Biblia

Comentada.

II. Libros Históricos

del Antiguo Testamento.

Por Luis Arnaldich, O. F. M.

PARA USOS INTERNOS Y DIDACTICOS SOLAMENTE

ADAPTACION PEDAGOGICA: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.

 

 

 

Contenido:

José.

Introducción. 1. Conquista de la Tierra Prometida (1-12). Sujeción de los Cananeos (9-12). 2. Distribución de la Tierra de Canaán (c.13-22). Segunda Distribución en Silo (c.18-19).

Apéndices.

Jueces.

Introducción. 1. Introducción Histórica (1:1-2:5). Parte 2. Historia Anecdótica. Campaña de Gedeón en Palestina (7:1; 8:4). Campaña de Gedeón en Transjordania (8:5-28). Corto Reinado de Abimeleg (c.9). Judicatura de Jefté (10:6; 12:7).

Jueces menores.

Historia de Sansón (c.13-16). 3. Apéndices. I. Origen del Santuario de Dan. 2. La Guerra contra Benjamín (c.19-21).

Rut.

Introduccion.

Samuel.

Introducción.

I Samuel.

1. Samuel, Juez de Israel (1:1-7, 27). 2. Institución de la Monarquía (c.8-10). 3. Saúl y David (c.16-31).

II Samuel.

1. David en Hebron (c.1-4). 2. David, Rey de Juda y de Israel (c.5-20). Apéndices (c.21-24). Los Héroes de David (23:8-39).

Reyes.

Introducción. Reyes Historia del Reinado de Salomón (c.1-11). Construcción del templo de Jerusalén. Dedicación del Templo.3 Segunda Parte. Historia Sincrónica de los Reyes hasta Ajab y Josafat (c.12-22). El ciclo de Elías (17:1-2 Re).

I Reyes.

1. Historia Sincrónica de los Reyes (c.1-17). 2. Reyes de Juda Hasta el Cautiverio de Babilonia (c. 18-25).

Crónicas.

Introducción.

I. Crónicas.

1. Genealogías de Todo Israel. (c.1-9). De Adán a Israel (1:1-2:2). 2. Historia de David (c.10-29).

I Crónicas.

1. Historia del Reinado de Salomón (c.1-9). 2. Historia de los Reyes de Juda (c. 10-36).

Esdras-Nehemias.

Introducción.

Esdras.

1. La Vuelta de los Primeros Cautivos (C.1-6). De Rey Vasallo a Monarca Soberano. 2. Reformas de Esdras (c.7-10).

Nehemías.

Τοbit.

Introducción.

Judit.

Introducción.

1. Antecedentes del Asedio de Betuli (c.1-7). 2. Yahve Triunfa Sobre Nabucodonosor (c.7-16).

Ester.

Macabeos.

Introducción.

I Macabeos.

II Mácabeos.

Abreviaturas.

 

 

José.

Introducción.

Título.

En el texto masorético lleva el título de Yehoshua, que la versión de los LXX conserva, adoptando, sin embargo, la forma nominal más reciente de Yesua (Neh 8:17). San Jerónimo reproduce el encabezamiento hebraico y griego del libro al escribir: "Josué Bennun, id est lesus Nave."

En el canon judío el libro de Josué ocupa el primer lugar entre los de la segunda clase, llamada "Profetas anteriores," e inicia en el canon eclesiástico la serie de los libros históricos del Antiguo Testamento. Este lugar destacado en el canon se ha mantenido constantemente a través de los siglos y en todos los manuscritos por razón del prestigio que alcanzó Josué entre los hebreos por estar íntimamente unido a Moisés, del cual fue asiduo colaborador y fiel ministro (mesharet) envida (Ex 17:8-16; 24:13; 33:11; Núm 14:30-38) e inmediato sucesor suyo al morir sobre el monte Nebo, en los umbrales de la tierra prometida.

Argumento y División.

El argumento desarrollado en el libro de Josué es claro y directo. Antes de morir transmite Moisés toda su autoridad a Josué (Núm 27:18-23), Que pasa a ser el caudillo indiscutible de Israel en la empresa de la conquista de la tierra prometida y de su distribución entre las doce tribus. Estaba lleno del espíritu de sabiduría, pues había puesto Moisés sus manos sobre él (Deut 34:9). Moisés le confió la misión de velar por la estricta observancia de la Ley, conducir al pueblo en la conquista de Canaán y distribuir su territorio entre las tribus.

El libro se divide en dos grandes partes: conquista de la tierra de Canaán (c.1-12) y distribución de la misma entre las tribus (c. 13-21). Siguen al final del libro (c.22-24) algunos apéndices.

Texto.

El libro de Josué fue escrito originariamente en hebreo. Al cotejar el texto hebraico con el texto griego de los LXX se encuentran diferencias sensibles. De ahí que haya surgido entre los críticos cierta discrepancia tocante a la valoración de ambos textos. Unos se declaran abiertamente en favor del texto griego (Humme-lauer, Clamer, Schulz), otros por el hebraico (Noth, Dillmann, Cales). La posición más aceptable es la de aquellos que rehuyen los apasionamientos y proceden en cada caso de un modo ecléctico, de conformidad con las reglas de crítica textual, interna y externa. El texto griego está muy lejos de presentarse uniforme, y las variantes se acentúan a propósito de los nombres geográficos. Es tanta a veces la diferencia entre los diversos códices que A. Rahlfs2 ha publicado en un cuadro sinóptico los capítulos 15 y 19 de los códices B, A. Algunos críticos han contribuido eficazmente a dilucidar los problemas que ofrece el texto griego de Josué3. Después de los estudios de Margolis, los autores más recientes se inclinan por el texto masorético.

Autor.

El título del libro y el texto de Eccli 46:1 "Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés en la dignidad profética" dieron ocasión de atribuir a Josué el libro que lleva su nombre. Sin embargo, el título se refiere al contenido del mismo, no a su autor. El mencionado texto de Eccli 46:1 dice solamente que Josué sucedió a Moisés en la misión profética (Ex 24:13; 33:11; Núm 11:28; Jos 1:1). Una antigua tradición talmúdica (Baba Bathra 140), según la cual "Josué escribió su libro y los últimos ocho versos de la Ley," tuvo poco eco en la tradición cristiana primitiva, rechazándola Teodoreto 4, el seudo Atanasio5, y San Jerónimo6. La sentencia de que Josué escribió su libro es rechazada unánimemente por los autores modernos, y los argumentos aducidos en su favor carecen de sólido fundamento 7.

A falta de argumentos externos que decidan la cuestión de autor, vale la pena recurrir a argumentos de índole interna. Del examen del libro aparece que en su redacción actual se refieren hechos sucedidos después de la muerte de Josué (15:13-19; 19:47; 13:30). La observación de 4:14: Y éstos (los israelitas) le respetaron como habían respetado a Moisés todos los días de su vida, y la frase tantas veces repetida: hasta el día de hoy, sugieren que hubo un intervalo de tiempo entre los hechos que se refieren y su redacción por escrito. Decisivo es el siguiente testimonio de 24:31: Israel sirvió a Yahvé durante toda la vida de Josué y durante toda la vida de los ancianos que le sobrevivieron y conocían cuanto había hecho Yahvé en favor de Israel.

Cada pueblo conserva tenazmente los hechos más salientes de su historia nacional, que se recuerdan y comentan con orgullo. Aparte de la inspiración de los poetas y profetas, que los exaltan y revisten con detalles pintorescos, existe la consignación desapasionada de los mismos encaminada a servir de lección y estímulo para las generaciones posteriores. No puede determinarse el tiempo preciso en que las tradiciones orales se fijaron por escrito. Algunos quieren que parte del libro fue escrita antes de Salomón (16:10, comparado con 1 Re 9:16) y aun antes de David (15:63, comparado con 2 Sam 5:6-8).

En el exilio, Israel se reconcentró en sí mismo y reflexionó acerca de las causas que lo motivaron. Un examen filosófico-teológico de la historia demostraría a Israel que era él mismo el que se había ganado su ruina a causa de su infidelidad al Pacto de la alianza. El libro de Josué es un capítulo de esta historia, en la cual se prueba que Dios cumplió todas sus promesas hechas a los patriarcas (Gen 12:7) de dar a su descendencia la tierra de Canaán, venciendo a todos los pueblos que en ella habitaban (24:18). Para el autor sagrado, la conquista de Canaán por los israelitas no es un acontecimiento profano, sino teológico.

La Fecha del Éxodo.

Dos son las sentencias sobre esta cuestión: i) unos colocan el Éxodo en tiempos de Amenofis II (c.1450-1425); 2) otros en el reinado de Mernefta (1234-1224). Los argumentos que aportan los patrocinadores de la primera sentencia se basan en la cronología bíblica (1 Re 6:1), en los resultados arqueológicos de las excavaciones practicadas en Jericó y Hai, en la presencia de los Khapiru en la carta de Abdikhiba a Amenofis III y en la mención de Israel en la estela de Mernefta. Pero todos estos argumentos no tienen valor, según ha demostrado Drioton 11.

La historia de Moisés y del Éxodo debe colocarse en un tiempo en que los faraones residían en la zona del Delta, donde llevaron a cabo grandes construcciones. Ahora bien, estas circunstancias solamente se dieron en tiempos de la 19 dinastía. La ciudad donde trabajaban los hebreos llamábase Ramsés (Gen 47:11; Ex 1:11), del ríombre del faraón Ramsés II (1298-1232), ciudad que estuvo emplazada o bien en Tanis, como quiere M. Montet, o en Qantir, a 25 kilómetros al sur de Tanis. El resultado de las excavaciones arqueológicas de Montet son favorables completamente a la fecha del Éxodo bajo el Ramsés que creó la ciudad que lleva su nombre 12.

Un argumento decisivo se encuentra en el panorama político de Siria y Palestina desde 1500-1200. Únicamente en un período de debilidad política y militar de Egipto pudo producirse la conquista de Canaán por Josué. Ahora bien, esta decadencia egipcia se acentuó al fin de la XIX dinastía y se mantuvo bajo la XX, coincidiendo con la ruina del imperio hitita. Ni Josué ni los Jueces fueron nunca molestados por los faraones de Egipto, replegados en su territorio, lo que no sucedía en tiempos de Tell el-Amarna. Además, los reinos de Moab y Edom, que encontraron los israelitas en su viaje a Palestina, se fundaron en el siglo XIII. Terminamos diciendo que la entrada en Canaán se produjo en un momento en que Egipto, dividido interiormente, perdió su influencia sobre Palestina. Este momento fue o durante los últimos años de Mernefta o durante el reinado de Ramsés III (1 198-1166)13.

Los israelitas salieron de Egipto camino de Palestina. Intentaron penetrar en el territorio por la región de Cades, pero los rechazaron los cananeos de Tell Arad (Núm 14:45; 21:1). Algunos grupos de calebitas y quenitas penetraron por el sur directamente 14. No está fuera de lugar suponer, dicen Lemaire-Baldi, que los motivos que aconsejaron a los israelitas renunciar a su plan primitivo de penetrar en Palestina por el sur se basaban en la acción de Mernefta y Ramsés III en Palestina, ocupados en atajar la marcha de "los pueblos del mar" hacia Egipto. Al entrar los israelitas en Palestina, el territorio estaba habitado por varios pueblos y razas. Quedaban restos de los antiguos cananeos, amorreos, jebuseos, fereceos. En cuanto a los hititas, bajo la presión de Salmanasar I (c. 1266-1236) caminaban hacia su ruina. Después de la muerte de su rey Hattusil perdieron todo el territorio de Mitanni y poco después las regiones del alto y medio Eufrates. En Palestina quedaron algunos islotes de hititas; los de Gabaón y otras tres ciudades inventaron una estratagema para evitar el ataque militar de Josué y de su ejército.

La conquista fue lenta y duró muchos años. En la llanura fueron inferiores a sus enemigos, equipados con carros de combate tirados por caballos; en las montañas, y al amparo de los bosques, se creían más fuertes y seguros. Si la campaña no fue tan brillante como da a entender una lectura superficial del libro de Josué; si muchas ciudades resistieron a su empuje, más que a su inferioridad técnica debe achacarse a la infidelidad del pueblo para con Dios. Ahí debe buscarse la raíz más honda de los fracasos de que se habla en el libro de los Jueces (c.1). Yahvé es ciertamente un Dios poderoso, es Yahvé Sebaot (Sal 24:8-10), que combatía por Israel (Jos 10:14); pero su intervención efectiva en la campaña era mayor o menor según la conducta del pueblo para con El.

Ambiente Cultural y Religioso.

Los exploradores enviados por Josué a la tierra prometida quedaron atónitos al contemplar sus riquezas naturales, el grado de cultura y la altura de sus habitantes (Núm 13:28-34). A estas riquezas naturales se juntaba un grado de cultura muy desarrollado, que se manifestaba en la construcción de las ciudades "grandes y amuralladas." El fondo de esta cultura era cananea, hitita, con influencia egipcia y egea. Palestina ocupaba un punto neurálgico en la confluencia de tres continentes y era lugar obligado de tránsito de los mercaderes egipcios y de los otros pueblos del Próximo Oriente. Las modernas excavaciones han puesto al descubierto la civilización de Canaán en tiempos de la conquista, desenterrando plazas fuertes con magníficos servicios hidráulicos para resistir largo tiempo en caso de sitio; ricos santuarios, cerámica trabajada al torno y decorada, así como objetos y utensilios caseros que deslumbraban al pueblo israelita proveniente del desierto (c.7).

La religión cananea contrastaba fuertemente con la severidad del culto yahvístico. Baal y Astarté eran las divinidades máximas del panteón cananeo. En los santuarios construidos en lugares altos (bamoth) o entre la frondosidad de los bosques había altares para el sacrificio y emblemas masculinos y femeninos que simbolizaban la presencia de la divinidad. El culto iba acompañado con orgías, danzas frenéticas, incisiones, sacrificios humanos y prácticas obscenas. A pesar de las exhortaciones de Josué, no pudo evitarse completamente que el culto cananeo fascinara a los israelitas,y se convirtiera en fuente de desventuras para el pueblo escogido15.

Género Literario-Histórico del Libro.

No es el libro de Josué una historia científica escrita de conformidad con las reglas de la historiografía moderna, sino una colección de datos que el autor sagrado, bajo el influjo de la divina inspiración, ha recogido y seleccionado con el fin de poner de relieve el profundo significado religioso de la fidelidad de Dios en cumplir su promesa de entregar la tierra de Canaán a su pueblo escogido. El autor no sacrifica la historia de los hechos a su tesis, sino que basa ésta sobre la veracidad de aquéllos. Todo el libro, incluso las áridas y frías listas de nombres geográficos, deben considerarse desde el punto de vista religioso.

Yahvé, que tan severo se muestra frente a los pueblos paganos de Palestina, se reviste de entrañas de misericordia para con Israel. Dios habla a Moisés y le dicta el modo como debe comportarse en los trances difíciles. Símbolo de su presencia en medio de su pueblo es el arca de la alianza. Otro concepto religioso que se desenvuelve en el libro es la santidad de Dios, que reclama adoradores santos, puros, prontos a poner en práctica todo cuanto prescribe la Ley, fuente de prosperidad y bienestar (1:7-9; c.22), mientras que su inobservancia acarrea desórdenes y calamidades.

Los Santos Padres han visto en la lucha por la conquista de la tierra prometida una figura del combate para la conquista del reino de los cielos. También ven ellos en Josué una figura de Cristo. Así como Josué destruyó a los enemigos de Yahvé e introdujo a su pueblo en la tierra prometida, de la misma manera, Jesucristo, después de librarnos del yugo del pecado, nos introduce en el reino de los cielos (Baldi).

1 M. Lambert, Les premiers et les derniers prophétes: "Revue des Etudes Juives," 66 (1913) 136-138.

2 Septuaginta (Stuttgart 1935).

3 Véanse A. Margolis, Specimen of a new Edition of the Greek Yeshua: "Jewish Studies in memory of Israel Abrahams. The Álexander Kohut Memorial Foundation" (New York 1927) 307-323; Ídem, The Book of Joshua in Greek (New York 1931-1938; incompleto, ed. crítica del texto de Josué 0.1-19.31); Ídem, Corrections in the Apparatus of the Book of Joshua in Cambridge Septuagint: "Journal of Biblical Literature," 49 (1930) 234-264; O. Pretzl, Die griechischen Handschriftengruppen im Buche Josué untersucht nach ihrer Eigenart una ihrem Verhditnis zueinander B 9 (1928) 377-427-; Ídem, Der hexaplarische und tetraplarische Sep-tuagintatext des Orígenes in den Büchern Josué und Richter: "Byzantinische Zeitschrift," 30 (1929-1930) 262-268. Para un estudio comparativo entre el texto hebraico y griego, véanse: S. Holmes, Joshua. The Hebrew and Greek text (Cambridge 1914); ch. D. Benjamín, The variations between the Hebrew and Greek text of Joshua c.i-9 (Philadelphia 1921). Después de los estudios de Margolis, los autores más recientes se inclinan por el texto masorético.

4 Quaest. in los. 14: PG 80,473.

5 Synopsis 10: PG 28,309.

6 Epist. 53: PL 22:546.

7 H. Hopfl-Miller-Metzinger, Introductio specialis in Vctus Testamentum (Roma 1946) 124-125; B. Mariani, Introductio in libros sacros Veteris Testamenti (Roma 1958) 123-124.

8 M.-J. Lagrange, Le livre des Juges (París 1903) 26.

9 Das Sysíem der Zwolf Stamme Israels (Stuttgart 1930); Studien zu den historisch-geographischen Dokumenten des Josuabuches: "Zeitschrift des deutschen Palástina Vereins," 58 (i935) 185-255; Das Buch Josua (Tübingen 1938),

10 R. De Vaux: RB 47 d938) 462-463-

11 E. Drioton, La date de l'Exode: "Revue d'Histoire et de Philosophie religieuse," 35 (1955) 36-49.

12 P. Montet, Les nouvelles fouilles de Tanis (1929-1932; París 1933); Ídem, Le árame de Aavaris (París 1940); B. Couroyer, La résidence ramesside de Delta et la Ramsés biblique: RB 53 (1946) 75-98.

13 Véase R. De Vaux, La Palestine et la Transjordanie au LTe millénaire et les origines israélites: Zaw 38 (1938) 225-237; W. F. Albright, The Israelite conquest of Canaán in the Light of Archeology: Basor 74 (1939) 11-23; E. Drioton, La date de l'Exode l.c.; H. Cazelles, Données géographiques sur l'Exode: Rhphr 35 (i955^ 51-58; Ídem, Les locali-sations de l'Exode et la critique littéraire: RB 62 (1955) 321-364: Lemaire-Éaldi, l.c.

14 Jue 1:16-17, comparado con Núm 21:3; Jue 1:9-15, comparado con Jos 15:13-19. (Véase Delorme, 399.)

15 H, Vincent, Canaán d'aprés l'exploration récente (París 1907) 152-205.

 

1. Conquista de la Tierra Prometida (1-12).

Josué, Caudillo de Israel (1:1-9).

1Después de la muerte de Moisés, siervo de Yahvé, habló Yahvé a Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: 2"Moisés, mi siervo, ha muerto. Álzate ya, pues, y pasa ese Jordán, tú y tu pueblo, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel. 3Cuantos lugares pise la planta de vuestros pies, os los doy, como prometí a Moisés. 4Desde el desierto hasta el Líbano y el río grande, el Eufrates, y hasta el mar grande, a occidente, será vuestro territorio. 5Nadie podrá resistir ante ti por todos los días de tu vida; yo seré contigo como fui con Moisés; no te dejaré ni te abandonaré. 6 Esfuérzate y ten ánimo, porque tú has de introducir a este pueblo a posesionarse de la tierra que a sus padres juré darles. 7Esfuérzate, pues, y ten gran valor para cumplir cuidadosamente cuanto Moisés, mi siervo, te ha prescrito. No te apartes ni a la derecha ni a la izquierda, para que triunfes en todas tus empresas. 8Que ese libro de la Ley no se aparte nunca de tu boca; tenlo presente día y noche, para procurar hacer cuanto en él está escrito, y así prosperarás en todos tus caminos y tendrás buen suceso. 9¿No te mando yo? Esfuérzate, pues, y ten valor; nada te asuste, nada temas, porque Yahvé, tu Dios, irá contigo adondequiera que tú vayas."

Desde la cumbre del monte Nebo (Deut 3:17-27; 4:49), Moisés contempla ante sus ojos la tierra de promisión. A tu descendencia se la daré, le dice Dios; te la hago ver con tus ojos, pero no entrarás en ella. Moisés, el siervo de Dios, murió allí, en la tierra de Moab, conforme a la voluntad de Yahvé (Deut 34:4-5). Su muerte dejaba un vacío que debía llenarse para que la muchedumbre de Yahvé no fuera como un rebaño de ovejas sin pastor (Núm 27:18). Por voluntad divina fue elegido Josué, hombre sobre quien residía el espíritu (Núm 27-18), y sobre el cual había Moisés impuesto sus manos en señal de que le retransmitía el liderazgo del pueblo (Núm 27:15-23; Deut 34:9). Desde su juventud había sido colaborador íntimo de Moisés (Ex 34:11; Núm 11:28), quien le cambió el nombre de Oseas por el de Josué = salud de Yahvé (Núm 13:17), nombrándole su lugarteniente en las empresas bélicas (Ex 17:9).

La misión confiada a Josué era ardua y peligrosa, por estar ocupado el territorio por pueblos de raza mixta que se habían establecido desde hacía tiempo en el país. Todos ellos gozaban de un grado de civilización y técnica superiores a las de los hebreos. Los exploradores que en otros tiempos habían recorrido la tierra pudieron comprobar que el territorio que iban a expugnar estaba habitado por pueblos fuertes, con ciudades muy grandes y amuralladas (Núm 13:29) y con guarniciones bien provistas de armas y carros de combate. En cambio, el pueblo de Israel, que sólo disponía de armas rudimentarias, experto en la técnica de las guerrillas, de la razzia y golpes de mano, era humanamente incapaz de medir sus fuerzas con un enemigo aguerrido y atrincherado detrás de las murallas de sus ciudades. Para el autor sagrado, la toma de Canaán no es un suceso profano, sino un acontecimiento teológico.

Se señalan los límites ideales de la Tierra Prometida, que se trazan conforme a Deut 11:24-25. El Líbano se encuentra al norte (Deut 1:7; 3:25); el gran río es el Eufrates (Gen 15:19). Como límite occidental se señala el mar Mediterráneo, lugar donde se pone el sol (Deut 11:24). Estos límites fueron un ideal, nunca una realidad concreta. Creen algunos que la mención aquí y en otros lugares (Gen 15:18) del río Eufrates débese a una glosa interpretativa fundada en la universalidad del reino mesiánico, según posteriores profecías.

Josué será el instrumento de que se valdrá Dios para cumplir la promesa hecha anteriormente a los patriarcas (Gen 15:18) y a Moisés (Deut 1:7) de introducir a su pueblo escogido en la tierra que mana leche y miel. Para salir airoso de la misión debe cumplir escrupulosamente todo cuanto le mandó Moisés sobre la manera de comportarse con los enemigos del pueblo israelita (Deut 2:15). Si guarda fidelidad a la Torah o Ley (Deut 1:5; 4:8; 5:29), meditándola (Sal 1:2; Deut 17:18-19), Dios estará con él, no le abandonará; porque Yahvé es Dios arriba en los cielos y abajo sobre la tierra.

Primeras Medidas (1:10-11).

10Dio, pues, Josué a los oficiales del pueblo esta orden: 11"Recorred el campamento y dad esta orden al pueblo: Preparaos y proveeos, porque dentro de tres días pasaréis ese Jordán para ir a ocupar la tierra que Yahvé, vuestro Dios, os da en posesión."

A pesar de contar Josué con el auxilio de Dios, toma las precauciones humanas necesarias para asegurar el éxito de la misión que le había sido confiada. Llama a los escribas (soferim), u oficiales encargados de ejecutar las órdenes del jefe (Deut 20:5-9; 29:9), y les encarga retransmitan al pueblo la orden de que estén preparados todos y se provean de víveres, porque dentro de tres días pasarían el Jordán. Quizá, atendiendo a lo que se dice en 3:2, esta frase equivalía a decir: dentro de tres días partiréis para la empresa de pasar el río Jordán. Es lógico que el pueblo hiciera acopio de provisiones, porque, además del maná, que seguiría cayendo regularmente todas las mañanas hasta que entrara en Palestina (5:10-12), consumía otros manjares, que sacaba de la tierra o compraba con su dinero (Deut 2:6-28).

Llamamiento a la Solidaridad entre las Tribus (1:12-18).

12A los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manases les dijo: 13"Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé, diciéndoos: Yahvé, vuestro Dios, os ha concedido el reposo, dándoos esta tierra. 14Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os dio de este lado del Jordán; pero vosotros, armados, iréis delante de vuestros hermanos, todos vuestros hombres fuertes y valientes, y los auxiliaréis, 15hasta que Yahvé haya dado a vuestros hermanos el reposo, como a vosotros, tomando también ellos posesión de la tierra que Yahvé, vuestro Dios, les da. Después volveréis a la tierra que Moisés, siervo de Yahvé, os dio al lado de acá del Jordán, a oriente." 16Ellos respondieron a Josué, diciendo: "Cuanto nos mandas lo haremos, y adondequiera que nos envíes iremos. 17Como en todo obedecimos a Moisés, así te obedeceremos a ti. Que quiera Yahvé, tu Dios, estar contigo, como estuvo con Moisés. 18Quien rebelándose contra tus órdenes te desobedezca, morirá. Esfuérzate y ten valor."

Las tribus de Rubén y Gad y media tribu de Manases habíanse establecido en la TransJordania (Deut 3:12-17; 29:7). Rubén ocupaba la parte meridional, desde el torrente Arnón, al sur, hasta el valle de Hesbán, al norte, que coincidía con el límite meridional de Gad, que llegaba hasta el torrente Yaboc. La media tribu de Manases habitaba las regiones de Galaad o del Ashlun. Conforme ha probado A. Bergmann, no hay dificultad en admitir que Manases se estableciera en Galaad ya en este tiempo1.

Las tribus transjordánicas mantuvieron su palabra ayudando a sus hermanos en la conquista de Canaán, poniéndose bajo las órdenes de Josué. En el verso 14 del texto original se lee la expresión: Al otro lado del Jordán, que corresponde a la perspectiva del que escribe, que se encontraba en Palestina propiamente dicha, o sea, en la Cisjordania. En boca de Josué, la indicación correcta era: de este lado del Jordán (Deut 1:1-5; 3:8). La misma observación vale para el verso 15.

Espías a Jericó (2:1).

1Josué, hijo de Nun, mandó en secreto dos espías desde Setim, diciéndoles: "Id a explorar la tierra y Jericó." Puestos en camino, llegaron los dos hombres a Jericó y entraron en la casa de una cortesana de nombre Rahab y pararon allí.

Los exploradores parten de Setim (Shittim — acacias), lugar que se identifica comúnmente con Abelsatim (Núm 33:49), a once kilómetros y medio al este del Jordán 9. Desde los contrafuertes de las montañas de Abarim pudieron los israelitas contemplar la extensa llanura, pero no precisar su configuración exacta. Importaba, además, tener noticias concretas sobre Jericó, de sus fortificaciones y de las posibilidades de expugnarla. Situada en la llanura del Ghor, a unos pocos kilómetros de la montaña de la Cuarentena o Qarantal, a veintiocho de Jerusalén, a diez clelmar Muerto y a ocho del río Jordán, estaba protegida por una muralla difícil de forzar. Jericó deriva de la palabra yareah, luna, llamada así porque en la antigüedad se rendía allí culto al dios Luna. En el curso de los siglos, la ciudad ha conocido tres emplazamientos distintos, muy próximos entre sí: la actual Jericó (Er-Riha), la del tiempo de Herodes y la Jericó cananea, que se alzaba en el lugar conocido por tell el-Sultán.

Rahab Acoge a los Espías (2:2-3).

2Al rey de Jericó le dieron noticia, diciendo: "Hombres de entre los hijos de Israel han llegado aquí durante la noche para explorar la tierra." 3El rey mandó decir a Rahab: "Saca a esos hombres que han venido a ti y han entrado en tu casa, porque han venido para explorar toda la tierra."

Los dos exploradores entraron en la ciudad y se hospedaron en casa de una cortesana (zonah, de zanah, fornicar) de nombre Rahab. Flavio Josefo supuso que Rahab era hostelera de profesión. Sin embargo, el texto y el contexto no permiten ningún eufemismo en este punto. Meretriz (pórne) la llama San Pablo (Hebr 11:31). Quiso Dios valerse de esta mujer para facilitar el ingreso de Israel en Canaán y, al mismo tiempo, regenerarla espiritualmente, incorporándola al pueblo escogido. Sus buenos servicios a Israel fueron muy elogiados posteriormente por los autores inspirados. Rahab, tipo de las naciones paganas que se convierten, merece figurar en la genealogía de Cristo (Mt 1:5). San Pablo alaba su fe (Hebr 11:31); Santiago afirma que sus obras la justificaron al recibir a los espías y enviarles por otro camino (Sant 2:25). La Iglesia primitiva la coloca en el grupo de los pecadores arrepentidos 3.

Alarma en la ciudad (2:4-7).

4 Ella tomo a los dos hombres y los escondió en el terrado, y dijo: "Cierto que han venido hombres a mí, pero yo no sabía de dónde eran, 5y cuando esta tarde se iban a cerrar las puertas, han salido y no sé adonde han ido; daos prisa a perseguirlos y de seguro los alcanzaréis." 6Pero ella los había subido al terrado y los había escondido debajo de tascos de lino que para ello dispuso en el terrado. 7Aquellos hombres fueron en su persecución por el camino que va a los vados del Jordán, y, una vez que salieron, se cerraron las puertas.

El rey de Jericó tuvo noticia de la llegada a la ciudad de dos espías israelitas que se habían hospedado en casa de Rahab. Los dos llamaron la atención, o bien por su indumentaria o por su manera de hablar. Rahab mantuvo un diálogo con los enviados del rey, a los que desorientó con sus mentiras. Un registro minucioso en su reducida casa hubiera sido de fatales consecuencias para los dos espías israelitas. Siendo muy reducido el perímetro de la ciudad, las casas se amontonaban unas sobre otras. Su interior constaba de una sala única, en la planta baja, acaso un piso y una azotea, en donde, en épocas de calor, solían sus moradores pasar la noche. La noticia de que los espías fueron escondidos debajo de tascos de lino dispuestos en la azotea para secarse al sol demuestra que la entrada de Israel en tierras de Palestina se efectuó a últimos de abril. En el calendario de Gezer4 se dice que la cosecha del lino en la región mediterránea tenía lugar en el mes séptimo (marzo-abril). En Jericó, situada a 250 metros bajo el nivel del mar, la cosecha era antes. Los exploradores llegaron a casa de Rahab a principios del mes séptimo.

Evasión de los espías (2:8-21).

8Antes de que los espías se acostasen, subió Rahab al terrado y les dijo: 9"Yo sé que Yahvé os ha entregado esta tierra; el terror de vuestro nombre se ha apoderado de nosotros, 10pues hemos sabido cómo Yahvé, a vuestra salida de Egipto, secó las aguas del mar Rojo y cómo habéis tratado a los dos reyes de los amorreos del lado de allá del Jordán, Seón y Og, que disteis al anatema. 11Al saberlo, nuestro corazón ha desmayado, y todos se han acobardado ante vosotros; porque Yahvé, vuestro Dios, es Dios arriba, en los cielos, y abajo, sobre la tierra. 12Ahora, pues, os pido que me juréis por Yahvé que, como yo he tenido misericordia de vosotros, la tendréis vosotros también de la casa de mi padre 13y dejaréis la vida a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y hermanas y a todos los suyos, y que nos libraréis de la muerte." 14Los hombres le dijeron: "Te juramos por nuestra vida que, si no nos denuncias, cuando Yahvé nos entregue esta tierra, haremos contigo misericordia y fidelidad." 15Ella los bajó con una cuerda por la ventana, pues su casa estaba adosada a la muralla. Antes les dijo: 16"Idos al monte, no sea que los que os persiguen den con vosotros; estad allí escondidos durante tres días, hasta que aquéllos estén de vuelta, y luego id vuestro camino." 17Los hombres le dijeron: "Mira cómo habrás de hacer para que cumplamos el juramento que te hemos hecho: 18Cuando entremos en esta tierra, ata este cordón de hilo de púrpura a la ventana por la cual nos has descolgado y reúne contigo en tu casa a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda la casa de tu padre. 19Si alguno sale fuera de la puerta de tu casa, su sangre será sobre su cabeza y nosotros seremos inocentes; pero si alguien pone la mano sobre alguno de los que contigo estén en tu casa, su sangre sea sobre nuestra cabeza. 20Si nos denuncias, seremos libres del juramento que nos has pedido." 21Ella respondió: "Sea como decís." Luego los despidió y se fueron, y ella ató el cordón de púrpura a la ventana.

Siguiendo las indicaciones de Rahab, los emisarios del rey, a la luz de la luna, se dirigieron hacia el Jordán en busca de los exploradores, con el fin de alcanzarles antes de que llegaran a los vados del río Que 3:28; 12:5). Entre tanto, la mujer subió a la terraza y mantuvo un largo diálogo con los espías. Parece que éstos se disponían a pasar la noche en la azotea; pero Rahab les hizo comprender la necesidad de ausentarse de su casa inmediatamente por temor a un registro. Por haberse cerrado las puertas de la ciudad, el único medio para huir era descolgarse por el muro (Act 9:25), al cual estaba adosada la casa de Rahab. Antes de despedirlos quiso arrancarles la promesa con juramento de que, al adueñarse de la ciudad, conservaran su vida y la de sus familiares. La mujer no habla de su marido. La profusión de expresiones bíblicas en boca de la mujer da a entender que el autor sagrado no intenta reproducir literalmente las mismas palabras de la meretriz. A través del desierto corren las noticias de manera sorprendente. En Jericó ha llegado la noticia de los hechos principales referentes a la vida de Israel en el desierto. Como ni la mujer ni los dos espías sospechaban de que los muros de la ciudad se derrumbaran, como sucedió más tarde, concertaron de común acuerdo colocar en la ventana un cordón de hilo, propiedad de los espías, para que les sirviera de señal. Aunque el texto diga que Rahab ató el hilo en la ventana, no se debe deducir de que lo hiciera inmediatamente. Como en otros pasajes, el autor consigna el hecho con anticipación. La narración sobre la llegada y estancía de los espías en casa de Rahab adolece de orden lógico y cronológico.

Regreso al Campamento (2:22-24).

22Los espías se fueron al monte y se estuvieron escondidos allí tres días. Los que los perseguían los estuvieron buscando por el camino, sin hallarlos. 23Los dos espías, bajando del monte, repasaron el Jordán, se fueron a Josué, hijo de Nun, y le contaron todo lo sucedido, diciendo: 24"Cierto es que Yahvé ha entregado en nuestras manos toda esa tierra, pues los habitantes de ella están acobardados de nosotros."

A un kilómetro y medio de Jericó y al oeste de la ciudad comienzan las estribaciones de las montañas de Judea, formando en algunas partes una muralla infranqueable. Las cuevas abundan en la ladera del monte de la Cuarentena y allí podían esconderse fácilmente los espías. Desde aquellas alturas dominaban la llanura que se extiende alrededor de Jericó, pudiendo observar los movimientos de sus perseguidores. Transcurridos tres días y cerciorados de que los comisionados por el rey habían regresado a la ciudad, los dos espías bajaron del monte, vadearon el Jordán y llegaron sanos y salvos al campo israelita. Su informe movió a Josué a ejecutar inmediatamente sus planes de la conquista de Canaán.

Paso del Jordán y entrada en Palestina (3:3-4).

El texto de 3:1-5:1, al menos aparentemente, presenta cierto desorden cronológico, digresiones, repeticiones, incongruencias. B. Alfrink cree solucionar todas las dificultades apelando a la psicología de los antiguos historiadores orientales, que adoptan peculiares modos de decir y narrar5. En primer lugar, dice él, no debe olvidarse que esta historia es una narración popular, en la que abundan las repeticiones y en donde se sigue un orden lógico más que cronológico. Teniendo en cuenta las características de la historiografía oriental, las dificultades de estos capítulos se atenúan. Los principales inconvenientes del texto son: 1) Resulta muy difícil conciliar los datos de 3:17; 4:1 con 4:45, referentes al tiempo en que los israelitas pasaron el Jordán. En los primeros parece que el pueblo ha pasado ya el río; en el último sigue todavía en la ribera oriental. 2) Comparando 4:9 con 4:1-3; 20-24, no se sabe cuántos fueron los monumentos erigidos: uno en el Jordán y otro en Galgala, o si las piedras del primero fueron utilizadas para levantar el segundo. 3) En 4:11 y 4:17 se habla del arca de la alianza, que transportaban los sacerdotes; en el primero de los mencionados textos, los sacerdotes aparecen en la orilla occidental; en el segundo se hallan todavía en el lecho del río.

Estas anomalías sugieren a muchos exegetas y críticos la sospecha de que aquí, como en otros pasajes del libro, existen vestigios de fuentes distintas o de diversas etapas de composición literaria. Wellhausen habló de Hexateuco, considerando el libro de Josué como continuación del Pentateuco, con los consiguientes documentos yahvista, elohista, etc. Rudolph admite el documento I, con adiciones deuteronomistas (3:2-4; 4:6-8a.21-24) o simples glosas (4:1a. 19a). Noth rechaza la teoría del Hexateuco y distingue una narración principal a la que se han añadido glosas (3:2-3; 6-10; 15; 17) y la fusión de dos leyendas etiológicas sobre la erección de los monuentos. En cuanto a los autores católicos, existe diversidad de pareceres, desde las interpolaciones de carácter midrásico (3:5; 7-13; 449-14; 20-24) hasta los insignificantes retoques del texto de que habla A. Fernández (eliminación de 3:12; un documento paralelo en 4:15-I7, mas detallado que 4:11), pasando por la hipótesis de Η Wiesmann de una supuesta trituración del folio que contenía el relato del paso del Jordán. Conocidas las diversas tentativas para solucionar las dificultades, y teniendo en cuenta los detalles que entorpecen la concatenación cronológica de los hechos, no ofrece dificultad el contenido de los capítulos 3-46.

Preparación Espiritual del Pueblo (3:1-13).

1Josué, levantándose bien de mañana, partió de Setim, él y todos los hijos de Israel, y, llegados al Jordán, hicieron allí alto y pasaron allí la noche antes de atravesarlo. 2Al cabo de tres días, los oficiales recorrieron el campamento 3y dieron al pueblo esta orden: "Cuando veáis el arca de la alianza de Yahvé, vuestro Dios, llevada por los sacerdotes, hijos de Leví, partiréis de este lugar donde estáis acampados y os pondréis en marcha tras ella; 4 pero, dejando entre vosotros y ella una distancia de dos mil codos, sin acercaros a ella, para que podáis ver el camino que habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca por él." 5Y Josué dijo al pueblo: "Santifícaos, porque mañana Yahvé hará prodigios en medio de vosotros." 6Después habló Josué a los sacerdotes, diciendo: "Llevad el arca de la alianza e id delante del pueblo." Ellos llevaron el arca de la alianza, adelantándose al pueblo. 7Yahvé dijo a Josué: "Hoy voy a comenzar a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que yo estoy contigo, como estuve con Moisés. 8Tú da esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: Cuando lleguéis al borde de las aguas del Jordán, os paráis en el Jordán." 9Josué dijo a los hijos de Israel: "Acercaos y oíd las palabras de Yahvé, vuestro Dios." 10 Y dijo Josué: "En esto vais a conocer que el Dios vivo está en medio de vosotros y que no dejará de arrojar delante de vosotros a los cananeos, los jéteos, los jeveos, los fereceos, los guergueseos, los amorreos y los jebuseos. 11 El arca de la alianza del dueño de toda la tierra va a entrar delante de vosotros en el Jordán. 12 Tomad doce hombres de entre las tribus de Israel, uno por cada tribu; 13 y cuando los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del dueño de toda la tierra pongan la planta de sus pies en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán, y las que bajan de arriba se pararán en montón."

Las sospechas levantadas por la presencia de espías en Jericó indujeron a Josué a obrar rápidamente, adelantándose a una posible coalición de reyezuelos de Canaán. La empresa era relativamente fácil, porque, según informes de los dos espías, los de la ciudad vivían confiados en que el Jordán llevaba mucha agua, por ser la época del deshielo, y no les sería posible a los israelitas vadearlo. Josué dio las órdenes de movilización de todo el campamento. La mención de los tres días en 1:11 y 32 da lugar a un pequeño conflicto cronológico. Dijimos en 1:11 que la frase dentro de tres días pasarían el Jordán puede interpretarse en el sentido de "dentro de tres días partiréis para la empresa de pasar el Jordán." En efecto, según la Vulgata, el orden de los acontecimientos pudo ser el siguiente: Tan pronto como los escribas dieron la orden al pueblo (1:11) de prepararse, enviaba Josué en secreto a dos espías a Jericó (2:2), adonde llegaron el mismo día al atardecer. Tres días permanecieron escondidos en la montaña (2:16-22), regresando al quinto día al campamento. En la mañana del sexto día dio Josué orden al pueblo de ponerse en marcha hacia el Jordán, en cuya ribera oriental permanecieron tres días. Según la Vulgata, los israelitas vadearon el río a los diez días del envío de los exploradores a Jericó. Otra ordenación cronológica de los acontecimientos es la siguiente: la fecha del envío de los espías y el anuncio de los escribas al pueblo de estar preparados coinciden. Los espías llegan a Jericó el mismo día por la noche, 7 de Nisán; durante la misma huyen al monte vecino (2:16), en donde moran todo el día siguiente, 8 de Nisán. Al oscurecer regresaron al campamento, en el que entraron al amanecer del tercer día, 9 de Nisán.

A la orden de Josué, el pueblo se puso en marcha, llegando al atardecer a orillas del Jordán, donde acampó aquella noche. La preparación espiritual incluía la limpieza de los vestidos y la abstención de todo comercio carnal (Ex 19:10-14). Quizá el verso 4a sea una glosa inspirada en 1 Sam 6:19-20; 2 Sam 6:7. Por lo regular era incumbencia de los levitas llevar el arca (Núm 4:15; 10:21), pero en casos extraordinarios se confiaba a los sacerdotes.

Dios habla a Josué y promete engrandecerlo a los ojos del pueblo con un hecho extraordinario para que se le obedezca como a Moisés y sepa el pueblo que Dios está con él (1:5-7). La arenga o conjunto de alocuciones de Josué tuvieron lugar antes del tránsito del río. Schulz considera los versos 7-13 como midrásicos, porque, además de romper la ilación existente entre el v.6 y 14, no es de suponer que Josué hablara tan largo tiempo a un pueblo en marcha. El éxito del paso del Jordán está asegurado por ir en vanguardia el arca de la alianza del Dios de toda la tierra (Miq 4:13; Zac 4:14; 6:5). Se eligen diez hombres de entre el pueblo a los que el texto no asigna misión especial. Trátase evidentemente de un anticipo del v.2 del c.4. Al poner los sacerdotes el pie en las aguas del Jordán, éstas se cortaron (yikkaterun), formando un dique o bloque compacto, como si un monte o una colina (ned) interceptaran la corriente.

El milagro de las aguas (3:14-17).

14Cuando hubo salido el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, precedidos por los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, 15 en el momento en que los que llevaban el arca llegaron al Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron en la orilla de las aguas — pues el Jordán se desborda por todas sus orillas al tiempo de la siega —, 16las aguas que bajaban de arriba se pararon, se amontonaron a mucha distancia, desde la ciudad de Adam, que está cerca de Sartán, y las que bajaban hacia el mar del Araba, el mar de la Sal, quedaron enteramente partidas de las otras, y el pueblo pasó frente a Jericó. 17Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahvé se estuvieron en seco a pie firme en medio del Jordán, mientras todo Israel pasaba en seco, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán.

Destaca el hagiógrafo la magnitud del milagro anotando que era la época de la siega de la cebada (marzo-abril), en cuya estación el río Jordán va crecido por la licuefacción de las nieves que cubren el monte Hermón. Las aguas interrumpieron su curso a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, formando una barrera sólida hasta que todo Israel hubo pasado el Jordán. Las aguas descendentes siguieron su curso hasta el mar Muerto.

Los israelitas no vieron el dique o muro de aguas que se formó "a mucha distancia" al norte, en "Adam, la ciudad que está junto a Sartán," dice el texto masorético. La ciudad de Adam (1 Re 7:46) se identifica con tell el-Damíyeh, a unos veinticinco kilómetros al norte de Jericó, y a dos kilómetros de la ribera oriental del Jordán, en la confluencia del Yaboc, donde se encuentra hoy el puente ed-Damiyeh, en la carretera de Naplusa a es-Salt. Sartán (1 Re 4:12; 7:46) se identifica corrientemente con Qarn Sartabeh, promontorio de la parte oriental de la montaña de Efraím, que en forma de cuña se adentra en la cuenca jordánica, frente a ed-Damiyeh. En tiempos talmúdicos era este promontorio uno de los lugares preferidos para anunciar el novilunio. Esta sentencia tradicional ha recibido un contratiempo principalmente por los estudios de N. Glueck7, que corrige el texto masorético como sigue: "Desde Adam hasta la fortaleza (mesad, en vez de missad, lado) de Sartán." Este último lugar, según él, debe buscarse en tell es-Saidiyeh, a dieciocho kilómetros al norte de ed-Damiyeh. La historia recuerda otras dos ocasiones en que el desprendimiento de un inmenso bloque de un espolón oriental de la montaña de Efraím cayó sobre el lecho del río, interceptando el curso de las aguas. Tal fenómeno se produjo, según el historiador árabe Nuwairi, la noche del 6 al 7 de diciembre de 1267, en la región de ed-Damiyeh. Mientras éste se produjo a consecuencia del reblandecimiento de la montaña por las lluvias torrenciales de invierno, el del año 1927 debióse a un terremoto. Que igual fenómeno se produjera en el preciso momento en que los israelitas se disponían a pasar el río Jordán, no lo afirma ni lo niega el texto sagrado. Aunque así fuera, no es menos cierto que todo fue previsto, querido y provocado por Dios con el concurso de los agentes naturales dóciles a su palabra.

Monumento Conmemorativo (4:1-9).

1Cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Yahvé dijo a Josué: 2"Tomad de entre el pueblo doce hombres, uno por cada tribu, 3y dadles esta orden: De ahí, del lecho del Jordán, donde los sacerdotes han estado a pie firme, coged doce piedras, traedlas y depositadlas en el lugar donde acampéis esta noche." 4Josué llamó doce hombres, que eligió entre los hijos de Israel, uno por tribu; 5les dijo: "Id al medio del Jordán, ante el arca de Yahvé, vuestro Dios, y echaos al hombro una piedra cada uno, según el número de las tribus de los hijos de Israel, 6para que sea señal en medio de vosotros. Cuando un día os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significan para vosotros estas piedras?" 7les responderéis: "Las aguas del Jordán se partieron ante el arca de la alianza de Yahvé; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del río se dividieron; y esas piedras serán para siempre jamás un memorial para los hijos de Israel." 8Los hijos de Israel cumplieron la orden de Josué. Tomaron del medio del Jordán doce piedras, como se lo mandó Yahvé a Josué, según el número de las tribus de los hijos de Israel, y, llevándolas consigo al lugar donde pasaron la noche, las depositaron allí. 9Josué alzó doce piedras en el lecho del Jordán, en el lugar donde habían estado a pie firme los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, y allí han estado hasta hoy.

Quiere Josué que se conserve una memoria del paso del Jordán, como en Ex 12:26; 13:9.14; Deut 6:20. El texto del v.9 puede interpretarse en el sentido de que fueron dos los monumentos levantados en recuerdo del hecho, uno en Caígala y otro en el lecho del río. Así lo creen Hummelauer, Ubach y Fernández. En favor de la unidad se pronuncian Wiesmann y Alfrink, por no citar más que autores católicos. Según Wiesmann, en el v.9 se dice que se colocaron doce piedras en el cauce del río para impedir que los pies de los sacerdotes se hundieran en el lodo del río. Tales piedras más tarde fueron sacadas del Jordán y colocadas en Caígala, donde permanecen hasta el día de hoy. Con esta interpretación, dice Baldi, se quita la posibilidad de un monumento en medio del Jordán, que, salvo en tiempos de mucha sequía, no sería visible, no sirviendo, por lo mismo, para el fin al que se le destinaba.

Orden de Marcha (4:10-18).

10Los sacerdotes que llevaban el arca se estuvieron a pie quieto en medio del Jordán, hasta que se hizo todo cuanto Yahvé había mandado a Josué decir al pueblo,, conforme a todo cuanto Moisés había ordenado a Josué, y el pueblo se; apresuró a pasar. 11Cuando el pueblo hubo acabado de pasar, el arca de Yahvé y los sacerdotes se pusieron al frente del pueblo. 12Los hijos de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manases, armados, iban en vanguardia delante de los hijos de Israel, como se lo había mandado Moisés. 13Unos cuarenta mil hombres de ellos, armados en guerra, pasaron ante Yahvé a los llanos de Jericó. 14Aquel día engrandeció Yahvé a Josué a los ojos de todo Israel, y éstos le respetaron, como habían respetado a Moisés, todos los días de su vida. 15Yahvé habló a Josué, diciendo: 16"Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que salgan del Jordán"; 17y Josué dio a los sacerdotes esta orden: "Salid del Jordán"; 18y en cuanto los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahvé salieron del medio del Jordán y asentaron la planta de su pie en la tierra seca, las aguas del río volvieron a su lugar y se desbordaron, como antes estaban, por todas las orillas.

No dio Moisés ninguna disposición tocante al paso del río Jordán, pero el autor refuerza la autoridad de Josué con la de Moisés (1:17; 3:7). En la narracion se habla del paso del río por el pueblo, lo que realizó ya antes (3:16-17; 4:1). Según el v.11, el arca y los sacerdotes se pusieron al frente del pueblo estando ya en la ribera derecha del Jordán; en cambio, los v. 15-18 suponen que permanecían todavía en el río. Schulz considera los v.9-14 como una adición. Para Ubach, los v. 15-18 son residuos de una documentación que el autor sagrado tuvo ante sus ojos y que puso en el lugar que ocupan por creer que contenían detalles nuevos. Parece que el ν. 11 se refiere a 3:7; 4:1. Una vez hubo pasado el pueblo, el arca y los sacerdotes se colocaron de nuevo delante de la comitiva. Pero a la misma precedía, conforme a lo prescrito en Núm 32:28-30; Deut 3:18, un destacamento militar para defender el arca. La cifra de cuarenta mil guerreros es una hipérbole manifiesta, como en otros pasajes análogos (Ex 12:37; Núm 1:46).

Tan pronto como los sacerdotes abandonaron el cauce, las aguas volvieron a afluir "como ayer y anteayer," es decir, como antes. No determina el texto el lugar exacto por donde pasaron el río los israelitas. Una tradición judío-cristiana lo fija en el vado de Bethabara, frente a Qars el-Yehud, donde se encuentra el monasterio del Pródromos, construido en memoria del ministerio de San Juan Bautista y del bautismo de Jesús.

En la Tierra Prometida (4:19-25).

19El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acampó en Gálgala, al límite oriental de Jericó. 20Josué alzó en Gálgala las doce piedras que habían cogido del Jordán, 21y dijo a los hijos de Israel: "Cuando un día os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significan esas piedras?" 22instruid a vuestros hijos, diciendo: "Israel pasó este Jordán a pie enjuto; 23porque Yahvé, vuestro Dios, secó delante de vosotros las aguas del Jordán, como lo había hecho Yahvé, vuestro Dios, 24con las aguas del mar Rojo, que secó delante de nosotros hasta que hubimos pasado, 25(24)para que todos los pueblos de la tierra sepan que es poderosa la mano de Yahvé y vosotros conservéis siempre el temor de Yahvé, vuestro Dios.

El sueño dorado de los israelitas se había realizado y Dios había cumplido su promesa. Israel había entrado en tierras de Palestina el día 10 de Nisán (marzo-abril), coincidiendo con el principio de la Pascua (Ex 12:3), a los cuarenta años de haber salido de Egipto. Los israelitas acamparon en Caígala, que los autores identifican o bien con Jirbet en-Netele, a unos cinco kilómetros al sur de la antigua Jericó, o con Jirbet Mefshir, a dos kilómetros al noreste de la misma. Sobre la antigua Caígala, nombre que se deriva de la palabra hebrea galgal = rueda, rueda de piedras, se edificó una iglesia bizantina llamada Dodekalithori, en recuerdo del sitio donde hizo colocar Josué las doce piedras en forma de rueda o cromlech 8. Para la posteridad israelita, Caígala o Guilgal fue considerado como lugar sagrado muy concurrido (1 Sam 7:16; 10:8; 11:14; 13:4-15; Os 4:15; Am 4:4)9.

Pánico en Palestina (5:9-1).

1Cuando todos los reyes de los amórteos, a occidente del Jordán, y todos los reyes de los cananeos de cerca del mar supieron que Yahvé había secado las aguas del Jordán hasta que ellos pasaron, desmayó su corazón, y perdieron todo su valor ante los hijos de Israel.

El hagiógrafo empieza el capítulo 5 de su libro con una noticia sobre el pánico que se apoderó de los cananeos y de los amorreos al enterarse del milagro que había obrado Yahvé. Para el autor sagrado y para los enemigos de Israel es Yahvé quien mueve todos los resortes y determina los hechos que deben conducir a los israelitas al corazón de Palestina. La noticia del paso del Jordán corrió como reguero de pólvora por todo el territorio; sus habitantes temieron una invasión inminente de los israelitas.

La circuncisión (5:2-9).

2Entonces dijo Yahvé a Josué: "Hazte cuchillos de piedra y circuncida a los hijos de Israel. 3Hízose Josué cuchillos de piedra y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot (collado de los Prepucios). 4He aquí por qué los circuncidó Josué: Todos los salidos de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, durante el camino, después de la salida de Egipto. 5El pueblo que salió estaba circuncidado; pero los nacidos en el desierto durante el camino después de la salida de Egipto no habían sido circuncidados; 6pues los hijos de Israel anduvieron durante cuarenta años por el desierto, hasta que perecieron todos los hombres de guerra salidos de Egipto, por no haber escuchado la voz de Yahvé. Yahvé les había jurado que no les dejaría ver la tierra que conjuramento había prometido a sus padres darles, la tierra que mana leche y miel. 7Los hijos de aquéllos les sucedieron en su lugar; y éstos son los que circuncidó Josué, porque estaban sin circuncidar, pues no habían sido circuncidados durante el camino. 8Cuando todos se circuncidaron, quedáronse en el campamento hasta curarse; 9y Yahvé dijo a Josué: "Hoy he quitado de sobre vosotros el oprobio de Egipto." Y aquel lugar fue llamado Caígala hasta hoy.

No era éste un rito propio de los hebreos, sino que se practicaba en el antiguo Egipto, en Fenicia y, probablemente, en Canaán. La operación debía ejecutarse con cuchillos de piedra, como lo hizo Séfora con su hijo (Ex 4:24-26). La circuncisión tenía en Israel un carácter marcadamente religioso, siendo el signo distintivo de la alianza de Dios con Abraham y de la pertenencia a la comunidad religiosa de Israel (Gen 17:12-14:25:27). Según el texto griego, gran parte del pueblo judío había descuidado la práctica de la circuncisión durante su permanencia en Egipto; pero, según el texto hebraico, el abandono de esta práctica empezó durante los años de peregrinación por el desierto. El autor sagrado no considera, al parecer, como culpa grave esta negligencia, que recaía sobre los dirigentes de la comunidad judaica. ¿Quiere con ello atenuar la culpabilidad de Moisés? ¿No fue acaso ésta una de las razones por las cuales se le denegó la entrada en la Tierra de Promisión ? Que el gran caudillo de Israel fuera remiso en este punto, aparece de Ex 4:24.

A primera vista choca que Josué pensara en la circuncisión de todos los varones del pueblo inmediatamente después de haber pasado el Jordán, cuando era de temer un ataque por sorpresa de los habitantes del país. Sabido es que la circuncisión es una operación dolorosa que va acompañada de un estado febril que llega a su punto álgido al tercer día (Gen 34:25). Josué impuso la obligación de circuncidar el prepucio de los varones con el fin de preparar la celebración de la Pascua, o para recordar que la circuncisión era el signo de la alianza (Gen 17:10; Ex 12:48)10. Con la circuncisión se quitó la dependencia de Egipto, por haber dejado de ser esclavos de los egipcios para convertirse en servidores de Yahvé y propiedad suya. 11

La Pascua (5:10-12).

10Los hijos de Israel acamparon en Caígala; y allí, el día catorce del mes, celebraron la Pascua, a la tarde, en los llanos de Jericó. 11Comieron de los frutos de la tierra, desde el día después de la Pascua, panes ácimos y trigo tostado ya aquel mismo día; 12y el día siguiente de comer de los frutos de la tierra, no tuvieron ya el maná, y comieron ya aquel año de los frutos de la tierra de Canaán.

Era la segunda vez que los judíos salidos de Egipto celebraban solemnemente la Pascua (Núm 9,iss). El pan ácimo y el trigo tostado que comió el pueblo el día de la Pascua podían ser en parte productos de la tierra de Canaán. Al día siguiente cesó el maná.

Aparición Misteriosa (5:13-16).

13Estando Josué cerca de Jericó, alzó los ojos y vio que estaba un hombre delante de él, en pie, con la espada desnuda en la mano; y Josué se fue hacia él y le dijo: "¿Eres de los nuestros o de los enemigos?" 14Y él le respondió: "No; soy un príncipe del ejército de Yahvé, que vengo ahora." 15Entonces Josué se prosternó rostro a tierra y, adorando, dijo: "¿Qué es lo que manda mi señor a su siervo?" 16(15)El príncipe del ejército de Yahvé dijo a Josué: "Descalza tus pies, pues el lugar que pisas es santo." Hízolo así Josué.

Parece que este episodio está desplazado de su lugar primitivo. La actitud del príncipe del ejército de Yahvé que aparece con una espada desenvainada en su mano es de amenaza, no especificando el texto el motivo que la provocó. Supone Dhorme que el paso de un río requiere la autorización de la potencia celestial que guarda el acceso del territorio situado al otro lado. Por de pronto, la aparición obedecía a consignas más graves y trascendentales que a la de intimar a Josué a que se quitara el calzado (Gen 32:25-33). Lo más probable es que el personaje misterioso quiso urgir el rito de la circuncisión, que se había descuidado en el desierto. Quizá en un principio la perícopa precedía al v.2 de este capítulo. En Ex 4:24 se dice que Yahvé salió al encuentro de Moisés, queriéndole matar. Séfora aplacó su ira circuncidando a su hijo. Con la narración de este episodio, sin terminar, sin duda, se destaca la relevante personalidad de Josué, que por su reverencia y humildad puede parangonarse con Abrahám (Gen 15:12) y Moisés (Ex 3:3-6). Todo en el contexto invita a reconocer en el jefe de los ejércitos de Yahvé a un ser sobrenatural, a un ángel de Yahvé que debía convertirse en guía de los israelitas en la penetración y conquista de Canaán (Ex 23:20; 32:34; 33:2). El v.16 es copia de Ex 3:512.

Primeros Combates (cap. 6-8).

Se narra en el capítulo 6 la toma de Jericó. El texto de la versión de los LXX difiere mucho del texto hebreo; los exegetas, o bien se esfuerzan por combinar ambos textos, o se pronuncian por uno o por otro. Aun en el supuesto de adoptar el texto más corto de los LXX, no se eliminan todas las incoherencias de la narración. La solución más obvia consiste en distinguir entre el texto que se cree primitivo y las adiciones posteriores. Con ello la narración fluye ¿e manera lógica y desaparecen o se atenúan las dificultades. Es imposible, por ejemplo, armonizar los v.4; 5; 16a.20a con 8; 9; 13. Schulz, seguido en parte por Gelin, considera como texto primitivo los v.1-2a.3-7; 11; 14-15ª; 16ª; 20b; 21; 24-27. El P. Fernández admite dos recensiones, una larga y otra breve, de las cuales considera como auténtica la última. Según Ubach, dos escribas testigos de los hechos escribieron cada uno independientemente sus impresiones, haciendo uno hincapié en unas circunstancias y otro en otras. El relato es una combinación de una doble táctica: una marcha en silencio alrededor de la ciudad durante siete días hasta el estentóreo grito de guerra, y una procesión con el arca, al son de las trompetas sagradas, símbolo de la cooperación divina en la empresa 13. Defiende Abel que el redactor final ha querido unificar dos situaciones sucesivas. Baldi opta por la fusión de dos relatos o tradiciones paralelas dispuestas psicológicamente de manera distinta. En una tradición se dio más importancia al valor del ejército judío; en otra, de origen sacerdotal, se puso de relieve la cooperación religiosa. El redactor último trató de conservar estos dos aspectos de la misma tradición fundiéndolos en un solo relato. Expliqúese como se quiera, lo cierto es que el texto se presenta con todas las características de una composición literaria heterogénea.

Toma de Jericó (6:1-14).

1Tenía Jericó cerradas las puertas y bien echados sus cerrojos por miedo a los hijos de Israel, y nadie salía ni entraba en ella. 2 Yahvé dijo a Josué: "Mira, he puesto en tus manos a Jericó, a su rey y a todos sus hombres de guerra. 3 Marchad vosotros, todos los hombres de guerra, en torno a la ciudad, dando una vuelta en derredor suyo. Así haréis por seis días. 4Siete sacerdotes llevarán delante del arca siete trompetas resonantes. Al séptimo día daréis siete vueltas en derredor de la ciudad, yendo los sacerdotes tocando sus trompetas. 5Cuando ellos toquen repetidamente el cuerno potente y oigáis el sonar de las trompetas, todo el pueblo se pondrá a gritar fuertemente, y las murallas de la ciudad se derrumbarán. Entonces subirá el pueblo, cada uno enfrente de sí." 6Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo: "Llevad el arca de la alianza, y que siete sacerdotes vayan con siete trompetas resonantes delante del arca de Yahvé." 7Dijo también al pueblo: "Marchad y dad también una vuelta a la ciudad, yendo los armados delante del arca de Yahvé." 8 Así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes con las siete trompetas resonantes iban tocando las trompetas delante de Yahvé, y el arca de la alianza de Yahvé iba en pos de ellos. 9Los hombres de guerra iban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas, y la retaguardia, detrás del arca. Durante la marcha se tocaban las trompetas. 10Josué había dado al pueblo esta orden: "No gritéis ni hagáis oír vuestra voz, ni salga de vuestra boca una palabra hasta el día en que yo os diga: Gritad. Entonces gritaréis." 11El arca de Yahvé dio una vuelta en derredor de la ciudad, una vuelta sola, y se volvieron al campamento, donde pasaron la noche. 12Al día siguiente se levantó Josué bien de mañana, y los sacerdotes llevaron el arca de Yahvé. 13 Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas resonantes delante del arca de Yahvé se pusieron en marcha tocando las trompetas. Los hombres de guerra iban delante de ellos, y detrás la retaguardia seguía al arca de Yahvé; y durante la marcha iban tocando las trompetas 14Dieron el segundo día la vuelta en derredor de la ciudad y se volvieron al campamento; esto mismo hicieron por siete días.

Por miedo a los hijos de Israel, la ciudad de Jericó tenía las puertas cerradas; pero Yahvé prometió ponerla en manos de Josué (Núm 21:34; Deut 2:24; 3:2). Era Jericó una plaza fuerte cana-nea edificada sobre un altozano elíptico de 307 por 161 metros, dominando la llanura de su nombre. La descripción del ataque de la ciudad por los israelitas es bien conocida. Pero, como hemos apuntado más arriba, cabe distinguir entre el relato primitivo y las adiciones posteriores de carácter religioso referentes a los sacerdotes, arca de la alianza y trompetas sagradas. Los soldados de Josué combatieron contra Jericó y la tomaron. En ciertos ambientes pareció que el relato primitivo era demasiado pagano, por darse excesiva importancia a las causas puramente humanas que contribuyeron a la conquista de la ciudad, por lo cual se le añadieron elementos procedentes de ambientes sacerdotales. El relato primitivo, según Noth, era más o menos el siguiente: (v.2): . Yahvé dijo a Josué: "Mira, he puesto en tus manos a Jericó. Todos los hombres de guerra (3) rodearán la ciudad, dando una vuelta en derredor suyo. Así haréis por seis días. (4) Al séptimo día daréis siete vueltas en derredor de la ciudad. (5) Cuando toque el cuerno., todo el pueblo se pondrá a gritar fuertemente, y las murallas de la ciudad se derrumbarán. Entonces subirá el pueblo, cada uno enfrente de sí." (6) . (7) Dijo Josué al pueblo: "Marchad y dad la vuelta a la ciudad." (8) y se hizo conforme a la orden dada por Josué al pueblo. (10) Josué dio al pueblo la siguiente orden: "No gritéis ni hagáis oír vuestra voz, ni salga de vuestra boca una palabra hasta el día en que yo os diga: "Gritad. Entonces gritaréis." (12) Al día siguiente se levantó Josué bien de mañana. (14) y se hizo el giro de la ciudad ., regresando al campamento. Esto mismo hicieron por seis días. (15) Al día séptimo se levantaron al alba, dieron siete vueltas en torno a la ciudad. (16) A la séptima. dijo Josué al pueblo: "Gritad, porque Yahvé os entrega la ciudad." (20) Entonces todo el pueblo se puso a gritar clamorosamente, y las murallas de la ciudad se derrumbaron y cada uno subió a la ciudad frente de sí.

Suerte de Jericó (6:15-24).

15Al día siguiente se levantaron con el alba, y dieron del mismo modo siete vueltas alrededor de la ciudad. 16A la séptima, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, Josué dijo al pueblo: "Gritad, porque Yahvé os entrega la ciudad. 17La ciudad será dada a Yahvé en anatema, con todo cuanto en ella hay. Sólo Rahab, la cortesana, vivirá, ella y cuantos con ella estén en su casa, por haber escondido a los exploradores que habíamos mandado. 18Guardaos bien de lo dado al anatema, no sea que, tomando algo de lo que así habéis consagrado, hagáis anatema el campamento de Israel y traigáis sobre él la confusión. 19Toda la plata, todo el oro y todos los objetos de bronce y de hierro serán consagrados a Yahvé y entrarán en su tesoro." 20Los sacerdotes tocaron las trompetas, y cuando el pueblo, oído el sonido de las trompetas, se puso a gritar clamorosamente, las murallas de la ciudad se derrumbaron, y cada uno subió a la ciudad frente de sí. 21Apoderándose de la ciudad, dieron al anatema todo cuanto en ella había, y al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y viejos, bueyes, ovejas y asnos. 22Pero Josué dijo a los dos exploradores: "Entrad en la casa de Rahab, la cortesana, y sacad a esa mujer con todos los suyos, como se lo habéis jurado." 23Los jóvenes, los espías, entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y a todos los suyos, y los pusieron en lugar seguro, fuera del campamento de Israel. 24Los hijos de Israel quemaron la ciudad con todo cuanto en ella había, salvo la plata y el oro y todos los objetos de bronce y de hierro, que pusieron en el tesoro de la casa de Yahvé.

¿Cuál fue la causa que provocó el desmoronamiento de las murallas de Jericó? ¿Se produjo este fenómeno, o el texto sugiere o permite otra interpretación? No es de creer que el griterío (teruah) de la multitud (Ex 32:17; 1 Sam 4:5; 2 Sam 6:15) y el sonido de las trompetas fueran tan ensordecedores que derribaran las murallas. Algunos suponen que ayudó Dios a los sitiadores provocando a su debido tiempo un terremoto que derribó las murallas. Hizo Dios lo que no pudieron lograr los israelitas con su griterío y sus trompetas. Es muy posible que el autor sagrado, llevado totalmente de la idea de poner de relieve la intervención de Dios en la expugnación de la tierra de Canaán, no haya dicho todo lo que aconteció junto a los muros de la ciudad clave para entrar en Palestina. Es sintomático a este respecto lo que dice Josué en su discurso de despedida de que las gentes de Jericó combatieron contra vosotros (24:11), lo que debe interpretarse en el sentido de que fueron necesarios varios combates para conquistar la ciudad, y de que, de no intervenir Dios abiertamente en favor de los israelitas, nunca hubieran éstos penetrado en ella.

El ensañamiento de los israelitas al exterminar todo ser viviente de la ciudad se rige por las leyes del herem o del anatema, comunes a los pueblos del antiguo Próximo Oriente. Con el anatema (herem) de destrucción (Lev 27:29; Deut 2:35; 7:25; 20:16; 25:17-19), Jericó debía ser arrasada completamente. Dios manda que las ciudades idolátricas sean destruidas con todos sus habitantes, animales domésticos y bienes (Deut 13:16). La misma suerte debían seguir los pueblos enemigos de Israel (1 Sam c.15; Is 34:3; 43:28; Jer 26:9). Únicamente se exceptúan de este anatema en nuestro texto el oro y la plata y todos los objetos de bronce y de hierro (v.24), que se destinaban al tesoro de Yahvé, siendo estos objetos conceptuados como anatema de oblación (Lev 27:28; Núm 18:14). Habla el texto del tesoro de la casa de Yahvé porque el autor del relato tiene en su mente la idea del templo 14.

Rahab a Salvo (6:25-27).

25Josué dejó la vida a Rahab, la cortesana, y a la casa de su padre, que habitó en medio de Israel hasta hoy, por haber ocultado a los enviados por Jesué a explorar a Jericó. 26Entonces juró Josué, diciendo: "Maldito de Yahvé quien se ponga a reedificar esta ciudad de Jericó. Al precio de la vida de su primogénito ponga los cimientos; al precio de la de su hijo menor ponga las puertas." 27Yahvé fue con Josué, y su fama se extendió por toda la tierra.

Los espías cumplieron la promesa hecha a Rahab, salvando a ella y a toda la familia. En un principio la mujer ocupó un lugar "fuera del campamento de Israel" (v.23), pero más tarde "habitó en medio de Israel hasta hoy," figurando en la genealogía de Jesucristo. Josué maldice al que intente reedificar de nuevo la ciudad de Jericó. La imprecación de Josué cumplióse con Hiél, en el siglo IX (1 Re 16:34). Parece que el texto alude a la costumbre cana-nea de sacrificar un niño en la fundación de una ciudad, costumbre que imitaron algunos israelitas. Dios condenaba este infanticidio.

Las Excavaciones de Jericó.

Grandes esperanzas pusieron exegetas e historiadores en las excavaciones de Tell el-Sultán para conocer las modalidades de la toma de Jericó por parte de los israelitas, aportando con ello luz al texto oscuro, enigmático y complejo de la Biblia. Las primeras fueron llevadas a cabo por los alemanes E. Sellin, E. Langenegger y G. Watzinger, durante los años 1907-1913, cuyos resultados fueron publicados en 1913. Algunas de las conclusiones de los citados excavadores fueron censuradas, por lo que se pensó en reanudar las excavaciones con mejor base científica. La tarea fue confiada a J. Garstang, bajo los auspicios de Palestíne Exploration Fund, siendo excavado el Tell desde 1930-1936. El mérito principal de Garstang consiste en haber trazado la evolución histórica de la ciudad. La primera ciudad (precananea), fundada hacia el año 3000 antes de Cristo, se hallaba en la parte septentrional de Tell. La primera ciudad cananea fue edificada sobre las ruinas de la anterior hacia los años 2100 ocupando la parte mas alta del Tell en una extensión aproximada de dos hectáreas. Sus murallas eran de ladrillo con bloques ¿e piedra en los fundamentos. La segunda ciudad cananea surgió entre 1900 y 1600, y puede considerarse como ampliación de la limera; ocupa una extensión de dos a cinco hectáreas. Una sólida muralla protegida con una rampa o glacis envolvía la ciudad. Es ésta la ciudad más próspera de todas por coincidir con la época de los hicsos, a juzgar por un escarabajo egipcio de la XIII dinastía encontrado en el lugar. Por circunstancias desconocidas, la ciudad fue destruida y abatidas sus murallas hacia el año 1580. Otra vez fue reedificada, protegiéndola con un muro hacia el año 1500. Las nuevas edificaciones desaparecieron por efectos de un cataclismo, sobre cuya fecha discuten los arqueólogos. Garstang lo fija entre los años 1400 y 1385; W. F. Albright, entre 1360 y 1320. El gran arqueólogo H. Vincent, basándose en algunos restos, vajilla y cerámica ilustrada, señala la fecha de la destrucción de esta ciudad en la segunda mitad del siglo xm, y más concretamente en 125015. Esta última hipótesis tiene en su favor el registro de las ciudades conquistadas por Ramsés II, encontrado en los muros de un templo de Amarah, en la orilla izquierda del Nilo. Entre los nombres de las ciudades asiáticas conquistadas por el monarca figura la de Jericó16. Estas divergencias profundas entre arqueólogos tocante a la fecha de la destrucción de Jericó movieron a la British School of Archaeology y a la American Schools of Oriental Research a emprender nuevas excavaciones, que dirigió la señorita K. Kenyon. Su finalidad principal era zanjar definitivamente las discusiones en torno a la fecha de la destrucción de Jericó (ciudad D). Las excavaciones empezaron en 1952. ¡Cuál no fue la sorpresa al comprobar que la. ciudad de Jericó de Josué se volatilizaba bajo los golpes de los picos de los obreros especializados! ¡Ningún resto de la ciudad bíblica se encontró en Tell el-Sultán! El doble muro (muro D) atribuido por Garstang al Bronce reciente, y, por lo mismo, identificado con el que fue destruido en tiempos de Josué, no es más que una parte del complejo sistema defensivo, reconstruido y retocado varias veces durante el tercer milenio (Bronce antiguo y medio). Ningún rastro de cerámica en toda el área excavada del Bronce reciente, o sea, de los tiempos de Josué. Los excavadores de Tell el-Sultán han perdido toda esperanza de encontrar la Jericó de Josué a causa de haber desaparecido las edificaciones de la superficie o por la erosión o por obra de los hombres. A tenor de los resultados de las exploraciones arqueológicas, hacia el año 1200, fecha de la conquista de Canaán, no existía Jericó, o al menos no quedan vestigios arqueológicos de la misma17.

La Arqueología y el texto Sagrado.

La comprobación de que la ciudad del Bronce reciente (ciudad D) fue destruida por un cataclismo o por el fuego produjo en el ánimo de J. Garstang la más grande satisfacción. Para concordar los resultados arqueológicos con el texto bíblico, colocó Garstang la fecha del éxodo en tiempos de Amenofis II (1447-1442), y la conquista de Jericó hacia el año 1400. Pero, como vimos en la introducción, la sentencia más corriente hoy día fija la penetración de Josué en Palestina hacia el año 1200. Por lo mismo, las cenizas encontradas por Garstang corresponden a una destrucción de la ciudad en tiempos anteriores al incendio provocado por los soldados israelitas (6:24). Con el fin de solventar estas dificultades se recurrió a la hipótesis de varios éxodos de israelitas de Egipto. Cabe otra, que ha señalado la señorita Kenyon, según la cual, sobre los restos de la ciudad de 1900-1600 a.C. pudo levantarse otra más reciente, que ha desaparecido, víctima de la erosión, sin dejar huellas sobre el Tell18.

Puestos a enjuiciar toda la cuestión, cabe admitir que el v.20 puede interpretarse en el sentido de que las varias vueltas del ejército israelita en torno a Jericó, con las consiguientes amenazas para los que se negaran a entregarla, impresionaron y descorazonaron a los defensores de tal manera, que la resistencia de la guarnición se derrumbó (wattippol hahomah), entrando los israelitas en la ciudad. El término homah significa muro, pero se emplea también en el sentido de guarnición, protección, como en 1 Sam 25:16: Nos protegían de día y de noche todo el tiempo. En este texto, un criado de Abigail confiesa que las gentes de David eran para ellos un valladar, una protección. Con esta explicación se comprende que la casa de Rahab quedara en pie, lo que no habría sucedido en el caso de haberse derrumbado los muros. Con ella se armonizan los datos de la arqueología con los de la Biblia. Al presentarse Josué ante Jericó, encontró a los cananeos atrincherados detrás de las imponentes ruinas de una ciudad que fue destruida antes por causas desconocidas hasta el presente. El ejército israelita luchó, venciendo la resistencia cananea. Según 24:11, ante Jericó hubo fuertes combates, hasta que la suerte se inclinó por los israelitas.

Algunos autores ven en el relato de la conquista de Jericó huellas de un estilo épico. Escribe Delorme que toda la narración tiende a destacar la importancia de esta victoria y atribuirla a Yahvé. En el relato se hace uso del énfasis, se recorta la participación de los valores humanos en el éxito de la empresa, se citan cosas insólitas y maravillosas19. Nunca sabremos ciertamente cuáles fueron los pormenores de la toma de Jericó ni cuál fue la mente del autor sagrado respecto de los mismos. Pero, si los pormenores son oscuros, está patente, en cambio, que la toma de la ciudad abrió a los judíos las puertas de Canaán. Si Dios no hubiera luchado junto a los israelitas, difícilmente hubieran cedido las defensas de la ciudad, ni su guarnición se hubiese rendido20.

Prevaricación de Acón (7:1).

1Los hijos de Israel cometieron una prevaricación en lo del anatema. Acán, hijo de Jarmi, hijo de Zabdi, hijo de Zare, de la tribu de Judá, se apropió objetos de los dados al anatema, y la cólera de Yahvé se encendió contra los hijos de Israel.

En virtud de la ley de la solidaridad, el pecado de Acán recae sobre todo el pueblo. A este episodio y a sus consecuencias aludía implícitamente el texto en 6:18-19. El autor sagrado, en una breve introducción, hace referencia al precepto divino sobre el herem y anticipa la razón del desastre de Hai. Josué había conminado al pueblo a no tomar nada de lo que debía ser consagrado al exterminio ni de lo que debía reservarse para el tesoro de Yahvé. El pueblo obedeció a su palabra, pero la codicia cegó a Acán. Era Acán hijo de Judá por Zarac (Gen 38:30; 46:12).

Desastre en Hai (7:2-5).

2Josué mandó desde Jericó hombres hacia Hai, que está al oriente de Betel, y les dijo: "Id a explorar la tierra." Llegaron y reconocieron Hai. 3De vuelta a Josué, le dijeron: "No se necesita que el pueblo todo se ponga en marcha contra la ciudad. Dos o tres mil hombres que suban bastarían para tomar Hai, pues sus habitantes son pocos en número; no es preciso que todo el pueblo se fatigue." 4Pusiéronse, pues, en marcha unos tres mil hombres, que emprendieron la fuga ante los hombres de Hai. 5Las gentes de Hai les mataron unos treinta y seis hombres y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim, batiéndolos en la bajada. El corazón del pueblo desmayó y perdió todo valor.

Yahvé es un Dios celoso que castiga las infidelidades de su pueblo. Como represalia por el pecado de Acán le abandona a sus propias fuerzas en el ataque a Hai y es derrotado, a pesar del exiguo número de sus defensores. El autor sagrado conoce la ciudad y sus alrededores, pero usa de la aproximación al señalar el número de guerreros que atacaron la ciudad y las bajas que tuvieron. El número de atacantes parece excesivo en relación con las pérdidas sufridas. Hai, que significa la Ruina, se identifica con el actual et-Tell, a tres kilómetros al sudeste de Betel (Gen 12:8; 13:3). Estaba edificada sobre uno de los promontorios que se adelantan hacia la depresión jordánica, con una posición excepcional desde el punto de vista estratégico. Hai era la llave para penetrar en el macizo central de Palestina.

Consternación de Josué (7:6-15).

6Josué rasgó sus vestiduras, y se postró rostro en tierra ante el arca de Yahvé, hasta por la tarde, él y los ancianos de Israel, y echaron polvo sobre sus cabezas. 7Josué dijo: "¡Oh Señor, Yahvé! ¿por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en manos de los amorreos, que nos destruyan? ¿Por qué no hemos sabido quedarnos al otro lado del Jordán? 8 Por favor, Yahvé, ¿qué voy a poder decir yo después de haber vuelto Israel las espaldas ante los enemigos? 9Lo sabrán los cananeos y todos los habitantes de la tierra, y nos envolverán y harán desaparecer de la tierra nuestro nombre. Y ¿qué harás tú por la gloria de tu nombre?" 10Yahvé dijo a Josué: "Levántate; ¿por qué te echas sobre tu rostro? 11Israel ha pecado y ha llegado a traspasar mi alianza, la que yo le he mandado guardar, hasta tomar cosas de las dadas al anatema, robarlas, mentir y guardarlas entre sus enseres. 12Por eso los hijos de Israel no han podido resistir ante sus enemigos y les dieron las espaldas, porque han venido a ser anatema. Ya no estaré yo en adelante en medio de ellos, si no quitáis de en medio de vosotros el anatema. 13Levántate, santifica al pueblo, y diles: "Santifícaos para mañana, porque así dice Yahvé, Dios de Israel: Hay en medio de ti, ¡oh Israel! un anatema, y no podrás resistir ante el enemigo mientras no hayas quitado el anatema de en medio de vosotros. 14Os acercaréis mañana por tribus; y la tribu que Yahvé señale, se acercará por familias; y la familia que señale Yahvé, se acercará por casas; y la casa señalada por Yahvé, se acercará por cabezas. 15El que fuere cogido en el anatema, será consumido por el fuego, por haber traspasado la alianza de Yahvé y haber cometido en Israel una maldad."

El revés sufrido en Hai desconcierta a Josué y a sus íntimos colaboradores por lo que significaba y por las repercusiones que la derrota tendría en el futuro. Yahvé en esta ocasión no había combatido al lado de su pueblo, lo que debía interpretarse como señal de que estaba resentido por alguna infidelidad cometida contra El. Como muestras externas de dolor, rasga Josué sus vestiduras (Gen 37:29; 44:13; Núm 14:6), echa polvo sobre su cabeza (Job 2:12; Lam 2:10, etc.), y, postrado en tierra, se queja a Yahvé, casi reprochándole su conducta (Jer 1:6; 4:10; 14:13)" haciéndole ver el porvenir de su pueblo y el menoscabo de su gloria ante los otros pueblos de Palestina. La conducta de Yahvé en momentos tan críticos es desconcertante. ¿No cobrarán ánimo los pueblos de toda Palestina al enterarse de que un puñado de hombres de Hai ha infligido una gran derrota a los israelitas, considerados por algunos como invencibles?

Dios señala a Josué la causa del revés sufrido en Hai (v. 10-12); en 13-15 se señalan los procedimientos para aplacar su ira. Como sujeto de este pecado, seis veces se dice que es una colectividad; una vez el pecador es Israel (hata Yisrael, Israel pecó); cinco veces se dice que ellos, es decir, los israelitas, han pecado. De todo el contexto aparece que el pecador es Acán, quien con su pecado trajo la confusión sobre el campamento de Israel (6:18). Para que entre Dios y el pueblo se reanuden las relaciones de amistad, es preciso que desaparezca la infamia de en medio del pueblo (Gen 34:14; Deut 22:21) y de que sea quemado (Gen 38:24; Lev 21:9) el que faltó a la alianza. Dios mismo sugiere a Josué el método que debe seguirse para individualizar al culpable (1 Sam 14:40-42; 10:19-21).

Señalamiento del culpable (7:16-26).

16Al día siguiente de mañana, Josué hizo que se acercara Israel por tribus, y fue señalada la tribu de Judá. 17Hizo acercarse a las familias de Judá, y fue señalada la familia de Zare. Hizo acercarse a la familia de Zare, por casas, y fue señalada la casa de Zabdi. 18 Hizo acercarse a la casa de Zabdi, por cabezas, y fue señalado Acán, hijo de Jazmi, hijo de Labdi, hijo de Zare, de la tribu de Judá. 19Josué dijo a Acán: "Hijo mío, anda, da gloria a Yahvé, Dios de Israel, y ríndele honor. Confiésame lo que has hecho, no me lo ocultes." 20Acán respondió a Josué, diciendo: "Es cierto, soy yo el que ha pecado contra Yahvé, Dios de Israel. He aquí lo que he hecho: 21Vi entre los despojos un hermoso manto de Senaar, doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso, y, codicioso, los tome, y los enterré en medio de mi tienda, poniendo debajo el dinero." 22Josué mandó entonces comisionados, que fueron corriendo a la tienda y vieron los objetos enterrados en la tienda de Acán, y debajo el dinero. 23Tomáronlo de en medio de la tienda y se lo llevaron a Josué y a los hijos de Israel, y lo depositaron ante Yahvé. 24Josué tomo a Acán, hijo de Zare, y le condujeron al valle de Acor. 25Josué dijo: "¿Por qué nos has puesto en perturbación? Pertúrbete a ti hoy Yahvé." Y todo Israel le lapidó. Después de lapidado, fue quemado en el fuego, 26y echaron sobre Acán un gran montón de piedras, que todavía hoy subsiste. Yahvé aplacó el ardor de su cólera. Por eso se llamó a aquel lugar valle de Acor, hasta el día de hoy.

Según lo que había mandado Dios, echáronse suertes para descubrir al culpable empleando el sistema de eliminación, empezando por las tribus y terminando por los individuos. Con el efod en la mano, un sacerdote interpretaba las respuestas dadas por las dos suertes sagradas, el urim y el tummim, dos piedras preciosas que, convencionalmente, significaban sí o no. Acán resultó ser el culpable. Reconoció su falta y confesó haber sustraído un hermoso manto de Senaar, es decir, de Babilonia (Gen 10:10; 11:2; 14:1-9), y una cantidad de plata y oro en lingotes, cuya estimación en medidas actuales era de tres kilos y 800 gramos respectivamente. El texto masorético actual extiende el castigo a los familiares y a la hacienda del sacrílego, pero el texto griego reduce la lapidación al culpable, lo que está conforme con Deut 24:16. Como en otras partes del libro de Josué, se ha amplificado el texto primitivo de este pasaje con glosas redaccionales con el fin de acentuar las penas en que incurren los transgresores de la alianza. Como glosa debe también considerarse la noticia de que Acán fuera quemado en el fuego 21.

Emboscada en Hai y toma de la ciudad (8:1-23).

1Yahvé dijo a Josué: "No temas ni te acobardes. Toma contigo a todos los hombres de guerra, levántate y sube contra Hai. Mira, pongo en tus manos al rey de Hai, a su pueblo, su ciudad y su territorio. 2Trata a Hai y a su rey como trataste a Jericó y a su rey; pero el botín y el ganado, tomadlo para vosotros. Pon una emboscada detrás de la ciudad." 3Josué se dispuso a subir con todos los hombres de guerra contra Hai. Escogió treinta mil, todos ellos hombres valerosos, y los hizo partir de noche, dándoles esta orden: 4"Estad sobre aviso; poneos en emboscada detrás de la ciudad, sin alejaros mucho, y estad todos prontos. 5Yo, con la gente que llevo conmigo, nos acercaremos a la ciudad, y cuando salgan a nuestro encuentro como la primera vez, huiremos ante ellos. 6Ellos saldrán en persecución nuestra; y cuando los hayamos atraído lejos de la ciudad, porque se dirán: Huyen delante de nosotros, como la primera vez; 7entonces, saliendo vosotros de la emboscada, os apoderáis de la ciudad. Yahvé, vuestro Dios, la entregará en vuestras manos. 8Cuando la hayáis tomado, la incendiaréis. Haced según lo que ha dicho Yahvé. Ved, ésas son mis órdenes." 9Josué los hizo partir; y ellos fueron a ponerse en emboscada entre Betel y Hai, al occidente de Hai. Josué pasó la noche en medio del pueblo. 10Levantóse Josué bien de mañana, y, después de revisar al pueblo, avanzó a la cabeza de él, él y los ancianos de Israel, contra Hai. 11Todos los hombres de guerra que estaban con él subieron y se acercaron; llegados frente a Hai, se detuvieron al norte de la ciudad, teniendo el valle entre ellos y Hai. 12Tomó Josué unos cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Betel y Hai, al occidente de la ciudad. 13Luego que todo el pueblo hubo tomado posiciones al norte de la ciudad, y la emboscada al occidente de ella, avanzó Josué durante la noche al medio del valle. 14Cuando el rey de Hai vio esto, se levantó de prisa, bien de mañana, para combatir a los hijos de Israel. Y sin saber que detrás de la ciudad había una emboscada contra ella, el rey, con todo su pueblo, se dirigió a un cierto lugar del llano. 15 Josué y todo Israel, fingiéndose derrotados por ellos, huyeron por el camino del desierto; 16 se reunió toda la gente que había en la ciudad, para perseguirlos con gran griterío, y persiguieron a Josué, que los alejó así de la ciudad. 17No hubo ni uno de Hai que no saliera tras de Israel y le persiguiera, dejando abierta la ciudad. 18 Yahvé dijo a Josué: "Tiende hacia Hai el dardo que llevas en la mano, porque voy a poner en tu poder la ciudad." Josué tendió hacia la ciudad el dardo que tenía en la mano, 19y las gentes de la emboscada se levantaron prestamente del lugar donde estaban, y, corriendo, entraron en la ciudad, se apoderaron de ella y le pusieron fuego. 20Cuando los de Hai miraron atrás y vieron el humo que de la ciudad subía al cielo, ya no pudieron ponerse en salvo por ningún lado; pues el pueblo, que huía camino del desierto, se volvió contra los que le perseguían. 21Josué y todo Israel, viendo que la ciudad había sido tomada por los emboscados y cómo subía el humo de la ciudad, se volvieron y derrotaron a los de Hai; 22los otros salieron de la ciudad a su encuentro; los de Hai se vieron envueltos por los de Israel, de un lado por unos, del otro por otros; y los de Israel los batieron, sin dejar ni un superviviente ni un fugitivo; 23 tomaron vivo al rey de Hai y se lo llevaron a Josué.

Con el castigo de Acán se normalizaron las relaciones entre Dios y el pueblo, estando seguro Josué del éxito de una futura operación contra Hai. Es probable que los exploradores enviados a Hai (7.2-3) subestimaran su capacidad defensiva y los efectivos de su ejército. Ante la dolorosa experiencia, Josué se dispuso a atacar la ciudad con todos sus hombres de guerra. De noche mandó un grueso cuerpo de tropa con la consigna de colocarse en emboscada entre Betel y Hai. El número de treinta mil es una hipérbole manifiesta; algunos exegetas22 lo reducen a tres mil y les parece todavía excesivo, por la razón de que difícilmente pasaría inadvertido a las gentes de Hai un número tan crecido de soldados apostados detrás de la ciudad. Hablando H. Vincent del relato de la conquista de Hai, nota en el texto "un formulario enfático, cifras incoherentes y desmesuradas, insistencia sobre cosas maravillosas cuya inverosimilitud nos es notoria, pero que no desconciertan a un espíritu oriental."23

A la mañana siguiente, muy de madrugada (6:12), subió Josué con el resto del ejército y se acercó a la ciudad. La disposición de los combatientes con respecto a la ciudad era la siguiente: la emboscada enviada durante la noche subió de Jericó por Ain ed-Duq, siguió por el valle Zeitún, dejando Hai a la izquierda, escondiéndose detrás del cerro llamado hoy día Burdjmus, entre Betel y Hai. Josué, al llegar a la altura de Jirbet Haijan, se dirigió hacia Hai por la llanura que se encuentra al sudeste de la misma, con el fin de hacerse visible a los habitantes de la ciudad. Hai quedaba entre dos fuerzas. La estratagema de Josué surtió el efecto deseado. Los versículos 12-13 faltan en el texto griego; deben considerarse como una glosa narrativa.

Castigo infligido a Hai (8:24-29).

24Cuando Israel hubo acabado de exterminar en el campo a todos los habitantes de Hai, camino del desierto, por donde los habían perseguido, y todos hasta el último hubieron sido pasados a filo de espada, todo Israel se volvió a la ciudad y la pasaron también a filo de espada. 25El número de muertos aquel día fue de doce mil hombres y mujeres, todas las gentes de Hai. 26Josué no retiró la mano que tenía tendida con el dardo hasta que no hubo dado el anatema a todos los habitantes de Hai 27Los de Israel sólo reservaron para ellos el ganado y el botín de esta ciudad, como Yahvé se lo había mandado a Josué. 28Josué quemó a Hai, convirtiéndola en un montón de ruinas, que todavía hoy subsiste. 29Hizo colgar de un árbol al rey de Hai y le dejó allí hasta la tarde; a la puesta del sol dio orden de tomar el cadáver y arrojarlo a la puerta de la ciudad, echando sobre él un gran montón de piedras, que todavía subsiste hoy.

El anatema de Hai fue más benigno que el de Jericó, autorizándose al pueblo se quedara con el ganado y el botín de la ciudad. La práctica de la destrucción total de todos los seres vivientes hacíase cada día más difícil por privarse a los soldados del botín de guerra. Por este motivo se introdujo paulatinamente cierta mitigación de las leyes del herem. Los israelitas se ensañaron con los habitantes de Hai, como hicieron antes con los de Jericó. Tanto los que habían salido de la ciudad como los que habían quedado en ella fueron devorados por la espada. Dios permitía estos excesos, muy propios, como dejamos anotado más arriba, de todos los otros pueblos antiguos del Próximo Oriente, para impedir que sus habitantes contagiaran a los israelitas con sus ritos idolátricos.

Hai a la Luz de las Excavaciones.

Las excavaciones arqueológicas en et-Tell, la antigua Hai, en una área de cerca de diez hectáreas, practicadas por Judit Marquet Krause durante los años 1933-1935, han arrojado datos desconcertantes y contrarios, al parecer, al relato contenido en este capítulo. R. Dussaud ha escrito: "Las excavaciones de Hai llevan a la conclusión de que el relato del paso del Jordán y la caída de Jericó y de Hai no son históricos. No existe razón alguna para salvar la historicidad de los capítulos 7-8 de Josué, por pertenecer a un conjunto manifiestamente legendario."24

Por la muerte prematura de la señora Judit Krause no se llevó a cabo una exploración exhaustiva del Tell, pero los datos suministrados demuestran que Hai fue completamente destruida por el fuego hacia el año 2000 antes de Cristo, con mucha anterioridad a la llegada de los israelitas. De la destrucción se salvaron en parte los muros y fortificaciones. El lugar fue abandonado durante ocho siglos. A la llegada de los israelitas delante de Hai habíase incluso ‘perdido el nombre de la ciudad, que el texto masorético llama simplemente Hai = la Ruina. ¿Cómo pueden armonizarse estos datos d las excavaciones arqueológicas de Hai con las afirmaciones del 1ibro de Josué al hablar de Hai y de que el caudillo judío la tomó redujo a un montón de escombros? Algunos autores resuelven la cuestión, como Dussaud, ya citado, diciendo que el relato es legendario, teniendo la finalidad etiológica de explicar la existencia del montón impresionante de Hai y atribuirlo a una destrucción de la ciudad por parte de Josué. Noth25 afirma que la explicación etiológica fue creada hacia la mitad del siglo X por los benjaminitas al ocupar aquel lugar. Según Albright26, el relato bíblico describía originariamente la destrucción de Betel, acontecida en el siglo xui; pero después, por motivos etiológicos, se localizó en las imponentes ruinas de et-Tell.

El P. Vincent ha intentado armonizar los datos de la arqueología con los de la Biblia recurriendo a la siguiente hipótesis. La ciudad de Hai fue destruida hacia el año 2000. De su antiguo esplendor quedaban en pie gran parte de las murallas y el esqueleto de sus santuarios y otros edificios públicos. Al amparo de aquellos viejos escombros se reunieron los cananeos para impedir la penetración de los israelitas en sus ciudades habitadas. Aquellas vetustas ruinas, reanimadas circunstancialmente por hombres de guerra y otras personas acompañantes, dieron la impresión a los israelitas de encontrarse ante una ciudad cananea de vida normal. El autor del libro de Josué habla de Hai como si se tratara de una ciudad en pie, y se complace en usar este apelativo para destacar más la magnitud del triunfo. Hasta aquí Vincent. Esta ingeniosa hipótesis encuentra alguna dificultad en aquellos pasajes (7:5; 8:29) en que se habla de la puerta de la ciudad y del número de hombres y mujeres que mataron los israelitas. Ésta misma dificultad se opone a los que interpretan la expresión "cayeron los muros" de Jericó en el sentido de "se derrumbó la guarnición."27

Confirmación de la alianza (8:30-35).

30Entonces Josué edificó un altar a Yahvé sobre el monte Ebal, 31según la orden que Moisés, siervo de Dios, había dado a los hijos de Israel, corno está escrito en el libro de la Ley de Moisés; un altar de piedras brutas a las cuales no había tocado el hierro. Ofrecieron en él holocaustos a Yahvé y sacrificios eucarísticos. 32Allí, sobre las piedras, escribió Josué una copia de la ley que Moisés había escrito delante de los hijos de Israel. 33Todo Israel, sus ancianos, sus oficiales y sus jueces, estaban a los dos lados del arca, ante los sacerdotes hijos de Leví que llevaban el arca de la alianza de Yahvé; los extranjeros, lo mismo que los hijos de Israel, una mitad del lado del monte Garizim, otra mitad del lado del monte Ebal, según la orden que Moisés, siervo de Dios, había dado antes, para comenzar a bendecir al pueblo de Israel. 34Leyó después Josué todas las palabras de la Ley, la bendición y la maldición, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la Ley. 35Ni una palabra de cuanto había prescrito Moisés se omitió en la lectura que hizo Josué, en presencia de toda la asamblea, de los hijos de Israel, de mujeres y niños y de los extranjeros que iban en medio de ellos.

Señala el autor inspirado el hecho de la magna concentración de Israel en los montes de Garizim y Ebal, conforme a lo que mandó Moisés en Deut 11:29-30 y 27:2-27. Causa extrañeza que después de la toma de Hai se desplace todo el pueblo, hombres, mujeres y niños, a una región que todavía no había sido conquistada, distante unos cincuenta kilómetros de Caígala. Para obviar la dificultad, algunos autores, siguiendo a San Jerónimo, creen que Garizim y Ebal eran dos colinas situadas entre Jericó y Caígala. Sin embargo, el texto es explícito, y los mencionados montes deben buscarse cerca de Siquem, en la Palestina central. Es muy posible que esta perícopa esté desplazada del lugar que le correspondía en el texto primitivo. Schulz y otros la trasladan al capítulo quinto; otros, en cambio, como Hummelauer, la retrasan a fines de la vida de Josué. Acaso sea éste el sitio que mejor le cuadre; su desplazamiento al lugar que hoy ocupa se explica por el interés del hagiógrafo de presentar a Josué como fiel ejecutor de las órdenes de Moisés (Deut 27:2-3). Antes de la conquista del territorio que conducía a Siquem no era posible realizar semejante mandato. No se trata solamente de la marcha de hombres armados, sino de todo el pueblo, con los sacerdotes y el arca de la alianza. No puede admitirse tampoco la hipótesis de que los israelitas pasaran el Jordán a las alturas de Siquem, sino frente a Jericó.

Conforme a la orden de Moisés, se levantó un altar de piedras sin pulir sobre el monte Ebal. En él se ofrecieron holocaustos y sacrificios eucarísticos. No se escribió la Ley sobre las piedras del altar, sino sobre aquellas "piedras grandes que revocarás con cal" (Deut 27:2). Bajo el nombre de Ley debe entenderse el Decálogo. Josué leyó la ley grabada en la piedra, y los sacerdotes proferían las bendiciones y las maldiciones. Entre los asistentes figuraban extranjeros, o sea, gentes del país que simpatizaban con el pueblo escogido y que debían entrar a formar parte del pueblo de Israel. En el grandioso escenario de Siquem se renovó y rubricó la alianza de Dios con Israel. Desde este momento, las tribus forman una unidad religiosa, Israel, cuyo único Dios es Yahvé.

1 Journal ofthe Palestine Oriental Society 16 (1936) 224-225

2 Abel, Géographie I 234. N. Glueck

(The River Jordan [Philadelphia 1946] 168-198)señala su emplazamiento en tell el-Hammam, a unos tres kilómetros al sur de tell el-Kefrein.

3 J. Daniélou, Rahab, .figure de VEglise: "Irénikon," 22 (1949) 26-45; H. Windish, Zur Rahab-Geschichte: Zaw 37 (1917) 188-198.

4 D. Diringer, Le iscrizioni antico-ebraiche palestinesi (Firenze IQ34) 4.

5 De litteraire compositie van Jos 3 en 4: "Studia católica," 18 (1942) 185-202

6 .M. Noth, Das Buch Josua (Tübingen 1938); H. Wiesmann, hraels Einzug in Kanaan B, 11 (1930) 216-230; 12 (1931) 90-92; A. Fernández, Crítica histérico-literaria de Jos. 3, 1-5:1 B. 12 (1931) 93-98; Baldi, l.c.

7 Three Israelite Towns in the Jordán Valley: Zareíhan. Succoth, Zaphon: Basor 9 (1943) 2-43

8 F. M. Abel, Caígala qui est aussí le Dodécalithon: "Memorial J. Chaine" (Lyón 1950)..

9 Hans Joachim Kraus, Gilgal. Ein Beitrag zur Kultusgeschichte: VT 1 (1951) 181-199.

10 A. George, Les récits de Gilgal en Jos 5:2-15: "Memorial Chaine" (Lyón 1950) 171. 103-184.

11 E. Powder, Josué 5:9 and the Institution of Circuncisión: "Irish Theological Quarterly," (1951) 368-372 (interpreta el texto del oprobio del pueblo por no poseer un territorio propio antes de entrar en Canaán) ; Figueras, A. Μ., El concepto de pecado en las diversas ases redaccionales de Josuι: "XVIII Semana Bíblica Española" (Madrid 1959) 145-167

12 F. M. Abel, L'apparition du chef de l'armée de Yahvéh á Josué: "Studia Anselmiana," 27-28 (Roma 1951) 109-113. José 6

13 F, M. Abel, Les stratagémes dans le livre de Josué; RB 56 (1949) 321-339,

14 Sobre el herem: A. Fernández, Eí herem bíblico: Β 5 (1924) 3-24; H. Stieglecker, Harte and Grausamkeit im Alten Testament: "Theologisch-praktische Quartalschrift," 130 (1950) 9-30; 105-128; 131 (1951) 103-118; 210-225; C. Brekelmans, Le Heiem chez les Prophétes du Royaume du Nord et dans le Deutéronome: «Sacra Pagina» (Miscellanea bíblica congressus internationalis catholici de re bíblica; París-Gembloux 1959) 377-383; L. Del-Porte, L'Anathéme de Yahvé. Recherches sur le herem préexilien en Israel: RSR 5(1914) 297-300.

15 Jericho et sa Chronoloeie: RB 44 (1935) 602.

16 Q. H. W. Fairman, Preliminary report on the excavation ai Amarah West, Anglo-Egyp-tian Sudan 1938-1939: "The Journal of Egyptian Archaeology," 25 (i939) 1 39-144·

17 A. Rolla, La Bibbia di fronte alie ultime scoperte (Roma 1959) 37; ídem, Le mura di Cérico eg'ii scavi archeologici del 1952-1953: "Rivista Bíblica," 2 (i954) 173-178)· En las excavaciones de los años 1957-1958 se ha llegado a la fase protoneolítica y mesolítica de la antigua Jericó.

18 V. Vilar, Crónica arqueológica de Palestina: EB 14 (1955) 329-332.

19 Introduction a la Bible (Desclée, 195?) vol.1:392

20 A. Van Hoonacker, Das Wunder Josuas: "Theologie und Glaube," 5 (1913) 454-461; R Tournay, Λ propos des murailles de Jιricho: "Vivre et Penser," 3 ser. (1945) 304-306. Sobre las excavaciones de Jericó, véase J. B. F. Garstang, The Story of Jéricho (Londres 1948); K· M. Kenyon, Excavations at Jéricho 1952: PE 984 (1952) 62-82; 85 (1953) 81-95; 86 (1954) 45-63; 87 (1955) 108-117; 88 (1956) 67-82; Digging up Jéricho (Londres 1957); R. North, The 1952 Jericho-Sultan Excavation: Β 34 (1953) i-12; R. Savignac, La conquéte de Jéricho: Rb 49 (1940) 336-53etc

21 B. J. Aifrink, Die Achan-Erzahlung (Jos 7): "Studia Anselmiana," 27-28 (Roma 1951) 114-129.

22 "Bíblica," 3 (1922) 284.

23 "Revue Biblique," 46 (1937) 264; A. Tricot, La prise d'Ai (los 7:1-8,29): Β 3 (1922) 273-299.

24 Note additionnelle: "Syria," 16 (1935) 351.

25 "Palástinajahrbuch," 31 (1935) 20.

26 Basor 55 (1934) 2; 56 (iQ34) 2-15; 57 Ü935) 27-30; 74 (1939) 15-18.

27 J. Marquet-Krause, La deuxiéme campagne de Fouilles a Ay (1934): Rapport sommaire: Siria," 16 (1935) 325-345; R. Dussaud, Note additionnelle: ibid., 346-352; J. Marquet-Krause, Lesfouüles de Ai (et Teli) 1933-1935 (París 1949); H. Vincent, Lesfouilles d'et-Tell: Rb 46 (1937) 231-266; A. Lods, LesfouLies d'Ay et l'épuque de l'entrée des Israélites en Pales-tine "Mélanges F. Cumont" (Bruselas 1936) 847-857,

 

Sujeción de los Cananeos (9-12).

Estrategia de los gabaonitas (9:1-15).

1Cuando supieron estos sucesos todos los reyes del lado de acá del Jordán, los de la montaña y los del llano y los de las costas del mar Grande, frente al Líbano; los jéteos, los amorreos, los cananeos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos, 2se unieron todos para combatir a Josué y a Israel de común acuerdo. 3Los habitantes de Gabaón, al saber cómo había tratado Josué a Jericó y a Hai, 4 recurrieron a la astucia y se pusieron en camino, llevando provisiones para el viaje. Tomaron sacos viejos sobre sus asnos, cueros viejos de vino, rotos y remendados; 5 zapatos viejos y recosidos para sus pies, y se pusieron vestidos viejos; todo el pan que traían para el camino estaba duro y hecho migas. 6 Llegaron a Josué, al campamento de Caígala, y le dijeron a él y a los de Israel: "Venimos de muy lejanas tierras para hacer alianza con vosotros; hagámosla, pues." 7Y los de Israel respondieron a aquellos jeveos: "Quizá vosotros habitáis en medio nuestro; ¿cómo vamos a poder hacer alianza con vosotros?" 8Ellos respondieron a Josué: "Somos siervos tuyos." Y Josué les dijo: "¿Quiénes sois y de dónde venís?" 9Respondieron ellos: "Tus siervos vienen de muy lejanas tierras, por fama de Yahvé, tu Dios, pues hemos oído hablar de cuanto hizo en Egipto 10y de lo que ha hecho a los reyes de los amorreos de la otra parte del Jordán, Seón, rey de Hesebón, y Og, rey de Basan, que habitaba en Astarot. 11Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos han dicho: "Tomad con vosotros provisiones para el camino e id a su encuentro y decidles: Somos siervos vuestros, haced alianza con nosotros. 12Aquí tienes nuestro pan; estaba caliente cuando lo cogimos en nuestras casas para el camino, el día en que partimos para venir a vosotros; y ahora, como veis, está seco y en migajas; 13estos odres de vino eran nuevos cuando los llenamos; y ya los veis, rotos; nuestros vestidos y nuestros zapatos se han hecho viejos por lo largo del camino." 14Los de Israel tomaron de sus provisiones, y sin consultar a Yahvé, 15Josué les otorgó la paz y concertó con ellos que les dejaría la vida, y también los príncipes de la asamblea les juraron.

Los éxitos militares de los israelitas produjeron efectos dispares entre los habitantes de la montaña (bahar), de la Sefela, del litoral mediterráneo (hof hayiam hagadol), pues mientras la mayoría acordó una coalición para enfrentarse contra el enemigo común, otros, los gabaonitas, idearon una estratagema para concertar una alianza con los israelitas a fin de salvar sus vidas y haciendas. ¿Conocían los gabaonitas la ley deuteronómica (Deut 20:11-18) que mandaba tratar con dureza a las naciones y ciudades vecinas y con más suavidad a las que estaban lejos? Referente a las primeras, di cese en el Deuteronomio que "las darás al anatema, no harás pactos con ellas ni les harás gracia" (7:2); en cambio, a las ciudades lejanas "les brindarás la paz. Si la aceptan y te abren, la gente de ella será hecha tributaria y te servirá" (Deut 20:10). Gabaón, que se identifica con el actual Ed-Djib, hallábase a ocho kilómetros al noroeste de Jerusalén y a diez de Hai. Sus habitantes temían para sí idéntico trato que los de esta última. Partieron de su ciudad y se dirigieron a Caígala para entablar negociaciones con Josué, sorprendiendo a éste y a sus oficiales, los cuales, sin consultar a Yahvé, les dieron crédito, celebrando juntos un banquete de alianza, hospitalidad y protección, intercambiándose las provisiones. Con juramento se les otorgó la paz, concertándose un pacto para asegurarles la vida. Los gabaonitas mencionan al rey Seón, que lo era de Hesebón, ciudad emplazada a unos diez kilómetros al norte de Mádaba, en Transjordania. Recibía el nombre de Basan el territorio transjordánico septentrional, desde Galaad, al sur, hasta el monte Hermón, al norte. Astarot se identifica con Astarot Carnaim (Gen 14:5), al norte del Yarmuc, a unos treinta y seis kilómetros al oriente del lago de Genesaret.

El género literario del relato ha llamado la atención. Refiriéndose al mismo, anota Schildenberger que la forma figurada es en ciertas circunstancias más eficaz para hacer comprender a uno el carácter y la importancia de un hecho, como nos lo demuestran las parábolas, por cuyo medio el profeta Natán, por ejemplo, hace ver a David en un momento toda la maldad de su adulterio y de su asesinato (2 Sam 12:1ss). Por la misma razón, tampoco fue menester, para satisfacer las exigencias de la historiografía sagrada, que la anecdótica narración del engaño de los gabaonitas (Jos 9) relatara literalmente los sucesos que han sido la causa de que ellos pudieran quedarse en su tierra y subir hasta el servicio del altar de Yahvé. Bastaba contarlos en la forma figurada que gustaba al pueblo — piénsese en las tradiciones coleccionadas por Herodoto —, que representaba los hechos esenciales que le servían de fundamento según la importancia que ellos tenían para la historia soteriológica. El pacto que los israelitas habían celebrado con estas cuatro ciudades en el curso de su ocupación (9:17) había sido un hecho político y puramente humano, estipulado sin haberlo preguntado a Yahvé, y puesto que el territorio de las ciudades objeto de la alianza, junto con Jerusalén, que no había sido conquistada, separaba a la tribu de Judá de las restantes tribus, han sido los israelitas los que fueron engañados, porque este territorio perjudicaba la unidad de las doce tribus del pueblo2.

Josué cae en la trampa (9:16-27).

16Tres días después de concertada la alianza supieron que eran vecinos suyos y que habitaban en medio de ellos. 17Los hijos de Israel partieron y llegaron a sus ciudades al tercer día. Eran sus ciudades Gabaón, Cafirá, Beriot y Quiriat-Jearim. 18No los destruyeron, por el juramento que los príncipes de la asamblea les habían hecho por el nombre de Yahvé, Dios de Israel; pero toda la asamblea murmuraba contra los príncipes. 19 Los príncipes dijeron a la asamblea: "Nosotros les hemos jurado por Yahvé, Dios de Israel; no podemos, pues, tocarlos; pero he aquí cómo los trataremos: les dejaremos la vida, por no atraer sobre nosotros la cólera de Yahvé, por el juramento que les hemos hecho"; 21y añadieron los príncipes: "Que vivan, pues, pero que sirvan de leñadores y aguadores para toda la congregación"; y se hizo como los príncipes dijeron. 22Josué hizo llamar a los gabaonitas, y les habló así: "¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Estamos muy alejados de vosotros, cuando habitáis en medio de nosotros? 23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejaréis de ser esclavos, para cortar la leña y sacar el agua para la casa de mi Dios." 24Ellos respondieron a Josué, diciendo: "Es que supimos la orden que Yahvé, tu Dios, había dado a Moisés, su siervo, de que toda la tierra se os entregara y de que todos sus habitantes fueran exterminados delante de vosotros. Por eso tuvimos gran miedo por nuestras vidas, y por eso hemos hecho esto. 25 Estamos en tus manos; trátanos como te parezca bueno y justo tratarnos." 26 Josué hizo de ellos lo que había dicho, y los libró de la mano de los hijos de Israel, para que no los matasen; 27pero los destinó desde entonces a cortar la leña y a sacar el agua para la asamblea y para el altar de Yahvé, en el lugar que Yahvé eligiese, lo que hacen todavía hoy.

A los tres días se descubrió el engaño; pero habiéndose Israel obligado con juramento a respetar sus vidas, no pudieron exterminarlos. Con gran contrariedad supieron los israelitas no sólo que Gabaón estaba cerca, sino que era la ciudad principal de una confederación jetea de cuatro ciudades, regida por un colegio de ancianos. La solución propuesta fue la de convertir a los gabaonitas y a los habitantes de las otras tres ciudades confederadas en esclavos de la comunidad de Israel, destinándolos especialmente al servicio del santuario (2 Sam 21:2-14; 1 Re 9:20). Las ciudades de Cafirá, Beriot y Quiriat-Jearim se identifican, respectivamente, con Jirbet Kefire, a siete kilómetros al sudoeste de Gabaón; el-Bireh, al norte de la misma, y Quiriat-el-Enab, llamado también Abugosch, a doce kilómetros al noroeste de Jerusalén. Las tres ciudades se mencionan en 15:9.60; 18:14-15; 24-28. El significado de toda la narración es mostrar que los jéteos quedaron en Israel en virtud de un tratado con los israelitas, que les destinaron al servicio del templo 3.

Coalición de cinco reyes amorreos (10:1-7).

1Al saber Adonisedec, rey de Jerusalén, que Josué se había apoderado de Hai y que la había dado al anatema — como había hecho con Jericó y su rey, así hizo con Hai y su rey — y que los habitantes de Gabaón habían hecho paces con los de Israel y moraban entre ellos, 2 temieron mucho, porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, más grande todavía que Hai, y sus hombres eran valientes. 3 Adonisedec, rey de Jerusalén, mandó decir a Oham, rey de Hebrón; a Faram, rey de Jerimot; a Jafia, rey de Laquis, y a Davir, rey de Eglón: 4"Subid a mí y prestadme vuestra ayuda para combatir a Gabaón, que ha hecho paces con Josué y con los hijos de Israel." 5Cinco reyes de los amorreos: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, asediándola. 6Los de Gabaón mandaron a decir a Josué, al campamento de Galgala: "No dejes de socorrer a tus siervos; sube prestamente a nosotros y socórrenos, porque se han unido contra nosotros todos los reyes de los amorreos que habitan en la montaña." 7Josué subió a Gálgala, él y todos los hombres de guerra con él, todos los valientes guerreros.

Del rey de Jerusalén — es la primera vez que se hace mención de esta ciudad en la Biblia — partió la iniciativa de una coalición, acaso por ser él el más poderoso de todos o porque se veía más amenazado directamente, por encontrarse Gabaón a diez kilómetros y medio al norte. La ciudad de Jerusalén es conocida en los textos de proscripción con el nombre de Urasalim1. La ciudad fue consagrada a Salem o Salim, nombre de una divinidad que aparece en los documentos acádicos del segundo milenio. Llamóse también Bit Sulman, por el templo al dios Sulman, forma dialectal de Salem 2. Su rey es conocido por Adonisec ("mi Señor es justicia"), que en Jue 1:5 aparece transformado en Adonibézec. En tiempos de Abraham, el rey y sacerdote de Jerusalén era Melquisedec (Gen 14:18). En un principio la ciudad ocupó la cima de la colina del Ofel, al sur del área del templo, entre el torrente Cedrón y el valle del Tiropeón.

Las otras ciudades aliadas de Adonisedec fueron Hebrón, célebre en la vida de los patriarcas (Gen 13:18; 23:2) y de David, a treinta y dos kilómetros al sur de Jerusalén. Jerimot se identifica con la actual Jirbet Yarmuc, en la región entre Hebrón y Gaza. La ciudad de Laquis, hoy Tell Duweir, explorado en los años 1933-1938 por Starkey, alcanzó su período más próspero en la época del Bronce reciente, caracterizada por la dominación egipcia. Según datos de la arqueología, fue destruida entre los años 1230-1200 a.C., es decir, en tiempos de la conquista de Canaán por Josué. Su emplazamiento era estratégico, al pie de la montaña y al comenzar la llanura ondulada que se extiende entre el monte y el litoral mediterráneo 3. La ciudad de Eglón se coloca en tell es-Hesi, a veinticinco kilómetros al nordeste de Gaza. Los cinco reyes sitiaron a Gabaón.

 

Josué corre en ayuda de Gabaón (10:8-11).

8Yahvé había dicho a Josué: "No los ternas, porque te los entregaré en tus manos y ninguno de ellos podrá resistir ante ti." 9Josué se echó sobre ellos de improviso; habían hecho la marcha desde Gálgala, andando toda la noche. 10Yahvé arrojó en medio de ellos la turbación ante Israel, e Israel los derrotó junto a Gabaón; y persiguiéndolos por el camino que va a Betorón, los batió hasta Azeca y Maceda. 11Cuando iban huyendo delante de los hijos de Israel en la bajada de Betorón, Yahvé hizo caer sobre ellos grandes piedras del cielo hasta Azeca, y murieron muchos, siendo más los muertos por las piedras de granizo que los muertos por la espada de los hijos de Israel.

A la angustiosa llamada de los gabaonitas acudió Josué con todo su ejército. Antes de emprender la marcha desde Gálgala, consultó a Yahvé, que le aseguró el éxito de la empresa. Después de una marcha nocturna de unos treinta kilómetros, sorprendió al enemigo de madrugada, derrotándole. En la huida, una furiosa tempestad de piedras y granizo diezmó al ejército enemigo. Se distinguen dos Betorón en el libro, el alto (16:5) y el bajo (16:3; 18:13-14), que corresponden, respectivamente, con los actuales Beitur la alta y Beitur la baja, al noroeste de Gabaón. En 1 Mac 3:16 se hace mención de Betorón alto.

Hace ver el autor sagrado que la victoria se debe en primer término a Dios, por haber sembrado el pánico entre los confederados, que huyen despavoridos. En la bajada de Betorón sorprendió al enemigo una furiosa tempestad, que presagiaba la derrota; según los antiguos, era la tempestad la manifestación de la ira de Dios (1 Sam 7:10-12; Sal 18:11-16; Hab 3:8-10). En los cuatro kilómetros de la cuesta o descensus de Betorón, torrentes de agua bajaban del monte arrastrando tierra y rocas en gran cantidad, mientras el granizo caía abundantemente. Dios luchaba desde el cielo en favor de los israelitas; contra El no había resistencia posible. La intervención del cielo era tanto más manifiesta cuanto que, habiendo pasado la época de las lluvias, no era de esperar que se produjeran precipitaciones, y menos aún grandes tempestades.

Versión épica de la batalla (10:12-15).

12Aquel día, el día en que Yahvé entregó a los amorreos en las manos de los hijos de Israel, habló Josué a Yahvé, y a la vista de Israel, dijo: "Sol, detente sobre Gabaón; y tú, luna, sobre el valle de Ayalón. 13 Y el sol se detuvo, y se paró la luna, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos." ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse, casi un día entero. 14 No hubo, ni antes ni después, día como aquel en que obedeció Yahvé a la voz de un hombre, porque Yahvé combatía por Israel. 15 Josué, con todo Israel, se tornó al campamento, a Caígala.

La espantosa tempestad de granizo que aniquiló al ejército amorreo en la bajada de Betorón era una confirmación manifiesta de que Dios combatía al lado de Israel. Josué persiguió a los reyes confederados hasta Azeca, el actual tell-Zacaría, al nordeste de Laquis (15:39; 1 Sam 17-1; Jer 34:7) y Maceda, de cuya identificación discuten los autores. Quizá deba emplazarse enjirbet el-Heisum, a tres kilómetros al norte de tell-Zacaría.

El recuerdo de la batalla de Gabaón se conservó entre el pueblo, y los poetas desplegaron en torno a este hecho milagroso su inspiración poética. A este folklore popular y a esta versión épica de la batalla hace referencia el autor sagrado cuando, a continuación del versículo 11, intercala el texto de un cántico antiguo triunfal conservado en el libro de Jaser (2 Sam 2:18). No comprendía el pueblo cómo pudo Josué llevar a cabo en el espacio de un solo día tantas hazañas. De ahí que, teniendo en cuenta su condición de profeta y la amistad que le unía a Yahvé, creyera que a su voz se detuvo el sol en su carrera. Con esta inserción, dos cosas ha logrado el autor sagrado: 1) poner de relieve la gran personalidad de Josué, que, como otro Moisés, domina los elementos; 2) recoger en su libro la memoria de una versión poética de un hecho diversas veces celebrado por los vates de Israel. Conforme al texto de esta exaltación poética de la victoria, anota el hagiógrafo, no hubo jamás un día como aquél. Y en verdad que la victoria de Betorón merecía ocupar un lugar destacado en los anales de la historia de Israel, ya que a partir de la misma quedaba abierto al ejército de Israel todo el mediodía de Palestina. Según lo que acabamos de exponer, no caben las objeciones que contra este pasaje han amontonado los críticos independientes, creyendo abrir una brecha en la absoluta inerrancia de los autores sagrados. El autor de nuestro pasaje se ha limitado a registrar en su libro una versión popular y poética de la victoria, sin comprometer su propio juicio acerca de los pormenores de la misma. Como todos sus contemporáneos, creía el autor sagrado en la inmovilidad de la tierra y admitía que el sol daba vueltas alrededor de la misma; pero en este caso concreto no era su intención dar lecciones de orden astronómico, sino simplemente referir una antigua versión épica de la batalla de Gabaón.

Conocido de todos es el incidente de Galileo Galilei (1564-1643) con las congregaciones romanas referentes a este pasaje del libro de Josué, que se produjo por un falso planteamiento del problema de la inerrancia bíblica y por haberse entrometido Galileo en cuestiones teológicas y bíblicas en vez de mantenerse en el terreno científico. En las discusiones con los teólogos romanos declararon éstos que el sistema de Galileo era falso y absurdo en filosofía y formalmente herético, por contradecir a textos bíblicos según su sentido propio y la interpretación unánime de los Padres y doctores de la iglesia. Por el decreto del Santo Oficio de 5 de marzo de 1633 se juzga a Galileo sospechoso de herejía "por creer y retener una doctrina falsa y contraria a las Sagradas Escrituras." Este decreto no tenía carácter doctrinal, sino disciplinar; no se dictó con el fin de proponer una doctrina, sino como documento en el proceso criminal contra una persona4.

En el caso concreto de Josué no existe ninguna dificultad contra la total inmunidad de error del autor sagrado, quien, como hemos hecho notar, se limita a reproducir, copiar, citar y retransmitir a los lectores la manera como poetas y vulgo representábanse la victoria de Gabaón. Por su parte, el hagiógrafo no emite ningún juicio formal sobre la verdad o error contenidos en esta descripción poética que halló en una colección de himnos patrióticos. En otros lugares bíblicos encontramos también inserciones en el texto de cantos épicos (Ex 15:1; 1 Re 8:12), que comienzan exactamente con las mismas frases empleadas en el v.12: "Entonces (en aquel día), el día en que Yahvé." Esta manera poética de narrar un hecho es corriente en la Biblia y en la literatura del Próximo Oriente, por lo que podemos deducir que se trata de un género literario admitido corrientemente en aquel tiempo Que 5:2ss). De ahí que podamos concluir la presente cuestión con las palabras: "En vez de ir a la caza de explicaciones de orden físico para explicar este pasaje del libro de Josué, mejor sería ver en él un problema literario y admitir, con muchos autores católicos modernos, que se trata de una citación poética que hay que interpretar conforme a las leyes de la poesía."5

Persecución del enemigo y fin de los cinco reyes (10:16-27).

16Los cinco reyes huyeron y se refugiaron en la caverna de Maceda. 17Se lo comunicaron a Josué, diciendo: "Han sido hallados los cinco reyes, escondidos en la caverna de Maceda." 18Josué dijo: "Rodad grandes piedras a la boca de la caverna y poned a unos cuantos hombres que la guarden; 19 pero vosotros no os paréis: perseguid al enemigo y picadle la retaguardia; no los dejéis entrar en sus ciudades, porque Yahvé, vuestro Dios, los ha entregado en vuestras manos." 20Cuando Josué y los hijos de Israel los hubieron enteramente derrotado y batido, hasta exterminarlos, y se refugiaron en las ciudades fuertes los que pudieron escapar, 21se vino todo el pueblo tranquilamente al campamento, a Josué en Maceda, sin que hubiera quien moviese la lengua contra los hijos de Israel. 22Josué dijo: "Abrid la boca de la caverna, sacad a los cinco reyes y traédmelos." 23Lo hicieron así, llevando a los cinco reyes, que sacaron de la caverna: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis y el rey de Eglón. 24Una vez delante de Josué, llamó éste a todos los hombres de Israel y dijo a los jefes de los hombres de guerra que le habían acompañado: "Acercaos y poned vuestro pie sobre el cuello." Ellos se acercaron y pusieron su pie sobre su cuello, 25y Josué dijo: "No temáis y no os acobardéis; sed firmes y valientes, pues así tratará Yahvé a todos vuestros enemigos, contra los cuales combatís." 26Después Josué hizo darles muerte y los mandó colgar de cinco árboles, y allí estuvieron colgados hasta la tarde. 27Al ponerse del sol los hizo bajar de los árboles y echarlos en la caverna donde se habían escondido, y pusieron a la boca de la caverna grandes piedras, que todavía se ven hoy allí.

Después de la interrupción del relato con la inserción de una tradición poético-popular de la batalla de Gabaón, reanuda el autor sagrado en el v.16 el curso de la historia. Los cinco reyes coligados llegaron a Maceda y se escondieron en una de las cuevas de la región. Derrotado el enemigo, reunióse en Maceda el ejército de Israel con Josué al frente para ajusticiar a los cinco reyes. Siguiendo una antigua costumbre, mandó Josué a los oficiales (qasin), personajes revestidos de dignidad civil y militar (Is 1:10; Jue 11:6-11), que pusieran su pie sobre el cuello de los reyes derrotados como símbolo de dominio absoluto sobre ellos y en señal de desprecio (Sal 110:1; Is 51:23; Sal 66:12). Al ponerse el sol debía darse sepultura a los cadáveres, conforme al Deuteronomio (21:22-23). Las piedras que obturaron la caverna donde fueron arrojados los cinco reyes eran visibles todavía en los tiempos en que se escribió este relato.

Conquista del mediodía de Palestina (10:28-43).

28Aquel mismo día se apoderó Josué de Maceda y la destruyó con todos los vivientes que en ella había y su rey, pasándola a filo de espada. Dio al anatema la ciudad y a todos los vivientes que en ella había, sin dejar uno solo, y trató a su rey como había tratado al de Jericó. 29Pasó Josué con todo Israel de Maceda a Libna y la atacó. 30 Yahvé la entregó también a las manos de Israel, con su rey, y la pasó a filo de espada a ella y a cuantos en ella había, sin dejar escapar uno, y a su rey le trató como había tratado al de Jericó. 31Pasó luego Josué, y con él todo Israel, de Libna a Laquis, y la atacó, acampando ante ella. 32Yahvé entregó a Laquis en las manos de Israel, que la tomó al segundo día y la pasó a filo de espada, con todos los vivientes que en ella había, como había hecho en Libna. 33Entonces Horam, rey de Gazer, subió para socorrer a Laquis; pero Josué le derrotó a él y a su pueblo, sin dejar escapar a nadie. 34Josué, y con él todo Israel, pasó de Laquis a Eglón; pusieron su campo junto a la ciudad y la atacaron. 35Aquel mismo día la tomaron y pasaron a filo de espada a todos los vivientes que había en ella, y la dieron al anatema, como habían hecho con Laquis. 36Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón y atacaron la ciudad; 37tomada, la pasaron a filo de espada a ella y a su rey, a todas las ciudades de ella dependientes y a todos los vivientes que en ellas se hallaban, sin dejar a nadie, como lo había hecho Josué en Eglón, y la dio al anatema con todos los vivientes que en ella había. 38Josué, y todo Israel con él, se volvió contra Dabir y la atacó; 39tomada, con su rey y todas las ciudades de ella dependientes, las pasaron a filo de espada, y dieron al anatema a todos los vivientes que allí había, sin dejar escapar a nadie. Josué trató a Dabir y a su rey corno había tratado a Hebrón. 40Josué batió toda la tierra, la montaña, el mediodía, los llanos y las pendientes, con todos sus reyes, sin dejar escapar a nadie y dando al anatema a todo viviente, como lo había mandado Yahvé, Dios de Israel. 41Batiólos Josué desde Cadesbarne hasta Gaza y todo el territorio de GosénhastaGabaón.42 Josué tomo a todos sus reyes y toda su tierra en una sola expedición, porque Yahvé, Dios de Israel, combatió por Israel. 43Después Josué, y todo Israel con él, tornó al campamento, a Gálgala.

El escritor sagrado se limita a una descripción esquemática, estereotipada y con profusión de hipérboles de la campaña del mediodía de Palestina. Sin descender a detalles, da un concepto breve de la campaña relámpago de Josué, a quien asistía Dios para asegurar el éxito. No es probable que Josué sometiera en dos días a todos los enemigos del sur y expugnara todos sus ciudades, muchas de las cuales estaban sólidamente fortificadas. Es muy posible que éstas resistieran a los asaltantes y no se entregaran sino después de feroz resistencia. El género literario histórico empleado en este relato puede fácilmente inducir a error si no se tienen en cuenta los modos peculiares de narrar y decir en uso en aquello tiempos de la antigüedad oriental. Sin preocuparse de los pormenores, ha resumido el hagiógrafo la conquista de las ciudades del mediodía de Palestina, que fue rápida, decisiva para el porvenir y victoriosa frente a un enemigo superior en número y en armas. La razón de este éxito radica en la intervención directa de Dios, que nunca faltaba mientras Israel permanecía fiel a las leyes de la alianza. En breves pinceladas se resume una campaña larga y penosa. El método histórico adoptado lleva al hagiógrafo a repetir la conquista de Maceda, que en los versículos anteriores (16-19) se supone ya subyugada. El rey de Hebrón de que se habla en el v.37 era el sucesor del que fue ajusticiado en Maceda. A la gran figura de Josué se atribuyen victorias logradas por otros, a la manera como a la acción y actividades de Moisés se atribuye toda la legislación israelita. El método esquemático empleado se basa en una visión profética de la historia considerada en su unidad. Los comienzos humildes, desde el punto de vista de los designios de Dios, son ya realizaciones futuras. Al principio de la conquista de Canaán, el autor sagrado contempla el descanso de Israel en la tierra que Dios le da 6.

Quien siga la campaña de Josué en el mediodía de Palestina sobre un mapa verá los desplazamientos en forma de S del jefe israelita. De Maceda (Jirbet el-Heisum) pasa a Libna, en la Sefela, en la desembocadura del valle de Elah (15:42; 21:13), cuyo lugar ocupa hoy Tell Bornat, a nueve kilómetros al sur de tell es-Safi. De Libna desciende a Laquis. A su ayuda corrió el rey de Gazer o Gezer, ciudad a veintiocho kilómetros al sudoeste de Jafa. La ciudad de Dabir se encontraba en la montaña de Judá, al sudoeste de Hebrón, hacia el Negueb (12:13; 15:49; Jue 1:11). Actualmente prevalece la sentencia de identificar su emplazamiento con tell Beit Mirsim7. Del examen de las ruinas de la ciudad se deduce que en la misma se produjo una gran devastación hacia el año 1225 a C., contemporáneamente a la campaña bélica de Josué por el mediodía de Palestina. Las excavaciones arqueológicas de Laquis y Dabir confirman el relato histórico de la conquista de Canaán en los alrededores del año 1200 a.C. 8

Campaña contra el norte de Palestina (11:1-15).

1Al tener noticia de estos sucesos Jabín, rey de Jasor, mandó una embajada a Jobab, rey de Madón; al rey de Simerón, al rey de Acsaf, 2 y a los reyes que estaban al norte de la montaña, y en el Araba, al sur de Queneret, en la llanura, y en las alturas de Dor, al occidente, 3 y a los cananeos de oriente y de occidente, a los amorreos, a los jéteos, a los fereceos, a los jebuseos de la montaña y a los jeveos del pie del Hermón, en el territorio de Masfa. 4 Salieron con ellos todos sus ejércitos, gente Innumerable, como las arenas que hay a las orillas del mar, con una gran muchedumbre de caballos y carros. 5 Reuniéronse todos y vinieron a acampar concentrados junto a las aguas de Merom para combatir a Israel. 6 Yahvé dijo a Josué: "No los temas, porque mañana, a esta misma hora, yo te los daré traspasados delante de Israel: desjarretarás sus caballos y quemarás sus carros." 7Josué y todos los hombres de guerra llegaron de improviso cerca de las aguas de Merom y se precipitaron sobre ellos. 8Yahvé los dio enteramente en manos de Israel, que los batió y persiguió hasta Sidón la grande, hasta las aguas de Misrefot y hasta el valle de Masfa, a oriente. Los batió sin dejar escapar uno solo. 9Josué los trató como Yahvé se lo había dicho; solto sus caballos y dio al fuego sus carros. 10 Entonces se volvió Josué y tomó y pasó a su rey al filo de la espada. Jasor era antes la capital de todos estos reinos. Pasaron a filo de la espada a todos los vivientes que en ella se hallaban, dándolos todos al anatema; nada quedó de cuanto vivía, y Jasor fue dado a las llamas, 12Josué tomó todas las ciudades de estos reyes, y tomo a todos sus reyes y los pasó a filo de la espada, dándolos al anatema, como se lo había mandado Moisés, siervo de Yahvé. 13Israel no quemó ninguna de las ciudades de la montaña, fuera de Jasor, que incendió Josué. 14 Todo el botín de estas ciudades y sus ganados los tomaron los hijos de Israel para ellos; pero pasaron a filo de espada a todos los hombres, hasta exterminarlos, sin dejar uno. 15Lo que había mandado Yahvé a Moisés, su siervo, lo mandó éste a Josué, que lo ejecutó sin quitar palabra de cuanto Yahvé había mandado a Moisés.

Es desconcertante la noticia del v.43 del capítulo anterior de que una vez terminada la conquista de los territorios del mediodía de Palestina, "Josué, y todo Israel con él, tornó al campamento, a Caígala." En el presente capítulo describe el autor a grandes rasgos la campaña del norte de Palestina. La iniciativa de formar una coalición para oponerse al avance de los israelitas parte del rey de Jasor (v.1-5). Dios promete a Josué la victoria sobre estos nuevos enemigos (v.6) y, confiado en el auxilio divino, los ataca de improviso y los desbarata (v.7-8), expugnando sus ciudades y devastando toda la región.

Se observa en la redacción de este capítulo una sorprendente analogía con la del capítulo anterior. En ambos se habla de una confederación de reyes, de la derrota de sus ejércitos, de la devastación del territorio y de un balance de la campaña. Como en el capítulo anterior, Dios promete a Josué la victoria sobre los enemigos; Josué parte también de Caígala para ir en busca del enemigo; una y otra vez Josué cae de improviso sobre el ejército contrario. En el v.6 promete Yahvé a Josué que "mañana, a esta misma hora, yo te los daré traspasados delante de Israel," lo que no puede tomarse al pie de la letra, por mediar entre Caígala y Jasor una distancia de más de cien kilómetros, que no puede salvarse en un día.

Al llamamiento de Jabín, rey de Jasor (Tell el-Qedah, o Tell Waqqas, a seis kilómetros al sudoeste del lago Hule, 12:19; 19:36), acudieron los reyes de Madón (Jirbet Madin, a nueve kilómetros al oeste de Tiberíades, Deut 3:17), de Simerón (Semuriya, a doce kilómetros al oeste de Nazaret) y de Acsaf (Kefr Yasif, a diez kilómetros al nordeste de Acre). Secundaron el movimiento los reyes que ocupaban la parte septentrional de la región montañosa de Judea, los de la planicie al sur del lago de Genesaret, los de la Sefela (9:1) y los de la región de Dor, hoy Tantura, entre el monte Carmelo y Cesárea (12:23; 17-11)· En estos territorios habitaban diversos pueblos, tales como los cananeos, establecidos en las llanuras del Jordán y de la costa mediterránea; los amorreos, jéteos, fereceos, jebu-seos, en la montaña; los jeveos, al pie del Hermón (9:7). El v.3 parece una adición redaccional para indicar que la región del norte de Palestina estaba poblada por idénticos pueblos y razas que la del sur. No se tiene noticia de que los jebuseos ocuparan otro territorio que el de Jerusalén y alrededores. Usando una expresión familiar en la Biblia (Gen 22:17), dícese que estos pueblos acudieron al llamamiento de Jabín tan numerosos "como las arenas que hay en las orillas del mar." Todos acamparon junto a las aguas de Meforn (Meirum) o del lago Hule. Únicamente Jasor fue entregada al anatema; de ella "nada quedó de cuanto vivía, y Jasor fue dada a las llamas," tratando a las otras ciudades con más benevolencia. Con el aniquilamiento de los reyes coligados no se adueñó Josué de toda la tierra del norte de Palestina ni la ocupó. Tomados los puntos estratégicos, las ciudades fueron cayendo después, una tras otra, en manos de los israelitas. Josué persiguió al enemigo hasta Sidón, la ciudad fenicia que con Tiro fue una de las capitales del reino (Gen 10:15); se conoce la Sidón marítima y la ciudad alta.

El lugar que ocupaba la ciudad de Jasor (Tell el-Qedah) ha sido explorado sistemáticamente durante los años 1955-1957 por Y. Yadin, de la Universidad hebraica de Jerusalén. De entre los valiosos resultados de las excavaciones merece destacarse el hecho de la destrucción de la ciudad cananea del Bronce reciente en el siglo XIII antes de Cristo, coincidiendo con la destrucción de Laquis y de Dabir. Este dato confirma una vez más la fecha de la entrada de los israelitas en Palestina hacia el año 1200 a.C.1

Sumario (11:16-20).

16Así se apoderó Josué de todo este territorio, de la montaña, de todo el mediodía, de todo el distrito de Gosen, de la llanura, del Araba, de la montaña de Israel y de sus llanos, 17desde la montaña desnuda que se alza hacia Seír, hasta Baal Gad, en el valle del Líbano, al pie del monte Hermón. Tomo a todos sus reyes y les dio muerte, 18La guerra que hizo Josué contra todos estos reyes duró largo tiempo; 19no hubo ciudad que hiciese paces con los hijos de Israel, fuera de los jeveos, que habitaban en Gabaón; todas las tomaron por la fuerza de las armas; 20porque era designio de Yahvé que estos pueblos endureciesen su corazón en hacer la guerra a Israel, para que Israel los diese al anatema, sin tener para ellos misericordia, y los destruyera, como Yahvé se lo había mandado a Moisés.

Este sumario es muy parecido al que se da en 10:40. Conquistó Israel el macizo central (hahar) en torno a Jerusalén (9:1; 10:40); el Negueb (de nagab, ser seco, árido), o sea, la extremidad meridional de Palestina, desde Bersabé hasta el desierto de Sin; la Sefela, territorio comprendido entre el macizo central y la costa mediterránea, y la Araba, nombre con que se designa la cuenca del Jordán, desde el lago de Genesaret hasta el mar Muerto. El término Gosen designa un territorio o ciudad del sur de la montaña de Judá (10:41; 15:51). Como límites meridional y septentrional de todo el territorio conquistado se señalan la montaña desnuda (hehalaq), que corresponde al actual Gebel Halaq, al nordeste de Abdeh, en el extremo sur de Palestina en dirección a Cadesbarne (Deut 1:2; 9:23) y Baal Gad, en el valle del Líbano, a los pies del Hermón (12:7; 13:5)·

Se dice que ninguna ciudad hizo las paces con los hijos de Israel, no porque no la pidieran, sino por ser designio de Dios entregarlas al anatema y destruirlas. Pero no endureció Dios el corazón de los enemigos, como pudiera dar a entender el texto masorético, perdiendo únicamente su endurecimiento con vistas al bien religioso Moral de los israelitas. Como se indica en el v.18, la conquista del norte de Palestina exigió largo tiempo.

Exterminio de los enaquím (11:21-22).

21En este tiempo se puso Josué en marcha y exterminó a los enaquim de la montaña de Hebrón, de Dabir y de Anab, de toda la montaña de Judá y de toda la montaña de Israel. Josué los dio al anatema con todas sus ciudades. 22No quedó un enaquim en todo el territorio de los hijos de Israel; sólo quedaron en Gaza, en Gat y en Azoto."

Se introduce con indicaciones cronológicas muy vagas la noticia de la campaña contra los enaquim. Es posible que en la conquista del sur de Palestina les atacara Josué, pero supervivieron largo tiempo, batiéndolos Caleb (Jos 15:13-19; 14:13-15). Pertenecían los enaquim a una raza de grande estatura que había impresionado fuertemente a los exploradores israelitas, ante los cuales se consideraban como langostas (Núm 13:25; 29-34; Deut 2:10). La imaginación popular exageró sus facultades físicas para explicar con ello la construcción de los monumentos megalíticos esparcidos por toda la región. Habitaban en Hebrón (10:36), Dabir (10:38-39) y Anab; (15:50) es decir, en el sudoeste de Hebrón. Gaza, Azoto y Gat pasaron a Israel bajo David (1 Sam 6:17).

Conclusión y transición (11:23).

23 Se apoderó Josué de todo el territorio, conforme a todo lo que Yahvé había dicho a Moisés, y se lo dio en heredad a Israel por partes, según sus tribus, y la tierra descansó de la guerra.

En el v.23 termina el autor sagrado la primera parte de su libro. A base de un número determinado de hechos reales presentados de un modo épico, ha probado suficientemente la tesis de que Dios cumplió su promesa de entregar a su pueblo el territorio de Canaán, ocupado por pueblos idólatras. La invasion en Palestina, lejos de ser pacífica, exigió un grande esfuerzo bélico, que tuvo éxito gracias a la intervención constante de Dios. Esta providencia divina, que tan desinteresadamente combatió al lado de Israel, obligaba a éste a corresponder a sus beneficios con una fidelidad ciega a los preceptos divinos y una conducta ajustada a las leyes de la alianza. Además de haber limpiado Dios el territorio de enemigos, había facilitado a los israelitas el cumplimiento de sus deberes religiosos y morales, con la orden de exterminar a los habitantes de Canaán para que no fueran motivo de tropiezo y escándalo. Con ello se justifica el rigor con que se trató a los pueblos paganos, aniquilando a sus hombres, mujeres y niños.

Reyes vencidos: 1) de Transjordania (12:1-6).

1He aquí los reyes de la tierra que batió Israel, apoderándose de sus territorios, al otro lado del Jordán, a oriente, desde el torrente del Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Araba, a oriente: 2Seón, rey de los amorreos, residente en Hesebón; su dominio se extendía desde Aroer, a orillas del torrente del Arnón, y desde el medio de este valle, sobre la mitad de Galaad, hasta el torrente de Jacob, en la frontera de los hijos de Amón; 3sobre el Araba hasta el mar de Queneret, a oriente, y sobre el mar del Araba, el mar de la Sal, a oriente, hacia Betjesimot, y del lado del mediodía, al pie de las pendientes del Pasga. 4El territorio de Og, rey de Basan, de los restos de los refaím, residentes en Astarot y en Edraí. 5Su dominio se extendía sobre la montaña de Hermón, sobre Saleja, sobre todo Basan, hasta la frontera de Garur y de Macat y hasta la mitad de Galaad, territorio de Seón, rey de Hesebón. 6Moisés, siervo de Dios, y los hijos de Israel los batieron; y Moisés, siervo de Yahvé, dio sus territorios en heredad a los rubenitas y gaditas y a media tribu de Manases.

Antes de entrar en la segunda parte de su libro añade el autor sagrado un apéndice sobre los reyes vencidos de TransJordania y de Cisjordania. En la primera parte resume el relato del Pentateuco acerca de los dos poderosos reyes de Transjordania batidos por Moisés (Deut 1:4; 3:8-11-13; 16-17), Seón y Og. Su territorio se extendía desde el torrente Arnón (Núm 21:13), al sur, hasta la montaña de Hermón, al norte. No se señalan sus fronteras orientales, que se pierden en la inmensidad del desierto; pero se señala, en cambio, el Araba (8:15; 11:2) como frontera occidental. El territorio de ambos reyes fue entregado por Moisés a los rubenitas, gaditas y a media tribu de Manases (Deut 3:12-17; 29:7).

2) De Cisjordania (12:7-24).

7Reyes de la tierra que batió Josué y los hijos de Israel de este lado del Jordán, a occidente, desde Baal Gad, en el valle del Líbano, hasta la montaña desnuda que se alza hacia Seír, cuyos territorios dio Josué en heredad a las tribus de Israel, según sus familias, 8en la montaña, en la llanura, en el Araba, en las vertientes, en el desierto, en el Negueb; de los jéteos, de los amorreos, de los cananeos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos; 9el rey de Jericó, el rey de Hai, cerca de Betel; 10 el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, 11 el rey de Jerimot, el rey de Laquis, 12el rey de Eglón, el rey de Guezer, 13el rey de Dabir, el rey de Gueder, 14el rey de Jorma, el rey de Arad, 15el rey de Libna, el rey de Odulam, 16el rey de Maceda, el rey de Betel, 17el rey de Tafuaj, el rey de Ofer, 18el rey de Afeg, el rey de Lasaron; 19el rey de Madón, el rey de Jasor, 20el rey de Simerón, el rey de Acsaf, 21el rey de Tanac, el rey de Mageddo, 22el rey de Cades, el rey de Janeam, en el Carmelo; 23el rey de Dor, en las alturas de Dor; el rey de Goyim, junto a Guilgal; 24 el rey de Tirsa. En todo, treinta y un reyes.

Las fronteras norte y sur de Palestina iban, respectivamente, desde Baal Gad (11.16) a la "montaña pelada" (Gebel Halaq), de que habló el texto (11:17). En otras ocasiones, para señalar los límites de Palestina se emplea la fórmula clásica "desde Dan hasta Bersabé"(1 Sam 3:20). Todos los reyes comprendidos dentro de estos límites habitaban, o bien en la montaña (hahar), o en el Araba en la Sefela y a lo largo de la costa del Mediterráneo.Todos ellos fueron vencidos y entregado su territorio a los israelitas. El balance de la campaña era espléndido, por cuanto quedaban los israelitas dueños virtualmente de todo el territorio de acá del Jordán. No se había realizado el vasto programa previsto en 1:4, pero el resultado de la campaña era tal que podía pensarse en la distribución del territorio entre las tribus. Esta lista de reyes es una prueba del esquematismo histórico del libro de Josué, en el que se consignan los hechos más salientes sucedidos en los largos años (yamim rabbim) que duró la entrada de Israel en Canaán1.

1 Y·Yadin, Excavations at Hazor: "Biblical Archaeologist," 19 (1956) 2-12; Further Light on Biblical Hazor: ibid., 20 (1957) 34-47; The third Season of Excavation at Hazor 1957: ibid., 21 (1958) 30-47; S. Yeivin, The Israelite Settlement in Galilee and the Wars with Jabín of Hazor: "Mélanges Robert" (París 1951) 95-104.

2 Los géneros literarios en los libros del Antiguo Testamento llamados históricos, fuera del Pentateuco: en "Los, géneros literarios de la Sagrada Escritura" (Barcelona 1957) 146.

3 F. M Abel, La question gabaonite et l'onomasticon: RB 43 (1936) 346-373; A. Mala-Mat, Doctrines of Causality in Hittite and biblical Historiography: a paraUell: VT 5 (1955) 1-12.

1 J. A. Knudtson, Die el-Amarna Tafeln II (Leipzig 1915) 287-289.290.

2 J. Lewy, The Sulman Temple in Jerusalem: JBL 49 (1940) 510-522.

3 A. Vanden Oudenpijn, Les fouilles de Lakis et Vétude de VAnden Testament (Friburgo de Suiza 1942); O. Tufnell M. A. Murray-d. Diringer, Lachis III (Tell ed-Duweir). The Iron Age (Oxford 1953); O. Tufnell, Lachis IV, The Bronze Age (Oxford 1958).

Josué 10

4 P. De Vregille, GaWée: "Dictionnaire Arolopétíque de la Foi Catholique," II 147-102.

5 H. Lefétre, Josué et fe so eií: "Revue Pratioue d'Arologétique." 4 (1007) 351-356; G. lambert Josué á la bataWede Cabaon: "NoOvelleFevueThéologique," 76 (1954) 374-391; M. J. Gruenthaner, Two Sun Miracles ofthe Bible: CB 910 (1948) 271-290; A. Van Hoonacker, Das Wunder ostias: "Theologie und Glaube," 5 (1913) 454-46i; Veronnet, L'arret du soleil: "Revue du Clergé Frangais," 41 (1905) 585-609.

6 Delorme, l.c., 393; Sghildenberger, l.c., 140.

7 Albright, Archaeology of Palestine and the Bible: Basor 17 (1938) 78-79; The Excavations of the Beit Mirsim: "Annual of the American Schools of Oriental Research" (New Haven 1932-1938).

8 Véase K. Elliger, Josua in Judea: PJB 33 (1934) 47-71

 

2. Distribución de la Tierra de Canaán (c.13-22).

Advertencia de Dios a Josué (13:1-6).

1Josué era ya viejo, entrado en años, y Yahvé le dijo: "Eres ya viejo, de edad avanzada, y queda todavía mucha tierra por conquistar. 2 Mira lo que queda: todos los distritos de los filisteos y todo el territorio de Gesur; 3 desde el Sijor, que corre al oriente de Egipto, hasta la frontera de Acarón, hacia el norte, que se reputa como de los cananeos; los cinco príncipes de los filisteos: el de Gaza, el de Azoto, el de Ascalón, el de Gat y el de Acarón; los jeveos al mediodía; 4toda la tierra de los cananeos, y Ara, que es de los sidonios, hasta Afee, hasta la frontera de los amorreos; 5 la tierra de los gueblitas y todo el Líbano a oriente, desde Baal Gad, al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat; 6 todos los habitantes de la montaña, desde el Líbano hasta las aguas de Misrefot; todos los sidonios. Yo los arrojaré de delante de los hijos de Israel. Pero distribuye por suertes esta tierra en heredad a los hijos de Israel, como yo lo he mandado.

La conquista de muchos lugares estratégicos de Palestina había requerido el espacio de muchos años; "quedaba todavía mucha tierra por conquistar," pero Josué era ya de edad avanzada. En la imposibilidad de apoderarse de toda la tierra prometida antes de su muerte, le manda Dios que la distribuya por suertes, aun aquella que ocupaba el enemigo, a los hijos de Israel. Josué puede reunirse tranquilo con sus padres, confiado en la promesa de que Dios arrojará de sus territorios a los pueblos enemigos para entregárselos a su pueblo escogido. Las campañas de Josué habían abierto las puertas de Palestina a los israelitas. Quedaban por conquistar los distritos de los filisteos, la Fenicia, el Líbano. Los gesuritas habitaban al sur de Palestina, cabe a los filisteos (1 Sam 27:8). El Sijor es uno. de los canales de la frontera de Egipto. Se mencionan los cinco príncipes (seranim) de la pentarquía filistea Que 3:3; 16:5; 1 Sam 5:6). Los gueblitas son los habitantes de Gebal, la antigua Byblos, al norte de Beirut. En Jue 3:1-6 se da la razón de por qué Dios no entregó estos pueblos en manos de los israelitas, que fue para que las generaciones futuras se acostumbraran a la guerra y apreciaran el esfuerzo llevado a cabo por sus antepasados. Otra razón apuntada en Jue 3:4 es de que "estos pueblos habían de servir para por ellos probar a Israel y saber si obedecería a los mandatos que Yahvé había dado a sus padres por medio de Moisés." La mejor prueba, en efecto, de su fidelidad a la alianza era la de mantenerse fiel a Dios en medio de un mundo idólatra 1.

Repartición de las tierras de Trans Jordania (13:7-14)

7Ahora, pues, distribuye esta tierra entre las nueve tribus y la media de Manases. 8Con la otra mitad, los rubenitas y gaditas recibieron ya su heredad, que les dio Moisés al otro lado del Jordán, a oriente, como se la distribuyó Moisés, siervo de Yahvé: 9desde Aroer, a orillas del torrante del Arnón, y desde la ciudad que está en medio del valle, toda la llanura de Madaba hasta Dibón; 10todas las ciudades de Seón, rey de los amorreos" que reinaba en Hesebón, hasta la frontera de los hijos de Am-món; n Galaad, el territorio de Gesur y de Macat, toda la montaña de Hermón y todo el Basan, hasta Saleca; 12todo el reino de Og, en Basan, que remaba en Astarot, y en Edraí, y eran los últimos restos de los refaím. Moisés batió a estos reyes y los desposeyó; 13pero los hijos de Israel no desposeyeron a los guesuritas y a los macatitas, y Gesur y Macat habitan en medio de ellos hasta hoy. 14La tribu de Levi fue la sola a que Moisés no dio heredad, porque las combustiones de Yahvé, Dios de Israel, son su heredad, como él se lo dijo.

Como se ha hablado ya otras veces (1:12-15; 12:1-6), las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manases habían recibido su heredad en Transjordania. Moisés se la había dado; a Josué quedaba la tarea de hacer la distribución de las tierras de Cisjordania entre las nueve restantes y la media de Manases. Pero así como las tribus del lado de acá del Jordán debían convivir con los naturales del país, del mismo modo "los hijos de Israel no desposeyeron a los guesuritas y a los macatitas" (12:5; Deut 3:14), que convivían con los tribus transjordánicas aun en los días en que se escribía este elato. A los hijos de Leví no se les concedió heredad entre el pueb\o porque las combustiones por el fuego eran su heredad (Núm 18:2oss; Deut 10:8-9; 18:2).

Herencia de Rubén (13:15-23).

15Moisés había dado a los hijos de la tribu de Rubén una parte según las familias. 16Tuvieron por territorio, a partir de Aroer, a orillas del torrente del Arnón y de la ciudad situada en medio del valle, toda la llanura hasta Madaba; 17Hesebón y todas las ciudades del llano, Dibón, Bamot Baal, Bet Baal, Maón, 18Jahsa, Quedamot, Mefat, 19Quiryataím Sabama, Sa-rat Asar, en el monte del valle; 20Bet Fogor, las pendientes del Pasga, Bet Jesimot, 21todas las ciudades del llano y todo el reino de Seón, rey de los amorreos, que remaba en Hesebón; Moisés le derrotó a él y a los príncipes de Madián, Eví, Requem, Sur, Jur y Rebe, tributarios de Seón, que habitaban la tierra. 22El adivino Balaam, hijo de Beor, fue también del número de los que los hijos de Israel pasaron a filo de espada. 23Así el territorio de los hijos de Rubén llegaba hasta el Jordán y sus riberas. Esta fue la heredad, las ciudades y sus pueblos, de los hijos de Rubén y sus familias.

Aunque Rubén se hubiera establecido antes en el territorio por condescendencia de Moisés (Núm 32:153), el hagiógrafo menciona de nuevo los límites de su territorio con las principales ciudades. Como hemos dicho, poseían los rubenitas numerosos rebaños, entregándose a la vida del pastoreo. Débora criticará más adelante su conducta porque su afición desmesurada por la vida beduína le retraía de la obligación de luchar juntamente con las otras tribus de Israel (Jue 5:15-16). En tiempos del rey David no figura Rubén como población sedentaria, terminando por fundirse con los gaditas (1 Sam 13:7; 2 Sam 24:5). En la Estela de Mesa solamente se hace mención de Gad como tribu israelítica al norte del torrente Arnón (12:2; Núm 21:13; Deut 2:24; Núm 23:24; Deut 2:36). Pereció Balaam en la guerra contra los madianitas (Núm 31:8).

Territorio de Gad (13:24-28).

24Moisés dio a la tribu de Gad una parte según sus familias. 25 Su territorio comprendía: Jaser, todas las ciudades de Galaad, la mitad de la tierra de los hijos de Ammón hasta Aroer, que está enfrente de Raba, 26 desde Hesebón hasta Ramat, Masfe y Betonim, y desde Majanaím hasta la frontera de Debir; 27y en el valle de Bet Aram, Bet Nimra, Sucot y Safón, parte del reino de Seón, rey de Hesebón, el Jordán y sus riberas, hasta el cabo del mar de Queneret, del otro lado del Jordán, a oriente. 28Esta fue la heredad, ciudades con sus pueblos, de los hijos de Gad según sus familias.

Gad se instaló en Transjordania, al norte del territorio de Rubén. A diferencia de sus hermanos del sur, los gaditas eran guerreros (Deut 33:20; 1 Crón 21:8s.). A Gad había dicho Jacob: "Gad: salteadores le asaltan, y él les pisa los talones" (Gen 49:19). De hecho, cuando los nómadas le asaltan, sabe defenderse. Y no solamente se defendía, sino que, de tendencia absorbente, acabó con anexionarse la tribu de Rubén, indolente para la guerra. Se recuerda a Gad en la Estela de Mesa, en donde se dice que habitaba en Atarot. Edificó esta tribu ciudades en Galaad (Núm 32:34).

Media tribu de Manases (13:29-33).

29Moisés dio a la media tribu de Manases una parte, según sus familias. 30 Tuvieron por territorio, a partir de Majanaím, todo Basan, todo el reino de Og, rey de Basan, y todos los burgos de Jair en Basan, sesenta ciudades; 31la mitad de Galaad, Astarot y Edraí, ciudades del reino de Og en Basan, fueron dadas a Maquir, hijo de Manases, a la mitad de los hijos de Maquir, según sus familias. 32Estas son las partes que distribuyó Moisés, cuando estaba en los llanos de Moab, del otro lado del Jordán, frente a Jericó, a oriente. 33Pero Moisés no dio parte a la tribu de Leví; Yahvé, Dios de Israel, es su parte, como él se lo ha dicho.

A la media tribu de Manases (Deut 3:13-15; Núm 32:41) se le dio el territorio al norte del río Yaboc, que comprendía todo Basan, el reino de Og y los burgos de Jair. Al norte de su heredad residían los macatitas y los guesuritas, que, según 13:13, resistieron a los israelitas. A Maquir (17:1-6), primogénito de Manases y padre de Galaad, se le asignó la región septentrional del Yaboc y Basan. De nuevo repite el autor sagrado el estribillo de que esta distribución de la región transjordánica fue ratificada solemnemente por Moisés en los llanos de Moab, frente a Jericó 2.

Primera Distribución en Gálgala (14-17).

Hasta el presente hemos visto a Josué obrar individualmente, pero a partir del v.1 del 0.14 le asisten Eleazar (Ex 6:23; Núm 20:22-29), sacerdote, y los jefes de familia de las tribus de Israel (Ex 6:25; Núm 32:28; 36:1). Ya en el libro de los Núm 34:16-29 se prevé la repartición del territorio bajo la dirección de dos jefes, uno de la casta sacerdotal y otro laico. En realidad, no eran los hombres ni la suerte ciega los que señalaban a cada tribu su heredad (Núm 26:55; 33:54; 34:13; 36:12), sino el oráculo divino, al que se consultaba por medio de los urim y tummim, de que hemos hablado. Anota el texto que la tribu de Jose formaban dos tribus distintas y repite que no se asignó territorio alguno a la de Leví. La distribución anterior entre las tribus de Rubén y de Gad y media de la de Manases fue determinada por Moisés; a Josué competía la distribución de la heredad entre las otras tribus. Parte de esta tarea la llevó a cabo Josué en Caígala.

Favor otorgado a Caleb (14:1-15).

lHe aquí lo que los hijos de Israel recibieron en heredad en la tierra de Canaán; lo que les distribuyeron Eleazar, sacerdote; Josué, hijo de Nun, y los jefes de familia de las tribus de los hijos de Israel. 2Fue la suerte la que asignó su heredad, corno Yahvé se lo había mandado a Moisés, a las nueve tribus y a la media tribu de Manases. 3Pues Moisés había ya dado su heredad a dos tribus y a media de la de Manases, al otro lado del Jordán. No dio nada de la herencia a los levitas en medio de ellos. 4Los hijos de José formaban dos tribus, Manases y Efraím, y no se dio a los levitas parte en el territorio, fuera de las ciudades de su habitación y los campos de pastos para sus ganados y rebaños. 5Los hijos de Israel cumplieron lo que Yahvé había mandado a Moisés, y distribuyeron la tierra. 6Algunos de los hijos de Judá se acercaron a Josué, en Gálgala, y Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, le dijo: "Ya sabes lo que a Moisés, siervo de Dios, dijo Yahvé respecto de mí y de ti en Cadesbarne. 7Cuarenta años tenía yo cuando Moisés, siervo de Yahvé, me mandó de Cadesbarne para explorar la tierra, y yo le hice relación según la sinceridad de mi corazón. 8Mientras que mis hermanos, los que conmigo habían subido, descorazonaron al pueblo, yo seguí enteramente a Yahvé, mi Dios. 9Aquel día hizo Moisés este juramento: La tierra que pisaren tus pies será tu herencia y la de tus hijos perpetuamente, porque tú has seguido enteramente a Yahvé. 10Ahora, pues, Yahvé me ha conservado la vida, como lo prometió durante los cuarenta y cinco años transcurridos desde que Yahvé dirigió a Moisés esta palabra, mientras caminaba Israel por el desierto, y tengo ahora ochenta y cinco años; 11 pero ya ves que estoy fisicamente bien hoy, como lo estaba al tiempo en que Moisés me mandó; mi fuerza es ahora la misma de entonces para luchar, para salir y para entrar. 12Dame, pues, este monte, de que habló Yahvé aquel día, pues allí están los enaquim, y tienen ciudades grandes y fuertes; quizá quiera Yahvé estar conmigo y logre arrojarlos, según la palabra de Yahvé." 13Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefoné, y le dio Hebrón en heredad. 14Por eso Hebrón pertenece en heredad a Caleb, hijo de Jefoné, el quineceo, hasta el día de hoy, porque siguió enteramente a Yahvé, Dios de Israel. 15 Hebrón se llamó antes Quiriat-Arbé.

Arbé fue el hombre más grande de los enaquim. La tierra descansó de la guerra.

Antes de efectuarse la repartición, Caleb (Núm 13:6-30; 14:6-24; 26:65, etc.), de origen edomita, acompañado por algunos hombres de la tribu de Judá, se presentó a Josué y le recordó el juramento que le hizo Moisés de entregarle en herencia perpetua la anota el texto que las tribus de José formaban dos tribus distintas, y repite tierra que pisaron sus pies durante la famosa exploración de la tierra de Canaán (Núm 13:22-24; Deut 1:20-40). Josué, al dar su bendición a Galeb, accedió a su petición, entregándole la región montañosa en la cual está enclavada la ciudad de Hebrón. Habitaban aquella región los enaquim (11:21), hombres fisicamente bien, con ciudades grandes y fuertes, que el clan calebita arrojará de las mismas con el auxilio de Dios. Según el cómputo de Caleb, la conquista de Palestina se efectuó en unos cinco años. Cuando Moisés le mandó desde Cadesbarne (Deut 2:14; 9:23; Núm 13:22-24) a explorar la tierra, contaba cuarenta años de edad; durante otros cuarenta peregrinó por el desierto. Aunque de edad avanzada, estaba robusto y fuerte tanto para luchar como para los trabajos cotidianos, cuya idea el autor sagrado expresa con la locución semítica de "entrar y salir" (Deut 28:6). El poderío de Hebrón había sido quebrantado por Josué durante la campaña del mediodía de Palestina (10:36-37), pero quedaban todavía enemigos en el territorio. Caleb era de familia edomita, agregada a la tribu de Judá (Núm 13:6). Arbé, que se lee en el v. 15, fue interpretada por la tradición judía como nombre de varón (ha hadam ha hadol), convirtiéndolo en el más famoso de los enaquim, de donde la traducción de la Vulgata: "Adam, el más grande de los hombres, se encuentra allí entre los enaquim." San Jerónimo se hace eco de una tradición rabínica según la cual Adán fue originario de Hebrón (Epist. Paulae: PL 22:886). La última frase del mismo verso: "la tierra descansó de la guerra," denota o que se trata de una glosa posterior o que este capítulo seguía inmediatamente a la conquista del mediodía de Palestina (10:25).

Herencia de la tribu de Judá (15:1-12).

1La parte que en suerte tocó a la tribu de los hijos de Judá, según sus familias, se extendía hasta la frontera de Edorn, en el desierto de Sin, al mediodía por el confín meridional. 2Su frontera meridional partía desde la extremidad del mar de la Sal, de la parte de este mar que se vuelve hacia el sur, 3y se prolongaba al mediodía de la subida de Acrabim; pasaba a Sin y subía al mediodía de Cadesbarne; pasaba a Esrón, subía hacia Adar y se volvía a Carcaá; 4pasaba luego a Asmón y continuaba hasta el torrente de Egipto, para morir en el mar. Esta os será la frontera meridional. 5La frontera oriental fue el mar de la Sal hasta la desembocadura del Jordán. La frontera septentrional partía de la parte del mar de la Sal donde desemboca el Jordán, 6 subía hacia Bet Agía, pasaba al norte de Bet Araba, subía hasta la peña de Boén, hijo de Rubén; 7seguía subiendo a Deberá, a partir del valle, a Ajor, y volvía hacia el norte del lado de Gálgala,que está al frente del monte de Adomim, al sur del torrente; pasaba a En Semes y llegaba a En Rogel; 8de allí subía por el valle de Ben Hinón, viniendo por el mediodía hasta tocar el límite de Jebús, que es Jerusalén, y subía luego por la cima del monte que está frente al valle de Hinón, a occidente, y al extremo del valle de Refaím, al norte. 9 Desde la cima del monte se inclinaba hacia los manantiales de agua de Neftoá, seguía hacia las ciudades de la montaña de Efrón y se volvía en dirección a Bala, que es Quiriat-Jearim. 10De Bala se volvía la frontera a occidente, hacia el monte Seir; pasaba por la vertiente septentrional del monte Jarim, que es Quesalón; bajaba a Betsemes y pasaba por Timna; 11continuaba al norte por la vertiente de Acarón y se dirigía hacia Secrona; pasaba por el monte de Bala y llegaba a Jabnel, para morir en el mar. 12La frontera occidental era el mar Grande; éste era el límite. Estas fueron las fronteras de los hijos de Judá según sus familias.

A Judá había prometido su padre Jacob la hegemonía sobre las otras tribus. (Gen 49:8-12). En la repartición del territorio hecha por Josué en Gálgala corresponde la primacía a Judá, que recibe una herencia superior a la de cualquiera otra tribu. Con una gran abundancia de detalles, que no se encuentran en la fijación de los límites de las otras tribus, se describen sus fronteras del sur y del norte, este y oeste. Sin embargo, no todo el territorio que se le asigna estaba pronto para la ocupación, ya que el establecimiento de los filisteos en las costas del Mediterráneo le impedía asomarse al mar. Por el sur confinaba con Edom (Núm 20:1455), desierto de Sin, en la región de Cadesbarne (Núm 20:1; Deut 32:51), Jasar Adar (Núm 34:4), en el actual Ain el-Qaderatt continuando por el wadí eí-Arísh, o torrente de Egipto, hasta el Mediterráneo. La frontera septentrional arrancaba de la orilla septentrional del mar Muerto, subía hacia Bet Agía (18:19), al noroeste de la desembocadura del Jordán. Pasaba al norte de Bet Araba (18:22), que puede identificarse quizá con Ain Gharba, al sur de Gálgala. La línea fronteriza pasaba por Deberá (el wadi Debr), al este de Neby Musa, valle de Ajor (7:24) y subida de Adumim, a veinte kilómetros al este de Jerusalén, en la actual carretera de Jerusalén a Jericó; pasaba por Ain Semes, hoy día llamada Ain el-Hod, al noreste de Betania, y llegaba a Ain Rogel (1 Re 1:9), situada al sur de Jerusalén. De allí, por el valle de Bene Hinón, tocaba el límite sudoeste de Jerusalén. Continuaba la frontera por el valle de Refaím, al sudeste de Jerusalén. Desde la cima del monte, la línea seguía hacia las aguas de Neftoá, actual Lifta, y Baala, Quiriat-Jearim (9:17). De allí se inclinaba un poco hacia el sur hasta Bet Semes y Timna, remontando de nuevo en dirección noroeste hasta alcanzar el mar Mediterráneo por el nahr-Rubín. La ciudad de Jerusalén pertenecía a la tribu de Benjamín. La proximidad de los límites entre ambas tribus hizo que la ciudad se atribuyera unas veces a Judá y otras a Benjamín Que 1:21).

Digresión sobre Caleb (15:13-20).

13Se había dado a Caleb, hijo de Jefoné, una parte en medio de los hijos de Judá, como Yahvé se lo había mandado a Josué; Quiriat-Arbé, del padre de Enac, que es Hebrón. 14Caleb arrojó de allí a los tres hijos de Enac: Sesai, Ajuman y Tolmar, descendientes de Enac. 15De allí subió contra los habitantes de Dabir, que se llamaba antes Quiriat Sefer. 16Caleb dijo: "Al que bata y tome Quiriat Sefer le daré por mujer a mi hija Acsa."17La tomó Otoniel, hijo de Quenaz, hermano de Caleb, y éste le dio su hija Acsa por mujer. 18Cuando iba ella a la casa de Otoniel, incitóla éste a que pidiera a su padre un campo; bajóse ella del asno, y Caleb le dijo: "¿Qué tienes?" 19Ella le respondió: "Hazme un don; pues que me has heredado en tierra de secano, dame también tierra de regadío." El le dio el Gulot (Fuentes) superior y el inferior.

El v.20 de este capítulo es continuación de lo dicho en el v.12. Entre los dos intercala el escritor sagrado el episodio de Caleb y Otoniel. Ya dejamos dicho que Caleb, edomita, en premio de su fidelidad, recibió una parte en medio de los hijos de Judá (14:9; Deut 1:36). Como había asegurado a Josué, Caleb tenía fuerzas suficientes para arrojar de Hebrón a los enaquim. En Dabir, conquistada por Josué (10:39; 11-21; 12:13; Jue 1:11-12), quedaban núcleos de enemigos; Caleb prometió su hija por esposa al que batiera y tomara la ciudad. Lo hizo Otoniel (Jue 3:7-11). Se dice que éste era hijo de Quenaz, hermano de Caleb; pero en otros lugares se le llama hijo de Sefoné (14:6; 15:13), por lo cual debe darse a la palabra hermano un sentido amplio de pariente; o acaso se llaman hermanos por representar dos clanes de quenecitas. Cuando Acsa se dirigía a casa de su esposo, pidió, a instancias de éste, "una bendición" a su padre, con lo cual se significaba una parcela de terreno de regadío (Gen 33:11). Caleb accedió, concediéndole dos manantiales de agua, ed-Dilbeh, a unos diez kilómetros al sudoeste de Hebrón.

Ciudades del territorio de Judá (15:20-63).

20Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Judá según sus familias. 21Las ciudades situadas al extremo de la tribu de los hijos de Judá, hacia la frontera de Edom, en el Negueb, son: Cabsel, Edel, Jagur, 22Quina, Dimona, Adada, 23Cades, Asor y Jetnán; 24Zif, Telem, Balot, 25Asor el nuevo y Cariot, Esrom, 26Aman, Sama, Molada, 27Asergada, Asemón, Bet Felet, 28Asarsual, Berseba y Baciotia; 29Bala, Jim, Esem, 30 Eltolad, Quesil, Jorma, 31Siceleg, Madmana, Sansana, 32Lebaot, Sel-jim, Ain y Remón; en todo, veintinueve ciudades con sus pueblos. 33En la Sefela (Llanura), Estaol, Sarea, Asena, 34Zanoe, Ain Ganim, Tafuaj, Enaim, 35Jerimot, Adulam, Socó, Azeca, 36Saraím, Aditaím, Guedera y Guederotaím; catorce ciudades con sus pueblos. 37Señan, Adasa, Migdal-Gad, 38 De-leam, Masefa, Jactel, 39Laquis, Bascat, Eglón, 40Cabón, Lejma, Cetlis, 41Guiderot, Bet Dagón, Nahama y Marceda; dieciséis ciudades con sus pueblos. 42Lebana, Éter, Asan, 43Jefta, Esna, Nesib, 44Queila, Ajzob, Maresa: nueve ciudades con sus pueblos. 45Acarón, con las ciudades de ella dependientes y sus pueblos. 46A partir de Acarón, del lado de occidente, todas las ciudades cercanas a Azoto, con sus pueblos; 47Azoto, las ciudades dependientes de ella y sus pueblos; Gaza, las ciudades de su dependencia y sus pueblos, hasta el torrente de Egipto y el mar Grande, que es la frontera. 48 En la montaña, Samir, Jeter, Socot, 49Dana, Quiriat Sana, que es Dabir; 50Anab, Istemo, Anim, 51 Gosem, Jalón y Güilo; once ciudades con sus pueblos. 52Arab, Duma, Esán, 53Janum, Bet Tafuaj, Afeca, 54Junta Quiriat Arbe, que es Hebrón, y Sior; nueve ciudades con sus pueblos. 55Maón, Carmel, Zif, Juta, 56Jezrael, Jocdam, Zanoe, 57Acaín, Gueba, Tamna; diez ciudades con sus pueblos. 58Jaljul, Besur, Guedor, 59Marat, Bet Anot y Eltecón; seis ciudades con sus pueblos. 60Quiriat Baal, que es Quiriat Jearim, y Harabá; dos ciudades con sus pueblos. 61En el desierto, Bet Araba, Mendín Secaca, 62Nebsán, Ir Armelaj y Engaddi; seis ciudades con sus pueblos. 63Los hijos de Judá no pudieron expulsar a los jebuseos; habitan en Jerusalén con los hijos de Judá, hasta hoy.

Se citan las ciudades del Negueb, de la costa, de la Sefela y de la región montañosa con sus anejos. Los hijos de Judá no entraron inmediatamente en posesión de todas las ciudades aquí citadas, teniendo que luchar largo tiempo para apoderarse de algunas de ellas. Se considera a Jerusalén como dependiente de Judá, conviviendo con los jebuseos, a los que no pudieron expulsar (Jue 1:21). En el v.59b inserta el texto griego una lista de once poblados cercanos a Jerusalén, que no figuran en el texto masorético (Baldi, Fernández, Ubagh).

Los hijos de José (16:1-4).

1La parte que tocó en suerte a los hijos de José comenzaba en el lado de oriente, en el Jordán de Jericó, en las aguas de Jericó, y por la montaña sube de Jericó al monte de Betel; 2seguía de Betel, Luz, y, pasando a lo largo del territorio de los arqueos, por Atorot, 3bajaba a occidente hacia la frontera de los jefletitas hasta la de Betorón de Abajo y hasta Gazer, para morir en el mar. 4 Esta es la heredad que recibieron los hijos de José, Manases y Efraím.

En los cuatro primeros versos del capítulo se habla conjuntamente de las tribus de Efraím y Manases (Gen 49:25-27; Deut 33:13-17), como si formaran una misma familia. Lo mismo da a entender el texto de 17:14-18. En cambio, en 16:5-9 Y 17:7-11 figuran por separado. De ahí se deduce que las dos narraciones corresponden a dos períodos distintos. Noth dispone ambas narraciones de la siguiente manera: 16:1-4; 17:1-13; 16:5-10. Esta sería la primera y genuina tradición favorable a Manases, dándose a Efraím una pequeña porción: 16:9 = 17:91.

Tribu de Efraím (16:5-10).

5He aquí la frontera de los hijos de Efraím según sus familias. El límite de su heredad era, a oriente, Atarot Adar hasta Betorón de Arriba; 6se dirigía por el lado de occidente hacia Micmetat, al norte; volvía luego a oriente hacia Tanat Silo y pasaba por delante de ella, al oriente, hasta Janoaj; 7de Janoaj bajaba a Atarot y Narata, tocaba en Jericó y llegaba hasta el Jordán; 8de Tafuaj iba a occidente al torrente de Cana, para morir en el mar. Esta era la heredad de los hijos de Efraím según sus familias. 9Los hijos de Efraím tuvieron también ciudades separadas en medio de la heredad de los hijos de Manases. 10No expulsaron a los cananeos que habitaban en Gazer, y los cananeos han habitado hasta hoy en medio de Efraím, pero sometidos a tributo.

En los v.5 y 6 se describe la frontera meridional de Efraím del lado occidental. Inmediatamente se señalan los límites septentrionales, tomando a Micmetat (17:7), hoy Jirbet Mahneh el-Fauqa, al sur de Siquem, como punto de partida. No pudieron los efraimitas expugnar la plaza fuerte de Gazer (10:33; 12:12), lo que les obligó a convivir con los cananeos.

Tribu de Manases (17:1-6).

1La tribu de Manases tuvo este territorio, pues era el primogénito de José. Maquir, primogénito de Manases y padre de Galaad, había recibido Galaad y Basan, pues era hombre de guerra. 2También fue atribuida una parte a los otros hijos de Manases, según sus familias: a los hijos de Abezier, a los hijos de Elec, a los hijos de Esriel, a los hijos de Siquem, a los hijos de Jefer y a los hijos de Semida; éstos eran los hijos varones de Manases, hijo de José, según sus familias. 3Salfad, hijo de Jefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manases, no tuvo hijos, sino hijas, cuyos nombres son: Majla, Noa, Jogla, Milca y Tirsa. 4 Presentáronse a Eleazar, sacerdote, delante de Josué, hijo de Nun, y delante de los príncipes, y dijeron: "Yahvé mandó a Moisés que nos diera heredad en medio de nuestros hermanos." Se les dio, pues, según el mandato de Yahvé, heredad en medio de los hermanos de su padre. 5Tocaron a Manases diez suertes, además del territorio de Galaad y de Basan, que está al otro lado del Jordán, 6pues las hijas de Manases tuvieron su heredad entre los hijos; la tierra de Galaad fue para los otros hijos de Manases.

Era lógico que el autor sagrado, que antes (13:7-13; 29-31) había señalado el emplazamiento de media tribu de Manases en Trans-jordania, se circunscribiera a señalar la porción que le cupo en suerte a la otra mitad en la región cisjordánica; pero insiste sobre los clanes de Manases y su distribución en una y otra parte del Jordán. Los datos sobre la descendencia de Manases deben completarse con los que figuran en Núm 26:29-34; 27:1-4; 1 Crón 7:10 Maquir fue, o bien hijo único de Manases (Gen 50:23; fin 26:29), o el primogénito. A Galaad, hijo de Maquir, hombre errero, se le entregó Galaad y Basan; a los otros descendientes A Manases se les asignaron territorios en el lado de acá del Jordán. Sifad murió sin descendencia masculina, y sus hijas pidieron a Ivloisés una heredad entre sus hermanos. Moisés creyó justa su petición, y a este fin introdujo una excepción a la ley común entre los antiguos, y aun en el Oriente moderno, según la cual las hijas ocupan ante el derecho un lugar inferior al de los hijos, sin derecho a la herencia paterna. "Si uno muriere sin dejar hijos, haréis pasar su herencia a su hija" (Núm 27:8). Como en Núm 27:2 se nombra a Eleazar (14:1), que aparece al lado de Moisés; en nuestro texto se le asocia a Josué.

Límites de la porción cisjordánica de Manases (17:7-13).

7La frontera de Manases partía de Aser hacia Micmetat, que está junto a Siquem, e iba después a derecha hacia los habitantes de Em-Tafuaj; 8 el territorio de Tafuaj tocó a Manases; pero Tafuaj, en la frontera de Manases, fue para los hijos de Efraím; 9bajaba la frontera del torrente de Cana hasta el medio del torrente. Las ciudades de este territorio que tocaron a Efraím estaban en medio de las ciudades de Manases. La frontera de Manases pasaba al norte del torrente y terminaba en el mar; 10el territorio al mediodía era de Efraím, y el del norte de Manases, y su término era el mar; hacia el norte tocaban con Aser, hacia oriente con Isacar. 11Manases tuvo en los territorios de Isacar y de Aser: Betsán y las ciudades que de ella dependen; Jeblam y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Dor y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Endor y las ciudades de su dependencia; los habitantes de Tanac y las ciudades de su dependencia, y los habitantes de Megiddo y las ciudades de su dependencia. 12Los hijos de Manases no pudieron expulsar a los habitantes de estas ciudades, y continuó el cananeo habitando en aquella tierra; 13sometieron a los cananeos a tributo, pero no los expulsaron.

La frontera meridional de Manases se confundía con los límites septentrionales de Efraím, y algunas ciudades de esta tribu estaban enclavadas en el territorio de su hermano. La frontera septentrional confinaba con Aser, y la oriental con Isacar. Teóricamente, Manases ejercía su dominio sobre un número de ciudades fortificadas situadas en el territorio de las dos tribus mencionadas. El texto hebreo cita seis ciudades, con sus dependencias; Betsán Que 1:27), Jeblam, hoy Jirbet Belame, a dos kilómetros al norte de Genin; Endor, al sur del Tabor; Tanac y Megiddo (12:21); los LXX sólo citan tres ciudades: Betsán, Dor, Megiddo. Es muy probable que Jeblam Dor fueran introducidas en el texto por influencia de Jue 1:27 y Que posteriormente se añadiera Endor. Estas ciudades resistieron a Manases, y la convivencia con sus habitantes fue piedra de escándalo para los israelitas. Más tarde las redujeron a tributo, pero no expulsaron a sus habitantes. E. Sellin exploró Tell Taanac durante los años 1902-1904, encontrando gran cantidad de material a partir de los años 2000 antes de Jesucristo. Durante los años 1903-1905, G. Schumacher exploró la vecina ciudad de Megiddo (Telfel-Mu-tesselim), cuyas excavaciones reanudó el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago desde 1925-1939. Los tiempos áureos de la ciudad fueron los del Bronce medio. De tiempos del Bronce reciente apareció un palacio real con muchos objetos de marfil. El hallazgo de los establos de la caballería ilustra el período histórico de Salomón i. Tell Taanac hállase a diez kilómetros al norte de Genin, y Megiddo a dieciocho, en el límite meridional de la llanura de Esdrelón y al pie de la vertiente nordeste del Carmelo.

Queja de los hijos de José (17:14-18).

14Los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: "¿Cómo nos has dado en heredad una sola suerte y una sola parte, a nosotros, que somos un pueblo numeroso, al que Yahvé ha bendecido hasta ahora?" 15 Josué les dijo: "Puesto que eres un pueblo numeroso, sube al monte y rotura una parte en la tierra de los fereceos y los refaím, ya que la montaña de Efraím te viene demasiado estrecha." 16 Los hijos de José dijeron: "La montaña no nos basta, y todos los cananeos que habitan en el valle disponen de carros de hierro, lo mismo que los de Betsán y las ciudades de su dependencia y los que habitan el valle de Jezrael." 17Josué respondió a la casa de José, a Efraím y Manases: "Eres un pueblo numeroso, tu fuerza es mucha, no puedes tener una sola suerte, 18pero la montaña será tuya; tú roturarás el bosque, y sus términos te pertenecerán; expulsarás a los cananeos, por carros de hierro que tengan y por fuertes que sean."

Esta perícopa refiere dos quejas presentadas a Josué en dos tiempos diferentes. La primera (v.16-18) tuvo lugar en un tiempo en que las dos tribus de Efraím y Manases formaban una unidad. La mención de las dos tribus en el v.17 es una glosa redaccional que falta en el texto griego. Los hijos de José no pueden desenvolverse en la herencia que les fue asignada, porque los cananeos ocupaban los valles, de donde no se les pudo arrojar por disponer ellos de carros de hierro Que 1:19; 4:3-13). Por lo mismo, se ven relegados a los montes, en donde faltaba tierra de cultivo. Josué les reconviene y les da a entender que no es cuestión de ensanchar los límites de su territorio, sino de explotar sus riquezas naturales, talar los bosques y convertirlos economicamente rentables.. Ya sea por indolencia o porque fracasaran en su empeño de arrojar a los cananeos, acuden de nuevo a Josué con sus lamentos (v.14-15), a los cuales responde Josué que, si la montaña de Efraím les viene dejado estrecha, vayan con sus hermanos de tribu al otro lado 4 Jordán, en la tierra de los fereceos (11:3) y de los refaím (12:4; 12 Gén 15:20), y que trabajen las tierras incultas de allí.

 

Segunda Distribución en Silo (c.18-19).

El tabernáculo en Silo (18:1-10).

1Se reunió en Silo toda la asamblea de los hijos de Israel y alzaron allí el tabernáculo de la reunión. El territorio estaba sometido. 2Quedaban siete tribus, de entre los hijos de Israel, que todavía no habían recibido su heredad. 3Josué dijo a los hijos de Israel: "¿Hasta cuándo vais a ser negligentes en apoderaros de la tierra que Yahvé, Dios de vuestros padres, os ha dado? 4Elegid tres hombres por cada tribu, y yo los enviaré para que vayan a recorrer la tierra y hagan de ella una descripción, con vistas a la distribución que hay que hacer, y me la traigan. 5La dividiréis en siete partes: Judá quedará dentro de sus fronteras, al mediodía, y la casa de José dentro de las suyas, al norte. 6Describid, pues, la tierra en siete partes, traedme la descripción, y yo haré el sorteo de ella para vosotros, aquí ante Yahvé, nuestro Dios; 7pues para los levitas no ha de haber parte en medio de vosotros, por ser el sacerdocio de Yahvé su heredad; Gad, Rubén y media tribu de Manases han recibido ya su heredad al otro lado del Jordán, a oriente, la que les dio Moisés, siervo de Yahvé." 8Levantáronse los hombres y se pusieron en camino, y al partirse para hacer la descripción de la tierra, les dio Josué sus órdenes, diciendo: "Id, recorred la tierra, describidla y volved a mí, y yo os haré el sorteo aquí ante Yahvé, en Silo." 9Partieron, pues; recorrieron la tierra, la describieron en un rollo según sus ciudades, dividiéndola en siete partes, y volvieron a Josué, al campo en Silo. 10 Josué les hizo el sorteo en Silo, en presencia de Yahvé, y distribuyó allí la tierra entre los hijos de Israel, según sus familias.

No nos dice el texto cuándo y cómo el tabernáculo de la reunión (Deut 31:14) fue trasladado de Caígala a Silo. A la sombra del tabernáculo se reunió toda la asamblea de los hijos de Israel. A falta de unidad política, Yahvé servía de lazo de unión entre todas las tribus. Josué había

repartido en Caígala la heredad a las tribus de Judá y de José; quedaban siete que no habían recibido terreno alguno. Josué les hizo el sorteo en Silo, en presencia de Yahvé, y, según la suerte, entregaba a cada uno su porción. Esta distribución tuvo lugar en un tiempo que el texto no señala. El cuartel general de los hijos de Israel trasladóse de Caígala a Silo, al norte de Betel Que 21:19), en el lugar llamado hoy Seilun, a unos diez kilómetros al sur de Siquem y a cuarenta al norte de Jerusalén. Excavó el lugar una misión danesa, a las órdenes de H. Kjaer, desde 1926-1929, y Schmidt (1932), dando como resultado el conocimiento de la vida próspera de la ciudad durante los siglos XII y X antes de Jesucristo.

Parece que el lugar fue abandonado durante los años 1000-300 a.C., lo que corresponde a los datos históricos sobre la destrucción de Silo por los filisteos (1 Sam 4:11-22; Jer 7:14) l.

Por el texto sabemos que las siete tribus que no habían recibido todavía su heredad se mostraban negligentes en apoderarse de la tierra que Josué les tenía reservada. Es el lider del pueblo quien les impulsa a obrar, señalándoles la suerte a cada uno. Manda que se elijan tres hombres por cada una de estas siete tribus con la misión de recorrer la tierra y describirla con vistas a una distribución equitativa. La dificultad para nosotros es saber cómo pudieron estos comisionados recorrer las tierras que todavía se encontraban en manos de los cananeos. Pero no debemos perder de vista el carácter marcadamente esquemático del libro. Quizá por encontrarse Silo en el centro de la tierra prometida, y por haberse efectuado en su recinto la distribución de las tierras, fue considerado más tarde como lugar de peregrinación (Jue 18:31); allí fue Samuel consagrado al servicio de Yahvé (1 Sam c.1-4).

Lote de Benjamín (18:11-28).

11La parte de la tribu de Benjamín fue sacada a suerte según sus familias, y el territorio que les tocó en suerte tenía sus fronteras entre los hijos de Judá y los hijos de José. 12Del lado del norte partía su frontera del Jordán, subía al norte sobre la vertiente de Jericó, se elevaba por la montaña a occidente y terminaba en el desierto de Bet Aven; 13de allí iba a Luz, al mediodía, que es Betel; luego bajaba a Atarot Adar por la montaña que hay al mediodía de Betorón de Abajo. 14Del lado de occidente se prolongaba la frontera, volviendo hacia el mediodía, desde la montaña situada frente a Betorón, al sur, y terminaba en Quiriat Baal, que es Quiriat-Jearim, ciudad de los hijos de Judá; esto por el lado de occidente. 15Por el lado del mediodía partía del extremo de Quiriat-Jearim hasta la fuente de aguas de Naftoaj; 16bajaba al extremo de la montaña que está frente al valle de Ben Hinón y al norte del valle de Refaím, y bajaba luego por el valle de Hinón hacia el límite meridional de los jebuseos, hasta la fuente de Rogel; 17volvíase al norte y pasaba luego por En Semes, seguía por Guelitot, que está frente a la subida de Adomim, y bajaba a la peña de Boén, hijo de Rubén; 18pasaba por la vertiente septentrional, frente al Araba; bajaba al Araba, 19y seguía por la vertiente septentrional de Bet Jogla, para morir en el extremo norte del mar de la Sal, hacia la desembocadura del Jordán, al mediodía. 20Esta era la frontera meridional. El Jordán era el límite de la frontera oriental. Esta fue la heredad de los hijos de Benjamín con todas sus fronteras, según sus familias. 21Las ciudades de la tribu de Benjamín, según sus familias, eran: Jericó, Bet Jogla, Emec Casis, 22Bet Araba, Semaraím, Betel, 23Avim, Afara, Ofra, 24Quefar Emora, Ofni y Gaba; doce ciudades con sus pueblos. 25Gabaón, Rama Berot, 26Misfe, Cafira, Amosa, 27Requem, Jirfel, Tárela, 28Sela, Eíef, Jebús, que es Jerusalén; Gabat y Quiriat; catorce ciudades con sus pueblos. Esta fue la heredad de los hijos de Benjamín según sus familias.

La porción que cupo en suerte a Benjamín estaba aprisionada entre Judá, al mediodía, y la tribu de Efraím, al norte; al oeste confinaba con la tribu de Dan y al oriente con el Jordán. La tribu de Benjamín era la más pequeña de todas, pero cobró celebridad a causa del ardor bélico de sus miembros, justificando con ello la comparación que empleó Jacob al decir: "Benjamín es lobo rapaz, que a la mañana devora la presa y a la tarde reparte los despojos" (Gen 49:27). Diezmados los benjaminitas por el acto brutal de Gueba, pronto tomaron nuevo vigor (Jue c.20-21). En los v.15-17 se traza la línea fronteriza meridional, que concuerda con la septentrional de Judá, omitiéndose algunos nombres.

Herencia de Simeón (19:1-9).

1La suerte atribuyó la segunda parte a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, según sus familias; tuvieron su heredad en medio de la heredad de los hijos de Judá. 2Su heredad fue: Ber-seba, Sabe, Molada, 3Aser Sual, Bala, Asem, 4Eltolad Betul, Jarma, 5Siceleg, Bet Marcabot, Jasersusa, 6Bet Lebaot y Sarujen; trece ciudades con sus pueblos; 7Aín, Remón, Atar y Asan, cuatro ciudades con sus pueblos, 8así como todos los burgos de los alrededores de estas ciudades, hasta Baalat Beer, que es la Ramat del Sur. Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Simeón según sus familias. 9La heredad de los hijos de Simeón se tomó de la parte de los hijos de Judá, demasiado grande para ellos, y fue en medio de su territorio donde los hijos de Simeón recibieron su heredad.

Jacob maldijo a Leví y a Simeón, diciendo: "Yo los dividiré en Jacob y los dispersaré en Israel" (Gen 49:7). La realidad confirmó la profecía de Jacob, ya que Leví no ocupó un territorio fijo en Israel, y Simeón, que se estableció en medio de Judá, fue absorbido por éste. Cedió Judá a su hermano la parte más meridional de su territorio y, juntos, conquistaron las tierras del sur (Jue 1:17). Por lo mismo, no se indican sus límites, y las ciudades que se mencionan se consideran en 15:21-32 como pertenecientes a Judá.

Territorio de Zabulón (19:10-16).

10La tercera parte tocó en suerte a los hijos de Zabulón según sus familias; la frontera de su heredad se extendía hasta Sarid; 11subía al occidente hacia Marala y tocaba en Debaset, y luego ral torrente, ante Jocnam. 12De Sarid se volvía a oriente, al sol levante, hasta los confines de Queselet Tabor; se prolongaba hacia Daberet y subía a Jafia; 13de allí pasaba a oriente a Guita Jefer por Itacasín, y se dirigía a Remón, que confina con Noa; 14volvía del lado norte hacia Anatón y terminaba en el valle de Jeftael;15Catat, Nalal, Seremón, Jedala y Betlejem; doce ciudades con sus pueblos. 16Esta fue la heredad de los hijos de Zabulón según sus familias; las ciudades y los pueblos.

Este hijo de Jacob (Gen 30:19) sentía afición por los negocios (Deut 33:18-19). Su padre habíale dicho que habitaría la costa del mar; pero, a pesar de sus aficiones marítimas, debían sus descendientes desenvolverse en las vertientes meridionales del macizo galilaico, impidiéndole Aser el acceso al mar Mediterráneo. La posesión de la baja Galilea le permitía explotar su suelo fértil y exportar sus productos.

La suerte de Isacar (19:17-23).

17La cuarta parte tocó en suerte a Isacar, a los hijos de Isacar, según sus familias. 18Su territorio era: Jezrael, Quesulot, Sunem, 19Jafaraím, Sión, Anajerat, 20Rabot, Quesyón, Abes, 21Ramet, En Ganim, En Jadda y Bet Fases. 22La frontera tocaba en el Tabor, en Sejesima y en Betsames, y se extendía hasta el Jordán; dieciséis ciudades con sus pueblos. 23Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Isacar según sus familias; las ciudades y los pueblos.

La región más fértil de Palestina fue entregada a Isacar (Gen 30:18), quien, "viendo que su lugar de reposo era bueno y que era deleitosa la tierra" (Gen 49:15), se entregó a una vida relajada en vez de combatir para arrojar de su territorio a los cananeos. A causa de ello "hubo de servir como tributario" (Gen 49:15). De él había dicho Jacob que era "un robusto asno que descansa en sus establos" (Gen 49:14). El patrimonio de Isacar ocupaba la parte oriental de la llanura de Esdrelón, territorios muy fértiles, que fueron causa de la desidia religiosa y patriótica de Isacar. Muchas de sus ciudades reaparecen en el curso de la historia de Israel, tales como Jezrael (1 Re 18:45-55), que dio nombre a la llanura conocida más tarde por llanura de Esdrelón. Sunem (1 Sam 28:4) fue la patria de Abisag (1 Re 1:3) y lugar donde residió Elíseo (2 Re 4:8-36).

Porción asignada a Aser (19:24-31).

24La quinta parte tocó en suerte a la tribu de los hijos de Aser según sus familias. 25Su territorio fue Jelcat, Jalí, Beten, Acsaf, 26 Elmelec, Amad y Mesal; la frontera tocaba a occidente al Carmelo y a Sijor Lebanat; 27después se tornaba a oriente hacia Bet Dagón, tocaba a la de Zabulón y al valle de Jeftael, al norte de Bec Emec, y de Nejiel, y se prolongaba hacia Cabul, a la izquierda, 28y hacia Abrón, Rejob, Jamón y Cana, hasta Sidón la Grande; 29se dirigía luego hacia Rama, hasta la ciudad fuerte de Tiro, y hacia Josa, para morir en el mar, cerca del distrito de Ac-ziba; 30 además, Ama, Afee y Rejob; veintidós ciudades con sus pueblos. 31 Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Aser según sus familias; sus ciudades y sus pueblos.

La heredad asignada a esta tribu comprendía una franja de terreno junto al mar Mediterráneo, que limitaba al sur con el monte Garmelo y al norte con la ciudad fuerte de Tiro y, tal vez, con Sidón. territorio, sobre todo la región meridional, era muy feraz. En-rados sus habitantes a la agricultura y al comercio, no se sintieron muy solidarios con las empresas guerreras de sus hermanos, y en este sentido le achaca Débora que, mientras otras tribus se unían para combatir al enemigo, "Aser, a orillas del mar, descansaba en puertos" (Jue 5:17).

 

Herencia de Neftalí (19:32-39).

32La sexta parte tocó en suerte a los hijos de Neftalí según sus familias. 33Su frontera iba desde Jelef, a partir del encinar que hay en Senanim, hacia Adami; Negueb y Jabnel hasta Lecum, e iba hasta el Jordán; 34volvía hacia occidente a Azonot Tabor, y de allí seguía a Jucoca; tocaba a la de Zabulón, al mediodía; a la de Aser, a occidente, y al Jordán, a oriente. 35Las ciudades fuertes eran: Asedim, Ser, Jamat, Recat, Queneret Edema, 36Arama, Jasor, 37Cades, Edraí, En Jasor, 38Jerón, Migdael, Joren, Bet Anat y Bet Sames; diecinueve ciudades con sus pueblos. 39Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí según sus familias; sus ciudades y sus pueblos.

El hagiógrafo describe a grandes rasgos los límites fronterizos de Neftalí. Por el este limitaba con el Jordán superior, y al oeste con las tribus de Isacar, Zabulón y Aser. En el monte Tabor convergían las tribus de Neftalí, Zabulón e Isacar. Sus campos, en la orilla occidental del lago de Genesaret, eran famosos por su rara fertilidad. Sin embargo, esta riqueza natural no le sumió en la indolencia y haraganeria, como a Isacar, sino que acudió en ayuda de sus hermanos. Al igual que Zabulón, "ofrece su vida a la muerte. desde lo alto de sus campos" Que 5:18). Ha perdido actualidad la hipótesis de los que consideraban las tribus norteñas de Aser, Zabulón y Dan como de origen cananeo, de las que se hablaba, decían, en los textos de Rash Shamrah!

La suerte de Dan (19:40-49).

40La séptima parte tocó en suerte a la tribu de los hijos de Dan según sus familias. 41El territorio de su heredad comprendía Saraa, Estaol, Ir Semes, 42Selebín, Ayalón, Jétela, 43Elón, Temna, Acrón, 44Elteque, Guibetón, Balat, 45Jud, Bene Ba-rac, Gat Renón, 46Mejarcón y Racón, con el territorio frente a Jope. 47El territorio de los hijos de Dan se extendió más allá de sus límites, pues los hijos de Dan subieron a combatir contra Lesem, se apoderaron de ella y la pasaron a filo de espada; posesionándose de ella, se establecieron allí y la llamaron Dan, del nombre de su padre. 48Esta fue la heredad de la tribu de los hijos de Dan según sus familias; sus ciudades y sus pueblos. 49Terminada la distribución de la tierra, según sus límites, los hijos de Israel dieron a Josué, hijo de Nun, una heredad en medio de ellos.

La tribu de Dan, la última en el reparto, recibió un territorio en la llanura de Sarón, que en parte ocupaba Judá. De hecho, algunas ciudades que se mencionan como danitas (Sarac, Estaol, Tem-na, Acrón), pertenecían a la tribu de Judá (15:33-45-57); otras eran patrimonio de Efraím (Selebín, Ayalón), y algunas estuvieron mucho tiempo en manos de los filisteos. Aprisionado en su territorio y acosado por los filisteos, Dan, "como serpiente en el camino, como víbora en el sepulcro" (Gen 49:17), obra astutamente para hacerse con nuevas tierras. En el v.47 se contiene un breve resumen de la expedición bélica de Dan contra Lais (Tell el-Qadi), en las fuentes del Jordán, a cinco kilómetros de Banías, y cuya excursión se describe largamente en Jueces c.18. Como es fácil adivinar, se intercala en el texto un hecho acaecido en época posterior.

Dotación de Josué (19:50-51).

50Por mandato de Yahvé le dieron la ciudad que él pidió, Tamnat-Sara, en la montaña de Efraím; Josué reedificó la ciudad y habitó allí. 51Estas fueron las heredades que Eleazar, sacerdote; Josué, hijo de Nun, y los jefes de familias de las tribus de los hijos de Israel distribuyeron por suerte en Silo, en presencia de Yahvé, a la entrada del tabernáculo de la reunión, terminando la distribución de la tierra.

Los hijos de Israel quisieron corresponder a los servicios in-conmesurables que había prestado Josué a la causa nacional, entregándole una heredad en medio de ellos. Invitado a escoger, pidió la ciudad de Tamnat-Sara. Por mandato o insinuación de Yahvé se aceptó su petición. El emplazamiento de Tamnat-Sara corresponde a la actual Jirbet Tibne, a veinticinco kilómetros al noroeste de Jerusalén. Hecha la repartición de la tierra, la misión de Josué había terminado. También el autor sagrado podría poner término a su libro, por haber probado suficientemente la tesis que se propuso desarrollar; pero creyó conveniente añadir a su relato algunos apéndices.

1 R· De Lanche, Rash Shamrah ct VAnden Teslament (París 1945) vol.2:466.

2 Véase H. Kjaer, The Excavation of Siloh 1929: Jpos 10 (1930) 87-174.

 

Apéndices.

Las ciudades de refugio (20:1-9).

1Yahvé habló a Josué, diciendo: 2"Habla a los hijos de Israel y diles: Designad, como os lo mandó Moisés, las ciudades de asilo, 3donde pueda refugiarse el homicida que haya matado a alguno sin querer y le sirvan de refugio contra el vengador de la sangre. 4El homicida huirá a una de estas ciudades, se detendrá a la puerta de la ciudad y expondrá su caso a los ancianos de ella; éstos le recibirán entre ellos en la ciudad y le darán habitación donde more con ellos. 5Si el vengador de la sangre le persigue, no le entregarán en sus manos, porque sin querer mató a su prójimo, a quien de antes no odiaba. 6El homicida quedará en la ciudad hasta que comparezca ante la asamblea para ser juzgado y hasta la muerte del sumo sacerdote que entonces lo sea. Luego se volverá y entrará en su ciudad y en su casa, en la ciudad de donde huyó." 7Señalaron, pues, a Cades en Galilea, en la montaña de Neftalí; a Siquem, en la montaña de Efraím, y a Quiriat-Arbé, que es Hebrón, en la montaña de Judá. 8Del otro lado del Jordán, a oriente de Jericó, designaron Bosor, en el desierto, en la llanura, ciudad de la tribu de Rubén; Ramot, en Galaad, de la tribu de Gad, y Golán, en Basan, de la tribu de Manases. 9Estas fueron las ciudades señaladas a todos los hijos de Israel y a los extranjeros que habitan en medio de ellos para que cualquiera que matase a alguno impensadamente pudiera refugiarse en ellas y no muriera a manos del vengador de la sangre antes de comparecer ante la asamblea.

En la organización social primitiva hebraica existía entre los individuos de la comunidad entera solidaridad. Toda ofensa hecha a un individuo se consideraba como una afrenta hecha a toda la comunidad. La sangre se vengaba con sangre. El pariente más próximo de la víctima debía ser el goel, el vengador de la sangre. A esta ley de la venganza, común a todo el antiguo Oriente, se refiere el autor en esta perícopa. En los v.4-6, que faltan en el texto griego, se compendia la legislación sobre la venganza, expuesta largamente en el libro de los Números (35:9-34) y Deuteronomio (19:1-15). El altar de Yahvé aseguraba el derecho de asilo cuando el homicidio era involuntario; de lo contrario, "de mi altar mismo le arrancarás (al homicida) para darle muerte" (Ex 21:14). Adonías se amparo en este derecho y salvó su vida (1 Re 1:50-53); en cambio, Joab, que se refugió en el tabernáculo de Yahvé, encontró allí su muerte (1 Re 2:31). Para los homicidas involuntarios había creado Moisés tres ciudades de refugio en TransJordania (Bosor, Ramot y Golán), una para cada tribu allí estacionada (Deut 4:43), y había ordenado que, una vez exterminadas las naciones de Palestina, se señalaran otras tres ciudades para las tribus cisjordánicas (Deut 19:1-2). Según Abel (Géographie 2:264), Bosor estaba quizá emplazada en el actual Umm el-amad, a catorce kilómetros al nordeste de Madaba; Ramot, en el actual tell Ramit, en la región de Galaad, a diez kilómetros al sudoeste de Derah; Basan hallábase en Golán, a unos veinticinco kilómetros al noroeste de Derah. Las tres ciudades escogidas Para las tribus de Cisjordania son: Cades de Neftalí (12:22; 19:37), a dieciocho kilómetros al norte de Safed; Siquem, en el centro del País y ciudad santa (Gen 12:6; 33:18-20), y Hebrón, llamada también Quiriat Arbé (14:15; 15:13-54). Los v.4-6 se consideran como una glosa muy antigua. Con el advenimiento de un nuevo sumo sacerdote se concedía cierta amnistía a los homicidas acogidos a las C1udades de refugio 1.

Las ciudades levítícas (21:1-41).

1Los jefes de familia de los levitas se acercaron a Eleazar, sacerdote; a Josué, hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus de los hijos de Israel, 2y les hablaron en Silo, en tierra de Canaán, diciendo: "Yahvé mandó a Moisés que nos diese ciudades donde habitar, con sus campos para nuestros ganados." 3Los hijos de Israel dieron a los levitas, de sus heredades, según el mandato de Yahvé, estas ciudades, con sus campos. 4Salió la suerte para la familia de los caatitas, y los hijos del sacerdote Aarón, de entre los levitas, obtuvieron por suerte tres ciudades de la tribu de Judá, de la de Simeón y de la de Benjamín; 5los otros hijos de Caat obtuvieron por suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manases. 6Los hijos de Gersón obtuvieron por suerte trece ciudades, de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manases, en Basan. 7Los hijos de Merarí, según sus familias, obtuvieron doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón. 8Los hijos de Israel dieron por suerte a los hijos de Leví esas ciudades y sus contornos, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 9Dieron de la tribu de los hijos de Judá y de la tribu de los hijos de Simeón estas ciudades; 10pues la suerte de los hijos de Aarón, de la familia de Caat, de los hijos de Leví, fue la primera. 11Diéronles, pues, en la montaña de Judá, la ciudad de Arbé, padre de Enac, que es Hebrón, con sus contornos; 12pero los campos de esta ciudad y las ciudades de ella dependientes se las dieron a Caleb, hijo de Jefoné, en heredad. 13Dieron a los hijos del sacerdote Aarón la ciudad de refugio para los homicidas, Hebrón y su contorno, así como Libna y su contorno, 14Jeter y su contorno, Estemo y su contorno, 15Jelón y su contorno, Dabir y su contorno, 16Asín, Juta, Bet-sames, con sus contornos; nueve ciudades de estas dos tribus. 17De la tribu de Benjamín, Gabaón y su contorno, Gueba y su contorno, 18Anatot y Almón y sus contornos; cuatro ciudades. 19 En todo, las ciudades de los sacerdotes, hijos de Aarón, trece ciudades y sus contornos; 20pero a las familias de los hijos de Caat, hijos de Leví, y a los otros hijos de Caat, les señaló la suerte ciudades de la tribu de Efraím. 21Se les dio la ciudad de refugio para los homicidas, Siquem y su contorno, en la montaña de Efraím, y Gazer con su contorno; 22 Quisaím y Betorón, con sus contornos; cuatro ciudades. 23De la tribu de Dan, El-teco, Guibetón, 24Ayalón y Gat Rimmón, con sus contornos; cuatro ciudades. 25De la media tribu de Manases, Tanac, con su contorno, y Gat Rimmón, con sus contornos; dos ciudades. 26En todo, diez ciudades con sus contornos para las familias de los otros hijos de Caat. 27Se dio a los hijos de Gersón, de entre las familias de los hijos de Leví, de la media tribu de Manases, la ciudad de refugio para los homicidas, Golán, en Basan, y su contorno, como también Bosra y su contorno; dos ciudades. 28De la tribu de Isacar, Quisyón, Daberet, 29Jaramut y En Ganim y sus contornos; cuatro ciudades. 30De la tribu de Aser, Masal, Abdón, 31Jelcat y Rejob, con sus contornos; cuatro ciudades. 32De la tribu de Neftalí, la ciudad de refugio para los homicidas, Cades, en Galilea, con su contorno, como también Jamot, Dor y Cartán, con sus contornos; tres ciudades. 33 En todo, las ciudades de los gersonitas, según sus familias, trece ciudades con sus contornos. 34A las familias de los hijos de Merarí, al resto de los hijos de Leví, en la tribu de Zabulón, Jocneam, Carta, 35Damna y Nalol, con sus contornos; cuatro ciudades; 36de la tribu de Rubén, Besor y Jasa, con sus contornos; 37Quedemot y Mefat, con sus contornos; cuatro ciudades; 37(38)y de la tribu de Gad, la ciudad de refugio para los homicidas, Ramot, en Galaad, y su contorno, así como Majanaím, (39)Jesebón y Jazer, con sus contornos; cuatro ciudades. 38(40)En todo, las ciudades señaladas por la suerte a los hijos de Merarí, según sus familias, el resto de las familias de los hijos de Leví, doce ciudades. 39(41)Todas las ciudades de los hijos de Leví, en medio de las posesiones de los hijos de Israel, cuarenta y ocho ciudades y sus contornos. 40(42)Cada una de estas ciudades tenía en torno suyo un campo, y así para todas las ciudades. 41(43)Yahvé dio a Israel toda la tierra que a sus padres había jurado darles, y se posesionaron de ella y se establecieron allí. 42(44)Yahvé les concedió el descanso en torno suyo, como se lo había jurado a sus padres; ninguno de sus enemigos pudo resistirles, y Yahvé los entregó a todos en sus manos. 43(45)Las buenas palabras que Yahvé había dicho a la casa de Israel, todas se cumplieron.

Según Gen 46:11 y Ex 6:16-20, los hijos inmediatos de Leví fueron Caat, Gersón y Merarí (Núm 3:1-39)·Caat, entre otros, engendró a Amram, que tomó por mujer a Jocabet, que dio vida a Aarón y Moisés. Aarón debe considerarse como padre de la casta sacerdotal. Los hijos de Gersón fueron Lobni y Semeí; los de Merarí, Majli y Musí (Ex 6:14; 16-19). No recibió Leví heredad en la distribución de la tierra; su herencia será Yahvé, es decir, la parte que corresponde a los sacerdotes de los sacrificios y ofrendas hechos a Yahvé. Pero a los levitas asignó Moisés algunas ciudades en las cuales podían habitar y lugares de pasto para sus rebaños. El total de ciudades asignadas a los levitas fueron cuarenta y ocho, seis de las cuales eran al mismo tiempo ciudades de refugio. Las tribus debían ceder estas ciudades en proporción de la extensión de su territorio (Núm 35:8).

Josué, a instancias de los levitas, cumplimentó esta orden de Moisés, en Silo, asistido por Eleazar, sacerdote, y por los jefes de familia de las tribus. Los aaronitas recibieron trece ciudades: en el territorio de Simeón y Judá (nueve) y de Benjamín (cuatro). A los otros caatitas (Núm 3:27; 4:18) se les entregaron diez ciudades: cuatro de la tribu de Efraím, cuatro de la de Dan y dos de la media tribu de Manases. Los hijos de Gersón (Núm 3:17-25; 4:22-28) recibie-ron trece ciudades: cuatro en Isacar, otras cuatro en Aser, tres en Neftalí y dos en la media tribu de Manases del territorio transjor-danico. Finalmente, se dieron a los hijos de Merarí doce ciudades, en la heredad de Zabulón (cuatro), Rubén (cuatro) y Gad (cuatro).

Esta narracion de la distribución de las cuarenta y ocho ciudades de la tribu de Leví, ¿se encontraba en el texto primitivo del libro de Josué o se agrego, en todo o en parte, al texto ya existente, a últimos del reinado de David y principios del de Salomón por la casta sacerdotal? No puede admitirse, con Wellhausen, Noth y otros, que la lista de ciudades sea obra del documento sacerdotal (P) y, por lo mismo, posterior a la cautividad. Puede ser que las listas fueran escritas en tiempos de David y de Salomón, dice Albright; pero la institución es de los tiempos de la conquista de Canaán l.

Vuelta de las tribus orientales a sus posesiones (22:1-8).

1Entonces llamó Josué a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manases, y les dijo: 2"Habéis guardado todo lo que os mandó Moisés, siervo de Yahvé; habéis obedecido a mi voz en todo cuanto os he mandado. 3No habéis abandonado a vuestros hermanos durante este largo espacio de tiempo hasta hoy, y habéis observado fielmente el mandato de Yahvé, vuestro Dios. 4Ahora, pues, que Yahvé, vuestro Dios, ha concedido a vuestros hermanos el descanso, como se lo había prometido, volveos y tornad a vuestras tiendas en la tierra que os pertenece, que Moisés, siervo de Yahvé, os dio al otro lado del Jordán. 5Pero tened gran cuidado de poner por obra los mandamientos y las leyes que Moisés, siervo de Dios, os ha prescrito, amando a Yahvé, vuestro Dios; marchando por todos sus caminos, guardando sus mandamientos, apegándoos a él y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma." 6Josué los bendijo y los despidió, y ellos se fueron a sus tiendas. 7Moisés había dado a una mitad de la tribu de Manases un territorio en Basan, y Josué dio a la otra mitad un territorio en medio de sus hermanos del lado de acá del Jordán, a occidente. Al mandarles a sus tiendas, Josué los bendijo, 8diciéndoles: "Volvéis a vuestras tiendas con grandes riquezas, rebaños muy numerosos y mucha plata, oro, bronce y hierro y vestidos; partid con vuestros hermanos los despojos de vuestros enemigos."

Josué despide y arenga a las tribus. Había él reclamado la ayuda de las tribus transjordánicas para que cooperaran con las otras en la conquista de Palestina. A su llamamiento acudieron presurosas, demostrando con ello fidelidad a la promesa hecha a Moisés (Núm 32:16-32). La posesión de las tierras de TransJordania estaba vinculada al cumplimiento de su promesa de ayuda a las otras tribus (Núm 32:29-30). Concedido el descanso a sus hermanos o habiéndoseles señalado el lote que les pertenecía, pueden regresar a sus tierras del otro lado del Jordán. Como padre del pueblo escogido, Josué bendice a las tribus antes de separarse y les inculca la observancia de todas las leyes de la alianza (Deut 8:6; 10:12; 11:13; 19:9; 28:9; 30:6). La media tribu de Manases regresaba a su territorio Basán (13:7; 14:2 17:6) con grandes riquezas, rebaños muy nu-rosos, mientras la otra mitad quedaba en los límites, ampliados con el tiempo, de la montaña de Efraím (17:14-15).

Erección de un monumento (22:9-12).

9Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases, dejando en Silo a los hijos de Israel, en la tierra de Canaán, se volvieron, para ir a la tierra de Galaad, que era la propiedad que habían recibido, como Yahvé se lo mandó a Moisés. 10Cuando llegaron a las regiones del Jordán que pertenecen a la tierra de Canaán, los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases edificaron allí un altar en la ribera del Jordán, un altar muy grande" 11Los hijos de Israel lo supieron cuando se les dijo: "Mirad que los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases han edificado un altar en los confines de la tierra de Canaán, en los distritos del Jordán, del lado de los hijos de Israel." 12 Cuando los hijos de Israel lo supieron, se reunió en Silo toda la asamblea de los hijos de Israel para subir contra ellos y hacerles la guerra.

Desde Silo, las tribus transjordánicas regresaron a sus tierras. Al llegar a los contornos (guelitoth) del Jordán, decidieron levantar un altar muy alto, no con fines cultuales, sino como monumento conmemorativo de la unión nacional y religiosa con las tribus hermanas de la Cisjordania. En toda la narración se establece una antítesis entre la tierra prometida propiamente dicha, que por hallarse del lado de acá del Jordán se llama Cisjordania, y las tierras del lado de allá del río, o sea, la TransJordania. El límite divisorio de ambas era el río Jordán. ¿En cuál de las dos orillas se levantó el altar? En el v.10 se dice que fue edificado delante de la tierra de Canaán, y, por lo mismo, en TransJordania. Se admite que el v.11 es una adición al texto primitivo, como se desprende del cotejo de 11a con 12a; pero aun en este supuesto no se elimina del todo la dificultad, por cuanto en el v.13 se supone que la edificacion del altar se hizo en territorio transjordánico con la finalidad de ennoblecer una tierra que no estaba santificada por la presencia de Yahvé. Es muy posible que el autor sagrado haya querido registrar dos tradiciones que divergían en la cuestión del emplazamiento del altar. La unidad de altar aseguraba la unidad religiosa de Israel. El auténtico altar de Yahvé se encontraba en Silo; la erección de un rival significaba el cisma.

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Alarma en Silo (22:13-20).

13Los hijos de Israel mandaron a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases, en tierra de Galaad, a Fines, hijo del sacerdote Eleazar, 14 y con él a diez príncipes, un príncipe de casa por cada una de las tribus de Israel, todos jefes de casa patriarcal en medio de los millares de Israel. 15Llegados a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la medía tribu de Manases, en tierra de Galaad, les hablaron, diciendo: 16"Así habla toda la asamblea de Yahvé: ¿Qué infidelidad es la que habéis cometido contra el Dios de Israel, apartándoos así de Yahvé y edificándoos un altar, volviéndoos contra Yahvé? 17¿No os basta la maldad de Fogor, de que no nos hemos purificado todavía hasta hoy, a pesar de la plaga que afligió a la asamblea de Yahvé, 18 para que os apartéis hoy vosotros de Yahvé? Si hoy os volvéis contra Yahvé, mañana se volverá la ira de Yahvé contra toda la asamblea de Israel, 19Si miráis como impuro el territorio que es vuestra propiedad, pasad a la tierra que es propiedad de Yahvé, donde Yahvé ha establecido su morada, y estableceos en medio de nosotros, pero no os volváis contra Yahvé y contra nosotros, edificándoos un altar distinto del altar de Yahvé, nuestro Dios. 20Acán, hijo de Zaré, cometió la infidelidad cuanto a las cosas dadas al anatema, y la cólera de Yahvé vino sobre toda la asamblea de Israel, y no fue él solo el que pereció por su crimen."

La noticia de la construcción de un altar en las orillas del Jordán conmovió a la comunidad israelita reunida en Silo, de tal manera que se habló de subir contra las tribus transjordánicas y declararles la guerra. Pero antes quisieron asesorarse de la verdad del hecho y de la finalidad del monumento. Tratándose de una cuestión religiosa, fue nombrado jefe de la delegación Fines (Núm 25:7-13), hijo del sacerdote Eleazar, a quien acompañaba un representante de cada tribu de Cisjordania. El primer encuentro fue duro por parte de los comisionados, que habían imaginado que las tribus transjordánicas habíanse apartado de Yahvé construyendo un altar rival al de Silo. Con la duplicidad de altares se rompía la unidad de culto, se resquebrajaba la unidad religiosa y se abría un posible cisma en Israel. Con estos proyectos se atraía la ira divina sobre la comunidad de Israel. Dos ejemplos candentes confirmaban sus temores: el de Fogor (Núm 25:1-9; 31:16) y la infidelidad de Acán (7:1-5). Mientras el pueblo estaba estacionado en Setim, se entregó a la idolatría, corrompido al contacto con las mujeres de Moab, y Yahvé le hubiera exterminado a no mediar la enérgica actuación de Fines (Núm 25:11).

Unanimidad de fe entre las tribus (22:21-34).

21Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manases respondieron así a los jefes de los millares de Israel: 22"El Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe; el Todopoderoso Dios, Yahvé, sabe, y sabrá toda la asamblea de los hijos de Israel: Si ha sido por rebelión y por infidelidad contra Yahvé, que no nos salve hoy. 23Si hemos edificado un altar para apartarnos de Yahvé, para ofrecer allí holocaustos y oblaciones y hacer sacrificios eucarísticos, que Yahvé nos pida cuenta de ello. 24Más bien hemos obrado por temor de que llegara algún día en que vuestros hijos dijeran a los nuestros: "¿Qué hay de común entre vosotros y Yahvé, el Dios de Israel? 25Yahvé ha puesto el Jordán como frontera entre vosotros y nosotros, hijos de Rubén y de Gad; no tenéis parte alguna con Yahvé." De este modo, vuestros hijos serían causa de que los nuestros no temieran ya a Yahvé. 26Y nos dijimos: Pongámonos a edificar un altar, no para ofrecer holocaustos y sacrificios, 27sino para que sea testimonio entre nosotros y vosotros, y nuestros descendientes después de nosotros, de que servimos a Yahvé en su presencia, con nuestros holocaustos, nuestros sacrificios y nuestras víctimas pacíficas, para que vuestros hijos no digan un día a los nuestros: No tenéis parte en Yahvé. 28Nos dijimos: Si algún día llegaran a decirnos eso a nosotros y a nuestros descendientes, les responderíamos: Mirad la forma del altar que nuestros padres edificaron, no con el fin de que sirviera para holocaustos y sacrificios, sino para ser testimonio entre nosotros y vosotros. 29Lejos de nosotros querer rebelarnos contra Yahvé y apartarnos hoy de El alzando un altar para holocaustos, oblaciones y sacrificios distintos del altar de Yahvé, nuestro Dios, que está ante su tabernáculo." 30El sacerdote Finés y los príncipes de la asamblea que le acompañaban, al oír las palabras de los hijos de Rubén, de los hijos de Gad y de la media tribu de Manases, se dieron por satisfechos; 31y Finés, hijo del sacerdote Eleazar, dijo a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a la media tribu de los hijos de Manases: "Reconocemos ahora que está Yahvé en medio de nosotros, puesto que no habéis cometido contra Yahvé esa infidelidad, librando así de la mano de Yahvé a los hijos de Israel." 32Finés, hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manases y se volvieron de la tierra de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales hicieron relación. 33 La cosa agradó a los hijos de Israel; bendijeron a Dios y no hablaron más de subir armados contra ellos para devastar la tierra que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad. 34 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad llamaron al altar Ed (Testigo), porque es testimonio para nosotros de que Yahvé es Dios.

El texto masorético del v.22 dice: "El Dios de los dioses, Yahvé; el Dios de los dioses, Yahvé, sabe bien, y lo sabe también Israel." La expresión "Dios de los dioses" se halla en Deut 10:17; Sal 136:2; Dan 2:47. Los LXX y la Vulgata consideran el Dios delante de Elo-him como independiente del complemento, de donde la traducción de la Vulgata: Fortissimus Deus Dominus. El superlativo Dios de los dioses puede designar al Dios supremo (Dhorme). El altar construido quería ser un monumento conmemorativo que recordara a la posteridad la unidad religiosa y nacional existente entre los hijos de Israel de una y otra parte del Jordán. Unos y otros reconocían la obligatoriedad de un solo altar en Israel. Por ello las tribus transjordánicas aseguran reiteradamente que el altar no tiene fines cultuales, sino un memorial que asegure el derecho de las tribus residentes al otro lado del Jordán de adorar a Yahvé en el único santuario nacional. Las razones alegadas convencieron a Finés y a sus acompañantes, que regresaron a Silo. En la comisión no figura Josué, porque, tratándose de cuestión puramente religiosa, era incumbencia exclusiva de los sacerdotes ver si se había o no infringido la ley de la unidad de culto. La encuesta de Finés se hace a base del contenido de Deut 12:10-11 l.

Exhortación de Josué al pueblo (23:1-16).

1Había pasado largo tiempo desde que Yahvé diera a los hijos de Israel el descanso, librándolos en derredor de todos sus enemigos; y Josué era ya viejo, de edad avanzada. 2Convocó entonces Josué a todo Israel, a sus ancianos, sus jefes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: "Yo soy ya viejo, de edad avanzada. 3Vosotros habéis visto todo cuanto Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con todas las naciones que teníais ante vosotros; porque es Yahvé, nuestro Dios, el que por vosotros ha combatido. 4Ved: Yo os he distribuido por suertes, en heredad para vuestras tribus, esas gentes que han quedado y aquellas que yo exterminé, desde el Jordán hasta el mar Grande, a occidente. 5Yahvé, vuestro Dios, las rechazará y las expulsará ante vosotros y os dará en posesión su territorio, como Yahvé, vuestro Dios, os lo ha dicho. 6Esforzaos, pues, en guardar y poner por obra todo lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, sin apartaros ni a la derecha ni a la izquierda. 7No os mezcléis con esas gentes que han quedado en medio de vosotros, no invoquéis el nombre de sus dioses, ni juréis por ellos, ni los sirváis, ni os prosternéis ante ellos, 8sino adherios a Yahvé, vuestro Dios, como hasta ahora lo habéis hecho. 9Yahvé ha arrojado de delante de vosotros naciones grandes y poderosas, y ninguna ha podido resistiros hasta hoy. 10Uno solo de vosotros perseguía a mil, porque Yahvé, vuestro Dios, combatía por vosotros, como os lo había dicho. 11Tened gran cuidado de vosotros mismos, amando a Yahvé, vuestro Dios; 12porque si os apartáis de El y os ligáis con los restos de esas gentes que han quedado entre vosotros; si contraéis matrimonios con ellas, mezclándoos con ellas y mezclándose ellas con vosotros, 13sabed bien que Yahvé, vuestro Dios, no seguirá arrojándolas delante de vosotros, sino que serán para vosotros un lazo y una trampa, aguijón en vuestros costados y espinas en vuestros ojos, hasta que desaparezcáis de sobre esta excelente tierra que os ha dado Yahvé, vuestro Dios. 14Yo estoy ya para irme por el camino de todos. Reconoced con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma que todas las buenas promesas que Yahvé, vuestro Dios, os ha hecho se han cumplido; ninguna ha quedado sin efecto, ninguna ha caído. 15Lo mismo, pues, que todas las buenas palabras que Yahvé, vuestro Dios, os ha dado se han cumplido, lo mismo también cumplirá Yahvé contra vosotros sus palabras de amenaza, hasta que os haga desaparecer de sobre esta excelente tierra que Yahvé, vuestro Dios, os ha dado; 16si traspasáis la alianza de Yahvé, vuestro Dios, la que El os ha prescrito, y os vais a servir a otros dioses y os prosternáis ante ellos, la cólera de Yahvé se encenderá contra vosotros y desapareceréis bien pronto de sobre la tierra buena que El os ha dado."

Con una indicación histórica vaga e indeterminada introduce e1 utor sagrado las palabras de exhortación de Josué al pueblo. Los israelitas gozaban ya desde largo tiempo de un descanso relativo y pronto debían resignarse a perder a su caudillo, que, de I d avanzada, estaba para irse por el camino de todos, es decir, 1 de la muerte. No se indica el sitio donde Josué convocó a los ancianos, a los jefes de las familias (14:1), a los jueces y oficiales, pero se presume que fue en Silo, a la sombra del santuario de Yahvé. Reconoce Josué que quedan en el territorio grupos de enemigos que no han sido desalojados de sus tierras. Si Israel se mantiene fiel a Yahvé, su aniquilamiento es mera cuestión de tiempo, y la tierra le será entregada totalmente, porque Dios estará con él. Pero si en vez de mantenerse alejado de los paganos en cuestiones religiosas y morales mantiene contacto con los mismos, contrae matrimonios (Deut 7:3) y, lo que es peor, invoca y ofrece sacrificios a sus dioses, entonces no serán los pueblos paganos los verdugos de Israel, sino que el mismo Dios se aliará con esos pueblos, luchará a su lado hasta que Israel desaparezca de sobre la tierra que Dios le había dado. Hubo un tiempo en que uno solo de Israel perseguía a mil (Deut 32:30) y los vencía, porque Dios combatía a su lado. Esto mismo sucederá en adelante si se mantienen fieles a la alianza de Yahvé. El redactor deuteronomista, escribe Delorme, pone mucho interés en destacar los temas de meditación que la historia de la conquista y distribución de Canaán sugiere, porque ilustran la doctrina de la alianza. Estas ideas las vemos esparcidas en todo el libro. Yahvé realiza sus promesas, dando a su pueblo en heredad la tierra de Canaán (1:3; 6-11; 23:5-14; 24:13 = Deut 4:1; 6:10; 11, 9-21.). Todo el libro manifiesta que Dios es fiel a su palabra (1:5; 9; 19; 23:3 = Deut 6:17-24; 11:22-25; 31:6-8). A este compromiso por parte de Dios debe corresponder la fidelidad de Josué y de su pueblo (1:6; 9; 18; 8:1; 10:8-25 = Deut 31:6-8:23). Deben cumplir exactamente la ley de Dios (1:6-9; 8:32-35; 11:15; c.23 = Deut 5:32; 31:9-13). Ante todo deben servir a Yahvé por ser "nuestro Dios" (24.18, etc. = Deut 6:13), manteniéndose apartados de los cultos paganos (23:6-13 = Deut 7:1-6).

Josué se despide del pueblo (24:1-15).

1Josué reunió en Siquern a todas las tribus de Israel y convocó a los ancianos, a los jefes, a los jueces y a los oficiales. Todos se presentaron ante Dios, 2y Josué dijo a todo el pueblo: "He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Vuestros padres Taré, padre de Abraham y de Najor, habitaron al principio al otro lado del río y servían a otros dioses. 3Yo tomé a vuestro padre Abraham del lado allá del río, y le conduje a través de toda la tierra de Canaán, y multipliqué su prosperidad, dándole a Isaac. 4 A Isaac le di a Jacob y Esaú, y yo di a Esaú en posesión la montaña de Seír, y Jacob y su hijos bajaron a Egipto. 5Después envié a Moisés y Aarón y herí a Egipto con mi mano, como en medio de él lo hice, y os saqué de allí. 6Saqué de Egipto a vuestros padres, y llegasteis al mar. Los egipcios persiguieron a vuestros padres con carros y caballos hasta el mar Rojo. 7Clamaron ellos a Yahvé, y Yahvé puso tinieblas entre vosotros y los egipcios y redujo sobre éstos las aguas del mar, que los cubrió. Vuestros ojos han visto lo que yo hice en Egipto y habéis estado largo tiempo en el desierto. 8Yo os traje a la tierra de los amorreos, que habitaban del otro lado del Jordán, y ellos combatieron contra vosotros. Yo os los entregué en vuestras manos y os posesionasteis de su tierra, y yo los destruí delante de vosotros. 9Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, se alzó para luchar contra Israel, e hizo llamar a Balaam, hijo de Beor, para que os maldijera. 10 Pero yo no quise dar oídos a Balaam, y él os bendijo repetidamente y yo os libré de las manos de Balac. 11Pasasteis el Jordán y llegasteis a Jericó. Las gentes de Jericó combatieron contra vosotros, los amorreos, los fereceos, los cananeos, los jéteos, lor guergueseos, los jeveos y los jebuseos, y yo os los puse en vuestras manos.12Mandé delante de vosotros tábanos, que los echaron delante de vosotros. No ha sido vuestro arco ni vuestra espada. 13Yo os he dado una tierra que no habéis cultivado, ciudades que no habéis edificado, y en ellas habitáis, y coméis el fruto de viñas y olivares que no habéis plantado. 14Temed a Yahvé y servidle con integridad, y en verdad, quitad los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto y servid a Yahvé. 15Y si no os parece bien servirle, elegid hoy a quien queréis servir, si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al lado allá del río, si a los dioses de los amorreos, cuya tierra habéis ocupado. En cuanto a mí y a mi casa toca, nosotros serviremos a Yahvé."

El argumento de este último capítulo del libro de Josué abarca los siguientes puntos: 1) Josué convoca a Israel en Siquem; 2) habla al pueblo en nombre de Yahvé (v.2-1s); 3) diálogo entre Josué y el pueblo (v. 16-24); 4) renovación de la alianza (v.25-28).

La alocución que hemos visto en el capítulo anterior tuvo lugar en Silo, en donde se encontraba el tabernáculo con el arca de la alianza. Esta vez la asamblea se reúne en Siquem. Ningún otro lugar más a propósito que éste por estar la ciudad unida a los orígenes del pueblo israelita (Gen 12:8; 33:18-20; 35:4; Ex 13:19). La ciudad estaba emplazada en el lugar llamado hoy día Tell Balata, al pie del monte Ebal y a un kilómetro y medio de la actual ciudad de Naplusa. El lugar fue excavado durante los años 1913-1914, reanudando los trabajos E. Sellin en 1926 y G. Welter en 1928. Siquem era considerada como una ciudad santa; fue destruida por Juan Hircano el año 128 a.C.

No todo el pueblo reunióse en Siquem, sino los jefes, jueces, oficiales de la nación. "Todos —dice el texto— se presentaron ante Dios." La expresión da a entender que estaba allí presente el arca de la alianza, que habitualmente residía en Silo. ¿Fue trasladada a Siquem con motivo de la concentración? Puede ser, y tenemos análogos ejemplos en textos más tardíos (1 Sam 4:3; 2 Sam 15:24). Los LXX leen Silo en vez de Siquem, por creer que fue la asamblea un cultual delante del tabernáculo. Con la frase "ante Dios" puede autor sagrado aludir a la santidad del lugar en el que se desarrollo en escenas religiosas en tiempos de los patriarcas y del mismo (8:30). En este supuesto no sería necesario admitir la presencia del arca en la ceremonia.

Con un rápido bosquejo histórico describe Josué los designios de Dios sobre su pueblo elegido. No pudo Yahvé hacer más en favor de su pueblo a partir de aquel momento trascendental en que arrancó a Abraham del politeísmo (Gen 11:26-32; 12:1-6) hasta el presente, en que conquistó y entregó generosamente a su pueblo una tierra que Israel no había cultivado y unas ciudades que no había construido. Todas estas muestras de afecto y predilección obligan por sí solas a la justa correspondencia. Dice que Tare y su familia servían a los dioses falsos. Que Abraham antes de su vocación fuese idólatra, no se desprende claramente del texto. Josué deja vislumbrar que la campaña de Jericó fue dura, ganándose gracias a la ayuda divina. Otro dato nuevo es que los tábanos facilitaron a los israelitas la conquista del país. Existía la promesa de que Dios mandaría tábanos contra los enemigos del pueblo, hasta hacer perecer a los sobrevivientes o a los que se escondiesen (Ex 23:28; Deut 7:20). Pero la palabra sireah, tábano, puede interpretarse en el sentido de temor, pánico, que obligó a los enemigos a abandonar el combate (10:10). Esta es la interpretación de San Agustín (Quaest. in Hept.: PL 34:630).

Diálogo entre Josué y el pueblo (24:16-24).

16El pueblo respondió, diciendo: "Lejos de nosotros querer apartarnos de Yahvé para servir a otros dioses, 17porque Yahvé es nuestro Dios, el que nos sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre; el que ha hecho a nuestros ojos tan grandes prodigios; el que nos ha guardado durante todo el largo camino que hemos recorrido y entre todos los pueblos por en medio de los cuales hemos pasado. 18Yahvé ha arrojado delante de nosotros a todos los pueblos, a los amorreos, que habitaban en esta tierra. También nosotros serviremos a Yahvé, porque El es nuestro Dios." 19Josué dijo al pueblo: "Vosotros no seréis capaces de servir a Yahvé, que es un Dios santo, un Dios celoso; El no perdonará vuestras transgresiones y vuestros pecados; 20cuando os apartéis de Yahvé y sirváis a dioses extraños, El se volverá, y después de haberos hecho el bien, os dará el mal y os consumirá." 21El pueblo respondió: "No, no; queremos servir a Yahvé." 22Y Josué dijo al pueblo: "Testigos sois hoy contra vosotros mismos de que habéis elegido a Yahvé para servirle. 23Quitad, pues, los dioses ajenos que hay entre vosotros y volved vuestros corazones a Yahvé, Dios de Israel." 24Y el pueblo dijo a Josué: "Serviremos a Yahvé, nuestro Dios, y obedeceremos su voz."

De la simple enunciación de los hechos se deducía que Israel no podía reconocer ni adorar a otros dioses que a Yahvé. Todavía el culto a los dioses falsos existía en Israel en el momento en que Yahvé le acababa de entregar la tierra que manaba leche y miel. Cuáles fueran estos dioses, no lo especifica el texto; pero, aparte de algún contacto esporádico en este tiempo con el culto idolátrico de los cananeos, es probable que muchos conservaran los famosos terafim, o dioses lares, tutelares de las casas, a los que se rendía culto en secreto. Josué, como más tarde Elías (1 Re 18:21), conmina al pueblo para que se decida de una vez a favor o en contra de Yahvé. La comunidad se decide por Yahvé. Josué reconoce que nunca se podrá servir a Dios tal como se merece, porque es un Dios santísimo; es, además, un Dios celoso, que no admite competidor (Ex 20:5; 34:14; Deut 4:24; 5:9; 6:15) y que castiga duramente el pecado de idolatría.

Renovación de la alianza (24:25-28).

25Josué concluyó aquel día una alianza con el pueblo y le dio en Siquem leyes y mandatos; 26y escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios, y, tomando una gran piedra, la alzó allí debajo de la encina que hay en el lugar consagrado a Yahvé. 27Dijo a todo el pueblo: "Esta piedra servirá de testimonio contra vosotros, pues ella ha oído todas las palabras que Yahvé os ha dicho y será testimonio contra vosotros para que no neguéis a vuestro Dios." 28Y Josué mandó al pueblo que se fuese cada uno a su heredad.

En el c.8 se habló de una reunión en Siquem, junto al altar de Yahvé, edificado sobre el monte Ebal, en donde se concertó una alianza entre Dios y su pueblo. Al término de su reúne de nuevo Josué al pueblo en el mismo lugar. Quizá la renovación de la alianza de que se habla en el c.8 sea idéntica a la que se narra en el presente capítulo. A este pacto de la alianza sigue una nueva imposición de leyes y mandatos que se añadían a la legislación mosaica anterior. La primera parte del v.26: Y escribió estas palabras en el libro de la Ley de Dios, ha sido interpretada diversamente. En concreto, ¿qué escribió Josué? Muy probablemente las repetidas afirmaciones del pueblo de obligarse con juramento a servir a Dios y obedecerle y observar las leyes de la alianza. Este libro es distinto del "libro de la Ley de Moisés" (8:31; 23:6); se trata probablemente de un libro en que se anotaban los dichos y hechos de Josué.

Las promesas hechas de palabra fácilmente podían olvidarse y tergiversarse; escritas, en cambio, recordarían a la posteridad el solemne compromiso de sus padres para con Dios. Para perpetuar la memoria de aquel solemne acto, tomó Josué una gran piedra, que colocó debajo de la encina (Gen 12:6; 35:4; Deut 11:30) que había en aquel lugar sagrado. Era frecuente levantar una piedra para perpetuar la memoria de un hecho o de un pacto (Gen 31:46-48; Jos 22:34); Pero esta piedra, como se dice de manera retórica en el texto tiene oídos y ha escuchado todas las palabras del pueblo (Jue 9:6); de ahí que en el día de mañana dará ella testimonio contra el puéblo en el caso de que falte a su juramento.

Muerte de Josué (24:29-31).

29Después de esto, Josué, hijo de Nun, siervo de Yahvé, murió a la edad de ciento diez años. 30Fue sepultado en la tierra de su posesión, en Tamnat Saré, en la montaña de Efraím, al norte del monte Gas. 31Israel sirvió a Yahvé durante toda a vida, de Josué y durante toda la vida de los ancianos que le Sobrevivieron y conocían cuanto había hecho Yahvé a favor de Israel.

Murió Josué a la edad de ciento diez años. Este número de años pasaba en Egipto por el tiempo perfecto e ideal de vida. El sabio Ptahhotpe dice de sí mismo: "No es poco lo que he cumplido en esta tierra; he vivido ciento diez años." Un agradecido discípulo augura a su maestro, como premio dado por la divinidad, ciento diez años de vida. Considerando, con relación a esto, la indicación sobre los años de la vida del José egipcio y tomándola, además, en relación con las indicaciones de edad de los patriarcas y sobre las genealogías de Gen 5 y 11, parece claro que los números de los años de José y de Josué no tienen valor cronológico, sino simbólico. Tocante a Josué, la cifra quiere significar que él había logrado la talla de su antepasado, pues ambos han cumplido con la importante tarea que Dios les había confiado1.

Josué fue sepultado en Tamnat Saré, lugar que se identifica generalmente con Jirbet Tibneh, a unos veinte kilómetros al nordeste de Lidda y a veintinueve de Jerusalén, correspondiendo al emplazamiento de la antigua Thamna o Thammatha (1 Mac 9:50).

Sepultura de los restos de José (24:32).

32Los huesos de José, que los hijos de Israel habían traíc de Egipto, fueron enterrados en Siquern, en el trozo de tierra que Jacob había comprado por cien quesitas a los hijos de Jamor, padre de Siquern, y fueron propiedad de los hijos de José.

Quiso José que sus restos recibieran sepultura en Canaán (Gen 50:25). Moisés cuidó de cumplir el juramento que se le hizo en este sentido, al ordenar que los israelitas, al salir de Egipto, llevaran consigo sus huesos (Ex 13:19). Que recibieron sepultura en Siquem, en el trozo comprado por Jacob por el precio de cien que-sitas (Gen 33:18-19). La palabra hebraica quesita, moneda en curso en los tiempos patriarcales (Job 42:11), significa propiamente cordero, pecus, de donde se ha derivado el término pecunia (Dhorme). Según otros, quesita significaba un determinado peso de oro o plata. Al pie del monte Ebal, en Siquem, se enseña todavía hoy el sepulcro de José.

Muerte y sepultura de Eleazar (24:33).

33 Eleazar, hijo de Aarón, murió y fue sepultado en Gueba ciudad de Finés, su hijo, a quien había sido dada, en la montaña de Efraím.

Eleazar ocupa un lugar destacado en la distribución de Canaán, No indica el texto el tiempo y el lugar de su defunción. El autor sagrado, en fuerza del carácter esquemático del libro, consigna el hecho de su muerte para señalar el fin de un glorioso período en la historia del pueblo de Israel, cuyos protagonistas principales fueron Josué y Eleazar. Fue sepultado Eleazar en la colina de Finés, en la montaña de Efraím. El libro de Josué se acaba con la triple sepultura de José, Josué y Eleazar.

1 The List of Levitic Cities: "Louis Ginzberg Volume" (New York 1945) 49-73.

1 Sobre este capítulo véase J. De Fraine, De Alian Rubenitarum: VD 25 (1947) 301-313·

1 Schildenberger, Los Géneros Literarios l.c., 138-139.

 

Jueces.

Introducción.

Título del Libro.

El libro lleva en hebreo el título de Shofetim, que los LXX han traducido por Kritai, jueces, de donde el título de la Vulgata: Líber iudicum: "Libro de los jueces." Pero el calificativo de "jueces" no corresponde propiamente a la misión primordial de estos héroes, que consistía en salvar a Israel o a una tribu de la opresión de sus enemigos y restablecer el orden político, más o menos comprometido. El título más apropiado a ellos es el de libertador, que corresponde a la significación primitiva del verbo shafat, establecer, restablecer. Es lógico que, una vez obtenida la victoria, con el prestigio que esto les daba, quedaran al frente de la tribu o de las tribus que les habían elegido por lider, ejerciendo su plena autoridad sobre las mismas. La condición social de estos hombres es muy distinta, pues mientras unos eran guerreros, como Aod, Barac y Gedeón, otros eran ricos propietarios, como Jair y Abdón, o aventureros, como Jefté, y héroes populares, como Sansón. Pero todos poseen un carisma o marca divina (valor, sabiduría, habilidad o fuerza), que les convierte en jefes o jueces salvadores de Israel1.

Lugar en el canon.

En las Biblias hebraicas va entre el libro de Josué y el primero de Samuel, ocupando el segundo lugar en la colección conocida por el nombre de profetas anteriores. En el canon alejandrino y en la Vulgata, el libro se coloca entre los libros históricos Josué y Rut. Los judíos consideraban el libro como profetice.

Texto.

Fue escrito originariamente en hebreo y se ha conservado en buen estado, excepto en el cántico de Débora. Burney, que lo ha investigado a fondo, lo cree superior al texto de los libros de Samuel y comparable con el de las partes narrativas de los libros de Josué y Reyes 2. Se encuentra en él cierta confusión y transposición de letras y palabras, ditografías y glosas. El texto griego de los LXX se ha conservado bajo distintas formas. Después de los estudios de Pretzl 3, se admiten comúnmente tres recensiones del mismo. El texto de la antigua koiné fue revisado por Orígenes, cuya recensión se conserva en sirohexaplar, cód. A y B, este último con terminología propia4. Luciano utilizó esta revisión con elementos propios, que difieren del texto masorético y que provienen de otro original griego. La recensión de Luciano se encuentra en Ka, en muchos minúsculos y en el códice Lugdunensis de la Vetus Latina. Hesiquio trató de ajustar la recensión de Orígenes al texto masorético, utilizando palabras que figuraban en la antigua koiné. Así, pues, según Pretzl, se dispone de dos fuentes para la crítica textual del texto masorético: las lecciones de la antigua koiné y la recensión de Luciano. La Vulgata sigue, en general, el texto hebreo, con adición de algunas glosas aclaratorias.

Argumento y División.

El libro de los Jueces trata de la historia del pueblo judío a partir de la muerte de Josué hasta la institución de la monarquía o, en el estado actual del mismo, hasta el advenimiento de Samuel. Sin embargo, esta historia se presenta en forma esquemática, fragmentaria e incompleta, recogiendo únicamente algunos hechos aislados que sirven al autor de base para el desarrollo y confirmación de su tesis filosófico-religiosa, expresada claramente en 2:11-19; 10:6-16. El carácter de la misma es pragmático, a cuatro tiempos: prevaricación, castigo; arrepentimiento, liberación. Israel es infiel a Yahvé y rinde culto a los ídolos; en castigo, Dios le entrega en manos de sus enemigos. Este revés le induce a penitencia, y Dios, misericordioso, le envía un libertador, muerto el cual, vuelve a las andadas. Esta verdad religiosa se ilustra con seis cuadros históricos que cuentan las hazañas de otros tantos jueces, a los cuales se añaden breves noticias referentes a personajes de menor relieve, que, por esto mismo, se ha convenido en llamar jueces menores.

En líneas generales, el libro se divide en tres partes bien definidas: 1) una doble introducción: política (1:1; 2:5) Y religiosa (2:6; 3:6); 2) cuerpo del libro (3:7; 16:31); 3) dos apéndices (17:1; 21:25).

Marco Histórico y Cronología.

El libro de los Jueces carece de sistema cronológico propiamente dicho y la mayor parte de las cifras que se dan en el libro son puramente convencionales. ¿A qué época de la historia universal corresponden los hechos narrados en el libro? ¿Cuál fue la duración aproximada de este período? Dos fechas de valor desigual permiten señalar los términos a quo y ad quera del período de los jueces.

Para determinar el término ad quem parten los autores de la fecha de la fundación del templo de Jerusalén en 968, año cuarto del reinado de Salomón. Este sucedió en el trono a su padre, David, en c.973, reinando cuarenta años sobre todo Israel. El reinado de David abarca desde c.1010 hasta C.970. No sabemos a punto fijo los años de la permanencia de Saúl en el trono, que, según Act 13:21, fueron cuarenta; pero los autores le atribuyeron una duración que oscila entre los veinte y treinta años. Se indica el año 1030 como fecha de la elevación de Saúl al trono, fecha que coincide más o menos con el término del período de los jueces.

Es más difícil determinar el término a quo, ya que depende de fecha de la salida de Israel de Egipto y de la duración de la campaña de Josué. Está en crisis la hipótesis que señala el éxodo hacia el año 1450. Una segunda opinión, apoyada por hechos históricos y ^queológicos de indiscutible valor, cree que el éxodo tuvo lugar durante el largo reinado de Ramsés II (1301-1235) o en tiempos de Mernefta (1225-1205).

No existe en el libro de los Jueces una cronología perfecta. Los números que allí figuran tienen un valor muy desigual, pues mientras algunos parecen bastante precisos, otros, en cambio, las cifras redondas, sobre todo 40, 80, 20, obedecen a un plan premeditado del redactor o redactores del libro. Los hechos narrados no se desarrollaron con la precisión cronológica que puede sugerir una lectura superficial del libro, sino más bien se trata de un conjunto de piezas fragmentarias de aquel período, que los redactores posteriores han reunido en un todo orgánico al servicio de una tesis religiosa. No existía unidad entre las tribus, y las guerras de unas no inquietaban la paz de otras, o, simultáneamente, los enemigos acosaban a los israelitas en diversos puntos de su territorio. Por lo mismo, algunos jueces ejercían sus funciones al mismo tiempo, y podían coincidir los períodos de opresión y de paz (Jue 10:7). La autoridad de los jueces se extendía a una o varias tribus, nunca a todo Israel.

Los pueblos enemigos.

Durante el lapso comprendido entre 1220-1040, las dos grandes potencias rivales, Egipto y Asiría, apenas intervienen en los asuntos de Palestina. Egipto se muestra cada vez menos activo, atento a solucionar los problemas de orden interno, y sólo interviene esporádicamente en acciones bélicas hacia el exterior para defender sus fronteras, amenazadas por los "pueblos del mar," como en 1192, bajo Ramsés III. Por parte de Asiría, sólo Teglatfalasar I (1 112-1074) emprendió una campaña hacia el oeste, reduciendo a tributo a las ciudades de Byblos, Sidón, Arward; pero no se atrevió a atacar a Tiro (Surra) ni a los reinos de Hamat, Damasco y Soba, ni a franquear las fronteras de Palestina. El imperio de los hititas sólo persistía como un recuerdo en Palestina, con insignificantes islotes dejados en el territorio en su retirada. Los enemigos principales contra los cuales tuvieron que luchar los israelitas para arrebatarles los territorios de TransJordania y Cisjordania y mantenerlos en sus manos fueron los cananeos, filisteos, amonitas, amalecitas, moabi-tas y madianitas. De los dos primeros nos ocuparemos brevemente.

Cananeos.

Pueblo abierto a las más dispares influencias, asimiló elementos de las diversas culturas. Como todos los otros pueblos, fueron politeístas, siendo Baal su dios principal, unido a las divinidades femeninas de Anat, Asnera, Astarté, Qadesh. El culto de la fecundidad y fertilidad era el centro de la religión cananea. Características del mismo son los sacrificios humanos (Jer 7:31; Ez 15:21; 1 Re 16:34) y la prostitución sagrada de hombres y mujeres. Todas las facultades productoras de vida eran santas y sagradas. El culto se ejercía en los altos (bamoth), donde se levantaban las masseboth y asheroth, que representaban, respectivamente, las divinidades masculina y femenina. Con este pueblo entró en contacto Israel y convivió con él en momentos en que su religión había caído en su nivel más bajo 5.

Filisteos.

De la avalancha de los "pueblos del mar" formaban parte los filisteos, procedentes de Licia y Caria, o de Caftor (Deut 2:23; Jer 47:4), que, a través del Asia Menor, pretendieron ganar las tierras fértiles de Egipto. A principios del siglo XII a. Q, Ramsés III resistió en Siria a los nuevos invasores no semitas (incircuncisos los llama la Biblia); pero los filisteos fueron descendiendo por la costa mediterránea, estableciéndose a fines del segundo milenio en la región marítima comprendida entre Gaza y Jaifa, con una profundidad hacia el interior que oscilaba entre los veinte y sesenta kilómetros. Agrupábanse en torno a cinco grandes centros, a los que se da el nombre de pentápolis filistea: Gaza, Ascalón, Azoto, Acarón y Gat. Las cinco ciudades tenían un régimen autónomo, aunque en casos extraordinarios se unían para salvar a la nación. Al frente de cada distrito había los llamados seranim (tiranos), con autoridad civil y militar, ocupando el mando supremo del ejército unido los sarim (1 Sam 18:30). Su organización era superior a la de los israelitas, lo mismo que su cultura, industria, agricultura, comercio, economía, etc. Los filisteos fueron un constante peligro para los israelitas, a quienes oprimían empujándoles hacia el macizo central6.

Características literarias del libro de los Jueces.

Lo primero que se echa de ver al recorrer sus páginas es la repetición de ciertas fórmulas estereotipadas, que indican el punto de vista filosófico-religioso del autor. Con estas fórmulas aparece claramente delineado el pragmatismo a cuatro tiempos de que hemos hablado. Este tema central se expone en las dos introducciones, histórica (1:1; 2:5) y cultual (2:6; 3:6; 6:8-10; 10:10-16). Estas fórmulas, convenientemente clasificadas por Tamisier (Introducción 138-139) Y Delorme, son las siguientes:

Prevaricación. (A): "Los hijos de Israel hicieron el mal a los ojos de Yahvé" (2:11; 3:7; 12; 4:1; 6:1; 13:1). (B): "Se apartaron de Yahvé y sirvieron a los Baales (2:11), "baales y aseras" (3:7), "a Baal y Astarté" (2:13; 10:7). Castigo — (C): "Encendióse la cólera de Yahvé contra Israel" (2:14-20; 3:8; 107). (D): (Yahvé) "los entregó en manos de salteadores" (2:14); "Se Cusan Risataím" (3:8), "en manos de Jabín" (4:2), a Madián"'(6:1), "en manos de los filisteos y en manos de los hijos de Amón" (10:7); o también, "Yahvé hizo fuerte a Eglón" (3:12). (E) Por consiguiente, "los hijos de Israel sirvieron a Cusan Risataím siete años" (3:8), a Eglón "dieciocho años" (3:14), a Jabín "veinte años" (4:3) a Madián "siete años" (6:1), a los filisteos y amonitas "dieciocho años" (10:8).

Arrepentimiento. (F): "Clamaron a Yahvé los hijos de Israel" (3:9; 15; 4:3; 6:6; 10:10).

Liberación. (G): "Suscitó Yahvé a los hijos de Israel un libertador" (3:9-15). H Quedó humillado (Moab, Jabín, Madián) bajo la mano de Israel" (3:30; 4:23; 8:28). (I): Los libertadores (Otoniel, Tola, Jefté, Abesán, Elón, Abdón, Sansón) "juzgaron a Israel diez años" (3:10; 10:2.3; 12:7; 9:11; 14; 15:20; 16:31). (J): "Estuvo en paz la tierra durante diez años" (3:11, 30; 5:32; 8:28).

En función a esta idea central se han escogido las narraciones que el autor o los autores han insertado en el libro. Entre aquéllas y las frases redaccionales se han revelado diferencias ideográficas y de estilo, que se explican por el hecho de que los autores no han elaborado los relatos históricos, sino que se han limitado a seleccionarlos y agruparlos de conformidad con las exigencias del tema central. Al autor no le interesa el hecho histórico por sí mismo, sino desde el punto de vista religioso. Por lo mismo, se cree autorizado a reproducir simplemente los fragmentos, yuxtaponerlos en un plan preconcebido, cercenarlos, resumirlos y amplificarlos, glosarlos y aun modificarlos ligeramente. De este modo, los hechos históricos incorporados en el libro ofrecen garantía de veracidad. La historia del libro de los Jueces es religiosa,

Composición del libro.

El libro es anónimo; de donde la diversidad de opiniones sobre su autor y tiempo de su composición. La tradición judía y muchos Padres lo atribuyen a Samuel o a un autor contemporáneo de David (Schulz). Algunos han pensado en Ezequías, y Ricardo Simón lo adjudica a Esdras. La mayoría de los críticos acatólicos extienden a este libro la composición a base de los conocidos documentos J y E, reunidos más tarde por uno o más redactores. Actualmente, católicos y acatólicos están acordes en admitir en el libro la presencia de documentos antiguos que utilizaron el autor o los autores. H. Gressmann7 prefiere que se hable de tradiciones más bien que de documentos. Desnoyers 8 admite una doble redacción; la primera efectuóse en el reino de Israel por escritores originarios de los medios profetices, levíticos y profetices. En esta primera redacción se narraba la historia de los jueces del Norte y contenía la lista de los jueces menores. Un redactor del reino de Judá completó aquella obra con documentos procedentes del sur en tiempos del rey Exequias. Según Desnoyers, el movimiento literario deuteroca-nónico pudo también haber dejado huellas en una reedición del libro de los Jueces. Cazelles y Tamisier exponen más concretamente esta hipótesis.

En nada se opone al dogma de la inspiración el hecho de que muchos autores concurrieran a la composición del libro de los Jueces. Muy probablemente, sólo el autor último que redactó el libro en la forma que hoy tiene el beneficio del carisma de la inspiración.

Enseñanza religiosa.

De misterioso se ha calificado al período de los jueces 9. Y lo es de verdad. Empezamos por no saber cuándo comenzó y cuándo acabó ni a qué período preciso de la historia universal pertenece. En el libro encontramos una cronología imprecisa, una historia fragmentaria, anecdótica, engarzada solamente por el pensamiento religioso dominante del autor. Pero del análisis del libro se deduce que nos hallamos en una época de transición en la historia de Israel. Las tribus habían atravesado el Jordán, y durante muchos años dedicábanse a la penosa tarea de conquistar paulatinamente la tierra prometida. En contacto con la religión y cultos cananeos, tan halagadores a los sentidos, fue enfriándose el entusiasmo de los israelitas por Yahvé, olvidándose de sus preceptos y abandonando el camino que "su Dios" les había trazado. Ante las tentativas de sincretismo religioso, no dejó Dios de darles un toque de atención, recordándoles que no había renunciado a los derechos de propiedad sobre su pueblo. En sus páginas se vislumbra también claramente que no quiere Dios la perdición de Israel, su desaparición de entre las gentes, sino que se convierta y viva.

A pesar de su moral rústica, los israelitas de este período, incluyendo a sus jefes, son admirables por su fe en Dios, a quien acuden en tiempos de prueba. Esta fe les llevará al triunfo de sus enemigos años más tarde.

1 De Vaux, Israel: "Dictionnaire de la Bible," Suppl. col.739; O. Grether, Die Bezeich-nung "Richten für die charismatischer Helden der Vorstaatlichen Zeit: "Zeitsch. f. Altt. Wis-senschaft," 57 (1939) 110-121.

2 C. F. Burney, The Book ofjudges (Londres 1920).

3 Septuaginta problem im Buch Richter: Β 7 (1926) 233-269; 353-383.

4 J. Schreiner, Septuagintü-Massora des Buches der Richter. Eine textkritische Studie (Roma 1957).

5 A. Βεα, Canaan e Cananei: "Enciclopedia Cat. Italiana," III col.480-486; B. Maisler, Canaan and the Canaanites: "Basor," 102 (1946) 7-12; G. Pavlovski, De religione Cananaeorum tempore occupationis israeliticae: "Verbum Domini," 27 (1949) 143-163.193-205.

6 Véase R. A. st. Macalister, The Philistines, their History and Civilisation (Londres 1911); G. Van Rad, Das Reich Israel una die Philister: "Palástinajahrbuch," 29 (1933) 30-42; O. Eis-Sfeldt, Philister und Phonizer (Leipzig 1936).

7 Die Anfange Israels (Góttingen 1922).

8 tiistoire: I. La période des Juges 404-406,

9 E. Robertson, The Period of the Judges. A Mistery Period in the History of Israel: "Bul-letin of the John Rylands Library," 30 (1946) 3-36,

 

1. Introducción Histórica (1:1-2:5).

Estado Político de Israel a la muerte de Josué.

El redactor último inspirado compuso esta introducción con el fin de encuadrar el libro de los Jueces en el marco general de la historia de Israel. Siguiendo el orden geográfico de sur a norte, señala cuál era a la muerte de Josué la situación de las tribus del mediodía (Judá y Simeón), del centro (Benjamín, Efraím y Manases) y de las tribus del norte de Palestina. Los puntos de contacto entre los datos que figuran en el primer capítulo y el libro de Josué se explican por el hecho de que ambos autores se inspiraron en las Cismas fuentes escritas y tradiciones orales, que cada uno utilizó de conformidad con el plan o tesis que intentó desarrollar. Los mismos hechos se narran en Jue 1:3= Jos 19:1-9; 1:10-11=Jos.

Al leer este primer capítulo del libro de los Jueces se obtiene la impresión de que la situación de las tribus en Palestina al iniciarse el período de los jueces era precaria y delicada. La conquista bajo Josué fue lenta y penosa. Entre las tribus no existía la solidaridad de otros tiempos. A menudo, una tribu, un clan, hacían la guerra aisladamente contra un enemigo, exterior o interior, que Josué no pudo dominar ni desalojar de sus posiciones. Los hijos de Israel dominaban en las regiones montañosas, mientras que su influencia en las llanuras era casi nula. ¿Cómo se explica esta inferioridad política de Israel en la tierra de promisión después de las repetidas promesas hechas por Yahvé a los patriarcas y a Moisés de combatir por Israel, destruir a los enemigos y entregarles aquella tierra que, en comparación con la estepa del desierto, manaba leche y miel? En el curso del libro trata el autor sagrado, a base de algunos hechos históricos aleccionadores, de dar respuesta adecuada a este enigma aparente.

Elección de Judá y su alianza con Simeón (1:1-3).

1Después de muerto Josué, consultaron los hijos de Israel a Yahvé, diciendo: "¿Quién de nosotros subirá antes contra el cananeo y le combatirá?" 2Y respondió Yahvé: "Judá subirá, pues he dado la tierra en sus manos." 3Y dijo Judá a Simeón, su hermano: "Sube conmigo a la parte que me ha tocado, a hacer la guerra al cananeo, y también iré luego yo contigo a la que te ha tocado a ti." Y fue con él Simeón.

Partiendo del supuesto de que los israelitas "hacían las guerras de Yahvé" (1 Sam 18:17), antes de emprender la campaña contra los cananeos, bajo cuya denominación se incluyen todos los pueblos enemigos de Palestina, consultaron a Yahvé (20:28; 1 Sam 14:17; 23:2; 28:6; 30:8; 2 Sam 5:19-23) por medio del efod, "órgano supremo de la manifestación de la voluntad de Dios a su pueblo." l No se dice quién utilizó el efod ni se indica el lugar en que fue consultado Yahvé. Es probable que se hiciera junto al arca de la alianza y por medio de los urim y tummim (Hummelauer). La respuesta del oráculo señaló a Judá, la tribu más numerosa (Núm 1:27; 26:22), para iniciar las operaciones contra el cananeo (20:18), asegurándole la protección de Yahvé. Para su empresa pide y obtiene la colaboración de la tribu de Simeón.

Derrota y muerte de Adonisedec (1:4-8).

4Subió, pues, Judá, y puso Yahvé en sus manos al cananeo y al fereceo, y derrotaron en Becez a diez mil hombres. 5Habiendo encontrado en Becez a Adonisedec, le atacaron y detrotaron a los cananeos y fereceos. 6 Huyó Adonisedec, y ellos le persiguieron, y, cogiéndole, le amputaron los pulgares de las manos y de los pies. 7Y dijo Adonisedec: "Setenta reyes con los pulgares de manos y pies amputados migajeaban debajo de mi mesa. Me devuelve Dios lo que yo les hice a ellos"; y le llevaron a Jerusalén y allí murió. 8Atacaron los hijos de Judá a Jerusalén; y habiéndola tomado, pasaron a los habitantes a filo de espada y pegaron fuego a la ciudad.

Entre los vencidos se menciona a los fereceos (Gen 13:7; 15:20), pueblo de origen no semita, establecido en las regiones de Betel, )iquem y Becez. Con el fin de acentuar la protección especial de Dios a Judá, dice el texto que derrotó en Becez, Ibzic, entre Naplusa y Betsán, a diez mil hombres, cifra redonda que equivale a decir que el número de los vencidos fue muy crecido. Adonisedec huyó, pero, habiéndolo capturado, le aplicaron la ley del talión. Se le amputaron los pulgares de las manos y de los pies con el fin de inutilizarle para el manejo de las armas, impedir su fuga y reducirlo a servidumbre. Con muchos reyezuelos de Palestina (setenta, dice el texto) había hecho lo mismo Adonisedec.

El v.8 se concilla difícilmente con otros datos ciertos de la historia de Israel (Jos 15:63; Jue 1:21; 19:11; 2 Sam 5:6-9). La dificultad ha hecho que se ensayaran diversas soluciones. Lagrange y Vincent consideran el versículo como una glosa. La hipótesis de los que distinguen entre la ciudad alta y la ciudad baja tiene pocas probabilidades. La solución debe buscarse en el carácter mismo de este capítulo. Su redactor muestra el máximo interés en realzar la actuación de la tribu de Judá y demostrar que Dios la antepone a las otras. Yahvé la elige para iniciar la campaña contra el cananeo y promete entregar "la tierra en sus manos" (1:1). Con su ayuda, Judá obtuvo una señalada victoria. Sin embargo, no siempre el éxito coronó sus empresas bélicas (1:18-19), pero el autor trata de atenuar su derrota con decir que aun entonces "Yahvé estuvo con Judá" (1:19). A pesar de sus fracasos, tiene a su favor el haber llevado a feliz término por obra de David, elemento destacadísimo de la tribu, la conquista de Jerusalén, la capital del reino teocrático. Con este anacronismo histórico, señala el autor o redactor los títulos que tiene Judá para ocupar un puesto preeminente entre las tribus de Israel.

Conquista de Hebrón y Dabir (1:9-15).

9Bajaron luego los hijos de Judá para combatir a los cananeos que habitaban en el monte, en el Negueb y en la Sefela. 10 Marchó Judá contra los cananeos que habitaban en Hebrón, antes llamado Cariat Arbe, y batió a Sesai, Ajimón y Tolmai. 11De allí marchó contra los habitantes de Dabir, que se llamó antes Quiriat Sefer. 12Caleb dijo: "Al que ataque y tome a Quiriat Sefer le daré por mujer mi hija Acsa." 13Otoniel, hijo de Quenaz, el hermano menor de Caleb, se apoderó de ella, y Caleb le dio su hija Acsa por mujer. 14Cuando era llevada a la casa de Otoniel, él la incitó a que pidiera a su padre un campo. Bajóse ella del asno, y Caleb le preguntó: "¿Qué tie. nes?" 15Ella dijo: "Hazme una gracia. Ya que me has dado tierra de secano, dame también regadíos." Y le dio Caleb el Gulat superior y el Gulat inferior.

El campo de batalla se desliza hacia el sur. Como en 1:1, bajo el nombre genérico de cananeos se incluyen los amorreos y los ena-quim, y acaso los descendientes de Jet. Salvo pequeñas diferencias, los v.10-15 concuerdan con Jos 15:15-19. Cariat Arbe, "villa de los cuatro" clanes que formaban el pueblo de los enaquim, tenía a Hebrón por metrópoli (Gen 23:2; 35:27; Jos 20:2). Dabir (Jos 15:15) se hallaba a unos veinte kilómetros al sudoeste de Hebrón (Jos 15:13-20).

Los gumitas y la toma de Sefat (1:16-17).

16Los hijos de Jobab el quineo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las Palmeras con los hijos de Judá al desierto que está al mediodía de Judá, según se baja de Arad, y vinieron a habitar con los amalecitas. 17 Marchó después Judá con Simeón, su hermano, y batieron a los cananeos que habitaban en Sefat; la destruyeron totalmente, y se llamó la ciudad Jorma.

Los quinitas (Gen 4:1; Ex 3:1; c.1S; Núm 10:29; 24:22; Jue 4:11) habitaban en una región inhóspita al sur de Tell Arad. Subieron de Tamar, "ciudad de las Palmeras" (Deut 34:3), y se establecieron en la región de Arad, a treinta kilómetros al sur de Hebrón, cohabitando con los amalecitas (Núm 24:21-22; 1 Sam 15:6; Jue 3:13). Judá mantiene su promesa de ayudar a Simeón en la lucha por la liberación de su territorio de los pueblos enemigos. Las dos tribus unidas destruyeron totalmente a Sefat, que recibió por esto mismo el nombre de Jorma, "consagrada o entregada al anatema" (Núm 21:1-3; Jos 12:14; 15:30). ¿Debe identificarse este episodio con la destrucción de la ciudad de que se habla en Núm 21:37 "Según Dillmann, en el libro de los Números se habla de este acontecimiento por anticipación; es mejor decir, con Budde, Moore y Nowack, que la palabra Jorma allí es una interpolación" (Lagrange).

Reveses de Judá (1:18-20).

18Pero no se apoderó Judá de Gaza y de su territorio, ni de Ascalón y Acarón con los suyos. 19Fue Yahvé con Judá, y se apoderó Judá de la parte montañosa, pero no pudo expulsar a los habitantes del llano, que tenían carros de hierro. 20Atribuyóse Hebrón a Caleb, como lo había dicho Moisés, y aquél arrojó de allí a los tres hijos de Enac.

Victorioso en la montaña, no pudo Judá apoderarse de la región marítima de Gaza, Ascalón y Acarón. Con su armamento rústico y primitivo no podía enfrentarse con pueblos que disponían de carros de combate (Jos 17:16-18) recubiertos con láminas de hierro.

Es la primera vez que se hace mención de este metal en la Biblia. Fl texto griego: "Y no se apoderó," debe absolutamente preferirse la lección del texto masorético: "Y se apoderó." En Jos 13:3 se escribe que la región de los filisteos resistió al empuje de los israelitas, lo cual concuerda con 3:3 y la historia subsiguiente. Ya hemos inri'cado el interés del autor o redactor de este capítulo en encubrir los infortunios de Judá. La nota del v.20 sobre Galeb se refiere a hechos sucedidos anteriormente (Jos 14:12; 15:13)·

La tribu de Benjamín (1:21).

21Los hijos de Benjamín no expulsaron a los jebuseos que habitaban en Jerusalén, y los jebuseos han habitado hasta el día de hoy con los hijos de Benjamín.

La ciudad de Jerusalén se adjudicó a Benjamín (Jos 18:28). En Jos 15:63 se atribuye este fracaso "a los hijos de Judá." No se debe a un copista el hecho de que aquí se lea Benjamín en vez de Judá, sino al autor mismo. La segunda parte del versículo no debe entenderse en el sentido de que antes de la conquista de Jerusalén por David cohabitaran allí los benjaminitas con los jebuseos, sino en el sentido de que elementos jebuseos continuaron en Jerusalén aun después de la conquista de la ciudad por David (2 Sam 24:18). Puede interpretarse también en el sentido de que los benjaminitas vivían alrededor de la ciudad, ocupada por los jebuseos.

La casa de José y la toma de Betel (1:22-26).

22También la casa de José subió contra Betel, y Yahvé estuvo con ellos. 23La casa de José hizo una exploración cerca de Betel, que antes se llamó Luz, 24y los emboscados cogieron a un hombre que salía de la ciudad y le dijeron: "Enséñanos por dónde se entra en la ciudad, y te haremos gracia." 25El les enseñó por dónde podrían entrar en la ciudad, y ellos la pasaron a filo de espada, pero dejaron en libertad a aquel hombre y a toda su familia. 26 Este hombre se fue a tierra de jéteos y edificó allí una ciudad, a la que dio el nombre de Luz, y así se llama todavía hoy.

Gracias al favor divino pudo Judá dominar en la parte montañosa de su heredad y la casa de José asegurarse un gran éxito militar frente a la ciudad de Betel (Jos 16:2). La ciudad fue capturada durante la noche, siguiendo las indicaciones que dio un hombre de la misma. En premio de su traición le perdonaron la vida y se marchó con su familia al norte de Palestina, en los alrededores de Lais. Leer Lais en vez de Luz. Antiguamente Betel se llamaba Luz (Gen 28:19; 35:6; 48:3; Jos 18:22). Se encuentra su emplazamiento en la actual Betin, a dieciséis kilómetros al norte de Jerusalén.

Manases y Efraím (1:27-29).

27Manases no expulsó a los habitantes de Betsán y de las ciudades de ella dependientes, ni a los de Tanac, Dor, Jeblam, Mageddo y las ciudades dependientes de ellas, y los cananeos se arriesgaron a permanecer en esta tierra. 28Cuando Israel fue suficientemente fuerte, los hicieron tributarios, pero no los arrojaron. 29 Efraím no expulsó a los cananeos que habita-ban Gazer, y los cananeos siguieron habitando en medio de Efraím.

No pudo subyugar Manases las ciudades cananeas que cerraban el acceso a las fértiles llanuras de Betsán, junto al Jordán; Cisón, entre el Tabor y el Carmelo, y las planicies marítimas junto a Dor. Sólo más tarde, en tiempos de David y Salomón, los habitantes de estas ciudades se vieron obligados a prestar al rey sus servicios personales (1 Re 9:15). También fracasó Efraím en el intento de apoderarse de Gazer (Jos 16:10), plaza fuerte que dominaba la llanura filistea y que además cortaba la comunicación entre las tribus del centro y las del mediodía. Un faraón entregó esta ciudad a Salomón como dote de su hija (1 Re 9:16).

Tribus del Norte (1:30-36).

30Zabulón no expulsó a los habitantes de Quetrom ni a los de Nalol, y los cananeos siguieron habitando en medio de Zabulón, pero fueron hechos tributarios. 31Aser no expulsó a los habitantes de Acó, ni a los de Sidón, ni a los de Majaleb, de Aczib, de Jelba, de Afee y de Rejob; 32y los hijos de Aser habitan en la tierra en medio de los cananeos, porque no los expulsaron. 33Neftalí no expulsó a los habitantes de Bet Se-mes ni a los de Bet Anat, y habitó en medio de los cananeos, habitantes de aquella tierra; pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anat fueron sometidos a tributo. 34 Los amorreos rechazaron a los hijos de Dan hacia los montes y no los dejaban bajar al llano; 35arriesgáronse los amorreos a quedarse en el Har Jeres, en Ayalón y en Selebim; pero la mano de la casa de José pesó mucho sobre ellos y fueron sometidos a tributo. 36El territorio de los idumeos se extendía desde la subida de Acrabim y desde Sela para arriba.

A grandes rasgos describe el autor la precaria situación de las tribus norteñas. Zabulón no pudo con los cananeos, que sólo más tarde fueron hechos tributarios. Ninguna ciudad importante del territorio a ella asignado pasó a poder de Aser. Peor suerte corrió la tribu de Dan, la cual, aprisionada entre los filisteos que habitaban en la costa y los amorreos de la montaña, acabó por emigrar al extremo septentrional de Palestina (c. 17-18).

En un rápido bosquejo, el autor de esta introducción histórica reúne datos interesantes sobre la conquista de Palestina. Destaca los esfuerzos de Judá y de la casa de José; la impotencia de Dan para asegurarse la posesión de la herencia que le fue asignada; la desídia de otras tribus, que prefirieron el pacto y la amigable convivencía con los cananeos a los riesgos de la guerra. En sus líneas generales el cuadro dibujado por el autor es sombrío. La rápida posesión del territorio, con la cual soñaban los israelitas procedentes de desierto, se convirtió en una empresa larga, ardua y sangrienta. •Sobre quiénes recae la responsabilidad de que las cosas no se hubieran desarrollado de acuerdo con las solemnes promesas que hizo Yahvé a su pueblo?

Causas de la precariedad de los israelitas en Canaán (2:1-5).

1Subió el ángel de Yahvé de Gálgala a Betel, y dijo: "Yo os he hecho subir de Egipto y os he traído a la tierra que juré a vuestros padres, y he dicho: No romperé mi pacto eterno con vosotros 2si vosotros no pactáis con los habitantes de esta tierra; habéis de destruir sus altares. Pero vosotros no me habéis obedecido; ¿por qué habéis obrado así? 3Pues yo también me he dicho: No los arrojaré de ante vosotros, y los tendréis por enemigos, y sus dioses serán para vosotros un lazo." 4Cuando el ángel de Yahvé hubo dicho estas palabras a todos los hijos de Israel, lloraron todos a voces. 5Llamaron a este lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Yahvé.

Dios prometió mandar a su ángel delante de los israelitas para que les guiara en el camino y les hiciera llegar al lugar que les había dispuesto (Ex 23:20-23). De Gálgala, primer campamento de los israelitas a esta parte del Jordán (Jos 4:19; 5:10), subió el ángel de Yahvé a Betel. ¿Cuál era la condición de este personaje misterioso? ¿Era en realidad un ángel o un profeta? Estiman que se trata de un ángel Schulz y Lagrange, los cuales corroboran su opinión alegando que habla como si fuera Dios mismo, sin usar la fórmula profética: "Esto dice el Señor." La comparación de este pasaje con Gen 16:7 y Ex 23:20-23 parece confirmar esta hipótesis. Según Ex 33:2, Dios dijo a Moisés que iría delante del pueblo "un ángel, que arrojará al cananeo, al amor reo, al jeteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo." Yahvé en persona no quiere ir, porque se vería obligado a aniquilarlo a causa de su dura cerviz. Aquí se distingue claramente el ángel de Yahvé de Dios, que lo manda, pero no especifica si se trata de un verdadero ángel o de un profeta. Hummelauer, basándose en los LXX, cree que el ángel de este pasaje es un profeta. Según Vincent y Dhorme, el término ángel fue añadido desde muy antiguo al texto con el fin de evitar los antropomorfismos, como en Ex 3:2.

El público que escuchaba las palabras del enviado se componía de representantes calificados de todas las tribus y de muchos peregrinos que habían acudido a aquel santuario, muy venerado en la antigüedad. El pueblo oyó consternado las duras palabras del ángel y, arrepentido por sus culpas pasadas y temeroso de su porvenir, rompió a llorar (Gen 27:38; 29:11). Por este llanto, aquel lugar fue llamado Boquim (de baqa, llorar). He aquí la razón suprema que explica la posición precaria y difícil de los israelitas en Palestina En todo el discurso del ángel de Yahvé se vislumbra el estilo deuteronómico.

Introducción religiosa (2:6-23).

En esta segunda introducción, más antigua que la introducción histórica que precede, se enuncia el tema central que se desarrolla en el libro. Se ponen en parangón los tiempos de Josué con los tiempos que siguieron a su muerte, y se hace ver la diferencia que había entre ellos desde el punto de vista religioso. En aquel entonces el pueblo permanecía fiel a Yahvé (v.7), pero a la muerte del gran caudillo de Israel surgió una generación nueva que no conocía a Yahvé ni la obra que éste había hecho en favor de Israel (v. 10-12). Los hijos de Israel prevaricaron yendo tras los dioses extranjeros. Dios castigó su infidelidad entregándolos en poder de sus enemigos. Pero se apiadó de ellos y les suscitó jueces para que los libraran de los enemigos y les obligaran a volver al culto del Dios verdadero (v.14:15-18). El arrepentimiento fue pasajero, por cuanto, a la muerte de los jueces, "volvían a corromperse, más todavía que sus padres" (v.19). Tenemos aquí delineado el tema pragmático a cuatro tiempos que se desenvuelve en el curso del libro: pecado y castigo, conversión y misericordia, que se repite al principio y final de la historia de cada uno de los jueces (3:7; 12-15; 4:1; 6:1; 8:33; 10:6). Según se desprende de la tesis del autor, los males que aquejaban a Israel provienen de sus propias infidelidades.

¿Por qué Dios no ha arrojado a los pueblos indígenas de la Tierra Prometida? Hemos visto la respuesta del autor de la introducción histórica (2:3). La que señala el autor de esta segunda introducción es otra: por haber abandonado a Yahvé y haber desechado sus mandamientos. Esta misma pregunta se habían hecho otros pensadores en el curso de los años, y sus respuestas han sido consignadas en el libro. Uno decía: La razón de no haber arrojado Dios a los pueblos enemigos fue porque quiso adiestrar a su pueblo en el arte de la guerra con el fin de prepararle para la lucha futura (2:23a; 3:2ª; 5ª; 6). Otro creía que Dios permitió la permanencia de extranjeros en Palestina en tiempos de Josué para poner a prueba la fidelidad religiosa de Israel (2; 22; 23b; 3:3; 4) y, después de su muerte, para castigar al pueblo en caso de que rindiese culto a Baal y Astarté.

Muerte de Josué (2:6-10).

6Cuando Josué despidió al pueblo y se fueron los hijos de Israel cada uno a su heredad para posesionarse de la tierra, 7el pueblo sirvió a Yahvé durante toda la vida de Josué y la de los ancianos que le sobrevivieron y habían visto toda la grande obra que Yahvé había hecho en favor de Israel, 8Josué, hijo de Nun, siervo de Yahvé, murió a la edad de ciento diez años 9y fue sepultado en el territorio de su heredad, en Timnat Heres, en los montes de Efraím, al norte del monte Gas. 10Toda aquella generación fue a reunirse con sus padres, y surgió una nueva generación, que no conocía a Yahvé ni la obra que éste había hecho en favor de Israel.

El comienzo de este versículo se enlaza bastante bien con Jos 28. El v.7 corresponde a Jos 24:29-31. Las pequeñas discrepancias que se observan entre ambos relatos proceden de la diferente Concepción por parte de los hagiógrafos.

Infidelidad y castigo (2:11-15).

11Los hijos de Israel hicieron el mal a los ojos de Yahvé y sirvieron a los baales. 12Se apartaron de Yahvé, el Dios de sus padres, que los había sacado de Egipto, y se fueron tras íOtros dioses, de entre los dioses de los pueblos que los rodeaban, y se postraron ante ellos, irritando a Yahvé. 13 Apartándose de Yahvé, sirvieron a Baal y Astarté. 14Encendióse en cólera Yahvé contra Israel y los entregó en manos de salteadores, que los asaltaban y los vendían a los enemigos del contorno, y llegaron a no poder ya resistir a sus enemigos. 15En cualquier .salida que hacían pesaba sobre ellos para mal la mano de Yahvé, como El se lo había dicho, como se lo había jurado, y se vieron en muy gran aprieto.

La generación que siguió a Josué sucumbió al hechizo del culto de los baales y astartés. No es de creer que abandonara completamente a Yahvé o que perdiera su recuerdo; más bien trató de hacer compatibles ambos cultos. Reconocían que Yahvé era el Dios grande del Sinaí, dueño absoluto de aquellos parajes; pero su poder no se ejercía de igual modo en Palestina, en donde se le reservaba un puesto más o menos destacado en la jerarquía de los dioses. Obligados a vivir en Canaán, se creían en el deber de honrar a los dioses 'de la tierra con el fin de atraerse su favor y benevolencia (3:7; 10:6). Este sincretismo religioso desagradó a Yahvé, y en castigo los entregó en manos de los pueblos de la tierra. En el v.12 se halla resumida toda la filosofía religiosa del Deuteronomio: abandono del Dios de los antepasados, idolatría, ira de Yahvé, que se manifestará con el castigo pertinente (Deut 6:10-15).

Los jueces y su misión (2:16-19).

16Yahvé suscitó jueces, que los libraron de los salteadores; 17pero, desobedeciendo también a los jueces, se prostituyeron, yéndose detrás de dioses extraños, y los adoraron, apartándose bien pronto del camino que habían seguido sus padres, obedeciendo los preceptos de Yahvé; no hicieron ellos así. 18Cuando Yahvé les suscitaba un juez, estaba con él y los libraba de la Opresión de sus enemigos durante la vida del juez, porque se compadecía Yahvé de sus gemidos, a causa de los que los oprimían y los vejaban. 19En muriendo el juez, volvían a corromperse, más todavía que sus padres, yéndose tras de los dioses extraños para servirlos y adorarlos, sin dejar de cometer sus crímenes, y persistían en sus caminos.

La adversidad hizo reflexionar a los hijos de Israel, dándoles a entender que habían pecado gravemente al abandonar a Dios y desechar sus mandamientos. La historia del pasado les advertía que sus padres fueron fuertes cuando Dios estaba con ellos, y de que fracasaban en sus empresas cuando se volvían contra El. Además, en toda la historia de Israel se hallan pruebas de la bondad y benevolencia divinas, que perdonan al pecador arrepentido. Amparandose en esta misericordia divina, hicieron penitencia y clamaron al Señor. Dios les suscitó jueces, cuya misión era doble: libertarles del enemigo y enseñarles el cumplimiento de sus deberes religiosos. Pero a la muerte del juez, y aun en vida, volvieron a las andadas, prostituyéndose a los ídolos. Este último verbo fue muy usado por los profetas después de Oseas para estigmatizar a Israel (Os c.1 y 2; Is 1:21; Ez 16:16; Deut 31:16).

Permanencia de tos pueblos paganos en Palestina (2:20-23).

20Encendióse la cólera de Yahvé contra Israel, y dijo: "Pues que este pueblo ha roto el pacto que yo había establecido con sus padres y no me obedece, 21tampoco seguiré yo arrojando de ante ellos a ninguno de los pueblos que dejara Josué al morir, 22para por ellos poner a Israel a prueba, si seguiría o no los caminos de Yahvé, andando por ellos como sus padres." 23Y Yahvé dejó en paz, sin apresurarse a expulsarlos, a aquellos pueblos que no había entregado en manos de Josué.

Diversas razones se dan para explicar la permanencia de los pueblos indígenas en la tierra asignada por Dios a Israel. Una de ellas 25 porque los israelitas rompieron el pacto que hizo Dios con sus padres y no le obedecían (Deut 17:2); en castigo, no les ayudará m adelante para limpiar la tierra de los enemigos que dejara Josué. ¿Por qué razón Josué dejó subsistir estos pueblos? La respuesta se da en 3:1. Otra razón se da en los v.22-23, que, según Lagrange, con una glosa a modo de pequeño comentario surgido por la siguiente objeción: ¿Por qué Dios no arrojó a los cananeos en tiempo de Josué, ya que entonces el pueblo se mantenía fiel al pacto de la dianza?

Israel puesto a prueba por los pueblos paganos (3:1-6).

1He aquí los pueblos que dejó Yahvé para probar por ellos a Israel, a cuantos no conocieron las guerras de Canaán; 2sólo para probar a las generaciones de los hijos de Israel, acostumbrando a la guerra a los que no la habían hecho antes: 3cinco príncipes de los filisteos; todos los cananeos; los sidonios, y los jéteos que habitaban el monte Líbano, desde el monte Baal Hermón hasta la entrada de Jamat. 4Estos pueblos habían de servir para por ellos probar a Israel y saber si obedecería los mandatos que Yahvé había dado a sus padres por medio de Moisés. 5Los hijos de Israel habitaban en medio de los cananeos, de los jéteos, de los amorreos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos. 6Tomaron por mujeres a las hijas de éstos y dieron a los hijos de ellos las hijas propias y sirvieron a sus dioses.

Sin querer entrar en el carácter complejo de esta historia vemos que el autor trata de esclarecer o explicar la conducta de Dios con relación a su pueblo. La presencia de naciones extranjeras en el territorio tiene una doble finalidad: religiosa (v.4) y militar (v.1-2). Israel estaba rodeado de enemigos externos (v.3) e internos (v.5). En vez de luchar contra estos enemigos pactó con ellos (2:1-2) y se unió a los mismos por medio de matrimonios, lo que estaba severamente prohibido (Ex 34:15-16; Deut 7:2-4; Jos 23:12-13).

1 A. Van Hoonacker, Le sacerdoce,Jvitiqne dans la loi et daña l'histoire des Hébreux (Lovaina 1899) 376.

 

2. Historia Anecdótica.

El Primer Juez: Otoniel (3:7-11).

7Hicieron el mal los hijos de Israel a los ojos de Yahvé, y, olvidándose de Yahvé, su Dios, sirvieron a los baales y aseras. 8Encendióse la cólera de Yahvé contra Israel y los entregó a manos de Cusan Risataím, rey de Edom, y los hijos de Israel sirvieron a Cusan Risataím ocho años. 9 Clamaron a Yahvé los hijos de Israel, y suscitó Yahvé a los hijos de Israel un libertador, que los libertó: Otoniel, hijo de Quenaz, el hermano menor de Caleb. 10Vino sobre él el espíritu de Yahvé, y juzgó a Israel y salió a hacer la guerra. Puso Yahvé en sus manos a Cusan Risataím, rey de Edom, y pasó su mano sobre Cusan Risataím; 11y estuvo en paz la tierra durante cuarenta años, y murió Otoniel, hijo de Quenaz.

La tesis religiosa propuesta por el autor en la introducción que precede viene confirmada con la mención de algunos hechos históricos significativos, que afectaban o bien a un clan o a una o más tribus, raramente a toda la nación. Los hijos de Israel, más concretamente, las tribus de Judá y Simeón, se entregaron al culto de los baales y aseras, por lo cual se encendió la cólera de Yahvé, entregándolos al rey de Edom (no Aram, como dice el texto masorético, Por la confusión de d en r). Cree H. Hánsler que Cusan Risataím es el rey de Mitanni Fusratta.1.

Al clamor de los hijos de Israel, Dios les suscitó un libertador en la persona (o clan) de Otoniel (1:13; Jos 15:17), sobre el cual vino el espíritu de Yahvé. Con esta investidura divina salió a pelear contra Cusan Risataím ("doblemente malo") y le derrotó. Se ignora quién fuera este reyezuelo; se presume que su nombre primitivo fuera desfigurado intencionadamente por el autor o tradición popular (Jer 50:21; Mal 1:4). Era rey de Édom, población nómada emparentada con Abraham por Quetura (Gen 25:2-6) y que habitaba en el extremo meridional del mar Muerto. Por Habacuc 3:7 sabemos que estaba emparentado con Madián. El redactor deuteronomista conocía por la tradición o por documentos escritos el caso de Otoniel y lo puso en primer término, acaso por pertenecer a la tribu de Judá (Gen 15:19; Jos 14:6), por la cual siente una predilección particular (Vincent).

El benjaminíta Aod (3:12-15).

12Volvieron otra vez a hacer mal los hijos de Israel a los ojos de Yahvé. Y Yahvé hizo fuerte a Eglón, rey de Moab, contra los hijos de Israel, porque hacían el mal a los ojos de Yahvé. 13Eglón se unió con los hijos de Amón y con Amalee, y marchó contra Israel, le derrotó y conquistó la ciudad de Tamarín; 14y sirvieron los hijos de Israel a Eglón, rey de Moab, dieciocho años. 15Clamaron los hijos de Israel a Yahvé, y Yahvé les suscitó un libertador: Aod, hijo de Güera, benja-minita, zurdo. Los hijos de Israel enviaron por medio de él un presente a Eglón, rey de Moab.

A consecuencia de la victoria de Otoniel "estuvo en paz la tierra durante cuarenta años," fórmula estereotipada que se encuentra en 3:30; 5-31; 8:28; Jos 11:23; 14:15; También prevaricaron contra Dios los hijos de Benjamín. En castigo, Dios "hizo fuerte" o permitió a Eglón, rey de Moab, que atacara y conquistara lo que un tiempo fuera ciudad de Jericó. La ciudad no se reedificó hasta más tarde (1 Re 16:34), Pero los benjaminitas habitaban en el oasis de Jericó (2 Sam 10:5), desde donde dominaban toda la llanura hasta el Jordán y las estribaciones de los montes de Efraím. Moab, que habitaba enfrente, al otro lado del río, atisbaba aquel oasis y le asaltaba la tentación de rodear el Jordán y anexar aquella tierra privilegiada a sus dominios. Eglón sucumbió a esta tentación, y con la ayuda de los amonitas y tropas mercenarias de origen amalecita pasó el Jordán y se apoderó de la ciudad de Tamarín o "de las Palmeras." Según Vincent, existen dos versiones de este relato. En la primera se supone que Eglón residía al otro lado del Jordán, en territorio moabita (v.19 y 26), mientras que en la segunda versión se sitúa la escena al oeste del Jordán, probablemente en Jericó (v.28). Los benjaminitas estuvieron dieciocho años sujetos a Eglón, a quien pagaban tributo. Al hacer penitencia, Dios se apiadó de ellos y les suscitó un libertador en la persona de Aod, del cual se dice, como introducción a la narracion siguiente, que era zurdo (20:16).

Asesinato de Eglón (3:16-30).

16Habíase hecho Aod un puñal de dos filos de un palmo de largo, que se ciñó bajo sus vestidos, sobre el muslo derecho. 17Presentó los dones a Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy gordo; 18y, hecha la presentación, despidió a los que habían traído el presente. 19Llegado a Happesilim, cerca de Caígala, se volvió y le dijo: "Tengo que decirte, ¡oh rey! una cosa en secreto." El dijo: "Salid"; y se salieron todos los que estaban con él. 20Entró donde estaba él tomando el fresco en el cenador alto, que era sólo para él, y le dijo: "Tengo que comunicarte una palabra de parte de Dios, ¡oh rey!" Eglón se levantó de su silla; 21y entonces Aod, tomando con su mano izquierda el puñal que sobre el muslo derecho llevaba, se lo clavó en el vientre, 22entrándole también el puño tras la hoja y cerrándosela gordura en derredor de la hoja, pues no sacó del vientre el puñal; y saltando por la ventana, 23salió Aod al pórtico, cerrando tras sí las puertas del cenador y echando el cerrojo. 24Una vez que hubo salido, vinieron los servidores y, viendo que las puertas del cenador tenían echado el cerrojo, se dijeron: "Seguramente está haciendo alguna necesidad en el cubículo de verano." 25Esperaron mucho tiempo, hasta perder la paciencia, y como las puertas del cenáculo alto no se abrían, cogieron la llave y abrieron, viendo que su amo yacía en tierra muerto. 26 Mientras estaban ellos perplejos, huyó velozmente Aod, pasó de Happesilim y se puso en salvo en Seirat. 27En cuanto llegó a la tierra de Israel, hizo tocar las trompetas en el monte de Efraím. Los hijos de Israel bajaron con él de la montaña, y él se puso al frente de ellos 28y les dijo: "Seguidme, que Yahvé ha entregado en vuestras manos a vuestros enemigos los moabitas." Bajaron tras él y se apoderaron de los vados del Jordán, frente a Moab, sin dejar pasar a nadie. 29Derrotaron entonces a Moab. De unos diez mil hombres, todos robustos y valientes, no escapó uno solo. 30Aquel día quedó Moab humillado bajo la mano de Israel; y la tierra quedó en paz durante ochenta años, mientras vivió Aod.

Aod presidía la embajada encargada de llevar el tributo anual a Eglón. Por el hecho de intervenir en esta acción varias personas puede suponerse que este tributo, consistente principalmente en ganado, era crecido. El autor sagrado consigna el relato brutal, pero pintoresco y realista, con que una antigua tradición diseñaba la hazaña de Aod. En todo este relato domina la despreocupación por el carácter moral de la empresa; el autor sagrado únicamente ve en la persona de Aod al instrumento de que se sirvió Yahvé para salvar a su pueblo. No le alaba ni tampoco lo vitupera, conducta que debemos seguir también nosotros. Los antiguos pueblos tenían respeto por los dioses de los pueblos vecinos (2 Re 1:2; 8:10).

Cometido su crimen, Aod hizo tocar las trompetas; ante el anuncio de la muerte del rey opresor, la gente de la montaña se abalanzó sobre la llanura y se apoderó de los tres vados del Jordán (Jos 2:7), frente a Jericó, cortando de este modo la retirada de los moabitas.

Con una cifra de tipo redaccional se quiere indicar que fueron rnuchos los moabitas que perdieron la vida en esta acción. La paz se aseguró por dos generaciones, es decir, ochenta años.

Sambar (3:31).

31Después de Aod, Samgar, hijo de Anat, derrotó a seis-cientos filisteos con una aijada de bueyes, libertando también él a Israel.

La inserción de Samgar en el ν.31 presenta algunas dificultades. En algunas versiones antiguas, esta noticia sobre Samgar se coloca despuιs de 16:31. Según 4:1, la historia de Débora sigue inmediatamente a la de Aod. La mención de los filisteos da a entender que la acción de Samgar tuvo lugar al final del período de los jueces. Es posible que el motivo de ocupar el sitio actual se deba al plan de seguir un orden geográfico o por razón de hablarse de un Samgar en 5:6, opresor de Israel. Lagrange identifica a Samgar con Sama, hijo de Ela, jaradita (2 Sam 23:11), que se enfrentó con los filisteos, en cuyo caso "nuestra historia, dice él, llevaría el sello de una de las tradiciones más antiguas del tiempo de David," que el redactor deuteronomista recogió para convertir en un juez a su héroe, como hizo con Otoniel. Desnoyers rechaza esta identificación. Debe también notarse que ninguno de los dos nombres (Samgar, Anat) son israelitas, figurando en la literatura babilónica y en los textos de Nuzi con la forma Simigari.

Débora y barag (c.4-5).

Su historia se ha conservado en dos tradiciones o documentos, uno en prosa (c.4) y otro en poesía (c.5), que un redactor yuxtapuso. El relato en prosa se caracteriza por su preocupación religiosa y por contener varios detalles circunstanciales, sobre todo de orden topográfico. El cántico de Débora se propone celebrar con preferencia la gloria de Yahvé y de sus soldados los israelitas e invitar al pueblo a combatir las batallas de Yahvé. Se considera a este poema como muy antiguo, probablemente contemporáneo de los hechos, y por lo mismo de gran valor histórico.

Escenario de la batalla.

Los cananeos mantenían sólidamente su dominio sobre la fértil planicie de Esdrelón, que defendían con sus carros de combate, ante los cuales se inutilizaban las armas rudimentarias de Israel. Una red de ciudades fortificadas defendían sus accesos. Por el sur, Tanac, Meguiddo, Yeblam y Yoqnam cerraban el paso a la tribu de Efraím; Betsán era un fuerte baluarte contra las tribus transjor-dánicas; Quetrom y Nalol la protegían de las incursiones del norte, y Acre Dor y Jaroset se oponían a un posible ataque por mar. Desde las montañas de Galilea, Zabulón y Neftalí contemplaban aquellas tierras de pan llevar, lo que hacía también Efraím desde la exlidad del macizo central. Aquellas tierras rompían la continuidad territorial entre las tribus del norte y del centro de Palestina. Ρor mucho tiempo, las tribus israelíticas que tenían derechos sobre la llanura se resignaron a mantener buenas relaciones con los habitantes de la misma. Los israelitas bajaban de las montañas y ofrecian sus servicios como agricultores; empleábanse como conductos de caravanas e iban a las ciudades cananeas a vender e intercambiar sus productos. Este contacto amigable con los paganos tuvo consecuencias desastrosas desde el punto de vista religioso y moral, debilitando en ellos el recuerdo de la alianza con Yahvé. En consecuencia, cuando los cananeos, alarmados por la pujanza de los israelitas en su territorio, determinaron reducirlos, Yahvé se desentendió de ellos, permitiendo que les oprimieran durante veinte años.

Los jefes enemigos (4:1-3).

1Muerto Aod, volvieron los hijos de Israe la hacer el mal a los ojos de Yahvé, 2y los entregó Yahvé en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor y tenía por jefe de su ejército a Sisara, que residía en Jaroset Goím. 3Clamaron los hijos de Israel a Yahvé, pues tenían aquéllos novecientos carros de hierro y desde hacía veinte años oprimían duramente a los hijos de Israel."

Se mencionan dos de estos personajes: Jabín y Sisara. Se habla en Jos 11:1-13 de un rey de nombre Jabín que fue muerto por Josué y su ciudad completamente destruida. No hay inconveniente alguno en admitir la existencia en el mismo reino de dos o más soberanos con el mismo nombre (Fernández, In losue 163 n.1). La dificultad radica en otras circunstancias: 1) Jabín era rey de Jasor, ciudad situada al norte del lago de Genesaret y al sur de Cades de Neftalí. 2) Se dice en el texto que "era rey de Canaán," lo cual contradice al hecho de que nunca hubo entre los indígenas de Palestina unidad política. 3) Durante el conflicto armado, Jabín permanece inactivo, mientras recae sobre Sisara el peso de la batalla. Sisara habitaba en Jaroset Goím, junto al torrente Cisón y a pocos kilómetros de la actual ciudad de Jaifa. A la primera dificultad no se ha presentado todavía solución definitiva alguna. Algunos autores sugieren la eliminación de Jasor, con lo cual figuraría Jabín como rey de Jaroset Goím (Lagrange). En cuanto a la segunda, no debe traducirse necesariamente la frase por "rey de Canaán," sino "rey en Canaán"; es decir, uno de tantos reyezuelos que existían entonas en Canaán. En cuanto a la aparente ausencia de Jabín del campo5 batalla, se explica porque en aquellos tiempos algunos reyes no lntervenían directamente en la dirección de las batallas, que confiaban a algunos generales de su confianza.

Débora y Barac (4:4-10).

4Juzgaba en aquel tiempo a Israel Débora, profetisa, mujer de Lapidot. 5Sentábase para juzgar debajo de la palmera de Débora, entre Rama y Betel, en el monte de Efraím; y los hijos de Israel iban a ella a pedir justicia. 6Mandó llamar Débora a Barac, hijo de Abinúam, de Cades, de Neftalí, y le dijo: "¿No te manda Yahvé, Dios de Israel? Ve a ocupar el monte Tabor y lleva contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los de Zabulón. 7Yo te traeré allí, al torrente de Cisón, a Sisara, jefe del ejército de Jabín, y a sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos." 8Díjole Barac: "Si vienes tú conmigo, voy; si no vienes tú, no voy. Porque yo no sé en qué día el ángel de Yahvé me dará el éxito." 9Ella le contestó: "Iré, sí, iré contigo; porque ya no será gloria tuya la expedición que vas a emprender, porque a manos de una mujer entregará Yahvé a Sisara." Levantóse Débora y se fue con Barac a Cades. 10Convocó Barac a Zabulón y Neftalí y subió con diez mil hombres, subiendo también con él Débora.

Indica el texto que Débora era profetisa, como lo fueron otras mujeres en Israel (Ex 15:20; 2 Re 22:14). Sentada debajo de una palmera — que no debe confundirse con la encina bajo la cual fue sepultada otra Débora (Gen 35:8) —, al aire libre y junto a la puerta de su casa recibía las consultas y solucionaba los pleitos en Israel (2 Sam 15:255). Esta palmera convirtióse más tarde en lugar de culto idolátrico.

La situación de las tribus del norte conmovió a Débora, la cual se comprometió a remediarla. Considerando su condición de mujer, confió la dirección del ejército a Barac. Era éste natural de Cades de Neftalí (Jos 12:22; 19:37), no lejos de Jasor, y había tenido que sufrir de parte de los cananeos (5:12). Al ser llamado por Débora, púsose en camino, salvando los 130 kilómetros que hay en línea recta entre Cades de Neftalí y el lugar donde se encontraba Débora, situado entre Rama y Betel. Barac aceptó la misión con tal de que Débora le acompañara en esta empresa, con el fin de asegurarse la protección divina y poder contar con la colaboración activa de las tribus del centro. El plan militar ideado por Débora consistía en reunir tropas en el monte Tabor, mientras las tribus del centro atacarían al enemigo por el sur, tratando de atraerlo hacia el torrente Cisón. De este modo el cananeo se encontraría entre dos frentes. Débora y Barac marcharon hacia Cades y reunieron un ejército de diez mil hombres (cifra redonda) sobre el Tabor, lugar donde confluían los límites de las tribus de Neftalí, Zabulón e Isacar (Jos 19:12; 22; 34).

Jeber el quinita (4:11).

11Jeber el quíneo se había separado de los otros quíneos, hijos de Jobab, suegro de Moisés, y había plantado sus tiendas en el encinar de Besananim, cerca de Cades.

El clan de Jeber (Gen 15:19) se había separado del grueso de los alunitas que habitaban el mediodía de Palestina (1:16; 1 Sam 27:10) cohabitaban con los cananeos junto al encinar de Besananim (Tos 19:33)" cerca de Cades, no lejos de Megiddo. Aunque aparentemente vivía en paz con los cananeos, sin embargo se sentía unido a la suerte de los israelitas, con los cuales existían lazos familiares.

Derrota de Sisara (4:12-16)

12Hicieron saber a Sisara que Barac, hijo de Abinoam, subía al monte Tabor; 13y Sisara reunió todos sus carros, novecientos carros de hierro, y todo el ejército de que disponía, y salió de Jaroset Goím al torrente de Cisón. 14Dijo entonces Débora a Barac: "Anda, que hoy es el día en que Yahvé entrega a Sisara en tus manos. ¿No va él delante de ti?" 15Bajó Barac del monte Tabor con los diez mil hombres que llevaba, y puso Yahvé en fuga a Sisara, a todos sus carros y a todo su ejército ante Barac. Sisara se bajó de su carro y huyó a pie. 16Barac persiguió con su infantería a los carros y al ejército hasta Jaroset Goím, y todo el ejército de Sisara cayó a filo de espada, sin que quedara ni un solo hombre.

Según 5:14-15, fueron seis las tribus que respondieron al llamamiento de Débora: Zabulón, Neftalí e Isacar, del norte; Efraím, Benjamín y Maquir, clan importante de Manases, del centro. Al tener Sisara noticias de la concentración de tropas en el Tabor reunió un gran ejército y salió al encuentro de los israelitas. Con la seguridad de que Dios estaba con él, Barac desciende del Tabor, ataca al ejército de Sisara y lo desbarata a filo de espada, dice el texto masorético. Pero no fueron las espadas de los israelitas las que sembraron el pánico en el ejército enemigo, sino una lluvia torrencial (5:20) que desencadenó Dios providencialmente sobre la llanura y montes adyacentes, cuyos efectos fueron favorables a los israelitas y desastrosos para el ejército de Sisara. En efecto, con la lluvia caída en la llanura y sobre los montes aumentó considerablemente el caudal de los torrentes que desembocan en la planicie, con virtiendo la tierra en un barrizal impracticable. El Cisón, que recibió toda aquella agua, salió de madre, inundando todas sus inmediaciones. Bisara, que tenía puesta su confianza en los carros de combate, contempló aterrado cómo éstos se hundían en el barro y cómo la tierra cedía al peso de los caballos, inmovilizándolos. La expresión sin que quedara ni un solo hombre (v.16) es hiperbólica.

Alevosía de Jael (4:17-24).

17Sisara huyó a pie a la tienda de Jael, la mujer de Jeber el quineo, pues había paz entre Jabín, rey de Jasor, y la casa de Jeber el quineo. 18Salió Jael al encuentro de Sisara y le dijo: "Entra, señor mío; entra en mi casa y no temas." Entró él en la tienda, y ella le tapó con una alfombra. 19Díjole él: "Dame, por favor, un poco de agua, que tengo sed." Y sacando ella el odre de la leche, le dio a beber y volvió a cubrirle. 20Díjole él: "Estáte a la puerta de la tienda, y si viene alguno preguntando si hay aquí algún hombre, dile que no." 21Cogió Jael, mujer de Jeber, un clavo de los de fijar la tienda, y, tomando en su mano un martillo, se acercó a él calladamente y le clavó en la sien el clavo, que penetró en la tierra; y él, que estaba profundamente dormido, desfalleció y murió. 22Llegó entonces Barac, que iba persiguiendo a Sisara. Jael salió a su encuentro y le dijo: "Ven que te enseñe al hombre a quien vienes buscando." Entró y halló a Sisara en tierra muerto, clavado el clavo en la sien. 23Aquel día humilló Yahvé a Jabín, rey de Canaán, ante los hijos de Israel, 24y la mano de los hijos de Israel pesó cada vez más sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que le destruyeron.

En su huida, Sisara buscó la salvación en la tienda de Jael, la mujer de Jeber el quineo (Núm 24:22ss). Ya hemos indicado que Jeber vivía en Cades, en la falda del Carmelo y frente a Jaroset Goím. No se debe confundir con Cades de Neftalí, patria de Barac, al norte del lago Hule. Es posible que Sisara se dirigiera directamente a la tienda de Jael; toda esposa tenía su tienda particular (Gen 31:33). Por las palabras de Jael se deduce que Sisara se mostraba receloso del lugar y que no tenía intención de parar allí. Al pedirle un poco de agua, escondido, le alargó Jael el odre de la leche (Jos 9:4.13), o leben, leche agria, tan común aún hoy día entre los beduinos de Palestina y TransJordania, y le tapó de nuevo. Sisara se creía ya a salvo, calculando que los enemigos no se atreverían a penetrar en la tienda de una mujer y que ésta no violaría los sagrados deberes de la hospitalidad. Pero se engañó en sus cálculos. Unos traducen el v.21: "Se acercó a él en secreto, le hundió el clavo en la sien, precipitándose en el suelo" (Tamisier, Desnoyers). Otros prefieren la lección del códice A de los LXX, según la cual el cuerpo de Sisara se agitó convulsivamente sobre sus rodillas, cayó sin fuerzas y murió (Lagrange, Vincent).

Es difícil justificar moralmente la acción de Jael, que presenta todas las características de una traición y una transgresión inaudita de los deberes de la hospitalidad. El autor del relato no juzga de la moralidad del acto; se limita a exponer los efectos buenos que se siguieron de la acción. Hallamos en la acción de Jael un exponente de la moral rudimentaria de aquellos remotos tiempos, la cual, a juzgar por la conducta que se observa en las guerras de nuestros días, no ha hecho grandes progresos.

Cántico Triunfal de Débora (5:1-32).

El llamado cántico de Débora, por su ímpetu lírico y atractivo oético, por su antigüedad y energía de lenguaje, por haber sido compuesto bajo la impresión inmediata de los acontecimientos, tiene un valor histórico y literario de primer orden. Dícese en el texto que lo cantaron conjuntamente Débora y Barac. Es muy probable que ni uno ni otro compusieron este cántico, que se debe a un poeta desconocido, que lo compuso para celebrar la hazaña gloriosa de la profetisa (Lagrange, Notscher). El texto se ha conservado en muy mal estado debido a la circunstancia de haber sido retransmitido oralmente durante mucho tiempo antes de fijarse por escrito. La lengua conserva algunos matices dialectales del norte, lo que puede explicarse por los retoques y cambios introducidos en época tardía al texto primitivo. Modernamente lo ha estudiado, teniendo en cuenta las leyes de la métrica hebraica, Otto Grether1. En cuanto a los datos que figuran en esta pieza poética, deben interpretarse a la luz de los que se refieren en el relato en prosa (c.4), teniendo además en cuenta el género literario poético 2.

Primera estrofa: Yahvé vuela hacia el campo de batalla (5:1-5).

1Aquel día cantaron Débora y Barac, hijo de Abinoam, este canto: 2"Los príncipes de Israel al frente, ofrecióse el pueblo al peligro. Bendecid a Yahvé. 3Oíd, reyes; dadme oído, príncipes. Yo, yo cantaré a Yahvé. Yo cantaré a Yahvé, Dios de Israel. 4Cuando tú, ¡oh Yahvé! salías de Seír, cuando subías desde los campos de Edom, tembló ante ti la tierra, destilaron los cielos y las nubes se deshicieron en agua. 5Derritiéronse los montes a la presencia de Yahvé, a la presencia de Yahvé, Dios de Israel.

Las dos primeras palabras del cántico se interpretan diversamente. Unos la derivan de para, "dejar crecer la cabellera" (Núm 5:18; 6:5; Ez 44:20), y entonces el autor haría alusión al voto de los guerreros de dejar crecer su cabellera hasta el día de la victoria (Lods, 353). Una cabellera larga mecida por el viento indicaba prosperidad y libertad (Deut 32:42; 2 Sam 14:26) o duelo (Jer 41:5) 3.

Débora habla de reyes en plural. No habiendo todavía rey en Israel (1:1), se presume que alude a los reyes extranjeros. Se describe cómo Yahvé viene de Seír (Deut 2:455) en ayuda de Israel, conforme a la antigua creencia de que Yahvé habitaba especialmente en el Sinaí (Deut 33:2-6; Sal 68:8-9), desde donde dominaba sobre toda la tierra. Seír designa la región de Edom (Gen 32:4; 36:8; 1 Re c.19; Hab 3:3; Sal 68:8-9). La tempestad y conmoción de los elementos denota la presencia de Yahvé (Ex 19:15-18; Jue 4:14; 2 Sam 22:8-16; 1 Re 19:11).

Segunda estrofa: la opresión (5:6-8).

6En los días de Samgar, hijo de Anat; en los días de Jael, estaban desiertos los caminos; los que antes andaban por caminos trillados, íbanse por senderos desviados; 7 desiertos estaban los lugares indefensos, desiertos en Israel, hasta que me levanté yo, hasta que me levanté yo, madre en Israel. 8A las puertas estaba la guerra; y no se veía ni un escudo ni una lanza entre los cuarenta mil de Israel.

La situación de las tribus del norte era desesperada en los días que precedieron al levantamiento de Débora. El comercio y el tráfico estaban paralizados por la inseguridad en las vías de comunicación. Los que se aventuraban a salir lo hacían por senderos desviados, huyendo del camino trillado en donde les acechaba el robo y la muerte (Lam 1:4; Sof 3:6). Los cananeos poseían los puestos claves para el desenvolvimiento económico de Israel.

Samgar, hijo de Anat, es el gran juez de que se habla en 3:31; otros no admiten esta identificación, viendo en él un enemigo de los israelitas. La mención de Jael en el v.6 debe considerarse como una glosa. Jael sólo alcanzó fama después de la victoria. A Débora se la llama "madre en Israel," como a otros personajes famosos se les llamó "padres" (Gen 48:8; Is 22:21; Job 29:16) por su dignidad y operosidad en favor del pueblo. Según el texto masorético, las causas de este estado lastimoso deben achacarse a la idolatría del pueblo, a la penuria de armas y a la cobardía e impericia guerrera del mismo.

Tercera estrofa: alzamiento (5:9-12).

9Se va mi corazón tras los príncipes de Israel. Los que del pueblo os ofrecisteis al peligro, bendecid a Yahvé. 10Los que montáis blancas asnas, los que os sentáis sobre tapices, los que ya vais por los caminos, cantad El que fue lugar de rapiña, es ya lugar de regocijo. 11Cantad en él las justicias de Yahvé, las justicias que ha hecho Yahvé, a los lugares indefensos de Israel. Entonces pudo ya el pueblo de Yahvé bajar a sus puertas. 12Despierta, despierta, Débora. Despierta, despierta, entona un canto. Levántate, Barac; apresa a los que te aprisionaban, hijo de Abinoam.

Débora levanta los ánimos de la multitud. A su grito acuden millares de hombres del pueblo (LXX). Las gentes obligadas a permanecer en casa salían a las encrucijadas de los caminos o se juntaban cabe a una fuente para aclamar a los guerreros que marchaban al combate. Todos sin excepción: los nobles ("que montan blancas asnas," Gen 49:11; Núm 22:21), los magistrados ("se sientan sobre tapices") y el pueblo humilde ("los que van por los caminos"), comparten el mismo entusiasmo. Muchos ponen el v.12 entre el 8 y el 9.

Cuarta estrofa: los valientes (5:13-16a).

13Entonces vencieron los pequeños a los grandes; prevaleció el pueblo de Yahvé contra los fuertes. 14Los de Efraím los exterminaron en el valle. Detrás de ti (Débora) iba Benjamín con tu ejército. De Maquir bajaron los jefes, de Zabulón los capitanes; 15los príncipes de Isacar están con Débora. Barac se precipitó con los infantes en el valle. En las filas de Rubén hay grandes ansiedades de corazón. 16Y ¿por qué te quedaste en tus apriscos, oyendo las nautas de tus pastores?

Los cananeos con sus carros de combate son humillados y arrollados por el entusiasmo del pueblo de Yahvé desprovisto de armas. Efraím, Benjamín y el clan de Maquir, atacando por el sur, e Isacar, Zabulón y Neftalí por el norte, quitaron el oprobio de Israel, exterminando a los cananeos en el valle de Cisón. Las tribus del sur, Judá y Simeón, no participaron en la refriega por hallarse muy lejos del teatro de guerra. En un principio Benjamín formaba parte de la "casa de José" (2 Sam 19:20), aliándose a la de Judá en tiempos de la monarquía. Los capitanes ("los que llevan el bastón de mando," Gen 49:9; Am 1:5-8) de Zabulón iban al mando de soldados de su misma tribu. Maquir, hijo primogénito de Manases (Jos 17:1-2), designa la fracción de Manases establecida en Palestina, en oposición a la otra mitad, que habitaba en TransJordania.

Quinta estrofa: los cobardes (5:16b-18).

16En las filas de Rubén hay grandes ansiedades de corazón. 17Galaad descansaba al otro lado del Jordán. Y Dan, ¿por qué se quedó junto a sus naves? Aser, a orillas del mar, descansaba en sus puertos; 18pero Zabulón es un pueblo que ofrece su vida a la muerte. Lo mismo es también Neftalí desde lo alto de los campos.

Las tribus transjordánicas permanecieron al margen de la contienda; la tribu de Dan, que ya por aquel entonces había emigrado hacia el norte, en las fuentes del Jordán Que c. 17-18), prestaba sus servicios en las naves de Tiro y Sidón, lo mismo que la tribu de Aser. Ningún reproche a la tribu de Leví ni a la de Judá y Simeón, quizá porque estas últimas vivían al mediodía de Palestina o porque estaban ocupadas en rechazar al cananeo de sus territorios. Sin embargo, Rubén no estaba más cerca del campo de operaciones. La conducta de las tribus que se negaron a intervenir es tanto más deplorable en cuanto que habían perdido el sentido de la solidaridad, prefiriendo sus negocios particulares al bien general de la nación.

Sexta estrofa: el combate (5:19-22).

19Vinieron los reyes, combatieron; lucharon entonces los reyes de Canaán en Tanac, junto a las aguas de Megiddo. No cogieron plata por botín. 20Desde los cíalos combatieron las estrellas; desde sus órbitas combatieron las estrellas contra Sisara. 21El torrente de Cisón los arrastró, el torrente de Cisón pisa los cadáveres de los fuertes. 22Entonces resonaron los cascos de los caballos en la veloz huida de los guerreros. Maldecid a Meroc, dijo el ángel de Yahvé.

El centro de gravedad de la batalla fue Tanac, junto a las aguas de Megiddo, es decir, el wadi Ledjun, tributario del Cisón, que en el relato de la victoria de Tutmosis III en 1479 se llama wadi Qyn. No fueron ni los jefes de las tribus ni los soldados los artífices de la victoria, sino Yahvé, que puso en acción a todo el ejército de los cielos. Las estrellas combatieron desde lo alto de los cielos (2 Sam 5:22-24; 22:8-11; 1 Re 19:11), mandando un diluvio de agua sobre la llanura.

Séptima estrofa: Jael mata a Sisara (5:23-27).

23Maldecid, maldecid a sus habitantes, porque no cooperaron a la victoria de Yahvé, a la ayuda de Yahvé a sus valientes. 24Bendita entre las mujeres Jael, mujer de Jeber el quineo; bendita entre las mujeres de su tienda. 25Le pidió agua, y ella le dio leche; en el vaso de honor le sirvió leche; 26cogió el clavo con la izquierda, con la derecha el pesado martillo, rompiéndole la cabeza. Rompióle la cabeza, le atravesó la sien. 27El se retorció, cayó, yació, a sus pies se retorció, cayó donde se retorció, allí mismo quedó exánime.

Se justifica algo la pasividad de los habitantes de Meroz por hallarse la ciudad situada a poca distancia de Cades de Neftalí, no lejos de Jasor, o en el camino que siguió Sisara en su fuga. La palabra ángel (v.22) puede ser una glosa para evitar una expresión antropomórfica. Se ha querido ver en Jael una figura de la Iglesia, que destruye el reino del pecado por la fe en Jesucristo. Ya hemos dicho que su acción no puede justificarse moralmente.

Octava estrofa: angustia en casa de Sisara (5:28-32).

28Mira por la ventana la madre de Sisara, por entre las celosías, y grita: ¿Por qué tarda en venir su carro? ¿Por qué tardan en oírse los pasos de su cuadriga? 29La más avisada de sus mujeres le contesta, y ella repite las mismas palabras: 30Seguramente está repartiendo los despojos, una joven, dos jóvenes para cada uno, un vestido, dos vestidos de varios colores para Sisara, un vestido, dos vestidos bordados a su cuello. 31 Perezcan así todos los enemigos, ¡oh Yahvé! fuerza." y sean los que te aman como el sol cuando nace con toda su 32La tierra estuvo en paz durante cuarenta años.

Las palabras de Débora rezuman desprecio e ironía. La madre de Sisara se impacienta por la tardanza de su hijo. Por entre las celosías oteaba el horizonte para distinguir la silueta de su hijo aureolado con la corona de la victoria. Otras mujeres, esposas acaso de los reyes relacionados o de los jefes del ejército, hallábanse en su compañía, la consolaban, alegando que era necesario largo tiempo para repartir el abundante botín de mujeres, vestidos y otros objetos.

Como se ha notado anteriormente, no figura el nombre de Jabin en todo el capítulo y sí el de Sisara, que aparece como el enemigo inmediato y único contra el cual luchan los israelitas. Después de la victoria, descansó Israel cuarenta años, es decir, el tiempo correspondiente a una generación (Sal 95:10; Ez 29:11-13).

Gedeón y Abimelec (c.6-9).

La historia de Gedeón y Abimelec se narra en los capítulos 6-9, con las siguientes divisiones: 1) pecado y penitencia de Israel, que sirve de introducción (6:1-10); 2) aparición del ángel de Yahvé a Gedeón y origen del santuario Yahvé-Salom (6:11-24); 3) segunda vocación de Gedeón y santuario de Jerobaal (6:25-32); 4) campaña de liberación (6:33; 8:3); 5) Gedeón, vengador de sangre (8:4-21); 6) últimos días de Gedeón (8:22-35), Y 7) Abimelec (c.6).

La composición literaria de esta historia es bastante compleja, y en ella distinguen los críticos, católicos y acatólicos, vestigios de dos o tres documentos yuxtapuestos y elaborados por un compilador. La vocación de Gedeón se narra dos veces (6:11-24 y 6:25-32); emprende dos campañas (7:1-8:3; 8:4-21); las tribus se convocan dos veces (6:35ss y 7:23ss). ¿Cómo explicar este fenómeno literario? Muchas son las hipótesis propuestas por autores acatólicos y católicos (Lagrange, Desnoyers, Cazelles, Tamisier). Cazelles1 distingue tres piezas independientes (6:6-10; 12-24; 25-32) intercaladas en la leyenda o saga de Gedeón (6:2-5; 6:33-8:3; 8:24-35), Y un relato histórico de la campaña de Gedeón contra Zebaj y Salmana y del corto reinado de Abimelec (8:4-21 y c.6). Desnoyers distingue dos narraciones principales: a) Historia de Jerobaal, conservada en parte en los fragmentos 6:25-32; 6:36; 7:1; 7:227; 7:23; 8:3; 8:29. b) Historia de Gedeón, con adiciones y retoques, 6:11-24; 6:34-35; 7:2; 21; 8:4-28. c) Complementos redaccionales, 6:1-6; 7-10; 8:27-35. Según Vincent, la historia de Gedeón se basa sobre dos o tres documentos originales del reino del Norte, que ha utilizado un redactor deuteronomista.

El ambiente histórico revela que en este tiempo los israelitas habían pasado del estado nómada a la vida sedentaria, entregados a los trabajos de agricultura. En cuanto a la situación religiosa, se percibe una apostasía casi general del yahvismo y una tendencia muy acentuada hacia los baales, los dioses que aseguran la fertilidad de los campos y la fecundidad de sus rebaños. Una minoría sigue fiel a Yahvé.

Los madianitasy enemigos de Israel (6:1-6).

1Los hijos de Israel hicieron mal a los ojos de Yahvé, y Yahvé los entregó en manos de Madián durante siete años. 2La mano de Madián pesó fuertemente sobre Israel. Por miedo de Madián se hicieron los hijos de Israel los antros que hay en los montes, las cavernas y las alturas fortificadas. 3Cuando Israel había sembrado, subía Madián con Amalee y con los Bene Quedem y marchaban contra ellos; 4acampaban en medio de Israel y devastaban los campos hasta cerca de Gaza, no dejando subsistencia alguna en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos, 5pues subían con sus ganados y sus tiendas como una nube de langostas. Ellos y sus camellos eran innumerables y venían a la tierra para devastarla. 6Israel vino a ser muy pobre a causa de Madián, y los hijos de Israel clamaron a Yahvé."

Los descendientes de Madián (Gen 25:2-6) formaban un pueblo nómada (Gen 37:28-36; Is 60:6), que merodeaba con sus cuellos en la península del Sinaí (Ex 2:15-22), en donde fueron de-rotados por los israelitas (Núm c.31). En sus excursiones o razzias sobre Palestina se alió con Amalee (3:13) y con los Bene Quedem, o hijos de Oriente, bajo cuya denominación entraban las tribus semitas del desierto al este del río Jordán (Gen 29:1; Jue 7:12; 8:10; Ez 26:10; Job 1.3). Más que la conquista de territorios buscaban víveres y pastos para sus ganados.

A causa de sus pecados, los israelitas fueron entregados por Dios en manos de estos salteadores, sufriendo sus impertinencias durante siete años. Al acercarse el tiempo de la siega vadeaban el Jordán, acampaban en medio de Israel, penetrando profundamente en su territorio (hasta Gaza, dice con manifiesta exageración el texto hebraico). Para proteger sus bienes, los israelitas excavaron cavernas en los montes, aprovecharon los antros naturales de las rocas y las alturas fortificadas para asegurar su cosecha y su ajuar. Como consecuencia, Israel se empobreció rápidamente, y el hambre les hizo recordar que sólo Yahvé podía salvarles.

Un profeta expone las causas de este castigo (6:7-10).

7Cuando los hijos de Israel clamaron a Yahvé contra Madián, 8 Yahvé les envió un profeta, que les dijo: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo os hice subir de Egipto y os saqué de la servidumbre; 9yo os libré de la mano de los egipcios y de la mano de todos vuestros opresores; yo los arrojé ante vosotros y os di su tierra. 10 Entonces os dije: Yo soy Yahvé, vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis. Pero vosotros no habéis escuchado mi voz."

La fórmula empleada por el profeta es frecuente en la Escritura (1 Sam 2:27; 10:18; Jue 2:1; 6:13; Ex 20:2). Hace ver cómo Dios ha cumplido fielmente el compromiso de la alianza; pero el pueblo ha hecho traición a su palabra de no tener otro Dios que a Yahvé, al temer y rendir culto a los dioses de la tierra. Falta en el texto la conclusión de este discurso, que se saca fácilmente de las premisas puestas (2:3; 10:13). Algunos autores (Lagrange, Cazelles, Taíisier) hacen notar que la perícopa contiene expresiones deutero-nómicas (amorreos, para designar la población de Canaán; casa de servidumbre; Deut 5:6; 6:12; 8:14).

Aparición del ángel de Yahvé a Gedeón (6:11-24).

11Vino el ángel de Yahvé y se sentó bajo el terebinto de Ofra, que era propiedad de Joás, abiezerita, cuando Gedeón, su hijo, estaba batiendo el trigo en el lagar para esconderlo de Madián. 12Apareciósele el ángel de Yahvé y le dijo: "Yahvé contigo, valiente héroe." 13Gedeón le dijo: "Por favor, mi señor; si Yahvé está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todos los prodigios que nos contaron nuestros padres, diciendo: Yahvé nos hizo subir de Egipto? Y ahora Yahvé nos ha abandonado y nos ha puesto en las manos de Madián." 14El ángel de Yahvé se volvió a él y le dijo: "Ve y, con esa fuerza que tú tienes, libra a Israel de las manos de Madián; ¿no soy yo quien te envía?" 15Gedeón le dijo: "De gracia, señor, ¿con qué voy a libertar yo a Israel? Mi familia es la más débil de las de Manases, y yo soy el más pequeño de la casa de mi padre." 16El ángel de Yahvé le dijo: "Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre." 17Gedeón le dijo: "Si he hallado gracia a tus ojos, dame una señal de que eres tú quien me habla, 18y no te vayas de aquí hasta que vuelva yo con una ofrenda y te la presente." Y él le dijo: "Aquí me estaré hasta que tú vuelvas." 19Entróse Gedeón y preparó un cabrito, y con un "efá" de harina hizo panes ácimos; y poniendo la carne en un cestillo y el caldo en una olla, los llevó debajo del terebinto y se los presentó. 20El ángel de Yahvé le dijo: "Coge la carne y los ácimos, ponlos encima de aquella piedra y vierte sobre ellos el caldo." Hízolo así Gedeón; y el ángel de Yahvé, 21alzando el báculo que tenía en la mano, tocó con la punta la carne y los panes. Surgió en seguida fuego de la piedra, que consumió la carne y los panes, y el ángel de Yahvé desapareció de su vista. 22 Viendo Gedeón que era el ángel de Yahvé, dijo: "¡Ay, Señor, Yahvé! ¿Entonces he visto cara a cara al ángel de Yahvé?" 23 Díjole Yahvé: "La paz sea contigo; no temas, no morirás." 24 Gedeón alzó allí un altar a Yahvé y le llamó Yahvé-Salom, que todavía existe en Ofra de Abiezer.

Parece que el ángel debe identificarse con Yahvé mismo. De hecho, en los v. 14; 16; 23 se habla solamente de Yahvé. Es muy probable que el vocablo ángel (v. 11; 12; 20; 21; 22) se agregara posteriormente para evitar una expresión antropomórfica. La aparición fue en Ofra, lugar que debe buscarse entre el Tabor y Betsán (1:27) o en las cercanías de Siquem (Noetscher), pero no en Ofra de Benjamín (Jos 18:23; 1 Sam 13:17)· Joás era de la estirpe de Abiezer, descendiente de Manases (Núm 26:30; Jos 17:2; 1 Crón 7:18). Gedeón batía el trigo a mano o con un bastón, no en la era pública, por temor a los madianitas, sino en el lagar. El saludo del ángel es un deseo, no una afirmación. Gedeón, en vez de examinar su propia conducta y la de su pueblo, culpa a Dios del estado de las cosas. En un principio creía Gedeón que hablaba con un profeta, y como a tal le ofrece lo que se daba a un huésped de honor; pero pronto duda de la naturaleza de aquel personaje. Para salir de dudas le pide una señal (Ex 4:1-9; 2 Re 20:8; Is 7:11). La ofrenda consistía en un cabrito cocido (13:15) y un efá (cerca de treinta y seis litros) de harina para hacer panes ácimos (Gen 19:3), que se cocían debajo de la ceniza o sobre piedras o planchas metálicas bien calientes. Lo que en un principio iba a ser una refección, se cambió, por obra del ángel de Yahvé, en un sacrificio de holocausto, El ángel tocó con la punta de su báculo (Núm 17:16-25) la carne y los panes surgiendo de la piedra un fuego que los consumió. El fuego es manifestación de Yahvé (Deut 4:33-36). Tenemos aquí la consagración de un santuario por el fuego divino (Lev 9:24; 1 Re 18:38; 2 Re 1, 10) y una prueba del origen divino del mensaje y promesa de que Dios les asistirá. Gedeón temía morir por haber visto a Yahvé o su ángel (Gen 32:31; Ex 33:20; Deut 5:24; Jue 13.22), temor que se fundaba en el sentimiento de la indignidad humana frente a la omnipotencia y santidad divinas. El altar erigido por Gedeón se llamó Yahvé-Salom, Dios de paz (Gen 33:20; Ex 17:15; Jos 22.34).

Gedeón destruye el altar de Baal (6:25-32).

25Aquella misma noche le dijo Yahvé a Gedeón: "Coge el toro gordo de tu padre, el toro de siete años; derriba el altar de Baal que tiene tu padre y corta la asera que hay cerca, 26y construye con la leña un altar a Yahvé, tu Dios, en lo alto de este fuerte; y tomando el toro segundo, lo ofreces en holocausto sobre la leña de la asera que cortarás." 27Tomó, pues, Gedeón diez hombres de entre sus criados e hizo como le había mandado Yahvé; pero, como no se atreviese a hacerlo de día, por temor de la casa de su padre y de las gentes de la ciudad, lo hizo de noche. 28Cuando, al levantarse a la mañana siguiente, las gentes de la ciudad vieron que el altar de Baal había sido destruido, cortada la asera que había cerca y el toro segundo ofrecido en holocausto sobre el altar construido, 29se preguntaban unos a otros: "¿Quién ha hecho esto?" Inquirieron, buscaron, y alguien dijo: "Gedeón, el hijo de Joás, ha hecho esto." Entonces dijeron a Joás las gentes de la ciudad: 30"Saca a tu hijo para que muera, pues ha derribado el altar de Baal y ha cortado la asera que estaba cerca." 31Joás respondió a todos los que estaban delante de él: "¿Os toca a vosotros defender a Baal? ¿Sois vosotros los que le habéis de salvar a él? Quien tome partido por Baal será muerto hoy mismo. Si Baal es dios, que se deñenda a sí mismo, ya que le han derribado su altar." 32Aquel día dieron a Gedeón el nombre de Jerobaal, diciendo: "Que sea Baal quien se vengue de él, pues que ha derribado su altar."

Este relato es considerado por algunos como repetición, con circunstancias diferentes y autor distinto, del hecho consignado anteriormente (v. 11-24). El v.25 del texto masorético no ofrece un sentido satisfactorio. Por de pronto, atendiendo al contexto (v.26 V 28) parece que debe suprimirse (en contra Vaccari Y Noetscher) la alusión a un segundo toro (toma el toro joven que tiene tu padre, y el segundo toro, siete años), y la mención de sus años. Según esto, tendríamos la traducción: "Toma el toro gordo (texto de los LXX) de tu padre; derriba." Fundándose en una corrección del texto hecha por Kittel, traduce Tamisier: "Toma diez de tus criados y un toro de siete años." Según la Ley, la víctima para el sacrificio no podía tener más de tres años. El toro que debía inmolarse tenía siete años, los que duró la opresión (v.1).

El altar de Baal no era propiedad privada del padre de Gedeón, sino más bien el altar de las gentes del pueblo edificado en terrenos propios, y del cual era él el guardián. Asera, o el tronco sagrado que representaba a Astarté (Ex 34:13; Deut 7:5; 16:21). Por orden de Yahvé, Gedeón derribó el altar y ofreció el toro gordo sobre el nuevo que había edificado. Por sus palabras se deduce que el entusiasmo que sentía Joás por Baal no llegaba hasta el límite de sacrificar a su hijo. Jerobaal significa, según la etimología popular, "defienda Baal."

Reclutamiento entre las tribus (6:33-35).

33Todo Madián, Amalee y los Bene Quedem se juntaron y pasaron el Jordán; vinieron a acampar en el valle de Jezrael. 34 El espíritu de Yahvé revistió a Gedeón, que tocó la trompeta, y los abiezeritas le siguieron" 35Envió mensajeros a todo Manases, que se reunió también para seguirle. Mandólos también a Aser, a Zabulón y a Neftalí, que subieron a su encuentro.

Los madianitas y sus aliados pasaron el Jordán y penetraron con sus camellos en la planicie de Esdrelón (Jos 17:16). El espíritu de Yahvé revistió a Gedeón o "le envolvió como un vestido" (1 Crón 12:19; 2 Grón 24:20), lo cual equivalía a escogerlo para cumplir la misión de liberar a los israelitas del yugo extranjero. Tocó la trompeta Gedeón, y las gentes de su clan le siguieron. No se dice que acudiera Isacar, acaso por haber sido invadido su territorio por los madianitas.

La prueba del vellón (6:36-40).

36Dijo Gedeón a Dios: "Si en verdad quieres salvar a Israel por mi mano, como me has dicho, 37voy a poner un vellón de lana al sereno; si sólo el vellón se cubre de rocío, quedando todo el suelo seco, conoceré que libertarás a Israel por mi mano, como me lo has dicho." Así sucedió. 38A la mañana siguiente levantóse muy temprano, y, exprimiendo el vellón, sacó de él el rocío, una cazuela llena de agua. 39Gedeón dijo a Dios: "Que no se encienda tu cólera contra mí si hablo todavía otra vez; quisiera hacer otra prueba con el vellón: que sea el vellón el que se quede seco y caiga el rocío sobre todo el suelo." 40Así lo hizo Dios aquella noche: sólo el vellón quedó seco, y todo el suelo estaba cubierto de rocío.

Exigió Gedeón este segundo milagro, no para fortificar su fe, que era mucha (Hebr 11:32), sino para hacer comprender a los aliados que Dios le había escogido para llevar a término aquella misión. El hecho de que en esta perícopa no aparezca el nombre de Yahvé, sino el de Elohim (v.36; 39; 40), hace sospechar su procedencia de otra tradición o documento. Esta prueba del vellón ha sido interpretada por los Santos Padres en sentido espiritual. Una explicación muy antigua que se encuentra en Orígenes compara el rocío a la gracia divina. El vellón representa el pueblo judío, que en un tiempo gozó él solo de la predilección de Dios. El rocío cubrirá después toda la tierra, una vez el pueblo judío se haya hecho indigno de la gracia. También se aplica por acomodación a la Virgen Santísima, la única criatura que se vio libre del pecado original.

 

Campaña de Gedeón en Palestina (7:1; 8:4).

Reducción del número de combatientes (7:1-8).

1A la mañana siguiente, Jerobaal, que es Gedeón, fue a acampar, con toda la gente que estaba con él, por encima de la fuente de Jarod. El campamento de Madián estaba debajo del de Gedeón, al norte de las colinas de Moré, en el valle. 2 Y dijo Yahvé a Gedeón: "Es demasiada la gente que tienes contigo para que yo entregue en sus manos a Madián y se gloríe luego Israel contra mí, diciendo: "Ha sido mi mano la que me ha librado." 3Haz llegar esto a oídos de la gente: "El que tema y tenga miedo, que se vuelva y se retire." Veintidós mil hombres se volvieron, y quedaron sólo diez mil. 4 Yahvé dijo a Gedeón: "Todavía es demasiada la gente. Hazlos bajar al agua y allí te los seleccionaré; y aquel de quien yo te diga: Ese irá contigo, vaya; y todos aquellos de quienes te diga: Esos no irán contigo, que no vayan." 5Hizo bajar al agua Gedeón a la gente, y dijo Yahvé a Gedeón: "Todos los que en su mano laman el agua con la lengua, como la lamen los perros, ponlos aparte de los que para beber doblen su rodilla." 6Trescientos fueron los que al beber lamieron el agua en su mano, llevándola a la boca; todos los demás se arrodillaron para beber. 7Y dijo Yahvé a Gedeón: "Con esos trescientos hombres que han lamido el agua os libertaré y entregaré a Madián en tus manos. Todos los demás, que se vaya cada uno a su casa." 8 Se proveyeron de cántaros y cogieron las trompetas, y a todos los otros israelitas los mandó a cada uno a su tienda, quedándose con los trescientos hombres. El campamento de Madián estaba abajo, en el valle.

Gedeón y su gente se levantaron de mañana y acamparon en la fuente de Harod (¿Ain Gialud? ¿Ain Tubaun?), mientras que los madianitas lo hicieron en la llanura al pie de la colina de Moré (Nebí Dahi de los árabes y Pequeño Hermán de los cristianos). Dios mandó a Gedeón que redujera los efectivos de su ejército. Quiere que el pueblo sepa que no tiene necesidad de él para ganar una batalla y deshacer un ejército, aunque los enemigos sean tan "numer'osos como langostas" y dispongan de innumerables camellos "como las arenas del mar" (v.12). "Nada le impide (a Yahvé) salvar con Cuchos o con pocos" (1 Sam 14:6; 1 Cor 1:25-29; Deut 8:11; 18; 9:4-5; Is 10:13-15; 59:16; 63:5; Am 6:13). Por lo mismo, le manda, ludiendo a Deut 20:8, que retire a todos los que teman y tengan miedo.

Gedeón "tomó de manos del pueblo" (según corrección de Kittel) sus cántaros y trompetas, que entregó a los trescientos hombres, mandando los restantes a sus casas, El número de voluntarios que se ofrecieron a Gedeón parece excesivo.

Presagio de victoria (7:9-15).

9Aquella noche le dijo Yahvé: "Levántate y baja al campamento, porque te los entrego en tus manos. 10Y si temes atacar, baja con Fura, tu escudero, al campamento, U y escucha lo que dicen, y se fortalecerán tus manos y atacarás el campamento." Bajó con Fura, su escudero, hasta el extremo del campamento donde estaban los hombres de armas. 12Madián, Amalee y los Bene Quedem se habían extendido por el valle, numerosos como langostas, y sus camellos eran innumerables, como las arenas del mar. 13Cuando llegó Gedeón, estaba un hombre contando a su compañero su sueño, diciéndole: "He tenido un sueño. Rodaba por el campamento de Madián un pan de cebada, que llegó hasta una tienda y chocó contra ella, la derribó y la hizo rodar por tierra, y la tienda quedó por tierra." 14El compañero le dijo: "Eso no es sino la espada de Gedeón, hijo de Joás, varón de Israel, de Jezrael. Dios ha puesto en sus manos a Madián y a todo el campamento." 15Como Gedeón oyó el sueño y la explicación, se prosternó; y volviéndose al campamento de Israel, les dijo: "Arriba, que Yahvé ha entregado en nuestras manos el campamento de Madián."

Gedeón quiso ver con sus propios ojos las posibilidades del enemigo antes de decidirse a atacarlo. En realidad temió al ver aquella muchedumbre y, por lo mismo, quiso antes explorar la situación. Para poder oír lo que los soldados madianitas hablaban entre sí, era necesario que se acercara mucho a sus tiendas. Para los antiguos, Dios manifestaba su voluntad o descubría el futuro por medio de los sueños (Gen 28:10-22; 1 Re 3:5ss). El sueño que había tenido un soldado madianita era significativo. La tienda era el símbolo de la vida nómada; el pan de cebada simbolizaba la vida pobre de los pueblos sedentarios, como eran los israelitas. El compañero a quien confió el sueño sacó la consecuencia de que los israelitas, pueblo sedentario, destruirían al pueblo nómada, los madianitas.

Ataque nocturno (7:16-22).

16Dividió en tres escuadras los trescientos hombres y les entregó a todos trompetas, cántaros vacíos, y en los cántaros, antorchas encendidas, 17diciéndoles: "Miradme a mí y haced como me veáis hacer. En cuanto llegue yo a los límites del campamento, hacéis lo que yo haga. 18Cuando toque yo la trompeta y la toquen los que van conmigo, la tocaréis también vosotros en derredor de todo el campamento, y gritaréis: "¡Por Yahvé y por Gedeón!" 19Gedeón y el centenar de hombres que le acompañaban llegaron a los límites del campamento al comienzo de la segunda vigilia, en cuanto acababan de relevarse los centinelas, y tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que llevaban en la mano. 20Los tres cuerpos tocaron las trompetas, rompieron los cántaros, y cogiendo las teas con la mano izquierda y las trompetas con la derecha para tocarlas, gritaban: "¡Espada por Yahvé y por Gedeón!" 21Quedáronse cada uno en su puesto en derredor del campamento, y todo el campamento se puso a correr, a gritar y a huir. 22Mientras los trescientos hombres tocaban las trompetas, hizo Yahvé que volviesen todos su espada los unos contra los otros en todo el campamento, y huyó el campamento hasta Bet Hassita en la dirección de Sareda, hasta los límites del Abel Mejola, junto a Tabat.

El campamento de Madián estaba en el valle (v.8), dominado por el campamento israelita. Gedeón dividió a sus gentes en tres cuerpos (9:43; 1 Sam 11:11; 13:17) de cien hombres cada uno. Esta maniobra era tanto más necesaria cuanto que debía dar al enemigo impresión de un ejército numeroso y también para poder rodear al enemigo. Los combatientes llevaban en una mano el cántaro que tenía una antorcha encendida dentro, o con la antorcha en la otra mano, mientras que la trompeta colgaba del cinto. Una vez rotos los cántaros, tomaron la trompeta en una mano y la tea en otra. No crea dificultad el que ellos toquen la trompeta y griten, porque ambas acciones deben concebirse sucesivamente y no simultáneas.

Gedeón llegó a las cercanías del campamento enemigo al comienzo de la segunda vigilia. Los hebreos dividían la noche en tres vigilias de cuatro horas cada una: seis de la tarde a diez; diez a dos; dos a seis de la mañana. El grito de guerra de los israelitas era: "¡Por Yahvé y por Gedeón!" grito que refleja bien el carácter religioso de la empresa y la confianza de los soldados en ganar "las batallas de Yahvé" (Núm 21:14; 1 Sam 18:17; 25:28). El enemigo huyó por la llanura de Betsán a Bet Hassita, en el valle del Jordán, hacia Sartán (Jos 3:16; 1 Re 4:12). Abel Mejola se halla al sur de Bestán, en el valle del Jordán (1 Re 4:12; 19:16).

En persecución del enemigo (7:23; 8:1-3).

23Reuniéronse los hombres de Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manases, y persiguieron a los de Madián. 24Gedeón mandó mensajeros por todo el monte de Efraím para decirles: "Bajad al encuentro de Madián y tomad, antes que lleguen, los vados hasta Bet Bara, en el Jordán." Reuniéronse todos los hombres de Efraím y tomaron los vados hasta Bet Bara, en el Jordán. 25Se apoderaron de dos príncipes de Madián, Oreb y Zeb, y dieron muerte a Oreb en la roca de Oreb y a Zeb en el lagar de Zeb. Persiguieron a Madián y llevaron a Gedeón las cabezas de Oreb y Zeb del otro lado del Jordán. 8 1Dijéronle los hombres de Efraím: "¿Cómo has hecho con nosotros eso de no llamarnos cuando ibas a combatir con Madián?" Y se querellaron violentamente contra él. 2 El les dijo: "¿Qué es lo que he hecho yo para lo vuestro? ¿No ha sido mejor el rebusco de Efraím que la vendimia de Abiezer? 3En vuestras manos ha puesto Dios a los príncipes de Madián, Oreb y Zeb. ¿Qué he podido yo hacer comparable a lo vuestro?" Calmóse su cólera contra él cuando así les habló.

El texto supone que Gedeón no había licenciado definitivamente a los muchos voluntarios que se le habían ofrecido; únicamente prescindió de ellos en el ataque inicial, por habérselo ordenado Dios. Los mensajeros que mandó Gedeón tenían la misión de poner a estos reservistas en activo. La primera orden que les impartió fue la de ocupar los vados del Jordán (3:28; 12:5) para impedir que los madianitas rezagados lograran franquearlo. Dos príncipes madianitas, Oreb (cuervo) y Zeb (lobo), que se habían ocultado, fueron descubiertos y pasados por las armas, enviando su cabe/a a Gedeón, atareado en la persecución de los madianitas al otro lado del Jordán. El nombre de estos dos príncipes es recordado en Sal 83:12, después de Sisara y Jabín (4:255) y antes de Zebaj y Salmana (8:5).

Los efraimitas, siempre orgullosos (12:1-6) y con la pretensión de mantener una hegemonía sobre las otras tribus, no podían sufrir que un manasita (Gedeón) no hubiera contado con ellos desde la primera hora (6:35; 7:23). Gedeón, prudente, adula a los efraimitas para aplacarlos.

 

Campaña de Gedeón en Transjordania (8:5-28).

Gedeón al otro lado del Jordán (8:4-12).

4Llegó Gedeón al Jordán, lo pasó con los trescientos hombres que llevaba, cansados de la persecución, 5 y dijo a las gentes de Sucot: "Dad, os ruego, unos panes a la gente que me sigue, que están cansados y van en persecución de Zebaj y Salmana, reyes de Madián." 6 Respondiéronle los jefes de Sucot: "¿Acaso tienes ya en tus manos el puño de Zebaj y Salmana, para que demos pan a tu tropa?" 7 Y Gedeón les dijo: "Cuando Yahvé haya puesto en mis manos a Zebaj y Salmana, yo desgarraré vuestras carnes con espinas y cardos del desierto." 8Desde allí subió a Fanuel, e hizo a las gentes de Fanuel la misma petición, recibiendo la misma respuesta de los hijos de Sucot. 9Y dijo también a las gentes de Fanuel: "Cuando vuelva vencedor, arrasaré esta fortaleza." 10Zebaj y Salmana estaban en Carcor con su ejército, unos quince mil hombres, los que habían quedado de todo el ejército de los Bene Quedem, pues habían perecido ciento veinte mil hombres de armas. 11Gedeón subió por el camino de los que moran en tiendas, al oriente de Nobaj y de Jogbea, y atacó el campamento, que se creía a seguro. 12 Zebaj y Salmana huyeron. El los persiguió y se apoderó de los dos reyes de Madián, Zebaj y Salmana, y derrotó a todo su ejército.

En esta campaña aparece Gedeón como vengador de sangre. Toda la acción se desarrolla en TransJordania y se combate a dos jefes madianitas, distintos de los que aparecen en la primera (7:16; 8:1-4). Los trescientos hombres escogidos en las fuentes de Harod ' encuentran fatigados y hambrientos (LXX, códices A, L). Las gentes de Sucot (Gen 33:17; Jos 13:27) se negaron a entregarles anes, seguramente por temor a una represalia por parte de los ladianitas en caso de perder Gedeón la partida. Es exagerado el número de los muertos (135.000), cifra que utiliza el autor para poner de relieve la magnitud de la derrota de los madianitas y la victoria aplastante de Yahvé.

Castigo de Sucot y Fanuel (8:13-17).

13 Volvióse Gedeón, hijo de Joás, de la batalla por la subida de Jares; 14y habiendo cogido a un joven de los de Sucot, le interrogó, y éste le dio por escrito los nombres de los jefes y ancianos de Sucot, setenta y siete hombres. 15Entonces vino Gedeón a las gentes de Sucot y dijo: "Ved aquí a Zebaj y Salmana, con los que me zaheristeis diciendo: ¿Acaso tienes ya en tu poder el puño de Zebaj y Salmana, para que demos de comer a tus tropas fatigadas?" 16Cogió, pues, a los ancianos de la ciudad, y con espinas y cardos del desierto castigó a los de Sucot.17Arrasó la fortaleza de Fanuel y mató a los hombres de la ciudad.

Al regresar victorioso Gedeón, vengó la ofensa que le habían infligido los habitantes de Sucot y Fanuel. Un joven le entregó por escrito la lista con los nombres de los setenta y siete jefes y ancianos de Sucot. Este número tiene un sentido superlativo (Gen 4:24; Mt 8:22). Esta mención de la escritura da una prueba de la extensión del arte de escribir en aquellos remotos tiempos en Israel. Como se desprende de las recientes excavaciones en Palestina y Siria, estaba ya entonces en uso la escritura alfabética.

Venganza de sangre (8:18-21).

18Dijo a Zebaj y Salmana: "¿Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?" Ellos respondieron: "Eran como tú. Cada uno de ellos parecía un hijo de rey."19El les dijo: "Eran hermanos míos, hijos de mi madre. Vive Yahvé, que no os mataría si no les hubierais dado muerte." 20Y dijo a Jeter, su primogénito: "Anda, mátalos." El joven no desenvainó la espada por tener miedo, pues era todavía muy niño; 21y Zebaj y Salmana dijeron: "Levántate y mátanos tú, porque eres un valiente." Levantóse Gedeón y los mató, y tomo las lunetas que llevaban al cuello sus camellos.

Estando Gedeón en Ofra, interrogó a los dos jefes prisioneros: "Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?" Se desconoce la historia de esta batalla junto al Tabor. Ellos mataron allí a dos hermanos de Gedeón, no solamente por parte de su padre, sino también por parte de su madre; de lo cual se infiere que Joás, su padre, era polígamo. Esta circunstancia obligaba todavía más a Gedeeón a vengar, según la costumbre oriental, el delito de sangre (Ex.21:12; Núm 35:16-18; 2 Sam 3:27; 14:7; 21:1-14). Manda Gedeón a su hijo Jeter a que mate a los asesinos de sus tíos, para asociarle así a la venganza de familia. Jeter, todavía joven, no se atrevió, y los jefes, con arrogancia, invitan a Gedeón a que los mate él, porque su golpe hubiera sido decisivo, y por considerar ellos un honor el morir en manos de tan alto príncipe.

Gedeón proclamado rey (8:22-31).

22Las gentes de Israel dijeron a Gedeón: "Reina sobre nosotros tú, tu hijo y los hijos de tu hijo, pues nos has libertado de las manos de Madián." 23Respondióles Gedeón: "No reinaré yo sobre vosotros ni reinará tampoco mi hijo. Yahvé será vuestro rey"; 24y añadió: "Voy a pediros una cosa. Dadme cada uno de su botín los arillos de nariz que habéis tomado." Los enemigos, como ismaelitas, llevaban arillos de oro en la nariz. 25Ellos respondieron: "Con mucho gusto te los daremos"; y, extendiendo un manto, fueron echando en él cada uno los arillos del botín. 26Y fue el peso de los arillos de oro que había pedido Gedeón de tres mil setecientos siclos de oro, sin contar las lunetas y los pendientes, ni los vestidos de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni los collares que al cuello llevaban sus camellos. 27Con este oro hizo Gedeón un efod, que puso en su ciudad, en Ofra. Todo Israel iba a prostituirse ante este efod, que fue un lazo para Gedeón y para su casa. 28Madián quedó humillado ante los hijos de Israel y no volvió a levantar la cabeza, quedando la tierra en paz durante cuarenta años, los días de Gedeón. 29Jerobaal, hijo de Joás, se volvió a su casa; 30y tuvo Gedeón setenta hijos, todos nacidos de él, pues fueron muchas sus mujeres. 31Una concubina que tenía en Siquem le parió también un hijo, al que puso por nombre Abimelec.

Las tribus que habían tomado parte en la empresa piden a Gedeón que domine (mashal), reine (Gen 37:8; Jos 12:5) sobre ellas y que a su muerte asuman el poder su hijo y los hijos de éste, lo cual equivale a declararle rey con derecho de sucesión. Este es el primer ensayo para el establecimiento de la monarquía en Israel. A diferencia de los tiempos pasados, el pueblo confiere directamente la autoridad suprema. Gedeón rehusa el título, pero acepta la realidad del poder, que ejerció él y su hijo (c.9). Aunque renuncie al título, empieza a ejercer ciertos derechos inherentes a la realeza: organización de un santuario con efod (v.24-27) y el harén (v.28-31).

Del botín de guerra habían recogido los israelitas gran cantidad de objetos preciosos. Gedeón pide que cada uno le entregue un arillo de oro, prenda que solían usar las mujeres y aun los hombres, y que llevaban prendida en la pared central de la nariz o en una de las laterales. La cantidad recogida arrojó un peso de mil setecientos siclos de oro, que equivalía a veintiocho kilogramos de oro. El autor justifica esta abundancia de oro diciendo que los vencidos eran ismaelitas, cuyo término es tomado en sentido profesional, no étnico, para designar a los comerciantes caravaneros (Gen 37:25-28) que traficaban con objetos preciosos. Los ismaelitas, en un principio distintos de Madián (Gen 25:1-6), terminaron fundiéndose con ellos (Gen 28:9; 37:25-28; Ez 27:22). Era costumbre en Israel reservar del botín para Yahvé (Núm 31:28-30; 1 Sam 21:9; 2 Sam 8:11-12; 1 Re 1-10).

Con el oro que habia juntado construyo Gedeon un Etod, con el cual toma origen el Santuario de Ofra. El efod puede designar el vestido que se lleva a la presencia de Yahvé, y que pueden vestir aun los laicos ( 1 Sam 2:18; 22:18; 2 Sam 6:14); el vestido de ceremonia del sumo Sacerdote (Ex 28:4-6; 39:2-7); un símbolo divino que servía para consultar a Yahvé Jue 17:5; 18:14-17; 1 Sam 2:28; 14:3; 21:10); una como estatua, con apliques de oro, que se menciona con los terafim Que 18:17-18; 1 Sam 21:9; Os 3:4; Is 30:22). Esta última acepción conviene, según algunos, al efod de Gedeón (Lagrange, Vincent, Dhorme).

Un harén numeroso es, entre orientales, indicio de potencia y soberanía. Además de sus mujeres, tenía una esposa de segundo orden en Siquem, en donde gozaba de cierta preponderancia (9:1-8). Aunque ella habitara con su familia, los hijos pertenecían al clan del padre. No se deduce del texto si era cananea o israelita. Desde la época de los patriarcas se practicaba la poligamia en Israel. Como los patriarcas, tiene una concubina, de la que puede tener hijos (Gen 22:24; 25:6; 35:22).

Muerte de Gedeón (8:32-35).

32 Murió Gedeón, hijo de Joás, en buena ancianidad, y fue sepultado en la sepultura de Joás, su padre, en Ofra de Abiezer. 33 Muerto Gedeón, los hijos de Israel se prostituyeron de nuevo ante los baales y tomaron por su dios a Baal-Berit, 34 y no se acordaron más de Yahvé, su Dios, que los había librado de los enemigos que los rodeaban. 35 No se mostraron agradecidos a la casa de Jerobaal (Gedeón), según el mucho bien que éste había hecho por Israel.

Como prueba de benevolencia divina y por su fidelidad, murió Gedeón en edad avanzada (Gen 15:15; 25:8). A su muerte, los israelitas volvieron a prevaricar, entregándose al culto de los baales, con introducción de un nuevo dios, El-Berit o Baal-Berit (9:46), "Señor del pacto" o "de la alianza." ¿De dónde le venía este nombre? ¿Era acaso el dios del pacto hecho entre Israel y Siquem? (Gen 34). Entonces sería cierto que los israelitas contaminaron con idolatrías cananeas las antiguas tradiciones patriarcales, uniéndolas a un mismo recuerdo. Este nombre puede derivar de la misión del dios, que consistiría en sancionar los pactos entre particulares y entre familias.

 

Corto Reinado de Abimeleg (c.9).

Usurpación de poder (9:1-6).

1Abimelec, hijo de Jerobaal, se fue a Siquem y habló a los hermanos de su madre y a toda la familia de la casa del padre de su madre, diciéndoles: 2"Hablad al oído a todos los varones de Siquem: ¿Qué es mejor para vosotros: que os dominen setenta hombres, todos hijos de Jerobaal, o que os domine uno solo? Acordaos de que yo soy hueso vuestro y carne vuestra." 3Habiendo hablado de él los hermanos de su madre a todos los habitantes de la ciudad conforme a aquellas palabras, se inclinó su corazón hacia Abimelec, pues se dijeron: "Este es hermano nuestro"; 4y le dieron setenta siclos de plata de la casa de Baal-Berit, con los que asoldó a los hombres vagos y pervertidos que le siguieron. 5 Bajó con ellos a la casa de su padre, a Ofra, y mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta hombres, a todos sobre una misma piedra. Sólo se salvó Jotán, el hijo menor de Jerobaal, que pudo esconderse. 6Reuniéronse entonces todos los habitantes de Siquem y todos los de Bet Milo, y, viniendo, proclamaron rey a Abimelec junto al terebinto de Mu-sab, que está en Siquem.

Hijo de la concubina de Gedeón (8:31), a la muerte de éste se dirigió Abimelec a Siquem y convenció a los siquemitas de que era mejor centrar el poder en un solo individuo que compartirlo con los otros setenta hijos de Gedeón. Aparte de las razones económicas, esta concentración del poder en su persona convenía por ser él de la misma tierra y pariente de los siquemitas por su madre (Gen 29:14; 2 Sam 5:1; 19:13). El razonamiento convenció a los notables (ba-alim) de la ciudad, quienes le entregaron setenta siclos de plata para formar una guardia personal, reclutada entre hombres aventureros Que 11:3; 1 Sam 22:2; 2 Sam 15:1). En Israel (2 Mac 3:101-3; 1 Re 15:18), como en Babilonia, los templos en parte eran bancos. El nombre de El-Berit o Baal-Berit dado al santuario demuestra el estado de sincretismo religioso practicado en Siquem. Con un método muy oriental, Abimelec se dirige a Ofra (8:32) y mata a sus rivales (2 Re 10:1-14; 11:1-20), escapando solamente uno (2 Re 11:2; 1 Sam 22:20; Job 1:13-20). Esta matanza fue pública y oficial. Bet Milo, terraplén (2 Sam 5:9; 1 Re 9:15-24; 11:27).

Apólogo de Jotán (9:7-21).

7 Súpolo Jotán y fue a ponerse en la cresta del monte Gari-zim; y, alzando su voz, les dijo a gritos desde allí: "Oídme, habitantes de Siquem, así os oiga Dios a vosotros." 8 Pusiéronse en camino los árboles para ungir un rey que reinase sobre ellos, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. 9Contestóles el olivo: ¿Voy yo a renunciar a mi aceite, que es mi gloria ante Dios y ante los hombres, para ir a hamacarme sobre los árboles? 10Dijeron, pues, los árboles a la higuera: Ven tú y reina sobre nosotros. 11Y les respondió la higuera: ¿Voy a renunciar yo a mis dulces v ricos frutos para ir a mecerme sobre los árboles? 12Dijeron, pues, los árboles a la vid: Ven tú y reina sobre nosotros. 13Y les contestó la vid: ¿Voy yo a renunciar a mi mosto, alegría de Dios y de los hombres, para ir a mecerme sobre los árboles? 14Y dijeron todos los árboles a la zarza espinosa: Ven tú y reina sobre nosotros. 15Y dijo la zarza espinosa a los árboles: Si en verdad queréis ungirme por rey vuestro, venid y poneos a mi sombra, y si no, que salga fuego de la zarza espinosa y devore a los cedros del Líbano. 16 Ahora bien: si al elegir rey a Abimelec habéis obrado bien y justamente; si os habéis portado con Jerobaal y su casa como ella merecía 17 pues mi padre combatió por vosotros, y, exponiendo su vida, os libró del poder de Madián, 18levantándoos hoy contra la casa de mi padre y matando a sus hijos, setenta sobre una misma piedra, y haciendo rey de las gentes de Siquem a Abimelec, hijo de una esclava suya, porque es hermano vuestro; 19 si habéis obrado leal y justamente hoy con Jerobaal y su casa, que haga Abimelec vuestra felicidad y que hagáis vosotros la suya. 20Pero, si no, que salga de Abimelec un fuego que devore a los habitantes de Siquem y de Bet Milo, y salga de Siquem y de Bet Milo un fuego que devore a Abimelec. 21Retiróse Jotán y emprendió la huida, yéndose a Ber, donde habitó, por miedo de Abimelec, su hermano.

Es uno de los primeros ejemplos de poesía gnómica y una de las piezas más antiguas de la poesía hebraica. Jotán se sirvió de una fábula ya conocida para aplicarla a sus fines, que era demostrar la ilegitimidad de Abimelec y la ridiculez de los siquemitas en elegirle. El sentido, pues, del apólogo debe buscarse en el conjunto, no en las particularidades. No habló desde la cumbre, sino desde un lugar más cercano, desde donde pudiera ser visto y oído. Las plantas se reunieron para ungir un rey. La ceremonia de la unción real (1 Sam 10:1; 16:13) es un rito muy antiguo. El aceite se usaba en el culto, en la consagración de sacerdotes (Lev 8:12), profetas y reyes; como cosmético y para usos culinarios. El vino, que se usaba en las libaciones, era agradable a Dios y alegraba el corazón de los hombres (1 Sam 1:24; Os 9:4; Ecl 50:16; Sal 104:15). Al renunciar las plantas fructíferas al reino, acudieron a la zarza espinosa, la cual aceptó. Termina irónicamente diciendo que grandes males seguirán a esta elección. Habiendo terminado de hablar, escapó huyendo hacia Ber (El-Bire), al norte de Betsán y al este del monte Tabor (Abel, Géographie II 262; Ubach) o Ber=Be-wot, al norte de Jerusalén (Desnoyers).

Revuelta de los siquemitas contra Abimelec (9:22-33).

22 Tres años dominó Abimelec sobre Israel. 23 Mandó Dios un mal espíritu entre Abimelec y los habitantes de Siquem, e hicieron traición los habitantes de Siquem a Abimelec, 24 para que el asesinato de los setenta hijos de Jeroboal y la sangre de ellos cayese sobre Abimelec, su hermano, que los había matado, y sobre los habitantes de Siquem, que le habían prestado ayuda para matar a sus hermanos. 25 Pusieron los habitantes de Siquem en lo alto de los montes asechanzas, que despojaban a cuantos pasaban cerca de ellos por los caminos, y llego esto a conocimiento de Abimelec. 26 Vino a Siquem Gaal, hijo de Obed, con sus hermanos. Los de Siquem pusieron en él su confianza, 27 y salieron al campo, vendimiaron sus viñas, pisa, ron e hicieron gran fiesta; y entrando en la casa de su dios, comieron y bebieron, maldiciendo a Abimelec. "¿Quién es Abimelec y quién es Siquem — 28dijo Gaal, hijo de Obed — para que le sirvamos? ¿No sirvieron el hijo de Jerobaal y Zebul, su gobernador, a los hombres de Jamor, padre de Siquem? ¿Por qué, entonces, vamos a servirles a ellos nosotros? 29¿Quién me diera este pueblo en mis manos! Yo expulsaría a Abimelec. Le diría: Refuerza tu ejército y sal." 30Llegaron a oídos de Zebul, gobernador de la ciudad, las palabras de Gaal, hijo de Obed, y, montando en cólera, 31 mandó secretamente mensajeros a Abimelec a Aruma para decirle: "Mira que ha venido Gaal, hijo de Obed, a Siquem con sus hermanos, y está sublevando a la ciudad contra ti. 32Sal, pues, de noche tú y la gente que tienes contigo y ponte en el campo de emboscada. 33 Por la mañana, al salir del sol, levántate y cae sobre la ciudad; y cuando Gaal y los que le siguen salgan contra ti, haz contra ellos lo que puedas."

Tres años dominó Abimelec sobre el territorio comprendido entre Ber y Siquem. Permitió Dios que entre Siquem y Abimelec hubiera cierto roce y malestar (texto hebreo: "un espíritu malo:" 1 Sam 16:14; 1 Re 22:21-23), provocado por intereses materiales y por no pertenecer estrictamente a su pueblo. Un hombre que había sido asaltado en el camino, se ganó el ánimo de los siquemitas y se constituyó en jefe de la revuelta, que debía explotar al acabar los trabajos de la vendimia. Una vez juntado el vino, celebraron todos una gran fiesta, que terminó con un banquete sagrado en el templo de Baal-Berit, en el cual no escaseó el vino (Is 28:1-3). Aprovechó aquella coyuntura Gaal para incitar a la revuelta abierta. ¿Por qué, dice, nosotros, cananeos, hombres libres, debemos servir a un israelita, hijo de una esclava? ¿No sería más lógico que Abimelec y su lugarteniente Zebul sirvieran a los hombres de Jamor, padre de Siquem? Zebul, cuyo comportamiento es oscuro, mandó un mensaje a Abimelec a Aruma (actual El-Orma, a nueve kilómetros al sudeste de Siquem), notificándole la sublevación que existía contra él. Dhorme lee be-tormah, con engaño, traduciendo: "Mandó con engaño mensajeros a Abimelec."

Viciaría de Abimelec (9:34-41).

34Levantóse Abimelec y toda la gente que con él tenía, de noche, y se pusieron en emboscada cerca de Siquem, divididos en cuatro cuerpos. 35 Salió Gaal, hijo de Obed, a la puerta de la ciudad, y se alzó Abimelec y el cuerpo que con él estaba de la emboscada. 36Vio Gaal a la gente, y dijo a Zebul: cómo baja gente de las cumbres de los montes." Y le dijo Zebul: "Son las sombras de los montes, que se te hacen hombres." 37Volvió a mirar Gaal, y dijo: "Es gente que baja del interior de la tierra y otro cuerpo que viene por el camino de la encina de los adivinos." 38Díjole entonces Zebul: "¿Dónde está ahora tu boca, con que dijiste: Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es ésa la gente para ti despreciable? Sal, pues, a darle la batalla." 39Salió Gaal, y a la vista de los habitantes de Siquem combatió contra Abimelec, que le puso en fuga. 40 Gaal huyó de él, y cayeron muchos hasta la puerta de la ciudad. 41Abimelec volvió a Aruma mientras que Zebul impidió a Gaal y los suyos permanecer en la ciudad.

Abimelec ocupó las alturas que rodean a Siquem, sobre la cual se lanzó al amanecer. A Gaal le pareció que salían del interior de la tierra (literalmente: "ombligo de la tierra"; Ez 38:12). Otros venían "por el camino de la encina de los adivinos," árbol que debe identificarse con el de Moré (Gen 12:6), cuya palabra significa "el que da una instrucción divina" (2 Sam 5:24; 1 Re 19:11).

Destrucción de Siquem (9:42-49).

42Al día siguiente salió el pueblo al campo, y lo supo Abimelec, 43que, cogiendo su gente, la había dividido en tres cuerpos, los había puesto en el campo en emboscada, y, cuando vio que el pueblo salía de la ciudad, se levantó, arremetió contra ellos, 44y, avanzando Abimelec con el cuerpo que le seguía, se puso a la puerta de la ciudad, mientras que los otros dos cuerpos se extendían por el campo y destrozaban a cuantos en él había. 45Abimelec combatió a la ciudad durante todo aquel día y se apoderó de ella, dando muerte a cuantos allí había; la destruyó y la sembró de sal. 46Así que lo oyeron los que estaban en la fortaleza de Siquem, se fueron a la torre del templo de El-Berit. 47Supo Abimelec que se habían reunido todos los habitantes de la fortaleza de Siquem, 48y subió al monte Selmón con toda la gente que llevaba; y, tomando en su mano un hacha, cortó una rama de un árbol y se la puso al hombro, mandando a su gente que hiciera prestamente lo que le veía hacer a él. 49Cortó, pues, también toda la gente cada uno su rama; y siguiendo a Abimelec, las pusieron contra la fortaleza, y prendiéndoles fuego, la incendiaron, muriendo allí todos los habitantes de la fortaleza de Siquem, unos mil entre hombres y mujeres.

Abimelec se ensaña contra Siquem, destruyéndola y sembrándola de sal. Es la única vez que se habla en la Biblia de semejante gesto. Las tierras saladas son estériles (Deut 28:22; Jer 17:6; Sof 2:9; Sal 107:24). Los nobles de la ciudad se refugiaron en la sala baja del templo de Baal-Berit. Abimelec no quiso violar el lugar sagrado, pero hacinó gran cantidad de leña cortada en la montaña de Selmón, "montaña sombría," a causa del espeso bosque, en la Puerta del santuario, en cuyo interior perecieron carbonizados unos mil entre hombres y mujeres. Monte de Selmón es, según Dus-saud, Ubach, un contrafuerte del monte Hebal, cerca de Siquem-Balata.

Sitio de Tebes y muerte de Abimelec (9:50-57).

50Fue luego Abimelec a Tebes, que sitió y tomó. 51Pero había en Tebes, en medio de la ciudad, una fuerte torre, en la que se refugiaron todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres, y, cerrando tras sí, se subieron a lo alto de la torre. 52Abimelec llegó a la torre, la atacó y se aproximó para pegar fuego a la puerta, 53 y entonces una mujer le lanzó contra la cabeza un pedazo de rueda de molino y le rompió el cráneo. 54Llamó él en seguida a su escudero, y le dijo: "Saca tu espada y mátame, para que no pueda decirse que me mató una mujer." El joven le traspasó, y murió Abimelec. 55Viendo los hijos de Israel que había muerto Abimelec, fuéronse cada uno a su casa. 56Así hizo caer Dios sobre la cabeza de Abimelec el mal que había hecho a su padre, asesinando a sus setenta hermanos; 57y sobre las gentes de Siquem, todo el mal que habían hecho, cumpliéndose en ellos la maldición de Jotán, hijo de Jerobaal.

Abimelec marchó contra Tebes (Tubas, a quince kilómetros al nordeste de Siquem) y la tomó. En el centro de la ciudad había una torre fortificada, en donde se refugió la gente de la ciudad. Al aproximarse a ella Abimelec para prender fuego a su puerta, una mujer dejó caer sobre su cabeza la piedra superior de un molino a mano (Deut 24:6; 2 Sam 11:20-24), rompiéndole el cráneo. Para evitar la ignominia de ser matado por una mujer (5:24-27), llamó a su escudero para que le atravesara con su lanza y le matara. A su muerte, sus adeptos se dispersaron, fracasando con ello el primer ensayo monárquico en Israel. El hagiógrafo saca la lección práctica que sé desprende de esta historia, en la cual triunfan la providencia y justicia divinas. Abimelec representaba el partido de Israel, y Gaal el de los siquemitas y cananeos. Pero Dios no podía bendecir la empresa de Abimelec, que empezó con la matanza de setenta hermanos suyos. La justicia divina clamaba venganza contra Abimelec.

Los jueces Tola y Jair (10:1-5).

1Después de Abimelec surgió para librar a Israel Tola, hijo de Fuá, hijo de Dodó, hombre de Isacar. Habitó en Samir, en los montes de Efraím. 2Juzgó a Israel durante veintitrés años y murió, siendo sepultado en Samir. 3Después de él surgió Jair, de Galaad, que juzgó a Israel por veintidós años. 4Tuvo treinta hijos, que montaban treinta asnos y eran dueños de treinta ciudades, llamadas todavía Javot Jair, en la tierra de Galaad. 5 Murió Jair y fue sepultado en Camón.

Por la escasez de datos que sobre ellos da el hagiógrafo, estos dos jueces vienen clasificados entre los que llamamos "jueces menores "Tola ("el gusano que da el color rojo") era hijo de Fuá ("el color rojo"), hijo de Dodó (los LXX y Vulgata: "hijo de su tío," es decir del manasita Abimelec), hombre de Isacar (frase que se omite en LXX Vulgata). Tola era de la tribu de Isacar, con residencia en Efraím, lo cual crea cierta sospecha por su condición de jete, que habitaba en Samir, ciudad que se hallaba dentro de los límites de Efraím, diferente, por consiguiente, de la homónima de Judá (Jos 15:48) y próxima a la llanura de Esdrelón. Dodó, nombre que aparece en las cartas de Tell-el-Amarna y Estela de Mesa, es también aquí nombre propio (2 Sam 23:9).

Jair, nombre de un clan de Manases en Galaad (Núm 32:41; Deut 3:14; 1 Re 4:13 1 Crón 2:21-23). Sus treinta hijos montaban treinta 'asnos, cada uno el suyo, distintivo de riqueza y dignidad (5:10; 12:14; Zac 9:9), y poseían además treinta ciudades, llamadas todavía Javot Jair, en Galaad. Entre nuestro texto y los otros lugares bíblicos anteriormente citados, en que se habla también de estas ciudades, hay sensibles diferencias en cuanto a su número y lugar de emplazamiento. Fue sepultado Jair en Camón, a unos doce kilómetros al oeste de Irbid.

 

Judicatura de Jefté (10:6; 12:7).

Se antepone a la historia de Jefté una larga introducción (10:6-16), que repite los temas generales ya expuestos en 2:7-21 y formulados por un profeta. Esta introducción es considerada por algunos expositores como introducción general a la segunda parte del libro de los Jueces, incluyendo Samuel (1 Sam 1-12). Los dos grandes enemigos de Israel son Amón y los filisteos, contra los cuales lucharon Jefté y Sansón, y que fueron derrotados finalmente por Samuel y Saúl. Los críticos encuentran en esta historia falta de unidad y, por lo mismo, son de parecer que hay versiones diferentes en el origen de este relato, que un redactor más reciente ha amplificado y unificado.

Causas de la opresión de Israel (10:6-16)

6Volvieron los hijos de Israel a hacer mal a los ojos de Yahvé, y sirvieron a los baales y astartés, a los dioses de Sidón, a los de Moab, a los de los hijos de Amón, a los de los filisteos, y se apartaron de Yahvé, no sirviéndole más. 7 Encendióse la ira de Yahvé contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los hijos de Amón, 8 que durante dieciocho años oprimieron y afligieron con gran violencia a los hijos de Israel, a todos los hijos de Israel que habitaban al otro lado del Jordán, en la tierra de los amorreos, en Galaad. 9Los hijos de Amón pasaron el Jordán para combatir a Judá, a Benjamín y a la casa de Efraím, viéndose Israel muy apretado. 10Clamaron a Yahvé los hijos de Israel, diciendo: "Hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios y hemos servido a los baales." 11 Yahvé dijo a los hijos de Israel: "¿No os he hecho yo subir de Egipto? ¿Y los amorreos, y los hijos de Amón, y los filisteos, 12y los de Sidón y Amalee os oprimieron, y clamasteis a mí y os salvé yo de sus manos? 13 Pero vosotros me habéis dejado a mí para servir a dioses extraños. Por eso no os liberaré ya más. 14Id e invocad a los dioses que os habéis dado; que os libren ellos al tiempo de vuestra angustia." 15Los hijos de Israel dijeron a Yahvé: "Hemos pecado; castíganos como quieras, pero líbranos ahora." 16 Quitaron de en medio de ellos los dioses extraños y sirvieron a Yahvé, que no pudo soportar la aflicción de Israel.

Dios permitió que las naciones vecinas oprimieran y afligieran a Israel a causa de haberse entregado a la idolatría. Adoraron a los baales y astartés de los cananeos, de Sidón, de Moab, de Aram (que tal vez puede considerarse como una glosa introducida en el texto por influencia de 3:8-10), de Amón y de los filisteos. Por este texto no puede afirmarse que la invasión amonita y la filistea fueran contemporáneas. Los israelitas clamaron al Señor, quien les responde irónicamente diciendo que busquen ayuda en los dioses que adoraron (Deut 32:37; Jer 2:28). Bajo esta ironía se oculta, sin embargo, la bondad y misericordia divinas, que simula no querer atender sus ruegos para obligarles a un arrepentimiento más eficaz. Cuando los israelitas quitaron de en medio los dioses extranjeros, Yahvé se mostró impaciente por poner fin a sus sufrimientos. Para indicar la gran misericordia de Dios para con el pecador arrepentido, usa el texto la expresión de que el alma de Yahvé no pudo soportar la aflicción de Israel. Literalmente: "el alma del cual el soplo fue corto," como se dice de la impaciencia (16:16; Núm 21:4).

En busca de un jefe (10:17-18).

17Reuniéronse los hijos de Amón y acamparon en Galaad; y se reunieron también los hijos de Israel, acampando en Masfa. 18 El pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros: "¿Quién será el que comenzará a combatir a los hijos de Amón? Que sea él quien mande a todos los habitantes de Galaad."

Los amonitas se congregaron en Galaad con ánimo de atacar a los israelitas y arrojarlos de la meseta transjordánica. Los israelitas, por su parte, se congregaron en Masfa para oponerles resistencia. No se han identificado todavía estas dos localidades, que quizá no formen más que una: la ciudad fortificada que ocupaban los israelitas y los alrededores de la misma en donde acamparon los amonitas. Se cree que esta localidad corresponde a Yirbet Djelead, un poco al sur del Yaboc, entre éste y Nebí Osa. Los israelitas, ante aquel numeroso ejército, comprendieron la necesidad que tenían de un jefe único y supremo que dirigiera las operaciones. Barajando nombres, convinieron en que, dadas aquellas circunstancias, debían ofrecer el mando a Jefté, a pesar de su origen oscuro y vida equívoca.

¿Quién era Jefté? (11:1-5).

1Era Jefté, el galadita, un fuerte guerrero, hijo de una meretriz, y tuvo por padre a Galaad. 2 La mujer de Galaad dio a éste otros hijos, que, cuando fueron grandes, arrojaron de casa a Jefté, diciendo: "No vas tú a heredar en la casa de nuestro padre, pues eres hijo de otra mujer." 3 Jefté huyó de sus hermanos y habitó en tierra de Tob. Uniéronse con él gentes perdidas, que salían con él. 4 Al cabo de días hicieron guerra los hijos de Amón contra Israel, 5y fueron entonces los ancianos de Galaad a la tierra de Tob en busca de Jefté.

Los expositores encuentran oscuros los datos que da el texto sobre el origen de Jefté. De una parte, Jefté el galadita, es decir, del país de Galaad, es hijo de una meretriz y, por consiguiente, de padre desconocido; por otra, cierto Galaad engendró a Jefté de una primera mujer o concubina reconocida. Esta oscuridad del texto proviene de una yuxtaposición imperfecta de los documentos antiguos, y cuyas divergencias el autor sagrado no ha querido aclarar. Galaad tuvo otros hijos de su mujer legítima, los cuales, siendo mayores, arrojaron de casa a Jefté "por ser hijo de otra mujer" (Gen 21:10; 29:19). Jefté se marchó y fuese a vivir en tierra de Tob, la actual Et-Taiyibé, a quince kilómetros de Dera, en el Galaad septentrional. Allí reunió una tropa con gente aventurera (9:9; 1 Sam 22:1-2; 2 Sam 25:13) y se entregó a hacer algaras contra las tribus del desierto, con lo que se hizo famoso.

Pacto de Jefté con los galaditas (11:6-11).

6Y le dijeron: "Ven; serás nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón." 7 Respondió Jefté a los ancianos de Galaad, diciéndoles: "¿No sois vosotros los que me aborrecéis y me arrojasteis de la casa de mi padre? ¿A qué venís a mí ahora, cuando os veis en aprieto ?" 8Los ancianos de Galaad respondieron: "Por eso venimos a ti ahora, para que vengas a combatir con nosotros a los hijos de Amón y seas nuestro jefe y de todos los habitantes de Galaad." 9Contestóles Jefté: "Si me lleváis con vosotros a combatir contra los hijos de Amón, en el caso de que Yahvé me los entregue, seré vuestro jefe." 10Dijéronle los ancianos a Galaad: "Sea Yahvé testigo entre nosotros si no hiciéremos lo que dices," 11Partió Jefté con los ancianos de Galaad y le hicieron su jefe y caudillo, y repitió Jefté sus palabras en presencia de Yahvé, en Masfa.

Los enviados rogaron a Jefté que aceptara la jefatura del ejército israelita. Sabiendo que tenían necesidad de él, se hizo rogar, y trató de sacar todas las ventajas que le ofrecía esta coyuntura. No queriendo ellos remover historias pasadas, le prometen nombrarle jefe no sólo del ejército, sino otorgarle la jefatura Poder supremo sobre todo Galaad. A ello se obligan con juramento. Pero Jefté quiere que aquel juramento se haga en presencia de Yahvé en el santuario de Masfa.

Negociaciones con los amonitas (11:12-28).

12Mandó Jefté mensajeros al rey de los hijos de Arnón que le dijeran: "¿Qué hay entre ti y mí para que hayas venido contra mí a combatir la tierra?" 13 El rey de los hijos de Arnón respondió a los mensajeros de Jefté: "Cuando subió Israel de Egipto, se apoderó de mi tierra desde el Arnón hasta el Jaboc y hasta el Jordán. Devuélvemela, pues, ahora pacíficamente." 14Jefté mandó nuevos mensajeros al rey de los hijos de Amón 15que le dijeran: "He aquí lo que dice Jefté: Israel no se apoderó de la tierra de Moab ni de la tierra de los hijos de Amón. 16Cuando Israel subió de Egipto, marchó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades. 17Entonces envió Israel mensajeros al rey de Edom para que le dijeran: Te ruego me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom no se lo consintió; también se los envió al rey de Moab, que rehusó; e Israel se quedó en Cades. 18Después, marchando por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y llegó al oriente de la tierra de Moab y acampó del lado de allá del Arnón, sin entrar en tierra de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab. 19 Israel envió mensajeros a Seón, rey de los amorreos, rey de Hesebón, para decirle: Te ruego que nos dejes pasar por tu tierra hasta nuestro lugar. 20Pero Seón no se fió de Israel, dejándole pasar por su tierra, y reuniendo a toda su gente, acampó en Jahsa y luchó contra Israel. 21Yahvé, Dios de Israel, puso a Seón con todo su pueblo en las manos de Israel, que los derrotó y se apoderó de la tierra de los amorreos, que habitaban en aquella región. 22Se apoderó de toda la tierra de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc y desde el desierto hasta el Jordán. 23 Ahora, pues, que Yahvé, Dios de Israel, desposeyó a los amorreos ante su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de su tierra ? 24Eso que Gamos, tu dios, te ha dado en posesión, ¿no lo posees tú? ¿Y no vamos a poseer nosotros lo que Yahvé, nuestro Dios, nos ha dado en posesión? 25¿Querrás tú ser mejor que Balac, hijo de Sefor, rey de Moab? ¿Acaso ha disputado éste a Israel su tierra? ¿Le ha hecho acaso la guerra? 26 Hace trescientos años que habita Israel en Hesebón y en Jazer y en las ciudades que de ellas dependen, lo mismo que en todas las que están a orillas del Jordán. ¿Por qué no las habéis tomado durante todo ese tiempo? 27 Yo no te he hecho mal alguno; pero tú obras mal conmigo haciéndome la guerra. Que Yahvé, el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón." 28 El rey de los hijos de Amón desoyó lo que Jefté le mandó a decir.

Amón justifica su agresión diciendo que, al subir los israelitas de Egipto, se apoderaron de su país. Jefté rebate estas razones apoyándose en los datos que se refieren en Núm 20:14; 21:21-30; Deut 2:27-37· Cuando Israel subió de Egipto, no atacó a Edom ni a Moab (Núm 20:14-21; 21:11). Pidió a Seón, rey de los amorreos, rey de Hesebón, que le autorizara el tránsito por su territorio, pero el rey respondió con las armas. Entonces Israel repelió la agresión, y con el auxilio de Yahvé se apoderó de todo su territorio, es decir, del Arnón al Jaboc, desde el río Jordán al desierto (Núm 21:30; Deut 2 27-37). Luego el territorio fue arrebatado a los amorreos, no a los amonitas. El derecho, concluye Jefté, está en favor de los israeelitas; con todo, si Amón quiere la guerra, debe aceptarla con todas sus consecuencias. Yahvé será el arbitro, el cual no solamente combatirá por su pueblo, sino que con la victoria decidirá quién de los dos tiene razón.

En el curso de su argumentación dice Jefté que Gamos es el dios de los amonitas, cuando en realidad era Milcom (1 Re 11:5-7; Re 23:13; Jer 49:1-3-4-6; Camós, dios de los moabitas, Núm 21:29,·Jer 48:46, Estela de Mesa). La presencia de Camós en el texto se explica por el error de algún copista. Jefté se acomoda al lenguaje común del antiguo Oriente, pero sabía que Yahvé extendía su poder aun a las naciones extranjeras (Ex 7:17; Rut 1:13-18). Es probable que Jefté quisiera solucionar pacíficamente este conflicto con los amonitas; pero cabe la sospecha de que iniciara estas conversaciones con el fin de ganar tiempo para reunir un número regular de combatientes (v.29).

Voto de Jefté y victoria sobre los amonitas (11:29-40).

29El espíritu de Yahvé fue sobre Jefté, y, pasando por Ga-laad y Manases, llegó hasta Masfa de Galaad, y de Masfa de Galaad pasó a retaguardia de los hijos de Amón. 30 Jefté hizo voto a Yahvé, diciendo: "Si pones en mis manos a los hijos de Amón, 31 el que a mi vuelta, cuando venga yo en paz de vencerlos, salga de la puerta de mi casa a mi encuentro, será de Yahvé y se lo ofreceré en holocausto." 32Avanzó Jefté contra los hijos de Amón y se los dio Yahvé en sus manos, 33batiéndolos desde Aroer hasta según se va a Menit, veinte ciudades, y hasta Abel Queramim. Fue una gran derrota, y los hijos de Amón quedaron humillados ante los hijos de Israel. 34Al volver Jefté a Masfa, salió a recibirle su hija con tímpanos y danzas. Era su hija única; no tenía más hijos ni hijas. 35 Al verla rasgó él sus vestiduras y dijo: "¡Ah, hija mía, me has abatido del todo, y tú misma te has abatido al mismo tiempo! He abierto mi boca a Yahvé sobre ti y no puedo volverme atrás." 36 Ella le dijo: "Padre mío, si has abierto tu boca a Yahvé, haz conmigo lo que de tu boca salió, pues te ha vengado Yahvé de tus enemigos, los hijos de Amón." 37Y añadió: "Hazme esta gracia: déjame que por dos meses vaya con mis compañeras por les montes, llorando mi virginidad." 38"Ve," le contestó él, y ella se fue por los montes con sus compañeras y lloró por dos meses su virginidad. 39Pasados los dos meses, volvió a su casa y él cumplió en ella el voto que había hecho. No había conocido varón. 40De ahí viene la costumbre en Israel de que cada año se reúnan las hijas de Israel para llorar a la hija de Jefté, galadita, por cuatro días.

Aunque el pueblo y los ancianos eligieran a Jefté por jefe (10:18; 11:11), para ejercer su misión de juez tenía necesidad de la Infusión del espíritu de Yahvé" (3:10; 6:34), que acrecentara su fuerza y energía. Mientras duraban las conversaciones, recorrió Jefté el país reclutando tropas entre las tribus vecinas de Manases y Efraím (12:1-2) con el fin de reforzar el ejército estacionado en Masfa (10:17).

Antes de la batalla hizo Jefté su famoso voto (neder) a Yahvé, diciendo: "Si pones a los hijos de Amón en mis manos, el que a mi vuelta saliere de las puertas de mi casa a mi encuentro al regresar en paz (besalom) de los hijos de Amón, será de Yahvé, y se lo ofreceré en holocausto" (ha alitihu olah). Al regresar Jefté a Masfa, le salió al encuentro su hija única al frente de un grupo de mozas con tímpanos y danzas (Ex 15:20). Al verla, Jefté rasgó sus vestiduras en señal de dolor y contrariedad (Jos 7:6) al pensar que, en fuerza de su voto, tenía que inmolar a su única hija (Gen 22:2ss). Esta consternación de Jefté se explica por el hecho de que al hacer su voto no pensaba en inmolar a su hija. Quiso sacrificar una víctima humana pensando que con ello agradaba a Dios; pero dejó a Yahvé, arbitro de los acontecimientos, que la eligiera. ¿Pensaba acaso en algunos de los que en otro tiempo le habían arrojado de la casa de su padre? (11:2). Aunque el texto no lo especifique claramente, el pensamiento de Jefté era sacrificar sólo la primera persona que saliera de su casa. La hija intuyó lo trágico de la escena, pero comprendió que, una vez su padre se había comprometido con un voto a Yahvé, no podía volver atrás. Pidió, sin embargo, a su padre que difiriera el cumplimiento del voto, dejándole un plazo de dos meses, durante los cuales erraría por los montes y lloraría con sus amigas la fatalidad de tener que morir sin haber dejado descendencia. Conforme al voto, la hija de Jefté fue inmolada en holocausto. La impresión que causó este sacrificio prueba que el pueblo de Israel no estaba acostumbrado a semejantes sacrificios. En toda la antigüedad se consideraba como una desgracia y deshonor el que una mujer no dejara descendencia (Gen 16:1-5; 30:23; 1 Sam 1:10; Is 47:8; 49:21; Lc 1:25). Con el Evangelio aparece la virginidad voluntaria (Lc 1:34; Mt 19:12).

Nota Sobre el voto de Jefté.

Mucho se ha escrito sobre la naturaleza del voto de Jefté. Los términos empleados en el texto hebraico no dejan lugar a dudas de que se trata de un sacrificio cruento. Así lo entendieron la mayoría de los Santos Padres (Hummelauer). "lephte filiam, quae patri occurrit, occidit," dice San Agustín1. La tradición judía y cristiana hasta el siglo XI ha admitido la inmolación, y aunque el texto sagrado, por los términos generales que emplea, parece querer echar un velo sobre esta escena sangrienta, es difícil, sin embargo, explicarla en el sentido de una simple consagración a Dios 2. Hay quienes interpretan las palabras de Jefté en sentido condicional y disyuntivo. Pero esta interpretación es imposible, porque, aunque en hebreo la frase puede tener el sentido de "Lo que saliere i vuelta," sin embargo, los LXX lo entienden en sentido masculino: o ekporeuómenos (el que saliere, Vulg.: quicumque primas rit egressus). Únicamente las personas salen al encuentro de algien y aunque entre los animales lo haga también el perro, la Τ ν le excluνa terminantemente de los sacrificios. Es, además, imposible esta interpretación, por las siguientes razones: 1) El sentido disyuntivo del waw (y, et) al final del versículo 31 es gramaticalmente imposible. 2) La expresión "ofrecer en holocausto" no puede tomarse en sentido metafórico. 3) En esta hipótesis es inexplicable el gran sentimiento que demuestra Jefté. 4) No se explica el plazo de dos meses para llorar su desgracia. 5) Si la hija de Jefté debía continuar viviendo, consagrada a Dios como virgen, no se comprenden las lamentaciones anuales de sus amigas 3. Luego Jefté pensaba en ofrecer en holocausto a Yahvé una persona humana.

No se puede negar el aspecto cruento del voto de Jefté recurriendo al testimonio de algunos autores sagrados que alaban a Jefté (Eccli 46:13-15; Hebr 11:32-33), lo cual no hubieran hecho si realmente su voto hubiera sido de sacrificar una persona humana. Pero en estos textos, o bien se habla de Jefté sin pronunciarse por la moralidad de sus actos o se le alaba únicamente por su fe. Que la ley mosaica prohibiera terminantemente los sacrificios humanos (Deut 12:31), es innegable; pero también es cierto que, a pesar de esta prohibición, los israelitas, por influencia de los pueblos circunvecinos, los practicaron (Deut 18:9-10; 1 Re 16:34; 2 Re 23:10), clamando contra ellos los profetas (Jer 32:35)4. Es cierto que los sacrificios humanos se oponen a los sentimientos naturales y que la ley mosaica los prohibía, pero debemos tener en cuenta que Jefté era un hombre de costumbres rudas, ignorante, aventurero y jefe de una banda de salteadores y malandrines. Por esto mismo es excusable en él la ignorancia de la ley mosaica (Deut 12:31), que prohibía tales sacrificios. Al hacer su voto, Jefté procedió con buena fe. Creyó que la inmolación de una víctima humana sería agradable a Dios. A pesar de su vida azarosa, Jefté se muestra hombre religioso, que reconoce la supremacía de Yahvé sobre todos los otros dioses. Una vez hecho el voto, estaba completamente convencido de que tenía que cumplirlo. La idea de que una promesa hecha a Dios obligaba sin distinción de circunstancias era muy extendida en la antigüedad. El voto, como la bendición y la maldición, una vez pronunciado, existe independientemente de la persona que lo emitió (Núm 32:24; Sal 66:13-14; Jer 44:17). De donde 1 recomendación de prudencia en hacer el voto (Pro ν 20:25; Vincent). Todas estas circunstancias disculpan o atenúan considerablemente la gravedad de la falta de Jefté (Condamin). El hagiógrafo sólo refiere el hecho, que no aprueba ni condena. Aún más: es su fe en Yahvé que padre e hija dan un admirable ejemplo de profundo sentimiento religioso y de entrega completa al cumplimiento del deber, sacrificando ella su vida y él el único fruto de sus entrañas.

Es erróneo decir que Yahvé inspirara a Jefté a hacer semejante voto, porque la frase "el espíritu de Yahvé fue con él" se refiere exclusivamente al carisma que recibió para cumplir su misión de liberar a su pueblo de la opresión amonita. El mismo espíritu recibieron otros personajes bíblicos (Sansón, Saúl), de los cuales se reprueban algunos de sus actos. Jefté hizo el voto bajo su responsabilidad personal. Dios le castigó por haber procedido precipitadamente y sin reflexión al emitirlo. "Fue insensato Jefté al formular este voto por haberlo hecho sin la debida reflexión, e impío al ponerlo en práctica."5

Algunos racionalistas consideran el relato de la muerte de la hija de Jefté como una leyenda de origen mítico, encaminada a explicar las fiestas de la Naturaleza que se celebraban en Galaad. Las lamentaciones periódicas sobre la joven víctima son análogas a las que se encuentran en otros pueblos y que tienen por objeto llorar la muerte o la desaparición de una divinidad, ordinariamente divinidad de la vegetación. Así, por ejemplo, se habla del llanto por Adonis-Tammuz, Coré, Linos, Hyacinthe, Hylas, que muchas veces iba acompañado con sacrificios humanos6. De hecho se conoce el voto de Idomene, que durante una tempestad prometió a Poseidón inmolar la primera persona que fuera a su encuentro en la playa (Servius, 3:121; 11:264). Agamenón sacrificó a su propia hija Ifigenia, nombre primitivo de la diosa Artemis-Tauropolos, a la cual se honró con sacrificios humanos (Sófocles, Elect. 559). Luego, afirma Lods, la perícopa bíblica es la transformación en leyenda heroica, israelita y yahvista, del mito de una antigua divinidad indígena de Galaad. Y es tanto más probable, añade, esta dependencia en cuanto que el período de duelo ritual para los muertos era en Israel de tres y siete días, nunca de cuatro. En tiempos de Ezequiel, las mujeres sentadas junto a la puerta norte del templo de Jerusalén lloraban al dios Tammuz (Ez 8:14).

Pero las fiestas de la Naturaleza, que acaso se celebraban en Galaad, habrían servido, a lo más, como modelo para la nueva fiesta instituida para recuerdo de la hija de Jefté. La dependencia, si existe, se reduce a una simple copia ritual. Existe en la Biblia otro ejemplo de lamentaciones conmemorativas, como la que se instituyó como recuerdo de la muerte de Josías (2 Crón 35:25). Otra diferencia que existe entre las lamentaciones paganas y el relato bíblico se halla en que aquí no se llora la muerte de una diosa, sino la suerte de una virgen condenada a morir sin dejar descendencia. Muy probablemente no existe ninguna dependencia entre los ritos paganos y las circunstancias que rodearon la muerte de la hija de Jefté. Tanto la personalidad de este jefe israelita como la inmolación de su hija son hechos históricos atestiguados unánimemente por la tradición judío-cristiana. El mismo Lods afirma que "no es imposible que en el episodio del voto haya elementos históricos y que el recuerdo de este sacrificio trágico fuese combinado con alguna antigua ceremonia religiosa local." (Loos, 404).

En fin, Jefté sacrificó a su hija en holocausto a Yahvé bajo su omnímoda responsabilidad. Sobre esto toda atenuación es imposible; toda controversia, ociosa (Lagrange). El texto está claro; la tradición, unánime. Al elucidar la naturaleza de este voto, se trata de saber lo que ha dicho el hagiógrafo, y no lo que Jefté podía o no podía hacer lícitamente según la ley natural y la mosaica7.

Guerra civil entre efraimitas y galaditas (12:1-7).

lLos hijos de Efraím se reunieron, y, pasando a Safón, dijeron a Jefté: "¿Por qué fuiste a combatir a los hijos de Amón sin habernos llamado a combatir contigo? Vamos a pegar fuego a tu casa." 2Jefté les respondió: "Estaba yo y estaba mi pueblo en gran contienda con los hijos de Amón. Entonces os llamé yo, pero no me habéis librado vosotros de sus manos. 3Viendo que no había quien me librase, puse mi vida en mis manos, marché contra los hijos de Amón, y Yahvé me los entrego. ¿Por qué, pues, venís hoy a hacerme la guerra?" 4Reunió Jefté a todas las gentes de Galaad y libró batalla contra Efraím. Y los hombres de Galaad derrotaron a los de Efraím, que decían de ellos: "Vosotros, galaditas, sois huidos de Efraím; ni sois de Efraím ni de Manases."5 Los galaditas se apoderaron de los vados del Jordán, enfrente de Efraím; y cuando llegaba alguno de los fugitivos de Efraím, diciendo: "Dejadme pasar," le preguntaban: "¿Eres efraimita?" Respondía: "No." 6Entonces ellos le decían: "A ver, di: shibbolet," y él decía sibbolet, pues no podían pronunciar así. Los hombres de Galaad le cogían y le degollaban junto a los vados del Jordán. Murieron entonces cuarenta y dos mil hombres de Efraím. 7 Juzgó a Israel Jefté, galadita, durante seis años, y murió, siendo sepultado en una de las ciudades de Galaad.

Da a entender el texto que Efraím no respondió al llamamiento de Jefté, acaso por no habérsele confiado un puesto de honor o por no contar con el triunfo de Jefté sobre los amonitas. Los efraimitas se reunieron, sin que se indique el espacio de tiempo entre esta acción y la anterior, y, pasando el Jordán a la altura de Safón (Jos 13:27), increparon a Jefté con su habitual altivez. Jefté, que les llamó cuando él y su pueblo eran oprimidos por los amonitas, les trató con dureza. Encontraron los efraimitas en él a un hombre menos diplomático que Gedeón (8:1-3), y a sus impertinencias respondió con la movilización de un ejército. La primera providencia Que tomó Jefté fue la de mandar hombres que ocuparan los vados del Jordán (3:28; 7:24), con el fin de cortar la retirada de los efraimitas. A cada hombre que intentaba pasar le sujetaban a la prueba de pronunciar la palabra shibbolet (espiga, corriente de un río), que los efraimitas deformaban en sibbolet. El motivo principal de los efraimitas al promover aquella cuestión fue la de impedir que las tribus transjordánicas, que antiguamente pertenecían a la casa de José (Núm 26:29), se independizaran. En cuanto al número de efraimitas muertos, debemos tener en cuenta el uso hiperbólico en las cifras.

Este pasaje demuestra que la lengua hebraica, a pesar de su unidad, revestía ciertas formas dialectales en las diversas regiones de Palestina. La lengua hebraica del sector norte se diferenciaba sensiblemente de la de Judá sobre todo en la pronunciación. Estas diferencias facilitan la individualización de las diversas fuentes literarias de la Biblia.

1 De civ. Dei c.21.

2 Vigouroux, La Bible et les découvertes modernes (1896) III 169,

3 Condamin, Dict. Apol, Jefté. 1270-1271. 4 Véase Desnoyers, Histoire I 244 y 342.

5 Santo Tomás, 2.2 q.88 a.2 ad 2.

6 Lods, Israel. Des Origines au milieu du VIIIe siécle (París 1949) 402.

7 Entre la inmensa literatura sobre el voto de Jefté, señalamos tan sólo los siguientes estu-dios: A. Fernández, Voíum lephte: "Verbum Domini," 1 (1921) 104-108; 299-304; E. Ma-Der, Die der alten Hebraer und der benachbarten Volker: "Biblische Studien," 5-6(1909) 153-162; Basilio Da Montecchio, II sacrificio della figlia di lefte: "Palestra del Clero" l8 (I939) I93-195; A. Van Hoonacker, Le voeu de Jephté: "Muséon," 11 (1892) 448-469; Cf. Buttignoni, íí sacrificio di lefte: "Palestra del Clero," 18 (1939) 49-51.

 

Jueces menores.

Los Jueces Abesán, Elón y Abdón (12:8-15).

8Después de él fue juez en Israel Abesán, de Belén. 9 Tuvo treinta hijos y treinta hijas. Casó a éstas con gente de fuera y trajo de fuera mujeres para sus hijos.10 Juzgó a Israel siete años, murió y fue sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón, de Zabulón, durante diez años; 12murió Elón, de Zabulón, y fue sepultado en Ayalón, en tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón, hijo de Hilel, de Faratón. 14Tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que montaban sobre setenta asnos. Juzgó a Israel durante ocho años, 15murió y fue sepultado en Faratón, en el monte de Efraím, en tierra de Salim.

Las noticias sobre estos tres jueces, que llamamos menores, se deben a un redactor deuteronómico o de la escuela sacerdotal.

Abesán. Jefe de un clan y natural de Belén de Zabulón (Jos 19:15), a doce kilómetros al oeste de Nazaret, era un hombre notable y poderoso, como demuestra el número crecido de sus hijos (10:3-5). En contra de la costumbre antigua, que imponía el matrimonio entre los del mismo clan o tribu, trajo de fuera mujeres para sus hijos, casando asimismo a sus hijas con jóvenes de fuera. Estas uniones entre clanes diferentes contribuían a fusionar las tribus, a romper las barreras que imponía la antigua sociedad nómada y a formar una nación hebraica más homogénea.

Elón. De la tribu de Zabulón (Gen 46:14; Núm 26:26), después de juzgar diez años, fue sepultado en Ayalón (que así se llamaba también el juez, según LXX (B) y Vulg.).

Abdón. Natural de Faratón, hoy Farata, a doce kilómetros al sudoeste de Siquem (2 Sam 23:30; 1 Mac 9:50), tuvo una descendencia conciderable. Fue sepultado en la montaña de Efraím, en tierra de Salim (1 Sam 9:4), cerca de Faratón. Según el texto hebraico: fue enterrado en el territorio de Efraím, en la montaña del Amalecita" lección que, por razones de crítica textual interna, debe retenerse.

 

Historia de Sansón (c.13-16).

A pesar de la extensión que ocupa la historia de las hazañas de Sansón, es probable que el autor sagrado se haya limitado a consignar sólo una parte de las tradiciones populares que circulaban en torno a las proezas del héroe. Los críticos convienen en general en apreciar la unidad de la narración, aun en el caso de distinguir más de una etapa en su redacción, como deja suponer la conclusión del c.15:20. En cuanto a la persona de Sansón, no cabe duda de que se trata de un personaje histórico, de la tribu de Dan. El autor sagrado le presenta como un juez (13:1; 15:20; 16:31) que luchó, defendió y vengó a su pueblo de sus enemigos. Pero Sansón no tiene las mismas características que los otros jueces; es un personaje aparte y singular, un héroe de la resistencia, que antepone sus propios negocios a los intereses de la nación. No tiene talla suficiente ni para administrar justicia ni para reclutar y ponerse al frente de un ejército disciplinado. Sus genialidades divertían y le granjeaban la estima del pueblo, que admiraba su fuerza, ponderaba y exageraba su habilidad y arrojo y sonreía ante sus excentricidades, aventuras amorosas y las tretas que jugaba a sus enemigos. Por todo ello, Sansón se convirtió en el héroe popular por excelencia, cuyas gestas, con cierto colorido humorístico, circulaban de boca en boca. De ahí que la historia de Sansón narrada por el autor sagrado tenga un matiz popular y folklórico.

En todos los tiempos y en todas las latitudes conserva la tradición popular memoria de personajes al estilo de Sansón. Por eso y otras razones, debe rechazarse la interpretación mítica que ve en Sansón (por razón de su cabellera) a un héroe solar (Loüs) o una copia del griego Hércules, del tiriano Melqart o del héroe babilónico Gilgamesch. Su fuerza hercúlea es de origen divino, debida a la irrupción sobre él del espíritu de Yahvé (13:25; 14:6-9; 15:14; 16:28) o tal vez a su condición de nazir o consagrado a Dios. Durante toda su vida, y en vista de los combates que debía sostener, debía conservar intacta su cabellera, no tocar nada inmundo y abstenerse de toda bebida fermentada, porque la embriaguez es una impureza que impide distinguir entre puro e impuro (Lev 10:8).

A esta consagración externa correspondió Dios con un carisma que le otorgaba una fuerza extraordinaria. Su larga cabellera era solamente un signo externo de su consagración a Dios; los dos términos, fuerza y cabellera, no son estrictamente concomitantes, y aun menos se hallan en relación de causa y efecto (Tamisier).

A pesar de su conducta nada recomendable, no deja de ser Sansón un testimonio viviente que tenía Yahvé en defender a los suyos mientras permanecieran fieles a sus mandamientos. Como instrumentos suyos puede elegir a personas poco recomendables por sus costumbres; pero cuanto más defectuoso sea el instrumento, tanto más resplandece la omnipotencia divina. La acción del héroe no fue del todo eficaz ni tuvo grandes resonancias nacionales, pero preanunciaba el golpe decisivo que más tarde debían sufrir los filisteos en tiempos de Samuel y David.

Opresión de Israel y primer anuncio de un Libertador(13:1-7).

1Volvieron los hijos de Israel a hacer el mal a los ojos de Yahvé, y Yahvé los dio en manos de los filisteos durante cuarenta años. 2Había un hombre de Sora, de la familia de Dan, de nombre Manué. Su mujer era estéril y no le había dado hijos. 3 El ángel de Yahvé se apareció a la mujer y le dijo: "Eres estéril y sin hijos, pero vas a concebir y parirás un hijo. 4 Mira, pues, que no bebas vino ni licor alguno inebriante ni comas nada inmundo, 5 pues vas a concebir y a parir un hijo a cuya cabeza no ha de tocar la navaja, porque será nazareo de Dios el niño desde el vientre de su madre y será el que primero librará a Israel de la mano de los filisteos." 6Fue la mujer y dijo a su marido: "Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy temible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer su nombre, 7pero me dijo: Vas a concebir y parir un hijo. No bebas, pues, vino ni otro licor inebriante y no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte."

Por sus pecados Israel fue entregado por Dios en manos de los filisteos. Dios promete a la mujer de Manué un hijo que "empezará a salvar a Israel de la mano de los filisteos" (v.5). Manué (1 Crón 2:54) era danita y natural de Sora, no lejos de la antigua Betsemes (Jos 15:33; 19:41; Neh 11:29). La mujer de Manué era estéril (Gen 18:10-15; 1 Sam 1:11-19; Lc 1:7; 13; 24), con lo cual se quiere indicar que el hijo es un don de Dios. A ella se le aparece el ángel de Yahvé (2:1; 6:11) y le anuncia el nacimiento del hijo, que será consagrado (nazir) al Señor por el nazareato (Núm 6:2-8). Porque el niño es predestinado ya desde el seno de su madre, deberá abstenerse de todo aquello que se prohíbe a los obligados a la ley del nazareato. La frase "la navaja no subirá sobre su cabeza" se aplica preferentemente al niño consagrado a Dios (1 Sam 1:11). En Núm 6:1-21 se mencionan las condiciones del nazareato, siendo de las principales la prohibición de cortarse los cabellos, afeitarse la cabeza.

Segunda Aparición del Ángel (13:8-23).

8Entonces Manué oró a Yahvé, diciendo: "De gracia, Señor: que el hombre de Dios que enviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer." 9Oyó Dios la oración de Manué y volvió el ángel de Dios a la mujer de Manué cuando estaba ésta sentada en el campo y no estaba con ella su marido. 10 Corrió ella en seguida a anunciárselo a su marido, diciéndole: "El hombre que vino a mí el otro día acaba de aparecérseme." 11Levantóse Manué y, siguiendo a su mujer, fue hacia el hombre y le dijo: "¿Eres tú el que has hablado a esta mujer?" El respondió: "Yo soy." 12Repuso Manué: "Cuando tu palabra se cumpla, ¿qué hay que guardar y qué habremos de hacerle?" 13 El ángel de Yahvé dijo a Manué: "La mujer, que se abstenga de cuanto la he dicho: 14 que no tome nada de cuanto procede de la vid, no beba vino ni otro licor inebriante y no coma nada inmundo; cuanto le mandé ha de observarlo." 15 Manué dijo al ángel de Yahvé: "Te ruego que permitas que te retengamos mientras te traemos preparado un cabrito." l6 El ángel de Yahvé dijo a Manué: "Aunque me retengas, no comería tus manjares; pero, si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahvé." Manué, que no sabía que era el ángel de Yahvé, 17le dijo: "¿Cuál es tu nombre, para que te honremos cuando tu palabra se cumpla?" 18 El ángel de Yahvé le respondió: "¿Para qué me preguntas mi nombre, que es Admirable?" 19Manué tomó el cabrito y la oblación para ofrecerlo a Yahvé en holocausto sobre la roca, y sucedió un prodigio a la vista de Manué y su mujer. 20Cuando subía la llama de sobre el altar hacia el cielo, el ángel de Yahvé se puso sobre la llama del altar. Al verlo Manué y su mujer, cayeron rostro a tierra, 21y ya no vieron más al ángel de Yahvé, 22y dijo a su mujer: "Vamos a morir, porque hemos visto a Dios." 23La mujer le contestó: "Si Yahvé quisiera hacernos morir, no habría recibido de nuestras manos el holocausto y la oblación ni nos hubiera hecho ver todo esto ni oír hoy todas estas cosas."

Dios escuchó la plegaria de Manué, mandando de nuevo a su ángel. Por sus palabras se deduce que Manué no estaba al corriente de las reglas que imponía el nazareato oficial (Núm c.6). Manué sospecha que el personaje que le habla es un ser divino y no un simple viajero. Por lo mismo, le ofrece hospitalidad, empleando al mismo tiempo un término equívoco (hasah, ofrecer, presentar), que se usa para los sacrificios. Como recurso supremo para saber quién era, Manué le pide cuál sea su nombre, alegando el pretexto de recompensar sus servicios una vez la predicción se cumpla (1 Sam 9:6); Pero el ángel desvía la cuestión. Manué no insiste y se decide a ofrecer el sacrificio a Yahvé. Toma el cabrito y la oblación de harina aceite que debía acompañar necesariamente al holocausto y sacrificio de comunión (Lev 7:11-14; Núm 15:28-29; Jos 22:23), Y lo ofrece sobre la roca a Yahvé, "que obra cosas misteriosas." El lugar del sacrificio fue más tarde conocido por el nombre de "Yahvé de los milagros." La última parte del v.19 debe traducirse: "Que obra cosas misteriosas," suprimiendo la frase "a la vista de Manué y su mujer" (Lagrange, Tamisier, Vincent, Nótscher, Ubach, etc.). El ángel desapareció en la llama del holocausto (Ex 3:2-6), cayendo ellos entonces en la cuenta de que el personaje misterioso era Yahvé o su ángel. Manué temía morir por haber visto a Dios (Gen 16:13; 32:30; Ex 20:19, etc.), pero su mujer le tranquiliza con unas palabras que indican su buen sentido. El nombre del lugar Mahaneh-Dan no corresponde a ningún poblado, sino a un lugar entre Sora (Jos 15:33) y Estaol (a unos tres kilómetros al sudeste de Sora). Como sucedió con otros jueces (3:10; 6:34; 11:29), también el espíritu de Yahvé se apoderó de Sansón, incitándolo a obrar.

Nacimiento y primeros años de Sansón (13:24-25).

24Parió la mujer un hijo y le dio el nombre de Sansón. Creció el niño, y Yahvé le bendijo, 25y comenzó a mostrarse en él el espíritu de Yahvé en el campo de Dan, entre Sora y Estaol.

Al año dio a luz la mujer de Manué a un niño, al cual puso por nombre Sansón. Hubo un largo tiempo en Israel en que la madre tenía el derecho de elegir el nombre que debía darse a sus hijos (Lods, 217-219). La palabra Sansón deriva probablemente de Shemesh, sol, nombre muy común en la antigüedad oriental aun fuera de Palestina, y que le fue sugerido a la madre por el nombre del vecino pueblo de Betsemes (Jos 15:10; 18:17; I9:4I etc.), casa del sol, a tres kilómetros al sur de Sora (Jos 15:33; 19:41). Por lo mismo, no debe considerarse a Sansón, por su nombre y por sus gestas, como un héroe astral o un personaje legendario, sino como una personalidad histórica bien definida1.

Sansón se Enamora (14:1-4).

1Bajó Sansón a Timna y vio allí una mujer de entre las hijas de los filisteos; 2 y cuando volvió a subir, dijo a su padre y a su madre: "He visto en Timna una mujer de las hijas de los filisteos; id a tomármela por mujer." 3 Dijéronle su padre y su madre: "¿Acaso no hay mujeres entre las hijas de tus hermanos y entre todo tu pueblo para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos, incircuncisos?" Repuso Sansón y dijo a su padre: "Tómame ésa, pues me gusta." 4Su padre y su madre no sabían que aquello venía de Yahvé, que buscaba una ocasión de parte de los filisteos, que eran los que entonces oprimían a Israel.

Descendió Sansón a la localidad de Timna (Jos 19:43) tres veces (v. 1-4; 5-7; 18-19). Allí vio a una mujer, viuda probablemente y de vida dudosa, teniendo relacion sexual con ella. La propuesta del hijo escandalizó a sus padres, quienes le recordaron que el matrimonio de los hebreos con los incircuncisos repugnaba a los sentimientos nacionales Gén 24:2-4; 27:46; 28:1-2; Ex 34:16; Deut 7:2-4; Jos 23:12-13), maxime con los filisteos, sus enemigos e incircuncisos por excelencia (15:18; l Sam I4:6). Además, no era el hijo quien debía elegir la futura esposa, sino el padre (Gen 24:2-8; 34:3-6; 38:6). El fogoso Sansón no atendió a las razones de sus padres y mantuvo sus exigencias. El autor sagrado comenta esta escena familiar diciendo que Dios disponía las cosas providencialmente al servirse de aquel capricho de Sansón para que éste empezara la obra a la que le tenía destinado, que era la de luchar contra los filisteos.

Encuentro con un león (14:5-9).

5Bajó Sansón a Timna, cuando al llegar a los olivares de Timna le salió al encuentro un joven león rugiendo. 6 Apoderóse de Sansón el espíritu de Yahvé, y, sin tener nada a mano, destrozó al león como se destroza un cabrito. No dijo nada a su padre ni a su madre de lo que había hecho. 7 Bajó y habló a la mujer que le había gustado. 8 Tiempo después, bajando para desposarse con ella, se desvió para ver el cadáver del león, y vio que había un enjambre de abejas con miel en la osamenta del león. 9 Cogióla con sus manos y siguió andando y comiendo; y cuando llegó a su padre y a su madre, les dio de ella, sin decirles que la había tomado de la osamenta del león, y ellos la comieron.

De nuevo fue Sansón a visitar a la mujer de Timna; sucedió que en el viaje le salió al encuentro un cachorro de león rugiendo y con ánimo de abalanzarse contra él. No teniendo ninguna arma defensiva, le agarró por la cabeza y desgarró sus fauces como si fuera un cabrito. Análogos actos de bravura realizaron David (1 Sam 17:34) y Benaya (2 Sam 23.20). En la antigüedad había leones en Palestina, como atestiguan algunos textos bíblicos (Am 1:2; 3:4-8) y como se desprende de una narración egipcíaca, según la cual Ramsés III, en la lucha contra los filisteos, alternaba sus hechos de guerra con la caza del león.

Al cabo de un tiempo bajó de nuevo a Timna, y vio que las abejas salvajes habían fabricado en su osamenta un panal de miel. El sol de Palestina, los animales carnívoros y las aves de rapiña resecaron pronto las carnes del cadáver. Sansón, aunque consagrado a Dios por el voto del nazareato, no tenía muchos escrúpulos de comer un manjar impuro, que estuvo al contacto con un cadáver.

La boda y el enigma (14:10-20).

10Bajó, pues, Sansón a casa de la mujer, y Sansón dio allí un banquete, según la costumbre de los mozos. 11Y porque le temían, invitaron a treinta mozos para acompañarle. 12Sansón les dijo: "Quisiera que me permitierais proponeros un enigma.Si dentro de los siete días del convite me lo descifráis acertada" mente, yo tendré que daros treinta camisas y treinta túnicas; 13pero, si no podéis descifrármelo, seréis vosotros los que habréis de darme a mí treinta camisas y treinta túnicas." Ellos le dije" ron: "Propon tu enigma, que lo oigamos." 14El les dijo: "Del que come salió lo que se come, y del fuerte, la dulzura." Tres días pasaron sin que pudieran descifrar el enigma. 15Llegó el día séptimo. A la mujer de Sansón le habían dicho: "Persuade a tu marido a que te dé la solución del enigma; si no, te quemaremos a ti y la casa de tu padre. ¿Nos habéis invitado para robarnos?" 16Ella lloraba y le decía: "Me aborreces; has propuesto un enigma a los hijos de mi pueblo y no quieres explicármelo a mí." El le respondió: "No se lo he explicado ni a mi padre ni a mi madre, ¿y voy a explicártelo a ti?" 17 así le había estado llorando durante los siete días del convite; pero el séptimo día tanto lo importunó, que él dio la explicación, y ella se la comunicó a los hijos de su pueblo. 18 Los de la ciudad dijeron a Sansón el día séptimo antes de la puesta del sol: "¿Qué más dulce que la miel? ¿Qué más fuerte que el león?" El les contestó: "Si no hubierais arado con mi novilla, no hubierais descifrado mi enigma." 19Apoderóse de él el espíritu de Yahvé, y, bajando a Ascalón, mató allí a treinta hombres, los despojó y dio las túnicas a los que habían descifrado el enigma. Muy enfurecido, se subió a casa de sus padres. 20La mujer de Sansón fue entregada a uno de los mozos que le habían servido de compañeros.

Sansón fue a desposarse con la mujer de Tirnna solo, sin que le acompañaran sus padres. El texto masorético dice que fue el padre el que bajó a Timna, lo cual se opone al contexto. Por razones críticas se propone la corrección del texto. Causa extrañeza que sea Sansón el que dé (v.10) el banquete, cuando, según la costumbre judía, debían ser los jóvenes o paraninfos de la mujer. Quizás fueron los padres de la mujer y los jóvenes filisteos invitados como amigos del esposo (Cant 3:7; 1 Mac 9:39) los que prepararon una gran fiesta que duró siete días (LXX y Syr.). Ningún amigo israelita de Sansón le acompañó en este acto, ya que este matrimonio con una extranjera hería los sentimientos nacionales. Tampoco sus padres estuvieron presentes en la fiesta (en contra de la lección del texto masorético).

Sansón quiso humillar a aquellos jóvenes valientes proponiéndoles un enigma que debían resolver en el plazo de los siete días que duraba la fiesta. Estas adivinanzas constituían un juego muy de moda en Siria y Palestina (1 Re 10:1; Pro v 1:6). Crea cierta dificultad la enumeración de los días v.14; 15; 17), que tal vez puede solucionarse suponiendo una corrupción en el texto o por la "carencia de la precisión matemática por parte de los hebreos" (Lagrange).

Sansón resistió siete días a las lágrimas y halagos de su mujer, le pedía le manifestara el enigma; pero al fin cede, y en el séptimo 6 antes de ponerse el sol (o antes de entrar en la cámara nupcial, segun muchos autores, después de Stade), los jóvenes le dieron la unción, que el texto reproduce en forma literaria rimada. Del mismo modo les responde Sansón diciéndoles que se han servido de que le pertenece para hacer su propio trabajo (Vincent), Según Lagrange aunque la respuesta sea dura, no contiene necesariamente nada obsceno. Sin embargo, el doble sentido es transparente, y la metáfora es conocida entre griegos y romanos.

Tentativas de Reconciliación con la Mujer (15:1-3).

1Al cabo de días, al tiempo de la siega, fue Sansón a visitar a su mujer, llevando un cabrito, y dijo: "Quiero entrar a mi mujer en su cámara." 2Pero el padre le negó la entrada, diciendo: "Yo creí que la habías aborrecido enteramente y se la he entregado a tu compañero. Su hermana menor es más hermosa todavía que ella. Tómala por mujer en lugar suyo." 3Sansón le dijo: "Ahora, ya sin culpa de mi parte contra los filisteos, podré hacerles daño."

Al cabo de un tiempo, Sansón visitó a su mujer con ánimo de reconciliarse con ella, llevándole un cabrito como obsequio. Su indignación fue grande al manifestarle su suegro que la había entregado a otro por creer que él la había repudiado definitivamente (14:16). El hombre quiso reparar buenamente la ofensa, o quiso aprovecharse del incidente para colocar a otra hija menor, más hermosa, dice, que la mujer que había escogido (Gen 29:1655).

El Ardid de los Chacales (15:4-8).

4Se fue, y cogiendo trescientas zorras y teas, ató a las zorras dos a dos, cola con cola, y puso entre ambas colas una tea. 5 Encendió luego las teas y soltó a las zorras en las mieses de los filisteos, abrasando los montones de gavillas, los trigos todavía en pie y hasta los olivares. 6Los filisteos se preguntaban: "¿Quién ha hecho esto?" Y se les dijo: "Ha sido Sansón, el yerno del timneo, porque éste le ha quitado su mujer y se la ha dado a un compañero suyo." Los filisteos subieron y la quemaron a ella y a la casa de su padre. 7 Sansón les dijo: "¿Eso habéis hecho? Pues yo no pararé hasta vengarme de vosotros." 8 Y les tundió ancas y muslos, haciendo en ellos gran destrozo, y se bajó luego a la caverna del roquedo de Etam.

El texto hebreo habla de zorras (shuhal), pero el término se emplea también para designar a los chacales (Sal 63:11). Y es tanto más recomendable esta última significación aquí, por cuanto existían y existen aún hoy en Palestina gran cantidad de chacales. El numero de trescientos parece excesivo. Trescientos es múltiplo de treinta (14:11). No indica el texto el tiempo que empleó Sansón en capturar tan gran número de animales, ni si realizó solo esta hazaña o fue ayudado por otros. Al atar a los chacales dos a dos y cola con cola, con una antorcha encendida entre ambas, se proponía moderar el paso de estos animales para que su acción en los trigales fuera más efectiva. Sansón los soltó durante la noche para evitar el ser sorprendido en su maniobra y para que la devastación fuera más completa, por la ausencia de personal que apagara el fuego. Aquellos campos de trigo, segados ya en parte, y otros todavía en pie, fueron pronto pasto de las llamas. Esta acción de prender fuego a las mieses por motivos de venganza (2 Sam 14:30) o como acción bélica (Judit 2:27) estaba muy en uso entre los romanos y los árabes.

Intento de Arresto (15:9-13).

9Subieron entonces los filisteos y acamparon en Judá, extendiéndose por Leji. 10 Los de Judá les preguntaron: "¿Por qué habéis subido contra nosotros?" Ellos respondieron: "Hemos venido a atar a Sansón para tratarle como él nos ha tratado a nosotros." 11Bajaron, pues, tres mil hombres de Judá a la caverna del roquedo de Etam, y dijeron a Sansón: "¿No sabes que los filisteos nos dominan? ¿Por qué nos has hecho eso?" El les respondió: "He hecho con ellos como ellos han hecho conmigo." 12Ellos repusieron: "Hemos bajado para atarte y entregarte atado en manos de los filisteos." Sansón respondió: "Jurad que no vais a matarme." 13Ellos le dijeron: "No; solamente a atarte, para entregarte a los filisteos; pero no te mataremos." Y, atándole con dos cuerdas nuevas, le hicieron subir al roquedo.

Humillados por los malos tratos que les había infligido Sansón, los filisteos tomaron represalias con una incursión en Leji (2 Sam 23:11), lugar todavía no identificado y perteneciente a la tribu de Judá. Los de Judá, acaso por no sentirse solidarizados con los danitas, a cuya tribu pertenecía Sansón, o por deseos de vivir en paz, se comprometieron con los filisteos a entregárselo. Sansón se dejó atar por sus con nacionales después de haber arrancado de ellos la promesa de que no le matarían, porque confiaba que con ello tendría una nueva ocasión para castigar a sus enemigos los filisteos.

Sansón Derrota a Mil Filisteos (15:14-20).

14 Llegados a Leji, los filisteos les salieron al encuentro lanzando gritos de júbilo. Apoderóse entonces de él el espíritu de Yahvé, y las cuerdas que a los brazos tenía fueron corno hilos de lino quemados por el fuego; las ligaduras cayeron de sus manos, 15 y, viendo cerca una quijada de asno fresca, la tomo y derroto con ella a mil hombres. 16 Dijo Sansón: "Con una quijada de asno los he aporreado bien; con una quijada de asno he matado a mil hombres." 17 Y dicho esto, tiró la quijada y llamó a aquel lugar Ramat Leji. 18 Devorado por la sed, clamó a Yahvé, diciendo: "Eres tú el que por la mano de tu siervo has hecho esta gran liberación; ¿voy a caer ahora, muerto de sed, en la mano de los incircuncisos?" 19Y abrió Yahvé el pilón que hay en Leji y brotó de él agua. Bebió, se recobró y vivió, y la llamó por eso la fuente de En Hacore, que es la que hay todavía en Leji. 20Sansón juzgó a Israel, en tiempo de los filisteos, durante veinte años.

Al ver los filisteos a Sansón atado con cuerdas, prorrumpieron en gritos de júbilo, por creer definitivamente en sus manos a su enemigo. Pero Sansón pone en juego su fuerza extraordinaria, y, a un esfuerzo suyo, las cuerdas con que estaba maniatado se rompieron como si fueran hilos de lino quemados por el fuego. A falta de otra arma, tomo una quijada de asno todavía fresca, pesada y sólida, y arremetió contra aquella multitud de filisteos. La acción debió de ser rápida y eficaz, y anuló todo intento de resistencia.

Sansón celebró su triunfo con un cántico rítmico en el que hay un juego de palabras 1 y no poca ironía. Ramat-Leji, "altura de la quijada," llamada así por su configuración, que se asemeja a una quijada de asno. Trátase de una explicación popular acerca del origen del nombre de esta ciudad. Recoge también el autor la tradición local sobre el origen de la fuente de Leji al decir que, al final de su proeza, sintióse el vencedor devorado por la sed. En memoria de la plegaria de Sansón, aquella fuente lleva el nombre de En Hacore, "fuente del suplicante," o de la perdiz (1 Sam 26:20; Jer 17:11). Sansón juzgó a Israel, es decir, "hizo justicia de los opresores de su pueblo" (Lods, 386), por espacio de veinte años, frase que, según algunos expositores, indica o bien una doble redacción de la historia de Sansón o la intención del autor de señalar los años que duró la misión de Sansón antes de entrar en el relato de sus fracasos.

Sansón en Gaza (16:1-3).

1Fue Sansón a Gaza, donde había una meretriz, a la cual entró. 2 Se les dijo a las gentes de Gaza: "Ha venido aquí Sansón." Y le cercaron y estuvieron toda la noche en acecho cerca de la puerta de la ciudad. Se estuvieron tranquilos durante la noche, diciéndose: "Al alba le mataremos." 3Sansón estuvo acostado hasta media noche. A media noche se levantó, y, tomando las dos hojas de la puerta de la ciudad con las jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a la cima del monte que mira hacia Hebrón.

Sansón tenía buena musculatura, pero el corazón débil. Desde Leji (texto de los LXX) marchó a Gaza (Jos 13:3). La fama que aureolaba a Sansón hizo que se esparciera la voz de su presencia en la ciudad. Inmediatamente las autoridades tomaron las medidas oportunas para apresarlo. Durante todo el día (no "toda la noche," como se lee en TM) se pusieron guardias a la puerta de a ciudad para impedir su salida, mientras algunas patrullas volantes recorrían sus calles para localizarle. Sucedió que Sansón, al terminar sus quehaceres, entró en casa de una meretriz (11:1; Jos 2:11). Había ya anochecido cuando supieron su paradero, por lo cual las autoridades no juzgaron oportuno proceder inmediatamente a su detención, porque, entre los antiguos, el sueño era considerado como algo sagrado, no pudiéndose matar a nadie durante el mismo (Ex 14:20; 1 Sam 19:11). Durante la noche se cerraban las puertas de la ciudad, y, juzgando que Sansón no podría escapar, los guardias se retiraron a descansar, conviniendo en matar a Sansón al rayar el alba del día siguiente. Pero Sansón se levantó de noche, arrancó las puertas de la ciudad con jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a una colina vecina, al este de la ciudad, desde donde se divisaban los montes de Hebrón. De Gaza a Hebrón hay más de setenta kilómetros. Por lo mismo, no puede admitirse la interpretación de los que hacen andar a Sansón todo este recorrido con las puertas a la espalda.

Dalila traiciona a Sansón (16:4-14).

4Después amó a una mujer del valle de Sorec, de nombre Dalila. 5Los príncipes de los filisteos subieron a ella y la dijeron: "Sedúcele para saber en qué está su gran fuerza y cómo podríamos apoderarnos de él, para atarle y castigarle. Si lo haces, te daremos cada uno mil cien siclos de plata." Dijo, pues, 6 Dalila a Sansón: "Dime, te ruego, en qué está tu gran fuerza y con qué habrías de ser atado para sujetarte." 7 Sansón respondió: "Si me atasen con siete cuerdas húmedas, que no se hubieran secado todavía, me quedaría sin fuerzas y sería como otro hombre cualquiera." 8Subiéronle los príncipes de los filisteos las siete cuerdas húmedas, sin secar todavía, y ella le ató con ellas. 9Como tenía en su cuarto gentes en acecho, le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" El rompió las cuerdas como se rompe un cordón de estopa cuando se le pega fuego, y quedó desconocido el secreto de su fuerza. 10Dalila dijo a Sansón: "Te has burlado de mí y me has engañado. Dime, pues, ahora con qué hay que atarte." 11 El le dijo: "Si me atan con cuerdas nuevas que no hayan sido empleadas para ningún otro uso, me quedaré sin fuerzas y seré como otro cualquiera." 12 Dalila cogió cuerdas nuevas y le ató con ellas. Después le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" pues tenía en el cuarto gentes en acecho. El rompió como un hilo las cuerdas que tenía en los brazos. 13 Dalila dijo a Sansón: "Hasta ahora te has burlado de mí y no me has dicho más que mentiras. Dime de una vez con qué hay que atarte." El le dijo: "Si entretejes con un lizo las siete trenzas de mi cabeza y las fijas con una clavija de tejedor, me quedaré sin fuerzas y seré como otro hombre cualquiera." 14 Dalila le adormeció y entretejió con un lizo las siete trenzas, las fijó con la clavija de tejedor y le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" Y despertando de su sueño, arrancó la clavija y el entretejido, y quedó desconocido el secreto de su fuerza."

Enamoróse Sansón de una mujer de Sorec (la actual Surte, en el valle Serar, a cuatro kilómetros de Sora), llamada así por sus famosos viñedos (Is 5:2; Jer 2:21). No dice el texto si esta mujer era filistea o hebrea, pero se presume que era israelita. Dalila es de significación incierta en hebreo; en árabe significa la indicadora, por lo cual puede dudarse si era éste su nombre primitivo o un sobrenombre que le dio la tradición popular por razón de su comportamiento con Sansón. Los príncipes (sarnim, Jos 13:9) de los filisteos entran en trato con Dalila para apoderarse de Sansón y le ofrecen por sus servicios una cantidad, que, traducida en números, repreresenta una suma considerable, que Hummelauer, a últimos del siglo pasado, valoraba en 250.000 francos. Sin embargo, la mayoría de los expositores estima que se trata de una suma convencional que equivale a decir que le entregarían mil siclos y que estaban dispuestos a elevar aún esta cantidad. Para no impresionar a Dalila, los príncipes no hablan de dar muerte a Sansón, sino solamente de apoderarse de él y castigarle. Estaban interesados en que Dalila arrancara de Sansón el secreto de su fuerza, o, en otras palabras, "de dónde provenía el que su fuerza fuese tan grande." Para los primitivos, el origen de este vigor extraordinario no puede ser más que un mana, que está sujeto a fuerzas mágicas; por esto mismo, Sansón señala de hecho recetas mágicas para destruir esta fuerza. En el v.17 indica Sansón el origen sobrenatural de su fuerza. El número siete, que emplea Sansón, es un número sagrado, y aquí, según Lagrange, "tiene valor de encanto mágico."

Sansón Cede a los Halagos de la Mujer (16:15-20).

15 Ella le dijo: "¿Cómo puedes decir que me quieres, cuando tu corazón no está conmigo? Por tres veces te has burlado de mí y no me has descubierto en qué está tu gran fuerza." 16Y le importunaba incesantemente, siempre insistiendo en su demanda, hasta llegar a producirle un tedio de muerte. 17Y le abrió de par en par su corazón, diciendo: "Nunca ha tocado la navaja mi cabeza, pues soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rapasen, perdería mi fuerza, quedaría débil y sería como todos los otros hombres," 18Dalila vio que en verdad le había abierto de par en par su corazón; y mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciéndoles: "Subid, que esta vez ya me ha abierto de par en par su corazón." Subieron, llevando el dinero en sus manos. 19Le durmió ella sobre sus rodillas, y, llamando un hombre, hizo que raparan las siete trenzas de la cabellera de Sansón, que comenzó a debilitarse. Había perdido su fuerza, 20y ella le dijo entonces: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" El se despertó, diciendo: "Saldré como tantas otras veces y me sacudiré," pues no sabía que Yahvé se había apartado de él.

Dalila puso en juego toda su astucia femenina para ablandar el corazón del héroe, presionándole hasta causarle angustias de muerte. Por fin, Sansón sucumbió. Rapada su larga cabellera por un hombre llamado al efecto, quedaba violado el voto del nazareato y, como consecuencia, le retiraba Dios el carisma de la fuerza que le habla otorgado en vistas a su misión, quedando reducido a la condición de un hombre cualquiera. Durante toda su vida se mostró Sansón infiel a su condición de nazir: banqueteaba como los otros ingiriendo bebidas alcohólicas, que le estaban prohibidas; diversas veces había tenido contacto con cadáveres, y, por fin, no supo conservar intacta su larga cabellera, que era el signo externo más característico de su total consagración a Yahvé. La historia de Sansón nos enseña a qué grado de inconsciencia puede llegar un hombre que da rienda suelta a la sensualidad.

Venganza y Muerte de Sansón (16:21-31).

21 Los filisteos lo tomaron prisionero, le sacaron los ojos y, llevándole a Gaza, le encadenaron con doble cadena de bronce, y en la cárcel le pusieron a hacer dar vueltas a la muela. 22Entretanto, volvieron a crecerle los pelos de la cabeza, después de haber sido rapada. 23 Los príncipes de los filisteos se congregaron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y, para regocijarse, decían: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansón, nuestro enemigo." 24El pueblo, al verle, alababa a su dios, diciendo: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a nuestro enemigo, al que asolaba nuestra tierra y mató a tanta gente." 25Cuando su corazón se alegró, dijeron: "Que traigan a Sansón para que nos divierta." 26 Sansón fue sacado de la cárcel y tuvo que bailar ante ellos. Habíanle puesto entre las columnas, y Sansón dijo al mozo que le hacía de lazarillo: "Déjame tocar las columnas que sostienen la casa, para apoyarme." 27Estaba la casa llena de hombres y mujeres. Allí estaban los príncipes de los filisteos, y había sobre el techo más de tres mil personas, hombres y mujeres, viendo bailar a Sansón. 28Entonces invocó Sansón a Yahvé, diciendo: "Señor, Yahvé, acuérdate de mí; devuélveme la fuerza sólo por esta vez, para que ahora me vengue de los filisteos por mis dos ojos." 29Sansón se agarró a las dos columnas centrales que sostenían la casa, y, haciendo fuerza sobre ellas, sobre la una con la mano derecha, sobre la otra con la mano izquierda, 30dijo: "¡Muera yo con los filisteos!" Tan fuertemente sacudió las columnas, que la casa se hundió sobre los príncipes de los filisteos y sobre todo el pueblo que allí estaba, siendo los muertos que hizo al morir más que los que había hecho en vida. 31Sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron y se lo llevaron, y le sepultaron entre Sora y Estaol, en la sepultura de Manué, su padre. Juzgó a Israel durante veinte años.

Los filisteos se apoderaron fácilmente de su enemigo, al cual le arrancaron los ojos, suplicio muy frecuente entre los orientales (1 Sam 11:2; 2 Re 25:7; Jer 52:11; texto de los LXX), y, atado de manos y pies con una doble cadena de bronce, lo condujeron a Gaza, condenándole a dar vueltas a la muela, trabajo propio de mujeres y esclavos (Ex 11:5; Is 47:2). Su cabeza volvió a poblarse, pero no por ello debía renacer su fuerza extraordinaria de antes. Tratado como un esclavo y blanco de las burlas de los filisteos, reflexionó Sansón sobre su conducta e infidelidad a la misión para la cual Dios le había escogido. Su oración debió de ser ferviente; su arrepentimiento, verdadero, por lo cual Dios le concedió de nuevo el carisma de la fuerza que le había retirado. Dagón era una divinidad semita, protectora del trigo (dagan), muy venerada en todo el Oriente Medio desde Babilonia al Mediterráneo. Los filisteos adoptaron a este dios, rindiéndole un culto especial en Azoto (1 Sam 5:2; 1 Mac 10:84; 11:4) y Gaza. Más tarde esta divinidad fue identificada falsamente con una divinidad con cuerpo de pez (dag). Junto al dios se veneraba a Atargates (2 Mac 12:26).

Los príncipes y todo el pueblo aclamaban a su dios por haberles librado de Sansón, su enemigo. Cuando su corazón se alegró por el mucho vino, reclamaron su presencia para que les divirtiera. Obligado a bailar al son de instrumentos y zarandeado de una parte a otra, fue el hazmerreír de toda aquella gente ebria de vino y de triunfo. Ya agotado, se le concedió un leve descanso a la sombra de una terraza sostenida por columnas. Sansón pidió a su lazarillo que le permitiera apoyarse en una de las columnas de la casa, o de la sala cabe al templo, donde estaban reunidos los filisteos para consumir el resto de las víctimas ofrecidas en sacrificio (9:46; 1 Sam 1:9; 9:22). Entonces Sansón invocó a Dios, pidiéndole le devolviera la fuerza de otro tiempo. Al tener conciencia de que Dios había oído su oración, se agarró a las dos columnas centrales, sobre las cuales se apoyaba el edificio, y las sacudió con tanta fuerza que la casa se hundió, quedando él mismo sepultado, junto a un gran número de filisteos, entre los escombros.

No cabe hablar de suicidio directo y voluntario en este caso de Sansón, ya que él quiso directamente la muerte de sus enemigos, los filisteos, y sólo indirectamente atentó contra su vida propia. A pesar de sus debilidades, Sansón pasó a la historia con la fama de un juez que hizo justicia a los enemigos de su pueblo, gracias a un carisma que le otorgó Dios gratuitamente. San Pablo alaba su fe y confianza en Dios (Hebr 11:32). El autor sagrado recogió de la tradición popular esta historia, conservando toda su ingenuidad y los rasgos humorísticos e hiperbólicos con que la había revestido la imaginación de un pueblo que admiraba la bravura de los héroes de la independencia nacional. La historia de Sansón confirma la tesis que el autor sagrado ha desarrollado en todo el libro a base de hechos históricos anecdóticos.

1 P. Humbert, Les métamorphoses de Samson en Vempreinte israélite sur la légende de Sam-son: "Revue d'Histoire des Religions," 80 (1919) 154-170; A. Lods, Quelques remarques sur l'histoire de Samson: "Actes du Gongrés International d'Histoire des Religions" (París 1923) 504-516: E. Kalt, Samson, (Freiburg 1912).

1 Levesque: RB 7 (1900) 5955.

 

3. Apéndices.

I. Origen del Santuario de Dan.

Existe en general en este relato unidad literaria, y no convencen del todo los argumentos aducidos en contra por Moore, Burney, Kittel, etc. Toda la narración está dispuesta en orden a ilustrar el origen del santuario de Dan, que subsistió en Israel hasta el siglo VIII a. de C. No se indica el tiempo en que se desarrollaron los hechos aquí consignados, pero algunos expositores (Desnoyers Tamisier, Fernández, Vincent, etc.), basándose principalmente en 18:1 y 18:30, juzgan que tuvieron lugar a principios de la época de los jueces. Según Dhorme, los relatos que aquí se refieren no pertenecen propiamente a la historia de los jueces. Se han colocado aquí porque el que los narra sabía que en este tiempo no había aún rey en Israel (17:6; 18:1). Pero aun en el supuesto que se efectuara en este tiempo la emigración de los danitas hacia el norte de Palestina, sin embargo, no debe suponerse que emigraran en masa, sino que una gran parte se mantuvo firme en el territorio que se les había señalado, resistiendo a filisteos y amorreos. Entre los danitas que permanecieron en el territorio, cabe mencionar al clan danita de Sansón, que habitaba en Sora. Se ha hecho notar el parentesco existente entre la narración del origen del santuario de Dan y la historia de Sansón. Las analogías sugieren que el relato sobre el origen del santuario de Dan y la historia de Sansón proceden de Judá, y probablemente de los medios imbuidos de influencias levíticas. Directamente no condena el hagiógrafo los hechos que refiere, pero incluye en la narración cortas reflexiones que dan a entender que aquella degradación del culto yahvista sólo era posible en tiempos de anarquía, "en que no había rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía" (17:6; 18:1-31). La existencia de estos abominables abusos se explica, además, porque "era entonces rara la palabra de Yahvé y no era frecuente la visión" (1 Sam 3:1). En todo el relato late cierta animosidad hacia el reino del norte y simpatía por la monarquía davídica, considerada como el único medio para cortar abusos y asegurar la fidelidad a Yahvé 1.

El Santuario Privado de Mica (17:1-6).

l Había un hombre de los montes de Efraím, Mica de nombre. 2Dijo éste a su madre: "Los mil cien siclos de plata que habías puesto aparte, por los que te oí lamentarte a veces, yo los tengo, yo te los quité." 3Díjole su madre: "Bendito de Yahvé seas, hijo mío." Devolvió, pues, los mil cien siclos de plata a su madre, que dijo: "Quiero consagrar a Yahvé este dinero y que de mi mano pase a mi hijo, para que se haga una imagen tallada y chapeada. Ahí, pues, te lo entrego." 4Habiendo, pues, devuelto él a su madre el dinero, tomó su madre doscientos siclos y se los dio a un orífice, y éste hizo una imagen tallada y chapeada, que quedó en la casa de Mica; 5y así un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Hízose también un efod y unos "terafim," y llenó la mano de uno de sus hijos para que hiciera de sacerdote. 6 No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía.

No se especifica la población en que vivía Mica, pero, por lo que se dice en 18:14.22, parece que habitaba en un villorrio o serio. Los v.1-5, tal como aparecen en el texto masorético, crean Jgunas dificultades, que cada expositor explica a su manera. Para Jgunos racionalistas se vislumbra en ellos la existencia de dos narraciones paralelas, independientes entre sí, que se designan con las letras A y B. Los v.1:5 (A) son paralelos a 2.4 (B).

El orden de estos versículos, propuesto por Moore y adoptado por Lagrange, Vincent, Tamisier y, en parte, por Notscher, es el siguiente: "Los mil cien siclos de plata que te han robado — y a propósito de los cuales has proferido una maldición, añadiendo, como oí yo mismo: "Yo consagro solemnemente este dinero a Yahvé, por mis propias manos, para hacer una imagen tallada (y un ídolo de metal fundido)," helo aquí, pues fui yo quien lo substrajo, y ahora te lo devuelvo." Su madre respondió: "Que mi hijo sea bendito de Yahvé." Mica le devolvió los mil cien siclos de plata." En este orden, el sentido de la perícopa está claro. Mica substrajo la cantidad de mil cien siclos a su madre. Esta, ignorando quién había sido el ladrón, consagró a Dios aquel dinero, que, por lo mismo y desde el mismo instante, no podía emplearse en cosas profanas sin incurrir en su maldición. Mica, que oyó las palabras de la consagración de aquel dinero, comprendió que le era imposible utilizarlo sin exponerse a la maldición divina, por lo cual decidió devolverlo. Al ver ésta que el ladrón era su propio hijo, se apresuró a bendecirlo para neutralizar en lo posible los efectos de la maldición proferida (Ex 12:32; Deut 29:19; 1 Sam 23:21; 2 Sam 21:3; 1 Re 2:33; 44-45). Se creía que no era posible, o al menos muy difícil, suspender los efectos de una maldición una vez proferida (Zac 5:3; Lev 5:1; Prov 29:24).

La madre tomó el dinero que le devolvió su hijo, y entregó doscientos siclos a un orífice para que le hiciera una imagen tallada (y, según el texto hebraico actual, un ídolo de metal fundido, massefeahj), que colocó en la casa de Mica. Y así, un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Después fabricó un efod y terafim y consagró (literalmente: "llenó las manos") a uno de sus hijos para que le hiciera de sacerdote. El rito esencial de la consagración sacerdotal entre los hebreos consistía en colocar en las manos del sacerdote visceras de la víctima para que las ofreciera a Dios (Ex 29:9; 40:12-15; Lev 8:27).

El autor sagrado ha referido escuetamente el origen del santuario de Mica, sin hacer ningún comentario. Al final, sin embargo, añade esta reflexión, rica de contenido: "No había entonces rey en Israel, y cada uno hacía lo que bien le parecía"; lo que equivale a decir: Con la monarquía davídica no hubieran ocurrido tales abominaciones. Aquel santuario es reprobable y no tiene ningún valor, porque su origen es humano; la fabricación del ídolo, impía; el sacerdote escogido, indigno.

El levita de Belén (17:7-13).

7 Un joven de Belén de Judá, de nombre Jonatán, levita, que habitaba allí, 8 saliendo de la ciudad de Belén de Judá, se puso a recorrer la tierra para buscar dónde vivir, y, pasando por los montes de Efraím, llegó en su camino a la casa de Mica, 9 Preguntóle Mica: "¿De dónde vienes?" y el levita le contestó: "Soy de Belén de Judá y ando a ver si encuentro dónde vivir." 10 El jóle Mica: "Quédate conmigo y me servirás de padre y de sacerdote. Te daré diez siclos de plata al año, vestidos y comida." Y pasó allí el levita la noche 11 y consintió en quedarse con Mica, para quien fue el joven como otro hijo. 12 Llenó, pues, Mica la mano del levita, y el joven hizo con él de sacerdote, quedándose en casa de Mica. 13 Dijo Mica: "Ahora sí que de cierto me favorecerá Yahvé, pues tengo por sacerdote a un levita." No había por aquel entonces rey en Israel.

En el texto masorético se dice que había un joven en Belén de Judá, del clan de Judá, que era levita y que habitaba allí como guer (Deut 18:6). Más adelante (18:30) se dice que este joven levita se llamaba Jonatán. No teniendo la tribu de Leví territorio propio (Yahvé era su nahalah, su herencia: Deut 10:9; 18:2; Jos 13:14.33), sus miembros buscaban domicilio en otras tribus (Núm 18:20), en medio de las cuales vivían en calidad de guer. El guer, dice Lods, era un hombre que por nacimiento pertenecía a otro clan, pero que, para protestar contra una injusticia de la cual se creía víctima, o a consecuencia de un crimen, había huido o había sido expulsado por los suyos. De esta manera, el hombre que se encontraba fuera de su clan imploraba la protección de algún miembro de otro clan capaz de defenderlo, y se hacía su cliente (guer). Su vida estaba entonces segura, pero quedaba en una posición subordinada, a menudo muy miserable (Lods, 229-230). Esta situación general del guer no regía para los levitas, porque habitaban en medio de otras tribus y eran considerados como representantes del yahvismo mosaico, defensores celosos de la tradición yahvista y depositarios natos de la religión más pura. Mica tenía la convicción de que su santuario, servido por levitas, se convertiría pronto en lugar de copiosas bendiciones (Desnoyers, I 301-306).

Los Exploradores en Casa de Mica (18:1-6).

1En aquellos días, la tribu de Dan andaba buscando dónde establecerse, pues no le había tocado hasta entonces heredad en medio de las otras tribus de Israel. 2 Mandaron, pues, los hijos de Dan de entre los suyos a cinco exploradores, hombres fuertes; los mandaron de Sora y de Estaol para que recorriesen la tierra y la explorasen, diciéndoles: "Id a reconocer la tierra." Llegaron los cinco hombres, por los montes de Efraím, hasta la casa de Mica, y pasaron allí la noche. 3 Estando cerca de la casa de Mica, conocieron por la voz al joven levita, y, acercándose a él, le preguntaron: "¿Quién te ha traído a ti aquí? ¿Qué haces aquí y qué tienes aquí?" 4El les contestó: "Mica ha hecho por mí esto y lo otro, y me he ajustado con él y le sirvo de sacerdote." 5Ellos le dijeron: "Entonces consulta a Dios para que sepamos si prosperará el viaje que hemos emprendido." 6Y les dijo el sacerdote: "Id tranquilos; está ante Yahvé el camino que seguís."

Acosados los danitas por el exterior y reducidos a un espacio vital totalmente insuficiente, fueron constreñidos a emigrar. Con estos acontecimientos se tienen ya los elementos de juicio para entender la expresión ambigua (Jos 19:40-48) de que "no le había tocado hasta entonces heredad en medio de las otras tribus de Israel." Cinco hombres del clan de Sora y Estaol (13:2-25; 16:31) fueron escogidos y enviados a explorar la tierra en busca de un territorio donde poder colocar cierto número de danitas. En su viaje hacia el norte pasaron por los montes de Efraím y llegaron a un villorrio donde estaba la casa de Mica (17:8), y pasaron allí la noche. A la mañana siguiente, ya en trance de proseguir su viaje, reconocieron la voz del joven levita, o porque le habían tratado personalmente en su región, o porque fueron sorprendidos al oír la voz de un hombre que hablaba con el mismo acento que ellos. Entraron en conversación con él, que les informó de los buenos tratos que le daba Mica, a quien servía como sacerdote. Porque los levitas eran expertos en el arte de la consultación, le pidieron consultara a Yahvé acerca del éxito de su viaje. El levita lo hizo — no se dice qué rito empleó —, dándoles una respuesta ambigua, que ellos interpretaron como de buen augurio. Debe descartarse la opinión de Hummelauer, según la cual el levita consultó al diablo, de quien fue la respuesta.

Los Cinco Exploradores llegan a Lais (18:7).

7Reemprendieron su camino los cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que la gente de ella vivía en seguridad, a modo de los sidonios, pacífica y tranquilamente, sin que nadie dañase a nadie, y que eran ricos y estaban alejados de los sidonios y no tenían relación con la Siria.

Los cinco exploradores continuaron su viaje en dirección al norte hasta llegar a Lais (Jos 19:47), ciudad situada en las fuentes del Jordán, a cinco kilómetros de Banías (Cesárea de Filipo), en el Actual Tell-el-Qadi. Allí nace el manantial que da origen al río Jordán, Nahr-el-Leddán, que conserva el nombre que se dio más tarde a la ciudad, Dan, en memoria de su conquista por los danitas. La ciudad, situada en una llanura y con abundancia de agua, era rica, no faltando nada de cuanto produce la tierra. Sus habitantes vivían en paz y seguridad, a la manera de los sidonios, es decir, habitantes de Fenicia (3:3), tranquilos y confiados. Tal vez la ciudad fuera colonia de Sidón (v.28), pero en caso de ataque p0r sorpresa no era fácil a la metrópoli prestarle ayuda, por hallarse a una distancia de cincuenta kilómetros y por mediar entre ambas ciudades la depresión de Nahr-el-Litani. Con respecto a los Estados árameos del este, Lais no mantenía ninguna relación con ellos. Los cinco exploradores comprendieron las ventajas que ofrecía el terreno para la emigración.

Emigración de los danitas (18:8-13).

8 Volviéronse, pues, a sus hermanos, a Sora y Estaol, que les preguntaron: "¿Qué traéis?" Ellos contestaron: 9 "Hemos ido y recorrido el país hasta Lais y hemos visto un pueblo que mora tranquilo según las costumbres de los sidonios, alejado de éstos y sin comunicación con la Siria. Subamos luego contra ellos. Hemos visto la tierra y es muy buena. ¿Os estáis quietos? No dilatéis la ida, para apoderarnos de esa tierra. 10 Daréis con un pueblo que vive seguro. La tierra es amplia, y Dios la ha puesto en vuestras manos. Es una tierra que produce de todo." 11 Salieron, pues, de Sora y Estaol seiscientos hombres de las familias de Dan, armados en guerra, 12 y subiendo, acamparon en Quiriat-Jearim, de Judá, por lo cual se llamó hasta hoy este lugar Majane Dan, al occidente de Quiriat-Jearim. 13Pasaron de allí a los montes de Efraím y llegaron hasta la casa de Mica.

A las preguntas de sus compatriotas, a su regreso, respondieron los exploradores que el territorio era rico y fácil de conquistar. El laconismo de la respuesta, según el texto hebraico, contrasta con la larga descripción que hacen los LXX, cód. A. L., de las condiciones de vida que han observado en Lais. Según Núm 1:39; 26:43, la tribu de Dan contaba con más de sesenta mil hombres aptos para las armas. Esto indica que no todos los danitas emigraron a Lais, sino únicamente parte del clan residente en Sora y Estaol. La primera etapa fue Quiriat-Jearim (Jos 9:17; 1 Sam 6:21; 7:1; 2 Sam 6:2), a quince kilómetros al noroeste de Jerusalén, actualmente Abu-Gosch. Mahaneh-Dan significa campamento de Dan (13:25); su emplazamiento no puede determinarse de manera exacta.

Robo en el santuario de Mica (18:14-26).

14 Los cinco hombres que habían ido a explorar la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: "¿Sabéis que en esta casa hay un efod, y "terafim," y una imagen tallada y chapeada? Ved vosotros lo que se ha de hacer." 15Pasaron adelante; y entrando en la casa del joven levita, la casa de Mica, le preguntaron por su salud. 16 Los seiscientos hombres de los hijos de Dan, armados en guerra, se quedaron a la entrada de la puerta. 17Subieron los cinco exploradores y entraron para apoderarse del efod, de los terafim," y de la imagen chapeada, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados en guerra. 18 Después que entraron en la casa de Mica, se apoderaron del efod, de los "terafim," y de la imagen tallada y chapeada, les dijo el sacerdote: "¿Qué hacéis?" 19 Ellos le dijeron: "Cállate; ponte la mano en la boca; vente con nosotros y serás nuestro padre y nuestro sacerdote. ¿Qué te es mejor, ser sacerdote de la casa de un solo hombre o serlo de una tribu y de una familia de Israel"? 20Alégresele al sacerdote el corazón, y, tomando el efod, los "terafim," y la imagen tallada, se fue con aquella gente. 21Pusiéronse en marcha de nuevo, llevando por delante a los niños, a los animales y las cosas de precio; 22 y estaban ya lejos de la casa de Mica, cuando éste y los hombres que habitaban las casas vecinas de la de Mica se reunieron para salir en persecución de los hijos de Dan. 23Gritaron a los hijos de Dan; y éstos, volviendo la cara, dijeron a Mica: "¿Qué te ocurre, para que nos vengas dando voces?" 24 El contestó: "Mi dios, el que yo he hecho, me lo habéis quitado junto con el sacerdote, y os marcháis. ¿Qué me queda entonces? ¿Y todavía me preguntáis qué me ocurre?" 25Dijéronle los hijos de Dan: "No nos hagas oír más tu voz si no quieres que hombres irritados se arrojen sobre vosotros y pierdas tu vida y la de los de tu casa." 26 Prosiguieron los hijos de Dan su camino; y Mica, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y tornó a su casa.

La composición de los v.16-18 es singular. El sentido de la perícopa parece ser el siguiente: Habitaba Mica en un villorrio o caserío en el que las casas, dispuestas en forma circular, dejaban un patio en el centro, con la casa de Mica en el fondo del mismo y frente a la única puerta de entrada (v. 16-17). Los seiscientos hombres se aglomeraron en la puerta del caserío, donde saludaron y conversaron largamente con el levita (v. 15-16). Entre tanto, los cinco exploradores aprovecharon la coyuntura de hallarse el levita enzarzado en la conversación con el grueso de la tropa para deslizarse hacia el interior del patio, con ánimo de desvalijar el santuario instalado en la casa de Mica (v.17). Viendo ellos que el levita seguía en la puerta del caserío (v.17c), se filtraron en la casa de Mica, llevándose la imagen tallada (pesel), el efod y los terafim y, acaso (véase v.2), el ídolo de metal (massekah; v.18). De regreso, obligados a salir por la única puerta de acceso a la ciudad, en donde se hallaba el levita, no pudieron evitar que éste se diera cuenta del robo y les increpara, diciendo: "¿Qué hacéis?" Ellos y el grueso de los danitas le impusieron silencio y le invitaron a seguirles para ser su padre espiritual (17:10) y sacerdote. Las propuestas que le hicieron le parecieron más lucrativas que las de Mica, por lo cual cargó él mismo con los objetos sagrados y, en medio de la tropa, como personaje distinguido, comenzo a recorrer el camino.

Toma de Lais (18:27-29).

27Lleváronse, pues, lo que había hecho Mica y el sacerdote que tenía, y marcharon contra Lais, contra el pueblo tranquilo y confiado, y los pasaron a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. 28 No hubo quien la librara, por lo lejos que estaba Sidón y por no tener relación con la Siria. Estaba en el valle que se extiende hacia Bet Rejobot. Los hijos de Dan reedificaron la ciudad y habitaron en ella, 29 y la llamaron Dan, del nombre de su padre, hijo de Israel, pues antes se llamaba Lais.

La ciudad fue consagrada al anatema (1:8-25; 4:15). En la antigüedad, la guerra era total, y sigue siéndolo después de tres milenios. Después de la primera fase de la conquista israelita, no se habla más de "consagrar" la población cananea, sino solamente de rechazarla o someterla a tributo 1.

El autor sagrado explica el éxito de la empresa debido al aislamiento de Lais, que se encontraba lejos de Sidón y sin ninguna relación con la Siria. Bet Rejobot (Núm 13:22; 2 Sam 10:8), probablemente sobre el sitio original de Banías, era el centro de un pequeño Estado arameo que se organizó durante el siglo XII a. de C. El lugar formaba parte del país de los árameos o sirios (2 Sam 10:8).

Fundación de Dan y de su santuario (18:30-31).

30Los hijos de Dan se erigieron la imagen tallada de Mica; Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos, fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la emigración de Dan. 31 Permaneció entre ellos la imagen tallada de Mica, que él se había hecho, todo el tiempo que estuvo en Silo la casa de Dios.

Los danitas reedificaron la ciudad, a la cual dieron el nombre de su antepasado epónimo, Dan, uno de los hijos de Jacob. La traducción literal de los v.30-31 es la siguiente: "Los hijos de Dan se erigieron la imagen tallada (pesel). Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la cautividad de la tierra. Y se instalaron para ellos la imagen tallada que hizo Mica, por todo el tiempo que la casa de Yahvé estuvo en Silo." Estos dos versos han retenido la atención de exegetas e historiadores. Manipulados por los especialistas, los versos han sufrido mucho. Los críticos dudan de que uno y otro figurara en el texto primitivo; a veces suprimen los dos. Sin acudir a operaciones quirúrgicas tan enérgicas, algunos los amputan parcialmente. A pesar de las incertezas de la crítica literaria, los dos versos son importantes para la historia del sacerdocio israelita2. Hasta ahora el autor sagrado había callado el nombre de este levita; pero, en el trance de poner de relieve el origen ilustre del santuario, declara que se llamaba Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés (Ex 2:22; 18:3; 1 Crón 23:15). Pero este detalle de que un descendiente de Moisés se prestara a una desviación del yahvismo auténtico indica la anarquía religiosa existente en aquella época. Por esto mismo, para salvaguardar el honor del gran caudillo de Israel, los masoretas reemplazaron más tarde su nombre por el del impío Manases (2 Re c.21). Esta es la razón que en el texto masorético haya un nun suspendido entre la primera y segunda letra del nombre de Moisés (m(n)sh) 3.

Descendientes de Jonatán continuaron ejerciendo su sacerdocio, poco ortodoxo, en el santuario de Dan hasta que desapareció con Cautividad del reino del Norte en los años 733 ó 722. En tiempos de Jeroboam, la imagen tallada de plata fue reemplazada por un becerro de oro, lo que "indujo al pecado, pues iba el pueblo hasta Dan para adorar" (1 Re 12:30). Los profetas Amos y Oseas levantaron su voz contra estos sacerdotes.

En estos capítulos puede verse la mano de un autor del reino de Judá, que condena el santuario de Dan. Insiste en su carácter idolátrico (18:30a; 18:31a). El mismo redactor ha impreso su pensamiento en varias partes del relato. Respeta en general la vieja tradición danita; puede ser que haya añadido él los pasajes 17:6 18:1; 17:2-4. Él redactor es un ferviente y ah vista, un partidario del sacerdocio sadocita de Jerusalén 4.

1 Véase A. Fernández, El santuario de Dan. Estudio critico-exegético sobre Jud. I7-l8 "Bíblica," 15 (1934) 237-264; C. Hauret, Aux origines du sacerdoce danite: "Mélanges Ro-bert" (París s.a.) 105-113; Murtonen, A., Some Thoughts on Judges 1755: VT 1 (1951) 223-224.

1 W. F. Albright, De Γ age de la pierre a la chrιtienté (París 1951) 204-205.

2 Fiauret, l.c., 105-106,

3 Fernández, l.c., 253 11.2; Hauret, l.c., 107. Hauret, l.c., 112-113.

 

2. La Guerra contra Benjamín (c.19-21).

Los hechos de que se habla en los tres últimos capítulos del libro se desarrollaron también en los tiempos en que no había rey en Israel (v.1). Entre este apéndice y el anterior existen analogías evidentes. Los expositores han puesto de relieve que en el texto actual de este segundo apéndice se vislumbra la intervención de varias manos. Cómo y cuándo alcanzó su forma definitiva, no es posible determinarlo con certeza. Se habla de la yuxtaposición de dos narraciones antiguas; de un redactor posterior que combinó el relato más antiguo con otro sacerdotal completamente independiente o de un relato antiguo elaborado y dispuesto por un escritor perteneciente a los círculos sacerdotales 1.

En cuanto a los fines del autor, este apéndice entra en el plan teológico que se ha propuesto desarrollar. En primer lugar, el episodio deja entrever claramente el estado de anarquía reinante, en oposición a los tiempos de la monarquía davídica. Pero, a pesar de ello, Dios se interesa por su pueblo pecador y corre en su ayuda a la más leve señal de arrepentimiento (v.21-14). No son los pueblos extranjeros los que infligen un castigo a la tribu prevaricadora, sino la comunidad de Israel. Había crímenes que Israel no podía tolerar, tales como violar las costumbres sobre la hospitalidad, forzar una virgen, consentir perder la virginidad antes del matrimonio, apropiarse de las cosas consagradas a Yahvé por el herem (Desnoyers, I 297). Pero para que Israel lleve a feliz término las guerras de Yahvé contra los prevaricadores tiene necesidad de purificarse en la lucha y en el sufrimiento. Estas son las dos lecciones morales que se desprenden de este segundo apéndice· la noción de prueba (3:1-6) y la fidelidad de Yahvé.

El levita de Efraírn y su concubina (19:1-10).

1Sucedió por aquel tiempo, cuando no había rey en Israel, que un levita que peregrinaba en el límite septentrional de los montes de Efraím tomó por mujer a una concubina de Belén de Judá. 2Se disgustó con él la concubina y le dejó para irse a la casa de su padre, a Belén de Judá, donde se estuvo por espacio de cuatro meses. 3Su marido, llevando consigo un mozo y dos asnos, se encaminó donde ella estaba para hablarle al corazón y reducirla. Hízole entrar ella en la casa de su padre, que al verle salió muy contento a recibirle. 4 Instóle su suegro, el padre de la joven, y se quedó allí por tres días, comiendo, bebiendo y pasando la noche allí. 5Al cuarto día se levantó de mañana y se dispuso a marchar; pero el padre de la joven dijo a su yerno: "Toma antes un bocado de pan, para refocilarte, y luego partirás." 6Sentáronse ambos y comieron y bebieron; y el padre de la joven dijo al marido: "Anda, quédate hoy a pasar aquí la noche alegremente." 7Levantóse el marido para marcharse, pero le instó su suegro, y se quedó a pasar la noche allí. 8Levantóse de mañana el día quinto, para emprender la marcha; y le dijo el padre de la joven: "Anda, toma un refrigerio y diferid la marcha hasta el caer del día"; y se pusieron a comer juntos. 9Levantóse el marido para marcharse él, la concubina y el mozo; pero el suegro, el padre de la joven, le dijo: "Mira, comienza ya a caer la tarde; anda, pasad la noche aquí, que el día se acaba ya; pasa aquí la noche, que se te alegre el corazón, y mañana os levantáis bien temprano para volveros a tu casa," 10El marido rehusó pasar allí la noche, se levantó y partió. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con el par de asnos y la concubina.

Este levita habitaba como guer en la parte norte de Efraím (17:8; 18:2), lo que revela que el escritor escribía desde Judá. Tomó como concubina (8:31), o mujer de segundo orden (Gen 22:24), a una de Belén (17:7). No se sabe el porqué, pero lo cierto es que la mujer se enojo fuertemente contra él, lo abandonó y se marchó a casa de sus padres. Al cabo de cuatro meses, el buen levita, acompañado de un siervo y con dos asnos, se fue a Belén para reconciliarse con ella. La acogida fue cálida, tanto de parte de su mujer como de parte de su suegro (hoten). Después de muchas tentativas de éste para retenerle por más tiempo en su casa, el levita, con su mujer, emprendió el viaje de regreso a su casa.

Etapa en Gueba (19:11-21).

11Cuando estaba cerca de Jebús, el día había ya bajado mucho, y dijo el mozo a su amo: "Será mejor que nos desviemos hacia la ciudad de los jebuseos, para pasar allí la noche." 12El amo le respondió: "No, no torceremos hacia la ciudad extraña? en la que no hay hijos de Israel; 13lleguemos a Gueba"; y añadió: "Anda, vamos a acercarnos a uno de esos dos lugares, y pasaremos la noche en Gueba o en Rama." 14Prosiguiéronla marcha, y al ponerse el sol llegaron cerca de Gueba de Benjamín. 15Tomaron, pues, hacia allá, para pasar la noche en Gueba. Entraron y se sentaron en la plaza de la ciudad; y no hubo quien los admitiera en su casa, para pasar en ella la noche. 16Llegó en esto un anciano que venía de trabajar en el campo; era un hombre de los montes de Efraím, que se hallaba en Gueba; los habitantes del lugar eran benjaminitas. 17Cuando, al levantar los ojos, vio al viajero en la plaza de la ciudad, le dijo: "¿Adonde vas y de dónde vienes?" 18El le contestó: "Vamos de Belén de Judá al límite septentrional de los montes de Efraím, de donde soy yo. Había ido a Belén de Judá y voy a mi casa, pero nadie me admite en su casa. 19Sin embargo, tenemos paja y forraje para los asnos, y también pan y vino para mí, para tu sierva y para el mozo que acompaña a tus siervos; no necesitamos nada." 20El anciano le dijo: "Sea contigo la paz; de cuanto te es necesario te proveeré yo; no te quedes en la plaza." 21Hízolos entrar en su casa y dio forraje a los asnos. Laváronse los pies los viajeros y después comieron y bebieron.

A las dos horas de haber salido llegaron los viajeros a la vista de Jerusalén, que dejaron a la derecha, por encontrarse en poder de los jebuseos (Jos 15:8-68), y siguieron hacia adelante con el fin de hospedarse en una ciudad israelita al norte de Jerusalén. Esta se llamaba Urusalim, Jerusalén ya en el siglo XV a. de C., mucho antes de la ocupación israelita, y sólo más tarde llamóse Jebús (1 Crón 11:4-5). Llegaron los viajeros a Gueba de Benjamín (1 Sam 13:41; I5-34); actualmente Tell-el-Full, a seis kilómetros al norte de Jerusalén, y decidieron pernoctar allí. Según la costumbre, el grupo de viajeros sentóse en la plaza (Gen 19:2), esperando que alguien les ofreciera hospitalidad; pero nadie los invitó, a pesar de ser la hora en que las gentes regresaban de sus labores del campo. Al fin, un anciano efraimita, después de haberse cerciorado de dónde venían y adonde iban, les acogió benévolamente en su casa. Después de lavarles los pies (Gen 18:4; 19:2; 24:23), acto que se consideraba como necesario por razón de que se andaba con sandalias o con los pies desnudos, les sentó en su mesa.

Horrendo crimen de los guebaítas (19:22-30).

22Mientras estaban refocilándose, los hombres de la ciudad, gente perversa, aporrearon fuertemente la puerta, diciendo al anciano dueño de la casa: "Sácanos al hombre que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos." 23El dueño de la casa salió a ellos y les dijo: "No, hermanos míos, no hagáis tal maldad, os lo pido; pues que este hombre ha entrado en mi casa, no cometáis semejante crimen. 24Aquí están mi hija, que es virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré fuera para que abuséis de ellas y hagáis con ellas como bien os parezca; pero a este hombre no le hagáis semejante infamia." 25Aquellos hombres no quisieron escucharle, y entonces el levita cogió a su concubina y la sacó fuera. La conocieron y estuvieron abusando de ella toda la noche, hasta la mañana, dejándola al romper la aurora. 26 Al venir la mañana, cayó la mujer a la entrada de la casa donde estaba su señor, y allí quedó hasta que fue de día. 27 Su marido se levantó de mañana y abrió la puerta de la casa para salir y continuar su camino, y vio que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la casa con las manos sobre el umbral. 28 El le dijo: "Levántate y vamos"; pero nadie respondió. Púsola entonces el marido sobre su asno y partió para su lugar. 29Llegado a su casa, cogió un cuchillo y la concubina y partió miembro por miembro, en doce trozos, que mandó por toda la tierra de Israel. 30 Y a los enviados encargó que dijeran a todos los israelitas: "¿Se ha visto jamás tal cosa desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta el presente? Miradlo bien, deliberad y resolved." A su vista decían todos: "Jamás ha sucedido cosa parecida ni se ha visto tal desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta hoy."

Estando ellos refocilándose en su mesa, he aquí que los hombres de la ciudad, hijos de Belial (Deut 13:13), se acercaron a la casa y, aporreando fuertemente la puerta, decían al anciano dueño de la misma: "Sácanos a la mujer (texto masorético: al hombre) que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos" (Gen 19:1-8). La expresión hijos de Belial (1 Sam 1:16; 2:12; 10:27; Sal 18:5) equivale a decir hombre perverso, dañino, nefasto. El nombre indica una potencia infernal, el jefe de los demonios (2 Cor 6:15). Según el texto hebreo, se habla aquí de un crimen de sodomía, pecado muy extendido entre la gente nómada. Pero, por el contexto, aparece que los hombres de la ciudad reclamaban la mujer del levita. De hecho, en la declaración de éste (20:5) no alude al crimen de sodomía, y los hombres del pueblo mostráronse satisfechos una vez les entregó su joven mujer. Es posible que un escriba cambiara el texto, escribiendo ish en vez de isha, para hacer más horrendo el crimen de los guebaítas y acaso por influencia de la historia de Lot (Gen 19), con la cual presenta sorprendente analogía. El anciano, para cumplir con los deberes sagrados de la hospitalidad (Gen 19:6-8), prefiere entregarles su propia hija antes que a la mujer del levita. Aquella violación de las leyes de la hospitalidad era una villanía en Israel (Gen 34:7; Deut 22:21), que acarreaba necesariamente consigo un castigo ejemplar. El crimen de Gueba pasó a la historia de Israel como tipo de una perversidad extrema (Os 9:9; 10:9)·

A la mañana siguiente (Gen 19:15), el levita, al abrir las puertas de la casa para seguir su viaje, encontró a su concubina tendida a la entrada de la casa con las manos en el umbral. Al verla muerta, púso la sobre su asno y marchóse a su casa. Allí la partió en doce trozos, que mandó por toda la tierra de Israel. Acción análoga practicó Saúl (1 Sam 11:7). La finalidad del levita con esta partición macabra del cadáver de su mujer fue la de inspirar horror, encender la indignación del pueblo e incitarlo a la venganza. El número doce no está en relación con las doce tribus.

Deliberación de las tribus (20:1-11).

lSalieron, pues, los hijos de Israel desde Dan hasta Berseba y la región de Galaad y se reunieron como un solo hombre en Masfa, delante de Yahvé. 2 Los jefes de todo el pueblo y todas las tribus de Israel estuvieron presentes en la asamblea del pueblo de Dios: cuatrocientos mil hombres de a pie, armados. 3 Supieron los de Benjamín que los hijos de Israel habían subido a Masfa. Los hijos de Israel dijeron: "Sepamos cómo se ha cometido el crimen." 4Tomó entonces la palabra el levita marido de la mujer que había sido muerta, y dijo: "Yo había entrado en Gueba de Benjamín con mi concubina para pasar allí la noche. 5 Los habitantes de Gueba se levantaron contra mí y rodearon de noche la casa donde estaba, con intención de matarme. Hicieron fuerza a mi concubina, hasta dejarla muerta. 6La tome y la corté en trozos, que mandé por todo el territorio de la heredad de Israel, porque han cometido un crimen infame en Israel. 7Todos estáis aquí, hijos de Israel; deliberad y decidid aquí mismo." 8 Y poniéndose el pueblo todo en pie, como un solo hombre, dijeron: "No vuelva nadie a sus tiendas ni se vaya nadie a su casa. 9 Lo que hay que hacer con Gueba es ir contra ella a la suerte. 10Tómense de todas las tribus de Israel diez hombres por cada ciento, ciento por cada mil y mil por cada diez mil, que vayan en busca de víveres para la gente; y cuando estén de vuelta, que sea tratada Gueba de Benjamín conforme a la infamia que ha cometido en Israel." 11Quedáronse, pues, reunidos en torno a la ciudad todos los hijos de Israel, unidos como un solo hombre.

El levita logró el efecto que deseaba. La asamblea de la comunidad de Israel, representada por los notables de las tribus, ancianos y jefes militares (Jos 22:12), se reunieron en Masfa (1 Sam 7:5-14; 10:17; 2 Re 25:23-26), centro religioso y político, donde existía probablemente un santuario, como deja suponer la expresión "se reunieron. delante de Yahvé." Para expresar la presencia de representantes de todas las tribus (menos Benjamín), se emplea la frase clásica: de Dan, al norte, hasta Berseba, al mediodía (1 Sam 3:20; 2 Sam 17:11), y la región de Galaad, o sea, las tribus transjor-dánicas. La cifra de los allí reunidos, cuatrocientos mil de a pie, es una hipérbole manifiesta. En toda la narración se emplean cifras Y altas (v.17; 21; 25; 34:44-45).

Fracasan las negociaciones (20:12-13).

12Habían enviado las tribus de Israel mensajeros a todas las familias de Benjamín, que les dijeran: "¿Qué crimen es este que se ha cometido entre vosotros? 13Entregad luego a los perversos de Gueba para que les demos muerte y extirpemos el mal de en medio de Israel"; pero los benjaminitas no accedieron a la demanda de sus hermanos los hijos de Israel.

Antes de empeñarse en una acción bélica contra Gueba, la comunidad de Israel envió un mensaje a los representantes de Benjamín para que entregaran a los culpables para darles muerte, y borrar así el crimen que pesaba sobre Israel. Pero los benjaminitas se negaron a entregárselos. Aún hoy, entre los nómadas de TransJordania y Arabia, en caso de algún crimen, el cheikh no tiene derecho a matar al culpable que pertenezca a su clan, porque "es su propia sangre," y nada prevalece contra la sangre.

Primeros encuentros (20:14-28).

14Y saliendo de sus ciudades, se reunieron en Gueba para combatir contra los hijos de Israel. 15Los hijos de Benjamín que, salidos de sus ciudades, se reunieron entonces en Gueba fueron veintiséis mil hombres de guerra, sin contar los habitantes de Gueba. 16Había, de entre éstos, setecientos hombres escogidos, zurdos, todos capaces de lanzar con la honda una piedra contra un cabello sin errar el blanco.17 El número de los hijos de Israel reunidos, no contando a los de Benjamín, fue de cuatrocientos mil; todos hombres de guerra. 18Levantáronse, pues, los hijos de Israel y subieron a Betel, y, consultando a Dios, preguntaron: "¿Quién subirá primero a combatir a los hijos de Benjamín?" Respondió Yahvé: "Judá subirá el primero." 19Pusiéronse en marcha de mañana los hijos de Israel y acamparon contra Gueba. 20Avanzaron los hijos de Israel para combatir a los de Benjamín, y se pusieron en orden de batalla contra ellos delante de Gueba. 21Salieron los hijos de Benjamín de Gueba, y echaron por tierra en aquel día a veintidós mil hombres de Israel. 22Los hombres de Israel hiciéronse fuertes y presentaron nuevamente batalla en el mismo lugar donde se pusieron el primer día; 23habían subido antes a llorar ante Yahvé hasta la tarde, y habían consultado, diciendo: "¿Marchamos todavía a combatir a Benjamín, nuestro hermano?"; y Yahvé había respondido: "Marchad contra él." 24Acercáronse, pues, los hijos de Israel a los hijos de Benjamín el segundo día; 25y salieron a su encuentro en Gueba los hijos de Benjamín, y echaron por tierra esta vez a dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos hombres de guerra. 26Subió todo el pueblo, todos los hijos de Israel, a Betel; y allí lloraron ante Yahvé, ayunaron aquel día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas ante Yahvé. Luego consultaron a Yahvé. 27Por entonces estaba allí el arca de la alianza de Dios; 28y Finés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, servía ante ella. Preguntaron, pues: "¿Marcharé todavía otra vez para combatir a los hijos de Benjamín, mi hermano, o debo desistir?" Yahvé respondió: "Marcha, que mañana lo pondré en tu mano."

Al ejército israelita opusieron los benjaminitas otro de veintiséis mil (la cifra difiere según las versiones), entre los cuales se encontraban setecientos guerreros elegidos, zurdos (3:15), famosos en el manejo de la honda (1 Crón 12:2). Los dos primeros encuentros fueron desastrosos para las tribus reunidas, las cuales, a pesar de su superioridad numérica, fueron rechazadas con grandes pérdidas. Este desastre les indicaba que los medios materiales nada cuentan si Yahvé no combate con su pueblo. Las derrotas de Israel obedecían a que, por una causa que el autor sagrado no manifiesta, el ejército había contraído alguna impureza, de la cual debía purificarse (Jos c.7). La guerra es una empresa de Yahvé; de ahí que todos los que quieren participar en ella deben estar, por así decir, en estado de consagración. Puesto que Yahvé es el Señor de la guerra y que está en medio del campo de su pueblo, conviene que este campo se conserve santo (Vincent). Previamente purificados consultaron a Yahvé, quien prometió entregarles a Benjamín. El v.27 dice textualmente: "Y los hijos de Israel consultaron a Yahvé; por aquellos días el arca de la alianza se encontraba allí," es decir, en Betel, lección que debe retenerse. Es cierto que, según los 18:1; 1 Sam 1:1-3, el arca de la alianza se hallaba habitualmente en Silo, donde permaneció hasta los tiempos de Helí; pero, dado que el arca se hallaba en manos de Efraím, es muy posible que éste, que jugaba el primer papel en esta conflagración, la hubiera trasladado a Betel. Tenemos otros ejemplos del traslado circunstancial del arca (1 Sam 4:3ss). Los exegetas modernos consideran los v.27b-28a como una glosa introducida posteriormente en el texto original.

Primera derrota de Benjamín (20:29-35).

29Israel puso en torno a Gueba una emboscada; 30y al tercer día subieron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín, y se ordenaron en batalla ante Gueba, como las otras veces. 31Los hijos de Benjamín salieron al encuentro del pueblo, dejándose arrastrar lejos de la ciudad·Comenzaron a herir y matar gente en el campo, como las otras veces, en los dos caminos, de los cuales el uno sube a Betel y el otro a Gabaón, unos treinta hombres de Israel. 32 Los hijos de Benjamín se decían: "Derrotados ante nosotros como antes." Y los hijos de Israel dijeron: "Huyamos y atraigámoslos sobre estos caminos, lejos de la ciudad"; y abandonando todos sus posiciones, se pusieron en orden de batalla en Baal Tamar. 33 Los emboscados de Israel, al occidente de Gueba, se echaron fuera de su puesto, 34 y llegaron contra Gueba diez mil hombres escogidos de todo Israel. El combate fue duro, pues los hijos de Benjamín no se dieron cuenta del gran desastre que les amenazaba. 35 Yahvé batió a Benjamín ante Israel, y los hijos de Israel mataron aquel día veinticinco mil cien hombres de Benjamín, hombres de guerra.

Los israelitas usaron de una estratagema para apoderarse de Gueba, como antes hizo Josué para expugnar a Hai. Según muchos opositores, el autor sagrado describe la batalla utilizando dos ocurrientes. En el primero, v.29-36a, o, según otros, v.32-35, se fija la atención preferentemente en la acción del grueso del ejército; Centras que en el segundo, v.36b-41 ó 36-46, se describe el éxito de los emboscados. Los israelitas salieron victoriosos porque Yahvé combatía con ellos: "Yahvé batió a Benjamín ante Israel" (v.55). Puede ser que el v.35 sea una glosa anticipada de los v.44-46, lo mismo que 36a del v.41.

La Emboscada Contra Benjamín (20:36-41).

36Viéronse derrotados los hijos de Benjamín, y se dieron cuenta de que Israel había cedido terreno ante ellos porque confiaba en la emboscada que había puesto contra Gueba. 37Los emboscados se echaron rápidamente sobre la ciudad y, avanzando contra ella, la pasaron a filo de espada. 38Los hijos de Israel habían convenido con los de la emboscada en una señal, diciendo: "Haced subir de la ciudad una gran nube de humo." 39Al verla los hijos de Israel, simularon la fuga. Los de Benjamín habían ya matado unos treinta hombres y se decían: "Helos ahí abatidos ante nosotros, como en la primera batalla." 40Cuando la nube de humo comenzó a alzarse como una columna sobre la ciudad, volvieron los ojos atrás y vieron que toda la ciudad subía en fuego hacia el cielo. 41 Diéronles entonces la cara los hijos de Israel; y los de Benjamín, aterrados ante el desastre que se les venía encima.

La narración, interrumpida por los v.35-36a, se continúa en esta perícopa, en que se describe la acción de la emboscada. Una vez alejados los benjaminitas de Gueba, las gentes de la emboscada penetraron en la ciudad, la incendiaron y pasaron a sus habitantes a filo de espada. Gueba, por su crimen, fue entregada al anatema.

Exterminio de Benjamín (20:42-48).

42 …volvieron las espaldas ante los hijos de Israel y emprendieron la huida, camino del desierto; pero la batalla los apretaba, y los que venían de la ciudad los exterminaron. 43Cercaron a Benjamín, le persiguieron sin descanso, le aplastaron, hasta el oriente de Gueba. 44Dieciocho mil nombres cayeron de Benjamín, todos gente valiente. 45 De entre los que huían hacia el desierto, hacia la roca de Rimón, mataron los de Israel por las subidas cinco mil, y siguieron persiguiéndolos hasta acabar con ellos, y mataron otros mil. 46El número total de los de Benjamín que perecieron aquel día fue de veinticinco mil hombres de guerra, todos valientes. 47Seiscientos hombres de los que emprendieron la huida hacia el desierto y pudieron llegar a la roca de Rimón permanecieron allí durante cuatro meses. 48 Los hijos de Israel se volvieron sobre Benjamín y pasaron a filo de espada las ciudades, hombres y ganados y todo cuanto hallaron, e incendiaron cuantas ciudades encontraron.

En su huida al desierto, al este de Gueba, los benjaminitas fueron también atacados por los soldados de la ciudad, encontrándose entre dos fuegos. Algunos supervivientes, perseguidos constantemente por los israelitas, torcieron hacia el norte con ánimo de alcanzar la roca de Rimón, el pueblo actual de Rammun, a tres kilómetros de Taiyibé (Ofra), región poblada todavía hoy de numerosas grutas. Tan sólo unos seiscientos hombres pudieron lograr el objetivo y escapar de este modo de la espantosa matanza. Los israelitas se desparramaron por el territorio de Benjamín, pasando a fijo de espada a hombres, mujeres, niños y ganados, e incendiando las ciudades. Todo Benjamín fue consagrado al anatema, porque todo su territorio se había contaminado con el crimen de los de Gueba "hijos de Belial." Israel fue el instrumento de que se valió Dios para quitar de en medio aquella abominación.

Rehabilitación de Benjamín (21:1-8).

1Los hombres de Israel habían jurado en Masfa, diciendo: "Ninguno de nosotros dará por mujer su hija a uno de Benjamín." 2Vino el pueblo de Betel y estuvo allí ante Dios toda la tarde. Alzando su voz, lamentábase grandemente, diciendo: 3"¿Por qué, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! ha sucedido que en Israel venga hoy a faltar una tribu?" 4Al día siguiente, levantándose de mañana, alzaron allí un altar, ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas, 5 y se preguntaron: "¿Quién de entre las tribus de Israel no ha subido a la asamblea de Yahvé?" Porque habían jurado solemnemente contra quien no subiera ante Yahvé a Masfa, diciendo: "Será castigado con la muerte." 6Los hijos de Israel se compadecieron de Benjamín y su hermano, y se decían: "Hoy ha sido amputada de Israel una tribu. 7¿Qué haremos por ellos, para procurar mujeres a los que se quedan? Porque hemos jurado por Yahvé no darles por mujeres nuestras hijas." 8Dijéronse, pues: "¿Hay alguno entre las tribus de Israel que no haya subido ante Yahvé a Masfa?" Y ninguno de Jabes Galaad había venido al campo, a la asamblea.

Dios, que había castigado hasta el exterminio a los pecadores, se compadece de Benjamín e interviene para rehabilitarle. Al anatema contra Benjamín se unía el juramento de no dar a los benjaminitas las hijas de Israel por esposas, lo que equivalía a la total desaparición de aquella tribu de la comunidad de Israel. En el presente capítulo se indica la manera como los israelitas solucionaron el problema creado por su juramento. Piensan algunos expositores (Vincent, Fernández) que el redactor final recogió diversas tradiciones al escribir esta historia, en la cual se repiten diversas veces los mismos hechos (v.1:14; 3:6-15; 5:8; 7:16-18; 8-9). Según una de estas tradiciones, se pide a los de Galaad que den de buen grado sus hijas a los hombres de Benjamín, lo que ellos solos pueden hacer sin perjurio. Otra tradición dice que los jabesitas fueron asesinados por no haber acudido a la asamblea de Israel, salvándose tan sólo las jóvenes vírgenes, según Núm 31:17-18. En fin, una tercera tradición refiere que, en ocasión de una fiesta de Yahvé en Silo, los benjaminitas se apoderaron de cuantas jóvenes tenían ellos necesidad.

Las vírgenes de Jabes Galaad (21:9-18).

9Hicieron un recuento del pueblo, y no se halló ninguno de Jabes Galaad. 10Entonces envió contra ellos la asamblea doce mil hombres de los más valientes con esta orden: "Id y pasad a filo de espada a los habitantes de Jabes Galaad, con sus mujeres y niños, u Pero habéis de hacer así: Anatematizad a todo hombre y a toda mujer que haya conocido varón." 12Hallaron entre los habitantes de Jabes Galaad cuatrocientas jóvenes vírgenes que no habían conocido varón compartiendo su lecho y las llevaron al campo de Silo, en la tierra de Canaán. 13Mandó entonces toda la asamblea mensajeros que hablaran a los hijos de Benjamín que estaban en la roca de Rimón, y les ofrecieron la paz. 14Volvieron los de Benjamín entonces, y se les dieron por mujeres las que habían sobrevivido de las mujeres de Jabes Galaad, pero no hubo bastantes. 15El pueblo se compadecía de Benjamín, porque había abierto Yahvé una brecha en las tribus de Israel; 16y los ancianos de la asamblea se preguntaron: "¿Cómo haremos para procurar mujeres a los de Benjamín, puesto que sus mujeres han sido muertas?" 17Y decían: "Quede en Benjamín la heredad de los que han escapado, para que no desaparezca una de las tribus de Israel; 18pero nosotros no podemos darles por mujeres nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: Maldito quien dé a los de Benjamín su hija por mujer."

Los presentes en la asamblea no pueden entregar sus hijas a Benjamín; así lo juraron en Masfa (20:1). Pero, hechas las indagaciones pertinentes, comprobaron que Jabes Galaad no había tomado parte en la guerra contra Benjamín, por lo cual no estaban obligados por el juramento. Ningún vestigio se conserva en la Biblia del anatema contra Jabes Galaad; las relaciones posteriores entre Galaad y Benjamín fueron cordiales (1 Sam 11:1-10; 31:11-13; 2 Sam 2:4; 21:12). Por lo mismo, algunos expositores católicos consideran los v.5:10 (menos las primeras palabras), n y parte del 14 como una glosa inspirada en Núm 31:17 (Tamisier). Acaso sea también una glosa posterior la frase "Silo, en la tierra de Canaán," que se introdujo para dar apariencia legal a la operación. El campo de los israelitas se encontraba en Masfa o en Betel (v.2), pero no en Silo. El texto primitivo decía solamente: "Y las llevaron (a las vírgenes) al campo," sobrentendiéndose de Masfa o Betel. Emisarios de los israelitas fueron a Rimón, donde estaban los seiscientos supervivientes de Benjamín, y les ofrecieron la paz (Deut 20:10-13), que aceptaron. No hubo bastantes mujeres para todos, por lo que el pueblo se compadeció de Benjamín, preocupado en reparar la brecha que había abierto Yahvé en las tribus de Israel.

Rapto de las jóvenes de Silo (21:19-25).

19Y dijeron: "Cerca está la fiesta de Yahvé, que de año en año se celebra en Silo" — ciudad situada al norte de Betel, al oriente del camino que de Betel sube a Siquem y al mediodía de Lebona. 20Y dieron a los de Benjamín esta orden: 21"Id y poneos en emboscada en las viñas. Estad atentos, y, cuando veáis salir a las hijas de Silo para danzar en coro, salís vosotros de las viñas y os lleváis cada uno a una de ellas para mujer, y os volvéis a la tierra de Benjamín. 22Si los padres o los hermanos vienen a reclamárnoslas, les diremos: Dejadlos en paz, pues con las de Tabes Galaad tomadas en guerra no ha habido una para uno y no habéis sido vosotros los que se las habéis dado, que lo entonces seríais culpables," 23Hicieron así los hijos de Benjamín, y cogieron de entre las que danzaban una cada uno, llevándoselas y volviéndose a su heredad. Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas. 24Fuéronse entonces los hijos de Israel cada uno a su tribu, a su familia, volviendo todos a su heredad. 25No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía.

La desgracia que diezmó la tribu de Benjamín es una manifestación clara de la justa cólera divina. Doscientos hombres habían quedado sin mujer por no hallar las suficientes en Galaad, y era necesario procurárselas para que "quede en Benjamín la heredad de los que han escapado" (v.17). El texto sagrado refiere el ardid que emplearon los israelitas para que cada benjaminita tuviera su mujer. A este episodio precede una introducción paralela al relato anterior (15 = 6; 16 = 7a; 18 = 1).

Era próxima una de las fiestas de Yahvé en Silo, sin duda una de las tres prescritas por la Ley (Ex 23:14; 34:23), sin que pueda precisarse cuál de ellas; durante la misma, las hijas de Israel danzaban en coro — alusión a las danzas acompañadas de gritos (Ex 32:1:-19). Los doscientos benjaminitas, por indicación de los ancianos de la asamblea, debían apostarse en emboscada en las viñas, espiando el momento en que ellas salían, para procurarse cada uno una mujer. Este consejo de los ancianos tropezaba con el inconveniente de la lógica protesta de los padres y hermanos de las jóvenes, que tenían derecho a reclamar, fuera del caso de guerra, el mohar o la dote de parte del que tomaba a su hija o hermana por esposa. Pero habían prevenido ya esta circunstancia y la respuesta que los raptores debían dar a los demandantes, Los benjaminitas siguieron al pie de la letra aquel consejo. Después de haber asegurado a los padres y hermanos que no tomaban aquellas vírgenes en calidad de botín de guerra, percibiendo, por lo mismo, ellos el mohar, marchóse cada uno a su heredad. También los hijos de Israel se marcharon cada uno a su tribu y a su clan.

Las abominaciones de que ha hablado el autor sagrado en estos dos apéndices reclamaban la institución de la monarquía davídica, que impusiera el orden y la justicia, que tanto se echaban de menos en Israel. Esta es la idea que quiere inculcar el hagiógrafo al repetir al final la consabida frase (17:6; 18:1; 19:1): "No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía."

Rut.

Introduccion.

Canon.

El diminuto libro de Rut, llamado así por razón de su protagonista, figura en el canon judío entre los libros de la colección Ketubim, o hagiógrafos, y ocupa el segundo lugar entre los Megillot, o rollos, después del Cantar de los Cantares. Se leía el libro en la fiesta de Pentecostés, por hacerse mención en él de la siega de la cebada. En el canon alejandrino y en la Vulgata sigue inmediatamente al libro de los Jueces y sirve como de introducción a la historia de David. Las razones que motivaron su desplazamiento a este último lugar son: a) las palabras que encabezan el libro: "Al tiempo en que gobernaban los jueces," y b) la genealogía de David (4:22).

Texto.

Fue escrito en hebreo, muy afín al tipo clásico que se encuentra en los relatos del Pentateuco y en el libro de los Reyes Qouon). Contiene algunos neologismos y aramaísmos (1:13; 4:7; 1:20; 2:14). Los espíritus sensibles al argumento lingüístico tienden a admitir que el lenguaje de Rut es posterior al libro de Jeremías y Reyes. El griego de los LXX es una versión literal del hebreo, que contrasta con la traducción bastante libre y elegante de la Vulgata 1.

Autor y fecha de composición.

El libro no lleva nombre expreso de autor. En cuanto a la fecha de su composición, se dividen las opiniones. Algunos creen que fue escrito en la época de los primeros reyes2; en tiempo de David3; antes del exilio; durante el exilio4, y después del mismo5.

Existen indicios de carácter interno que confirman las sospechas de que el libro fue escrito después del exilio, probablemente hacia la primera mitad del siglo ν a. de C. En efecto, la mentalidad del autor acerca de la retribución es muy parecida a la del libro de Job. La legislación sobre el levirato contenida en Rut es más antigua que la del Deuteronomio, Código Sacerdotal (Núm 27:1-11; c.26) y Código de Santidad (Lev 18:16; 20:21). Existen concepciones muy antiguas en torno a la divinidad (1:15; 2:12). Los nombres propios presentan la mayoría de ellos un colorido arcaico.

La práctica de quitarse el zapato y dárselo a otro para convalidar el contrato es muy antigua, tanto que el autor se cree en la obligación de explicarla (4:7).

Aunque se rebaje la época de la composición del libro a los tiempos después del exilio, debemos, sin embargo, admitir que hechos que allí se refieren llevan el sello de una remota antigüedad con todas las garantías de responder a una realidad objetiva histórica. La historia de Rut se venía retransmitiendo de boca en boca desde muchos años como episodio edificante para inculcar la práctica de los deberes y obligaciones familiares. Es muy posible que tuviera lugar en tiempos de David. En 1 Sam 22:3 se dice que David encomendó al rey de Moab la tutela de sus padres, "y bajó a su padre y a su madre al rey de Moab, y allí con él habitaron mientras estuvo David en la fortaleza."

Enseñanza religiosa.

Dios, en sus inescrutables designios, permite grandes males para purificar en el crisol de la prueba a las almas. Dolorosa fue la tragedia de la familia de Elimelec, numerosas las desgracias familiares, pero Dios recompensó copiosamente la piedad y devoción de Noemí. El Dios de Israel no limita su protección a los israelitas que viven dentro de los límites de la tierra prometida, sino que acompaña a sus fieles servidores adondequiera que vayan, y toma bajo su protección a los extranjeros que se confían a El y se refugian bajo sus alas (2:12). En Dios no hay acepción de personas.

Aunque el libro de Rut sea uno de los más cortos del canon del Antiguo Testamento, se recomienda su lectura a todos por las lecciones religiosas y morales que encierra.

Dios prueba a la familia de Elimelec (1:1-5).

1Al tiempo en que gobernaban los jueces, hubo hambre en la tierra; y salió de Belén de Judá un hombre con su mujer y dos hijos, para habitar como extranjeros en los campos de Moab 2Llamábase el hombre Elimelec; la mujer, Noemí, y los dos hijos, Majalón el uno y Quelyón el otro, efrateos, de Belén de Judá. Llegaron a la tierra de Moab y habitaron allí. 3 Murió Eli-melec, marido de Noemí, y se quedó la mujer con los dos hijos, 4 que habían tomado mujeres moabitas, una de nombre Orfa y la otra Rut. Permanecieron allí por unos diez años, 5y murieron ambos, Majalón y Quelyón, quedándose la mujer sin hijos y sin marido.

"Al tiempo en que gobernaban los jueces" tuvo lugar la edificante historia, que un autor anónimo recogió de una tradición popular antigua. Había en Belén una familia compuesta del matrimonio .y dos hijos varones, que, acuciada por el hambre que siguió a una pertinaz sequía, vióse constreñida a emigrar a las altiplanicies de Moab, al otro lado del Jordán. Otras veces, idénticas causas provocaron el éxodo de la población, o bien hacia Egipto (Gen 12:10; c.42-46), Guerar (Gen c.26), Siria (1 Re 17:7-24) o a la tierra de los filisteos (2 Re 8:1). Los cuatro componentes de la familia eran efrateos, es decir, miembros del clan Efrata que se instaló en Belén (1 Sam 17:12; Miq 5:2; 2 Crón 2:51; 4:4). Al poco tiempo de vivir como extranjeros en los campos de Moab, murió el jefe de la familia, Elimelec. Después de su muerte, sus dos hijos, Majalón y Quelyón, tomaron por esposas a dos mujeres moabitas, Rut y Orfa respectivamente. Poco tiempo duró su vida matrimonial, por cuanto a los diez años de permanencia en Moab murieron ambos, quedándose Noemí sin hijos y sin marido. No reprueba el autor sagrado estos matrimonios con extranjeras ni tampoco insinúa que la muerte sobreviniera como castigo de este matrimonio.

Regreso a la tierra de Judá (1:6-14).

6Levantóse la mujer con sus dos nueras para dejar la tierra de Moab, pues había oído decir que había mirado Yahvé a su pueblo, dándole pan. 7Salió con las dos nueras del lugar donde estaba y emprendió el camino para volver a la tierra de Judá. 8Y dijo Noemí a sus dos nueras: "Andad, volveos cada una a la casa de vuestra madre, y que os haga Yahvé gracia, como la habéis hecho vosotras con los muertos y conmigo. 9Que os dé Yahvé hallar paz cada una en la casa de su marido." Y las besó. Alzando la voz, pusiéronse a llorar, 10y le decían: "No; nos iremos contigo a tu pueblo." n Noemí les dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Tengo, por ventura, todavía en mi seno hijos que puedan ser maridos vuestros? 12Volveos, hijas mías; andad. Soy ya demasiado vieja para volver a casarme. Y aunque me quedara todavía esperanza y esta misma noche estuviera casada y tuviera hijos, ¿ibais a esperar vosotras hasta que fueran grandes? 13 ¿Ibais por eso a dejar de volver a casaros? No, hijas mías; mi pena es más grande que la vuestra, porque pesa sobre mí la mano de Yahvé." 14Y, alzando la voz, se pusieron otra vez a llorar. Después Orfa besó a su suegra; pero Rut se abrazó a ella.

Un cúmulo de desgracias se habían abatido sobre Noemí. Había lido de Belén "con las manos llenas" y ahora veíase en el trance regresar a su patria "con las manos vacías" (1:21). Antes, aunque, poseída de bienes de fortuna, con un campo que no les daba ara vivir, tenía a su marido y a sus dos hijos; ahora carece de ambas cosas. Ella decide abandonar la tierra en que "el Omnipotente la ha afligido."(1:21) y regresar a Belén para olvidar penas. Además habían llegado a sus oídos rumores de que "Dios había mirado (con benevolencia) a su pueblo (Gen 21:1; Lc 1:68; 7:13), dándole pan. Allí, con sus compatriotas y parientes, le sería más fácil proveer a sus necesidades personales. Las dos nueras quedarían en libertad en casa de su madre para practicar su religión, contratar un segundo matrimonio y asegurar de este modo su porvenir. El texto hebraico dice: "En casa de su madre," porque entre los hebreos cada mujer tenía su propia tienda (Gen 24:67; 31:33; Jue 4:16), en las cuales habitaban con las hijas. Noemí había formado sus planes sin comunicar nada a sus nueras hasta el día de la marcha. Pero era tanta la afección que las nueras sentían por su suegra, que decidieron acompañarla, lo cual significaba que se expatriaban voluntariamente. Noemí trató de convencerlas para que se quedaran, extendiéndose en una serie larga de consideraciones. De ella nada podían esperar ya, aludiendo a las leyes del levirato (Deut 25:5-10); era, pues, mejor que se quedaran y que enderezaran la vida conforme a las leyes de sus connacionales. Orfa quedó convencida de su razonamiento; la besó y se volvió.

Piedad filial de Rut (1:15-18).

15Noemí le dijo: Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios; vuélvete tú corno ella." 16Rut le respondió: "No insistas en que te deje y me vaya lejos de ti; donde vayas tú, iré yo; donde mores tú, moraré yo; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios; 17donde mueras tú, allí moriré y seré sepultada yo. Que Yahvé me castigue con dureza si algo, fuera de la muerte, me separa de ti." 18Viendo que Rut estaba decidida a seguirla, cesó Noemí en sus instancias.

El amor que profesaba Rut a su suegra pudo más en ella que las ventajas que podía esperar si regresaba a su pueblo. Noemí insiste, pero ella porfía en acompañarla. Mira, le dice, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. En estas palabras encontramos la idea antigua — que cada pueblo tenía sus dioses, que ejercían sobre el mismo poder absoluto. No solamente el pueblo bajo de Israel, sino todos los Que no estaban en contacto íntimo con los medios estrictamente monoteístas, admitían la existencia r eal de los dioses extranjeros. Sin duda, Yahvé era el Dios de los padres, más poderoso que todos los dioses juntos de los pueblos vecinos, que aun en tierra extranjera defendía a los suyos; pero se creía que los dioses extranjeros estaban en su derecho de ejercer un poder incontestable sobre sus propios territorios l. A esta creencia alude Jeremías (2:10). Rut, al acompañar a Noemí a su tierra, se obliga a trocar sus dioses por el Dios de Israel y a refugiarse bajo sus alas (2:12). Tu pueblo, dice a Noemí, será mi pueblo y tu Dios sera mi Dios (1:16; 2:12). Incorporándose a la familia de Noemí tiene derecho a ser sepultada en el sepulcro de los que desde ahora considera como sus padres (1:17). Rut rubrica con un juramento imprecatorio su incorporación a la familia de Noemí, con todos sus derechos y obligaciones: Que Yahvé me castigue con dureza si algo, fuera de la muerte, me separa de ti (1:17). Cf. 1 Sam 3:17; 14:44; 25:22; 2 Sam 3:9.

Entrada de Noemí y Rut (1:19-22).

19Juntas hicieron el camino hasta llegar a Belén; y cuando entraron, toda la ciudad se conmovió al verlas, y las mujeres se decían: "¿Es és¿a Noemí?" 20Y ella les contestaba: "No me llaméis más Noemí; llamadme Mará, porque el Omnipotente me ha llenado de amargura. 21Salí con las manos llenas, y Yahvé me ha hecho volver con las manos vacías. ¿Por qué, pues, habríais de llamarme más Noemí, una vez que Yahvé da testimonio contra mí y me ha añigido el Omnipotente?" 22Así se volvió Noemí con Rut la moabita, su nuera, y vino de la tierra de Moab, llegando de los campos de Moab a Belén cuando comenzaba la siega de las cebadas.

Al entrar Noemí en Belén fue reconocida inmediatamente por sus compatriotas. Diez años había demorado su ausencia. De pronto circuló la voz entre el elemento femenino de que Noemí había regresado acompañada de una joven moabita. Toda la ciudad se conmovió al verlas llegar solas, sin que las acompañara ningún hombre. Además, los años y los sufrimientos habían hecho mella en el físico de Noemí, tanto que las mismas mujeres se decían: ¿Es ésta Noemí? queriendo significar: ¿Cómo llega tan necesitada y pobre, envejecida y sin marido e hijos y con una mujer moabita por compañera? Por la narración siguiente se deduce que las betlemitas acosaron a Noemí con preguntas sobre las incidencias de su vida en Moab y que ella hizo un elogio de la conducta de Rut. La alusión a su nombre, Noemí (que significa mi graciosa), en aquellas circunstancias desagradables le llegaba al alma. Para que entre su nombre y su condición actual hubiera correspondencia, prefería que la llamaran Mará (amargada, la cenicienta). El Omnipotente (Sadday) la ha afligido. Reconoce Noemí que Dios la ha castigado, aunque no tiene conciencia de que haya pecado contra El. Pero, cuando Dios se ha comportado de esta manera, sus razones tendrá, pues es justo en su proceder. Noemí no se rebela contra la justicia divina.

Al final del capítulo se dice que las dos mujeres llegaron a Belén ndo comenzaba la siega de la cebada, es decir, hacia el mes de mayo. Esta aclaración no tiene otra finalidad que la de preparar la narración siguiente y acaso aludir a la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos.

Rut espiga en los campos de Booz (2:1-7).

1Tenía Noemí un pariente por parte de su marido, Elimelec, hombre poderoso, de nombre Booz. 2 Dijo Rut a Noemí: "Si quieres, iré a espigar al campo donde me acojan benévolamente"; y Noemí le dijo: "Ve, hija mía." 3 Fue, pues, Rut, y se puso a espigar en un campo detrás de los segadores. Dióse precisamente el caso de que el campo era de Booz, el pariente de Noemí; 4y he aquí que vino éste de Belén para visitar a los segadores, a quienes dijo: "Yahvé sea con vosotros"; contestándole ellos: "Yahvé te bendiga." 5 Y preguntó Booz al criado suyo que estaba al frente de los segadores: "¿De quién es esa joven?"; 6 y él le contestó: "Es una joven moabita que se ha venido con Noemí de la tierra de Moab. 7Me dijo: Déjame espigar detrás de los segadores. Desde la mañana hasta ahora está aquí, y bien poco que ha descansado en la cabana."

En contra de lo que el texto masorético podría hacer sospechar, Booz no era solamente conocido de Elimelec, sino un pariente suyo (2 Re 10:11; Sal 31:12; 55:14). Con relación a Noemí, era pariente por alianza. Booz era affinis de Noemí y cognatus de Elimelec Qouon, l.c., 46). Era un hombre poderoso de Belén. Noemí y Rut eran pobres y viudas, tanto que tenían derecho de acogerse a la ley mosaica (Lev 19:9-10; 23:22; Deut 24:19-22) de ir a espigar en los campos al tiempo de la cosecha. Esta costumbre, amparada por una ley, restringíase en la práctica por la voluntad del propietario del campo. Casualmente, el campo adonde se dirigió Rut pertenecía a Booz. El autor sagrado créese obligado a hacer esta aclaración para indicar que la Providencia divina dispuso la marcha de los acontecimientos a su beneplácito, sin que hubiera por parte de Noemí un plan astutamente preconcebido.

Mientras Rut estaba ocupada en espigar llegó Booz a su heredad y, después de saludar a sus criados, preguntó por la parentela de aquella joven espigadora. Probablemente había muchos otros pobres espigando en el campo, a los cuales Booz conocía; pero ignoraba la condición familiar de aquella joven. El que estaba al frente de los segadores le aclaró que era la (con artículo, según el texto griego) joven moabita. Toda la ciudad había comentado el caso de las dos mujeres; todos las conocían; pero, en concreto, la joven moabita acaparaba la atención de las gentes. El capataz pondera a Booz la tenacidad de Rut en el trabajo: Está ahí, le dice, desde la mañana hasta el presente, sin darse reposo alguno. Todo el v.7 presenta algunas dificultades tanto en el texto hebreo como en las versiones. La lección que hemos adoptado parece la más conforme (Vincent, Jouon).

Deferencia de Booz hacia Rut (2:8-17).

8 Dijo Booz a Rut: "¿Oyes, hija mía? No vayas a otros campos a espigar ni te apartes de aquí. 9 Únete a mis criados y vete con ellos al campo donde se siegue. Ya diré a mis criados que nadie te toque; y si tienes sed, te vas al hato y bebes de lo que beban los criados."10 Postróse Rut rostro en tierra, y dijo: "¿De dónde a mí haber hallado gracia a tus ojos y serte conocida yo, una mujer extraña?" 11 El le contestó: "Sé lo que has hecho por tu suegra después de muerto su marido, y que has dejado a tus parientes y la tierra en que naciste para venir con ella a un pueblo para ti desconocido. 12 Que Yahvé te pague lo que has hecho y recibas cumplida recompensa de Yahvé, Dios de Israel, a quien te has confiado y bajo cuyas alas te has refugiado." 13 Ella le dijo: "Que halle yo gracia a tus ojos, mi señor, que me has consolado y has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy yo ni como una de tus criadas." 14 A la hora de comer, dijo Booz a Rut: "Acércate acá, come y moja tu pan en el vinagre." Ella se sentó al lado de los segadores, y él le dio una porción de trigo tostado, de que comió ella hasta saciarse, y le sobró; y guardando lo que le había sobrado, 15 se levantó para seguir espigando. Booz mandó a sus criados, diciéndoles: "Dejadla espigar también entre los haces, sin reñirle, 16y sacad vosotros mismos algunas espigas de las gavillas y tiradlas para que ella las recoja, sin decirle nada." 17Estuvo espigando Rut en el campo hasta por la tarde; y después de batir lo que había espigado, había como un "efá" de cebada.

Estaba Booz al corriente de las historias que se rumoreaban entre el pueblo en torno a las dos mujeres advenedizas. Gran señalación había causado la conducta de Rut — referida, sin duda, por Noemí — para con su suegra. Booz era el primero en reconocer lo heroico de su conducta y trata ahora de recompensarla. En adelante no será una espigadora como las otras. Ella podrá tomar la refección con los segadores, juntarse con las sirvientas de Booz y apagar su sed bebiendo de lo que beban los criados. Booz mismo, presente a la hora de comer, le alargó buena ración de pan tostado, de que comió hasta saciarse, y le sobró. Le autorizó a espigar entre los haces, lo que estaba terminantemente prohibido a los otros espigadores. Su deferencia hacia ella llegó hasta mandar a los criados que, al tener entre sus manos el puñado de espigas, dejaran caer adrede algunas al suelo para que las recogiera Rut. Al llegar al atardecer, y después de batir lo que había espigado, halló que había recogido cerca de 36 litros de cebada (un efá).

Coloquio entre Noemí y Rut (2:18-23).

18 Lo tomo y se volvió a la ciudad y mostró a su suegra lo que había espigado. Sacó también lo que había guardado, lo que después de comer le sobrara, y se lo dio. 19Su suegra le dijo: "¿Dónde has espigado hoy y dónde has trabajado? Bendito sea el que se ha interesado por ti." Rut dio a conocer a su suegra dónde había trabajado, diciendo: "El nombre del hombre en cuyo campo he trabajado es Booz"; 20y dijo Noemí a su nuera: "Bendito él de Yahvé, que la gracia que hizo a los vivos se la ha hecho también a los muertos"; y añadió Noemí: "Es pariente cercano nuestro ese hombre, es de los que tienen sobre nosotros el derecho del levirato"; 21Rut añadió: "También me ha dicho: Sigue con mis gentes hasta que se sieguen todas mis cosechas." 22Y Noemí dijo a Rut, su nuera: "Mejor es, hija mía, que vayas con sus criados, no te vayan a tratar mal en otro campo." 23Siguió, pues, Rut espigando con los criados de Booz hasta el fin de la siega de las cebadas y de los trigos y habitando con su suegra.

Rut muestra a su suegra la cantidad recogida y le entrega lo sobrante de la comida. Dada la abundancia de cebada recogida, Noemí barrunta que algo extraordinario ha sucedido. Al decirle que estuvo en el campo de Booz y al referirle las atenciones que tuvo para con ella, Noemí cae en la cuenta de que aquel hombre era pariente carnal de Elimelec y de que tenía, por consiguiente, el derecho de levirato sobre ellas. El goel está obligado por la ley de solidaridad del clan a respetar al pariente que ha caído en la esclavitud (Lev 25:47-48), a comprar el campo o herencia que fue alienado (Lev 25:25-28), a vengar la sangre (Núm 35:19; Jue 8:18-21), a casarse con la viuda de su hermano para asegurar su posteridad (Deut 25:5-10). En el caso presente, Booz, como goel más próximo, según creía Noemí, venía obligado a comprar el campo de Elimelec (4:4) y casarse con Rut (3:9-13; 4:6). Siguiendo la invitación de Booz, y conforme al consejo de su suegra, Rut siguió espigando en los campos de Booz hasta el fin de la siega del trigo, que empieza dos o tres semanas después de la siega de la cebada.

Noemí Aconseja a Rut (3:1-5).

1 Dijo Noemí, la suegra de Rut, a ésta: "Hija mía, voy a procurarte una posición para que seas feliz. 2 Booz, con cuyos criados has estado, es pariente nuestro, y esta noche va hacer en su era la limpia de la cebada. 3Lávate, úngete, vístete y baja a la era. Procura que no te vea hasta que no haya acabado de comer y beber; 4y cuando vaya a acostarse, mira bien dónde se acuesta, y entra después y, levantando la cubierta de sus pies, te acuestas a ellos. El mismo te dirá qué es lo que has de hacer." 5Ella le respondió: "Haré cuanto tú me mandes."

La situación en que se encontraba Rut preocupaba a Noemí, la cual quería darle aquella paz que le deseaba de parte de Yahvé (v.8.19) "en la casa de su marido," y a este efecto le expone el plan que ella ha meditado y que le ha sugerido su parentesco con Booz. Sabe que Booz "esta noche va a hacer en su era la limpia de la cebada." Para esta operación se aprovechaba la brisa del mar, que sopla hacia media tarde en los montes de Judá.

El término noche debe entenderse, como en otros pasajes (Jos 2.2), Por tarde, hacia el crepúsculo. Terminada la operación de la limpieza, entrada ya la noche, Booz cenaría en el campo y se entregaría al descanso junto a uno de los montones de grano, gozando del fresco de una noche de junio. Booz pernoctaba en el campo, o bien por razón de comodidad o para proteger la cosecha de los posibles ladrones. Rut irá a juntarse a él en la era y recordarle su derecho de levirato. Por respeto a tan gran señor (2:13) debe lavarse, ungir su cuerpo con aceite aromatizado (Jdt 10:3), signo de buena reputación (Cant 1:3; Eccl. 7:1), y cubrir su cuerpo con un gran manto (simlah), posiblemente lujoso (mitppahat, ν.16), para ocultar ante las gentes su personalidad. Se acercó Rut calladamente y, levantando la porción del manto que cubría los pies de Booz, se acostó junto a ellos. Nada de indecoroso hay en esta acción, que a los ojos de Noemí es el único medio para obligar a Booz a que cumpla con el deber que le impone la ley del levirato. La acción de Rut equivalía a pedir a Booz que la tomara por esposa.

En la era de Booz (3:6-15).

6Bajó, pues, a la era e hizo todo cuanto le había mandado su suegra. 7Booz comió y bebió y se alegró su corazón. Fue a acostarse al extremo de la hacina, y Rut se acercó calladamente, descubrió sus pies y se acostó. 8 A media noche tuvo el hombre un sobresalto, e incorporándose, vio que a sus pies estaba acostada una mujer, 9y preguntó: "¿Quién eres tú?" Ella respondió: "Soy Rut, tu sierva; extiende tu manto sobre tu sierva, pues tienes sobre ella el derecho del levirato." 10El dijo: "Bendita de Yahvé seas, hija mía; tu proceder ha sido a lo último mejor todavía que al principio, pues no has buscado ningún joven, pobre o rico, u No temas, hija mía; yo haré por ti cuanto me digas, pues sabe muy bien todo el pueblo que habita dentro de las puertas de mi ciudad que eres una mujer virtuosa. 12 Yo tengo, en verdad, el derecho del levirato, pero hay otro que es pariente más próximo que yo. 13Pasa ahí la noche, y mañana, si él quiere hacer uso de su derecho, que lo haga, y si no quiere hacerlo, yo lo haré, vive Yahvé. Acuéstate hasta la mañana." 14Quedóse ella acostada a sus pies hasta la mañana, levantándose antes de que los hombres puedan reconocerse unos a otros. El mandó: "Que no se sepa que esta mujer ha venido a la era." 15 Y añadió: "Coge el manto que te cubre y sosténlo. "Sostúvolo ella, y le echó él seis medidas de cebada, que le cargó, y ella entró en la ciudad.

El plan de Noemí cumplióse en todos sus pormenores. A media noche, a consecuencia del frío o por una providencia divina, tuvo Booz un sobresalto, e incorporándose, vio que a sus pies estaba acostada una mujer, que no podía identificar por la oscuridad. A la pregunta: ¿Quién eres tú? Rut dióse a conocer y le pidió que, conforme a la ley del levirato, la tomara por esposa. Booz no reprocha a Rut su comportamiento; al contrario, la bendice por su conducta hacia su suegra (2:11) y por el deseo legítimo y justo de querer asegurar una descendencia legal a Elimelec, prefiriendo casarse con un viejo que buscar a un joven, pobre o rico. Booz, no tiene inconveniente alguno en casarse con Rut, pero existe un goel más próximo que él y, por consiguiente, con más derecho sobre ella. Booz prometa activar cuanto antes la cuestión del levirato, obligando al pariente más próximo a que ejerza su derecho, o, en caso de negarse, hacer él uso del mismo. Booz dictó a Rut las precauciones que debía tomar para asegurar su buena reputación, enviándola a su casa después de haber depositado en la extremidad del manto de Rut seis medidas (homer, un poco más de tres litros) de cebada.

Rut regresa a su casa (3:16-18).

16Cuando llegó Rut a casa de su suegra, le preguntó ésta: "¿Qué has hecho, hija mía?" Ella le contó lo que el hombre había hecho por ella, 17y añadió: "Me ha dado, además, estas seis medidas de cebada, diciéndome: "No vuelvas a casa de tu suegra con las manos vacías." 18Noemí le dijo: "Estáte tranquila, hija mía, hasta ver cómo acaba la cosa, pues ese hombre no descansará hasta terminar hoy mismo este asunto."

Noemí muestra impaciencia por conocer el desenlace de las gestiones de Rut. Al llegar le pregunta: ¿Qué has hecho, hija mía? (Sobre el sentido del interrogatorio hebraico en este lugar, véase Jouon, Lc., 78.) Acaso la pregunta de Noemí tenga el sentido de: ¿Cuál es tu condición actual? ¿Eres ya esposa de Booz o sigues siendo, como antes, mi nuera viuda? (Tamisier). No cabe duda que, si no hubiera existido un goel más próximo, Booz la hubiera desposado aquella misma noche, por concederle aquel derecho la legislación hebraica. Los deseos de Noemí no se realizaron tal como ella había soñado por ignorar la existencia del pariente más próximo.

El pariente más próximo renuncia a sus derechos (4:1-7).

1 Booz subió a la puerta de la ciudad y se sentó allí. Vio pasar al pariente mencionado y le dijo: "Detente y siéntate aquí, fulano." Detúvose el hombre y se sentó. 2Llamó Booz a diez de los ancianos de la ciudad y dijo: "Sentaos aquí." Una vez sentados, 3dijo al pariente próximo: "Noemí, que ha vuelto de la tierra de Moab, vende la porción de campo que fue de nuestro hermano Elimelec. 4 He querido darte cuenta de ello para decirte: Cómprala si quieres, en presencia de los ancianos de la ciudad que están aquí sentados. Si quieres usar de tu derecho de levirato, usa; y si no quieres, manifiéstalo para que yo lo sepa, pues no hay nadie que antes que tú tenga ese derecho; después de ti vengo yo." Él respondió: "La compraré." 5Booz le dijo: "Al comprar a Noemí el campo, tendrás que recibir a Rut la moabita por mujer, como mujer del difunto, para hacer vivir el nombre del difunto en su heredad." 6 El otro respondió: "Así no puedo comprarlo, por temor de perjudicar a mis herederos. Cómpralo tú, pues yo no puedo hacerlo." 7Había en Israel la costumbre, en caso de compra o de cambio, para convalidar el contrato, de quitarse el uno un zapato y dárselo al otro" Esto servía de prueba en Israel.

Al poco tiempo de partir Rut para su casa, Booz se fue a Belén para activar el asunto de su matrimonio. Era muy posible que alguno de los criados o cualquier otra persona de Belén hubiese visto a Rut en el campo de Booz en las horas intempestivas de la noche y hubiera dado ocasión a las habladurías del pueblo. Con ello se menoscababa la virtud de Rut y la buena reputación de Booz. Llegado Booz a Belén, dirigióse a la puerta de la ciudad y se sentó allí, esperando a que saliera el pariente más próximo de Elimelec. En Israel, los negocios públicos y privados se ventilaban en la puerta de la ciudad, lugar por donde tenían que salir o entrar todos los ciudadanos. En Deut 25:7 se dice que la cuestión del levirato debía resolverse en público, en la puerta de la ciudad, en presencia de los ancianos o notables de la misma. Diez fueron los llamados por Booz para que fueran testigos del contrato que iba a formularse entre los dos parientes más próximos. El autor no ha conseguido el nombre del otro pariente, probablemente porque lo ignoraba. Este detalle, como hemos anotado en la introducción, es una prueba de la honorabilidad del autor sagrado.

Ante los diez testigos y el pueblo que se había reunido, Booz planteó al goel más próximo la cuestión de esta manera: Si él quiere hacer valer el derecho que le concede la ley del levirato, debe obligarse a dos cosas: i) comprar la porción del campo que fue de su pariente (hermano, dice el texto masorético) Elimelec, que Noemí pone en venta, y 2) tomar a Rut por esposa, como mujer del difunto, para hacer vivir el nombre del difunto en su heredad. No puede acogerse a un derecho y renunciar al otro. Los dos son inseparables.

Según Núm 27:8-11: "Si uno muere sin dejar hijos, haréis pasar la heredad a su hija; y si no hay tampoco hija, pasará a sus hermanos la heredad. Si no hay hermanos, daréis la heredad a los hermanos de su padre; y si no hay hermanos de su padre, pasaréis la heredad al más próximo pariente de la familia; de éste será." La herencia, como se ve, no se retransmitía a las viudas. Únicamente tenían sobre la misma el derecho de usufructo mientras vivieran, pasando a su muerte automáticamente al pariente más cercano. Esta fue la situación de Noemí. No podía ella enajenar una herencia que no le pertenecía; únicamente, en caso de necesidad, podía ceder el usufructo por un tiempo determinado, "Si tu hermano empobreciere y vendiere algo de su propiedad, vendrá el que tenga derecho, el pariente más próximo, y rescatará lo vendido por su hermano" (Lev 22:25). Noemí quiere vender el campo, en el sentido que hemos indicado arriba, y el pariente más próximo tiene la obligación de impedir que lo compren personas extrañas a la familia o clan. Sin embargo, no puede contentarse con abonar cierta cantidad y hacerse con el campo, sino que está obligado también, como primer goel de Majalón, difunto el marido de Rut, a tomar esta por esposa "para hacer vivir el nombre del difunto en su heredad." Si de este matrimonio naciere un niño, pasará a él la pro-ledad, por considerarse legalmente hijo de Elimelec, hijo de Malón En este caso, el goel se quedaría únicamente con Rut como posa, pero sin el campo. En estas condiciones no ve el goel más proximo mucho provecho en reclamar sus derechos, y renuncia a ellos en favor a Booz. En el v.5 se considera a Rut como si fuera la esposa de Elimelec, jefe de familia, no teniéndose en cuenta a Majalón, que sólo es un intermediario l.

El derecho de levirato pasa a Booz (4:8-12).

8 El pariente próximo había dicho a Booz: "Cómpralo tú por tu cuenta." Y se quitó el zapato. 9 Booz dijo a los ancianos y a todos los presentes: "Testigos sois hoy de que yo compro a Noemí cuanto perteneció a Elimelec, a Quelyón y a Majalón, 10 y que tomo al mismo tiempo por mujer a Rut la moabita, mujer de Majalón, para que no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de la ciudad el nombre del difunto. Testigos sois de ello." n Respondió todo el pueblo que estaba en la puerta y los ancianos: "Somos testigos. Haga Yahvé que la mujer que entra en tu casa sea como Lía y Raquel, que edificaron la casa de Israel. Que por ella seas poderoso en Efrata y tengas renombre en Belén. 12 Que sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a Judá, por^i descendencia que de esa joven te dé Yahvé."

El goel más próximo cede todos sus derechos y obligaciones a Booz. Como prueba de esta transmisión o cesión de derechos y deberes, aquél se quitó el zapato y se lo dio a Booz. En Deut 25:9-10 se dice que, "si el hermano se negara a tomar por mujer á su cuñada viuda, y porfiare en ello, la cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará del pie un zapato y le escupirá en la cara., y su casa será llamada en Israel la casa del descalzado." En el caso de Rut no hubo necesidad de esto último, por cuanto de una manera u otra se solventaba su situación. Booz muestra interés en ejercer él personalmente el derecho de levirato, y en cierta manera fuerza al goel más cercano a que le ceda sus derechos.

Los nobles llamados para ser testigos de esta cesión de derechos y el pueblo que se había congregado allí hacen votos por la prosperidad del nuevo matrimonio. Desean que Rut sea como Raquel y Lía, las cuales, personalmente y por mediación de sus sirvientas Bala y Zelfa, edificaron la casa de Israel (Gen 35:23-26). Evocan el recuerdo de Tamar, la cual, por su unión levirática con Judá (Gen c.38), dio a su difunto marido Er dos mellizos, Zaray y Fares, antepasados de Booz (1 Crón 2:5; 9-10) y de los efrateos (1 Crón 2:5; 9; 19; 50).

Matrimonio de Booz y nacimiento de Obed (4:13-22).

13 Tomó Booz a Rut y la recibió por mujer, y entró a ella, y Yahvé le concedió concebir y parir un hijo. 14Las mujeres decían a Noemí: "Bendito Yahvé, que no ha consentido que te faltase hoy un redentor. Que su nombre sea celebrado en Israel. 15Que sea el consuelo de tu alma y el sostén de tu vejez, pues te lo ha dado tu nuera, que tanto te quiere, y es para ti mejor que siete hijos." 16Noemí tomó al niño, se lo puso al seno y fue su madrina. 17Las vecinas le dieron nombre al decir: "A Noemí le ha nacido un hijo," y le llamaron Obed. Este fue padre de Isaí, padre de David." 18He aquí la posteridad de Fares: Fares engendró a Esrom; 19Esrom engendró a Aram; Aram engendró a Aminadab; 20Aminadab engendró a Naa-són; Naasón engendró a Salmón, 21 Salmón engendró a Booz; Booz engendró a Obed; 22Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.

Dios hizo que Rut concibiera y diera a luz un hijo. La fecundidad o esterilidad de las mujeres está en manos de Dios (Gen 29:31; 30:2, etc.). Las mujeres felicitan a Noemí con motivo de este nacimiento y alaban la piedad filial de Rut. Aunque esta última sea la madre natural del niño, Noemí es su madre legal, lo que deja entender el texto al decir: "Tomó (Noemí) el niño, se lo puso al seno y fue su madrina." Las vecinas comprendían bien esta maternidad legal de Noemí al exclamar: "A Noemí le ha nacido un hijo." Por lo mismo, el gesto de Noemí para con el hijo de su nuera no quiere significar que ella lo adopte. Ni tiene por qué hacerlo, por cuanto el niño, en cierta manera, es suyo. El texto del v.17 es incoherente en hebreo: "Y las vecinas le dieron un nombre, diciendo: A Noemí le ha nacido un hijo, y le pusieron por nombre Obed." La lección original parece ser: "Y las vecinas dijeron: "¡A Noemí le ha nacido un hijo!" y ella (Noemí) le puso por nombre Obed" Qouon, Vincent).

Una vez nacido el niño, Rut y Booz desaparecen totalmente de la narración. La causa de ello radica en que el autor sagrado quiere resaltar la maternidad legal de Noemí, esposa de Elimelec. Obed (el siervo, se sobrentiende, de Yahvé) engendró a Isaí, que engendró a David. La última frase: Isaí engendró a David, indica la razón o una de las razones de la narración: el interés que concede el autor al gran rey David Qouon, Lc., 95).

Es muy probable que, originariamente, el libro de Rut terminara en el v.17, con la mención del rey David, y que los v. 18-22 se añadieran posteriormente a base de los datos consignados en 1 Crón 2:5-25. Saber ceñirse es un arte, y el narrador de esta historia, que es un artista, ha terminado hábilmente su relato con la genealogía breve de Obed a David. El narrador insiste sobre el punto de vista según el cual el niño (Obed) es hijo de Elimelec (4:5; 10:14) y de Noemí (v.14-17). Según Tamisier, el glosador no incurre en ningún contrasentido, ni su genealogía se opone a la del v.17.

El primogénito del matrimonio Booz-Rut es al mismo E hijo legal de Majalón y real de Booz, heredero de uno y En Obed se une la línea de Majalón y la de Booz, proveniente, en definitiva, los dos de Judá y Fares y terminando en David.

Todos los nombres que figuran en esta genealogía ampliada reaparecen, aunque con algunas pequeñas diferencias, en las genealogías Joaías del Mesías que nos han dejado los evangelistas San Mateo (1:5) y San Lucas (3:31). El nombre de Rut se menciona en la genealogia de San Mateo. Aunque extranjera, merece figurar entre antepasados del Mesías, que era "luz para la iluminación de los gentiles" (Lc 2:32), por su fe en Dios, su devoción hacia Noemí y por su piedad filial.

1 A. Rahlfs, Das Buch Ruth Griechisch Ais Probé Einer Kritischen Handausgabe Der Sep-Tuaginta (Stuttgart 1922).

2 Fillión, Dict. De La Bible Col. 1275.

3 De Hummelauer, Rut: "Gursus Scripturae Sacrae" (París 1888) 359.

4 M. David: "Vivre Et Penser," 2 (1942) 159.

5 Jouon, A. Vlncent, Tamisier, Etc.

1 A. Vincent, La religión des judéo-araméens d'Eléphantine (París 530).

1 Η. Η. Rowley, The Marriage of Ruth: "The Harvard theological Review," 40 (1947) 7-99; th. G. Vriezen, Two oíd Cruces: Rut 4:5; Oudtestamentische Studien," 5 (1940) 80-88.

 

 

Samuel.

Introducción.

En las Biblias hebraicas modernas, los dos libros de Samuel (a y b) siguen al de los Jueces. En un principio formaban ambos un solo libro, como lo demuestra la nota masorética final y la que figura en 1 Sam 28:23, con la advertencia de que dicho pasaje está en la mitad del libro. Su división en dos se generalizó a partir de la edición de Daniel Bomberg (Venecia 1517). De la unidad primitiva dan testimonio Orígenes (PG 20,581), San Jerónimo (PL 28, 598) y otros. En la versión de los LXX, los libros son llamados "Primero y Segundo de los Reinos," cuya calificación final rechaza San Jerónimo, diciendo: "Non enim multarum gentium regna de-scribit, sed unius israelitici populi" (Lc., 599). El santo Doctor prefiere que se diga libro de los Reyes, no de los Reinos. Los LXX escribieron los libros de Samuel en dos rollos, aproximadamente de la misma extensión, uniéndolos a los de los Reyes, con el título genérico de "Primero y Segundo de los Reyes." La Vulgata siguió la clasificación de los LXX, distinguiendo cuatro libros de los Reyes. De ahí que el I y el II de Samuel del texto hebraico corresponden al I y II de los Reyes en los LXX y Vulgata. El concilio Tridentino adoptó la división jeronimiana, que siguen todavía algunos autores. En las páginas que siguen distinguimos entre I y II de Samuel y I y II de los Reyes. Llámanse libros de Samuel por la antigua creencia (Baba Bathra 15a) de que los escribió el profeta Samuel, cuya obra completaron los profetas Gad y Natán, o por el lugar preeminente que ocupa Samuel en la institución monárquica de Israel.

Texto.

Los dos libros fueron escritos originariamente en hebreo, cuyo texto ha llegado defectuosamente hasta nosotros. Las narraciones paralelas con el libro de las Crónicas, a partir de 1 Sam c.31, y la confrontación del texto de 2 Sam c.22 con el Sal 18 ponen en evidencia que el texto no ha sido corrompido sustancialmente 1.

Versión Griega.

El texto griego de Samuel se ha conservado en los códices Vaticano (B) y Alejandrino (A), corregido este último conforme al texto original hebraico. Luciano revisó el texto, cuyo trabajo publicó Lagarde en 1883. En el presente estado de cosas, la confrontación del texto hebraico con el griego es necesaria para llegar, en lo posible a restablecer el texto primitivo. A veces la versión de Luciano permite la reconstrucción de un texto hebraico mejor que el maso-rético. ¿Cuál de los dos textos, hebraico o griego, ha de preferirse? No existe unanimidad entre los autores. Ρ. Α. Η. de Boer2 concede poco valor al texto griego para reconstruir el texto hebraico primitivo. Peters sostiene la tesis opuesta 3. En la cueva cuarta de Qumrán (49 Sama) se han encontrado restos de todo el libro de Samuel en estado bastante perfecto de conservación. Su texto está estrechamente emparentado con la recensión atestiguada por los LXX. Otro manuscrito de Samuel (495amb) representa un texto similar al de los LXX. Su texto se remonta probablemente a últimos del siglo III a.C.4 Lo más prudente es estudiar en cada caso el texto y ver y discernir qué lección se acerca más al original 1 hebraico.

Vulgata.

Los libros de Samuel fueron de los primeros que San Jerónimo tradujo del hebreo. Tiene algunas lecciones propias (1 Sam 15:4; 17:18; 30:20; 2 Sam 2:6, etc.), que deben tenerse en cuenta para la crítica textual. El texto consonantico y la escritura defectuosa del manuscrito hebraico empleado hicieron que no siempre lograra San Jerónimo una traducción feliz.

Contenido

En el contenido de los libros de Samuel caben distinguir cuatro secciones o partes. En la primera (c.1-v) se fija la atención en la figura de Samuel.

Dos personajes resaltan en la segunda sección (c.8-1s): Samuel y Saúl. El primero había envejecido, y sus hijos no seguían los caminos del padre, por lo que Israel pidió a Samuel un rey "para que nos juzgue, como todos los pueblos" (8:5). El profeta se resiste en un principio; pero, ante la indicación de Yahvé, accedió a sus deseos (c.8). A causa de su desobediencia, Saúl es rechazado por Dios (c.15). De Saúl y David se ocupan los capítulos 16-31 del libro I de Samuel. Saúl y su hijo mueren sobre los montes de Gelboé en guerra con los filisteos (31:1-13). David les dedica un canto fúnebre (2 Sam 1:1-27). De David se interesa exclusivamente la sección cuarta (2 Sam 2:1-20:35). Al final del libro van unos apéndices (c.21-24). Se refiere la muerte de los descendientes de Saúl en Gabaón (21:1-14); las hazañas de algunos valientes de David (21:15-22). Sigue un cántico de acción de gracias (22:1-51) y el oráculo de David (23:1-7). Se enumeran los laureados del rey (23:8-39). Acaba 1 libro con la noticia sobre el censo del pueblo, que Dios castigó con tres días de peste (24:1-16). David alza un altar en la era de Areuna el jebuseo (24:17-25).

Composición Literaria.

Una lectura superficial del libro o libros de Samuel no revela las anomalías de composición que ofrece. Fijando la atención, se observa entre unos textos y otros algunas divergencias notables (1 Sam 16:14-23 y 17:55-58). Unos son favorables a la monarquía (1 Sam 0:9; 10:1-16; c.11) y otros contrarios (1 Samc.8; 10:17-24; c.12). Los primeros representan la tradición de Guilgal o Caígala, y los segundos la de Masfa. Las narraciones dobles son varias: dos veces entra David en palacio (1 Sam 16:14-23 y 1 Sam 17:1-18); dos veces huye de la corte (1 Sam 19:12 y 21:1); dos veces le intenta matar Saúl (1 Sam 18:10-11 y 19:9-11); dos veces interviene Jonatán en favor de David (19:1-17 y 20:8-10; 18-39); dos veces es traicionado David por aquellos a quienes protege (1 Sam 23:1-13 y 23:19-28); dos veces se dice que Dios reprobó a Saúl (1 Sam 13:8-15 y 1 Sam 15:10-26). Algunas frases no están en armonía con el resto del libro. Por ejemplo, en 1 Sam 7:13 se afirma que "los filisteos no volvieron más contra la tierra de Israel," lo que difícilmente se ajusta con 9:16; c.13-14; 30-31. Según 1 Sam 15:35, "no volvió Samuel a ver a Saúl hasta el día de su muerte," pero se encuentran en 19:22-24. Otros ejemplos podrían aducirse.

Fuentes.

Conforme a la costumbre antigua oriental, los autores semitas utilizaban diversos documentos o aducían diversas tradiciones anteriores sin mencionarlas explícitamente. Una sola vez cita el autor el libro de Jaser (2 Sam 1:18), citado también por el autor de Jos 10:12, de donde copió el autor el canto fúnebre que pronunció David en honor de Saúl y Jonatán. En el libro, pues, se plantea el problema de las citas implícitas.

El autor sagrado ha manejado en su composición un amplio material, escrito y oral, a veces heterogéneo, llevado por el ideal de poner de relieve más bien los caminos que siguió Dios para llevar a término sus designios que de avalar siempre con su autoridad cada uno de los pormenores que aparecían en las fuentes que utilizaba.

La existencia de los diversos materiales utilizados aparece del estudio desapasionado de las siguientes secciones: 1) Crónica de la sucesión (2 Sann c.9-20), de la que dice E. de Meyer que es "una historia verdadera" 9; 2) Historia de Samuel (1 Sam c.1-1); 3) Orígenes de la realeza (1 Sam c.8-15); 4) Noticiario sobre Saúl (1 Sam 13:16-14:46); 5) David en la corte de Saúl (1 Sam 16:14-17:58); 6) Luchas entre Saúl y David (1 Sam 18:1; 31:25); 7) David rey (2 Sam 1:1; 8:18) 10.

La honradez del autor, su misma conducta de airear los diversos textos y dispares tradiciones acerca del período histórico que estudia, son una garantía de que escribe una historia verdadera empleando métodos distintos a los de la historiografía moderna. Los libros de Samuel se presentan exteriormente como una compilación de escritos y tradiciones en torno a los orígenes de la monarquía. Este acontecimiento trascendental en la historia de Israel debió sin duda de apasionar a todos los que se vieron envueltos en él y a su posteridad. El autor sagrado a veces yuxtapone las diversas tradiciones, otras veces las combina, las resume, amplía, etc.

Autor y data de Composición.

En los libros de Samuel se hallan muchos elementos antiguos, contemporáneos algunos de los mismos hechos. En los tiempos posteriores a David se escribió mucho sobre él y se comentaron las incidencias que le llevaron al trono y su actuación en el mismo. Hacia los años que siguieron inmediatamente a la caída de Samaría se generalizaron las especulaciones en torno a la memoria de David. El desastre del reino del Norte era una ocasión propicia para poner de relieve las promesas relativas a la continuidad de la dinastía davídica en el trono. Los reyes de Israel perecieron por haberse olvidado de Yahvé y no haber seguido el camino que les trazó David con su conducta. En tiempos de Ezequías hubo gran actividad literaria encaminada a desempolvar recuerdos antiguos y estudiar las causas que provocaron la dispersión de Israel entre los pueblos. Esta primera colección de noticias sobre la naciente monarquía recibió su forma última, con influencias deuteronomistas, en los días inmediatos al exilio o durante el mismo. Junto a los ríos de Babilonia medita el pueblo judío sobre el pasado de la nación, que, a la luz del castigo reciente, aparece como una continuada transgresión del pacto concluido en otro tiempo en el desierto n. El trabajo deuteronomista en los libros de Samuel fue de escasa importancia (1 Sam c.7 y 12; 1 Sam 4:18; 2 Sam 2:10-11; 5:4-5). En este tiempo pudo el autor obtener una visión panorámica de la historia de Samuel, Saúl y David y de las etapas que condujeron a éste al trono de Judá y de Israel. El exegeta católico podrá estrujar más o menos la letra del texto, pero no puede poner en duda, a la ligera, la historicidad sustancial de los libros de Samuel. Tenemos en los libros de Samuel una historia religiosa popular; pero aun con métodos y formas de decir y narrar antiguas y populares puede escribirse historia verdadera. En estos libros, como dejamos anotado, prevalece el elemento religioso. El hagiógrafo trata de inducirnos a observar la obra de Dios en los acontecimientos, cuyas causas humanas sabe él describir con viveza y realismo. Justamente, este mismo realismo, y sobre todo la imagen de David, en la que nos dejó dibujado no tan sólo sus nobles y altas cualidades, sino también sus debilidades, constituyen los elementos que nos dan la garantía de la credibilidad de su obra histórica 12.

Los libros de Samuel en el marco general de la historia.

El período comprendido entre Samuel y David no tiene contactos con los grandes imperios del antiguo Oriente. Egipto y Asiria duermen dentro del límite de sus fronteras. El pueblo más peligroso para Israel eran los incircuncisos, los filisteos. Fueron ellos los instrumentos de la justicia divina para castigar los pecados de Helí y de sus hijos (1 Sam 4:10-21). La expansión de los filisteos hacia el este despertó en Israel la idea de la unidad entre las tribus C0n una autoridad central que las aunara. Por lo mismo, el pueblo pidió a Samuel un rey que saliera al frente de ellos para combatir sus combates (1 Sam 8:20).

Al lograrse la unificación de Judá y de Israel en la persona de David, alcanzó Israel un poderío militar que bien pronto debían experimentar los enemigos fronterizos. Los filisteos fueron rechazados y sus ciudades puestas bajo el control de David; algunos mercenarios filisteos formaron parte de la guardia real. En el interior acabó con los islotes cananeos. Los árameos, amonitas, moabitas y edomitas le fueron tributarios. Con Tiro mantuvo David relaciones comerciales, pero no es posible señalar cuándo se produjeron estos puntos de contacto, porque no ocupaba todavía Hiram el trono de Tiro en los primeros años del reinado de David sobre Israel.

Esta falta de contacto con los pueblos e imperios de los alrededores dificulta la fijación cronológica de algunos puntos álgidos de esta historia. A falta de datos concretos, se procede a base de conjeturas. Hacia el año 1030, Saúl fue proclamado rey; entre los años 1010 y 970 reinó David. La arqueología no se opone a estas fechas, antes bien las confirma en líneas generales. Esta despreocupación por la cronología es un rasgo peculiar de la antigua historiografía semita.

Contenido doctrinal.

No para halagar a los historiadores han entrado los libros de Samuel en el canon bíblico. Encierran ellos un mensaje religioso, destinado en primer lugar a los israelitas, y después a sus herederos espirituales, los cristianos. Los libros anuncian las condiciones y las dificultades del establecimiento del reino de Dios sobre la tierra13. Yahvé es el Dios de Israel y su único rey; el monarca que elija el pueblo debe ser el representante de Dios en la tierra y el instrumento del que se servirá Dios para obrar grandes cosas. En ambos libros aparecen los atributos de Dios. Por medio de sus profetas se comunica a los hombres. Desde su infancia fue Samuel su confidente. Durante toda su vida manifestóse Samuel como defensor acérrimo de los derechos del yahvismo, no temiendo oponerse al mismo rey y echarle en cara su ingratitud para con Dios, que lo había elegido. Fue el profeta Natán el encargado de retransmitir a David la noticia de que la hegemonía prometida a la tribu de Judá se realizaría en su familia: Permanente será tu casa para siempre ante mi rostro, y tu trono estable por la eternidad" (2 Sam 7:16). Yahvé se compromete a adoptar como hijos a los descendientes de David para ejercer por ellos su realeza sobre su pueblo. La monarquía, que a Samuel parecía contraria a la teocracia, se convierte en vehículo de ideas mesiánicas. Los profetas presentan a David como tipo del Mesías, y, una vez realizadas las profecías, los apóstoles hacen resaltar que las promesas hechas a David se han cumplido en el "hijo de David" por excelencia (Mc 10:47-48; Mt 15:22). San Pedro afirma la ascendencia de Jesús del rey David (Act 2:30; Mt 1:1; Lc 2:4). Con David se abren gloriosas perspectivas para Israel, haciendo surgir en el corazón de todos los hombres de buena voluntad la esperanza de un Mesías Salvador.

Fue David de carácter magnánimo, caritativo y misericordioso. Más que fijarnos en el lunar que suponen sus pecados de adulterio y homicidio, debemos considerar su fe, su arrepentimiento y sumisión a la palabra de los profetas. El autor del libro de las Crónicas tiende un velo piadoso sobre un pecado que David expió cumplidamente. En adelante, la conducta de los reyes de Judá y de Israel es juzgada tomando como punto de referencia la conducta de David. El pueblo pidió a Samuel les diera un rey como las otras naciones (1 Sam 8:20); pero no siendo Israel como los pueblos paganos, tampoco podía ocupar su trono un rey pagano, sino un vicario o representante de Yahvé. Ahora bien, fue David el prototipo de reyes teocráticos, que no se enorgullece de su cargo, antes bien se reconoce a sí mismo indigno representante de Dios sobre la tierra. El alma de David se transparenta en la colección de Salmos que se le atribuye, que alimentan todavía hoy la piedad de millares de fieles.

 

1 Para las cuestiones de crítica textual consúltese: P. Dhorme, Les livres de Samuel: "Et. Bibliques"; A. Fernández, Breve introducción a la crítica textual del A. T. (Roma 1917): Ídem, I Samuel 1-15. Crítica textual (Roma 1917); M. Rehm, Textkritische Untersuchungen zu den Paralleltexten der Samuel-Konigsbücher und der Chronik (Münster 1937).

2 Research in to Text of I Samuel 1-16 (Amsterdam 1938).

3 Beitrage zur Text und Literarkritik sowie zur Erklarung der Bücher Samuel (Fribur-

4 J. Milik, Dieci Anni di scoperte nel Deserto di duda (Marietti, 1957) 19.

5 W. O. E. Oesterley-Th. Robinson, An Introduction to the Books of the Oíd Testament (Londres 1949) 88; A. lods, Histoire de la Littérature hebraíque et juive depuis les origines jusqu'á la ruine de l'état juif (135 aprés J.G.; París 1950) 121-124.

6 Einleituns m das Alte Testament (Tübingen 1956).

7 Otras Concepciones Vigentes Se Encuentran Exp Lioros Sacros Veteris Testamenti (Roma 1958) 172-174; Bonn1936, 4-Rrr C. Kuhl. Die Enstehung Des Alten Uestas En Β. Mariani, Introiuctio In Κ. A. Leimbach, Die Β Üchei Samuel Testaments (Berna 1953) 146-147.

8 L'aspect Reügfie De La Royante Ment Et Dans Les Testes Mésopotamiens

9 Die Israeliten Und Ihre Nachbar

10 Ntroducíion: A La Bibíe (Tourna Israélite. L·'Instituí Ton Monarchique Dans l'Ancien Testa-(Roma 1954) 89-112. Stamme (Halle 1906) 485. I 1957) 4I5SS.

11 De Vaux, Israel: DBS 762.

12 J. Schildenberger, Géneros Literarios De Los Libros Del Antiguo Testamento: "Los Géneros Literarios De La Sagrada Escritura" (Barcelona 1957) 131-132; M. Buber, Die Erzahlung Von Sauls Konigswahl: VT 6 (1956) 113-173; Ch. Keely, An Aproach To The Books Of Samuel: CBQ. 10 (1948) 254-270; A. Schulz, Erzahlungskunst In Den Samuelbüchern: "Biblische Zeit-Fragen," XI 6-7 (Münster 1923).

11 De Vaux, Les Livres de Samuel 16,,

 

 

I Samuel.

1. Samuel, Juez de Israel (1:1-27).

La primera parte del libro de Samuel es la continuación lógica de la narración de Jueces 16:31, interrumpida por la inserción del episodio de los danitas, del crimen de Gueba y del libro de Rut. Fueron Helí y Samuel los dos últimos jueces de Israel. De poco relieve la figura de Helí dentro de la historia de Israel, sirve para hacer resaltar más la del profeta Samuel, que cierra el ciclo de los jueces de Israel y da paso a la monarquía.

Una familia de Rama (1:1-2).

1Había entre las gentes de Rama un hombre de la familia de Suf, originario de los montes de Efraím, llamado Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliú, hijo Toú, hijo de Suf, efraimita. 2Tenía dos mujeres, de nombre una Ana y otra Penena. Penena tenía hijos, pero Ana era estéril.

Un hombre llamado Elcana (elqanah — Dios ha querido) vivía en el pueblo de Rama (Ramathaim) con sus dos mujeres, Ana (hannah = gracia) y Penena (peninnah — perla, coral); estéril la primera y con hijos la segunda.

El emplazamiento de Rama debe buscarse en la actual Rentis, a 14 kilómetros al nordeste de Lidda. Era Elcana de la estirpe de Suf, residente, a pesar de su condición de levita, en la montaña de Efraím (Jos 17:5; 19:50; Jue 3:27). Los caatitas poseían ciudades en Efraím (1 Crón 6:66-70).

De sus dos esposas, Ana era estéril y Penena tenía hijos. La poligamia era tolerada en Israel (Deut 21:15-17)· Los patriarcas de la línea de Set son monógamos (Gen 7:7), al revés de los de la línea de Caín (Gen 4:19). Según el código de Hammurabi, el marido no puede tomar una segunda mujer a menos que la primera sea estéril. En Israel, las restricciones antiguas sobre este punto desaparecen en tiempos de los jueces y de la monarquía l.

Religiosidad de la familia (1:3).

3Subía de su ciudad este hombre de año en año para adorar a Yahvé Sebaot y ofrecerle sacrificios en Silo. Estaban allí los dos hijos de Helí, Ofni y Finés, sacerdotes de Yahvé.

Era Elcana un hombre religioso que cumplía con la ley de presentarse delante de Yahvé al menos una vez al año (Jue 21:19). En rigor eran tres las visitas que todo israelita debía efectuar al lugar del tabernáculo (Ex 23:17), pero el tiempo y las circunstancias las redujeron a una. Para llegar a Silo tenía Elcana que recorrer unos cincuenta kilómetros y subir desde la Sefela hasta la montaña. Encontrábase Silo en el lugar que ocupa hoy Seilún, Jirbet Selún, a unos veinte kilómetros al sur de Naplusa, "al norte de Betel, al oriente del camino que de Betel sube a Siquem y al mediodía de Lebona" (Jue 21:19). Desde el tiempo de Josué (Jos 18:1) se instalaron en este lugar el tabernáculo y el arca de la alianza, acaso por su magnífica posición geográfica, al centro de Palestina. Por mucho tiempo fue Silo el centro de la vida nacional y religiosa de Israel; allí acudían puntuales los hebreos el día de los Tabernáculos, que "de año en año se celebraba en Silo" (Jue 21:19). La Ley obligaba únicamente a los hombres, pero Elcana acudía al lugar santo con toda su familia. Es la primera vez que aparece en la Biblia la expresión "Yahvé Sebaot," que en adelante se emplea unas 260 veces, de las cuales dos en el Ν. Τ. (Rom 9:29; Sant 5:4). La expresión completa es: "Yahvé Dios de los ejércitos," tanto de los cielos, ángeles (1 Re 22:19), astros (Is 24:4), como de la tierra, con todos sus elementos: aire, agua, vientos, etc. (Gen 2:1). Al ejército de Yahvé pertenecen los israelitas (17:26; Ex 7:4), al frente de los cuales marcha el Señor. Por anticipación se previene al lector de que en Silo ejercían sus funciones sacerdotales los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. Helí ostentaba el poder supremo político y religioso de Israel, uniendo en su persona las dignidades de juez y de sumo sacerdote.

Rivalidad entre esposas (1:4-8).

4El día en que ofrecía Elcana su sacrificio, daba a Penena, su mujer, su porción y la de sus hijos e hijas. 5 A Ana le daba solamente una porción; pues, aunque amaba mucho a Ana, Yahvé había cerrado su útero. 6Irritábala su rival y la exasperaba por haberla Yahvé hecho estéril. 7 Así hacía cada año cuando subían a la casa de Yahvé, y siempre la mortificaba del mismo modo. Ana lloraba y no comía. 8 Elcana, su marido, le decía: "Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?"

El texto de esta sección puede entenderse de dos maneras, según se siga el texto griego o el masorético. En la traducción que hemos dado aparece Elcana distribuyendo entre sus familiares las partes del sacrificio que le correspondía; a Penena daba su ración y la de sus hijos e hijas; pero a Ana, que era estéril, daba la que le correspondía. Esta distribución desigual, justa en el fondo, daba pie a cierto malestar y antagonismo entre las dos esposas, creando en Ana un complejo de inferioridad frente a su rival, la que, a su vez, veía con malos ojos el particular afecto que le profesaba su marido. Dhorme sigue el texto masorético e interpreta el texto diversamente. Llevado Elcana por el particular afecto que profesaba a Ana, por haberla Dios hecho estéril, le entregaba como porción la parte de dos (literalmente: "una por cada orificio de la nariz," por ser un sacrificio de olor suave a Yahvé).

Celosa Penena por esta distinción, se vengaba echando en cara a Ana su esterilidad, presentando el hecho como castigo de Dios. En los sacrificios pacíficos se derramaba la sangre al pie del altar; las grasas eran consumidas por el fuego. De las carnes se hacían dos partes: una era entregada a los sacerdotes y la otra a la familia, que la consumía reunida en un banquete sagrado (Lev 7:11ss; Deut 16:11). La esterilidad era considerada como una prueba (Gen 16:2; 30:2) o como castigo de Dios (Gen 20:18); era un bochorno para una mujer no tener hijos. Según una antigua concepción bíblica (Gen 20:18; 30:22; Rut 4:13), Dios abre o cierra el seno de una mujer casada para facilitar o impedir la concepción.

Voto de Ana (1:9-19).

9Un año, después que hubieron comido y bebido en Silo, se levantó Ana. Helí, el sacerdote, estaba sentado en una silla ante la puerta del tabernáculo de Yahvé. 10Ella, amargada el alma, oraba a Yahvé, llorando muchas lágrimas, 11e hizo un voto diciendo: "¡Oh Yahvé Sebaot! si te dignas reparar en la angustia de tu esclava, y te acuerdas de mí y no te olvidas de tu esclava, y das a tu esclava hijo varón, yo lo consagraré a Yahvé por todos los días de su vida, y no tocará la navaja a su cabeza." 12Mientras así oraba reiteradamente a Yahvé, Helí le estaba mirando la cara. 13 Ana hablaba para sí, moviendo los labios, pero sin que se oyera su voz, y Helí la tomó por ebria, 14 y le dijo: "¿Hasta cuándo te va a durar la embriaguez?; anda a que se te pase el vino." 15Ana contestó: "No, mi señor; soy una mujer que tiene el corazón afligido. No he bebido vino ni otro ningún licor inebriante; es que estaba derramando mi alma ante Yahvé, 16 No tomes a tu sierva como una mujer cualquiera. Lo grande de mi dolor y mi aflicción exponía yo de ese modo." "Díjole entonces Helí: "Vete en paz y que el Dios de Israel te otorgue lo que tanto le has pedido," 17 "Que halle gracia a tus ojos tu sierva." Fuese, y comió y bebió con su marido, y no hizo ya la cara de antes. "Levantáronse de mañana, y después de postrarse ante Yahvé se marcharon, volviendo a su casa, a Rama. Elcana conoció a Ana, su mujer, y Yahvé se acordó de ella.

En una de las visitas al santuario de Silo ocurriósele a Ana hacer un voto a Yahvé. Una vez concluido el banquete sacrificial, levantóse y "presentóse ante Yahvé" (así los LXX). Junto a la puerta del tabernáculo estaba sentado Helí para recibir las consultas que le hicieran los peregrinos. El texto hebreo emplea el término focal para designar la tienda del tabernáculo que se hallaba en Silo (2 Sam 7), que se usa asimismo para indicar el templo de Salomón. Pero, según 3:15, había en Silo algo más que una simple tienda, puesto que el joven Samuel, de madrugada, "abrió las puertas de la casa de Yahvé." Lo que en un principio fue simple tienda convirtióse en santuario más sólido en tiempos de los jueces, siendo destruido, probablemente, por los filisteos (Jer 7:12-14; 26:6-9; Sal 78:60). Después de la catástrofe que se describe en 4:3-8, el tabernáculo fue trasladad a Nob (21:1-6).

La oración continuada de Ana y el movimiento tembloroso de sus labios despertaron en Helí la sospecha de que estaba ebria. No era raro el caso de excederse en la bebida con ocasión de los banquetes sacrificiales, con los consiguientes efectos (Am 2:8; Is 28:7-13; 1 Cor 11:20-21). La respuesta de Ana tranquilizó al sumo patriarca. Tuvo Ana el presentimiento de que Dios había escuchado su ruego, por lo que no hizo ya la cara de antes, comió y bebió con su marido. Con una expresión semítica (Gen 4:1-17) que usan también los griegos (Plutarco, Vita Alex. 21), dice el texto que Elcana conoció a Ana y que Dios se acordó de ella.

Nacimiento de Samuel (1:20-23).

20Al volver del tiempo, había concebido y parido Ana un hijo, al que puso por nombre Samuel, porque a Dios se lo había pedido; 21 y subió Elcana con toda su casa a sacrificar a Yahvé el sacrificio anual y cumplir su voto. 22 Ana no subió, sino que dijo a su marido: "Cuando el niño se haya destetado, yo le llevaré para presentárselo a Yahvé y para que se queda ya allí para siempre." 23 Elcana, su marido, le dijo: "Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que le destetes y que Yahvé cumpla tu palabra." Quedóse la mujer en casa, amamantando a su hijo hasta que le destetó.

Es la madre la que impone el nombre a su hijo, llamándole Samuel, palabra que guarda asonancia con el verbo shaal = pedir. El texto señala una etimología popular, ya que, científicamente, la raíz verbal hebraica debía ser shaul. La palabra Samuel es análoga a la asiro-babilónica Shemuil, "el nombre es Yahvé" (Eccli 46:13, hebr.). Elcana y su familia suben al santuario de Silo para sacrificar y cumplir su voto; Ana no acudió, prefiriendo subir después de haber destetado al niño, lo que solía hacerse al cabo de dos años y medio (2 Mac 7:27) o tres.

Samuel en el templo (1:24-28).

24Destetado, le subió consigo, llevando un toro de tres años, un "efá" de harina y un odre de vino, y le condujo a la casa de Yahvé en Silo. El niño iba con ella. 25Inmolaron el toro, y Ana, la madre del niño, presentó éste a Helí. 26Ana le dijo: "Óyeme por tu vida, mi señor: Yo soy aquella mujer que estuvo aquí cerca de ti orando a Yahvé. 27Este niño le pedía yo, y Yahvé me ha concedido lo que pedí; 28también ahora quiero yo dárselo a Yahvé por todos los días de su vida, para que sea siempre donado a Yahvé." Y adoraron allí a Yahvé.

Toda la familia sube de nuevo al santuario. De Penena no se habla más, creyendo piadosamente que se asoció a la alegría de la familia por haber bendecido Yahvé el seno de Ana. Tomado el verbo gamal en sentido estricto de destetar, cabe suponer que tenía Samuel de tres a cuatro años. Junto con el niño, ofreció la familia un toro de tres años (Gen 15:9), un efá (36 litros) de harina y un odre de vino (Núm 15:8-10). Él niño es presentado a Helí. Puesto que Dios se lo ha regalado, quiere Ana que quede propiedad de Yahvé, sirviéndole en el santuario. En el texto hebraico se halla un juego de palabras a base del verbo shaal, pero queda transparente el pensamiento que se quiere expresar.

Cántico de Ana (2:1-10).

1Oró Ana diciendo: Mi alma salta de júbilo en Yahvé; Yahvé ha levantado mi frente y ha abierto mi boca contra mis enemigos, porque esperé de él la salud. 2 No hay santo como Yahvé, no hay fuerte como nuestro Dios. 3Dejaos de hablar altaneramente; no salgan de vuestra boca arrogancias, que Yahvé es Dios sapientísimo y no se ocultan a su vista las maldades. 4Rompióse el arco de los poderosos, ciñéronse los débiles de fortaleza; 5los hartos pusiéronse a servir por la comida, y se holgaron los hambrientos; parió la estéril siete hijos y se marchitó la que muchos tenía, 6que Yahvé da la muerte y da la vida, hace bajar al sepulcro y subir de él. 7A uno empobrece o enriquece, humilla o exalta. 8Levanta del polvo al pobre, de la basura saca al indigente, para hacer que se siente entre los príncipes y darle parte en un trono de gloria; pues suyos son los fundamentos de la tierra, Y El sobre ellos puso el orbe. 9El atiende a los pasos de los piadosos, y los malvados perecerán en las tinieblas. No vence el hombre por su fuerza, 10aterrados serán los enemigos de Yahvé; desde los cielos tronará contra ellos. Yahvé juzga los confines de la tierra; robustecerá a su rey y erguirá la frente de su Ungido.

Muchos problemas plantea el presente cántico, que soslayamos en parte para no engolfarnos en cuestiones cuya solución definitiva no verán nunca los mortales. Se discute el significado del cántico, su autenticidad, su composición poética, tiempo en que fue escrito y cuándo entró a formar parte integrante del libro. Los críticos independientes se aferran en negar su autenticidad; algunos católicos (Dhorme, Desnoyers) los han imitado, otros soslayan la cuestión y los más la defienden (Bressan, Leimbach, Rehm, Ubach, etc.). Cabe distinguir cuidadosamente entre autenticidad jurídica de un libro sagrado o partes del mismo y autenticidad crítica. Todos los católicos admiten la inspiración del cántico, aunque, por razones críticas, niegan algunos que sea de Ana; admiten su autenticidad jurídica, pero no la crítica. De suyo, la cuestión del autor humano de un libro o de una de sus partes no roza directamente con la fe. Ahora bien, si el autor sagrado, con el empleo del verbo wattomer, y dijo, pretende afirmar categóricamente que el cántico salió por primera vez de la boca de Ana, debemos asentir a su testimonio infalible.

Dada la composición heterogénea del libro y la presencia en él de diversas piezas literarias de origen distinto, cabe dudar de la autenticidad humana del canto si existen para ello razones convincentes. Las que aportan los partidarios de la sentencia negativa no carecen de todo valor. En primer lugar, en vez de encontrarse el lector ante un himno improvisado de acción de gracias en boca de una mujer de pueblo, tropieza con un trozo literario esmaltado de ideas sublimes expresadas en forma rítmica, con seis estrofas, dos de cuatro esticos y cuatro de seis. Verdad es que suelen los autores bíblicos entonar un canto de acción de gracias a Dios cuando quieren darle gracias por algún beneficio recibido (2 Sam 23:1). Idéntico es el proceder en los cantos del Magníficat y Benedictus, tan afín el primero con el cántico de Ana. En cuanto al fondo teológico de su contenido, ya San Agustín había agudizado su talento para encontrar una solución a tamaña anomalía, viendo en el himno una profecía sobre el cambio del antiguo sacerdocio y sobre la Iglesia de Cristo (De civitate Dei 17:4).

Por todo cuanto hemos insinuado, cabe ya suponer que la cuestión de su autenticidad crítica está al rojo vivo. Unos lo atribuyen a David, otros a un rey de Samaría, otros a la comunidad judaica, etc. Modernamente se tiende a considerarlo como un canto de la época real, a causa, sobre todo, del v.10, en el que se habla del rey. De ahí la creencia de que el himno es de composición algo tardía y que ha sido intercalado en este lugar por la alusión del v.5 a la mujer estéril. Como se ve, graves son las razones que se oponen a la autenticidad del canto de Ana. Aun en el supuesto de que el hagiógrafo atribuyese este cántico a Ana, cabe, sin embargo, admitir que su forma literaria actual es obra de un redactor posterior.

1 Les Institutions 1:45-46.

Dios, Vengador y Sabio (v.1-3).

Después de las palabras de Helí no tenía Ana la cara de antes (1:18); con el hijo ha levantado Dios su frente (qarni = mi cuerno). Los cuernos eran símbolo de fuerza (Jer 48:25), con lo cual se quiere significar que Ana ha superado el peso de la tristeza y del sufrimiento que oprimían su corazón. Por metáfora se llama a Dios roca, peñasco, por ser un baluarte para todos los que buscan refugio en El (2 Sam 22:2; 23:3; Sal 18:3; 32: 47; Is 30:29, etc.).

Pasa Ana a exaltar la sabiduría divina. Los enemigos abrieron desmesuradamente su boca, profiriendo palabras necias (Sal 31:19; 75:6), pretendiendo dar lecciones al que todo lo sabe.

 

Dios, Arbitro y Soberano del Mundo (v.4-7).

La situación se ha invertido. Los que se creían fuertes han visto cómo su arco se ha quebrado (Sal 18:33; 37; 40; 2 Sam 1:18); en cambio, los débiles se han hecho fuertes. Los que antes eran hartos hanse puesto a servir para ganar el pan de cada día; los hambrientos de otros tiempos se cruzan ahora de brazos (Sal 34:11); se ha marchitado la que tenía muchos hijos, y la que era estéril pare ahora a placer (Sal 113:9). A Yahvé se debe este cambio en la vida de los mortales; pero hay más: la muerte y la vida las tiene Dios en sus manos, que da y quita a su beneplácito. El sheol es la mansión de los muertos (Gen 37:35), adonde se baja después de la muerte. Dios puede sacar de allí al que le plazca1.

1 Dhorme, L'idée de l'au-dela dans la religión hébraique: "Revue d'Histoire des Reli-gions," 123 (1941) 113-142; J. Mcnaspv, Sheol in the Oíd Testament: CB 9.6 (1944) 326-333.

 

Juicio Sobre los Enemigos (v.I0).

Como un arco en tensión que se rompe, así se quebrarán los enemigos de Yahvé, cuya potencia se manifiesta con los truenos que retumban por collados y valles (Sal 18.14). El Paso de Yahvé es señalado por la conmoción de los montes Que 5:4) y el estallido del trueno (Job 37:2-4; 2 Sam 22:8-16). De un confín al otro de la tierra se extiende el dominio absoluto de Dios, y nadie puede substraerse a su juicio (Deut 33:17; Jl 4:12). Al final del verso se hace una referencia explícita al ungido de Dios, al rey que preanuncia al Mesías. Son muchas las hipótesis que se han propuesto para determinar a qué personaje en concreto tiene ante su mente el autor. Muchos católicos ven en las palabras una alusión explícita y exclusiva al Mesías; otros, quizá con mayor acierto, creen que el autor habla del rey David, en cuanto que preanuncia la llegada del Ungido (meshiah) y del Rey por antonomasia, Jesucristo.

Pésima conducta de los hijos de Helí (2:11-17).

11Volvióse Ana a Rama, a su casa, y el niño quedó sirviendo en el ministerio de Yahvé en presencia de Helí, sacerdote. 12Los hijos de Helí eran hombres perversos, que desconocían a Yahvé y las obligaciones de los sacerdotes para con el pueblo. ti Cuando alguno ofrecía sacrificios, mientras estaba cociéndose la carne, venía un criado del sacerdote con un tenedor en la mano; 14lo metía en la caldera, caldero, olla o puchero, y cuanto sacaba con el tenedor era para el sacerdote. 15 Así hacían con cuantos de Israel venían allí, a Silo. Aun antes de que se quemara el sebo, venía el criado del sacerdote y decía al que sacrificaba: "Dame la carne para asársela al sacerdote; no recibirá de ti carne cocida, sino cruda." 15Y si el hombre le decía: "Espera a que se queme el sebo, como siempre, y luego cogerás lo que tú quieras," le respondía el criado: "No; tienes que dármela ahora mismo, y si no, la cojo yo por la fuerza." 17Muy grande era el pecado de aquellos jóvenes ante Yahvé, pues hacían odioso a los hombres el ofrecer ante Yahvé.

Una vez cumplido el sacrificio, volvióse Ana a su casa, dejando al niño en Silo, al servicio (mesharet) del santuario. Los hijos de Helí eran unos rufianes, pues no guardaban el ceremonial propio de los sacrificios. La ley concedía a los sacerdotes el muslo derecho y el pecho de la víctima pacífica (Lev 7:30-34), pero el criado del sacerdote metía el tenedor en la caldera y arramblaba con todo lo que era de su agrado. Tradicionalmente, la carne de los sacrificios era hervida, pero los hijos de Helí la preferían asada. Su pecado era triple: apropiábanse de partes de la víctima que no les pertenecía, daban prioridad al sacerdote sobre Yahvé y hacían odioso el sacrificio o inducían a los peregrinos a que obraran con la misma desenvoltura en cuestión tan sagrada.

El niño Samuel (2:18-21).

18 Samuel ministraba ante Yahvé vestido de un efod de lino. 19 Hacíale su madre un mantito y se lo traía de año en año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. 20 Helí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: "Que te dé Yahvé hijos de esta mujer por el que le prestaste." Volviéronse ellos a su casa, 21 y Yahvé visitó a Ana, que concibió y parió tres hijos y dos hijas. El joven Samuel iba creciendo en la presencia de Yahvé.

El vestido de Samuel, el efod, no correspondía al objeto que se utilizaba para sacar las suertes, sino a una túnica de lino, ceñida al cuerpo por un cinturón (22:1; 2 Sam 6:14). El manto que traía el niño sobre el efod (Ex 29:5) le protegía del frío en invierno. Pero" el meil que Ana preparaba para Samuel era como un presagio de la importancia que más adelante alcanzaría el niño en los destinos de Israel. Únicamente los sacerdotes y príncipes vestían el meil (18:4; 28:14; Ex 28:3-5).

Helí reprende a sus hijos (2:22-26).

22 Helí era ya muy viejo, y supo lo que sus hijos hacían a todo Israel y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de la congregación; 23 y les dijo: "¿Por qué hacéis cosas tales y tan malas como las que de vosotros he oído a todo este pueblo ? 24 No, hijos míos, que no es bueno lo que de vosotros oigo. Estáis haciendo que el pueblo de Yahvé se aparte de él. 25 Si un hombre ofende a otro hombre, está de por medio Dios para juzgarle; pero si un hombre ofende a Yahvé, ¿de quién puede esperar la intervención?" No hicieron caso de lo que les decía su padre, pues quería Yahvé matarlos. 26 Entre tanto, el niño Samuel iba creciendo y se hacía grato tanto a Yahvé como a los hombres.

A los crímenes enumerados añade el texto hebraico el de abusar de las mujeres que cuidaban quizá de la limpieza y atendían a la conservación del ajuar del santuario (Ex 35:25; 38:8). Los críticos independientes o bien cancelan las palabras que hacen referencia a estas relaciones ilícitas, por creerlas una glosa redaccional, o las interpretan de la prostitución sagrada cabe al santuario, a imitación de los cultos licenciosos de los cananeos. Tal prostitución era severamente prohibida en la Ley (Deut 23:17-18), pero sabemos que se practicó en épocas de decadencia religiosa (Os 4:14; 1 Re 14:24; 15:12; 2 Re 23:7). Algunos autores católicos (Dhorme, De Vaux) suprimen el inciso. Helí reprende a sus hijos echándoles en cara la mala fama que se han granjeado ante el público. No han pecado contra los hombres, sino contra Dios. En el primer caso, la cuestión se lleva a las autoridades, que en nombre de Dios dictan justicia. Pero, en caso de pecar contra Dios mismo, nadie puede intervenir, por no disponer de los medios de propiciación que la misericordia de Dios puso a nuestro alcance. Pero, por faltarle ya las fuerzas, pues Helí era ya muy viejo, no los castigó. Tampoco a ellos les fue concedida la gracia de escuchar las amonestaciones de su padre y cambiar de vida, pues quería Yahvé matarlos. Endureció Dios su corazón, como hizo en otro tiempo con Faraón y los pueblos de Canaán (Ex 4:21; Jos 11:20). Niega Dios las gracias eficaces para la conversión a los que las rechazan y no cooperan con las mismas.

Mientras Helí caminaba a marchas forzadas hacia el sepulcro y sus hijos se adentraban por los caminos de la perdición, Samuel, como un astro que se levanta en el firmamento, crecía en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres, como se dice también de Jesús (Lc 2:52).

Profecía contra la casa de Helí (2:27-36).

27 Vino a Helí un hombre de Dios y le dijo: "Así habla Yahvé. Yo me revelé claramente a la casa de tu padre cuando eran esclavos en Egipto, en la casa del Faraón. 28 Yo me le elegí de entre todas las tribus de Israel para sacerdote, para que subiese al altar a quemar el incienso y para que llevase ante mí el efod. Yo di a la casa de tu padre todas las combustiones de los hijos de Israel. 29 ¿Por qué, pues, envidias mis víctimas y mis ofrendas, las que yo mandé se ofreciesen en mi casa, y tienes en más a tus hijos que a mí, engordándoos de lo mejor de todas las oblaciones de Israel, mi pueblo? 30 Por eso he aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Yo había dicho y repetido a tu casa y a la casa de tu padre que ministraríais ante mí por siempre; pero ahora dice Yahvé: Lejos de mí eso, porque yo honro a los que me honran y desprecio a los que me desprecian. 31 Tiempo vendrá en que yo amputaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que ya no haya nunca ancianos en tu casa 32 y siempre veas ante ti un rival. Aun en las prosperidades de Israel, no habrá nunca ancianos en tu casa. 33 No haré desaparecer de mi altar a todos tus descendientes, de modo que se consuman sus ojos y desfallezca su alma; pero todos los de tu casa morirán por la espada; 34 te servirá de señal lo que sucederá a tus hijos Ofni y Finés; ambos morirán en el mismo día. 35 Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará según mi corazón y según mi alma; le edificaré una casa estable, y él andará siempre en presencia de mi ungido; 36 y cuantos de tu casa queden, vendrán a prosternarse ante él, pidiéndole una moneda de plata y un pedazo de pan; y le dirán: Haz el favor de colocarme en alguna de tus funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que comer."

Un profeta, un hombre de Dios (Deut 33:1; Jos 14:6), se presenta a Helí para comunicarle en estilo profetice (Ex 4:22; Jos 7:13) un mensaje de parte del cielo referente a la suerte de su casa. Dios escogió a Aarón para las funciones sacerdotales de sacrificar sobre el altar, quemar el incienso y llevar el efod. Además, aseguró a los sacerdotes un medio decoroso de vida al otorgarles una porción elegida de la víctima.

A todos estos beneficios han correspondido con ingratitud. De ahí que ha llegado el día del Señor; va a resonar la sentencia de Yahvé contra la casa de Helí. Es Dios quien habla (neum = dicho, oráculo) a Helí. Las promesas que hizo antes a Aarón y Finés las revoca; Helí no ha caminado en la presencia de Yahvé; no ha cumplido lo pactado; luego será denegada en lo venidero la continuación en el ejercicio de sus funciones sacerdotales. Conservará Dios la vida de alguno que otro descendiente de Helí a fin de que, viviendo padezcan, y devore la envidia su corazón al ver que la dignidad sacerdotal ha pasado a otras manos. Gran parte de los descendientes de Helí morirán por la espada, refiriéndose acaso a la matanza de los ochenta y cinco sacerdotes de la familia de Itamar decretada por Saúl (22:18-19). La pauta de lo que sucederá en los días venideros la dará la muerte en un mismo día de Ofni y Finés (4:11; Ex 3:12; Jue 6:17).

Al anuncio de la reprobación de Helí sigue la noticia sobre el sacerdote que le reemplazó. El texto se refiere probablemente a Sadoc (1 Re 2:27-35), de la familia de Eleazar, que entró en funciones en lugar de Abiatar, de la ascendencia de Itamar, que había abrazado la causa de Adonías. Al nuevo sacerdocio acudirán los de la línea de Helí pidiendo un óbolo (agorat) de plata insignificante, un pedazo de pan o un puesto humilde entre las funciones sacerdotales para asegurar la vida.

Samuel oye la voz de Dios (3:1-10).

1 El joven Samuel ministraba a Yahvé en presencia de Helí. Era por entonces rara la palabra de Yahvé y no era frecuente la visión. 2 Un día, estando acostado en su lugar Helí, cuyos ojos se habían oscurecido y no podían ver, cuando todavía no se había apagado la lámpara de Dios en el santuario, 3 Samuel, que dormía en el santuario de Yahvé, donde estaba el arca de Dios, 4 oyó la voz de Yahvé, que le llamaba: "¡Samuel!"; él contestó: "Heme aquí"; 5 y corrió a Helí y le dijo: "Aquí estoy; me has llamado." Helí contestó: "No te he llamado, vuelve a acostarte." Y fue a acostarse. 6 Yahvé llamó otra vez a Samuel; y éste se levantó, y, yendo adonde estaba Helí, le dijo: "Heme aquí, pues me has llamado." Helí repuso: "No te he llamado, hijo mío; vuélvete y acuéstate." 7 Samuel no conocía todavía a Yahvé, pues todavía no se le había revelado la palabra de Yahvé. 8 Yahvé volvió a llamar a Samuel por tercera vez, y éste se levantó y fue a Helí y le dijo: "Heme aquí, pues que me has llamado." 9 Comprendió entonces Helí que era Yahvé quien llamaba al joven, y le dijo: "Anda, acuéstate, y si vuelven a llamarte, di: Habla, Yahvé, que tu siervo escucha." Samuel se fue y se acostó en su lugar. 10Vino Yahvé, se paró y llamó como las otras veces: "¡Samuel, Samuel!" Samuel contestó: "Habla, que tu siervo escucha."

Helí dormía en su lugar (meqomo), dentro o en una dependencia muy cercana al lugar sagrado; Samuel estaba en el hekal, en el recinto sagrado, en los alrededores del arca, no lejos del sumo sacerdote. Era bien entrada la noche, pero la lámpara o candelabro que ardía ante el tabernáculo no estaba apagada todavía (Ex 27:20; Lev 24:3). Tres veces habló la voz misteriosa, pero no sospechó Samuel que fuera Dios el que le llamaba, porque todavía no se le había revelado la palabra de Yahvé (v.7).

En un principio tampoco Helí barruntó que aquella voz podía ser de Dios. Dios se revela e imparte sus órdenes junto al arca de la alianza (Ex 25:22; Is c.6). El autor sagrado presenta a Yahvé morando en el santuario (Ex 25:8; Lev 26:12; 1 Re 6:17), trasladándose del lugar donde habitaba a la dependencia de Samuel. La última vez Yahvé fue adonde se encontraba Samuel, paróse en su camino y, como otras veces, llamó, sin manifestarse. Por respeto no pronuncia Samuel el nombre de Yahvé.

El mensaje (3:11-18).

11 Y dijo Yahvé a Samuel: "Voy a hacer en Israel una cosa que a cuantos la oigan les retiñirán ambos oídos. 12 Entonces cumpliré cuanto a Helí le he dicho, todo lo que de su casa le he dicho; comenzaré y acabaré. 13 Yo le he dicho que iba a castigar a su casa para siempre por el crimen que él sabía que sus hijos maldecían a Dios, y él no los corrigió. 14 Por eso he jurado a la casa de Helí que su crimen no será expiado ni con sacrificios ni con oblaciones." 15 Samuel siguió acostado hasta la mañana, y después abrió las puertas de la casa de Yahvé. No se atrevía a contar a Helí su visión; 16 pero éste llamó a Samuel, diciendo: "Samuel, hijo mío"; y éste contestó: "Heme aquí." 17 Helí le preguntó: "¿Qué es lo que te ha dicho Yahvé? Te ruego que no me ocultes nada. Que Yahvé te castigue si me ocultas algo de cuanto te ha dicho." 18 Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada; y Helí dijo: "El es Yahvé; haga lo que parezca bien a sus ojos."

No se equivocó Helí al sospechar que Dios se manifestaba a Samuel. La voz de Yahvé confirma los castigos contra la casa de Helí, que anunció antes otro profeta (2:27-36). El pecado cometido no será expiado ni con sacrificios ni con oblaciones. En aquello mismo que han delinquido encontrarán su castigo, ya que, habiendo abusado de los sacrificios, no encontrarán en éstos el perdón de su pecado (Núm 15:30-31). Hemos dado la traducción del v.13 según el texto antiguo, que los escribas cambiaron para no escribir la idea de una maldición contra Dios.

Duro era el mensaje. Samuel no fue en busca de Helí, como las otras veces, para comunicárselo. Se acostó de nuevo, y a la hora de costumbre abrió las puertas del santuario, comportándose como si nada hubiera ocurrido. Pero su misma conducta delataba que algo muy importante había sucedido. Helí le manda con juramento a que diga toda la verdad (14:24; 20:13; 25:22; Rut 1:17). Helí recibe el anuncio con cierta indiferencia, como si fuera una imposición del destino.

Samuel, profeta (3:19-21).

19 Samuel llegó a ser grande, y Yahvé estaba con él y no dejó que cayera por tierra nada de cuanto él decía. 20 Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, reconoció que era Samuel un verdadero profeta de Yahvé. 21 Yahvé siguió apareciéndosele en Silo. Helí estaba ya muy viejo, y los hijos de éste seguían por el mismo camino, pésimo ante Yahvé.

Mientras la estrella de Helí lanzaba sus últimos destellos, surgía refulgente la del nuevo juez de Israel. La noticia de La manifestación de Dios a Samuel se propaló de un extremo a otro de Palestina (Jue 20:1), deduciendo todos que Samuel estaba acreditado corno profeta de Yahvé. Tres son los rasgos principales que ponen de relieve su misión profética: frecuentes comunicaciones con Dios, pruebas evidentes de su origen divino y notoriedad universal. Hasta el presente, Dios se manifestaba raramente; con Samuel las comunicaciones divinas se hacen más frecuentes.

Guerra con los filisteos (4:1-2).

1 Sucedió por entonces que los filisteos se reunieron para hacer la guerra a Israel. Israel salió al encuentro de los filisteos para combatir. Acamparon cerca de Eben-Ezer, y los filisteos estaban acampados en Afee. 2 Habiendo presentado batalla los filisteos contra Israel, se empeñó el combate, e Israel fue derrotado por los filisteos, que mataron en el combate, en el campo, unos cuatro mil hombres.

Como es sabido (Jue c.13-16), formaban los filisteos una pentar-quía en el límite sudoeste de Canaán, junto al mar Mediterráneo. Sus principales ciudades eran cinco: Azoto, Gaza, Ascalón, Gad, Acarón. Por verse ellos acosados en su frontera meridional y por crecer el número de sus habitantes, se apoderaban insensiblemente de las tierras colindantes con la frontera de Israel, penetrando hacia Sarón y la región montañosa, amenazando cortar a, Israel su comunicación con el mar.

Son los filisteos los que declaran la guerra a los israelitas. Aquéllos acampan en Afee, que se identifica con la torre de Afee (Bell, lúa. 2:19; 1), o Ras el-Ain, a quince kilómetros al norte de Jafa (29:1). El ejército israelita acampó en las inmediaciones de Eben-Ezer, en la región de Jirbet Diferin, a unos cuatro kilómetros del ejército filisteo. Debe notarse el hecho de que Samuel desaparece en los c.4-6, para reaparecer en el 7. Dice De Vaux que, por su contenido, marco geográfico y humor, el presente episodio presenta analogías con los de Sansón (Jue c.13-16).

El arca en el campo de batalla (4:3-9).

3 El pueblo se recogió en el campamento,, y los ancianos se preguntaron: "¿Por qué nos ha derrotado Yahvé hoy ante los filisteos ? Vamos a traer de Silo el arca de la alianza de Yahvé, para que esté entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos." 4 Mandaron a Silo, y se trajo de allí el arca de la alianza de Yahvé Sebaot, que se sienta sobare los querubines, y con ella fueron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. 5 Cuando el arca de la alianza de Yahvé entró en el campamento, todo Israel lanzó tan grandes gritos de júbilo, que hacían retemblar la tierra. 6 Oyeron los filisteos el vocerío y dijeron: "¿Qué vocerío es éste tan grande que se oye hoy en el campamento de los hebreos?" Y supieron que había sido traída al campamento el arca de Yahvé. 7 Atemorizáronse los filisteos, y decían: "Ha venido Dios al campamento. ¡Desgraciados de nosotros! Cosa tal no había sucedido hasta ahora. 8 ¡Desgraciados de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? ¿Acaso no son éstos los que castigaron a Egipto con toda suerte de plagas y con peste en el desierto? 9 Esforzaos y sed hombres, filisteos; no tengamos que servirles nosotros a ellos, como os sirven ellos a vosotros. Sed hombres, luchad."

La derrota humilló a Israel. Un consejo de guerra formado por los ancianos, al que no asistió quizá Helí por su avanzada edad, determinó que se trajera de Silo el arca de la alianza, creyendo que la presencia de Dios en el campamento aseguraría la victoria (Núm 10:35-36; 2 Sam 11:11). Con el arca fueron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. La presencia del arca fue saludada con entusiasmo tal, que los filisteos se enteraron de la noticia, cundiendo el pánico entre sus filas. Creen ellos que Israel tiene sus dioses tutelares, como los filisteos tienen los suyos; pero los dioses de los israelitas, según consta de la historia, se muestran muy activos contra sus enemigos. Este temor no paraliza sus actividades,

Muerte de Helí (4:10-18).

10 Combatieron, pues, los filisteos y fue derrotado Israel, huyendo cada uno a sus tiendas. Fue una gran derrota, en la que cayeron de Israel treinta mil peones, 11 y fue tomada el arca de Dios, y murieron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. 12 Un hombre de Benjamín, de los huidos del campo de batalla, vino corriendo a Silo aquel mismo día, con los vestidos desgarrados y la cabeza cubierta de polvo. 13 Cuando llegó, estaba Helí sentado en una silla, a la vera del camino, cerca de la puerta, esperando, pues su corazón temblaba por el arca de Dios. Entró el hombre en la ciudad para informarla, y toda ella fue un grito. 14 Al oírlo Helí, preguntó: "¿Qué ruido, qué tumulto es ése?" Entonces vino el hombre para darle la noticia. 15 Helí tenía noventa y ocho años; sus ojos se habían quedado rígidos y no veía. 16 El hombre dijo a Helí: "Vengo del campo de batalla, de donde he huido hoy." Helí le preguntó: "¿Y qué ha pasado, hijo mío?" 17 El le contestó: "Israel ha huido ante los filisteos; ha habido muchos muertos del pueblo; también tus dos hijos, Ofni y Finés, han sido muertos, y el arca de Dios ha sido tomada." 18 Apenas hubo mentado el arca de Dios, cayó Helí de su silla hacia atrás, junto a la puerta, y se desnucó y murió, pues era ya muy anciano y estaba muy pesado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años.

Se reanudó el combate y fue derrotado Israel, que huyó a la desbandada, después de abandonar en el campo treinta mil peones. Es posible que este número sea hiperbólico, queriendo significar que Israel fue derrotado de modo estrepitoso a causa de los pecados de la casa de Helí. Pero las dos noticias sensacionales fueron la muerte de los dos hijos de Helí y la captura del arca de Dios. Un mensajero de la tribu de Benjamín fue corriendo para comunicárselo a Helí, al que encontró sentado en una silla (1:9), al lado (yad) de la puerta del santuario (1:9), desde donde se dominaba el camino. Nada veía Helí, pero era tal su tensión de ánimo, que dirigía ansiosamente sus apagados ojos en dirección al camino por donde tenían que llegar noticias de la batalla. Su ceguera le impidió ver los vestidos desgarrados del mensajero, su cabeza desgreñada, cubierta de ceniza en señal de duelo nacional (Gen 37:29; 34; 44:13; Jos 7:6; 2 Sam 1:2; 15:32). Debía el cuerpo asociarse al dolor que desgarraba el alma de todo israelita. Toda la verdad le fue comunicada a Helí de forma escalonada y con palabras que fluían a borbotones de labios del mensajero. El corazón de Helí soportó la noticia de la muerte de sus dos hijos, cuya suerte le había sido profetizada (2:34), pero sucumbió ante el anuncio de la captura del arca de Dios.

Pocas son las noticias que ofrece la Biblia sobre este juez y sacerdote, que entra ya anciano en los anales de la historia. Por lo poco que se sabe, cabe inferir que era un hombre probo, acogedor, devoto, bondadoso, como suelen ser aquellos con los cuales la naturaleza se ha mostrado pródiga, como en Helí (v.18). Su piedad e interés por el arca de la alianza queda patente ante la ansiedad con que esperaba noticias sobre su suerte y el caer muerto al enterarse de que había sido capturada por los filisteos. Pero en medio de tantas virtudes le afeaba un lunar: la excesiva blandura para con sus dos hijos. Era Helí un hombre de reacciones lentas, algo fatalista (3:18). Pero aun en este aspecto no cabe recargar las tintas y presentarlo como un reprobo. En primer lugar, su labor como juez — de hecho, no de derecho — y pontífice le absorbían el tiempo que debía dedicar al control de sus hijos. El hecho de que Helí aparezca a menudo (1:9; 4:13) sentado en una silla o acostado (3:2), puede sugerir la sospecha de que era hidrópico, entrado en años — tenía al morir noventa y ocho-, lo que disminuye su responsabilidad moral ante la conducta de sus hijos, ya mayores de edad. Acaso no fue así en sus años en los que era joven.

Helí desaparece del escenario de la historia de Israel dejando en el corazón del lector un sentimiento de conmiseración y de simpatía a la vez. Cuarenta años, cifra simbólica en la historia de los jueces (Que 3:11; 13:1), había estado al frente de la nación israelita, no como juez propiamente dicho, sino en calidad de sumo pontífice, a quien acudía el pueblo para dirimir sus cuestiones.

Muere la nuera de Helí (4:19-22).

19 Su nuera, la mujer de Finés, estaba encinta, ya para dar a luz. Al saber la noticia de la toma del arca de Dios, de la muerte de su suegro y de su marido, se doblegó y parió, pues le sobrevinieron los dolores del parto. 20Como se veía morir, las mujeres que estaban junto a ella le decían: "Animo, que has parido un hijo"; pero ella ni respondía ni entendía. 21Llamó al hijo Icabod, 22 diciendo: "Ha pasado de Israel la gloria," por haber sido tomada el arca de Dios y por la muerte de su suegro y de su marido. Ella dijo: "Ha pasado la gloria de Israel, porque ha sido tomada el arca de Dios."

El desastre tomó proporciones más grandes de las que deja traslucir el texto, pues es probable que los filisteos llegaran también a Silo, destruyendo y saqueando su santuario. Los profetas presentan este hecho como castigo de Dios (Jer 7:12; 26:9; Sal 78; 60-65). Desde estos acontecimientos de Silo queda únicamente el recuerdo de una gloria pasada.

El arca hiere a los filisteos (5:1-6).

1 Tomaron, pues, los filisteos el arca de Dios y la llevaron de Eben-Ezer a Azoto, 2 y la metieron en el templo de Dagón y la pusieron junto a Dagón, 3 Al día siguiente, levantándose de mañana, vieron los filisteos a Dagón tendido en tierra y con la cara contra ella, delante del arca de Yahvé. Lo tomaron y volvieron a ponerle en su sitio; 4 pero al otro día, cuando se levantaron, encontraron a Dagón tendido en tierra boca abajo y cortadas la cabeza y las manos, que yacían en el umbral, sin quedar de Dagón más que el tronco. 5 Por esto los sacerdotes de Dagón, y cuantos entran en el templo de Dagón en Azoto, no pisan todavía el umbral del templo. 6 La mano de Yahvé pesó grandemente sobre los de Azoto y los desoló e hirió con tumores a Azoto y su territorio.

Parecía que Yahvé había sido vencido por Dagón; Israel quedaba sin Dios ni jefe que les guiara en las guerras. En señal de sumisión, el arca, símbolo de la presencia de Yahvé, es colocada junto al dios Dagón, en condiciones de inferioridad. Era Dagón (dag = pez; dagan = trigo) un dios del Próximo Oriente venerado en todo el territorio de Mesopotamia, Siria, con un templo en Rash Shamrah, del siglo XIV, Ante él se postró en oración el famoso Sargón, rey de Kis (c.2200 a.C.); de este dios procedía Ham-murabi (Pritchard, 165). En Palestina estaba difundido su culto; algunas ciudades llevan su nombre (Jos 15:41; 19:27). Era el dios principal de los filisteos (Jue 16:23), con su famoso templo en Azoto (1 Sam 5:1), destruido por Jonatán (1 Mac 10:83). Se le representaba como mitad hombre y mitad pez; originariamente era el dios de la tempestad l.

Pero no es Yahvé un Dios al que se le puede inmovilizar fuera de su propio territorio, porque suyos son los confines de la tierra. De ello se convencieron los filisteos cuando, al levantarse de madrugada, vieron a su dios tendido en tierra, besando el polvo del suelo. Al día siguiente, de Dagón no quedaba más que el tronco. En recuerdo de esta profanación, los devotos del dios, dice el texto griego, saltaban por encima delumbral cuando entraban en el templo para no pisar la tierra santificada por la cabeza y manos de su dios. La misma costumbre existía en otros sitios, por haberse divulgado la creencia de que los espíritus habitaban en el umbral. La acción de Dios alcanzó también a los hombres. Unos tumores (tehorim) que propagaban los ratones (6:11-18), especie de peste bubónica, invadieron la ciudad de Azoto. Con la experiencia de lo de Dagón, sospecharon inmediatamente que aquellas protuberancias eran castigo de Dios. En lugar de tumores, que se lee en el qere, el texto lleva el término ofelim = hemorroides. Escribe Gemayel: "El texto hebreo habla de hemorroides y no de simples tumores. Juntamente con esta enfermedad hubo una epidemia propagada por ratones, que causó gran mortandad 2. Pero, a pesar del eufemismo ideado por los masoretas, creemos que el autor sagrado habló de hemorroides y que, al estampar en su libro este dato, no pudo reprimir una sonrisa sarcástica, no tanto por la enfermedad en sí cuanto por retransmitir a los lectores de su tiempo y del futuro el recuerdo de las pupas en las posaderas de los de Azoto. Así, a su manera, se vengaba del pueblo filisteo, enemigo de Israel.

Reunión del consejo (5:7-12).

7 Viendo los de Azoto lo que pasaba, dijeron: "Que no quede entre nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano pesa mucho sobre nosotros y sobre Dagón, nuestro dios." 8 Y convocando a todos los príncipes de los filisteos para que vinieran, se preguntaron: ¿"Qué haremos con el arca del Dios de Israel?" Ellos contestaron: "Que lleven el arca del Dios de Israel a Gat." 9 La llevaron, y la mano de Yahvé se dejó sentir sobre la ciudad, y hubo en ella gran espanto, pues hirió a las gentes de la ciudad, pequeños y grandes. 10 Entonces mandaron el arca de Dios a Acarón. Pero, en cuanto entró el arca de Dios en Acarón, los acaronitas se pusieron a gritar: "Han traído aquí el arca del Dios de Israel para que nos mate a todos, a nosotros y a nuestro pueblo." 11 Y convocaron a todos los príncipes de los filisteos, que dijeron: "Devolved el arca del Dios de Israel; que vuelva a su sitio, para que no nos mate a nosotros y a nuestro pueblo"; pues había en toda la ciudad un terror mortal, y la mano de Dios pesaba sobre ella muy fuertemente. 12 Los que no morían eran heridos de hemorroides, y los desesperados gritos de la ciudad subían hasta el cielo.

Los de Azoto se cansaron pronto del arca de Yahvé; el consejo de la pentápolis filistea determinó descargar a los de Azoto y llevar el arca a Gat, quizá el actual tell es-Safiye, o Araq el-Menshiye, a diecinueve y veintidós kilómetros, respectivamente, al sudoeste de Azoto (Jos 11:22; 13:3). Para designar a los cinco príncipes (same) de las ciudades emplea la Biblia una palabra filistea emparentada con un vocablo minoico que pasó al griego: tyrannos (De Vaux). También hirió Dios a los de Gat, que enviaron el arca a Acarón (el actual Aqir, a diez kilómetros al oeste de Gezer). La peste se enseñoreó de la ciudad, que a grandes gritos exigió que se devolviera el arca a Israel.

Consejo sobre el destino del arca (6:1-9).

1 Siete meses estuvo el arca de Yahvé en la tierra de los filisteos. 2 Congregaron éstos a sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: "¿Qué hemos de hacer con el arca de Yahvé? Decidnos cómo hemos de devolverla a su sitio." 3 Ellos respondieron: "Si volvéis el arca del Dios de Israel, no la mandéis de vacío, y no dejéis de hacerle una ofrenda de desagravio; si os curáis, sabréis que era su mano la que pesaba sobre vosotros sin alzarse." 4 Preguntaron los filisteos: "¿Y qué desagravio hemos de hacerle?" Respondieron: "Cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, según el número de los príncipes de los filisteos, pues una misma es la plaga que a vosotros y a vuestros príncipes aflige. 5 Haced, pues, una imagen de vuestros tumores y de las ratas que asuelan la tierra, y honrad al Dios de Israel; quizá deje así de hacer sentir su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra. 6 ¿Para qué endurecer vuestro corazón, como endurecieron el suyo Egipto y el Faraón? ¿No tuvieron que dejar salir a los hijos de Israel después que los hubo castigado ? 7 Haced, pues, un carro nuevo, tomad dos vacas que estén criando y que no hayan sido nunca puestas al yugo; uncid las vacas al carro, y dejad los terneros lejos de ellas, en el establo. 8 Coged luego el arca, la ponéis sobre el carro, y junto a ella, en un cofre, los objetos que haréis como ofrenda de desagravio, y la devolvéis; que ella se vaya. 9 Seguidla con los ojos: si sube por el camino de su tierra hacia Bet Semes, será que Yahvé nos ha infligido tanto mal; si no, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha herido y que esto ha sucedido por casualidad."

Siete años estuvo el arca en tierra de los filisteos. Teniendo en cuenta que llegó a Bet Semes (Jos 15:10; 21:16) en tiempos de la siega (v.13), que suele tener lugar allí entre mayo y junio, cabe deducir que fue capturada hacia el mes de noviembre. Los príncipes de los filisteos son los que solicitan el consejo de los sacerdotes (Kohanim) y de los adivinos (qosmim). Eran los filisteos eminentemente supersticiosos (Is 2:6). El término qesem (Núm 23:23; Deut 18:14) no se aplica nunca a los profetas verdaderos. Los adivinos y sacerdotes de Dagón responden a la segunda pregunta: "De mandar el arca, dicen, no la enviéis vacía; dadle una reparación." La palabra hebraica asham expresa a la vez el delito y el sacrificio por el mismo, la reparación de la falta cometida (Dhorme). Se convino en que el tributo de reparación consistiese en cinco tumores de oro y cinco ratones del mismo metal. Aún hoy día penden de los muros de los santuarios cristianos exvotos que recuerdan la enfermedad que aquejaba al paciente, y de la cual vióse libre por una intervención de los santos. En otros tiempos, libres los atenienses de una enfermedad afrentosa, hicieron reproducciones del miembro enfermo (Scholia Acharnenses 244). Obsérvese que es la primera vez el texto menciona los ratones, asociándolos, acaso, a la pestebubonica, de la cual son ellos los principales propagadores. Sostiene De Vaux que es posible la reunión en este capítulo de dos tradiciones según una, la peste consistió en la aparición de tumores vergonzosos; según la otra, en una invasión de ratones. En el v.5 se habla de las "ratas que asuelan la tierra."

Porque Dios está presente en el arca, al devolverla a su tierra, debe colocarse sobre un carro nuevo, arrastrado por vacas que no hayan sido puestas nunca al yugo (Núm 19:2; Deut 15:19; 21:3; 2 Re 2:20). Sería indecoroso destinar al servicio sagrado un carro dedicado a usos profanos. Las vacas jóvenes tenían además la ventaja de indicar a los filisteos si fue o no Yahvé el que los hirió. No acostumbradas al peso del yugo ni a estar uncidas al carro, tampoco sabrían caminar juntas y arrastrar el carro a la tierra de Israel. Con el fin de dificultar su marcha encerraron los terneros en el establo.

El arca, camino de Bet Semes (6:10-18).

10 Hiciéronlo así, y, tomando dos vacas que estaban criando, las uncieron al carro y dejaron los terneros en el establo. 11 Pusieron sobre el carro el arca de Yahvé y el cofre, con las ratas de oro y las figuras de sus tumores. 12 Las vacas tomaron el camino de Bet Semes y siguieron derechamente por él; iban andando y mugiendo, sin declinar ni a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes de los filisteos fueron tras ellas, hasta llegar al territorio de Bet Semes. 13 Las gentes de Bet Semes estaban segando el trigo en el valle, y, alzando los ojos, vieron el arca con gran alegría. 14 El carro llegó al campo de Josué, betsemita, y se paró en él. Había allí una gran piedra, y partieron las maderas del carro y ofrecieron las vacas a Yahvé en holocausto. 15 Los levitas, bajando del carro el arca de Yahvé y el cofre que estaba junto a ella y contenía los objetos de oro, los pusieron sobre la gran piedra. Las gentes de Bet Semes ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios pacíficos a Yahvé. 16 Los cinco príncipes de los filisteos, después de ver esto, se volvieron a Acarón aquel mismo día. i? Estos son los tumores de oro que los filisteos donaron a Yahvé como ofrenda de desagravio; uno por Azoto, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno por Acarón.18 También las ratas de oro eran según el número de ciudades de los cinco príncipes, tanto de las fortificadas como de las no amuralladas. Testigo la gran piedra que todavía hoy queda en el campo de Josué betsemita, sobre la cual se depuso el arca de Yahvé.

Con gran sorpresa vieron los filisteos que las vacas bisoñas marchaban directamente hacia la tierra de Israel, como si un ser invisible las arrastrara. Cinco representantes de la pentápolis filistea acompañaron el arca hasta entregarla a los betsemitas, que segaban el trigo en el valle llamado hoy es-Serar. La ciudad se hallaba en el sitio conocido hoy por Tell er-Rumele, a veinticinco kilómetros oeste de Jerusalén, La ciudad dominaba la salida del valle a la llanura, y, por lo mismo, era de gran valor estratégico i. Sobre una de las rocas del lugar ofrecieron los betsemitas las dos vacas en holocausto, consumidas por el fuego de las maderas del carro, hecho astillas. Fueron los levitas los encargados de bajar el arca (Núm 4:15-25). ¿Pertenecen los versos 15:17-18 a otro redactor? Así 10 creen Dhorme y De Vaux.

De Bet Semes a Quiriat Jearim (6:19; 21-7:1).

19 Los hijos de Jeconías no se alegraron con las gentes de Bet Semes al ver el arca de Yahvé, e hirió éste de entre ellos a setenta hombres. El pueblo hizo gran duelo por haberlos herido Yahvé con tan gran plaga; 20 y las gentes de Bet Semes se decían: "¿Quién puede estar delante de Yahvé, este Dios santo? ¿Y adonde habrá de ir al alejarse de nosotros?" 21 Mandaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-Jearim para que les dijeran: "Los filisteos han devuelto el arca de Yahvé; bajad para subirla con vosotros." 22 Las gentes de Quiriat-Jearim vinieron y subieron el arca, depositándola en la casa de Abinadab, que está sobre una colina; y consagraron a Eliezer, su hijo, para que custodiase el arca de Yahvé.

La traducción del v.16g es la de los LXX. Aunque en el texto hebraico no esté expreso el sujeto del verbo herir, por el contexto se saca que debe ser Yahvé. ¿Por qué les castigó Dios? Porque aprovecharon la coyuntura de la presencia del arca entre ellos para examinarla en sus mínimos detalles, por dentro y por fuera, con curiosidad indiscreta (Núm 4:20). Dios es santo, y no permite que personas manchadas con impurezas, o no santificadas por El, se le acerquen (Is c.1-6). No sabemos quién es Jeconías, que cita el texto griego, víctima, con su familia, del castigo divino. La cifra de cincuenta mil es excesiva; no aparece en muchos códices griegos.

La muerte de setenta personas sembró el pánico en Bet Semes. ¿Quién puede estar al lado de Yahvé? El arca de Dios participa de la santidad divina, y Yahvé es, a su vez, santo y terrible. Las gentes de Quiriat-Jearim la recogieron, depositándola en casa de Abinadab. La localidad de Quiriat-Jearim se encuentra en una altura, junto al actual poblado de Qariet el-Enab, al nordeste de Bet Semes y a doce kilómetros al noroeste de Jerusalén. No fue trasladada el arca a Silo por haber sido destruido el santuario por los filisteos (Jer 7:12-4; 26:6-9; Sal 78:60). Quiriat-Jearim era un lugar más seguro para guardar el arca, por estar más cercano del país de los filisteos. La casa de Abinadab se levantaba sobre la colina que domina el pueblo, que, por caprichosa analogía, se llama hoy Tell el-Azar, nombre que recuerda el de su hijo Eliezer. Sobre el lugar se levanta hoy una iglesia dedicada a la Virgen, con la advocación de Foederis Arca.

Reaparición de Samuel (7:2-14).

2 Mucho tiempo pasó, veinte años, desde que el arca fue depositada en Quiriat-Jearim, y toda la casa de Israel se volvió a Yahvé. 3 Dijo, pues, Samuel: "Si de todo corazón os convertís a Yahvé, quitad de en medio de vosotros los dioses extraños y las astartés; enderezad vuestro corazón a Yahvé y servidle sólo a El, y El os librará de las manos de los filisteos." 4Los hijos de Israel quitaron todos los baales y astartés y sirvieron sólo a Yahvé. 5 Samuel les dijo: "Congregad a todo Israel en Masfa, y yo rogaré a Yahvé por vosotros." 6 Reuniéronse en Masfa, y sacando agua, la derramaron en tierra ante Yahvé; y ayunaron aquel día, y clamaban: "Hemos pecado contra Yahvé." 7 Samuel juzgaba a los hijos de Israel en Masfa. Habiendo sabido los filisteos que los hijos de Israel se habían congregado en Masfa, subieron sus príncipes contra Israel. Tuvieron miedo de los filisteos los hijos de Israel, 8 y dijeron a Samuel: "No ceses de clamar por nosotros a Yahvé, nuestro Dios, para que nos libre de la mano de los filisteos." 9 Samuel tomó un cordero de leche y lo ofreció entero en holocausto a Yahvé, y clamó a Yahvé por Israel, y Yahvé lo escuchó. 10 Mientras Samuel ofrecía el holocausto, se acercaron los filisteos para atacar a Israel; pero Yahvé hizo tronar muy fuertemente aquel día sobre los filisteos y los puso en derrota, siendo batidos por los hijos de Israel. 11Los hombres de Israel, saliendo de Masfa, persiguieron a los filisteos en derrota hasta más abajo de Bet-Car. 12 Samuel cogió una piedra y la puso entre Masía y Jesana; la llamó Eben-Ezer, diciendo: "Hasta aquí nos socorrió Yahvé." 13Así humillados, no volvieron los filisteos más contra la tierra de Israel; y pesó la mano de Yahvé sobre ellos durante toda la vida de Samuel. 14Las ciudades que los filisteos habían tomado a Israel volvieron a poder de éste, desde Acarón hasta Gat. Israel arrancó de las manos de los filisteos su territorio, y hubo también paz entre Israel y los amorreos.

El presente capítulo, tan luminoso a primera vista, encierra puntos oscuros imposibles de elucidar. El arca de la alianza es conducida a Quiriat-Jearim, ciudad perteneciente a la tetrápolis gabaonita (Jos 9:7), y, por lo mismo, israelita por adopción. Sus habitantes eran en parte cananeos y en parte israelitas. Además, por encontrarse cerca de la línea fronteriza con los filisteos, era considerada como ciudad neutral, terreno de nadie. Choca que el arca sea conducida a este pueblo y no a Silo, a menos que supongamos que los filisteos arrasaron el santuario en donde se encontraba antes. Pero aun en este supuesto no se explica el poco entusiasmo que el pueblo siente por ella y el hecho de que se confíe su custodia a un profano, Eliezer, consagrado aprisa y corriendo Que 17:5), y no a los sacerdotes y levitas que de Silo marcharon a Nob para fijar allí el tabernáculo. Mejor que en Quiriat-Jearim hubiera estado el arca en Nob, dentro del tabernáculo. ¿Por qué Samuel no se traslada a Quiriat-Jearim, al lado del arca? Ni éste, ni Saúl, ni David, hasta el día que derrotó definitivamente a los filisteos, se interesaron por ella, ni el pueblo acudía allí en peregrinación. Budde parece haber encontrado la llave que permite una solución satisfactoria. Para evitar los males que Yahvé causaba a los filisteos, determinaron éstos repatriar el arca de la alianza. Pero mientras fueron ellos dueños de Israel no permitieron que el arca de la alianza volviera a ocupar el mismo sitio que antes, reteniéndola en una ciudad cercana a la frontera con el fin de controlar la atmósfera religiosa y política que podría crearse eventualmente en torno a la misma. Parecióles que la ciudad más a propósito era Quiriat-Jearim por las siguientes razones: i) por colindar con la frontera; 2) por ser cananeos, y, por lo mismo, enemigos de los hebreos, la mayoría de sus habitantes; y 3) porque la colonia hebraica residente allí bastaba para asegurar un culto digno a Yahvé (Üesnoyers, I 220-221).

El capítulo está desplazado del contexto, no teniendo relación lógica con lo que precede. Con este capítulo quiso su autor demostrar que la monarquía no era necesaria existiendo en Israel jueces de la talla de Samuel. El texto quiere ser una preparación de la versión antimonárquica que se vislumbra en 8:1-22; 10:18-25; c.12 y 15. Samuel reaparece en el teatro de la historia igual que los antiguos jueces Que 6:6-10; 10:10-16). El pueblo de Israel se apartó del camino recto, pero, oprimido por los filisteos, se convierte al Señor. Ante la buena disposición del pueblo, Samuel congregó a Israel en Masfa Que 20:1; 1 Sam 10:17), el actual Tell es-Nasbe Que 2:13). La conversión de Israel viene expresada simbólicamente con la efusión de agua delante de Yahvé (1 Re 18:32-35; Lam 2:19), con el ayuno Que 20:26) y la confesión pública de los pecados. La idolatría había contaminado la tierra y era necesario purificarla. No se trata de ningún sacrificio ni libación.

En Masfa juzgaba Samuel a los hijos de Israel (v.7). De la reunión de Masfa tuvieron noticia los filisteos, que subieron para dispersar a los allí congregados, Samuel no les temía; antes bien, ofreció un cordero lechal de más de siete días (Lev 22:27) en holocausto, mientras todo Israel clamaba a Yahvé. Dios escuchó su plegaria: Hizo tronar aquel día sobre los filisteos y los puso en derrota (v.10). El trueno es la voz de Dios (Sal 18:14; 29:3-9; Job 37:4-5). Con ello quiere el autor decir que desencadenó Yahvé una tempestad, con truenos y relámpagos, que atemorizó a los filisteos. De este hecho se conservó un recuerdo imperecedero (Ecli 46:19-21), como de la tempestad en tiempos de Josué en Betorón (Jos 10:10-14).

Los de Masfa persiguieron a los filisteos más allá de Bet-Car. Otros autores leen Bet-Horón en vez de Bet-Car, apoyándose en que aquella localidad es la ruta clásica de las invasiones por parte de los filisteos y de los pueblos de la costa (Jos 10:10-11). Nos parece acertada la advertencia de Desnoyers: "No es conocido Bet-Car; pero esto no autoriza la lección de Bet-Horón" (Hist. II 221). Tampoco sabemos dónde estaba emplazada Jesana, que puede corresponder a Asena (Jos 15:33), a Aslin (Abel) o a Bet Shena (De Vaux Ubach). Sobre Eben-Ezer véase 4:1. Es difícil, escribe De Vaux, que este lugar sea el mismo de 4:1; pero la semejanza de nombres es intencionada: esta victoria borra el recuerdo de la derrota anterior en este mismo lugar.

Lo que se dice al final del capítulo es un cuadro demasiado optimista. Es verdad que no volvieron los filisteos a la carga mientras duró la judicatura de Samuel, pero reanudaron sus ataques en tiempos de Saúl. Acarón y Gat quedaron en manos de los filisteos (9:16; 10:1ss; 13:2ss). Antes de David no fue nunca Israel dueño de la tierra de los filisteos (Jue 1:18; 1:19; 3:3).

Petición de un rey (7:15-17).

15 Samuel juzgó a Israel todo el tiempo de su vida. 16 Cada año hacía un recorrido por Betel, Caígala y Masfa, y allí, en todos estos lugares, juzgaba a Israel. 17 Volvíase luego a Rama, donde estaba su casa, y allí juzgaba a Israel. Alzó allí un altar a Yahvé.

Aun en vida de Saúl continuó Samuel ejerciendo sus funciones de juez en materia religiosa, siendo consejero del rey en asuntos militares. Su domicilio estaba en Rama (Ramathaim, 1:1), pero se desplazaba a Betel (Jos 7:2), a Caígala, entre el Jordán y Jericó Qos 4:19), y Masfa (Jue 20:1). Como Gedeón (Jue 6:24), erige un altar en Rama, su patria. No era sacerdote ni levita. El derecho de erigir un altar pertenecía al jefe de familia, según costumbre muy antigua, en tiempos en que ejercía los poderes judiciales, militares y religiosos. Los reyes, que heredaron estos derechos antiguos, gozarán de gran iniciativa en materia cultual 1.

1 H. Schmóckel, Der Gott Dagan. Ursprung, Verbreitung und Wesen seines Kultes (Hei-delberg 1928).

2 L'higiéne et la medicine á través la Bible (París 1932) 73·

1 Sobre las excavaciones practicadas en el lugar, véase E. Wright, Airi §h&ns Excava-tions 6 vols. (Haverford 1931-1939).

 

 

2. Institución de la Monarquía (c.8-10).

Han transcurrido muchos años desde que el joven Samuel servía en el santuario de Yahvé en Silo. Su maestro y guía murió. Del santuario de Silo queda sólo un montón de ruinas; el arca de la alianza yace en casa de un particular, bajo la supervisión de los filisteos. Israel vive en medio de gentes que no conocen a Yahvé y se contamina con sus cultos sensuales. No existe santuario nacional donde pueda congregarse la asamblea de los hijos de Israel. Samuel, que tenía su residencia en Rama, se desplazaba periódicamente y visitaba Galgala, Masfa y Betel para ponerse en contacto con las gentes de las distintas regiones. Pero los años le aconsejaron limitar sus desplazamientos. De ahí que a la falta de un santuario se añadía la anarquía en el orden político y administrativo.

Por otra parte, los filisteos, a pesar de su derrota en Masfa, mantenían el control del territorio israelita. En el interior urgía cada día más la necesidad de la unión entre las tribus que gozaban de gran autonomía. El medio para aunarlas era la institución de una monarquía. Edom, Moab y Amón habían implantado el regímen monárquico. El rey era un aglutinante en el interior y un caudillo que salía al frente de sus tropas para guerrear contra los pueblos enemigos.

En Israel, desde tiempo, existieron dos corrientes, una a favor y otra en contra de la monarquía (Jue 8:22; 9:1-6; 9:7-20).

En los libros de Samuel se vislumbran claramente estas dos corrientes antagónicas. Algunos textos son favorables a la monarquía: 1 Sam 9:1-10:16; 11:1-11; 15; c.13-14; otros, contrarios: 1 Sam 8:1-22; 10:18-25; c.12 y 15. Según la tradición favorable, la iniciativa de la monarquía parte de Dios, qué escoge a Saúl como libertador de su pueblo (9:16); la tesis de la segunda tradición es que la idea de la monarquía parte del pueblo, que pide un rey para ser igual que las otras naciones (8:5-20). La evolución de la idea monárquica toma incremento con ocasión del peligro filisteo, que exigía una acción común. De esta manera se justifica la corriente favorable a la monarquía. Saúl aparece como un continuador de la obra de los jueces: como ellos, es el salvador designado por Dios (9:16; 10:1), recibe el espíritu de Yahvé (10:6-10; 11:6), libertando, como ellos, a su pueblo (11:1-11; c. 13-14). Pero a esta elección divina corresponde, por primera vez, una aclamación popular después de la victoria sobre los amonitas (11:15). El jefe carismático, el naguid, 9:16; 10:1, se convierte en melek, rey, 11:15 (Les Institutions I 145).

Israel pide un rey (8:1-9).

1 Cuando envejeció Samuel, puso para juzgar a Israel a sus dos hijos; 2 el primogénito, de nombre Joel, y el segundo, de nombre Abia, y juzgaban en Berseba. 3 Pero los hijos de Samuel no siguieron los caminos de éste, sino que se apartaban de ellos por avaricia, recibiendo presentes y violando la justicia. 4 Reuniéronse todos los ancianos de Israel, y vinieron a Samuel, en Rama, 5 y le dijeron: "Tú eres ya viejo y tus hijos no siguen tus caminos; danos un rey para que nos juzgue, como todos los pueblos." 6 Desagradó a Samuel que le dijeran: "Danos un rey para que nos juzgue," y oró ante Yahvé; 7 pero Yahvé dijo a Samuel: "Oye la voz del pueblo en cuanto te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos. 8 Como han hecho conmigo desde que los saqué de Egipto hasta ahora, dejándome para irse a servir a otros dioses, así hacen ahora contigo. 9 Escúchalos, pues; pero da testimonio contra ellos y dales a conocer cómo los tratará el rey que reinará sobre ellos.

Samuel envejeció, y no podía cumplir con los deberes que le imponía su condición de juez de Israel. Para sustituirle nombró a sus dos hijos, Joel y Abia, que se establecieron en Berseba. Hállase la ciudad al extremo meridional de Palestina, perteneciente a Judas y Simeón (Jos 19:9) 1. Causa extrañeza que ambos hijos fijaran en Berseba sus actividades judiciales. ¿Habíase Samuel reservado los rritorios del norte? ¿Existía en el lugar un santuario al que se acudía en peregrinación? (Am 5:5; 8:14).

La corriente monárquica comenzaba a cristalizar desde el momento en que Samuel instituía como sucesores suyos en el gobierno civil y militar a sus dos hijos. Pero la conducta venal de los mismos inclinó la balanza en favor de un rey representativo de la nación. Con su proceder, los hijos de Samuel transgredían la ley del Deut 16:18-19. Como a Helí, también a Samuel faltó energía para corregirlos; pero esta debilidad debe achacarse también a la vejez.

Los pretextos invocados por los ancianos (4:3) se fundan en que Samuel está ya viejo y en que sus hijos no seguían sus caminos. Pero la razón primordial era que querían ser como los otros pueblos, al frente de los cuales había un personaje que reunía en sus manos todos los poderes. Quieren terminar con el desmembramiento de Israel; desean que haya un rey que, en un momento de peligro, agrupe al pueblo en torno suyo y le conduzca a la victoria contra los enemigos. Quieren, en fin, una autoridad estable, no de circunstancias, como sucedía en tiempos de los jueces.

Los ancianos, en esta ocasión, se conforman a las prescripciones legales; no eligen ellos un rey, sino que se limitan a presentar a Samuel las aspiraciones del pueblo, usando las mismas palabras de la Ley (Deut 17:14-15). La propuesta de los ancianos desagradó a Samuel, no tanto por ella en sí cuanto por la manera y ocasión de presentarla. Con ella los ancianos calificaban de deficiente su administración, imponiéndole casi un ultimátum. Además, Samuel interpretó aquel acto como un atentado contra las leyes de la teocracia (Jue 8:22-23). Sin embargo, manda Dios al profeta que acceda a la petición, porque el cambio en sí se ha hecho necesario para que Israel, organizado políticamente de un modo permanente, pueda hacer frente a los enemigos externos. El monarca elegido seguirá siendo el representante de Dios (12:12; Jue 8:23).

Los inconvenientes de la realeza (8:10-22).

10 Samuel transmitió al pueblo que le pedía rey todo lo que le había dicho Yahvé, 11 y les dijo: "Ved cómo os tratará el rey que reinará sobre vosotros: Cogerá a vuestros hijos y los pondrá sobre sus carros y entre sus aurigas y los hará correr delante de su carro. 12 De ellos hará jefes de mil, de ciento y de cincuenta; les hará labrar sus campos, recolectar sus mieses, fabricar sus armas de guerra y el atelaje de sus carros. 13 Tomará a vuestras hijas para perfumeras, cocineras y panaderas. 14 Tomará vuestros mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus servidores. 15 Diezmará vuestras cosechas y vuestros vinos para sus eunucos y servidores. 16 Cogerá vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores bueyes y asnos para emplearlos en sus obras, 17 Diezmará vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis esclavos suyos. 18 Entonces clamaréis a Yahvé, pero Yahvé no responderá, puesto que habéis pedido un rey." 19 El pueblo desoyó a Samuel, y dijeron: "No, no, que haya sobre nosotros un rey, 2° y así seremos como todos los pueblos; nos juzgará nuestro rey, y saldrá al frente de nosotros para combatir nuestros combates." 21 Samuel, después de oír las palabras del pueblo, se las repitió a Yahvé; 22 y Yahvé le dijo: "Escúchalos y pon sobre ellos un rey." Entonces dijo Samuel al pueblo: "Vayase cada uno a su ciudad."

No dicta Samuel un código de leyes a las cuales deberá ajustarse el futuro rey de Israel, sino que hace ver los abusos que los reyes, déspotas muchos de ellos, dueños de personas y haciendas, suelen cometer. Este es el sentido de la frase: mishpat hamelek, juicio, costumbre, derecho real (2:13). El rey necesita un ejército de criados y servidores; conductores de aurigas que precederán a las del rey (2 Sam 15:1; 1 Re 1:5); jefes de ejército (22:7; 2 Re 1:9), jardineros, artesanos, sirvientas, etc. En una palabra, los que apoyan el advenimiento de la monarquía con el pretexto de conseguir la libertad del pueblo, caerán en un régimen de esclavitud. De nada valdrán entonces las quejas a Dios, porque tienen el régimen de gobierno que ellos anhelaban.

A pesar del cuadro tan sombrío, todos a una contestaron que preferían la monarquía. A las razones aportadas antes (v.5) añaden ahora que con la monarquía dispondrá Israel de una autoridad estable y de un caudillo para las guerras contra los enemigos. "El final del v.22 es de carácter redaccional; prepara la inserción de la escena de la unción de Saúl (9:1-10:16: versión favorable a la monarquía) en el relato antimonárquico de 10:,17-14, que primitivamente estaba unido con el capítulo 8" (De Vaux).

Saúl en busca de las asnas (9:1-5).

1Había en Benjamín un hombre llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afia, de Gueba de Benjamín. Era hombre valiente, 2 y tenía un hijo de nombre Saúl, todo un buen mozo. No había hijo de Israel más alto que él, y a todos les sacaba la cabeza. 3 Extraviáronse las asnas de Quis, padre de Saúl; y dijo Quis a Saúl, su hijo: "Lleva contigo un mozo y vete en busca de las asnas." 4 Recorrió los montes de Efraím y atravesó la tierra de Salisa, sin hallarlas. Recorrieron también la región de Salim, y tampoco estaban allí; volvieron a tierra de Benjamín, y tampoco las hallaron. 5 Cuando llegaron a la región de Suf, dijo Saúl al mozo que le acompañaba: "Vamos a volvernos, no sea que mi padre, más que por las asnas, esté ya intranquilo por nosotros."

En esta sección aparece una nueva faceta de Samuel: en vez de juez, es vidente, un profeta famoso, desconocido de Saúl. Una circunstancia fortuita le puso en contacto con él. Parece que Samuel no andaba muy solícito en buscar un rey entre los hijos de Israel; es Yahvé quien le indica el que ha sido elegido. Saúl fue a por las asnas y se encontró con el reino. Su padre, de nombre Quis, poseía una gran fortuna (Rut 2:1). Pero, sobre todo, tenía un hijo, de nombre Saúl (shaul = pedido), que era todo un buen mozo, cualidad que entre los orientales es muy estimada para ocupar puestos de responsabilidad. Llamaba la atención por su talla, pues "a todos les sacaba la cabeza."

Un episodio baladi le valió la corona. A su padre se le extraviaron unas asnas y encargó a su hijo fuera en su busca. Salió Saúl de Gueba de Benjamín, ciudad que coincide con la actual Tell el-Ful, a seis kilómetros al norte de Jerusalén. Recorrió la región de la montaña de Efraím situada entre Siquem y Betel, pasó a la tierra de Salisa, donde se encontraba el pueblo de Baal Salisa (2 Re 4:42), en el actual Kfr Tild, a veintiséis kilómetros al norte de Lidda y veintidós al sudoeste de Siquem; pero todo en vano. Continuó en su búsqueda hacia Salim, acaso Selebim Que 1:35), o en los alrededores de Faratón, a unos diez kilómetros al sudoeste de Siquem. Volvió a la tierra de Benjamín sin encontrarlas. Hallándose en el país de Suf, donde vivió Samuel (1:1) y en cuya región estaba Rama, determinó volver a casa. Todos los autores convienen en señalar las anomalías de este largo y complicado recorrido de Saúl y del criado que le acompañaba, en el que emplearon tres días. Pero es posible que, en líneas generales, indique el autor sagrado los principales puntos por donde vagaron Saúl y su criado, sin querer señalar un itinerario concreto 1. Puede también ser que el autor sagrado pretenda pasear a Saúl por varias regiones de Israel a fin de que sus habitantes fijen su atención en el tipo físico extraordinario del joven que dentro de poco será su rey.

La fama del vidente (9:6-14).

6 El mozo le dijo: "Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios muy famoso. Cuanto él dice, seguramente sucede. Vamos, pues, allá, que quizá él nos diga el camino que hemos de seguir." 7 Saúl dijo al mozo: "Vamos allá; pero ¿qué vamos a llevarle a ese hombre de Dios? Ya no hay provisiones en las alforjas, y nosotros no tenemos nada que podamos ofrecerle como presente." 8 El mozo le dijo: "Mira, he encontrado un cuarto de siclo de plata; se lo daré al hombre de Dios y él nos indicará nuestro camino." 9 En otro tiempo, en Israel, los que iban a consultar a Dios se decían unos a otros: "Venid, vamos a consultar al vidente; pues al que llaman hoy profeta le llamaban antes vidente." 10 Saúl dijo al mozo: "Has tenido buena idea, vamos"; y se dirigieron a la ciudad, donde estaba el hombre de Dios. n Cuando subían el repecho que conduce a la ciudad, encontraron a unas jóvenes que habían salido a coger agua, y les preguntaron: "¿Está aquí el vidente?" 12 Ellas les respondieron, diciendo: "Sí, aquí está; mirad, allí delante; pero id pronto, porque ha venido hoy a la ciudad por tener el pueblo un sacrificio en la altura. 13 En cuanto entréis en la ciudad, id a verle, antes que suba a la altura para la comida, pues el pueblo no comerá antes que llegue él, que es quien ha de bendecir el sacrificio, y después comerán los invitados. Subid, pues, ahora mismo y le hallaréis." 14 Ellos subieron a la ciudad. Cuando entraban en ella, encontraron a Samuel, que salía para subir a la altura.

La Providencia les llevó al lugar donde habitaba Samuel, que, como hemos indicado (1:1; 7:17), se llamaba Rama. Al mozo ocurrió se le confiar al vidente el asunto de las asnas. Samuel es llamado ish Elohim, varón de Dios (2:7), nombre que se da a los profetas. Al entrar los jóvenes en la ciudad, preguntaron por el vidente (roeh). El v.g es considerado como una glosa redaccional hecha en tiempos en que los profetas se llamaban nabi. No es éste el lugar apropiado para la exposición detenida de ambos conceptos. Profeta, nabi, es, propiamente, el que anuncia un mensaje que se le ha confiado. Aarón es profeta (nabi) porque retransmite al faraón de Egipto lo que le anuncia Moisés (Ex 7:1); el nabi es la boca de Dios (Jer 15:19), porque anuncia su palabra (Jer 18:18; Os 6:5; Am 3:8). Con el tiempo, la noción de nabi sufrió algunos cambios. Es llamado roeh, vidente, el que ve lo que está oculto a otros (Is 30:10). Samuel es llamado nabi (3:20) y roeh (9:1-10), según que el texto sea más o menos antiguo.

Los dos jóvenes dirigiéronse a la ciudad. Estaba ésta edificada en un alto; fuera de la misma, sobre una colina, existía un bamah, lugar alto (10:13), con el altar que construyó Samuel en otro tiempo (7:17) en sustitución de un antiguo altar cananeo. En la cima de los montes adoraban los cananeos a sus falsos dioses. Al apoderarse los hebreos del territorio, destruyeron parte de estos bamoth, consagrando otros a Yahvé (1 Re 3:4; 18:30). Por los excesos cometidos, estos lugares de culto fueron combatidos por los profetas y destruidos por Josías (2 Re 23:8).

Al pie del altozano, una balsa recogía el agua de las lluvias de invierno, de la que jóvenes de Rama, mañana y tarde, surtían a la ciudad. Las jóvenes aguadoras indicaron a Saúl y al criado que debían acelerar el paso, caso de que quisieran entrevistarse con Samuel antes de que el profeta se marchara a "la altura" para la comida. Las jóvenes estaban bien enteradas del programa de Samuel y responden a mucho más de lo que Saúl y su criado les habían preguntado.

Entrevista de Saúl can el vidente (9:15-21).

15 Un día antes de la llegada de Saúl había advertido Yahvé a Samuel, diciéndole: 16 "Mañana, a esta hora, yo te mandaré a un hombre de Benjamín, y tú le ungirás por jefe de mi pueblo, de Israel, y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, pues he visto la humillación de mi pueblo y han llegado ante mí sus clamores." 17 Luego que Samuel vio a Saúl, le dijo Yahvé: "Este es el hombre de quien te hablé ayer. Este reinará sobre mi pueblo." 18 Saúl se acercó a Samuel dentro de la puerta y le dijo: "¿Harías el favor de indicarme dónde está la casa del vidente?" 19 Samuel le contestó: "Soy yo el vidente; sube delante de mí a la altura y comeréis hoy conmigo. Mañana te despediré y te diré cuanto tienes en tu corazón. 20 Por las asnas que hace tres días perdiste, no te inquietes; han sido halladas. ¿De quién va a ser cuanto de precioso hay en Israel? ¿No va a ser tuyo y de toda la casa de tu padre?" 21 Saúl respondió: "¿Pues no soy yo benjaminita? ¿No soy yo de la mínima tribu de Israel, de Benjamín, y no es mi familia la menor de las familias de Benjamín? ¿Por qué me dices esto?"

El encuentro tuvo lugar en la misma puerta o en la plazuela adjunta2. Ambos no se conocían, pero "Yahvé había abierto el oído" (galah eth ozen) de Samuel, es decir, le había revelado (20: 2; 12-13; Rut 4:4; 1 Crón 12:25) Que había elegido a aquel joven para futuro rey de Israel. El texto llama a Saúl naguid, jefe, eminente (del verbo nagad), recibiendo más tarde el título de rey3. Yahvé declara a Samuel que unja a Saúl por jefe de su pueblo, del cual ha escuchado sus clamores, para que le "salve de la mano de los filisteos." La unción era necesaria a sacerdotes, profetas y reyes. Desde el principio de la monarquía se unge al rey (10:1; 2 Sam 2:4; 5:3). A Saúl le unge un profeta, lo mismo que a David; a Salomón y a Joás (1 Re 1:39; 2 Re 11:12) les unge un sacerdote. Con gran estupor de Saúl, le invita Samuel al banquete que debe celebrarse en la altura. De las asnas, le dice, no pases cuidado, porque han sido halladas. Además, ¿por qué tanta preocupación por unos animales, cuando, dentro de poco, se te entregará toda la casa de tu padre? Por la tensión popular existente en torno a la realeza comprende Saúl el contenido de las palabras de Samuel. Aquél parece considerarse indigno, alegando que pertenece a la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel tanto en población como extensión Que 20:46-67), y a una familia oscura. Parecidas palabras pronunciaron en análogas circunstancias Gedeón (Jue 6:15) y David (2 Sam 7:18).

Saúl en la sala del banquete (9:22-27).

22 Samuel, tomando a Saúl y a su mozo, les introdujo en el comedor y les dio el primer lugar, a la cabeza de los invitados, que eran unos treinta hombres. 23 Samuel dijo al cocinero: "Dame la porción que te mandé pusieras aparte." 24 El cocinero tomo un pernil y lo puso delante de Saúl. "Es la porción que se te reservaba — dijo a éste Samuel. Ponió delante de ti y come, pues la hice guardar cuando convoqué al pueblo, para el momento oportuno." Comió Saúl con Samuel aquel día. 25 Bajaron de la altura a la ciudad, prepararon el lecho a Saúl en la terraza y luego se acostó. 26 Al día siguiente, a la aurora, llamó Samuel a Saúl, que estaba sobre la terraza, y le dijo: "Levántate y te despediré." Levantóse Saúl y salieron ambos juntos. 27 Cuando hubieron bajado al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: "Dile al mozo que pase delante de nosotros." Tomó el mozo la delantera, y dijo Samuel: "Detente ahora, que te dé a conocer lo que dice Yahvé."

Ser el invitado de Samuel era considerado por el público corno un gran honor. Los comensales sentáronse en el patio abierto donde se celebraba el banquete. A Saúl y a su criado se les señaló el primer puesto, a la cabeza de los invitados, que no salían de su asombro ante la presencia de aquellos dos jóvenes forasteros a quienes Samuel rodeaba de atenciones. Su extrañeza se acrecentó en el momento en que Samuel mandó al cocinero colocase ante Saúl "el muslo y la cola." El texto del v.24 presenta algunas dificultades. Tanto el texto hebraico como los LXX están acordes en el uso de la palabra que significa muslo, anca o pemil; pero a la misma sigue en el texto masorético el vocablo wehealeyah, que se traduce, o por levantó) o y lo que va con ello. Otros sustituyen la palabra por otra que significa ríñones; algunos autores la suprimen (Dhorme, Ubach), por considerarla como glosa. Muchos, actualmente, siguen a Houbigant, que leía wehaalyah, y h cola, que en los banquetes que se celebran hoy en Palestina es muy apreciada. "Cauda quae pars erat femori próxima et óptima; luculentum, ut initiati norunt, edulium" (Hum-Melauer). La corrección del texto masorético se introdujo para armonizar el texto con la prescripción según la cual la cola debía "quemarse sobre el altar" (Lev 3:9). La última parte del versículo es todavía más incierta desde el punto de vista textual. De Vaux la omite; Houbigant traslada la frase al final del v.23, leyendo: "affer carnem, quam iussi tibí, ut apud te reponeres, cum dixi tibí me homines invitasse." Otras soluciones en Fernández, l.c., 58-60.

Saúl, ungido rey (10:1).

1 Tomo Samuel una redoma de óleo, la vertió sobre la cabeza de Saúl y le besó, diciendo: "Yahvé te unge por príncipe de su heredad. Tú reinarás sobre el pueblo de Yahvé y le salvarás de la mano de los enemigos que le rodean. Esto te será señal de que Yahvé te ha ungido como jefe de su heredad.

Tiene esta unción un carácter religioso. A la misma acompaña la efusión del Espíritu (10:10; 16:13); en lenguaje moderno, diríamos que se le da la gracia de estado. El rey es el ungido de Yahvé (24:7-11; 26:9; 11; 16; 23; 2 Sam 1:14, etc.). Es una persona sagrada, y, por lo mismo, inviolable (24:7; 26:9-11). David no se atreve a poner las manos sobre Saúl por ser el ungido de Yahvé (24:7-11; 26:9), y manda ejecutar al que cometió tal crimen (2 Sam 1:14-16). La acción de derramar aceite sobre la cabeza del que se ungía como a rey tiene su origen en Egipto. Por una carta de Tell el-Amarna, el rey Nuhase, de Siria, fue rey ungido por Tutmosis III. Los reyes hititas eran consagrados "con el aceite santo de la realeza." l

Terminada la ceremonia, Samuel besó al nuevo ungido de Yahvé en señal de verdadero vasallaje. Es Dios mismo quien, por mediación de Samuel, ha ungido al que había antes escogido por príncipe (naguid) de su heredad (Deut 4:20; 9:26).

Tres señales confirmativas (10:2-8).

2 "Cuando hoy me dejes, encontrarás al mediodía dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en tierra de Benjamín, que te dirán: Las asnas que has ido a buscar han aparecido, y tu padre no piensa ya en ellas, sino en vosotros, y dice: ¿Cómo haré yo para saber de mi hijo? 3 Siguiendo tu camino, llegarás a la encina de Tabor, y te encontrarás con tres hombres subiendo a Dios a Betel, y llevando uno tres cabritos, y el otro tres panes, y el otro una bota de vino; 4 después de preguntarte por tu salud, te darán dos de los panes, que tú tomarás de sus manos; 5 luego llegarás a Gueba Elohim, donde hay una guarnición de filisteos; y al entrar en la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas bajando del excelso, precedidos de salterios, tímpanos, flautas y arpas, y profetizando. 6 El espíritu de Yahvé se apoderará de ti, y profetizarás con ellos y te transformarás en otro hombre. 7 Cuando todas estas señales se hayan cumplido en ti, haz lo que te venga a mano, pues Dios estará contigo.8 Baja antes que yo a Caígala, adonde iré a reunir-me contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios eucarísticos. Espera siete días, hasta que yo vaya y te diga lo que has de hacer."

La primera señal de la elección de Saúl será el testimonio de dos hombres que le informarán del hallazgo de las asnas y de las ansias de su padre. Habiendo partido de Rama (la actual Rentis) por la mañana, Saúl y su criado caminaron en dirección a Betel y Gueba (Tell el-Ful), llegando a las inmediaciones del sepulcro de Raquel al mediodía. El texto reproduce una antigua tradición según la cual el sepulcro de Raquel se encontraba en la línea de Rama, hacia la parte montañosa (Jer 31:15).

Saúl siguió su camino; al llegar a la encina (elón) de Tabor, se encontró con los tres hombres de que le habló Samuel. Algunos críticos cambian la lección del texto masorético por la de los LXX, y leen: "Llegaron a la encina de Débora," o "a la encina de la lamentación de Débora." Además de "encina del llanto de Débora" (Gen 35:8, se le llamó al lugar "encina del Tabor," en memoria de la victoria ganada por Sisara y Débora en el famoso monte de Galilea (Jue 4:14); la encina se encontraba cerca del lugar de la "palmera de Débora" (Jue 4:5), entre Betel y Rama (er-Ram).

En Gueba debía suceder la tercera y más característica de las señales convenidas. El lugar llamado "Gueba Elohim," colina de Dios, era conocido antes por Gueba de Benjamín (Jue 19:4) y más tarde por "Gueba de Saúl" (11:4; 15:34). El texto hebraico dice que había en la ciudad nesibey pelishtim, que los exegetas traducen: "la estela de los filisteos" (De Vaux); otros: "una guarnición de los filisteos" (Vaccari), "el prefecto de los filisteos" (Dhorme), "gobernador" (Ubach, Mediebelle). Otros (Bressan) omiten la frase por considerarla una glosa inspirada en 13:3.

Un tropel (hebel) de profetas que se servían de instrumentos músicos para profetizar le salieron al encuentro. Con su porte externo demostraban que hablaban y se movían a impulsos de un espíritu que les forzaba a tomar actitudes violentas, sacudidos por una intensa excitación interna. Estos profetas vivían en grupos y profetizaban al son de la música, que les producía una especie de arrobamiento o éxtasis contagioso (19:20-21; 1 Re 22:10). Se les ha comparado a los modernos derviches. Los cananeos tenían también sus profetas, al estilo de los que encontramos en nuestro texto (1 Re 18:25-29). Subsistieron mucho tiempo en Israel, siendo famosos los colegios de profetas que acaudillaba Elíseo (2 Re 2:3; 4:38). La finalidad de estos profetas extáticos era la de cantar las glorias de Yahvé, acompañando sus himnos con danzas frenéticas, capaces de contagiar a los que las presenciaban. Es la primera vez que estas corporaciones de entusiastas yahvistas aparecen en la historia de Israel. Puede ser que los fundara Samuel como valladar para oponerse a las influencias de los cultos de los pueblos paganos en medio de los cuales vivía Israel o que limitaban con sus fronteras.

Saúl llega a su casa (10:9-16).

9 En cuanto volvió Saúl las espaldas para apartarse de Samuel, se sintió otro, y todas las señales aquellas le sucedieron el mismo día. 10 Cuando llegaron a Gueba, encontráronse con un tropel de profetas, y le arrebató el espíritu de Dios y se puso a profetizar en medio de ellos, n Cuantos de antes le conocían se preguntaban: "¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¡Saúl entre los profetas!" 12 Uno de los presentes contestó: "¿Y quién es el padre de esos otros?" Por eso ha quedado en proverbio: "¿También Saúl entre los profetas?" 13 Cuando hubo acabado de profetizar, subió a Gueba. 14 Un tío de Saúl preguntó a éste: "¿Adonde habéis ido?" Saúl respondió: "A buscar las asnas, pero no las hemos visto por ninguna parte y fuimos a casa de Samuel."15 El tío le dijo: "Cuéntame lo que te ha dicho Samuel." 16 Y Saúl respondió: "Nos dio a saber que las asnas habían aparecido"; pero en cuanto a lo del reino, nada le dijo de lo que le había hablado Samuel,

Cuanto profetizó Samuel cumplióse al pie de la letra. La presencia de Saúl entre los profetas causó extrañeza a cuantos le conocían; dice el texto que el fervor religioso que manifestaba con sus cantos y danzas fue efecto del espíritu de Yahvé, que le impelía a obrar. Su actuación dio lugar a un antiguo proverbio existente en Israel. No podían las gentes comprender que Saúl, hijo de un personaje tan sensato y ecuánime como Quis, se mezclara con estos excéntricos, muchos de ellos de baja condición. Estas cofradías de profetas extáticos no debían gozar de buena fama en ciertos círculos de Israel

Elección de Saúl a la suerte (10:17-27).

17 Samuel convocó al pueblo ante Yahvé en Masfa, 18 y dijo a los hijos de Israel: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo os saqué de Egipto; yo os he librado de la mano de los egipcios y de la de cuantos reyes os oprimieron; 19 y vosotros hoy rechazáis a vuestro Dios, que os ha librado de vuestros males y de vuestras aflicciones, y le decís: ¡No, pon sobre nosotros un rey! Presentaos ahora ante Yahvé por tribus y por familias." 20 Samuel hizo que se acercasen todas las tribus de Israel, y fue sacada la tribu de Benjamín. 21 Hizo acercarse a la tribu de Benjamín por familias, y salió la familia de Hammatri; e hizo acercar a la familia de Hammatri, por varones, y fue elegido Saúl, hijo de Quis. 22 Buscáronle, pero no le hallaron. Preguntaron entonces de nuevo a Yahvé: "¿Ha venido?" Y Yahvé respondió: "Está escondido entre los bagajes." 23 Corrieron a sacarle de allí, y cuando estuvo en medio del pueblo, sobresalía de entre todos de los hombros arriba. 24 Samuel dijo al pueblo: "Aquí tenéis al elegido de Yahvé. No hay entre todos otro como él." Y el pueblo se puso a gritar: "¡Viva el rey!" 25 Entonces expuso Samuel al pueblo el derecho real y lo escribió en un libro, que depositó ante Yahvé; 26 y despidió Samuel al pueblo todo, cada uno a su casa. También Saúl se fue a su casa, a Gueba, acompañado de una tropa de hombres robustos, cuyos corazones había tocado Dios. 27 Sin embargo, algunos perversos decían: "¿Este va a salvarnos?" Y despreciándole, no le hicieron presentes.

Se considera esta sección como parte integrante de la tradición antimonárquica del capítulo octavo. Pero parece que la elección popular por aclamación debe consignarse para evitar toda sospecha de que Samuel eligió por rey al que le plugo. Con esta elección por suertes (14:38-42; Jos 7:14-18) se pondrá de manifiesto que Yahvé confirma como rey al que Samuel había ungido antes. Cuando la suerte cayó sobre Saúl, fue el mismo Yahvé el que, preguntado por los urim y tummim (14:41), señaló el lugar donde Saúl se había escondido, acaso por modestia (9:21). El pueblo aclamó con entusiasmo al apuesto rey, reconociéndole como a tal 2. Esta aclamación, hecha al son del cuerno o de las trompetas, no significaba que el pueblo elegia el rey, sino que aceptaba el monarca que había elegido Dios. El grito de "¡Viva el rey!" (2 Sam 16:16; 1 Re 1:34; 2 Re 11:12) no es un deseo, sino más bien una aceptación del mismo.

Dictó Samuel al pueblo el derecho real. Puede entenderse la frase en el sentido de que Samuel habló al pueblo conforme a Deut 17:15-20, o bien de que les recordó lo dicho en 8:11-18. De Vaux duda de que la sentencia "expuso Samuel al pueblo el derecho real y lo escribió en un libro" sea auténtica, sospechando que entró en este lugar por influencia de Jos 24:26; Deut 17:18. Sin embargo, es muy lógico que se escribieran y guardaran en lugar sagrado las leyes del reino (2 Re 22:8; 23:2). Los v.26-27 preparan la renovación de la realeza en Caígala (11:12-15).

No todo el pueblo de Israel se alegró del advenimiento de la monarquía; a diferencia de los valientes (2 Sam 2:7), que reconocieron inmediatamente al nuevo rey, otros, "hijos de Belial" (2:12; Deut 13:14), le despreciaron. La Vulgata lee: "Ule vero dissimulabat se audire"; lección que supone el siguiente original hebraico: wayehi kemaharish, "se hizo el sordo." Los LXX cambiaron el mencionado texto en kemehodesh, cosa de un mes, que unieron al contexto siguiente (11:1).

Los amonitas, en Galaad (11:1-7).

l Pasó cosa de un mes, y subió Najas, amonita, y sitió a Jabes Galaad. Los habitantes de Jabes dijeron a Najas: "Pacta con nosotros y te serviremos." 2 Pero Najas amonita les respondió: "Pactaré a condición de sacaros a cada uno de vosotros el ojo derecho y hacer de esto oprobio para todo Israel." 3 Dijéronle los ancianos de Jabes: "Danos tregua de siete días para mandar mensajeros por todo Israel; si no viene nadie a socorrernos, nos rendiremos a ti." 4 Vinieron mensajeros a Gueba de Saúl, y contaron al pueblo esto, y el pueblo todo lloró a voz en grito.5 Venía entonces Saúl del campo tras de sus bueyes, y preguntó: "¿Qué tiene el pueblo para llorar así?" Contáronle lo que decían los de Jabes. 6 En cuanto lo oyó le arrebató el espíritu de Yahvé y se encendió en cólera. 7 Cogió un par de bueyes, los cortó en pedazos y mandó éstos por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros que dijeran: "Así serán tratados los bueyes de cuantos no se pongan en marcha tras Saúl," El terror de Yahvé cayó sobre el pueblo, que se puso en marcha como un solo hombre.

No tenía Saúl conciencia de la significación trascendental de la realeza encarnada en él. Por de pronto, demuestra Saúl que no era hombre ambicioso. El pueblo le había reclamado para que le acaudillara en las guerras contra los pueblos enemigos; mientras la ocasión no se presentó, siguió él cuidando de la gran hacienda paterna. Pero el momento esperado y temido se presentó al cabo de un mes. El amonita Najas marchó contra la ciudad de Jabes Que 21:14) y la cercó. Las condiciones que Amón puso a los de Jabes parecieron monstruosas a Saúl, que, invadido por el espíritu de Dios (10:10), sintiéndose rey, responsable de los destinos de Israel, conminó a toda la nación para que se pusiera a sus órdenes. El terror de Yahvé (14:15; Gen 35:5) apoderóse del pueblo, que se puso incondicionalmente bajo su mando.

El castigo que Najas pensaba infligir a los de Jabes no tenía por finalidad primaria causar un oprobio a Israel, sino la de inutilizar a los hombres para la guerra, no pudiendo, en adelante, ni luchar con arco ni usar el escudo. Creía Najas que la tregua pedida por los de Jabes no conduciría a nada; los siete días, a su entender, no tendrían otro éxito que el de confirmar plenamente su total aislamiento e impotencii frente a los amonitas (Gen 19:38; Deut 2:37; 3:16; Jue 11:4).

Concentración en Bezec y victoria sobre Najas (11:8-11).

8 Saúl los revistó en Bezec; y los hijos de Israel eran trescientos mil; los de Judá, treinta mil. 9 Dijo a los mensajeros que habían venido de Jabes: "Decid a los hombres de Jabes Galaad: Mañana al mediodía seréis socorridos." Los mensajeros llevaron la noticia a los hombres de Jabes, que se llenaron de alegría, 10 y dijeron a los amonitas: "Mañana nos rendiremos a vosotros para que con nosotros hagáis lo que bien os parezca," 11 Al día siguiente dividió Saúl el pueblo en tres cuerpos; y a la vigilia matutina penetraron en el campamento de los amonitas y los estuvieron batiendo hasta la hora de más calor. Los que escaparon se dispersaron de tal modo, que no quedaron dos hombres juntos.

Los israelitas acudieron a Bezec en cantidad muy inferior a la que dice el texto, que, o bien está corrompido, o la cifra tiene valor simbólico, queriendo significar que se reunieron algunos miles de hombres contra Anón. Bezec estaba en el lugar conocido hoy por Jirbet Ibziq, en los últimos declives de las colinas que dominan desde el sudoeste la llanura de Betsán. Organizado el ejército, Saúl atravesó de noche d Jordán, cayendo a la mañana siguiente sobre el ejército amonita, que acaso acampaba en el llano situado en la desembocadura del wadi Jabis, en torno a Meqbereh, lugar de la antigua Jabes Galaed (Jue 21:8ss), a quince kilómetros al sudeste de Betsán.

Saúl aclamado rey (11:12-15).

12 El pueblo decía a Samuel: "¿Quiénes son los que decían: Saúl va a reinar sobre nosotros?" Entréganos esas gentes para que les demos muerte." 13 Pero Saúl dijo: "Nadie será muerto hoy, pues hoy ha salvado Yahvé a Israel." 14 Y dijo Samuel al pueblo: "Venid y vayamos a Gálgala para renovar allí el reino." 15 Todo el pueblo fue a Gálgala, y restablecieron a Saúl rey ante Yahvé en Gálgala y ofrecieron sacrificios eucarísticos, dando Saúl y todo el pueblo muestras de gran regocijo.

Buenos comienzos para afianzar la monarquía. La coyuntura fue aprovechada por Samuel para reunir al pueblo en Gálgala (10:8), junto a Jericó. Quizá los congregados formaban parte del ejército que de Jabes regresaba a sus casas siguiendo el curso del Jordán hasta la altura de Jericó. Calientes todavía las armas, el pueblo aclamó a Saúl como a rey, celebrando el acontecimiento con sacrificios de acción de gracias seguidos de los banquetes sacrificiales. Victorias como la de Jabes le encargarían de acabar con la fobia antimonárquica.

Samuel, a la reserva (12:1-25).

1 Dijo Samuel a todo Israel: "Ya veis que os he oído en cuanto me habéis dicho y que he puesto sobre vosotros un rey. 2 Ahora, pues, tenéis ya rey que marche a vuestra cabeza. Yo ya soy viejo y he encanecido, y mis hijos ahí los tenéis entre vosotros, como unos de tantos, He estado al frente de vosotros desde mi juventud hasta hoy. 3 Aquí me tenéis. Dad testimonio de mí ante Yahvé y ante su ungido. ¿He quitado a nadie un buey? ¿He quitado anadie un asno? ¿He oprimido a nadie? ¿He perjudicado a nadie? ¿He aceptado de nadie presentes, ni aun un par de sandalias? Dad testimonio contra mí y yo responderé." 4 Ellos respondieron: "No nos has perjudicado, no nos has oprimido, de nadie has aceptado nada." 5 El les dijo: "Testigo Yahvé contra vosotros, y lo es también hoy su ungido, de que nada habéis hallado en mis manos." El pueblo respondió: "Testigo." 6 Samuel añadió: "Yahvé, que hizo a Moisés y Aarón y sacó a vuestros padres de Egipto, es testigo. 7 Ahora, pues, poneos delante de Yahvé, que quiero juzgaros ante Yahvé por los beneficios que os ha hecho a vosotros y a vuestros padres. 8 Cuando Jacob con sus hijos entró en Egipto y los humillaron los egipcios, y vuestros padres clamaron a Yahvé, Yahvé les mandó a Moisés y Aarón, que los sacaron de Egipto y los establecieron en este lugar. 9 Pero se olvidaron de Yahvé, su Dios, y éste los entregó en manos de Sisara, jefe del ejército de Jasor; en manos de los filisteos, en manos del rey de Moab, que les hicieron la guerra.10 Clamaron a Yahvé diciendo: "Hemos pecado, porque hemos abandonado a Yahvé y herrros servido a los baales y a las astartés. Líbranos ahora y nosotros te serviremos." 11 Mandóles Yahvé a Jerobaal, Abdón, Jefté y Samuel, y os libró de manos de los enemigos que teníais en torno vuestro, y habéis habitado vuestras casas en seguridad. 12 Y ahora, cuando habéis visto que Najas, rey de los hijos de Amón, se ponía en marcha contra vosotros, me habéis dicho: No, que reine un rey sobre nosotros, cuando Yahvé, vuestro Dios, era vuestro rey. 13 Ahí tenéis, pues, el rey que habéis querido y habéis pedido; Yahvé le ha puesto por rey vuestro. 14Si teméis a Yahvé, si le servís y obedecéis; si no sois rebeldes a los mandamientos de Yahvé, viviréis vosotros y vuestro rey, que reinará sobre vosotros. 15 Pero, si no obedecéis a Yahvé, si sois rebeldes a sus mandatos, tendréis contra vosotros la mano de Yahvé y contra vuestro rey para destruiros. 16 Quedaos todavía para que veáis el prodigio que va a obrar Yahvé a vuestros ojos. 17 ¿No estamos en el tiempo de la siega de los trigos? Pues yo voy a invocar a Yahvé, y Yahvé tronará y lloverá, y veréis así cuan grande es a los ojos de Yahvé el mal que habéis hecho pidiendo un rey." 18 Invocó Samuel a Yahvé, y aquel mismo día dio Yahvé truenos y lluvia, y todo el pueblo tuvo gran temor de Yahvé y de Samuel; 19 y dijeron a éste: "Ruega por tus siervos a Yahvé, tu Dios, para que no muramos, pues a todos nuestros pecados hemos añadido el de pedirnos un rey." 20 Samuel les dijo: "No temáis; habéis hecho todo ese mal, pero no ceséis de seguir a Yahvé y servirle con todo vuestro corazón. 21 No os apartéis de él, porque será ir tras vanidades que no os darían provecho ni ayuda alguna, porque de nada sirven. 22 Yahvé, por la gloria de su nombre, no abandonará a su pueblo, ya que ha querido haceros el pueblo suyo. 23 Lejos también de mí pecar contra Yahvé, dejando de rogar por vosotros; yo os mostraré el camino bueno y derecho. 24 Temed sólo a Yahvé, servidle fielmente y con todo vuestro corazón, pues ya habéis visto los prodigios que ha hecho en medio de vosotros. 25 Pero, si perseveráis en el mal, pereceréis vosotros y vuestro rey."

Las aclamaciones populares al nuevo rey dejaban en segundo plano al que hasta entonces fue juez en Israel, Samuel. Comprendió este venerable anciano que su ocaso había llegado; que el rey que en nombre del Señor había elegido le deshancaba. Mejor era retirarse a tiempo. Pero, en aquella atmósfera de jolgorio y victoria, temió que el pueblo pronto le olvidara y juzgara severamente sus actos. En previsión, quiso arrancar del pueblo un testimonio unánime que le absolviera de cuantas imputaciones pudieran hacérsele en lo sucesivo, testimonio que debía darse ante Yahvé y su ungido, el rey (9:16; 16:6; 24:7).

En primer lugar, parece decirles: "Queríais un rey, pues ahí lo tenéis. Anhelabais un caudillo; está en medio de vosotros. En este punto he seguido la voluntad popular. Por lo que a mí atañe, debo decir que mi misión ha terminado; yo soy viejo ya y encanecido; me sucede un rey apuesto y joven. Tampoco me dejé llevar del sentimiento paternal entronizando a uno de mis hijos; ahí están, como unos de tantos. Porque se portaban mal (8:3), les quité sus atribuciones. He obrado, como veis, siempre a la vista de todo el mundo; nada he tratado de ocultar. ¿Alguien puede achacarme algo?" Todo el mundo reconoció su santidad, su amor a Israel, su administración honesta; se despedía del pueblo con el alma rebosante de méritos, pero con los bolsillos vacíos.

Samuel, antes de marcharse, tiene que objetar algo al pueblo: echarle en cara su ingratitud para con Yahvé, cuyo último brote fue haber pedido un rey, cuando Yahvé es el verdadero y único rey de Israel. Vosotros, sigue diciendo al pueblo, habéis pedido un rey, y Yahvé, bondadoso, ha abdicado de sus derechos para daros gusto. En el conspecto histórico que traza el autor sagrado y pone en boca de Samuel no se sigue el orden cronológico de los hechos (Jue c.4-5; c. 13-16; 3:12-30). El discurso es muy parecido a la recapitulación que hace Josué antes de morir (Jos c.24).

La profunda impresión que causaron en el pueblo las palabras de Samuel creció al desencadenarse una tempestad, con truenos y lluvia, en los días de la siega (mayo-junio), fenómeno que no se da en Palestina por aquel tiempo. El milagro está, además, en presentarse el fenómeno atmosférico como efecto de la oración de Samuel. Estando el pueblo aterrado, humillado ante la superioridad de los elementos y del poder de Samuel, escuchó la recriminación que le hizo éste de haber pedido a Dios un rey. No es que Samuel pretenda retirar al rey que ungió en nombre del Señor, pero le recuerda que, con rey o sin él, la salvación de Israel estriba únicamente en servir a Dios y temerle.

Saúl, en guerra con los filisteos (13:1-7a).

l Era Saúl de ... años cuando comenzó a reinar, y había ya reinado dos años sobre Israel. 2 Saúl eligió para sí tres mil hombres de Israel. Dos mil estaban con él en Mijmas y sobre el monte de Betel, y mil con Jonatán, en Gueba de Benjamín. El resto del pueblo lo mandó cada uno a su tienda. 3 Jonatán batió a la guarnición de filisteos que había en Gueba, y, al saberlo, dijeron los filisteos: "Se han rebelado los hebreos." Saúl hizo que tocasen la trompeta por toda la tierra; 4 y todo Israel oyó que decían: "Saúl ha batido a la guarnición de los filisteos"; e Israel se hizo odioso a los filisteos, y fue convocado el pueblo por Saúl a Gálgala. 5 Reuniéronse los filisteos para combatir contra Israel; tres mil carros y seis mil caballeros, y de pueblo un número comparable a las arenas del mar. Vinieron a acampar en Mijmas, al oriente de Bet-Aven. 6 Los hombres de Israel se vieron en gran aprieto, pues estaban casi cercados, y se ocultaron en las cavernas, en la maleza y en las peñas, en las torres y en las cisternas; 7a y los de más lejos pasaron el Jordán y se internaron en tierra de Gad y de Galaad.

Consciente Saúl de su misión, vióse dominado durante toda su vida por dos ideales: recabar la independencia del país, dominado por los filisteos, y agrupar a todo Israel bajo su mando. En el c.13 se habla de un conflicto bélico provocado por un golpe de mano de Jonatán, hijo de Saúl. ¿Cuándo tuvieron lugar los hechos que allí se narran? No es posible determinarlo, debido, en parte, a las particularidades literarias del capítulo. Empezamos con que el texto hebraico del v.1, que falta en la versión griega, es ininteligible: "Tenía Saúl un año cuando comenzó a reinar, y reinó dos años sobre Israel." El texto masorético actual procede de un redactor que quiso reproducir la fórmula estereotipada empleada en el libro de los Reyes al hacer la presentación de cada uno de los monarcas; pero no teniendo a mano los datos históricos referentes a Saúl, dejó un espacio en blanco, con ánimo de rellenarlo más tarde. Otra peculiaridad es la composición heterogénea del capítulo. Los v.16-18 pertenecen al relato más antiguo y enlazan con el c.14. Los v.2 y 19-22 son dos bloques errantes; 3-15 pertenecen a una composición más reciente (De Vaux, Driver, Dhorme, etc.).

Entre la reunión de Gálgala (12:1ss) y los hechos narrados aquí transcurrió un lapso de tiempo difícil de precisar. El rey Saúl de nuestro texto no es ya el joven que consultó a Samuel por el paradero de las asnas ni el joven monarca que oye a su entorno palabras hostiles, sino un hombre maduro, ya formado y avezado a las lides políticas y militares. A su lado encontramos a Jonatán, su hijo, encargado de una sección del ejército. Estos detalles sugieren que entre la batalla de Jabes y el ataque de los filisteos transcurrió largo tiempo, que aprovecharon los filisteos para asegurar en el territorio de Israel una red de guarniciones apostadas en lugares estratégicos, prohibiendo a los hebreos la fabricación de armas.

Saúl era un rey guerrero. Reorganizó el ejército y se rodeó de unos tres mil soldados Que 15:11), distribuidos entre las posiciones de Mijmas y las de Gueba de Benjamín, acaudilladas por Saúl y Jonatán respectivamente. Según otra tradición (v.5 y 16), los filisteos ocupaban Mijmas. El conflicto estalló al matar Jonatán al prefecto (10:5) filisteo de Gueba. Mijmas, que estaba emplazada en la actual Mujmas, se hallaba a unos doce kilómetros al norte de Jerusalén, entre Gueba, del que distaba tres kilómetros, y Betel, a siete, en dirección noroeste. Los filisteos dieron la voz de alarma y se dispusieron a castigar a los insurrectos judíos; Saúl, por su parte, mandó que tocasen la trompeta por toda la tierra, equivaliendo el acto a una declaración de guerra. Pero los hebreos abandonaron sus posiciones avanzadas del norte y se replegaron con Saúl en Gálgala, cerca de Jericó (Jos 4:17). El texto masorético, amparado por los LXX y Vulgata, dice que los filisteos movilizaron treinta mil carros de combate, cifra que la versión siríaca reduce a tres mil. Cada carro era al menos ocupado por dos hombres. En los monumentos de Ramsés III aparecen tres hombres en cada uno de los carros filisteos. Pero en esta circunstancia, en que se combatía en terreno montañoso, optaron los filisteos por aligerar el peso del carro, reduciendo su dotación a dos combatientes. Al anuncio de la llegada del ejército filisteo se ingenió el pueblo la manera para no caer en sus manos; los más prudentes atravesaron los vados del Jordán, desparramándose por la meseta de la Transjordania.

Pecado de Saúl (13:7b-14).

7b Saúl estaba todavía en Gálgala, y la gente que estaba con él se dispersaba. 8 Esperó siete días, según el término que había fijado Samuel; pero Samuel no venía, y la gente se dispersaba cada vez más. 9 Entonces dijo Saúl: "Traedme el holocausto y las hostias pacíficas"; y ofreció el holocausto. 10 Apenas ofrecido el holocausto, vino Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarle. 11 Samuel le dijo: "¿Qué has hecho?" Saúl respondió: "Viendo que la gente se dispersaba, que tú no venías en el término fijado y que los filisteos acampaban en Mijmas,12 me dije: Los filisteos van a venir a atacarme a Gálgala y yo no he implorado a Yahvé. Entonces, obligado por la necesidad, he ofrecido el holocausto." 13 Samuel dijo a Saúl: "Has obrado neciamente y has desobedecido el mandato de Yahvé, tu Dios. Estaba Yahvé para afirmar tu reino sobre Israel para siempre; 14 pero ahora ya tu reino no persistirá. Ha buscado Yahvé un hombre según su corazón para que sea jefe de su pueblo, porque tú no has cumplido lo que Dios te había mandado."

El pueblo reclamó un rey que le libertara de sus enemigos, y lo consiguió. Pero, en medio de sus triunfos, no llegó a alcanzar el favor de Yahvé (c.13 y 15), que le reemplazó por otro. Noticias de la montaña le comunicaban que los filisteos se diseminaban por todo el territorio y de que avanzaban sin cesar. Los soldados que estaban en su compañía desertaban, Luyendo hacia Transjordania. Entre tanto, Saúl encontrábase inmovilizado en Gálgala; de una parte no podía emprender la lucha, sin consultar a Dios y ofrecerle sacrificios para tenerle propicio; de otra esperó siete días (10:8), según el término que había fijado Samuel; pero éste no comparecía. Decidióse entonces Saúl a ofrecer un holocausto. "Los textos históricos muestran que los reyes ejercían personalmente actos sacerdotales. Ofrecen sacrificios (1 Sam 13:9-10; 2 Sam 6:13. 17-18; 24:25, etc.). Algunos de estos actos pueden entenderse en sentido causativo o factitivo, pero no todos son susceptibles de esta interpretación, que algunos excluyen (2 Re 16:12-15). Pero el papel que juega el rey en la reglamentación y supervisión del culto o en el nombramiento del sacerdocio no significa que sea sacerdote; todo esto no sobrepasa las atribuciones de un jefe de Estado frente a la religión estatal". Por su impaciencia demostraba que tenía poca fe en Samuel. Este le había dicho que le esperara, y debía obedecerle, porque era el profeta de Yahvé.

Diversamente es interpretado el pecado de Saúl. Hemos excluido el de haberse arrogado un privilegio ajeno a la dignidad sacerdotal y el de querer rebajar o suplantar a Samuel. Por el texto aparece claramente que Saúl traspasa un precepto de Yahvé. ¿Cuál? se pregunta Ubach, y responde: "No acabamos de determinarlo. Acaso por ser demasiado evidente no lo ha recogido la pluma del autor sagrado, o, si lo hizo, desapareció más tarde del texto por razones que desconocemos. Sin embargo, parece que Saúl debía haber esperado a Samuel, aunque hubiera expirado el plazo señalado. Al precipitarse demostró que temía el ejército filisteo y desconfiaba de la Providencia."

Dos ejércitos se enfrentan (13:15-23).

15 Levantóse Samuel y subió de Gálgala, prosiguiendo su camino. El resto del pueblo fue en pos de Saúl al encuentro del ejército, y llegaron a Gueba de Benjamín. Saúl revistó su tropa, y quedaban con él unos seiscientos hombres. 16 Saúl, Jonatán, su hijo, y la gente que con ellos quedaba se apostaron en Gueba de Benjamín, mientras los filisteos acampaban en Mijmas. 17 Salieron del campamento de los filisteos tres tropas en algara para saquear la tierra. Una tomó el camino de Ofra, hacia la tierra de Sual; i" otra, el de Bet Horón, y la tercera, el de Gueba, que domina el valle de Seboím, hacia el desierto. 19 No había en toda la tierra de Israel herrero alguno, pues los filisteos se habían dicho: "Que no puedan los hebreos forjar espadas ni lanzas." 20 Todo Israel tenía que bajar a tierra de los filisteos para aguzar cada uno su reja, su segur, su azadón o su pico. 21 No se disponía más que de la lima para sacar el filo a toda clase de segures, tridentes y hoces y para aguzar 1 bes Institutions l.c., 175, las aijadas. 22 Llegado el día del combate de Mijmas, no había en mano del pueblo todo que estaba con Saúl y Jonatán espada ni lanza más que las de Saúl y las de Jonatán, su hijo. 23 Los filisteos habían salido para guarnecer el paso de Mijmas.

Marchóse Samuel de Gálgala después de haber insinuado a Saúl la aparición de un rival. Saúl, con seiscientos soldados que le permanecieron fieles, llegó a Gueba de Benjamín. Entre un ejército y otro mediaba el profundo valle de Suwenlt. Comprendía Saúl que su reducido ejército no le permitía medir sus fuerzas con el de los filisteos, por lo que optó por quedarse quedo. Los filisteos no debían conocer la gran inferioridad del ejército enemigo, por lo que se dedicaron a dar golpes de mano en tres direcciones; pero no atacaron de frente.

Además, el uso de carros en aquel lugar quebrado era temerario. Las tropas de choque (literalmente: el destructor, el exterminador, Ex 22:23) operaron en dirección a Ofra (1 Mac 5:46), en el actual poblado de Taybeh, a diez kilómetros al norte de Mijmas. De la tierra de Sual no se tiene otra noticia que la del texto. L. Heidetela coloca en Araq dar es Shualeh, a cinco kilómetros de Jirbet Seilún, la antigua Silo. Lombardi cree poder identificar la tierra de Sual con la región al nordeste de el Taybeh 2. Un segundo destacamento tomó la dirección de Bet-Horón; un tercero se dirigió hacia la altura que domina el valle de Seboím, o sea, de las hienas, el actual wadi abu Daba, que desemboca en el wadi el-Qelt, continuación del Suwenit.

Expone a continuación el texto las condiciones desfavorables en que se encontraba el ejército israelita en cuanto al material de guerra. Los filisteos no permitieron a Israel la fabricación de armamento, estando, por lo mismo, a merced de sus enemigos. Era costumbre en la antigüedad, y sigue vigente todavía hoy, la desmilitarización, consistente en prohibir la fabricación de armamento a la nación subyugada. Los cananeos lo hicieron en tiempos de Débora Que 5:8); Nabucodonosor llevóse a Babilonia a los herreros de Judá (2 Re 24:14); Asurbanipal hizo prisioneros a todos los menestrales de una ciudad conquistada. El v.21 se ha conservado en mal estado. La palabra pira del texto hebraico, que se creía intraducibie, se ha identificado con una medida de peso, de la que se han encontrado ejemplares en Jerusalén, Guezer, Tell el-Nasbe, etc., cuyo valor equivalía a dos tercios de siclo 3. Parece que la traducción del texto más conforme con el original sea la siguiente: "El derecho de afilar las rejas y las hachas era de dos tercios de siclo; un tercio de siclo para aguzar las azuelas y los aguijones" (Dhorme, De Vaux, Ubach). Solamente Saúl y Jonatán disponían de espada y lanza. Con las noticias que preceden cabe concluir que el combate que se avecinaba se inclinaría de parte de los filisteos, y, sin embargo, no fue así.

Hazaña de Jonatán (14:1-14).

1 Un día Jonatán dijo a su escudero: "Anda, vamos a pasar al puesto de los filisteos, que está allí del otro lado." Nada había dicho a su padre. 2 Saúl estaba apostado al extremo de Gueba, bajo el granado que estaba junto a la era, y tenía con él unos seiscientos hombres, 3 Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Finés, hijo de Helí, era sacerdote de Yahvé en Silo, y llevaba el efod. Tampoco la gente sabía nada de adonde había ido Jonatán. 4 Entre los pasos por donde Jonatán intentaba llegar al puesto de los filisteos había un diente de roca de un lado y otro del otro, el uno de nombre Boses y el otro Sene. 5 Uno de ellos se alza al norte, enfrente de Mijmas, y el otro al mediodía, enfrente de Gueba. 6 Jonatán dijo a su escudero: "Anda, vamos a pasar al puesto de los incircuncisos; puede ser que Yahvé nos ayude, pues nada le impide salvar con muchos o con pocos." 7 Su escudero le respondió: "Haz lo que quieras. Donde tú vayas, pronto estoy a seguirte." 8 Jonatán le dijo: "Vamos a pasar hacia ésos y a dejarnos ver de ellos. 9 Si nos dicen: Esperad a que vayamos, nosotros nos quedaremos donde estemos y no subiremos a ellos; 10 pero si nos dicen: Subid acá, subiremos, porque Yahvé nos los ha entregado en nuestras manos. Esa será para nosotros la señal," 11 Hicié-ronse ver ambos del puesto de los filisteos, y éstos dijeron: "Mirad, los hebreos salen de los agujeros donde se habían metido"; 12 y, dirigiéndose a Jonatán y a su escudero, dijeron: "Subid a nosotros y os enseñaremos una cosa." Jonatán dijo al escudero: "Sube detrás de mí, que Yahvé los ha puesto en manos de Israel." 13 y sirviéndose de manos y pies, subió Jonatán, seguido de su escudero. Los filisteos volvieron la espalda ante Jonatán, que los hería, mientras detrás de él los mataba el escudero. 14 Esta primera matanza que hizo Jonatán y su escudero fue de unos veinte hombres; en un espacio como de la mitad de una yugada.

Al joven Jonatán cansaba la vida ociosa de las posiciones, por lo cual ideó llevar a cabo una hazaña. Expuso su plan al escudero que, como oficial, llevaba siempre consigo para que le protegiera en caso de ataque y rematara a los heridos que caían bajo su espada. El oficio de escudero es propio de los tiempos de los jueces Que 9:54), de Saúl y de David. Hemos visto que los filisteos acampaban en Mijmas y que tenían una avanzadilla en el torrente Suwenit. Por su parte, Saúl y su ejército moraban en Gueba, atareados quizá en fortificar el lugar para resistir a un posible ataque filisteo. Saúl estaba en una era de las afueras del pueblo, junto a un melogranado, que le protegía del sol y le camuflaba del enemigo. Algunos autores toman la palabra migron, migran, era, en sentido topográfico, basándose en Is 10:28 e identificándolo con el actual tell miriam, altozano que domina el camino de Gueba a Mijmas, a un kilómetro y medio de esta última (Mediebelle, Dhorme, Rehm). Jonatán quiso dar un golpe de mano y sorprender a la avanzadilla filistea. "Entre los pasos por donde trataba Jonatán de pasar al apostadero de los filisteos había una peña a manera de diente (lit.: diente de peña) de un lado y otra peña a modo de diente del otro lado. la una llevaba por nombre Boses; la otra, Sene. La una, hacia el noirte, frente a Mijmas; la otra, hacia el sur, frente a Gabaa" (v.4-5, tirad. Fernández, l.c.).

"Los dos jóvenes — escribe el mencionado autor — se lanzan a la temeraria empresa. Bajan de Gabaa al wadi, siguen por umos momentos el cauce, y, al dar la vuelta al recodo, son avistados por los del apostadero, quienes echan a gritar: "Mirad los hebreos, "que salen de las cuevas donde se ocultaron." Jonatán fue hacia ellos. A ambos lados del gran peñón hay dos subidas, difíciles las dos, pero más la del oeste. Por una de ellas, quizá la más áspera,, se subió Jonatán, trepando con pies y manos; y en pos de él su escudero. No contaban, sin duda, los filisteos con tal osadía; ésta los desconcertó; y con esto se explica que en aquel primer encuentro, en la mitad del espacio que un par de bueyes puede arar, los "Los valientes jóvenes dejaron fuera de combate no menos de veinte hombres." 2

Ataque general (14:15-23).

15 Trascendió el espanto al campamento, al llano y a todos los puestos de los filisteos, y aun las tres columnas de saqueadores fueron presa del terror. Temblaba la tierra. Fue: un espanto de Dios. 16 Los centinelas de Saúl que estabam en Gueba de Benjamín vieron cómo la muchedumbre se dispersaba y corría de un lado para otro. 17 Saúl dijo a la gente que tenía con él: "Pasad revista y ved quién falta de entre nosotros." Pasáronla, y se halló que faltaban Jonatán y su escudero. 18 Dijo entonces Saúl a Ajías: "Trae el efod"; pues había llevado el efod y lo tenía allí aquel día delante de Israel. 19 Mientras Saúl hablaba con el sacerdote, iba extendiéndose y creciendo el tumulto en el campamento de los filisteos; y Saúl dijo al sacerdote: "Retira tu mano." 20 Saúl y cuantos con él estaban se reunieron y avanzaron hasta el lugar de la lucha, y vieron que los filisteos habían vuelto sus armas unos contra otros y la confusión era grandísima. 21 Los hebreos que de antes estaban con los filisteos y habían subido con ellos al campamento, se pusieron también al lado de los de Israel, que estaban con Saúl y Jonatán. 22 Los que de Israel se habían ocultado en los montes de Efraím, al tener noticia de la huida de los filisteos, se pusieron igualmente a perseguirlos. 23 Así libró Yahvé aquel día a Israel. El combate siguió hasta Bet-Horón. Vinieron a ser los que se reunieron con Saúl unos diez mil hombres, y se extendió la lucha por todos los montes de Efraím.

El pánico sembrado por todo el campamento filisteo fue providencial. Los filisteos que estaban en las avanzadas huyeron precipitadamente, contagiando con su huida y palabras al ejército, que, temiendo un ataque general por sorpresa, dióse también a la fuga. Los gritos de los soldados en retirada, los ruidos de los carros en marcha, levantaron un alboroto imponente, comparado al que produce un terremoto. Fue un espanto de Dios, con lo que se quiere afirmar que no solamente fue un pánico extraordinario, sino un rumor enviado por Dios para espantar a los filisteos. Sospechó Saúl que alguno de los suyos había desencadenado este estado de cosas; hechas las averiguaciones pertinentes, se notó la falta de Jonatán y de su escudero. Para conocer la voluntad de Yahvé, manda Saúl a Ajía que acercase el efod (2:28), no el arca de Dios, como dice el texto masorético (3:3; 4:11). Guando el sacerdote se disponía a echar las suertes, se lo prohibió Saúl por entender que no era cuestión de perder tiempo, sino de salir cuanto antes en persecución del enemigo; la voluntad de Dios era demasiado evidente.

Habían los filisteos penetrado en Palestina por los llamados ascensus de Betorón, y por el mismo lugar huyen ahora a su tierra. En lugar de Betorón (texto griego de Lagarde y de la Vetus Latina), algunos autores prefieren la lectura de Bet Aven del texto hebreo 2.

Temerario juramento de Saúl (14:24-30).

24 Saúl cometió aquel día una gran imprudencia, pues conjuró al pueblo, diciendo: "Maldito el hombre que coma nada hasta la tarde, mientras no me haya vengado de mis enemigos." Y nadie probó bocado. 25 El pueblo estaba extenuado por la fatiga, 26 y llegó a un bosque donde había mucha miel en el suelo. A pesar de ver la miel corriendo por el suelo, nadie la tomó para llevársela a la boca, por temor del juramento hecho. 27 Pero Jonatán, que nada sabía del juramento que su padre había hecho hacer al pueblo, metió la punta del bastón que llevaba en la mano en un panal de miel y se la llevó a la boca con la mano, y le brillaron los ojos. 28 Uno del pueblo le advirtió: "Tu padre ha hecho jurar al pueblo, diciendo: "Maldito el hombre que coma hoy." 29 Jonatán respondió: "Mi padre ha hecho hoy mucho mal al pueblo. ¿No veis cómo han brillado mis ojos sólo con haber probado un poco de miel? 30 Si el pueblo hubiera comido hoy del botín tomado a los enemigos, ¡cuánto mayor habría sido la derrota de los filisteos!"

Dice el texto griego que cometió Saúl aquel día una gran imprudencia al impedir con su voto coronar más gloriosamente la gran empresa de deshacer al ejército enemigo. Creyó, sin embargo, Saúl que él y su pueblo debían corresponder al favor de haber sembrado Yahvé el pánico en el campo enemigo, decretando en su honor el ayuno de un día. La maldición de Saúl quiere ser una oración a Dios pidiéndole la aniquilación del enemigo. Los soldados mostraron gran fuerza de voluntad al divisar en el bosque la miel que se derramaba por el suelo, no atreviéndose a tocarla por temor del juramento hecho. Con este y otros ejemplos da Saúl la sensación de ser un hombre impetuoso, irreflexivo, que se dejaba llevar por el primer impulso.

Una falta ritual del pueblo (14:31-35).

31 Batieron aquel día a los filisteos desde Mijmas hasta Ayalón. El pueblo, desfallecido, 32 cuando volvió sobre el botín, tomo ovejas, bueyes y terneros, y, matándolos en el suelo, comió la carne con su sangre. 33Dijéronle a Saúl que el pueblo había pecado contra Yahvé comiendo la carne con su sangre; y dijo: "Habéis prevaricado. Traedme luego una piedra grande"; 34 y añadió: "Id por todo el pueblo y decidle que me traiga cada uno su buey o su oveja y que la degüelle aquí. Después comeréis y no pecaréis contra Yahvé comiendo la carne con sangre." Llevó cada cual lo que tenía en su mano y lo desolló sobre la piedra. 35Saúl alzó un altar a Yahvé. Fue el primer altar que alzó Saúl a Yahvé.

Además de la falta, involuntaria, de Jonatán, el juramento de Saúl dio pie a que el pueblo, hambriento, se lanzara sobre los primeros animales que encontró al paso. Desde Mijmas había perseguido al enemigo hasta Ayalón, con un recorrido de más de veinticinco kilómetros, siendo muy natural que le devorara el hambre y la sed. Por considerarse la sangre como sede del alma y principio vital, que pertenecía a Dios (Gen 9:4; Lev 17:10-14; Deut 12:16-23), al atrapar el pueblo hambriento las ovejas, bueyes y cabras, las degolló inmediatamente en el suelo, sin preocuparse de buscar una piedra que les sirviera de soporte o de altar. No podían los hebreos comer la carne con su sangre, por lo cual debían degollar a los animales sobre una piedra o altar que permitiera la salida de la sangre al exterior. No era posible cumplir con este requisito degollando los animales a ras de tierra; por lo mismo, a quienes comían la carne sacrificada de este modo se les imputaba el pecado de comer carne con su sangre. ¿Quiere el autor sagrado aclarar con esto la ley sobre la inmolación contenida en Lev 17:13; Deut 12:16; 15:23, o se refiere a una práctica introducida posteriormente? Parece más verosímil lo primero. En acción de gracias edificó Saúl un altar a Yahvé.

Jonatán, culpable (14:36-44).

36 Saúl dijo: "Vamos a salir a perseguir a los filisteos durante la noche, a destrozarlos hasta que luzca el día, sin dejar uno solo con vida." Y le dijeron: "Haz cuanto bien te parezca." Y él dijo al sacerdote: "Acércate"; 37 y consultó a Dios: "¿He de bajar en persecución del enemigo? ¿Los entregarás en manos de Israel?" Pero Yahvé no dio aquel día respuesta. 38 Saúl dijo: "Acercaos aquí todos los jefes del pueblo y buscad, a ver por quién haya sido cometido el pecado; 39 pues por vida de Yahvé, el salvador de Israel, que si hubiera sido por Jonatán, mi hijo, sin remisión morirá." Nadie del pueblo osó responderle. 40 Dijo, pues, a todo Israel: "Poneos todos vosotros de un lado, y yo y mi hijo, Jonatán, nos pondremos del otro." El pueblo contestó: "Haz como bien te parezca." 41 Saúl dijo: "Yahvé, Dios de Israel, ¿cómo es que no respondes hoy a tu siervo? Si en mí o en Jonatán, mi hijo, está este pecado, Yahvé, Dios de Israel, da "urim," ysi está la iniquidad en el pueblo, da"tummim." Y fueron señalados por la suerte Jonatán y Saúl y librado el pueblo. 42 Saúl dijo: "Echad ahora la suerte entre mí y Jonatán, mi hijo, y aquel que señalare Yahvé, morirá." Pero el pueblo dijo: "No será así." Saúl persistió, y fue echada la suerte entre él y Jonatán, su hijo; y fue señalado Jonatán. 43 Saúl dijo a Jonatán: "Dime qué has hecho." Y Jonatán respondió: "He gustado un poco de miel con la punta del bastón que llevaba en la mano, ¿y por eso voy a morir?" 44Saúl dijo: "Que me castigue Dios con todo rigor si no mueres, Jonatán."

Saciado el pueblo, determinó Saúl emprender la persecución del enemigo al amparo de la noche. Pero antes de emprender la empresa decidió consultar a Dios por el procedimiento del urim y tummim. El oráculo no contestó, interpretando Saúl aquel silencio como efecto de algún pecado (28:6.15). Ante aquel contratiempo, Saúl, con la impetuosidad que le caracterizaba, lanza otro juramento de dar muerte al pecador, aunque sea su propio hijo Jonatan. En el v.41 seguimos el texto griego, que reproduce el texto original, mutilado por un escriba, que saltó de una línea a otra. Según el texto, la consulta se hace utilizando dos piedras preciosas que llevaba el sumo pontífice en el pectoral (Ex 28:30; Lev 8:8; Núm 27:21), llamadas urim, que significa luz o verdad, y tummim, perfección o santidad, que, por convención, representaban el sí y el no. Pero esta manera de echar las suertes no tiene aplicación en el caso de que el oráculo no responda. Esta manera de consultar a Yahvé se practicó durante los reinados de Saúl y en los comienzos del de David, cesando en adelante, sustituyéndose por el mensaje profético. La suerte señaló a Jonatán como culpable; sólo la intervención atinada del pueblo pudo salvar a Jonatán de la muerte.

El pueblo salva a Jonatán (14:45-48).

45 El pueblo dijo entonces a Saúl: "¿Va a morir Jonatán, el que ha hecho en Israel esta gran liberación? ¡Jamás! Vive Yahvé, no caerá a tierra un solo cabello de su cabeza, pues hoy ha obrado con Dios." Así salvó el pueblo a Jonatán y no murió. 46 Saúl desistió de salir en persecución de los filisteos, y éstos llegaron a su tierra. 47 Mientras Saúl reinó sobre Israel, hizo la guerra a todos los enemigos de en torno: a Moab, a los hijos de Amón, a Aram Bet Rejob, al rey de Soba y a los filisteos, venciendo en todas partes a donde se volvía. 48 Llegó a ser muy fuerte; derrotó a Amalee y libró a Israel de las manos de cuantos antes le saqueaban.

El pueblo libertó de la muerte al héroe del día, Jonatán, salvándole a la manera como se rescata una víctima debida a Yahvé (Ex 13:13-15; 34:20)· No especifica el texto qué víctima se ofreció en vez de Jonatan. A continuación se da un resumen de las campañas bélicas de Saúl. Se citan a los enemigos de TransJordania (Moab, amonitas), los del sur de Palestina (los idumeos), los del norte, cuyo representante más destacado es Soba, y, finalmente, los filisteos. El reino de Moab estaba al otro lado del Jordán, entre Amón, al norte, y los edomitas, al sur. Edom, cuya frontera evolucionó con el tiempo, ocupaba las márgenes derecha e izquierda del wadi el-Arabá, al sur del mar Muerto. Entre Damasco y Hamat se encontraba el pequeño reino de Soba (2 Sam 10:6-8).

Familia de Saúl (14:49-52).

49 Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isvi y Melquisúa; sus dos hijas se llamaron Merob la mayor y Micol la menor. 50 La mujer de Saúl se llamaba Ajinam, hija de Ajimas. El nombre del jefe de su ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. 51 Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel. 52 La guerra contra los filisteos fue encarnizada durante toda la vida de Saúl; y en cuanto veía Saúl un hombre robusto y valiente, le ponía a su servicio.

Tres hijos y dos hijas tuvo Saúl. El primogénito era Jonatán; le seguía Ievi, que en otros lugares (1 Crón 8:33; 9:39) es llamado Isbaal, que el autor de 2 Sam 2:8 cambia en Moset = hombre de infamia; el tercero se llamaba Melquisúa (31:2). De las hijas, Merob, la mayor, y Micol, la más pequeña, se habla en el curso de la historia (18:17-19; 18:20-27). No se conoce en la historia de Israel otra mujer de nombre Micol; en cambio, lleva este nombre una deidad cananea venerada en Beisán hacia el siglo XIV a.C. Ajinoam no era la única mujer de Saúl, que tuvo otras (2 Sam 12:8), entre las cuales se menciona Resfa (2 Sam 21:8).

Guerra contra Amalee (15:1-9).

1 Samuel dijo a Saúl: "A mí me envió Yahvé para que te ungiera rey de su pueblo, Israel. Escucha, pues, ahora lo que te dice Yahvé: 2 Así habla Yahvé Sebaot: Tengo presente lo que hizo Amalee contra Israel cuando le cerró el camino a su salida de Egipto. Ve, pues, ahora y castiga a Amalee, 3 y da al anatema cuanto es suyo. No perdones: mata a hombres, mujeres y niños, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos. 4 Dio, pues, Saúl la orden al pueblo y lo congregó en Telam. Contó doscientos mil infantes y diez mil hombres de Judá. 5 Avanzó Saúl hasta las ciudades de Amalee y puso una emboscada en el torrente; 6 y dijo a los quíneos: "Id, retiraos, salid de en medio de Amalee, no sea que os veáis envueltos con él; pues vosotros tratasteis con benevolencia a los hijos de Israel cuando subían de Egipto." Retiráronse, pues, de Amalee los quíneos. 7 Saúl batió a Amalee desde E vila hasta Sur, frente a Egipto. 8 Cogió vivo a Agag, rey de Amalee, y dio al anatema a todo el pueblo, pasándolo a filo de espada. 9 Pero Saúl y el pueblo dejaron con vida a Agag y las mejores ovejas y los mejores bueyes, los más gordos y cebados, y los corderos, no dándolos al anatema, y destruyendo solamente lo malo y sin valor.

Los datos sobre esta campaña contra Amalee son imprecisos; la sección sirve de preámbulo a la escena entre Samuel y Saúl, que culminó en el v.28 con el repudio de Saúl como rey de Israel. Existen dos clases de herem: el de consagración, cuando un objeto o persona se consagran a Dios de manera irrevocable, sustrayéndolos a todo uso profano (Lev 27:28; Miq 4:13). En el herem de maldición, la persona o cosa es destruida con el fin de honrar la santidad de Dios y su justicia. De Amalee dijo Dios (Lev 17:14): "Borraré la memoria de Amalee de debajo del cielo." l Estas palabras debían cumplirse mediante la acción de Saúl. Este congregó al pueblo en Telam, lugar que corresponde a Telera (Jos 15:24), que algunos identifican con Jirbet Umm es-Salafe, a ocho kilómetros al sur de Kurnub. Las cifras de los combatientes son evidentemente exageradas. De la ciudad a que alude el texto nada sabemos. La derrota de los amalecitas fue completa. Su rey Agag cayó vivo en manos de los israelitas, perdonándosele la vida para reclamar por su rescate una cuantiosa suma. También se apoderaron los judíos de los animales que presentaban mejor estampa. Con este proceder se opuso Saúl a las leyes del anatema, que señalaban la destrucción total de los amalecitas y de cuanto les pertenecía. El motivo de la transgresión consiste en haber elegido, oyendo la voz de su pueblo, una manera de honrar a Dios que no se armonizaba con la que le había señalado Samuel. Buscó él un compromiso entre la obediencia a Yahvé y el deseo de satisfacer al pueblo; pero con esta política pendular de querer congraciarse con uno y con otro se atrajo la enemistad de Dios, que se alejó de él a causa de su desobediencia.

Saúl, rechazado por Dios (15:10-23).

10 Yahvé dirigió a Samuel su palabra, diciendo: 11 "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, pues se aparta de mí y no hace lo que digo." Samuel se entristeció y estuvo clamando a Yahvé toda la noche; 12 y levantándose de mañana para ir al encuentro de Saúl, supo que había ido al Carmelo, donde se había alzado un monumento, y de vuelta, pasando más allá, había bajado a Gálgala. 13 Dirigióse, pues, a donde estaba Saúl, y le dijo Saúl: "Bendito seas de Yahvé. He cumplido la orden de Yahvé." 14 Samuel le contestó: "¿Qué es entonces ese balar de ovejas que llega a mis oídos y ese mugir de bueyes que oigo?" 15 Saúl respondió: "Los han traído de Amalee, pues el pueblo ha reservado las mejores ovejas y los mejores bueyes para los sacrificios de Yahvé, tu Dios; el resto ha sido dado al anatema." 16 Samuel dijo entonces a Saúl: "Basta; voy a darte a conocer lo que Yahvé me ha dicho esta noche." Saúl le dijo: "Habla." 17 Samuel dijo: "¿No es verdad que, hallándote tú pequeño a tus propios ojos, has venido a ser el jefe de las tribus de Israel y te ha ungido Yahvé rey sobre Israel? 18 Yahvé te dio una misión, diciéndote: Ve y da al anatema a esos pecadores de Amalee y combátelos hasta exterminarlos. 19 ¿Por qué no has obedecido al mandato de Yahvé y te has echado sobre el botín, haciendo mal a los ojos de Yahvé?" 20 Saúl contestó a Samuel: "Yo he obedecido el mandato de Yahvé y he seguido el camino que me ordenó Yahvé: he destruido a los amalecitas y he traído a Agag, rey de Amalee. 21 El pueblo ha tomado del botín esas ovejas y esos bueyes, como primicias de lo dado al anatema, para sacrificarlos a Yahvé, su Dios, en Gálgala." 22 Pero Samuel repuso: "¿No quiere mejor Yahvé la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos y las víctimas? Mejor es la obediencia que las víctimas. Y mejor escuchar que ofrecer el sebo de los carneros. 23 Tan pecado es la rebelión como la superstición, y la resistencia como la idolatría. Pues que tú has rechazado el mandato de Yahvé, él te rechaza también a ti como rey."

La gravedad de la falta de Saúl hace que el autor sagrado ponga en boca de Dios la expresión que pronunció con ocasión del diluvio: "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl" (Gen 6:6); antropopatismo, figura retórica por la que se aplican a Dios los sentimientos de los hombres. Eligió Dios a Saúl, pero éste se hizo indigno de esta gracia; el cambio de conducta por parte de Saúl determinó que Dios se portara con él de manera distinta que hasta ahora. No sabemos cuándo Samuel recibió esta confidencia divina; acaso de noche, como en su niñez (3:4).

La gran victoria hizo concebir la idea de levantar un monumento conmemorativo en el Carmelo, lugar que corresponde al actual el-Kurmul, a doce kilómetros al sur de Hebrón (Jos 15:55), a cuya inauguración fue invitado el rey. El texto hebreo dice que se erigió iad — una mano, para significar un monumento igual al de las estelas púnicas, en las que la mano protege al muerto e indica al viandante el lugar donde descansa (2 Sam 18:18; Is 55:5). Acaso se trata de un monumento funerario en memoria de los caídos en la lucha. Debía tratarse de una tosca piedra erigida en forma de menhir, o de una losa con una inscripción.

Regresó Saúl del Carmelo. En el v.13, los LXX han completado el original hebraico. Samuel traía para Saúl un anuncio inesperado que ahogaría en el rey el alborozo del triunfo alcanzado sobre los amalecitas. El balido de las ovejas, el mugir de los bueyes, dieron pie a que Samuel preguntara por la procedencia de aquellos animales. Saúl, inocentemente, creyendo que con aquellos sacrificios agradaba a Dios, le respondió que lo mejor se había reservado para quemarlo en holocausto en honor de Yahvé. Pero no era ésta la orden que le había intimado Samuel, ni era este herem el que debía poner en práctica, sino el anatema de la destrucción, de execración. Trató Saúl de justificar su conducta, pero le atajó Samuel diciéndole que su deber era obedecer. Bien están los sacrificios a su tiempo y con las víctimas apropiadas; pero en esta circunstancia, más que sacrificios, quería Dios que se hiciera su voluntad. La oferta de un sacrificio, dice De Vaux, hecha en contra del querer divino, equivale a un rito idolátrico, al que en nuestro texto se alude con la mención de la superstición de los terafim, dioses a los cuales se confiaba la custodia de las casas (19:13; Gen 31:19-30). Por haber desobedecido a Yahvé, a quien Saúl debía el reino, Dios le rechaza como rey.

Saúl implora el perdón (15:24-31).

24 Dijo entonces Saúl a Samuel: "He pecado traspasando el mandamiento de Yahvé y tus palabras; temí al pueblo y le escuché. Perdona, pues, te ruego, mi pecado, 25 y vuélvete conmigo para adorar a Yahvé." 26 Samuel le contestó: "No me volveré contigo, porque tú rechazaste el mandato de Yahvé, y Yahvé te rechaza a ti para que no reines en Israel." 27 Volvióse Samuel para irse, pero Saúl le cogió por la orla del manto, que se rompió; 28 y le dijo Samuel: "Hoy ha roto Yahvé de sobre ti el reino para entregárselo a otro mejor que tú; 29 y el Esplendor de Israel no se doblegará, no se arrepentirá, pues no es un hombre para que se arrepienta." 30 Saúl dijo: "He pecado; pero hónrame ahora, te lo ruego, en presencia de los ancianos de mi pueblo y en presencia de Israel, y ven conmigo a adorar a Yahvé, tu Dios." 31 Volvióse Samuel y siguió a Saúl, y éste adoró a Yahvé.

Quizá el arrepentimiento de Saúl nacía más del temor de perder el reino que del dolor de haber ofendido a Dios. Trató Saúl de quitar importancia al incidente, rogando a Samuel que no le abandonase. Samuel rechaza tal propuesta, basándose en que por su pecado se han roto las relaciones amistosas que le unían con Dios. Samuel, que en su calidad de profeta es el mensajero y el instrumento de que se sirve Dios, no puede, por lo mismo, continuar sus relaciones amistosas con Saúl, poniéndose de su parte en contra del proceder divino. Al marcharse Samuel, corrió Saúl detrás de él con ánimo de retenerle y ganarlo a su causa; en el paroxismo del dolor y ante el porvenir sombrío que se abría ante él, agarró a Samuel del manto, que cedió, rompiéndose. Esta escena dramática se desarrolló en la intimidad de un rey y de un profeta de Yahvé. Ante la actitud firme de Samuel, le pidió Saúl que no hiciera pública la reprobación merecida por su pecado, rogándole que se comportara con él externamente como si nada hubiera ocurrido. Accedió a ello Samuel; de cara al público no sufrió menoscabo, momentáneamente, la dignidad real que ostentaba Saúl.

Muerte de Agag (15:32-35).

32 Samuel dijo: "Traedme a Agag, rey de Amalee"; y Agag se acercó a él, temblando, y dijo: "¡Qué amarga es la muerte!" 33 Samuel repuso: "Así como a tantas madres privó tu espada de hijos, así será entre las mujeres tu madre privada de su hijo." Y destrozó a Agag ante Yahvé, en Gálgala. 34 Partióse Samuel para Rama, y Saúl subió a su casa de Gueba de Saúl. 35No volvió Samuel a ver a Saúl hasta el día de su muerte, pero se lamentaba por Saúl de que se hubiera Yahvé arrepentido de haberle hecho rey de Israel.

Agag había sobrevivido al desastre de su pueblo en contra del mandato divino. Al verse ante Samuel, lanzó esta bravata: "Ahora sí que el amargor de la muerte se ha alejado." Esta lección del texto masorético nos parece la más acertada, por expresar el estado de ánimo de Agag, que, entre burlón y ufano, expresa su satisfacción de poder morir en manos de un profeta y no en manos de cualquiera. A Agag se le aplica la pena del talión: por haber privado a tantas madres de sus hijos, así es descuartizado (waishassef, de shassaf; Vulgata: "Frusta concidit eum Samuel"; LXX: lo degolló) él. Su muerte tuvo lugar "ante Yahvé," pero no fue un sacrificio humano, sino el cumplimiento de un anatema. Saúl marchó a Gueba, y Samuel a Rama. Según 19,22-24, volvió Saúl a encontrarse con Samuel. Amaba Samuel a Saúl; pero antes debíase a Dios que al rey.

1 Fernández, El herem bíblico: Β 6 (1924) 5-25.

2 SAMtmt 1'5

 

 

3. Saúl y David (c.16-31).

Conforme a la profecía de Samuel (15:28), estaba a las puertas un contrincante de Saúl que anularía sus esfuerzos para asegurar en su hijo Jonatán la permanencia de la corona en su familia. Logró Saúl que arraigara en el pueblo la idea de la unidad nacional, tanto más necesaria cuanto más dura era la mano de los pueblos vecinos. Pero estos triunfos enfriaron en él sus sentimientos de dependencia de Yahvé, llegando a creer, al menos en la práctica, que la firmeza de su trono descansaba más en el favor popular y en sus dotes militares que en las manos de Dios. Esta conducta abrió en su reino una brecha que no le fue posible en adelante taponar. Dios había fijado sus ojos "en otro mejor que él:" David, cuyos pasos hacia el trono dirigía lentamente, pero de forma inexorable.

Samuel, en casa de Isaí (16:1-13).

l Dijo Yahvé a Samuel: "¿Hasta cuándo vas a estar tú llorando sobre Saúl, a quien he rechazado para que no reine más sobre Israel? Llena tu cuerno de óleo y ve; te envío a casa de Isaí de Belén, pues he elegido entre sus hijos al rey que yo quiero." 2 "¿Cómo voy a ir? — contestó Samuel — ; lo sabrá Saúl y me matará." Yahvé le dijo: "Lleva contigo una ternera, y dirás: He venido para ofrecer a Yahvé un sacrificio. 3 Invitarás al sacrificio a Isaí, y ya te indicaré yo luego lo que has de hacer, ungiendo al que yo te señale." 4 Hizo Samuel lo que le mandaba Yahvé, y llegó a Belén. Los ancianos acudieron inquietos a él y dijeron: "¿Tu llegada es para bien?" 5E1 contestó: "Sí, he venido para ofrecer un sacrificio a Yahvé. Santifícaos y venid conmigo al sacrificio." Santificó a Isaí y a sus hijos y los invitó al sacrificio. 6 Cuando se presentaron ante él, al ver a Eliab, se dijo Samuel: "Seguro que se halla ante Yahvé su ungido." 7 Pero Yahvé dijo a Samuel: "No tengas en cuenta su figura y su gran talla, que yo le he descartado. No ve Dios como el hombre; el hombre ve la figura, pero Yahvé mira el corazón." 8 Isaí llamó a Abinadab y le hizo pasar ante Samuel. Samuel dijo: "Tampoco es éste el que ha elegido Yahvé." 9 Hizo Isaí pasar a Sama, y Samuel dijo: "Tampoco éste es el que ha elegido Yahvé." 10 Isaí hizo pasar ante Samuel a sus siete hijos, y Samuel le dijo: "A ninguno de éstos ha elegido Yahvé." 11 Preguntó entonces Samuel a Isaí: "¿Son éstos todos tus hijos?" Y él le respondió: "Queda el más pequeño, que está apacentando las ovejas." Samuel le dijo: "Manda a buscarle, pues no nos sentaremos a comer mientras no venga él." 12 Isaí mandó a buscarle. Era rubio, de hermosos ojos y muy bella presencia. Yahvé dijo a Samuel: "Levántate y úngele, pues ése es." 13 Samuel, tomando el cuerno de óleo, le ungió a la vista de sus hermanos; y desde aquel momento, en lo sucesivo, vino sobre David el espíritu de Yahvé. Samuel se levantó y se volvió a Rama.

Tenía Saúl sus defectos, que con el correr de los años se acentuaron. Oficialmente había roto con Samuel y se encontraba abandonado de la mano de Dios. No obstante sus defectos, Samuel seguía amándole y rogando por él. Pero Dios le hizo comprender que no revocaría la sentencia lanzada contra Saúl; al contrario, le comunica que ha llegado la hora de ungir a su rival. De esta unción de David por Samuel no se habla ya más en el curso de la historia, ni parece que tuviera eficacia para el porvenir. David será ungido rey en Hebrón por las gentes de Judá (2 Sam 2:4) y más tarde por los ancianos de Israel (2 Sam 5:3). Según el texto, toda la familia asiste a la ceremonia, lo que parece contradecir a 17:28, en donde su hermano mayor demuestra no saber nada.

Obedeciendo las órdenes de Dios, tomó Samuel el cuerno de óleo (1 Re 1:39) y marchó a Belén. La visita inesperada de Samuel sembró el pánico en la pequeña ciudad, que temía el anuncio de algún castigo; por eso preguntan los ancianos: ¿Tu llegada es para bien? o lo que es lo mismo: ¿Es pacífica tu llegada? ¿Aludían los ancianos al conflicto latente entre Belén y Gueba a consecuencia del atentado contra la concubina originaria de Belén? Que c. 19-20). Ordena Samuel que se purifiquen para poder tomar parte en el sacrificio, lavando o cambiando sus vestidos y absteniéndose del contacto con mujeres (Ex 19:22; Núm 11:18; Jos 3:5). Tuvo especial interés en que se santificara Isaí y sus hijos; quizá se hospedó Samuel en su casa, en donde se desarrolló la escena de la unción. Según el texto, eran ocho los hijos varones de Isaí. En 17:13-15" su número parece reducirse a cuatro, de los cuales se especifica el nombre. Según 1 Crón 2:12, los otros tres se llamaban: Natanael, Radai y Asom. Además tuvo Isaí dos hijas: Sarvia y Abigaíl.

En la intimidad de la familia, David fue ungido rey, cuya dignidad asumiría a la muerte de Saúl. Al momento recibió también la gracia de estado, necesaria para cumplir los deberes de la realeza (10:6; 11:6). Samuel regresó a Rama.

David, al servicio de Saúl (16:14-23).

14 El espíritu de Yahvé se retiró de Saúl, y le turbaba un mal espíritu mandado de Yahvé. 15 Y dijeron a Saúl sus servidores: "Te ves turbado por un mal espíritu de Dios; 16 permite, señor, que tus siervos te digan que se busque a un diestro tañedor de arpa, que, cuando se apodere de ti el mal espíritu de Dios, la toque y halles alivio."17 Saúl les dijo: "Buscadme, pues, un buen músico y traédmelo." 18 Tomando uno de los servidores la palabra, dijo: "Yo conozco a un hijo de Isaí, de Belén, que sabe tocar el arpa. Es hombre fuerte y valiente, hombre de guerra y discreto en el hablar, y está Yahvé con él." 19 Saúl envió mensajeros a Isaí para decirle: "Mándame a David, tu hijo, el que está con las ovejas." 20 Isaí tomó un asno, lo cargó con diez panes, un odre de vino y un cabrito, y se lo mandó a Saúl por David, su hijo. 21 Llegado a casa de Saúl, David se presentó a él. Saúl le tomo cariño y le hizo escudero suyo. 22 Saúl dijo a Isaí: "Que se quede, te ruego, conmigo David, a mi servicio, pues ha hallado gracia a mis ojos." 23Cuando el mal espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tomo el arpa, la tocaba, y Saúl se calmaba y se ponía mejor, y el espíritu malo se alejaba de él.

Con el v.14 se pone al descubierto el drama de Saúl: Dios le rechaza y Samuel se aleja de él; el espíritu de Dios ha pasado a su rival, a David (v.13). A efectos de este estado de cosas se apoderan de él una sensibilidad extrema, una manía persecutoria, el mal humor y la grave tristeza que le acompaña. Este espíritu malo (Jue 9:23) se dice que fue mandado por Dios porque procedía de la disposición de ánimo de Saúl para con el Señor. En este estado de ánimo, sus familiares acudieron a la música como remedio para calmarlo en sus fases críticas. No acuden, dice Desnoyers, a un medio moral, ayuno, oración u otra cosa, sino a un remedio de orden físico. Este detalle nos transporta a un ambiente profetice en el cual la música tenía gran importancia para provocar y mantener el fervor profetice 1.

David fue llevado al palacio real; de él se dice que era hombre fuerte y valiente, hombre de guerra y discreto en el hablar, y Yahvé estaba con él (v.18). Este conjunto de cualidades del joven David le hacen digno de ocupar un lugar en palacio. Saúl le nombró escudero suyo. Como a tal le acompaña en los combates con los filisteos (17:1-11), en uno de los cuales cubrióse de gloria (17:32-53). Pero esta tradición contrasta con otra, según la cual, a los ojos de Saúl, es David un oscuro pastorcillo que visita a sus hermanos y los aprovisiona (17:12-30), entrando poco después al servicio del rey (17:55-18:2).

El gigante Goliat (17:1-11).

1 Los filisteos, juntando sus tropas para hacer la guerra, se reunieron en Soco, que pertenece a Judá. Acamparon entre Soco y Azeca, en Efes Domim. 2 Reuniéronse también Saúl y los hombres de Israel y vinieron al valle del Terebinto, y pusiéronse allí en orden de batalla contra los filisteos. 3 Estaban éstos acampados en un monte, y los de Israel en un monte opuesto, mediando entre ellos el valle que los separaba. 4 Salió al medio, de las filas de los filisteos, un hombre llamado Goliat, de Gat, que tenía de talla seis codos y un palmo. 5 Cubría su cabeza un casco de bronce y llevaba una coraza escamada, de bronce también, de cinco mil siclos de peso. 6 A los pies llevaba botas de bronce y a las espaldas un escudo, también de bronce. 7 El asta de su lanza era como el enjullo de un telar, y la punta de la lanza, de hierro, pesaba seiscientos siclos. Delante de él iba su escudero. 8 Goliat separó, y, dirigiéndose a las tropas de Israel, ordenadas en batalla, les gritó: "¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo un filisteo, y vosotros siervos de Saúl? Elegid de entre vosotros un hombre que baje a pelear conmigo. 9 Si en la lucha me vence, que me mate y os quedaremos sujetos; pero, si soy yo el que le venzo y le mato a él, seréis vosotros los que nos quedaréis sujetos y nos serviréis." 10 El filisteo añadió: "Yo arrojo hoy este reto al ejército de Israel. Dadme un hombre y lucharemos." Al oír las palabras del filisteo, 11 Saúl y todo Israel se asombraron y llenaron de miedo.

Los filisteos habían abandonado la montaña de Efraím a efectos de la derrota que les infligió Saúl (14:155), pero habíanse atrincherado en la Sefela, dispuestos a vengarse. Habiendo salido de Gat y de Acarón, se infiltraron por los wadis que desaguan en la Sefela, ramificándose por el macizo central de Judea. En una de las incursiones llegaron a un lugar entre Azeca y Soco llamado Efes Domim. A su encuentro salió Saúl, acampando en el valle del Terebinto. La acción se desarrollaba a unos treinta kilómetros al sudoeste de Jerusalén. Azeca (Jos 10:10-11; 1535) se identifica con Tell Zacaría, a unos doce kilómetros al noroeste de Beit Gibrin. El nombre de Soco (Jos 15:35) sobrevive todavía en el actual Jirbet Shuweike, a tres kilómetros al sudoeste de Bet Nettif. Efes Domim, según Abel (Géographie II 318) corresponde a Djennbatein, a tres kilómetros al sur de Tell Zacaría y a dos al oeste de Jirbet Shuweike. El valle del Terebinto es el amplio valle es-Sant. Los dos ejércitos se pusieron en orden de batalla, frente a frente, separados por el valle del Terebinto. Dice el texto hebreo que del campamento filisteo salió un ish habenayim, "un hombre de entre dos," es decir, un guerrero, que, colocado entre dos ejércitos, invitó a un duelo l.

El hombre llamábase Goliat, natural de Gat, lugar donde, según Tos 11:22, habitaban descendientes de los enaquim. Su altura, según los LXX, era de cuatro codos (no seis, como lee el texto masorético). El codo tenía c.45 metros; siendo, por consiguiente, la talla de Goliat de 2:92 metros, o de 2:02. Su armadura correspondía a su talla: llevaba una coraza de cinco mil siclos de peso, es decir, de unos ochenta kilogramos.

David, en el frente de batalla (17:12-25).

12 David era hijo de un efrateo, de Belén de Judá, que tenía ocho hijos, llamado Isaí, y era al tiempo de Saúl uno de los hombres más ancianos. 13Los tres hijos mayores de Isaí habían salido para la guerra, y se llamaban el mayor Eliab; el segundo, Abinadab, y Samma el tercero. 14 David era el menor; y cuando las tropas marcharon tras de Saúl, 15 David iba y venía y apacentaba las ovejas de su padre en Belén. 16 El filisteo salía de su campo mañana y tarde, y estuvo haciendo así por cuarenta días. 17Isaí dijo a David, su hijo: "Toma ese "efá" de trigo tostado y esos diez panes y corre al campamento donde están tus hermanos; 18 lleva también esos diez requesones para el jefe de su millar. Visitas a tus hermanos para ver cómo están y les preguntas si quieren algo." 19 Saúl, ellos y todos los hombres de Israel estaban en el valle del Teberinto, en campaña contra los filisteos. 20 David se levantó de madrugada y, dejando las ovejas al cuidado de un pastor, se fue cargado de lo que le mandara Isaí. 21 Llegó al campamento cuando el ejército salía a ordenarse en batalla, lanzando sus gritos de guerra. 22 Israelitas y filisteos se ordenaban en batalla, ejército contra ejército. David dejó los objetos que traía en manos de un guardia del bagaje y corrió hacia las filas del ejército. En cuanto llegó, preguntó a sus hermanos cómo estaban; 23 pero mientras hablaba con ellos, he aquí que el campeón, el filisteo de Gat, Goliat de nombre, salió de las filas de los filisteos y se puso a decir lo de los otros días, oyéndolo David. 24 En viendo a aquél, todos los hombres de Israel se retiraron ante él, temblando de miedo. 25 Decíanse unos a otros: "¿Veis a ese hombre que avanza? Viene a desafiar a Israel. Al que le mate le colmará el rey de riquezas, le dará su hija por mujer y eximirá de tributos la casa de su padre."

Toda la perícopa de 17:12-31 falta en el códice Β de los LXX, hallándose, sin embargo, en A. Entre las razones que pudo tener el traductor para no incorporarla en su texto fue la de evitar la aparente contradicción del texto con 16:14-23, en que se habla de la estancia de David en la corte. En cambio, en la presente sección parece que Saúl ni le conoce. El autor de 17:12-31 desconocía el texto anterior; los detalles que da sobre la familia de David no concuer-dan con los del c.1ó. Pertenecía Isaí al clan de los efrateos, aliados de Caleb (1 Crón 2:19; 24; 50) e instalados en Belén (Rut 1:2). El texto original del ν. 15 es: "David iba y venía, alternando el servicio con Saúl con el cuidado del rebaño de su padre en Belén." Acaso sea el texto una glosa redaccional encaminada a armonizar el texto con 16:22-23. Quizá el espacio de cuarenta días de que habla el v.16 deba entenderse en sentido simbólico (Ex 24:18; 34:28; Gen 7:4). El efa era. una medida de capacidad correspondiente a treinta y seis litros. Los granos de trigo tostados (qali, Rut 2:14) estaban en uso, como entre nosotros el maíz tostado. El final del v.18 es interpretado diversamente. Cree De Vaux que, atendida la juventud de David, para cerciorarse de que cumplió su encargo, pide Isaí un justificante; según otros (Ubach), encarga Isaí a David traiga el salario que reciben sus hermanos, superfluo para ellos, mientras que para él, que cuida de su manutención, representaba una ayuda económica.

David, delante de Saúl (17:26-37).

26 David preguntó a los que tenía cerca: "¿Qué darán al que mate a este filisteo y arranque a Israel la afrenta? ¿Quién es ese filisteo, ese incircunciso, para insultar así al ejército del Dios vivo?" 27La gente le repitió las mismas palabras, diciendo: "Esto es lo que harán al que le mate." 28 Eliab, su hermano, que había oído hablar a aquellos hombres, se encendió en cólera contra David y le dijo: "¿Para qué has bajado y a quién has dejado tu rebañito en el desierto? Ya conozco tu orgullo y la malicia de tu corazón. Para ver la batalla has bajado tú." 29 David le contestó: "¿Qué he hecho? Sencillamente hablar una palabra." 30Y apartándose de él, se dirigió a otro, haciéndole la misma pregunta, y recibió la misma respuesta. 31 Los que habían oído las palabras de David se las repitieron a Saúl, que le mandó venir. 32 David dijo a Saúl: "Que no desfallezca el corazón de mi señor por el filisteo ese. Tu siervo irá a luchar contra él." 33 Saúl le dijo: "Tu no puedes ir a batirte con ese filisteo; eres todavía un niño y él es hombre de guerra desde su juventud."34 David dijo a Saúl: "Cuando tu siervo apacentaba las ovejas de su padre y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, 35 yo le perseguía, le golpeaba y le arrancaba de la boca la oveja; y si se volvía contra mí, le agarraba por la quijada, le hería y le mataba. 36 Tu siervo ha matado leones y osos, y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos. ¿No seré capaz de ir, de batirle y quitarle y quitar el oprobio de Israel? Porque ¿quién es ese incircunciso que ha insultado al ejército del Dios vivo?" 37 Y añadió: "Yahvé, que me libró del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo." Saúl entonces le dijo: "Ve y que Yahvé sea contigo."

Eliab reprende a David por su "orgullo," pareciendo ignorar la escena de la unción de David en Belén (16:6ss). A Eliab responde David que vale la pena interesarse por una cuestión que a nadie molesta y que, en cambio, afecta a toda la nación. En toda la narración late la idea de la realeza, que impelía a David a conducirse como caudillo y salvador de Israel. Dios le ha elegido por rey, y tiene, por consiguiente, la misión de velar por el bien y el honor de la heredad de Yahvé. Además, la victoria sobre el filisteo equivalía a acaparar el favor popular.

David mata a Goliat (17:38-52).

38 Saúl hizo que vistieran a David sus ropas, púsole sobre la cabeza un casco de bronce y le cubrió de una coraza. 39 Después David se ciñó la espada de Saúl sobre sus ropas y probó de andar, pues nunca había ensayado la armadura; y dijo a Saúl: "No puedo andar con estas armas, no estoy acostumbrado"; y deshaciéndose de ellas, 40 agarro su cayado, eligió en el torrente cinco chinarros bien lisos y los metió en su zurrón de pastor, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo. 41 El filisteo se acercó poco a poco a David, precedido de su escudero. 42 Miró, vio a David y le despreció por muy joven, de blondo y bello rostro. 43 Díjole, pues: "¿Crees que yo soy un perro para venir contra mí con un cayado?" "No — contestó David —, eres todavía peor que un perro." 44 Maldíjole el filisteo por sus dioses, y añadió: "Ven, que dé tus carnes a las aves del cielo y a las bestias del campo." 45 David respondió al filisteo: "Tú vienes contra mí con espada, lanza y venablo, pero yo voy contra ti en el nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has insultado. 46 Hoy te entregará Yahvé en mis manos; yo te heriré, te cortaré la cabeza y daré tu cadáver y los del ejército de los filisteos a las aves del cielo y a los animales de la tierra; y sabrá así toda la tierra que Israel tiene un Dios, 47 y sabrán todos éstos que no por la espada ni por la lanza salva Yahvé, porque él es el Señor de la guerra, y os entregará en nuestras manos." 4S El filisteo se levantó, se puso en marcha y avanzó hacia David. David echó a correr a lo largo del frente del ejército, para ir al encuentro del filisteo; 49 metió la mano en el zurrón, sacó de él un chinarro y lo lanzó con la honda. El chinarro se clavó en la frente del filisteo, y éste cayó de bruces a tierra. 50 Así David, con una honda y una piedra, venció al filisteo y le hirió de muerte. 51 Corrió, parándose ante el filisteo, y, no teniendo espada a la mano, cogió la de él, sacándola de la vaina; le mató y le cortó la cabeza. Viendo los filisteos muerto a su campeón, pusiéronse en fuga, 52 y los hombres de Israel, levantándose y lanzando los gritos de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Acarón, y cayeron filisteos en el camino de Seraím hasta Gat y Acarón.

Nunca había vestido David las ropas del rey; al imponérselas ahora Saúl, le confiere parte de su dignidad. No había ensayado la armadura, a pesar de su oficio de escudero del rey (16:21). David va a la lucha en el nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel (v.45). Al avanzar hacia el filisteo sabía David que la victoria era suya. Dios dirigía sus pasos para afianzarle más y más en el camino del trono. Sin saberlo, Saúl contribuye a la exaltación popular de su rival.

David, ante el rey (17:53-58).

53 A la vuelta de la persecución de los filisteos, los hombres de Israel saquearon su campamento. 54 David tomo la cabeza y las armas clel filisteo y llevó a Jerusalén la cabeza, y las armas las puso en su tienda. 55 Cuando Saúl hubo visto a David avanzar contra el filisteo, dijo a Abner, el jefe de su ejército: "¿De quién es hijo ese joven, Abner?" Abner respondió: 56 "Por tu vida que no lo sé, ¡oh rey! "Y el rey le dijo: "Infórmate, pues, a ver de quién es hijo." 57 De vuelta David de la muerte del filisteo, Abner le tomo y le llevó ante Saúl, teniendo todavía en la mano la cabeza del filisteo. 58 Saúl le preguntó: "¿De quién eres hijo, mozo?" Y David le contestó: "Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén."

En los últimos versos del presente capítulo se encuentran algunas antinomias, que se explican por las glosas redaccionales que un escriba posterior ha introducido en el texto o por el hecho de anticipar el autor los acontecimientos. Así, por ejemplo, al hablar en el v.53 de Israel y de Judá, supone la escisión del reino, acaecida después de la muerte de Salomón. Dícese en el y.54 que David llevo a Jerusalén la cabeza (de Goliat), y las armas las puso en su tienda. Ahora bien, Jerusalén cayó en manos de los israelitas en tiempos en que David ocupaba el trono (2 Sam 5:6-16). Además, al hablar de su tienda parece indicar que David fue movilizado y que disponía de su tienda, como cualquier otro soldado. Según v.57, David entregó a Saúl la cabeza de Goliat; la espada del gigante fue depositada en Nob (21:9). El autor de los v.55-58 ignora el encuentro de Saúl con David narrado en los v.31-39, así como la vida de éste en la corte real en calidad de escudero y músico (16:18-23). La única explicación posible de estas anomalías se halla en que el autor sagrado ha escrito su libro a base de tradiciones distintas, orales y escritas, que ha reproducido fielmente, sin incurrir en la tentación de quitar las dificultades y suprimir las diferencias.

Amistad de David con Jonatán (18:1-5).

1 Cuando hubo acabado de hablar David con Saúl, el alma de Jonatán se apegó a la de David, y le amó Jonatán como a sí mismo. 2 Aquel día tomó Saúl a David y no le dejó que se fuera a la casa de su padre. 3 Jonatán hizo pacto con David, pues le amaba como a su alma, 4 y, quitándose el manto que llevaba, se lo puso a David, así como sus arreos militares, su espada, su arco y su cinturón. 5 David salía a combatir donde le mandaba Saúl, y siempre procedía con acierto. Saúl le puso al mando de hombres de guerra, y toda la gente estaba contenta con él, aun los servidores de Saúl.

Esta sección falta en el códice Β de la versión griega. Parece que está invertido el orden de los v.1 y 2. Saúl quiso que David, al que antes no conocía (17:55), se quedase definitivamente en su casa. La hazaña realizada impresionó a él, y mucho más a su hijo Jonatán, que en otro tiempo realizó también una gran proeza (c.14)·Dice el texto que el alma de Jonatán se apegó (niqsherah, Gen 44:30), se aglutinó con la de David, a quien amó como a su alma. No se especifica la naturaleza del pacto entre ambos; quizá sea "el pacto de la sal" (Núm 18:19; 1 Crón1 13-5) en virtud del cual los interesados se obligaban a prestarse mutua ayuda y a no causarse mal alguno. Como símbolo de esta alianza y mutua entrega, Jonatán se despoja de sus vestidos y armamento y se los puso a David. Entre los orientales, la personalidad abarcaba también los vestidos (2 Re 2:13; Rut 3:9); al entregarle sus vestidos quiere Jonatán darle a entender que se daba a sí mismo.

Saúl, víctima de los celos (18:6-16).

6 Cuando hicieron su entrada después de haber muerto David al filisteo, salían las mujeres de todas las ciudades de Israel, cantando y danzando delante del rey Saúl con tímpanos y triángulos alegremente, 7 y, alternando, cantaban las mujeres en coro: "Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil." 8 Saúl se irritó mucho, y esto le desagradó, pues decía: "Dan diez mil a David y a mí mil; nada le falta si no es el reino." 9Desde entonces miraba Saúl a David con malos ojos. 10 Al otro día se apoderó de Saúl el mal espíritu, y desvariaba en su casa. David tocaba el arpa, como otras veces. Tenía Saúl en la mano su lanza, 11 y, blandiéndola, la lanzó contra David, diciendo: "Voy a clavar a David en la pared." Pero David esquivó el golpe por dos veces.12 Comenzó Saúl a temer a David, pues veía que estaba Yahvé con éste, mientras que de él se había apartado. 13Alejóle de sí, haciéndole jefe de millar, y David entraba y salía a la vista de todo el pueblo; 14 en todas sus empresas se mostró acertado, porque Yahvé estaba con él. 15 Vio, pues, Saúl que era muy precavido, y le temía. 16 Todo Israel y todo Judá amaba a David, que a su vista entraba y salía.

La proeza de David desparramóse como gota de aceite por todo Israel. Por las ciudades, villas y aldeas por donde pasaba Saúl con su comitiva, salían las mujeres cantando y danzando, acompañándose de tímpanos y triángulos (Ex 15:20-21; Juc c.5; 11:34), mientras repetían el estribillo: Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil. Estos cantos de gloria jugarán un papel importante en las relaciones entre Saúl y David (21:12; 29:5). Las preferencias del pueblo por el joven David eran manifiestas, lo que despertó en el corazón de Saúl la enfermedad de los celos, que no le abandonó en toda su vida. A veces su melancolía le impelía a obrar con el mismo frenesí con que lo hacían los nabis (10:5; Jer 29:26). Sus celos aumentaron a medida que los acontecimientos demostraban las preferencias de Yahvé por David.

Matrimonio de David (18:17-30).

17 Dijo Saúl a David: "Mira, te daré por mujer a mi hija mayor, Merob; pero has de mostrarte valiente y hacer las guerras de Yahvé"; pues se decía: "No quiero poner mis manos sobre él; que le maten las de los filisteos." 18 David respondió a Saúl: "¿Quién soy yo y qué es mi vida, qué la casa de mi padre, para* que sea yo yerno del rey?" 19Pero cuando llegó el tiempo en que Merob, la hija mayor de Saúl, había de ser entregada a David, se la dio por mujer a Hadriel, de Mejolá. 20 Micol, la otra hija de Saúl, amaba a David; lo supo Saúl, y esto le agradó 21 pues se decía: "Se la daré para que le sirva de lazo y le haga caer en las manos de los filisteos." Dijo, pues, Saúl a David: "Por segunda vez voy a darte ocasión de ser yerno mío." 22Al mismo tiempo dio órdenes a sus servidores, diciéndoles: "Hablad a David a escondidas de mí y decidle: El rey te estima y todos sus servidores te queremos; haz por ser yerno del rey." 23Dijéronle a David esto los servidores, y respondió David: "¿Os parece cosa fácil eso de ser yerno del rey? Yo soy hombre de poco y de poca hacienda." 24Fuéronle a contar a Saúl sus servidores lo que decía David, 25y él les dijo: "Habladle así: No necesita el rey dote; sólo quiere cien prepucios de filisteos para vengarse de sus enemigos." Así pensaba Saúl que caería David en manos de los filisteos. 26 Cuando los servidores dijeron a David las palabras que había dicho Saúl, le agradó a aquél la condición puesta para ser yerno del rey. 27 Y salió David con los que estaban a su mando y mató cien filisteos, trayéndose sus prepucios, y los entregó al rey. Y cuando se cumplieron los días para ser su yerno, dióle Saúl por mujer su hija Micol. 28Saúl vio claramente que Yahvé estaba con David y que todo Israel le amaba. 29Temíale Saúl más y más cada vez, y fue toda su vida enemigo de David. 30 Los príncipes de los filisteos hacían incursiones; pero cada vez que salían, David, por su habilidad, alcanzaba mejor suceso que todos los otros servidores de Saúl, y su nombre llegó a ser muy celebrado.

Conforme a lo dicho en 17:25, cumple ahora Saúl su promesa de dar a David por mujer a su hija. Los y.17-19 faltan en el códice Β de los LXX. Sabía David que tenía derecho a ello, pero, por formulismo, declinó el ofrecimiento. Faltó Saúl a su palabra al entregar a su hija mayor, Merob, a Hadriel, que en 2 Sam 21:8 aparece como esposo de Micol, la hija menor de Saúl. Era Hadriel natural de Abel-Mejola, patria de Elíseo (1 Re 19:16), aldea que se hallaba al sur de Betsán, en la depresión del río Jordán. Viendo Saúl que no cayó David en el lazo que le tendió, buscó otro medio para perderle. Conociendo el amor de Micol por David, pensó Saúl que había encontrado la manera de liquidarlo. Ningún impedimento pondría a que se casara con su hija menor en el caso de llevar a término una hazaña concreta y difícil: matar a cien filisteos, trayendo en trofeo y como comprobante sus prepucios. El mohar era la dote que aportaba el pretendiente al padre de su prometida (Gen 34:12; Ex 22:16).

Jonatán interviene en favor de David (19:1-7).

1 Propuso Saúl a Jonatán, su hijo, y a todos sus servidores matar a David; y Jonatán, hijo de Saúl, que amaba mucho a David, 2 se lo comunicó a éste, diciéndole: "Saúl, mi padre, busca matarte. Ponte, pues, en guardia; mañana, por favor, no te dejes ver y escóndete. 3 Yo saldré con mi padre al campo adonde tú estés; hablaré de ti a mi padre, veré qué piensa y te lo comunicaré." 4 Jonatán habló a su padre en favor de David, diciéndole: "No peque el rey contra su siervo David, pues él no ha pecado contra ti. Al contrario, cuanto hace es para bien tuyo; 5 ha expuesto su vida, ha derrotado al filisteo, y Yahvé ha obrado por él una gran liberación en todo Israel. Tú lo has visto y te has alegrado. ¿Por qué, pues, vas a hacerte reo de sangre inocente haciendo morir a David sin culpa suya?" 6Saúl escuchó a Jonatán y juró: "¡Vive Yahvé! No morirá." 7Y Jonatán llamó a David y le transmitió estas palabras; le llevó luego a Saúl y se quedó David a su servicio, como estaba antes.

La aversión de Saúl por David agravábase de día en día, no ocultando sus intenciones aviesas a su hijo y a toda la servidumbre de palacio. Por lo que se dice en el v.2 sobre Jonatán, "hijo de Saúl," parece que su mención en el v.1 no estaba en el texto original. Sin embargo, de una manera o de otra, directa o indirectamente, se enteró Jonatán de los planes de su padre y se los comunicó a David. Este relato de las gestiones de Jonatán para salvar a David se armoniza difícilmente con 20:2, en donde parece ignorar Jonatán las intenciones perversas de su padre.

Micol salva a David (19:8-18).

8 Comenzó de nuevo la guerra, y David marchó contra los filisteos y les dio la batalla, infligiéndoles una gran derrota y poniéndolos en fuga. 9 Un espíritu malo de Yahvé se apoderó de Saúl, y estando éste sentado en su casa con la lanza en la mano, mientras tocaba David el arpa, 10 quiso Saúl clavar a David en la pared, pero esquivó éste el golpe, y la lanza quedó clavada en el muro. Huyó David; u aquella noche Saúl mandó gente a la casa de David para prenderle y matarle a la mañana; pero Micol, mujer de David, le informó de ello, diciéndole: "Si no te escapas esta misma noche, mañana mismo te matarán," 12y le descolgó por la ventana. David huyó, poniéndose en salvo. 13Micol tomo luego los "terafim" y los metió en el lecho, puso una piel de cabra en el lugar de la cabeza y echó sobre ella una cubierta. 14 Cuando Saúl mandó gente para prender a David, ella les dijo: "Está malo." 15 Saúl volvió a mandarlos para que viesen a David, y les dijo: "Traédmelo en su lecho para que lo haga matar." 16Volvieron ellos, pero hallaron en el lecho los "terafim" y la piel de cabra en el sitio de la cabeza.17 Saúl dijo a Micol: "¿Por qué me has engañado así y has dejado escapar a mi enemigo para que se ponga a salvo?" Micol respondió a Saúl: "Me dijo: Déjame ir o te mato." 18Así huyó David y se salvó. Fuese a casa de Samuel, en Rama, y le contó cuanto había hecho Saúl. Después se fue con Samuel a habitar en Nayot, en Rama.

Hay motivos para pensar que los hechos que se refieren en esta historia están fuera de lugar. En primer término, los v.8-10 repiten 1o que se dijo en 18:10-11 sobre David músico (16:14) y sobre la lanza de Saúl, de que tanto se habla en el texto (20:33; 22:5; 26:13). Al decir el texto que David huyó de las iras de Saúl, es probable que marchara a un lugar fuera del palacio y de su casa (v.12 y 18). En fin, el episodio pudo tener lugar la misma noche que siguió al matrimonio de David con Micol. Una nueva crisis asaltó a Saúl, durante la cual intentó matar a David al despuntar el día. Por considerarse el sueño como cosa sagrada, era costumbre esperar la llegada de la aurora para ejecutar a los sentenciados a muerte. Con el fin de retrasar la acción de su padre contra David, Micol acudió a una estratagema. Guardaba en su casa unos ídolos llamados terafim (Gen 31:19; 34-35; Jue 17:5; 18:14), de los cuales puso uno en la cama, con una piel de cabra en lugar de la cabeza, echando sobre ella una cubierta. Por lo que dice el texto, estos ídolos tenían forma humana, habiéndolos de todos los tamaños (Gen 31:34). Un verdadero adorador de Yahvé rechazaba el culto de tales ídolos (1 Sam 15"23); su presencia en la casa de David puede obedecer al sincretismo religioso de Micol o a que era supersticiosa.

David marchó a Rama, donde vivía Samuel, al cual contó todas sus peripecias. Los dos fuéronse a habitar en el lugar donde los nabis tenían su campamento, en los alrededores de Rama.

Saúl entre los profetas (19:19-24).

19 Dijéronle a Saúl: "Mira, David está en Nayot, en Rama." 20 Saúl mandó gente para prenderle, y, viendo a tropa de profetas profetizando, con Samuel a la cabeza, se apoderó de ellos el espíritu de Yahvé y pusiéronse ellos también a profetizar. 21 Dieron a conocer esto a Saúl, y éste mandó nueva gente, y también éstos se pusieron a profetizar. Por tercera vez envió otros, pero también éstos profetizaron. 22 Entonces fue Saúl en persona a Rama, y al llegar a la cisterna de la era que hay en el teso, preguntó: "¿Dónde están Samuel y David?" Y le respondieron: "Están en Nayot de Rama." 23 Dirigióse allá, a Nayot de Rama. El espíritu de Dios se apoderó de él, e iba profetizando hasta que llegó a Nayot de Rama, 24 y, quitándose sus vestiduras, profetizó él también ante Samuel, y se estuvo desnudo por tierra todo aquel día y toda la noche. De ahí el proverbio: "¿También Saúl entre los profetas?"

Esta sección está desplazada. Según 15:35, no volvió Samuel a ver a Saúl hasta el día de su muerte." Habiendo fracasado las tentativas de los enviados de Saúl para apoderarse de David, decidió aquél ir en persona, asaltándole, al llegar, el mismo frenesí profético (10; 1-10). En este pasaje se ponen más de relieve las características de estos profetas. No debe creerse que Saúl se despojara de toda su ropa, sino que se quitó parte de la misma, como se dice de San Pedro en Jn 21:7. Lo divino de la religión mosaica está con frecuencia envuelto en formas muy humanas, no nacidas de ella misma, sino recibidas de las costumbres del pueblo y purificadas del sentido idolátrico que pudieron tener en sus orígenes y en los pueblos circunvecinos. En estas turbas de profetas parece que debe dispararse entre el fondo y las formas externas. En las antiguas religiones, los sacerdotes presentabanse ante Dios desnudos; la desnudez es una nota que conviene a los profetas (Is 20:2-6; Miq 1:8). Anteriormente habíase apoderado de Saúl el espíritu profetice (10:10-11)·

Pacto entre Jonatán y David (20:1-23).

1 David huyó de Nayot de Rama, fue a ver a Jonatán y le dijo: "¿Qué he hecho yo? ¿Qué crimen he cometido contra tu padre para que de muerte me persiga?" 2Jonatán le dijo: "No, no será así; no morirás. ¿Había de celarme a mí eso mi padre? No hace mi padre cosa alguna, ni grande ni pequeña, sin dármela a conocer. ¿Por qué había de ocultarme ésta? No hay nada de eso." 3Y juró nuevamente a David. Pero éste dijo: "Sabe muy bien tu padre que me quieres, y se habrá dicho: Que no lo sepa Jonatán, no vaya a darle pena; pero por Dios y por tu vida, que no hay más que un paso entre mí y la muerte." 4 Jonatán dijo a David: "Di qué quieres que haga, que yo haré cuanto me pidas." 5David le respondió: "Mañana es el novilunio, y yo debería sentarme junto al rey en el convite. Me iré y me ocultaré en el campo hasta la tarde. 6Si tu padre advierte mi ausencia, le dices: David me rogó que le permitiera ir de una escapada a Belén, su ciudad, porque se celebra el sacrificio anual de toda la familia. 7 Si contesta: Bien está, será que a tu siervo no le amenaza mal ninguno; pero si se enfurece, sabrás que tiene resuelta mi pérdida. 8 Hazme, pues, ese favor, ya que hemos hecho entre los dos alianza por el nombre de Yahvé. Si algún crimen hay en mí, quítame tú mismo la vida. ¿Para qué llevarme a tu padre?" 9 Jonatán le dijo: "Lejos de ti ese pensamiento; pero si llego a saber que verdaderamente mi padre tiene resuelta tu perdición, te lo haré a conocer, te lo juro." 10 Preguntó David a Jonatán: "¿Y quién me va a informar de la cosa y de si tu padre decide algo contra mí?" 11 Jonatán le contestó: "Ven, vamos al campo"· Y salieron los dos al campo. 12Jonatán dijo allí a David: "Por Yahvé, Dios de Israel, te juro que yo sondearé a mi padre mañana o pasado mañana" Si la cosa va bien para David y no mando quien te informe, 13 que castigue Yahvé a Jonatán con todo rigor. Si mi padre trata de hacerte mal, te informaré también para que te vayas en paz y que te asista Yahvé, como asistió antes a mi padre. 14Si todavía vivo entonces, usa conmigo de la bondad de Yahvé; y si he muerto,15 no dejes de usarla jamás con mi casa; y cuando Yahvé haya arrancado de la tierra a todos los enemigos de David, 16 persista el nombre de Jonatán con la casa de David y tome Yahvé venganza de los enemigos de David. 17 Jonatán juró una vez más a David por el gran amor que le tenía, pues le amaba como a su propia vida. 18 Dijo Jonatán: "Mañana es el novilunie; se notará tu ausencia, pues se echará de ver vacío tu asiento; 19 al tercer día se notará más; vienes y te escondes en el mismo lugar donde te esconderás mañana, junto a la piedra hito. 20 Yo lanzaré tres flechas hacia allá, como si tirara al blanco, y mandaré al mozo que vaya a buscarlas. 21 Si le digo: Mira, las flechas están más acá de ti, cógelas, entonces vienes, que es señal de que las cosas van bien para ti y no hay nada que temer, vive Yahvé. 22 Pero si le digo: Mira, las flechas están más allá de ti, entonces vete, porque es que Yahvé quiere que te vayas. 23 En cuanto a lo que uno al otro nos hemos prometido, Yahvé es testigo entre los dos."

Este relato supone que David está todavía al servicio de Saúl y no presupone la ruptura de que se habla en el capítulo anterior. Además, todo el texto contiene indicios de estar muy recargado; se cree que los v. 11-17 Y 40-42 fueron añadidos posteriormente. Para enlazar este capítulo con lo dicho en el anterior, un escriba añadió al texto primitivo: "David huyó de Nayot de Rama." La salvación de David, que antes fue obra de Micol, se atribuye a Jonatán. ¿Cuál es en estos momentos la actitud de Saúl para con su escudero David? Con ocasión de la fiesta del novilunio se pondrá de manifiesto. Trátase de una fiesta mensual, menos solemne que la del sábado, consistente en ofrecer otros sacrificios que los ordinarios (Is 1:13-14; Os 2:13; Núm 10:10; 28:11-14). De una fiesta anual de clan habla David en el v.6, en la cual tenía lugar un sacrificio familiar (1:21; 2:19). Hace notar Calmet que este sacrificio es análogo al que los romanos llamaban charistia.

Ira implacable de Saúl (20,24-34).

24 David se escondió en el campo. Llegado el novilunio, el rey asistió a la comida del festín. 25 Sentóse en su sitio, como de costumbre, en la silla cercana a la pared. Jonatán se sentó enfrente, y Abner al lado de Saúl; pero la silla de David estaba vacía. 26 Saúl nada dijo aquel día, pensando que algo le habría pasado y que se habría contaminado. "Seguramente es eso, que no estará puro," se dijo. 27 Al siguiente día, segundo del novilunio, la silla de David estaba también vacía, y Saúl preguntó a Jonatán: "¿Cómo el hijo de Isaí no ha venido a comer ni ayer ni hoy?" 28Jonatán contestó a Saúl: "David me pidió poder ir con premura a Belén. 29Me dijo: Te ruego me des permiso para ir, pues tenemos mañana en la ciudad un sacrificio de familia, y mis hermanos me han convocado. Si, pues, he hallado gracia a tus ojos, permíteme que vaya de una escapada a ver a mis hermanos. Esta es la causa de que no haya venido a sentarse a la mesa del rey." 30Entonces se encendió en cólera Saúl contra Jonatán y le increpó: "¡Hijo perverso y contumaz! ¿No sé yo bien que tú prefieres al hijo de Isaí, para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre? 31Pues mientras el hijo de Isaí viva sobre la tierra, no habrá seguridad ni para ti ni para tu reino. Manda, pues, a prenderle y tráemele, porque hijo es de muerte." 32Jonatán respondió a Saúl, su padre, diciéndo-le: "¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?" 33Saúl blandió contra él su lanza para herirle. Comprendió Jonatán que su padre estaba enteramente resuelto a hacer morir a David" 34Leyantóse, pues, de la mesa muy enojado y no asistió a la comida del segundo día del novilunio, por estar muy apenado por David, contra quien se había declarado francamente su padre.

Saúl sentóse a la mesa, y, como de costumbre, ocupó su puesto junto a la pared; enfrente tenía a Jonatán. Ninguna alusión a David en el primer día; creyó el rey que pudo haber incurrido en una impureza involuntaria (polución nocturna, contacto con cadáveres, etc.), que lo hacía impuro por todo el día (Lev 7:20; 12:16). Al siguiente día inquirió de Jonatán el porqué no ocupaba su puesto el hijo de Isaí. Jonatán trató de disculpar a su amigo, pero comprendió Saúl que su hijo mentía, por lo cual, montado en cólera, lanzó contra él una catarata de improperios, aludiendo incluso a su bajo origen, repitiendo una frase grosera muy extendida entre nuestro pueblo bajo. Nota Dhorme que, entre los árabes, las maldiciones y las mismas injurias tienen como punto de mira la madre del hijo, aun en el caso de que sea el padre el que injuria. El texto hebreo ha atenuado las palabras de Saúl. La Vulgata traduce: "Filimulieris virum ultrorapientis!" basándose en la leyenda rabínica según la cual no tomó parte Saúl en el rapto de las bailarinas de Silo Que 21:19-24), no atreviéndose a imitar a sus hermanos de tribu; pero uno de ellos se le acercó y llevó consigo 1.

Separación definitiva (20:35-42).

35Al siguiente día por la mañana salió Jonatán al campo, como había convenido con David, acompañado de un mozo, 36 a quien dijo: "Corre a cogerme las flechas que tiro." Corrió el mozo, y Jonatán, entre tanto, disparó otra flecha, de modo que pasase más allá de él. 37 Cuando el mozo llegaba al lugar donde estaba la flecha que Jonatán había tirado, éste le gritó: "La flecha está más allá de ti," 38 y siguió diciendo, como si al mozo se dirigiera: "Pronto, date prisa, no te detengas." El mozo de Jonatán recogió la flecha y se vino hacia donde estaba su señor. 39 Nada sabía el mozo. Sólo Jonatán y David lo entendían. 40 Jonatán dio sus armas al mozo que le acompañaba, y le dijo: "Anda, llévalas a la ciudad." 41Ido el mozo, se alzó David de junto a la piedra y echóse rostro a tierra por tres veces. Después ambos se abrazaron y lloraron, derramando David muchas lágrimas. 42 Jonatán dijo a David: "Vete en paz, ya que uno a otro nos hemos jurado, en nombre de Yahvé, que El estará entre ti y mí y entre mi descendencia y la tuya para siempre."

David, informado de lo que atañía a su suerte, debía partir (v.22); pero la cosa era demasiado grave, de modo que Jonatán decidió despachar a su escudero para conversar a solas con David. Parece que el sentido del texto hebraico de la segunda parte del v.41 es que Jonatán y David permanecieron abrazados y llorando largo tiempo hasta saciarse. Con las tres genuflexiones, David reconoce la dignidad de Jonatán y su calidad de hijo del rey. Era falsa, pues, la acusación lanzada por Saúl (ν.31) de que David atentaba a la seguridad del trono de Saúl y de su hijo,

David en Nob (21:1-10).

1 David se levantó y se fue y Jonatán se volvió a la ciudad. 2 Llegó David a Nob, donde estaba Ajimelec, sacerdote, que le salió, asustado, al encuentro y le dijo: "¿Cómo vienes tú solo, sin que nadie te acompañe?" 3David le respondió: "Me ha dado el rey una orden y me ha dicho: Que nadie sepa nada del asunto por que te envío ni de la orden que te he dado. A los mozos les he dicho que se reúnan en tal lugar. 4 Mira, pues, lo que tienes a mano y dame cinco panes o lo que encuentres." 5 El sacerdote respondió a David: "No tengo a mano pan del ordinario; pero hay pan santo, siempre que tus mozos se hayan abstenido de trato con mujeres." 6 David le contestó: "Eso sí, nos hemos abstenido ayer y anteayer, desde que salimos. Los vasos de los mozos están puros, y como el camino que llevamos es desviado, es seguro que hoy están puros sus vasos." 7 Dióle entonces el sacerdote panes santos, por no tener más que panes de los de la proposición, de los que habían sido retirados de la presencia de Yahvé para reemplazarlos por otros recientes. 8 Estaba allí aquel día uno de los servidores de Saúl retenido en el santuario, de nombre Doeg, edomita, jefe de los cursores de Saúl. 9Preguntó David a Ajimelec: "¿Tienes a mano una lanza o una espada? pues no he traído mis armas, porque urgía la orden del rey." 10El sacerdote respondió: "Ahí está la espada de Goliat, el filisteo, que tú mataste en el valle del Terebinto. Allí la tienes envuelta en un paño, detrás del "efod"; si ésta quieres, cógela, pues otra no hay." David le dijo: "Ninguna mejor; dámela."

Se discute el emplazamiento de Nob, que la mayoría de los autores (Abel, Desnoyers, De Vaux, Ubach), siguiendo a Flavio Jose-fo, colocan al nordeste de Jerusalén, en el monte Scopus (Ant. lud. 11:8,5), o entre Anatot y Ananía (Neh 11:32), a unos tres kilómetros de Tell el-Ful. Dhorme señala su emplazamiento en Beit Nuba, cerca de Ayalón, en dirección del país de los filisteos (14:31). A Nob habían huido los descendientes de Helí tras la captura del arca y la destrucción del santuario por los filisteos. Rústico debía de ser el santuario de Nob en su exterior y sin el arca en el interior, que seguía en Quiriat-Jearim (6:21). A falta de la misma, los levitas disponían del efod que habían traído consigo de Silo, del que se servían el rey y sus jefes para conocer la voluntad de Yahvé (22:6-23). Pero, aunque tosco en la parte material, el santuario de Nob había alcanzado gran fama. Una mesa repleta de panes santos, que los sacerdotes renovaban periódicamente, da testimonio de que creía el pueblo que Yahvé estaba allí presente.

Al santuario, a cuyo servicio estaba Ajimelec, descendiente de Helí, hermano, y acaso el mismo personaje conocido en 14:3 con el nombre de Ajías, llegó David hambriento. Extrañó el sacerdote que llegara solo; finge David que lleva una misión secreta, ocultándole la verdadera razón de su presencia allí. Cinco panes pidió David, quizá por ser cinco los componentes del grupo. No disponía el sacerdote en aquel momento de pan ordinario; sólo había existencias de pan sagrado. Era éste el pan de la oblación, que se renovaba todos los sábados y se colocaba a la presencia de Yahvé. A nadie, fuera de los sacerdotes, era lícito comerlo (Lev 24:5-9; Ex 25:30). Pero, conociendo Ajimelec a David y teniendo en cuenta su debil estado , accedió a entregarle cinco panes sagrados, a condición de que él y sus acompañantes no hubiesen tenido comercio carnal con mujeres. Cita este episodio Jesucristo para probar a los fariseos que la ley natural está por encima de la positiva y ritual (Mt 12:3-4; Mc 2:25-26; Lc 6:3-4). Aunque el texto esté adulterado, y, por consiguiente, difícil de traducir literalmente, se vislumbra, sin embargo, la idea allí expresada. Algunos interpretan las palabras de David de la siguiente manera: Aunque se trate de un viaje profano, sin embargo, mis hombres se han comportado como en una expedición militar, en la cual la continencia era obligatoria desde el punto de vista religioso (Deut 23:9-11).

En el texto se dice que Ajimelec entregó a David los cinco panes que había pedido, lo que contradice aparentemente al testimonio de Cristo (Mc 2:26), que atribuye este gesto a su hijo Abiatar. Sabemos que Abiatar presenció toda la escena (22:20) y que pudo intervenir en el asunto ejecutando las órdenes de su padre.

En Nob estaba un criado de Saúl, de nombre Doeg, Idumeo. Quizá "estaba retenido en el santuario" para purificarse de alguna impureza o en calidad de prisionero, trabajando al servicio del santuario. Los LXX dicen que era sirio (aramí) de origen. Será éste el traidor que denunciará a Ajimelec (22:9). El texto hebreo dice que era el más poderoso de los pastores de Saúl. Algunos autores cambian haroim = pastores, por harasim = cursores (22:17).

Antes de marcharse pidió David al sacerdote una espada o lanza, entregándosele la de Goliat. Por lo que dice el texto, el efod es un objeto bastante grande, distinto del efod de las suertes (2:28). ¿Designa aquí una estatua (Jue 8:27) u otro objeto de culto? Que 17:555).

David en Gat (21:11-16).

11 Levantóse, pues, David y, huyendo de Saúl, se encaminó aquel mismo día a Aquis, rey de Gat.12 Los servidores de Aquis dijeron a éste: "Ahí está David, rey de la tierra; aquel de quien cantaban: Mató Saúl sus mil, pero David sus diez mil." 13 David comprendió lo que aquellas palabras encerraban, y, temiendo mucho de Aquis, rey de Gat, 14 fingió haber perdido la razón y hacía entre ellos el loco; tocaba el tambor en las puertas y dejaba caer la saliva sobre su barba. 15Aquis dijo a sus servidores: "¿No veis que ese hombre está loco? ¿Para qué me lo habéis traído? 16 ¿Me faltan a mí locos, y me traéis a ése para que vea sus locuras? ¿Voy a tenerlo yo en mi casa?"

La huida de David a la ciudad filistea de Gat "aquel mismo día" parece apoyar la sentencia de los que localizan Nob en Beit Nuba, cerca de Ayalón. Pero no debe tomarse aquella expresión en sentido estricto. Los de Gat, que conocían la escena de David y Goliat, le llamaron, al verle, "rey de la tierra" de Israel. Al darse cuenta de que todos le conocían, y temiendo por su vida, fingió estar loco. En el Próximo Oriente existía la creencia de que el espíritu de Dios invadía a los dementes, obligándoles a proferir palabras incoherentes y a obrar de manera anormal, teniéndoselos, por tanto, en gran veneración. La baba que caía sobre sus barbas denotaba un estado de epilepsia, "la enfermedad sagrada." Cuenta Cicerón (De officiis 3:26) que Ulises fingióse loco para escapar de prestar el servicio militar. A los motivos religiosos apuntados, Aquis añade otras razones para ahuyentar a David de su tierra: "¿Me faltan a mí locos, y me traéis a ése para que vea sus locuras?" Aquis era rey de Gat, una de las cinco grandes ciudades de los filisteos (5:8; 6:17; 7:14; 17:4). El título del salmo 34 alude a este episodio de la fingida locura de David.

David en la cueva de Odulam (22:1-5).

1 Partióse de allí David y huyó a la caverna de Odulam. Al saberlo, sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron a él, 2 y todos los perseguidos, los endeudados y descontentos se le unieron, llegando así a mandar a unos cuatrocientos hombres. 3 De allí fuese David a Masfa, en tierra de Moab, y dijo al rey de Moab i "Te ruego que recibas entre vosotros a mi padre y a mi madre hasta que yo sepa lo que de mí hará Dios." 4Y trajo a su padre y a su madre al rey de Moab, y allí con él habitaron mientras estuvo David en la caverna. 5Él profeta Gad dijo a David: "No sigas en la caverna; ve y vuelve a tierra de Judá." Volvióse David y se refugió en el bosque de Jaret.

De la tierra de los filisteos pasó a la caverna (no fortaleza, como traduce Leimbach) de Odulam, localizada en el actual Tell esh-Sheik Madkur, cerca de Jirbet id-el-Miyeh, a unas tres horas al oeste de Belén y a diez kilómetros al norte de Beit Gibrin. Supiéronlo sus parientes y se refugiaron allí, por creerse seguros de las iras de Saúl. Pensó David poner a su familia a buen recaudo, escoltándola hasta tierras de Moab, en TransJordania. No sabemos dónde estaba Masfa de Moab, distinta de la homónima de Galaad Que 11:29). David ruega al rey de Moab acoja a su familia temporalmente, a lo que accedió el monarca. David acude a Moab por descender de aquella tierra por parte de su bisabuela Rut, la moabita (Rut 4:21-22; Mt 1:5). Regresó David a Odulam (24:23), hasta que abandonó el lugar por indicación del profeta Gad (2 Sam 24:11-14:18-25), internándose hacia el sur del territorio de Judá. Pasó al bosque de Jaret, situado a unos doce kilómetros al noroeste de Hebrón y a tres de Jirbet Qeila. El bosque es conocido hoy con el nombre de Kharas (Géogra-phie II 343).

Doeg el traidor (22:6-10).

6 Supo Saúl que David y los suyos habían sido vistos y, estando en Gueba en el alto, bajo el tamarindo, con la lanza en la mano y rodeado de todos sus servidores, 7les dijo Saúl: "Escuchad, benjaminitas: ¿Va a daros también a vosotros el hijo de Isaí campos y viñas y va a haceros a todos jefes de mil y jefes de ciento, 8para que así todos os hayáis conjurado contra mí y no haya nadie que me informe de que mi hijo se ha ligado con el hijo de Isaí, y nadie de vosotros se duela de mí y me advierta que mi hijo ha sublevado contra mí a un servidor mío, para que me tienda asechanzas, como está haciendo?" 9 Doeg el edomita, que estaba entre los servidores de Saúl, respondió: "Yo he visto al hijo de Isaí en Nob con Ajimelec, hijo de Ajitob." 10 Ajimelec consultó por él a Yahvé y le dio víveres y la espada de Goliat el filisteo."

Sentado bajo un tamarindo, sito en una altura de los alrededores de Gueba, con la lanza, símbolo de su dignidad, en la mano y rodeado de sus servidores, habló Saúl de la conspiración del silencio tramada en torno suyo, culpando a sus servidores de haberse confabulado para ocultarle las maniobras de su propio hijo Jonatán encaminadas a derrocarle. Por sus crisis temperamentales había creado el rey en torno suyo una atmósfera de desconfianza y retraimiento. El silencio de los suyos había le sugerido la sospecha de que también ellos pensaban pasarse a la causa de David. Pero ¿tendrían mejores perspectivas económicas enrolándose en las filas de David en vez de seguir a las órdenes de Saúl? Por el texto se deduce que Saúl ejercía preferentemente su hegemonía sobre sus hermanos de tribu, de quienes aparece rodeado en esta circunstancia. Los de Judá, relegados a un segundo plano, sentían la causa de David, por pertenecer a su tribu (16:1ss). Doeg (21:8), allí presente, quiso hacer méritos informando al rey de que había visto a David en Nob, añadiendo — detalle que no figura en 21:1-10 — que Ajimelec había consultado a Yahvé a petición suya.

Matanza de sacerdotes en Nob (22:11-23).

11 El rey hizo llamar a Ajimelec, sacerdote, hijo de Ajitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que había en Nob, y todos vinieron al rey, 12 que dijo: "¿Oyes, hijo de Ajitob?"; y éste contestó: "Aquí me tienes, mi señor." 13 Y añadió Saúl: "¿Por qué os habéis ligado contra mí tú y el hijo de Isaí? Tú le has dado pan y una espada, y consultaste por él a Yahvé para que él se sublevara contra mí y me tendiera emboscadas, como lo está haciendo." 14 Ajimelec respondió al rey: ¿Quién de entre todos tus servidores como David, de una probada fidelidad, yerno del rey, admitido a sus consejos y tan honrado por toda tu casa? 15 ¿Es acaso ese día el primero en que he consultado yo a Yahvé por él? Lejos de mí semejante cosa. No me haga el rey cargos que pesarían sobre toda la casa de mi padre, pues tu siervo no sabe nada de todo eso, ni poco ni mucho." 16 El rey le dijo: "Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la casa de tu padre"; 17 y mandó a los guardias que tenía cerca: "Volveos y dad muerte a los sacerdotes de Yahvé, pues han dado mano a David y, sabiendo bien que huía, no me informaron de ello." Los guardias del rey no quisieron poner su mano sobre los sacerdotes de Yahvé. 18 Entonces dijo el rey a Doeg: "Vuélvete y mata a los sacerdotes." Y Doeg, edomita, se volvió, y él mató aquel día a los sacerdotes: ochenta y cinco hombres de los que vestían "efod" de lino. 19 Saúl pasó también a cuchillo a Nob, ciudad sacerdotal; hombres y mujeres, niños, hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todos fueron pasados a cuchillo. 20Un hijo de Ajimelec, hijo de Ajitob, pudo escapar. Llamábase Abiatar; fue a refugiarse a David 21 y le dio la noticia de que Saúl había matado a todos los sacerdotes de Yahvé; 22 David dijo a Abiatar: "Ya pensé yo aquel día que Doeg, edomita, que estaba en Nob, no dejaría de informar a Saúl. Soy yo la causa de la muerte de toda la casa de tu padre. 23 Quédate conmigo y nada temas, que quien a ti te persigue es quien me persigue a mí, y aquí estarás bien guardado."

Preguntado por el rey, Ajimelec defendió su conducta para con David. Rechaza Ajimelec la acusación que le hace de conspirar contra él; pero la manía persecutoria pudo más en Saúl, quien mandó ejecutar a Ajimelec y a toda la casa de su padre. Encargó a los guardias que tenía cerca (hebreo: a los cursores) dieran muerte a los sacerdotes de Yahvé. Los rasim, los cursores, formaban un pelotón de escolta, que corrían delante del carro real (2 Sam 15:1; 1 Re 1:5; 14:27-28). Con este mandato cometía Saúl un sacrilegio por atreverse a poner sus manos sobre personas sagradas. Los guardias de la escolta se negaron a hacerlo; pero no tuvo semejantes escrúpulos el edomita Doeg. Solamente Abiatar escapó de aquella carnicería. Con este acto se cumplía la profecía de Yahvé sobre la suerte de los descendientes de Helí (2:31-33). También el poblado de Nob fue víctima de las iras de Saúl, perdiendo en adelante toda su importancia como ciudad religiosa, reapareciendo incidentalmente sólo dos veces en la historia de Israel (Is 10:28; Neh 11:32). Al huir llevóse Abiatar el efod, del que se servirá David para consultar a Yahvé. En adelante, David y Abiatar caminarán juntos tanto en la adversidad como en la prosperidad, hasta que este último abrazó la causa de Adonías, en castigo de lo, cual fue desterrado a Anatot, donde terminó sus días (1 Re 2:26-27).

David salva a Quería (23:1-6).

1 Vinieron a decirle a David que los filisteos estaban atacando a Queila y habían saqueado las eras; 2y David consultó a Yahvé, preguntando: "¿Iré a batir a los filisteos?" Y Yahvé respondió: "Ve, batirás a los filisteos y librarás a Queila." 3Pero la gente de David le dijo: "Aquí, en Judá, tenemos que guardarnos; ¿qué será si vamos a Queila contra las tropas de los filisteos?" 4 Consultó David otra vez a Yahvé, y Yahvé le respondió: "Álzate y baja a Queila, pues te he dado los filisteos en tus manos." 5Fue, pues, David a Queila con su gente y atacó a los filisteos, los puso en fuga, apoderándose de su ganado y haciéndoles experimentar una gran derrota, librando así a los habitantes de Queila. 6 Abiatar, hijo de Ajimelec, que había recibido a David, bajó con él a Queila, llevando consigo el "efod."

David, con sus seiscientos hombres, habita en la región accidentada del sur de Palestina, al borde del desierto y de la Sefela. Un día del mes de junio le llega la noticia de que los filisteos saqueaban las eras de Queila y de que atacaban la ciudad. Hallábase Queila en el lugar del actual Jirbet Qila, a once kilómetros al sur de Beit Gibrin y al sur de Odulam. El v.6 está adulterado en el texto hebraico, pero expresa la idea de que Abiatar acompañó a David en esta expedición militar llevando consigo el efod.

Saúl, en persecución de David (23:7-18).

1 Cuando Saúl supo que David había ido a Queila, se dijo: "Dios me lo entrega, pues ha ido a encerrarse en una ciudad que tiene puertas y cerrojos." 8 Saúl reunió al pueblo para la guerra, para bajar a Queila y sitiar en ella a David y a los suyos; 9 pero David supo el mal designio que contra él tramaba Saúl y dijo al sacerdote Abiatar: "Trae el efod"; 10y luego preguntó: "Yahvé, Dios de Israel, tu siervo sabe que Saúl se dispone a venir a Queila para destruir la ciudad por causa mía. 11¿Bajará contra ella Saúl, como a tu siervo le han dicho? Yahvé, Dios de Israel, dígnate descubrírselo a tu siervo." Y Yahvé respondió: "Bajará." 12Volvió a preguntar David: "Los habitantes de Queila, ¿me entregarán a mí y a los míos en manos de Saúl?" Y Yahvé respondió: "Te entregarán." 13Entonces se levantó David con su gente, unos seiscientos hombres, y, saliendo de Queila, iban y venían a la aventura. Informado de que David había salido de Queila, suspendió Saúl su marcha. 14 David andaba por el desierto, acogiéndose a los lugares fuertes, y se estableció en la montaña del desierto de Zif. 15 Saúl no dejaba de perseguirle constantemente, pero Dios no le puso en sus manos. Mientras andaba David por el desierto, temió por saber que Saúl se había puesto en campaña para quitarle la vida; y estando en el desierto de Zif, en Joresa, 16 fue en su busca Jonatán, hijo de Saúl, a Joresa, y le animó en Dios, diciéndole: 17Nada temas, pues la mano de Saúl, mi padre, no te alcanzará. Tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Saúl, mi padre, lo sabe muy bien." 18 Renovaron ambos su pacto ante Yahvé, y, quedándose David en Joresa, Jonatán se volvió a casa.

Alegróse Saúl al saber que David estaba al alcance de su mano. De una ciudad con puertas y cerrojos, se decía Saúl, no podrá escapar. Además es de suponer que los de Queila sintieran cierta simpatía por la causa de Saúl, como lo demuestra el hecho de estar Dispuestos a entregar a David. De Queila, en la Sefela, mencionada en una letra de Tell el-Amarna con el nombre de Qiltu, se internó en el macizo montañoso, al sur de Hebrón. La expresión lugares fuertes no quiere decir que se estableciera David en ciudades amuralladas, sino que habitó en un terreno quebrado, con profundos torrentes, acantilados, cavernas y lugares intransitables. Con el nombre de desierto de Zif se designa la región inhóspita entre Hebrón y el mar Muerto. La localidad de Joresa se identifica con la actual Jirbet Khoreisa, a tres kilómetros al sur de Zif. Esta última localidad dará su nombre al desierto (midbar) de que hemos hablado, hallándose en el lugar llamado hoy Tell Zif, a siete kilómetros al sur de Hebrón. Desde la colina de Zif se divisa un extenso panorama sobre el desierto. El midbar designa una región no cultivada, pero capaz de ofrecer pasto al ganado menor (son). El midbar es surcado por torrentes en la estación invernal; tiene montes áridos, que admiten un cultivo rudimentario de cebada, trigo y otros cereales.

Los de Zif traicionan a David (23:19-28).

19 Los de Zif habían ido a Gueba a decir a Saúl: "David está escondido entre nosotros en los lugares fuertes, en Joresa, en la colina de Jaquila, que está al mediodía del desierto. 20 Baja, pues, íoh rey! corno estás deseándolo, que ponerle en tus manos es cosa nuestra." 21Saúl les dijo: "Bendígaos Yahvé por haberos dolido de mi suerte. 22Pero id, os ruego, y observad mejor todavía por dónde anda, inquirid y ved cuáles son sus andanzas y quién le ha visto, porque, según me han dicho, es muy astuto. 23 Examinad y reconoced todos los escondrijos donde se oculta y volved luego a mí con informes exactos, y entonces iré con vosotros, y si allí está, yo le descubriré entre todas las familias de Judá." 24 Fuéronse, pues, otra vez a Zif, precediendo a Saúl; pero David con los suyos se había retirado al desierto de Maón, al mediodía del desierto. 25 Saúl salió con su gente en busca de David, y, habiéndolo sabido éste, bajó de las rocas, quedándose en el desierto de Maón. 26 Informado de ello Saúl, fue en persecución de David al desierto de Maón. Marchaba él por un lado de la montaña, y David y sus gentes, por el opuesto lado. Mientras se apresuraba David para escapar de Saúl y éste y sus gentes perseguían a David y los suyos para apoderarse de ellos, 27 vino un mensajero a decir a Saúl: "Apresúrate, pues los filisteos han invadido la tierra"; 28 y Saúl hubo de desistir de perseguir a David, para salir al encuentro de los filisteos. Por eso se llama todavía hoy aquel lugar Roca de la Separación.

Los de Zif denunciaron a David. Saúl alabó su lealtad. Díceles que David es muy astuto (v.22). Esta frase es equívoca; puede ser que desconfiara Saúl de las intenciones de los zifitas al denunciar a David, temiendo que le tendieran un lazo. Puede también ser que con ella amoneste Saúl y ponga en guardia a los de Zif a fin de que se retrajeran de David. Finalmente, otra interpretación posible es la siguiente: Mientras los zifitas le daban la noticia sobre su enemigo, Saúl pensaba en su interior y reflexionaba acerca de las medidas que debía tomar, diciéndose a sí mismo; David es muy astuto; ¿qué hacer para capturarle?

Mientras tanto, David acampó más al sur, "en el desierto de Maón" (Jos 15:55), a catorce kilómetros al sur de Hebrón. Los enviados de Zif regresaron a sus pueblos, siguiéndoles poco después Saúl n su ejército. Un torrente profundo, un verdadero cañón difícil de atravesar, separaba a los dos ejércitos. Unos y otros maniobran se espiaban, se temían. Buscaba Saúl un vado propicio para atravesar el torrente y atacar a David. En esta coyuntura, muy crítica quizá para David y sus hombres, llegó a Saúl la noticia de que los filisteos habíanse desparramado por tierras de Israel.

David perdona la vida a Saúl (24:1-23).

1 Subió David y se estableció en los lugares fuertes de Engaddi. 2 De vuelta Saúl de perseguir a los filisteos, supo que David estaba en el desierto de Engaddi, 3 y, tomando tres mil hombres elegidos de entre todo Israel, iba en busca de David y los suyos por el roquedo de Jealim; 4y llegado a unos rediles que había junto al camino, entró en una caverna que allí había, para hacer una necesidad. David y sus gentes estaban en el fondo de la caverna, 5 y los hombres de David decían a éste: "Ahí tienes el día que Yahvé te anunció, diciéndote que entregaría a tu enemigo en tus manos; trátale como bien te parezca." David se levantó y, acercándose calladamente, cortó la orla del manto de Saúl. 6 Luego le latía fuerte el corazón por haber cortado la orla del manto de Saúl; 7 y dijo a sus hombres: "Líbreme Yahvé de hacer cosa tal contra mi señor, el ungido de Yahvé; poner mi mano sobre el que es el ungido de Yahvé." 8 Reprimió David con sus palabras a los suyos y no dejó que se echasen sobre Saúl. Levantóse luego Saúl para proseguir su camino; 9 y entonces se levantó también David y, saliendo de la caverna, se puso a gritarle: "¡Oh rey, mi señor!" Saúl miró atrás, y David se echó rostro a tierra, prosternándose; 10 y dijo luego a Saúl: "¿Por qué escuchas lo que te dicen algunos de que yo pretendo tu mal? 11 Hoy ven tus ojos cómo Yahvé te ha puesto en mis manos en la caverna; pero yo te he preservado, diciéndome: "No pondré yo mi mano sobre mi señor, que es el ungido de Yahvé. 12 ¡Mira, padre mío, mira! En mi mano tengo la orla de tu manto. Yo la he cortado con mi mano; y cuando no te he matado, reconoce y comprende que no hay en mí ni maldad ni rebeldía y que no he pecado contra ti. Tú, por el contrario, andas a la caza de mi vida para quitármela. 13 Que juzgue Yahvé entre mí y tu y sea Yahvé el que me vengue, que yo no pondré mi mano sobre ti. 14De los malos, la malicia, dice el proverbio; pero yo no pondré nunca mi mano sobre ti. 15 ¿Y contra quién se ha puesto en marcha el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una pulga. 16 Juzgue y pronuncie Yahvé entre mí y tú. Que él vea, que él tome mi causa y que su sentencia me libre de tus manos." 17Cuando hubo acabado de hablar David, dijo Saúl: "¿Eres tú, hijo mío, David? Y, alzando la voz, se puso a llorar y dijo: 18 "Mejor eres tú que yo, pues tú me has hecho bien y yo te pago con mal. 19 Tú has probado hoy que obras benévolamente conmigo, pues que Yahvé me ha puesto en tus manos y tú no me has matado, 20¿Quién es el que se encuentra con su enemigo y le deja seguir en paz su camino ? Que Yahvé te pague lo que conmigo has hecho hoy. 21 Bien sé ya que tú reinarás y que la realeza de Israel se afirmará en tus manos. 22Júrame, pues, por Yahvé, que no destruirás a mi descendencia después de mí y que no borrarás mi nombre de la casa de mi padre." 23David se lo juró a Saúl, y éste se volvió a su casa, y David y sus hombres subieron a un lugar fuerte.

La invasión de los filisteos impidió que Saúl se apoderara de David y de los suyos. Una vez terminada la campaña, vuelve Saúl a la carga, seguro de que esta vez capturará a David. No considerándose éste seguro en los terrenos de Maón, marchó hacia el nordeste, en dirección a Engaddi, por ser aquél un terreno más abrupto, con colinas, espesos bosques, cavernas, acantilados, profundos barrancos.

A su paso encuentra Saúl rebaños de ovejas y campamentos de pastores, situados muchas veces en las cercanías de las cuevas, que les sirven de abrigo durante la noche, les protegen de la lluvia en invierno y de los rayos del sol en verano. En una de tales cuevas entró Saúl ut purgaret ventrera, dice la Vulgata, interpretando fielmente el sentido del texto hebraico, que usa la expresión "taparse los pies" Que 3:24), porque durante esta operación cubríanse los judíos los pies con el manto o bordes de la túnica. Dióse la casualidad de que David, con algunos pocos de sus acompañantes, se hallasen en el interior de la caverna. David le perdonó la vida; pero, para demostrar a Saúl cuan rastrero era su proceder, se limitó a cortarle la orla del manto. Aún de esta acción tuvo graves remordimientos (literalmente: "le latía fuerte el corazón"; 2 Sam 24:10), porque el vestido era considerado como parte de la personalidad (18:4); quien rasgaba el vestido de otro infería una injuria a la persona.

En el supuesto de que los v.21-23 no son una adición posterior, confiesa Saúl que el reino pasará a manos de David (15:28; 23:17-18), pidiéndole, por consiguiente, que le confirme con juramento (20:42) que no destruirá su descendencia. David se lo juró. Malas circunstancias eran aquéllas para confesar Saúl su derrota y afirmar el triunfo de David y su elevación en el trono. Tampoco era para David aquélla la mejor coyuntura para asegurar a Saúl el respeto hacia su descendencia. Saúl pensaba en Jonatán como sucesor suyo (20:31). A pesar del pacto, desconfían mutuamente. Saúl vuelve a su palacio de Gueba, y David a los riscos de Maón. El autor sagrado no cuenta muchos pormenores de este dramático encuentro de David con Saúl; quizá alguno que ha recogido tiene más valor simbólico que real, a fin de ridiculizar la conducta de todo un monarca empeñado en la persecución de un perro muerto (2 Sam 9:8; 16:9) y de una pulga (26:20). Este relato es paralelo al que se refiere en el c.26.25

Muerte de Samuel (25:1).

1 En tanto murió Samuel, y todo Israel se reunió para llorarle, y fue sepultado en su casa en Rama. David bajó al desierto de Maón.

Anticipadamente se da la noticia de la muerte y sepultura de Samuel. De este hecho se habla nuevamente en 28:3. Dice el texto que fue sepultado "en el sepulcro de su casa en Rama." La expresión en su casa debe tomarse en sentido amplio de sepulcro familiar, que se encontraba en las afueras de la población, en una necrópolis (28:3; 1 Re 2:34) o en un patio o jardín contiguo a la casa. Debe excluirse la sepultura bajo el pavimento, ya que, según Núm 19:14, la casa hubiérase contaminado de manera permanente con la presencia de un cadáver en los sótanos. No señala el texto sagrado la duración de los días de luto por Samuel, que acaso fueron siete. Tampoco indica la edad que tenía al morir; por varios datos del texto se deduce que era de avanzada edad (8:1). Debía ser así, por cuanto Dios premia con una vida larga a los que fielmente le sirven. Con su muerte desaparecía una figura señera en Israel. Samuel gozó de mucho prestigio en la tradición israelita, tanto que Jeremías (15:1) lo compara a Moisés por su poder de intercesión, y el autor del Eclesiástico canta profusamente sus gestas (46:13-20). Lo primero que aparece en Samuel es su acendrado yahvismo. Movido por el celo de Dios, luchó contra los filisteos, que amenazaban la independencia de la heredad de Yahvé; se opone, en cuanto le fue posible, a la institución de la monarquía, por considerarla como un atentado al dominio absoluto de Yahvé, único y supremo rey de Israel. Guando, por inspiración divina y por la voluntad popular, vióse constreñido a ungir a Saúl por rey de Israel, le recuerda que su poder viene de Dios, que sus atribuciones están limitadas, recortadas por la voluntad divina; que el rey es, en fin, un representante del verdadero rey de Israel, Yahvé. Al desviarse Saúl del camino recto, no temió Samuel echarle en cara su infidelidad, sacrificando sus simpatías personales a los intereses de Dios. Samuel fue un hombre austero, severo consigo mismo y con el prójimo. Quiere a Saúl, le aconseja, intercede por él y, a pesar de sus descarríos, no le abandona jamás en sus oraciones. A Samuel cupo la suerte de ungir como sucesor de Saúl a un hombre según el corazón de Yahvé (13:14). En el Martirologio romano se recuerda su fiesta el 20 de agosto.

Negativa de Nabal (25:2-17).

2Había en Maón un hombre muy rico, cuyos bienes estaban en el Carmel; tenía tres mil ovejas y mil cabras. Hallábase en el Carmel para el esquileo de sus ovejas. 3 Llamábase el hombre Nabal, y su mujer Abigaíl; era una mujer de mueho entendimiento y muy hermosa, mientras que él era un hombre duro y malo; era del linaje de Galeb. 4 Supo David en el desierto que Nabal estaba de esquileo, 5 y le mandó diez mozos a los que dijo: "Subid al Carmel e id en busca de Nabal; y después de saludarle de mi parte, 6 le habláis de esta manera: La paz sea contigo, con tu casa y con cuanto tienes. 7 He sabido que estás de esquileo. Pues bien, tus pastores han estado tiempo con nosotros; nunca les hemos hecho ningún mal ni les ha faltado nada del ganado mientras han estado en el Carmel. 8Pregúntales a ellos y te lo dirán. Que hallen, pues, gracia a tus ojos estos mozos, ya que llegamos en un día de júbilo. Da, pues, a tus siervos y a tu hijo David lo que halles a mano." 9Cuando llegaron los hombres de David y en nombre de éste repitieron todas sus palabras, se quedaron esperando; 10 pero Nabal les respondió: "¿Quién es David y quién el hijo de Isaí? Son hoy muchos los siervos que andan huidos de su señor. 11¿Voy a tomar yo mi comida y mi bebida y el ganado que he matado para mis esquiladores para dárselo a gente que no sé de dónde es?" 12Los servidores de David, dando media vuelta, tomaron el camino y se tornaron, y, una vez llegados, repitieron a David lo que Nabal les había dicho. 13 Entonces David dijo: "Cíñase cada uno su espada." Ciñéronsela, y se ciñó también David la suya, y salió con unos cuatrocientos hombres, dejando doscientos custodiando el bagaje. 14 Uno de los criados de Nabal fue a decirle a Abigaíl, su mujer: "David ha mandado del desierto unos mensajeros a saludar a nuestro amo, que los ha tratado duramente. 15 Siempre esas gentes se mostraron buenas con nosotros y nunca nos molestaron ni nada nos faltó de nuestros rebaños cuando estábamos en el campo. 16 Antes nos servían de defensa de noche y de día todo el tiempo que estuvimos con ellos guardando el ganado. 17Mira tú lo que has de hacer, porque la pérdida de nuestro amo y de su casa es segura, y es tan malo, que no se le puede hablar."

Según el texto griego, marchó David a Maón; según el masorético, a Farán. Por el contexto prevalece la lección de los LXX, por encontrarse Farán (Gen 21:21; Núm 10:12; 12.16) al sur del Negueb y del mar Muerto, mientras que Maón (23:25) no estaba lejos de Engaddi ni del Carmel, de que habla el texto a continuación. Por los contornos de Maón vivía un hombre muy rico llamado Nabal, del linaje de Caleb (Jos 15:13; Jue 1:12), con propiedades y mucho ganado. Por otra parte, él, como indicaba su nombre (nabal = necio, bruto, estúpido), carecía de virtudes personales y cívicas. Supo David que Nabal había subido al Carmel para el esquileo de las ovejas (Gen 38:12). El esquileo duraba muchos días, durante los cuales se organizaban fiestas a las que acudían familiares y amigos (2 Sam 13:23-55). Con esta ocasión asistían también los pobres, que comían hasta saciarse. También David pensaba beneficiarse de aquella fiesta para proveer al sostenimiento de sus hombres. En su petición hicieron constar los enviados que, a pesar de la escasez de alimentos y de convivir con los pastores de Nabal, nunca se apropiaron indebidamente de alguna res. Por lo mismo, lo que le pedían era una recompensa por su buena conducta durante el año. Nabal se desató en improperios e injurias contra David y los suyos, calificándolos de rebeldes, de haraganes, que huían del yugo del rey. A1 enterarse David del recibimiento que hizo Nabal a los suyos, se indignó y marchó contra él con cuatrocientos hombres para vengar su honor. La actitud de Nabal puede explicarse, o porque temía a Saúl, recordando lo de Nob, o porque era partidario decidido de su método de gobierno.

Sale Abigaíl al encuentro de David (25:18-31).

18En seguida Abigaíl tomo doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros ya preparados, cinco medidas de trigo tostado, cien atados de uvas pasas y doscientas masas de higos secos, y, haciéndolo cargar todo sobre asnos, 19 dijo a sus criados: "Pasad vosotros delante, que yo os sigo." Nada dijo a su marido; 20y cuando, montada en su asno, bajaba por lo cubierto del monte, se encontró con David y su gente, que bajaban frente a ella. 21 David se había dicho: "Muy en vano he guardado yo todo cuanto ese hombre tiene en el desierto, y he hecho que nada de lo suyo le faltara; me ha pagado mal por bien. 22 Que castigue Dios a su siervo David si de aquí al alba queda con vida un solo hombre en todo lo de Nabal." 23En cuanto Abigaíl se dio cuenta de la presencia de David, bajóse del asno y, echándose ante David rostro a tierra, 24se prosternó a sus pies y le dijo: "Caiga sobre mí, señor, la falta. Deja que te hable tu esclava y escucha sus palabras. 25No haga cuenta mi señor de ese malvado de Nabal, porque es lo que su nombre significa, un necio, y está loco. Yo, mi señor, no vi a los que mi señor envió. 26Y ahora, mi señor, como vive Yahvé, que te ha preservado Yahvé de derramar sangre y tomar por tu mano la venganza, ojalá que todos tus enemigos y cuantos te persiguen sean como Nabal. 27Ahí tienes este presente que tu sierva trae a mi señor; que se reparta entre la gente que sigue a mi señor. 28 Perdona, te ruego, la falta de tu sierva, pues, de cierto, Yahvé hará a mi señor casa estable, ya que mi señor combate los combates de Yahvé, y no vendrá sobre ti el mal en todo el tiempo de tu vida. 29Si alguno se levanta para perseguirte y buscar tu vida, la vida de mi señor estará atada en el haz de los vivos ante Yahvé, tu Dios, y la de tus enemigos será volteada dentro de lo cavo de la honda. 30Cuando Yahvé haga a mi señor todo el bien que le ha prometido y le haga jefe de Israel, 31 no sentirá mi señor el remordimiento de haber derramado sangre inocente y de haberse vengado por su mano. Cuando, pues, Yahvé favorezca a mi señor, acuérdate de tu esclava."

Apresuróse Abigaíl a deshacer el entuerto de su marido. David, con un contingente de hombres armados, se dirigía al Carmel. En el camino hizo David un juramento (3:17; 14:44; 20:13), en virtud del cual recae sobre la persona que lo profiere el mal que desea a otro en caso de no ponerlo en práctica. De ahí que las palabras "a los enemigos de David," que trae el texto masorético, deben considerarse como una glosa de un escriba, deseoso de evitar que cayeran sobre David los efectos de una maldición que, al no ponerla en práctica, debía recaer sobre él. Al final del v.22 se lee que no dejará David con vida de la casa de Nabal "ni al que mea en la pared," frase usada repetidamente en la Biblia (1 Re 14:10; 16:11; 21:11) que no debe entenderse de una distinción entre hombre y mujer ni entre el niño y el joven, que cubre sus pies al hacer esta necesidad (24:4), sino del perro. Con esta expresión quiere el autor expresar que David no dejará con vida a ninguna persona y animal que pertenezca a la casa de Nabal. Es de notar, dice Ubach, que la palabra hebraica mashtin, el que orina, se ha conservado en la palabra castellana mastín, que designa una raza canina.

Abigaíl, cuyo nombre significa mi padre es alegre, pide disculpa por la conducta de su marido, impío y malo (Is 32:5). Abigaíl habla en términos claros del reinado de David y de la permanencia de sus descendientes en el trono, tal como le prometió más tarde el profeta Natán (2 Sam 7:12).

En un saquito como en el de la mirra de la esposa de los Cantares (Cant 1:12) guarda Dios a los que ama, conservando su vida; a los condenados a muerte los lanza lejos, como con una honda. Los judíos suelen grabar sobre sus tumbas las cinco letras iniciales t s n b h del versículo: "Que su alma se guarde en el cofre de la vida," que corresponden a la inscripción cristiana R. I. P. La imagen mencionada es análoga a la del "libro de la vida" (Sal 69:29; Is 4:3; Dan 12:1).

Abigaíl regresa a su casa (25:32-38).

32 David dijo a Abigaíl: "¡Bendito Yahvé, Dios de Israel, que te ha mandado hoy a mi encuentro! 33¡Bendita tu sabiduría y bendita tú, que me has impedido hoy derramar sangre y vengarme por mi mano! 34 De otro modo, ¡vive Yahvé, Dios de Israel, que no me dejó hacer el mal! si tú no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, que de aquí al alba no le hubiera quedado a Nabal hombre vivo." 35 David recibió de la mano de Abigaíl lo que ella había traído, y le dijo: "Sube en paz a tu casa; te he oído y he acogido tu petición." 36 Volvióse Abigaíl a casa de Nabal. Hallábase éste sentado a un gran banquete, como de rey, y estaba enteramente ebrio. Nada le dijo ella, ni poco ni mucho, hasta ser de día; 37pero a la mañana, cuando ya había digerido el vino, le contó su mujer lo que había pasado, y el corazón se le quedó como muerto, como una piedra. 38 Unos diez días después, Yahvé hirió a Nabal y murió éste.

Quedó David satisfecho de la acción de Abigaíl y reconocido por las muestras de veneración y simpatía que le había manifestado. David tendrá en cuenta la petición que le ha hecho Abigaíl. Al regresar la mujer a su casa, contó a Nabal lo sucedido, muriendo éste a los pocos días fulminado por un ataque de apoplejía, cumpliéndose lo del v.29 de que Dios le arrojó a la región de los muertos como piedra lanzada por la honda.

 

Abigaíl, mujer de David (25:39-44).

39 Cuando supo David la muerte de Nabal, se dijo: "¡Bendito Yahvé, que ha defendido mi causa contra el ultraje que me hizo Nabal e impidió a su siervo hacer el mal! Yahvé ha hecho que la maldad de Nabal recayera sobre su cabeza." Después mandó mensajeros a Abigaíl para proponerla que quería tomarla por mujer. 40 Llegados a casa de Abigaíl, en el Carmel, los mensajeros la hablaron de esta manera: "David nos envía a ti para decirte que quiere tomarte por mujer." 41Ella se levantó y, postrándose rostro a tierra, dijo: "Que tu sierva sea una esclava para lavar los pies a los servidores de mi señor." 42Levantóse luego Abigaíl y, montando sobre su asno, acompañada de cinco de sus mozas, siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer. 43 David tomó también por mujer a Aji-noam, de Jezrael. Una y otra fueron mujeres de David. 44 Saúl había dado su hija Micol, mujer de David, a Paltí, de Galim, hijo de Lais.

No debe interpretarse el texto en el sentido de que se alegró David de la muerte de su enemigo; únicamente quiere decir que acató la voluntad de Dios al quitar de en medio al enemigo de su causa. Decide David tomar a Abigaíl por esposa, a lo que accede ella gustosamente, tras unas palabras protocolarias que expresan un sentimiento de humildad. La mujer de David llamábase Ajinoam (14:50), natural de un pueblecito llamado Yezrael (Jos 15:55-56), de los alrededores del Carmel, en el desierto de Maón. Ahora entra también en casa de David Abigaíl; las dos esposas reaparecen en 27:3; 30:5. Ya hemos visto que, paulatinamente, de la monogamia se pasó en Israel a la poligamia 1. En una sociedad en que se admitía la poligamia, se consideraba como señal de poderío y de riquezas el tener un harén numeroso. Cuando David reinaba en Hebrón tenía ya seis mujeres (2 Sam 3:2-5), que aumentaron con el tiempo (2 Sam 5:13; 15:16; 16:21-22). Saúl retiróle su hija Micol (18:20-27), que entregó por mujer a un hombre llamado Paltí (en 2 Samuel 3:15 es conocido por Paltiel), de Galim, al norte de Jerusalén, a un kilómetro al oeste de Anata (Is 10:30). Los dos nombres, Galim y Lais, reaparecen también juntos en el citado texto de Isaías. Con el matrimonio con Abigaíl ganaba David para su causa al clan de los calebitas, que habitaban en la rica y piadosa ciudad de Hebrón (Jos 15:13-19; Jue 1:12-15), y se apoderaba de una hacienda considerable. Este matrimonio le asegurará además un refugio incondicional todas cuantas veces tenga que huir de las iras de Saúl y le proporcionará un contingente de hombres que apoyarán su encumbramiento en el trono de Israel.

Saúl a la caza de David (26:1-6).

1 Vinieron los de Zif a Saúl, a Gueba, y le dijeron que David estaba en la colina de Jaquila, al mediodía del desierto; 2 y Levantándose, bajó al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres, escogidos de Israel, al desierto de Zif, en busca de David. 3Acampó Saúl sobre la colina de Jaquila, frente al desierto, junto al camino. David andaba por el desierto. Sabiendo David que había venido Saúl al desierto en busca suya, 4 mandó espías que le informaran que Saúl venía por el camino de Queila. 5Levantóse y fue al campo donde acampaba Saúl y exploró el lugar donde dormía con Abner, hijo de Ner, jefe de su ejército. Dormía Saúl en la barricada, en derredor de la cual acampaba la gente. 6 Dirigiéndose, pues, a Ajimelec, jeteo, y a Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, les dijo: "¿Quién baja conmigo al campo de Saúl?" Abisaí contestó: "Yo bajaré contigo."

Al leer el texto, asoma a la mente la duda de si nos hallamos frente a una repetición, con algunos pormenores nuevos, de los sucesos narrados en el c.24, o de dos versiones diferentes de un mismo hecho. Cree De Vaux que se trata de dos maneras de poner de relieve la generosidad de David, no excluyendo una influencia recíproca de los dos relatos en su redacción final. Anomalías que se observan en el texto sugieren que aun esta segunda tradición no es homogénea; a veces se decía que fue David sólo a por la lanza de Saúl (v.22); otras, que fueron David y Abisaí (v.6-7:11) los que se apoderaron de la lanza y de la cantimplora de Saúl (v. 11-12.16). Algunos autores (Ubach, Mediebelle, Leimbach) ven en el texto el relato de hechos distintos de los que aparecen en el c.24. En efecto, hay diferencias de lugar (Zif), de tiempo (medianoche, cuando todo el mundo duerme), de personas (Abisaí, Abner) y de discursos. De nuevo son los de Zif (23:19) los que denuncian la presencia de David en su tierra. Gomo en 24:3, acude allí Saúl con tres mil hombres, acampando en la colina de Jaquila (23:19). David, de noche acaso, como dice el texto griego, marchó en secreto a inspeccionar el campo donde dormían Saúl y Abner (14:51; 17:55). De regreso a su campamento invitó a Ajimelec, jeteo, con nombre hebreo (21:2; 22:9), y a Abisaí a ir con él al campamento enemigo. Abisaí era hijo de Seruya, hermana de David, la cual, según 1i Crón 2:16, tuvo tres hijos: Joab, Abisaí y Azael (2 Sam 2:18). De Ajimelec no se tienen otras noticias.

David en el campamento de Saúl (26:7-12).

7 Llegaron David y Abisaí y encontraron a Saúl durmiendo en el medio del campamento, con la lanza clavada en tierra, junto a la cabecera. Abner y la gente dormía en torno de él. 8 Abisaí dijo a David: "Dios ha entregado hoy en tus manos a tu enemigo. Déjame que ahora mismo le atraviese con mi lanza y de un golpe le clave en la tierra; no tendré que repetir." 9 Pero David le dijo: "No le mates. Quien pusiere su mano sobre el ungido de Yahvé, ¿quedaría impune?" 10 Y añadió: "Tan cierto como vive Yahvé que, si no le hiere él y le llega su día y muere, o muere en la guerra, 11 Yahvé me libre de poner la mano sobre su ungido. Tome la lanza y el jarro que está junto a la cabecera, y vamonos." 12 Llevóse David la lanza y el jarro que estaban junto a la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie los vio, ni se dio nadie cuenta de nada; nadie se despertó, todos dormían, pues había hecho caer Yahvé sobre ellos un profundo sopor.

David y su sobrino Abisaí llegaron al campamento enemigo, encontrando a Saúl durmiendo en medio del campamento, rodeado de los oficiales de la tropa y del bagaje. A no frenar David los ímpetus juveniles de su sobrino, acababa allí Saúl sus días. Como en 24:5-11." impide también aquí David que Abisaí levante su mano contra el ungido de Yahvé. Con un juramento (14:39; 19:6; 20:1) asegura David que Dios herirá a Saúl (25:38), haciendo que perezca de muerte natural o en combate. Afirma el autor sagrado que este hecho pudo llevarse a cabo gracias a que Yahvé hizo "caer sobre ellos un profundo sopor" (tardemath Yahweh; Gen 2:21; 15:12).

David habla a Saúl y a Abner (26:13-25).

13 David pasó al otro lado y se puso lejos, sobre la cumbre de una colina, separándolos largo trecho, 14 y gritó a la gente y a Abner, hijo de Ner: "¡Abner! ¿No contestas?" Abner respondió: "¿Quién eres tú que así me llamas?" 15 David dijo a Abner: "¿No eres tú un valiente? ¿Quién como tú en Israel? ¿Cómo no guardas a tu rey y señor? 16 Alguien ha venido a matar al rey, tu señor. Eso no está bien. Como vive Yahvé, que mereces la muerte por no guardar a tu señor, el ungido de Yahvé. Busca la lanza y el jarro que tenía el rey junto a su cabecera." 17 Saúl conoció la voz de David y dijo: "¿Eres tú, hijo mío, David?" David contestó: "Yo soy, ¡oh rey, mi señor!" 18 y añadió: "¿Por qué persigue el rey a su siervo? ¿Qué he hecho yo? ¿Qué crimen he cometido? 19 Si es Yahvé quien te excita contra mí, que El reciba el olor de una ofrenda; pero, si son los hombres, malditos sean de Yahvé, pues me echan ahora de mi puesto en la heredad de Yahvé, diciendo: "Vete a servir a dioses ajenos," 20 Que no caiga mi sangre sobre la tierra lejos de la faz de Yahvé, ya que el rey se ha puesto a perseguirme como se persigue por los montes a una perdiz." 21 Saúl dijo: "He pecado. Vuelve, David, hijo mío, que yo no te haré ya mal, puesto que mi vida ha sido hoy preciosa a tus ojos. He obrado como un insensato y he faltado mucho." 22David respondió: "Aquí tienes tu lanza, rey. Que venga un mozo a buscarla. 23Yahvé dará a cada uno según su justicia y su fidelidad. Hoy te ha puesto en mis manos, y yo no he querido alzar mi mano contra el ungido de Yahvé. 24 Como ha sido hoy preciosa tu vida a mis ojos, así lo sea la mía a los ojos de Yahvé y me libre él de toda angustia." 25Saúl dijo a David: "¡Bendito seas hijo mío, David! Afortunado serás en todas tus empresas"' David prosiguió su camino y Saúl se volvió a su casa.

David reprocha a Abner de no custodiar convenientemente al monarca. Para David son los "hijos de hombre" (Gen 11:5; Deut 32:8) los que pretenden arrojarle de la heredad de Yahvé (Deut 4:20; 9:26) y hacer que se ponga al amparo y protección de los dioses dé la nación a que vaya. En una palabra, pretenden que David abjure de su religión, que abandone a Yahvé y rinda culto a los dioses extranjeros. Era muy difundida la creencia de que los dioses tenían una zona de influencia limitada por las fronteras de la nación Que 11:24; y 20:23). A la tierra extranjera era equiparado el desierto, considerado como tierra maldita, lugar donde no llega la acción bienhechora de Dios; país donde mandan los sátiros Lilit y Azazel (Is 13:21; 34:13-15)·

Saúl se arrepiente de su proceder y acaba por anunciar a David que será afortunado en todas sus empresas. Cada uno de los contratiempos que sufre David sirven para que sus enemigos, o las personas allegadas a ellos, proclamen que Yahvé le "creará una casa estable" (25:28), "que la realeza de Israel se afirmará" en sus manos (24:21) y que "afortunado serás en todas tus empresas" (26:25). En nuestro texto, Saúl se reconoce pecador, confiesa que su falta es obra de un insensato.

David entre los filisteos (27:1-12).

1 David se dijo: "Un día u otro voy a perecer a manos de Saúl; lo mejor será que luego me refugie en la tierra de los filisteos, para que desista Saúl de buscarme en la de Israel; así escaparé de sus manos." 2Levantóse, pues, y pasó con los seiscientos hombres que le seguían a la tierra de Aquis, hijo de Maoc, rey de Gat. 3Quedóse con sus gentes cerca de Aquis, en Gat, cada uno con su familia. David con sus dos mujeres, Ajinoam, de Jezrael, y Abigaíl, del Carmel, mujer de Nabal. 4 Sabiendo Saúl que David había huido a Gat, no volvió a perseguirle. 5 David dijo a Aquis: "Si he hallado gracia a tus ojos, que me designen en una de las ciudades del campo un lugar donde habitar. ¿Para qué ha de habitar tu siervo en la ciudad real?" 6 Entonces le designó Aquis Siceleg, y por eso Siceleg pertenece hasta hoy a los reyes de Judá. 7El tiempo que pasó David entre los filisteos fue de un año y cuatro meses. 8David y sus gentes subían y hacían excursiones contra los guesurianos, contra los gizritas y contra los amalecitas, pues todos éstos habitaban la región, desde Telam, según se va al sur, hasta el Egipto. 9 David asolaba estas tierras, sin dejar vivos hombre ni mujer, apoderándose de ovejas, bueyes, asnos, camellos y vestidos, y se volvía a Aquis. 10Este le preguntaba: "¿A quién habéis atacado hoy?" David contestaba: "Al mediodía de Judá, al mediodía de Jerameel, al mediodía de los quíneos." 11 David no dejaba con vida hombre ni mujer, trayéndolos a Gat por temor de que informasen contra ellos, diciendo: "Esto es lo que ha hecho David." Así procedió todo el tiempo que estuvo en la tierra de los filisteos. 12Aquis se fiaba de David y se decía: "Se está haciendo odioso a su pueblo y será para siempre mi servidor."

Barruntaba David que no eran sinceras las muestras de arrepentimiento de Saúl, por lo cual, temiendo caer algún día en sus manos traicionado por los de Zif o los de Qeila, y no teniendo en el desierto de Zif y de Maón provisiones suficientes para sus hombres, decidió marchar a tierra de filisteos y ponerse al servicio del rey de Aquis, con el que estuvo antes (21:11-16). En esta ocasión desciende con seiscientos hombres, doscientos más que la primera vez, "cada uno con su familia" (v.3). El texto llama a Aquis hijo de Maoc (Maaca según 1 Re 2:39), detalle que no figura en el c.21, que el autor de este relato parece ignorar. Con David bajaron sus dos mujeres, Ajinoam y Abigaíl. Al cuidado de David entregó Aquis la ciudad y territorio de Siceleg, entre Gaza y Bersebá, perteneciente a la tribu de Judá y de Simeón (Jos 15:31; 19:5). Con esta política creía el rey Aquis tener asegurada la frontera sudeste de su reino.

David y los suyos operaban por aquellos contornos, con golpes de mano contra los amalecitas (15:2), los guesurianos (Jos 13:2) y los gizritas, tribu desconocida. Como Jefté (Jue 11:3), David y su gente vivían de lo que les producían las algaras en países enemigos. Creía Aquis que David atacaba la tierra de Israel; en realidad, hacía sus incursiones contra las tribus que habitaban en el desierto entre Palestina y Egipto. En el texto se distinguen tres regiones en el sur de Palestina: 1) el negueb de Judá (2 Sam 24:7); 2) el negueb de Jerameel, al sudeste de Bersebá, y 3) el negueb de los quíneos, que vivían mezclados con los amalecitas, siendo, sin embargo, aliados de los israelitas (15:4-6). Equívoca era la situación de David, y gracias a su habilidad pudo mantenerla por largo tiempo. El autor sagrado refiere lo que la historia narraba acerca de la actividad de David en tierra de filisteos, sin emitir juicio alguno sobre la moralidad de sus actos,

Los filisteos, en guerra contra Israel (28:1-2).

1 Por aquel tiempo reunieron los filisteos sus tropas en un solo ejército para ir contra Israel. Aquis dijo entonces a David: "Sabrás que has de venir conmigo a la campaña, tú y tus hombres." 2 David le contestó: "Ya verás lo que hace tu siervo." Aquis añadió: "Yo te confiaré la guardia de mi persona para siempre."

Los seranim de la pentápolis filistea gozaban de cierta autonomía en sus respectivos territorios, pero se unían en las empresas de carácter nacional. Los filisteos reunieron sus tropas de choque (17:1; Jue 4:I5) para guerrear contra Israel. Aquis creía poder contribuir a la causa aportando los servicios de un valiente. Pero esta circunstancia puso a David en situación comprometida. De su conducta equívoca dudaron algunos príncipes de los filisteos, como se verá más adelante (29:3).

Noticia sobre Samuel (28:3).

3Había muerto Samuel. Todo Israel le había llorado, y había sido sepultado en Rama, su ciudad. Saúl había hecho desaparecer de aquella tierra a todos los evocadores de los muertos y adivinos.

Como preámbulo de lo que referirá el autor a continuación, recuerda dos hechos: la muerte de Samuel y la orden de Saúl contra los evocadores de los muertos y adivinos. En 25:1 se dijo que Samuel murió y que fue enterrado en el sepulcro de familia de Rama. En calidad de profeta recibía sus confidencias de Dios y las comunicaba a los hombres. Helí y Saúl conocían bien estas funciones de Samuel. Habiendo desaparecido él y no disponiendo del efod ni del sumo sacerdote Abiatar, se encontraba Saúl en situación angustiosa por no saber cuál era la voluntad de Dios y cuál el éxito de sus empresas. Desaparecido el carisma profético en torno a Saúl, por todas partes, y por contaminación con los cananeos y otros pueblos paganos, pulularon los magos et arlólos (2 Re 21:6; Is 8:19), que el texto hebraico llama aboth y yidhonim, nigromantes y adivinos respectivamente. La primera palabra significa literalmente los espíritus de los muertos, o las personas que evocan estos espíritus, que en lenguaje moderno llamaríamos médium. La segunda deriva de la raíz yadah, saber, y de ahí su significado de adivinos, aplicado a los hombres que conocen la ciencia oculta. La Ley prohibía el ejercicio de la hechicería (Lev 19:31; 20:6; Deut 18:11), y Saúl lo había combatido, quizá por anunciarle cosas desagradables, no atreviéndose nadie a ejercerla en público. Por todo el contexto se ve que cada día se encontraba Saúl más solo. En cambio, al servicio de David está Abiatar, sumo sacerdote, con el efod (23:9-10), y el profeta Gad (22:5), que le avisaban en los peligros. Aún más, Dios se ha alejado de Saúl y se ha puesto de parte de David; el resultado final se vislumbra cada vez más diáfano.

Los filisteos en Esdrelón (28:4-7).

4Los filisteos, reuniéndose, vinieron a acampar en Sunam, y Saúl, reuniendo a todo Israel, acampó en Gelboé. 5 A la vista del campamento de los filisteos, Saúl tembló y se le agitó el corazón. 6 Consultó a Yahvé, pero Yahvé no le respondía ni por sueños, ni por los "urim," ni por profetas, 7 y dijo a sus servidores: "Buscadme una pitonisa para que vaya a consultarla." Sus servidores le dijeron: "En Endor hay una pitonisa."

Un ataque en forma contra Israel partió de la. tierra de los filisteos. Cree Desnoyers que, en su marcha hacia el norte, el ejército filisteo vio engrosar sus efectivos con gentes de los za.kalas, de Dor, cananeos de las ciudades autónomas y por grupos de egeos, establecidos principalmente en la región de Betsán (Histoire II 127). los filisteos acamparon en Sunam, ciudad de la tribu de Isacar (Tos 19:18). Saúl reunió su ejército y acampó cerca de Jezrael, la actual Zerin, a unos seis kilómetros de Sulam, en un lugar de la pendiente norte de los montes de Gelboé, retrasando más tarde el campamento hacia las cimas del monte, el actual Gebel Fuqa. Desde aquel observatorio pudo divisar Saúl todo el movimiento del ejército filisteo y examinar sus efectivos; a su vista, y ante la comparación con las fuerzas de que disponía él, "se le agitó el corazón." Los israelitas eran fuertes en la montaña, pero extremadamente débiles en el llano.

Ante el peligro, Saúl encontrábase solo. El cielo enmudeció a sus preguntas; Yahvé no le respondió ni por sueños, medio muy común de comunicarse Dios con los hombres (Gen 28:12; 37:5; Núm 12:6; Jer 23:28), ni por los profetas (9:9), ni por los urim, o suertes sagradas (14:41). Por el texto parece que Saúl había sustituido los urim y tummim que se había llevado Abiatar por otros nuevos (23:6). Viendo que Dios no le hablaba por ningún medio lícito, recurrió al de la evocación de los muertos.

La pitonisa de Endor (28:8-14).

8 Y Saúl, disfrazándose, fue allá acompañado de dos hombres. Llegados de noche a la casa de la mujer, Saúl le dijo: "Prediceme el futuro, evocando a un muerto, haz que aparezca el que yo te digo." 9 Ella contestó: "Bien sabrás lo que ha hecho Saúl, que ha borrado de esta tierra a todos los evocadores y adivinos. ¿Me tiendes un lazo para hacerme morir?" 10 Saúl le juró por Yahvé, diciendo: "Como vive Yahvé que por esto no te ha de venir ningún mal." 11Díjole la mujer: "¿A quién he de evocar?" Y Saúl contestó: "Evócame a Samuel." 12 A la vista de Samuel, la mujer lanzó un grito y dijo a Saúl: 13 "¿Por qué me has engañado? Tú eres Saúl." El rey le dijo: "No temas. ¿Qué es lo que ves?" La mujer dijo a Saúl: "Veo un dios que se alza de la tierra."14 "¿Y cuál es su figura?" preguntó Saúl. Ella respondió: "Es un anciano que sube envuelto en su manto." Comprendió Saúl que era Samuel, y se prosternó rostro a tierra.

Endor, hoy Endur, se encuentra al pie de la vertiente del Pequeño Hermón (actual Gebel Nehi Dahi). Disfrazado, marchó allí Saúl acompañado de dos hombres. Ante la insistencia de los visitantes, la mujer se prestó a evocar al espíritu que desearan, o, como dice el texto, a hacer subir del sheol al difunto con el cual se quería comunicar. Era creencia general que los muertos habitaban en las profundidades de la tierra (Núm 16:33). No sabemos qué actitud externa tomó la hechicera de Endor al entrar en funciones, ni habla e1 texto de los ritos que puso en práctica, por creer el autor sagrado que eran conocidos de todos. De repente vio la pitonisa una figura que — Saúl no pudo divisar. A su vista, la mujer lanzó un grito, por parecerle que del sheol subía un ser extraordinario, semejante a un Dios. "¿Cuál es su aspecto?" preguntó Saúl. Se trataba de un anciano venerable cubierto con un manto, que Saúl identificó inmediatamente. La figura de Samuel impresionó a la vidente, poco acostumbrada a la aparición de seres sobrehumanos, extraordinarios; el que la mujer veía parecía un elohim (Gen 3:5; Jue 13:22; Sal 8:6). El participio del plural alim, ascendentes (Vulg.), establece una diferencia entre este elohim y el verdadero Dios. Saúl no se inmuta al oír este nombre de elohim en boca de la vidente ni se prosterna en señal de adoración. Únicamente cae de rodillas, rostro en tierra, al comprender que el difunto que subía (2:6) del sheol era Samuel. Pero tampoco este gesto del monarca debe interpretarse de un acto de adoración, sino de respeto y veneración hacia un profeta que él, no obstante las escenas violentas habidas entre los dos, amaba de corazón. De tales actos tenemos innumerables ejemplos (1 Sam 24:9; 1 Re 1:16; 23; 31). El muerto conserva los rasgos externos que le caracterizaban en vida; la mujer le ve, le contempla, en tanto que Saúl oye solamente su voz.

Palabras de Samuel (28:15-19).

15 Samuel dijo a Saúl: "¿Por qué has turbado mi reposo, evocándome?" Saúl respondió: "Estoy en gran aprieto. Los filisteos me hacen la guerra y Yahvé se ha retirado de mí. No me ha respondido ni por profetas ni por sueños. Te he evocado para que me digas qué he de hacer." l6 Samuel dijo: "¿Cómo me consultas tú, siendo así que Yahvé se ha retirado de ti para ponerse al lado de tu prójimo? 17Yahvé hace lo que te había predicho por mi boca: arranca el reino de tus manos para dárselo a otro, a David. 18Porque no obedeciste a Yahvé y no trataste a Amalee según el ardor de su cólera, por eso Yahvé hace eso contigo. 19Entregará a Israel, juntamente contigo, a manos de los filisteos. Mañana, tú y tus hijos estaréis conmigo y Yahvé entregará el campamento de Israel a los filisteos.

Es corriente entre los exegetas católicos creer que Dios permitió la aparición de Samuel a fin de que profetizara al rey el fin desastroso que le esperaba, castigando así su pecado de acudir a medios ilícitos para conocer el porvenir (Leimbach, Mediebelle). Entre los antiguos existía la convicción de que los muertos gozaban de un merecido descanso en el sheol, que los hombres no podían turbar. En una inscripción sepulcral fenicia, el muerto expresa su deseo de que no se interrumpa su reposo por la nigromancia. Samuel comunica al rey que nada puede hacer en su favor, pues Yahvé se ha retirado de él para ponerse al lado de David en castigo de su desobediencia y por no haber entregado a Amalee al anatema de destrucción. Termina Samuel con la escalofriante profecía: mañana, es decir, un día de éstos, tú y tus hijos estaréis conmigo en el reino de los muertos, en el sheol. Allí conviven juntos buenos y malos; la doctrina de la retribución y del castigo en ultratumba fue desarrollándose lentamente, apareciendo en Sab c.3-5 y en 2 Mac.7.

Desmayo de Saúl (28:20-25).

20 Saúl se turbó y cayó a tierra cuan largo era, pues las palabras de Samuel le llenaron de espanto y faltáronle las fuerzas, pues no había tomado nada ni en el día ni en la noche. 21La mujer se acercó a Saúl y, viendo su gran turbación, le dijo: "Tu sierva no ha hecho más que obedecerte, exponiendo su vida. 22 Escucha, pues, tú también a tu sierva, y permite que te ofrezca un trozo de pan para que tengas fuerzas para proseguir tu camino." 23El contestó: "No comeré nada." Sus servidores, uniéndose a la mujer, insistieron, y él se rindió a sus instancias. Levantóse de tierra y se sentó sobre el diván. 24Tenía en casa la mujer un ternero gordo; matóle luego, y, tomando harina, coció unos ácimos 25y los presentó a Saúl y a sus servidores, quienes, después de comer, se levantaron y partieron aquella misma noche.

Saúl, que había quebrantado la ley de Dios al consultar a una pitonisa (1 Crón 10:13), escuchó de boca de Samuel el juicio definitivo sobre su próximo fin; sus días estaban contados; desde ahora era un condenado a muerte a corto plazo. No esperaba Saúl que el oráculo fuera tan duro para él: debía desaparecer de la escena para dejar paso a su rival, David. La derrota era completa, moral y material. Al escuchar las palabras terroríficas de Samuel, Saúl cayó en tierra desvanecido. Saúl salió de noche de Endor sabiendo que la muerte le acechaba en todo momento. Al producirse los combates con los filisteos caerían él y sus hijos.

Sospechas sobre David (29:1-5).

1 Reunieron los filisteos todas sus tropas en Afee, e Israel acampaba cerca de la fuente de Jezrael. 2Mientras avanzaban los príncipes de los filisteos a la cabeza de sus centenas y sus millares, David y los suyos marchaban a retaguardia con Aquis. 3Y los jefes de los filisteos preguntaron: "¿Qué hacen aquí estos hebreos?" Aquis les dijo: "¿No veis que es David, siervo de Saúl, rey de Israel, que está conmigo hace días y años, sin que haya hallado yo la menor cosa que reprocharle desde que se pasó a nosotros hasta ahora?" 4 Pero los jefes de los filisteos se enfurecieron contra Aquis y le dijeron: "Despide a ese hombre, y que se vuelva al lugar que le has designado; que no venga a la batalla, no se revuelva contra nosotros durante el combate. ¿Cómo podría él volver a la gracia de su amo mejor que ofreciéndole cabezas de nuestros hombres? 5¿No es ese David del que cantaban danzando: Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil?"

El contenido de este capítulo es continuación de 28:2, con la inserción del episodio de Endor. Las tropas filisteas se concentraron en Afee, pueblo situado a dieciséis kilómetros al nordeste de Jafa, en el lugar donde nace el río Jafa, conocido hoy por Ras el-Ain. Aquis iba acompañado de David; pero los jefes de los filisteos desconfiaban justamente de él, deshaciéndose de un enemigo temible.

David a la retaguardia (29:6-11).

6 Aquis llamó a David y le dijo: "Como vive Yahvé que tú eres un hombre leal y que yo veo con buenos ojos toda tu conducta en esta expedición, sin haber visto en ti nada malo desde que llegaste a mí hasta hoy; pero a los príncipes no les agradas. 7 Vuélvete, pues, y torna en paz para no desagradar a los príncipes de los filisteos." 8 David respondió: "Pero ¿qué te he hecho yo y qué has hallado tú en tu siervo, desde que estoy junto a ti hasta hoy, para que no marche yo a combatir a los enemigos de mi señor el rey?" 9 Aquis respondió a David: "Yo sé bien que tú has sido bueno conmigo, como un ángel de Dios; pero los jefes de los filisteos dicen: Que no suba con nosotros a la batalla. 10 Así que levántate de mañana tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; iréis al lugar que os he señalado; no guardes resentimiento en tu corazón, porque me eres grato; levantaos bien de mañana y partid en cuanto sea de día," 11 David y sus gentes se levantaron bien temprano y partieron de vuelta a la tierra de los filisteos, y los filisteos subieron a Jezrael.

Aquis pronuncia el nombre de Yahvé en su juramento (26:10; 28:10); acaso lo hizo en consideración a David. Esta decisión de los jefes de los filisteos sacó a David de una situación embarazosa. Quiso Dios que en vísperas de ocupar el trono de Israel no mancillara su fama enrolándose en el ejército que iba a invadir a Israel. Conforme al consejo de Aquis, levantándose de mañana, regresó David a Siceleg. Es incomprensible que mientras las tropas filisteas van contra Israel permitan que un enemigo suyo quede a sus anchas en la retaguardia.

David en Siceleg (30:1-5).

1 Cuando al tercer día llegó David con sus hombres a Siceleg, los amalecitas habían irrumpido contra el Negueb y contra Siceleg y la habían tomado e incendiado. 2Habían apresado a las mujeres y a todos los que allí estaban, pequeños y grandes, pero sin matar a nadie, y, llevándoselos, se habían puesto en camino. 3Cuando llegaron David y sus gentes a la ciudad y vieron que había sido quemada y que sus mujeres, hijos e hijas habían sido llevados cautivos, 4alzaron la voz y lloraron hasta más no poder. 5 Habían sido llevadas las dos mujeres de David, Aji-noam, de Jezrael, y Abigaíl, del Carmel, mujer de Nabal.

Tres días emplearon David y sus gentes en regresar a Siceleg. ¡Cuál no fue su asombro al encontrar la ciudad convertida en montón de escombros y cenizas y despoblada! Los amalecitas (27:8), como represalia de las razzias de David, aprovecharon su ausencia para vengarse.

David persigue a los amalecitas (30:6-20).

6 David se vio muy angustiado, pues la gente hablaba de lapidarle, ya que todos estaban muy amargados, cada uno por sus hijos y sus hijas. Pero David se confortó en Yahvé, su Dios. 7Dijo, pues, al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimelec: "Trae el efod." Aplicó Abiatar el efod, 8 y David consultó a Yahvé, diciendo: "¿He de perseguir a esa banda? ¿La alcanzaré?" Yahvé respondió: "Persigúela, porque de cierto la alcanzarás y recobrarás." 9 Púsose David en marcha con los seiscientos hombres que le seguían. Cuando llegaron al torrente de Besor, doscientos quedaron sin pasar más allá, rezagados por la fatiga. 10 David continuó la persecución con cuatrocientos hombres, n Encontraron en el campo a un egipcio, que llevaron a David; 12 diéronle pan que comiera y agua que bebiera y un trozo de torta de higos secos y un racimo de pasas. Una vez que con el alimento se recobró, pues había estado tres días y tres noches sin comer ni beber, 13 le preguntó David: "¿De quién y de dónde eres tú?" El respondió: "Soy un esclavo egipcio al servicio de un amalecita, y hace tres días me abandonó mi amo porque enfermé. 14 Habíamos hecho u