece claro en la descripción del historiador egipcio Maneton. "Gobernaba entonces un rey de nuestra estirpe llamado Timaios. Durante su reinado ocurrió lo que voy a narrar. No sé por qué Dios estaba descontento de nosotros. De improviso llegaron hombres plebeyos de los países del Este. Tuvieron la osadía de realizar una expedición a nuestro propio país y lo sometieron por la fuerza pero con toda facilidad, sin librar una sola batalla. Y cuando se hubieron apoderado de nuestros soberanos, incendieron en forma bárbara nuestras ciudades, destruyeron los templos de los dioses. Todos los habitantes fueron tratados con suma crueldad, pues asesinaron a unos y se llevaron como esclavos a las mujeres y a los niños. Finalmente nombraron rey a uno de ellos. Su nombre era Salatis y vivía en Menfis, haciendo que el Alto y el Bajo Egipto le fueran tributarios. Puso guarniciones en muchos lugares estratégicos... y cuando en la comarca de Sait encontró una ciudad apropiada para sus objetivos la reconstruyó y la fortificó por medio de murallas que fueron erigidas a su alrededor, y con una guarnición de 240.000 hombres que puso allí para sostenerla. A esa ciudad, llamada Avaris, situada al este de un brazo del Nilo, iba Salatis cada verano, y junto a Bubasti, para recolectar sus cosechas de trigo y para pagar a sus soldados, hacer maniobras con su ejército y con ello hacer concebir temor a sus enemigos."Avaris es la ciudad que, bajo otro nombre, desempeña un papel importante en la historia bíblica, ¡Avaris, más tarde llamada Pi-Rameses, es una de las ciudades tributarias de Israel en Egipto! (Ex. 1:11).
El relato bíblico de la historia de José y de la permanencia de los hijos de Israel en Egipto procede de esta época de gran turbulencia en que el Nilo se hallaba bajo la soberanía de los hyksos. No es, pues, de extrañar que no tengamos de ella ninguna mención egipcia contemporánea. En cambio, existen pruebas indirectas sobre la autenticidad de la his
toria de José. La representación bíblica del fondo histórico es exacta; hasta en sus más pequeños detalles su colorido es puramente egipcio. El egiptólogo lo ve confirmado mediante una serie de objetos hallados en las excavaciones.Son precisamente mercaderes ismaelitas, árabes de raza, los que transportan especias y drogas de su país hasta Egipto, donde venden a José (Gen.
37:25). Egipto importa estos productos en grandes cantidades. Se precisan para el culto divino de los templos, donde son quemadas hierbas de olor penetrante a manera de incienso. A los médicos les son indispensables para la curación de las enfermedades, y a los sacerdotes, para embalsamar los cadáveres de los potentados.FIG. 15. — Carro portaestandarte de Tebas
.Putifar es el nombre del egipcio a quien José es vendido (Génesis 37:36). Éste es un nombre muy corriente en el país. En egipcio equivale a "Pa-di-pa-Ra," es decir: "el enviado del dios Ra."
El nombramiento de José como virrey de Egipto podríamos decir que viene indicado en la Biblia en forma protocolaria. Es revestido con las insignias de su elevado cargo; recibe el anillo, el sello del Faraón, una rica vestidura de lino y una cadena de oro (Gen. 41:42). Exactamente como los artistas egipcios han representado y descrito en las inscripciones murales y en los bajos relieves las solemnes investiduras.
José ocupa el "segundo carro"
1 (Gen. 41:43) del Faraón en su calidad de virrey. Esto equivale a decir que nos hallamos en la época de los hyksos. Estos "soberanos extranjeros" fueron los primeros en traer a Egipto los veloces carros de guerra. Y sabemos que los soberanos hyksos fueron los primeros en utilizar un carro de lujo para sus ceremonias en Egipto. Esto no era costumbre antes de su época en tierras del Nilo. Los carros de ceremonias, a los cuales iban uncidos selectos corceles, eran los "Rolls Royce" de los potentados y magnates de aquella época. El primero de los carros correspondía al soberano y el "segundo carro" era ocupado por el dignatario más importante del reino.José toma una esposa cual corresponde a su dignidad, llamada
Asenet (Gen. 41:45), convirtiéndose así en yerno de un hombre de gran influencia llamado Putifar, sacerdote de Heliópolis, es decir, de la ciudad bíblica de On, situada hacia el norte de El Cairo actual, en la orilla derecha del Nilo.Contaba José treinta años cuando se determinó visitar las tierras de Egipto (Gen.
41:54). Nada más dice la Biblia sobre ello. Pero una gran obra del país del Nilo ha conservado hasta nuestros días el nombre de José.Medinet-el-Raiyûm, situada a 130 kilómetros al sur de El Cairo, en medio del fructífero Faiyum, es considerada como la "Venecia egipcia." En los frondosos huertos de ese inmenso y floreciente oasis se cosechan naranjas, mandarinas, melocotones, aceitunas, granadas y uvas. Estos riquísimos frutos los debe Faiyum a un canal de 334 kilómetros de longitud que conduce el agua del Nilo transformandouna comarca en un espléndido paraíso que, de otra manera, hubiera si
do un desierto: "Bahr Yusuf," es decir, el "Canal de José," es el nombre con que se designa en todo el Egipto este antiquísimo acueducto, hasta en nuestros días. Entre el pueblo circula la tradición de que fue mandado construir por el bíblico José, designado en las leyendas árabes con el nombre de "Gran Visir" del Faraón.La Biblia representa a José como un gran organizador, quien, en su calidad de gran visir del pueblo egipcio, ayuda en los tiempos difíciles con su consejo, y hace provisiones en los años de abundancia para los años de escasez. Él hace almacenar el trigo en los graneros para las épocas de penuria.
CONCLUYERON, PUES, LOS SIETE AÑOS DE ABUNDANCIA QUE HUBO EN EL PAÍS DE EGIPTO Y COMENZARON A VENIR LOS SIETE DE HAMBRE SEGÚN JOSÉ LO HABÍA PREDICHO. ASÍ, PUES, HUBO HAMBRE EN TODOS LOS PAÍSES, MIENTRAS EN TODA LA TIERRA DE EGIPTO HABÍA PAN (Gen. 41:53-54)
Los años de sequía, malas cosechas y épocas de hambre son muy frecuentemente mencionados al hablar de las tierras del Nilo. En los tiempos antiguos, al principio del tercer milenio, parece ser que hubo una época de hambre que duró siete años según consta en una inscripción mural del tiempo de los Tolomeos. El rey Zoser hace llegar a los nobles que
, junto a la gran catarata, rigen los destinos de aquel país, el siguiente mensaje:FIG. 16. — Venta de trigo a los semitas procedentes de Canadn.
"Estoy muy preocupado por los que están en palacio. Mi corazón está apenado porque hace siete años que el Nilo no ha subido. Existen pocos frutos del campo y falta hierba, así como toda clase de alimentos. Cada cual le roba a su vecino... Lloran los niños, los jóvenes emigran. El corazón de los ancianos está deprimido, sus miembros inválidos; permanecen sentados
en el suelo. En la corte las gentes están inquietas. Los depósitos de víveres fueron abiertos, pero... todo cuanto en ellos había ha sido ya consumido."Han sido hallados los restos de los graneros que ya existían en el antiguo reino. En muchas tumbas se han encontrado reproducciones de ellos en arcilla. Al parecer, también tratándose de los muertos se pensaba en los años de penuria.
"Viendo, pues, Jacob que en Egipto había grano, dijo a sus hijos: "¿Por qué os estáis mirando unos a otros?— Y añadió: — Ved que he oído que hay grano en Egipto; bajad allá y compradnos, para que vivamos y no muramos." Bajaron, en efecto, diez hermanos de José a comprar grano en Egipto" (Gen. 42:1-3).
Este es el motivo del gran viaje que conduce a los israelitas a Egipto y que dará lugar al encuentro con el hermano a quien vendieron. El virrey hace traer a Egipto a su padre, a sus hermanos y a sus parientes... "El total de las personas de la casa de Jacob que vinieron a Egipto fue de setenta... Y vinieron a la tierra de Gosen" (Gen. 46:27-28).
El virrey había obtenido un amplio permiso para que los suyos pudiesen atravesar la frontera, y lo que relata la Biblia corresponde exactamente a las normas de gobierno de aquel país.
"Entonces el Faraón dirigió la palabra a José diciendo: "Tu padre y tus hermanos han venido a ti; la tierra de Egipto a tu disposición esta; asienta en lo mejor del país a tu padre y a tus hermanos; habiten en la comarca de Gosen"" (Gen. 47:5-6).
Se ha encontrado un papiro de aquella época que es un mensaje escrito por un empleado de la frontera a su superior en jerarquía. Dice así:
"Otro asunto queda para comunicar a mi Señor y es que hemos permitido el paso a las tribus de beduinos de Edom a través de la fortaleza del Menefta en Zeku, después de los pantanos de la ciudad de Per-Atum... para que puedan permanecer durante su vida, ellos y sus rebaños, en las posesiones del Rey, disfrutando del buen sol de todo el país..."
Per-Atum, que aparece en este texto jeroglífico, es el Pitom de la Biblia situado en el país de Gosen, una de las ciudades de Servidumbre en tiempos posteriores para Israel (Ex.1:11).
En casos semejantes la policía fronteriza acudía hasta la corte y el mensaje seguía un trámite preestablecido. En el documento que nos ocupa se trata del permiso para la utilización de pastos; los fugitivos de un país en el cual reina el hambre son aceptados para instalarse en Egipto, en el delta, a la orilla derecha del Nilo, en la tierra bíblica de Gosen. En aquel lugar ejercen también su soberanía los conquistadores hyksos.
Los hijos de Israel debieron encontrarse muy a su gusto en el país de Gosen. Era exactamente, tal como lo describe la Biblia (Gen. 45:18; 46:32; 47:3), extraordinariamente fructífero y, como tierra rica en pastos, ideal para la recría de ganado. Cuando el viejo Jacob murió, ocurrió algo insólito para él, para Canaán, para Mesopotamia y para su familia; algo completamente fuera de lo acostumbrado y que, por tanto, fue muy notable para los suyos: su cuerpo fue embalsamado.
LUEGO ORDENÓ JOSÉ A LOS MÉDICOS QUE ESTABAN A SU SERVICIO QUE EMBALSAMARAN A SU PADRE Y LOS MÉDICOS EMBALSAMARON A ISRAEL. EMPLEARON EN ELLO CUARENTA DÍAS, PUES TAL ES EL TIEMPO QUE EMPLEABAN EN LOS EMBALSAMAMIENTOS
2 (Gen. 50:2- 3).En Herodoto, el trotamundos número uno y el relator de viajes de la Antigüedad, podemos leer cuan exactamente corresponde esta descripción con la costumbre egipcia. José fue embalsamado más tarde en la misma forma.
Jamás un "habitante del desierto" habría podido ser virrey entre los faraones. Los nómadas se dedicaban a la cría de asnos, ovejas y cabras y nada era para los egipcios más despreciable que un pastor de ganado menor, porque los egipcios abominan de todos los pastores (Gen. 46:34). Sólo entre los conquistadores hyksos extranjeros tenía un "asiático" la posibilidad de llegar a ser nombrado funcionario de la más elevada jerarquía del Estado. Bajo los hyksos hubo repetidas veces empleados con nombres semitas. En sellos de la época de los hyksos se ha podido descifrar claramente la "leyenda de Jacob."
"Y no es imposible — así por lo menos opina el gran egiptólogo americano James Henry Breasted — que uno de los dirigentes de las tribus del Jacob israelita hubiese sido investido de autoridad en aquellos obscuros tiempos en el valle del Nilo. Semejante acontecimiento hubiera favorecido extraordinariamente la penetración de tribus israelitas en Egipto, cosa que precisamente debió tener lugar en aquella época."
** ** **
1. "El carro del segundo," es decir, del virrey.
2. Jacob recibió de Yahvé el nombre de Israel, por lo que más tardo los suyos se llamaron "hijos de Israel" o israelitas.
2. Cuatrocientos Años de Silencio.
N
uevo despertar de la tierra del Nilo. — Tebas desencadena la sublevación.— La expulsión de los hyksos. — Egipto adquiere el rango de gran potencia internacional. — La cultura india en el Estado de Mitani. — ¿Fue Nofrete una princesa indoaria? — Los "hijos de Het" junto al Halis. — Una viuda del Faraón que desea contraer matrimonio. — El primer pacto de no agresión del mundo. — Un cortejo nupcial hitita a través de Canaán.ASÍ, PUES, ISRAEL SE ESTABLECIÓ EN EL PAÍS DE EGIPTO, EN EL TERRITORIO DE GOSEN, Y ARRAIGARONSE EN ÉL Y FRUCTIFICARON Y SE AUMENTARON MUCHO (Gen.
47:27).La Biblia guarda un profundo silencio acerca de un período de 400 años, durante el cual se transformó por completo el aspecto político del "Fértil Creciente.
" En estos cuatro siglos se suceden notables cambios en la estructura de los pueblos. Estos cambios interrumpen la historia de más de mil años de los reinos semitas que se extienden junto al Tigris y al Éufrates. La gran isla cultural del Próximo Oriente es arrancada bruscamente de su propio ambiente. Pueblos y culturas extranjeras irrumpen de lejos, desde países hasta entonces desconocidos, y experimentan su primer contacto con el resto del mundo.Egipto permanece también sumido en el silencio durante 150 años. La aurora del nuevo despertar del gigante del Nilo empieza por un motivo muy curioso: el bramido de los hipopótamos de este río.
Según puede leerse en un fragmento de papiro
1, un enviado del rey hykso Apofis sale de Avaris y se dirige al príncipe de la ciudad del Sur. La ciudad del Sur es Tebas, su príncipe el egipcio Sekenenrê, tributario del conquistador extranjero del Delta superior. Asombrado, pregunta el príncipe al enviado de la potencia asiática de ocupación:"¿Por qué te han mandado a la ciudad del Sur? ¿Cómo fue que emprendiste el viaje?"
Y el mensajero le contestó:
"Por orden del rey Apofis, ¡que larga vida, bienestar y salud haya! Me encarga que te transmita el siguiente mensaje: Traslada el estanque de los hipopótamos del Nilo situado al este de tu ciudad, pues no me dejan dormir. Día y noche resuena su bramar en mis oídos."
El príncipe de la ciudad del Sur quedó perplejo durante unos instantes cual si hubiese quedado aturdido por el fragor del trueno, pues no sabía qué contestar al enviado del rey Apofis, ¡que larga vida, bienestar y salud haya!
Finalmente dice:
"Pues bien. Vuestro señor, ¡quien larga vida, bienestar y salud haya! oirá pronto mis noticias acerca de este estanque situado al este de la ciudad del Sur."
Pero el mensajero no se contenta tan fácilmente. Y añade:
"¡El asunto con el cual me envió aquí ha de ser cumplimentado!"
El príncipe de la ciudad del Sur intenta convencer a su manera al enérgico mensajero. Adopta la vieja táctica, aún en boga en nuestros días, de los banquetes, como cosa propicia para crear una atmósfera amistosa y de buena voluntad. El mensajero hykso es obsequiado con "cosas excelentes," "con carne y pasteles"... Pero ¡todo inútil!; cuando emprende el regreso lleva en su bolso un documento escrito sobre papiro que dice textualmente así:
"Haré todo cuanto me has dicho. Díselo, p
ues.""Y entonces el príncipe de la ciudad del Sur reunió a sus subordinados más importantes, y a todos los soldados de más categoría que tenía a su servicio y les repitió aquel mensaje del rey Apofis, ¡quien larga vida, bienestar y salud haya! Ellos callaron durante algún tiempo..."
Aquí se interrumpe el texto del papiro. Por desgracia falta el final de la descripción. Pero podemos reconstruir lo que debió acontecer por medio de un testimonio de la misma época.
En el museo de El Cairo se conserva la momia de un Sekenenrê. Al ser descubierta en Deir-el-bahri, junto a Tebas, llamó poderosamente la atención de los médicos. Es que el cráneo mostraba cinco graves heridas producidas por golpes. Sekenenrê había perdido la vida en una batalla.
Parece un cuento y, sin embargo, es un caso verídico y extraordinario; los bramidos de los hipopótamos de Tebas molestaban a los soberanos del Delta del Nilo. Ese bramido ha sido, pues, el casus belli más raro de la historia universal 2.
Desde Tebas se inicia la sublevación contra los opresores del país. Los batallones egipcios descienden por el Nilo. Al propio tiempo se ha hecho a vela, provista de robustos remeros, una flota muy bien equipada que desciende por el río sagrado en dirección Norte. Avaris, la fortaleza de los hyksos en el Delta, cae por fin en el año 1580 antes de J.C. Amosis I, hijo de Sekenenrê, se convierte en el celebrado liberador de Egipto. Un homónimo suyo, Amosis, oficial de la nueva marina real egipcia, ha legado a la posteridad en los muros de su tumba en El-Kab, un relato de los hechos de armas que tan decisivos fueron para la historia de aquel país. Después de hacer mención de su formación militar en forma muy detallada, dice lacónicamente:
"Avaris fue tomada; allí hice prisioneros a un hombre y a tres mujeres, en conjunto cuatro personas. Su Majestad me los dio como esclavos."
El oficial de la marina describe también la guerra en tierra firme:
"Scharuhen fue asediada durante tres años y Su Majestad la tomó."
Esta vez la acción resultó también fructífera para Amosis. "Allí me apoderé de dos mujeres. Me otorgaron el oro de la valentía, además de hacerme donación de los prisioneros para esclavos míos."
Scharuhen, el bíblico Bet-Pelet (Jos.
15:27), era un punto estratégico del Negueb, debido a su situación dominante al sur de las pardas cordilleras de Judea. Todo lo que de ella ha quedado es una pequeña colina, formada de escombros y ruinas, designada con el nombre de Tell Far. En este lugar fue donde Flinders Petrie, el célebre arqueólogo de Inglaterra, exhumó una grandiosa muralla.Los ejércitos de los egipcios formados por soldados de varios colores, negros, asiáticos y nubios, siguieron su marcha hacia el Norte atravesando Canaán. Los nuevos faraones recibieron una lección con la amarga experiencia del pasado. Su país ya no será objeto de ataque alguno por sorpresa. Egipto no pierde el tiempo y, más allá de las fortalezas que señalan sus fronteras, procura crear estados que le sirvan de tierra de choque. Lo que resta del imperio de los hyksos es
desmembrado y Palestina se convierte en una provincia egipcia. Los antiguos puestos consulares, los depósitos de comercio y las estaciones postales de Canaán y de Fenicia se convierten en guarniciones permanentes, en puntos estratégicos y de apoyo, en fortalezas egipcias.Después de una historia dos veces milenaria el coloso del Nilo sale de las sombras de sus pirámides y de sus esfinges con la pretensión de tomar parte activa en los sucesos que se desarrollan fuera de sus fronteras, en el resto del mundo. Egipto va madurando cada vez más para convertirse en una gran potencia mundial. Antes, todos cuantos vivían fuera del Valle del Nilo eran sólo "despreciables asiáticos," "nómadas del desierto," ganaderos, pueblos que no merecían la atención de los faraon
es. Ahora los egipcios se hacen más sociables. Empiezan a entablar relaciones con otros países. Esto era antes cosa inimaginable. Entre las notas diplomáticas halladas en el archivo del palacio de Mari no existe ni un solo escrito procedente del Nilo. Témpora mutantur... ¡Los tiempos cambian!El avance emprendido les lleva, al fin, hasta Siria, hasta la misma orilla del Éufrates. Allí se encuentran los egipcios con pueblos de cuya existencia no tenían conocimiento alguno. En vano buscan los sacerdotes en los viejos rollos de papiro de los archivos de los templos alguna mención de ellos; es inútil que estudien los relatos de las campañas de los primitivos faraones: ¡en ninguno encuentran la más mínima mención de los desconocidos Mitani!
En la región septentrional de Mesopotamia se extiende, entre el curso superior de los ríos Tigris y Éufrates, el poderoso reino Mitani. Sus reyes han adquirido fama de ser la aristocracia de los luchadores en carros y sus nombres son de origen indoario. Los aristócratas del país se llaman "maria," que quiere decir
"joven guerrero." María es una palabra antigua de la India, y sus templos están también dedicados a divinidades indias, de tiempos remotos. Los cantos mágicos del Rigweda resuenan ante las imágenes de Mitra, el vencedor de la luz en su lucha contra las tinieblas, el Indra que tiene poder sobre la tempestad, y de Waruna, el que dirige el curso eternamente regular del universo. Los antiguos dioses de los semitas han caído de sus pedestales.Los mitani son insignes conocedores de caballos, hasta podríamos decir que sienten una debilidad por ellos. En las orillas de los grandes ríos se celebran las primeras "carreras" del mundo. Las reglas y recomendaciones para la cría y la remonta, las instrucciones para la doma de los jóvenes potros, para su alimentación y adiestramiento, para la celebración de las carreras, llenan bibliotecas enteras de tablillas de barro cocido. Se trata de obras hipológicas que pueden ser comparadas con cualquier tratado moderno de la cría caballar. El caballo, para los marias, para los aristocráticos luchadores en carro, tenía más valor que el hombre.
La época a que nos referimos, la frontera de Egipto lindaba con el estado mitani, frontera que no disfrutará por mucho tiempo de tranquilidad. Las contiendas locales no cesan. Los ataques provocados por una u otra parte, los arqueros egipcios se ven a cada punto envueltos en combates por los luchadores en carros. En sus campañas las fuerzas de choque egipcias, al perseguir a las columnas de los mitani, se adentran siempre profundamente en país enemigo. Los valles del Líbano, las riberas del Orontes y del Éufrates suelen ser escenarios de infinitas luchas y de sangrientos combates. Casi durante un siglo los dos grandes estados permanecen en ininterrumpida lucha.
Poco antes del año 1400 antes de J.C. los belicosos mitani ofrecen la paz a los egipcios. De enemigos se convierten en amigos. Los reyes de Mitani pasan a desarrollar una política familiar. Con gran pompa y ricos presentes mandan a sus hijas a la tierra del Nilo; sus princesas se casan con faraones. Los soberanos en tres generaciones sucesivas se mezcla la sangre egipcia con la indoaria. Seguramente fue una de sus princesas la más célebre entre todas las esposas de los faraones: Nofrete, cuya belle
za aún hoy día admira el mundo. Su esposo, Amenofis IV, fue el rey Sol de los egipcios: Eknatón.¿Cuál fue el motivo de las raras proposiciones pacíficas de los mitani?
El impulso vino de fuera. Su reino se veía amenazado por una guerra de dos frentes. Un enemigo muy fuerte irrumpió por el Noroeste, procedente del Asia Menor, recorriendo sus fronteras. Era un pueblo del cual los eruditos apenas nada supieron hasta nuestro siglo, pero que, sin embargo, representa un gran papel en el Antiguo Testamento: el
pueblo de los hititas.Abraham levantó sus tiendas entre los "hijos de Het" al sur de las montañas de Judá, junto a Hebrón. A ellos les compró la tierra en donde construyó la tumba para su esposa Sara (Gen.
23:3), Esaú se casó a disgusto de sus padres Isaac y Rebeca, con dos doncellas hititas (Gen. 26:34), y también el rey David tomó a la esposa de Urias el hitita (2 Sam.. 11). Por el profeta Ezequiel sabemos que los hititas contribuyeron a la fundación de Jerusalén: "Eres por tu tierra y por tu origen una cananea; tu padre un amorreo, tu madre una hitita" (Ezq. 16:3:45).
FIG. 17
El nuevo descubrimiento del pueblo hitita, que había caído en un completo olvido, tuvo lugar poco después de empezado el actual siglo en el corazón de Turquía.
En la meseta situada al este de la capital, Ankara, el Halis, en su cruce hacia el Mar Negro, describe una gran curva. Casi exactamente en el centro se halla el lugar de Boghasköi; "Boghas," en turco, quiere decir "desfiladero," y "köi," aldea. En esta aldea, situada en un desfiladero, descubrió en 1905 el egiptólogo alemán, profesor Hugo Winckler, toda una serie de inscripciones cuneiformes entre las cuales se encuentra
un raro texto con figuras. Grande fue la expectación que causaron, y no sólo entre los eruditos. Con asombro se entera de quiénes eran los "hijos de Het" nombrados en la Biblia. La traducción de las escrituras cuneiformes pone claramente ante el mundo a los hasta entonces desconocidos hititas de origen indogermánico, y al gran reino que con ellos se hundió.Dos años después tiene lugar una nueva expedición que sale de Berlín y se dirige a Boghasköi. Esta vez va dirigida por el presidente del Instituto Arqueológico de Berlín, Otto Puchstein, quien explora el gran campo de ruinas situado en la parte superior de la aldea. En este lugar se hallaba Hattusas, la soberbia capital del reino hitita. Lo que de él queda son grandes escombros, restos de muros, fragmentos de un templo, pu
ertas de la fortaleza y las ruinas de toda una ciudad. Sus muros abarcaban una superficie de 170 hectáreas. Hattusas era casi tan grande como la medieval Nuremberg. En las puertas de la ciudad había relieves con figuras de tamaño natural. A estas figuras, de basalto negro y dureza similar al hierro, les debemos nuestro conocimiento acerca de los reyes y de los más notables guerreros hititas. Llevaban éstos el pelo largo y arrollado como un moño a la espalda. Encima, un gorro alto y dividido por la mitad. El corto delantal estaba sostenido por un ancho cinturón. Además llevaban zapatos puntiagudos.Cuando hacia el año 1370 antes de J.C. el rey hitita Suppiluliuma se puso en marcha al frente de un poderoso ejército en dirección Sudeste, los días del reino Mitani, a pesar de su política familiar, estaban contados. Suppiluliuma derrotó el reino de los luchadores en carro; los obligó a pagar tributo y los empujó en dirección de los montes del Líbano, hacia el norte de Canaán. Al mismo tiempo, Egipto tenía en Siri
a otro vecino no menos fuerte ni con menos deseos de conquista.De aquel tiempo existe un precioso documento. Se trata de las memorias del príncipe Mursilis, hijo de Suppiluliuma; en ellas da cuenta de un episodio ocurrido en la corte de los hititas, que le impresionó tanto que decidió relatarlo en sus escritos:
Anches-en-Amón, la esposa del faraón Tutankamon, se había quedado viuda. Sus padres eran personajes notables, Eknatón y Nofrete. A ésta la conocemos a través de las maravillosas esculturas egipcias como un ser delicado y juvenil. Y sin embargo, debió de ser una mujer que sabía muy bien lo que quería; mediante la influencia de su personalidad, verdaderamente encantadora, trató de llevar la alta política en forma beneficiosa para su pueblo.
Mediante la oferta hábilmente preparada de un trono faraónico — ¡qué oferta más tentadora! — se esfuerza en deshinchar las velas de su nuevo y poderoso vecino. Los guerreros hititas se hallaban precisamente en Anca, la fructífera tierra situada entre el Líbano y el Anti-Líbano.Mursilis escribe: "Cuando las gentes de Egipto se enteraron del ataque de Anca, se asustaron. Para colmo de desdichas, su señor (Tutankamon) acababa de morir. Entonces su mujer viuda, la reina egipcia, mandó un embajador a mi padre y le escribió como sigue: "Mi esposo murió y no tengo hijos. Se dice que tú tienes muchos. Si me mandases a uno de ellos podría ser mi esposo. Siento una gran aversión por tomar a uno de mis subordinados y desposarme con él." Cuando mi padre lo oyó reunió
a los grandes en consejo y díjoles: "Desde que existe el mundo no he visto cosa semejante." Así mandó a su chambelán Hattu-zitis: "Ve, tráeme una completa información de este hecho insólito. Muy bien podría ser que intentaran engañarme; quizá tienen ya un príncipe; así, pues, tráeme una información completa.""El embajador de Egipto, el honorable Hanis, vino a mi padre. Como éste había instruido a Hattu-zitis antes de su viaje a Egipto para que se informara, pues "quizá tienen un príncipe y traten de engañarme y no necesitan de ninguno de mis hijos para asumir la soberanía del reino," la reina egipcia contestó a mi padre en una misiva:
" "¿Por qué dices tú "podrían tratar de engañarme"? Si tuviese un hijo, ¿escribiría yo a un país extranjero en una forma que resulta humillante para mí y para mi país? Tú no te fías de mí y llegas a decirme todo esto. Aquel que fue mi esposo murió y yo no tengo hijo alguno. ¿Es que he de tomar a alguno de mis servidores y hacer de él mi marido? Aún no he escrito a ningún otro país, sólo te he escrito a ti. Se dice que tú tienes muchos hijos. Cédeme, pues, uno de ellos y será mi esposo y rey en la tierra de Egipto." Como mi padre era tan magnánimo, cedió a los deseos de la reina y decidió mandarle el hijo que solicitaba."
A esta rara proposición de matrimonio, la suerte le negó el éxito. Tanto el trono faraónico como el lecho de Anches-en-Amón permanecieron vacíos. El pretendiente solicitado fue asesinado durante su viaje a Egipto.
Siguiendo la misma ruta Halis-Nilo, otra proposición de matrimonio alcanzaba, unos 75 años después, su término feliz a pesar de que empezó con fragor de armas y ruido de batallas que le hacían presagiar un fin muy diferente. Ramsés II, llamado "el Grande," se dirigió a Siria a través de Palestina. Quiere enfrentarse, por fin, con los odiados hititas.
En el valle del Orontes, donde hoy día existen vastos campos algodoneros y donde el antiguo castillo de los cruzados "Drak-des-Chevalliers" domina la llanura de Bukea, un poco al sur del lago de Moms, intensamente verde, se extendía entonces la ciudad de Kades. Ante sus puertas se enfrentaron cuatro ejércitos egipcios, con rápidos carros de guerra, contra la infantería hitita. Si bien la batalla no proporcionó a Ramsés II la deseada victoria, pues faltó
poco para que quedase prisionero él mismo, consiguió sin embargo poner fin a las hostilidades. En 1280 antes de J.C. los hititas y los egipcios concluyen el primer pacto de no agresión y de defensa mutua de que se tiene conocimiento en la Historia Universal. La buena inteligencia conduce, además, al matrimonio de Ramsés II con una princesa de los hititas. Muchas inscripciones de varios metros de longitud describen detalladamente, en forma viva, el ambiente pintoresco de ese acontecimiento de tan extraordinaria importancia en aquella época. Tanto en los muros de los templos de Karnak, de Elefantina como en Abu Simbel o en las numerosas estelas, en todas partes, el relato se expresa en la misma forma.Ramsés II fue más allá que todos sus predecesores en su pro
pia propaganda y su autoalabanza.Entonces se presentó alguien para entregar un comunicado a Su Majestad. Decía así: "¡Ved! ¡Hasta el gran príncipe de Hatti! (de los hititas). Su hija primogénita es entregada y con ella una multitud de tributos de toda clase. Han alcanzado las fronteras de Su Majestad. ¡Haced que venga el ejército y que vengan los dignatarios para recibirla! Entonces experimentó Su Majestad una gran alegría y fue feliz la corte cuando oyó tales cosas que en Egipto eran completamente desco
nocidas. Así mandó al ejército y a los dignatarios para que se apresuraran a recibirla."Una numerosa delegación se pone en marcha para dirigirse al norte de Palestina a recibir a la novia. Los enemigos de ayer fraternizan. "Salió, pues, la hija del Gran Príncipe de Hatti en dirección a Egipto. Mientras la infantería, los conductores de carros y los dignatarios de Su Majestad la acompañaban, el pueblo del país de los hititas se mezclaba en forma vistosa y pintoresca con los egipcios. Comieron y bebieron ju
ntos; eran un solo corazón, como hermanos..."El numeroso cortejo de la novia salió de Palestina y se dirigió a la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón, situada en el Delta del Nilo. "Después condujeron a la hija del gran príncipe de Hatti... ante Su Majestad... Entonces Su Majestad vio que era bella de rostro como una diosa... Y la amó más que a todas las cosas..."
Los hijos de Israel tuvieron que ser testigos de la llegada del cortejo de la novia a la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón y de las fiestas que se celebraron con dicho motivo. Según explican las descripciones bíblicas, su permanencia en dicha ciudad no fue sin embargo voluntaria. En este momento prosigue también la Biblia su relato. Cuatrocientos años de emigración pacífica y feliz de los hijos de Israel
en la tierra del Nilo hicieron que permaneciera silenciosa. Pero malas noticias aparecen al principio de un nuevo e importante capítulo de la historia del pueblo bíblico.** ** **
1. Papiro de Sallier I, actualmente en el Museo Británico de Londres.
2. Adem
ás de estar descrito en esta pieza literaria el comienzo de la sublevación, lo está en un texto histórico no publicado aún procedente de Karnak.
3. Trabajos de Esclavitud en Pitom y Rameses.
J
osé había muerto hacia muchos años. — Noticias sobre la Biblia en la sepultura de los príncipes. — Pitom, la ciudad de los esclavos f en los textos egipcios. — Nueva residencia en el Delta del Nilo. — Error procedente del afán constructivo y del deseo de aparentar. — Montet desentierra la ciudad de la esclavitud: Rameses. — Moisés se escribía "ms." — Historia de una cestilla de juncos en Mesopotamia. — Moisés emigra a Madian. — Plagas conocidas en la tierra del Nilo.AHORA BIEN, ALZÓSE EN EGIPTO UN REY NUEVO QUE NO HABÍA CONOCIDO A JOSÉ, Y DIJO A SU PUEBLO: "MIRAD QUE EL PUEBLO DE LOS HIJOS DE ISRAEL ES MAS NUMEROSO Y FUERTE QUE NOSOTROS"... ENTONCES PUSIERON SOBRE ÉL CAPATACES DE PRESTACIONES PERSONALES PARA QUE LOS ABRUMARAN CON CARGAS, EDIFICANDO ASÍ PARA EL FARAÓN LAS CIUDADES ALMACEN
ES DE PITOM Y RAMESES (Ex. 1:8-11).El nuevo rey que nada sabe de José es Ramsés II; su desconocimiento es comprensible. José, en efecto, vivió muchos siglos antes que él en la época de los hyksos. Es cosa cierta que apenas fueron transmitidos los nombres de esos soberanos extranjeros tan odiados por los egipcios; nada es de extrañar, pues, si los de sus dignatarios y empleados cayeron totalmente en el olvido. Y aunque Ramsés II hubiera tenido noticia de José no hubiera querido saber nada de él. Para un auténtico egipcio había dos motivos para despreciarle: primero, por su origen asiático, un "nómada del arenal," y después por su calidad de alto empleado de la administración de la odiada potencia que había sometido al país. Bajo este último aspecto el encumb
ramiento de José no sería ciertamente una recomendación para los israelitas.La naturaleza de los trabajos a que se vieron obligados los hijos de Israel en las grandes construcciones del antiguo Egipto, junto a las márgenes del Nilo, puede apreciarse muy bien mediante la contemplación de una antigua pintura que Percy A. Newberry — el descubridor del cuadro de los patriarcas en Beni-Hasan — halló en una tumba excavada en la peña oeste del Valle de los Reyes, de Tebas.
En los muros de una grandiosa bóveda están representadas las realizaciones que, en beneficio de su país, hizo durante su vida un alto dignatario del reino, el visir Rekhmire. Una escena nos lo muestra inspeccionando unas obras. En uno de los detalles relativos a la fabricación de ladrillos lla
ma la atención que entre los trabajadores, cubiertos con un simple delantal, predominan los de piel blanca. Una comparación con los de piel de color muestra que aquellos son semitas."Nos provee de pan, cerveza y de toda clase de cosas buenas," pero, a pesar de tales alabanzas por el cuidado de su manutención, no existe la menor duda de que no trabajan voluntariamente, sino que los trabajos son forzados.
"El palo está en mi mano — dice uno de los capataces egipcios según aparece en escritura jeroglífica—. ¡No seáis holgazanes!"
FIG. 18. -
Obreros extranjeros trabajando en la fabricación de ladrillos en Egipto.El cuadro resulta una impresionante ilustración de las palabras de la Biblia: Los egipcios esclavizaron tiránicamente a los israelitas y amargaron su vida con duros trabajos de arcilla y adobes
(Ex. 1:13-14).Israel era un pueblo de pastores y no estaba acostumbrado a otra clase de trabajo, que, por tanto, le resultaba doblemente pesado.
Los trabajos de construcción y la fabricación de ladrillos eran, para ellos, trabajos de esclavos.
La pintura de la tumba de la peña muestra una escena de la construcción del templo de Amón, en la ciudad de Tebas. Pero las ciudades clásicas de la
servidumbre de los hijos de Israel eran Pitom y Rameses. Ambos nombres aparecen en forma variada en las representaciones egipcias. "Pi-Tum," la "Casa del dios Tum," es el nombre de una ciudad que Ramsés II mandó construir. Y el ya mencionado Pi-Ramsés-Meri-Amón corresponde al bíblico Rameses. Una inscripción de la época de Ramsés II habla de "Pr," "el arrastre de los bloques de piedra para la gran fortaleza de la ciudad Pi-Ramsés-Meri-Amón." Con las letras pr se designa a los semitas en el idioma escrito de los egipcios.Queda aún sin esclarecer la cuestión del lugar donde se hallaban emplazadas ambas ciudades. Todo cuanto se sabe sobre el particular es que los soberanos del Imperio Nuevo habían trasladado su residencia desde la antigua Tebas hacia el Norte, a Avaris, desde la cual los hyksos habían regido el país. La nueva política de la potencia internacional hizo aconsejable no estar demasiado lejos de aquel punto, como acontecía con Tebas, situada mucho más al Sur. Desde el Delta podía ser mas fácilment
e vigilada la inquieta "Asia," las posesiones en Canaán y Siria. El faraón Ramsés II dio su nombre a la nueva capital. De la primitiva Avaris surgió la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón.Después de muchas suposiciones y conjeturas, la piqueta de los arqueólogos puso fin a la diversidad de opiniones sobre el emplazamiento de una de las dos ciudades. El que viaje por Egipto puede incluir en su programa una visita a sus ruinas. Desde El Cairo es una excursión en a
uto de unos 100 km. de recorrido. Aproximadamente a la mitad del canal de Suez, allí donde éste atraviesa el antiguo lago de los Cocodrilos 1, empieza un valle seco que se extiende hasta el brazo oriental del Nilo, conocido con el nombre de Wadi Tumilat. Diez kilómetros de distancia separan a dos montículos formados por ruinas. Uno de ellos es el Tell-er-Retaba, el bíblico Pitom, y el otro el Tell-el-Maschuta, el bíblico Sukkot (Éxodo, 12:37; 13:20). Además de los restos de los depósitos de grano, se encontraron inscripciones en las cuales se habla de almacenes de víveres.
FIG. 19. — Grandes silos para el trigo en Egipto
Si 4.000 años atrás hubiese existido una oficina de protección de patentes, hubiera tenido que conceder una a los egipcios por la invención de los silos. Los que actualmente existen en las haciendas canadienses y americanas aún se construyen según estos modelos. Claro que los silos egipcios no alcanzaron proporciones gigantescas; pero las construcciones de forma circular de 8 metros de diám
etro, con su rampa y embudo de carga, no eran cosa rara en las tierras del Nilo. Fue José quien hizo construir silos de grano cuando era gran visir (Gen. 41:48 y sigs.); y sus descendientes edificaron depósitos de trigo en la tierra de Gosen bajo un régimen de trabajos forzados.La investigación para encontrar la segunda ciudad donde los israelitas se vieron obligados a trabajar en esta forma, Ra-meses
2, no dio resultado durante mucho tiempo. Sólo al cabo de tres decenios después del descubrimiento de Pitom fue finalmente hallada. Esto sucedía en el año 1930.El faraón Ramsés II, llamado el Grande, ha dejado a los arqueólogos muchos enigmas para descifrar. Mayor que su fiebre constructiva fue su vanidad; de suerte que nunca sintió escrúpulos en adornarse con plumas ajenas. ¡La posteridad tenía que quedar maravillada del gran constructor Ramsés II! Y lo consiguió. Los arqueólogos apenas pudieron comprender, al principio, cómo era posible la existencia de tan gran número de templos y edificios profanos que l
levan el nombre del "insigne" Ramsés II. Cuando los edificios fueron examinados más minuciosamente, la explicación saltó a la vista sin gran dificultad. Muchos de aquellos edificios fueron levantados varios siglos antes de Ramsés II. Lo que sucedió es que éste, para satisfacer su vanidad, hizo grabar su monograma en todos ellos.En el Delta la búsqueda de la ciudad de Pi-Ramsés-Meri-Amón llevó de una colina a otra; uno tras otro fueron examinados todos los sitios donde aparecían restos de la antigüedad en el Delta oriental del Nilo: Pitom, Heliópolis, Pelusium y otros. Los enigmas se resolvieron sólo cuando el profesor Fierre Montet, de Estrasburgo, en el año 1929, comenzó sus excavaciones cerca de la actual población pesquera de San, a unos 50 kilómetros a
l sudoeste de Port Said. Este investigador, en sus trabajos, que duraron del 1929 al 1932, descubrió cantidades insólitas de estatuas, esfinges, estelas y restos de edificios, todos sellados con el monograma de Ramsés II. Esta vez no hubo ya duda de que se trataba de las ruinas de Pi-Ramsés-Meri-Amón, la ciudad designada con el nombre de Rameses en la Biblia. Y al igual que Pitom, se encontraron también aquí ruinas de depósitos de granos y almacenes.Los israelitas fueron, en realidad, las víctimas del afán constructivo del Faraón. La situación de la tierra a la cual habían emigrado favorecía la implantación de trabajos de esclavos. El bíblico Gosen, con sus ricos pastos, empezaba a pocos kilómetros al sur de la nueva capital y llegaba hasta Pitom. Nada era más fácil que separar a esos extranjeros de sus rebaños y emplearlos como mano de obra para sus grandes construcciones.
Las ruinas halladas en San nos dejan adivinar los esplendores de la metrópoli de un día. En una misiva escrita en papiro por un contemporáneo se nos describe lo que los esclavos contemplaban en su marcha diaria al lugar donde se realizaban las obras. El alumno Pai-Bos escribe entusiasmado a su maestro Amenen-Opet:
"...He venido a Pi-Ramsés, el favorito de Amón, y encuentro que es maravilloso. Una ciudad soberbia que no tiene igual. La ha fundado el dios Ra según el plano de Tebas. Permanecer en ella equivale a llevar una vida magnífica. Sus campos ofrecen gran variedad de buenas cosas. Diariamente recibe vituallas frescas y carne. Sus estanques están llenos de peces, sus lagunas pobladas de aves, las superficies de sus prados están cubiertas de hierba verde y sus frutos tienen el sabor de la miel en los campos bien cultivados. Sus almacenes están repletos de cebada y de trigo; se elevan hasta el cielo. Hay cebollas y puerros para los guisos, así como granadas, manzanas, aceitunas, higos en los huertos. Vino dulce de Kendkeme que tiene mejor sabor que la miel. El brazo del Delta Shi-Hor produce sal y salitre. Continuo es el paso de las naves. Aquí diariamente hay manjares frescos y reses. Es una delicia vivir en este lugar. Nadie dice: ¡Quiera Dios! Las gentes modestas viven como los potentados. ¡Celebremos allí las fiestas divinas y el comienzo de las estaciones!"
Unos años después la dura vida de los hijos de Israel en el desierto les hace olvidar la amarga servidumbre. Sólo ha quedado el recuerdo de la abundancia de la comida en el Delta del Nilo:
"Y les dijeron: ¡Ojalá hubiéramos muerto en manos de Yahvé en el país de Egipto cuando nos sentábamos junto a la olla de la carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos!" (Ex. 16:3). "¿Quién nos dará a comer carne? Nos acordamos del pescado que de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, melones, puerros, cebollas y ajos... ¿Quién nos dará a comer carne? Ciertamente éramos felices en Egipto" (Num. 11:4-5,18).
Los restos hallados en las excavaciones y los textos contemporáneos de aquella época, que casi al pie de la letra repiten lo mismo, refuerzan esta descripción de la Biblia. Pero no se piense que con ello se haya acallado la disputa académica sobre el valor histórico de estos hechos en la vida de Israel. Casi con enojo suenan las palabras del profesor americano William Foxwell Albright, uno de los pocos eruditos que posee una formación unive
rsal (es teólogo, historiador, filósofo, orientalista y arqueólogo), cuando se expresa de esta manera:"Según nuestros conocimientos actuales de la topografía del Delta oriental, el relato de la partida para el éxodo que se hace en el libro de Moisés (Ex.
12:37; 13:20) es completamente exacto por lo que hace a la descripción del terreno. Nuevas pruebas acerca del carácter esencialmente histórico del relato del Éxodo, sobre el paso por los territorios del Sinaí, Madián y Qadés, no resultará difícil obtenerlas, gracias a nuestros conocimientos, cada día más precisos, sobre la topografía y la arqueología. Por ahora, tenemos que contentarnos con la seguridad de que la postura hipercrítica que por parte de algunos existe aún sobre estos extremos, como existía antes sobre las primitivas tradiciones históricas de Israel, carecen ya en absoluto de fundamento. Hasta la propia fecha de la huida, que durante tiempo fue objeto de polémicas, puede ser ahora determinada dentro de límites no demasiado imprecisos... Si la fijamos en el año 1290 antes de J.C., apenas podemos equivocarnos, ya que los primeros años de Ramsés II (desde 1301 a 1234) estuvieron en su mayor parte ocupados por una gran actividad constructiva que se desarrolló en la ciudad a la cual dio su nombre, la Rameses de la tradición israelita. La notable coincidencia entre esta fecha y la indicación contenida en el Ex. 12:40, de 430 años ("La estancia de los hijos de Israel en Egipto duro 430 años"; Ex. 12:40), hace suponer que su entrada en Egipto debió de tener lugar hacia el año 1720 antes de la era cristiana, cosa que puede ser casual, pero no deja de ser una coincidencia muy notable."El gobierno de Ramsés II representa la época de la opresión y de la servidumbre de Israel;
pero, al propio tiempo, aquella en que surge el gran libertador Moisés:Y SUCEDIÓ POR AQUELLOS DÍAS QUE, SIENDO YA MAYOR MOISÉS, FUE DONDE SUS HERMANOS, COMPROBÓ LO AGOBIADOS QUE ANDABAN Y VIO UN EGIPCIO QUE PEGABA A UNO DE SUS HERMANOS HEBREOS. VOLVIÓSE A UNO Y OTRO LADO Y, NOTANDO QUE NO HABÍA NADIE, MATÓ AL EGIPCIO Y LO ENTERRO EN LA ARENA... ENTERÓSE EL FARAÓN DEL CASO Y TRATÓ DE MATAR A MOISÉS; PERO MOISÉS HUYÓ DE LA PRESENCIA DEL FARAÓN, SE ESTABLECIÓ EN EL PAÍS DE MADIÁN Y CIERTO DÍA SENTÓSE JUNTO A UN POZO (Ex. 2:11-15).
Moisés era un hebreo nacido en Egipto y educado por egipcios y llevaba un nombre típico de este país. "Moisés" es el nombre Mâose, muy corriente junto al Nilo. La palabra egipcia "ms" 3 significa sencillamente "niño, hijo." Un gran número de faraones se llamaban Amosis, Amasis y Thutmosis. Y Thutmose se llamaba el célebre escultor entre cuyas obras maestras figura la cabeza de Nefrete, de sin igual belleza, que todo el mundo admira aún hoy día.
Esto son hechos positivos. Los egiptólogos lo saben. Pero la generalidad fija su atención sobre la célebre historia bíblica de Moisés, sobre la cestilla encontrada en el Nilo, y los eternos escépticos sacan a colación un argumento que, según ellos, pone en duda la autenticidad de tan precioso relato:
"¡Esto no es más que la leyenda del nacimiento de Sargón!" dicen.
Y opinan que se trata de un simple plagio.
Del rey Sargón, fundador de la dinastía semítica de Akkad, 2.360 años antes de J.C., nos hablan los textos trazados en escritura cuneiforme:
"Yo soy Sargón, el poderoso rey de Akkad. Mi madre era una sacerdotisa. A mi padre no le conocí. Mi madre me concibió; me dio a luz a escondidas; me colocó en una cesta de juncos y cerró mi puerta con asfalto. Me abandonó en el río... El río me arrastró llevándome hasta donde estab
a Akki regando. Éste me adoptó como hijo suyo y me educó..."El parecido con la historia bíblica de Moisés es, en realidad, desconcertante:
Mas como no pudiese tenerlo oculto mas tiempo, cogió una cestilla de papiro, calafateada por betún y pez, puso en ella al niño y la coloco en el juncal, orilla del Nilo... (Ex. 2:3...).
La historia de la cestilla es un relato popular muy antiguo entre los semitas. A través de muchos siglos, fue de boca en boca. La leyenda relativa a Sargón, perteneciente al tercer milenio antes de Jesucristo, se encuentra también reseñada en unas tablillas de escritura cuneiforme del primer milenio. Sus detalles no son más que arabescos con los cuales, desde los tiempos más remotos, se adornaba la vida de los grandes
hombres para la posteridad. ¿Quién pondría en duda la realidad histórica del emperador Barbarroja por algunos detalles que la leyenda ha ido tejiendo en torno a su vida?Los empleados del Estado disfrutan en todas partes de la protección oficial. En tiempos de los Faraones ocurría lo mismo que en nuestros días. Así, a Moisés, después de haber dado muerte al capataz llevado por su justa cólera, no le queda otro recurso que la huida, a fin de escapar de un seguro castigo.
Moisés hace lo que, antes que él, hizo Sinuhe. Huye del territorio egipcio en dirección a Oriente. Como Canaán es territorio ocupado por Egipto, Moisés elige, para su exilio, la montañosa comarca de Madián, situada al este del golfo de Akaba, con la cual se siente unido por lazos de parent
esco. Queturá era una mujer del patriarca Abraham, después que Sara hubo muerto (Gen. 25:1). Uno de sus hijos se llamaba Madián. La tribu de Madián es designada en el Antiguo Testamento con el nombre de quineos (Num. 24:21). En árabe "qain," en arameo "qainaya," equivale a herrero. Esta denominación está enlazada con la existencia de metal en las proximidades del lugar donde estaba asentada la tribu. Las cordilleras situadas al este del golfo de Akaba son ricas en yacimientos de cobre, como pudieron comprobar las primeras exploraciones del americano Nelson Glueck.Ningún Estado deja salir de buen grado de sus dominios a los obreros extranjeros, mano de obra barata, y sujetos a servidumbre. Esto lo tuvo que experimentar también el pueblo de Israel. Finalmente, parece ser que las plagas decidieron a los egipcios, conceder el permiso de salida. No existe por ahora ningún documento extra bíblico que pueda aducirse en pro del hecho de las plagas que tuvieron efecto en tiempo de Moisés.
Pero las plagas no son ni inverosímiles ni poco frecuentes. Precisamente forman parte integrante del colorido local egipcio. "Las aguas del Nilo se convirtieron en sangre." "Subieron ranas y cubrieron toda la tierra de Egipto." "Vinieron mosquitos y tábanos y una peste sobre el ganado y pústulas eruptivas, y finalmente granizo, langostas y tinieblas" (Ex. 7-10).Todas estas cosas que cita la Biblia las está sufriendo Egipto hasta en nuestros días. Tal sucede, por ejemplo, con el "Nilo rojo."
Los materiales de aluvión procedentes de los lagos de Abisinia colorean el agua del río especialmente en la parte superior de su curso, y esa coloración adquiere, muchas veces, un matiz rojo obscuro tirando a pardo. Las aguas adquieren un aspecto muy parecido al de la sangre. En las épocas de las inundaciones aumentan las ranas y también los mosquitos, a veces en forma tan considerable, que se convierten en verdaderas plagas. Algo semejante sucede con los tábanos. No es raro que lleguen a invadir extensas regiones; penetran en los ojos, en la nariz y en las orejas, dando lugar a acerbos dolores.
En cuanto a pestes del ganado las hay frecuentes en todo el mundo. Y por lo que se refiere a las pústulas que invaden tanto al hombre como a los animales, puede tratarse del llamado sarpullido o sarna del Nilo. Consiste en erupciones que producen una gran comezón, son contagiosas y, a menudo, se convierten en úlceras terribles. Esta fea enfermedad de la piel también amenaza a Moisés como castigo al cruzar el desierto: “ΎαΙινό te herirα con las ϊlceras de Egipto, con almorranas, con sarna, con tina, de que no curaras" (Deut. 28:27).
El pedrisco es verdaderamente raro en el Nilo, pero no desconocido. La época más propicia para que ocurra son los meses de enero o febrero. En cambio,
las nubes de langosta constituyen catástrofes muy frecuentes y típicas en los países de Oriente. Igual ocurre con las repentinas tinieblas. El chamsin, designado vulgarmente con el nombre de simún, es un viento ardiente que arrastra masas considerables de arena, las cuales ocultan la luz del sol, le dan un aspecto mate y amarillento y hacen que, en pleno día, apenas si se vea. Sólo la muerte del primogénito es una plaga para la cual no existe explicación alguna (Ex. 12) 4.** ** **
1. Lago Timsah.
2. Es de
cir, Pi-Rarasés-Meri-Amón, el primitivo Avaris.3. "ms" está por musu; el lenguaje culto egipcio renuncia a las vocales.
4. Es cierto que cada una de las plagas (si exceptuamos la décima) "están relacionadas con fenómenos naturales que tienen efecto en Egipto." Esto no quiere decir, sin embargo, que estos fenómenos,
tal como son narrados en la Sagrada Escritura, fuesen meramente naturales. Tanto por la consideración del texto como por alusiones posteriores aparece claro que las plagas tuvieron un carácter marcadamente milagroso, fueron verdaderos milagros en cuanto al modo, pues no habrían sucedido tal como sucedieron "sin la intervención de un poder especial divino." Cfr. B. Orchard..., Verbum Dei I, Barcelona, 1956, pág. 519 (N. del T.).
Salida de Rameses. — Dos probables escenarios del milagro del mar. — Huellas de vados en el canal de Suez. — Jornadas de tres días sin agua. — Bandadas de codornices en la época de emigración de las aves. — Una expedición que pone en claro el fenómeno del maná. — Un centro minero egipcio en el Sinaí. — El alfabeto en el templo de Hathor.
PARTIERON. PUES, LOS HIJOS DE ISRAEL DE RAMESES HACIA SUKKOT (Ex. 12:37). ASÍ, PUES. DIOS HIZO RODEAR AL PUEBLO POR EL CAMINO DEL DESIERTO HACIA EL MAR ROJO (Ex. 13:18). PARTIERON DE SUKKOT Y ACAMPARON LUEGO EN ETAM (Ex. 13:20). PERSIGUIÉRONLOS, PUES, LOS EGIPCIOS Y LES DIERON ALCANCE — TODA LA CABALLERÍA Y LOS CARROS DEL FARAÓN Y SUS JINETES Y SU EJÉRCITO — MIENTRAS ACAMPABAN JUNTO AL MAR CERCA DE PI-HAJIROT (Ex. 14:9).
La primera parte del camino andado en la huida de Egipto puede seguirse fácilmente sobre el mapa. No se extiende — conviene hacerlo notar — en dirección de la posteriormente llamada "Vía Filistea" (Ex.
13:17), que era la gran ruta que, a través de Palestina, conducía de Egipto al Asia. Esta gran ruta, que seguían las caravanas y las columnas militares, corre casi paralela a la costa del Mediterráneo y era la más corta y la mejor, pero al mismo tiempo la más vigilada de todas. Un verdadero ejército de soldados y de funcionarios ejercía un estricto control sobre ella desde los fuertes fronterizos.Esa ruta ofrecía un peligro grande. Por esto el pueblo de Israel se desvía hacia el Sur. Desde Pi-Ramsés, ciudad situada en el delta del Nilo, en su margen derecha, se dirige primero a Sukkot, situada en el Wadi Tumilat, luego hacia Etam. Pi-Hajirot, la más próxima estación. La Biblia indica que este lu
gar estaba situado "entre Migdal y el mar, frente a Baalsefón" (Ex. 14:2). "Miktol" aparece también en los textos egipcios; significa algo así como torre. Una fortaleza guardaba en aquella parte sur la ruta las caravanas que se dirigían al territorio del Sinaí. A 25 kilómetros al norte de Suez fueron desenterradas sus ruinas.EXTENDIÓ MOISÉS LA MANO SOBRE EL MAR Y YAHVÉ RETIRÓ EL MAR MEDIANTE UN FUERTE VIENTO SOLANO QUE SOPLÓ TODA LA NOCHE, DEJÓ AL MAR SECO Y LAS AGUAS SE HENDIERON. ENTONCES LOS HIJOS DE ISR
...Una división de carros de combate, que intenta alcanzar al pueblo de Israel, es engullida por el mar junto con sus caballos y sus jinetes
.Este "milagro" ha ocupado incesantemente la atención de los hombres. Lo que ni la ciencia ni la investigación pudieron aclarar hasta ahora no es la huida en sí, para la cual existen muchas posibilidades reales. Lo que es objeto de controversias es sólo el escenario, sobre cuyo emplazamiento no existe todavía una completa certeza.
La primera dificultad consiste en la traducción. La palabra hebraica "Yam suph" ha sido traducida unas veces por "Mar Rojo" y otras por "Mar de los Juncales," es decir, Mar de los Cañaverales. De los cañaverales se habla repetidas veces: "Pues hemos oído cómo Yahvé secó ante vosotros el agua del Mar de los Cañaverales en vuestra salida de Egipto..." (Jos.
2:10). En el Antiguo Testamento se designa hasta el profeta Jeremías con el nombre de "Mar de los Cañaverales." El Nuevo Testamento menciona sólo el Mar Rojo (Ap. 7:36; Hebr. 11:29).En las orillas del Mar Rojo no crece ningún cañaveral. El verdadero Mar de los Cañaverales estaba situado más al Norte. Una reconstrucción que responda realmente al lugar preciso — y ésta es la segunda dificultad — no es posible en modo alguno. La construcción del canal de Suez en el pasado siglo ha modificado por completo el aspecto de esta comarca. Según los cálculos más verosímiles el milagro de
l mar tiene que haber acontecido precisamente en aquel territorio. Así, por ejemplo, el antiguo lago Ballah, situado al sur de la ruta de los filisteos, ha desaparecido al construirse el canal; era una comarca que se encharcaba. En tiempos de Ramsés II el Golfo de Suez se comunicaba con los Lagos Amargos. Al parecer, esta comunicación se extendía hasta el lago Timsah, el Lago de los Cocodrilos. La parte de agua que unía el Golfo de Suez con los Lagos Amargos era vadeable por muchos sitios. Es completamente verosímil que la huida de Egipto tuviese lugar a través de este "Mar de los Cañaverales."En los primeros tiempos del cristianismo sospecharon algunos peregrinos que la huida de Egipto se efectuó a través del Mar Rojo. Pensaban, al decir esto, en la extremidad septentrional del Golfo en las proximidades de la ciudad de Es-suwes, el Suez de nuestros días. También aquí pudo tener lugar la travesía. A veces los fuertes vientos del Noroeste hacen retroceder de tal manera las aguas al ex
tremo norte del Golfo de Suez, que éste puede atravesarse de a pie. En Egipto predomina el viento del Oeste. En cambio, el "viento del Este" mencionado en la Biblia es típico en Palestina 1.DESPUÉS MOISÉS HIZO PARTIR DEL MAR ROJO A LOS ISRAELITAS, QUIENES SE DIRIGIERON AL GRAN DESIERTO DEL SUR, POR EL CUAL CAMINARON TRES DÍAS SIN HALLAR AGUA, Y LLEGARON A MARA, DE CUYA AGUA NO PUDIERON BEBER, PORQUE ERA AMARGA (Ex.
15:22-23).LLEGARON A ELIM, DONDE HABÍA DOCE FUENTES Y SETENTA PALMERAS (Ex.
15:27).PARTIERON DE ELIM Y TODA LA CONGREGACIÓN DE LOS HIJOS DE ISRAEL LLEGÓ AL DESIERTO DE SIN, QUE ESTA ENTRE ELIM Y EL SINAÍ (Ex. 16:1).
Entonces empieza la penosa marcha, la vida nómada en el árido paisaje de la estepa, ¡que tiene que durar cuarenta años!
Con asnos, cabras y ovejas sólo pueden realizarse jornadas diarias de unos 20 kilómetros; el fin de la jornada está siempre en la próxima aguada.
Durante cuarenta largos años peregrinan los hijos de Israel siguiendo el confín del desierto de una fuente a otra, de una aguada a otra aguada. Teniendo en cuenta los puntos de descanso citados en la Biblia, pueden identificarse muy bien las diferentes etapas.
El itinerario seguido viene descrito en forma verídica y convincente en el capítulo 33 del libro de los Números
. Como es lógico, una comunidad formada por seres humanos y por animales no se aleja, ni en el Negueb ni en el territorio del Sinaí, de los oasis ni de los pastizales.Desde el Nilo hasta las montañas de la península del Sinaí se desarrolla un antiquísimo camino de herradura. Era el camino por el que llegaban las innumerables columnas de trabajadores y de esclavos que, ya desde el año 3000 antes de J.C. extraían el cobre y las turquesas del Monte Sinaí. Más de una vez, en el transcurso de los milenios, fu
eron abandonadas las minas, permaneciendo durante varios siglos en el olvido. Ramsés II se acordó de los tesoros que yacían ocultos en aquel lugar y puso de nuevo las minas en explotación.A lo largo de este camino que conducía a la región minera, Moisés guía a su pueblo. Empieza en Menfis, llega junto a la punta del Golfo al sitio donde actualmente se halla situada la ciudad de Suez, y luego tuerce por una región sin agua de unos 70 kilómetros de profundidad, sin oasis y sin un solo manantial. Expresament
e se dice en la Biblia que al principio del éxodo de Egipto los israelitas deambularon durante tres días por el desierto sin agua; que después llegaron a una fuente amarga y poco después alcanzaron un fértil oasis con "doce fuentes y setenta palmeras." Estos datos tan precisos de la Biblia ayudaron a los investigadores para dar con la ruta histórica del éxodo.Para una caravana formada por rebaños de ganado y mucha gente, 70 kilómetros representan una marcha de tres días. Los nómadas pueden recorrer semejante distancia. Para ello llevan en sus zurrones una "ración de agua reservada," en odres de piel de cabra, como los que llevaba la familia patriarcal de la pintura mural de Beni Hasan. A 70 kilómetros, contando desde la extremidad norte del Mar Rojo, mana
aún hoy día una fuente, "Ain Hawarah," según se la designa en el lenguaje de los beduinos. Los nómadas, cuando llevan sus rebaños, se detienen a disgusto en este lugar. El agua en realidad no invita a hacer un alto. Es salobre y sulfurosa, "amarga," dice la Biblia. Es la antigua Mará.Unos 24 kilómetros más hacia el Sur, exactamente a una jornada de marcha más lejos, se extiende el Wadi Garandel: un magnífico oasis con umbrías palmeras y muchas fuentes. Éste es el bíblico Elim, el segundo lugar de reposo. Más allá de Elim empieza el desierto de Sin, junto a la costa del Mar Rojo, hoy día llanura de El Kaa. Los hijos de Israel tienen, a decir verdad, un corto camino andado a sus espaldas, pero desacostumbrado y lleno de privaciones, para ellos, principalmente después de la vida que habían llevado en Egipto, que si bien era dura, era también ordenada y sin preocupaciones por saciar el hambre. No es de extrañar, pues, que la desilusión y el descontento cundieran entre el pueblo. Sin embargo, la insuficiente alimentación del desierto pudo ser completada gracias a dos acontecimientos imprevistos y bien recibidos.
EN EFECTO, A LA TARDE SUBIERON LAS CODORNICES Y CUBRIERON EL CAMPAMENTO, Y POR LA MAÑANA HABÍA UNA CAPA DE ROCÍO ALREDEDOR DE ÉL. CUANDO SE EVAPORÓ EL ROCÍO, ADVIRTIERON QUE HABÍA SOBRE LA SUPERFICIE DEL DESIERTO UNA COSA MENUDA A MODO DE ESCAMAS, MENUDA COMO ESCARCHA, SOBRE LA TIERRA. CUANDO LO VIERON LOS HIJOS DE ISRAEL DIJÉRONSE UNOS A OTROS: "¿QUÉ ES?" (MAN-HU), PUES NO SABÍAN LO QUE ERA. MOISÉS DIJO: "ES EL PAN QUE NOS HA DADO YAHVÉ PARA ALIMENTO" (Ex. 16:13-15).
Grandes han sido las discusiones entabladas en torno a la cuestión de las
codornices y del maná. ¡Cuántos escepticismos han suscitado! Y, sin embargo, tanto las codornices como el maná son algo natural 2. Basta con preguntar a un profesor de Ciencias Naturales, o a los naturales del país que aún hoy día pueden observar un fenómeno parecido.FIG. 20. — Caza de codornices junto al Nilo.
La huida de Egipto de los israelitas tiene lugar en primavera, es decir, en la época de las grandes emigraciones de las aves. Desde el África, que en verano resulta insoportable por el calor y la sequía, los pájaros, desde tiempos antiquísimos, se dirigen a Europa siguiendo dos rutas. Una de ellas lleva desde la punta occidental de África a España; la segunda, alrededor del Mediterráneo oriental, a los Balcanes. Entre las aves peregrinas se encuentran las codornices, que en los primeros mes
es del año pasan por encima de las aguas del Mar Rojo, que tienen que atravesar en su ruta hacia el Este. Cansadas de tanto volar, se dejan caer en las llanuras costeras para recuperar sus fuerzas a fin de realizar después el vuelo por encima de las altas montañas hasta alcanzar el Mediterráneo. Flavio Josefo (Ant. III, t. 5) da cuenta de este hecho; pero aún en nuestros días, en los meses de primavera y otoño, los beduinos cazan con la mano en aquella misma comarca a las cansadas codornices.Por lo que se refiere al célebre maná, es preferible ver lo que dicen los botánicos. Ante todo, el que se interese por este producto lo hallará entre la lista de exportaciones de la península del Sínai. Por lo demás, los árboles donde se produce vienen indicados en todas las reseñas botánicas del Próximo Oriente, especialmente la Tamarix mannifera. Para la generalidad de las gentes, el bíblico pan del cielo sigue siendo un misterio inexplicable. El fenómeno del maná viene a ser un ejemplo clásico de la manera persistente y obstinada de cómo ciertas opiniones y puntos de vista arraigan en la gente, a veces, durante generaciones y más generaciones, y cuan difícil le resulta entonces a la verdad abrirse paso. Parece cual si nadie quisiera admitir la realidad de los hechos, y ésta es que el "maná del cielo" existe en realidad. Y no nos faltaban por cierto descripciones verídicas sobre su existencia. El siguiente relato de un testigo ocular tiene más de 500 años:
"En todos los valles que rodean al monte Sinaí se encuentra hasta en nuestros días el llamado "pan bajado del cielo" que los monjes y los árabes recolectan, conservan y venden a los peregrinos y extranjeros que pasan por aquel país." Esto escribía en el año 1483 el decano de Maguncia Breitenbach al describir su peregrinación al Sinaí. "Dicho pan cae por la mañana, al amanecer, cual rocío o escarcha, a gotas sobre la hierba, las piedras o las ramas de los árboles. Es dulce como la miel, y se adhiere a los dientes cuando se mastica. De él hemos adquirido algunas porciones."
En 1823, el botánico alemán G. Ehrenberg publicó un folleto
3 que hasta sus colegas recibieron con escepticismo. A decir verdad, sus explicaciones parecían inverosímiles, pues venía a decir que el maná no era más que una secreción de los árboles y de los arbustos de tamariscos cuando éstos reciben las picaduras de una clase especial de cochinillas que son privativas del Sinaí.Cien años después tiene lugar una auténtica expedición para proceder al descubrimiento del maná. Los botánicos Federico Simón Bodenheimer y Osear Theodor de la Universidad Hebrea de Jerusalén se dirigen a la península del Sinaí para esclarecer la tan debatida cuestión del fenómeno del maná. Durante varios meses los dos hombres de ciencia exploran las tierras secas y los oasis que
rodean el monte Sinaí. Su comunicado causa una gran sensación. No sólo traen consigo la primera fotografía del maná, sino que, como resultado de su investigación, confirman completamente los datos de Breitenbach y de Ehrenberg, afirmando además la verdadera realidad con que la Biblia da cuenta de la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto.Sin la cochinilla mencionada por primera vez por Ehrenberg no existiría, en realidad, el maná. Los pequeños insectos viven especialmente sobre los tamariscos, una especie de acacia nativa del Sinaí. Estos tamariscos segregan un jugo duro que, según los datos facilitados por Bodenheimer, tiene la forma y el tamaño de las semillas del cilantro (Coriandrum sativum). Al caer es blanco; pero cuando hace tiempo que está depositado en el suelo adquiere una coloración amarillopardusca. Como es natural, ambos investigadores han probado el maná. "El sabor de los gránulos cristalizados de maná tiene un dulzor especial — dice Bodenheimer —. Puede compararse más bien al azúcar de panal, es decir, al producto de la vieja miel de abejas." "Y era como la semilla del cilantro blanco — dice la Biblia—y tenía un sabor como de torta de harina amasada con miel" (Ex. 16:31).
Los resultados de la expedición confirman asimismo la restante descripción del maná: "Recogíanlo, pues, todas las mañanas, cada uno según el sustento que necesitaba y cuando calentaba el sol derretíase"
(Ex. 16:21). Exactamente igual se apresuran los beduinos en nuestros días en las montañas a recoger a primera hora su "Mann es-samâ," o sea el "maná del cielo," pues las hormigas son competidoras voraces. "Empiezan su recolección cuando el suelo ha alcanzado una temperatura de 21 grados centígrados," se dice en el relato de la expedición. "Esto sucede hacia las ocho y media de la mañana. Hasta entonces los insectos están aún en estado letárgico."Así que las hormigas se ponen en movimiento desaparece el maná. Esto es lo que el cronista de la Biblia quiso seguramente significar cuando dice que se liquidaba. Los beduinos no se olvidan ciertamente de almacenar el maná cuidadosamente en un puchero, ya que, de no ser así, las hormigas se precipitarían sobre él y lo devorarían. Igual aconteció en la época de la peregrinación de Moisés: "Muchos dejaron algo para el día siguiente; pero se lleno de gusanos..." (Ex. 16:20).
La recolección del maná depende de una favorable lluvia de invierno y es distinta a través de los años. ¡Si el año es favorable, los beduinos del Sinaí suelen recoger cada mañana medio kilo por hombre! Una cantidad apreciable que puede ser suficiente para alimentar a una persona adulta. Así pudo ordenar Moisés a los israelitas:
"Que cada uno de vosotros recoja la cantidad que necesite para alimentarse" (Ex. 16:16).
Los beduinos amasan con las gotas de maná una papilla que suele añadirse como complemento muy apreciado y rico en vitaminas a una alimentación demasiado monótona. El maná es también un producto de exportación y, bien conservado, un producto inalterable, puesto que puede conservarse por tiempo ind
efinido.Y Moisés le dijo a Aarón: "Coge un vaso, pon en él un ómer lleno de maná, colócalo delante de Yahvé a fin de conservarlo para vuestros descendientes"
(Ex. 16:33)."Los israelitas comieron del maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada, o sea hasta que llegaron a la frontera del país de Canaán" (Ex. 16:26).
Los tamariscos productores de maná siguen poblando el Sinaí a lo largo del desierto de Arabia hasta el Mar Muerto.
PARTIERON DEL DESIERTO DE SIN Y ACAMPARON EN DOFQÁ
El desierto de Sin, que se halla a varios centenares de metros sobre el nivel del Mar Rojo, se extiende vasto y monótono. En la cálida meseta, las brillantes y amarillas superficies de los arenales están sólo interrumpidas por plantas de esquenanto y escasos matorrales. Ni el viento ni la brisa suelen herir aquí el rostro de los caminantes. Aquel que siguiendo la vieja ruta de las caravanas se dirige hacia el Sudeste atravesando este país disfruta de una visión inolvidable: de repente aparecen ante él los escarpados perfiles de una montaña que surge del horizonte, destacándose sobre la meseta: es el macizo del Sinaí.
A medida que el caminante se acerca a él van apareciendo formaciones geológicas que brillan en forma inusitada y en una rara escala de matices. Las peñas de granito de colores rosado y malva se destacan crudamente sobre el cielo azul. En medio, hay vertientes y precipicios de tono ámbar pálido y de un azufre rojizo con vetas de pórfido color de plomo y bandas de feldespato de un verde obscuro.
Es como si la policromía y la magnificencia de un jardín lleno de flores hubiesen quedado petrificadas en esa sinfonía de piedra. En la linde del desierto de Sin termina el camino trillado y se pierde en un valle.
Nadie supo hasta finales del siglo XIX dónde tenía que buscarse el emplazamiento de Dofqá. Solamente el nombre hace alguna referencia a aquél. Dofqá, en efecto, según dicen los filólogos, es un nombre que en hebreo equivale a "hornos de fusión." Y es cierto: allí donde hay algún metal escondido suele haber hornos de fusión.
En los días de primavera del año 1904, el inglés Flinders Petrie, famoso ya como investigador en el campo de la arqueología bíblica, sale de Suez con una larga caravana de camellos. Un verdadero enjambre de eruditos, treinta entre arquitectos, egiptólogos y auxiliares, le acompañan. Desde las instalaciones del muelle del canal de Suez, la expedición sigue las huellas del camino que los egipcios seguían para alcanzar la región del Sinaí. Este camino pasa a través del desierto de Sin hasta las cordilleras y sigue la misma ruta que siguieron los israelitas al huir de Egipto.
La caravana avanza lentamente por uno de los valles alrededor de la vertiente abrupta de la montaña; el reloj parece haber retrocedido de repente dos o tres milenios, o hasta quizá cuatro. La caravana se ambienta de súbito en el mundo de los Faraones. Petrie ordena que se detenga. En la plataforma formada por unos peñascos del valle se eleva un antiguo templo. El busto de una diosa con orejas de
vaca fija sus ojos rígidos desde las columnas cuadrangulares del vestíbulo, donde se halla. Un conglomerado de estelas y, junto a ellas, un alto pilón, parecen haber surgido del suelo. La arena amarilla, alrededor de pequeños altares de piedra, muestra claras huellas de cenizas originadas por los holocaustos. Obscuros pasadizos se abren en las vertientes próximas, y altiva, sobre el valle, se eleva la ingente mole del monte Sinaí.El griterío de los guías cesa. La caravana permanece quieta, como sobrecogida ante tan fantasmagórica visión.
En las ruinas del templo descubre Petrie el nombre del gran Ramsés II grabado en la piedra. La expedición se encuentra ahora en Serabit el-Chadem, el antiguo centro industrial y minero dedicado a la extracción de cobre y de turquesas. Todo hace pensar que es aquí donde hay que buscar a la bíblica Dofqá.
Durante dos años largos, un campamento de tiendas colocado delante del antiguo templo da vida al valle.
Las escenas de culto y las representaciones de sacrificios halladas en los muros de este santuario recuerdan que aquí' fue venerada la diosa Hathor.
Los enormes montones de fragmentos que llenan los valles próximos nos hacen comprender la cantidad de excavaciones que se hicieron para la extracción del mineral de cobre y de las turquesas. Las huellas de los golpes de las herramientas aparecen en forma inequívoca; y las ruinas de las colonias donde vivían los mineros pueden distinguirse aún en los alrededores.
El sol calcina de forma despiadada aquel anfiteatro formado por las montañas, tanto, que el calor llega a ser verdaderamente insoportable, dificultando la labor de los expedicionarios. En verdad, el trabajo en estas minas, sobre todo en el verano, debió de ser un infierno. Así lo deja suponer una inscripción de tiempos de Amenemhet III, que reinó alrededor del año 1800 antes de J.C.
"Hor-ur-Re, guardasellos del Faraón y "jefe de los trabajadores," dirige un mensaje a los mineros y esclavos trabajadores. Él trata de estimularlos y darles ánimos en estos términos: ¡Por afortunado puede considerarse todo aquel que se halla trabajando en estas minas!"
Pero ellos respondieron:
"Cierto que hay turquesas en la mina. Pero es en la piel en lo que hay que pensar en esta estación. Sabemos que el mineral es siempre extraído en esta época; pero, la verdad, ¡imposible resistir en esta estación insoportable!"
Hor-ur-Re contesta:
"En todos los tiempos en que yo he llevado los hombres a las minas me ha guiado la gloria del rey... Mi rostro no estuvo nunca decaído ante el trabajo... Nunca exclamé: "¡Oh, si tuviera una buena piel!" Antes bien mis ojos brillaban..."
Mientras las excavaciones se hallan en pleno desarrollo en las viejas minas, en las antiguas residencias de los mineros y en el ámbito del templo, a pocos pasos del santuario de la diosa Hathor, aparecen fragmentos de tablas de piedra que estaban debajo de la arena. Entre ellas hay también una estatuilla. Tanto en las tablas como en la escultura hay grabados unos signos raros. Ni Flinders Petrie ni los egiptólogos que figu
ran entre sus colaboradores pueden descifrarlos. Se trata de signos trazados en una escritura jamás vista. A pesar de que esos signos tienen un aspecto sumamente gráfico — recuerdan los jeroglíficos egipcios—, no puede tratarse de ninguna escritura jeroglífica. Para ello existe demasiado poca variedad de signos.Una vez examinadas todas las circunstancias del hallazgo, Flinders Petrie llega a la siguiente arriesgada conclusión: "Este sistema de signos lineales debió proceder de los obreros de Retenu
4 que eran contratados por Egipto y que son nombrados a menudo. La consecuencia es trascendental: los sencillos obreros cananeos ya estaban familiarizados con la escritura hacia el año 1500 antes de J.C. y dicha escritura no tiene nada que ver ni con los jeroglíficos, ni con los signos cuneiformes. Además desvaloriza definitivamente la hipótesis según la cual los israelitas, que después de su huida de Egipto atravesaron esta comarca, no supiesen escribir."Esta comunicación causó una sensación enorme en los círculos de los arqueólogos de los dedicados al estudio de las Sagradas Escrituras y de los historiadores. Todos los conocimientos que hasta entonces se poseían sobre el origen y el primer uso de una escritura en Canaán tuvieron que ser desechados. Parecía imp
osible que los habitantes de Canaán poseyeran ya escritura propia a mediados del segundo milenio antes de J.C. Sólo por el texto de las tablas del Sinaí podía ser demostrado si Petrie tenía verdaderamente razón. Inmediatamente después de su regreso a Inglaterra, Flinders Petrie hizo copiar las tablas.Los expertos de todos los países en la interpretación de los escritos antiguos se dedican al estudio de aquellos caracteres. Ninguno consigue encontrar en ellos sentido alguno. Sólo diez años más tarde, Sir Alan Gardiner, el genial descifrador de los textos egipcios, descorre el velo. Ha conseguido descifrar parte de la inscripción. El "bordón del pastor," repetidamente entallado, le ha servido de gran ayuda. En una combinación de cuatro o cinco signos que se repiten muchas veces, ¡al fin cree descubrir Gardiner unas palabras del antiguo lenguaje de los hebreos! Los cinco signos l-B’-l-t los considera dedicados a "da diosa Baalath."
En el segundo milenio antes de J.C., en la ciudad costera de Biblos, era venerada una deidad femenina con el nombre de Baalath. A la misma deidad le fue erigido un templo por parte de los egipcios en Serabit el-Chadem; sólo que aquí era designada con el nombre egipcio de Hathor. Los trabajadores de Canaán habían extraído cobre y turquesas de las proximidades de este templo.
La cadena de las comprobaciones se habían cerrado. La importancia del hallazgo realizado en el monte Sinaí sólo pudo ser apreciada en todo su valor después de minuciosas y pacientes investigaciones y estudios, seis años después del fallecimiento de Flinders Petrie.
Gardiner sólo había podido descifrar una parte de los raros signos. Tres decenios después, en 1948, un equipo de arqueólogos de la Universidad de California, en Los Angeles, encuentra la clave que permite una traducción, palabra por palabra, de todas las inscripciones de las tablillas del Sinaí. ¡Éstas proceden sin duda de una época que puede situarse en el año 1500 antes de J.C. y están escritas en un dialecto de Canaán!
Lo que Flinders Petrie arrancó de la ardiente tierra del Sinaí en 1905 lo tienen los hombres de todo el mundo ante sus ojos aunque en forma ligeramente modificada en periódicos, revistas, libros, ¡hasta en los propios tipos de la máquina de escribir! Las piedras de Serabit el-Chadem no
s muestran los antecedentes de nuestro alfabeto actual. Las dos formas de expresión del "Fértil Creciente," caracteres en forma de figuras y letras cuneiformes, eran ya antiquísimas cuando, en el segundo milenio antes de J.C., se formó un tercero y más importante método de expresión: el alfabeto. Seguramente, acuciados por la escritura figurativa de sus colegas de trabajo, oriundos de la tierra del Nilo, los semitas del Sinaí formaron una escritura propia y completamente distinta.Las célebres inscripciones del Sinaí representan los primeros pasos del alfabeto semítico septentrional, que es, en línea directa, el padre y precursor de nuestro actual alfabeto. Se escribía así en Palestina, en Canaán, en las repúblicas marítimas de los fenicios; a fines del sig
lo IX antes de Jesucristo pasó a ser del dominio de los griegos. Desde Grecia pasa a Roma y desde Roma a todo el mundo. "Luego dijo Yahvé a Moisés: "Escribe esto para recuerdo en un libro"" (Ex. 17:14).FIG. 21. — Origen y desarrollo de nuestro alfabeto
.Por primera vez se habla en el Antiguo Testamento de "escrito" cuando el pueblo de Israel llegó en viaje a través del desierto a la estación que está después de Dofqá. Ni una sola vez aparece antes dicha palabra. La operación de descifrar las tablas del Sinaí hizo considerar este lugar bíblico a la luz, completamente nueva, de un testimonio histórico; pues desde entonces sabemos que 300 años antes de que Moisés llevara por aquellos lugares al pueblo isra
elita salido de Egipto, las gentes de Canaán, en su lenguaje, estrechamente emparentado con el de Israel, usaban la escritura en su país.** ** **
1. Dios se valió sin duda de un viento del Este, particularmente fuerte y continuo, para demostrar tanto a su
pueblo como a sus perseguidores su omnipotencia en este hecho milagroso. Cfr. B. Orchard..., o. c., págs. 527-528.2. En realidad tanto el hecho de las codornices como el del maná tal como son descritos en el texto sagrado
no son completamente naturales. El alimento era natural, no las circunstancias (tiempo, duración, cantidad, etc.) que hacen que estos hechos sean en parte milagrosos o preternaturales. Cfr. B. Orchard..., o. c., Pág·530 (N. del T.).3. Symbola physica.
4. Es decir, de Canaán.
L
a "perla del Sinaí." — Israel contaba con 6.000 hombres. — Una cascada brota de la peña. — Técnica experimental de los nómadas. — La "zarza ardiente," ¿es una planta que emite gas? — En El valle de los monjes y de los ermitaños. — La gran maravilla.TODA LA COMUNIDAD DE LOS HIJOS DE ISRAEL PARTIÓ DEL DESIERTO DE SIN, HACIENDO SUS ETAPAS DE ACUERDO CON LAS ÓRDENES DE YAHVÉ, Y ACAMPÓ EN REFIDIM... LUEGO VINIERON LOS AMALECITAS Y PELEARON CONTRA ISRAEL EN
REFIDIM (Ex. 17:1,7).Refidim es el actual Feirán de los árabes, considerado como la "perla del Sinaí." Resguardado en la soledad por la gigantesca montaña, aquel paraíso en miniatura ofrece el mismo aspecto que hace varios milenios. Un bosquecillo de palmeras procura una sombra bienhechora. Como en tiempos de sus milenarios antepasados, los nómadas conducen sus rebaños a este lugar para abrevarlos y para que descansen sobre la alfombra de menudo césped.
Desde su campamento, Flinders Petrie emprende incursiones para explorar los territorios vecinos. En marchas sujetas a grandes privaciones va reconociendo uno por uno los valles y los montes hasta las orillas del Mar Rojo. Comprueba que Feirán es el mismo oasis que se extiende por toda la parte sur del macizo montañoso. Para los nómadas que aquí viven era, y sigue siendo, de gran importancia y su posesión más valiosa. "Los amalecitas — deduce Flinders Petrie — querían defender el wadi Feirán contra las incursiones de los extranjeros." Y luego hace esta reflexión: "Si el clima ha permanecido invariable (y esto nos lo atestiguan las columnas de granito de Serabit el-Chadem, tan maravillosamente conservadas), el número de habitantes debe de ser el mismo. En nuestros días, la población de la península del Sinaí se estima en unos 5.000 a 7.000 nómadas con sus rebaños. Las huestes de Israel debieron de cifrarse, pues, en 6.000 hombres, como lo prueba el combate indeciso con los amalecitas."
"Y acaeció que cuando Moisés alzaba sus brazos, Israel prevalecía; mas cuando los dejaba caer, ganaba Amaleq" (Ex. 17:11).
"Hasta ponerse el sol" duró la lucha. Finalmente, Josué pudo decidir la victoria en favor de Israel. Con esto quedaba libre el camino hasta la fuente del oasis de Refidim. Pero antes de llegar allí, "no había agua para que el pueblo bebiese" (Ex. 17:1).
En este apuro tomó Moisés en sus manos su vara, golpeó con ella una peña y de ella brotó agua (Ex.
17:6), lo cual es considerado como imposible por parte de los eternos incrédulos y por otros, a pesar de que la Biblia, en esta descripción, no hace más que transmitir un hecho natural.El mayor C. S. Jarvis, que fue gobernador británico del territorio del Sinaí durante 30 años, ha podido comprobarlo personalmente. Así escribe
1: "Los golpes dados en la peña de Refidim por Moisés y la salida de agua parecen algo verdaderamente maravilloso, pero el cronista lo ha podido ver con sus propios ojos. Unas gentes del cuerpo de camelleros del Sinaí que había acampado en un valle seco estaban a punto de cavar en la gruesa arena que se había acumulado junto a un peñalar de la montaña. Querían llegar al agua que fluye entre las peñas calcáreas. Los hombres trabajaban lentamente y Bash Shawish, el sargento de color, dijo: "¡Ale, dadle duro!"Entonces cogió él la pala de las manos de uno de los hombres y empezó a cavar con mucho brío, como suelen hacer los suboficiales de todo el mundo cuando quieren mostrar a sus gentes lo que son capaces de hacer, a pesar de que no tienen la intención de seguir haciéndolo más de dos minutos
... Uno de los duros golpes dio contra la roca. La superficie lisa y dura de ésta, formada por calizas viejas, se quebró y cayó al suelo. Con ello salió a la luz la piedra blanda del interior y de sus poros brotó un grueso chorro de agua. Los sudaneses, muy al corriente de los hechos del Profeta, aunque no son muy respetuosos con él, abrumaron al suboficial gritándole:"¡Aquí está el profeta Moisés!"
Esto constituye una aclaración que arroja mucha luz sobre lo que debió ocurrir cuando Moisés golpeó la roca
en Refidim.C. S. Jarvis fue testigo de un hecho verdaderamente casual. Pues las gentes del cuerpo de camelleros eran sudaneses y no naturales ni avecinados en Sinaí, en cuyo caso habrían podido tener conocimiento de la forma de alumbrar el agua. En el camino de Qadés a Edom, Moisés emplea por segunda vez el arte de golpear la roca para que brote agua. "
Y Moisés alzo su mano y golpeo la roca con su vara dos veces" (Núrn. 20:11). "Entonces broto agua abundante y la comunidad bebió, así corno su ganado." Seguramente durante su exilio entre los madianitas habría aprendido este método tan inusitado de dar con el líquido elemento 2.Pasados los años se establecieron muchos monjes y ermitaños en Feirán, que es donde Israel, bajo Moisés, resistió el primer ataque de sus enemigos. En los barrancos y en las vertientes levantaron sus endebles viviendas. En Feirán fue construido un templo, y a 40 kilómetros al sur del oasis, al pie del Yebel Musa, una capilla.
Las tribus nómadas y salvajes no dejan en paz a los monjes y ermitaños del Sinaí, muchos pierden la vida. Cuando la octogenaria madre del primer emperador cristiano Constantino, Santa Elena, después de una permanencia en Jerusalén en el año 327 de nuestra era, tuvo noticia de los padecimientos de los monjes de
l Sinaí, construyó una torre-refugio al pie del monte de Moisés.En 530, el emperador Justiniano hizo amurallar la pequeña capilla junto al monte de Moisés Hasta la Edad Media, la iglesia fortificada de Yebel Musa fue el punto de peregrinación visitado por los peregrinos que de todos los países iban al Sinaí
v Según una leyenda, aquel piadoso lugar recibió el nombre de "Convento de Santa Catalina," que es el que aún lleva en nuestros días.Napoleón hizo reparar las murallas de esta solitaria fortaleza de lo
s primeros tiempos del cristianismo, la cual amenazaba ruina.En 1859, el teólogo alemán Tischendorf descubre en el Sinaí uno de los más valiosos manuscritos en pergamino de las Sagradas Escrituras allí conservados, el célebre
"Codex Sinaiticus"; es del siglo IV y contiene el Nuevo Testamento en griego, y parte del Antiguo.El Zar lo recibe como presente: en cambio él subvenciona al convento con 9.000 rublos. El tesoro se deposita en la Biblioteca de San Petersburgo. En 1933, el Museo Británico adquiere de los Soviets el "Codex Sinaiticus" por la cantidad de 500.000 dólares.
La pequeña capilla al pie del Yebel Musa fue construida en el mismo lugar en que Moisés, según la Biblia, vio arder la zarza: "Miró él, y he aquí que la zarza ardía en el fuego, pero no se consumía"
(Ex. 3:2). También se trata de explicar este extraño fenómeno de muy diversas formas de acuerdo con las ciencias naturales. Un experto del mundo de las plantas citadas en la Biblia, el doctor Harold N. Noldenke, director y administrador del Jardín Botánico de Nueva York, escribe sobre este particular:"Entre los comentaristas que creen poder encontrar una explicación natural a este hecho, algunos piensan que el fenómeno de la zarza "que ardía" y, sin embargo, "no se consumía" puede ser e
xplicado con la llamada planta de gas o "fraxinella, la Dictamnus Albus L. Se trata de una hierba de gran crecimiento, de un metro de altura, con racimos de flores color púrpura. Toda esta planta está recubierta de glándulas oleaginosas. Este aceite es tan volátil, que se desprende continuamente y, al acercarse una luz, da lugar a su repentina inflamación..."La explicación lógica parece ser la de Smith. Supone este autor que (da llama de fuego" podría ser muy bien la rama de un rojo carmesí del muérdago (
Lorantus accacix), que por todas partes de Tierra Santa y en el propio Sinaí crece en diversas matas y plantas de la clase acacia. Cuando este muérdago está completamente florido, la mata o el arbusto da la sensación de que está ardiendo.El caso de la "zarza ardiente" existe también en la Naturaleza, en aquellas plantas ricas en aceites etéreos. El naturalista alemán Dr. M. Schwabe menciona, después de minuciosas observaciones, la posibilidad de una autoinflamación; la mezcla de gas y de aire puede inflamarse por sí sola si el calor del sol es intenso y el viento está en calma, mientras el zarzal mismo permanece intacto 3.
HABIENDO, PUES, PARTIDO DE REFIDIM, LLEGARON AL DESIERTO DE SINAÍ Y ACAMPARON EN EL DESIERTO; ALLÍ ACAMPÓ ISRAEL, FRENTE A LA MONTAÑA. MOISÉS SUBIÓ HACIA DIOS... (Ex.
19:2-3).MOISÉS BAJÓ AL PUEBLO Y SE LO DIJO. ENTONCES HABLÓ DIOS PRONUNCIANDO TODAS ESTAS PALABRAS: "YO SOY YAHVÉ, TU DIOS, QUE TE HE SACADO DEL PAÍS DE EGIPTO... NO TENDRÁS OTRO DIOS FRENTE A Mí" (Éx. 19:25; 20:1-2).
En el Sinaí ocurrió algo único y trascendental para la historia de la Humanidad. Allí está la raíz y la grandeza de una creencia sin ejemplo ni precedentes que tuvo el poder de conquistar el mundo.
¡Moisés, hijo de un ambiente saturado de la creencia en una multitud de divinidades, en dioses del más variado aspecto, anuncia la creencia en un solo Dios! Moisés se convierte en el fundador del monoteísmo; tal es la grandiosa, la auténtica, la inconmensurable maravilla del Sinaí. Desconocido, hijo y nieto de nómadas, criado en Egipto, en un país extranjero, "desciende al pueblo y se lo comunica." Unos nómadas que viven en tiendas de piel de cabra, en la estepa, bajo el cielo inmenso y libre, son los primeros en oír el nuevo mensaje, lo conservan y lo llevan consigo. Al principio es durante 39 años en la soledad de la estepa, junto a los pozos, en los abrevaderos de los oasis umbríos y bajo los rumores del viento que vuela por el rudo paisaje. Junto al pacer de las ovejas, de las cabras y de los asnos hablan de un Dios único y grande, de YAHVÉ.
Así empieza la maravillosa historia de esta creencia que domina el mundo. Unos sencillos pastores avanzan con fatiga y llevan consigo el nuevo, el grandioso pensamiento de la nueva fe a su patria, desde la cual, un día, se esparcirá por todo el mundo y por todos los pueblos de la tierra. Naciones poderosas y reinos excelsos de aquellos lejanos tiempos desaparecieron en las sombras del pasado; pero los descendientes de los pastores que por primera vez se dirigieron al Dios único y omnipotente, siguen viviendo.
"Yo soy el Señor, tu Dios. No tendrás otro dios frente a mí." Esto es algo sin igual desde que el hombre puebla la tierra. Ningún precedente, ningún ejemplo semejante existía en otros pueblos.
Que esto es así nos consta por los hallazgos arqueológicos de Egipto, la tierra donde Moisés creció y fue educado, y por los descubrimientos realizados en otros países del antiguo Oriente. Tanto el culto del Sol, de Eknaton, como la manifestación comprobada en Mesopotamia de numerosas divinidades en un único Dios, el dios de la guerra, Ninurta, son sólo un pesado paso en el camino hacia el monoteísmo. A todas estas representaciones les falta la cohesión, el pensamiento liberador y moral que reside en los diez mandamientos que Moisés baja de las solitarias alturas del monte Sinaí para presentarlo al corazón de los seres humanos..
Únicamente en un pueblo del "Fértil Creciente," en Israel, existe la nueva idea acerca de Dios en forma clara y nítida, libre de toda magia,
libre de representaciones variadas y grotescas, y no imaginada como una material preparación para la irrupción del material "yo" en el más allá. Sin ejemplo y sin precedentes, es la forma clara e imperiosa de los diez mandamientos. ¡A los israelitas se les ordena no pecar porque Yahvé así lo quiere!** ** **
1. C. S. Jarvis, Yesterday and to-day in Sinaí.
2. Sencillamente el autor nos parece aquí algo ingenuo al querer explicar la narración de la Sagrada Escritura por medio de un hecho casual que pudo ocurrir en circunstancias concretas. En la Sagrada Escritura no es necesario ni posible explicar naturalmente todos los acontecimientos. Cuando esto no se puede lograr es más lógico recurrir a la intervención divina extraordinaria (
N. del T.).3. Explicación ingeniosa; ¿verdadera?.. De todas formas la visión extraordinaria de Moisés queda clara (
N. del T.).
3. Bajo el Cielo de la Estepa.
S
inaí-Qadés, 230 kilómetros. — Dos fuentes en la gran estación de parada. — Una patrulla de exploradores se dirige hacia Hebrón.— El racimo de uvas era una cepa entera. — Pueblos extranjeros. — La mujer de un felá encuentra el archivo de Amarna. — Cartas de príncipes indoarios cananeos. — Una colonia hurrita entre las torres de petróleo de Kirkuk. — El relato de los exploradores da origen a una nueva decisión. — El llamado "desierto" en la Biblia era "la estepa."Y LOS HIJOS DE ISRAEL PARTIERON DEL DESIERTO DE SINAÍ POR ETAPAS (Num.
10:12).Israel había aceptado la creencia en un solo Dios y en sus leyes; el santuario portátil que le erigieron — el Tabernáculo — lo habían construido con madera de acacia (Ex.
25:10), árbol propio de la península del Sinaí, donde aún hoy día está muy extendido.Casi un año había durado la estancia junto al monte Sinaí. Ahora reemprenden su marcha y se dirigen hacia el Norte, directamente hacia Canaán. Qadés, la próxima etapa que constituirá una piedra miliar en la larga permanencia de los hijos de Israel en el desierto, se halla a 230 kilómetros en línea recta desde el Sinaí.
También este trozo del camino puede seguirse perfectamente gracias a los precisos datos topográficos que nos facilita la Biblia. La ruta conduce a lo largo de la costa occidental del golfo de Akaba hasta el desierto de Farán (Nu
m. 12:16) — el actual Badiet et-Tin, que significa "Desierto de la Soledad" — siguiendo su linde oriental. De los lugares en que acamparon a lo largo de esta marcha (Num. 33:16-36) pueden identificarse con toda seguridad Jeserot y Esyon-gueber. Jeserot es el actual Ain Huderah, situado en las proximidades del golfo; Esyon-gueber se halla situado en la punta extrema del golfo de Akaba, aquel lugar que más tarde tenía que ser el centro portuario e industrial durante el reinado de Salomón (Rey. 8:26).En la peregrinación a lo largo de la orilla del golfo vuelve a repetirse el "milagro" de las codornices. De nuevo es primavera, la época de la emigración de las aves y, de nuevo, la descripción resulta de acuerdo con la realidad:
"Entonces se levanto un viento enviado por Yahvé que trajo codornices por la parte del mar y las dejo caer en derredor del campamento" (Núm. 11:31).
FIG. 22. — Arca de la Alianza con querubines y barras para el transporte (reconstrucción).
"Partieron de Esyon-gueber y acamparon en el desierto de Sin, o sea Qadés" (Num. 33:36).
Más abajo de Hebrón, el terreno quebrado de Judá va descendiendo hasta formar una llanura, cuya parte sur, en dirección al "Arroyo de Egipto," se resuelve a su vez en un valle árido que se ramifica y que cada vez es más pobre en agua (Num.
34:5; ]os. 15:4; 1 Re. 8:65). Es el Negueb, el bíblico "País del Mediodía" (Num. 13:17). En medio de innumerables "wadis"—valles secos que sólo ven el agua en la época de las lluvias de los meses de invierno — está situado Qadés. El antiguo nombre de Qadés ha quedado conservado en la pequeña fuente de "Ain Qedeis," en la cual abrevan sus rebaños los nómadas que por allí pasan. El agua escasísima de aquella fuente no pudo abastecer por mucho tiempo a los 6.000 hijos de Israel y a sus rebaños. Sólo a siete kilómetros al noroeste de Qadés surge del suelo la aguada más rica de toda aquella comarca, la "Ain el-Qudeirat." A ella debe el wadi Qudeirat su gran fertilidad. Desde aquí los hijos de Israel podían ver en lontananza la Tierra Prometida, de la cual no podían aún formarse idea.Quizá la precipitación con que se realizó la huida de Egipto les impidió enterarse de ella en el propio Egipto. Sin embargo. Palestina era tan conocida para las gentes del Nilo que la ausencia de este conocimiento hasta en los mínimos detalles merecía el reproche de falta de cultura. Aman-apa se burló e hizo mofa de un "escri
biente de órdenes del ejército" de la época de Ramsés II por su ignorancia sobre Palestina. Hori, empleado en las caballerizas reales, le contesta en una misiva con agudeza satírica, sondeando al propio tiempo sus conocimientos geográficos: "Tu carta es larga y cargada de sonoras palabras. Mira, se te paga como a aquel que busca recompensa y aún con creces. Nosotros decimos: Si es verdad lo que dices, sal fuera para que puedas ser examinado. Se te prepara un caballo veloz como... un chacal. Veamos lo que haces. ¿No has visto el país de Upe, junto a Damasco? ¿No conoces su situación tal cual es? ¿Cuál es la situación de su río? ¿No has ido hasta Qadés? ¿No has pasado por el camino que conduce al Líbano, donde el cielo es obscuro durante el día? Está poblado de cipreses y de robles y de cedros que llegan hasta el cielo. También te hablo de una ciudad misteriosa: Biblos es su nombre. ¿Qué aspecto tiene? Pues bien, ilústrame sobre Sidón y Sarepta. Cuéntase de otra ciudad que se halla junto al mar, su nombre es el puerto de Tiro, que el agua es llevada a ella por medio de naves. Si penetras hasta Jaffa verás que los campos verdean. Si te internas tierra adentro... verás la bella muchacha que cuida de los viñedos. Ésta te considerará como compañero y te concederá el encanto de su regazo... Dormitarás y permanecerás ocioso. Te robarán .. Tu arco, el cuchillo de tu cinto, tu carcaj y tus riendas serán destrozadas en la obscuridad... Tu carro se romperá. Tú dirás: ¡Dadme alimentos y agua, pues llegué felizmente! Pero se harán el sordo y no te atenderán. Ven, condúceme a la senda que se dirige hacia el Sur, al país de Akko. ¿Dónde está la montaña de Sikem? El hábil escritor ¿por dónde marcha hacia, Hazor? ¿En qué estado se halla su río? Ven, cuéntame de otras ciudades. Instrúyeme sobre el aspecto de Kyn junto a Meguiddo; dame a conocer a Rehob. a Betschean y a Kiriath-el. Enséñame cómo se pasa por delante de Meguiddo. El río Jordán... ¿por dónde se atraviesa?"El empleado de las caballerizas reales, Hori, pone fin a su misiva de esta suerte: "Mira, por ti he cruzado la tierra de Palestina... contémplala despacio para que, en el porvenir, estés en condiciones de describirla... y así... llegarás a ser un buen consejero."
Los empleados del reino, soldados, mercaderes, tenían, pues, una idea bastante clara de Palestina. Moisés, perteneciente a un humilde pueblo de pastores, tiene que informarse previamente de ese país. Por esto manda exploradores a él.
TALES SON LOS NOMBRES DE LOS VARONES QUE MOISÉS ENVIÓ A EXPLORAR EL PAÍS. MOISÉS ENVIÓLOS A EXPLORAR EL PAÍS DE CANAÁN Y LES DIJO: "SUBID AHÍ AL NEGUEB Y REMONTAD LUEGO LA MONTAÑA. OBSERVAD LA TIERRA CÓMO ES Y AL PUEBLO QUE EN ELLA HABITA SI ES FUERTE O DÉBIL, SI ESCASO O NUMEROSO" (Num. 13:17-18).
Entre los doce exploradores se encuentra Josué, hombre dotado de grandes cualidades como estratega, según aparece más tarde en la conquista de Canaán. Como terreno principal de información eligen la comarca del Hebrón, al sur de Judá. Después de cuarenta días se presentan a Moisés para informarle; y como señal de que habían dado cumplimiento a su encargo le traen frutos del país que han explorado: higos y granadas. Gran expectación produjo un enorme racimo que cortaron en el "Valle de Eskol," pues lo "transportaron entre dos en una pértiga" (Num. 13:23). La posteridad se extraña en forma escéptica porque el cronista habla de un solo racimo. En realidad se trataba seguramente de una cepa con su fruto. Los exploradores la cortaron junto con los racimos, que así se conservan más tiempo. En todo caso, es auténtica la indicación del lugar de origen que nos da la Biblia. "Eskol" quiere decir "Valle de las Uvas," y se halla situado al sudoeste de Hebrón. Hasta en nuestros días, esta comarca es rica en viñedos. Racimos de uvas muy pesados, de 10 a 12 libras, no son cosa rara.
Los exploradores hacen una relación igual a la que hizo Sinuhe 650 años antes sobre Canaán, representándola como una tierra "que mana leche y miel... Ahora que el pueblo que habita el país es recio y las ciudades fortificadas
y muy grandes" (Num. 13:27-28; Dt. 1:28).Al dar cuenta de los diferentes habitantes del país mencionan a los
hititas que hoy día ya conocemos; a los amorreos, a los yebuseos, que moran alrededor de Jerusalén; a los cananeos y a los amalecitas, con los cuales Israel tuvo una refriega junto al Sinaí.También nombran a los hijos de Haanaq, que deben de ser los "hijos de los gigantes" (Num.
13:22-33). "Haanaq" puede también significar "de cuello largo." Nada más puede decir hoy la ciencia sobre el particular. Se ha lanzado la idea de que en los "gigantes" hay que ver posiblemente los restos de los elementos de un pueblo anterior al semita; sin embargo, no existe ninguna prueba para hacer tal afirmación.De hecho, en aquella época vivían en Canaán razas extranjeras que debieron ser desconocidas de los israelitas que llegaban de Egipto. De qué pueblos descendían, nos lo han comunicado ellos mismos, y precisamente en los ladrillos de barro cocido que en el año 1887 fueron hallados casualmente por la mujer de un
felá en Tell el-Amarna 1. Posteriores exploraciones dieron por resultado el hallazgo de 377 documentos más. Se trata de mensajes cuneiformes de los archivos reales de Amenofis III y de su hijo Eknatón, que hizo construir en el-Amarna, junto al Nilo, su nueva capital. Las tablillas contienen la correspondencia que los príncipes de Palestina, Fenicia y Siria meridional sostuvieron con la oficina de asuntos exteriores de ambos faraones redactada en acádico, el lenguaje diplomático del segundo milenio antes de J.C. La mayor parte de los manuscritos están llenos de palabras típicamente cananeas; algunas de ellas se hallan escritas casi enteramente en este dialecto. El valioso hallazgo arroja, por primera vez. una luz muy clara sobre la situación de Palestina en los siglos XV y XIV antes de J.C.Una de las cartas dice así:
"Al rey, mi Señor, mi Sol, mi divinidad, di: así [habla] Sirwardata, tu servidor, el servidor del rey y el polvo de sus pies, el suelo de su cuerpo, que tú pisas; a los pies del rey, mi Señor,
el Sol del cielo, siete veces, siete veces me eché a tus plantas tanto sobre el vientre como sobre la espalda..."Esta es, como es fácil suponer, la introducción, en modo alguno exagerada, sino simplemente formularia, tal como prescribía el protocolo de aquella época. Después, Suwardata entra en materia:
"Sepa el rey, mi Señor, que los ’apiru se sublevan en las tierras que el Dios del Rey, mi Señor, me ha dado y que yo les he derrotado y dígnese enterarse el Rey, mi Señor, de que todos mis hermanos me han abandonado; y que yo y Abdu-Kheba somos los únicos que luchamos contra los jefes de los ’apiru. Y Zurata, príncipe de Akkó (Juec.
1:31) e Indaruta, príncipe de Aksaf (Jos. 11:1), fueron los que se apresuraron a ayudarme con cincuenta carros de los cuales me hallo ahora desprovisto. Pero ved, luchaban [ahora] contra mí; y plazca al rey, mi Señor, mandarme el Janhamu para que podamos llevar a cabo seriamente la guerra y poder restituir a la tierra del rey, mi Señor, a sus antiguas fronteras..."Esta carta principesca procedente de Canaán tiene un fiel colorido que corresponde a su época. En las pocas frases que contiene se reflejan en forma clara las intrigas y las contiendas interminables y agrias que tenían lugar entre los príncipes o entre las tribus nómadas de instintos guerreros.
Pero lo que particularmente nos interesa en este escrito, dejando aparte el estilo y el contenido, es quién lo envía, es decir, Suwardata, príncipe de Hebrón. ;Su mismo nombre revela un origen indo-ario! Indoario es también el príncipe Indaruta ya mencionado. Por más asombroso que pueda parecer, una tercera parte de los príncipes escritores de Canaán son de procedencia indoaria. Birzawaza de Damasco, Biridiya de Meguiddo, Widia de Askelón, Birash-shena de Sikem, en Samaria son nombres indoarios. Indaruta, el nombre del príncipe de Aksaf, es casi idéntico a nombres de los Vedas y de otros escritos en sánscrito anteriores. El mencionado Abdu-Kheba de Jerusalén corresponde al pueblo, tantas veces citado en la Biblia, de los hurritas.
Cuan fidedigna sea esta tradición, lo dieron a entender en estos últimos tiempos los papiros egipcios del XV antes de J.C., en los cuales se cita repetidamente la tierra de Canaán con el nombre bíblico
hurritas ("Khuru"). Seguramente los hurritas se hallaban entonces esparcidos, por lo menos de una manera temporal, por todo el país.En la proximidad de los pozos de petróleo de Kirkuk, en el Irak, donde precisamente ahora las perforaciones realizadas por los americanos están sacando del subsuelo una riqueza inmensa, los arqueólogos de los Estados Unidos y del Irak tropezaron con una ciudad muy extensa, la antigua ciudad de Nuzu de los hurritas. Unos apuntes hallados en las excavaciones, que contienen especialmente contratos matrimoniales y tes
tamentos, ofrecieron la tan interesante información: los bíblicos hurritas no eran un pueblo semita. Su patria eran las montañas del Mar Negro. Los nombres que figuran en la relación de Nuzu demuestran que, por lo menos, la clase de los dirigentes era de origen indoario. Hasta su aspecto exterior es típico; eran braquicéfalos, cual los armenios de nuestros días.ENTONCES SE ALZÓ TODA LA MULTITUD Y EMPEZÓ A DAR VOCES Y EL PUEBLO SE PASÓ LLORANDO AQUELLA NOCHE... "¿POR QUÉ NOS CONDUCE YAHVÉ A ESTE PAÍS PARA QUE PEREZCAMOS A ESPADA? ¡NUESTRAS MUJERES Y NUESTROS PEQUEÑUELOS SERVIRÁN DE BOTÍN!" (Num.
La información de los exploradores sobre las ciudades fuertemente fortificadas de Canaán,
."cuyas murallas se alzan hasta el cielo" (Dt. 1:28) y de sus habitantes tan bien armados, no era en modo alguno exagerada. Las fortalezas construidas sobre muros ciclópeos eran un espectáculo inusitado y amenazador para los hijos de Israel.En el país de Gosen, que fue su patria durante muchas generaciones, sólo había una plaza fuerte: Rameses. En Canaán cada fortaleza era visible desde la próxima; el país estaba formalmente erizado de numerosas fortalezas de defensa emplazadas en las colinas y en las cumbres de las montañas, lo cual las hacía aún más formidables y amen
azadoras. No es, pues, de extrañar que la información de los mensajeros causara desaliento.Israel no tiene experiencia alguna en el arte de la guerra; sólo dispone de armas primitivas tales como arcos, lanzas, espadas, cuchillos. No había que pensar en disponer de carros de combate como los que poseían los cananeos en gran número. Israel está mal acostumbrado con las "ollas llenas de carne" de Egipto, cuya falta es siempre objeto de quejas y lamentaciones, sobre todo por parte de los viejos. A pesar de la
nueva fe, de las experiencias del éxodo vividas en común, aún no está lo suficientemente unido para ser capaz de hacer frente a una potencia superior en el caso de una refriega.En vista de tales circunstancias, Moisés toma la sabia determinación de no realizar la marcha hacia Canaán directamente desde el Sur, según estaba proyectado. Ni el tiempo ni los hombres están bastante madurados para la gran hora. La peregrinación ha de empezar de nuevo; el tiempo de las pruebas y de la preparación tiene que ser p
rolongado para hacer de esos fugitivos que van en busca de una tierra, un pueblo fuerte, decidido y acostumbrado a las privaciones. Aún tiene que formarse una nueva generación.Sobre la obscura época que sigue, poco es lo que sabemos. Se trata de 38 años, casi una generación, tiempo suficiente para formar un pueblo de nuevo. Esto es lo que duró la permanencia en el "desierto." Estas indicaciones de tiempo y de lugar en la Biblia, con frecuencia mezcladas con el "milagro" de las codornices y del maná, parec
en extraordinariamente inverosímiles. Y no sin razón, como se ha podido deducir de los sistemáticos trabajos de investigación muy distintos de los motivos generalmente alegados. ¡Una estancia permanente de Israel en el desierto, en el verdadero sentido de la palabra, jamás ha existido!A pesar de que los datos que la Biblia nos facilita sobre este período de tiempo son muy lacónicos, de los pocos sitios que la investigación pudo localizar de manera indubitable, resulta una imagen suficientemente clara de los hechos. Según ellos, los hijos de Israel, con sus rebaños, permanecieron mucho tiempo en el Negueb, en el territorio de las dos fuentes, junto a Qadés. Retrocedieron de nuevo al golfo de Akaba, al país de Madián y de la península de Sinaí. Comparado con
las mortíferas zonas de las dunas de arena, en el africano Sahara, las tierras recorridas por los israelitas, no son verdaderos desiertos. Las exploraciones realizadas en el suelo han demostrado que ni las condiciones hidrológicas ni la cantidad de lluvia caída han cambiado en forma considerable, de manera que los "desiertos" deben haber tenido más bien el carácter de un paisaje estepario con posibilidades para el pastoreo y con suficientes aguadas.Los trabajos arqueológicos del americano Nelson Glueck, realizados en estos últimos años, han profundizado en el conocimiento de las circunstancias generales de aquella época. Según ellos, dichos territorios estuvieron poblados en el siglo XIII antes de J.C. por tribus seminómadas que se hallan en activas relac
iones con Egipto y Canaán, gracias a un activo comercio y a una industria floreciente. Entre ellas figuran los madianitas, entre los cuales vivió Moisés durante toda la duración de su exilio, habiéndose casado con Séfora, hija de dicha tribu (Ex. 2:21).** ** **
1. Egipto Medio.
4. En el Umbral de la Tierra Prometida.
M
archa de la joven generación. — Nuevo plan estratégico. — Solicitud de paso por Edom. — Avance por la Jordania Oriental. — El "lecho de hierro" del rey Og. — Descubrimiento de dólmenes en Ammán. — Moab envía sus hijas. — El culto de Baal en Canaán.— Moisés contempla la Tierra Prometida. — Un campamento frente a Jericó....E HÍZOLES ANDAR ERRANTES POR EL DESIERTO CUARENTA AÑOS HASTA EXTINGUIRSE TODA AQUELLA GENERACIÓN QUE HABÍA OBRADO EL MAL A LOS OJOS DE YAHVÉ (Num.
32:13).Sólo cuando se acerca el término de los largos años de peregrinación por el desierto, la Biblia reemprende los hilos del relato sobre los hijos de Israel. Una nueva generación se ha formado dispuesta a cruzar el umbral de la Tierra Prometida. Ninguno de los hombres que dirigieron la huida de Egipto entrará, según la Biblia, en la tierra prometida... ni siquiera Moisés.
El nuevo plan estratégico prevé la penetración en Canaán por el Este, es decir, por los territorios situados al este del río Jordán. El camino de Qadés a la Jordania oriental está, sin embargo, obstruido por cinco reinos que ocupan la amplia faja de terreno que existe entre el cauce del Jordán y el desierto de Arabia. Empezand
o al Norte, hacia los promontorios del Hermón, está el reino de Basán, después el reino amorreo de Sijón, más allá el reino de Ammón y en la orilla oriental del Mar Muerto, el reino de Moab y, bastante más hacia el Sur, Edom.Edom es el primer reino que tienen que atravesar en su camino hacia el este de Jordania. Los hijos de Israel solicitan permiso de paso. "Mandó Moisés embajadores desde Qadés al rey de Edom, diciendo: Permítenos pasar, si te place, por tu tierra" (Num. 20:14-17).
Por los mejores caminos se llega más rápidamente al fin. A las grandes rutas y las autopistas del siglo XX correspondía entonces un camino que pasaba por el centro de Edom. Por él quieren pasar. Es el antiguo "camino real" que procede del tiempo de Abraham. "Permítenos pasar, si te place, por tu tierra — solicitan — ...Subiremos por ‘la calzada’ " (Num. 20:17-19).
La población sedentaria del Oriente desconfía siempre de los nómadas, tanto ahora como entonces. Bien declaran los mensajeros de Israel en forma expresa: "
No atravesaremos sembrados ni viñedos... no nos apartaremos ni a derecha ni a izquierda hasta que hayamos franqueado tus fronteras... y si yo y mis ganados bebemos de tus aguas, pagaré su precio" (Num. 20:17-19).Cuan verídica es la descripción de Edom que hace la Biblia, pudo comprobarlo Nelson Glueck en su viaje de estudios de varios años.
En el país del antiguo Edom y Moab, al sur de Transjordania, tropezó con numerosos vestigios de una colonia de principios del siglo XIII antes de J.C. Los restos existentes de una cultura propia del país hacen pensar en la existencia de campos que habían sido objeto de cultivo. Así es comprensible que Edom, a pesar de todas las seguridades dadas por los hijos de Israel, negara el uso de la calzada y todo tránsito a través del paí
s.La negativa obliga a Israel a dar un rodeo. Junto al borde occidental de Edom peregrinan en dirección Norte hacia el Mar Muerto. Punón, el actual Kirbet-Fenan, antigua mina de cobre, y Obot, con sus fuentes, son atravesados por Israel. Después, siguen los israelitas a través del torrente fronterizo Zered, que separa a Edom de Moab. En la Jordania oriental. Moab, en la orilla sudeste del Mar Muerto, lo evitan dando un gran rodeo. Después llegan junto al río Arnón y, con ello, a la frontera sur del reino
de los amorreos (Num. 21:13).Nuevamente los israelitas solicitan permiso de tránsito para pasar el "camino real" (Num.
21:22). De nuevo les es denegado, esta vez por el rey de los amorreos, Sijón. Tiene lugar un combate: con él da comienzo la conquista armada.Con la derrota de los amorreos los israelitas alcanzan su primer triunfo. Conscientes de su fuerza, pasan por el río Yabboq hacia el Norte y conquistan también el reino de Basán.
Así, y gracias a ese decidido ataque, se hacen dueños de la tierra situada al este del Jordán, desde el río Arnón hasta las mismas orillas del mar de Genesaret.
Entre la descripción objetiva del avance y de las luchas en la Jordania oriental, se incluye una observación relativa al "lecho de hierro" de un gigante, el rey Og de Basán (Dt.
3:11), cosa que ha ocasionado muchos quebraderos de cabeza. Este pasaje de la Biblia, tan misterioso e inverosímil, ha tenido una aclaración lógica y, al mismo tiempo, original. La Biblia no hace más que conservar fielmente un recuerdo que se remonta a la prehistoria de Canaán.Cuando los eruditos atravesaron el país del Jordán en busca de testimonios sobre la historia bíblica, encontraron objetos muy notables, como los hallados por los arqueólogos en otros países. Trátase de altas piedras dispuestas en forma ovalada y en muchos casos cubiertas por un gran bloque también de piedra, junto a las célebres sepulturas designadas también con el nombre de "tumbas megalíticas o dólmenes." Son sepulturas en las cuales antes se enterraba a los muerto
s. En Europa — en el norte de Alemania, en Dinamarca, en Inglaterra, en España, en Francia y en la isla de Cerdeña se conservan algunos—, el pueblo las designa con el nombre de "lechos de gigantes." Como estos grandiosos monumentos se han encontrado también en la India, en el Asia oriental y hasta en las islas del Mar del Sur, son atribuidos a grandes migraciones de pueblos que seguramente tuvieron lugar en edades primitivas.En 1918 el investigador alemán Gustavo Dalman descubrió en las cercanías de Ammán, la actual capital de Jordania, un dolmen que es objeto de especial atención porque parece ilustrar, en forma verdaderamente desconcertante, un dato concreto contenido en la Biblia. Ammán está situado exactamente en el antiguo emplazamiento de Rabbat-Ammó
n. Sobre el gigantesco rey Og nos informa el Deuteronomio (3:11): "Su lecho, un lecho de hierro, consérvase en Rabal de los Ammonitas; es de nueve codos de largo y cuatro de ancho, con arreglo al codo corriente."El tamaño del dolmen mencionado por Dalman corresponde aproximadamente a estas dimensiones. El "lecho" es de basalto, piedra gris negruzca y dura como el hierro. En la visión de semejante tumba puede basarse la descripción bíblica del "lecho de hierro" del gigantesco rey. Según han dado a conocer
ulteriores exploraciones, los dólmenes son frecuentes en Palestina, sobre todo en la parte oriental de Jordania, en la parte alta del río Yabboq. Esto corresponde al actual Aglun. Más de mil de estos antiquísimos monumentos se levantan allí entre la hierba de las tierras altas. La tierra situada sobre el Yabboq, así afirma la Biblia, es el reino en que el rey Og de Basán ejerció su dominio, que había quedado solo del remanente de los refaítas (Dt. 3:11). El Basán, conquistado por Israel, se designa también con el nombre de "tierra de los refaítas" (Deut. 3:13).Al oeste del Jordán sólo se encuentran dólmenes en los alrededores de Hebrón. Los exploradores que Moisés envió desde Qadés "remontaron el Negueb y llegaron a Hebrón... descendientes de Haanaq
" (Num. 13:22-23).Han debido ser las tumbas de piedra que ahora han sido descubiertas en Hebrón en las proximidades del Valle de las Uvas.
Quiénes eran en realidad los "gigantes" es cosa aún completamente desconocida para nosotros. Es de suponer que eran hombres que sobrepujaban, en estatura, a la población del Jordán. El recuerdo de hombres de mayor tamaño perduró como cosa sensacional, y así pasó a la Biblia.
Las grandes piedras sepulcrales y los relatos de gigantes son testimonios de la historia, tan accidentada y variable, de aquella estrecha faja de terreno situada junto a la costa del Mediterráneo en la cual, ya desde tiempos inmemoriales, penetraron continuas oleadas de pueblos extranjeros dejando en ella sus huellas: la tierra de Canaán.
La noticia de que Israel ha conquistado toda la Jordania causa un profundo terror al rey Balaq, de Moab. Teme que su propio pueblo no pueda competir con esos rudos nómadas ni desde el punto de vista físico ni del militar. Se dirige a los "ancianos de Madián" y les incita contra los hijos de Israel (Núm, 22:4). Acuerdan la adopción de toda clase de medidas excepto las de carácter militar. Tratan de detener el avance de los israelitas haciendo uso de artes mágicas. Palabras de hechicería y maldiciones, en cuya eficacia creen firmemente los antiguos pueblos orientales, quebrantarán de seguro el poder de Israel. Balaam es llamado con urgencia para que acuda desde Petor de Babilonia 1, donde florecen estas obscuras artes. Pero Balaam, el gran mago y hechicero, fracasa. La maldición que pretende pronunciar conrta Israel se convierte en una bendición (Num. 23). Entonces el rey de Moab pone en la balanza la más peligrosa de las cartas que existe; una mala jugada, ya que actuará en forma permanente sobre la vida de los hijos de Israel.
El pasaje bíblico que da cuenta de la detestable astucia guerrera del rey Balaq es considerado por los teólogos como enojoso y, por eso, suele ser pasado por alto. Nos asalta la pregunta de cómo es posible
que algo tan escandaloso pueda hallarse en el contenido de la Biblia. La contestación es sencilla: el suceso es para el pueblo de Israel de una importancia enorme y trascendental. Éste habrá sido el motivo por el cual el cronista no se calle por decoro, sino que explique, de acuerdo con la realidad y con una franqueza libre de escrúpulos, lo que ha sucedido.Sólo desde que las herramientas de los excavadores franceses, alrededor del año 1930, pusieron a la luz vestigios de culto que se profesaba en Canaán, en el puerto mediterráneo de Ras Shamra — el "Puerto Blanco" de la costa fenicia —, bajo la dirección del profesor Claude Schaeffer, de Estrasburgo, podemos apreciar y comprender lo que hay de malo en el relato contenido en el capítulo "5 del libro de los Números.
MIENTRAS ISRAEL ESTUVO DE ASIENTO EN SITTIM EL PUEBLO COMENZÓ A PROSTITUIRSE CON LAS HIJAS DE MOAB. ÉSTAS INVITARON AL PUEBLO A LOS SACRIFICIOS DE SUS DIOSES (Num. 25:1-2).
No es tan sólo con la seducción del vicio con lo que se enfrentaron
los hijos de Israel, con el vicio que ha existido y existe en todo el mundo y en todos los pueblos; no son prostitutas profesionales las que los seducen. Son las propias hijas de los moabitas y de los madianitas; sus propias esposas y sus hijas conquistan y seducen a los hijos de Israel para realizar los cultos propios del dios Baal, los ritos lascivos y licenciosos de Canaán. Lo que repugna a Israel, situado aún más allá del Jordán, son las ceremonias del culto de Fenicia, impías y perturbadoras de los sentidos, con sus dioses sin moral y frente a los cuales Israel, en los siglos venideros, tendrá que probar y acreditar la fuerza de su sentido ético.Es inútil que los moabitas y los madianitas intenten cautivar al joven e inexperto pueblo de nómadas con las seducciones del placer, quebrantando así la fortaleza de los hijos de Israel. Ya en este primer encuentro resulta patente que entre Yahvé y Baal jamás podrá ni tendrá que haber acuerdo alguno. Los jefes de Israel lo rechazan con dureza. Ni siquiera per
donan a sus propios hombres. El que ha faltado es degollado y ahorcado. Pinchas, el sobrino-nieto de Moisés, que sorprende en la tienda a un israelita con una muchacha madianita, toma una lanza "y traspasó a los dos, al israelita y a la mujer, por el vientre" (Num. 25:8).El pueblo de Moab, con el cual Israel se halla unido con lazos de parentesco — Lot, el sobrino de Abraham, es considerado como su progenitor (Gen. 19:37)—, es respetado. Pero contra los madianitas se desata una guerra de exterminio, el clásico anatema según se estipula es la Ley (Dt. 7:2 y sigs.; 20:13 y sigs.): "Así, matad a todo varón y, de los niños, a todo varón, y, de las mujeres, a cuantas han conocido lecho de varón"; tal es el mandato de Moisés. Sólo son respetadas las niñas. Todos los demás fueron muertos (Num. 31:7, 17-18).
Y SUBIÓ MOISÉS DE LA LLANURA DE MOAB A LA MONTAÑA DE NEBO, EN LA CUMBRE DEL PISCA, SITUADO FRENTE A JERICÓ; Y YAHVÉ LE MOSTRÓ TODA LA TIERRA... (Dt.
34:1).Moisés ha cumplido ya la difícil misión. Desde los lugares de la servidumbre de Egipto, a través de los años de privaciones en las estepas hasta este momento, había seguido un camino largo y amargo. Ahora ha nombrado sucesor suyo al experimentado y fiel Josué, hombre de posibilidades estratégicas extraordinar
ias, tal como al presente lo requiere Israel. La vida de Moisés ha quedado cumplida; puede despedirse del mundo. No le será dado pisar con sus pies la Tierra Prometida. Pero puede contemplarla de lejos, desde el monte Nebó.Si se desea visitar este monte desde Ammán, residencia y punto central del joven reino de Jordania, hay que recorrer 27 kilómetros, algo más de media hora de viaje en "jeep," pasando por las tierras altas, al borde del desierto arábigo, a través de valles y, a veces, a través de campos de cultivo, exactamente en dirección Sudeste, hacia el Mar Muerto.
Después de una pequeña ascensión por peñas desnudas se llega a una especie de planicie desprovista de vegetación situada a unos 800 metros sobre el nivel del mar. En su parte occidental la vertiente cae abrupta sobre la cuenca del Jordán. Una fresca brisa sopla en esta altura. Bajo el cielo azul, sin nubes, se extiende ante los ojos maravillados del observador un panorama único. Como un lago de plata líquida, brilla hacia el Sur la extensa superficie del lago salado. En la orilla más próxima se levanta un sector árido, formado por peñascales y pequeñas protuberancias pétreas. Detrás, se extiende la larga cadena de las montañas calcáreas de color blanco parduzco de la tierra de Judá. Allí está situada Hebrón, donde empieza y asciende la cadena abrupta, desde el Négueb. Al Oeste, hacia el Mediterráneo, se elevan, perfectamente visibles a simple vista, por encima del perfil de las montañas que se destacan netamente del horizonte, dos objetos diminutos: las torres de Belén y de Jerusalén. Hacia el Norte, la mirada se extiende en la lejanía sobre la meseta de Samaria y de Galilea hasta las cumbres, cubiertas de nieve, del Hermón.
Al pie del Nebó se ven estrechas cañadas, de las cuales sobresale el verdor de los granados con sus frutos rojos. Después, la vista desciende hacia la árida estepa de la depresión del Jordán. Sólo ante las escarpadas montañas de la parte occidental del Jordán, la vista descansa sobre una pequeña mancha de verdor: es el oasis de Jericó.
Con esta visión de Palestina desde las alturas del monte Nebó acabó Moisés su vida.
Sin embargo, abajo, en la amplia estepa de Moab, se elevan actualmente hacia el cielo delgadas columnas de humo. Día y noche están encendidos los hogares del campamento entre las innumerables tiendas de tela de pelo de cabra negra. Con el gran vocerío de las mujeres, de los hombres y de los niños, el viento nos trae el balar de los rebaños que pacen en el valle del Jordán. Resulta un cuadro lleno de paz. Pero es sólo el instante de tomar aliento antes del suspirado día; la quietud que precede a la tempestad que ha de cambiar en forma decisiva la suerte de Israel y la tierra de Canaán.
** ** **
1. En los documentos asirios "Pitru," en la orilla derecha del Éufra
tes.
A la Conquista de la Tierra Prometida.
1. Israel se Introduce en Canáan.
E
l mundo hacia el año 1200 antes de J.C. — El débil Canaán. — Los primeros traficantes de hierro. — El paso del Jordán. — La fortaleza de Jericó, la ciudad más antigua del mundo. — Discusión entre sabios sobre las murallas destruidas. — Estratos calcinados. — El Faraón menciona por primera vez a Israel. — Tumbas junto a la aldea de Josué.Y DESPUÉS DE LA MUERTE DE MOISÉS. SIERVO DE YAHVÉ, SUCEDIÓ QUE YAHVÉ HABLÓ A JOSUÉ. HIJO DE NUN, MINISTRO DE MOISÉS. DICIENDO: "MOISÉS MI SIERVO HA MUERTO. AHORA, PUES, VE Y PASA ESE JORDÁN. TÚ Y TODO ESTE PUEB
LO, HACIA LA TIERRA QUE YO LES DOY A LOS HIJOS DE ISRAEL" (Jos. 1:1-2)En aquel tiempo en que Israel está junto al Jordán, dispuesto a penetrar en la Tierra Prometida, en el Mediterráneo se va a decidir la suerte de Troya, y los días de la altiva fortaleza del rey Príamo están contados. Pronto se prepararán en Grecia para la lucha los héroes de Hornero: Aquiles, Agamenón y Ulises. Las agujas del reloj universal se acercan al año 1200 antes de J.C. Israel no pudo elegir mejor tiempo para su marcha. Desde Eg
ipto no amenaza peligro alguno. La tierra del Nilo se ha debilitado, la época de su grandioso esplendor ha pasado. Dos milenios han consumido sus fuerzas. Después del rey Sol Eknatón, políticamente débil, el poder de Egipto decayó visiblemente. La supremacía de Egipto sobre Canaán se desmorona por momentos.Dividida por las querellas internas de los numerosos pequeños reinos y principados de las ciudades estatales, explotada por una corrompida política de ocupación por parte de Egipto, Canaán también se enc
uentra agotada.Desde la expulsión de los hyksos hacia 1550 antes de J.C., Palestina fue ininterrumpidamente una provincia egipcia. Un sistema feudal bajo el dominio de los hyksos había destruido la sencilla ordenación patriarcal que privaba en las ciudades en tiempos de Abraham. Bajo una estirpe señorial aristocrática que regía el país según su capricho y en forma despótica, cayó el pueblo en una sumisión injusta hasta convertirse en verdaderos parias.
Egipto deja subsistir este sistema feudal en Palestina. Los príncipes indígenas podían gobernar a su antojo; ejercen autoridad y disponen de fuerzas propias de combate: los carros de guerra para los patricios, y la plebe en la infantería. Las sangrientas luchas que las ciudades sostienen entre sí no interesan para nada a Egipto; para este país sólo son de importancia los tributos, vigilados estrechamente por los inspectores egipcios. Sus puntos fortificados y sus guarniciones les proporcionan el respeto necesario. Gaza y Jope constituyen los centros administrativos más importantes de Egipto. Los contingentes de trabajadores forzados tienen que señalarlos los señores feudales. De esta forma se construyen y conservan caminos; se cultivan las propiedades reales de la corona en la fértil llanura de Yezreel, al sur de Nazaret, y se talan los magníficos bosques de cedros del Líbano. Los comisarios de los faraones están corrompidos. A menudo se malversan los fondos destinados a la paga y a la manutención de los soldados. Y los soldados egipcios, los cretenses, los beduinos y los nubios, proceden al pillaje de los indefensos campos.
Bajo la autoridad de Egipto la tierra de Canaán se desangró. La población fue disminuyendo. Las casas patriarcales son, en el siglo XIII antes de J.C., más humildes que en los tiempos primitivos, según han demostrado palpablemente las excavaciones. El lujo y el valioso adorno es raro y míseras son las dádivas en las tumbas. Las murallas han perdido su solidez.
Sólo en la costa de Siria sigue casi inconmovible el ritmo de las repúblicas marítimas, resguardadas por tierra por la cordillera del Líbano y menos conmovidas por las disensiones de los príncipes de las ciudades. Los puertos continúan siendo plazas de intercambio para todo cuanto el mundo puede apetecer. Hacia el año 1200 antes de J
.C. aparece en la lista de los productos apreciados un nuevo metal, tan valioso al principio como el oro y la plata: es el hierro. Procede de la tierra de los hititas, y son los fenicios los primeros en comerciar con un metal que tiene que dar el nombre a una edad de la historia del Mundo. El hierro lo conocían ya los egipcios desde hacía casi dos milenios y lo consideraban como cosa sumamente rara. Aquel hierro no procedía de nuestro planeta sino que se obtenía de los meteoritos. Y las pocas y valiosas armas que con él se fabricaban eran llamadas por ellos, con mucha razón, "puñales del cielo."Con el nuevo metal empieza una nueva época:
la edad del hierro. La edad del bronce, con su peculiar civilización, se extingue: una gran época de la Antigüedad toca a su fin.A fines del siglo XIII antes de J.C. avanza, desde el norte del Egeo, una nueva oleada de pueblos poderosos y extraños. Por mar y por tierra invaden las ciudades "marítimas" del Asia Menor. Son los emisarios de un gran movimiento de pueblos a los cuales pertenecen también los que forman la llamada "emigración dórica" hacia Grecia. La dirección que sigue el empuje de los extranjeros — son indogermanos — tiene por objetivos Canaán y Egipto, Israel, junto al Jordán, no tienen aún nada que temer de e
llos. Pero los cananeos están debilitados debido a sus disensiones. La hora de Israel ha sonado. ¡Las bíblicas trompetas de Jericó dan la señal!Y PARTIERON DE SITTIM Y LLEGARON HASTA EL JORDÁN... Y TODO ISRAEL LO PASABA A PIE ENJUTO, HASTA QUE EL PUEBLO ENTERO ACABÓ DE ATRAVESAR EL JORDÁN... Y ACAMPARON EN GUILGAL, EN LA FRONTERA ORIENTAL DE JERICÓ (Jos.
Hoy día existe un puente para atravesar el río. Es el único que existe por la parte Sur; sólo río arriba, a la salida del lago de Genesaret, ha sido construido otro puente moderno. El río Jordán es estrecho, muy estrecho, y desde antiguo hay en él varios sitios por donde puede vadearse con facilidad. La población indígena los conoce muy bien. Junto a Jericó, las aguas, de un sucio color amar
illento, apenas si alcanzan, en la estación seca, unos 10 metros de anchura.Cuando los israelitas llegaron a orillas del Jordán, este río llevaba un gran caudal. "Las aguas del Jordán se desbordaban por todas sus orillas al tiempo de la siega" (Jos.
3:15). Como cada año, ha empezado ya el deshielo en el Hermón. "Las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y se alzaron, formando un montón (es decir, se estancaron) muy lejos, por Adam... y el pueblo pudo pasar por junto a Jericó... y todo Israel pasaba a pie enjuto hasta que el pueblo entero acabo de pasar el Jordán" (Jos. 3:16-17). En esta ciudad de Adam recuerda el-Damiyek un vado muy utilizado del curso medio. Si se da una crecida repentina del río, en poco tiempo se puede formar en aquel lugar un embalse, quedando el curso inferior casi seco 1.En el Jordán se han formado a menudo embalses a causa de movimientos sísmicos. En 1924 y 1927, un fuerte terremoto transformó las márgenes del río y grandes masas de tierra se desprendieron de las colinas situadas junto a su curso, cayendo en su lecho. Durante veintiuna horas, el agua quedó estancada. En 1906 hubo un terremoto junto al Jordán, y el lecho del río, cerca de Jericó, permaneció completamente seco durante un día. Unas inscripciones árabes citan un
hecho igual en 1267 d. J.C.Si desde un avión se contempla esta parte del valle del Jordán, se comprende cómo pudo ser que miles de años atrás tuviese tanta importancia. Al Este se extiende, ante los desiertos arábigos, la accidentada altiplanicie de Jordania, desde muy antiguo la patria de numerosas tribus nómadas, desde donde podían contemplar los fructíferos campos y pastos de Canaán. Aquí hay una puerta de entrada natural; es el vado principal del Jordán, fácilmente franqueable, hasta por los rebaños.
Pero quienes proceden de Oriente tropiezan, no lejos del Jordán, con el primer obstáculo serio, Jericó, situada en posición estratégica y ciudad clave para la conquista de Canaán.Y CUANDO LA GENTE OYÓ EL SONIDO DE LA TROMPA ALZARON GRAN ALARIDO Y SE VINO ABAJO LA MURALLA Y EL PUEBLO ESCALÓ LA CIUDAD CADA UNO POR LA PARTE QUE TENÍA ENFRENTE Y SE APODERARON DE ELLA... LUEGO PRENDIERON FUEGO A LA CIUDAD CON CUANTO ENCERRABA (Jos. 6:20, 24).
La lucha de Josué por esta ciudad la hizo célebre. En la actualidad, los hombres de ciencia batallan a su alrededor con palas, picos y tablas cronológicas. Josué conquistó a Jericó en siete días, según la Biblia. La lucha de los arqueólogos para conquistar lo que de ella quedó, perdura desde hace casi cincuenta años y aún n
o está completamente decidida. Se trata sólo de determinar, en forma que no haya lugar a dudas, la época de su destrucción.Las apasionantes y dramáticas excavaciones de Jericó están sembradas de hallazgos sensacionales y de descubrimientos jamás oídos, con sorpresas y con desengaños, con comprobaciones y refutaciones, con controversias sobre la importancia y fechas.
La depresión del Jordán disfruta de un clima tropical. Cual un oasis aparece la aldea Eriha, el moderno Jericó,
en el linde del desierto cretáceo y privada de vegetación. Aquí crecen hasta las palmeras, que apenas se ven en Palestina, excepto al sur de Gaza. Hasta la Biblia designa a Jericó con el nombre de "Ciudad de las Palmeras" (Juec. 3:13). Unas veces dorados, otras rojos, los racimos de dátiles destacan entre las verdes hojas. Desde muy antiguo una frondosa vegetación constituye el encanto de la fuente Ain es-Sultan. Al norte de la actual Jericó y precisamente por estos lugares, hay una colina formada por escombros y designada con el nombre de Tell es-Sultan. Esta colina es el campo de batalla de los arqueólogos. Aquel que quiere penetrar en él tiene que pagar la entrada. Las excavaciones se hallan situadas detrás de un vallado de alambre.F
IG. 23. — La antigua muralla cananea de Jericó.Los restos de Jericó hallados en Tell es-Sultan constituyen uno de los yacimientos más importantes que han sido hallados, porque desde hace tiempo ya no se trata solamente de la fortaleza bíblica. En la colina dormitan, debajo de las capas pertenecientes a la edad del bronce, los testimonios de la edad de piedra. Hacen que nuestras miradas se desvíen hacia las épocas más antiguas y a los primeros seres humanos que allí se establecieron en forma sedentaria. La
s casas más antiguas de Jericó tienen 7.000 años y con sus muros circulares se parecen a tiendas de nómadas. Pero sus moradores no conocían aún la cerámica. En 1953 las excavó una expedición británica. La directora de la empresa, la doctora Kenyon, declaró: "Jericó puede vanagloriarse de ser la ciudad más antigua del mundo."Poco después de terminado el siglo XIX, los arqueólogos dedicaron su atención al solitario Tell es-Sultan. Desde 1907 hasta 1909 las palas y los picos se ejercitaron con mucho cuidado a través de los diversos estratos de aquella magnífica colina formada por restos del pasado. Cuando los dos directores de la expedición germanoaustríaca, el profesor Ernesto Sellin y el profesor Carlos Watzinger, dieron a conocer sus descubrimientos, causa
ron una gran sorpresa. Fueron sacados a la luz dos círculos amurallados concéntricos. El interior, alrededor de la cumbre de la colina, es una obra maestra de fortificación construida con ladrillos secados al sol compuesta de dos muros paralelos distantes entre sí 3 y 4 metros. La muralla interna, que es especialmente maciza, tiene tres metros y medio de espesor. El cinturón exterior corre al pie de la colina y consiste en un muro de 2 metros de espesor que, en su época, tenía una altura de 8 a 10 metros, con sólidos fundamentos.¡Tales son las célebres muí alias de Jericó! Los dos cinturones fortificados, su exacta ordenación en el tiempo, las fechas de su construcción y de su destrucción han sido motivo de vehementes polémicas entre los arqueólogos con opiniones en pro y en contra, y variadas suposiciones y argumentos Esto empezó ya con las declaraciones de Sellin y Watzinger y ha durado varios lustros.
Ambos descubridores llegaron a una "importante rectificación" (según ellos mismos la designaban) de su primer juicio. En una declaración conjunta afirman que la línea exterior de murallas debió caer "hacia el 1200 antes de J.C., correspondiendo, por tanto, a las murallas que fueron objeto del asalto por parte de Josué." Para arrojar nueva luz sobre estos he
chos sale, en 1930, una nueva expedición inglesa en dirección a Tell es-Sultan. Después de seis años de excavaciones aparecen a la vista nuevas partes de las fortificaciones. El profesor John Garstang, como arqueólogo que dirige los trabajos, registra con gran cuidado todos los detalles. En forma gráfica describe la intensidad de la destrucción de las fortificaciones que forman el cinturón interior: "El espacio comprendido entre las dos murallas está rellenado con derribos y cascotes. Se perciben huellas evidentes de un grandioso incendio; masas compactas de ladrillos ennegrecidos, piedras rotas, maderamen carbonizado y cenizas. Las casas, a lo largo de la muralla, han sido incendiadas hasta los fundamentos y los techos se han hundido sobre los enseres domésticos."Garstang, después de haber llamado previamente a consejo a personas técnicas, publica el resultado de la segunda batalla arqueológica. La muralla interior sería, según él, la más reciente, es decir, la que fue destruida por Israel. Así prosigue la polémica sobre las murallas de Jericó. Garstang deduce que la destrucción del cinturón interior de murallas debió de ocurrir hacia el año 1400 antes de J.C.
El padre Hugues Vincent, notable arqueólogo y uno de los excavadores de Jerusalén que más éxitos han obtenido, estudia los datos de los hallazgos y señala como fecha de destrucción del recinto amurallado la de los años 1250 a 1200 antes de J.C. A pesar de cuantos argumentos se han esgrimido en contra, ésta es hoy día la fecha generalmente admitida.
Jericó resulta para los arqueólogos un hueso duro de roer. Débese ello a la falta de los indicios más importantes: los fragmentos de cerámica. Las casas destruidas están vacías. Hemos de dejar a la intuición de los expertos el problema de la aclaración de la época. En todo caso resulta evidente que las murallas de Jericó han existido y que en ellas pueden percibirse perfectamente las huellas de un incendio. "Pues a la ciudad la quemaron con fuego con todo cuanto en ella había."
Pero, ¿qué fue en realidad lo que produjo la ruina de las murallas? "Y tocaron las trompetas — se dice en el célebre versículo frecuentemente citado—. Y cayeron las murallas." Después de un examen minucioso de los restos de sus ruinas, Garstang observó algo sumamente curioso. Las piedras del cinturón exterior se habían deslizado por la pendiente, es decir, hacia la parte exterior, y, en cambio, la muralla interna, esto es, la que rodea la cumbre del montículo, se había desplomado exactamente en sentido contrario, o sea hacia el interior de la ciudad. Al caer había sepultado los edificios levantados junto a ella. Los muros presentaban, además, muchas grietas y resquebrajaduras.
Todos estos indicios, según el criterio de Garstang, llevan a la conclusión de que seguramente un terremoto asoló la ciudad. Según indican las cartas geofísicas, la comarca de Jericó está situada en una zona de alta sismicidad de la Tierra, zona que atraviesa el Asia pasando por el Himalaya y el Tibet 2.
Jericó era la primera plaza fuerte de la Tierra de Promisión. El subsiguiente camino seguido por los hijos de Israel a través de Canaán lo han podido descubrir exactamente los arqueólogos en los demás emplazamientos en que se han realizado excavaciones.
FIG. 24
Aproximadamente a 20 kilómetros al sudoeste de Hebrón estaba situada la bíblica Dabau. Protegida por un fuerte recinto amurallado dominaba el Negueb. Las excavaciones realizadas, desde 1926, por los americanos, bajo la dirección de W. F. Albright y de M. G. Kyle, encontraron allí, en el Tell Beit Mirsim, una capa de cenizas y grandes destrucciones. La capa de cenizas contiene fragmentos de cerámica que, evidentemente, proceden de finales del siglo XIII antes de J.C. Directamente encima de la capa de cenizas existen huellas de un nuevo poblado de Israel. "Josué, y todo Israel con él, se volvió contra Debir y la atacó..." (Jos. 10:38).
A la distancia de 45 km. en dirección sudoeste de Jerusalén, es identificado el bíblico Lakís, que, para Canaán, debió de ser una ciudad extraordinariamente grande. Después, en Tell ed-Duweir, una expedición inglesa, bajo la dirección de James Lesley Starkey, encuentra, en los años próximos al 1930, unas 24 fanegas de superficie edificada que en tiempos antiguos, estuvo
protegida por fuertes bastiones. También esta ciudad cayó víctima de un incendio destructor. Una ánfora, hallada entre las ruinas, lleva una inscripción que menciona el "año 4°" del faraón Merenptah; ¡lo cual corresponde al año 1230 antes de J.C.! "Y el Señor entregó a Lakís en las manos de Israel" (Jos. 10:32).En el Museo de El Cairo existe una lápida procedente de un templo funerario de Tebas. en la cual se canta y celebra la victoria del faraón Merenptah sobre los libios. Para aumentar su gloria se citan otras hazañas que el soberano ha realizado. Así se dice, al final del canto: "Canaán ha sido capturado con todos los malos. Ha sido apresado Asquelón, ocupado Guezer, destruido Jenoam. El pueblo de Israel está desconsolado, pues no tiene descendientes;
Palestina fue como viuda para Egipto."Este poema triunfal, escrito en el año 1229 antes de J.C.,
es un documento muy valioso bajo muchos conceptos y también pone en claro muchas cosas. En él vemos, por primera vez en la historia de la Humanidad, citado como "pueblo" a Israel y, además, relacionado con nombres de ciudades de Palestina, prueba cierta ante la cual no puede dudar el más empedernido escéptico de que Israel, alrededor del año 1229 antes de J.C., ya estaba establecido en Canaán y no era desconocido.Israel, poco antes del año 1200 antes de J.C., había alcanzado la tan suspirada meta, es decir, Canaán, pero no dominaba el país, Los restos de los incendios señalan la ruta seguida y dan a conocer una estrategia muy hábil. Las más formidables fortalezas de Guezer y de Jerusalén fueron esquivadas por Josué. Evidentemente desarrollaba un plan según el principio de la menor resistencia. También las fructíferas llanuras y los valles de los ríos están en manos de los cananeos y permanecen en ellas durante
muchas generaciones. A Israel le faltan armas para oponerse a los temibles carros de combate; le falta la técnica y la experiencia en la lucha contra ciudades fuertemente defendidas. Pero ha tomado pie en las regiones menos pobladas, es decir, en el quebrado país a ambos lados del Jordán que está en su poder.La misión de Josué ha quedado cumplida: anciano ya, expira y es sepultado "en el término de su heredad en Timnat-Seraj, situada en la montaña de Efraim, al norte de la montaña de Gaas"
(Jos. 24:30). El texto griego (lxx 24:30 b) contiene sobre esto una observación muy importante:"Junto a su cuerpo fueron colocados, en la tumba que para él se labró, los cuchillos de piedra con los cuales había circuncidado a los israelitas en Guilgal." En Guilgal, en el camino entre el Jordán y Jericó, según la tradición, se practicaba el rito de la circuncisión haciendo uso de "cuchillos de piedra."
"Ahora bien, todo el pueblo que salió estaba circuncidado, mientras que el nacido en el desierto en el viaje, tras su salida de Egipto, no había sido circuncidado" (Jos. 5:5). A 15 kilómetros de distancia al noroeste de Betel está situada Kefr Ishu’a, "da aldea de Josué." En las rocas de los alrededores pueden verse tumbas. En el año 1870, en una de estas tumbas, fueron hallados numerosos cuchillos de piedra...** ** **
1. Es evidente que no se puede prescindir del aspecto preternatural que aparece en el Texto Sagrado cuando describe este hecho, que nos le presenta como manifestación extraordinaria de la Providencia divina que dispone todos los elementos y fuerzas de la naturaleza que él ha creado para realizar sus planes. Cfr. B. Orchard..., o. c., pág. 691 (
N. del T.).2. Véase la nota 1. "Aunque se admita la influencia de esas causas (aquí el terremoto) no es menos evidente la intervención de Dios." B. Orchard..., o. c., pág. 295.
I
srael se hace sedentario. — Trabajos de exploración en la región de las montañas. — Cabañas en vez de palacios. ·— Débora fomenta la rebelión. — Combate en la llanura de Yezreel. — Victoria sobre los "carros de hierro." — Vasijas de Israel en Meguiddo. — Ataques de los bandidos del desierto. — la táctica salvadora de Gedeón. — Por primera vez, los camellos en una batalla. — El camello domesticado, nuevo medio de transporte para largas distancias.DIO, PUES, YAHVÉ A ISRAEL LA TIERRA ENTERA, QUE A SUS PADRES HABÍA JURADO DAR; LA OCUPARON Y HABITARON EN ELLA (Jos.
21:41).Después de la conquista sucede algo muy extraño: las tribus de Israel toman posesión fija del territorio conquistado. Es decir, ya no serán más un típico pueblo nómada. Canaán ha sufrido siempre desde tiempo inmemorial los ataques de las tribus nómadas, pero estos ataques no dejaron de ser sino meros episodios. Las tribus hacían pacer allí sus rebaños algún tiempo, y después, un día cualquiera, desaparecían como habían venido. En cambio, el pueblo de Israel se convierte en un pueblo sedentario, cultiva los campos y rotura los bosques.
"...Si sois pueblo numeroso, subid al bosque y haceos allí tala en tierra del perezco..." (Jos. 17:15). Abandonan las tiendas y construyen casuchas y en el país conquistado se establecen en las ruinas de las casas. En los estratos incendiados descubiertos en Debir, Bet-Semes y Bet-El se encontraron restos de su ajuar primitivo y pobre.La ruptura con los tiempos pasados queda patente en las excavaciones. Allí donde en otro tiempo habían estado emplazadas las viviendas de los patriarcas y los palacios de los señores feudales se levantan ahora rústicas chozas y vallados. Las macizas murallas muestran varias reparaciones realizadas en ellas. Las nuevas construcciones de los hijos de Israel son de paredes delgadas de mampostería. La construcción de nuevas obras de defensa hu
biera requerido trabajos forzados y nada es tan odioso para los israelitas que verse forzados a algo. Se consideran libres, es decir, campesinos independientes. Según se dice en el Libro de los Jueces, "cada uno hacia lo que le parecía" (Juec. 17:6).Hasta la palabra siervo, tan común en Canaán, se utiliza entre los israelitas en sentido diametralmente opuesto, es decir, en el de hombre libre. En el sistema feudal de los señores de las ciudades trabajaban los esclavos; en Israel son los hijos de las familias libres quienes realizan el trabajo del campo. El cabeza de familia es el padre, el patriarca. Innumerables son las nuevas colonias que van apareciendo. Los arqueólogos encuentran sus huellas por todo el terreno accidentado. Poca cosa es, por otra parte, lo que de ellos se ha conservado, ya que el primer material de construcción utilizado consiste en ladrillos secados al sol y los edificios que con ellos se levantan no son de gran duración.
FIG. 25. Jarra israelita para provisiones.
Los israelitas realizan en las montañas un verdadero trabajo de exploración. Las comarcas que no eran habitables, las regiones sin fuentes y sin ríos son cultivadas. Por más extraño que parezca, el moderno estado de Israel ha puesto de nuevo en servicio las realizaciones de la técnica utilizada por sus antepasados. Aquéllos cavaron cisternas en el suelo para recoger las aguas procedentes de la lluvia, que eran recubiertas interiormente por un revestimiento a base de cal, de compo
sición desconocida. Estas instalaciones estaban construidas tan sólidamente que resistieron el desgaste ocasionado por el paso de miles de años.Israel se afincó en la nueva patria con sus colonos y campesinos, tal como se describe en el
Libro de los Jueces. En constante lucha con sus vecinos y disputando entre sí, va acrecentándose su fuerza guerrera y su experiencia. La Biblia da cuenta de las negociaciones celebradas con los moabitas los amonitas y las tribus arameas de los desiertos de Siria, así como de sangrientas guerras y de la lucha de las tribus contra Benjamín (Juec. 20). Bet-El se hallaba situado en el territorio de Benjamín; Albright desentierra en este lugar cuatro capas de restos procedentes de épocas comprendidas entre los años 1200 a 1000 ames de J.C.
FIG. 26. —
El príncipe cananeo de Meguiddo en su trono, con tañedores de arpa y carros de combate (1.200 años a. de J.C.).Estos años, de grandes conmociones, correspondientes a la primera colonización, han sido descritos en forma imperecedera en tres relatos del
Libro de los Jueces: en el canto de Débora, en el de la historia de Gedeón y en el de las hazañas de Sansón. El fondo de estas "historias piadosas" son los hechos acontecidos en aquella época, los cuales, de acuerdo con recientes investigaciones, permiten ser fechados con bastante exactitud. Cuando penetró en la Tierra Prometida hacia el año 1230 antes de J.C., Israel tuvo que contentarse con las montañas... "pues no pudo expulsar a los habitantes de la llanura, que tenían carros de hierro" (Juec. 1:19).Casi cien años más tarde las cosas cambian por completo de aspecto. Las tribus establecidas en las montañas de Galilea tienen que prestar servicio de servidumbre a los cananeos, entre ell
as la de Isacar, que, en la Biblia, es designada en forma burlesca con el nombre de "asno huesudo." Tiene que llevar "su espalda doblegada, es un siervo tributario" (Gen. 49:14-15).Desde Galilea estalla la insurrección contra la tiranía. El impulso da una mujer llamada Débora. Excita a las tribus de Israel a la liberación. De ella es aquel canto maravilloso, que ha llegado hasta nosotros y que recitó ante el pueblo congregado al efecto.
Baraq, de la tribu de Isacar, se pone al frente del movimiento liberador; otras tribus se adhieren; un grueso ejército se reúne. Entonces Baraq realiza algo decisivo aquello que jamás se atrevió a hacer Israel: sale al encuentro del enemigo, hasta entonces tan temido, en la llanura: "Baraq bajo entonces del monte Tabor, seguido de diez mil hombres" (Juec. 4:14). El escenario es la amplia y fructífera llanura de Yezreel entre las montañas de Galilea en el Norte y las de Samaria en el Sur, país de ilimitada soberanía de los príncipes cananeos y de señores feudales. Allí les espera un fuerte ejército de cananeos. "Combatieron entonces los reyes de Canaán, en Tanak, junto a las aguas de Meguiddo" (Juec. 5:19), y acontece lo jamás visto... ¡Israel sale vencedor! Por primera vez han logrado derrotar en campo abierto a los carros de combate. El camino está abierto; Israel ha demostrado que ahora es ya superior a la táctica guerrera de los cananeos.
Dos montículos de escombros en la llanura de Yezreel conservan los restos de Tanak y, diez kilómetros más lejos, los de Meguiddo. La importancia de ambas ciudades fluctúa varias veces. Hacia el año 1450 antes de J.C., es Tanak una gran ciudad, pero con una pequeña guarnición egipcia. Alrededor del 1150 antes de J.C. es destruida y abandonada por sus habitantes. El largo tiempo que permanece abandonada origina la ruina de la ciudad; pero hacia el año 1100 antes de J.C. es reconstruida y poblada de nuevo. Notable es el arte de la construcción de cerámica de los nuevos pobladores; grandes vasijas de barro para guardar las provisiones, exactamente de la misma clase que las empleadas por nuestros días en las tierras de Israel.
Los arqueólogos encontraron más vasijas en otros poblados de las montañas de Samaria y de Judea. Tanak es citado especialmente en el canto de Débora como lugar de la batalla. La alusión de "junto al agua de Meguiddo" sirve para fijar con mayor exactitud su situación. Meguiddo mismo, cuya agua es la fuente de Quisón, seguramente no existiría entonces.
Entre los hallazgos arqueológicos y los datos facilitados por la Biblia puede procederse a fijar la época en que tuvo lugar la primera batalla contra el cuerpo de carros de combate de Canaán; debió de ocurrir entre la destrucción y la reconstrucción de Meguiddo, es decir, hacia el año 1125 antes de J.C.
La historia de Gedeón da cuenta del segundo triunfo de Israel. Desde las tierras de Oriente avanza un día algo nuevo, desconocido y terrible sobre Israel. Las hordas de nómadas madianitas avanzan, montadas en camellos, sobre la tierra, desvalijando, matando y destruyéndolo todo. "Ellos y sus camellos eran innumerables y venían al país para devastarlo" (Juec. 6:5). Durante largos años se halla Israel expuesto, inexorablemente, a los ataques de los madianitas. Después surge Gedeón, el libertador. Emplea con éxito, según explica detalladamente la Biblia (Juec. 7:20 y sigs.), una nueva táctica de sorpresa ante la cual los madianitas huyen y dejan tranquilos a los israelitas en el futuro.
En las épocas de guerra surgen a veces inventos que después tienen aplicación práctica y pacífica. El nuevo "invento" que causó tanto terror a los israelitas en los ataques de que eran objeto por parte de los madianitas ¡era el empleo de camellos domesticados!
El camello domesticado es, en el mundo antiguo, algo completamente nuevo; aunque parezca raro, los pueblos de la edad del bronce no los conocieron. Los textos egipcios jamás los mencionan. Ni en Mari, a pesar de su gran proximidad al gran desierto de Arabia, se encontró mención alguna de ellos en los archivos, que contienen innumerables documentos. Tenemos que suprimir el camello de nuestras representaciones de la vida y de las relaciones del mundo en el Antiguo Oriente. También en el Génesis tuvo que ser añadido más tarde. Así, por ejemplo, la bella escena en la cual vemos por primera vez a Rebeca en su ciudad natal de Najor, ha recibido adiciones y cambios. Los "camellos" de Abraham, su futuro suegro, en realidad no eran otra cosa que... asnos (Gen. 24:10 y siguientes). También eran asnos los que durante milenios llevaron en sus lomos el peso de valiosas mercancías por las grandes rutas comerciales... hasta que el manso camello los substituyó.
En qué época tuvo lugar la domesticación del camello es cosa que resulta imposible determinar con exactitud. Pero existen algunos puntos de referencia. En el siglo XI antes de J.C. aparece citado el camello en los textos de las tablillas cuneiformes y en los bajos relieves, y desde entonces son mencionados con mucha frecuencia. Alrededor de esta época debió ocurrir lo que narra la historia de Gedeón. ¡Cuan grande debió de ser la impresión causada por la incursión realizada sobre camellos, considerados hasta entonces como bestias salvajes!
La tercera provocación constituye el mayor y más mortífero peligro para Israel: su choque con los filisteos.
“K
rethi und Plethi." — Invasión de los pueblos del mar. — La gran caravana procede del mar Egeo. — Avance arrollador con carros tirados por bueyes y con naves. — Desaparece el reino hitita. — Ciudades costeras de Canaán incendiadas. — Movilización general junto al Νilo. — El faraσn Ramsιs III salva a Egipto. — La gran batalla campal y naval. — Campos de concentración y cuestionarios de prisioneros de guerra. — Figuras de filisteos en bajos relieves egipcios.¿NO HICE SUBIR A ISRAEL DEL PAÍS DE EGIPTO, COMO A LOS FILISTEOS DE CAFTOR Y A LOS SIRIOS DE QUIR? (Am.
9:7).Con las fantásticas historias sobre el forzudo Sansón, sus golpes de ingenio y sus hazañas nos ambientamos en la é
poca.¡Filisteos! Su nombre se incorporó con diversos significados al tesoro lingüístico del mundo moderno. Así decimos: "¡Es un perfecto filisteo!" o bien hablamos del "gigante Goliat," que era uno de ellos. En alemán es frecuente decir, por ejemplo: "Krethi und Plethi" (palabras equivalentes a nuestro español "fulano y zutano"), sin pensar que tales palabras significan "cretenses y filisteos." ¿Quién no conoce la trágica historia de los amores de Sansón y Dalila, la cual le denuncia a los filisteos? ¿Qu
ién no recuerda la fuerza sobrehumana de Sansón, que domina a los leones con su mano, mata a mil filisteos con una quijada de asno y, ciego y finalmente abandonado por su amada, llevado por su indomable cólera, derriba un templo sobre los filisteos? Y, sin embargo, son pocos los que tienen conciencia de cuan poca cosa sabemos sobre los tan cacareados filisteos.El pueblo de los filisteos, que tan decisivo papel desempeñó en la vida de Israel, estuvo durante mucho tiempo rodeado del misterio. Sólo en época reciente se consiguió levantar un poco el velo sobre este problema. Gracias a los resultados laboriosamente obtenidos por la investigación su conocimiento va siendo cada vez más claro. Los fragmentos de cerámica, las inscripciones que aparecen en los templ
os y los estratos de sucesivos incendios forman un mosaico que corresponde a su primera aparición en escena, trágica sin igual.Noticias espantosas preceden a la llegada de los extranjeros; los correos aportan malos augurios respecto a los desconocidos que viven en los confines del espacio vital del Viejo Mundo, en las costas de Grecia. Avanzan en carretas tiradas por bueyes, vehículos toscos con ruedas en forma de discos, arrastrados por arqueados bueyes, cargados con los enseres domésticos y las provisiones, acompañados de mujeres y de niños. Los preceden hombres armados. Llevan escudos redondes y espadas de bronce. Una gran nube de polvo los envuelve, pues son muchos, innumerables. De dónde vienen es cosa que nadie sabe. En el Mar de Mármara es donde se les ve por primera vez y desde allí prosiguen su ruta hacia el Sur, a lo largo de las costas del Mediterráneo. Sobre las verdes olas del mar navega una formidable flota en la misma dirección: enjambres de naves con hombres armados a bordo.
Incendios, ruinas y campos devastados son el terrible rastro que dejan tras de sí cuando han pasado. Nadie ha conseguido detenerlos, pues rompen toda resistencia. En Asia Menor caen las ciudades y los poblados ante su empuje arrollador. La formidable fortaleza de Hattusas, junto al río Halis, es destruida, y saqueadas las magníficas yeguadas de Cilicia. Los tesoros de las minas de plata de Tarso son objeto de pillaje. A los talleres de las minas situados junto a los yacimientos metalíferos les roban el secreto, tan celosamente guardado, de la fabricación del metal más valioso de aquella época... el hierro. Ante golpes tan duros se quiebra una de las tres grandes potencias del segundo milenio antes de J.C., ¡desaparece el gran imperio de los hititas!
Una flota de los conquistadores extranjeros desembarca en Chipre y ocupa la isla. Los que avanzan por el continente van siguiendo su ruta, penetran en el norte de Siria, llegan a Karkemisch, que se halla junto al Éufrates, y remontan el valle del Orontes. Las ricas ciudades fenicias caen dentro de la tenaza formada por las fuerzas de mar y de tierra. Ugarit, Biblos, Sidón, luego Tiro, ceden ante el impulso de los invasores. Los incendios destruyen las ciudades de las fértiles llanuras de la costa de Palestina.
Situados en sus campos y praderas del país de las montañas, los israelitas han visto sin duda pasar aquella horda destructora, aunque la Biblia nada nos dice sobre el particular. En realidad Israel no ha sido afectado; lo que allá abajo está en llamas son las fortalezas de los odiados cananeos.
Entre tanto, la avalancha va extendiéndose por el mar y por la tierra dirigiéndose hacia el Nilo, hacia Egipto...
En Medinet Habu, al oeste de Tebas, junto al Nilo, se hallan las imponentes ruinas del magnífico templo de Amón del tiempo de Ramsés III, de los años 1195 a 1164 antes de J.C. Sus puertas en forma de torres, los altos obeliscos, los muros en los patios y en los atrios están cubiertos de bajos relieves y de inscripciones. Miles de metros cuadrados de documentos históricos
grabados en la piedra. El templo todo es un documento gigantesco que hace relación a las expediciones guerreras del faraón, escrito con palabras e imágenes por el cronista de la corona; en él se narran los acontecimientos que en aquella época tuvieron lugar junto al Nilo.Cuan grande era el temor y cuan inminente el peligro a que Egipto se hallaba expuesto, aparece claramente en estos comunicados. Preocupado y lleno de temor anuncia uno de los textos: "Año octavo, durante el reinado de Su Majestad Ramsés III... Ningún país podía oponer resistencia a sus armas. El reino hitita, Code
1, Karkemisch... y Chipre... fueron destruidos de un solo golpe... Llevaron a la perdición a sus pobladores y sus países quedaron como si nunca hubiesen existido. Estaban en marcha hacia Egipto... Pusieron sus manos sobre los países de todo el ámbito del mundo. Sus corazones estaban llenos de confianza y de seguridad: "¡Nuestros planes se realizarán!""
FIG. 27. — De la batalla ter
restre del faraón Ramsés III contra los filisteos.
Ramsés III reaccionó en forma febril; como preparación para la lucha ordena la movilización general. "Organicé mis fronteras... armé contra ellos a príncipes, comandantes de las guarniciones y guerreros. He preparado las desembocaduras del río en forma de fuerte muralla con navíos de guerra, con galeras y con naves costeras... bien equipadas, desde la proa a la popa, con valientes guerreros que llevaban sus armas. Las tropas estaban formadas por los homb
res más escogidos de Egipto. Eran cual rugientes leones en las cimas de las montañas. Las fuerzas de carros de combate consistían en corredores elegidos entre los más hábiles y avezados. Los caballos volaban con todo empuje, dispuestos a triturar, con sus herraduras, a los extranjeros..."Con una enorme potencia bélica, con todos los hombres en edad de tomar las armas que Egipto puede reunir, sale Ramsés III a dar la gran batalla contra las legiones extranjeras. Las inscripciones no dan detalles concretos acerca de la batalla en sí misma. Como de costumbre los comunicados de guerra egipcios se limitan también en este caso a cantar himnos de alabanza a los vencedores. "Sus tropas — así se dice de Ramsés III — son como toros dispuestos en el campo de batalla;
sus caballos son como halcones entre pequeños pájaros..."Pero un gran bajo relieve pone ante nuestros ojos, al cabo de 3.000 años, la terrible lucha; los comandos bien armados de los carros de combate egipcios irrumpen sobre la masa de los enemigos. Terrible es la carnicería que causan entre las mujeres y los niños de los pesados carros tirados por bueyes. La victoria está ya decidida; los soldados egipcios saquean las carretas de bueyes.
Egipto ha ganado una guerra de importancia histórica; las fuerzas de infantería enemigas han sido aniquiladas. Sobre un carro ligero vuela Ramsés III a la costa, pues el enemigo, con sus naves, ha penetrado en las desembocaduras del río.
FIG. 28. — Interrogatorio de prisioneros filisteos por oficiales egipcios.
La gran batalla naval está también representada y eternizada en el templo de Medinet Habu, en un gran bajo relieve de piedra; "en bandadas se han acercado las naves enemigas. Poco antes de ocurrir el choque el viento ha calmado repentinamente, las velas son arriadas. Esto significa para los enemigos un grave contratiempo. Sus navíos se encuentran así imposibilitados para maniobrar. Sus guerreros están dispuestos a
la lucha pero sin defensa; empuñan lanzas y espadas, que sólo sirven para la lucha cuerpo a cuerpo, cuando las naves se colocan junto a otras, dispuestas para el abordaje. La calma del viento da a los egipcios la ocasión de la victoria. Sus navíos, movidos por remeros, se acercan a los enemigos colocándose a conveniente distancia; entonces se da la orden a los arqueros de disparar. Una mortífera lluvia de flechas cae sobre los extranjeros, que, atravesados por ellas, caen en grandes masas sobre el agua. Los cuerpos de los heridos graves y de los muertos son arrastrados por la corriente. Cuando el enemigo ha sido diezmado y la confusión ha llegado a su punto álgido, los egipcios se les acercan a golpes de remo y echan a pique a las naves enemigas. Los que han salido vivos de la lluvia de flechas y de las olas son degollados en la vecina orilla o hecho prisioneros."Ramsés III ha logrado apartar de Egipto la mortífera amenaza por medio de dos batallas, una terrestre y otra marítima; es una victoria que no tiene igual en la antiquísima historia de la tierra del Nilo.
Para formar un inventario de la victoria, a los muertos y a los heridos se les cortan con toda crueldad las manos, las cuales se amontonan formando montañas. Así se calcula el número de los enemigos destruidos. Las inscripciones nada dicen de la suerte que les cupo a las mujeres ni a los niños. Los bajos relieves muestran los primeros campos de concentración de la historia. Los guerreros derrotados son reunidos en ellos.
Lo que experimenta la gran masa de los prisioneros es, en primer lugar, lo mismo que lo que les sucede hoy día: ordenados en hileras y en escuadrones, esperan, sentados en el suelo, su interrogatorio. Ni siquiera falta el tan detestado "cuestionario": los oficiales egipcios dictan a los escribanos las declaraciones de los prisioneros. Sólo una cosa era entonces distinta de ahora. Si hoy día se les pinta con color al óleo en la chaqueta las iniciales Ρ W o Κ G 2, allí se les marcaba con fuego el nombre del Faraón en la piel. Esto resultaba más duradero.
A los jeroglíficos de los más antiguos "cuestionarios" del mundo les tenemos que agradecer el primer relato histórico del célebre pueblo bíblico de los filisteos.
Entre los "pueblos del mar," como designan los egipcios a los conquistadores extranjeros, una estirpe ocupa un rango especial: los pelesets o Prst. ¡Son los filisteos del Antiguo Testamento!
Los artistas egipcios saben representar la maravilla de la fisonomía de los extranjeros, los cuales se diferencian entre sí en sus rasgos más característicos. Así los bajo relieves de Medinet-Habu representan con gran fidelidad los rostros de los filisteos bíblicos. Parecen realmente fotografías grabadas en la piedra hace tres mil años. Las figuras altas y esbeltas sobrepasan a las de los egipcios por la altura de la cabeza. Reconocemos en seguida la característica especial de su indumentaria y de sus armas, de su modo de comportarse en la lucha. Si en vez de los soldados egipcios nos imaginamos a los hijos de Israel, se tendrá una fiel imagen de las luchas que algunos años más tarde tuvieron lugar en Palestina y que alcanzaron su punto álgido hacia el año 1000 antes de J.C. bajo los reyes Saúl y David.
** ** **
1. Code comprende los territorios costeros de Cilicia y norte de Siria.
2. Iniciales de "Prisoners of War" o de "Kriegsgefangener," es decir, de prisioneros de guerra en inglés y en alemán.
4. Bajo el Yugo de los Filisteos.
L
os filisteos en la costa. — Objetos de cerámica con dibujos de cisnes. — Jarros de cerveza con filtros. — Monopolio del hierro severamente protegido. — Los filisteos ocupan el país de la montaña. — Huellas de incendios en Silo. — Decisión de un rey en gran apuro. — Allemby vence siguiendo la táctica de Saúl. — Sorpresa de los turcos. — Albright encuentra la fortaleza de Saúl. — Dos lugares de culto en Bet-Sean. — Fin de Saúl.MAS LOS ISRAELITAS VOLVIERON A OBRAR LO MALO A LOS OJOS DE YAHVÉ. QUIEN LOS ENTREGÓ EN MANOS DE LOS FILISTEOS POR ESPACIO DE CUARENTA AÑOS (Juc
. 13:1).En el año 1188 antes de J.C. los filisteos sufrieron la gran derrota infligida por Ramsés III. Trece años más tarde se habían establecido en la llanura de la costa del sur de Canaán, en la fértil llanura parda que se extiende entre las cordilleras de Judá y el mar. La Biblia cita las cinco ciudades dominadas por ellos: Asquelón, Azoto, Acarón, Gat y Gaza (I Sam. 6:17). Cada una de estas ciudades y la tierra próxima, cultivada por soldados al mando de un oficial, es regida por un señor que es independiente y libre. Sin embargo, en las cuestiones políticas y militares los cinco soberanos actúan en común. Al contrario de lo que acontece con las tribus de Israel, los filisteos forman una unidad en todas las cuestiones importantes. Esto es lo que les hace tan fuertes.
El cronista bíblico da cuenta de otras tribus de pueblos del mar que vinieron al país junto con los filisteos y se establecieron en la costa: "He aquí que yo extenderé mi mano sobre los filisteos y extirparé a los cretenses y haré perecer al resto de los
del litoral" (Ez. 25:16). Creta es una isla del Mediterráneo situada muy lejos de Israel. Desde que tenemos conocimiento por la historia extrabíblica de la irrupción de los "pueblos del mar" en Canaán, se ha aclarado el sentido en otro tiempo oscuro de estas palabras, pudiendo apreciar que ellas esbozan la verdadera situación de aquel tiempo. Coincidiendo con la aparición de los filisteos en Canaán surge una cerámica muy característica. Se diferencia completamente de las vasijas de barro que hasta entonces estuvieron en uso tanto en las ciudades de Canaán como en los pueblos de Israel en la región montañosa. En todos los dominios de las cinco ciudades que estaban en poder de los filisteos — y sólo allí — se halló esta clase de cerámica en las excavaciones. Es, por tanto, evidente que los filisteos se fabricaban sus propios utensilios.El primer hallazgo de fragmentos de cerámica de los filisteos causó sorpresa entre los arqueólogos. La forma, el color y el dibujo ya habían sido hallados en otra parte.
FIG. 29. — Jarra filistea con la figura de un cisne
.Los jarros y tazas de color siena, pintados en rojo y en negro con signos geométricos y figuras representando cisnes que se limpian las plumas, ya los conocían de Micenas. Desde el año 1400 antes de J.C. la cerámica de los fabricantes de Micenas era muy apreciada en el Viejo Mundo y el comercio había inundado de ella a todos los países. Esa exportación de Grecia terminó algunos decenios anteriores al año 120
0 antes de la era cristiana debido a la destrucción de Micenas. Los filisteos tenían que haber llegado de Micenas. En Canaán reemprendieron la fabricación en la cual tan adiestrados estaban. "¿No hice subir a Israel del país de Egipto, como a los filisteos de Caftor...?" (Am. 9:7). "Caftor" es Creta, la gran isla situada junto a Grecia.Las vasijas de los filisteos ilustran, además, otro hecho interesante, que la Biblia da, asimismo, a entender. Muchas de las magníficas ánforas van provistas de un filtro que no deja duda alguna sobre su utilización. Son típicos jarros de cerveza. El filtro servía para retener las pieles de los granos de cebada que nadaban en la cerveza y, al bebería, hubieran podido penetrar fácilmente en
la garganta. En los poblados de los filisteos se han encontrado a montones jarros de cerveza y de vino. Debieron de ser, por tanto, grandes bebedores. Las libaciones se mencionan también en la historia de Sansón (Juec. 14:10; 16:25), donde se hace especialmente hincapié en el hecho de que el héroe no bebía alcohol.La cerveza no es, sin embargo, una invención de los filisteos. Las primeras fábricas de cerveza existían ya en el antiguo Oriente. En las cantinas de Babilonia se expendían hasta cinco clases de cerveza: negra, clara, nueva, de barril y, para la exportación y los viajes, una cerveza mezclada llamada "cerveza de miel·." Esta última era un extracto concentrado raíces que se conservaba durante mucho tiempo. Bastaba mezclarlo con agua para que la ce
rveza quedara lista... una especie de modelo de la moderna cerveza seca para los trópicos.Mucho más importante fue, sin embargo, otro descubrimiento. Los filisteos fueron los primeros que en Canaán poseyeron el hierro en grandes cantidades. Sus tumbas contienen armas, utensilios y adornos de dicho metal, tan raro en aquella época y, por tanto, precioso. Y así también trabajaban el hierro como la cerámica de Micenas. Las primeras herrerías de Canaán debieron de establecerse en el territorio ocupado por los
filisteos. Éstos trajeron el secreto de la fundición de metales como botín obtenido en sus correrías a través de toda el Asia Menor, donde, hasta el año 1200 antes de Jesucristo, los hititas fueron los primeros productores de hierro en el mundo.La fórmula robada la conservan los príncipes filisteos como las niñas de sus ojos. Esto constituye para ellos un monopolio con el cual realizan grandes negocios. Israel, en los primeros tiempos de su establecimiento en las montañas, es un pueblo demasiado pobre pa
ra poder adquirir hierro. La falta de aperos de labranza de hierro, de clavos para la construcción de sus moradas y armas, constituye para ellos una gran desventaja. Cuando los filisteos ocuparon también las montañas, probaron la fabricación de nuevas armas. Pero prohibieron a los israelitas el laboreo de este metal. "Ahora bien, no se encontraba un herrero en todo el territorio israelita, pues los filisteos habían dicho: "Para que no fabriquen los hebreos ni espadas ni lanzas." De suerte que todos los israelitas tenían que bajar donde los filisteos para afilar sus respectivas rejas de arado, azadones, hachas y aguijadas respectivos" (I Sam.. 13:19-20).Provistos de las armas más modernas, duchos y experimentados por sus continuas expediciones guerreras, y muy bien organizados desde el punto de vista político, el pueblo conquistador de los filisteos se halla establecido, hacia el año 1200 antes de J.C., en la costa occidental. Su finalidad es la misma que persigue Israel: ¡el dominio de Canaán!
Las hazañas de Sansón tienen carácter legendario (Juec.
14-16). Pero en ellas se ocultan grandes hechos históricos. Los filisteos empiezan a presionar y a extender la ocupación hacia el Este.Entre la planicie de la costa y las montañas de Judá
existe una hilera de colinas separadas de la región montañosa por valles longitudinales. Uno de éstos es el llamado valle de Soreq. Sansón vivía en Sorá (Juec. 13:2), y, no lejos de allí, se casó con la hija de un filisteo en Timna (Juc. 14:1). Allí mismo vivía Dalila (Juec. 16:4). A través de este valle devolvieron más tarde los filisteos el arca robada (I Sam.. 6:12 y sigs.). La penetración de los filisteos en el país de las colinas delante de las montañas de Judá constituye el primer acto de dominio, al cual, años después, seguirá la gran expedición guerrera contra Israel.Y SALIERON LOS ISRAELITAS A COMBATIR CONTRA ELLOS, A COMBATIR JUNTO A EBEN-HA-EZER. MIENTRAS LOS FILISTEOS ASENTARON EN AFEQ (I Sam.. 4:1).
Afeq se hallaba situada en el límite norte del territorio que estaba bajo la soberanía de los filisteos. Una colina de ruinas, denominada Tell el-Muchmar, situada junto al curso superior de un río que desemboca en el mar, al norte de Jaffa, guarda los restos de lo que fue la ciudad. Afeq tenía una posición estratégica sum
amente favorable, situada como estaba en el camino que conduce a las montañas de la parte central de Palestina, donde se hallaban establecidos los israelitas. Frente a Afeq, en el borde montañoso, estaba situada Eben-Ezer, donde se encontraron los ejércitos en lucha. En el primer combate, los filisteos obtuvieron la victoria. Al verse en situación comprometida los israelitas mandan en busca de su tabernáculo, el arca de la Alianza, que se halla en Silo. En una segunda batalla son derrotados por los filisteos, que eran más numerosos. El ejército de Israel se dispersa y los vencedores se llevan el arca sagrada como botín (I Sam.. 4:2-11).El país de las colinas es ocupado, se procede al desarme de Israel y, en la región de las diversas tribus, se establecen pu
estos de guardia (I Sam.. 10:5; 13:3).En el primer asalto los filisteos han alcanzado su objetivo: la Palestina central está en sus manos.
En el avance de los filisteos las cosas debieron desarrollarse en forma muy dura, cual lo dan a entender los numerosos testimonios de aquella época. El santuario de Silo, que Israel había construido para depositar el arca de la Alianza, fue destruido por las llamas. Unos 22 kilómetros más al sur de Sikem se halla situado Seilún, antiguamente la floreciente ciudad de Silo. Sobre una colina, en las proximidades de aquel lugar, se hallaba situado el recinto sagrado, centro de peregrinaciones para Israel (Jos. 18:1; Juec. 21:19), y en cuyo lugar, en el transcurso de los tiempos, cristianos y mahometanos han erigido monumentos conmemorativos.
En los años 1926 a 1929 empieza, en este lugar, sus excavaciones una expedición danesa que dirige el arqueólogo H. Kjaers. Las ruinas de Silo muestran un claro estrato de demolición que hay que poner hacia el año 1050 antes de J.C.: son los restos de la victoria de los filisteos sobre Israel. Las ruinas de Silo duraron sin duda mucho tiempo, ya que, cuatro siglos después de la destrucción, el profeta nos dice sobre ellas:
"Id, pues, a mi morada de Silo, donde estableciera mi nombre al principio, y ved lo que hice con él a causa de la maldad de mi pueblo" (Jer. 7:12).
Otros lugares del país de las montañas de Judá nos hablan también de la suerte de Silo. Los arqueólogos encontraron en Tell Beit Mirsim, junto a Hebrón, el bíblico
Debir, y en Beth-Zur, al sur de Jerusalén, huellas de cenizas, que constituyen pruebas fehacientes de esta suposición.Hacia el año 1050 antes de J.C. es amenazada la existencia de Israel; éste ve en peligro los frutos de sus conquistas y de su trabajo de colonización realizados durante doscientos años. Corre el peligro de caer bajo el yugo de los filisteos en una esclavitud sin esperanza. Israel sólo tiene un medio de enfrentarse con tan terrible peligro: obrar con decisión para
convertir en una fuerte unidad los flojos lazos de las diferentes tribus. Bajo la mortífera presión del mundo que les rodea, Israel se convierte en una nación. Las formas de gobierno de aquella época sólo dejaban una posibilidad: la monarquía. La elección recae en Saúl, un benjaminita, célebre por su valentía y su elevada estatura (I Sam. 9:2); la elección es acertada, pues Saúl pertenece a la tribu más débil (I Sam.. 9:21), y así las demás tribus no tienen motivo alguno de sentir envidia.Saúl escoge como
residencia la ciudad de Guibá (I Sam., 10:26; 11:4); reúne una pequeña tropa de hombres robustos y empieza una guerra de guerrillas (I Sam.. 13:1 y sigs.). Por medio de ataques por sorpresa consigue sacudir el yugo de los filisteos sobre el territorio de sus tribus.Que Saúl era un gran táctico tenía que comprobarse de nuevo al cabo de tres mil años; un ejemplo demuestra cuan verídica es la Biblia hasta en los más pequeños detalles y cuan dignos de crédito son sus datos y sus tradiciones.
Al mayor británico Vivían Gilbert tenemos que agradecerle la descripción de un hecho verdaderamente insólito. En las memorias de su compañía
1 escribe: "En la primera guerra mundial, el ayudante de un general de brigada del ejército del general Allenby, en Palestina, buscaba una vez, a la luz de una vela, cierto nombre en su Biblia. Su brigada había recibido la orden de ocupar una aldea llamada Mikmás, situada más allá de un profundo valle, sobre unas peñas. El nombre le pareció conocido. Finalmente lo encontró en el capítulo 13 del libro1de Samuel y entonces leyó: "Saúl, su hijo Jonatás y la gente que les acompañaba estaban asentados en Guibá de Benjamín, y los filisteos habían acampado en Mikmás."Luego se describía como Jonatás y su armígero se dirigieron en plena noch
e hacia "la guarnición de los filisteos," para hacer lo cual pasaron junto a dos picos rocosos, "uno de un lado y oí lo del otro; el uno de nombre Boses y el otro Sene" (I Sam. 14:4). Escalaron la pendiente y vencieron a los que hacían la guardia "como en la mitad del espacio de una yugada de tierra." Al oír el tumulto despertaron al ejército enemigo, que, creyéndose cercado por las tropas de Saúl, "se disperso y emprendió la fuga, siendo derrotado" (I Sam.. 14:14-16).Después atacó Saúl con todo su ejército y venció, "Asi ayudó el Señor en aquel tiempo a Israel."
El ayudante reflexiona: este desfiladero, los dos picos sobresalientes y el "campo" deben de existir todavía. Despertó al comandante y volvió a leer con él aquel paisaje de la Biblia; se mandaron patrullas a reconocer el terreno, encontraron el paso, que estaba guarnecido por muy pocas fuerzas turcas, y pasó entre dos peñas que evidentemente debían ser las llamadas Boses y Sene; arriba, junto a Mikmás, a la luz de la luna, se veía un pequeño camp
o llano. El comandante varió entonces su plan de ataque. En vez de mandar a toda la brigada mandó sólo una compañía, a medianoche, a través del paso. Los pocos turcos sobre los cuales cayeron fueron dominados sin hacer ruido; se escalaron después las vertientes y, poco antes de rayar el alba, toda la compañía estaba en el campo de "media yugada de extensión."Los turcos despertaron y huyeron a toda prisa, pues creían que el ejercito del general Allenby le había cercado. Todos fueron muertos o hechos prision
eros."Y así, al cabo de varios milenios... — termina el mayor Gilbert—, una tropa británica imitó con éxito la táctica de Saúl y de Jonatás."
Las victorias de Saúl infundieron nuevo valor a Israel. La pesadilla del poderío de las fuerzas de ocupación cesa, pero sólo por breve tiempo. En la primavera que sigue los filisteos emprenden un contraataque.
Al finalizar el período de las lluvias invernales reúnen de nuevo sus tropas en Afeq (I Sam.
. 29:1). Pero ahora proceden de manera distinta. Prescinden de su ataque a las montañas donde Israel conoce demasiado bien el terreno. Los príncipes filisteos se dirigen hacia el Norte a través de la llanura que se extiende junto a la playa, la llanura de Yezreel (I Sam. 29:11), escenario de la batalla de Débora "en Taanak, junto a las aguas de Meguiddo," y más hacia el Este, hasta casi la orilla del Jordán."Junto a la fuente de Yezreel" (I Sam. 29:1), es decir, la fuente de Harod al pie de las montañas de Guilboa... ¡el rey Saúl y sus huestes arriesgan un encuentro en la llanura! El resultado fue un desastre. Ya en el primer ataque el ejército queda deshecho, los fugitivos son perseguidos y derrotados. El propio Saúl se suicida después que sus hijos fueron asesinados.
El triunfo de los filisteos es completo. Israel es ocupado en su totalidad, la tierra del centro, Galilea y la tierra situada al este del Jordán (I Sam. 31:7). Decapitaron los cuerpos de Saúl y de sus hijos y los colgaron de la muralla de Betsán, no lejos del campo de batalla, y "sus armas las depositaron en el templo de Astarté" (I Sam. 31:10), la diosa de la fecundidad Parece haber sonado la última hora para Israel. Parece estar condenado a la perdición. La primera monarquía termina en forma espantosa. Un pueblo libre cae en la esclavitud; su Tierra de Promisión cae en manos extranjeras.
Las palas han liberado de los oscuros y pesados escombros los mudos testimonios de este tiempo tan duro. El viento pasa por las rotas y resquebrajadas piedras de los muros en los cuales tuvieron cumplimiento tanto la dicha como la tragedia de Israel. ¡Son las ruinas que vieron a Saúl en sus horas felices como joven rey y asimismo su desastroso fin!
A 5 kilómetros al norte de Jerusalén, junto al camino que desde tiempos antiguos sube a Samaria, existe el Tell el-Ful, que significa "montaña de las habas." Es todo lo que queda de la antigua Guibá.
En 1922 un equipo de las American Schools of Oriental Research empieza a realizar excavaciones en este lugar. El profesor W. F. Albright, iniciador de ellas, dirige los trabajos. Aparecen restos de murallas. Después de una gran interrupción Albright prosigue sus trabajos en Tell el-Ful en el año 1933. Entonces se pone al descubierto una torre cuadrada y maciza a la cual siguen pronto otras tres. Están unidas por una doble muralla. Un patio abierto constituye su interior. La construcción mide, en conjunto, 40x25 metros. Es de piedra basta y ofrece un aspecto imponente.
Albright examina los restos de cerámica hallados entre las ruinas. Se trata de vasijas que estuvieron en uso hacia los años comprendidos entre el 1020 y el 1000 antes de J.C. Albright ha descubierto la ciudadela de Saúl, el primer palacio real de Israel, donde "el sey se sentó, como siempre, en su sitial de junto a la pared" (I Sam. 20:25).
Allí se sentaba Saúl como rey rodeado de sus próximos allegados con Jonatás, su hijo, con su primo Abner, su capitán, y con David, su joven armígero. Aquí forjaba sus planes para la liberación de Israel; desde aquí dirigía la guerra contra los odiados filisteos.
El otro escenario en que se desarrolló la suerte del rey Saúl, y que la investigación sacó también a luz, se halla situado a 70 kilómetros al norte de este lugar.
En el borde de la llanura de Yezreel se levanta la grandiosa colina de Tell el-Husn, que se ve de lejos desde el valle del Jordán, al cual desemboca esta comarca. Aquí se halla emplazado el antiguo Betsan. De entre montañas de escombros surgen, en sus pendientes norte y sur, los gruesos muros de dos templos.
Los arqueólogos de la Universidad de Pensilvania, dirigidos por Clarence S. Fischer, Alan Rowe y G. M. Fitzgerald, los pusieron al descubierto en 1921 y en 1933, casi al mismo tiempo en que, en Guibá, era descubierta la residencia de Saúl.
Objetos del culto hallados entre las ruinas, sobre todo plaquitas y pequeñas arquetas con motivos decorativos formados por serpientes, demuestran que estos templos estuvieron consagrados a Astarté, la diosa de la fecundidad de Canaán, y a Dagón, el dios principal de los fenicios — un ser mitad hombre, mitad pez. Sus paredes han sido testimonios de lo que los filisteos, después de su victoria, según relata la Biblia, hicieron a Saúl: Luego depositaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y su cadáver lo fijaron en las murallas de Bet-San (I Sara. 31:10); la casa de Astarot son las ruinas del templo del Sur... y su cabeza la clavaron en el templo de Dagón (I Par. 10:10); éste es el templo puesto al descubierto en la vertiente norte.
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1. The Romance of the last Crusade.
Cuando Israel Era Un Gran Reino.
U
na personalidad genial. — Poeta, compositor y músico. — De guerrero a gran rey. — Involuntaria ayuda armada a favor de Asiria.— Desde el Orontes a Esyon-Gueber. — El desquite en Bet-San. — Nuevas construcciones con terraplenes de casamatas. — Jerusalén cayo gracias a la astucia. — Warren descubre un pozo que conduce a la ciudad. — El “Sopher" redactaba los anales del reino. — David, ¿se llamaba realmente David? — La tinta como novedad. — El clima de Palestina es desfavorable para la conservación de documentos.LLEGARON. PUES, TODOS LOS ANCIANOS DE ISRAEL DONDE EL REY. A HEBRÓN, Y EL REY DAVID PACTÓ CON ELLOS ALIANZA EN HEBRÓN DELANTE DE YAHVÉ. Y UNCIERON A DAVID POR SOBERANO SOBRE ISRAEL. TREINTA AÑOS TENÍA DAVID CUANDO SUBIÓ AL TRONO Y REINÓ CUARENTA AÑOS (2 Sam
. 5:3-4).El nuevo rey está tan diversamente dotado que resulta difícil decidir cuál de sus cualidades sea más de admirar. Sería también difícil hallar en el mundo, en los últimos siglos, a una persona igualmente genial y de formación parecida
a la de David. ¿Dónde está el hombre que sea digno de alabanza tanto como estratega y formador de un estado, como poeta y músico? Sólo por sus poesías le seria concedido hoy día al rey David el premio Nobel. Además, como los trovadores de la Edad Media, era poeta, compositor y músico en una pieza.¡Y no fue esto pura casualidad! Ningún pueblo se ha dedicado tanto a la música como el de Canaán. Palestina y Siria gozan de universal renombre por sus músicos, según nos consta por documentos de Egipto y de Mesopotamia. Entre el bagaje imprescindible que el grupo de patriarcas representados en los
dibujos murales de Beni-Hasan tomaron consigo en su peregrinación a Egipto se encuentran los instrumentos de música. El instrumento doméstico es la lira de ocho cuerdas.Los salmos 6 y 12 de David van precedidos de esta indicación: "Para instrumentos de cuerda." Desde Canaán el uso de la lira se extiende por Egipto y por Grecia.
En el Imperio Nuevo de Egipto (1580-1085) antes de J.C.) son numerosas las inscripciones y los bajos relieves que exponen el tema "músicos e instrumentos de Canaán." Este país es fuente inagotable de músicos, entre los cuales los mayordomos de la corte y los servidores de la cámara real escogen los solistas, y hasta bandas de música, que suministran a los soberanos del Nilo, del Tigris y del Éufrates. Sobre todo las tañedoras de a
rpa y las danzarinas son muy solicitadas. Los artistas con contratos internacionales no son cosa rara. Y el rey Ezequías de Judá, en el año 701 antes de J.C., sabe exactamente por qué envía cantores masculinos y femeninos al temido rey asirio Senaquerib.De la más profunda desesperación, de la situación más desconsoladora, sujeto al yugo de los filisteos, Israel se encumbra en pocos decenios hasta llegar a convertirse en una potencia con autoridad y prestigio. Y esto es obra exclusiva del poeta y salmista David. Aún desconocido, es armígero de Saúl, se convierte en "condottiere," en temible francotirador contra los filisteos... y en su vejez se sienta en el trono de un pueblo que se va convirtiendo en una gran potencia.
Como dos siglos antes la conquista de Canaán bajo Josué, así ahora la obra de David se ve favorecida por las circunstancias exteriores. Al final del último milenio antes de J.C. no había ni en Mesopotamia ni en el Asia Menor, Siria o Egipto estado que pudiese oponer obstáculos a una expansión procedente del reino de Canaán.
Desde que Ramsés XI, último rey de la dinastía, 1.085 años antes de J.C., cerró los ojos, cayó Egipto entre las manos, ávidas de poder, de una casta sacerdotal que gobernaba el país desde Tebas. Riquezas inmensas pasaron a ser propiedad del templo.
Cien años antes, según nos informa el papiro de Harris, un 2 por ciento de la población trabajaba como esclava del templo, y un 15 por ciento de la tierra cultivada era propiedad suya. Medio millón de cabezas de ganado constituían su rebaño. Una flota de 88 navíos, 53 factorías y arsenales y 169 lugares y ciudades estaban sometidos a los sacerdotes. El esplendor con que diariamente se realizaba el rito dedicado a los grandes dioses era indescriptible. Sólo para la erección de las balanzas del templo, en las cuales eran pesadas las ofrendas en Heliópolis, se gastaron 212
libras de oro y 461 libras de plata. En el arreglo de los magníficos jardines de Amón en la antigua residencia de Pi-Ramsés, en el delta del Nilo, se hallaban empleados 8.000 esclavos.FIG. 30. —
Prisioneros músicos de Judá.Por lo que se refiere a la política exterior de Egipto bajo la dominación de los sacerdotes existe un documento único: la descripción del viaje del embajador egipcio Wen-Amón del año 1080 antes de J.C. Wen-Amón recibió el encargo de adquirir en Fenicia madera de cedro para la barca sagrada del dios Amón en Tebas. Herihor, el gran sacerdote, le procuró sólo pequeñas cantidades de oro y de plata y
una imagen de Amón con la cual parece ser que esperaba mayor éxito.Los terrores de las aventuras vividas durante el viaje pueden aún verse palpitar en el relato de Wen-Amón. En las ciudades de la costa le trataron como a un mendigo, le robaron, se burlaron de él y le apalearon bárbaramente dejándole por muerto. Y esto le sucedía a él, a un enviado de Egipto, cuyos antecesores habían sido recibidos con toda pompa y en medio de grandes honores.
Y otra vez durante el camino fue asaltado; consiguió, sin embargo, llegar al destino de su viaje. "Llegué al puerto de Biblos. El príncipe de Biblos me dijo: "Aléjate de mi puerto."
Así sucedió durante diecinueve días. El desesperado Wen-Amón quería ya regresar "cuando vino el maestre del puerto a encontrarme y dijo: "Quédate a disposición del príncipe hasta mañana" Cuando amaneció me envió un mensajero y me hizo subir... Le encontré sentado en su aposento superior, apoyado de espaldas a la ventana... Y me dijo: "¿Cuál es el mensaje que te ha traído hasta aquí?" Y yo
le contesté: "He venido en busca de la madera para la magnífica barca de Amón-Re, del rey-dios. Tu padre y tu abuelo la proporcionaron, tú también lo harás.""Entonces él me dijo: "Es verdad que lo hicieron... Realmente los míos cumplieron este encargo. Pero el Faraón mandaba aquí seis naves cargadas de productos de Egipto... Por lo que a mí hace, yo no soy tu criado ni soy criado de quien te ha mandado... ¡Qué viajes tan inútiles te han hecho hacer!" Y yo le contesté: "No son viajes inútiles los que esto
y haciendo..."Inútilmente esgrime Wen-Amón el tema del poder y de la gloria de Egipto; en vano trata de engañar al príncipe prometiéndole oráculos y haciéndole presente de una imagen del dios que le procurará salud y larga vida en vez de darle dinero efectivo para obtener la madera. Sólo cuando un mensajero de Wen-Amón llega de Egipto con bolsas de oro y de plata, con piezas de lino, rollos de papiro, pieles de buey, jarcias y, además, "o sacos de lentejas y 30 cestas de pescado, deja el príncipe cortar l
os cedros que desean."...Al tercer mes los arrastraron a la playa, junto al mar. El príncipe salió... y me dijo... "Ve, ésta es la última madera que ha llegado para tus construcciones y ahí está. Ahora atiende a mi demanda y cuídate de cargarla, pues te ha sido realmente regalada. Procura irte y no pretextes que la estación no es favorable.""
De un país cuyos embajadores tenían que aguantar de los príncipes de las ciudades semejante falta de respeto y semejantes humillaciones, nada tenía que temer David. Así fue extendiéndose hacia el Sur y conquistó el reino de Edom, que, en otro tiempo, había negado a Moisés el permiso para cruzar su territorio por el camino real (2 Sam
. 8:14). Con ello ganó David un territorio de gran importancia económica. El desierto de Arabia, que se extiende desde la orilla sur del Mar Muerto hasta el golfo de Akaba, es rico en cobre y en hierro. Sobre todo, lo que debió de interesar a David son los minerales de hierro. Los enemigos más peligrosos de Israel, los filisteos, poseían el monopolio del hierro (I Sam. 13:19-20). El que dominase a Edom podría destruir el monopolio de los filisteos. David no titubeó: "Asimismo preparó David hierro en abundancia para la clavazón de los batientes de las puertas y para las grapas, y cobre en abundancia c incalculable peso" (I Par. 22:3).Al sur de Edom terminaba también la ruta más importante de las caravanas procedentes del sur de Arabia, la célebre "ruta del incienso." Con su avance hasta la orilla del golfo de Akaba quedaba abierta para él la senda por el Mar Rojo hasta las lejanas costas de la Arabia del Sur y el África Oriental.
La situación era también favorable para realizar un avance hacia el Norte.
En las grandes llanuras, al pie del Hermón y en los valles que precedían al Antilíbano, se habían establecido definitivamente las tribus arábigas del desierto pertenecientes a un pueblo a quienes estaba destinado a desempeñar un papel importante en la vida de Israel:
eran los arameos. La Biblia los denomina con el nombre de sirios. Habían fundado varias ciudades y pequeños reinos hasta el río Yarmuk, es decir, al sur del lago de Genesaret, en la Jordania Oriental.Alrededor del año 1000 antes de J.C. estaban preparándose para avanzar hacia el Este, en dirección a Mesopotamia. En esta ocasión se pusieron en contacto con el pueblo de los asirios, que en los siglos venideros se elevó a la potencia soberana del antiguo Oriente. Después de la decadencia de Babilonia los asirios sometieron el país de los dos ríos hasta el curso superior del Éufrates. Los textos cuneiformes encontrados en los palacios junto al Tigris y procedentes de aquella época reseñan
un peligro que amenazaba a Siria por la parte del Oeste y que consistía en los ataques, cada vez más violentos, y en los avances de los arameos.En esta situación empuja David desde la tierra oriental de Jordania en dirección Norte hasta el Orontes. La Biblia dice: "Asimismo, David batió a Hadadezer, rey de Sobá en ]amat, cuando éste partió a restablecer su dominio sobre el río Éufrates" (I Paralipómenos 18:3). Una comparación con textos asirios de la misma época demuestra cuan exactas son estas palabras de la Biblia describiendo hechos realmente históricos. El rey David batió al rey de los arameos cuando éste estaba a punto de conquistar los territorios asirios situados junto al Éufrates.
Sin imaginárselo, David prestó ayuda armada a aquellos asirios que, más tarde, tenían que disolver el reino de Israel.
Las fronteras de Israel fueron avanzadas por el rey David hasta el fértil valle del Orontes. Sus destacamentos más septentrionales se hallaban situados junto al lago de Hems, al pie del Líbano, donde, en nuestros días, el petróleo del lejano Kirkuk fluye por gruesas tuberías. Desde aquí hay 600 kilómetros en línea recta hasta Esion-Guéber, en el Mar Rojo, extremidad sur del reino.
Los picos y las palas han sacado muchos testimonios de las entrañas de la tierra sobre la conquista del reino bajo David. El camino que siguieron en su avance viene señalado por numerosas huellas, entre otras por incendios devastadores en las ciudades de la llanura de Yezreel. No mucho después del año 1000 antes de J.C. fue arrasada Betsán junto con los lugares del culto pagano. Los arqueólogos de la Universidad de Pens
ilvania descubrieron en estos sitios de luchas sin cuartel templos destruidos, grandes capas de cenizas sobre murallas que habían sido derribadas, utensilios del culto y cerámica de los filisteos. La venganza de David asestó un rudo golpe a la ciudad en la cual había tenido lugar el vergonzoso fin del primer rey de Israel, batalla destructora de la cual no pudieron rehacerse hasta después de un largo período de tiempo. Encima de las capas de ceniza nada induce a pensar que aquel sitio estuviese poblado en los venideros siglos.Del primer tiempo del reinado de David se han conservado diversos edificios, sobre todo fortificaciones en Judá, levantadas para defender el país contra los filisteos. Muy claramente revelan estas construcciones la imagen de la fortaleza de Saúl en Guibá, con las mismas toscas murallas. En Jerusalén, la ulterior residencia de David, aparecen los fundamentos de una torre y grandes trozos del revestimiento de una muralla que indican claramente la soberanía de David. "David estableció su r
esidencia en la fortaleza y la llamo la ciudad de David, y edifico en derredor..." (2 Sam 5:9).De qué forma tan arriesgada cayó en manos de David la bien guardada fortaleza de Jerusalén es cosa que quedó aclarada el pasado siglo por pura casualidad y gracias a la perspicacia del capitán británico Warren.
En la vertiente meridional de Jerusalén, en el valle del Cedrón, existe la "Ain Sitti Maryam," la "fuente de la Virgen María." En el Antiguo Testamento recibe el nombre de "Guijon," es decir, "manantial," y desde tiempo inmemorial constituye el principal suministro de agua para sus habitantes. Pasando junto a las ruinas de una pequeña mezquita, el camino lleva a una cueva. Treinta peldaños conducen a su fondo, donde existe una pequeña hondonada en la cua
l se reúnen las claras aguas del interior de la montaña.En 1867 el capitán Warren, con motivo de una peregrinación, visitó el famoso manantial del cual una leyenda afirma que en él lavó la Virgen María los pañales del Niño Dios. Warren, a pesar de la hora crepuscular, advierte, durante esta visita, un agujero oscuro en la bóveda, que se abría a pocos metros del punto de donde surgía el manantial. Era evidente que nadie lo había advertido antes que él, pues cuando Warren pregunta sobre lo que aquello era n
adie sabe qué contestarle.Deseoso de enterarse, visita otra vez la cueva armado de una escalera y de un palo largo. No se imaginaba que tenía ante sí una exploración llena de aventuras y, a la par, bastante peligrosa.
Sobre la fuente empieza un estrecho pozo que asciende vertical-mente. Warren es alpinista y está adiestrado en la ascensión de chimeneas. Con cuidado y apoyándose con las manos va subiendo por el pozo. Al cabo de unos 13 metros éste termina de repente. En la oscuridad palpa Warren finalmente un estrecho corredor. Va avanzando por él a gatas. Muchos peldaños están cortados en la peña. Al cabo de un buen rato nota ante sí una luz difusa. Llega a una sala abovedada que contiene ánforas y frascos cubiertos de polvo. Warren sale después al aire libre por una estrecha rendija... ¡se encuentra dentro de la ciudad! ¡La fuente de la Virgen María queda a lo lejos!
Unas exploraciones realizadas con mayor detención alrededor del año 1910 por el sabio inglés Parker, por encargo del Palestine Exploration Fund, demuestran que aquella galería data del segundo milenio antes de J.C. Los habitantes del viejo Jerusalén habían construido este pasadizo subterráneo a través de la peña para poder alcanzar la fuente sin ser advertidos en los momentos en que se ponía cerco a la ciudad.
La curiosidad de Warren hizo que se descubriera el modo cómo David pudo apoderarse por sorpresa de la fortaleza de Jerusalén. Los consejeros de David debían tener conocimiento de la existencia de este pasadizo secreto, pues así lo da a entender una mención de la Biblia que antes no era comprensible; David dice: "Todo el que hiera a un yebusita y llegue al canal..." (2 Sam. 5:8).
Con David aparece en el Antiguo Testamento una indicación históricamente exacta. "El relato de David tiene que ser considerado, en su máxima parte, como un relato histórico," escribe el profesor de Teología Martin Noth, cuyo carácter crítico es bien conocido. La creciente extensión del relato de aquella época está estrechamente enlazada con la lenta f
ormación de una potencia estatal que, si bien de gran utilidad para David, para Israel resulta algo nuevo y desacostumbrado. De la reunión de las tribus surgió una nación; la tierra en la cual se establecieron se convirtió en un gran reino extendido en el espacio de Palestina y de Siria.Para este extenso territorio creó David una administración civil a su frente, junto al Canciller, estaba el "sopher," que significa cronista (2 Sam. 8:16-17). Un "cronista" que ocupaba el segundo puesto de importancia en el Estado.
Con el ejército de millones de secretarias y de secretarios que, en nuestro mundo moderno, pasan día tras día por sus máquinas de escribir y llenan de caracteres toneladas de papel, el esplendor místico del "escribiente" hace tiempo que ha desaparecido. Ninguna de esas primeras secretarias de un magnate del petróleo puede compararse con sus colegas de la Antigüedad. Ni por su contenido, ni por su influencia. En el escenario del Antiguo Oriente, los escribanos desempeñaban el incomparable papel pr
opio de las primicias de este oficio. ¡No es de extrañar si se considera cuánto dependía de ellos! Poderosos conquistadores y soberanos de grandes reinos eran los que les ocupaban... ¡y no sabían ni leer ni escribir!Esto último puede verse en seguida en el estilo de las misivas. En ninguna de ellas se cita en primer lugar aquel a quien la misiva o el mensaje va dirigido. El saludo y las bendiciones al colega tienen la preferencia. No faltan tampoco ruegos de que el contenido del escrito sea leído con clar
idad y, lo que es más importante, correctamente, ¡sin dejarse nada!
FIG. 31. —
En una cancillería en la tierra del Nilo.
Lo que sucedía entre los escritores aparece en una escena que representa la oficina de asuntos exteriores del faraón Merenptah. La sala está dividida en tres departamentos. En cada uno de los laterales están sentados, en forma muy apretada, diez secretarios. Uno de sus pies descansa en el escabel; en sus rodillas hay grandes rollos de p
apiro. La parte central, muy espaciosa, está reservada al alto jefe. Con diligencia un servidor le aventa las molestas moscas. Junto a la entrada hay dos guardianes de la puerta. El uno le dice al otro:*_*
"¡Echa agua y refresca así la oficina! El jefe se sienta y escribe!" Desde luego que en las cancillerías de Israel las cosas no se desarrollaban con tanto boato. El Estado de Israel era demasiado campesino y demasiado pobre para ello. Y, sin embargo, el escribano de David debió de ser un alto y temido e
mpleado. Tenía a su cargo la redacción de los "Anales del Reino" que fueron, sin duda, la base de todos los datos contenidos en la Biblia sobre la reconstrucción de la administración y sobre el bienestar público. A ellos les tocaba también hacer los grandes censos del pueblo según el sistema Mari (2 Sam. 24), así como el nombramiento de una guardia personal que estaba formada por cretenses y filisteos (2 Sam. 8:18; 15:18; 20:7).Seguramente que el "sopher" daba también a su soberano un
nuevo nombre.¡David es de suponer que, en realidad, no se llamaría David! Es este un descubrimiento que, en tiempos muy recientes, sorprendió a los investigadores, a quienes dio mucho que pensar el contenido de determinados textos del palacio de Mari, junto al Éufrates. Rep
etidamente se encuentra en ellos la palabra "dâvidum." Significa "jefe," "comandante de tropas" y, por tanto, no es ningún nombre propio, sino un título.Del nombre propio "César" se hizo más adelante un título. De "César" provienen las palabras "kaiser" y "zar." En el caso de David parece que sucedió lo contrario. Su título militar que debió originarse cuando era conductor de sus tropas, se convirtió en nombre propio. De "dâvidum" se hizo David y ha quedado como nombre propio hasta nuestros días.
El tema de la "escritura" evoca un asunto que ha sido objeto de controversias por parte de los críticos.
En Egipto han sido hallados vagones enteros de papiros; en Babilonia y Asiria, montañas de tablillas de escritura cuneiforme; pero... ¿dónde están los documentos escritos en Palestina?