Hacia el conocimiento

de la Biblia.

Libros del Antiguo Testamento

Obispo Alejandro (Mileant).

ADAPTACION PEDAGÓGICA: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.

 

 

Contenido:

Hacia el conocimiento

de la Biblia.

Libros del Antiguo Testamento

Obispo Alejandro (Mileant).

Nociones Preliminares.

Por qué nos son valiosas las Sagradas Escrituras. Nociones sobre las Sagradas Escrituras. La Divina Inspiración. Las Lenguas de las Sagradas Escrituras. Historia del Origen de los Libros del Antiguo Testamento. Diferents traducciones de las Escrituras. Cómo leer la Biblia.

Los cinco libros de Moisés.

Resumen de los cinco primeros libros de la Biblia. El profeta Moisés. Génesis. Éxodo. Libros Levítico y Números. Deuteronomio. Profecías sobre el Mesías en los libros de Moisés. Relato bíblico sobre la aparición del mundo y el hombre.

Los libros históricos del Antiguo Testamento.

Breve reseña de los libros históricos de la Biblia. El significado de los profetas del Antiguo Testamento. El libro de Josué. El libro de los Jueces. El libro de Samuel y de los Reyes. El libro de Esdras. Los libros de Nehemías. El libro de Ester. Judit. Tobías. Los libros Macabeos. Ultimos años anteriores a Cristo.

Libros de enseñanzas.

El libro de Job. El Salterio. El Libro de los Proverbios. El Libro del Eclesiastés. Cantar de los Cantares (Canto de Salomón). El libro de la Sabiduría. Libro de la Sabiduría de Jesús hijo de Sira (Eclesiástico).

Instrucciones selectas.

Libros de los Profetas.

Importancia y significado de las profecías. La época de los profetas. La importancia de los profetas. Acusación y consolación. Revisión de los libros en orden cronológico. El profeta Joel. Libro del profeta Jonás. Libro del profeta Amós. Libro de Oseas. Libro del profeta Isaías. Libro del profeta Miqueas.

Profetas del segundo período.

El profeta Sofonías. El libro del profeta Nahum. Libro del profeta Habacuc. Libro del profeta Jeremías. Libro del profeta Abdías. Libro del profeta Ezequiel. Libro del profeta Daniel. Libro del profeta Ageo. Libro del profeta Zacarías. Libro del profeta Malaquías. Lista de las principales profecías y temas. Conclusión y resumen.

Testimonios del Antiguo Testamento acerca del M e s í a s.

Introducción. Resumen de las profecías mesiánicas. Las más antiguas profecías mesiánicas. Profecías del rey David. Profecías de Isaías. Vaticinios referentes a la Pasión y Resurrección del Mesías. Profecías de Daniel. Las Profecías de los Profetas "Menores." Espera del advenimiento de Mesías. Cumplimiento de las profecías Mesiánicas. Conceptos tergiversados acerca del Mesías. Profecías referentes a las épocas novotestamentarias. Relación entre las Pascuas del Antiguo y el Nuevo Testamentos. Profecías referentes a la conversión a Cristo del pueblo judío. La enumeración de las profecías mesiánicas.

Antiguo Testamento en la Iglesia del Nuevo Testamento. Protopresbitero Miguel Pomazansky

Introducción. Según el mandamiento del Salvador. El grado de usanza del A.T. Entiendes lo que estas leyendo? Porque hay que conocer al A.T.? Bajo la dirección de la Iglesia. La inspiración Divina de las Escrituras. La creación del mundo. El amanecer de la humanidad. La caída en el pecado. El problema del mal. La historia bíblica y la arqueología. La sabiduría del Antiguo Testamento. La oración y el cántico del A.T. Annunciadores del Nuevo Testamento. La propiedad imprescriptible de la Iglesia.

 

 

 

Nociones Preliminares.

Por qué nos son valiosas las Sagradas Escrituras.

La finalidad de este y de los subsiguientes artículos sobre la Biblia, es dar al lector ortodoxo los conocimientos básicos sobre cómo, por quién y cuándo fueron escritos los libros de las Sagradas Escrituras y asimismo presentar en forma resumida su contenido.

Para nosotros los ortodoxos, las Sagradas Escrituras nos son valiosas ya que contienen las bases de nuestra Fe. Pero hay que reconocer que mientras los otros cristianos se esmeran en el estudio de la Biblia, los ortodoxos, con raras excepciones, la leen poco, sobre todo el Antiguo Testamento. Es verdad que milenios nos separan del tiempo cuando fueron escritos los sagrados libros de la Biblia y no es fácil para el lector actual trasladarse al medio ambiente de aquel tiempo. Sin embargo, cuando se toma el conocimiento de la época, de los designios de profetas, y de la particularidad de la lengua de la Biblia, el lector comienza a entender profundamente su riqueza espiritual. Se le torna clara la unión íntima entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Simultáneamente el lector comienza a percibir los conflictos religiosos y éticos que inquietan a la sociedad contemporánea, ya no los problemas específicos de por ejemplo el siglo 20, sino los conflictos intrínsecos entre el bien y el mal, entre la fe y su ausencia, que siempre caracterizaron a la sociedad humana.

Las páginas históricas de la Biblia son valiosas para nosotros porque ellas no sólo cuentan los sucesos del pasado, en forma verídica, sino que también los colocan en una correcta perspectiva religiosa. En esto, con la Biblia, no puede ser comparado ningún otro libro antiguo, ni contemporáneo. Esto ocurre porque la evaluación de los hechos descritos en la Biblia, no es dada por el hombre sino por Dios. Así, en la Luz de la Palabra Divina, los errores o aciertos en la resolución de los problemas morales de las generaciones pasadas, pueden servir de guía para resolver los problemas tanto personales como sociales de la humanidad actual. Tomando conocimiento de los contenidos e importancia de los libros sagrados, el lector, paulatinamente comienza a amar las Sagradas Escrituras, encontrando en cada nueva lectura, nuevas perlas de la Sabiduría Divina. Por eso las Sagradas Escrituras son la enseñanza para toda la vida no sólo para un estudiante adolescente, sino también para el más grande teólogo, no sólo para un laico que se inicia en el tema , sino también para un sacerdote o un sabio anciano.

Dios indica a Josué Navin: "Que este libro de la ley no se separe de tu boca, estúdialo día y noche" (Josué 1:8). El apóstol Pablo escribe a su discípulo Timoteo: "Desde la infancia tu conoces las Sagradas Escrituras que te proporcionan la sabiduría para la salvación" (2 Tim. 3:15).

Así, a continuación presentamos los conocimientos básicos sobre la Biblia y sus autores.

 

Nociones sobre las Sagradas Escrituras.

El conjunto de libros escritos por los profetas y apóstoles, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se llama las Sagradas Escrituras o Biblia. La palabra "Biblia" (ta Biblía) en griego significa "libros."

El tema principal de las Sagradas Escrituras es la salvación de la humanidad por el Mesías, quien es el Hijo de Dios encarnado, Nuestro Señor Jesucristo.

En el Antiguo Testamento se habla de la salvación en forma de símbolos y profecías acerca del Mesías y el Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, se presenta la realidad de nuestra salvación a través de la encarnación, la vida y las enseñanzas de Dios-Hombre, sellada por Su muerte en la Cruz y la Resurrección.

Según el tiempo cuando fueron escritos, los libros se dividen en los del Antiguo Testamento y los del Nuevo Testamento. Los primeros contienen lo que Dios reveló a los hombres a través de los profetas divinamente inspirados antes de la llegada del Salvador a la tierra. Los segundos contienen lo que reveló y enseñó en la tierra nuestro Salvador y sus Apóstoles.

 

La Divina Inspiración.

Nosotros creemos que los profetas y los apóstoles escribían no por su entendimiento humano sino por la inspiración de Dios. El purificaba sus almas, esclarecía su mente y abría los misterios del futuro, inalcanzables por conocimiento natural. Por eso sus escritos se llaman inspirados por Dios. "Ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo," según el testimonio del Apóstol Pedro (2 Ped. 1:21). Apóstol Pablo llama a las Escrituras "Teo-inspiradas" (Tim. 3:16).

La imagen de la Revelación Divina a los profetas se puede ejemplificar con Moisés y Aaron. A Moisés, quien era tartamudo, Dios dio de intermediario a Aaron. Cuando Moisés expresa su extrañeza sobre cómo podrá él transmitir al pueblo la voluntad de Dios siendo tartamudo, el Señor dijo: "Tu Moisés hablarás a Aaron y pondrás Mis palabras en su boca. Mientras yo estaré cerca de tu boca y de la de él y les enseñare qué tienen que hacer, y hablará él en lugar tuyo al pueblo. Así él será tu boca y tu serás para él en lugar de Dios" (Ex.4:15-16).

Creyendo en la Teoinspiración de los libros de la Biblia es importante recordar que la Biblia es un libro de la Iglesia. Por el plano Divino los humanos están llamados a salvarse no individualmente sino en una sociedad, que es dirigida y donde vive el Señor. Esta sociedad es la Iglesia. Históricamente la Iglesia se subdivide en la del Antiguo Testamento, a la cual pertenecía el pueblo hebreo y la del Nuevo Testamento, a la cual pertenecemos nosotros los cristianos ortodoxos. La Iglesia del N.T. heredó la riqueza espiritual de la del A.T., la palabra de Dios.

La Iglesia no sólo conserva la letra de la palabra Divina sino que posee también la interpretación correcta de la misma. Esto es la consecuencia de la presencia del Espíritu Santo, quien habló a través de los Profetas y Apóstoles y continúa viviendo en la Iglesia y dirigiéndola. Por eso la Iglesia nos da una segura guía sobre cómo usar su riqueza escrita que es lo más importante y actual y que, por el contrario, tiene sólo un valor histórico y no es aplicable en el tiempo del N.T.

Las Lenguas de las Sagradas Escrituras.

La Biblia, en efecto, no es un libro cualquiera; es "el libro" por excelencia, el primero entre todos, único. A diferencia de los demás libros, la Biblia tiene un doble origen, humano y divino. La Biblia es un libro humano, hecho por hombres, en el lenguaje de los hombres. Es, además y sobre todo, un libro divino, hecho por Dios para transmitir a los hombres un mensaje de salvación.

Al ser un libro humano, que reclama el primer puesto en la historia de la cultura, debe ser abordado por los caminos normales del saber humano. La lectura de este libro singular, que comenzó a escribirse hace unos tres mil años, que se escribió a lo largo de un milenio y que pretende ser desde el principio normativa de convivencia humana, requiere un esfuerzo intelectual y una atención profunda.

Decenas de autores escribieron estos libros. Unos son conocidos, otros permanecen en el anonimato. Unos libros se deben a un solo autor, otros fueron escritos en colaboración, otros son el resultado de textos antiguos agrupados y recopilados posteriormente. La diversidad de autores, cada cual con su estiló propio; el marco religioso, político y social en que estos escritos nacieron y se abrieron camino; los problemas y la personalidad de los destinatarios, pertenecientes a distintas épocas y culturas, han dejado en la Biblia la impronta pluriforme de una incomparable riqueza literaria manifestada en los distintos géneros literarios de la antigüedad.

Pero la Biblia es, sobre todo, un libro divino, escrito por Dios, no para enseñarnos las leyes matemáticas y físicas por las que se gobierna el mundo, ni siquiera para enseñarnos las ciencias históricas en su más amplio y riguroso sentido, sino para manifestarnos la voluntad de Dios, para enseñarnos el camino de nuestra salvación. Por eso, la Biblia es el libro válido para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los espacios.

Los 73 libros, escritos en hebreo, en arameo, o en griego, se dividen en dos grandes bloques: Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27 libros). La palabra "testamento" ha reemplazado actualmente a otra palabra más antigua, "alianza." Se trata, en efecto, de dos alianzas o pactos. En los inicios del pueblo hebreo, como pueblo independiente y libre, hacia el año 1200 antes de Jesucristo, tuvo lugar la "alianza" que Dios hizo con el pueblo por medio de Moisés. El pueblo hebreo sometió su existencia a las estipulaciones de esta alianza y a las leyes que posteriormente la desarrollaron.

Los libros del Antiguo Testamento nacieron en la comunidad judía, el pueblo de Dios, y pertenecen a la época en que estuvo vigente ese pacto o esa "antigua alianza." Pero en la culminación de los tiempos tuvo lugar, por el ministerio de Jesucristo, otro pacto, otra "alianza," la definitiva y "nueva alianza." Los libros que pertenecen a esta "nueva alianza," que suplanta a la "antigua" y que habla de la persona y del mensaje de Jesucristo, nacieron en la comunidad cristiana y constituyen el Nuevo Testamento. Para los cristianos, la historia del pueblo de Dios encuentra su plenitud en Jesucristo, el cual, por medio de esta "nueva alianza" sellada con su propia sangre, convoca a todos los pueblos de la tierra a constituir una comunidad universal, el verdadero pueblo de Dios.

 

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo. Los libros posteriores y coetáneos con la esclavitud babilónica, contienen numerosas palabras y expresiones idiomáticas asirias y babilónicas. En cuanto a los libros escritos durante la dominación griega (libros "deutero-canónicos") fueron escritos en griego y el tercer libro de Ezdra fué escrito en latín.

Los libros de las Sagradas Escrituras salieron de las manos de sus autores no en la forma como los vemos ahora. Al principio estaban escritos sobre el pergamino (cuero de oveja especialmente preparado) o sobre el papiro (una especie de papel confeccionado con los tallos floriferos de Cyperus papiros que crece en Egipto e Israel hasta nuestros tiempos). Estaban escritos con tinta por medio de un tallito agudizado. En verdad no se trataba de libros como los vemos ahora sino de unas largas y anchas cintas de pergamino o papiro que se enrollaban sobre un cilindro de madera. Se escribió de un solo lado. Más tarde estos materiales (pergamino y papiro) fueron cosidos en forma de libros para facilitar su uso. El texto de los rollos antiguos estaba escrito con letras iguales y mayúsculas. Cada letra se escribía por separado pero las palabras no se separaban, así, un renglón parecía una sola palabra. El lector debía dividir este renglón en palabras y a menudo lo hacía erróneamente. Faltaban, asimismo, los signos de puntuación y los acentos y aspiraciones. En el hebreo antiguo se escribían sólo las consonantes faltando todas las vocales.

La separación de las palabras en los libros santos, la introdujo en el siglo 5, Eulalio, el diácono de la Iglesia de Alejandría. Así, paulatinamente, la Biblia tomaba su aspecto actual. En la forma moderna, la separación de la Biblia en capítulos y versículos, su lectura y la búsqueda de partes se tornó fácil.

Historia del Origen de los Libros del Antiguo Testamento.

No inmediatamente, los libros sagrados aparecieron en su actual plenitud. El tiempo desde Moisés (1550 a J. C.) hasta Samuel (1050 a J.C.) se puede llamar el primer período de la formación de las Sagradas Escrituras. El Teoinspirado Moisés, que anotó sus revelaciones, leyes y descripciones dio la siguiente orden a los levitas que llevaban el Arca de la Alianza del Señor: "tomen este libro de la ley y colóquenlo a la derecha del Arca de la Alianza del Señor Dios nuestro" (Deuteronomio 31:26). Los escritores sagrados subsiguientes continuaban agregando sus obras a los 5 libros de Moisés con la orden de guardarlos junto con aquellos, como un solo libro. Así, leemos sobre Josué Navin que el "escribió palabras de él, en el libro de Dios" o sea en el libro de Moisés (Josue 24:26). Así mismo, se dice de Samuel, profeta y Juez, quien vivió al principio del período de Reyes, que él explicó al pueblo los derechos del reino e inscribió en el libro (aparentemente conocido para todos y previamente existente) y lo colocó delante del Señor" o sea al lado del Arca de la Alianza del Señor, donde estaban los libros de Moisés (1 Reinos 10:25). Durante el tiempo desde Samuel hasta la esclavitud babilonica (589 a J. C.). los colectores y guardianes de los libros del A.T., eran los ancianos y profetas del pueblo hebreo. Sobre estos últimos, como principales autores de la escritura hebrea, a menudo se menciona en los libros de Paralipomenon.

Hay que recordar aquí el testimonio extraordinario del historiador hebreo José Flavio. El menciona la costumbre de los antiguos hebreos de revisar los textos existentes de las Sagradas Escrituras después de situaciones conflictivas como por ejemplo guerras prolongadas. Se trataba como una nueva edición de Sagradas Escrituras — edición permitida solamente a los hombres Teo-inspirados — o profetas, que recordaban los hechos o acontecimientos muy antiguos y escribían la historia de su pueblo con máxima exactitud.

Es digna de mencionar una antigua tradición hebrea sobre el piadoso rey Exekia (710 a J.C.), que junto con ancianos escogidos edito los libros de Isaías, Parábola de Solomon, Cantar de los Cantares y Eclesiastas.

El tiempo desde la esclavitud Babilonica hasta la época de la Gran Sinagoga, en el reinado de Ezdra y Nehemías (400 a J.C.), es el periodo de la culminación definitiva de la escritura de los libros Sagrados del A.T. (el canono).

El trabajo principal en esta obra pertenece al sacerdote (Ezd. 7:12) con la colaboración del sabio Nehemías, quien formó una amplia biblioteca y recogió los relatos sobre los reyes, profetas y David, y las cartas de los reyes sobre los sagrados aportes (2 Marco 2:13). Ezdra revisó cuidadosamente y editó en un conjunto todos los escritos Teoinspirados. Incluyó en esta edición el libro de Nehemías y su propio libro. En aquel entonces todavía vivían los profetas Ageo, Zacarías y Malaquias, ellos sin duda colaboraron con Ezdra incluyéndose sus obras en la lista de libros reunidos por Ezdra. Desde el tiempo de Ezdra no aparecen más profetas Teoinspirados en el pueblo hebreo, y los libros que aparecen ya no se incluyen en la lista de libros Sagrados. Así, el libro de Jesús hijo de Sirá, escrito en hebreo y a pesar de su valor eclesiástico, no entró ya en el canono sagrado.

La antigüedad de los libros del A.T. se nota por su contenido. Los libros de Moisés cuentan vívidamente la vida del hombre de tiempos remotos, pintan nítidamente las tradiciones patriarcales que coinciden con las tradiciones de aquellos pueblos. El lector llega a la conclusión que el autor estaba cerca de los tiempos que describe.

Según las referencias de los conocedores de la lengua hebrea, el estilo mismo de los libros de Moisés tiene un sello de gran antigüedad. Así, los meses del año todavía no tienen sus nombres propios sino solo números. Los libros mismos carecen de títulos y se llaman directamente por la primera palabra de cada uno. Así, Bereshit significa "en el comienzo" — el libro de Génesis; Ve Elle Shemot "y estos son los nombres" — Exodo, etc. Esto es una demostración clara de que no existía ningún otro libro para que sea menester de distinguirlos uno del otro. Una marcada coincidencia con el espíritu y carácter de los tiempos y pueblos antiguos se nota en las obras de los escritores sagrados posteriores a Moisés.

Las Escrituras Sagradas del Antiguo Testamento constan de los siguientes libros:

Además de estos libros de la lista del A.T., en la Biblia se encuentran otros 9 libros que se llaman "deutero canónicos": de Tovita, de Judith, Sabiduría de Solomon, de Jesús hijo de Sirá, segundo y tercero de Ezdra, 3 libros de Macabeos. Se llaman todos estos libros "deutero canónicos" porque fueron escritos después que se concluyo la lista (el canono) de los libros sagrados.

Algunas ediciones contemporáneas de la Biblia no incluyen a los libros "deutero canónicos." En la edición rusa, sin embargo, están presentes. Los títulos arriba mencionados de los libros sagrados, están tomados de la traducción griega de 70 traductores. En la Biblia hebrea y en algunas traducciones actuales de la Biblia varían los títulos de algunos libros del A.T.

Diferentes traducciones de las Escrituras.

La traducción griega por 70 traductores es la más cercana al texto original de las Escrituras del V.T., fue hecha en Alejandría. Se inició por orden del rey de Egipto Ptolomeo Filadelfo, en el año 271 a J.C.. Este soberano, ávido del saber, deseaba tener en su biblioteca los libros sagrados de la ley hebrea. El ordenó a su bibliotecario Demetrio, ocuparse para adquirir esos libros y hacerlo traducir al griego, en aquel tiempo la lengua más ampliamente usada y conocida. Se eligieron 6 hombres instruidos de cada tribu de Israel y se los envío a Alejandría con el ejemplar más exacto de la Biblia hebrea. Los traductores fueron alojados en la isla de Faros en las cercanías de Alejandría. Terminaron la traducción en tiempo relativamente corto. La Iglesia ortodoxa desde los tiempos apostólicos usó y usa los libros sagrados según la traducción de los 70.

Traducción latina Vulgata.

Hasta el siglo cuarto de nuestra era existían varias traducciones latinas de la Biblia. Entre ellas era más usada la traducción italiana antigua, hecha a partir de la traducción griega de los 70. Presentaba una gran claridad y coincidencia con el texto original hebreo. Pero después que el Bienaventurado Jerónimo, uno de los más sabios padres de la Iglesia del siglo cuarto, publicó en el año 384 su traducción latina de las Sagradas Escrituras, hecha directamente del original hebreo, la Iglesia de Occidente fue dejando la traducción italiana antigua y usando la del Jerónimo. En el siglo 14, el Concilio de Tridente introdujo oficialmente el uso de la traducción de Jerónimo para la Iglesia Católica Romana, bajo el nombre de Vulgata, lo que significa "de uso general."

Traducción de la Biblia al eslavo antiguo.

Se hizo según el texto de los 70 por los santos hermanos Cirillo y Methodio de Solun, en la mitad de siglo 9, durante su apostolado en tierras eslavas. El príncipe Rostislav de Moravia, no satisfecho con los misioneros alemanes, pidió al emperador Miguel enviar a Moravia buenos instructores en la Fe cristiana. El emperador envió, para esta magna obra, a los santos Cirillo y Methodio. Ellos ya conocían la lengua eslava y todavía en Grecia, comenzaron la traducción de las Sagradas Escrituras a este idioma. En su camino hacia Moravia los santos Hermanos se quedaron algún tiempo en Bulgaria, que fue también instruida por ellos. Allí, ellos continuaron su traducción eslava de los libros sagrados igual que en Moravia, donde arribaron cerca del año 863. La traducción fue concluida después de la muerte de Cirillo por su hermano Methodio, en Panonia, bajo la protección del piadoso príncipe Koxela. San Methodio se tuvo que refugiar allí a consecuencia de luchas internas en Moravia. Cuando el cristianismo llegó a Rusia en 988 por obra de San Vladimiro, junto con él llegó la Biblia traducida por Stos. Cirilo y Methodio.

Traducción al ruso.

La lengua eslava y rusa paulatinamente comenzaron a diferenciarse cada vez más. La lectura de las Sagradas Escrituras en eslavo, para muchos se hacia difícil. Comenzó la traducción de los santos libros al ruso contemporáneo. Primero, por orden del Emperador Alejandro primero y con la bendición del Santo Sínodo, fue editado en 1815 el Nuevo Testamento. Pagó la traducción la Sociedad Bíblica rusa. De los libros del Antiguo Testamento fue traducido el Salterio (Salmos de David), como el más usado en la liturgia ortodoxa. Luego, durante el reinado de Alejandro segundo, en 1860 apareció una edición más exacta del Nuevo Testamento y la siguió la edición de los libros del A.T. (canónicamente aceptados) en 1868. Al año siguiente el Sto. Sínodo bendijo la edición de los libros históricos del A.T. y en 1872 de los libros de enseñanza. Mientras tanto, en las revistas teológicas aparecían las traducciones rusas de algunos libros del A.T.. Así, por fin vimos la Biblia completa en ruso en 1877. No todos los lectores aceptaban la traducción rusa, prefiriendo la eslava-litúrgica. Aprobaban la traducción al ruso San Tijon Zadonski, el mitropolita Filaret de Moscú y más tarde el obispo Feofan el Ermita, el patriarca Tijon y otros destacados jerarcas de la iglesia rusa.

Otras traducciones de la Biblia.

Al francés fue traducida en 1160 por Pedro Valda. La primera traducción alemana apareció en 1460. Martín Luther volvió a traducir la Biblia al alemán en 1522-32. La primera traducción de la Biblia al ingles fue hecha por el honorable Beda, quien vivía en la primera mitad del siglo octavo. La traducción moderna de la Biblia al ingles fue hecha durante el reinado de Jacobo en 1603 y editada en 1611. En Rusia la Biblia fue traducida a varias lenguas indígenas. Así, el metropolitano Inocencio la tradujo al aleutiano, la Academia de Kazan, al tártaro y otros. Los avances en la traducción y difusión de la Biblia en distintos idiomas y lugares se deben a las Sociedades Bíblicas, Británica y Americana. Actualmente la Biblia esta traducida a más de 1200 lenguas.

Al finalizar este párrafo sobre las traducciones hay que decir que cada traducción tiene sus virtudes y defectos. Así, las traducciones que se ciñen más exactamente al texto original son pesados y a veces difíciles de entender. Por otro lado, las traducciones que tratan de dar las ideas generales de la Biblia en forma accesible y fácil presentan grandes inexactitudes con respecto al texto original. La traducción rusa al Sínodo evitó ambos extremos y suma la máxima coincidencia con el original a la claridad del lenguaje.

En nuestros folletos misioneros sobre la Biblia se seguirá el siguiente orden:

Cómo leer la Biblia.

Leer la Biblia es leer la palabra de Dios. Pero ¿cómo hay que leer esta palabra? — He aquí unas claves orientadoras para una lectura inteligente y provechosa, claves que, por supuesto, no son, ni mucho menos, exhaustivas, dada la inmensa, la infinita riqueza de la Biblia.

Lectura en clave cristiana

Como dijimos, Jesucristo es la figura central de la Biblia, situado en el vértice mismo donde culminan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los dos Testamentos tienen en él explicación cumplida. Porque, en definitiva, uno y otro se refieren a él únicamente. Todo el Antiguo Testamento hace referencia al Nuevo. No se puede entender en plenitud el Antiguo sin la luz del Nuevo. Y si se ignora el Antiguo, no se podrá entender verdaderamente el Nuevo.

La Biblia entera, desde sus primeras páginas hasta las últimas, nos habla, de múltiples maneras y de forma variada, de Jesucristo, el Señor. Por eso, bien decía Jerónimo "que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Pero, dando a la frase un sentido positivo, bien podemos decir que "conocer las Escrituras es conocer a Cristo."

La lectura de la Biblia debe tener, como norma suprema, la consideración de que la Biblia es un todo concordante, una unidad indisoluble, que gravita sobre un tema central: Jesucristo, Palabra única de Dios, la primera y la última, plenitud de la revelación divina.

La Biblia se realiza a sí misma, adquiere su verdadera dimensión, sólo en Jesucristo; tiene como última razón de ser la persona de Jesucristo. Toda la Biblia tiene unidad en Cristo. Esto significa que la lectura de la Biblia tiene que ser una lectura cristiana, es decir, una lectura que descubra la presencia de Cristo en todas sus partes. Bien podemos decir que la Biblia es Cristo, que toda ella es fundamentalmente una cristología. Se ha llegado a decir que en la Biblia sólo hay una cosa revelada: Jesucristo, su persona y su obra.

Lectura en clave de salvación

La palabra de Dios nos enseña el camino de la salvación. Nos habla de nuestro origen y de nuestro destino, de la redención realizada objetivamente por Jesucristo y del modo de conseguir subjetivamente la redención definitiva y final de nuestras personas. Ella misma es fuerza salvadora, la salvación misma, palabra de verdad, buena nueva de salvación, "palabra que puede salvar vuestras almas" (Sant 1:21).

La Biblia es la historia de las continuadas intervenciones de Dios en la historia del hombre para sacar al hombre de un estado de sufrimiento y de dolor, de persecución y de esclavitud, de enfermedad y de muerte, a un estado de bienestar y de alegría, de paz y de libertad, de salud y de vida? En la historia bíblica han intervenido muchos salvadores; pero detrás de ellos, dándoles fuerzas, estaba él, el único salvador. La salvación, que se producía siempre en graves y hasta arriesgadas circunstancias políticas y sociales, era siempre generadora de esperanza. Porque esta salvación, que Dios ejerció siempre en el pasado y que seguirá ejerciendo en el futuro, es la garantía de nuestra esperanza y de nuestra fe, de nuestra salvación final: "Jesucristo no ha venido a condenar, sino a salvar" (Jn 12:47) La Biblia es la revelación y la realización del misterio de la salvación realizado en Cristo. Todo en la Biblia está ordenado y referido directa o indirectamente a este misterio salvífico.

Lectura en clave de amor

La Biblia revela que "Dios es amor" (1 Jn 4:8). Y así lo confirman todas las intervenciones de Dios en la historia humana, hechas siempre por amor. Dios elige al pueblo de Israel por puro amor (Dt 7:7-8). Las relaciones de Dios con su pueblo están descritas bajo el símbolo del matrimonio, en el que Dios es el esposo y el pueblo la esposa (Os 2:16). La época áurea de estas relaciones amorosas es la estadia en el desierto en tiempo de Moisés. La infidelidad de la esposa y la reconciliación en el amor están patéticamente narradas en Os 2:4-23. Dios está siempre con los brazos abiertos para acoger a esta infiel esposa, "su querida" (Jer 11:15), "la amada de su alma" (Jer 12,7), porque su amor es inquebrantable: "Te amo con un amor eterno" (Jer 31:3).

La prueba más definitiva del amor de Dios al mundo está en que le dio a su Hijo único, el cual, a su vez, nos manifestó el más grande amor muriendo por nosotros (Jn 15:13).

A este amor de Dios, el hombre debe responder con amor a Dios y al hombre, pues en esta doble respuesta está resumida toda la Ley (Mc 12:28-31; Rom 13:8). El amor a Dios debe ser radical, en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma (Dt 6:5). Y con esa misma fuerza hay que amar a los hombres (Mt 22:39). Es más, amar al prójimo es ya amar a Dios; y sin amar al hombre, no es posible amar a Dios (1 Jn 3:14-22;4:20). Hay que amar a todos, incluso a los enemigos (Mt 5:44-48). Todo esto lo concretó Jesucristo en el mandamiento nuevo: "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13:34). Por eso el distintivo del cristiano es el amor (Jn 13:35). Sin el amor no hay valor espiritual alguno; el amor, aparte de dar valor a todo, es el mayor de todos los bienes (1 Crón 13:1-13). La Biblia nos dice que las relaciones de unos con otros y de todos con Dios se tienen que centrar en el amor.

Por esto la Biblia debe ser el libro de lectura diaria, el libro de cabecera y de oración, el libro de texto de todos los miembros del pueblo de Dios.

La Biblia habla al alma. Para que así sea, el lector debe ponerse bajo la acción del Espíritu Santo, que actuó en otros tiempos como fuerza inspiradora de la Biblia y que sigue actuando en nuestro tiempo para darnos a conocer la plenitud de la verdad bíblica.

La lectura de la Biblia no debe quedarse en la esfera de la inteligencia, tiene que centrarse en el área del corazón. Se trata de conocer el mensaje bíblico y de encarnarlo en nuestra vida.

 

 

Los cinco libros de Moisés.

Resumen de los cinco primeros libros de la Biblia.

Los cinco primeros libros de la Biblia, suelen recibir el nombre genérico de Pentateuco, y fueron escritos por el Profeta Moisés, durante los 40 años deambular los hebreos por el desierto de Sinaí. Inicialmente todos los escritos de Moisés constituían una sola compilación de Revelaciones Divinas, un libro que se conocía entre los hebreos como "Tora," lo que significa la Ley, o bajo el nombre del "libro de Moisés" (Esdra 6:18). Las cinco partes de esta obra única de Moisés, en la antigüedad se llamaban por la primera palabra de cada parte. Luego, cada libro recibió el nombre según su contenido: "Génesis," "Éxodo," "Levítico," "Números" y "Deuteronomio." El conjunto se comenzó a llamar el Pentateuco.

En la tradición judía estos libros se denominan Tora porque contienen instrucciones en la ley. En la cristiana a veces se designan como libros históricos. Ambas tradiciones tienen su fundamento, pues tanto la historia como la ley se entrelazan en los libros del Pentateuco, formando una vasta composición. La línea histórica abarca desde la creación del cosmos y del hombre hasta la muerte de Moisés, ocurrida en el momento en que Israel está apunto de cruzar el Jordán y de conquistar la tierra prometida.

La concepción de la historia en estos libros no se corresponde con la de los historiadores modernos. Los autores sagrados interpretan la historia de Israel como la historia de su encuentro con Dios. Más que de una exposición histórica en sentido estricto, se trata de un relato de las gestas de Dios tal como el pueblo las vivió a lo largo de su historia. La historia narrada en el Pentateuco está totalmente impregnada de la experiencia de Dios. Es una historia de salvación, en la que se pueden distinguir seis etapas: 1. Historia de los orígenes (Gn 1-11); 2. Historias patriarcales (Gn 12-50); 3. La historia del éxodo (Ex 1-15); 4. Sinaí (Ex 19-24), 5. La marcha a través del desierto (Ex 16-18, Nm 10-20); 6. Conquista de la tierra (Nm 20-36). El libro del Deuteronomio se presenta como el discurso de despedida de Moisés con el pueblo de Israel en los umbrales de la tierra prometida.

En estas coordenadas históricas se insertan las secciones legales. Las leyes del pueblo de Dios aparecen todas conexas con el Sinaí. No sólo el decálogo (Ex 20) y el código de la alianza (Ex 21-23), sino también la legislación sacerdotal y la ley de santidad (Ex 25; Nm 10) se colocan a los pies de la montaña santa. En el Sinaí Israel recibió la ley y selló una alianza con el Señor, el Dios que se reveló allí mismo a Moisés con vistas a liberar a su pueblo de Egipto. Estos acontecimientos históricos encuadran y dan sentido a la ley. A la acción del Señor, que salva, corresponde el compromiso del pueblo, que observa la ley de Dios. La ley es el signo de la nueva vida de los hombres liberados, la expresión de la alianza entre Dios y el pueblo.

El Deuteronomio, parte actual del Pentateuco, goza de una cierta independencia. En él se combinan también las secciones históricas con las legales, unas y otras ligadas a los eventos del Horeb (nombre de la montaña santa en este libro). La historia fundamenta la ley, una ley predicada, invitando apremiantemente a Israel a su observancia.

En la tradición judía y cristiana, el Pentateuco se ha atribuido íntegramente a Moisés. Resulta claro, sin embargo, que numerosos elementos no pueden remontarse hasta él. Así, el c. 34 del Deuteronomio, por citar sólo un ejemplo, narra cómo murió y fue enterrado Moisés. ¿Sería Moisés autor de semejante relato? Por esto, la atribución del Pentateuco a Moisés significa que los libros del Pentateuco derivan su autoridad de la obra de Moisés. Él es la figura central en estos libros: como líder de Israel, desde la salida de Egipto hasta la entrada en la tierra, y como mediador por excelencia de la alianza y de la ley de Dios.

El profeta Moisés.

El nombre moisés, en hebreo Moshe, aparentemente significa "rescatado del agua." Así lo nombró la princesa egipcia que lo encontró al borde del río. El libro Exodo nos cuenta sobre este tema. Abram y Jojoveda, de la tribu de Leví, tuvieron un hermoso niño. Había una orden faraónica de matar a todo niño hebreo. La madre tratando de salvarle la vida lo colocó en un canasto embreado y dejó el canasto entre los juncos al borde del Nilo. Allí lo encontró la princesa egipcia que vino a bañarse. Como ella no tenía hijo, lo adoptó. Moisés, como hijo de la princesa, recibió una brillante educación en la corte faraónica. Aquel tiempo era el auge de la cultura egipcia.

Ya adulto, Moisés defendió a un hebreo y sin querer mató al guardián egipcio, muy cruel con los esclavos hebreos. Moisés tuvo que huir de Egipto. Se afincó en la península de Sinaí y vivió allí 40 años como pastor del sacerdote Jetró cuya hija desposó. Al pie del monte Horeb el Señor se presenta a Moisés en forma de zarza ardiente y le ordenó ir y ver al faraón egipcio y liberar al pueblo hebreo de su pesada esclavitud. Obedeciendo a Dios, Moisés fue junto con su hermano Aarón, a ver al faraón y le pidió de liberar al pueblo hebreo. El faraón no quiso escucharlo y esto provoco las 10 plagas egipcias que azotaron al país. La ultima plaga consistió en que el Ángel del Señor mató a todos los primogénitos egipcios. Los primogénitos hebreos no sufrieron ya que los dinteles de las puertas de los hogares hebreos, fueron por orden de Moisés pintados con sangre de cordero. Desde entonces los hebreos en el día 14 del mes de Nisán (primer mes) — este día coincide con el plenilunio del equinoccio de primavera — festejan la Pascua. La palabra "Pascua" significa "pasar de largo," ya que el Ángel pasaba de largo por los hogares hebreos. Después de esto, los hebreos salieron de Egipto, cruzaron el Mar Rojo, que se separó en dos por la fuerza Divina. En cambio, el ejercito egipcio, que perseguía a los hebreos, fue ahogado en el mar al unirse las aguas.

Sobre el monte Sinaí, Moisés recibió los 10 mandamientos inscriptos sobre las tablas de piedra. Estos mandamientos, junto con otras leyes, tanto religiosas como civiles, anotados por Moisés, constituyeron la base de la vida del pueblo hebreo.

Moisés dirigió al pueblo hebreo durante sus 40 años de deambulación por el desierto de la península de Sinaí. Durante ese tiempo Dios alimentaba a los hebreos con maná, una especie de cereal blanco que juntaban cada mañana de la tierra. El hermano de Moisés, Aarón, fue ungido sumo sacerdote y otros miembros de la tribu de Leví, como sacerdotes y levitas (diáconos). Desde ese tiempo los hebreos comenzaron a oficiar servicios religiosos regularmente y a sacrificar a los animales. Moisés no entró en la Tierra Prometida, él murió a la edad de 120 años sobre el monte Nebo, en la orilla oriental del Jordán.

Después de Moisés el pueblo hebreo, espiritualmente renovado en el desierto, fue dirigido por Josué Navin, quien los llevó a la Tierra Prometida.

Moisés fue el más grande Profeta de todos los tiempos. Con él, según la expresión bíblica, "Dios hablaba cara a cara como un hombre habla con su amigo." Por esa cercanía a Dios el rostro de Moisés resplandecía. Pero Moisés siendo muy modesto, lo cubría con su capa. Por su carácter, Moisés era dulce y benévolo y desde su infancia era tartamudo. Su vida está descripta en los libros: Éxodo, Números y Deuteronomio.

 

Génesis.

En las sagradas escrituras el primer libro de Moisés se llama por su palabra inicial "Bereshit" que significa "al comienzo." El nombre griego de este libro "Génesis" indica su contenido.

La historia de los orígenes plantea una serie de interrogantes fundamentales para el hombre: ¿cómo se originó el mundo? ¿qué relación existe entre el cielo y la tierra, entre Dios y el hombre? ¿cuál es el sentido de la existencia humana? ¿cómo y por qué ha entrado el mal en el mundo? Los once primeros capítulos del Génesis responden a estas y otras cuestiones elementales de la vida. La descripción de la creación del mundo persigue la finalidad religiosa y no científica: mostrar que Dios es la causa primordial de todo lo existente. El mundo y todo lo que constituye el mismo, aparecido no casualmente sino por la voluntad del creador. El hombre no es sólo un animal, él lleva en sí el soplo Divino, su alma inmortal, a la semejanza de Dios. El hombre esta creado para designios superiores, el perfeccionamiento en la virtud. El diablo es el causante de la caída del hombre y la fuente del mal en el mundo. Dios siempre se preocupa por el hombre y dirige su vida hacia el bien.

El libro fue escrito para dar al hombre la idea del origen del mundo, el comienzo de la historia humana, ya que las tradiciones orales tienden a olvidarse, y además para conservar en toda su pureza, las profecías primordiales sobre el Divino Salvador del género humano, el Mesías.

En el libro del Génesis se puede percibir aún el eco de distintas voces. Son las voces de varias generaciones: una larga tradición oral, que más tarde fue fijada por escrito, dando como resultado el texto actual del libro. El lector atento puede descubrir en sus páginas las huellas de diferentes autores y redactores. Puede ser éste un ejercicio interesante; pero lo que más interesa es captar el mensaje de fe y esperanza en Dios, tal como lo vivió y experimentó el antiguo pueblo de Dios. Fe y esperanza en un Dios que modela al hombre a su imagen y semejanza; un Dios fiel a sus promesas, cuyo plan de salvación abarca desde el principio hasta el final de los tiempos.

Todos los relatos del Génesis contenidos en 50 capítulos, pueden ser divididos en 3 partes: la primera cuenta el origen del mundo y la caída del hombre, la segunda relata la historia de la humanidad antes y después del diluvio universal y la vida de Noé (4-11 cap.). La tercera contiene la historia de los tiempos patriarcales. De todos los pueblos de la tierra, Dios eligió una familia, un hombre: Abrahán para hacer de él su propio pueblo, en el que serían benditas todas las familias de la tierra (Gn 12-50) contiene la historia de esta familia en tres generaciones: Abrahán, Isaac y Jacob. Estas historias muestran la actuación de Dios: cómo ha ido preparando a su pueblo en orden a la salvación del mundo. Los patriarcas testimonian la fe en este Dios, que acompaña, guía y salva al hombre en su caminar.

Éxodo.

El segundo libro de moisés, en las Sagradas Escrituras, se llama por sus palabras iniciales: Elle Shemot = "estos son los nombres" de los hijo de Israel, quienes en el tiempo de José se mudaron a Egipto. El nombre griego es Exodo, ya que relata principalmente el éxodo de israelíes de Egipto en el tiempo del profeta Moisés.

La verificación histórica de este acontecimiento es confirmada por los antiguos testimonios y nuevas investigaciones y descubrimientos en Egipto. El periodo de tiempo que abarca el libro Éxodo se cuenta en varios centenares de años desde la muerte de José hasta el nacimiento de Moisés. Moisés condujo al pueblo hebreo de Egipto, cuando tenía 80 años. Al año siguiente él organizó el tabernáculo (una especie de tienda de campaña que servía como templo portátil). Con este hecho termina el libro éxodo.

Es importante agregar aquí algunos datos históricos relacionados con el libro Éxodo. José, fue vendido por sus hermanos a Egipto, cuando allí reinaba la dinastía de los Hicsos o pastores (aproximadamente 2000 años antes de Cristo). Egipto se encontraba en la cúspide del desarrollo y poder. El faraón reinante era probablemente Apofis. El encumbró a José, quien salvó a los egipcios del hambre y también mostró una gran benevolencia hacia la familia de José. Pero los principales nacionales egipcios se reunieron en Tebas y paulatinamente expulsaron a los Hicsos. Luego reinó la 18° dinastía con Amosis primero. Los nuevos gobernantes cambiaron su relación con los hebreos. Comenzaron las persecuciones que luego se transformó en una pesada esclavitud. Los nuevos faraones obligaron a los hebreos, como esclavos, a construir ciudades. Al mismo tiempo existía el temor de que los hebreos se unan a las tribus nómades, fronterizas, y arrebataran el poder a Egipto. El éxodo de hebreos corresponde al periodo 1500-1400 a de Cristo. Probablemente reinaba entonces el faraón Totmes cuarto.

El libro Éxodo fue escrito por Moisés en el desierto de Arabia (península de Sinaí) después de recibir de Dios las leyes religiosas y civiles. Se escribió a medida que Moisés recibía las revelaciones Divinas. El libro tiene dos partes: histórica y legislativa. En su parte histórica cuenta los sufrimientos del pueblo hebreo en la esclavitud de Egipto (cap. 1), luego se relatan los caminos de la providencia Divina en la vida de Moisés, llamado por el Señor, para salvar al pueblo hebreo (cap. 2-4). Más adelante se cuenta cómo el Señor preparaba a los hebreos para su liberación (cap. 5-11), su éxodo de Egipto y la deambulación en el desierto hasta el monte Sinaí (cap. 12-18).

En la parte legislativa se dan las bases de la ley Sinaí (cap. 19) y también la lista de las leyes religiosas y civiles reforzadas por la entrada de los hebreos en la Alianza con Dios (cap. 20-25).

Israel descubrió a Dios en los acontecimientos históricos. Toda la exposición de su historia está recorrida por la experiencia de Dios, a quien se considera motor de la historia. Para Israel, el Señor es, ante todo, el Dios que le sacó de Egipto. La salida de Egipto no es el resultado de una mera concatenación de circunstancias naturales, más o menos extraordinarias, sino más bien la consecuencia de la intervención poderosa del Señor. La liberación de Egipto es presentada como la gran acción del Señor. La alianza y la ley se comprenden a la luz de estos acontecimientos histórico-salvíficos. A la acción del Señor que salva ha de corresponder el compromiso de la alianza. La ley del Señor es signo y expresión de la nueva vida de los liberados.

En el centro de esta historia, justo entre el Señor y el pueblo de Israel, destaca la figura de Moisés. A la salida de Egipto, Moisés actúa como líder siguiendo fielmente el plan de salvación del Señor, para el que ha sido llamado. En la ratificación de la alianza y en la transmisión de la ley, Moisés hace de mediador entre Dios y el pueblo. El mensaje del Exodo sigue siendo vivo y actual para el nuevo pueblo de Dios, el pueblo de la nueva alianza; un pueblo libre, en marcha hacia la ciudad futura y permanente (cf He 13:14).

A pesar de los milenios que pasaron desde entonces, las leyes religiosas y morales del libro Éxodo, no perdieron su fuerza. Por el contrario, Nuestro Señor Jesucristo, en Su Sermón de la Montaña, nos enseña a comprenderlos más plena y profundamente. Las leyes civiles y litúrgicas del Exodo y otros libros de Moisés, en el tiempo de Nuevo Testamento, perdieron su obligatoriedad y fueron cancelados por los Apóstoles en el Concilio de Jerusalén (cap. 15 de Hechos).

Libros Levítico y Números.

El tercer libro de moisés fue intitulado en tiempos antiguos con la palabra "Vaiikra," que significa, "y llamó" Dios a Moisés al Tabernáculo para que reciba las leyes levíticas. El nombre griego de este libro es "libro levítico" ya que contiene la serie de leyes sobre los servicios de los descendientes de Leví (uno de los hijos de Jacob) en el templo del Antiguo Testamento.

El culto israelita, es la expresión de su fe en el Dios que ha sacado a Israel de Egipto y qué ha entablado con él una alianza en el Sinaí. El Señor libró a Israel de las ataduras del Faraón para hacer de él un pueblo consagrado a su servicio. De una servidumbre, forzada, a un servicio libre. En la alianza, Israel pasa a ser el pueblo de Dios, un pueblo separado y apartado de los demás, para que pueda entrar más fácilmente en comunión con el Señor. En la óptica del Levítico, el culto se presenta como la forma más apropiada para entrar en contacto con él Señor, para vivir en comunión con él.

La comunión con el Señor debe ser la meta de toda celebración litúrgica. Los diversos tipos de sacrificios (cc. 1-7) ofrecidos por los sacerdotes levitas (cc. 8-10) son siempre un intento del hombre por entrar en relación más estrecha con la divinidad. Dado que el Levítico se escribe en un momento en, que Israel toma, clara conciencia de sus pecados, se explica su particular insistencia en el valor reconciliador de los sacrificios. En este sentido, la celebración más importante es la del Yom kippur, o gran día dé la expiación, y del perdón (c. 16), en el que el pueblo se reconciliaba plenamente con e1 Señor. Las leyes sobre la pureza-impureza (cc. 11-15) cobran sentido a la luz de la misma concepción básica. Se ha de evitar cualquier impureza que comprometa las relaciones del hombre con Dios. La ley de santidad (cc. 17-27) gira sobre el mismo quicio. Puesto, que el Señor es santo, el pueblo por él escogido ha de ser santo. La santidad exige separación de todo lo profano y consagración al servicio del Señor.

Esto implica el cumplimiento fiel de la voluntad divina, evitando todo lo que física o moralmente pueda alejar al pueblo de Dios.

Con su forma de entender el pecado y la reconciliación mediante el sacrificio, el libro del Levítico pone las bases para asentar y comprender la obra de Cristo, sumo sacerdote, quien con el sacrificio de sí mismo asegura al hombre el acceso a Dios, la definitiva comunión con él.

El cuarto libro de Moisés se intitulaba con la palabra inicial "Via-edavver" = "y dijo" el Señor a Moisés sobre el recuento del pueblo israelí. Los griegos llamaron a este libro "Números," ya que este comienza con el recuento del pueblo hebreo. Además del valor histórico del relato de ambulación de hebreos en el desierto, el libro "Números" contiene numerosas leyes parcialmente nuevas y en parte ya conocidas de los libros del Éxodo y Levítico, pero reiteradas por necesidad. Estas leyes y ceremonias ya perdieron su importancia en los tiempo del Nuevo Testamento. Como explica el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, los sacrificios del A.T. son símbolos del Sacrificio Salvador de Gólgota de Nuestro Señor Jesucristo. Sobre este tema escribe Isaías en el capítulo 54 de su libro.

Las historias expuestas en el libro de los Números pertenecen a un período del desierto en el que se pueden distinguir tres estaciones principales, correspondientes a cada una de las tres secciones del libro. La historia comienza en el desierto del Sinaí, con una serie de disposiciones y medidas antes de partir (cc. 1:1-10). La segunda sección (cc. 10:11-20:13) tiene como punto neurálgico Cades, donde el pueblo pasó gran parte de su estancia en el desierto. Finalmente, los cc. 20:14-36:13 se desenvuelven en las cercanías de la tierra prometida, al este del Jordán.

La estancia en el desierto ha significado para Israel una experiencia religiosa extraordinaria, rica en lecciones no sólo para sus protagonistas, sino también, para las sucesivas generaciones. En su marcha por el desierto, Dios acompaña y guía a su pueblo, pero sin privarle de la búsqueda, sin coartar la libertad y la iniciativa humana. En cada momento, Israel tiene que decidir responsablemente. La actitud del pueblo contrasta continuamente, con la del Señor. Israel se niega a caminar, se enfrenta a sus jefes y ofrece resistencia al plan salvífico de Dios. El Señor castiga a los rebeldes, pero nunca abandona a su pueblo ni deja en su plan de salvación.

El período del desierto es un tiempo de purificación y de maduración. La experiencia del desierto educa y forma al pueblo, ayudándole a crecer y preparándole para la etapa definitiva, que orienta y da sentido a su marcha: la vida en la tierra prometida. En su avance hacia esta meta, el pueblo tiene que superar muchas tentaciones. Son las mismas que frenan a cada hombre en su ascensión hacia la meta final. También el hombre de hoy puede verse reflejado en esta experiencia histórica del pueblo de Dios.

Deuteronomio.

El quinto libro de moisés se intitulaba, en tiempos antiguos con la palabras: "Elle-gaddebarim" = "estas son las palabras." En griego se llaman, según su contenido, Deuteronomio, ya que en forma abreviada repite la lista de leyes del Antiguo Testamento. Además, este libro agrega algunos detalles a los acontecimientos relatados en los libros anteriores.

En el primer capítulo del Deuteronomio se cuenta cómo Moisés comenzó a explicar la ley de Dios en la tierra Moavita, al otro lado de Jordán, en la planicie en frente a Suf. La distancia era de 11 días de camino desde Horeb. Acontecía esto en el primer día del décimo primer mes, a los 40 años del éxodo de Egipto.

Hacia el final de la vida de Moisés, casi no quedaba nadie de los que escucharon la ley Divina en el Sinaí y en la Tierra Prometida debía entrar la nueva generación, nacida en el desierto. Moisés, velando por la conservación de la verdadera adoración de Dios en el pueblo israelí, antes de su muerte resolvió reunir la Ley de Dios en un libro. En este libro, Moisés, con amenazas y promesas de recompensas, quería fijar lo más profundamente en los corazones de la nueva generación israelí la decisión de seguir por el camino de servicio de Dios.

Desde el punto de vista teológico, el Deuteronomio es uno de los libros más ricos del Antiguo Testamento. Cinco grandes temas se dan cita en él: un Dios, un pueblo, una tierra, una ley, un santuario. Éstos, a su vez, atraen a otros: elección, alianza, bendición, maldición, etcétera.

La idea de un Dios se da la mano con la de un pueblo. El Señor es el Dios de Israel, y éste, el pueblo de Dios. La unidad de Dios, solemnemente proclamada desde el principio, constituye el dogma principal (6:4). De entre todos los pueblos, el Señor eligió a Israel como pueblo de su propiedad (7:6). Tal elección crea lazos especiales entre los dos. Israel tiene que amar al Señor, alabarle y reconocerle como a su Dios. Se exige de Israel un amor total y exclusivo, que implica una separación de las otras naciones Israel no puede portarse como ellas, pues es un pueblo santo y consagrado al Señor. Los israelitas son hijos de Dios y hermanos entre sí.

De Dios le vienen a Israel los bienes que posee. La tierra figura como el más importante. Tanto su conquista como la fuerza para trabajarla y adquirir sus riquezas proceden del Señor, no de Israel ni de los otros dioses o pueblos. Por esto, Israel no ha de vanagloriarse; pero tampoco ha de temer, sino tan sólo confiar en el Señor. La tierra de Canaán es una tierra buena (8:7 ss). Contrasta con la de Egipto y con el desierto. Egipto era una tierra de servidumbre; la de Canaán es de señorío (6:10-11:10). El desierto era un sequedal, sin una gota de agua, mientras que en Canaán abundan las fuentes y veneros. La tierra prometida es, en fin, "una tierra que mana leche y miel." Asentado en esta tierra, el pueblo necesita una ley para vivir en sociedad. Ser fieles a la ley equivale a ser fieles al Señor. Observar los mandamientos es tanto como temer al Señor, amarle y servirle (10:12 ss). Del cumplimiento de las leyes depende la vida y la bendición del pueblo (c. 28).

La unidad de Dios lleva, en última instancia, a la unidad del santuario (c. 12). La centralización del culto forma parte del capital más valioso y original del libro del Deuteronomio. Se pide a Israel que destruya los lugares de culto y que adore al Señor en el lugar que él eligiere para hacer habitar allí su nombre.

Profecías sobre el Mesías en los libros de Moisés.

En los libros de Moisés se encuentran las siguientes e importantes profecías sobre el Mesías (Cristo).

Relato bíblico sobre la aparición del mundo y el hombre.

"Creo en el único Dios Padre que todo lo sostiene, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible," decimos en nuestra oración cotidiana en casa o en el templo. De esta manera, para nosotros, el mundo es no sólo objeto de conocimiento científico sino también objeto de la fe.

Aunque la ciencia descubra muchas incógnitas en física, química, geología, biología, cosmología, etc, para el hombre quedan no resueltos los problemas principales: ¿de dónde surgieron las leyes naturales y partículas de las cuales se forma el mundo? ¿Cuál es la finalidad de lo que nos rodea y de la vida del hombre? La ciencia no sólo es impotente de contestar estas inquietantes preguntas, sino que en realidad, ellas salen de los límites de la ciencia.

Estas preguntas contesta la Teoinspirada Biblia.

Moisés, el que contempló a Dios, en los primeros capítulos del Génesis, puso el relato de la creación del mundo y del hombre por el Dios. La ciencia, hasta la actualidad, no pudo decir nada convincente sobre la aparición del mundo.

Sólo en el siglo 20, gracias a los éxitos en el campo de la astronomía, geología, y paleontología, la historia del surgimiento del mundo comenzó a ser científicamente investigada. ¡Y que sorpresa! — resulta que el mundo surgió en la misma secuencia como lo describió el Profeta Moisés.

A pesar de que Moisés no se planteaba la meta de describir científicamente la aparición del mundo, su relato se adelantó en muchos milenios a los descubrimientos científicos contemporáneos. Su descripción, por primera vez, atestiguó que el mundo no es eterno y que apareció en el tiempo y en el orden de paulatina evolución. A la conclusión de que el Universo no existía siempre, llegaron también los astrónomos cuando vieron que el Universo se expande sin cesar, como un globo que se infla. 15-20 mil millones de años atrás, todo el Universo estaba condensado en un punto microscópico, el cual, como consecuencia de una explosión comenzó a expandirse en todas las direcciones formando paulatinamente nuestro mundo visible.

La creación del mundo por Dios, Moisés la dividió en 7 períodos, que simbólicamente llamó "días." Durante 6 días Dios organizó al mundo y en el 7mo día descansó de Su tarea. Cuanto duraban estos "días," Moisés no especificó. El 7mo, en cuyo transcurso se desenvuelve la historia de la humanidad, dura ya muchos milenios. El número 7 se usa en escrituras en sentido simbólico y no cuantitativo. Este numero significa la plenitud, la conclusión.

"Al principio creó Dios el cielo y la tierra," en estas palabras la Biblia incluye todo lo que creo Dios: nuestro mundo material visible y mundo espiritual Angélico, que se encuentra fuera de nuestra percepción física. La palabra "creó" nos dice que el mundo es creado por Dios de la nada. A esta misma conclusión llegan muchos científicos contemporáneos. Cuanto más profundamente penetra la física nuclear en las bases de la materia, tanto más encuentra su vacío e inmaterialidad. Aparentemente hasta los quarks, de los cuales están formados los protones, no son partículas elementales sólidas. Resulta que la materia es una inexplicable condición de la energía.

Leyendo la descripción bíblica del surgimiento del mundo vemos que en realidad y en rasgos generales, coincide con lo que dice sobre este tema la ciencia actual. Dejando de lado los detalles de la formación de las galaxias, después de "el principio," el relato de Moisés se centra en la formación de nuestra tierra y de aquello que la llena. Así, en el primer "día," "y dijo Dios que se haga la luz." Estas palabras seguramente indican el momento cuando los gases y polvo interestelar, de los cuales se formo el sistema solar, se condensaron tanto, bajo la influencia del campo gravitacional, que en el centro de esta esfera gaseosa comenzó la reacción termonuclear (transformación del hidrogeno en helio), con la emisión de la luz. Así apareció el sol. La luz es el factor que más tarde hizo posible la aparición de la vida en la tierra.

De los mismos gases y polvo de los cuales se hizo el sol, se formaron los cometas, meteoritos, asteroides, proto-planetas etc. Toda esta masa de gases, polvo y cuerpos sólidos que giraba y se movía en el espacio, fue llamado por Moisés "el agua." Bajo la influencia de gravitación mutua ella, con tiempo, formó los planetas. Esto es la separación del agua que se encuentra sobre lo sólido, del agua que está debajo del sólido. Segundo día de la creación. Así, el sistema solar o según la Biblia "cielo," tomó su forma acabada.

Al principio, la tierra, como otros planetas, estaba incandescente. Cuando la superficie se enfrió lo suficiente, el agua comenzó a precipitarse en forma de lluvia y se formaron océanos y continentes. Luego, gracias a la presencia del agua y la luz solar, en la tierra aparecieron las plantas. Esto es el tercer "día" de la Creación.

Primero, plantas verdes microorganismos acuáticos, y luego las plantas gigantescas de tierra firme, comenzaron a limpiar la atmósfera terrestre del anhídrido carbónico y a emitir el oxígeno. Hasta este tiempo si alguien mirara al cielo, desde la superficie terrestre, no podría ver el sol, la luna ni las estrellas ya que la tierra estaba envuelta en una atmósfera densa y no transparente. El ejemplo actual de este tipo de atmósfera lo tenemos en nuestro planeta vecino-Venus. Por eso la aparición del sol, la luna y las estrellas, Moisés llama al "día" de la aparición de los planetas, o sea el cuarto día. No conociendo este hecho, los ateos-materialistas al principio del siglo 20, se reían del relato bíblico sobre la creación del sol después de las plantas. Según la Biblia la luz del sol en forma difusa llegaba a la superficie de la tierra, desde el primer "día" de la creación, pero no se veían los contornos del sol.

La presencia del oxígeno en la atmósfera y en cantidad suficiente, hizo posible la aparición de las formas de vida complejas como peces y aves (en el quinto "día"), luego de los animales y al fin el hombre (en el sexto "día"). Con esta secuencia de aparición de los seres vivos coincide la ciencia actual. En el relato bíblico, muchos detalles interesantes para la ciencia sobre la aparición de los seres vivos, están omitidos por Moisés. Pero se debe recordar que la finalidad de su relato no era la lista de detalles, sino la demostración de la causa primaria de la existencia del mundo y la sabiduría del Creador. Concluye Moisés su relato de la creación del mundo con las siguientes palabras: "Y vio Dios que todo lo que El creó, era muy bueno." En otras palabras, El Creador tenía una particular finalidad en la creación del mundo: que todo debía servir y llevar al bien. La naturaleza conserva, hasta ahora, el sello de bien testimonia no solo la sabiduría, sino también la benevolencia de Su Creador.

Según el libro del Génesis, el último creado fue el hombre. La ciencia contemporánea también considera que el hombre apareció relativamente hace poco tiempo, después de los otros grupos de organismos vivientes. En el problema de la aparición del hombre, la diferencia fundamental entre la ciencia y la Biblia reside en el método y la finalidad. La ciencia trata de encontrar los detalles de la formación de la parte física del hombre, su cuerpo. La Biblia, en cambio, habla del hombre en su forma completa que posee, además del cuerpo, un alma inteligente y semejante a Dios. Sin embargo, la Biblia afirma que el cuerpo del hombre está hecho de la "tierra" o sea de elementos como los cuerpos de los demás animales. Este hecho es importante ya que la Biblia afirma la proximidad física entre el mundo animal y el hombre. Pero la Biblia subraya la situación única del hombre en el mundo animal, como de un portador del "aliento Divino," su alma inmortal. Gracia a la presencia del alma semejante a Dios, el hombre posee un particular sentido espiritual de distinguir el bien del mal. Este sentido espiritual lleva al hombre hacia Dios y el mundo espiritual y hacia el perfeccionamiento moral. En realidad los placeres terrenales solos no pueden nunca satisfacer la sed espiritual del hombre. Estos hechos demuestran el testimonio bíblico que el hombre no es simplemente el peldaño más alto de la evolución del mundo animal sino que es representante de dos mundos físico y espiritual. El descubrimiento de este misterio ayuda al hombre a encontrar su lugar en el mundo y ver su vocación de hacer el bien y dirigirse a Dios.

Como conclusión de nuestro breve resumen del relato bíblico sobre la creación del mundo por Dios, hay que decir que en este relato, igual que en el siguiente, sobre la vida de nuestros ancestros en el Paraíso y su caída, hay además de los acontecimientos accesibles a nuestra comprensión, muchos símbolos y metáforas, cuyo significado no nos es dado de entender plenamente. La importancia de los símbolos está en que ellos dan la posibilidad al hombre, dejando de lado los detalles difíciles de entender, de captar lo que Dios abre a nuestra mente, en este caso la causa del mal, de los sufrimientos y la muerte.

La ciencia continúa esforzadamente estudiando al mundo. Descubre muchas cosas nuevas e interesantes que ayudan al hombre a entender la Biblia más profunda y plenamente. Pero a menudo ocurre como en el proverbio: "por los árboles no ves al bosque." Por eso, para el hombre debe ser más importante la comprensión de los principios que el conocimiento de los detalles. El valor de la Biblia consiste en que ella nos muestra los principios de nuestro ser. Por eso ella tiene una importancia imperecedera.

Mas detalles sobre este tema encontrará en mi artículo "Aparición del mundo y del hombre."

 

Los libros históricos del

Antiguo Testamento.

Breve reseña de los libros históricos de la Biblia.

Los libros históricos del A.T. abarcan la vida del pueblo hebreo desde el momento de su entrada a la Tierra prometida en el tiempo de Josué (1451 a.C). hasta el período de los Macabeos (150 antes del nacimiento de Cristo).

Los libros de Josué, y de los Jueces en particular, abarcan el período temprano de la vida del pueblo hebreo, cuando las tribus hebreas, que habitaban la tierra prometida, no habían sido reunidos en un Estado, sino que vivían mas o manos separados unos de otros.

Los libros de Samuel, de los Reyes y de Paralipómenos abarcan el período monárquico de los hebreos, alrededor de 500 años. Este período concluye con la caída del reino Judío y el cautiverio en Babilonia 586 años antes de Cristo.

Los libros de Esdras, Nehemías, Judit y Ester, relatan los acontecimientos posteriores al cautiverio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén. Los libros de los Macabeos abarcan el fin del último período de la historia Hebrea del A.T. y los períodos de lucha por la independencia, que precedieron varias centurias al nacimiento de Cristo.

A través de los siglos, en el trascurso de su historia, el pueblo judío atravesó muchas fases del desarrollo físico y espiritual. Dios eligió al pueblo Hebreo para traer mediante él la salvación a todos los pueblos de la tierra. Según los planes Divinos, del pueblo judío tenía que surgir el Salvador del mundo — Cristo, y a su vez los primeros ciudadanos del Reino de Dios y los propagadores de la fe cristiana. Los profetas del A.T., enviados por Dios, preparaban el terreno espiritual en el pueblo judío, para la creación del Reino Divino entre los hombres. El camino de la evolución espiritual del pueblo judío no era llano, tuvo períodos de auge espiritual y florecimiento, y períodos de enfriamiento religioso e incluso retrocesos (apostasy).

Por supuesto, todo lo escrito en los libros sagrados, no tiene para nosotros el mismo significado. No hay que olvidar, leyendo la historia del A.T., que ahí está descripto el tiempo previo al cristianismo. Los altos principios cristianos de amor hacia los enemigos, perdón total y abstención, hubieron sido desconocidos y prácticamente inalcanzables para los habitantes de aquel lejano tiempo, sin la gracia Divina. Los hebreos vivían rodeados de pueblos idólatras y agresivos — cananeos, moabitas, idumeos (edomites), amonitas, filisteos y luego sirios, asirios, babilonios y otros, los que con sus creencias supersticiosas y las brutales costumbres paganas arrastraban a los hebreos en el plano espiritual. No había de quien aprender la bondad.

Teniendo la mínima oportunidad, estos idólatras esclavizaban inclementemente a los hebreos. La lucha por la conservación de la pureza de la fe y existencia física atraviesa a toda la historia del pueblo judío. Para entender correctamente esta historia hay que leerla en el contexto de las costumbres y caracteres de aquel tiempo. En los libros históricos de la Biblia se aprecian la verdad y objetividad de este libro sagrado. La misma no idealiza a las personas o acontecimientos, sino evalúa estricta o imparcialmente inclusive a grandes héroes nacionales, por lo cual ayuda al lector a aprender de los ejemplos positivos, como también de los negativos, que hay que hacer y que no hay que hacer.

Pero a pesar de las condiciones externas no propicias, muchos hijos hebreos alcanzaban gran altura espiritual y dejaron ejemplos dignos de imitación, para todos los tiempos. Aunque los hebreos no solían pecar menos que los pueblos vecinos paganos, sin embargo sabían arrepentirse sinceramente. Por estas, sus cualidades, consideramos, que fueron dignos de la elección Divina. Según la palabra del Evangelio, se les concedió mucho, por lo cual se exigía mucho de ellos.

Los libros históricos de la Biblia son valiosos también por mostrar claramente, que no es la mera casualidad, sino Dios, quien dirige el destino de cada hombre y de cada nación. La Biblia cita claros ejemplos de la providencia Divina, mostrando como El eleva y recompensa a los justos por sus virtudes, perdona a los pecadores arrepentidos y simultáneamente, como un Juez justo, castiga a los reincidentes sin ley. En los sucesos cotidianos concretos de la Biblia, el lector ve las cualidades del Gran Dios cuya misericordia es inagotable, la sabiduría inalcanzable, la fuerza infinita, la justicia inevitable. Ningún libro histórico, solamente la Biblia, puede trasmitir tal perspectiva espiritual de los acontecimientos vitales.

La historia puede considerarse como el sacramento de la religión de Israel. A través de la historia, Israel ve la faz de Dios y continúa viéndole aún cuando es invisible. No seria justo detenerse en las múltiples intrigas humanas que entretejen la historia de Israel, recogida en estos libros. Más allá o por encima de los intereses creados de los personajes históricos, se revela Dios como el verdadero motor de la historia.

 

El significado de los profetas del Antiguo Testamento.

Antes de abordar las narraciones históricas de la Biblia, diremos algunas palabras acerca del significado de los profetas en la vida del pueblo judío. Aunque la ley de Moisés (Lv 10:10) obligaba a los sacerdotes a enseñar al pueblo la devoción, esta prescripción, en realidad, se cumplía raramente. La mayoría de los sacerdotes se limitaban a hacer ofrendas en el templo, y no se preocupaban por educar al pueblo. Por esta razón, el pueblo permanecía en la ignorancia espiritual. La idolatría de los pueblos vecinos paganos, sus costumbres bárbaras y amorales eran adaptados con facilidad por los hebreos y conducían a la apostasía de la fe en Dios. Los reyes hebreos y gobernantes, con raras excepciones, frecuentemente ofrecían el mal ejemplo. Para instruir al pueblo en la fe verdadera, Dios enviaba con frecuencia a sus profetas. Los profetas tenían una influencia enorme sobre la fe del pueblo y no raras veces salvaban a los hebreos de la catástrofe espiritual.

En aquel tiempo, el sacerdocio entre los hebreos se trasmitía por herencia; para el servicio profético la gente era convocada por Dios individualmente. Los profetas procedían de todos los estratos de la población. Había entre ellos campesinos iletrados y pastores, había también personas de linaje real y gran instrucción. El objetivo principal de los profetas era indicar a la gente sus infracciones religiosas y morales, y restablecer la devoción. Enseñando al pueblo la fe, los profetas, no pocas veces, predecían el futuro relativo a los sucesos del pueblo y el estado del venidero Salvador del mundo, el Mesías y del fin del mundo. Con frecuencia los profetas atraían cantidades significativas de admiradores y alumnos permanentes. Estos alumnos permanentes se asociaban en hermandades o escuelas de los profetas o ayudaban a los profetas en su labor espiritual. Las hermandades proféticas obtuvieron un desarrollo especial desde el tiempo del profeta Samuel, dándoles una organización armoniosa, haciendo de ellos una fuente del renacimiento popular de lo espiritual y moral. De esta manera los profetas eran los guías espirituales (ancianos) de sus hermandades. Los miembros de las hermandades vivían con una disciplina y un orden determinados. Allí estudiaban las Escrituras, oraban a Dios, copiaban los libros, escribían las crónicas, las cuales sirvieron luego de material para la composición de los libros históricos de la Biblia. Sucedía, que los discípulos mas talentosos de las hermandades proféticas eran llamados por Dios para el servicio profético y continuaban la obra de su maestro-profeta.

De entre las comunidades proféticas salieron acusadores intrépidos de la idolatría, indoblegables custodios y difusores de la Fe en Dios, hombres templados, que no temían decirles a los reyes y a los poderosos de este mundo la verdad en la cara. Por esto, no pocas veces los profetas se exponían a persecuciones y terminaban su vida con el martirio. Desde el tiempo de Samuel, los profetas siguen sin interrupción a través de la historia del A.T. El profesar alcanzó gran auge en el tiempo de Elías y Eliseo y más tarde en los tiempos de Isaías, Jeremías y Daniel. Con los siglos se estableció entre los hebreos la imagen de un profeta verdadero en contraposición a los profetas falsos: el profeta verdadero se distinguía por un desinterés absoluto, obediencia a Dios, el intrépido cumplimiento de su deber, humildad profunda y amor hacia los hombres, severidad hacia si mismos y pureza de sus vidas.

 

El libro de Josué.

Los libros de Moisés (Exodo, Números y Deuteronomio) terminan su narración con el final de la deambulación hebrea de 40 años por el desierto de la península de Sinaí. En este desierto, el pueblo judío se renovó y fortaleció espiritualmente en la fe en Dios. Le llego el tiempo a los hebreos de heredar la tierra prometida por Dios, a sus antepasados piadosos — Abraham, Isaac y Jacobo. El libro de Josué relata como los hebreos bajo la conducción de Josué, el alumno del profeta Moisés, conquistaron la Tierra Prometida. Hasta aquel tiempo poblaban esta tierra los cananeos, descendientes de Can, por lo cual su tierra se llamaba Canaán.

En el libro de Josué se manifiesta vivamente la permanente ayuda Divina al pueblo hebreo en su conquista de la Tierra Prometida. Esta ayuda se revelaba por verdaderos milagros, por ejemplo, cuando en el mismo comienzo de la conquista, ante el cruce inminente del Río Jordán, las aguas se dividieron y los hebreos pudieron cruzar por el lecho seco (3er capitulo); luego durante la conquista de la ciudad Cananea, fronteriza del Jericó, después de rodear los hebreos la ciudad, el sonido de las trompetas sagradas hizo caer los muros de la ciudad (cap. 6). A propósito, en el lugar del Jericó antiguo, se efectúan actualmente interesantes excavaciones arqueológicas que clarifican antiguos hechos históricos, descriptos en el libro de Josué. La ayuda de Dios en la conquista de la tierra de Canaán se manifestó al detener el sol, durante la batalla de Gabaón (cap. 10).

Luego de la conquista, la Tierra Prometida se dividió entre las 12 tribus hebreas. La tribu de Judá pobló la parte del sur de esta tierra. Solamente la tribu de Leví no recibió su parcela de tierra, ya que los descendientes de Leví tenían que ejercer las obligaciones sacerdotales para los habitantes de todo el país. En cambio, los levitas obtuvieron la posesión de algunas ciudades, esparcidas en distintos lugares de la Tierra Prometida.

La figura central de esta historia es Josué, designado por el Señor como sucesor de Moisés para introducir a su pueblo en la tierra prometida. El nombre de Josué significa "el Señor salva." Los judíos de lengua griega transforman este nombre en Jesús, "el Salvador." La tradición cristiana verá a Josué como un tipo de Jesús. Ambos, aunque en maneras diferentes, han salvado al pueblo de Dios, introduciéndole en la tierra de la promesa.

Después de la muerte de Josué, en la vida del pueblo hebreo empieza el periodo de los llamados "Jueces." Con este nombre se designa a los líderes-gobernadores, a los que Dios tomaba entre los hebreos, para salvar a este pueblo de los vecinos opresores. El periodo de 400 años, durante el cual los hebreos vivían en tribus, no teniendo gobernadores estables, está descripto en el libro de los "Jueces."

El libro de los Jueces.

Este libro contiene la historia del pueblo elegido a partir de la muerte de Josué hasta el juez Sansón (1425-1150 a.C.). Estableciéndose en la tierra de los cananeos, los hebreos comenzaron a acercarse a ellos, confraternizando y adoptando la idolatría y las abominables costumbres paganas. Dios castigaba a los hebreos por estos pecados paganos. Permitía a las tribus ajenas, vecinas — amonitas, filisteos, moabitas y otros — esclavizar y oprimir a los hebreos. Angustiados por la opresión de los enemigos, los israelitas se arrepentían y volvían a Dios. Entonces El, caritativo, les mandaba a los hebreos a sus elegidos en la persona de los "jueces." Los jueces organizaban un ejército y con la ayuda de Dios expulsaban a los opresores. Dentro de un tiempo determinado los israelitas se olvidaban de Dios, empezaban a servir a los ídolos y a pecar, y otra vez caían bajo el yugo extranjero. Entonces se arrepentían nuevamente, y de nuevo Dios les enviaba al juez libertador. De este modo Israel sucumbía bajo el yugo extranjero y seis veces Dios los liberó por intermedio de los jueces.

En el libro de los jueces se revela claramente el hecho cuando se desiste de la ley de Dios, viene la esclavitud y después el arrepentimiento — liberación. Con esto, la ayuda de Dios llega de una manera milagrosa: aquí la cantidad de guerreros, armas y otras ventajas militares no tienen significado para el término de los sucesos. La actividad del juez Gedeón claramente pinta esta realidad. El, con 300 guerreros batió a un ejercito madianita y derrocó su pesado yugo (cap. 6-7). Es también extraordinaria la vida de Sansón. Recibiendo de Dios una fuerza física singular, reiteradamente causó considerables derrotas a los filisteos, los que aquel tiempo oprimían a los hebreos (cap. 13-16). Su vida llena de aventuras, el casamiento con la pérfida Dalila y la heroica muerte en el cautiverio sirvió como tema para una opera y películas.

 

El libro de Samuel y de los Reyes.

Los libros siguientes de la Biblia, llamados Libros de Samuel, de los Reyes y Crónicas, narran los acontecimientos monárquicos en la vida del pueblo hebreo. Después de Sansón, el juez fue el profeta Samuel. En su tiempo, las tribus israelitas decidieron unirse en un estado bajo el cetro del rey. Samuel ungió a Saúl rey sobre Israel. Después de Saúl primero reinó David y después su hijo Salomón. En tiempos del hijo de Salomón, Roboám, el único se dividió en dos: judío en el sur e israelita en el norte de la Tierra Santa. Los libros de los reinos describen el período de 500 años: del nacimiento de Samuel (1100 a. C), hasta la liberación del rey Econias de la prisión (en 567 a.C.).

En la Biblia hebrea, el Libro de los Reinos está dividido en dos partes bajo el nombre "Libro de Samuel" y "Libro de los Reyes." En la Biblia de los 70 intérpretes (traducción griega) y en la Biblia Rusa, el libro de Samuel está dividido en dos partes: "1" y "2" Libro de los Reinos. El segundo libro de la Biblia hebrea —Libro de los Reyes, también está dividido en dos partes: "3" y "4" Libro de los Reinos. El profeta Samuel escribió la 1ra parte del 1er Libro de los Reinos, y los profetas Natán y Gad escribieron el final del mismo e íntegramente el 2do. El 3er y 4to libro fue escrito por varios profetas.

Los libros de Crónicas parcialmente repiten y completan los libros de Reinos. En la Biblia hebrea ellas componen un sólo libro ("Anales"). Los setenta los llamaron Paralipomenon (de lo omitido) o Crónicas y lo dividieron en dos libros. Los hechos más importantes en los libros de Reinos son los siguientes:

El primer libro de Samuel. El comienzo narra el nacimiento de Samuel. Ana, devota pero estéril, suplicando a Dios, obtuvo un hijo, lo llamó Samuel, y según la promesa hecha, lo consagró a servir a Dios al lado del sumo sacerdote Elías. El canto de loas de Ana por la ocasión del nacimiento del hijo (cap. 2) formó la base de algunos cánticos (irmoses) que se ejecutan en las vísperas. En la vida del profeta Samuel (cap. 1-4) hay mucho de interesante e instructivo. Por ejemplo acerca de la importancia de la educación de los hijos (ya que el linaje del bueno pero débil de carácter sumo sacerdote Elías, había sido rechazado por Dios por las arbitrariedades de sus hijos). Cuando Samuel envejeció, depuso su grado de juez y ungió a Saúl de la tribu de Benjamín como rey (cap.5-12). Mas adelante el libro narra sobre el reinado de Saúl. Al principio Saúl obedecía a Dios, pero luego se enorgulleció y menospreció la voluntad de Dios. Por esta razón, por la indicación de Dios, Samuel ungió a David, adolescente de Belén de la tribu de Judá, como rey sobre Israel (13-16). En aquel tiempo comenzó la guerra de los hebreos con los filisteos, y el adolescente David con la ayuda de Dios, venció al gigante filisteo Goliat (cap. 17). La derrota de Goliat trajo a los hebreos la victoria sobre los filisteos y gloria a David, lo que a su vez despertó la envidia de Saúl. Después de esto, hasta el fin de sus días, Saúl persiguió a David, tratando de asesinarlo (18-24). El libro de los Reinos termina con visita de Saúl a la hechicera de Endor, desventurada guerra contra los filisteos y la muerte de Saúl (25-31). David ha grabado en sus salmos inmortales, sus desventuras por la injusta persecución.

El segundo libro de Samuel narra el reinado de David de 4 décadas. Los primeros años fueron exitosos, porque Dios le ayudaba en todo. David les quitó a los Jebuseos su fuerte Jerusalén haciéndolo su capital. Aquí transportó el Arca del Testamento, y quiso edificar el Templo verdadero en lugar de la tienda-templo. Pero Dios le comunicó a través del profeta, que el Templo lo edificara su hijo (cap. 1-10). La Segunda mitad del reino de David se ensombreció con la caída en pecado con la casada Betsabé y por las siguientes conmociones familiares y estatales. Mucha tristeza le trajo a David la rebelión de su hijo Absalón y la guerra desencadenada (cap. 11-24). David lloró amargamente su pecado de adulterio en el salmo 51 de arrepentimiento.

Para un cristiano hay en la vida del rey David mucha enseñanza: su profunda fe en Dios y esperanza en su ayuda, compasión con los débiles y oprimidos, la capacidad de ver sus propios defectos y enmendarlos. Los apóstoles hablan de David con gran respeto. Los santos padres en sus enseñanzas citaban con frecuencia ejemplos de la vida del rey David. Sus inspirados salmos son un monumento inmortal de la poesía religiosa y formaron la base del oficio divino. En el 2do libro de los Reinos hay una profecía sobre el reino eterno del Mesías- Cristo. Esta profecía esta dada a David a través del profeta Natán (2 Rey. 7:12-16, comp. Mt. 22:42 y Lc. 1:32-33).

1-er libro de los Reyes describe el reino de Salomón, a quien Dios por su fe y modestia, dotó de gran sabiduría. Salomón edificó en Jerusalén el templo, que por su riqueza y belleza superaba a todos los palacios y templos paganos contemporáneos. En tiempos de Salomón, Israel alcanzó el apogeo de su bienestar y fama (cap. 1-11). Por otra parte, los altos impuestos y los trabajos de construcción pasados, resultaron ser una carga pesada para el pueblo y provocaron su descontento. Su fama de regente sabio, la ha oscurecido Salomón con su poligamia y cantidad de templos paganos, cercanos a Jerusalén. El descontento con Salomón llevó a que después de su muerte, bajo su hijo, Roboam (cap. 12), el Reino de Israel se dividió en dos: Judá, con reyes de casa de la David en Jerusalén, e Israelita, con reyes de distintas dinastías con la ciudad capital Samaría (980 a.C.). Después de Roboam, el 1er y 2do libros narran paralelamente los acontecimientos en los reinos de Judea e Israel: los hechos de los reyes, de las hazañas de los profetas, guerras, y estado religioso de estos reinos.

Los reyes de Israel, temiendo que sus súbditos al frecuentar el templo de Jerusalén, quisieran volver bajo el cetro del rey de Judea, comenzaron a edificar en distintas partes de Israel, templos paganos y persuadir al pueblo, que adoraran a los ídolos. Su política favoreció la apostasía de Dios del pueblo de Israel. En este tiempo decadente para la religión, Dios envió a Israel a varios profetas extraordinarios, que detuvieron el proceso de decadencia espiritual. Entre estos mensajeros de Dios se destacan especialmente los profetas Elías y su discípulo Eliseo.

El profeta Elías ha sido (900 a.C). uno de los más fogosos luchadores por la devoción y la fe verdadera (cap. 17-21). Afligiéndose por la perdición espiritual de su pueblo, Elías ha sido categórico y severo en el castigo de la arbitrariedad. Elías fue convocado por Dios para el servicio profético en el tiempo del impío rey Acab. La sanguinaria esposa de Acab, hija del sacerdote de Sidón, Jezabel, mató a muchos profetas israelitas y llenó a Israel con sacerdotes de Baal. Para hacer comprender a Acab y al pueblo de Israel, Elías afligió la tierra con una sequía de tres años. El mismo se escondió cerca del riachuelo Querit, donde un cuervo le traía el alimento. Cuando se secó el riachuelo, el profeta se mudó a lo de la viuda Sarepta, donde, por la oración del profeta, en los recipientes no mermó la harina ni el aceite de la viuda. Cuando murió el único hijo de la viuda, Elías con el rezo lo resucitó de los muertos. Al final del tercer año de la sequía, Elías reunió en el monte Carmelo al rey, sacerdotes paganos y al pueblo israelita. Aquí, por la plegaria de Elías, el fuego en la forma de rayó cayó del cielo y quemó ante los ojos de todos la ofrenda, hecha por Elías y todos a su derredor. Viendo este milagro fulminante, el pueblo creyó en Dios y ahí mismo se arrepintió con lágrimas de su idolatría. Los sacerdotes de Baal fueron capturados y aniquilados; después de esto, comenzó a llover y se acabó el hambre.

Por su vida santa y ardiente amor a Dios, el profeta Elías fue ascendido vivo al cielo, sobre un carro ardiente. Con este suceso comienza el 2 libro de los Reinos.

El profeta Eli